Está en la página 1de 154

JO H N RAWLS

El liberalismo político

Traducción castellana de
Antoni Doménech

CIATICA
Barcelona
C«U

C o n f e r e n c ia I

id e a s f u n d a m e n t a l e s

El liberalismo político, el título de estas conferencias, suena


familiar. Sin embargo, el significado que yo le atribuyo a esta noción
es bastante diferente, creo, del que el lector estará inclinado a supo­
nerle. Quizá debería comenzar, pues, con una definición del libera­
lismo político y explicar por qué lo llamo «político». Pero ninguna
definición sería útil de entrada. En vez de ello, comenzaré con una
primera cuestión fundamental acerca de la justicia política en una so­
ciedad democrática, a saber: ¿cuál es la concepción más adecuada de
la justicia para establecer los términos equitativos de la cooperación
social entre ciudadanos considerados libres e iguales, y considerados
como miembros plenamente cooperativos de la sociedad durante
toda su vida, desde una generación hasta la siguiente?
Uniremos esta primera cuestión fundamental con una segunda
cuestión, la de la tolerancia entendida de un modo general. La cultu­
ra política de una sociedad democrática lleva siempre la impronta de
una diversidad de doctrinas religiosas, filosóficas y morales encon­
tradas e irreconciliables. Algunas de ellas.son perfectamente razona­
bles, y el liberalismo político concibe esa diversidad de doctrinas
razonables como el resultado inevitable a largo plazo de las faculta­
des de la razón humana desarrolladas en el marco de instituciones
duraderas libres. De modo que la segunda cuestión es: ¿cuáles son
los fiindamentos de la tolerancia así entendida, dado el hecho del
pluralismo razonable como resultado inevitable de las instituciones
libres? Al combinar las dos cuestiones, tenemos: ¿cómo es posible la
existencia duradera de una sociedad justa y estable de ciudadanos
libres e iguales que no dejan de estar profundamente divididos por
doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables?

1j¡-!
34 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FU N DA M EN TALES 35

Las luchas más enconadas, según el liberalismo político, se libran Tratando de contestar a nuestra primera cuestión, la justicia
confesadamente por las cosas más elevadas: por la religión, por con­ como equidad2se propone lidiar entre estas dos tradiciones enfrenta­
cepciones filosóficas del mundo y por diferentes doctrinas morales das. Primero, proponiendo dos principios de justicia que sirvan de
acerca del bien. Debería sorprendemos que, aun profundamente orientación para que las instituciones básicas realicen los valores
enfrentados de esta manera, ciudadanos libres e iguales consigan de libertad e igualdad; y segundo, definiendo un punto de vista que
cooperar justamente entre sí. De hecho, la experiencia histórica permita justificar la superioridad de esos principios frente a otros
enseña que raramente es así. Y aunque el problema que nos ocupa es principios familiares de justicia en punto a su adecuación a la idea de
bien familiar, el liberalismo político propone, en mi opinión, una unos ciudadanos democráticos concebidos como personas libres e
solución del mismo bastante poco familiar. Para plantear esta solu­ iguales. Se trata de mostrar que una determinada estructuración de
ción necesitamos hacemos con un conjunto de ideas. En esta confe- ? las instituciones políticas y sociales básicas resulta más adecuada
rencia formularé las más centrales y ofreceré, al final, una deñni- j para realizar los valores de libertad e igualdad cuando los ciudada­
ción (§ 8). nos son concebidos de ese modo. Los dos principios de justicia alu­
didos son los siguientes:3*

§ 1. DOS CUESTIONES FUNDAMENTALES á) Todas las personas son iguales en punto a exigir un esquema
adecuado de derechos y libertades básicos iguales, esquema que es
1. Entrando en la primera cuestión fundamental, el curso segui­ compatible con el mismo esquema para todos; y en ese esquema se
do por el pensamiento democrático a lo largo de los dos últimos garantiza su valor equitativo a las libertades políticas iguales, y sólo
siglos pone de manifiesto que no hay, en el momento presente, a esas libertades.
acuerdo general respecto del modo en que las instituciones básicas : b) Las desigualdades sociales y económicas tienen que satisfa­
de una democracia constitucional deberían satisfacer los términos : cer dos condiciones: primero, deben andar vinculadas a posiciones y
equitativos de la cooperación entre ciudadanos considerados libres e cargos abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de
iguales. Lo muestra la profunda controversia que rodea a las ideas oportunidades; y segundo, deben promover el mayor beneficio para
sobre el modo de expresar óptimamente los valores de libertad e ¡ los miembros menos aventajados de la sociedad.
igualdad en los derechos y libertades básicos de los ciudadanos de
manera que respondan satisfactoriamente tanto a las exigencias de la Cada uno de esos principios actúa reguladoramente sobre institu­
libertad cuanto a las de la igualdad. Podemos entender ese desacuer­ ciones en un dominio particular, y no sólo respecto de los derechos,
do como un conflicto interno de la tradición del pensamiento demo­
crático mismo, un conflicto entre la tradición vinculada a Locke, que Cambridge University Press, Cambridge, 1988. L a discusión que se hace en la Intro­
concede mayor peso a lo que Constant llamó «las libertades de los ducción de la diferencia entre el problema de la filosofía política en los mundos anti­
modernos» (libertad de pensamiento y de conciencia, ciertos dere­ guo y moderno ilumina el significado de la distinción de Constant.
chos básicos de la persona y de la propiedad, y el imperio de la ley), 2. L a concepción de la justicia presentada en la Teoría.
3. L a formulación de estos principios difiere de la que di en la Teoría y es fiel a
y la tradición vinculada a Rousseau, que da más importancia a lo que la formulación que presenté en «The Basic Liberties and Their Priority», Tanner Lee-
Constant llamó las «libertades de los antiguos» (la igualdad de liber­ tures on Human Valúes, vol. III, University o f Utah Press, Salt Lake City, 1982, p. 5.
tades políticas y los valores de la vida pública).1 Este contraste fami­ Las razones de estos cambios se discuten más adelante en las pp. 7 6 -8 6 de esta confe­
liar y sumario puede servir para fijar ideas. rencia. Son importantes para las revisiones de la caracterización de las libertades bási­
cas que se halla en la Teoría y se hicieron para tratar de responder a. las poderosas
objeciones que planteó H. L . A. Hart en su reseña crítica publicada en la University o f
1. Véase «Liberty o f Ancients Compared with tbat o f the M ódem s» (1 8 1 9 ), en Chicago Law Review, 4 0 (primavera de 1973), pp. 5 3 5 -5 5 5 . En este volumen, véase
Benjamín Constant, Political Writings, traducción y edición de Biancamaria Fontana,, VIII, pp. 3 2 7 -328 y 3 6 8-372, respectivamente.
36 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FUN DA M EN TALES 37

las libertades y las oportunidades básicos, sino también respecto de las ( se mantienen tal y como estaban en la Teoría; lo mismo ocurre con la
exigencias de la igualdad; mientras que la segunda parte del segun­ base del argumento que los justifica. De aquí que presuponga a lo
do principio subraya el valor de esas garantías institucionales.4Los dos largo de estas conferencias la misma concepción igualitaria de la jus­
principios juntos, teniendo el primero prioridad sobre el segundo, re- | ticia que antes; y aunque de vez en cuando propongo modificacio­
guian las instituciones básicas que realizan esos valores. ¡' nes, ninguna de ellas afecta a esa característica.6Nuestro tópico, sin
2. Se necesitaría mucho espacio para aclarar el significado y la í embargo, es el liberalismo político y las ideas que lo componen, de
aplicación de esos principios. Puesto que en estas conferencias tales | manera que buena parte de nuestra discusión tiene que ver con las
asuntos no son de nuestra incumbencia, me limitaré a unos cuantos concepciones liberales en sentido general, abarcando todas las va­
comentarios. Primero, entiendo esos principios como ejemplos del j; riantes, como hacemos, por ejemplo, al considerar la idea de la razón
contenido de una concepción política liberal de la justicia. El conte- £ publica (en VI).
nido de tal concepción está dado por tres rasgos principales: prime- | Finalmente, como era de esperar, el sumario resumen anterior
ro, una definición de ciertos derechos, libertades y oportunidades | deja de lado aspectos importantes de los principios. En particular, el
básicos (de un tipo que resulta familiar en los regímenes constitucio- f primer principio, que abarca los derechos y libertades iguales bási­
nales democráticos); segundo, la asignación de una primacía espe- | cos podría fácilmente venir precedido de un principio de prioridad
cial para esos derechos, libertades y oportunidades, señaladamente | lexicográfica que exigiera que las necesidades básicas de los ciuda­
respecto de las exigencias del bien general y de los valores perfec- j.: danos fueran satisfechas, al menos hasta el punto en que su satisfac­
cionistas; y tercero, medidas que garanticen a todos los ciudadanos | ción fuera necesaria para que los ciudadanos comprendieran lo que
medios de uso universal adecuados para que puedan utilizar efecti- | significa y fueran capaces de ejercer fructíferamente esos derechos y
vamente sus libertades y oportunidades. Esos elementos pueden f libertades. Ciertamente, un principio de este tipo ha de ser asumido a
entenderse de modos diferentes, de manera que hay bastantes varían- | la hora de aplicar el primer principio.7 Pero no me extenderé aquí en
tes de liberalismo. . | este asunto ni en otros parecidos.
Además, los dos principios expresan una forma igualitaria de :
liberalismo en virtud de tres elementos. Éstos son: a) la garantía del :■
crecimiento económino continuo a lo largo de generaciones con objeto de ir maximi-
valor equitativo de las libertades políticas, de manera que éstas no zando al alza indefinidamente las expectativas de los menos aventajados. E s compati­
sean puramente formales; b) igualdad equitativa (es decir, de nuevo, ble con la idea de Mili de una sociedad en un estado estacionario justo en la que la
no puramente formal) de oportunidades; y finalmente c) el llamado í acumulación (real) de capital sea cero. L o que exige el principio es que, por grandes
principio de diferencia, que afirma que las desigualdades sociales y que sean las desigualdades, y por dispuesta que esté la gente a trabajar para obtener
económicas relacionadas con cargos y posiciones tienen que estruc- !j los ingresos más elevados, las desigualdades existentes tienen que componerse de tal
modo que contribuyan del modo más eficaz al beneficio de los menos aventajados.
turarse de tal modo que, cualquiera que sea el nivel de esas desigual- e Difícilmente resultarán concluyentemente claras estas observaciones; pretenden apun­
dades, grandes o pequeñas, tienen que darse a mayor beneficio de los tar sólo a complicaciones que caen fuera del ámbito de preocupaciones de estas confe­
miembros menos aventajados de la sociedad.5Todos esos elementos j rencias.
6. Digo esto porque algunos han llegado a creer que mi elaboración de las ideas
del liberalismo político significa el abandono de la concepción igualitaria de la Teo­
4. E l valor de esas garantías se define en relación a un índice de bienes pri­ ría. Y o no soy consciente de qué esas revisiones impliquen ese cambio, y pienso que
marios. Cómo se hace eso' se menciona en II, § 5 y se discute más detalladamente en k la conjetura carece de base.
V, §§ 3-4. . . I 7. Para la formulación de este tipo de principio, así como para una instructiva
5. Hay un buen número de cuestiones que se plantean a propósito de la ínter- formulación más amplia, en cuatro partes, de los dos principios, con importantes revi­
pretación correcta del principio de diferencia. Por ejemplo, los miembros menos siones, véase Rodney Peffer, Marxism, Morality, and Social Justice, Princeton Uni­
aventajados de la sociedad se determinan mediante descripción, no por medio de un versity Press, Pnnceton, 1989, p. 14. Y o coincidiría con la mayor parte de la formula­
designador rígido (por usar el término de Saúl Knpke en Naming and Necessity, Har­ ción de Peffer, pero no con su punto 3b, que parece exigir una forma socialista de
vard University Press, Cambridge, M ass., 1972). Además, el principio no exige un ^ organización económica. L a dificultad aquí no es con el socialismo en cuanto tal; sólo
38 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FU N DA M EN TALES 39

3. En vez de ello, volveré a la primera cuestión preguntando: La cultura política pública, en un nivel muy profundo, puede ser
¿cómo podría la filosofía política hallar una base compartida con que bicéfala. En realidad, no puede ser de otro modo dada la duradera
establecer la familia de instituciones más adecuadas para garantizar disputa respecto del modo más adecuado de entender la libertad y la
la libertad y la igualdad democráticas? Quizá lo más que pueda igualdad. Eso sugiere que si queremos tener éxito a la hora de hallar
hacerse es reducir el espectro del desacuerdo. No obstante, incluso una base para el acuerdo público, tenemos que encontrar un modo de
las convicciones más firmemente mantenidas cambian gradualmen­ organizar ideas y principios familiares que dé lugar a una concep­
te: ahora se acepta la tolerancia religiosa, y ya no se dan abiertamen­ P ción política de la justicia capaz de expresar esas ideas y esos princi­
te argumentos en favor de la persecución; de modo parecido, la es­ pios de manera algo diferente. L a justicia como equidad trata de
clavitud, que causó la guerra civil norteamericana, se rechaza como hacerlo mediante una idea organizadora fundamental que permite
intrínsecamente injusta, y aun cuando buena parte de las remoras de vincular y relacionar sistemáticamente todas las ideas y todos los
la esclavitud persisten en políticas sociales y en actitudes inconfesa­ principios. Esa idea organizadora es la de una sociedad como siste­
das, nadie está dispuesto a defenderla. Lo que hacemos es agrupar ma equitativo de cooperación social entre personas libres e iguales
esas convicciones decantadas, como la creencia en la tolerancia reli­ . P: concebidas como miembros plenamente cooperativos a lo largo de
giosa y el rechazo de la esclavitud, y tratar de organizar las ideas y un ciclo vital completo. Proporciona la base para responder a la pri­
los principios básicos implícitos en ellas hasta convertirlos en una w mera cuestión fundamental y se desarrollará en § 3.
concepción política coherente de la justicia. Esas convicciones son .1 4. Supongamos ahora que la justicia como equidad consiguiera
hitos provisionalmente fijados que cualquier concepción política sus objetivos y halláramos una concepción política públicamente
razonable tendría que poder acomodar. Empezamos, pues, observando £• aceptable. Esa concepción suministraría, entonces, una perspectiva,
la cultura pública misma como el fondo compartido de ideas y prin­ fi­ públicamente reconocida, a partir de la cual podrían los ciudadanos
cipios básicos implícitamente reconocidos. Lo hacemos con la espe­ examinar abiertamente la justicia o injusticia de sus instituciones
ranza de formular esas ideas y principios de un modo lo suficien­ sociales y políticas. Esa concepción se lo haría posible al señalarles
temente claro como para que combinen entre sí dando lugar a una y destacarles las razones válidas y suficientes, públicamente recono­
concepción política de la justicia que congenie con nuestras convic­ cidas por ellos. Cuáles sean las instituciones principales de la socie­
ciones más firmes. Expresamos eso diciendo que una concepción dad, y la manera en que casen unas con otras hasta urdir un sistema
política de la justicia, para ser aceptable, tiene que estar de acuerdo de cooperación social, son asuntos que podrían ser averiguados del
con las convicciones que consideramos nuestras, en todos los niveles mismo modo por cada ciudadano, cualesquiera que fueran su posi­
de generalidad y después de la reflexión debida. En otro lugar me he ción social o sus intereses más particulares.
referido a eso como «equilibrio reflexivo».8 El objetivo de la justicia como equidad es, pues, práctico: ella se
presenta a sí misma como una concepción de la justicia que puede
ser compartida por los ciudadanos como una base de acuerdo político
que yo no lo exigiría com o implicación de los primeros principios de la justicia políti­ razonado, informado y voluntario. Esa concepción expresa la razón
ca. Entiendo (com o ya lo concebí en la Teoría) que esos principios fijan valores fun­
política pública que comparten. Mas, para alcanzar esa razón com­
damentales, en términos de los cuales, y según la tradición y las circunstancias de la
sociedad en cuestión, se puede considerar si alguna variedad de socialismo está justi- • partida, la concepción de la justicia debería ser tan independiente
como fuera posible de las doctrinas filosóficas y religiosas encontra­
8. Véase Teoría, pp. 2 0 ss., 48-51 y 120 ss. Un rasgo del equilibrio reflexivo es
que incluye las que se consideran nuestras convicciones en todos los niveles de gene­
ralización; ningún nivel, ya sea el del principio abstracto, ya el de los juicios particu­ criba entre el primer y el segundo tipo de equilibrio reflexivo que se expone en las
lares sobre casos particulares, se concibe como fundacional. Todos pueden gozar ini­ pp. 4 9 -5 0 (aunque no se usan esos términos). Los términos estricto y lato fueron usa­
cialmente de credibilidad. También hay que hacer una distinción importante entre el dos por vez primera en § 1 de «Independence o f Moral Theory», P roceedings o fth e
equilibrio reflexivo en sentido estricto y en sentido lato, distinción implícita en la American Philosophical Association, 4 9 (1974).
ir_ ¡ r T n g f agp

40 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID E A S FU N DA M EN TALES 41

das y conflictivas que los ciudadanos abrazan. Al formular tal con­ ción de la justicia de tal modo que sus instituciones puedan atraerse
cepción, el liberalismo político aplica el principio de la tolerancia a el apoyo de un consenso entrecruzado. En tal caso, los mismos ciu­
la filosofía misma. Las doctrinas religiosas que en las centurias pasa­ dadanos, en ejercicio de su libertad de pensamiento y de conciencia,
das constituyeron la base declarada de la sociedad han ido dando y a la vista de sus doctrinas comprehensivas, entenderán la concep­
gradualmente lugar a principios constitucionales de gobierno que ción política como si ésta derivara de, o fuera congruente o al menos
todos los ciudadanos, independientemente de sus puntos de vista no entrara en conflicto con el resto de sus valores.
religiosos, pueden aceptar. Las doctrinas comprehensivas filosóficas
y morales de este tipo no pueden ser aceptadas por el común de los
ciudadanos, y ya no pueden servir, si es que alguna vez sirvieron, § 2. L a id e a d e u n a c o n c e p c ió n p o l ít ic a d e l a ju s t ic ia

como base profesa de la sociedad.


Así pues, el liberalismo político busca una concepción política de 1. Hasta ahora he usado la idea de una concepción política de
la justicia en la esperanza de atraerse, en una sociedad regulada por la justicia sin explicar su significado. De lo que llevo dicho quizá se
ella, el apoyo de un consenso entrecruzado de doctrinas religiosas, pueda inferir lo que quiero significar y por qué el liberalismo políti­
filosóficas y morales.9Atraerse ese apoyo de las doctrinas razonables co usa esta idea. Sin embargo, necesitamos una definición explícita:
sirve para sentar la base que permite contestar a nuestra segunda una concepción política de la justicia tiene tres rasgos característi­
cuestión fundamental: ¿cómo pueden ciudadanos profundamente cos, cada uno de los cuales está ejemplificado en la justicia como
divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales mantener una equidad. Presumiré alguna familiaridad — no mucha— con esta con­
sociedad democrática justa y estable? A este fin, es normalmente cepción.
deseable que las concepciones comprehensivas filosóficas y morales El primer rasgo tiene que ver con el objeto de la concepción polí­
que queramos usar a la hora de debatir asuntos políticos fundamenta­ tica. Aunque una tal concepción es, evidentemente, una concepción
les surjan a la vida pública. La razón pública — el razonar de los ciu­ moral,u es una concepción moral elaborada para un objeto específi­
dadanos en el foro público acerca de las esencias constitucionales y co, a saber, para las instituciones políticas, sociales y económicas. Se
de las cuestiones básicas de la justicia— se deja orientar óptimamen­ aplica, en particular, a lo que he llamado la «estructura básica» de la
te, entonces, por una concepción política cuyos principios y valores sociedad que, para nuestros propósitos, entiendo constituida por un
pueden aceptar todos los ciudadanos (VI). Esa concepción tiene que régimen democrático moderno. (Uso de manera intercambiable las
ser, por decirlo así, política, no metafísica.10 expresiones «democracia constitucional», «régimen democrático» y
El liberalismo político aspira, pues, a una concepción política de similares mientras no diga lo contrario.) Por estructura básica entien­
la justicia independiente. No ofrece ninguna doctrina metafísica o do las instituciones políticas, sociales y económicas principales de
epistemológica específica más allá de lo que implique la concepción una sociedad, así como el modo en que casan unas con otras en un
política misma. Como descripción que ella misma es de valores polí­ sistema unificado de cooperación social desde una generación hasta
ticos, una concepción política independiente no niega que haya otros la siguiente.12E l foco inicial, pues, de una concepción política de la
valores que puedan aplicarse, digamos, al ámbito personal, familiar justicia es el marco de instituciones básicas y los principios, estánda­
y asociativo; tampoco dice que los valores políticos estén separados res y preceptos básicos que a ellas se aplican, así como el modo en
o sean discontinuos respecto de otros valores. Uno de sus propósitos,
como queda dicho, es definir el dominio de lo político y su concep­
11. Al decir que una concepción es moral, quiero decir, entre otras cosas, que
su contenido viene dado por determinados ideales, principios y criterios; y que esas
9. L a idea de un consenso entrecruzado se define en § 2 .3 y se discute ulterior­ normas vertebran determinados valores, en este caso valores políticos.
mente en § 6.3-4. 12. Véase Teoría, § 2 y el índice, así como «L a estructura básica como objeto»,
10. Este contexto sirve para definir la frase: «política, no metafísica». en este volumen, pp. 2 9 3-325.
42 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 43

que esas normas han de expresarse en el carácter y en las actitudes i apoyada por esas doctrinas. Esto significa que la concepción política
de los miembros de la sociedad que realizan los ideales de aquélla. puede ser presentada sin necesidad de afirmar, o de conocer, o de
Doy por supuesto, además, que la estructura básica es la de una t aventurar conjeturalmente a qué doctrinas puede pertenecer o qué
sociedad cerrada: esto es, que tenemos que contemplar a la sociedad doctrinas pueden apoyarla.
como si estuviera autocontenida y no tuviera relaciones con otras En este respecto, una concepción política de la justicia difiere
sociedades. Sus miembros entran en ella por nacimiento, y no la de muchas doctrinas morales, pues éstas se conciben comúnmente
abandonan hasta su muerte. Eso nos permite hablar de ellos como | como puntos de vista generales y comprehensivos. El utilitarismo
miembros nacidos en una sociedad en la que habrán de desarrollar | proporciona un ejemplo familiar: se dice normalmente que el princi­
una vida completa. Considerar cerrada una sociedad es una abstrac­ pio de utilidad, independientemente de cómo se entienda, se aplica a
ción bastante grande, que sólo se justifica porque nos permite cen­ cualquier clase de objetos, desde la conducta de los individuos y las
tramos en un determinado número de cuestiones capitales sin necesi- i relaciones personales, hasta la organización global de la sociedad,
dad de distraemos en detalles. Una concepción política de la justicia así como al derecho de los pueblos.14 En cambio, una concepción
tendrá que entrar en algún momento en la cuestión de las relaciones política trata de elaborar una concepción razonable sólo para la
justas entre los pueblos, o en el derecho de los pueblos, como prefie­ estructura básica y, en la medida de lo posible, no implica compro­
ro decir. En estas conferencias me abstengo de discutir cómo habría misos con ninguna otra doctrina.
que desarrollar un derecho de los pueblos a partir de la justicia como El contraste se toma más claro si observamos que la distinción
equidad inicialmente aplicada a sociedades cerradas.13 entre una concepción política de la justicia y otras concepciones
2. El segundo rasgo tiene que ver con el modo de presentación: morales es una cuestión de alcance: es decir, el espectro de asuntos a
una concepción política de la justicia se presenta como un punto de ; los que una concepción se aplica y el contenido que un espectro más
vista independiente. Aunque queremos que una concepción política amplio requiere. Una concepción moral es general si se aplica a
pueda justificarse en relación con una o más doctrinas comprehensi­ un amplio espectro de asuntos, y en el límite, a todos los asuntos,
vas, nunca se presenta como una tal doctrina aplicada a la estructura universalmente. Es comprehensiva si incluye concepciones acerca
básica de la sociedad ni derivada de esa doctrina, como si la estruc­ de lo que es valioso para la vida humana, ideales de carácter de la
tura fuera simplemente un ámbito más de aplicación de la doctrina. persona, así como ideales de amistad y de relaciones familiares y
Es importante poner de relieve este punto: significa que tenemos que asociativas, y muchas otras cosas que informan acerca de nuestra
distinguir entre el modo en que se presenta una concepción política y conducta, y en el límite, sobre la globalidad de nuestra vida. Una
el hecho de que forme parte, o sea derivable, de una doctrina com ­ concepción es plenamente comprehensiva si abarca a todos los valo­
prehensiva. Yo parto del supuesto de que todos los ciudadanos abra­ res y virtudes reconocidos en un sistema articulado con precisión;
zan alguna doctrina comprehensiva con la que la concepción política mientras que una concepción es sólo parcialmente comprehensiva si
está de algún modo relacionada. Pero es un rasgo distintivo de la se limita a abarcar un determinado número de valores y virtudes no
concepción política el que se presente como un punto de vista inde­ políticos y está vagamente articulada. Muchas doctrinas religiosas y
pendiente que hay que exponer aparte de cualquier trasfondo más filosóficas aspiran a ser a la vez generales y comprehensivas.
amplio o sin referencia a ninguno. Por emplear una frase corriente, la 3. El tercer rasgo de una concepción política de la justicia es
concepción política es un módulo, una parte constitutiva esencial, que su contenido está expresado en los términos de ciertas ideas fun­
que cuadra con varias doctrinas comprehensivas razonables que damentales que se entienden implícitas en la cultura política pública
perduran en una sociedad regulada por esa concepción y puede ser de una sociedad democrática. Esa cultura pública abarca las institu­
ciones políticas de un régimen constitucional y las tradiciones públi-
13. Véase mí «Law o f Peoples» (una conferencia para Oxford Amnesty), que
será publicada con otras conferencias Amnesty por Basic Books. 14. Véase «La estructura básica com o objeto», pp. 293 ss.
i;j r-iq g » ■ m

44 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 45

cas de su interpretación (incluidas las del poder judicial), así como ordenada como una sociedad efectivamente regulada por una con­
los textos y documentos históricos que son de conocimiento común. cepción política de la justicia (§ 6).16 Suponemos también que esas
Doctrinas comprehensivas de todo tipo — religiosas, filosóficas y ideas pueden elaborarse hasta dar lugar a una concepción política
morales— forman parte de lo que podríamos llamar el «trasfondo de la justicia capaz de atraerse el apoyo de un consenso entrecruza­
cultural» de la sociedad civil. Esta es la cultura social, no la cultura do (IV). Tal consenso consiste en que todas las doctrinas religiosas,
política. Es la cultura de la vida cotidiana, de sus varias asociacio­ filosóficas y morales razonables probablemente persistirán a lo largo
nes: iglesias y universidades, sociedades eruditas y científicas, clubes de generaciones y atraerán un cuerpo respetable de adhesiones a un
y equipos, por mencionar unas cuantas. En una sociedad democráti­ régimen constitucional más o menos justo, un régimen cuyo criterio
ca hay una tradición de pensamiento democrático, el contenido del de justicia es la concepción política misma.17 Que la justicia como
cual resulta al menos familiar e inteligible para el sentido común equidad (o alguna concepción similar) consiga atraerse el apoyo del
educado de la ciudadanía en general. Las instituciones principales de consenso entrecruzado así definido es una cuestión especulativa.
la sociedad, y las formas aceptadas de interpretación de las mismas, Sólo puede llegarse a una conjetura instructiva al respecto elaborán­
se conciben como un fondo de ideas y principios implícitamente dola y mostrando el modo en que podría ser aceptada.
compartidos.
Así, la justicia como equidad sale de las entrañas de una tradi­
ción política determinada y adopta como su idea fundamental15la de § 3. L a IDEA DE LA SOCIEDAD COMO UN SISTEMA EQUITATIVO
la sociedad como un sistema equitativo de cooperación a lo largo del DE COOPERACIÓN
tiempo, de una generación a la siguiente (§ 3). Esta idea organizado­
ra central se desarrolla conjuntamente con dos ideas fundamentales 1. Como ya he dicho, la idea organizadora fundamental de la
que la acompañan: una es la idea de los ciudadanos (los miembros justicia como equidad, idea que vincula sistemáticamente entre sí a
comprometidos con la cooperación) concebidos como personas li­ las demás ideas básicas, es que la sociedad constituye un sistema
bres e iguales (§§ 3.3 y 5); la otra es la idea de una sociedad bien equitativo de cooperación a lo largo del tiempo, desde una genera­
ción hasta la siguiente. Empezamos exponiendo esa idea, que consi­
15. Vale la pena observar que uso el término «ideas» en su acepción más gene­ deramos implícita en la cultura pública de una sociedad democrática.
ral, significando tanto conceptos, cuanto concepciones. Estos dos últimos se distin­ En su pensamiento político, y en la discusión de las cuestiones polí­
guen com o en Teoría, pp. 3 ss. Aproximadamente, el concepto es el significado de un ticas, los ciudadanos no conciben el orden social como un orden
término, mientras que una concepción particular incluye también los principios nece­ natural fijo, o como una jerarquía institucional justificada mediante
sarios para aplicarla. A modo de ilustración: el concepto de justicia, aplicado a una
institución, significa, pongamos por caso, que la institución no hace distinciones arbi - valores religiosos o aristocráticos.
trarias entre personas a la hora de asignar los derechos y los deberes básicos, y que sus Vale la pena destacar aquí que, desde otros puntos de vista, por
regias establecen un balance adecuado entre exigencias competitivas. Mientras que ejemplo, desde el punto de vista de la moralidad personal, o desde el
una concepción incluye, además de eso, principios y criterios para decidir qué distin­
ciones son arbitrarias y cuándo el balance entre exigencias competitivas resulta ade­
cuado. La gente puede llegar a ponerse de acuerdo en el concepto de justicia y, sin 16. Otras dos ideas fundamentales son las de estructura básica, discutida en
embargo, seguir discrepando al afirmar diferentes principios y criterios para decidir § 2.1, y la de posición original, discutida en § 4. No son estas ideas familiares pertene­
esos asuntos. Desarrollar un concepto de justicia hasta convertirlo en una concepción cientes al sentido común educado, sino ideas introducidas con el propósito de presen­
de ella es elaborar esos principios y criterios necesarios. Así, por poner otro ejemplo, tar la justicia com o equidad de un modo unificado y transparente.
en § 4.3 considero el concepto de persona en el derecho y en la filosofía política, 17. L a idea de un consenso entrecruzado — quizá sería mejor decir el térmi­
mientras que en § 5 desarrollo los elementos necesarios para tener una concepción no— fue introducida en la Teoría, pp. 387 ss., como un modo de debilitar la condición
de la persona como ciudadano democrático. Tomo esta distinción entre concepto y de razonabilidad de la desobediencia civil en una sociedad democrática casi justa.
concepción de H. L . A . Hart, The Concept o f Law, Clarendon Press, Oxford, 1961, Aquí, y luego también a lo largo de estas conferencias, lo uso en un sentido diferente
pp. 155-159. y en un contexto mucho más amplio.
46 E L E M E N T O S B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 47

punto de vista de los miembros de una asociación, o desde el punto Hay varios aspectos de la idea de reciprocidad introducida en b)
de vista de una doctrina religiosa o filosófica, varios aspectos del j que requieren comentario. Uno es que la idea de reciprocidad se
mundo, así como la propia relación con él, pueden verse de manera | halla a medio camino entre la idea de imparcialidad, que es altruista
diferente. Esos otros puntos de vista no cuentan, en general, a la hora j (moverse por el bien general), y la idea de ventaja mutua entendida
de discutir políticamente cuestiones constitucionales esenciales y t como la promoción de la ventaja de todos y cada uno respecto de la
cuestiones básicas de justicia. « situación presente, o de la esperable en el futuro si las cosas se man­
2. Podemos especificar más la idea de la cooperación social tienen como están.18Tal como se entiende en la justicia como equi­
resaltando tres elementos de la misma: i dad, la reciprocidad es una relación entre ciudadanos expresada por
principios de justicia que regulan un mundo social del que cada uno
a) La cooperación es un asunto distinto de la mera coordina- j saca beneficio de acuerdo con los criterios proporcionados por un
ción social de la actividad, por ejemplo, de la coordinación de las j punto de referencia igualitario definido para ese mundo. Eso lleva
actividades llevada a cabo por alguna autoridad central. La coopera- [ derechamente al punto siguiente: la reciprocidad es una relación
ción se orienta mediante reglas y procedimientos públicamente reco- . entre ciudadanos en una sociedad bien ordenada (§ 6), una rela­
nocidos, los cuales son aceptados por los cooperantes y concebidos ción plasmada en la concepción política pública que de la justicia
por ellos como efectivamente reguladores de su conducta. tiene la sociedad. De aquí que los dos principios de justicia, con el
b) La cooperación tiene que ver con la idea de la equidad en la J principio de diferencia (§ 1. 1), que apunta implícitamente a la igual
cooperación: cada uno de los participantes puede aceptar razonable­ distribución como punto de referencia, formulen una idea de recipro­
mente los términos equitativos de la cooperación siempre que todos ? cidad entre los ciudadanos.
los demás los acepten del mismo modo. Los términos equitativos de [ Finalmente, de estas observaciones se desprende claramente que
la cooperación definen una idea de reciprocidad: todos quienes estén | la idea de reciprocidad no coincide con la idea de la ventaja mutua.
comprometidos con la cooperación y cumplan con ella según exigen > Supongamos que gente perteneciente a una sociedad en la qué la
las reglas y los procedimientos tienen que resultar beneficiados del ;| propiedad — en buena medida resultado de la fortuna y del a z a r -
modo convenientemente fijado por un adecuado punto de referencia I está muy desigualmente distribuida es trasladada a una sociedad bien
comparativo. Una concepción política de la justicia- caracteriza los í ordenada regulada por los dos principios de justicia. No hay garan­
términos equitativos de la cooperación. Puesto que el objeto princi- , tía alguna de que todos salgan ganando con el cambio si juzgan el
pal de la justicia es la estructura básica de la sociedad, esos términos asunto rigiéndose por sus anteriores actitudes. Los detentadores de
equitativos son expresados por principios que definen los derechos y .;>■| grandes propiedades pueden registrar enormes pérdidas, y lo cierto
deberes básicos en el seno de las instituciones sociales fundamenta- 5| es que históricamente se han resistido a tales cambios. Ninguna con­
les y que regulan los reajustes de la justicia a lo largo del tiempo, de , | cepción razonable de la justicia podría pasar el test de la ventaja
manera que los beneficios generados por el esfuerzo de cada cual j mutua así interpretado. Pero eso no hace al caso. El objetivo es defi­
sean equitativamente distribuidos y compartidos desde una genera- ¡ nir toda idea de reciprocidad entre ciudadanos libres e iguales en una
ción hasta la siguiente. .1 sociedad bien ordenada. Las llamadas tensiones del compromiso son
c) La idea de la cooperación social requiere una noción de la i tensiones que surgen, en una sociedad de ese tipo, entre sus exigen-
ventaja racional, o del bien, para cada participante. Esa idea del bien ; j
define lo que cada uno de los miembros comprometidos con la coo- !- 18. Así lo expresa Alan Gibbard en su reseña de Brian Barry, Theories ofJusti-
peración — ya sean individuos, familias, asociaciones, o incluso pue- j: ce, University o f California Press, Berkeley, 1989. Barry piensa que la justicia como
equidad revolotea incómodamente entre la imparcialidad y la ventaja mutua, mientras
blos enteros estatalmente constituidos— trata de conseguir, viendo ’
que Gibbard es de la opinión de que lo que hace es posarse en la reciprocidad. Creo que
el esquema cooperativo desde su propio punto de vista. ¡ Gibbard lleva razón en este punto. Véase su «Constructing Justice», Philosophy and
Public Affairs, 2 0 (verano de 1991), pp. 2 6 6 ss.
II í : i COBKSSB

48 E L E M E N T O S B Á S IC O S ID EA S FUN DA M EN TALES 49

cías de justicia .y los legítimos intereses que sus justas instituciones sino que se la concibe también como un esquema más o menos com­
permiten a los ciudadanos. Importantes entre estas tensiones son las pleto y autosuficiente de cooperación, capaz de abrir espacios en su
que se dan entre la concepción política de la justicia y las doctrinas seno para todas las necesidades y actividades vitales, desde el naci­
comprehensivas permisibles. Esas tensiones no derivan de un deseo miento hasta la muerte. También se entiende que la sociedad existe a
de preservar los beneficios de la injusticia anterior. Esas tensiones perpetuidad: se produce y reproduce a sí misma y a sus instituciones
pertenecen al proceso de transición, pero de las cuestiones relativas a y a su cultura a lo largo de generaciones, y.no existe un momento en
ese proceso se ocupan teorías no ideales, y en ningún caso los princi­ el que pueda esperarse su desenlace final.
pios de justicia que rigen en una sociedad bien ordenada.19 Puesto que partimos de la tradición del pensamiento democráti­
3. Considérese ahora la idea fundamental de la persona.20 co, no podemos menos de concebir a las personas como libres e
Obvio es decir que muchos aspectos de la naturaleza humana pueden iguales. La idea básica eS que en virtud de sus dos facultades mora­
ser destacados por su relevancia especial para el punto de vista que les (una capacidad para un sentido de la justicia y para una concep­
adoptemos. Prueba de ello son expresiones tales como Homo politi- ción del bien) y de las facultades de la razón (de juicio, pensamiento,
cus y Homo ceconomicus, Homo ludens y Homo faber. Puesto que y las inferencias vinculadas con estas facultades), las personas son
nuestra exposición de la justicia como equidad comienza con la idea libres. El poseer esas facultades en el grado mínimo requerido para
de que hay que concebir la sociedad como un sistema equitativo de ser miembros plenamente cooperantes de la sociedad hace a las per­
cooperación a lo largo del tiempo entre generaciones, tenemos que sonas iguales.21
adoptar una concepción de la persona que se compadezca con esa Especifiquemos: puesto que las personas pueden participar ple­
idea. Desde el mundo antiguo, el concepto de persona ha sido enten­ namente en un sistema equitativo de cooperación social, les atribui­
dido, tanto filosófica com o jurídicamente, com o el concepto de mos las dos facultades morales vinculadas a los elementos antes
alguien que puede tomar parte o que puede desempeñar un papel en mencionados de la idea de la cooperación social, a saber: una capaci­
la vida social y, así, ejercer y respetar los varios derechos y obliga­ dad para el sentido de justicia y una capacidad para concebir el bien.
ciones que van con ella. De manera que decimos que una persona es Un sentido de justicia es la capacidad para entender, para aplicar, y
alguien que puede ser un ciudadano, esto es, un miembro normal y para actuar de acuerdo con la concepción pública de la justicia que
plenamente cooperante de la sociedad a lo largo del ciclo completo define los términos equitativos de la cooperación social. Dada la
de su vida. Añadimos la cláusula «a lo largo del ciclo completo de su naturaleza de la concepción política, que establece la base pública de
vida» porque no sólo se entiende que la sociedad está cerrada (§ 2.1), justificación, un sentido de justicia expresa también una disposición,
si no el deseo, a actuar en relación con los demás de un modo tal
19. Alien Buchanan ofrece una instructiva discusión de estos asuntos en su
que pueda ser aceptado públicamente también por ellos (II, § 1). La
M arx and Justice, Rowman and Littlefield, Totowa, N .J., 1982, pp. 145-149. capacidad para concebir el bien es la capacidad para formar, para
20. Vale la pena destacar que esta concepción de la persona, tal como la entien­ revisar y para perseguir racionalmente una concepción de la propia
do aquí, es una concepción normativa, ya jurídica, política o moral, ya, incluso, filo­ ventaja racional, o del propio bien.
sófica o religiosa, según el punto de vista global al que pertenezca. En el caso presen­
Además de poseer esas dos facultades, las personas pueden tam­
te, la concepción de la persona es una concepción moral, una concepción que arranca
de nuestra concepción cotidiana de las personas como las unidades básicas de pensa­ bién determinar, en cualquier momento dado, una concepción del bien
miento, deliberación y responsabilidad, y que se adapta a una concepción política de que tratan de conseguir. Tal concepción no debe ser estrechamente
la justicia, no a una doctrina comprehensiva. E s, en efecto, una concepción política entendida, pues contiene una noción de lo que es valioso en la vida
de la persona, y, dados los propósitos de la justicia como equidad, una concepción humana. Así, una concepción del bien normalmente consiste en un
adecuada como fundamento de la ciudadanía democrática. Como concepción norma­
tiva que es, debe distinguirse de una descripción científico-natural o científico-social
esquema más o menos determinado de objetivos finales, esto es, ob-
de la naturaleza humana, y cumple un papel diferente en la justicia com o equidad.
Sobre esto último, véase II, § 8. 21. Véase Teoría, § 7 7 , donde se discute esta base de la igualdad.
50 E L E M E N T O S B Á SIC O S ID E A S FU N DA M EN TALES 51

jetivos que queremos realizar por sí mismos, así como vínculos con I nes futuras, problema bajo el cual cae la cuestión del ahorro justo.22
otras personas y lealtades para con varios grupos y asociaciones. I Otro problema es extender la justicia como equidad hasta abarcar el
Esos vínculos y lealtades dan lugar a devociones y afectos, de modo | derecho de los pueblos, esto es, los conceptos y principios que se
que el florecer de las personas y asociaciones que son objeto de esos | aplican a* derecho internacional y a las relaciones entre las socieda-
sentimientos forma también parte de nuestra concepción del bien. I des políticas.23 Además, puesto que partimos (como se observó
También ligamos a esa concepción una noción de nuestra relación I antes) de que las personas son miembros de la sociedad" normal y
con el mundo — religiosa, filosófica y moral— , en referencia a la I plenamente cooperantes á lo largo de toda su vida — lo que implica
cual se entienden el valor y el significado de nuestros objetivos y de I que disponen de las capacidades necesarias para desempeñar tal
nuestros vínculos. Por último, las concepciones que se tienen del I papel— , se plantea la cuestión de lo que está reservado a quienes no
bien no están fijadas, sino que se forman y desarrollan a medida que I consiguen satisfacer esa condición, ya temporalmente (por enferme-
las personas van madurando, y pueden cambiar más o menos radi­ I dad o accidente), ya permanentemente, lo cual abarca una gran
calmente en el curso de la vida. ! variedad de casos.24Por último, está el problema de lo que se reserva
4. Puesto que empezamos partiendo de la idea de la sociedad [ para los animales y para el resto de la naturaleza.
como un sistema equitativo de cooperación, suponemos que las per­ ; Aunque desearíamos poder responder a todas estas cuestiones,
sonas, en cuanto ciudadanos, están en posesión de todas las capaci­ § dudo mucho que sea posible hacerlo sin rebasar el ámbito de la justi-
dades que les permiten ser miembros cooperantes de la sociedad. Lo ! cía como equidad en tanto que concepción política. Creo que la jus-
cual se asume con vistas a conseguir una noción clara y distinta de lo } ticia como equidad arroja respuestas razonables para los dos prime-
que, para nosotros, es la cuestión fundamental de la justicia política, | ros problemas de extensión: para las generaciones futuras y para el
a saber: ¿cuál es la concepción de la justicia más adecuada para defi­ l derecho de los pueblos. Parcialmente, también para la tercera, para
nir los términos de la cooperación social entre ciudadanos concebi­ 1 los problemas de suministrar lo que podríamos llamar un servicio
dos como libres e iguales y como miembros plenamente cooperantes \ normal de salud. Respecto de los problemas en los que la justicia
de la sociedad a lo largo de un ciclo vital completo? l como equidad podría quedarse corta, hay varias posibilidades. Una
Al considerar ésta la cuestión fundamental no queremos decir, ¡ es que la idea de la justicia política no lo abarca todo, ni deberíamos
evidentemente, que nadie sufra enfermedades o accidentes; tales I esperar que lo hiciera. O bien: esos problemas pueden ser problemas
desgracias son de esperar en el curso ordinario de la vida, y hay que I de justicia política, pero la justicia como equidad fracasa en su reso-
tomar cautelas y prevenir esas contingencias. Mas, dado nuestro pro­ I lución, por bien que funcione en los demás casos. Cuán grave sea la
pósito, dejaré de lado por el momento esas incapacidades tempora­ | falta es asunto que no puede dirimirse hasta que se haya examinado
les, así como las incapacidades permanentes y los desórdenes men­ | el problema. Quizá sólo nos falte ingenio para conseguir extender la
tales graves que impiden a la gente ser miembros cooperante^ de la l concepción. En cualquier caso, no deberíamos esperar de la justicia
sociedad en el sentido usual. De modo, pues, que, partiendo de una como equidad, ni de ninguna otra concepción de la justicia, que
idea de la persona implícita en la cultura política pública, idealiza­
mos y simplificamos esa idea de varias formas con objeto de concen­ i 22. L a descripción que de este problema se hace en la Teoría, § 44, es defectuo-
tramos primero en la cuestión principal. | sa. Un enfoque mejor podría basarse en una idea que me dieron Thomas Nagel y Derek
Tendremos ocasión de discutir luego otras cuestiones, y el modo | Parfit, creo que en febrero de 1972. L a misma idea fue propuesta independientemen-
te por Jane English en su «Justice Between Generations», Philosophicál Studies, 31
en que las respondamos nos obligará a revisar las respuestas que í
l (1977), p. 98. De esta descripción más adecuada se da cuenta en «L a estructura básica
hayamos dado previamente. Procederemos con idas y venidas. Pode­ l como objeto», incluida en este volumen. Véase VII, § 6 y nota 12. Simplemente, pasé
mos pensar en esas cuestiones ulteriores como si fueran problemas í por alto esta solución mejor, que, sin embargo, deja intocado el supuesto de motivación.
de extensión. Así, tenemos el problema de extender la justicia como | 23. Véase Teoría, § 58.
equidad hasta abarcar nuestras obligaciones para con las generacio- í 24. Véase V, § 3.5 y ios escritos de Norman Daniels a que allí se hace referencia.

\
52 E L E M E N T O S B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 53

abarque todos los casos en que se plantea la cuestión correcto/, f axiológico al que se accede por intuición racional? ¿O acaso esos
incorrecto. La justicia política necesita siempre el complemento de S términos se establecen mediante una negociación entre las personas
otras virtudes. J piismas, a la luz de lo que consideran su mutua ventaja? Según la
Dejo de lado en estas conferencias los problemas de extensión \ reSpuesta que demos, obtendremos un concepto distinto de coope­
para centrarme en lo que antes llamé la cuestión fundamental de la f ración social.
justicia política. Procedo así porque entiendo que el error de la Teo- | La justicia como equidad recupera y reformula la doctrina del
ría que estas conferencias tratan de enmendar (como se explicó en la | contrato social y se suma a la última respuesta, en la siguiente forma:
Introducción) radica en la respuesta a esta cuestión fundamental. \ los términos equitativos de la cooperación social tienen que enten­
Y que esta cuestión es fundamental lo muestra el hecho de que ha f derse como si fueran acordados por quienes están comprometidos
sido el foco de la crítica liberal a la aristocracia en los siglos xvn J con ella, esto es, por ciudadanos libres e iguales, nacidos en la socie­
y xviii, de la crítica socialista a la democracia constitucional liberal \ dad en la que viven. Pero su acuerdo, como todos los acuerdos váli­
en los siglos xix y x x , así como, actualmente, del conflicto entre el | dos, tiene que proceder conforme a unas condiciones adecuadas. En
liberalismo y el conservadurismo acerca de las exigencias de la pro- f particular, esas condiciones tienen que emplazar equitativamente a
piedad privada y de la legitimidad (contrapuesta a la eficacia) de las | las personas libres e iguales, y no deben permitir que algunas perso­
políticas sociales ligadas a lo que ha venido en llamarse «estado de i nas estén en posiciones negociadoras más ventajosas que otras. Ade­
bienestar». Es la cuestión que fija los límites iniciales de nuestra dis- - más, hay que excluir cosas tales como amenazas de fuerza y coer­
cusión. ■I ción, engaño y fraude.
2. Hasta aquí no hay muchos problemas. Las consideraciones
precedentes resultan familiares y cotidianas. Pero los acuerdos
§ 4. L a i d e a d e l a p o s i c i ó n o r ig i n a l : alcanzados en la vida cotidiana se producen en situaciones más o
menos claramente definidas y encauzadas en el transfondo institu­
1. Vengo ahora a la idea de la posición original.25 Se introduce cional
l de la estructura básica. La tarea que nos proponemos, sin em­
esta idea con objeto de averiguar qué concepción tradicional de la ; bargo, es extender la idea del acuerdo a ese mismo transfondo. Y aquí
justicia, o qué variante de una de esas concepciones, consigue definir ; nos enfrentamos a la dificultad que se le presenta a toda concepción
los principios más adecuados para la realización de la libertad y de la ' política de la justicia que use la idea del contrato, social o de otro tipo.
igualdad una vez concebida la sociedad com o un sistema equitativo : La dificultad es esta: tenemos que encontrar algún punto de vista,
de cooperación social entre ciudadanos libres e iguales. Suponiendo distanciado de los rasgos y las circunstancias particulares del marco
que de lo que se trata es de saber qué concepción de la justicia lo • que hace de transfondo global y no sesgado por ellos,Yin punto de
consigue, ¿por qué hay que introducir la idea de la posición original vista que permita alcanzar un acuerdo equitativo entre personas con­
y cómo puede servir ésta para contestar la cuestión? cebidas como libres e iguales.
Volvamos a la idea de cooperación social. ¿Cómo han de esta­ La posición original, con el conjunto de rasgos que he llamado
blecerse los términos equitativos de la cooperación? ¿Se trata, sim­ «el velo de ignorancia», es ese punto de vista.26La razón por la cual
plemente, de que una autoridad externa, distinta de las personas la posición original debe abstraerse de las contingencias del mundo
que cooperan, los fije? ¿Los fija, por ejemplo, la ley de Dios? social y no verse afectada por ellas es que las condiciones para que
¿O tienen esas personas que reconocer la equitatividad de aquellos se dé un acuerdo equitativo, sobre la base de los principios de la jus­
términos acudiendo a su conocimiento de un orden moral inde­ ticia política, entre personas libres e iguales imponen eliminar las ven­
pendiente — acudiendo, por ejemplo, a la ley natural, o a algún reino tajas negociadoras que inevitablemente surgen en el seno del marco

25. Véase Teoría, §§ 3 -4 y el cap. 3 , así como el índice. 26. Para el velo de ignorancia, ibid., §§ 4 y 2 4 y el índice.
54 E LE M EN TO S B A SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 55

institucional de cualquier sociedad por acumulación de tendencia! información sobre la raza y el grupo étnico de pertenencia de las per­
sociales, históricas y naturales. Esas ventajas contingentes y esas; sonas, sobre el sexo y el género, así como sobre sus variadas dota­
influencias accidentales procedentes del pasado no deberían afectará ciones innatas, tales como el vigor y la inteligencia. Expresamos
un acuerdo basado en principios encargados de regular las institución figurativamente esos límites a la información diciendo que las par-
nes de la estructura básica misma desde el momento presente y en lo tes están detrás de un velo de ignorancia. De modo que la posición
venidero. original no es sino un mecanismo de representación: describe las
3. Aparece ahora una segunda dificultad que, sin embargo, es:partes, cada una de las cuales se hace responsable de los intereses
sólo aparente. Expliquémonos: de lo que va dicho resulta claro que esenciales de un ciudadano libre e igual al que se concibe equitati­
hay que entender la posición original com o un mecanismo de repre­ vamente emplazado para llegar a un acuerdo sujeto a condiciones
sentación, y por lo tanto cualquier acuerdo alcanzado por las partes que limitan convenientemente lo que pueda presentar como buenas
no puede sino entenderse com o hipotético y no-histórico. Mas si razones.28
esto es así, puesto que los acuerdos hipotéticos no son vinculantes^
¿cuál es el significado de la posición original? La respuesta anda;
implícita en lo que ya se lleva dicho: su significado se lo confiere el el problema que nos planteamos al comienzo. Buscamos una concepción política de la
justicia para una sociedad democrática entendida como un sistema equitativo de coo­
papel desempeñado por los varios rasgos que caracterizan a la posif peración entre ciudadanos libres e iguales, quienes, siendo políticamente autónomos
ción original como un mecanismo de representación. (II, § 6), aceptan de buen grado los principios de justicia públicamente reconocidos
Que las partes estén simétricamente emplazadas es un requisito; que definen los términos equitativos de la cooperación. Sin embargo, la sociedad en
imprescindible si tienen que representar a ciudadanos libres e iguales; cuestión alberga una diversidad de doctrinas comprehensivas, todas perfectamente
que han de llegar a un acuerdo en condiciones equitativas. Además^ razonables. Este es el hecho del pluralismo razonable, contrapuesto al hecho del plu­
ralismo como tal (§ 6 .2 y H, § 3). Ocurre entonces que, si todos los ciudadanos han de
parto del supuesto de que una de las convicciones que tenemos és¡; aceptar libremente la concepción política de la justicia, esa concepción debe ser
esta: el hecho de que ocupemos una posición social particular no no!: capaz de atraerse el apoyo de ciudadanos que abrazan doctrinas comprehensivas dife­
da una buena razón para proponer, o para esperar que otros acepten! rentes y encontradas aunque razonables, en cuyo caso tendríamos un consenso entre­
una concepción de la justicia que favorezca precisamente a quienes cruzado de doctrinas razonables. Eso sugiere dejar de lado el modo en que las doctri­
nas comprehensivas de la gente conectan con el contenido de la concepción política
están en esa posición. Análogamente, el hecho de que abracemos una} de la justicia, y concebir ese contenido como si surgiera de varias ideas fundamenta­
determinada doctrina comprehensiva religiosa, filosófica o moral les derivadas de la cultura política pública de una sociedad democrática. Modelamos
con su característica noción del bien, no nos da una buena razón para eso situando las doctrinas comprehensivas de la gente detrás del velo de ignorancia.
proponer, o para esperar que otros acepten, una concepción de la jus­ Lo que nos permite, encontrar una concepción política de la justicia que puede ser el
ticia que favorezca precisamente a quienes están persuadidos por ella| I foco de un consenso entrecruzado y servir así de base pública de justificación en una
sociedad marcada por el hecho del pluralismo razonable. Nada de eso pone en cues­
Modelar esa convicción en términos de la posición original implica tión la descripción de una concepción política de la justicia como una noción inde­
no permitir que las partes conozcan la posición social de quienes} pendiente (§§ 1.4 y 2 .2 ), sino que significa que, para justificar el espesor del velo de
representan, o la particular doctrina comprehensiva de la persona; ignorancia, invocamos el hecho del pluralismo razonable y la idea de un consenso
que cada uno representa.27 La misma idea se hace extensiva a la entrecruzado de doctrinas comprehensivas razonables. Agradezco a Wilfried Hinsch
que me hiciera ver la necesidad de discutir esta cuestión más explícitamente. En lo que
va dicho he seguido la idea general de su valioso trabajo inédito sobre este asunto,
27. L a prohibición de que las partes conozcan las doctrinas comprehensivas;«The Veil o f Ignorance and the Idea of an Overlapping Consensus», Bad Homburg,
profesadas por la gente es uno de los modos en que el velo de ignorancia es más esp$| julio de 1992.
so que tenue. (Este contraste se discute en «Kantian Constructivism» [1980], pp. 547 ssó| 28. L a posición original modela un importante rasgo tanto del constructivismo
Algunos han pensado que el espesor del velo de ignorancia carecía de justificación kantiano como del constructivismo político, a saber: la distinción entre lo razonable y
han cuestionado su fundamento, sobre todo a tenor de la gran relevancia de las doctrif| lo racional, con lo razonable por delante de lo racional. L a relevancia de la distinción
ñas comprehensivas. Puesto que deberíamos justificar, o al menos explicar, siempre! aquí es que la Teoría habla más o menos consistentemente no de las condiciones
que podamos los rasgos de la posición original, considérese lo siguiente. Recordemos: racionales, sino de las condiciones razonables (o, a veces, adecuadas o apropiadas)
£

56 ELEMENTOS BÁSICOS f: ID EA S FU N DA M EN TALES 57


|
4. Las dos dificultades que acabamos de mencionar se superan, ¿e ! instituciones y acciones particulares— , pueden entrar en contacto
pues, concibiendo la posición original como un mecanismo de repre» \ unas con otras. Esto nos permite establecer una mayor coherencia
sentación: la posición original conceptualiza lo que, aquí y ahora, } entre todos nuestros juicios; y, merced a esta autocomprensión más
consideramos condiciones equitativas, respetando las cuales los ! profunda, podemos alcanzar un acuerdo más amplio unos con otros.
representantes de los ciudadanos libres e iguales tienen que definir ¡ 5. Introducimos una idea como la de la posición original por­
los términos de la cooperación social para la estructura básica de la ¡ que no parece haber mejor modo de elaborar una concepción política
sociedad; y, puesto que también conceptualiza lo que, en el plano de i de la justicia para la estructura básica a partir de la idea fundamen­
la estructura básica, consideramos restricciones aceptables a las ^ tal de la sociedad como un sistema continuo y equitativo de coopera­
razones de que disponen las partes para favorecer una concepción | ción entre ciudadanos concebidos como libres e iguales. Esto parece
política de la justicia sobre otra, la concepción de la justicia que lie- t particularmente evidente cuando pensamos en la sociedad como un
garían a adoptar las partes coincide con la concepción de la justicia f proceso que se extiende a lo largo de generaciones y que hereda su
que, aquí y ahora, consideramos equitativa y fundada en las mejores l cultura pública y sus instituciones políticas y sociales (junto con
razones. _ { su capital real y su patrimonio de recursos naturales) de los antepasa­
La idea es usar la posición original para captar conceptualmen- [ dos. No obstante, la utilización de esta idea presenta varios peligros.
te tanto la libertad y la igualdad, como las restricciones puestas a las t Como mecanismo que es de representación, su elevado grado de
razones, de modo que resulte perfectamente evidente cuál sería el [ abstracción se presta a malentendidos. En particular, podría parecer
acuerdo al que llegarían las partes como representantes de los ciuda-j que la descripción de las partes presupone una concepción metafísi­
danos. Aun cuando podría haber, y seguramente habrá, razones a [ ca particular de la persona; por ejemplo, que la naturaleza esencial
favor y en contra de cualquier concepción disponible de la justicia, | de las personas es independiente y anterior a sus atributos contingen­
posiblemente haya un balance de razones que manifiestamente favo­ tes, incluidos sus objetivos y sus vínculos finales y, desde luego, su
rezca a una concepción sobre las demás. Como mecanismo de re­ concepción del bien y su carácter global.29
presentación, la idea de la posición original sirve como medio de Creo que eso es una ilusión que produce el perder de vista que la
reflexión pública y de autoclarificación. Nos ayuda a elaborar núes- £ posición original es un mecanismo de representación. El velo de
tros pensamientos actuales, una vez que hemos sido capaces de ' ignorancia, por mencionar un rasgo destacado de esta posición, no
adoptar un punto de vista claro y distinto de las exigencias de la jus­ tiene implicaciones metafísicas específicas acerca de la naturaleza
ticia en una sociedad concebida como una estructura de cooperación ; del yo; no implica que el yo preceda ontológicamente a los hechos
entre ciudadanos libres e iguales de una a otra generación. L a posi- ! sobre las personas, hechos de cuyo conocimiento están eximidas las
ción original sirve como idea por medio de la cual todas nuestras t partes. Podríamos, por así decirlo, entrar en esa posición en cual­
convicciones, cualquiera que sea su nivel de generalidad — tanto si t quier momento limitándonos a razonar en favor de principios de jus­
tienen que ver con las condiciones equitativas de emplazamiento de ticia respetando las restricciones informativas mencionadas. Cuando
las partes, como si afectan a las restricciones razonables puestas a las simulamos de este modo estar en la posición original, nuestro razo-
razones, a los primeros preceptos y principios, o a los juicios acerca
29. Véase la importante obra de Michael Sandel, Liberalism and the Limits o f
como restricciones a ios argumentos en favor de los principios de justicia (pp. 18 ss., 5 Justice, Cambridge University Press, Cambridge, 1982. E sa concepción metafísica de
20 ss., 120 ss., 130 ss., 138, 44 6 , 5 1 6 ss., 578 y 5 8 4 ss.). Esas restricciones son cap- - la persona es imputada a la Teoría en la Introducción y criticada desde varios puntos
tadas conceptualmente por la posición original y, por consiguiente, impuestas a las de vista en buena parte del libro. Creo que la réplica que se halla en el capítulo 4 del
partes: sus deliberaciones están sujetas — absolutamente sujetas— a las condiciones libro de Will Kymlicka Liberalism, Community, and the Culture, Clarendon Press,
razonables, la captación conceptual de las cuales hace que la posición original sea ; Oxford, 1989, es globalmente satisfactoria, quizá con unos cuantos ajustes que pue­
equitativa. Como tendremos ocasión de ver más adelante, que lo razonable vaya por . dan resultar necesarios para que case con el liberalismo político, distinto del liberalis­
delante de lo racional significa la primacía de lo justo (V). mo entendido com o doctrina comprehensiva.
58 E L E M E N T O S B Á SIC O S ID EA S FU N D A M EN TA LES 59

namiento no nos compromete con una doctrina metafísica particular c0inpleto de una sociedad bien ordenada. La autonomía racional
acerca de la naturaleza del yo más de lo que nuestra participación en como tal no es un ideal en modo alguno, sino un modo de conceptua-
una obra teatral» haciendo, pongamos por caso, de Macbeth, o de Uzar la idea de lo racional (en contraste con lo razonable) en la posi­
Lady Macbeth, nos comprometería a pensar que somos realmente un ción original.
rey o una reina embarcados en una lucha desesperada por el poder El tercer punto de vista — el de ustedes y el mío— es el que per-
político. Lo mismo vale para el desempeño de papeles en general. njite evaluar a la justicia como equidad y, en realidad, a cualquier
Recuérdese que la tarea en que estamos empeñados consiste en esta­ otra concepción política. El test es aquí el del equilibrio reflexivo:
blecer una formulación de la idea de la sociedad como sistema equi. hasta qué punto la concepción global consigue articular nuestras
tativo de cooperación social, una formulación que nos permita hallar convicciones más firmes acerca de la justicia política, a todos los
los principios que definen los derechos y libertades básicos y las for­ niveles de generalidad, después del examen debido, y una vez
mas de igualdad más adecuadas para los cooperantes, concebidos hechos los reajustes y las revisiones que parecen obligados. Hasta
éstos como personas libres e iguales. donde nos es posible juzgar, una concepción de la justicia que satis­
6. Después de repasar la idea de la posición original, y para evi­ faga ese criterio será la concepción más razonable para nosotros.
tar malentendidos, añadiré lo siguiente. Es importante distinguir entre
tres puntos de vista: el de las partes en la posición original, el de los
ciudadanos en una sociedad bien ordenada y, finalmente, el nuestro, § 5 . L a c o n c e p c ió n p o l ít ic a d e l a p e r s o n a
el de ustedes y el mío, que estamos empeñados en elaborar la justicia
como equidad y en explorarla como concepción política de la justicia. 1. Ya observé antes que la idea de la posición original y la des­
Los dos primeros puntos de vista pertenecen a la concepción de cripción de las partes podrían llevamos a pensar que estamos presu­
la justicia como equidad, y están definidos en relación con las ideas poniendo una doctrina metafísica de la persona. Aunque dije que esa
fundamentales de ésta. Pero, mientras que podemos imaginar la rea­ interpretación es errónea, no resulta tan sencillo rechazar los víncu­
lización en nuestro mundo social de la concepción de una sociedad los con las doctrinas metafísicas, porque aun a pesar de los intentos
bien ordenada y de los ciudadanos libres e iguales, las partes, en tanto explícitos por desprenderse de ellas, las implicaciones metafísicas
que representantes que definen los términos equitativos de la coope­ pueden subsistir. Rechazar esas implicaciones exige discutir en deta­
ración social poniéndose de acuerdo en los principios de justicia, no lle y mostrar que no existen. No puedo hacerlo aquí.31
son más que partes de la posición original. Esa posición está fijada
por ustedes y por mí al elaborar la noción de justicia com o equidad, 31. Parte de la dificultad consiste en que no hay una noción comúnmente acep­
de manera que la naturaleza de las partes está cortada a nuestra tada de lo que significa una doctrina metafísica. Podría decirse, com o me ha sugerido
medida: no son sino criaturas artificiales que moran en nuestro me­ Paul Hoffman, que desarrollar una concepción política de la justicia sin presuponer
canismo de representación. Se interpreta pésimamente a la justicia o usar explícitamente una doctrina metafísica particular, por ejemplo, alguna concep­
ción metafísica particular de la persona, es presuponer ya una tesis metafísica, a saber:
como equidad si la deliberación de las partes, y las motivaciones que
que no se requiere ninguna doctrina metafísica para este propósito. También podría
a éstas atribuimos, se consideran asuntos de psicología moral, ya de decirse que nuestra concepción cotidiana .de las personas como las unidades básicas
personas reales, ya de ciudadanos de una sociedad bien ordenada.30 de deliberación y responsabilidad presupone, o implica de algún modo, ciertas tesis
No hay que confundir autonomía racional (II, § 5) y autonomía plena metafísicas acerca de la naturaleza de las personas com o agentes morales o políticos.
(O, § 6). Esta última es un ideal político, y es parte del ideal más Siguiendo el precepto de la abstención, no debería entrar a negar estas tesis. L o que
debería decir es lo siguiente. Si atendemos a la presentación de la justicia com o equi­
dad y a! modo en que está construida, y si observamos las ideas y las concepciones de
30. Muchos han cometido este error. Traté de identificarlo más claramente para que se sirve, no se divisa entre sus premisas, ni se aprecia en las implicaciones de su
que pueda ser corregido en «Faimess to Goodness», Philosophical Review, 8 4 (octu­ argumentación, ninguna doctrina metafísica particular acerca de la naturaleza de las
bre de 1975), pp. 5 4 2 ss. personas que sea distinta u opuesta a otras doctrinas metafísicas. Si entraña presu-
60 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FU N DA M EN TALES 61

Lo que puedo hacer, en cambio, es esbozar una descripción deí que antes, salvo en la medida en que esas reclamaciones vayan liga-
una concepción política de la persona que se desprende de la caracte* \ jas a su antigua afiliación religiosa. Podemos imaginar una sociedad
rización de la posición original (§ 3.3 ). Para entender lo que significa i —-la historia suministra varios ejemplos— en la que los derechos
describir políticamente una concepción de la persona hay que consi-1 básicos y las reclamaciones reconocidas dependen de la afiliación
derar cómo están representados en esa posición original los ciudada- í religiosa y de la clase social. Tal sociedad tiene una concepción polí­
nos en tanto que personas libres. Parece que la representación de su \ tica de la persona diferente. Le falta una concepción igualitaria de la
libertad presupone una doctrina metafísica. Mas se entiende que los 1 ciudadanía, pues esa concepción va de la mano con una sociedad
ciudadanos se conciben a sí mismos como libres en tres aspectos, de! democrática de ciudadanos libres e iguales.
modo que procederé a examinar cada uno de ellos y a señalar la vía por l Hay un segundo sentido de identidad que se define en relación
la que la concepción de la persona se hace política. j. con objetivos y compromisos más profundos de los ciudadanos. La
2. En primer lugar, los ciudadanos son libres en el sentido dellamaremos
[ su identidad moral, o no institucional.32 Normalmente,
que se conciben a sí mismos, y unos a otros, con facultad moral para 1 los ciudadanos tienen objetivos y compromisos de tipo político y de
tener una noción del bien. Eso no quiere decir que, como parte de su | tipo no político. Los ciudadanos afirman los valores de la justicia
concepción política, se entiendan a sí mismos inevitablemente liga- \ política y desean verlos incorporados en las instituciones políticas y
dos a la búsqueda de la particular concepción del bien que abrazan { en las políticas sociales. También trabajan en favor de los demás
en un momento dado. Ocurre más bien que, como ciudadanos que f valores en la vida no pública y en favor de los objetivos de las aso­
son, consideramos que son capaces de revisar y alterar esa concep- [ ciaciones a las que pertenecen. Los ciudadanos tienen que ajustar y
ción por motivos razonables y racionales, y que pueden hacerlo si lo \ reconciliar esos dos aspectos de su identidad moral. Puede ocurrir
desean. Como personas libres que son, los ciudadanos se arrogan 1 que en sus asuntos particulares, o en la vida interna de las asociacio­
el derecho a entender sus personas independientemente de cualquier t nes, los ciudadanos lleguen a entender sus objetivos y vínculos últi­
concepción particular de ese tipo, con su esquema y con sus objeti-1 mos de un modo muy distinto del que supone la concepción política.
vos finales y sin identificación con esa concepción. Dada su facultad Acaso tengan, y a menudo no dejan de tenerlos, afectos, devociones y
moral para formar, revisar y perseguir racionalmente una concepción lealtades que no creen poder, o deber, dejar aparte y evaluarlos objeti­
del bien, su identidad pública como personas libres no se ve afectada vamente. Acaso consideren sencillamente impensable la tarea de ver­
por los cambios que temporalmente se sucedan en su determinación se a sí mismos aparte de determinadas convicciones religiosas, filosó­
de esa concepción. i ficas y morales, o de determinados vínculos y lealtades duraderos.
Por ejemplo, cuando los ciudadanos se convierten a otra religión, Esos dos tipos de compromisos y vínculos — políticos y no polí­
o cuando abandonan una fe religiosa establecida, no dejan por ello ¡ ticos— definen la identidad moral y dejan su impronta en el modo de
de ser, a efectos de la justicia política, la misma persona que antes. : vida de una persona, en lo que uno entiende que está haciendo y tra­
No se produce pérdida alguna de lo que podríamos llamar su identi­ tando de conseguir en el mundo social. Si, súbitamente, los perdiéra­
dad pública, o institucional, o de su identidad como asunto del dere- • mos, andaríamos desorientados y seríamos incapaces de llevar a
cho básico. En general, conservan los mismos derechos y obligaciones cabo nuestros propósitos. De hecho, podría pensarse que no habría
básicos, poseen las mismas propiedades y pueden reclamar lo mismo ? ya nada que llevar a cabo.33Pero nuestras concepciones del bien pue-

puestos metafíisicos, quizá son tan generales que son incapaces de distinguir entre las J 32. Estoy en deuda con Erin Kelly por la distinción entre las dos clases de obje­
visiones metafísicas que han ocupado tradicionalmente a la filosofía — cartesianas, i tivos que caracterizan a la identidad moral‘tal como se describe en este párrafo y en el
leibnizianas o kantianas; realistas, idealistas o materialistas— . En tal caso, esos presu- = siguiente.
puestos no serían relevantes en modo alguno para la estructura y e! contenido de una ’ 33. Este papel de los compromisos es resaltado con frecuencia por Bemard
concepción política de la justicia. Agradezco a Daniel Brudney y Paul Hoffman que I Williams, por ejemplo, en «Persons, Character, and Morality», en M oral Luck, Cam­
discutieran conmigo esos asuntos. v, ¡ bridge University Press, Cambridge, 1981, pp. 10-14.
f
i
i
ID E A S FU N D A M EN TA LES
62 E LE M EN TO S B Á SIC O S í 63
r
den cambiar, y a menudo lo hacen, con el transcurso del tiempo, ñor- } cruzado, los valores y los compromisos políticos (más generales) de
malmente de manera paulatina, pero a veces también abruptamente. í los ciudadanos, que forman parte de su identidad moral o no institu­
Cuando esos cambios son súbitos, estamos prontos a decir que ya no j cional, son aproximadamente los mismos.
somos, la misma persona. Sabemos lo que esto significa: nos referí- [ 3. Un segundo aspecto en el que los ciudadanos se conciben a
mos a una deriva, a una inversión, profunda y de gran alcance, ope- j sí mismos libres es que se entienden a sí mismos como fuentes auto-
rada en nuestros objetivos y compromisos finales; nos referimos a autentificatorias de exigencias válidas. Es decir, se ven a sí mismos
nuestra diferente identidad moral (que incluye nuestra identidad reli- í con derecho a presentar exigencias a sus instituciones con ánimo de
giosa). Camino de Damasco, Saúl de Tarso se convierte en el Apóstol | promover sus concepciones del bien (siempre que esas concepciones
Pablo. Sin embargo, esa conversión no implica un cambio en nuestra entren en el espectro permitido por la concepción política pública de
identidad pública o institucional, ni en nuestra identidad personal, la persona). Los ciudadanos entienden que esas exigencias tienen un
según entienden este concepto algunos filósofos de la mente.34Ade- j peso por sí mismas, independientemente de que deriven de deberes y
más, en una sociedad bien ordenada, apoyada en un consenso entre- obligaciones definidos por una concepción política de la justicia, por
ejemplo, de deberes y obligaciones para con la sociedad. Las exigen­
cias que los ciudadanos creen fundadas en deberes y obligaciones
34. Aunque he usado el término identidad en el texto, creo que resultaría: i
menos confundente usar la expresión «nuestra concepción de nosotros mismos», o «el, ;
derivados de su concepción del bien y de la doctrina moral que sos­
tipo de persona que queremos ser». Eso ayudaría a distinguir entre la cuestión propia­ tienen en su propia vida cuentan también, para nuestros presentes
mente moral y la cuestión de la mismidad, o identidad, de una substancia, de un per- / propósitos, como fuentes de autoautentificación. Que una concep­
manente o de una cosa a través de los diferentes cambios temporales y espaciales. Al ción política de la justicia para una democracia constitucional proce­
decir eso, presupongo que una respuesta al problema de la identidad personal de io ; da así es razonable, pues siempre que las concepciones del bien y las
que trata es de definir varios criterios (por ejemplo, criterios psicológicos memorís- :
ticos y de continuidad física del cuerpo, o de alguna parte de él), criterios de acuerdo ; doctrinas morales sostenidas por los ciudadanos sean compatibles con
con los cuales pueda decirse de dos estados o acciones psicológicos diferentes que lo ' la concepción pública de la justicia, esos deberes y obligaciones
son de una misma persona que perdura en el tiempo; esa respuesta trata también de s serán autoautentificatorios desde un punto de vista político.
definir el modo de concebir esa persona que perdura, ya como substancia cartesiana o * Cuando describimos el modo en que los ciudadanos se conciben
leibniziana, ya como yo transcendental kantiano, o bien com o un algo permanente de; ¿
algún tipo, por ejemplo, corporal o físico. Véase la colección de ensayos compilada '
a sí mismos como libres, estamos describiendo la manera en que los
por John Perry, Personal Identity, University of California Press, Berkeley, 1975, ciudadanos piensan sobre sí mismos en una sociedad democrática
sobre todo la Introducción del propio Perry, pp. 1-30; así com o el ensayo de Sidney cuando aparecen cuestiones de justicia política. Que eso pertenece a
Shoemaker en Personal Identity, Basil Blackw ell, Oxford, 1984. Ambos conside- una concepción política particular resulta claro por contraste con otra
ran un buen número de puntos de vista. A veces, al discutir este problema, se pasa con • concepción política diferente que no concibe a la gente como fuente
mucho por alto la continuidad de los objetivos fundamentales; por ejemplo, en con- ¡
cepciones como la de H. P. Price (en la compilación de Perry), que subraya la f autoautentificatoria de exigencias válidas. En esa concepción políti­
continuidad de la memoria. Sin embargo, en cuanto la continuidad de los objetivos ca diferente, las exigencias de la gente carecen de peso, salvo cuando
fundamentales se considera básica, como en el caso de Derek Parfit, Reasons and, ¡ pueden derivarse de deberes y obligaciones para con la sociedad, o
Persons, Clarendon Press, Oxford, 1984, parte III, desaparece la distinción radical ? de los papeles que les asigna una jerarquía social fundada en valores
entre el problema de la identidad no-pública o moral de la persona y el problema de su f
religiosos o aristocráticos.
identidad personal. Esto trae consigo cuestiones muy profundas, acerca de las cuales %
las concepciones filosóficas pasadas y presentes difieren ampliamente, y lo seguirán | Por tomar un caso extremo, los esclavos son seres humanos que
haciendo probablemente en el futuro. Por eso es importante tratar de desarrollar \m \ no cuentan como fuentes de exigencias, ni siquiera de exigencias
concepción política de la justicia que evite en lo posible este problema. Aun asi, y por L basadas en deberes u obligaciones sociales, pues los esclavos no
acogemos al ejemplo del texto, supongo que todos estaremos de acuerdo en que, a ¡ cuentan como seres capaces de tener deberes y obligaciones. Las
efectos de la vida pública, Saúl de Tarso y san Pablo el Apóstol son la misma persona, |
La conversión es irrelevante desde el punto de vista de nuestra identidad pública o i
leyes que prohíben los malos tratos a los esclavos no se basan en exi­
institucional. I gencias de los esclavos, sino en exigencias procedentes de los pro­
uu caouea*

64 E LEM EN TO S B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 65

pietarios de esclavos, o de los intereses generales de la sociedad (que 5. Para resumir, recapitularé las tres tesis principales de ésta y
no incluyen los intereses de los esclavos). Los esclavos están, por así ¡je las dos secciones anteriores:
decirlo, socialmente muertos; no son en absoluto reconocidos como Primera, en § 3 las personas se concibieron como libres e iguales
personas.35Este contraste con la esclavitud ilustra el hecho de que la 0 virtud de dos facultades de la personalidad moral que poseían en
concepción de los ciudadanos como personas libres, en virtud de sus ei grado requerido: la capacidad para un sentido de la justicia y la
facultades morales y de tener una concepción del bien, va ligada a capacidad para una concepción del bien. Vinculamos esas facultades
una particular concepción política de la justicia. con los dos elementos principales de la idea de cooperación: la idea
4. El tercer aspecto por el que se entiende que los ciudadanosde los términos equitativos de la cooperación, y la idea de la ventaja
son libres es porque son concebidos como capaces de responsabili- racional, o bien, de cada participante.
zarse de sus objetivos, lo que afecta al modo en que se evalúan sus Segunda, en esta sección (§ 5), repasamos tres aspectos por los
exigencias.36 Dicho sumariamente: dadas unas instituciones-marco que las personas se conciben como libres, y observamos que en la
justas y dado un índice equitativo de bienes primarios para cada per­ cultura política pública de un régimen constitucional democrático
sona (como requieren los principios de justicia), se considera a los jos ciudadanos se conciben a sí mismos como libres de estos modos.
ciudadanos capaces de ajustar sus objetivos y aspiraciones a la luz de Tercera, puesto que la cuestión de qué concepción de la justicia
lo que razonablemente puedan esperar. Además, se entiende que los política resulta la más adecuada para realizar en las instituciones
ciudadanos son capaces de restringir sus exigencias en asuntos de básicas los valores de libertad e igualdad ha resultado desde hace
justicia a los tipos de cosas que los principios de justicia permiten. mucho tiempo profundamente polémica dentro de la misma tradi­
Los ciudadanos tienen que reconocer, pues, que el peso de sus ción que ve a los ciudadanos como libres e iguales, el propósito de la
exigencias no viene dado por la fuerza y la intensidad psicológicas justicia como equidad es resolver esa cuestión partiendo de la idea
de sus deseos y preferencias (en tanto que opuestos a sus necesida­ de sociedad como un sistema equitativo de cooperación en el que los
des como ciudadanos), aun si sus deseos y preferencias son raciona­ términos equitativos de la cooperación son acordados por ciudada­
les desde su punto de vista. E l procedimiento es el mismo que antes: nos concebidos de ese modo. En § 4, vimos que este enfoque, una
partimos de la idea básica de sociedad como un sistema equitativo de vez que la estructura básica de la sociedad se considera el objeto pri­
cooperación. Cuando esa idea se desarrolla hasta convertirse en una mordial de la justicia, lleva a la idea de la posición original como
concepción política de la justicia, la implicación es que, vistos los mecanismo de representación.
ciudadanos como personas que pueden comprometerse en la tarea de
la cooperación social a lo largo de su entero ciclo vital, pueden tam­
bién tomar responsabilidades respecto de sus objetivos: esto es, pue­ § 6. L a i d e a d e u n a s o c i e d a d b i e n o r d e n a d a
den ajustar sus objetivos de manera que puedan ser perseguidos por
medios, cuya adquisición puedan razonablemente esperar a cambio 1. Queda dicho que en la justicia como equidad la idea funda­
de lo que razonablemente esperan contribuir. La idea de responsabi­ mental de la sociedad como sistema equitativo de cooperación a lo
lidad respecto de los objetivos anda implícita en la cultura política Jargo de generaciones se desarrolla en compañía de dos ideas: la idea
pública y es discemible en las prácticas de ésta. Una concepción de ciudadanos entendidos como personas libres e iguales, y la idea de
política de la persona vertebra esa idea y la hace casar con la idea de una sociedad bien ordenada como una sociedad efectivamente regu­
sociedad como sistema equitativo de cooperación. lada por una concepción política de la justicia. Habiendo discutido la
primera idea que la acompaña, discutiré ahora la segunda.
35. Para la idea de la muerte social, véase Orlando Patterson, Slavery and Social Decir que una sociedad está bien ordenada comporta tres cosas:
Death, Harvard University Press, Cambridge, M ass., 1982, esp. pp. 5 -9 , 38 -4 5 y 337. primero (e implicado por la idea de una concepción de la justicia
36. Véase, más adelante, V, §§ 3-4, esp. § 3.6. públicamente reconocida), se trata de una sociedad en la que cada
66 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FU N D A M EN TA LES 67

uno acepta, y sabe que todo el mundo acepta, exactamente los mis- I nes políticas y sociales amparadas por los derechos y libertades bási­
mos principios de justicia; segundo (implicado por la idea de la regu, I cos de las instituciones libres, tiene que aparecer — si es que no ha
lación efectiva proporcionada por tal concepción), su estructura bá- * aparecido ya— y perdurar una diversidad de doctrinas comprehensi­
sica — esto es, sus instituciones políticas y sociales principales y la | vas encontradas, irreconciliables y, lo que es más, razonables.
manera en que casan entre ellas hasta formar un sistema de coopera- £ Hay que distinguir este hecho del pluralismo razonable del hecho
ción— satisface esos principios de un modo público y notorio, o al del pluralismo como tal. No se trata solamente de que las institucio­
menos hay buenas razones para creerlo. Y tercero, sus ciudadanos nes libres tienden a generar la gran variedad de doctrinas y de puntos
tienen un sentido de justicia normalmente efectivo, de modo que de vista previsibles dados los varios intereses de la gente y dada su
cumplen generalmente con las instituciones básicas de la sociedad, a tendencia a concentrarse en puntos de vista restrictos. Se trata más
las que consideran justas. En tal sociedad, la concepción pública­ bien del hecho de que, entre los puntos de vista que se desarrollan,
mente reconocida de la justicia establece un punto de vista compar- _ bay una variedad de doctrinas comprehensivas razonables. Estas son
tido que permite evaluar las exigencias de los ciudadanos a la so­ las-doctrinas que abrazan los ciudadanos razonables y a las que tiene
ciedad. que dirigirse el liberalismo político. No son simplemente el producto
Se trata de un concepto muy idealizado. Sin embargo, cualquier de intereses individuales o de clase, o de la muy comprensible ten­
concepción de la justicia que no sea capaz de ordenar bien una demo­ dencia de la gente a concebir el mundo político desde una perspecti­
cracia constitucional resulta inadecuada como concepción democrá­ va limitada, sino que son, en parte, el resultado del trabajo de la
tica. Podría no ser capaz por la familiar razón de que su contenido se „ razón práctica en el marco de las instituciones libres. Así pues, aun­
autorrefutase en el momento en que fuese públicamente reconocido. . que las doctrinas históricas no son, obvio es decirlo, mero resultado
También podría ser incapaz debido al hecho de que — por usar una del trabajo de la razón libre, el hecho del pluralismo razonable no es
distinción de Cohén— una sociedad democrática lleva la impronta una desafortunada condición de la vida humana. Al armar la concep­
del pluralismo razonable.37 Así pues, una concepción de la justicia ción política de tal modo que, en el segundo estadio, pueda atraerse
puede fracasar porque no consigue atraerse el apoyo de los ciudada- r el apoyo de las doctrinas comprehensivas razonables, no estamos
nos razonables que abrazan doctrinas comprehensivas razonables; o, ■ ajustando esa concepción tanto a las fuerzas brutas del mundo, cuan­
como diré con frecuencia, porque no puede atraerse el apoyo de un ' to al resultado inevitable de la libre razón humana.38
consenso entrecruzado razonable. Conseguirlo es una condición ne- r Un segundo hecho general relacionado con ello es que un enten­
cesaría para elaborar una adecuada concepción política de la justicia. dimiento continuo y compartido sobre una doctrina comprehensiva
2. La razón de esa condición necesaria es que la cultura políti- religiosa,
; filosófica o moral sólo puede ser mantenido mediante el
ca de una sociedad democrática se caracteriza — supongo— por tres ' uso opresivo del poder estatal. Si pensamos en la sociedad política
rasgos generales que hay que entender como sigue. f como en una comunidad unida en la afirmación de una y la misma
El primero es que la diversidad de doctrinas comprehensivas • doctrina comprehensiva, entonces el uso opresivo del poder estatal es
religiosas, filosóficas y morales presente en las sociedades democrá- | necesario para la comunidad política. En la sociedad de la Edad Me­
ticas modernas no es un mero episodio histórico pasajero; es un ras­ dia, más o menos unida en la afirmación de la fe católica, la Inquisi-
go permanente de la cultura pública democrática. Bajo las condicio-1
38. En II, §§ 2-3 hay una descripción de lo que llamamos las cargas del juicio y
37. Agradezco a Joshua Cohén una instructiva discusión de este punto; también | una discusión de lo que sea una doctrina comprehensiva razonable que establece unas
le estoy agradecido por insistirme en la importancia de la distinción entre pluralismo I condiciones necesarias mínimas de razonabilidad, condiciones mínimas que, sin em­
razonable y pluralismo como tal, según la definición de los párrafos que siguen a § 6.2, 1 bargo, resultan adecuadas para los propósitos del liberalismo político. No quiere ello
detallada luego en II, § 3. Él discute estos asuntos con iluminadora minucia en «Moral i decir que todas las doctrinas razonables así definidas sean igualmente razonables para
Pluralism and Política! Consensus», en The Idea o f Dem ocracy, editado por David | otros propósitos o desde otros puntos de vista. Los ciudadanos, manifiestamente, ten­
Copp y Jean Hampton, Cambridge University Press, Cambridge, 1933. | drán opiniones diferentes acerca de esos otros propósitos y puntos de vista.
68 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FU N DA M EN TALES 69

ción no era un accidente; se necesitaba su eliminación de la herejía J lo político» y a los valores de éste. L a idea de una sociedad demo­
para conservar las creencias religiosas compartidas. Lo mismo vale, -f crática bien ordenada ha de ser armada con arreglo a eso. Supondré,
según creo, de cualquier doctrina comprehensiva razonable, filosófi. ; pues, que los puntos de vista globales de los ciudadanos tienen dos
ca o moral, tanto si tiene carácter religioso como si no lo tiene. Una partes: puede entenderse que una parte coincide con la concepción
sociedad unida por una forma razonable de utilitarismo, o por los política de la justicia públicamente reconocida; la otra parte es una
liberalismos razonables de Kant o de Mili, requeriría también la¡| [ doctrina (plena o parcialmente) comprehensiva con la que de algu­
sanciones del poder estatal para mantenerse unida.39Llamemos a eso : na forma está relacionada la concepción política. Cómo sea esa rela­
«el hecho de la opresión».40 ¡ ción es asunto que dirimiremos más adelante, en IV. Lo que conviene
Finalmente, un tercer hecho general es que un régimen demo- ' resaltar aquí es que, como ya dije, los ciudadanos deciden indivi­
crético duradero y seguro, un régimen no dividido entre confesio- ; dualmente por sí mismos el modo en que la concepción política
nes doctrinales pugnaces y entre clases sociales hostiles, tiene qü<p I pública en la que todos coinciden se relaciona con sus propios pun­
ser apoyado libre y voluntariamente por al menos una mayoría! [ tos de vista más comprehensivos y englobantes.
substancial de sus ciudadanos políticamente activos. Tomado com! j Después de aclarar esto, apuntaré brevemente a la manera en que
juntamente con el primer hecho general, eso significa que, para ser|¿ f una sociedad democrática bien ordenada satisface una condición
vir de base pública a la justificación de un régimen constitucional l necesaria (evidentemente, no suficiente) de realismo y estabilidad.
una concepción política de la justicia tiene que poder ser aceptada! í Una concepción política de la justicia puede ordenar bien a una
por doctrinas comprehensivas muy distintas y enfrentadas, aunquéj I sociedad dem ocrática supuesto que, primero, los ciudadanos que
razonables.41 !!;■ \ abrazan doctrinas comprehensivas razonables pero encontradas
3. Puesto que no hay una doctrina religiosa, filosófica o moral!entren
f en un consenso entrecruzado, es decir, acepten esa concep­
razonable compartida por todos los ciudadanos, la concepción de lá! ¡ ción de la justicia como el contenido de sus juicios políticos acerca
justicia compartida por una sociedad democrática bien ordenada tieS; | de las instituciones básicas; y segundo, supuesto que las doctrinas
ne que ser una concepción limitada a lo que llamaré el «dominio dé? j
comprehensivas irrazonables no adquieran la fuerza suficiente para
; socavar la justicia esencial de la sociedad. Esas condiciones no
39. Esta formulación puede parecer paradójica. Si se me objeta, de acuerdo conr | imponen el irrealista — en realidad, utópico— requisito de que todos
las doctrinas de Kant o de Mili, que no puede hacerse uso de las sanciones estatales;! I
estoy bastante de acuerdo. Pero eso no contradice al texto, el cual se limita a afirmar |
ios ciudadanos abracen la misma doctrina comprehensiva, sino que
que una sociedad en la que todos y cada uno abrazaran una doctrina liberal razonable ; ¡ se limitan, como el liberalismo político, a exigir una coincidencia en
si, por hipótesis, existiera, no podría durar mucho tiempo. En lo que hace a doctrináis la concepción pública de la justicia.
irrazonables y a religiones que insisten en la idea de una autoridad institucional,! f 4. La idea de un consenso entrecruzado se presta fácilmente a
podríamos pensar que el texto es correcto; y podríamos pensar erróneamente que hay.; I
excepciones para otras concepciones comprehensivas. Sin embargo, el núcleo del tex-S I
malentendidos dada la idea predominante de consenso en la vida
to es éste: no hay excepciones. Debo esta observación a los comentarios de Cass? i política cotidiana. Su significado para nosotros es éste: partimos del
Sunstein. s! I supuesto de que un régimen constitucional democrático es razona­
40. Tomo prestado este término de Sanford Shieh. :g; I blemente justo y viable, y de que vale la pena defenderlo. Mas, dado
41. Con ánimo de completar, añadiré un cuarto hecho general que hemos usado $
siempre al hablar de cultura pública. Se trata del hecho de que la cultura política de! ( el hecho del pluralismo razonable, ¿cómo podemos armar esa defen­
una sociedad democrática que ha funcionado bien a lo largo de un período considera- ' 1 sa de modo que pueda atraerse un apoyo lo suficientemente amplio
ble de tiempo contiene normalmente, al menos de modo implícito, ciertas ideas intuí!? j como para conseguir la estabilidad?
tivas fundamentales a partir de las cuales es posible elaborar una concepción política > El propósito de esta tarea no es examinar las doctrinas compre­
de la justicia adecuada para un régimen constitucional. Se trata de un hecho importan?! ;
te a la hora de definir los rasgos generales de una concepción política de la justicia y f ! hensivas que de hecho existen para luego esbozar una concepción
de construir la justicia como equidad como concepción política. ?i política que haga una suerte de balance entre ellas. A modo de ilus­
70 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 71

tración: al elaborar una lista de bienes primarios,42 pongamos pqf ¡|


caso, podemos proceder de dos maneras. Una es examinar las varias:; í § 7. Ni c o m u n i d a d n i a s o c ia c ió n
doctrinas comprehensivas disponibles en la sociedad y elaborar uj¿ í
índice de los bienes primarios que ande cerca del centro de gravedad; I 1. Una sociedad democrática bien ordenada no es ni una comu­
de esas doctrinas, por así decirlo; esto es, sacar una especie de pro| [ nidad, ni, más genéricamente, una asociación.43Hay dos diferencias
medio de las necesidades — en punto a exigencias institucionales;? ¡ entre una sociedad democrática y una asociación. L a primera es que
garantías y medios de uso universal— de quienes abracen esas d o ¡ partimos del supuesto de que una sociedad democrática, como cual­
trinas. Proceder así podría parecer el mejor modo de asegurar que é|! quier sociedad política, ha de entenderse como un sistema social
índice suministra los elementos básicos necesarios para promover la|; ¡ completo y cerrado. Es completo en el sentido de que es autosufi-
concepciones del bien vinculadas a las doctrinas existentes, incre§ [ ciente y tiene cabida para todos los propósitos principales de lá vida
mentando así la probabilidad de garantizar un consenso entrecruzado. ; humana. También es cerrado, como ya he dicho (§ 2.1), en el sentido
La justicia como equidad no procede así; hacerlo la convertiría | de que la única entrada posible a él es por nacimiento, y la única sali­
en política por una vía equivocada. Lo que hace, en cambio, es eláíj l da, por defunción. Antes de entrar en sociedad no disponemos de
borar una concepción política como noción independiente (§ l.|| ningún tipo de identidad: no es como si viniéramos de algún sitio,
partiendo de la idea fundamental de la sociedad como un sisteing j sino que nos encontramos creciendo en esta sociedad y en esta posi­
equitativo de cooperación y de las ideas que la acompañan. La esp# I ción social, con sus correspondientes ventajas y desventajas, según
ranza radica en que esa idea, con el índice de bienes primarios qüg \ lo que nos haya deparado nuestra buena o mala fortuna. Dejamos,
ella conlleva, pueda ser el foco de un consenso entrecruzado razong: ¡ por el momento, de lado las relaciones con otras sociedades hasta
ble. Dejamos de lado las doctrinas comprehensivas que existen eí; ¡ que dispongamos de una concepción de la justicia para una sociedad
el momento presente, o que han existido, o que puedan existir en el ¡ bien ordenada. De manera que no se concibe nuestra entrada en
futuro. Los bienes primarios — esa es la tesis— no resultan equitatíf j sociedad a la edad de la razón, como si de la entrada en una asocia­
vos, respecto de las concepciones comprehensivas del bien vinculáC ! ción se tratara, sino que nacemos en uña sociedad en la que se desa­
das a esas doctrinas, por la vía de establecer un balance equitativa;; j rrollará un ciclo vital completo.
entre ellas, sino que lo son respecto de ciudadanos libres e igualé? f Pensemos, entonces, en los principios de justicia como si tuvieran
como personas que abrazan esas concepciones. || j que diseñarse para formar el mundo social que dará la primera
El problema, entonces, es cómo armar una concepción de la jug; j. impronta a nuestro carácter y a nuestra concepción de nosotros mis­
ticia para un régimen constitucional, una concepción tal que quienéf: | mos como personas, así como a nuestras doctrinas comprehensivas y
apoyen, o puedan llegar a apoyar, esa clase de régimen puedan acep- ( a sus concepciones del bien; el mundo donde nuestras facultades
tar también la concepción política, suponiendo que no entre demasiff I morales deberán realizarse, si es que han de realizarse de alguna for­
do radicalmente en conflicto con sus propias nociones comprehensjt ! ma. Esos principios tienen que dar primacía a aquellas libertades y
vas. Eso lleva a la idea de una concepción política de la justicia como: f oportunidades básicas en las instituciones fundamentales de la socie­
unpunto de vista independiente que parte de las ideas fundamental^ [ dad civil que nos posibilitan la ciudadanía libre e igualitaria en primer
de una sociedad democrática sin presuponer ninguna doctrina pag lugar, así como entender nuestro papel como personas con ese estatus.
ticular de mayor alcance. No ponemos ningún obstáculo doctrinal a 2. Una segunda diferencia básica entre una sociedad democrá-
su necesidad de ganar apoyos, de manera que pueda atraerse el con-; |
curso de un consenso entrecruzado razonable y duradero. ¡ 43. Pensemos en una comunidad como en una clase especial de asociación, una
asociación unida por una doctrina comprehensiva, por ejemplo, una Iglesia. Los
..
miembros de otras asociaciones a menudo tienen objetivos compartidos, pero éstos no
42. La idea de los bienes primarios se introduce en II, § 5.3 y se discute con llegan a constituir una doctrina comprehensiva e, incluso, pueden ser puramente ins­
aigón detalle en V, §§ 3-4. trumentales.
72 ELEM ENTOS B Á SIC O S ID E A S FU N D A M EN TA LES 73
•• ? .

tica bien ordenada y una asociación es que la sociedad democrática | 3. Si una sociedad democrática bien ordenada no es una asocia­
no tiene objetivos y propósitos finales por el estilo de los que tienen ción, tampoco es una comunidad, s i por comunidad se entiende una
las personas y las asociaciones. Entiendo aquí por objetivos y propó- sociedad gobernada por una doctrina comprehensiva religiosa, filosó­
sitos los que tienen un lugar destacado en las doctrinas comprehensf : fica o moral compartida. Este hecho es crucial para la idea que una
vas. En cambio, los objetivos constitucionalmente definidos de 15 sociedad bien ordenada se haga de la razón pública. Quien piensa en la
sociedad, como los que aparecen en el preámbulo de una constitu- ■ democracia como en una comunidad (así definida) desconoce el limi­
ción —una justicia más perfecta, las bendiciones de la libertad, la ; tado alcance de la razón pública fundada en una concepción política
defensa común— tienen que poder ser abarcados por una conceg. ; de la justicia; yerra en el tipo de unidad que un régimen constitucional
ción política de la justicia y por la razón pública que va con ella. Eso ■ es. capaz de conseguir sin violar los principios democráticos más bási­
significa que los ciudadanos no conciben que haya objetivos sociales ; cos. El celo de la verdad total nos tienta hacia una unidad, más amplia
previos que justifiquen la creencia de que algunas personas valen ; y más profunda, que no puede ser justificada por la razón pública.
más o menos que otras para la sociedad, con la consiguiente asigna- *- Pero también se yerra al pensar en una sociedad democrática
ción a ellas de diferentes derechos y privilegios básicos. Muchas, i como en una asociación y al suponer que su razón pública incluye
sociedades del pasado pensaron de otra manera: persiguieron, como propósitos y valores no políticos. Eso es ignorar el papel prioritario y
objetivos finales, religión e imperio, dominación y gloria; y los dere- ; fundamental desempeñado por sus instituciones básicas a la hora de
chos y los estatus de los individuos y de las clases dependieron del constituir un mundo social, sólo dentro del cual podemos llegar a ser,
papel desempeñado en la consecución de esos objetivos. En este as­ con cuidados, nutrición, educación y no poca fortuna, ciudadanos
pecto, esas sociedades se entendieron a sí mismas como asociaciones, f libres e iguales. El fundamento justo de ese mundo social viene dado
En cambio, una sociedad democrática, con su característica con- : por el contenido de la concepción política, de modo que, merced a la
cepción política, de ninguna mañera puede entenderse a sí propia ; razón pública, todos los ciudadanos pueden entender su papel y
como una asociación. A diferencia de las asociaciones que alberga, : compartir sus valores políticos del mismo modo.
que generalmente sí lo están, una sociedad dem ocrática no está legi- -
timada para tratar en términos diferentes a sus varios miembros (es ;
este caso, a los que han nacido en ella), según el valor de su contri- ?; § 8. S o b r e e l u s o d e n o c i o n e s a b s t r a c t a s
bución potencial a la sociedad como un todo, o a los objetivos de ;
quienes son ya miembros de ella. Si hacer eso les está permitido a las ; 1. Con objeto de formular lo que he llamado liberalismo políti­
asociaciones es porque, en su caso, sus miembros futuros o actuales ? co, hemos partido de unas cuantas ideas familiares básicas, implíci­
tienen ya garantizado el estatus de ciudadanos libres e iguales, y las ; tas en la cultura política pública de una sociedad democrática. Las
instituciones de la justicia fundamental de la sociedad garantizan que ;
hay otras alternativas abiertas a ellos.44* personas son las que cooperan y qué consigue su cooperación. Como dice el texto, lo
que caracteriza a la sociedad democrática es que la gente coopera en calidad de ciuda­
danos libres e iguales, y lo que consigue su cooperación (en el caso ideal) es una
44. ¡
La distinción que se hace en esta sección entre la sociedad y una asociaciónestructura básica justa con instituciones fundamentales que realizan los principios de
se parece en varios sentidos a la distinción realizada por Michael Oakeshott en el [ justicia y que suministran a los ciudadanos los medios de uso universal que habrán
ensayo central de su On Human Conduct, Clarendon Press, Oxford, 1975, entre una ! de satisfacer sus necesidades com o ciudadanos. Éstos cooperan para asegurarse
asociación práctica y una asociación con propósitos. Terry Vardin, quien explica j ¡ mutuamente la justicia política. Mientras que, en cambio, en una asociación las gentes
se sirve de esa distinción con resultados instructivos en su Law, Morality, and tk cooperan com o miembros de ella para conseguir aquello que Ies ha movido a adherir­
Relations of States, Princeton University Press, Princeton, 1983, podría no estar de se a la asociación y que varía de una asociación a otra. Los ciudadanos cooperan para
acuerdo. Él piensa que la Teoría concibe la sociedad com o una asociación con propó­ conseguir el objetivo, compartido por todos, de la justicia; los miembros de las asocia­
sitos, puesto que describe a la sociedad como un esquema de cooperación (pp. 262- ; ciones cooperan para realizar objetivos propios de sus diferentes concepciones com­
267). Sin embargo, pienso que esto no es decisivo. L o que es m ás bien decisivo es qué prehensivas del bien.
74 E LE M EN TO S B Á SIC O S ID EA S FU N D A M EN TA LES 75

hemos desarrollado hasta llegar a una familia de concepciones, en 2. Acaso haya quien ponga objeciones al uso de tantas nocio­
cuyos términos puede definirse y comprenderse el liberalismo políth nes abstractas. Quizá valga la pena detenerse en la necesidad de con-
co. La primera entre ellas es la concepción de la justicia política mis­ cepcioneiTde este tipo. En filosofía política las abstracciones vienen
ma (§ 2); luego vienen las tres ideas fundamentales: la concepción impuestas por conflictos políticos profundos.474 8Sólo los ideólogos y
de la sociedad como un sistema equitativo de cooperación social a lo los doctrinarios ignoran los profundos conflictos de valores políticos
largo del tiempo (§ 3), y las dos ideas que la acompañan: la concep. y entre esos valores y los valores no políticos. Disputas de hondo
ción política de la persona como libre e igual (§ 5) y la concepción calado y luengo pasado constituyen el suelo en el que se desarrolla la
de una sociedad bien ordenada (§ 6). También nos hemos servido de idea de la justificación razonable como un problema práctico, no epis­
dos ideas en la presentación de la justicia como equidad: las concep­ temológico, o metafísico (§ 1). Nos volvemos hacia la filosofía polí­
ciones de la estructura básica (§ 2) y de la posición original (§ 4). tica cuando nuestros comunes acuerdos políticos, como podría decir
Por último, con objeto de presentar a la sociedad bien ordenada como Walzer, se quiebran, y también cuando nos sentimos nosotros mis­
un mundo social posible, añadimos las ideas de un consenso entre­ mos desgarrados. Podemos reconocer eso si imaginamos a Alexan-
cruzado y de una doctrina comprehensiva razonable (§ 6). El plura­ der Stephens rechazando la invocación de Lincoln a las abstraccio­
lismo razonable se define en relación con esta última. La naturaleza^ nes del derecho natural y replicándole que el Norte debe respetar los
de la unidad social viene dada por un consenso entrecruzado estable comunes acuerdos políticos compartidos por el Sur acerca de la
entre doctrinas comprehensivas razonables (IV, § 1). En ulteriores cuestión esclavista.43Sin duda, la contrarréplica a eso lleva derecha­
conferencias se introducirán otras ideas con objeto de completar el mente a la filosofía política.
contenido del liberalismo político, ideas tales como la del dominio La filosofía política no se abstrae, como han pensado algunos, de
de lo político (IV) y la de la razón pública (VI). la sociedad y del mundo. Ni afirma haber descubierto la verdad por
Una vez entendidas estas concepciones y sus mutuas conexiones medio de sus métodos específicos de razonamiento, independiente­
vuelvo a la cuestión combinada45que se plantea el liberalismo políth mente de cualquier tradición de pensamiento y práctica políticos.
co afirmando que hay tres condiciones que parecen suficientes para Ninguna concepción política de la justicia podría ganar fuerza entre
que la sociedad sea un sistema estable de cooperación entre ciudada­ nosotros si no contribuyera a ordenar nuestras convicciones acerca
nos libres e iguales profundamente divididos entre sí por las doctri­
nas comprehensivas razonables que abrazan. En primer lugar, la
estructura básica de la sociedad está regulada por una concepción de reglas, como las regias de una constitución establecida, más que a una concepción
política de la justicia, se discutirá en IV, §§ 3-5. Aquí me limito a considerar lo que
política de la justicia; en segundo lugar, esa concepción política es el llamo profundidad, amplitud y especificidad de un consenso entrecruzado y a llamar
foco de un consenso entrecruzado entre doctrinas comprehensivas la atención sobre el hecho de que las tres condiciones representan un caso ideal.
razonables; y en tercer lugar, cuando están en juego las cuestiones 47. Estoy en deuda aquí con la reseña que Joshua Cohén escribió del libro de
constitucionales esenciales y las cuestiones de justicia básica, la dis­ Michael W alzer Spheres o f Justice, Basic Books, Nueva York, 1983, en el Journal o f
cusión se realiza en los términos de la concepción política de la justi­ Philosophy, 83 (1 9 8 6 ), pp. 4 5 7 -4 6 8 . Véase sobre todo la discusión de lo que él llama
el «dilema comunitarista simple» de Walzer, pp. 4 6 3 -4 6 7 y 4 6 8 ss., en donde argu­
cia. Esta breve recapitulación sirve para caracterizar el liberalismo menta que la concepción de W alzer acerca de cómo debería comenzar la filosofía
político, así como el modo en que éste entiende el ideal de la demo­ política no difiere esencialmente de Platón, Kant y Sidgwick. L a diferencia está en el
cracia constitucional.46 lugar en el que Walzer cree que debería terminar, a saber: en nuestros comunes acuer­
dos compartidos.
48. Para las réplicas epistolares de Lincoln de noviembre-diciembre de 1860,
45. Planteé esta cuestión en la breve introducción anterior a § 1. véase Collected Works, vol. IV, pp. 146 y 160 ss. Su correspondencia ha sido publica­
46. Las tres condiciones formuladas por el texto tienen que entenderse como da de nuevo y comentada por Nicolay y Hay, Abraham Lincoln, Century Co., Nueva
condiciones suficientes, no necesarias. Si pueden o no ser debilitadas y reducidas a York, 1917 (1.a edición 1886, 1890), pp. 2 7 0 -2 7 5 ; y Alian Nevins, The E m ergence o f
una familia de principios manejables pero bastante generales, o incluso a una familia Lincoln, Charles Scribner’s, Nueva York, 1950, vol. II, pp. 4 6 6 ss.
tlt i r t r a in m

76 E L E M E N T O S B Á SIC O S ID EA S FU N DA M EN TALES 77

de la justicia a todos los niveles de generalidad, desde lo más general flictos con lo que nos resulta familiar y básico, examinamos las ideas
a lo más particular. Contribuir a eso es una de las funciones de la fundamentales implícitas en la cultura política pública y tratamos de
posición original. averiguaf'e! m0(j0 en que los ciudadanos mismos podrían, después
Así como los principios de la lógica no pueden forzar nuestras de la debida reflexión, estar dispuestos a concebir su sociedad como
convicciones, tampoco puede hacerlo la filosofía política. Si nos un sistema equitativo de cooperación a lo largo del tiempo. Vista en
sentimos forzados, ello puede deberse a que, cuando reflexionamos este contexto, la formulación idealizada, que es como decir abstrac­
sobre el asunto en cuestión, los valores, los principios y los criterios ta, de concepciones de la sociedad y de la persona vinculadas a esas
se formulan y componen de tal modo que los reconocemos libremen­ ideas fundamentales resulta esencial para hallar una concepción
te como valores, principios y criterios que aceptamos o deberíamos política razonable de la justicia.
aceptar. Nos servimos de la posición original para promover ese
reconocimiento. El sentimos forzados tiene seguramente que ver con
nuestra sorpresa ante las consecuencias de aquellos principios y cri­
terios, ante las implicaciones de nuestro libre reconocimiento. Con
todo, podemos optar por reafirmar nuestros juicios más particulares
e ir modificando la concepción propuesta de la justicia, con sus prin­
cipios e ideales, hasta que los juicios entren al menos en vereda, en
todos los niveles de generalización, tras la debida reflexión por nues­
tra parte. Es un error pensar en las concepciones abstractas y en los
principios generales como si fueran a prevalecer siempre sobre nues­
tros juicios más particulares. Esos dos lados de nuestro pensamiento
práctico (por no mencionar niveles intermedios de generalización)
son complementarios, y tienen que ajustarse uno con otro hasta que
casen en una concepción coherente.
El trabajo de abstracción, pues, no es gratuito: no se trata de la.
abstracción por la abstracción. Se trata más bien de continuar la dis­
cusión pública cuando han quebrado los comunes acuerdos compar­
tidos menos generales. Tendríamos que estar dispuestos a aceptar
que, cuanto más profundo es el conflicto, mayor es el grado de abs­
tracción que hay que alcanzar para llegar a una visión clara y distinta
de sus raíces.49Puesto que los conflictos en tomo de la naturaleza de
la tolerancia y de la base de la cooperación en pie de igualdad han
sido persistentes en el seno de la tradición democrática, podemos su­
poner que son profundos. Por consiguiente, para conectar esos con­

49. Esta idea anda implícita en la reseña que T. M. Scanlon hizo del libro de |
Stuart Hampshire, Morality and Conflict, Harvard University Press, Cambridge,
Mass., 1983, y de Spheres o f Justice de Michael W alzer en la London Review of
Books (5 de septiembre de 1985), pp. 17 s. L a idearse desarrollaba más detallada­
mente en el manuscrito de la reseña que luego fue abreviado por razones de espado.
L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 79

cesidad de remediar ese vacío, pues se trata de ideas difíciles, y la


idea de lo razonable, especialmente, tanto si se aplica a personas
como a instituciones o doctrinas, fácilmente deriva hacia la vaguedad
y la obscuridad. Trato de evitarlo centrándome en dos aspectos bási­
cos de lo razonable como virtud de personas comprometidas en la
cooperación social entre iguales. A partir de esos aspectos desarro­
llo el contenido de lo razonable. A continuación, averiguo cómo ese
desarrollo suministra una base para la tolerancia en una sociedad
C o n f e r e n c ia II marcada por el pluralismo razonable. Después de lo cual (§§ 1-3),
discuto el modo en que las facultades morales ciudadanas de lo razo­
L A S FACU LTAD ES D E LO S C IU D A D A N O S nable y de lo racional son modeladas en la posición original como un
Y SU REPRESEN TACIÓN mecanismo de representación.

Comencé la primera conferencia sosteniendo que el liberalismo § 1. Lo RAZONABLE Y LO RACIONAL


político se enfrenta a dos cuestiones fundamentales. L a primera es:
¿cuál es la concepción más adecuada de la justicia a la hora de defi­ 1. ¿Qué distingue a los razonable de lo racional? En el lengua­
nir los términos equitativos de la cooperación social entre ciudada­ je cotidiano percibimos una diferencia que ejemplos muy comunes
nos concebidos como libres e iguales? La segunda cuestión es: ¿en ponen de relieve. Decimos: «Su propuesta era perfectamente racio­
qué se funda la tolerancia, entendida en un sentido general, dado el nal dada la fortaleza de su posición negociadora, pero, sin embargo,
hecho del pluralismo razonable como resultado inevitable de las no era nada razonable, era incluso ultrajante». Más que definir direc­
facultades de la razón humana desplegada en el marco de institucio­ tamente lo razonable, determinaré dos de sus aspectos como virtudes
nes libres duraderas? Al combinar esas dos cuestiones resulta esta de las personas.’
tercera: ¿cómo puede persistir a lo largo del tiempo una sociedad
estable de ciudadanos libres e iguales que andan profundamente 1. L a distinción entre lo razonable y lo racional se remonta, creo, a Kant: se
divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables? manifiesta en su distinción entre el imperativo categórico y el imperativo hipotético
Estas conferencias organizan como sigue los detalles de la res­ en la Fundamentación y en otros escritos. E l primer imperativo representa a la razón
pura práctica, el segundo, a la razón empírica práctica. Para los propósitos de una con­
puesta a esa cuestión: la estructura básica de una sociedad así está cepción política de la justicia, yo doy a lo razonable un sentido más restringido y lo
efectivamente regulada por una concepción política de la justicia que vinculo, primero, a la disposición a proponer y a respetar los términos equitativos de
es el foco de un consenso entrecruzado entre, al menos, las doctrinas la cooperación, y segundo, a la disposición a reconocer las cargas del juicio, aceptan­
comprehensivas razonables sostenidas por sus ciudadanos. Eso hace do sus consecuencias. Hace algún tiempo, W . M . Sibley discutió instructivamente de
un modo general la distinción entre lo razonable y lo racional en su «The Rational
a esa concepción política compartida susceptible de servir como Versus the Reasonable», Philosophical Review, 62 (octubre de 1953), pp. 5 5 4-560.
base de la razón pública en los debates acerca de las cuestiones polí­ Mi discusión coincide con su distinción básica, resumida en la página 5 6 0 ; sabiendo
ticas cuando lo que está en juego son las esencias constitucionales y que la gente es racional, no sabemos los fines que persiguen, sólo que los perseguirán
los asuntos de justicia básica (I, § 8. 1). inteligentemente. Sabiendo que la gente es razonable cuando los demás están implica-
Las ideas de lo razonable y de lo racional y de una doctrina com­ i dos, sabemos que están dispuestos a gobernar su conducta de acuerdo con un prin­
cipio según el cual ellos y los demás pueden razonar en común; y la gente razonable
prehensiva razonable, tan importantes para un consenso entrecruza­ tiene en cuenta las consecuencias de su acción sobre el bienestar de los demás. L a dis­
do, desempeñan un papel central en esa respuesta. He usado hasta posición a ser razonable no se deriva ni de ser racional ni se opone a ello, pero es
aquí esas ideas sin demasiada explicación. Me veo ahora en la ne- incompatible con el egoísmo, pues va ligada a la disposición a actuar moralmente. La
80 E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 81

Las personas son razonables en un aspecto básico cuando, están- Decimos que las personas razonables no están movidas por el
do, digamos, entre iguales, se muestran dispuestas a proponer princi­ bien general como tal, sino por el deseo mismo de un mundo social en
pios y criterios en calidad de términos equitativos de cooperación, y el que ellas, com o libres e iguales, puedan cooperar con las demás
a aceptarlos de buena gana siempre que se les asegure que los demás en términos que todo el mundo pueda aceptar. Esas personas insis­
harán lo mismo. Las personas entienden que aceptar esas normas es ten en que la reciprocidad debería imperar en ese mundo social, de
razonable para todo el mundo y, por consecuencia, que son justifica­ manera que cada uno resultase beneficiado junto con los demás.
bles ante todos; y están dispuestas a discutir los términos equitativos En cambio, las gentes resultan irrazonables, en el mismo aspecto
que otras propongan.*2 Lo razonable es un elemento de la idea de básico, cuando pretenden comprometerse en esquemas cooperativos
sociedad como sistema de cooperación equitativa, y que los términos pero son incapaces de respetar, o incluso de proponer — salvo como
equitativos de ésta sean razonables para todos es parte de su noción una formalidad pública necesaria— , principios y criterios generales
de reciprocidad. Como dije (I, § 3.2 ), la idea de reciprocidad se sitúa de algún tipo que definan los términos equitativos de la cooperación.
entre la idea de imparcialidad, que es altruista (en tanto que movida Andan prestos a violar tales términos según convenga a sus intereses
por el bien general) y la idea de ventaja mutua, entendida como la y lo permitan las circunstancias.
promoción de la ventaja de todos con respecto de su situación pre­ 2. Los agentes razonables y racionales son normalmente las
sente, o de la situación esperable si las cosas siguieran igual. unidades de responsabilidad en la vida política y social, y a ellos
cabe imputar violaciones de los principios y criterios razonables. Sin
embargo, lo racional es una idea distinta de lo razonable, y se aplica
descripción que Sibley hace de lo razonable es más amplia, pero es consistente con la
expresada por los dos aspectos básicos de la razonabilidad utilizados en el texto.
a un agente singular y unificado (ya un individuo, ya un colectivo),
2. Creo que los dos aspectos de lo razonable (discutidos en esta y en las dos con sus características facultades de juicio y de deliberación a la
próximas secciones) están estrechamente relacionados con el principio de T . M. Sean- hora de perseguir los objetivos e intereses que le son propios. Lo
Ion sobre la motivación moral. E l principio es uno de los tres principios básicos de su racional se aplica al modo en que esos objetivos e intereses se adop­
contractualismo, según lo expuso en «Contractualism and Utilitarianism», en Amar-
tya Sen y Bemard Williams, eds., Utilitarianism and Beyond, Cambridge University
tan y se afirman, así como al modo en que se les confiere prioridad.
Press, Cambridge, 1982. No voy a mostrar aquí la conexión, sino que me limitaré a También se aplica a la elección de medios, en cuyo caso se orienta
observar que el principio de Scanlon es más que un principio psicológico de motiva­ por principios familiares tales como: elegir los medios más efectivos
ción (aunque lo es), pues afecta a la cuestión fundamental de por qué hay que ocupar­ para conseguir los fines, o seleccionar la alternativa más probable
se en cualquier caso de la moralidad. E l principio responde a esa cuestión diciendo ceteris paribus.
que tenemos un deseo básico de ser capaces de justificar nuestras acciones ante los
demás con razones que ellos no puedan rechazar razonablemente — razonablemente,
Sin embargo, los agentes racionales no se limitan a un razona­
es decir, dado el deseo de encontrar principios que otros, motivados de manera pareci­ miento medios-fines; pueden sopesar también los objetivos finales
da, no puedan rechazar razonablemente— . Véanse las pp. 104 s. y 115 s. Los dos según su significado para su plan global de vida y según la coheren­
aspectos de lo razonable como una virtud de las personas se pueden entender como cia y complementariedad entre ellos. Tampoco puede decirse que los
dos expresiones relacionadas de ese deseo. Aceptar la conexión entre los dos aspectos
de lo razonable y el principio de Scanlon significa incluir esa forma de motivación en
agentes racionales persigan exclusivamente el interés propio: es decir,
la concepción de las personas razonables de la que parte la justicia como equidad. La sus intereses no siempre son intereses que les benefician a ellos.
inclusión no explica la motivación, ni dice cómo surge. Para el limitado propósito de Cualquier interés es un interés de un yo (agente), pero no cualquier
proporcionar una descripción de la estabilidad, puede servir la psicología moral dis­ interés va en beneficio del yo que lo tiene. En realidad, los agentes
cutida más adelante, en § 7. Véase asimismo Teoría, p. 4 7 8 , en donde aparece su análo­ racionales pueden albergar todo tipo de afectos hacia personas y
go al final del desarrollo moral de los principios de moralidad. E l punto nuclear es, sin
embargo, que al presentar la justicia com o equidad confiamos en el tipo de motiva­
compromisos con comunidades y lugares, incluidos el amor a la pa­
ción que Scanlon considera básico. En § 7 , más abajo, caracterizo el deseo básico de tria y a la naturaleza; y pueden seleccionar ,y ordenar sus fines de
ser capaz de justificar nuestras acciones ante los demás con razones que ellos no pue­ varios modos.
dan rechazar razonablemente como un deseo dependiente de concepciones. Lo que les falta a los agentes racionales es la forma particular de
82 E LE M EN TO S B Á SIC O S LO S CIUDADAN OS Y SU REPRESEN TA CIÓ N 83

sensibilidad moral que subyace al deseo de comprometerse con una. ios términos equitativos de la cooperación, tomando en cuenta la cla­
cooperación equitativa como tal, y hacerlo en términos tales que se de cooperación social en cuestión, la naturaleza de las partes y los
quepa esperar que otros, en tanto que iguales, puedan aceptar. No respectivos estatutos de las mismas.5
presupongo que en lo razonable se agote la sensibilidad moral; pero Como ideas complementarias que son, lo razonable y lo racional
sí que incluye la parte que conecta con la idea de cooperación social no pueden funcionar separadamente. Agentes meramente razonables
equitativa.3 Los agentes racionales lindan con la psicopatía cuando carecerían de fines propios a cuya promoción sirviera la cooperación
sus intereses se reducen al beneficio propio. social; agentes meramente racionales carecerían de sentido de justi­
3. En la justicia com o equidad lo razonable y lo racional se cia y no conseguirían reconocer la validez independiente de las exi­
presentan como dos ideas básicas distintas e independientes. Son gencias ajenas.6Sólo com o resultado de la filosofía, o de una dis­
distintas en el sentido de que no se piensa en derivar la una de la ciplina en la que lo racional fuera muy importante (como la teoría
otra; en particular, no se piensa en derivar lo razonable de lo racio­ económica o la teoría de la decisión social), podría llegar a pensar
nal. En la historia del pensamiento moral, algunos lo han intentado. todo el mundo que es necesario derivar lo razonable de lo racional,
Han creído que lo racional es más básico, pues ¿quién no iba a acep­ movidos por el pensamiento de que sólo este último es inteligible.
tar la (o una) idea de racionalidad (porque hay varias) definida de Parece p r o b a b le q u e c u a lq u ie r d e r iv a c ió n p la u s ib le tie n e q u e s itu a r a
acuerdo con los principios familiares mencionados antes? Han pen­ los agentes racionales en circunstancias en las que estén sujetos
sado que si lo razonable puede derivarse de lo racional, esto es, que a ciertas condiciones adecuadas, y esas condiciones expresarán lo
si determinados principios de justicia pueden ser derivados de las razonable. Como vimos en I, § 4 , en el caso fundamental de la coope­
preferencias, o decisiones, o acuerdos, de agentes meramente racio­ ración social en el marco de la estructura básica de la sociedad, los
nales en circunstancias convenientemente definidas, entonces lo representantes de los ciudadanos, como agentes razonables y racio­
razonable acabará descansando en una base firme. Se habrá refutado nales, han de ser ubicados razonablemente, esto es, equitativa o
al escéptico moral.4 simétricamente, sin que ninguno posea ventajas negociadoras mayo­
L a justicia como equidad rechaza esa idea. No trata de derivar res que las del resto. Esta última condición es la que satisface el velo
lo razonable de lo racional. En realidad, el intento de hacerlo acaso de ignorancia. Entender la justicia como equidad como un intento de
sugiera que lo razonable no es básico y necesita, al revés que lo derivar lo razonable de lo racional es una mala interpretación de la
racional, un fundamento. En cambio, en el marco de la idea de la posición original.7
cooperación equitativa, lo razonable y lo racional son ideas comple­ Quizá sea imposible probar que lo razonable no puede derivarse
mentarias. Ambas son elementos de aquella idea fundamental, y
conectan con las facultades morales que le son propias, es decir, con 5. Cómo funcionan de consuno puede verse por el modo en que se presenta ia
la capacidad para un sentido de la justicia y con la capacidad para posición original.
una concepción del bien. Funcionan de consuno a la hora de definir 6. L o que no significa negar que, dados unos vínculos y unas lealtades especia­
les, puedan llegar a reconocer las exigencias de otros, pero no por su validez indepen­
diente de aquellos lazos.
3. L a gente racional carece de lo que Kant, en la Religión, Ak, VI, 2 6 , llama «la 7. Corrijo aquí una observación de la Teoría, p. 16, en donde se dice que la teo­
predisposición a la personalidad moral»; o, en el presente contexto, carece de la forma ría de 1a justicia es una parte de la teoría de la decisión racional. Por lo que acabamos
particular de sensibilidad moral en que se basa la capacidad para ser razonable. El de decir, esto es sencillamente falso. L o que debería haberse dicho es que Fa descrip­
agente meramente racional de Kant sólo tiene las predisposiciones a la humanidad y a ción de las partes, y de su razonamiento, usa la teoría de la decisión racional, pero
la animalidad (por usar sus términos); ese agente comprende el significado de la ley sólo de una manera intuitiva. Esa teoría es ella misma parte de una concepción políti­
moral, su contenido conceptual, pero no está motivado por él; para un agente así, se ca de la justicia, una concepción que trata de proporcionar una descripción de los
trata simplemente de una idea curiosa. principios razonables de la justicia. No hay la menor intención de derivar esos princi­
4. Un ejemplo de esa idea lo da el libro de David Gauthier, Moráis by Agree- pios de un concepto de racionalidad entendido como el único concepto normativo.
ment, Clarendon Press, Oxford, 1986. Creo que la globalidad del texto de la Teoría apoya esa interpretación.
i;l C IB U I

84 E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 85

de lo racional. Un aserto negativo de este tipo no pasa de ser una (movido tan sólo por sus objetivos y afectos). En una sociedad razo­
conietura Lo mejor que puede hacerse es. mostrar que tos intento, nable, ejemplificada del modo más. simple por una sociedad de igua­
S o s de derivación (Gauthiet es un ejemplo) no tienen éxito, y que les en~asuntos básicos, todos tienen fines racionales propios que
en la medida en que parecen tenerlo, en un punto o en otro descañ­ esperan promover, y todos están dispuestos a proponer términos
onen condiciones que no hacen sino expresar lo razonable. & equitativos de los que pueda razonablemente esperarse que los
tienen algún sentido, estas observaciones sugieren que, en asuntos demás puedan aceptar, de modo que todos puedan resultar beneficia­
E S S las cuestiones más fundamentales casi nunca se resuel­ dos y mejorar respecto de lo que cada uno podría obtener por su
v a de un¡ vez por todas mediante un argumento concluyente. Lo cuenta. Esa sociedad razonable no es ni una sociedad de santos ni
aue resulta obvio para algunas personas, y es aceptado com o una una sociedad de egocéntricos. Es en buena medida una parte de nues­
idea básica por ellas, resulta ininteligible para otras. E l modo de tro mundo social cotidiano, no un mundo pletórico de virtudes que no
resolver el asunto es considerar, después de la debida reflexión, que hallamos en nosotros mismos. Con todo, la facultad moral que sub­
nunto de vista, tras plena y detallada elaboración, ofrece el enfo­ yace a la capacidad de proponer, o de aceptar, y luego de ser movido
que más coherente y convincente. Los juicios acerca de lo cual, a la acción por, los términos equitativos mismos de la cooperación es
obvio es decirlo, pueden diferir también. igualmente una virtud social esencial.
4 Una ulterior diferencia básica entre lo razonable y lo racio­
nal es aue lo razonable es público en un sentido en que no lo es lo
racional8Eso significa que es merced a lo razonable que ingresamos § 2. L a s c a r g a s d e l ju ic io

como iguales en el mundo público de los demás y que estamos dis-


a proponer, o a aceptar, según sea el caso, temimos equitati- 1. El primer aspecto básico de lo razonable es, pues, la disposi­
vosde cooperación con ellos. Esos términos, fijados como pnnci- ción a proponer términos equitativos de cooperación y a atenerse a
nios determinan las razones que tenemos que compartir y reconocer ellos, supuesto que los demás hagan lo propio. El segundo aspecto
S cam en te unos frente a otros como fundamento de nuestras rela­ básico, según lo entiendo ahora, es la disposición a reconocer las
ciones sociales. En la medida en que somos razonables, estamos dis- cargas del juicio y a aceptar sus consecuencias a la hora de usar la
n .estos a construir el marco del mundo social público, un marco del razón pública en la tarea de orientar el legítimo ejercicio del poder
□ue resulta razonable esperar que será aceptado por todo el mundo y político en un régimen constitucional.
dentro del cual todos podrán actuar, en el bien entendido de que se Recuérdese que en la primera conferencia (I, § 6.) registramos
nuede confiar en que todos harán lo mismo. Si no podemos confiar dos hechos generales acerca de la cultura pública de un régimen cons­
™ello entonces podría ser irracional o autoinmolatorio actuar a par­ titucional: el hecho del pluralismo razonable y el hecho de que esa
tí de ésos principios. Sin un mundo público establecido, lo razona, diversidad sólo puede ser vencida por el uso opresivo del poder esta­
uf nuede mantenerse en suspenso, quedando por mucho abandona- tal. Esos hechos requieren explicación. Pues ¿por qué habrían de
dos a lo racional, aun cuando lo razonable no deja nunca de vincular conducir las instituciones libres al pluralismo razonable, y por qué
¡nforo intemo, por usar la expresión de Hobbes. ■ habría de ser el poder estatal necesario para erradicarlos? ¿Por qué el
1 por ditimo, como hemos tenido oportunidad de ver, el razonable intento consciente de razonar unos con otros no habría de conducir a
icón su idea de reciprocidad) no es el altruista (el imparcial que un acuerdo razonable? Eso es lo que ocurre en las ciencias naturales,
actúa sólo en interés de los demás), ni se limita a la cura de si propio al menos a largo plazo.
Hay, obvio es decirlo, varias explicaciones. Podríamos suponer,
pongamos por caso, que la mayoría dé la gente sostiene concepciones
8 Samuel Freeman subraya este punto en su instructiva discusión «Reason and
Agreement in Social Contract Views», Philosophy and Public Affairs, 19 (primavera
favorables a sus propios y estrechos intereses; y puesto que sus inte­
reses son distintos, también lo son sus concepciones. O quizá la gente
de 1990), pp- 141-147.
E L E M E N T O S B A S IC O S . L O S CIUDADAN OS Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 87
86

común irracional y no demasiado lista, lo cual, añadido a los propias exigencias, sino también la fuerza de las exigencias de los
es por o og^||eva al conflicto de opiniones. Pero aun cuando esas unos frente a la fuerza de las de los otros, o frente a nuestras prácti­
errores & ^ explican muchas cosas, resultan demasiado fáciles y n0: cas e instituciones comunes. Todo lo cual dificulta nuestra tarea de
CX^ l e í a s e de explicaciones que andamos buscando. Lo que quere- hacer juicios razonables que tengan sentido. Además, hay que tener
son saber cóm o es posible el desacuerdo razonable, pues siempre
mos en cuenta también la razonabilidad en relación con nuestras creen­
mu» es j marco de la teoría ideal. Así que preguntamos: ¿cómo cias y esquemas mentales, o el aspecto de la razonabilidad que es la
nSd?producirse el desacuerdo razonable? evaluación del uso que hacemos de nuestras facultades teoréticas (no
Pu 9 2 F -Q
__na eXplicación es la que sigue. Digamos que el desacuerdo morales y prácticas); también aquí encontramos las correspondientes
ble es desacuerdo entre personas razonables: esto es, entre; dificultades. Necesitamos tener presentes esas tres clases de juicios
raZ° as con facultades morales suficientes como para ser conside- ¡ con sus cargas características.
Pe^SOciudadanos libres e iguales en un régimen constitucional y con;; ¡ 3. Excepto las dos últimas fuentes de la lista que viene a conti-
ra deseo persistente de respetar los términos equitativos de la coope-; I nuación, ninguna es peculiar de lo razonable y de lo racional en su
un . , ¿g ser miembros plenamente cooperantes de la sociedad, i uso moral y práctico; las fuentes de la a) a la d ) se aplican principal-
r>Cfl s sus facultades morales, comparten una razón humana común, [ mente a los usos teoréticos de nuestra razón. Por lo demás, la lista no
f 3 hades similares de pensamiento y juicio: pueden sacar inferen-; | es completa; sólo cubre las fuentes más obvias.
cias ponderar la evidencia y sopesar consideraciones mutuamente if
competitivas. [ a) L a evidencia — empírica y científica— de que se dispone
La idea del desacuerdo razonable entraña una descripción de las ¡ sobre el caso es conflictiva y compleja, lo que la hace difícil de esti­
o causas, del desacuerdo entre personas razonables así defi- mar y evaluar.
1 'd Me refiero a esas fuentes cuando hablo de cargas del juicio.9 b) Incluso cuando estamos plenamente de acuerdo acerca de
r*1 , ccripción de esas cargas debe hacerse de tal manera que resulte ; las clases de consideraciones que son relevantes, podemos estar en
i mente compatible con la razonabilidad de los discrepantes y no ; desacuerdo acerca de su peso, lo que nos lleva a juicios diferentes.
f ^ n a a en cuestión. ¿Qué es, pues, lo que no funciona? Una expli- : c) Hasta cierto punto, todos nuestros conceptos, y no sólo los
ia p ^ ^ ta Sería que las fuentes del desacuerdo razonable — las conceptos morales y políticos, son vagos y tienen límites imprecisos;
as del juicio— entre personas razonables son los vanos elemen- y esa indeterminación significa que tenemos que confiar en el jui­
Car aleatorios implicados en el ejercicio adecuado (y consciente) de: cio y en la interpretación (y en juicios acerca de interpretaciones)
nuestras facultades de razón y juicio en el curso ordinario de la vida ; admitiendo un abanico de posibilidades (no claramente determina-
ble), dentro del cual las personas razonables pueden diferir.
^°^Como seres racionales y razonables tenemos que hacer diferen­ ; d) Hasta cierto punto (no podemos decir hasta dónde exacta-
ciases de juicios. En tanto que racionales, tenemos que sopesar \ mente), el modo en que evaluamos la evidencia y ponderamos los
teS tros varios fines y estimar el lugar adecuado que les corresponde j valores morales y políticos está moldeado por nuestra experiencia
nU nuestro modo de vida; y en el proceso de hacerlo, nos enfrenta- global, por el entero curso de nuestra vida hasta el momento presente;
611 con graves dificultades para hacer juicios de racionalidad y nuestras experiencias globales tienen que diferir siempre. Así, en
m° S ctos Por otra parte, en tanto que razonables, tenemos que eva­ una sociedad moderna, con la muchedumbre de cargos y posiciones
luar no sólo la fuerza de las exigencias de los otros frente a nuestras que trae consigo, con su proteica división del trabajo, sus muchos
grupos sociales y su variedad étnica, las experiencias globales de los
La idea de-las cargas del juicio no debería confundirse con la idea de la carga. ciudadanos son lo suficientemente dispares como para que sus juicios
^ ba en los procesos jurídicos, el hecho, digámoslo así, de si la carga de la sean, al menos hasta cierto punto, divergentes en muchos si no en la
de la pru ja defensa o del de la acusación, mayoría de los casos que presentan una complejidad significativa.
prueba corre ae»
E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S C IU D A D A N O S Y S U REPR ESEN TA CIÓ N 89

A menudo, hay diferentes clases de consideraciones norma- t esas fuentes de desacuerdo irrazonable contrastan notablemente con
■ de diferente fuerza a ambos lados de una disputa, y se hace difí- ¡ las fuentes compatibles con la razonabilidad de todos y cada uno.
tlTrealizar una evaluación de conjunto.10* | Las~doctrinas religiosas y filosóficas expresan puntos de vista
CU Finalm ente, como observaremos refiriéndonos a la concep- I globales acerca del mundo y de nuestra convivencia, separada y
■' de Berlín (V, § 6.2), cualquier sistema de instituciones sociales \ colectiva. Nuestros puntos de vista individuales y asociativos, nues-
CÍ°Umitado respecto de los valores que puede admitir, de modo que í tras afinidades intelectuales y nuestros vínculos afectivos son dema-
h aue proceder a una selección a partir del amplio espectro de va- ¡ siado diferentes, sobre todo en una sociedad libre, com o para que
i morales y políticos que podrían ser realizados. El,m otivo de. i esas doctrinas sirvan de base para un acuerdo político razonado y
lí^es que cualquier sistema de instituciones tiene, por así decirlo, l duradero. Distintas concepciones del mundo pueden estar razonable-
eU° spacio social limitado. Al vemos forzados a elegir entre valores [ mente elaboradas desde perspectivas distintas, y la diversidad surge
url e2precÍamos, o cuando sostenemos varios y tenemos que restrin- [ en parte de la variedad de nuestras perspectivas. Es irrealista — o,
qUt¡ "a |a vista de las exigencias de los demás, nos enfrentamos a' ¡ peor aún, provoca suspicacia y hostilidad mutuas— el supuesto de
^andes dificultades a la hora de fijar prioridades y realizar reajustes. l que todas nuestras diferencias están arraigadas en la ignorancia y
Muchas decisiones difíciles parecen no tener una solución clara. j en la perversión, si no en rivalidades de poder, estatus o ventaja
\ económica.
4 Hasta aquí algunas de las fuentes de las que brotan nuestras r Estas observaciones nos llevan a un quinto hecho general!i que
A'fcultades para llegar a un acuerdo en el juicio, fuentes que son | se puede formular así: que muchos de nuestros juicios más relevan-
* mpatibles con el hecho de que quienes juzgan sean plenamente
f tes se hacen bajo condiciones de las que no es de esperar que permi-
i tan que personas conscientes, en pleno uso de sus facultades de
C° onables. Al apuntar a esas seis fuentes — a esas cargas del jui-
n0 negamos, por supuesto, que el prejuicio y el sesgo, los in- 5 razón, ni siquiera después de una discusión libre, lleguen unánime­
freses egoístas individuales y de grupo, la ceguera y los impulsos mente a la misma conclusión. Puede que algunos juicios conflictivos
í£ nativos desempeñen su consabido papel en la vida política. Pero
razonables (señaladamente los que dimanan de las doctrinas compre­
hensivas de la gente) sean verdaderos y otros falsos; pero es concebi-
■ ble que todos sean falsos. Esas cargas del juicio revisten una impor-
10 Esta fuente, obvio es decirlo, podría describirse desde dentro de una doctri- l tancia primordial para una idea democrática de la tolerancia.
oral comprehensiva, como cuando Nagel dice que hay conflictos axiológicos
na m g en jos que parece haber razones (normativas) decisivas y suficientes en favor
>

¡¡^«Ts 0 mgs cursos incompatibles de acción; y sin embargo, hay que tomar una deci- § 3. L a s d o c t r in a s c o m p r e h e n s iv a s r a z o n a b l e s
de ° Además, esas razones — prosigue Nagel— ni siquiera están ponderadas, de
sl°°.' importa mucho qué curso de acción se emprenda; la falta de ponderación
m0Cl rmita sopesarlas entre sí viene del hecho de que se trata, en esos casos, de valo- I. El segundo aspecto básico de nuestra razonabilidad es, como
^ • omparables: cada uno de ellos está determinado por una de las varias perspecti- queda dicho, nuestro reconocimiento y nuestra disposición a arros­
res A eductiblemente distintas de las que surgen los valores; en particular, por las trar las consecuencias de las cargas del juicio. Trataré ahora de
VaS ectivas que determinan y definen obligaciones, derechos, utilidad, fines perfec- mostrar hasta qué punto este aspecto limita el alcance de lo que las
^ istas Vcompromisos personales. Dicho de otra forma: esos valores tienen bases
ntes y ese hecho se refleja en sus diferentes rasgos formales. Tales conflictos personas razonables piensan que puede ser justificado ante otros y
d* . revelan lo que Nagel entiende como fragmentación axiológica. Véase el ensa- hasta qué punto lleva eso a una forma de tolerancia y da crédito a la
báS¡isí intitulado en su Mortal Questions, Cambridge University Press, Cambridge, idea de razón pública (VI).
9 128-141. La discusión que Nagel hace de este asunto no es implausible, Partamos del supuesto de que las personas razonables se limitan
^ una concepción política trata de evitar, en lo posible, tesis filosóficas disputadas
^ ofrecer una descripción de las cargas de la razón que descanse en hechos mani­
j a abiertos a todos. Para nuestros propósitos, basta con afirmar (e). II. Los primeros cuatro hechos generales se presentan en I, § 6.
90 E LEM EN TO S B Á SIC O S

LOS CIUDADANOS Y SO REPRESENTACIÓN


a afirmar doctrinas comprehensivas razonables.'2 Lo aue- 91
mos entonces es una definición de tales doctrinas. Tienen tresraS o
cipales. Uno es que una doctrina razonable ___ 805 personas razonables no abrazan todas la J“ CÍ° ** que las
razón teórica. — p e c i o s religiosos, filosóficos y moral* siva. Además, todas reconocen que ¿ “ T * comPreb® -
principales de la vida humana de una manera más o menos co S k si m ism a s- están sujetos a esas cargas deTuod ^ tómblén P ^ a
tente y coherente Orgamza y perfila valores reconocidos has muchas doctnnas comprehensivas son afirmadas
hacerlos compatibles entre sí, y expresa una concepción intelitíh (en realidad, acaso ninguna de ellas fo sea) I «“d ^ Verdaderas
del mundo. Cada doctrina lo hace de una manera específica lo que ' cada persona razonable no es sino ■ L doctnna que abraza
distingue de las demas doctnnas: por ejemplo, ponderando especij' Al abrazarla, una persona, obvio es decirlo ^ raZOnable entre «tras,
mente y otorgando primacía a determinados valores. Al destacé plemente razonable, según los casos * ’ “ “ verdadera, o sim-
algunos valores como especialmente significativos y al nmnominn! Asi pues, no es irrazonable en general ne­
criterios que permitan sopesarlos cuando entren en con fíteloZ T varías doctrinas comprehensivas cualquiera de las
ellos, una doctrina comprehensiva razonable se convierte tam bilnt nuestra propia doctrina no tiene por qué'resullar Recoif cem°s que
un ejercicio de la razón practica. Tanto la razón teórica como la uva para el común de la gente más .-dl mí f especialmente atrac-
razón practica (incluyendo lo racional como adecuado) i n t e S L dan otorgarle desde su propio „unto d ^ lt>S ™entos que «tros pue-
en su formulación. Finalmente, un tercer rasgo consiste en q ^ auñ conceder que quienes abracen doctrinal d ífe r e n te T ? dÍSpuestos a
cuando una concepción comprehensiva razonable no necesar a— razonables también, y desde lueao no dlferentes de la nuestra son
es fija e inmóvil, pertenece normalmente — o deriva de— hay muchas doctrinas razon ab les^ "d - f * . ”Tazonab,es- Puesto que
ción intelectual y doctrinal. Aun si estable a lo largo del tiempo y no gará a nosotros mismos, ni a nadie aíran 10 razonable n° nos obli-
sujeta a cambios bruscos inexplicados, tiende a evolucionar específica, aunque nada nos quitaiá S ™ “f 3 doctrina razonable
mente a la luz de lo que, desde su punto de vista, aparecen como damos el paso que media entre el recono ’^ ^ de hacerl°- Cuando
razones buenas y suficientes. «-«mo de una doctrina y la afirmación de ^ U razonabilidad
Esta aproximación a las doctrinas comprehensivas razonables „ mos dando un paso «razonable. creencia en ella no esta-
deliberadamente vaga. Evitamos la exclusión de doctrinas «razona
bles siempre que no dispongamos de criterios muy estrictos fim d aZ zonable u Z pensarán V>e « im .-
en aspectos claros de la razonabilidad misma. De otro modo n u etta m,r concepciones c o m p r e h e n ^ l ^ n ! g 3 P° Seer para repri-
aprox.mac.on corren, el nesgo de ser arbitrariamente exclusiva H mucho que difieran de la propia P u el h a fu " UTazonables, por
liberalismo político considera razonables muchas doctrinas ¿ d i razonable, en la cultura publica de m dadf\e,becho del plural,síno
otoñales -religiosas, filosóficas y m o ra le s - aun cuando f o é ™ una base publica y com petida de justíffcaHó democrática falta
nosotros mismos incapaces de sostenerlas seriamente por p e n sS Z * las doctnnas comprehensivas. Mas no lnnril ” queP“eda p ic a r s e a
conceden un peso excesivo a algunos valores o no se lo conceden a si quiere distinguirse entro d o crin L T cro m lra r"0' " 1"56 de taI base
otros. Sin embargo, el liberalismo político no necesita un criterio m á s _____ _ _ ocinnas comprehensivas como tales y
riguroso. 5 Uld&

12. Como se señaló en la Introducción, debo a Wiifríed H in^h -a a


liberalismo político necesita usar una noción de doctrina ~n*n u Ía. dea de <Iue el
Véase el § m de su introducción a una v ersT ¿ a l e r n ^ S
J978-J989, Suhrkamp, Frankfurt, 1992. ° esanunelte Aufsatze,3 liberal,srno político. Estoy en deuda con En” K d lv P" a los obj<=üvoS
14. E n un caso particular af*,,;™ “ ? ^ ily en Punto.
I3' Cieitameníe’ 3as cism as doctrinas comprehensivas invocarán a la hora de w c T ble de mane^ irrazonable, por ejempfo ’ mente’ sostener una doctrina
presentar sus argumentos en su contexto cnltunü, criterios de r a z o n a ^ ia d y d e ^ r í nvierte a la doctrina en cuanto tal en irra^on t f 3? ? ° caPric^osanjente. Lo que
doctnna que puede ser sostenida de una m a n ^ a r ^ o n a b l T 1:320113,516 65 una
lia ta r a n t au

; o
' ':' f-
92 E LE M EN TO S B Á SIC O S - L O S CIU D A D A N O S Y SU REPR ESEN TA C IÓ N 93

doctrinas comprehensivas verdaderas de un modo que resulte acep­ ciudadano, o asociación de ciudadanos, debiera tener derecho a usar
table para un público razonable.15 el poder político estatal para decidir cuestiones constitucionales
Puesto que hay muchas doctrinas que se consideran razonables, esencialés'o cuestiones de justicia básica según las directrices de la
quienes insisten, a la hora de enfrentarse a cuestiones políticas fun- ; doctrina comprehensiva propia de esa persona o de esa asociación.
damentales, en lo que ellos consideran verdadero y los demás, no, Esto puede formularse diciendo que, estando los ciudadanos igual­
aparecen a los ojos de los demás como si insistieran en afirmar sus mente representados en la posición original, ningún representante de
propias creencias cuando disponen del poder político para hacerlo. ellos podría conceder a ninguna otra persona, o asociación de perso­
Ni que decir tiene que quienes insisten en sus creencias insisten tam­ nas, la autoridad política para proceder de ese modo. Tal autoridad
bién en que sólo ellas son verdaderas: imponen sus creencias porque, ; carece de fundamento en la razón pública. Lo que habría que propo­
dicen, sus creencias son verdaderas, no porque sean suyas.16Pero se ^ ner, en cambio, es alguna forma de tolerancia y de libertad de pensa­
trata de una pretensión que todos podrían tener; es, además, una ; miento que fuera consistente con el razonamiento anterior.
pretensión que nadie está en condiciones de justificar ante el común ; Obsérvese que, en este contexto, la idea de razonabilidad no es
de los ciudadanos. Así pues, cuando exponemos tales pretensiones, ; una idea epistemológica (aun si contiene elementos epistemológi­
los demás, que son razonables, tienen que consideramos como irra- ' cos). Es parte, más bien, de un ideal político de ciudadanía democrá­
zonables. Y en efecto lo somos si lo que deseamos es usar el poder : tica que incluye la idea de razón pública. E l contenido de ese ideal
estatal, el poder dimanante de la colectividad de ciudadanos igua- : incorpora también lo que los ciudadanos libres e iguales pueden exi­
les, para impedir al resto la afirmación de sus no irrazonables con­ girse mutuamente en lo concerniente a sus respectivas concepciones
cepciones. comprehensivas. En tal caso, no pueden exigir nada que sea contrario
Para terminar: las personas razonables se dan cuenta de que las ; a lo que las partes, en tanto que representantes suyos, podrían conce­
cargas del juicio fijan límites a lo que razonablemente podemos jus- der en la posición original. Así, por ejemplo, las partes no podrían
tificar ante los demás, razón por la cual las personas razonables conceder la obligatoriedad de que todo el mundo afirme una concep­
aceptan alguna forma de libertad de conciencia y de pensamiento. Es : ción comprehensiva particular. Como observaré luego (VI, § 4.4),
irrazonable que usemos el poder político, cuando lo disfrutemos, , eso significa que las orientaciones y los procedimientos de la razón
para reprimir concepciones comprehensivas que no son irrazonables. • pública se conciben como si fueran seleccionados en la posición ori­
4. Para dar firmeza a esa conclusión, vale la pena contemplar el ginal 1 y pertenecieran a la concepción política de la justicia. Como ya
caso desde otro punto de vista: los ciudadanos, en tanto que libres e j puse de relieve (§ 1.4), lo razonable, a diferencia de lo racional, se
iguales, tienen una participación igual en el poder político y coerciti­ dirige al mundo público de los demás.27La posición original, en tan­
vo colectivo de la sociedad, y todos están igualmente sujetos a las ; to que mecanismo de representación, contribuye a mostrar cómo.
cargas del juicio. No hay, pues, razón alguna por la que cualquier ; 5. Añadiré dos comentarios más. El primero se refiere al escep­
ticismo que parece revelar la descripción que he hecho de las cargas
$
del juicio. Puesto que hay que evitar el escepticismo si es que ha de
15. Tengo una gran deuda aquí con Thomas Nagel, «Moral Conflict and Politi- ’
cal Legitiraacy», Philosophy and Public Affairs, 17 (verano de 1987), pp. 2 2 7 -237, en i
ser posible un consenso entrecruzado de doctrinas razonables, la
donde se discuten estos asuntos muy detenidamente. También, con alguna revisión, ■ . descripción de esas cargas no debe proceder como un argumento
en su libro Partiality and Equality, Oxford University Press, Oxford, 1991, cap. 14. [
Tengo también una gran deuda con el trabajo de Joshua Cohén «Moral Pluralism and
Political Consensos». ; 17. Las orientaciones proporcionadas por la razón pública, cuando se entienden
16. Así Bossuet, quien decía: «Tengo el derecho de perseguirle a usted porque como si fueran propuestas por las partes en la posición original, caen bajo el primer
yo llevo razón y usted se equivoca». Véase Susan Mendus, Toleration and the Limits i aspecto de lo razonable: pueden verse como principios propuestos, siguiendo a la
o f Liberalism, Humanities Press, Atlantic Highlands, N .J., 1989, p. 7. Debo esta refe­ razón pública, a modo de términos equitativos de la cooperación social, principios que
rencia a Joshua Cohén. estamos dispuestos a obedecer siempre que los demás hagan lo propio.

:
94 E LE M EN TO S B Á SIC O S iv L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 95

escéptico. Los argumentos escépticos ofrecen un análisis filosófico bles.19 Pero que también haya muchas doctrinas comprehensivas
de las condiciones del conocimiento, digamos, del mundo externo de razonables sostenidas por personas razonables puede parecer sor-
objetos. Después de examinar nuestros habituales modos de indaga^ prendentéTporque nos gusta ver a la razón como guía de la verdad,
ción, llegan a la conclusión de que no podemos conocer esos objetos y pensar que la verdad es una.
porque nunca podremos satisfacer una o más condiciones necesarias Surge ahora la cuestión de si* esa distinción entre el hecho del
para el conocimiento. Descartes y Hume dijeron eso, cada uno a pluralismo como tal y el hecho del pluralismo razonable afecta a la
su modo.'8 exposición de la justicia como equidad. La primera consideración es
La descripción de las cargas del juicio no hace nada de eso. Se ésta: necesitamos tener presentes las dos etapas de la exposición. En
limita a enumerar algunas de las circunstancias que hacen que el la primera etapa, formulamos la justicia como equidad como un pun­
acuerdo político en el juicio, y especialmente en los juicios sobre las to de vista independiente: una descripción de la concepción política
doctrinas comprehensivas, sea mucho más difícil. Tal dificultad la ha de la justicia que se aplica en primera instancia a la estructura básica y
puesto de relieve la experiencia histórica, varios siglos de conflicto que articula dos tipos de valores políticos, los de la justicia política
en tomo de creencias religiosas, filosóficas y morales. El liberalismo y los de la razón pública (VI, § 4 .1 ). Puesto que la idea de un consen­
político no cuestiona que muchos juicios políticos y morales de so entrecruzado no se introduce hasta la segunda etapa, a la hora de
determinados tipos concretos son correctos, y entiende que varios discutir el problema de la estabilidad, nuestra cuestión en la primera
son razonables. Tampoco pone en cuestión la posible verdad de afir­ etapa es si la distinción entre las dos formas de pluralismo es rele­
maciones de fe. Sobre todo, no argumenta en favor de la duda y déla vante. ¿Tiene importancia el que las partes asuman que se da el plu­
incertidumbre, ni mucho menos del escepticismo, respecto de nues­ ralismo como tal o que asuman que se da el pluralismo razonable?
tras creencias. Urge más bien a reconocer la imposibilidad práctica La respuesta es crucial: en ambos casos se seleccionan los mis­
de alcanzar un acuerdo político razonable y efectivo en el juicio mos principios de justicia. Las partes tienen que garantizar en cual­
acerca de la verdad de las doctrinas comprehensivas, señaladamente quier caso los derechos y las libertades básicos de aquellos de quienes
un acuerdo que pudiera servir al propósito político, pongamos por ellas son fiduciarias. Si parten del supuesto de que se da el pluralismo
caso, de alcanzar la paz y la concordia en una sociedad caracterizada razonable (I, § 6.2), saben que la mayoría de esas libertades están ya
por diferencias religiosas y filosóficas. E l limitado alcance de esta aseguradas espontáneamente, pero, aun si pudieran confiar en ello,
conclusión es especialmente importante. Un régimen constitucional seleccionarían los dos principios de justicia, o similares, por razones
no exige un acuerdo respecto de una doctrina comprehensiva: la base de publicidad. Además, en su selección de principios, tienen que
de su unidad social descansa en otra parte. expresar la concepción política que mejor congenie con los intereses
6. El segundo comentario tiene que ver. con la importante disffundamentales de los ciudadanos que representan. Por otro lado, si
tinción (mencionada por primera vez en I, § 6.2) entre el hecho del parten del supuesto de que lo que se da es el pluralismo como tal y,
pluralismo com o tal y el hecho del pluralismo razonable. Que una por consecuencia, que puede haber doctrinas comprehensivas que, si
democracia esté m arcada por el hecho del pluralismo no resulta pudieran, suprimirían la libertad de conciencia y de pensamiento, las
sorprendente, pues siempre habrá muchas concepciones irrazona- | 81 consideraciones precedentes resultarían de la mayor urgencia. En la
primera etapa, pues, el contraste entre los dos pluralismos no afecta al
contenido de la justicia como equidad.
18. Véase Barry Stroud, The Significance o f Philosophicál Skepticism, Claren-
don Press, Oxford, 1984, para una minuciosa exploración del escepticismo filosófico
y de la solvencia de sus argumentos. L a concepción de Descartes es discutida en el 19. Que haya doctrinas que rechacen una o más libertades democráticas es un
capítulo 1 y, más o menos continuamente, a lo largo de todo el libro. Una breve com­ hecho permanente de la vida, o al menos eso parece. Eso nos carga con la tarea de
paración con Hume, que muestra sus similitudes con Descartes, puede encontrarse en contenerlas — como a la guerra o a la enfermedad— para que no subviertan la justicia
las pp. 4 05-111, en una discusión de la posición filosófica de G. E . Moore. política.
un ta u E iJ iiB

96 E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y S U REPR ESEN TA CIÓ N 97

Cualquiera de los dos hechos puede suponerse sin consecuen­ principios de justicia puede conseguir la estabilidad; o incluso, si la
cias. Para poder decir que la justicia como equidad tiene un espectro estabilidad es compatible con alguna concepción democrática. No
muy amplio, las partes suponen que lo que se da es el pluralismo inquiriré ahora al respecto; me limitaré a dar por supuesto, fundándo­
como tal. Para poder decir que el contenido de la justicia como equi- l a en varias consideraciones plausibles, que la justicia como equi­
dad no está influido por la existencia de la sinrazón, esto es, por ía dad, o alguna concepción similar, pasa el test de la estabilidad.
existencia de doctrinas comprehensivas irrazonables, las partes."
suponen que lo que se da es el pluralismo razonable. El que en
ambos casos tenga el mismo contenido muestra que la justicia como § 4. L a c o n d ic ió n d e p u b l i c i d a d : s u s t r e s n i v e l e s
equidad es amplia de espectro y que sus principios no están determi­
nados por la sinrazón. 1. Una sociedad bien ordenada, tal como se definió en I, § 6,
7. ¿Qué ocurre en la segunda etapa? La idea de un consenso está regulada por una concepción pública efectiva de la justicia. Pues­
entrecruzado no se introduce hasta llegar a esa etapa, porque la to que deseamos que la idea de una tal sociedad sea aceptablemente
cuestión de la estabilidad no aparece hasta que los principios de jus­ realista, partimos del supuesto de que existe en las circunstancias de
ticia han sido provisionalmente seleccionados. Entonces es cuando la justicia. Esas circunstancias son de dos tipos: primero, las circuns­
tenemos que comprobar si, una vez realizadas, las instituciones jus­ tancias objetivas de la escasez moderada, y segundo, las circunstan­
tas — en el sentido determinado por aquellos principios— consiguen' cias subjetivas de la justicia. Esas últimas circunstancias vienen
atraerse el apoyo suficiente. Como vimos en I, § 6, el problema de dadas, en general, por el hecho del pluralismo como tal, aunque, en
la estabilidad, en una sociedad dem ocrática, exige que la concep­ una sociedad bien ordenada en el sentido de la justicia como equi­
ción política de ésta sea el foco de un consenso entrecruzado de dad, incluyen también el hecho del pluralismo razonable. Tenemos
doctrinas razonables que pueda servir de apoyo a un régimen cons­ que tratar de entender este último hecho y su posibilidad.
titucional. Necesitamos mostrar cómo puede surgir un consenso La idea de publicidad, según la entiende la justicia como equi­
entrecruzado respecto de una concepción política de la justicia* o dad, tiene tres niveles, que pueden describirse como sigue:
respecto de partes de ella tales como un principio de tolerancia. El primero ha sido ya mencionado en I, § 6. Se accede a ese nivel
Cómo puede acontecer eso se discutirá en IV, §§ 6-7. Mas, cuan­ cuando la sociedad es efectivamente regulada por principios públi­
do acontece, entonces, por la definición misma de ese consenso, la cos de justicia: los ciudadanos aceptan, y saben que los demás acep­
concepción política recibe el soporte de una pluralidad de doctri­ tan, aquellos principios, y ese conocimiento, a su vez, es pública­
nas comprehensivas razonables que persisten a lo largo del tiempo y mente reconocido. Además, las instituciones de la estructura básica
que mantienen un número considerable de partidarios. Es verdad que; de la sociedad son justas (según la definición de aquellos principios)
pueden existir concepciones que querrían suprimir, totalmente o en y todos los dotados de razón lo reconocen. Lo hacen fundándose en
parte, los derechos y libertades básicos sostenidos por la concepción; creencias comúnmente compartidas y confirmadas por métodos in­
política — la libertad de conciencia, por ejemplo— , pues siempre se dagatorios y por vías de razonamiento generalmente aceptados como
darán concepciones así. Pero no pueden ser lo suficientemente fuer­ adecuados para las cuestiones de la justicia política.
BWTO

tes como para socavar la justicia esencial del régimen. Al menos, eso El segundo nivel de publicidad tiene que ver con las creencias
JBSTFW

es lo que hay que esperar; no pueden darse garantías al respecto. generales a la luz de las cuales resultan aceptables los primeros
TSW

¿Qué ocurre si llega a darse el caso de que los principios de la principios de justicia mismos, esto es, las creencias generales acerca
justicia como equidad no consiguen atraerse el apoyo de las doctrinas de la naturaleza humana y acerca del modo en que normalmente
razonables, de modo que naufraga la estabilidad? Como va dicho, la funcionan las instituciones políticas y sociales y, en realidad, todas
justicia como equidad se hallaría entonces en aprietos. Tendríamos: las creencias que resultan relevantes para la justicia política. Los
que averiguar si la introducción de algunos cambios aceptables en los ciudadanos, en una sociedad bien ordenada, están más o menos de
98 E LE M EN TO S B Á SIC O S LOS CIU DADA N O S Y SU REPRESEN TA CIÓ N 99

acuerdo respecto de esas creencias porque éstas pueden apoyarse i política determina una relación entre personas dentro de la estructura
(como en el primer nivel) en métodos indagatorios y en formas de ; básica de ia sociedad, una sociedad que hemos supuesto cerrada, es
razonamiento públicamente compartidos. Como se discutirá en Vj \ decir, autoeontenida y sin relaciones con otras sociedades (I, § 2.1 y
§ 4 , parto del supuesto de que esos métodos se compadecen con el | g 7.1); entramos en ella al nacer, y sólo salimos de ella al morir. El
sentido común e incluyen los procedimientos y las conclusiones de \ 0tro aspecto distintivo de la sociedad política es que, mientras que el
la ciencia y del pensamiento social, siempre que estos últimos estén 1 poder político siempre es poder coercitivo, en un régimen constitu-
bien establecidos y no estén sujetos a disputa. Y son precisamente I cional es el poder del público, esto es, el poder de ciudadanos libres
esas creencias generales, que reflejan los puntos de vista públicos ; e iguales como un cuerpo colectivo. Por lo demás, las instituciones
corrientes en una sociedad bien ordenada, las que nosotros — es ■ de la estructura básica tienen efectos sociales profundos y a largo
decir, ustedes y yo, que estamos exponiendo la justicia com o equi­ \ plazo y modelan de forma fundamental el carácter y los propósitos
dad (I, § 4 .6 )— asignamos a las partes en la posición original. • de los ciudadanos, los tipos de personas que son y que aspiran a ser.
El tercer y último nivel de publicidad tiene que ver con la plena Resulta, pues, adecuado que los términos equitativos de la coo-
justificación de la concepción pública de laju sticia tal como sería ? peración social entre ciudadanos concebidos como libres e iguales
presentada en sus propios términos. Esa justificación incluye cual­ ; satisfaga las exigencias de la plena publicidad. Pues si la estructura
quier cosa que pudiéramos decir — ustedes y yo— cuando expone^ : básica de la sociedad descansa en sanciones coactivas, por rara y
mos la justicia como equidad, y revela la causa de que procedamos í escrupulosamente que se apliquen, los fundamentos de sus institu-
de una manera y no de otra. Parto, en este nivel, del supuesto de que : ciones tienen que estar abiertos al escrutinio público. Cuando una
esa plena justificación tiene que ser también públicamente conocida, concepción política de lajusticia satisface esta condición, y son ple-
o, mejor aún, de que tiene que estar al menos públicamente disponi-: - ñámente justificables las disposiciones sociales y las acciones indivi-
ble. Esta condición más débil (que la justificación plena esté dispo­ " duales, entonces los ciudadanos pueden darse unos a otros razón de
nible) abre la posibilidad de que algunos se nieguen a llevar tan ; sus creencias y de su conducta, en la confianza de que las mismas
lejos la reflexión filosófica acerca de la vida política, y desde luego a: • cuentas dadas contribuirán a robustecer, no a debilitar, al entendi-
nadie se le exige. Pero si los ciudadanos lo desean, la justificación; \ miento público.20 El orden político, según parece, no depende de
plena está presente en la cultura pública, reflejada en un sistema de ; engaños históricamente accidentales o establecidos, o de otras creen­
instituciones jurídicas y políticas, así como en las principales tradi­ cias erróneas basadas en apariencias engañosas de instituciones que
ciones históricas de su interpretación. . nos confunden respecto a su modo de funcionamiento. Evidente­
2. Supongamos que una sociedad bien ordenada satisface los mente, no puede haber certeza sobre eso. Pero la publicidad garan­
tres niveles de publicidad, de modo que lo que podríamos llamar «la tiza, hasta donde pueden hacerlo las medidas prácticas, que los ciu­
condición de plena publicidad» está satisfecha. (Reservo el adjetivo dadanos están en situación de conocer y aceptar las penetrantes
«pleno/a» para los aspectos de la concepción de la justicia de una | influencias de la estructura básica, las cuales modelan su concep­
sociedad bien ordenada.) Esa condición plena podría parecer dema­ ción de sí mismos, su carácter y sus fines. Como tendremos oca-
siado fuerte. La adoptamos, no obstante, porque resulta apropiada . sión de ver, que los ciudadanos deban estar en esa situación es una
para una concepción política de la justicia concebida para ciudada­ condición de la realización de su libertad como ciudadanos plena­
nos razonables y racionales que son libres e iguales. L a condición mente autónomos, políticamente hablando. Significa que, en su
podría ser menos exigente para las doctrinas comprehensivas en vida política pública, nada necesita ser escondido.25
general; mas si puede aplicarse a ellas y hasta qué punto son cuestio­
nes aparte que de momento dejamos abiertas. 20. Véase Teoría, pp. 4 7 8 y 582.
Lo relevante aquí es que la sociedad política resulta distinguida 21. El texto no sostiene que nada permanece oculto, sino que nada necesita ser
de dos maneras. Como discutiré en IV, § 1.2, por un lado, la sociedad : ocultado. No podemos garantizar que nada permanecerá oculto porque siempre habrá
100 E LEM EN TO S B Á SIC O S LO S CIU DADA N O S Y SU REPRESEN TA CIÓ N 101

3. Observemos ahora que el primer nivel de la condición de p& t equidad* Este tipo de caso ilustra el1modo en que las partes deben
blícidad es fácilmente captado conceptualmente por la posición origí. i ponderar las consecuencias del conocimiento público de los princi­
nal: basta con exigir a las partes, como representantes que son, que s pios propuestos, y los principios de justicia que adopten habrán de
evalúen las concepciones de la justicia teniendo presente que l0s ; depender de esas evaluaciones.
principios que acuerden deben servir com o una concepción políti. : El segundo nivel de la condición de publicidad plena también
ca pública de la justicia. Deben rechazarse los principios que sólo puede captarse directamente: es captado conceptualmente, en efec­
podrían funcionar medianamente bien en el caso de que no fueran • to, por el velo de ignorancia. Este nivel consiste simplemente en que
reconocidos públicamente, o en el caso de que los hechos generales ^ las creencias generales utilizadas por las partes a la hora de ponde­
en los que se fundan no fueran comúnmente conocidos ó creídos. ' rar las concepciones de la justicia tienen que ser también pública­
Consideremos, por ejemplo, la doctrina del derecho penal puro, [ mente conocidas. Puesto que el razonamiento de las partes es una
según fue discutida por autores de la escolástica tardía.*22Esa doctrina \ representación de los fundamentos de la concepción pública de la
distingue entre derecho natural y derecho del soberano, basado en la I justicia, los ciudadanos, en una sociedad bien ordenada, saben qué
autoridad legítima del soberano. Violar el derecho natural es una fal- ? creencias generales son las que dan soporte a los principios recono­
ta moral, pero, según las intenciones del legislador y del tipo de ley 5 cidos de justicia y pertenecen a su completa justificación pública.
en cuestión, incumplir las exigencias de la ley del soberano no cons- ; Esto presupone que, cuando se presenta la posición original, estipu­
tituye una falta. Puesto que no hay ninguna ley sin alguna obliga- ; lamos que las partes deben razonar sólo partiendo de creencias gene­
ción, en este caso la obligación consiste sólo en no resistirse al casti- f rales compartidas por el común de los ciudadanos, como parte de su
go del soberano si uno es detenido. Manifiestamente, en un país en el conocimiento público. Esas creencias son hechos generales en los
que se aceptara públicamente que la doctrina del derecho penal puro i que se basa la selección de los principios de justicia a que proceden
se aplica a las leyes fiscales, resultaría difícil tener un sistema equi- f las partes, y, como ya tuvimos ocasión de ver (I, § 4.4 ), el velo de
tativo de, digamos, impuestos sobre la renta. L a gente no vería nin­ ignorancia permite que esas creencias funcionen como razones.23
gún mal en ocultar sus ingresos y en no pagar impuestos; lo que las­ Como en el caso del punto de vista de ustedes y mío — el punto
traría al poder penal del estado y socavaría el sentido público de de vista de la plena justificación de la justicia como equidad en sus
propios términos— , captamos conceptualmente este punto de vista
muchas cosas que no conocemos y que quizá nunca podremos llegar a conocerlas! mediante nuestra descripción del pensamiento y del juicio de ciuda-
como muchas maneras en que podemos resultar confundidos por las apariencias insti*.
tucionales. Pero quizá podemos aseguramos de que nada necesite ser ocultado; en una
sociedad libre que todos reconozcan correctamente como justa no hay necesidad de 23. Esta estipulación fue discutida en «Kantian Constructivism in Moral Theo-
las ilusiones y engaños ideológicos para que la sociedad funcione adecuadamente y ry», Journal o f Philosophy, 7 7 (septiembre de 1990), pp. 565 ss. Allí se planteaba la
para que los ciudadanos la acepten de buena gana. En este sentido, una sociedad bien cuestión de si los principios de justicia podrían cambiar a lo largo del tiempo a medi­
ordenada puede prescindir de la consciencia ideológica o falsa consciencia. da que cambiaran la teoría de la naturaleza humana y el conocimiento de las institu­
22. Se trata de una doctrina escolástica tardía, muy discutida en las obras de los ciones sociales. Contesté que la posibilidad de tales cambios era justamente eso, una
teólogos españoles desde Vitoria (15 3 0 ) hasta Suárez (1 6 1 2 ). L a importancia filosófi? mera posibilidad mencionada para explicar la naturaleza de la justicia como equidad.
ca más profunda de la teoría estriba en que refleja la división entre quienes creen que Llegué a decir que «los cambios en la teoría de la naturaleza humana, o en la teoría
el intelecto divino es primordial a la hora de determinar el derecho y quienes-creen social en general, que no afecten a la factibilidad de los ideales de la persona y de una
que es primordial la voluntad de Dios. Véase Thomas E . Davitt, SJ, The Nature of. sociedad bien ordenada, no afectan a los acuerdos a que llegan las partes en la posi­
Law, Herder, St. Louis, 1951. L a idea del derecho penal puro parece haberse extendi­ ción original. Dado lo que sabemos acerca de la naturaleza general del mundo — no
do en España entre las gentes pobres como un modo de justificar la resistencia a las ya sobre nuestras particulares circunstancias históricas y sociales— , resulta difícil de
ventas y a los impuestos forzados por la corona, que trataba de reponerse así de; imaginar de forma realista cualquier conocimiento nuevo que pueda llegar a conven­
las pérdidas que siguieron a la expulsión de los moriscos. Véase William Daniel, SJ, cemos de que esos ideales no son factibles ... Tales progresos en el conocimiento de lo
The Purely Penal.Law Theory, Gregorian University Press, Roma, 1968, cap. 4. Estoy humano, aun si probables, no afectan a nuestra concepción moral». En el presente con­
en deuda por estas referencias con Paul Weithman y Seana Shiffrin. texto, «nuestra concepción moral» significa nuestra concepción pública de la justicia.
102 E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S CIUDADAN OS Y SU REPR ESEN TA C IÓ N 103

danos plenamente autónomos en la sociedad bien ordenada de la jus­ ciudadanos contiene también una concepción de los ciudadanos
ticia como equidad. Pues ellos pueden hacer todo lo que nosotros como libres e iguales. De ese modo, los ciudadanos se hacen cons­
podemos hacer: a fin de cuentas, no son sino una descripción ideal de cientes dehesa concepción y se educan en ella. Se ven confrontados a
lo que sería una sociedad democrática si respetáramos plenamente un modo de entenderse a sí mismos que, de otra manera, acaso nun­
nuestra concepción política. ca serían capaces de figurarse. Realizar la condición de plena publi­
4. Dos comentarios finales. Primero, al discutir antes cómo el cidad
í es realizar un mundo social en el que puede aprenderse el ideal
velo de ignorancia capta conceptualmente el segundo nivel de publi- \ de ciudadanía, generando un efectivo deseo de ser esa clase de per­
cidad dije que las partes deben razonar partiendo exclusivamente de sona. La función educativa de la concepción política caracteriza su
creencias generales compartidas por los ciudadanos como parte del • papel amplio.
conocimiento público. Ahora surge la cuestión siguiente: ¿por qué
razón hay que limitar de ese modo a las partes, en vez de permitirles
tomar en cuenta todas las creencias verdaderas? Algunas doctrinas § 5. Autonomía racional: artificial , no política
comprehensivas religiosas, filosóficas o morales deben ser verdade- \
ras, aun si meramente se limitan a negar doctrinas falsas o incohe­ 1. Vuelvo ahora a la distinción entre la autonomía ciudadana
rentes. ¿Por qué no permitir que la concepción política de la justicia \ racional y plena y el modo en que esa distinción es conceptualmente
más razonable sea aquella que se funde en la verdad entera, no mera- j captada en la posición original. Nuestra tarea consiste en explicar
mente en una parte de ella, y aun menos en creencias comúnmente cómo las condiciones impuestas a las partes en la posición original,
sostenidas que llegan a ser públicamente aceptadas en cualquier junto a la descripción de sus deliberaciones, captan esa distinción y
momento dado? Se trata de una objeción capital a la idea de razón cómo los ciudadanos se conciben a sí mismos como libres e iguales.
pública, y la discutiré en VI. j Como vimos en I, § 5, los ciudadanos se conciben a sí mismos
El segundo comentario es que la idea de publicidad pertenece al como libres en tres respectos: primero, con facultad moral para for­
papel amplio desempeñado por la concepción política de la justicia, \ mar, revisar y perseguir racionalmente una concepción del bien;
no al papel estricto.24El papel estricto se reduce a conseguir las con­ segundo, com o fuentes autoautentificatorias de exigencias válidas; y
diciones más o menos mínimas de cooperación social efectiva, por tercero, con capacidad para responsabilizarse de sus fines. Ser libre
ejemplo, a definir criterios para dirimir entre exigencias competiti­ en estos respectos capacita a los ciudadanos para ser autónomos, tan­
vas y a fijar reglas que sirvan para coordinar y estabilizar las disposi­ to racional como plenamente. La autonomía racional, por empezar
ciones sociales. Las normas públicas se entienden com o inhibidoras por ella, descansa en las facultades morales e intelectuales de las
de tendencias egocéntricas o grupocéntricas, y tratan de estimular personas. Se revela en el ejercicio que éstas hacen de formar, revi­
simpatías menos limitadas. Cualquier concepción política o doctrina sar y perseguir una concepción del bien, y de deliberar de acuerdo
moral acepta esas pretensiones de alguna forma. con él. También se revela en su capacidad de llegar a acuerdos con
Sin embargo, esas pretensiones no implican la condición de otros (cuando están sujetos a restricciones razonables).
publicidad. Una vez impuesta esa condición, una concepción política Así, la autonomía racional puede captarse conceptualmente con­
asume un papel más amplio como parte de la cultura pública. No virtiendo la posición original en un caso de justicia puramente proce-
sólo se incorporan sus principios en las instituciones políticas y dimental. Es decir: cualesquiera sean los principios seleccionados
sociales y en las tradiciones públicas de su interpretación, sino que la por las partes de entre la lista que se les presenta son aceptados como
derivación de los derechos, las libertades y las oportunidades de los justos. Dicho de otra manera: siguiendo la idea de que los ciudada­
nos mismos (a través de sus representantes) tienen que determinar
24. Los términos estricto y amplio me los sugirió una distinción similar practi- los términos equitativos de su cooperación (y dejando de lado, por el
cada por J. L . Mackie en Ethics, Penguin, Nueva York, 1977, pp. 106 s. y 134 ss. momento, el criterio del equilibrio reflexivo), el resultado arrojado
u u n r e n a

104 E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 105

por la posición original nos proporciona — esa es la conjetura— i0s externo a su propio punto de vista como representantes racionales al
principios adecuados de justicia para ciudadanos libres e iguales. cual estén obligadas por principios de justicia previos e independien­
Eso contrasta con la justicia procedimental perfecta, en donde tes Eso capta conceptualmente la idea de que, cuando lo ciudadanos
hay un criterio independiente y ya dado acerca de lo que es justo (o están equitativamente situados en relación con los demás, depende
equitativo), y el procedimiento puede ser diseñado con el objetivo de de ellos la determinación de los términos equitativos de la coopera­
garantizar un resultado que satisfaga el criterio. Se puede ilustrar eso ción social a la luz de lo que cada uno considera su ventaja o su bien.
con el conocido ejemplo de la partición de un pastel: si se acepta Recuérdese (I, § 4) que esos términos no están fijados por autoridad
como equitativa la equipartición, entonces nos limitamos a exigir externa alguna, por la ley divina, pongamos por caso; ni son recono­
que la persona que lo corta se lleve la última parte. (Paso por alto los cidos como equitativos por apelación a un orden de valores previo
supuestos necesarios para que esta ilustración resultara rigurosa.) El e independiente conocido por intuición racional.
rasgo esencial de la justicia procedimental pura, en cambio, a dife­ El segundo modo en que las partes son racionalmente autónomas
rencia de la perfecta, es que lo que sea justo se determina por el radica en la naturaleza de los intereses que orientan su deliberación
resultado del procedimiento, cualquiera que sea éste. No hay criterio como representantes de los ciudadanos. Puesto que los ciudadanos
previo disponible con el que contrastar el resultado.25 se entienden dotados de dos facultades morales, les imputamos,
2. Al considerar la posición original como un caso de justicia correspondientemente, dos intereses de orden superior en el desarro­
procedimental pura describimos las deliberaciones de las partes de llo y en el ejercicio de esas facultades. Decir que esos intereses son
manera que captan conceptualmente la autonomía racional de los intereses de «orden superior» significa que, tal como viene definida
ciudadanos. Para poder ver eso claramente, decimos que hay dos mo­ la idea fundamental de la persona, esos intereses se conciben como
dos en que las paites son racionalmente autónomas. El primer modo básicos y, por consecuencia, como normalmente reguladores y efec­
consiste en que los principios de justicia adecuados para determinar tivos. Alguien que no haya desarrollado y que no pueda ejercer las
los términos equitativos de la cooperación social son aquellos que facultades morales en el grado mínimo requerido no puede ser un
serían seleccionados com o resultado de un proceso de deliberación miembro normal y plenamente cooperante de la sociedad a lo largo
racional, un proceso que nos representamos com o si fuera conducido de un ciclo vital completo. De lo que se sigue que, como represen­
por las partes. La adecuada ponderación de razones en favor y en tantes de los ciudadanos, las partes adoptan principios que garanti­
contra de los varios principios disponibles está dada por los respecti- [ zan condiciones que aseguren a esas facultades su adecuado desarro­
vos pesos que les conceden las partes, y el balance de todas las razo- . llo y su pleno ejercicio.26
nes determina los principios que aquéllas acabarían acordando. La i Partimos, además, del supuesto de que las partes representan a
justicia procedimental pura significa que, en su deliberación racio­ los ciudadanos concebidos en posesión, en cualquier momento dado,
nal, las partes no se entienden a sí mismas com o si estuvieran obliga- \ de una determinada concepción del bien, esto es, una concepción
das a aplicar — o com o si estuvieran constreñidas por— algún tipo ; determinada por ciertos objetivos finales definidos, vínculos y leal­
de principios dados previos acerca de lo correcto y de lo justo. Por I tades d¿ personas particulares e instituciones, e interpreta a la luz de
decirlo de otra manera, las partes no reconocen ningún punto de vista alguna doctrina comprehensiva religiosa, filosófica o moral. Para ser
más precisos, las partes no conocen el contenido de esas concepcio­
nes determinadas, o las doctrinas utilizadas para interpretarlas. Pero
25. En el caso de la justicia procedimental imperfecta, de nuevo nos encontra­ tienen un tercer interés de orden superior que puede orientarles, pues
mos con un criterio independiente del resultado justo, pero no podemos diseñar un están obligados a adoptar los principios de justicia que capaciten a
procedimiento seguro para acceder a él en todos los casos, sino sólo — o eso espera­
mos, al menos— en la mayoría de ellos. Un proceso penal constituye un ejemplo: sólo
debe condenarse a los verdaderos culpables, pero la justicia puede cometer errores. 26. En «Las libertades básicas y su primacía», pp. 349-355 y 370-379, discuto
Para una ulterior discusión de esos contrastes, véase Teoría, pp. 85 s. los fundamentos de los derechos y las libertades básicas.
106 E L E M E N T O S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 107

las personas representadas para proteger y promover algunas con­ orden superior. ¿Cómo es entonces posible que las partes se pongan
cepciones determinadas (pero inespecificadas) del bien a lo largo de racionalmente de acuerdo respecto de principios específicos que
un ciclo vital completo, dando margen a posibles cambios de menta­ resultan 'más adecuados que las demás alternativas disponibles a la
lidad y a posibles conversiones de una concepción comprehensiva hora de proteger los intereses determinados (las concepciones del
a otra. bien) de aquellos a quienes representan?
Para resumir: así como los ciudadanos son racionalmente autó­ Introducimos ahora la idea de los bienes primarios. Estipulamos
nomos de dos modos (son libres, dentro de los límites de la justicia que las partes evalúan los principios disponibles estimando hasta qué
política, para perseguir sus — permisibles— concepciones del bien* punto garantizan los bienes primarios esenciales para realizar los
y están motivados para asegurarse sus intereses de orden superior intereses de orden superior de la persona para la que cada parte actúa
vinculados a sus facultades morales), así también las partes son como fiduciaria. De este modo dotamos a las partes con objetivos lo
racionalmente autónomas de dos modos: son libres, dentro de las' suficientemente específicos como para que sus deliberaciones racio­
restricciones de la posición original, para acordar cualesquiera prin­ nales alcancen un resultado definido. Para identificar los bienes pri­
cipios de justicia que consideren más ventajosos para sus representa^ marios atendemos al trasfondo de las condiciones sociales y a los
dos; y al estimar esas ventajas, consideran los intereses de orden medios de uso universal normalmente necesarios para desarrollar y
superior de aquellas personas. En los dos modos, así, pues, la des­ ejercer las dos facultades morales y para perseguir efectivamente
cripción de las partes capta conceptualmente la autonomía racional concepciones del bien de contenidos harto diferentes.
de los ciudadanos. En V, §§ 3-4 se definen los bienes primarios de modo que inclu­
Obsérvese que la autonomía racional no es sino un aspecto de la yan cosas tales como los derechos y libertades básicos cubiertos por
libertad, y difiere de la autonomía plena. Siendo autónomas sólo el primer principio de justicia, la libertad de movimiento y la libre
racionalmente, las partes no son sino personas artificiales que nos elección de empleo protegida por la equitativa igualdad de oportuni­
inventamos para poblar al mecanismo de representación que es la dades de la primera parte del segundo principio, así como la renta, la
posición original. De aquí el marbete del título a la presente sección: riqueza y las bases sociales del autorrespeto. Es, pues, racional para
«artificial, no política». Aquí «artificial» se entiende en el viejo sen­ las partes usar los bienes primarios para evaluar los principios de
tido de caracterizar algo como un artificio de la razón, pues eso es la justicia.
posición original. 4. Para acabar de perfilar el modo en que las deliberaciones de
3. Sin embargo, antes de entrar a discutir la autonomía plena las partes captan conceptualmente la autonomía racional de los ciu­
tenemos que mencionar (para luego resolver) un problema planteado dadanos: esa autonomía depende, según dijimos, de los intereses que
por el velo de ignorancia. Es éste: por lo que llevamos dicho, las res­ las partes se preocupan por defender, no meramente del hecho de
tricciones de información impuestas por esa constricción significan que las partes no estén restringidas o ligadas por principios previos e
que las partes disponen de sólo tres intereses de orden superior para independientes acerca de lo correcto y de lo justo. Si las partes estu­
orientar sus deliberaciones. Esos intereses son puramente formales: vieran movidas solamente por la protección de los deseos materiales
por ejemplo, el sentido de justicia es el interés de orden superior en y físicos de aquellos a quienes representan — sus deseos de dinero y
desarrollar y ejercer la capacidad para comprender, aplicar y actuara riqueza, de comida y bebida, pongamos por caso— , entonces podría­
partir de cualesquiera principios de justicia sean racionalmente mos pensar que la posición original capta conceptualmente la hetero-
adoptados por las partes. Esa capacidad garantiza a las partes que, nomía de los ciudadanos, no su autonomía racional. Pero en la base
una vez cumplida su tarea, lo que acuerden puede ser obedecido, de del apego de las partes por los bienes primarios está su reconoci­
modo que sus esfuerzos no serán vanos; pero esa garantía no favore­ miento de que esos bienes son medios de uso universal que sirven a
ce por sí misma a ningún conjunto particular de principios de justi­ la realización de intereses de orden superior vinculados a las faculta­
cia. Consideraciones parecidas valen para los otros dos intereses de des morales de los ciudadanos y a sus determinadas concepciones
108 E LE M EN TO S B Á SIC O S i L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 109

del bien (en la medida en que las restricciones informativas permitan de la idea de que esos principios son justos. Además, reconocen esos
a las partes saber eso). Las partes tratan de garantizar las condiciones principios como los principios que serían adoptados en la posición
políticas y sociales que permitan a los ciudadanos perseguir su bien original- Y es precisamente merced a su público reconocimiento e
y ejercer las facultades morales que les caracterizan como libres e informada aplicación de los principios de justicia a la vida política,
iguales. según la orientación dictada por su efectivo sentido de la justicia,
Si suponemos que los ciudadanos dan instrucciones a las partes que los ciudadanos consiguen la plena autonomía. Así, los ciuda-
sobre el modo en que desean que sus intereses sean representados, y ; danos realizan la autonomía plena cuando actúan partiendo de
si esas instrucciones son seguidas del modo que hemos dicho, delibe­ principios de justicia que definen los términos equitativos de la
rando las partes bajo las restricciones de la posición original, enton­ í cooperación que se darían a sí mismos si estuvieran representados
ces la motivación que tienen los ciudadanos al dar esas instrucciones > equitativamente com o personas libres e iguales.
no es heterónoma o egocéntrica. En una cultura democrática, lo que \ Subrayo aquí que la plena autonomía la consiguen los ciudada-
esperamos, lo que deseamos, es que los ciudadanos se preocupen por : nos: es un valor político, no ético. Quiero decir con ello que se reali-
sus libertades y oportunidades básicas con objeto de desarrollar y • za en la vida pública con la afirmación de los principios políticos de
ejercer sus facultades morales y de perseguir sus concepciones del ! ja justicia y con el disfrute de las protecciones de los derechos y
bien. Si no lo hacen, pensamos que revelan falta de autorrespeto y í libertades básicos; también la realiza la participación en los asuntos
debilidad de carácter.- públicos de la sociedad y en su autodeterminación colectiva a lo lar-
Así pues, en resolución, el propósito de las partes es acordar 5 g0 ¿el tiempo. Esta autonomía plena de la vida política ha de distin-
principios de justicia que permitan a los ciudadanos convertirse en ; guirse de los valores éticos de la autonomía y la individualidad, que
personas plenas, es decir, desarrollar adecuadamente y ejercer plena­ : pueden abarcar a la vida entera, tanto social, cuanto individual, al
mente sus facultades morales y perseguir las determinadas concep­ modo como los expresan los liberalismos comprehensivos de Kant y
ciones que hayan llegado a formarse del bien. Los principios de jus­ : Mili- La justicia como equidad hace hincapié en ese contraste: afir-
ticia tienen que originar un esquema de instituciones básicas — un : ma la autonomía política para todos, pero deja a los ciudadanos por
mundo social— que congenie con ese fin. separado la decisión de ponderar la autonomía ética a la luz de sus
I respectivas doctrinas comprehensivas.
i 2. Evidentemente, la satisfacción de la condición de plena
§ 6. Autonomía plena: política , no ética publicidad (descrita más arriba, en § 4) es necesaria para que los ciu­
dadanos en general consigan la autonomía plena. Sólo si la justifica-
1. Acabamos de ver que la autonomía racional de los ciudada­í ción y la explicación plenas de la justicia como equidad están públi­
nos es conceptualmente captada en la posición original por el modo camente disponibles pueden los ciudadanos llegar a entender que los
en que sus representantes, las partes, deliberan. En cambio, la auto­ principios de ésta se compadecen con la idea de sociedad como siste­
nomía plena de los ciudadanos es captada por los aspectos estructu­ ma equitativo de cooperación. Todo eso presupone que las ideas fun­
rales de la posición original, es decir, por la manera en que las partes damentales de la justicia como equidad están presentes en la cultura
se sitúan en relación con las demás y por los límites informativos a ' ! pública, o andan al menos implícitas en la historia de sus institucio­
que está sometida su deliberación. Para ver cómo procede esa capta­ nes principales y en las tradiciones de su interpretación.
ción conceptual, consideremos la idea de la plena autonomía. Resulta, pues, que, como ya se advirtió más arriba, los elementos
Obsérvese que no son las partes, sino los ciudadanos de una | básicos de la autonomía plena son conceptualmente captados por los
sociedad bien ordenada en su vida pública quienes son plenamente aspectos estructurales de la posición original. Sabemos por la confe­
autónomos. Eso significa que en su conducta los ciudadanos no sola­ rencia anterior (I, § 4 ) que esos aspectos captan lo que — aquí y aho­
mente obedecen los principios de justicia, sino que actúan partiendo ra— concebimos como condiciones equitativas bajo las cuales los
110 E LE M EN TO S B A SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPRESEN TA CIÓ N 111

representantes de personas libres e iguales tienen que especifica poder ser un miembro cooperante^ de la sociedad a lo largo de un
los términos de la cooperación social para la estructura básica. Tam. ciclo vital completo. Los rasgos relacionados con la posición social,
bién captan lo que, en el caso especial de esa estructura, concebí, las dotaciones innatas y los accidentes históricos, así como los relati­
mos como restricciones apropiadas con las que las partes deben con. vos al contenido de las determinadas concepciones del bien abraza­
tar como buenas razones. Además de todo lo cual, la posición original das por las personas, son irrelevantes, políticamente hablando, por lo
exige también a las partes que seleccionen (si es posible) principios que se colocan detrás del velo de ignorancia (I, §§ 4.2-3). Obvio es
que puedan ser estables dado el hecho del pluralismo razonable; y decir que algunos de esos rasgos pueden ser relevantes según deci­
por lo tanto, que seleccionen principios que puedan convertirse en eí dan los principios de la justicia respecto de nuestra pretensión de
foco de un consenso entrecruzado de doctrinas razonables. ocupar tal o cual cargo público, o de obtener tal o cual posición su­
Puesto que la plena autonomía de los ciudadanos se expresa mamente remunerada; y esos rasgos pueden ser también relevantes
mediante la actuación a partir de principios de justicia concebidos para nuestra pertenencia a tal o cual asociación o grupo social dentro
como determinantes de los términos equitativos de la cooperación de la sociedad. Sin embargo, no son relevantes para el estatus de
que se autoimpondrían esos ciudadanos si estuvieran equitativamen­ igual ciudadanía compartido por todos los miembros de la sociedad.
te situados, su plena autonomía es captada por el modo en que se fije Por consiguiente, de la aceptación de la muy general convicción
la.posición origirial. La autonomía plena es conceptualmente captada expresada en el precepto de que los iguales en todos los aspectos
por las condiciones razonables impuestas a las partes, entendidas relevantes deben ser igualmente representados se sigue que es equi­
como racionalmente autónomas. Los ciudadanos realizan esa auto­ tativo que los ciudadanos, concebidos como libres e iguales, si están
nomía actuando a partir de la concepción política de la justicia guia­ igualmente representados en la posición original, están representa­
da por su razón pública, así como persiguiendo su bien en la vida dos equitativamente.
pública y no pública. 4. Como se observó antes, esa idea de igualdad reconoce que
3. Tenemos aún que mostrar por qué la posición original sé algunas personas poseen características y capacidades especiales
concibe como equitativa. Apelamos aquí a la idea fundamental de que las cualifican para cargos de mayor responsabilidad, con las
igualdad tal como se halla en la cultura política pública de una socie­ correspondientes remuneraciones.27 Por ejemplo, es de esperar que
dad democrática, como ya hicimos con los tres modos en que los los jueces tengan una más profunda comprensión que otros de la con­
ciudadanos se entienden a sí mismos como personas libres (I, § 5). cepción política de la justicia de la sociedad, y una mayor facilidad a
Subrayamos esa idea al decir que los ciudadanos son iguales por el la hora de aplicar sus principios y alcanzar decisiones razonables,
hecho de poseer, en el grado mínimo requerido, las dos facultades particularmente en los casos más difíciles. Las virtudes judiciales
morales y el resto de capacidades que nos permiten ser miembros^ dependen de una sabiduría adquirida y requieren un entrenamiento
normales y plenamente cooperantes de la sociedad. Todos quienes especial. Aun cuando tales capacidades y conocimientos especiales
satisfagan esa condición tienen los mismos derechos, libertades y hacen que quienes los posean estén mejor cualificados que otros para
oportunidades, y disfrutan de las mismas protecciones garantizadas ocupar posiciones de responsabilidad judicial (el desempeño de las
por los principios de la justicia. cuales les hace acreedores a las remuneraciones propias del cargo),
Para captar conceptualmente esa igualdad en la posición origh dados el papel y el estatus de cada uno en una sociedad bien orde­
nal, decimos que las partes, como representantes de quienes satisfa­ nada — que incluye el estatus de igual ciudadanía— , el sentido de
cen esa condición, están simétricamente situadas. Esa exigencia es justicia de todos los ciudadanos es igualmente suficiente en relación
equitativa porque, al establecer los términos equitativos de la coope­ a lo que se espera de ellos. De aquí que todos y cada uno estén igual-
ración social (en el caso de la estructura básica), el único rasgo rele­
vante de las personas es estar en posesión de las facultades morales 27. Estas son «variaciones por encima de la línea», según las describo en V, § 3.5.
(en el grado mínimo suficiente) y de las capacidades normales pará Lo que allí se dirá amplía lo que se dice aquí.
112 E LE M EN TO S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 113

mente representados en la posición original. Y siendo eso así, todos loS ciudadanos c) tienen, en cualquier momento dado, una determi­
disfrutan de las mismas protecciones garantizadas por los principios nada concepción del bien, interpretada a la luz de una concepción
públicos de justicia. comprehensiva (razonable). Finalmente, suponemos d) que los ciu­
Repárese, además, en lo siguiente: todos los ciudadanos en una dadanos poseen las capacidades y habilidades necesarias para ser
sociedad bien ordenada se acomodan a las exigencias de ésta, razón miembros cooperantes normales de la sociedad a lo largo de un ciclo
por la cual todos están (más o menos) por encima de todo reproche vital completo. Expusimos estos elementos en I, §§ 3-5, y supone­
desde el punto de vista de la justicia política.28Esto se sigue de la mos que han sido realizados. Al poseer esas facultades en el grado
estipulación de que todo el mundo tiene un sentido de la justicia mínimo esencial, los ciudadanos son iguales (§ 6.3).
políticamente efectivo. No existen en esos asuntos las habituales Además de esos elementos, los ciudadanos poseen cuatro rasgos
diferencias entre los individuos. Puesto que suponemos que en una especiales que yo considero aspectos de su razonabilidad y de esta
sociedad bien ordenada hay muchas desigualdades sociales y econó­ forma de sensibilidad moral. Como se discutió en § 1, se trata a) de
micas, éstas no pueden derivarse del grado de respeto que los indivi­ su disposición a proponer términos equitativos de cooperación, cuya
duos tienen por las exigencias de la justicia. La concepción política aceptación por los demás resulte razonable esperar, así como de su
de la justicia que regula esas desigualdades, cualquiera que sea, no voluntad de atenerse a esos términos siempre que pueda confiarse en
puede consistir en el precepto: a las personas, de acuerdo con su vir­ que los demás harán lo propio. Entonces, como consideramos en § 2,
tud política.29 jos ciudadanos b) reconocen las cargas del juicio como limitadoras
de lo que puede ser justificado frente a los demás, y sostienen sólo
doctrinas comprehensivas razonables.
§7. L a BASE DE LA MOTIVACIÓN MORAL EN LA PERSONA Después de eso, que aún cabe dentro de lo familiar, suponemos
c) que los ciudadanos no son sólo miembros normales y plenamente
cooperantes de la sociedad, sino que, encima, desean serlo y ser re­
1. Comenzaré resumiendo los elementos básicos de las con­
conocidos como tales. Eso robustece su autorrespeto como ciudada­
cepciones de los ciudadanos como razonables y racionales. Algunos
nos. Para lo mismo vale el que determinados bienes primarios, tales
de ellos resultan familiares; otros, habrán de ser discutidos.
como la igualdad de derechos y libertades básicos, el valor equitati­
Primero los familiares. Éstos son: a) las dos facultades morales,
vo de las libertades políticas y la equitativa igualdad de oportunida­
la capacidad para tener un sentido de la justicia y la capacidad para
des, cuenten como bases sociales del autorrespeto.30Finalmente, de­
albergar una concepción del bien. Para garantizar el ejercicio de las
cimos d) que los ciudadanos poseen lo que llamaré «una psicología
facultades morales, parece necesario añadir b) las facultades intelec­ moral razonable», cuyo esbozo trazaré más tarde.
tuales de juicio, pensamiento e inferencia. También suponemos que
2. Para elaborar los puntos á) y b), relacionados con la sensibi­
lidad moral de lo razonable, distingo las siguientes tres clases de
deseos:
28. E s esencial añadir aquí que están por encima de todo reproche política y
jurídicamente hablando, no moralmente hablando, consideradas las cosas en su globa-
Primero, los deseos dependientes de objetos; aquí el objeto del
Hdad. Sería un error decir, por ejemplo, que los más afortunados o los que tengan más deseo, el estado de cosas que lo colma, puede describirse sin necesi­
suerte en la vida, y que afirman y respetan los principios de justicia, pueden conside­ dad de ningún tipo de concepciones morales, o de principios razona­
rarse a sí mismos por encima de todo reproche precisamente por eso. Después de bles o racionales. Esta definición presupone algún modo de distinguir
iodo, quizá puedan respetar las exigencias de la justicia pública más fácilmente. Algu­ las concepciones y los principios morales de las concepciones y los
nos dirían que nunca debemos considerarnos a nosotros mismos por encima de todo
reproche si contemplamos nuestra vida globalmente, desde un punto de vista religio­ principios no morales; pero supongamos que tenemos ya un modo
so, filosófico o moral.
29. Véase Teoría, § 48. 30. Véase V , § 3.
114 E LE M EN TO S B Á S IC O S ¿|: LO S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA C IÓ N H 5

acordado de hacerlo, o al menos que nuestros juicios al respectó: apoyen mutuamente); y-d) ordenar nuestros objetivos (según priori­
acostumbran a coincidir. dades) cuando entran en conflicto.
Incontables clases de deseos son objeto-dependientes: deseos Entiéndanse esos principios como meramente enumerados, no
corporales como los de comida y bebida y sueño; deseos de partici­ como si estuvieran deducidos de una definición de la racionalidad
par en actividades placenteras de innumerables clases, así con¿ práctica, pues no hay acuerdo acerca del mejor modo de definir esa
deseos que dependen de la vida social: deseos de estatus, de podery concepción. Por el momento, tenemos que conformamos con permi­
de gloria, de propiedad y riqueza. Añádase a esto vínculos y afect# tir la coexistencia de varias concepciones de la racionalidad, al
lealtades y devociones de varios tipos, y deseos de seguir ciertas voc¡§ menos en ciertas clases de casos, como por ejemplo las decisiones en
ciones y de prepararse para ellas. Pero, puesto que muchas vocacio­ condiciones de gran incertidumbre. Como vimos en § 1, la idea
nes incluyen una descripción moral, el deseo correspondiente cae én general es que esos principios guían a un agente en la deliberación
una de las categorías discutidas más abajo. racional, sea ese agente un individuo, una asociación, una comuni­
3. También hay deseos dependientes de principios. Lo que dad o un estado.
distingue a esos deseos es que el objeto o propósito del deseo, o la La segunda clase de deseos dependientes de principios está liga­
actividad a la que compromete el deseo, no puede describirse sin da a los principios razonables: aquellos que regulan el modo en que
usar los principios — racionales o razonables, según los casos-^ una pluralidad de agentes (o una comunidad o una sociedad de agen­
que contribuyen a definir esa actividad. Sólo un ser racional o razo­ tes), ya sean personas individuales, ya se trate de grupos, tienen que

’TOOTVVBMwif'iw ¡awaiyawn’" " 1vHtwwHfi 9?w


nable que puede entender y aplicar esos principios, o que tiene una comportarse en sus relaciones mutuas. Los principios de equidad y
esperanza razonable de poder llegar a hacerlo, puede albergar esos de justicia que definen los términos equitativos de la cooperación
deseos.3' constituyen ejemplos canónicos. Lo mismo vale de los principios
Los deseos dependientes de principios son de dos clases, según relacionados con virtudes morales reconocidas por el sentido común,
si el principio en cuestión es racional o razonable. tales como la veracidad o la fidelidad.
Empecemos por los principios racionales que mencionamos en’ 4. Finalmente, tenemos también deseos dependientes de concep­
§ 1.2: principios tales como a) elegir los medios más eficaces para ciones. Para nuestros propósitos, éstos son los más importantes — por
nuestros fines; y b) seleccionar la alternativa más probable, ceteris razones que luego habrán de resultar claras— . Esos deseos pueden
paribus. Añádase a éstos: c) preferir el bien mayor (que contribuye describirse diciendo que los principios a partir de los que deseamos
a describir el listado de fines y el reajuste entre ellos para que se13 actuar se entiende que pertenecen a una determinada concepción
racional o razonable, o un ideal político, y contribuyen a articularlos.
31. Es importante subrayar que la fuerza y el peso de los deseos dependientes Por ejemplo, podemos desear comportamos de una manera pro­
de principios vienen enteramente dados por el. principio al que el deseo en cuestión se pia de alguien que es racional, cuya conducta está guiada por el
vincula, no por el vigor psicológico del deseo mismo. Concedo que ese vigor existe y razonamiento práctico. Desear ser este tipo de persona implica tener
que puede entrar en la explicación de por qué la gente se comporta de hecho comoio i esos deseos dependientes de principios y actuar a partir de ellos, y
hace, pero nunca puede entrar en la justificación de cómo debería comportarse, o
cómo debería haberse comportado, moralmente hablando. Una persona con una i
no sólo a partir de deseos objeto-dependientes gobernados por la
voluntad buena, por usar el término de Kant, es alguien cuyos deseos dependientes de í costumbre y el hábito. Sin embargo, los principios que determinan a
principios son vigorosos de un modo completamente armónico con la fuerza, o prima­ los deseos dependientes de principios tienen que estar conveniente­
cía, de los principios a los que sus deseos se vinculan. Esta observación explicatoiia mente relacionados con la concepción en cuestión. Nuestro razona­
vale también para los deseos dependientes de concepciones, que luego se mencionar ¡
miento acerca de nuestro futuro presupone, digamos, una concep­
rán. En ese caso, los varios deseos vinculados a la concepción formarán una jerarquía ¡
dada por la ordenación de los distintos principios vinculados con la- concepción en : ción de nosotros mismos perdurable en el tiempo, desde el pasado
cuestión. Estoy en deuda con Christine Korsgaard por una valiosa discusión sobre : hasta el futuro. Para hablar de que tenemos deseos dependientes de
este y otros puntos abordados en esta sección y en la siguiente. una concepción tenemos que ser capaces de construir la concepción
116 E LEM EN TO S B Á SIC O S L O S CIU DADA N O S Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 117

correspondiente y de ver cómo los principios pertenecen a eUa||J j realizar un ideal político de ciudadanía con las dos facultades
contribuyen a articularla.32 | morales de los ciudadanos y con sus-capacidades normales en la
Es claro que para nosotros el caso principal es el ideal de ciud|§f I medida en que éstos están educados en ese ideal por la cultura públi-
danía, según lo caracteriza la justicia como equidad. L a estructura^ ¡ ca y suS tradiciones históricas de interpretación. Eso ilustra el amplio
el contenido de esa concepción de la justicia fijan, mediante el u$¡§ I papel pedagógico desempeñado por una concepción política (§ 4.4).
de la posición original, el modo en que los principios y criterios de ¡ ■ 5 . Lo que nos lleva a ¿Oi-que los ciudadanos poseen una psico-
justicia para las instituciones básicas de la sociedad pertenecen a j|J i ¡0gía moral razonable.34Los rasgos que hemos atribuido a los ciuda-
concepción de los ciudadanos razonables y racionales como libresfl [ ¿anos -— su disposición a proponer y a atenerse a los términos equita-
iguales y contribuyen a articularla. Tenemos así un ideal de ciudadáj§ ¡ ¿vos de la cooperación, su reconocimiento de las cargas del juicio y
nos como tales personas. Cuando decimos, como hicimos más arri|§¡ su afirmación de doctrinas comprehensivas exclusivamente razona-
en c), que los ciudadanos no sólo son miembros normales y pleriaj | bles, así como su deseo de ser ciudadanos plenos— suministran la
mente cooperantes de la sociedad, sino que además desean serlo jf | base para imputarles una psicología moral razonable, varios aspectos
ser reconocidos como tales, estamos diciendo que los ciudadanos! ! de la cual son consecuencias de esos rasgos.
desean realizar en sus personas, y que se reconozca que lo realiza® I Así, muy brevemente: i) además de una capacidad para una con-
ese ideal de ciudadanía. ! cepción del bien, los ciudadanos tienen una capacidad para adquirir
Obsérvese el obvio carácter no-humeano de esta descripción d|¡: ¡ concepciones de la justicia y de la equidad y un deseo de actuar de
la motivación y hasta qué punto es contraria a los intentos de limitad |acuerdo con esas concepciones; ri) cuando creen que las institucio-
los tipos de motivos que puede tener la gente. Una vez que damos por
sentado — lo que parece manifiestamente cierto— que hay deseos >í de un ciudadano razonable e igual a los demás, exigirá un razonamiento de varios
dependientes de objetos y deseos dependientes de concepciones, jun§ | tipos. Se necesita una clase de razonamiento y de pensamiento para poner de ma-
to con deseos de realizar varios ideales políticos y morales, entonces| 1 nifiesto las exigencias del deseo dependiente de concepción. Eso significa enton-
la clase de posibles motivos queda totalmente abierta. Capaces cj|t \ces que, una vez admitidos los deseos dependientes de concepción como elementos de
ío que Williams llama «un conjunto motivacionai de la persona» — creo que debería-
razón y juicio, podemos entender doctrinas religiosas, filosóficas y l m os permitir esa posibilidad— , empieza a disolverse la línea que separa su supuesta­
morales complejas acerca de lo correcto y de lo justo, así como doc­ mente humeana concepción de la motivación y la concepción kantiana — o variantes
trinas acerca del bien. Podemos sentimos atraídos por concepciones í deella— . Para ver eso basta con suponer que la idea kantiana del imperativo categórico
e ideales que expresan tanto lo correcto cuanto lo bueno. ¿Cómo es coherente y decir que una persona con una voluntad buena es alguien efectivamen­
podrían fijarse límites a lo que puede motivar a la gente en su pensa te movido por el deseo dependiente de concepción para actuar según exige ese impe­
rativo. Obvio es decir que la concepción del Hume histórico es diferente. Su doctrina
miento y en su deliberación y, por lo tanto, en su acción?33 ; oficial parece carecer por completo de una concepción del razonamiento práctico, o,
Así, la descripción de la justicia como equidad conecta el deseo ; \en el mejor de los casos, tener sólo cabida para el razonamiento instrumental. Mas,
; dejando esto de lado, si se pregunta cómo pueden los deseos dependientes de princi-
i [ píos y de concepciones llegar a ser elementos del conjunto motivacionai, entonces la
32. Véase, sobre este tópico, el instructivo enfoque de Thomas Nagel, The Pos-i [ superficial respuesta que propongo en el texto es que se aprenden en la cultura públi-
sibility ofAltruism, Ciarendon Press, Oxford, 1970, parte n , pp. 27 -7 6 , enfoque eneti ) ca. Eso es parte de la idea de publicidad. Cómo esas concepciones e ideas entran en la
que me baso aquí. Véase también su The View F rom Now here, Oxford Universityj cultura pública misma y, a menudo, perduran en ella, es una larga historia aparte. Con
Press, Nueva York, 1986, p. 141. : í estas observaciones he contraído una deuda con Christine Korsgaard, «Skepticism
33. A modo de ilustración: supongamos que, de algún modo, el deseo depen-v¡ j about Practical Reason», Journal o f Philosophy, 83 (enero de 1990), pp. 19-25, en
i
diente de concepción propuesto por Scanlon (el deseo básico de actuar de manera que¡ donde critica el enfoque de tenor humeano que hace Bemard Williams de la motiva-
ji
pueda justificarse ante los demás), o el deseo dependiente de concepción de actuar de| cíón en su trabajo sobre «Intemal and Externa! Reasons», en M oral Luck, Cambridge
una manera digna de un ciudadano razonable e igual a los demás, se convierte en unir i í üniversity Press, Cambridge, 1981, pp. 101-113.
de los deseos que nos mueven. Entonces, averiguar qué responde a ese deseo, qué sig-S i 34. M e apoyo en esta psicología en IV, §§ 6 -7 para explicar por qué no es utó-
nifica actuar de manera que pueda justificarse ante los demás, o de una manera digna : : pica la idea de un consenso entrecruzado.
118 E L E M E N T O S B A S IC O S v .p | L O S CIUDADAN OS Y SU REPR ESEN TA CIÓ N 119

nes y las prácticas sociales son justas, o equitativas (de acuerdo í ideales de ciudadanía resulten inteligibles para la gente, que la gente
aquellas concepciones), están dispuestos a contribuir a ellas sienj|J í pueda aplicarlos y que esté lo suficientemente motivada como para
que puedan confiar razonablemente en que los demás harán lo ^ : respetarlos.'Se trata de condiciones lo suficientemente estrictas como
pió; iii) sí otras personas, con evidente intención,35 aspiran a ofrecí i para garantizar la viabilidad de una concepción de la justicia y de su
su contribución a instituciones y prácticas sociales justas, los ciiij 1 ideal político; aunque son condiciones diferentes .de las de la psico­
danos tenderán a confiar en ellas; iv) esa confianza se hará ^ [ logía humana como ciencia natural.
robusta y completa a medida que el éxito de las instituciones y pg| | 2. Evidentemente, podría parecer' que un ideal presupone una
ticas sociales cooperativas perdure en el tiempo; y v) lo mismo y|j | concepción de la naturaleza humana y de la teoría social; y dados los
cuando las instituciones básicas, armadas para garantizar nues$| I propósitos de una concepción política de la justicia, podríamos decir
intereses fundamentales (los derechos y libertades básicos) son r$|| í que ésta trata de determinar la concepción más razonable de la per­
nocidas de buena gana de un modo más firme. .¿ jg f sona que permitan los hechos generales acerca de la naturaleza hu­
mana y de la sociedad. La dificultad consiste en que, más allá de las
lecciones de la experiencia histórica y de atisbos de sabiduría tales
§ 8. P s ic o l o g ía m o r a l ; f il o s ó f ic a , n o p s ic o l ó g ic a j l j [ como los que recomiendan no confiar demasiado en motivaciones y
en capacidades raras (altruismo, o inteligencia extraordinaria, pon­
1. Completaremos ahora nuestro esbozo de psicología morapj gamos
1 por caso), no hay mucho más que nos permita hacer camino.
la persona. Subrayo que se trata de una psicología moral derivila \- La historia está llena de sorpresas. Tenemos que formular un ideal de
de la concepción política de la justicia como equidad. No se trataj ■ gobierno constitucional para ver si lo consideramos fuerte y si puede
una psicología originada en la ciencia de la naturaleza humana, sitio \ ponerse en práctica exitosamente en la historia de la sociedad.
más bien de un esquema de conceptos y principios que sirven 1 Dentro de esos límites, la filosofía política de un régimen consti­
expresar una cierta concepción política de la persona y un ide¿i| ¡ tucional es autónoma de dos maneras. Por un lado, su concepción
ciudadanía. Que resulte correcto para nuestros propósitos depended política de la justicia es un esquema intelectual normativo. Su familia
de si podemos aprenderlo y entenderlo, de si podemos aplicarlo) de ideas fundamentales no es analizable en términos de alguna base
afirmar sus principios e ideales en la vida política, y de si la conefjj: natural, como, por ejemplo, la familia de conceptos psicológicos y
ción política de la justicia a la que pertenece nos parece aceptable ■ biológicos; ni siquiera sirve la familia de conceptos sociales y econó­
tras la reflexión debida. La naturaleza humana y su psicología natu­ micos. Si podemos aprender ese esquema normativo y utilizarlo para
ral son permisivas: pueden limitar la viabilidad de las concepciones 1 expresamos a nosotros mismos en él a la hora de pensar y actuar
de las personas y de los ideales de ciudadanía, así como de las psico | moral y políticamente, eso basta.
logias morales en las que se basan, pero no dictamos las que debe- i Por otro lado, la filosofía política es autónoma porque no necesi­
mos adoptar. ; tamos explicar científicamente su papel y su contenido, en términos
Tal es la respuesta a la objeción de que nuestro enfoque es acien- S de selección natural, por ejemplo.36Si, en su medio, no es autodes-
tífico. No podemos decir lo que queramos, puesto que el enfoque [• tmctiva, si la naturaleza permite que florezca, eso basta también.
adoptado tiene que satisfacer las necesidades prácticas de la vida j Aspiramos a lo mejor que podamos conseguir dentro de lo que el
política y del razonamiento acerca de ella. Como cualquier otra con- s mundo permite.37
cepción política, para ser practicable, necesita que sus exigencias!
36. Alian Gibbard, en su Wise Choices, Apt Feelings, Harvard University
35. Esta frase procede del Emilio de Rousseau, com o se explica en Teoría, Press, Cambridge, M ass., 1990, conjetura que los rasgos latos de la moralidad y de su
p. 4 6 3 n. Obsérvese cómo las tesis formuladas aquí conectan con los dos aspecto ' contenido pueden explicarse de este modo.
básicos de la razonabilidad discutidos en II, §§ 1-3. 37. Estoy en deuda con Joshua Cohén por discutir conmigo este punto.
i i ;. i u s b iü is

Conferencia IV

LA IDEA DE U N CON SEN SO EN TRECRU ZAD O

Dijimos al comienzo que el liberalismo político trata de contestar


a la cuestión: ¿es posible que se dé una sociedad estable y justa, cu­
yos ciudadanos, libres e iguales, estén profundamente divididos por
doctrinas religiosas, filosóficas y morales encontradas y aun incon­
mensurables? Las tres primeras conferencias presentan el primer
1 estadio de la exposición de la justicia como equidad como una con­
i cepción independiente que se ocupa de esta cuestión. Este primer
estadio proporciona los principios de justicia que determinan los tér­
minos equitativos de la cooperación entre ciudadanos y que determi­
¡: .
nan también si las instituciones básicas de una sociedad son justas.
El segundo estadio de la exposición — al que entramos ahora—
considera el modo en que la sociedad democrática bien ordenada de
la justicia como equidad puede establecer y preservar la unidad y la
estabilidad dado el pluralismo razonable que la caracteriza. En tal
sociedad, una doctrina comprehensiva razonable no puede asegurar
la base de la unidad social, ni puede suministrar el contenido de la
razón pública en cuestiones políticas fundamentales. Así pues, con ob­
jeto de entender cómo puede una sociedad bien ordenada mantener su
unidad y su estabilidad, introducimos otra idea básica del liberalismo
político como acompañante de la idea de una concepción política de
la justicia, a saber: la idea de un consenso entrecruzado de doctrinas
comprehensivas razonables. En tal consenso, las doctrinas razona­
bles aceptan la concepción política, cada una desde su propio punto
de vista. La unidad social se basa en un consenso en tomo a la con­
cepción política; y la estabilidad es posible cuando las doctrinas par­
tícipes en el consenso son abrazadas por los ciudadanos políticamen-
166 T R E S ID EA S C A P ITA LE S LA IDEA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 167

te activos de la sociedad y las exigencias de la justicia no entran gn cambio, hemos visto que el liberalismo político parte del su­
un conflicto excesivo con los intereses esenciales de los ciudadanos^ puesto de que hay varias doctrinas comprehensivas razonables en-
intereses formados y estimulados por sus organizaciones sociales. contradaSrcada una con su concepción del bien y todas ellas compati­
Tras considerar cómo es posible el liberalismo político mismo y bles con la plena racionalidad de las personas humanas (en la medida
explicar la cuestión de la estabilidad, distingo entre un consenso en que esto último puede establecerse con los recursos que proporcio-
entrecruzado y un modus vivendi. Luego tomaré en consideración na una concepción política, de la justicia).2 Como se observó antes
varias objeciones a la idea de unidad social basada en un consenso § 6.2), esta pluralidad razonable de doctrinas encontradas e incon­
de este tipo. Es necesario dar respuesta a esas cuestiones para dejlf mensurables se concibe como la realización característica de la razón
expedita la vía que, en mi opinión, es la más razonable de que dispo'. práctica a lo largo del tiempo y bajo instituciones libres duraderas. De
nemos para lograr la unidad social. modo que la cuestión que la tradición dominante ha tratado de res­
ponder carece de respuesta: ninguna doctrina comprehensiva resulta
adecuada como concepción política para un régimen constitucional.3
§ 1. ¿ C ó m o e s p o s ib l e e l l ib e r a l is m o p o l ít ic o ? 2. Antes de responder a la pregunta sobre cómo es posible el
liberalismo político, permítasenos observar que la relación política
1. Una de las distinciones de mayor calado que pueden practi­ en un régimen constitucional posee estos dos rasgos especiales:
carse entre concepciones de la justicia es entre aquellas que permiten Se trata, primero, de una relación entre personas en el marco de la
la coexistencia de una pluralidad de doctrinas comprehensivas, con estructura básica de la sociedad, una estructura de instituciones bási­
diferentes y aun encontradas concepciones del bien, y aquellas que cas en la que sólo ingresamos por nacimiento y de la que sólo salimos
sostienen que no puede haber más que una concepción del bien al morir (o eso podemos suponer). Todo ocurre como si simplemente
que han de aceptar todos los ciudadanos que sean plenamente razo­ nos materializáramos, por así decirlo, y fuéramos a parar desde la nada
nables y racionales. Las concepciones de la justicia que caen en a la presente posición en el mundo social, con todas sus ventajas y des­
extremos opuestos de esta distinción difieren en varios aspectos fun-r ventajas, según nuestra buena o mala fortuna. Digo desde la nada por­
damentales. Platón y Aristóteles, así com o la tradición cristianá que carecemos de una identidad pública o no pública previa: no he­
representada por Agustín y Tomás de Aquino, caen del lado que afir­ mos venido a este mundo social procedentes de alguna otra parte. La
ma una única concepción razonable y racional del bien. Este tipo dé sociedad política está cerrada: sólo dentro de ella llegamos a ser, y no
doctrinas sostienen que las instituciones admiten justificación sólo ingresamos o salimos de ella voluntariamente, ni lo podemos hacer.4
en la medida en que promuevan de verdad el bien. En realidad, desde
el pensamiento griego, la tradición dominante parece haber sido la 2. Se trata aquí de que aunque algunos querrían poder sostener que, plenamente
que afirma que no hay más que una concepción razonable y racional desplegados los recursos de la razón filosófica, no hay sino una concepción razonable
del bien. E l objetivo de la filosofía política — entendida siempre del bien, eso no es susceptible de ser demostrado ateniéndose a los recursos de una
concepción política razonable de la justicia.
como parte de la filosofía moral, junto con la teología y la metafísi­
3. Esta conclusión no significa que los liberalismos de Kant y Mili no sean doc­
ca— consiste entonces en determinar la naturaleza y el contenido del trinas adecuadas y razonables que lleven a sus partidarios a apoyar las instituciones
bien. E l utilitarismo clásico de Bentham, Edgewort y Sidgwick per­ democráticas. Pero no son sino dos doctrinas entre otras y, por lo tanto, no son más
tenece a esa tradición dominante.1 que dos de los puntos de vista filosóficos que probablemente persistirán y ganarán
adeptos en un régimen democrático razonablemente justo. En realidad, sus liberalis­
mos gozan de cierta preeminencia histórica por contarse entre las primeras y más
1. De modo parecido proceden las formas modernas del liberalismo ético tal importantes doctrinas que afirman la democracia constitucional moderna y que desa­
como lo formulan Joseph Raz en The Morality o f Freedo m , Clarendon Press, Oxford,- rrollan ideas que han sido relevantes en la justificación y defensa de la democracia.
1986, y Ronald Dwófkin, «The Foundations o f Liberalism», en Tanner Lectures on 4. L a adecuación de este supuesto depende en parte de un hecho que sólo
Human Valúes, University ofU tah Press, Salt Lake City, 1991, vol. X I. mencionaré aquí, a saber: que el derecho de emigración no convierta a la aceptación
«
168 T R E S ID EA S C A PITA LES L A IDEA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 169

Segundo, el poder político es siempre poder coercitivo respaldad ^político es plenamente adecuado-sólo cuando se ejerce de acuerdo
por el uso estatal de sanciones, pues sólo el estado tiene autoridad on un^constitución, la aceptación de cuyos elementos esenciales
para usar la fuerza en salvaguardia de las leyes. En un régimen cons Cf>r partéete todos los ciudadanos, en tanto que libres e iguales, quepa
titucional, el rasgo especial de la relación política es que el pode* Sonablemente esperar a la luz de principios e ideales admisibles
político es en última instancia el poder del público, esto es, el nara su común razón humana. Tal es el principio liberal de legitimi­
der del cuerpo colectivo formado por ciudadanos libres e iguales. £$& dad. A lo cual aún añade el liberalismo político que todas las cuestio­
poder se impone regularmente a los ciudadanos como individuos nes legislativas que afecten a cuestiones constitucionales esenciales,
y como miembros de asociaciones, algunos de los cuales pueden n0 o cuestiones de justicia básica, o que las bordeen, deberían ser dirimi­
aceptar razones ampliamente consideradas como jusíificatorias de das en lo posible por principios e ideales que puedan ser aceptados de
la estructura general de la autoridad política (la constitución). O, $i un modo parecido. Sólo una concepción política de la justicia cuya
aceptan esa estructura, acaso se nieguen a considerar justificadas aceptación por parte de todos los ciudadanos quepa razonablemente
muchas de las leyes aprobadas por el poder legislativo al que está! esperar puede servir de base a la razón y a la justificación públicas.5
sujetos. Digamos, pues, que en un régimen constitucional hay un ámbito
3. Esto plantea la cuestión de la legitimidad de la estructura especial de lo político, identificado por los dos rasgos antes descri­
general de la autoridad, legitimidad íntimamente vinculada a la idea tos, entre otros. Lo político es distinto de lo asociacional, que es
de razón pública (V I). El trasfondo de esta cuestión es que, coiñó voluntario de un modo en que no lo es lo político; también es distin­
siempre, concebimos a los ciudadanos como razonables y racionales to de lo personal y de lo familiar, que tienen una dimensión afectiva
así como libres e iguales, y tampoco se nos escapa la diversidad dé de la que carece lo político. (Lo asociacional, lo personal y lo fami­
doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables, que es un ras­ liar son meramente tres ejemplos de lo no político; hay otros.)
go permanente de la cultura pública de las sociedades democráticas. 4. Dada la existencia de un régimen constitucional razonable­
Supuesto esto, y entendido el poder político como el poder de los mente bien ordenado, dos puntos resultan centrales para el liberalis­
ciudadanos como cuerpo colectivo, la pregunta es: ¿en qué condicio­ mo político. Primero, las cuestiones acerca de los elementos consti­
nes se puede decir que ese poder se ejerce adecuadamente? Es decir tucionales esenciales y de los asuntos de justicia básica tienen que
¿a la luz de qué principios e ideales debemos nosotros, como ciuda­ dirimirse, en la medida de lo posible, apelando exclusivamente a valo­
danos libres e iguales, ser capaces de entendemos a nosotros mismos res políticos. Segundo, y también en relación con esas mismas cuestio­
como ejercitadores de ese poder si nuestro ejercicio del mismo ha nes fundamentales, los valores políticos expresados en sus principios
de poder justificarse ante otros ciudadanos respetando su condición de e ideales tienen normalmente un peso suficiente como para anular a
ciudadanos razonables y racionales? todos los demás valores que puedan entrar en conflicto con ellos.
A lo que el liberalismo político responde: nuestro ejercicio del po­ Ahora bien; al mantener esas convicciones, estamos claramente
apuntando a alguna relación entre los valores políticos y los valores
de la autoridad política en algo voluntario en el sentido en que la libertad de pensa­ no políticos. Si se dice que fuera de la iglesia no hay salvación, y que
miento y de conciencia convierten en voluntaria la aceptación de la autoridad ecle­
siástica (V I, § 3.2). Esto trae consigo un rasgo adicional del ámbito de lo político, un 5. Si quisiéramos podríamos formular lo dicho en este parágrafo de un modo
rasgo que lo distingue del ámbito asociativo. L a inmigración es también un hecho más riguroso. Una manera de hacerlo consiste en atender a la cuestión de la legitima­
común, pero podemos abstraemos de él en aras a conseguir una perspectiva clara y
ción desde el punto de vista de la posición original. Partimos del supuesto de que las
ordenada de la cuestión fundamental de la filosofía política (I, § 3 .3 ). Evidentemen­ partes conocen los hechos del pluralismo razonable y de la opresión, junto con otra
te, la inmigración es una cuestión importante y debe ser discutida en algún momento; información relevante de carácter general. Tratamos entonces de mostrar que los prin­
En mi opinión, el mejor momento es a la hora de discutir las relaciones que deben cipios de justicia que adoptaran incorporarían, en efecto, este principio de legitimidad
darse entre dos pueblos, el derecho de los pueblos, en el que no entraré en estas con­ y justificarían sólo las instituciones que ese principio contara como legítimas. Véase
ferencias.
más adelante, VI, § 4.4.
170 T R E S ID EA S C A PITA LES LA ID EA D E UN C O N SEN SO EN TRECRU ZA D O 171

por lo tanto un régimen constitucional resulta inaceptable a menp uios a partir de ahora, tiene dos partes complementarias. La primera
que sea inevitable, estamos obligados a replicar de alguna maheffi' narte afirma que los valores de lo político son valores muy importan-
Atendiendo a lo expuesto en II, §§ 2-3, diremos que una doctrina® jgg y} por consecuencia, no fácilmente anulables: esos valores go­
este tipo es irrazonable: propone usar el poder político público -4® biernan el armazón básico de la vida social — el verdadero basamen­
poder del que los ciudadanos participan en pie de igualdad— p® to de nuestra existencia— 6y determinan los términos fundamentales
imponer un punto de vista que afecta a las esencias constitucional® ¿e la cooperación política y social. En la justicia como equidad,
y respecto del cual los ciudadanos, en tanto que personas razonabl® algunos de esos valores importantes — los valores de la justicia— se
no pueden sino diferir sin posibilidad de compromisos. Cuando Kff expresan mediante los principios de justicia para la estructura básica:
una pluralidad de doctrinas razonables, es irrazonable — por decir® entre ellos, los valores de igual libertad política y civil; la igualdad
menos— pretender usar las sanciones del poder estatal con objeto ® equitativa de oportunidades; los valores de reciprocidad económica;
corregir o aun castigar a aquellos que discrepan de nosotros. :;l| las bases sociales del respeto mutuo entre ciudadanos.
Vale la pena subrayar aquí que esta réplica no sostiene, por ejejj§¡ Otros valores políticos importantes — los valores de la razón
pío, que la doctrina extra ecclesia nullam salus no sea verdade® pública— vienen expresados en las líneas de orientación para la in­
Afirma, más bien, que quienes pretenden usar el poder politicé dagación pública y en los pasos emprendidos para hacer que esa
público para imponerla son irrazonables (II, § 3). Lo que no significa indagación sea libre y pública, así como informada y razonable. Diji­
que lo que creen sea falso. Una réplica desde un punto de vista com­ mos en II, § 4.1 que un acuerdo en tomo de una concepción política
prehensivo — el tipo de réplica que deberíamos evitar en la discusión de la justicia carece de eficacia si no va acompañado de un acuerdo
política— diría que la doctrina en cuestión concibe erróneamente l| acerca de las líneas orientativas de la indagación pública y de las
naturaleza divina y, por consiguiente, es falsa. Sin embargo, según reglas para evaluar la evidencia. Los valores de la razón pública no
veremos luego, en § 4 , puede ocurrir que, aun circunscritos a los ele­ sólo incluyen el uso apropiado de los conceptos fundamentales de
mentos constitucionales esenciales, no tengamos manera de evitar e¿ juicio, inferencia y evidencia, sino también las virtudes de razonabi-
nuestra réplica la implicación de falsedad. 7- lidad y disposición a la equidad plasmadas en el respeto a los crite­
Una cuestión básica, con todo, es que, al decir que es irrazonable rios y procedimientos del conocimiento de sentido común y en la
imponer una doctrina, no necesariamente la rechazamos como incóá aceptación, cuando no resultan controvertidos, de los métodos y los
rrecta. Antes al contrario: es vital para la idea del liberalismo poli® resultados de la ciencia. También debemos atenemos a los preceptos
co que podamos mantener de un modo plenamente consistente qué que gobiernan la discusión política razonable.
sería irrazonable usar el poder político para imponer nuestro propio Conjuntamente, esos valores expresan el ideal político liberal,
punto de vista comprehensivo, al que debemos considerar, obvio es según el cual, puesto que el poder político es el poder coercitivo de
decirlo, como razonable o como verdadero. ciudadanos libres e iguales, considerados como un cuerpo colectivo,
5. Llegamos finalmente a la cuestión de cómo es posible el libe­ ese poder sólo debería ejercerse, cuando andan enjuego las esencias
ralismo político de acuerdo con la caracterización que de él he hecho? constitucionales y las cuestiones de justicia básica, por vías cuya
Es decir: ¿cómo consiguen los valores pertenecientes al ámbito espe? aceptación quepa razonablemente esperar de todos los ciudadanos a
cial de lo político — los valores pertenecientes a un subámbito-del la luz de su razón humana común.
reino de todos los valores— anular normalmente a cualesquiera va? 6. E l liberalismo político intenta, pues, presentar una descrip­
lores que puedan entrar en conflicto con ellos? Dicho de otra for- ción de esos valores como valores de un ámbito especial — el políti­
ma: ¿cómo podemos afirmar nuestra doctrina comprehensiva y, sm' co— , y de aquí que él mismo se presente como una concepción inde-
embargo, sostener al mismo tiempo que no sería razonable usar el pb?>
der estatal para conseguir que todos y cada uno le rindieran pleitesía?; 6. L a frase procede de J. S. Mili, Utilitarianism, cap. 5, par. 25 (hay trad. cast.:
La respuesta a esta cuestión, varios aspectos de la cual discutire- El utilitarismo, Alianza, Madrid, 19943).
tS:
172 T R E S ID EA S C A P ITA LE S LA IDEA D E UN CO N SEN SO EN TRECRUZA DO 173

pendiente. Se deja a los ciudadanos, tomados individualmente, v mente, moral) independiente acerca' de la estructura básica de la
como parte de su libertad de conciencia, que determinen el modoen sociedad: Sólo una vez hecho esto, ..y perfilado provisionalmente su
que esos valores del ámbito político se relacionan con otros valoreé contenido"1—sus principios de justicia y sus ideales— , nos plantea­
de sus respectivas doctrinas comprehensivas. Pues partimos siempÜ mos, en la segunda etapa, el problema de si la justicia como equidad
del supuesto de que los ciudadanos tienen dos concepciones, una corip gs suficientemente estable. Si no lo fuera, no sería una concepción
prehensiva y otra política; y que su concepción global puede dividirá política de la justicia satisfactoria, y debería ser objeto de algún tipo
en dos partes, convenientemente relacionadas. Esperamos que, al pr¿J| de revisión.
ceder de este modo, nos sea posible, a la hora de la práctica política .La estabilidad implica dos cuestiones: la primera es si la gente
fundar los elementos constitucionales esenciales y las instituciones- que crece bajo instituciones justas (según la definición de la concep­
básicas de la justicia exclusivamente en aquellos valores político^ ción política) desarrolla un sentido de la justicia suficiente para obe­
entendidos como la base de la razón y de la justificación públicas. ;ll decer normalmente a esas instituciones. La segunda cuestión es si,
Pero para poder sostener eso necesitamos la segunda — y complot en vista de los hechos generales que caracterizan a la cultura política
mentaría— parte de la respuesta a la pregunta sobre cómo es posiólí pública de una democracia, y en particular del hecho del pluralismo
el liberalismo político. Esa parte afirma que la historia de la religióií f razonable, la concepción política en cuestión puede convertirse en el
dé la filosofía enseña que hay varias maneras razonables de entendel foco de un consenso entrecruzado. Parto del supuesto de que ese
el reino de los valores y de presentarlo, ya como congruentes con lo8 consenso se compone de doctrinas comprehensivas razonables que
valores adecuados para el especial ámbito de lo político ya como futí! probablemente persistirán y ganarán adhesiones con el transcurso
dadores de ellos, o bien sin entrar en conflicto con esos valores, t¿S del tiempo y en el marco de una estructura básica justa (según la
como los determina una concepción política de la justicia. La historia definición de la concepción política).
nos habla de una pluralidad de doctrinas comprehensivas no irrazoriá- Cada una de las cuestiones de la estabilidad tiene una respuesta
bles. Eso hace posible un consenso entrecruzado, reduciendo así el propia. La primera se responde apuntando a la psicología moral
conflicto entre los valores políticos y otros valores. (II, § 2), de acuerdo con la cual los ciudadanos de una sociedad bien
ordenada adquieren un sentido de justicia normalmente suficiente
para atenerse a las disposiciones justas de esa sociedad. La segunda
§ 2. L a cuestión de la estabilidad se responde con la idea de un consenso entrecruzado y con la supera­
ción de las varias dificultades que ese consenso presenta (§§ 4-7).
1. El mejor modo de exponer la justicia como equidad es hacer­ Aunque desde el comienzo no hemos dejado de tener presente el
lo en dos etapas (I, § 3.1).7 En la primera etapa, la justicia como equi­ problema de la estabilidad, la discusión explícita del mismo empieza
dad viene elaborada como una concepción política (pero, evidente­ sólo en la segunda etapa, pues los principios de justicia para la es­
tructura básica no están disponibles hasta ese momento. Su contenido
7. Estas dos etapas corresponden a las dos partes del argumento de la posición no se ve afectado en modo alguno por las particulares doctrinas com­
original para los dos principios de justicia en Teoría. En la primera parte, las partes
seleccionan principios sin tener en cuenta los efectos de las psicologías especiales,
prehensivas que puedan existir en la sociedad. Ello es así porque, en
mientras que en la segunda parte se plantean, en cambio, si una sociedad bien ordena­ la primera etapa, la justicia como equidad se abstrae del conocimien­
da por los principios seleccionados en la primera parte serían estables, es decir, si to de las determinadas concepciones del bien que puedan albergar los
generarían en sus miembros un sentido de justicia lo suficientemente robusto como ciudadanos, y procede partiendo de las concepciones políticas com­
para contrarrestar las tendencias a la injusticia. Véanse caps. VIII-IX. E l argumen­
to para los principios de justicia no es completo hasta que se prueba en la segunda
partidas acerca de la sociedad y de la persona que son necesarias a la
parte que los principios seleccionados en la primera son lo suficientemente estables; hora de aplicar los ideales y los principios de la razón práctica. Así,
prueba que se extiende desde la siguiente sección hasta la última, § 86. Para estas dos aunque una concepción política de la justicia encara el hecho del plu­
partes, cf. pp. 144 y 5 3 0 ss. ralismo razonable, no es política en el sentido equivocado: es decir,
174 T R E S ID EA S C A PITA LES LA IDEA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 175

su forma y su contenido no se ven afectados por el balance de podjpf hecho del pluralismo razonable, la-justicia como equidad puede
político existente entre las doctrinas comprehensivas. Ni fraguan sus convertirse en el foco de un consenso entrecruzado, tenemos que
principios un compromiso entre las más dominantes. discutir no sólo la idea de un tal consenso y las dificultades que trae
2. Con objeto de aclarar la idea de la estabilidad, permítasep|¡f5consigo, sino mostrar también el modo en que, suponiendo la misma
distinguir dos formas en que una concepción política puede relación - psicología moral razonable usada para responder a la primera cues­
se con ella.8Una forma consiste en ver la estabilidad como un asuniji tión, la justicia como equidád puede en verdad asumir ese papel.
puramente práctico: si una concepción no consigue ser estable, es inu. 3. El tipo de estabilidad requerido por la justicia como equidad
til tratar de realizarla. Quizá pensamos que hay dos tareas separadas® se basa, pues, en su carácter de doctrina política liberal, una doctrina
una es elaborar una concepción política que parezca válida, o razona- que trata de resultar aceptable para todos los ciudadanos en su cali­
ble, o al menos que nos lo parezca a nosotros; la otra es hallar \ías que dad de razonables y racionales, de libres e iguales, apelando así a su
nos permitan atraer a otros que la rechazan hasta que lleguen a con*, razón pública. Antes, en § 1.2, tuvimos ocasión de ver cómo ese
partirla con nosotros; o, si eso no se consigue, actuar de todos modcf^ rasgo del liberalismo está vinculado con el rasgo característico del
de acuerdo con ella, si es necesario sirviéndonos de castigos respalda­ poder político en un régimen constitucional, a saber: que es el poder
dos por el poder estatal. En la medida en que puedan hallarse medial de ciudadanos iguales considerados como un cuerpo colectivo. Si la
de persuasión o de coerción, la concepción sería considerada estable. justicia como equidad no tuviera como designio expreso el de atraer­
Mas, como concepción liberal que es, la justicia como equidad se el apoyo razonado de ciudadanos que afirman doctrinas compre­
tiene que ver con otro tipo de estabilidad. Hallar una concepciáp hensivas razonables aunque encontradas — y la existencia de doctri­
estable no es simplemente cuestión de evitar la inutilidad. Lo qü|l; nas encontradas es un rasgo del tipo de cultura pública a que anima
cuenta más bien es el tipo de estabilidad, la naturaleza de las fuer/:'* la concepción liberal misma— , no sería una concepción liberal.
que la garantizan. Para responder a la primera cuestión antes meii® La cuestión es, pues, que el problema de la estabilidad no es el de
cionada sobre la estabilidad, tratamos de probar que, dados ciertdp atraer a aquellos que rechazan una concepción hasta compartirla con
supuestos que determinan una psicología humana razonable y la§|; nosotros, ni actuar de acuerdo con ella, si es necesario mediante san­
condiciones normales de la vida humana, quienes crecen bajo insti­ ciones factibles, como si la tarea consistiera en hallar vías de imponer
tuciones básicas justas desarrollan un sentido de justicia y una fideli­ esa concepción una vez estamos convencidos de que es válida. Es el
dad razonada a esas instituciones, suficientes ambos para hacerlas caso, más bien, de que la justicia como equidad no es por lo pronto
estables. Dicho de otro modo: el sentido de justicia de los ciudada razonable a menos que consiga ganarse apoyos apelando a la razón de
nos, dados sus rasgos de carácter y el sesgo de sus intereses — for­ cada ciudadano, lo que se explica dentro de su propio marco concep­
mados en una vida albergada por una estructura básica justa— , es lo tual.50Sólo así consigue dar cuenta de la legitimidad de la autoridad
suficientemente fuerte como para resistir las tendencias normales a política, que no es lo mismo que dar cuenta del modo en que quienes
la injusticia. Los ciudadanos actúan voluntariamente de modo que se detentan el poder político pueden llegar a convencerse a sí mismos, y
procuran justicia unos a otros en el transcurso del tiempo. La estabi­ no a la ciudadanía en general, de que están actuando adecuadamen­
lidad está garantizada por una motivación adecuada suficiente, una te.11Una concepción de la legitimidad política busca una base pública
motivación adquirida en el contexto de instituciones justas.9*
Para contestar a la segunda cuestión, la cuestión de si, dado el 10. La fuerza de la frase «dentro de su propio marco conceptual» que se usa en
el texto viene de las dos partes del argumento de la posición original tal como se ha
8. Este y los próximos parágrafos deben mueho a una.discusión mantenida có p formulado en la nota 7, más arriba. Las dos partes se desarrollan en el seno del mismo
Scanlon. marco conceptual, y las dos están sujetas a las mismas condiciones fijadas en el meca­
9. E l modo en que esto ocurre lo he discutido en Teoría^ especialmente cap. V É L ; nismo de representación que es la posición original.
Espero que, dadós los presentes'propósitos, baste esté apunté para perfilar ía idea prin­ 31. Para esta distinción, véase Thomas Nagel, Equálity and Partiálity, Oxford
cipal. University Press, Nueva York, 1991, cap. 3, p. 23.
176 T R E S ID EA S C A PITA LES LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 177

de justificación y apela a la razón pública y, por consecuencia, a ciu. sea la m^s °k v*a de eHas: que un consenso entrecruzado es un mero
dadanos libres e iguales concebidos como razonables y racionales Lodus vivendi.
para fijar las ideas e ilustrar lo que se quiere decir, usaré un caso
modelo de consenso entrecruzado; y regresaré de vez en cuando a él.
§ 3. T res rasgos de un consenso entrecruzado gste ejemplo de consenso contiené tres puntos de vísta: uno afirma
i/.- • •
la concepción política porque^su propia doctrina religiosa y su propia
1. Antes de empezar, recordaré dos puntos principales noción de la libertad confesional’2lleva a un principio de tolerancia
de la idea de un consenso entrecruzado. El primero es que buscamos v suscribe las libertades fundamentales de un régimen constitucio­
un consenso entre doctrinas comprehensivas razonables (no irrazo­ nal; mientras que el segundo punto de vista afirma la concepción
nables o irracionales). El hecho crucial no es el hecho del pluralismo política fundándose en una doctrina comprehensiva moral liberal
como tal, sino el del pluralismo razonable (I, § 6.2 ). El liberalis­ fómo las de Kant y Mili. El tercero, sin embargo, no está sistemáti­
mo político, como ya dije, entiende esa diversidad como el resultado camente unificado: más allá de los valores políticos formulados por
del ejercicio de las facultades de la razón humana en el contexto de una concepción política de la justicia independiente, incluye una
instituciones libres duraderas. El hecho del pluralismo razonable SÍ® I amplia familia de valores no políticos. Se trata, por así decirlo, de un
es una condición desgraciada de la vida humana, como podríamos punto de vista pluralista, puesto que cada subparte de esa familia dis­
decir del pluralismo como tal, el cual da margen para la existencia !®:- I pone de sus propias nociones basadas en ideas extraídas de su propio
sólo de doctrinas irracionales, sino enloquecidas y agresivas. Al armar seno, lo que permite que todos los valores puedan contrapesarse
una concepción política de la justicia de modo que pueda atraerse un entre sí, ya agrupados, ya separadamente, en tipos particulares de
consenso entrecruzado, no estamos vinculándola a la existencia de:: casos.
la sinrazón, sino al hecho del pluralismo razonable, él mismo resul-:: En este caso modelo, la doctrina religiosa y los liberalismos de
tado del libre ejercicio de la libre razón humana en condiciones '? Kant y Mili hay que considerarlos como generales y comprehensi­
libertad. vos. El tercer punto de vista es sólo parcialmente comprehensivo,
Por lo que hace al segundo punto acerca del consenso entrecru­ pero sostiene, como el liberalismo político, que bajo las condiciones
zado, recuérdese que, al final de I, §§ 1.3-4, dije que en una demo­ razonablemente favorables que hacen posible la democracia, los
cracia constitucional la concepción pública de la justicia debería valores políticos normalmente anulan a cualesquiera valores no polí­
en la medida de lo posible, presentada de un modo independiente ^ ? : I ticos que puedan entrar en conflicto con ellos. Los puntos de vista
las doctrinas comprehensivas religiosas, filosóficas y morales. ( i »
eso daba a entender que la justicia como equidad se hallaba en la pri­ 12. Esta idea puede ilustrarse con varias formulaciones de A Letter C oncem ing
mera etapa de su exposición como un punto de vista independiente Toleration (1 6 9 0 ) de Locke (hay trad. cast.: Carta sobre la tolerancia, Tecnos, Ma­
que expresa una concepción política de la justicia. No suministra unáS ? drid, 19912). En esa carta se dicen cosas tales como: 1) Dios no ha dado a ningún
doctrina religiosa, metafísica o epistemológica específica que vaya hombre autoridad sobre otro (p. 129); 2 ) ningún hombre puede abandonar el cuidado
de su propia salvación al cuidado de otro (pp. 129, 139 y 154); 3 ) el entendimiento no
más allá dé las implicaciones de la concepción política misma. Coi s» puede ser obligado a creer por la fuerza (p. 129); 4 ) el cuidado de las almas de los
se observó en I, § 2.2, la concepción política es un módulo, una par­ hombres no está confiado a los magistrados, pues eso haría que la fe estuviera deter­
te constitutiva esencial, que, de formas diferentes, cuadra con v a r i a s ? minada por el lugar de nacimiento (p. 130); 5 ) una iglesia es una sociedad voluntaria,
doctrinas comprehensivas razonables que perduran en una sociedad;!: nadie está atado a ninguna iglesia particular y puede abandonarla tan libremente como
ingresó en ella (p. 131); 6) la excomunión no afecta a las relaciones civiles (p. 134);
regulada por ella y puede ser apoyada por esas doctrinas.
7) sólo la fe y la íntima sinceridad consiguen nuestra salvación y la aprobación de
2. Hay por lo menos cuatro probables objeciones a la idea d- Dios (p. 143). (Las páginas corresponden a la edición de J. W . Gough, Two Treatises
una unidad social fundada en un consenso entrecruzado en tomc®> s on Government with A Letter on Toleration, Basil Blackwell, Oxford, 1956. Otros
de una concepción política de la justicia. Comenzaré con la que acaso autores que han escrito sobre la tolerancia también hubieran podido servimos.)
T R E S ID E A S C A PITA LES L A ID E A D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 179
178

previos están de acuerdo con el último en este respecto, de modo qn Un uso típico de la expresión «modus vivendi» sirve para carac-
todos los puntos de vista llevan aproximadamente a los mismos jü{ rizar un tratado entre dos estados cuyos objetivos e intereses nació­
cios políticos, y así, se entrecruzan en la concepción política coinci' o s andarí a la greña. Al negociar un tratado, cada estado no haría
diendo parcialmente. ® 0 Ser sabiamente prudente al asegurarse de que el acuerdo pro­
3. Empecemos con la objeción: algunos pensarán que, aun si nto representa un punto de equilibrio, es decir: que los términos y
un consenso entrecruzado fuera lo suficientemente estable, la idea de condiciones del tratado están formulados de tal modo que es de co­
una unidad política fundada en un consenso entrecruzado tiene que nocimiento público que la violación del mismo no da ventajas a nin­
ser rechazada porque abandona la esperanza de una comunidad poli; gún estado. La adhesión al tratado se producirá entonces porque
tica en favor de un entendimiento público que, en el fondo, no és ¿ada estado considerará que es de interés nacional, lo que incluye el
sino un mero modus vivendi. Respondemos a esa objeción diciendo Interés por su reputación como estado que respeta los tratados. Pero,
que, en efecto, hay que abandonar la esperanza de una comunidad en general, ambos estados están dispuestos a perseguir sus objeti-
política si por tal comunidad entendemos una sociedad política unida yos a expensas del otro y, si las condiciones cambiaran, así lo harían,
en la afirmación de la misma doctrina comprehensiva. Esa posibili­ pal trasfondo ilustra la razón por la cual un tratado de ese tipo es un
dad está excluida por el hecho del pluralismo razonable unido al mero modus vivendi. Un trasfondo similar se da cuando pensamos
rechazo del uso opresivo del poder estatal para vencerlo.13La cues­ en un consenso social fundado en intereses egoístas o de grupo, o en
tión substantiva tiene que ver con los rasgos significativos de tal el resultado de una negociación política: la unidad social es sólo apa­
consenso y con el modo en que esos rasgos afectan a la concordia rente, lo mismo que su estabilidad depende contingentemente de cir­
social y a la calidad moral de la vida pública. Entraré ahora en la cunstancias que mantengan una afortunada convergencia de intereses.
cuestión de por qué un consenso entrecruzado no es un mero modus 4. Que un consenso entrecruzado es algo bastante diferente de
vivendi. un modus vivendi resulta claro de nuestro caso modelo. Vale la pena
notar dos aspectos en ese ejemplo: primero, el objeto del consenso,
la concepción política de la justicia, es ella misma una concepción
13. Obsérvese que no es que sean impracticables todo los valores de la comu­ moral. Y segundo, se afirma con razones morales, esto es, incluye
nidad (recuérdese que por comunidad se entiende una asociación o sociedad cuya unL concepciones de la sociedad y de los ciudadanos como personas, así
dad está basada en una concepción comprehensiva del bien), sino sólo la comunidad-
política y sus valores. La justicia com o equidad da por supuesto, lo mismo que otras
como principios de justicia, y una descripción de las virtudes polí­
concepciones liberales, que los valores de la comunidad no sólo son esenciales, sino ticas, a través de las cuales aquellos principios se materializan en el
también realizables, primero, en las varias asociaciones cuya vida transcurre en él carácter humano y se expresan en la vida pública. Por consiguiente,
marco de la estructura básica, y segundó, en aquellas asociaciones que rebasan las un consenso entrecruzado no consiste meramente en un consenso
fronteras de las sociedades políticas (como las iglesias y las sociedades científicas). El para aceptar determinadas autoridades, o para atenerse a determina­
liberalismo rechaza que la sociedad política sea una comunidad entre otras cosas por;
que ileva a la negación sistemática de las libertades básicas y abre las puertas al uso das disposiciones institucionales, fundadas en la convergencia de
opresivo del monopolio estatal de la fuerza (legal). Evidentemente, en la sociedad; intereses egoístas o de grupo. Quienes afirman la concepción políti­
bien ordenada de la justicia como equidad los ciudadanos comparten un objetivó ca parten todos de su propio punto de vista comprehensivo y sacan
común, un objetivo que goza de primacía, a saber: el objetivo de asegurar que las ins­ conclusiones de las razones religiosas, filosóficas o morales que ese
tituciones políticas y sociales son justas, y de procurar justicia a las personas en gene­
ral de acuerdo con lo que necesiten para sí mismas y deseen para las demás. No es,
punto de vista les proporciona. El hecho de que la gente afirme la
pues, verdad que el objetivo de la justicia política no sea una parte importante de su misma concepción política fundándose en esas razones no convierte
identidad no-institucional o moral (como se discutió en I, § 5 .2 ). Mas este objetivo a su afirmación en religiosa, filosófica o moral, según sea el caso,
común de la justicia política no debe ser confundido con (lo que he llamado) «una. pues es la sinceridad con que sostienen sus razones lo que determina
concepción del bien». Para una discusión de este último punto, véase Amy Gutmann,
la naturaleza de su afirmación.
«Communitarian Critics o f Liberalism», Philosophy a nd Public Affairs, 14 (verano de:
1985), p. 311 n. Los dos aspectos precedentes de un consenso entrecruzado — el
180 T R E S ID EA S C A PITA LES L A ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 181

objeto moral y las razones morales— están vinculados con un terce 5 Para concluir, me referiré brevemente a lo que podríamos 11a-
aspecto, el de la estabilidad. Eso significa que quienes afirman 1¿J- ar «profundidad y amplitud de un consenso entrecruzado», así como
varios puntos de vista que dan soporte a la concepción política e s p e c if ic id a d de su foco. ¿Cuán profundamente debe calar el con-
retirarían su apoyo si el peso social relativo de su punto de vista ¿ ¿ i a s0 en las doctrinas comprehensivas de los ciudadanos? ¿Cuán
ciera hasta convertirse en dominante. Mientras los tres puntos de ^ 1 amplio es el abanico institucional que abarca? ¿Y cuán específica es
ta sigan siendo afirmados y no sean revisados, la concepción pol^Ji j a concepción acordada?
seguirá siendo apoyada independientemente de los cambios en La descripción que se acaba de hacer permite decir que el consen­
distribución del poder político. Cada punto de vista presta su apoyjyj so llega hasta las ideas fundamentales con las que se elabora la justi­
la concepción política por ella misma, por sus propios méritosJ® cia como equidad. Supone un acuerdo lo suficientemente profundo
test para comprobarlo lo proporciona la estabilidad del consen|<f como para afectar a ideas como la de una sociedad como un sistema
frente a cambios en la distribución del poder entre los puntos de yÍ8§ equitativo de cooperación y la de los ciudadanos como razonables y
tas distintos. E l rasgo de la estabilidad ilumina un contraste bási® racionales, libres e iguales. En lo que respecta a su amplitud, el con­
entre un consenso entrecruzado y un modus viyendi, pues la estabili­ senso abarca a los principios y valores de una concepción política (en
dad de este último depende de situaciones circunstanciales y deíüf! eSte caso, los de la justicia como equidad) y se aplica a la justicia
balance de fuerzas relativas. 'J-& básica como un todo. Este grado de profundidad, de amplitud y de
Esto resulta aún más claro si cambiamos de ejemplo y considétp especificidad ayuda a fijar ideas y nos sitúa ante la cuestión principal:
mos los puntos de vista de católicos y protestantes en el siglo xvL'íjp partiendo de supuestos plausiblemente realistas, ¿cuál es la concep­
había por esa época un consenso entrecruzado en tomo del principió ción política de la justicia más profunda y más ampliamente factible?
de tolerancia. Ambas fes mantenían que era deber del gobernante so¿ Hay, evidentemente, otras posibilidades. No he dicho que sea
tener la verdadera religión y reprimir la difusión de la herejía y dé necesario un consenso entrecruzado en tomo de una concepción po­
la falsa doctrina.14En tal caso, la aceptación del principio de toleráis lítica para conseguir ciertos tipos de unidad social y de estabilidad.
cía hubiera sido en realidad un mero modus vivendi, pues si algu­ Lo que he dicho es más bien que, con dos condiciones más, es sufi­
na de las confesiones se hubiera convertido en dominante, habría déM ciente para que nos sea accesible la base más razonable de la unidad
jado de observarse tal principio. No hay estabilidad en relación coif¡§ social (I, § 8.1). Sin embargo, como ha sugerido Baier, un consenso
distribución del poder. En la medida en que puntos de vista como;!® menos profundo en tomo de los principios y las reglas de una consti­
de católicos y protestantes del siglo xvi están minoritariamente con|l] tución política viable puede bastar para propósitos menos exigentes
nados, y en la medida en que sea probable que continúen estándolo;: y mucho más fáciles de conseguir. Él piensa que, de hecho, en los
no afectan a la calidad moral de la vida pública y a la base de la cofí| Estados Unidos hemos conseguido realmente algo parecido. Así, en
cordia social. Pues la inmensa mayoría de la sociedad confía en qué vez de suponer que el consenso debe profundizar hasta llegar a una
la distribución del poder se dará entre puntos de vista que comparten; concepción política que abarca los principios rectores de toda la
un consenso en la afirmación de la concepción política de la justicil estructura social básica, se puede imaginar un consenso que abarque
por ella misma. Mas si esa situación fuera a cambiar, la calidad mora! solamente ciertos principios políticos procedimentales fundamenta­
de la vida política cambiaría también de una manera obvia y que rif les para la constitución.15 Volveré sobre estas cuestiones en §§ 6-7
requiere comentario. 3;
15. Baier ha desarrollado esta posición en una valiosa discusión: «Justice and
14. Véase J. W . Alien, A History o f Political Thought in the Sixteenth Centuty, the Aims o f Political Philosophy», Ethics, 9 9 (julio de 1989), pp. 7 7 1 -7 9 0 . Su idea de
Methuen, Londres, 1941, I parte, cap. 5 ; II parte, cap. 9 ; III parte, caps. 4, 6 y 8;y itn consenso sobre los principios constitucionales (un consenso que él considera que
Quentin Skinner, The Foundations o fM o d em Political Thought, Cambridge UniverS en buena medida ya hemos conseguido) más que sobre una concepción de la justicia
sity Press, Cambridge, 1978, vol. II, especialmente III parte. se encuentra en las pp. 7 7 5 s.
182 T R E S ID E A S C A P ITA LE S
T LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 183

cuando discutamos los pasos que median entre lo que llamaré • i punto de vista de sus doctrinas comprehensivas, como verdade-
«consenso constitucional» y un consenso entrecruzado. Mr “e o comoj*azonable, según lo que permita su doctrina, a la concep­
t o política:
2 Es pos*ble fiue algunos no se consideren satisfechos con lo
§ 4. U n c o n s e n s o e n t r e c r u z a d o n i i n d i f e r e n t e n i E S C É P T IC O ® ■ e ya dicho; pueden replicar que, a pesar de las protestas, una con­
moción política de la justicia-debe expresar indiferencia o escepticis­
1. Trataré ahora una segunda objeción a la idea de un consei¿ mo De otro modo no podría dejar de lado cuestiones fundamentales
entrecruzado en tomo de una concepción política de la justiciad ^ligiosas, filosóficas y morales porque son políticamente difíciles de
saber: que evitar doctrinas generales y comprehensivas implica in¿ flrimir, o porque pueden revelarse como inabordables. Algunas ver-
ferencia o escepticismo respecto de la cuestión de si una concepció fedes, podría decirse, afectan a cosas tan importantes que las diferen­
política de la justicia puede ser verdadera, no meramente razonable cias acerca de ellas tienen que ser pugnazmente resueltas, aun a costa
en el sentido constructivista. Podría parecer que estamos sugiriendo Ce ana guerra civil. Respondemos a eso, en primer lugar, que las
que una tal concepción podría resultar la más razonable para no¿ Cuestiones no se eliminan de la agenda política, por así decirlo, a cau-
iros aun a sabiendas de que no es verdadera, com o si la verdad fueb sa meramente de que sean una fuente de conflicto. Apelamos más
irrelevante. Observemos para empezar que sería fatal para la ideade Bien a una concepción política de la justicia para distinguir entre las
una concepción política el que se la entendiera como escéptica.% cuestiones que pueden eliminarse razonablemente de la agenda polí-
indiferente respecto de la verdad, y no digamos en conflicto con ella. -tíca y las cuestiones que no pueden eliminarse. Algunas cuestiones
Tal escepticismo o indiferencia colocaría a la filosofía política en :que permanecen eh la agenda pueden aún resultar controvertidas, al
oposición a numerosas doctrinas comprehensivas, liquidando asfjS menos hasta cierto punto; eso es normal en los asuntos políticos.
partida su propósito de conseguir un consenso entrecruzado. A modo de ilustración: supongamos que a partir de una concep­
En la medida de lo posible, tratamos de eludir la afirmación o la ción política podemos dar cuenta tanto de la libertad de conciencia,
negación de cualquier doctrina comprehensiva religiosa, filosófica o que elimina las verdades religiosas de la agenda política, cuanto de
moral particular, o de su correspondiente teoría de la verdad y del la igualdad de libertades políticas y civiles, que, al proscribir la ser­
estatus de los valores. Puesto que partimos del supuesto de que cada vidumbre y la esclavitud, elimina de la agenda política la posibili­
ciudadano afirma una concepción de este tipo, esperamos que todos dad de esas instituciones.16Mas los asuntos conflictivos siguen ine-
puedan aceptar la concepción política como verdadera o como razo­
nable desde el punto de vista de su propia doctrina comprehensiva,
16. Expliquémonos: cuando determinados asuntos son eliminados de la agenda
cualquiera que sea. Propiamente entendida, pues, una concepción política dejan de ser considerados com o objetos propiamente dichos de decisión polí­
política no necesita ser más indiferente, pongamos por caso, a la ver­ tica sujeta a la regla de la mayoría, o a otra regla electoral pluralista. Por ejemplo, en
dad en filosofía o en moral de lo que lo es el principio de tolerancia, loque respecta a la igual libertad de conciencia y al rechazo de la esclavitud y de la ser­
convenientemente entendido, en relación con la verdad en religión. vidumbre, eso significa que las libertades básicas iguales que abarcan constitucional­
Puesto que buscamos una base acordada de justificación pública en mente esos asuntos se consideran razonablemente fijadas, correctamente sentadas de
•unavez por todas. Forman parte del carácter público de un régimen constitucional, y no
asuntos de justicia, y puesto que no puede esperarse razonablemente son un lugar común del debate político en curso y de la actividad legislativa, como si
un acuerdo político en esas cuestiones disputadas, lo que hacemos es pudieran ser modificadas, de una u otra manera, por las mayorías de tumo. Además,
dirigir nuestro empeño hacia las ideas fundamentales que parecemos los partidarios políticos más establecidos reconocen también que esos asuntos están
compartir a través de la cultura política pública. Partiendo de esas definitivamente sentados. Véase Stephen Holmes, «Gag Rules or the Politics of
Ómission», en J. Elster y R. Slagstad, eds., Constitutional D em ocracy, Cambridge
ideas, tratamos de elaborar una concepción política de la justicia
University Press, Cambridge, 1987.
congruente con las convicciones a que hemos llegado tras la debida Evidentemente, que ciertos asuntos sean razonablemente eliminados de la agen­
reflexión. Una vez hecho esto, los ciudadanos pueden entender, des- da política no significa que una concepción política de la justicia no deba proporcio-
mi 3 4
C. D U IB

L A ID E A D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 185


184 T R E S ID EA S C A PITA LES

vitablemente presentes: por ejemplo, cómo trazar más exactai¿|® ^Aplicación, y así, comprometemos con el tipo de cosas que espe-
los límites de las libertades básicas cuando entran en conflicto ¿ J t Sanios evitar. ‘
™ imaginemos, si no — y por raro que este ejemplo sea— , a unos
sí (dónde levantar «el muro entre el estado y la iglesia»); cómo iriip
pretar las exigencias de la justicia distributiva aun en el caso déJS l ^1 les racionalistas empeñados en que sus creencias están abiertas a
haya un acuerdo considerable en tomo de principios reguladoreirf^ ndos y pueden demostrarse coiicluyentemente haciendo uso de la
íSón.ía En tal caso, los fieles racionalistas niegan simple y llana­
la estructura básica; y finalmente, cuestiones de política gubéjfft
mental tales como el uso de misiles nucleares. Esos asuntos nqá¡|| m ente lo que hemos llamado «el hecho del pluralismo razonable».
den eliminarse de la política. Pero, al evitar las doctrinas compr§jgjl Tenemos que decir entoncesque los fieles racionalistas andan equi­
sivas, tratamos de eludir las controversias religiosas y filosóffjl vocad08 al negar ese hecho; mas no necesitamos decir que sus creen-
más profundas con objeto de no perder la esperanza de consélllf ¡ f c religiosas no son verdaderas, puesto que negar que las creencias
una base para un consenso entrecruzado estable. ói^jgt religi°sas puedan ser pública y plenamente demostradas por la razón
3. Sin embargo, al sostener una concepción política de la jü|p: es lo mismo que-decir que no son verdaderas. Evidentemente,
cia nos podemos ver finalmente obligados a afirmar al menos ci|g¡§í nosotros no creemos en la doctrina que esos fieles afirman, cosa que
aspectos de nuestra propia doctrina comprehensiva religiosa o fiíÉll !reVelan nuestras propias obras. Aun si no sostenemos, pongamos por
fica (de ningún modo necesariamente comprehensiva globalmení|ji ^caso, alguna forma de la doctrina de la libertad de confesión religiosa
Eso ocurrirá cuando alguien insista, pongamos por caso, en que cS¡l ■quejustifica y da su apoyo a la igual libertad de conciencia, nuestras
tas cuestiones son tan fundamentales que asegurarse de resolverla •obras, empero, implican que creemos que la preocupación por la sal­
correctamente justifica una contienda civil. Se puede decir que lá slp vación no precisa de nada que sea incompatible con esa libertad.
vación religiosa de quienes abrazan una particular religión, o hasta la Con todo, no avanzamos de nuestro propio punto de vista compre­
salvación de un pueblo entero, depende de ello. Y llegados a este hensivo sino lo que resulta necesario o útil para el objetivo político
punto, no nos quedará otra alternativa que negarlo, directamente^*71 del consenso.
4. La razón de esa actitud contenida es el propósito de respe­
tar, tanto como podamos, los límites de la razón pública (discutidos
nar las razones que explican y justifican esa eliminación. Pero normalmente la p j® ienV i). Supongamos que, respetando esos límites, conseguimos alcan­
discusión de esas cuestiones entre las varias doctrinas políticas y sus raíces en doctri­
nas comprehensivas forma parte del trasfondo cultural (I, § 2.3).
zar un consenso entrecruzado en tomo de una concepción política de
Por último, decir que determinados asuntos son eliminados de la agenda potítÉ' lajusticia. Se tratará entonces — al menos, por el momento— de un
de una vez por todas se presta a la objeción de que podemos estar equivocados, ¿óI qq consenso razonable. Algunos podrían insistir en que alcanzar ese
lo estuvimos en el pasado respecto de la tolerancia y la esclavitud. Ciertamente po$£ acuerdo reflexivo da ya por sí mismo razones suficientes para consi­
mos estar equivocados, pero ¿acaso levantará eso dudas en alguien respecto dé |u! derar verdadera, o al menos altamente probable, esa concepción.
pudimos equivocamos al adoptar el principio de tolerancia o al abolir la esclavitud?
¿Quién piensa seriamente eso? ¿Hay alguna posibilidad de error aquí? Y desde ly¿gb'
Pero nosotros nos abstenemos de dar ese paso ulterior: es innecesa­
ío que no podemos es decir: eliminamos por el momento determinados asuntos deía rio y podría interferir con el objetivo práctico de hallar una base
agenda política. O hasta las próximas elecciones. O hasta la próxima generación, ¿^or. pública acordada de justificación. Para muchos, lo verdadero, o lo
qué no habría de ser el «de una vez por todas» la mejor fórmula? A l usar esa expíe?
sión, los ciudadanos manifiestan mutuamente un firme compromiso respecto deja
condición común. Manifiestan un determinado ideal de ciudadanía democrática.
18. L a idea de los fieles racionalistas es una adaptación de la discusión de
17. Como dije en I, § 2 , una doctrina es plenamente comprehensiva si abara
íoshua Cohén en «M oral Pluralism and Política! Consensus». Mi réplica es similar
todos los valores y virtudes reconocidos organízándolos en un sistema precisamente'
articulado; mientras que es parcialmente comprehensiva cuando engloba a unos a la que entiendo que es la suya. Cohén discute también el caso de los fieles no
racionalistas que no sostienen que la razón es el fundamento de su fe, pero que sos­
cuantos valores y virtudes no políticos y los articula de un modo más bien laxo. Es)
tienen que, puesto que sus creencias son verdaderas, es correcto usar el poder estatal
alcance limitado y esa laxitud acabarán cobrando importancia en relación con-la
estabilidad (§ 6). para imponerlas. A esta posición se replica en II, § 3.3.
186 T R E S ID E A S C A P ITA LE S

religiosa y metafísicamente bien fundado, va más allá de lo raz


ble. La idea de un consenso entrecruzado deja que ese paso loS®!
los ciudadanos individualmente, de acuerdo con sus propias d o ÍP
¥ LA ID E A D E UN C O N SEN SO EN TRECRU ZA D O

¿jentemente de cualquier doctrina comprehensiva. Así pues,


P6® os obligados a decir algo sobre este punto de vista.20
e Esta objeción es tan natural como la tentadora pregunta: ¿de qué
187

ñas comprehensivas.19 r' manera podrían resolverse esos conflictos? Sin embargo, el ter-
Si la justicia como equidad hiciera posible un consenso entrecn r punto de vista de nuestro caso modelo proporciona parte de la
zado, completaría y extendería el movimiento intelectual que e m iS Apuesta. Ese punto de vista es pluralista, según dijimos, y no está
hace tres siglos con la aceptación gradual del principio de tolerancia ^temáticamente unificado: además de los valores políticos formu-
que dio origen al estado no confesional y a la igual libertad de con fdos por una concepción política de la justicia independiente, inclu-
ciencia. Dadas las circunstancias históricas y sociales de una sociedad e también una holgada familia de valores no políticos. Cada sub-
democrática, un acuerdo en tomo a una concepción política de la j»? ^arte de esa familia dispone de sus propias nociones basadas en
ticia requiere esa extensión. Aplicar los principios de tolerancia a;ia ?deas extraídas de su seno, lo que permite que todos los valores pue-
filosofía misma es dejar que los propios ciudadanos diriman las cues­ bLi contrapesarse entre sí (§ 3.2). Así, la concepción política puede
tiones religiosas, filosóficas y morales de acuerdo con las doctriné entenderse como parte de una doctrina comprehensiva, pero no es
que ellos libremente abracen. “ ! u¡ia consecuencia de los valores no políticos de esa doctrina. No obs­
tante, sus valores políticos son normalmente preponderantes frente a
cualesquiera otros valores en conflicto, al menos en las condiciones
§ 5. U na c o n c e p c i ó n p o l í t i c a n o n e c e s i t a s e r c o m p r e h e n s iv a rfl7f>nabiemente favorables que posibilitan una democracia constitu-

1. Una tercera objeción es la que sigue: aun si nos ponemos ® Quienes sostienen esa concepción reconocen valores y virtudes
acuerdo en que un consenso entrecruzado no es un modus viven® pertenecientes a otros ámbitos vitales. Difieren de los ciudadanos
algunos pueden decir que una concepción política viable debe sér que sostienen los dos primeros puntos de vista de nuestro caso
general y comprehensiva. Sin disponer de una doctrina de este tipo; modelo en no disponer de una doctrina plenamente (no parcialmen­
no hay forma de poner orden en los varios conflictos que aparecen te) 21comprehensiva desde la que ordenar más o menos sistemática­
en la vida pública. Cuanto más profundas las bases conceptuales mente todos los valores y todas las virtudes. No dicen que una doc-
filosóficas de esos conflictos — prosigue la objeción— , tanto más
general y comprehensivo debe ser el nivel de reflexión filosófica
si hay que llegar a la raíz y establecer un orden adecuado. Es inútil 20. Hay que distinguir entre puntos de vista generales y comprehensivos y
puntos de vista abstractos. Cuando la justicia com o equidad arranca de la idea fun­
— concluye la objeción— tratar de elaborar una concepción política damental de la sociedad com o sistema equitativo de cooperación social y procede a
de la justicia expresamente pensada para la estructura básica inde- elaborar esa idea, se puede decir que la concepción política de la justicia resultante
es abstracta. E s abstracta de la misma forma en que lo es la concepción de un mer­
cado perfectamente competitivo, o de un equilibrio económico general, es decir:
19. Recuérdese aquí el importante hecho adicional mencionado en IH, § s j ® destaca ciertos aspectos de la sociedad com o aspectos especialmente significativos
saber: que si alguna de las doctrinas comprehensivas razonables que confluyen en|í desde el punto de vista de la justicia política, y deja otros aspectos de lado. M as la
consenso entrecruzado existente es verdadera, entonces la concepción política es verdad cuestión de si la concepción resultante es ella misma general y comprehensiva, de
dera también, o aproximadamente verdadera al ser aceptada y respaldada por una docíri-’ acuerdo con el uso que hago aquí de estos términos, es una cuestión distinta. Creo
na verdadera. L a verdad de cualquiera de las doctrinas garantiza que todas las doctrina^ que los conflictos implícitos en el hecho del pluralismo razonable obligan a la filo­
llegan a la concepción correcta de la justicia, aun cuando no todas están en lo correcta sofía política, si quiere conseguir sus objetivos, a presentar concepciones abstrac­
por las razones correctas que proporciona la doctrina verdadera. A sí pues, como dijil tas de la justicia (I, § 8.2) ; pero esos mismos conflictos impiden a esas concepcio­
mos, cuando los ciudadanos difieren entre sí, no todos pueden estar plenamente ejf nes ser generales y comprehensivas.
lo cierto; sin embargó; si una de sus doctrinas fuera verdadera, todos los ciudadanos' 21. Para la distinción entre doctrinas plenamente comprehensivas y doctrinas
estarían en lo cierto, políticamente hablando. parcialmente comprehensivas, véase I, § 2.2.
lia r m a i atn

188 T R E S ID EA S C A PITA LES L A IDEA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 189

trina así sea imposible, sino más bien que, políticamente h a b lS i ;i¿arc° de las ideas fundamentales de la cultura política pública y
es innecesaria. Están convencidos de que, dentro de los márge °’ " tán familiarizados con ellas, encuentran que, una vez adoptado ese
permitidos por las libertades básicas y las demás disposiciones eS 0 ¿^deliberación, sus juicios son lo bastante convergentes como
régimen constitucional justo, todos los ciudadanos pueden persélP ¡La que pueda mantenerse la cooperación política basada en el
su estilo de vida en términos equitativos y respetar propiamentéU ■ tuo respeto. Esos ciudadanos piensan que la concepción política es
valores (no políticos) que van con ese estilo de vida. Asegm^B; ^ finalmente suficiente, y no esperan, o no creen necesitar, un enten-
esas garantías constitucionales, creen que es improbable que surj|¡pf ¡Liento político mayor que éste.
conflicto de valores que justifique su oposición a la concepción 3. Aquí se impone la pregunta: ¿cómo puede una concepción
tica globalmente considerada, o a asuntos fundamentales tales ebjf; nlítica de la justicia expresar valores que, en las condiciones razo­
la libertad de conciencia, o la igualdad de libertades políticas, o]d nablemente favorables que hacen posible a la democracia, son pre­
igualdad de derechos civiles básicos. >|J|| ponderantes ante cualesquiera otros valores que puedan entrar en
2. Este punto de vista parcialmente comprehensivo po!{§] conflicto con ellos? Una razón es la siguiente. Como ya va dicho, la
•explicarse como sigue. Procedemos del mejor modo posible concepción política de la justicia más razonable para un régimen
partir del supuesto de que existen respuestas generalmente aceptafej democrático ha de ser, hablando laxamente, liberal. Eso significa
a todas, o aun a muchas, cuestiones de justicia política. Debeqfy:: qiie protege los derechos básicos típicos y les confiere una primacía
estar, antes bien, preparados para aceptar el hecho de que sói$¡¡§ especial; también, incluye medidas tendentes a garantizar que todos
pequeño puñado de cuestiones que nos vemos movidos a plan(§§ los ciudadanos tengan medios materiales suficientes para hacer uso
pueden resolverse satisfactoriamente. La sabiduría política consjlí efectivo de esos derechos básicos. Enfrentada al hecho de un plura­
en identificar ese pequeño puñado de cuestiones y, entre ellas, las lismo razonable, una concepción liberal elimina de la agenda políti­
urgentes. '■J- ca los asuntos más decisivos, los asuntos capaces de generar con­
Hecho lo cual, debemos armar las instituciones de la estructura flictos pugnaces que podrían socavar las bases de la cooperación
básica de modo tal que reduzca drásticamente la probabilidad de que social.
aparezcan conflictos inabordables; también debemos aceptar la né¿8 Las virtudes de la cooperación social que hacen posible la exis­
sidad de principios claros y sencillos, en la esperanza de que su foroi: tencia de un régimen constitucional son, pues, virtudes de primera
y contenido generales puedan gozar de pública comprensión. Una magnitud. Pienso, por ejemplo, en las virtudes de la tolerancia y de
concepción política no es a lo sumo sino un marco orientativo delá la disposición a acercarse a la posición de los demás, en la virtud
deliberación y de la reflexión, un marco que ha de ayudarnos a coiúeS de la razonabilidad y en el sentido de equidad. Cuando esas virtudes
guir un acuerdo político en tomo de — por lo menos— las esencia!: gozan de una amplia difusión en la sociedad y dan sostén a su con­
constitucionales y las cuestiones básicas de justicia. Si parece qué cepción de la justicia, constituyen un bien público de primera magni­
contribuye a aclarar nuestro punto de vista y a dar coherencia a nue¿ tud, una parte del capital político de la sociedad.23 Así, los valores
tras convicciones reflexivas; si contribuye a reducir el hiato que !§ que entran en conflicto con la concepción política de la justicia y con
para a las convicciones de conciencia de quienes aceptan las idéás las virtudes en que ésta se apoya no son normalmente preponderantes,
básicas de un régimen constitucional, entones es que ha servido a sil
propósito político práctico.22 23. El término capital resulta adecuado en este contexto porque esas virtudes se
Esto que no deja de ser cierto aun en el caso de que no podamos construyen lentamente, con é l transcurrir del tiempo, y no sólo dependen de las insti­
tuciones políticas y sociales existentes (ellas mismas lentamente construidas), sino
explicar completamente nuestro acuerdo: sólo sabemos que los eludí también de la experiencia global de los ciudadanos y de su conocimiento del pasado.
danos que afirman la concepción política, y que han crecido eri!ei Ocurre también, como en el caso del capital, que esas virtudes se deprecian, por así
decirlo, y han de ser constantemente renovadas reafirmándolas en el presente y
22. Véase Teoría, pp. 4 4 s., 89 s., 303 y 364. actuando guiados por ellas.
n r
LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 191
190 T R E S ID EA S C A P ITA LE S

pues andan en conflicto con las condiciones mismas de posibipri gn la primera etapa, la constitución satisface ciertos principios
:;zádo.
de una cooperación social equitativa fundada en el mutuo respetjlft árales de la justicia política. Basados en un consenso constitucio-
4. La otra razón por la cual los valores políticos son prepomR 1 esos-ppncipios son aceptados simplemente como principios, y
rantes es que los conflictos graves con otros valores son muy.-eplt se fundan en determinadas ideas de la sociedad y de la persona de
sos. Pues ocurre que cuando una concepción política está apoyada^' °° concepción política, por no hablar de fundarlos en una concep-
un consenso entrecruzado, esa concepción no parece incompatíhi pública compartida. Así pues, el consenso no es profundo.
con valores religiosos, filosóficos o morales básicos. No nos vená C I En el consenso constitucional, una constitución que satisface
obligados a considerar las exigencias de la justicia política contra L- ’ertos principios básicos pone en vigor procedimientos electorales
exigencias de una u otra doctrina comprehensiva; ni estamos obll® c . m0cráticos con objeto de moderar la rivalidad política dentro de
dos a decir que los valores políticos son intrínsecamente más Ma sociedad. Esa rivalidad incluye no sólo la rivalidad entre clases e
tantes que los demás valores, motivo por el cual estos últimos ¿n ntereses, sino también la rivalidad entre quienes, por las razones que
anulados por aquéllos. Precisamente queremos evitar esa obliga^M •favorecen ciertos principios liberales en detrimento de otros.
y el logro de un consenso entrecruzado nos lo permite. ^ Aunque hay acuerdo en tomo de determinados derechos y libertades
Para concluir: dado el hecho del pluralismo razonable, dos s íf políticos básicos — en tomo del derecho de sufragio y de libertad de
las cosas que consigue el esfuerzo de conciliación de la razón públí; expresión y de asociación políticas, y en tomo de cualesquiera otros
- ¿grechos necesarios para los procedimientos electorales y legislati­
ca — eximiéndonos con ello de la observancia de doctrinas generales
y comprehensivas— : primero, identifica el papel fundamental de^ vos de la democracia— , hay un desacuerdo interno entre quienes
sempeñado por los valores políticos al expresar los términos de una sostienen que los principios liberales fijan del modo más exacto el
cooperación social equitativa consecuente con el respeto mutuo entre contenido y los límites de esos derechos y libertades, así como qué
ciudadanos libres e iguales; y segundo, consigue un ajuste concor­ ulteriores derechos y libertades habrán de contar como básicos y, por
dante suficientemente inclusivo entre los valores políticos y otros tanto, como acreedores de protección jurídica, si no constitucional.
valores en un consenso entrecruzado. Discutiremos a continuación- El consenso constitucional no es profundo, ni tampoco es amplio: es
este asunto. de coito alcance, no incluye la estructura básica, sino sólo los proce­
dimientos políticos de un gobierno democrático.
2. ¿Cómo puede producirse un consenso constitucional? Su­
pongamos que en un determinado momento, a causa de contingencias
§ 6. PASOS HACIA UN CONSENSO CONSTITUCIONAL
y acontecimientos históricos varios, acaban aceptándose determina-
1. La última dificultad que consideraré es la objeción de que eldos principios liberales de justicia como un mero modus vivendi e
consenso entrecruzado es utópico, es decir, que no hay fuerzas polí­ incorporándose a las instituciones políticas existentes. Esa aceptación
ticas, sociales o psicológicas suficientes para dar lugar a un consenso ha tenido lugar, vamos a suponer, de un modo muy parecido a como
entrecruzado (cuando éste no existe), o para hacerlo estable (si llega­ se produjo la aceptación del principio de tolerancia tras la Reforma,
ra a existir). Sólo puedo tocar aquí superficialmente esta cuestión, y como modus vivendi: primero con reluctancia, mas, con todo, con la
me limitaré a esbozar una vía que, en mi opinión, podría dar lugar a convicción de que era la única alternativa viable a la contienda civil
un consenso de este tipo y garantizar su estabilidad. indefinida y destructiva. Nuestra cuestión es, entonces, la siguiente:
E l esbozo procederá en dos etapas. La primera etapa acaba con
un consenso constitucional;24la segunda, con un consenso entrecru- . Peritz por un valioso intercambio epistolar y por varios comentarios instructivos sobre
este texto. Si no hubiera sido por ellos no habría revisado mi presentación original en
¡as partes VI-VII de «The Idea o f an Overlapping Consensus», Oxford Journal o f
24. Estoy eñ deudaeon los puntos- de-vista de K u rfB aier sobre ía idea-de un
Legal Studies, 1 (febrero de 1987).
consenso constitucional citados en la nota 15. También estoy en deuda con David
192 T R E S ID EA S C A PITA LES LA IDEA D E UN C O N SEN SO EN TRECRUZA DO 193

¿cómo es posible que, con el transcurso del tiempo, la inicial aqj§§¡!


cencía a una constitución que satisface esos principios liberales dé
paso a un consenso constitucional en el que son afirmados esos
cipios mismos?
Llegados a este punto, pueden resultar particularmente signjfi^ jar 0revisar esas doctrinas antes que rechazar aquellos principios.25
tivos tanto una cierta relajación de nuestros puntos de vista corijj|¡|í :: 3, En este punto salta la. pregunta: ¿en virtud de qué valores
hensivos, cuanto el hecho de que éstos no sean completamente Eolíticos podrían los principios liberales de justicia atraerse adhe-
prehensivos. Regresemos a nuestro caso modelo (§ 3.2) y ve®|jt |j¿n? Una adhesión a las instituciones y a los principios que las regu-
por qué. Este ejemplo puede resultar atípico entre otras cosas pdripf janpuede, evidentemente, estar basada en parte en intereses egoístas
dos de las tres doctrinas descritas son plenamente generales y:¿ $ p o de grupo, en la costumbre y en las actitudes tradicionales, o sim­
prehensivas: una doctrina religiosa de la libertad confesional |||| plemente en el deseo de acomodarse a lo que se espera de uno y se
liberalismo comprehensivo de Kant y Mili. Dijimos que en'/;taj|f| face normalmente. Las instituciones que garantizan para todos los
casos la aceptación de la concepción política derivaba y sólo deplfp ciudadanos los valores políticos incluidos en lo que Hart llama «el
día de la doctrina comprehensiva. Pero, en la práctica, ¿hasta qué cbnienido mínimo del derecho natural» pueden estimular también
punto la adhesión a un principio de justicia política depende féj[Í ¡¿a adhesión generalizada. Pero aquí estamos interesados en las
mente del conocimiento de que se deriva de una doctrina comjijjf ¿ases de adhesión ulteriores generadas por los principios liberales de
hensiva o de la creencia en ello, y no de que parezca en sí mis®'; justicia.26
razonable o de que se entienda como parte de una doctrina pluralis^ Cuando los principios liberales regulan efectivamente las institu­
que es el tercer punto de vista en nuestro caso modelo? ciones políticas básicas, consiguen satisfacer tres exigencias de un
Hay varias posibilidades. Distinguiremos tres casos: en el prime­ consenso constitucional estable. En primer lugar, dado el hecho del
ro, los principios políticos se derivan de una doctrina comprehensivj; pluralismo razonable — el hecho que empezó llevando a gobiernos
en el segundo, no se derivan pero son compatibles con esa doctriifil constitucionales como un modus vivendi— , los principios liberales
y en el tercero, son incompatibles con ella. En la vida cotidiana*;:^; satisfacen la imperiosa exigencia política de fijar de una vez por todas
acostumbramos a decidir cuál es el caso, ni siquiera a prestarle muej§ el contenido de determinados derechos y libertades básicos y de con­
atención. Tomar una decisión plantea cuestiones muy complicadas|ff ferirles una primacía especial. Al proceder así se retira de la agen­
no está claro que necesitemos decidir. La mayoría de las doctriMi dapolítica la necesidad de esas garantías y devienen inaccesibles al
religiosas, filosóficas o morales no son concebidas por sus partidanqf cálculo de los intereses sociales, estableciéndose de este modo clara
como doctrinas plenamente generales y comprehensivas, y esos:¿si y firmemente las reglas de la contienda política. Considerar que ese
pectos admiten gradaciones. Hay montones de vías, por así decir®
por las que los principios liberales de justicia pueden llegar a cuadrir 25. Obsérvese que distinguimos aquí entre la inicial adhesión o el inicial apre­
laxamente con esas doctrinas (parcialmente) comprehensivas, y miií cio por ella, la concepción política y el ulterior ajuste y revisión de las doctrinas com­
chas vías, dentro de los límites de los principios liberales de justicia^ prehensivas a los que conducen la adhesión y el aprecio cuando se observan inconsis­
tencias. Podemos suponer que esos ajustes o revisiones ocurren lentamente con el
que permiten perseguir diferentes doctrinas (parcialmente) compre?:
transcurso del tiempo, a medida que la concepción política modela los puntos de vista
hensivas. comprehensivos hasta hacerlos coherentes con ella. Estoy en deuda con Samuel
Este hecho sugiere que muchos ciudadanos — si no la mayoría de Scheffier, que me sugirió la idea principal que anda por detrás de este enfoque.
ellos— llegan a afirmar los principios de justicia incorporados a su 26. Véase The Concept o f Law, Clarendon Press, Oxford, 1961, pp. 189-195,
constitución y a su práctica política sin ver conexión particular algú? para lo que Hart llama «el contenido mínimo del derecho natural». Doy por supuesto
aquí que una concepción liberal (lo mismo que otras concepciones corrientes) incluye
na entre esos principios y sus propias doctrinas. A los ciudadanos les ese contenido mínimo; por eso me centro en el texto en las bases de adhesión que una
resulta perfectamente posible empezar apreciando la bondad de esos tal concepción genera en virtud del específico contenido de sus principios.
194 TRES IDEAS CAPITALES
LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRUZA DO 195

cálculo es relevante en esos asuntos deja sin determinar el est&tUs


contenido de aquellos derechos y libertades; los somete .al albur deP Ktaff*ente especulativa y la enorme complejidad de esos cálculos
ropiciarán ineluctablemente que los ciudadanos con puntos de vista
movedizas circunstancias temporales y espaciales y, al'increiaSpí
^intereses cóntrapuestos se vuelvan tremendamente suspicaces con
decisivamente el valor de lo que está en juego en la controversia^^
los argumentos de los demás. (Considérese lo que implica la apli-
tica, aumenta peligrosamente la inseguridad y la hostilidad de l¿3 l
^ción del principio de utilidad a procedimientos constitucionales y a
pública. La negativa a retirar de la agenda esos asuntos perpetó^p
aSuntos generales de política-social, por no hablar- de la estructura
profundas divisiones latentes en la sociedad; induce una disposiciáfc
%ásica*> La información que presuponen resulta difícil, si no imposi-
revivir esos antagonismos con la esperanza de obtener una posíjÉI
^ble, de obtener, y a menudo se presentan problemas insuperables a la
más favorable en caso de que las circunstancias venideras se mosímJ
ran propicias. ^ora de conseguir un asesoramiento objetivo y consensuado. Aun si
>creejnos que nuestros argumentos son sinceros y que no están egoís-
4. La segunda exigencia de un consenso constitucional estlfjp
.^aixiente sesgados, debemos considerar lo que es razonable esperar
tiene que ver con el tipo de razón pública que requiere la aplic^§¡|
qUepuedan pensar quienes tienen las de perder si nuestro argumento
de los principios liberales de justicia. Dados el contenido de esós
prevalece.28
principios, su exclusiva referencia a hechos institucionales acerca de
5. Que la tercera exigencia de un consenso constitucional esta­
procedimientos políticos y de los derechos y libertades básicos
fe sea satisfecha por los principios liberales depende de la satisfac­
van con ellos, así como a la disponibilidad de oportunidades £ 0 ;
ción de las dos anteriores. Las instituciones políticas básicas que
medios de uso universal, los principios liberales pueden aplica||í;
incorporan esos principios y la forma de razón pública que se revela
siguiendo las líneas orientativas usuales de averiguación púbHefp
ensu aplicación — cuando funciona efectiva y exitosamente durante
las usuales reglas de evaluación de la evidencia.27Además, a la visia
un período sostenido de tiempo (como estoy suponiendo aquí)—
del hecho del pluralismo razonable, esas líneas orientativas y esl
tienden a estimular las virtudes cooperativas de la vida política: la
reglas deben determinarse en relación con las formas de razonamiéj
virtud de la razonabilidad y un sentido de equidad, un espíritu de
to y argumentación accesibles a la ciudadanía en general, es decid en
compromiso y una disposición a acercar posiciones con los demás,
términos de sentido común y con los procedimientos y resultados de-
virtudes todas que están vinculadas con la disposición a cooperar
la ciencia, cuando no resulten controvertidos. Esto contribuye a aÍe|
con los demás en términos políticos que todos y cada uno puedan
gurar que el razonamiento público se presente públicamente — coij|;
aceptar públicamente.
debe ser— como correcto y fiable en sus propios términos. :
La explicación de todo eso radica en la aplicación de la psicolo­
De aquí que la aplicación de los principios liberales posea iin¿
gía moral esbozada en II, § 7. Recuérdese que dijimos que a) además
cierta simplicidad. A modo de ilustración: aun si se adoptaran printív
de una capacidad para una concepción del bien, los ciudadanos
pios teleológicos generales y comprehensivos como principios po­
poseen una capacidad para aceptar principios políticos razonables de
líticos de justicia, la forma de razonamiento determinada por esóf.
justicia y un deseo de actuar de acuerdo con esos principios; b) cuan­
principios tendería a ser políticamente inviable. Pues, si los laborio­
do los ciudadanos creen que las instituciones y los procedimientos
sos cálculos teóricos requeridos para aplicar sus principios se admi­
políticos son justos (en el sentido determinado por los principios),
ten públicamente en cuestiones de justicia política, la naturaieza
están prontos a prestar su contribución si están seguros de que los

27. Esas líneas orientativas se discutirán en VI, § 4 y entran en la idea délos


bienes primarios considerada en V, §§ 3-4. Sin embargo, hay que observar que, pues­ 28. Podría decirse lo siguiente: los argumentos y la evidencia en que se apoyan
los juicios políticos no sólo deberían ser válidos, sino, en la medida de lo posible, sus­
to que nos ocupamos aquí del consenso constitucional, y no del consenso entrecruza­
ceptibles de ser públicamente mostrados como válidos. L a máxima de que no sólo hay
do, los valores dé-la concepción política son más restringidos. Debo esta observación-
a David Peritz. que hacer justicia, sino también mostrar que se hace, vale no sólo para el derecho,
sino también para la razón pública.
196 T R E S ID EA S C A PITA LES LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 197

demás harán lo propio; c) si otras personas prestan su contribució •emplifica la justicia como equidad. Su amplitud va más allá de los
de manera manifiestamente intencionada, la gente tiende a gener e^nCipj°s políticos que instituyen procedimientos democráticos e
confianza en ellas, y d) esa confianza se hace más robusta a medijf Ocluye principios que abarcan al conjunto de la estructura básica; de
que el éxito de las instituciones y los procedimientos políticos sé v¿ nuí que sus principios establezcan ciertos derechos substantivos
manteniendo; y e) la confianza aumenta también a medida que }as ¿es como la libertad de conciencia y la libertad de pensamiento, así
instituciones básicas diseñadas para garantizar nuestros intereses c0in0 la igualdad equitativa- de oportunidades y principios destina­
fundamentales son reconocidas de un modo más firme y voluntá¡g§É o s a cubrir ciertas necesidades esenciales.
Subrayo el significado del papel desempeñado por la razón públicaff Finalmente, por lo que hace al grado de especificidad de un con­
esta explicación. Pues merced al uso que hacen de esa razón y al c® senso entrecruzado, para simplificar he partido hasta ahora del supues­
dado que ponen en seguirla pueden comprender los ciudadanos qüe to de que su foco es una determinada concepción política de la justi­
sus instituciones políticas y sus procedimientos democráticos goz2| cia, tomando como ejemplo tipo la justicia como equidad. Hay, sin
de reconocimiento voluntario. Y es mucho lo que depende de esé r$i embargo, otra posibilidad que es más realista y más verosímilmente
conocimiento, de esa intención manifiesta. _ f|| realizable. En este caso, el foco de un consenso entrecruzado es una
Para concluir: en la primera etapa del consenso constitución^ clase de concepciones liberales variables dentro de un espectro más o
los principios liberales de justicia, aceptados inicialmente de maneif menos reducido. Cuanto más restringido el espectro, más específico
reluctante como un modus vivendi y elevados a rango constitucional el consenso. En una sociedad política en la que se diera un consenso
tienden a modificar las doctrinas comprehensivas de los ciudadano! de este tipo, varias concepciones de la justicia serían rivales políticos
de manera que éstos acaben aceptando al menos los principios de y, sin duda, gozarían del favor de diferentes intereses y estratos políti­
una constitución liberal. Esos principios garantizan ciertos derechos cos. Cuando el consenso entrecruzado venga caracterizado de este
y libertades políticos básicos y establecen procedimientos democrá­ modo, el papel desempeñado por la justicia como equidad ocupará un
ticos aptos para moderar la rivalidad política y para determinar asun­ lugar especial dentro de las concepciones que definen el foco del con­
tos de política social. En esa medida, las doctrinas comprehensiva senso. Ese lugar especial se definirá más adelante (§ 7.4).
de los ciudadanos son razonables si no lo eran antes: el pluralisntó 2. ¿Cuáles son las fuerzas que empujan a un consenso constitu­
simple empuja hacia el pluralismo razonable, y se acaba logrando# cional hacia un consenso entrecruzado, aun suponiendo que nunca
consenso constitucional. acabe de conseguirse un pleno consenso entrecruzado más que por
aproximación? Mencionaré algunas de esas fuerzas según su relación
con la profundidad, la amplitud y el grado de especificidad, o de res­
§ 7. Pasos hacia un consenso entrecruzado tricción, de la clase de concepciones definitorias del foco.
En lo tocante a profundidad, una vez se ha dado el consenso
1. Nuestra próxima tarea consiste en describir los pasos que constitucional, los grupos políticos tienen que entrar en el foro públi­
median entre un consenso constitucional en tomo de determinados co de la discusión política y apelar a otros grupos que no comparten
principios de derechos y libertades políticos básicos y en tomo de los su doctrina comprehensiva. Ese hecho hace que sea racional para
procedimientos democráticos, de un lado, y un consenso entrecruzad ellos salir del restringido círculo de sus propios puntos de vista y
do tal como se definió antes (§ 3), de otro. Recuérdese que distingui­ desarrollar concepciones políticas en cuyos términos poder explicar
mos entre la profundidad y la amplitud de un consenso entrecruzado, y justificar las políticas elegidas por ellos a un público más amplio y
y el grado de especificidad de su contenido. La profundidad de un con el propósito de acabar reuniendo a una mayoría. Al proceder así,
consenso entrecruzado requiere que sus principios e ideales políticos se ven conducidos a formular concepciones políticas de la justicia
se funden en una concepción política de la justicia que haga uso de (según se definieron en I, § 2). Esas concepciones proporcionan la
ideas fundamentales de la sociedad y de la persona como las que moneda corriente con que discutir y una base más profunda para ex­
198 T R E S ID E A S C A PITA LES LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 199

plicar el significado y las implicaciones de los principios y las polftj ¿e todos los ciudadanos pueden ser satisfechas para que puedan par-
cas que cada grupo respalda. ticipar en vida P ° ^ ca y social.29
Aun si sólo ocasionalmente, una vez más aparecen inevitable, Respecto de este último punto, la idea no es satisfacer necesida-
mente aquí problemas constitucionales nuevos y fundamentales ¿gg.__en vez de meros deseos y preferencias— ; tampoco se trata de
Considérense, por ejemplo, las enmiendas del período de reconstruí redistribución en sentido igualitario. El elemento constitucional
ción que siguió a la crisis de la guerra civil norteamericana. El debate esencial aquí es más bien que, por debajo de un determinado nivel de
sobre esas y otras enmiendas obligó a los grupos enfrentados a rh»»., bienestar material y social, y de adiestramiento y educación, la gente
rar concepciones políticas que contenían ideas fundamentales, a lá l i j í ! ni siquiera puede participar en la sociedad en calidad de ciudadanos,
de las cuales podría ser cambiada la constitución tal como se , y mucho menos en calidad de ciudadanos iguales. Lo que determina
entendido hasta ese momento. Un consenso constitucional al nivel de el nivel de bienestar y de educación que permite eso no es una cues­
principios concebidos independientemente de cualquier concepctgfH I tión que deba dirimir una concepción política. Hay que observar a la
subyacente de la sociedad y del ciudadano — reservándose caí I sociedad en cuestión. Pero eso no significa que el elemento constitu­
po sus propias razones— es un consenso literalmente entendido. cional esencial no esté meridianamente claro: es lo que se requiere
Carece de los recursos conceptuales que guían el modo en que u®£ I para dar el peso debido a la idea de sociedad como un sistema equi­
constitución debería ser enmendada e interpretada. tativo de cooperación entre ciudadanos libres e iguales, y para no
Una última razón relacionada con la profundidad. En un sistema considerar todo ello, en la práctica si no en el discurso, como mera
constitucional con revisión judicial, o con revisión llevada a ca|p>- £ retórica.
por algún otro cuerpo, los jueces, o los funcionarios en cuestión^; H El punto capital en lo atinente a la amplitud es, pues, que los
necesitarán desarrollar una concepción política de la justicia a la luz derechos y las libertades y los procedimientos incluidos en un con­
de la cual poder interpretar la constitución y decidir casos importan^ senso constitucional no cubren sino una parte limitada de las cuestio­
tes. Sólo de este modo pueden declararse constitucionales o inconsti­ nes políticas fundamentales que han de ser debatidas. Hay fuerzas
tucionales las leyes emanadas de la función legislativa; y sólo de estÉK £ que tienden a enmendar la constitución de manera que cubra elemen­
modo tienen una base razonable para poder interpretar los valores;j;; tos constitucionales esenciales ulteriores, o que tienden a aprobar la
criterios que ostensiblemente incorpora la constitución. Manifiéstal a legislación necesaria para conseguir el mismo efecto. En cualquier
mente, esas concepciones habrán de desempeñar un importante papel/ : : £ caso, los grupos tienden a desarrollar concepciones políticas amplias,
en la vida política de los debates constitucionales. que cubran el conjunto de la estructura básica, con objeto de explicar
3. Vayamos ahora a consideraciones relativas a la amplitud. La su punto de vista de un modo políticamente consistente y coherente.
principal es que un consenso constitucional puramente político y 4. Por último: ¿cuán específico es el consenso, o cuán amplio
procedimental se revelará demasiado restringido. Pues, a menos que es el espectro de concepciones liberales que lo definen? Aquí hay
un pueblo democrático goce de la unidad y la cohesión suficientes, que hacer dos consideraciones. La primera tiene que ver con el
no sacará adelante la legislación necesaria para cubrir tanto los ele­ espectro de concepciones que pueden ser elaboradas partiendo de
mentos constitucionales esenciales restantes como las cuestiones las ideas fundamentales de la sociedad y de la persona que- se hallan
básicas de justicia, y no tardará en aparecer el conflicto sobre esos en la cultura pública de un régimen constitucional. La justicia como
asuntos. Tiene que haber una legislación fundamental que garantice equidad trabaja a partir de las ideas fundamentales de la sociedad
la libertad de conciencia y la libertad de pensamiento de un modo como un sistema equitativo de cooperación social junto con una con-
general, no meramente la libertad de expresión y de pensamiento
políticos. Del mismo modo, tiene que haber una legislación que 29. Véase al respecto Frank Michelman, «Welfare Rigths in a Constitutional
garantícela libertad, de asociación^ de movimiento; y además de Democracy», Washington University Law Quarterly (verano de 1979), especialmente
eso, se necesitan medidas que aseguren que las necesidades básicas pp. 680-685.
200 T R E S ID EA S C A PITA LES LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 201

cepción de la persona como libre e igual. Esas ideas se considérate? En esta sección y en la previa he esbozado el modo en que una
centrales para el ideal democrático. ¿Hay otras ideas igualmente cen­ aquiescencia inicial a una concepción liberal de la justicia como mero
trales? Y si las hay, ¿darían lugar a principios e ideales marcadameé ¡: rnodus vivendi podría evolucionar paulatinamente hasta desembocar
te diferentes de los de la justicia como equidad? Podemos conjetural^ con el transcurso del tiempo en un consenso constitucional, primero,
que, ceteris paribus, una concepción política elaborada a partir y Juego en un consenso entrecruzado. He dado por supuesto que, en
tales ideas centrales sería ciertamente típica de la clase focal de-u¿!! ese proceso, las doctrinas comprehensivas de la mayoría de la gente
consenso entrecruzado, si es que alguna vez llegara a alcanzarse ese no son plenamente comprehensivas, lo que da margen al desarrollo
consenso. de una adhesión independiente a la concepción política que ha contri­
La segunda consideración es que puede suponerse que diferentes! buido a generar el consenso. Esa adhesión independiente lleva, a su
intereses sociales y económicos apoyan a diferentes concepciones 1 vez, a la gente a actuar, de un modo manifiestamente intencional, de
liberales. Las diferencias entre concepciones expresan, en parte, un acuerdo con las disposiciones constitucionales, puesto que cuentan
conflicto entre esos intereses. Definamos los intereses relevantes con una garantía razonable (basada en la experiencia pasada) de que
para cada concepción como aquellos intereses que una concepción los demás harán lo propio. Gradualmente, a medida que se va mante­
estimularía, gozando a un tiempo de su apoyo, en una estructuré niendo el éxito de la cooperación política, los ciudadanos ganan en
básica estable regulada por ella. La amplitud del espectro de concebí confianza mutua. Eso es todo lo que necesitamos decir en respuesta a
ciones liberales estará determinada por el grado de oposición entré! la objeción de que la idea de un consenso entrecruzado es utópica.
esos intereses.
No hay tiempo ahora de examinar estos asuntos harto especulad!!;
vos. Me limito a hacer la conjetura de que, cuanto más reducidas las § 8. L a c o n c e p c ió n p o l ít ic a y l a s d o c t r in a s c o m p r e h e n s iv a s :
diferencias entre las concepciones liberales (cuando están correcta! ¿CÓMO SE RELACIONAN?
mente basadas en ideas políticas fundamentales para una cultura
pública democrática), y cuanto más compatibles los intereses subya­ 1. Hemos visto la diferencia entre un consenso entrecruzado y
centes que les dan su apoyo en una estructura básica estable regulada un modus vivendi y observado que, en el primero, la concepción polí­
por ellas, tanto más restringido el espectro de concepciones liberales tica se afirma como concepción moral y los ciudadanos están dis­
definitorias del foco del consenso. Para que la justicia como equidad! puestos a actuar de acuerdo con ella fundándose en razones morales.
pueda convertirse en el centro de la clase focal, parecería que deben;!; También hemos enunciado las dos razones que suscribe la tesis del
cumplirse las siguientes dos condiciones: liberalismo político: primero, que los valores de lo político son valo­
res de primera magnitud y no fácilmente anulables; y segundo, que
a) que esté correctamente basada en más ideas centrales funda! hay varias doctrinas comprehensivas razonables que entienden que el
mentales; y reino de los valores, más amplio, es congruente con los valores políti­
b) que sea estable para los intereses que la apoyan y a los quéP cos, o los avala, o no está en conflicto con ellos, según la definición
estimula. que de ellos proporciona una concepción política de la justicia para
un régimen democrático. Esas dos razones garantizan la base de la
Así, si las concepciones liberales correctamente formuladas; a;; razón pública, pues implican que las cuestiones políticas fundamenta­
partir de ideas fundamentales para una cultura pública democraticé; les pueden ser dirimidas apelando a los valores políticos expresados
están apoyadas por intereses políticos y económicos conflictivos qué! por la concepción política respaldada por el consenso entrecruzado.
ellas mismas estimulan profundamente, y si no hay modo de diseñar, En esas circunstancias, la base del respeto ciudadano de los lími­
un régimen constitucional capaz de superar esa situación, parece que tes de la razón pública es un balance de razones establecido en el
no puede lograrse un consenso plenamente entrecruzado. seno de la doctrina comprehensiva de cada ciudadano, no un com­
202 T R E S ID E A S C A PITA LES LA ID EA D E UN CON SEN SO EN TRECRUZA DO 203

promiso impuesto por las circunstancias. Podría parecer que CUíl| 'ntima, a lo que el principio de utilidad exigiría después de conside-
quier idea realista de una sociedad bien ordenada implica un coin : todas las circunstancias.
promiso de este tipo. En realidad, el término «consenso entrecruálP ElTeicer Punto de vista consistía en una noción pluralista del rei-
do» parece sugerirlo. Así pues, tenemos que probar que no es éste el n0 de los valores, una noción que incluía la concepción política
caso. Para entender que no es necesario ningún compromiso bastl|¡S como la parte que abarcaba Ios-Calores políticos. Lo característico de
con ilustrar las diferentes maneras en que una concepción polítífjt este punto de vista es que los diferentes ámbitos axiológicos — uno
puede relacionarse con las doctrinas comprehensivas regresándote de los cuales es el político— son en buena medida unificados (en la
nuestro caso modelo de un consenso entrecruzado parecido al ;^||| pedida en que lo sean) por ideas y conceptos extraídos de su propio
hemos introducido en § 3.2, salvo por el hecho de que sustituiremos 'ámbito. Cada ámbito axiológico dispone, pues, de su propia noción
el punto de vista de Mili por el utilitarismo de Bentham y Sidgwi®! independiente. En este punto de vista comprehensivo pluralista se
Ese consenso consiste, entonces, en cuatro puntos de vista. Deja® acaba afirmando la concepción política mediante un balance de jui­
por el momento de lado la doctrina religiosa con su idea de la libllB cios que desemboca en un apoyo a los magnos valores de lo político
tad confesional y consideraré las otras tres. - frente a cualesquiera otros valores que puedan entrar normalmente
2. Después del punto de vista religioso, el siguiente era la í i f l en conflicto con ellos en un régimen democrático bien ordenado.
losofía moral de Kant con su ideal de autonomía. De este pur§¡§Í Hay muchos otros puntos de vista comprehensivos posibles, pero
de vista, o de uno lo bastante similar, pueden derivarse — digámosla los tres mencionados bastarán para ilustrar algunas de las posibles
así— la concepción política y sus principios de justicia con oportuiíif relaciones entre los puntos de vista comprehensivos y una concep­
prioridad. Análogamente, también son derivabies las razones que nos ción política. A los cuales pueden añadirse las doctrinas religiosas
llevan a considerar la estructura social básica como el objeto primor­ partidarias de la libertad confesional. Supondré aquí — quizá pecan­
dial de la justicia. Aquí la relación es deductiva, aunque difícilmente do de optimismo— que, salvo en ciertos tipos de fundamentalismo,
podrá presentarse el argumento con mucho rigor. El caso es que quién- las principales religiones históricas admiten una noción de este estilo
afirma la doctrina de Kant, o una parecida, considera este punto del y pueden, por lo tanto, ser catalogadas como doctrinas comprehensi­
vista como la base deductiva de la concepción política, y en ese senjp vas razonables.
do, sin solución de continuidad con ella. 3. Vayamos ahora al punto principal: en el consenso entrecru­
El siguiente punto de vista es el utilitarismo de Bentham y Sidg- zado que consiste en los puntos de vista ,que acabamos de describir,
wick, la doctrina estrictamente clásica. Aunque podría resultar más- la aceptación de la concepción política no es un compromiso entre
plausible una versión revisada como el utilitarismo del promedio, quienes sostienen puntos de vista diferentes, sino que descansa en el
ignoraré eso aquí. Supongamos que, en este caso, la relación entre el conjunto de razones determinadas por la doctrina comprehensiva
punto de vista comprehensivo y la concepción política es una rela­ afirmada por cada ciudadano.
ción de aproximación. Este utilitarismo da su apoyo a la concepción Verdad es que cada punto de vista comprehensivo está relaciona­
política por razones tales como nuestro limitado conocimiento de las do a su propio modo con la concepción política. Aunque todos la res­
instituciones sociales en general y nuestro conocimiento de las cir­ paldan, el primero lo hace porque la considera deductivamente deri-
cunstancias en curso. Hay que subrayar además los límites para vable de su propia doctrina y por lo tanto, sin solución de continuidad
la complejidad de las reglas jurídicas e institucionales, así como la con ella; el segundo como una aproximación satisfactoria y posible­
necesidad de simplicidad en las líneas orientativas de la razón públi­ mente la más viable dadas las condiciones sociales normales; y el
ca (§ 6.4). Esas y otras razones pueden inducir al utilitarismo a pen­ último, por ser el resultado, consideradas todas las circunstancias, de
sar que una concepción política dé la justicia de contenido .-liberal juicios reflexivos que hacen un balance de los valores en conflicto.
constituye una aproximación viable y satisfactoria, quizá incluso Ninguno acepta la concepción política empujado por el compromiso
204 T R E S ID E A S C A PITA LES LA ID EA D E UN CO N SEN SO EN TRECRU ZA D O 205

político. Evidentemente, la aceptación depende de determinadas cor ’ onsenso entrecruzado en una sociecjad con tradición democrática
diciones. El utilitarismo se refiere a las restricciones informativas y a caracterizada por el hecho del pluralismo razonable. Al acometer esas
los límites superiores para la complejidad de las reglas jurídicas- e}- ■¿afeas la filosofía política asume el papel que le asignó Kant a la filo­
liberalismo político considera hechos generales tales como los hechds sofía en general: la defensa de la fe razonable (III, § 2.2). Y en núes-
del pluralismo razonable; incluso en la doctrina de Kant, segú¿l|¿ jfo caso, como ya apunté, se trata^de la defensa de la fe razonable en
aplica a los seres humanos, el contenido de los imperativos categóri­ ja posibilidad de un régimen constitucional justo.
cos particulares se ajusta a las leyes de la naturaleza, como mostraría
cualquier formulación adecuada del procedimiento de aplicación del
imperativo categórico.
Mas el que una doctrina ajuste sus exigencias a condiciones de
este tipo no significa que haya un compromiso político, ni que se ceda
a la fuerza bruta o a la sinrazón del mundo. Significa simplemente que
se ajusta a las condiciones generales de cualquier mundo social huma­
no y normal, lo que es obligación de todo punto de vista político.
4. Para concluir: en esta conferencia he discutido cuatro ob­
jeciones al liberalismo político y a su noción de unidad social. Dos
de esas objeciones son particularmente importantes: una es el cargo de­
escepticismo e indiferencia; la otra es la imputación de que el liberé
lismo político no puede atraerse un apoyo suficiente para garantizar !
la adhesión a sus principios de justicia. L a respuesta a ambas obje­
ciones consiste en hallar una concepción liberal razonable que pueda
ser apoyada por un consenso entrecruzado de doctrinas razonables.
Pues ese consenso consigue la adhesión por la vía de un ajuste con­
cordante entre la concepción política y los puntos de vista compre­
hensivos junto con el reconocimiento público de los magnos valores
de las virtudes políticas. Para tener éxito a la hora de descubrir un
consenso de ese tipo, la filosofía política debe estar, en la medida de
lo posible, adecuadamente independizada de otras partes de la filó¿
sofía, señaladamente de las controversias y los problemas filosóficos
inveterados. Eso da pie a la objeción de que el liberalismo político es
escéptico respecto de la verdad religiosa, filosófica o moral, o indife­
rente a sus valores. Pero esa objeción se revela errónea en cuanto
vinculamos el papel desempeñado por una concepción política con
el hecho del pluralismo razonable y con ló que resulta esencial para
dotar de una base compartida a la razón pública.
Esos asuntos tienen que ver con la cuestión, más amplia, de la
posibilidad del liberalismo político. Un paso en la vía de mostrar el
modo en que el mismo es posible es mostrar la posibilidad de un
LA PRIM A CÍA D E LO JU ST O 207

sien apoyo a estilos de vida plenamente dignos de la adhesión de


ií i ciudadanos. Una concepción política de la justicia debe hacer
dos
gspacio suficiente, por así decirlo, para esos estilos de vida. Así, aun-
v g la justicia traza el límite y el bien muestra el propósito, la justi­
cia no puede trazar ese límite demasiado estrictamente. ¿Cómo va a
f- r entonces posible definir, dentro de los confines del liberalismo
apolítico* esos estilos de vida dignos, o determinar cuánto espacio es
Oficíente? L a justicia como equidad no puede por sí misma invocar
C o n f e r e n c ia V ígj punto de vista de alguna doctrina más amplia para decir que tra-
da el límite en el lugar adecuado, de modo que las doctrinas compre­
L A P R IM A C ÍA D E L O JUSTO Y L A S ID EAS hensivas permitidas son dignas de adhesión. Volveré sobre estas
SO BR E E L BIEN cuestiones después de examinar las cinco ideas del bien de que hace
uso la justicia como equidad y el modo en que ese uso concuerda
con la primacía de lo justo (§ 8).1
La idea de la primacía de lo justo es un elemento esencial de jfl
que he llamado «liberalismo político» y desempeña un papel central
en la versión de la justicia como equidad. Esa primacía puede dar CÓM O UNA CONCEPCIÓN POLÍTICA LIMITA LAS CONCEPCIONES
lugar a malentendidos: podría pensarse, por ejemplo, que implica :§L
DEL BIEN
que una concepción política liberal de la justicia no puede servirse
de ninguna idea del bien, salvo, quizá, las puramente instrumentales, 1. Empezaré recordando brevemente la distinción (I, § 2) bá­
o las que se reducen a las preferencias o a las elecciones individua­ sica para mi discusión, la distinción entre una concepción política de
les. Lo cual necesariamente es falso, pues lo justo y lo bueno son lajusticia y una doctrina comprehensiva religiosa, moral o filosófi­
complementarios: ninguna concepción de la justicia puede basarse ca. Ya dije que los rasgos distintivos de una concepción política de la
enteramente en uno o en el otro, sino que ha de combinar a ambos de justicia son, primero, que es una concepción moral pensada para un
una determinada manera. La primacía de lo justo no niega eso. Ira- objeto específico, a saber, la estructura básica de un régimen demo­
taré de despejar esos y otros malentendidos examinando cinco ideas' crático constitucional; segundo, que aceptar la concepción política
sobre el bien de que se sirve la justicia como equidad. no presupone aceptar ninguna particular doctrina comprehensiva
Y aquí se nos presentan varias cuestiones. ¿Cómo consigue la religiosa, filosófica o moral; antes bien, la concepción política se
justicia como equidad hacer uso siquiera de ideas sobre el bien sin presenta como una concepción razonable sólo para la estructura
comprometerse con la verdad de tal o cual doctrina comprehensiva básica; y tercero, que se formula no en términos dé doctrina compre­
de una manera incompatible con el liberalismo político? Una cues-_ hensiva alguna, sino en términos de ciertas ideas intuitivas funda­
tión adicional puede presentarse como sigue. En la justicia como- mentales que se consideran latentes en la cultura política pública de
equidad la primacía de lo justo significa que los principios de justicia una sociedad democrática.
política imponen limitaciones a los estilos de vida permisibles; y por Así, según dijimos en I, § 2.2, la diferencia entre las concepcio­
consecuencia, las exigencias de los ciudadanos que pretenden seguir nes políticas de la justicia y otras concepciones morales es una cues­
estilos de vida transgresores de esos límites carecen de peso. Sin tión de alcance, esto es, del abanico de objetos a los que se aplica una
duda, empero, las instituciones justas y las virtudes políticas espera­
das por los ciudadanos no serán-las instituciones y las . virtudes’ de - 1. Estoy en deuda con Erin Kelly por una discusión que me ayudó a formular
una sociedad justa y buena a menos que no sólo permitan, sino que estas cuestiones y a entender la aparente dificultad que le plantean al liberalismo.
208 TRES IDEAS CAPITALES

concepción, de modo que cuanto más amplio sea el contenido, m'


amplio será el abanico. Se dice que una concepción es general ci^P
W
do se aplica a un abanico amplio de objetos (y, en el límite, a to|g§Í
6
LA PRIMACÍA DE LO JUSTO

las ideas admisibles del bien deben respetar los límites de la con­
cepción política de la justicia, y desempeñar un papel dentro de ella/
209

los objetos); es comprehensiva cuando incluye concepciones a¿!f|j§


del valor de la vida humana, ideales de virtud y carácter person^ÉS ;|2- BONDAD COMO RACIONALIDAD
y cosas similares, que deben conformar gran parte de nuestra con’
ducta no política (y, en el límite, nuestra vida toda). Las concepej§| 1. Para descifrar el significado de la primacía de lo justo for­
nes religiosas y filosóficas tienden a ser generales y plenamente com-: m ulada de esta manera general, paso a considerar cómo cinco ideas
prehensivas; en realidad, a veces se considera el hecho de serlo ce$¡p sobre el bien que se hallan en la justicia como equidad satisfacen
un ideal a realizar. Una doctrina es plenamente comprehensiva cÜaffii esas condiciones. En el orden que se discutirán, esas cinco ideas son:
do cubre todos los valores y virtudes reconocidos dentro de un mó^Ií a) la idea de la bondad como racionalidad; b ) la idea de los bienes
lo de pensamiento articulado con bastante precisión, mientras que una primarios; c) la idea de las concepciones comprehensivas permisi­
doctrina es sólo parcialmente comprehensiva cuando abarca ciertos bles del bien (las ideas vinculadas a doctrinas comprehensivas); d) la
(aunque no todos los) valores y virtudes no políticos, y está articula­ idea de las virtudes políticas; y é) la idea del bien en una sociedad
da con bastante laxitud. Obsérvese que, para que una concepción (políticamente) bien ordenada.
siquiera parcialmente comprehensiva, debe por definición extender­ La primera idea — la de bondad como racionalidad— 3se da por
se más allá de los valores y virtudes políticos e incluir valores y vir­ supuesta, en alguna de sus variantes, en cualquier concepción políti­
tudes no políticos. ca de la justicia. Esa idea supone que los miembros de una sociedad
2. El liberalismo político presenta, pues, una concepción políti­ democrática tienen, al menos de forma intuitiva, un plan racional de
ca de la justicia para las principales instituciones de la vida política y vida, a la luz del cual hacen inventario de sus proyectos más impor-
social, no para el conjunto de la vida. Por supuesto, debe poseer ef
tipo de contenido que asociamos históricamente al liberalismo: ,pbf
2. El significado particular de la primacía de lo justo es que las concepciones
ejemplo, debe afirmar ciertos derechos y libertades básicos, asignar!: comprehensivas del bien sólo resultan admisibles, o sólo pueden ser puestas en prácti-
les una cierta primacía, etc. Ahora bien, como ya he dicho, lo justóp . ca dentro de la sociedad, si la adhesión a ellas resulta conforme con la concepción
lo bueno son complementarios: una concepción política debe valéilif política de la justicia (si no viola sus principios de justicia), según se discutirá en § 6.
de varias ideas del bien. L a cuestión es: ¿con qué restricciones puede 3. Esta idea se discute de un modo más completo en Teoría, cap. 7. No quiero
hacer eso el liberalismo político? entrar aquí en detalles; en el texto me limito a los puntos más básicos relevantes para
la presente discusión. Mencionaré, sin embargo, que yo mismo estaría hoy dispuesto
La restricción principal parecería ser esta: las ideas del bien a revisar de varias maneras la presentación de la bondad com o racionalidad. Quizá la
incluidas deben ser ideas políticas; esto es, deben pertenecer a ünlv revisión más importante pasaría por garantizar que esa idea sea entendida como par­
concepción política razonable de la justicia, de manera que podemqf te de una concepción política de la justicia (una forma de liberalismo político), y no
suponer: como parte de una doctrina moral comprehensiva. Como tal doctrina, tanto la idea de
la bondad como racionalidad, cuanto la teoría completa, resultan inadecuadas, lo que
no quiere decir que no valgan para desempeñar su papel en una concepción política.
a ) que son, o pueden ser, compartidas por los ciudadanos, con! La distinción entre una doctrína comprehensiva y una concepción política está des­
siderados como libres e iguales; y .S- graciadamente ausente en la Teoría, y aun si estoy convencido de que prácticamente
b ) que no presuponen ninguna doctrina particular plenamente; toda la estructura y el contenido substantivo de la justicia como equidad (que incluye
(o parcialmente) comprehensiva. la bondad com o racionalidad) no necesita cambios para convertirse en una concep­
ción política de la justicia, la .comprensión del conjunto se ve significativamente afec­
tada. Charles Larmore, en sus Pattems o f M oral Complexity, Cambridge University
En la justicia como equidad esa restricción se expresa mediante Press, Cambridge, 1987, pp. 118-130, tiene buenas razones para criticar vigorosamen­
la primacía de lo justo. En su forma general, esa primacía significa; te la ambigüedad de la Teoría en esta cuestión fundamental.
210 T R E S ID EA S C A PITA LES L A PRIM A CÍA D E L O JU ST O 211

tantes y asignan sus varios recursos (incluidos los mentales y cor¿| l •• undo jugar, sobre la base de un índiqe de esos bienes; nos permite
rales, temporales y energéticos) con el fin de perseguir sus concet¿ Sun tiempo definir los propósitos (o la motivación) de las partes en
clones del bien a lo largo de un ciclo vital completo, si no del moP ? oosiciómoriginal y explicar por qué ésos propósitos (o esa motivá­
más racional, sí al menos de un modo sensible (y satisfactorio) !§j¡ i s son racionales. Ya discutí lo segundo en II, § 5, de modo que
supone que las personas, al poner orden en esos planes, tienen joe referiré a continuación a lo primero.
supuesto en cuenta sus razonables expectativas en lo que hace a sur
necesidades y exigencias en las futuras circunstancias de todas 1¿
etapas de la vida (en la medida en que puedan deducirlas de su pr¿. j 3 B ie n e s p r im a r io s y c o m p a r a c io n e s in t e r p e r s o n a l e s

sente posición en la sociedad y de las condiciones normales déíjfi


existencia humana). 1. Como acabo de decir, uno de los objetivos de la idea de bon­
2. Dados esos supuestos, cualquier concepción política viabip dadcomo racionalidad es el de proporcionar parte del marco concep­
de lajusticia, que deba servir como base pública de justificación y|¡§t tual necesario para dar cuenta de los bienes primarios. Mas, para
la que pueda razonablemente esperarse que seráreconocida comoiül completar dicho marco, esa idea debe combinarse con una concep­
por los ciudadanos, debe contemplar la vida humana y la satisfáH ción política de los ciudadanos como libres e iguales. Hecho lo cual,
ción de las necesidades y propósitos humanos básicos como un bilfl estudiamos a continuación lo que los ciudadanos necesitan y requie-
en general, y admitir, por consiguiente, que el de racionalidad es ü|Í ren cuando se les considera como personas libres e iguales y como
principio básico de la organización política y social. Así pues, úiü§ íniembros normales y plenamente cooperantes de la sociedad a lo
doctrina política para una sociedad democrática puede asumir siijJ largo de un ciclo vital completo.
temor a equivocarse que todos los participantes en la discusión poli) Aquí es crucial que la concepción de los ciudadanos como perso­
tica sobre lo justo y sobre la justicia aceptan esos valores, siempre nas se entienda como una concepción política, no como una concep­
que se entiendan de forma convenientemente general. De hecho, sé ción perteneciente a una doctrina comprehensiva. Es esta concepción
los miembros de la sociedad no hicieran eso, no brotarían los valore® política de las personas — que incluye la descripción de sus faculta­
de lajusticia política en la forma en que nos es familiar. des morales y de sus intereses de orden superior,5junto con el marco
Debería subrayarse, y es obvio decirlo, que esos valores básico® conceptual de la bondad como racionalidad y con los hechos bási­
no bastan por sí mismos para determinar cualquier concepción polítif: cos de la vida social y las condiciones del crecimiento y la alimen­
ca particular. Tal como se usa en la Teoría de la justicia, la de bondad! tación humanos— lo que proporciona el trasfondo necesario para
como racionalidad es una idea básica a partir de la cual, y en combíé determinar las necesidades y las demandas de los ciudadanos. Todo
nación con otras ideas (por ejemplo, la idea política de la persona)) lo cual nos permite llegar a componer una lista manejable de bienes
pueden elaborarse, cuando sea preciso, otras ideas sobre el bien. De primarios, según vimos en II, § 5.3.
acuerdo con lo que en ese libro llamaba yo la teoría restringida del 2. El papel que desempeña la idea de los bienes primarios es el
bien, la bondad como racionalidad proporciona parte de un marco siguiente.6Un rasgo básico de una sociedad política bien ordenada
conceptual que sirve a dos propósitos capitales: en primer lugar, nos
ayuda a identificar una lista manejable de bienes primarios;4 y en 5. Véase la discusión en I, §§ 3, 5; II, §§ 1-2, 8.
6. L a noción de bienes primarios formulada aquí y en la siguiente sección se
basa en mi ensayo «Social Unity and Primary Goods», en Utilitarianism and Beyond.
4. En Teoría, p. 396, se dice de la teoría restringida del bien que «su propósi­ Sin embargo, ateniéndome a las importantes críticas de Sen a las que me referiré más
to es garantizar las premisas acerca de los bienes primarios necesarios para llegár a adelante en la nota 12, he introducido unos cuantos cambios en esa noción, así como
los principios de justicia. Una vez elaborada esa teoría y descritos los bienes prima­ en la noción que desarrollé en un artículo con el mismo título que la presente confe­
rios, tenemos las manos libres para usar los principios de justicia en el ulterior desa­ rencia: «The Priority of Right and Ideas of the Good», Philosophy a nd Public Ajfairs,
rrollo de ... la teoría completa del bien». 17 (verano de 1988). Espero que ahora los puntos de vista de Sen y los míos coincidan
iis i c m s ijio

212 TRES ID EA S C A PITA LES LA PRIM A CÍA D E L O JU ST O 213

es que en ella se da un entendimiento público no sólo en torno de ] . perfección (como en el perfeccionismo), que ya no puede actuar
conveniencia de que los ciudadanos planteen ciertos tipos de exigeQ ara respaldar al catolicismo, o al protestantismo, o a cualquier otra
cias cuando están en juego asuntos de justicia política, sino también Ligión. Ninguna de esas doctrinas sobre el significado, el valor y el
un entendimiento público acerca del modo en que esas exigencia opósito de la vida humana, según vienen definidos por las corres-
han de ser apoyadas. Una concepción política proporciona una base opdientes concepciones religiosas,o filosóficas comprehensivas del
para ese entendimiento entre los ciudadanos y, por consecuencia, 1^ bien, es afirmada por la generalidad de los ciudadanos, de manera
permite llegar a un acuerdo a la hora de evaluar las distintas exigen e ei intento de realizar cualquiera de ellas a través de las institu­
cias planteadas y de determinar su peso relativo. Esa base, como ciones básicas imprime en la sociedad política un carácter sectario,
apuntaré en § 4, resulta ser una concepción de las necesidades de para encontrar una idea compartida del bien de los ciudadanos ade­
los ciudadanos —es decir, de las necesidades de las personas en cuada a los propósitos políticos, el liberalismo político busca una
cuanto ciudadanos— , lo que le permite sostener a la justicia com0 idea de ventaja racional en el seno de una concepción política que
equidad que la satisfacción de las exigencias adecuadamente relacio, sea independiente de cualquier doctrina comprehensiva particular y
nadas con esas necesidades ha de ser públicamente aceptada como que, por lo mismo, pueda convertirse en el foco de un consenso
algo ventajoso, y por lo mismo considerada, a efectos de justicia po­ entrecruzado.
lítica, como un progreso en la situación y en las circunstancias de ios 3. La concepción de los bienes primarios aborda este problema
ciudadanos. Una concepción política efectiva de la justicia incluye político práctico. La respuesta que propone consiste en identificar
pues, un entendimiento político en torno de lo que haya que recono^ úna similaridad parcial en la estructura de las concepciones permisi­
cer públicamente como necesidades de los ciudadanos y, por con- bles del bien que albergan los ciudadanos. En este caso, las concep­
secuencia, como ventajoso para todos. ciones permisibles son doctrinas comprehensivas, la afirmación de
En el liberalismo político el problema de las comparaciones las cuales no está excluida por los principios de justicia política. Aun
interpersonales se plantea como sigue: dadas las encontradas y con­ cuando los ciudadanos no comulguen con la misma concepción
flictivas concepciones sobre el bien, ¿cómo es posible llegar a un comprehensiva (permisible) completa — con todos sus objetivos y
entendimiento político del tipo descrito en torno a lo que haya que lealtades finales— , sólo dos condiciones bastan para una idea com­
considerar exigencias adecuadas? La dificultad radica en que el esta­ partida de ventaja racional: primero, que los ciudadanos afirmen la
do ya no puede actuar para maximizar la satisfacción de las preferen­ misma concepción política de sí mismos como personas libres e
cias o los deseos racionales de los ciudadanos (como en el caso dél Iguales; y segundo, que sus concepciones comprehensivas (permisi­
utilitarismo),7o para promover la excelencia humana, o los valores bles) del bien, por muy distintos que sean su contenido y las doctri­
nas religiosas y filosóficas correspondientes, necesiten aproximada­
en esta cuestión, aunque el suyo tiene unos propósitos de mucho mayor alcance, como mente los mismos bienes primarios para poder prosperar, es decir,
observaré luego. los mismos derechos, libertades y oportunidades básicos, así como los
7. En el caso de un utilitarismo como el de Henry Sidgwick en Methods of.
Ethics, o en el de R. B. Brandt en The G ood and the Right, Clarendon Press'
mismos medios de uso universal — como los ingresos y la riqueza,
Oxford, 1979, que se propone dar una noción - y a hedonista, ya en términos de todos los cuales reciben apoyo por parte de las mismas bases socia-
satisfacción de deseos o intereses- del bien de los individuos tal com o ellos.deben,
concebirlo si son racionales, lo que digo en el texto es, creo, correcto. Pero, como
ha sostenido T. M. Scanlon, el designio de otra idea de utilidad corriente en la eco­ entre las personas y pueda servir para argumentar moralmente y, en la teoría econó­
nomía de bienestar es bastante diferente: no se propone dar una noción del bien .de mica normativa, para discutir cuestiones de políticas públicas. Véase Scanlon, «The
los individuos tal como deberían entenderlo ellos mismos desde un punto de vista Moral Basis o f Interpersonal Comparisons», en J. Elster y J. Roemer, eds., Interper-
puramente personal. Se propone, más bien, hallar una caracterización general del: sonal Comparisons o f W ell-Being, Cambridge University Press, Cambridge, 1991,
bien de los individuos abstraída del modo en que ellos mismos, más especifícame!!-: pp. 22-30. L o que se dice en el texto debería reformularse para abarcar este uso de
te, lo entienden, una caracterización, pues, que resulte adecuadamente imparcial ia idea de utilidad.
214 T R E S ID EA S C A P ITA LE S L A PRIM A CÍA D E LO JU ST O 215

les del autorrespeto. Esos bienes, añadimos, son cosas que los ciiMf ! 4 Lo que anda por detrás de la introducción de los bienes pri-
danos necesitan en tanto que personas libres e iguales, y la exigéúft ! os es el propósito de hallar una base pública practicable de com-
de esos bienes cuenta como una exigencia adecuada.8 Cla ^Scioneslrlterpersonales fundadas en rasgos objetivos e inspeccio-
La lista básica de bienes primarios (a la que se pueden añari’ ||SeS de las circunstancias sociales de los ciudadanos (siempre con
otros si resultara necesario) tiene los siguientes cinco encablft ífpluralismo razonable como trasfondo). Con las debidas cautelas,
mientos: fiemos, si es preciso, expandir la dista hasta llegar a incluir otros
IjJjies. por ejemplo, el tiempo de ocio,9o aun ciertos estados menta-
a) derechos y libertades básicos, que también pueden pretil ^ tales como la ausencia de'sufrimiento físico.10 No trataré esos
tarse en una lista; n leS tos aquí. Lo verdaderamente crucial es reconocer siempre los
b) libertad de movimientos y libre elección del empleo en n imites de lo político y de lo practicable:
marco de oportunidades variadas; n
c) poderes y prerrogativas de cargos y posiciones de respórjp ' primero: debemos atenernos a los límites de la justicia como
bilidad en las instituciones políticas y económicas de la estmctiife ¿uidad en tanto que concepción política capaz de convertirse en el
básica; foco de un consenso entrecruzado; y
d) ingresos y riqueza; y, por último, . segundo: debemos respetar las restricciones de simplicidad y dis­
e) las bases sociales del autorrespeto. ponibilidad de la información, restricciones a las que está sometida
cualquier concepción política practicable (a diferencia de las doctri­
Esta lista incorpora fundamentalmente rasgos institucionales nas morales comprehensivas).11
esto es, derechos y libertades básicos, oportunidades instituciona­
les y prerrogativas de cargo y posición, junto con ingresos y riqueza.
Las bases sociales del autorrespeto se explican por la estructura y el
9. La cuestión de cómo tratar el tiempo de ocio fue planteada por R. A. Mus-
contenido de las instituciones justas junto con rasgos de la cultura save en «Maximin, Uncertainty, and the Leisure Trade-off», Quarterly Journal o f
política pública tales como el reconocimiento y la aceptación públi­ Economías, 8 8 (noviembre de 1974). Sólo comentaré aquí que venticuatro horas
cos de los principios de justicia.8 menos una jomada laboral normal entrarían en el índice como ocio. Quienes no estu­
vieran dispuestos a trabajar cuando hay mucho trabajo por hacer (parto del supuesto
deque los cargos y los empleos no son escasos ni están racionados) tendrían un tiem­
poextra de ocio que coincidiría con el índice de los menos aventajados. Así, quienes
8. Dicho en los términos de la bondad com o racionalidad: partimos del sepasaran el día haciendo surfing en Malibú deberían buscarse la vida por sí mismos,
supuesto de que todos los ciudadanos tienen un plan racional de vida cuya realiza­ y no tendrían derecho a los fondos públicos. Evidentemente, esta breve observación
ción requiere aproximadamente el mismo tipo de bienes primarios. (Como sé no tiene la intención de respaldar ninguna política social en particular; hacerlo reque­
apuntó en § 2, al afirmar esto nos basamos en varios hechos psicológicos de senti­ rida un estudio escrupuloso de las circunstancias. Se trata simplemente de señalar,
do común acerca de las necesidades humanas, sus fases de desarrollo, etc. Véase como lo hacen los comentarios del texto, que, si es necesario y en principio, la lista de
Teoría, cap. 7, pp. 4 3 3 ss. y 4 4 7 .) Este supuesto es de la mayor importancia, pues ios bienes primarios puede ir ampliándose.
simplifica enormemente el problema de hallar un índice manejable de bienes pri­ 10. Hago mía aquí una sugerencia de T. M. Scanlon en su «Moral Basis of
marios. Sin supuestos restrictivos de este tipo, es bien sabido que el problema del Interpersonai Comparisons», p. 41.
índice es insoluble. Sen ha hecho una instructiva discusión de estos asuntos en su 11. Véase, en cambio, y a modo de ejemplo, Richard Ameson, «Equality and
«On Indexing Primary Goods and Capabilities», julio de 1991 (no publicado). Al Equal Opportunity for W elfare», Philosophical Studies, 5 4 (1 9 8 8 ), pp. 7 9 -9 5 . Creo
mismo tiempo, estos supuestos restrictivos traen consigo, a no ser que se formulen que este tipo de ideas chocan con las restricciones a las que se refiere el texto. En la
de otro modo, la que yo creo que es la cuestión fundamental de la justicia política: vida política, los ciudadanos estarían lejos de poder aplicarlas o seguirlas. Véanse los
¿cuáles son los términos equitativos de la cooperación entre ciudadanos libres é comentarios de Daniels en «Equality o f W hat: W elfare, Resources, or Capabili-
iguales com o miembros normales y plenamente cooperantes de la sociedad a lo lah: íies?», Philosophy and Phenom enological R esearch, I (suplemento) (otoño de 1990),
go de un ciclo vital completo (I, § 3 .4 )? pp. 20 ss.
216 T R E S ID EA S C A PITA LES L A PRIM A CÍA D E L O JU ST O 217

Arrow y Sen se han ocupado de varios asuntos de la mayor i 1 ctuales y físicas que les permiten ser miembros plenamente
vancia en torno a la factibilidad.12 Observan que hay muchas í ^ ^ o t e s de la sociedad a lo largo de un ciclo vital completo.
ciones significativas en las capacidades — morales, intelect¿^p^ __ fundamental de la filoso-
físic a s- de las personas, en sus determinadas concepciones defp® gecu
íí nolítica es cómo definir los términos equitativos de la coopera-
y en sus preferencias y gustos. Señalan que esas variaciones^A§í I ' entre personas así*concebidas (I, § 3.4). Coincido con Sen en que
veces tan grandes que difícilmente será equitativo asignar a tcfjjfP I capacid ad es b á s ic a s s o n d e l a m a y o r im p o r ta n c ia y e n q u e e l u so
mundo el mismo índice de bienes primarios para cubrir sus n3 ¡fk f i jo s b ie n e s p r im a r io s h a d e e v a lu a r s e s ie m p r e a l a lu z d e lo s su -
H /-I >4
dades
A/H
como ciudadanos,
/■» 4 ) 1 A
dejando, a partir «3de aquí, que las etíif*
A •>> /V >“» /S< A M A A — A m ____ i
: ueStos a c e r c a d e e s a s c a p a c id a d e s (IIyJ§ 5 .2 - 3 ) .
transcurran por sí mismas. Arrow ha insistido en las diferencias!? P 5 M a s l a c u e s t ió n s ig u e a b ie r ta : ¿ c ó m o ,lid ia r c o n e s a s d ife r e n -
se observan en las necesidades de cuidado médico y en lo cam áflp s 9 M o tiv o s d e e s p a c io im p id e n q u e p o d a m o s d e s a r r o lla r u n a d is ­
resulta a la gente que necesita ese cuidado satisfacer sus preí|j§|pS i d a a d e cu a d a , p e r o u n a s c u a n ta s o b s e r v a c io n e s so n in e lu d ib le s .
cias y sus gustos. Sen ha subrayado la importancia de las diferer® Distingamos c u a tr o tip o s d e d ife r e n c ia s y p re g u n té m o n o s lu e g o si
que se observan en las capacidades básicas_de la gente y, por lojjfí una d iferen cia s itú a a l a g e n te p o r e n c im a o p o r d e b a jo d e la lín e a , e s
to, en su capacidad para servirse de los bienes primarios con el lécir: si la d e ja c o n m á s o c o n m e n o s c a p a c id a d e s m ín im a s e s e n c ia ­
pósito de conseguir sus objetivos. Arrow y Sen llevan sin duda rk|Jjí les que la s r e q u e rid a s p a ra s e r u n m ie m b r o c o o p e r a n te n o r m a l d e la
en algunos de estos casos, en los que asignar el mismo índice ¿| ¡g sociedad.
el mundo no resultaría equitativo. y l q s c u a tro tip o s d e d ife r e n c ia s s o n : á ) d ife r e n c ia s d e c a p a c id a ­
Debo decir, antes de comenzar mi réplica, que no entraré aquíen y
des p e r ic ia m o r a le s e in t e le c t u a le s ; t í) d if e r e n c ia s d e c a p a c id a d e s
profundidad en la noción seniana de las capacidades básicas.--®; y destreza f í s i c a s , c o n ta n d o c o n lo s e f e c t o s d e la e n fe rm e d a d y lo s
capacidades tienen que ver, para Sen, con el conjunto global de JS accidentes e n la s p o s ib ilid a d e s n a tu r a le s ; c ) d ife r e n c ia s e n la s c o n ­
libertades de elección entre combinaciones de modos de funci®; cepciones d e l b ie n s o s te n id a s p o r lo s c iu d a d a n o s ( e l h e c h o d e l p lu ra ­
(estrictamente: n-tuplos de modos de funcionar), y constituye^!} lismo r a z o n a b le ); a s í c o m o d) d ife r e n c ia s d e g u s to s y d e p r e fe r e n ­
base de su concepción de las diferentes formas de libertad, libertad cias, au n q u e e s ta s ú ltim a s s o n m á s s u p e r fic ia le s .
de bienestar y libertad de acción. Además de lo cual, esas libertá®- m ip ítrn n m n in r e s e n te su n u e s to d e a u e to d o s o o s e e n la c a ­
son el fundamento de tipos de juicios de valor significativamgg pacidad para ser miembros cooperantes normales de la sociedad, po­
distintos.12 13Creo que, dado lo limitado de mis propósitos, no necesito demos decir que, satisfechos los principios de justicia (con su índice
entrar en estas cuestiones más profundas. de bienes primarios), ninguna de esas diferencias entre los ciudada­
Así pues, y a modo de réplica, digamos lo siguiente: hasta el pre nos deja de ser equitativa y da pie a la injusticia. Ciertamente, esta es
sente, no he dejado de suponer, ni dejaré de hacerlo en lo venidero, ana de las tesis capitales de la justicia como equidad.
que, aun cuando los ciudadanos no tienen capacidades iguales, sí tie­ . Veámoslo caso por caso. En el caso a), las únicas diferencias de
nen, al menos en el grado mínimo esencial, las capacidades morales, capacidades morales, intelectuales y físicas se hallan por encima
de la línea. Como vimos en II, § 6.3-4, esas diferencias se mantienen
12. Véase J. K. Arrow, «Some ordinalist Notes on Rawls’ “Theory of Justice”»} por las prácticas sociales que requieren cualificación para acceder a
Journal ofPhilosophy (1973), especialmente pp. 253 s.; y Amartya Sen, «Équalityof cargos y posiciones y para competir libremente en un trasfondo de
What?» (1979), reproducido en su Cholee, Welfare and Measurement, MIT Press, equitativa igualdad de oportunidades — incluida la equitativa igual­
Cambridge, Mass., 1982, especialmente pp. 3 6 4 -3 6 9 ; «W ell-Being, Agency andFree-
dom», Journal o f Philosophy, 8 2 (abril de i 98 5 ), especialmente pp. 195-202; y el rifís
dadde oportunidades educativas— y de regulación de las desigualda­
reciente «Justice: Means versus Freedoms», Philosophy and Public Affairs, 19 (prima­ des de ingresos y riqueza por el principio de diferencia. En el caso
vera de 1990), pp. 111-121. b), las diferencias resultantes de enfermedades y accidentes (cuando
13. Para estas cuestiones, véase Sen, «Well-Being, Agency, and Freedom». contamos con ellos), que sitúan a algunos ciudadanos por debajo de
218 TRES IDEAS CAPITALES
T LA PRIMACÍA DE LO JUSTO 219

la línea, pueden ser abordadas legislativamente cuando se conoc Ü De manera que, en cuanto distinguimos los cuatro tipos de dife-
predominio y los tipos de esas desgracias, pudiendo evaluarse ¡fe ias y las diferencias que llevan a la gente a caer por debajo de la
derarse los costos de su tratamiento en relación con el pmsufipll el enfoque de los bienes primarios parece adecuado en todos
estatal global. El objetivo es recuperar a la gente por medio d S ® excepto, posiblemente, en el caso b), que se refiere a epi-
dado sanitario para que vuelvan a ser miembros plenamente ¿g f§í Í - 0S de enfermedad y accidente que sitúan a los ciudadanos por
rantes de la sociedad.54 r‘- Fhaio de la línea. En ese caso, Sen plantea vigorosamente la cues-
Por lo que hace al caso c), las diferencias entre las concep¿i|lll Sx un índice de bienes primarios podría ser lo bastante flexi-
del bien plantean cuestiones de mucho alcance, algunas de las cu ff lü# pomo para ser justo o equitativo. No puedo ocuparme de este
serán discutidas más adelante en § ó. Diré aquí que la justicia Sfnto aquí, y me limitaré simplemente a ofrecer la conjetura de que,
equidad es equitativa respecto de la concepciones del bien, o^i|p§ íj-cv ech a n d o la ventaja de la información que se hace accesible en
dicho, respecto de las personas que albergan esas concepcion^S ftase legislativa, se puede divisar un índice suficientemente flexi-
bien, aun cuando algunas de estas últimas no se consideren p$^|j|| |¿ en la medida en que proporcione juicios tan justos o equitativos
bles, ni tengan todas las concepciones la misma probabilidad 0 jos de cualquier concepción política que podamos elaborar,
recer. Por último, volviendo al caso d), las diferencias de prefere||¡É finiendo esto presente, y respondiendo a la urgencia de Sen, cual-
y gustos se dejan a nuestra propia responsabilidad. Como tuy^S: lüier índice tendrá en cuenta las capacidades básicas, y procurará la
ocasión de ver en I, § 5.4, la posibilidad de aceptar la responsáJ§f S u p e ra c ió n del papel que característicamente deben desempeñar
dad por nuestros gustos y preferencias es parte de las mutuas e¿|§íj iosciudadanos como miembros cooperantes normales de la sociedad.
tativas de los ciudadanos libres. Responsabilizarse de los préj§§|- 6. En conclusión: El uso de los bienes primarios supone que, en
gustos y preferencias, hayan sido engendrados o no por nuestras viftud de sus facultades morales, los ciudadanos son de alguna forma
elecciones, es un caso particular de aquella responsabilidad. CoJ¿ ¡arte ?n la formación y en el cultivo de sus objetivos y preferencias
ciudadanos con facultades morales realizadas, debemos aprender a fjtimos. De aquí que, por sí mismo, no constituya una objeción al uso
lidiar con eso. Lo que aún nos deja margen para considerar coniSSf jos bienes primarios el que un índice no tenga sitio para acomodar
problema especial el de las preferencias y los gustos que son incapa­ aquienes albergan gustos extravagantes o caros. Se puede argumen-
citantes y generan en alguien incapacidad para cooperar normali|®| ;¿r que es irrazonable, si no injusto, considerar a esas personas res­
te en la sociedad. Esa situación se entenderá entonces como un|¡§| ponsables de sus preferencias y exigirles la mejor contribución de que
médico o psiquiátrico que habrá de ser tratado como tal.14 15 iean capaces. Mas, dada su capacidad para responsabilizarse de sus
objetivos, no podemos entender a los ciudadanos como pasivos ve­
14. Véanse las breves observaciones que se hacen en «Social IJnity and:f*£-
hículos de deseos. Esa capacidad es parte de la facultad moral de for­
mary Goods», p. 168. Aquí debería seguir la idea general de la concepción, mar, revisar y perseguir racionalmente una concepción del bien; y,
más elaborada, de Norman Daniels en su «Health, Care Needs and Distributive Jus& merced a la concepción política, es de conocimiento público que los
ce>>, Philosophy and Public Affairs, 10 (primavera de 1981), desarrollada de un m¿|<j ciudadanos han de ser considerados responsables. Se da por supuesto
más completo aún en su Ju st Health C are, Cambridge University Press, Cambridi!
1985, caps. 1-3. ;lf|
15. He seguido a Norman Daniels («Equality o f W hat: W elfare, Resourcéá;^ reclamamos una ayuda económ ica para poder satisfacer nuestros gustos. Daniels
Capabilities?», pp. 2 8 8 -2 9 2 ) en su discusión de Ameson (véase la n. 11, supra) -propone que en tal caso consideremos que nuestra normal capacidad, como miem­
G. A. Cohén («On the Currency o f Egalitarian Justice», Ethics, 9 9 , [julio de 1989jii; bros cooperantes de la sociedad, de responsabilizamos de nuestros objetivos ha sufri­
entender que las preferencias y gustos que llegan a resultar incapacitantes lo'flj; do un colapso. Su mal funcionamiento requiere tratamiento. No decimos que, puesto
necesitan es tratamiento psiquiátrico. Por tomar el ejemplo de Arrow: supongarifs que las preferencias vienen de nuestra educación y no de nuestra elección, la socie­
que nos hemos acostumbrado a una dieta que incluye huevos de chorlito y clarete#^ dad nos debe una compensación. L o que decimos es que controlar las preferencias en
cosechas anteriores a la filoxera (se supone que hemos crecido en el seno de;úfla las que hemos sido educados forma parte de lo que normalmente entendemos por ser
familia adinerada), y que después de un episodio ruinoso nos sentimos abatidos!): humano.
m i usuusm

220 T R E S ID E A S C A PITA LES L A PRIM A CÍA D E L O JU ST O 221

que, en el curso de su vida, han ajustado sus gustos y sus aversio " I e considerar ventajoso en cuestiones de justicia política? Al mos-
cualesquiera que sean, a los ingresos, a la riqueza y a la posflS ej modo en que se hace posible un entendimiento de este tipo,
social que puedan razonablemente esperar. No se considera equ já íynos deltacado la naturaleza práctica de los bienes primarios.
vo que algunos deban tener ahora menos con objeto de ahorrar &íero decir con ello que estamos realmente en condiciones de pre-
las consecuencias de su propia falta de previsión y disciplina, s l l l fttar un esquema de iguales libertades básicas y oportunidades
Con todo, la idea de hacer a los individuos responsables délP¡l ftuitativas que, garantizado por la estructura básica, asegura a todos
propios objetivos sólo es razonable bajo determinados supuestdfljP •fi cjUdadanos el adecuado desarrollo y el pleno ejercicio de sus dos
primer lugar, hay que partir del supuesto de que los ciudadanoáÉp fgicultade's morales y un reparto equitativo de todos los medios de
den regular y revisar sus objetivos y sus preferencias a la luz ¡§so universal esenciales para el progreso de sus determinadas con-
expectativa de bienes primarios. Este supuesto, como ya tuve o§a Ig^iones (permisibles) del bien. Obvio es decir que ni es posible ni
sión de decir, anda implícito en las facultades morales atribui¿|¡fl ^ j USt ° permitir que todas las concepciones del bien se desarrollen
los ciudadanos. Este supuesto no es, emper©, suficiente. lambj|j ífalgunas implican la violación de los derechos y las libertades bási­
tenemos que encontrar criterios viables para efectuar comparae¿|¡¡| cos)- Podemos decir, sin embargo, que, cuando las instituciones
interpersonales, criterios que sean susceptibles de aplicación púf|j§ fásicas satisfacen las condiciones de una concepción política de la
y —si es posible— fácil. Entonces, y en segundo lugar, trataré|lf justicia comúnmente reconocida por los ciudadanos que abrazan
de probar cómo están vinculados los bienes primarios a los intlB doctrinas comprehensivas convergentes en un consenso entrecruza­
ses de orden superior relacionados con las facultades m o ra le ja do ese hecho confirma que esas instituciones dan margen suficiente
modo y manera que los bienes primarios constituyan en realidad t|! para que se desarrollen los estilos de vida dignos del apoyo de los
terios públicos factibles para las cuestiones de la justicia polítíla; ciudadanos. No pueden hacer otra cosa si han de convertirse en las
por último, el efectivo uso de los bienes primarios parte también dél instituciones de una sociedad justa y buena.1617
supuesto de que la concepción de la persona en que se fundan® Volviendo ahora a lo que dije antes en § 3, obsérvese, por lo
dos supuestos anteriores es — al menos, implícitamente— acepiÉJ pronto, que es evidente que los repartos equitativos de los bienes pri­
como un ideal subyacente a la concepción pública de la justíciaíi| marios no se entienden como una medida del bienestar psicológico
caso contrario, los ciudadanos estarían menos dispuestos a acejjtaf global esperado de los ciudadanos, o como una medida de utilidad,
responsabilidades en el sentido requerido.'6 ijff como dirían los economistas. La justicia como equidad rechaza la
idea de comparar y maximizar el bienestar global en asuntos de justi­
cia política. Ni trata de estimar la medida en que los individuos con­
§ 4. Los BIENES PRIMARIOS COMO NECESIDADES siguen mejorar su estilo de vida, ni de juzgar el valor intrínseco (o el
DE LOS CIUDADANOS valor perfeccionista) de sus objetivos. Entendidos como derechos,
libertades y oportunidades, y como medios de uso universal, es evi­
1. Con esta noción de los bienes primarios hemos dado fil dente que los bienes primarios no son la idea que de los valores bási­
puesta a nuestra cuestión capital (planteada al comienzo del segundo cos de la vida humana se pueda hacer cualquiera, y no deben ser
párrafo de § 3.2), a saber: dado el hecho del pluralismo razonable; entendidos de ese modo, por esencial que resulte estar en posesión
¿cómo es posible un entendimiento público respecto de lo que h|yá
de esos valores.
2. Dijimos, en cambio, que dada la concepción política de los
16. El texto de los dos últimos párrafos revisa mi anterior noción de respotisá- ciudadanos, los bienes primarios determinan cuáles son sus néce-
bilizarse de los objetivos en relación con los bienes primarios («Kantian Equaüty»,
Cambridge Review, febrero de 1975), revisión que debe mucho a Scanlon y a Samuel:
Scheffler. Creo que mi noción concuerda ahora con la de Scanlon en «Preference and 17. Lo que no quiere decir, según se verá luego en § 6, que puedan conseguir
Urgency», Journal o f Philosophy, 82 (noviembre de 1975), pp. 6 5 5-669. un mundo social sin pérdida.
LA PRIM A CÍA D E LO JU ST O 223
222 TRES IDEAS CAPITALES

sidades — parte de lo que sea su bien como ciudadanos— cu¡ind0 ' - as según los principios de justicia Reconocidos por un consenso
plantean cuestiones de justicia. Es precisamente esa conce® P ^ c r u z a d o .”
política (complementada por el marco intelectual de la bondad Si® r; 3. La—noción que se acaba de dar de los bienes primarios
racionalidad) la que nos permite calcular qué bienes primarios ° p iuye lo que podríamos llamar «una división social de las respon-
^bilidades»: la sociedad, los ciudadanos como cuerpo colectivo,
necesitan. Aunque un índice de esos bienes puede alcanzar má'yffP
|?ceptan la responsabilidad de mantener la igualdad de libertades
cotas de concreción en las etapas constitucional y legislativa, y s S;
interpretado aún más concretamente en la etapa judicial,¡Belú¡J¡¡t llecas y la. igualdad equitativa de oportunidades, así como la res­
no está concebido para acercarse a una idea de ventaja o bien racüf ponsabilidad de llegar a un reparto equitativo de los bienes prima-
nal definida por una concepción (comprehensiva) no política. Qcir -;|oSpara todos en ese marco; mientras que los ciudadanos, en cuan-
rre más bien que un índice más específico define para casos lo individuos, o en cuanto miembros de asociaciones, aceptan la
Responsabilidad de revisar y ajustar sus objetivos y sus aspiraciones
concretos lo que haya que considerar como necesidades de Jos ciu
dadanos, ocupándose, si es necesario de las diferencias (examin|§¡§ razón de los medios de uso universal que les quepa esperar dada
en § 3.5). |ü situación presente y previsiblemente venidera. Esa división de
jas responsabilidades se funda en la capacidad de las personas para
Alternativamente, la determinación de esas necesidades e!f¡|
constructo elaborado a partir de una concepción política de la jtí||f ■responsabilizarse de sus objetivos y para moderar correspondiente­
cia, no a partir de una doctrina comprehensiva. La idea es quei¡| mente sus exigencias frente a las instituciones sociales.
K Llegamos, pues, a la idea de que los ciudadanos, en tanto que
constructo, dado el hecho del pluralismo razonable, proporcional}:
libres e iguales, deben disponer de libertad para hacerse cargo de sus
mejor criterio disponible — para juzgar exigencias conflictiváíl
propias vidas; de cada uno esperan todos los demás que adapte su
que puede resultar comúnmente aceptable para los ciudadanos ei
general.1819Aun si en la mayoría de los casos el índice no se aproip: concepción del bien a la porción equitativa de bienes primarios que le
Rjuepa esperar. La única restricción que se pone a los planes de vida
ma demasiado fielmente a lo que muchas personas desean y vaíBr
es que sean compatibles con los principio públicos de justicia, y que
ran de acuerdo con sus puntos de vista comprehensivos, los biefíeÉ
sólo valgan las exigencias relativas a determinadas cosas (bienes pri­
primarios serán sin duda contemplados por todas ellas, o por éf$
marios) siempre y cuando sean realizadas por vías bien definidas por
todas, a la hora de perseguir sus objetivos, como bienes harto ¿stí}
aquellos principios. Esto implica que el hecho de albergar sentimien-
mables. De este modo, podrán respaldar a la concepción políticlj;
sostener que lo realmente importante en cuestiones de justicia elija-
satisfacción de las necesidades de los ciudadanos por parte de jas 20. Podría añadir aquí que la idea de necesidad usada en el texto concibe las
instituciones de la estructura básica por vías definidas como equitífc necesidades en relación con una concepción política de la persona, con su papel y con
su estatus. Las exigencias, o necesidades, de los ciudadanos en tanto que personas
libres e iguales son distintas de las necesidades de los pacientes o los estudiantes, pon­
gamos por caso. Y las necesidades son distintas de los deseos, las querencias y los
18. Para estas etapas, véase Teoría, § 32. ■
gustos. Las necesidades de los ciudadanos son objetivas en un sentido en que no lo
19. Esta idea de las necesidades ciudadanas como constructos presenta váras:
son los deseos, es decir: expresan exigencias de personas con ciertos intereses de
analogías con lo que Scanlon llama la interpretación «convencionalista» de su ¿oP
orden superior y que tienen un cierto papel o estatus. Si esas exigencias no son satisfe­
cepto de urgencia. En el párrafo siguiente y hasta el final de su «Preference áiijí
chas, no pueden mantener su papel o estatus, o no pueden lograr sus objetivos esen­
Urgency», p. 668, Scanlon distingue dos interpretaciones de la urgencia, una natura,
ciales. La pretensión de un ciudadano según la cual algo es una necesidad puede ser
lista y otra convencionalista. Un índice de bienes primarios se acerca a lo que Scanlon'.
negada cuando no se trata de algo exigióle. En efecto, la concepción política de la per­
describe como interpretación convencionalista de la urgencia, com o «un constructo'
sona y la idea de los bienes primarios definen un tipo especial de necesidad para una
armado para ponerlo al servicio del argumento moral {yo diría político] ... su utjÜÍ
concepción política de la justicia. Las necesidades en cualquier otro sentido, como los
dad ... viene del hecho de que representa, dadas las circunstancias [por ejemplo, dé!
deseos y las aspiraciones, no desempeñan aquí ningún papel. Véase «Social Unity and
pluralismo razonable], el mejor criterio de justificación disponible que resulta común?;
Primary Goods», pp. 172 s.
mente aceptable para personas cuyas preferencias son divergentes».
t ia a c i l i a

224 T R E S ID EA S C A PITA LES L A PRIM A CÍA D E L O JU ST O 225

tos muy fuertes y aspiraciones entusiastas orientados a determinad® } . unas de sus connotaciones son confundentes, otras sugieren prin­
fines no da validez, como tal hecho, a la exigencia de recursos so¿í|| g o s de todo punto inviables. Por eso no lo he usado hasta ahora en
les, o a la exigencia de modelar las instituciones sociales de acuerjí ¿tas conferencias. Pero guardando las debidas cautelas, y usándolo
con las necesidades de satisfacción de aquellos fines. Los deseos^! ¿lo como andamio provisional, por así decirlo, nos ayudará a acia-
las preferencias, por muy intensos que sean, no constituyen, po^i .0 el tipo de vínculo que liga a la primacía de lo justo con las dos
mismos, razones en asuntos constitucionales esenciales y en cuestiS ideas del bien expuestas más .arriba.
nes de justicia básica.21 El hecho de que tengamos un deseo irresigfS 2. La neutralidad puede definirse de modos bastante diféren­
ble no es argumento en favor de la pertinencia de su satisfacción® o s procedimentalmente, por ejemplo, haciendo referencia a un
mismo que la firmeza de una convicción no es argumento en favor® procedimiento qUe pueda ser justificado, o legitimado, sin necesidad
su verdad. Combinados con un índice de bienes primarios, los pf®! de apelar a valor moral alguno. O bien, si esto parece imposible
cipios de justicia separan las razones de justicia no sólo del f iü jó f t (pues justificar algo parece implicar siempre la apelación a algunos
reflujo de deseos y preferencias mudadizos, sino incluso de los sénf valores), se puede buscar un procedimiento neutral, un procedimien­
timientos y los compromisos. El significado de lo cual queda muj| toque se justifica apelando a valores neutrales, es decir, a valores
bien ilustrado por el principio de tolerancia religiosa, que no con®} tales como la imparcialidad, la consistencia en la aplicación de los
de el menor peso a la convicción con que la gente pueda oponerSéJ principios generales a todos los casos razonablemente similares (com­
las creencias y a las prácticas religiosas de los demás. párese con: los casos similares en aspectos relevantes deben ser tra­
tados de forma similar)23y la igualdad de oportunidades a la hora de
presentar las partes sus alegaciones.
§ 5. L a s c o n c e p c io n e s p e r m is ib l e s d e l b ie n Se trata de valores que regulan los procedimientos equitativos
Y LAS VIRTUDES POLÍTICAS que habrían de dirimir las exigencias de las partes en conflicto. La
determinación de un procedimiento neutral también puede apoyarse
1. Históricamente, un tema común en la tradición intelecto® en valores ínsitos en los principios de la discusión libre y racional
liberal es que el estado no debe favorecer a ninguna doctrina coifp entre personas razonables plenamente capaces de pensamiento y de
prehensiva ni a las concepciones del bien a ellas vinculadas. Pero®
igualmente un tema común de los críticos del liberalismo la incapaz
cidad del estado para proceder de este modo, sus arbitrarios sesgo? 22. Discutiré varios de ellos en el texto. Dejo fuera de consideración el punto
devista de W illiam Galston, según el cual algunas versiones del liberalismo son neu­
en favor de una u otra variante del individualismo. Según observé ® trales en el sentido de que se abstienen absolutamente de servirse de ideas del bien,
comienzo, podría parecer que la afirmación de la primacía de lo jusf sávo las puramente instrumentales (medios neutrales, por así decirlo). Véase su
to expone a la justicia como equidad (en tanto que variante del libé} «Defending Liberalism», American Political Science Review, 72 (septiembre de 1982),
ralismo político) a una objeción similar. p.622. Contrariamente a lo sugerido por él, la justicia com o equidad no es neutral en
este sentido, como se apreciará más tarde, si no se ha apreciado ya.
Así pues, al discutir las dos próximas ideas — la idea de las con} 23. Así, Herbert Wechsler, en su bien conocida discusión de las decisiones
cepciones permisibles del bien (las permitidas por los principios d i judiciales de principios (él se ocupa principalmente de las decisiones del Tribunal
justicia) y la de las virtudes políticas— me serviré de la familiar id® Supremo), piensa en los principios neutrales com o en principios generales que esta­
de neutralidad como vía de introducción a los problemas principal® mos convencidos de poder aplicar no sólo al caso presente, sino a todos los casos
Creo, sin embargo, que el término «neutralidad» es desafortunada parecidos razonablemente previsibles que puedan surgir dadas la constitución y la
estructura política existentes. L os principios neutrales transcienden el caso concreto, y
deben poder ser defendidos y aplicados ampliamente. Wechsler no dice mucho sobre
la derivación de tales principios a partir de la misma constitución o de precedentes.
2\. Lo que no implica negar que, a tenor de la doctrina comprehensiva, puedáii; Véase «Towards Neutral Principies o f Constitutional Law », en Principies, Poliiics,
constituir razones perfectamente válidas en otros tipos de casos. and Fundamental Law, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1961.
226 TRES IDEAS CAPITALES LA PRIMACIA DE LO JUSTO 227

juicio, y preocupadas por descubrir la verdad y por alcanza® - foy que el estado debe abstenerse de cualquier actividad que
acuerdo razonable fundado en Ja mejor información disponible 'favorezca o promueva cualquier doctrina comprehensiva particular
3. La justicia como equidad no es neutral procedimentalniente elldetrimento de otras, o de prestar más asistencia a quienes la abra-
Sus principios de justicia, obvio es decirlo, son substantivos y, p0r|' " gp-25
tanto, expresan mucho más que valores procedimentales; y lo c) que el estado debe abstenerse de cualquier actividad que
vale para sus concepciones políticas de la sociedad y de la perste quínente la probabilidad de que los individuos acepten una doctrina
que están representadas en la posición original (II, §§ 4-6). Coeq particular en detrimento de otras (a no ser que se tomen simultánea-
concepción política, trata de convertirse en el foco de un consenso |iente medidas que anulen, o compensen, los efectos de las políticas
entrecruzado. Es decir, el conjunto de la concepción aspira a ártico que asilo hagan).2*26
4
lar una base pública de justificación para la estructura básica de un
régimen constitucional. Y aspira a hacerlo a partir de la elaboración ,; La primacía de lo justo excluye el primer significado de la neu­
de ideas fundamentales intuitivas implícitas en la cultura política pú­ tralidad de propósitos, pues sólo da margen para el cultivo de las
blica y abstrayéndose de doctrinas comprehensivas religiosas,ífjjj concepciones permisibles del bien (las que respetan los principios de
sóficas y morales. Busca un suelo común -^ o, si se prefiere, un sUel ■justicia). Se puede corregir el primer sentido para ajustarlo a ese
lo neutral— a la vista del hecho del pluralismo. Ese suelo comjí|f|f ©argén: el estado tendría entonces que garantizar la igualdad de
la misma concepción política en tanto que foco de un consenso)® oportunidades para promover cualquier concepción permisible. En
trecruzado. Mas un suelo común así definido no es un suelo proce® tal caso, y según como se interprete la igualdad de oportunidades, la
mentalmente neutral. '¿§§' justicia como equidad podría ser neutral de propósitos. Por lo que
Un modo muy distinto de definir la neutralidad es hacerlo en tér­ hace al segundo significado, queda satisfecho por los rasgos de una
minos de los propósitos de las instituciones básicas y de las políticas concepción política en la que se exprese la primacía de lo justo:
públicas en relación con las doctrinas comprehensivas y sus corres­ mientras la estructura básica esté regulada por una concepción así, se
pondientes concepciones del bien. A diferencia de la neutralidad® entiende que sus instituciones no están diseñadas para favorecer a
el procedimiento, la neutralidad de propósitos significa que aquéíl§; ninguna doctrina comprehensiva particular. Respecto del tercer sig­
instituciones y aquellas políticas son neutrales en el sentido de:;ff§: I nificado, empero (según veremos luego, en § 6), hay que decir que
pueden ser respaldadas por el común de los ciudadanos por caerá® : í- Seguramente le resultará imposible a la estructura básica dejar de
tro del alcance de una concepción política pública. Así, la neutijfl-i tener importantes efectos e influencias en la selección de las doctri­
dad puede significar, por ejemplo: nas comprehensivas duraderas y capaces de ganar adeptos con el
transcurso del tiempo; y es inútil tratar de compensar esos efectos e
a) que el estado debe asegurar a todos los ciudadanos igulifr; influencias, o incluso tratar de averiguar, con fines políticos, su
oportunidades de promover cualquier concepción del bien libren!® i alcance y su profundidad. Debemos aceptar los hechos de la sociolo­
te afirmada por ellos; gía política de sentido común.
En suma: podemos distinguir entre neutralidad procedimental y
24. Para este tipo de punto de vista, véase la instructiva discusión de Cháríéf: / neutralidad de propósitos; pero no hay que confundir esta última con
Larmore, Pattem s o f M oral Complexity, pp. 53 -5 9 . É l habla de la «justificación í
tral de la neutralidad política com o una justificación fundada en una norma uniyer- í
sal de diálogo racional», (p. 53), y se basa (modificándolas) en las importantes id¿as: ¿ 25. Ese es el significado que Ronald Dworkin confiere a la neutralidad en su
de Jürgen Habermas. Véase, de éste último, Legitimation Crisis, trad. de Thoraas ensayo «Láberalism». Véase A Matter o f Principie, Harvard University Press, Cam­
McCarthy, Beacon Press, Boston, 1976, III parte, y «Diskursethik - Notizen zu eineft: bridge, Mass., 1985, pp. 191 ss.
Begründungsprográm»,. en Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln, Su|r- ) 26. Esta formulación de las tres versiones de la neutralidad se basa en Joseph
kamp, Frankfurt, 1983, pp. 53-125. Raz, Morality o f Freedom , Clarendon Press, Oxford, 1986, pp. 114 ss.
228 T R E S ID EA S C A PITA LES LA PRIM A CÍA D E L O JU ST O 229

la neutralidad de efectos o influencias. Como concepción polít|¿a " Jas virtudes políticas van ligados a los principios de justicia política
para la estructura básica que es, la justicia como equidad trata, en su ; va las formas de juicio y de conducta esenciales para mantener una
conjunto, de proporcionar un suelo común que haga las veces áé. , ^operación social duradera, esos ideales y virtudes son compatibles
foco de un consenso entrecruzado. También aspira a satisfacer^ ¡ í c0íl ei liberalismo político; perfilan el ideal de un buen ciudadano de
neutralidad de propósitos, en el sentido de que las instituciones bási­ ; •yn estado democrático (un papel determinado por sus instituciones
cas y las políticas públicas no han de estar concebidas para favorecer ; ¿ o0líticas). Así pues, hay que distinguir las virtudes políticas de las
a ninguna doctrina comprehensiva particular.27 El liberalismo aban­ ? ^tudes que definen modos y estilos de vida característicos de doc-
dona como impracticable la neutralidad de efectos o influencias, y jfjpas comprehensivas religiosas y filosóficas, así como de las virtu­
puesto que esa idea viene con mucho sugerida por el*término mismo des típicas de varios ideales asociativos (los ideales de iglesias y uni-
de «neutralidad», tenemos una buena razón para evitarlo.28 yersidades, de empleos y vocaciones, de clubs y equipos) y de las
4. Aun si el liberalismo político busca un suelo común y es ¡-ueresultan adecuadas en el ámbito de la vida familiar y de las rela-
neutral de propósitos, vale la pena destacar que ello no le impide I ciones personales.
afirmar la superioridad de determinadas formas del carácter moral y De manera que, si un régimen constitucional toma ciertas medi-
estimular determinadas virtudes morales. Así, la justicia como equi­ (rdas tendentes a robustecer las virtudes de la tolerancia y de la con-
dad incluye una noción de determinadas virtudes políticas — las vir­ •fianza mutua, por ejemplo, con campañas contrarias a varios tipos de
tudes de la cooperación social equitativa, por ejemplo: las virtudíp ' discriminación religiosa y racial (aunque respetuosas con la libertad
de civilidad, de tolerancia, de razonabilidad y del sentido de equidad ; deconciencia y de expresión), no por ello se convierte en un estado
(IV, §§ 5-7). Lo crucial aquí es que la admisión de esas virtudes por . perfeccionista del tipo que encontramos en Platón y en Aristóteles,
parte de una concepción política no desemboca en el estado perféP ni puede decirse que promueva una determinada religión, como los
cionista de una doctrina comprehensiva. estados católicos y protestantes de la temprana modernidad. Lo que
Esto resulta inteligible una vez que tenemos clara la idea de unt hace es, en cambio, tomar medidas razonables para robustecer las
concepción política. Como ya va dicho (en § 1), las ideas del bien” formas de pensar y los sentimientos en que se apoya la cooperación
pueden ser libremente introducidas a medida que se necesiten como (social equitativa entre ciudadanos libres e iguales. Esto es algo muy
complementos de la concepción política de la justicia, pero sólo a ( diferente de que el estado promueva, en nombre propio, una particu-
condición de que sean ideas políticas, es decir, a condición de que , jar doctrina comprehensiva.29
pertenezcan a una concepción política razonable de la justicia en un
régimen constitucional. Esa condición nos permite suponer que esas
ideas son compartidas por los ciudadanos y no dependen de ninguna §6. L a j u s t i c i a c o m o e q u i d a d ¿ e s e q u it a t iv a
doctrina comprehensiva particular. Puesto que los ideales vinculados CON l a s c o n c e p c i o n e s d e l b i e n ?

1. Los principios de cualquier concepción política razonable


27. Esta distinción entre neutralidad de procedimiento y neutralidad de resulta-;
do es una adaptación a partir de Larmore, Pattem s o f M oral Complexity, pp. 42-47.'
deben imponer restricciones a las doctrinas comprehensivas permisi­
28. A algunos les parecerá que abandonar la neutralidad de efecto o influencia' bles, y las instituciones básicas recomendadas por aquellos princi-
por su inviabilidad práctica podría llevar a una vida pública y a un trasfondo cultura!
excesivamente seculares. Hasta qué punto esto sea preocupante debería estimarse aja; 29. Recuérdese que las virtudes políticas vienen identificadas y justificadas
luz de lo que se dirá en la próxima sección, especialmente en § 6 .3 -4 , acerca de. las; por la necesidad de que se den ciertas cualidades de carácter en los ciudadanos de un
sectas religiosas que se oponen a la cultura del mundo moderno y acerca del mejor’;, régimen constitucional justo y estable. L o que no significa negar que esas mismas
modo de responder a la cuestión de las exigencias que plantea la educación de: lóp características, u otras similares, no puedan ser también virtudes no políticas en la
hijos dentro de los límites de la concepción política^ Estoy en deuda con Dennisí medida en que resulten estimables por otras razones desde varios puntos de vista
Thompson por haberme convencido de la necesidad de referirme a este asunto. comprehensivos particulares.
230 T R E S ID E A S C A P ITA LE S LA PRIM ACIA D E LO JU STO 231

píos no pueden menos de alentar determinados, estilos de vida cO0O&n el caso del esclavismo en la antigua Atenas o en el Sur nor­
desalentar otros, o incluso excluirlos absolutamente. Surge emonc£ teamericano antes de la guerra. Determinadas formas de religión
la cuestión sobre el modo en que la estructura básica (realizadáS eden constituir ejemplos del segundo caso. Supongamos que una
una concepción política) alienta y desalienta determinadas doctní? ijietenninada religión, y la concepción del bien que va con ella, sólo
comprehensivas y estilos de vida vinculados a ellas y sobre si •ouede sobrevivir si controla la maquinaria estatal y es capaz de impo­
modo de hacerlo es justo. La respuesta a esta cuestión explicará ner una intolerancia eficaz. Tal religión dejaría de existir en la socie­
sentido en que el estado, al menos en lo que hace a los elementos dad bien ordenada del liberalismo político. Vamos a suponer que hay
esenciales constitucionales, debe abstenerse de favorecer a ningu^ Icasos así, y que algunas otras' doctrinas comprehensivas pueden per­
doctrina comprehensiva particular.30En este punto, el contraste entre orar» pero siempre entre fracciones relativamente pequeñas de la
el liberalismo político y el liberalismo comprehensivo se hace ciato Sociedad.
y fundamental.31 2. La cuestión, entonces, es: si algunas doctrinas se extinguen
Ahora bien; el estímulo o el desaliento de doctrinas comprehen- £ otras apenas sobreviven en un régimen constitucional justo, ¿im~
sivas es algo que puede darse al menos por dos razones: los estilos ?piica ello por sí mismo que la concepción política de la justicia de
de vida por ellas recomendados pueden entrar en conflicto diré®' 'ése régimen es incapaz de ser equitativa con ellas? ¿Acaso la con­
con los principios de justicia, o bien, aun siendo admisibles, pueden cepción política está arbitrariamente sesgada en contra de esas doc­
perder adeptos en las condiciones políticas y sociales de un régimen trinas? ¿Es justa o injusta para con las personas que abrazan, o
constitucional justo. El primer caso puede ilustrarlo una concepción .podrían llegar a abrazar, esas doctrinas? A falta de más explicacio­
del bien que implicara la represión o la degradación de determinadla nes, no parece que la concepción política no sea equitativa con las
personas por motivos, digamos, raciales, o étnicos, o perfeccionistas; varias doctrinas, pues las influencias sociales que favorecen a unas
en detrimento de otras no pueden ser evitadas por ninguna concep­
30. Este era el segundo significado, mencionado en la sección anterior, de/Ja ción de la justicia política. Podemos quejarnos, por así decirlo, del
neutralidad de propósitos; queda satisfecho por una concepción política. limitado espacio de los mundos sociales, y del nuestro en particular;
31. L os párrafos que siguen proceden, adaptados, de mi réplica «Faimes&tf y podemos lamentar algunos de los efectos inevitables de nuestra
Goodness», Philosophical Review, 82 (abril de 1973), pp. 5 4 8 -5 5 1 , a una objecÍw¡;
planteada por Thomas Nagel en su reseña en el mismo número de la revista (pp. 2^. cultura y de nuestra estructura social. Como Berlín viene sostenien­
2 2 9 ). En una instructiva discusión que no reproduciré aquí, Nagel sostiene que la p £ do desde hace mucho tiempo (es uno de sus temas fundamentales),
sentación que de la posición original se hace en la Teoría, aun cuando es ostensible rio hay mundo social sin pérdida, es decir, no hay mundo social
mente neutral entre las diferentes concepciones del bien, no lo es realmente. Él cree que no excluya algunos estilos de vida que realizan, de alguna ma­
que eso se debe a que la supresión del conocimiento (mediante el velo de ignorancia)
requerida para conseguir la unanimidad no es igualmente equitativa para todaálijs
nera especial, determinados valores fundamentales. En virtud de su
partes. L a razón estriba en que los bienes primarios, en los que las partes basaiLSii cultura y de sus instituciones, cualquier sociedad resultará incompa­
selección de los principios de justicia, no son igualmente estimados por las diversas tible con determinados estilos de vida.32Pero eso, que es una necesi-
concepciones del bien. Sostiene, además, que la sociedad bien ordenada de la justicia
como equidad está fuertemente sesgada en un sentido individualista, un sesgo güe
resulta arbitrario porque no hay un fundamento objetivamente establecido que permita 32. Para una presentación clara del punto de vista de Berlín, véase su ensayo
comparar las distintas concepciones del bien. L a réplica que se da a esos argumentos «The Pursuit o f the Ideal», en The Crooked Timber o f Humanity, Knopf, Nueva York,
en el texto completa la que ofrecí en «Faimess to Goodness» de dos formas. Deja cla­ 1991, especialmente pp. 11-19 (hay trad. cast.: E l fuste torcido de la humanidad, Pe­
ro, en primer lugar, que la concepción de la persona de que nos servimos al establecer nínsula, Barcelona, 1992). En la p. 13, por ejemplo, se dice: «Algunos de los Grandes
una lista manejable de bienes primarios es una concepción política; y en segundo luga;- Dioses no pueden vivir en común. Esto es una verdad conceptual. Estamos condena­
que la misma justicia com o equidad es una concepción política de la justicia. Unavéz dos a elegir, y cualquier elección puede implicar una pérdida irreparable». Véase tam­
entendidas así la justicia como equidad y la concepción que le corresponde, podemos bién «Two Concepts of Liberty» (1958), reproducido en F o u r Essays on Liberty,
replicar de un modo más vigoroso a la objeción de Nagel, suponiendo, claro es,:;qt¡? Oxford Uníversity Press, Nueva York, 1969, pp. 167 ss. (hay trad. cast.: Cuatro ensa­
estemos de acuerdo en que la neutralidad de influencia es impracticable. yos sobre la libertad, Alianza, Madrid, 19932). Para Berlin, el reino de los valores es
cau u s:

232 T R E S ID EA S C A PITA LES L A PRIM A C ÍA D E LO JU ST O 233

dad social, no puede ser interpretado como un sesgo arbitrario La experiencia histórica muestra que muchos estilos de vida
como una injusticia. 0 &aa la prueba de la permanencia y de la persistente captación de
La objeción tiene que ir más allá y sostener que la sociedad ¿ p P^darios en una sociedad democrática; y si la cantidad no es la
ordenada del liberalismo político no consigue determinar de un nté/ ? dida del éxito — ¿y por qué habría de serlo?— , aun hay que decir
viable, dadas las circunstancias existentes — que incluyen el hech *ue muchas pasan la prueba con* igual éxito: diferentes grupos con
del pluralismo razonable— , una estructura básica justa que pro° Aferentes tradiciones y estilos de vida encuentran plenamente dig­
porcione un marco en el que las formas de vida permisibles gifjl as de adhesión diferentes doctrinas comprehensivas. De manera,
de oportunidades equitativas para mantenerse y ganar adeptos. aq: í eSj qUe la cuestión de si el liberalismo político está arbitrariamen­
largo de generaciones. Mas si una concepción com prehensiva* tesesgado en contra de determinadas doctrinas y en favor de otras se
bien es incapaz de perdurar en una sociedad que garantiza las iguájf convierte en la cuestión de si, dado el hecho del pluralismo razona­
libertades básicas familiares y la tolerancia mutua, no hay mng§f re __y el resto de condiciones que caracterizan al mundo moder-
modo de preservarla que sea consistente con los valores democrátf n0^~-, la realización institucional de los principios del liberalismo
eos expresados por la idea de sociedad como sistema equitativo'^ eolítico determina un trasfondo equitativo para las diferentes, y aun
cooperación entre ciudadanos concebidos como libres e iguales. £so antagónicas, concepciones del bien que hayan de ser afirmadas y
plantea, aunque, obviamente, no dirime, la cuestión de si el coirgí seguidas. El liberalismo político estará injustamente sesgado en con­
pondiente estilo de vida es viable bajo otras condiciones históricas, y tra de determinadas doctrinas comprehensivas únicamente si, ponga­
si su extinción ha de ser lamentada.33 \ Si- mos por caso, tan sólo las individualistas pueden perdurar en una
sociedad liberal, o si su predominio es tan avasallador que las aso­
objetivo, pero los valores chocan entre sí, y el entero abanico de los valores es deniS
ciaciones que afirmen valores de religión y de comunidad no pueden
siado amplio como para caber en un sólo mundo social; no sólo son los valores florecer, siendo, además, las condiciones que llevan a ese resultado
incompatibles entre sí, imponiendo a las instituciones exigencias mutuamente coí¡flj¿. ellas mismas injustas a la vista de las circunstancias presentes y pre­
tivas, sino que no existe ningún conjunto viable de instituciones que pueda dar cabida visiblemente venideras.
a todos ellos. Que no haya ningún mundo social sin pérdida está en la naturaleza mis­ 3. Un ejemplo podría aclarar este punto: varias sectas religio­
ma de los valores y del mundo, y buena parte de la tragedia humana es un reflejo #
eso. Una sociedad liberal justa acaso abra espacios mucho mayores en los que quépln
sas se oponen a la cultura del mundo moderno y desean llevar una
más valores, pero nunca sin experimentar también ella misma pérdidas. El error bási­ vida en común al margen de las influencias indeseadas de ese mun­
co consiste en pensar que, puesto que los valores son objetivos y, por lo tanto, geriui- do. Surge entonces un problema acerca de la educación de sus hijos
nos, tienen que ser compatibles. En el reino de los valores, a diferencia de lo qj|¡ y de las exigencias que el estado puede hacer. Los liberalismos de
ocurre en el mundo de los hechos, no todas las verdades hallan acomodo en un soló
mundo social.
Kant y Mili pueden llevar a exigencias destinadas a promover los
33. En el pasaje de «Faimess to Goodness» criticado por Galston en la p. 627,valores de autonomía e individualidad como ideales encargados de
debería yo haber mencionado y suscrito la idea de Berlín. L o cierto es que, a menudo gobernar la mayor parte de la vida, si no la vida entera. Pero el libe­
nos sentimos inclinados a decir que la extinción de ciertas formas de vida es lamentad ralismo político tiene propósitos distintos, y exige mucho menos.
ble. Lo que se dice en el pasaje mencionado no es, creo, inconsistente con el liberalis­ Exigiría que la educación de los hijos incluyera cosas tales como el
mo político, pero resulta muy precario al andar huérfano de la idea de Berlín. Debería
haberse rechazado explícitamente la idea, correctamente rechazada por Galston. de
conocimiento de sus derechos constitucionales y civiles, de modo
que en un régimen constitucional justo sólo se extinguirán los estilos de vida indig­ que, por ejemplo, llegaran a saber que existe en su sociedad la liber-
nos. Esta visión optimista es errónea. L os partidarios de concepciones que no pueden
florecer bajo el liberalismo político pueden objetar aún que éste no les da espacio sufi­
ciente. Pero no hay criterio alguno de espacio suficiente salvo el que proporciónala iegítimamente afirmadas por los ciudadanos como dignas de observancia plena. Aún
propia concepción política de la justicia razonable y defendible. L a idea de un espació se podría objetar que la concepción política no consigue identificar los límites del
suficiente es metafórica, y carece de otro significado que el revelado por el abanico de espacio correcto, pero esto se reduce simplemente a la cuestión de saber cuál es la
doctrinas comprehensivas permitidas por los principios de la concepción política y concepción política más razonable.
234 T R E S ID EA S C A P ITA LE S L A PRIM A CÍA D E L O JU ST O 235

tad de conciencia, y que la apostasía no es un crimen legahnenteiW Obsérvese que tratamos de responder a la cuestión de la educa-
seguible. Todo lo cual trataría de garantizar que la continuacióiPI^ ; de los hijos sin salimos de la concepción política. La preocu­
su pertenencia al llegar a adultos no estuviera basada en la ignora­ pación de íáTsociedad por su educación tiene que ver con su papel de
d a de sus derechos básicos o en el miedo al castigo por ofensas q® futuros ciudadanos, y así, con cosas esenciales tales como la adquisi-
no existen. Además, su educación debería prepararles también de una capacidad para entender la cultura pública y participar
ser miembros plenamente cooperantes de la sociedad y capacita® ' sus instituciones, con su capacidad para conseguir independencia
para ser autosuficientes; también debería estimular en ellos las virt¿; ¿conómica y convertirse en miembros autosuficientes de la sociedad
des políticas generándoles el deseo de respetar los términos eqnh¿|¡S j0largo de un ciclo vital completo, así como con su adquisición y
vos de la cooperación social a la hora de relacionarse con el restcSjf ‘desarrollo de las virtudes políticas. Y todo ello sin abandonar un
la sociedad. punto de vista político.
Se puede objetar aquí que la exigencia de que los hijos entiendlf
de esta forma la concepción política acaba produciendo el efecto,®
intencionado, de educarlos en una concepción liberal comprehet®l § 7. E l b i e n d e l a s o c i e d a d p o l í t i c a
va. Hacer lo uno llevaría a lo otro, aunque sólo fuera porque, unay||
sabido lo primero, podemos ir por propia voluntad a lo segundo. Hay 1. Una quinta idea del bien en la justicia como equidad es la
que aceptar que esto puede ocurrir en algunos casos. Y desde luéfjf del bien de la sociedad política: más concretamente, el bien que los
hay cierta semejanza entre los valores del liberalismo político yigf ciudadanos realizan — tanto como personas, cuanto como cuerpo
valores de los liberalismos comprehensivos de Kant y Mili.34Pero-la colectivo— en punto a mantener un régimen constitucional justo y a
única manera de responder a esa objeción pasa por exponer detalla­ manejar sus tareas. Lo mismo que antes, trataremos de explicar ese
damente las grandes diferencias que hay, tanto de alcance, cuanto ® bien sin salir de la concepción política.
generalidad, entre el liberalismo político y el liberalismo compre­ Empecemos considerando la objeción según la cual, al no fun­
hensivo (según la definición dada en § 1.1). Las inevitables con® darse en ninguna doctrina comprehensiva religiosa, filosófica o
cuencias que tienen las exigencias razonables puestas a la educací# moral, la justicia como equidad abandona el ideal de una comuni­
de los hijos no pueden sino ser aceptadas, a menudo lamentándolas; dad política y entiende a la sociedad como un agregado de indivi­
Espero que la exposición del liberalismo político que se da en las duos — o de asociaciones— distintos, que cooperan con el único
presentes conferencias baste como réplica a esa objeción. objetivo de perseguir su propia ventaja personal — o asociativa— ,
4. Además de las exigencias ya descritas, la justicia como equi­ careciendo de cualesquiera objetivos finales comunes. (Se entiende
dad no pretende cultivar las distintivas virtudes y valores liberales de aquí por objetivo final un objetivo valorado o deseado por sí mis­
la autonomía y la individualidad; tampoco los de cualquier otra doc­ mo, no meramente como un medio para conseguir cualquier otra
trina comprehensiva. Pues en tal caso dejaría de ser una variante del cosa.) Como variante que es del liberalismo político, la justicia
liberalismo político. En la medida en que puede hacerlo, la justicia como equidad, viene a decirse, considera las instituciones apolíti­
como equidad respeta las pretensiones de quienes, de acuerdo con cas como puros instrumentos de promoción de fines individuales
los preceptos de su religión, desean escapar del mundo moderno, —o asociativos— , como instituciones de lo que podríamos llamar
siempre en el supuesto de que quienes lo hagan reconozcan los prin­ una «sociedad privada». Y como tal, la sociedad política misma no
cipios de la concepción política de la justicia y aprecien sus ideales es un bien en absoluto, sino, a lo sumo, un medio para el bien indi­
políticos de la persona y la sociedad. vidual, o asociativo.
Réplica: la justicia como equidad abandona, en efecto, el ideal de
34. Y el dé Raz en su The Morálity o f Freeáom , especialmente caps. 14 y 15,la comunidad política si se entiende por tal ideal el de una sociedad
por mencionar un ejemplo contemporáneo. política unida en tomo de una doctrina religiosa, filosófica o moral
236 T R E S ID EA S C A PITA LES L A PRIM A CÍA D E LO JU ST O 237

(parcial o plenamente) comprehensiva. Esa concepción de la facultades morales, y los derechos y ./libertades básicos de un régi­
social está excluida por el hecho del pluralismo razonable: a0 e men constitucional han de garantizar que todos puedan desarrollar
posible políticamente para quienes aceptan las restricciones, derjya decuadámente esas facultades y ejercerlas plenamente a voluntad a
das de la libertad y de la tolerancia, de las instituciones democrátf -jo largo de un ciclo vital completo. Tal sociedad proporciona tam-
cas. Como ya hemos tenido oportunidad de ver, el liberalismo ppl| jjjén a sus ciudadanos los medios-de uso universal (los bienes prima­
co concibe la unidad social de una forma diferente, a saber: dos, digamos, de ingresos ..y riqueza) necesarios para lograrlo. En
derivada de un consenso entrecruzado en tom a de una concepción circunstancias normales, pues, podemos suponer que esas facultades
política de la justicia adecuada para un régimen constitucional. morales habrán de desarrollarse y ejercerse en el seno de institucio­
2. Recuérdese (de I, § 6.1) que decir que una sociedad está bili nes de libertad política y de conciencia, y que su ejercicio será apo­
ordenada por una concepción de la justicia significa tres cosas: a)'| ff yado y sostenido por las bases sociales del respeto propio y mutuo.
es una sociedad en la que todos y cada uno aceptan, y saben q u ejj Supuesto todo esto, la sociedad bien ordenada de la justicia como
demás aceptan y respaldan públicamente, exactamente los misrüq? equidad constituye un bien en dos sentidos. Lo constituye, por lo
principios de justicia; b) en la que es de conocimiento público,<il¿; pronto, para las personas individualmente consideradas, y por dos
la que hay buenas razones para creer, que su estructura básica -q||f razones: la primera es que el ejercicio de las dos facultades morales
principales instituciones políticas y sociales y el modo en que éslj 'se vive como un bien. Lo cual es una consecuencia de la psicología
urden entre ellas un sistema de cooperación— satisface aquel® moral usada en la justicia como equidad.35Y que ese ejercicio puede
principios; y c) en la que los ciudadanos poseen un sentido norirpJIP constituir un bien importante, y que será el mismo bien para mucha
mente efectivo de justicia, es decir, un sentido que les permite enie|: gente, resulta claro por el papel central desempeñado por aquellas
der y aplicar los principios de justicia, actuando la mayoría de acuén facultades en la concepción política de los ciudadanos como perso­
do con ellos según lo exijan las circunstancias. Creo que la unidad nas. Para los propósitos de la justicia política, concebimos a los ciu­
social así entendida es la concepción de la unidad social más desea­ dadanos como miembros normales y plenamente cooperantes de la
ble de cuantas nos resultan accesibles; está en el límite del óptí® sociedad a lo largo de un ciclo vital completo, y así, en disposición
práctico. de facultades morales que les capacitan para asumir su papel. En este
Así definida, una sociedad bien ordenada no es, pues, una socie­ contexto podemos decir: parte de la naturaleza esencial de los ciuda­
dad privada; porque en la sociedad bien ordenada de la justicia como danos (dentro de la concepción política) es su posesión de las dos
equidad los ciudadanos sí tienen objetivos finales en común. Aunque facultades morales en que arraiga su capacidad para participar en
es cierto que no afirman la misma doctrina comprehensiva, sí afir­ Una cooperación social equitativa.
man la misma concepción política de la justicia; y eso significa que: Una segunda razón por la que la sociedad política es un bien para
comparten un mismo objetivo político básico, un objetivo que goza los ciudadanos es porque les asegura el bien de la justicia y las bases
de primacía suprema, a saber: el objetivo de prestar apoyo a institu­ sociales de su respeto propio y mutuo. Así, al garantizar los derechos
ciones justas y de ser consiguientemente justos los unos con los y libertades básicos e iguales, la equitativa igualdad de oportuni­
otros, por no mencionar muchos otros objetivos que deben iguala dades, etc., la sociedad política garantiza lo esencial del reconoci­
mente compartir y realizar a través de sus estructuras políticas. Por miento público de las personas como ciudadanos libres e iguales.
lo demás, el objetivo de la justicia política puede contarse éntre los Garantizando todo eso, la sociedad política garantiza también las
propósitos más básicos de los ciudadanos, un objetivo en relación al necesidades fundamentales de los ciudadanos.
cual expresan los ciudadanos el tipo de persona que anhelan ser.
3. Junto a otros supuestos, esos objetivos finales compartidos
35. En Teoría, § 6 5 , esta psicología se sirve del llamado principio aristotélico;
proporcionan la base del bien de una sociedad bien ordenada. Ya otras concepciones pueden adoptar diferentes principios para llegar a las mismas con­
hemos visto que los ciudadanos se entienden en posesión de dos clusiones.
238 T R E S ID EA S C A PITA LES LA PRIM A CÍA D E LO JU ST O 239

Mas el bien implicado en el ejercicio de las facultades moráis & - y jas condiciones de su realización disten mucho de ser perfec-
en el reconocimiento público del estatus de las personas como ciud ^ . también el sentido de su pérdida puede ser significativo. Se toma
danos pertenece al bien político de una sociedad bien ordenada, ticm ?to ciato cuando un pueblo democrático distingue diferentes perío-
bien de una doctrina comprehensiva religiosa, filosófica o mora! ífs de su historia, así como cuando revela su orgullo al distinguirse a
Hay que insistir repetidamente en esa distinción, aun si se d ie rS ' y?propio de otros pueblos no democráticos. No seguiré, sin embargo,
caso de que una doctrina comprehensiva llegara a aceptar y respgj í nestas disquisiciones. Lo único que necesitábamos era dejar senta-
ese bien, derivándolo de su propio punto de vista. Si olvidáram óáfe ¡T aue el bien de una sociedad bien ordenada es un bien significativo
distinción, perderíamos de vista la senda que ha de seguir la justicia . nuna concepción política de la justicia: Después de haberlo hecho,
como equidad si quiere ganarse el apoyo de un consenso entrecruzan ­ diestra descripción de las cinco ideas del bien está completa.36
i: • do. Como he puesto de relieve una y otra vez, la primacía de lo justo n A modo de contraste, unas cuantas observaciones sobre el
k. no significa que haya que evitar las ideas del bien; eso es imposi1'^ republicanismo clásico y el humanismo cívico ayudarán a aclarar
Lo que significa es que las ideas del bien usadas han de s t: ¿sas explicaciones sobre el bien que es una sociedad política. Entien-
k- políticas; han de ser ideas perfiladas con vistas a satisfacer las res­ 'do por republicanismo clásico el punto de vista, según el cual si los
tricciones impuestas a la concepción política de la justicia, encajan­ ciudadanos de una sociedad democrática quieren preservar sus dere­
do en el espacio por ésta permitido. chos y libertades básicos (incluidas las libertades civiles que garanti­
k 4. Pero hay otra manera en que una sociedad política h * zan las libertades de la vida privada), deben también poseer en grado
'! •■ ordenada constituye un bien. Pues siempre que hay un objetivo £ suficiente las «virtudes políticas» (como yo las he llamado) y estar
y
compartido, un objetivo cuyo logro requiere la cooperación kfií; í dispuestos a participar en la vida pública.37 La idea es que, sin una
muchos, el bien realizado es un bien social: se realiza a través délj ¡ amplia participación en la política democrática por parte de un cuer­
actividad conjunta de los ciudadanos, en mutua dependencia de las acf: ^ po ciudadano vigoroso e informado, y desde luego con un retiro
tividades emprendidas por los demás. Así, establecer y hacer firacip ;; generalizado a la vida privada, aun las instituciones políticas mejor
nar razonablemente unas instituciones democráticas justas (aunmic diseñadas acabarán cayendo en manos de quienes se proponen domi­
obvio es decirlo, siempre imperfectas) en el transcurso de un largo nar e imponer su voluntad a través del aparato del estado, ya por
período de tiempo, quizá procediendo a reformas graduales de gene­
ración en generación (aunque no, para decirlo todo, sin intermpcip i 36. Nos podemos preguntar, sin embargo, hasta qué punto el bien de la sociedad
nes), constituye un gran bien social, y como tal es apreciado. i; política es, estrictamente hablando, un bien político: damos por supuesto que las insti­
prueba el hecho de que un pueblo se refiera a él como uno de Ío| tuciones políticas alientan el desarrollo de las dos facultades morales y proporcionan
k- un horizonte para su ejercicio, y que eso es un bien. Mas esas facultades se ejercen
logros significativos de su historia. también en muchas otras partes de la vida y para muchos otros propósitos, y ese ejerci­
Que deba haber un bien político y social de ese tipo no es más cio más amplio no es solamente un bien político; lo que ocurre es que las instituciones
misterioso que el hecho de que los miembros de una orquesta, o los políticas protegen y garantizan ese bien. A eso se puede responder diciendo que, al
jugadores de un equipo, o hasta los dos equipos en un juego, saquen hablar propiamente de bien político, estamos suponiendo que las facultades morales se
ejercen en el ámbito de la vida política y en las instituciones básicas en la medida en
placer y desarrollen un cierto (y legítimo) orgullo de una buena eje­
que los ciudadanos se empeñan en mantener esas instituciones y en servirse de ellas
cución, o de una buena jugada, una jugada que merezca ser recordada. para conducir los asuntos públicos. E s obviamente cierto que las facultades morales se
Sin duda las condiciones exigidas se hacen más y más difíciles de ejercen también de modo harto más general, y es de desear que los lados político y no
satisfacer a medida que la sociedad aumenta de tamaño y la distancia político de la vida se complementen y apoyen mutuamente. Se puede aceptar eso sin
social entre los ciudadanos aumenta. Pero esas diferencias, por gran­ necesidad de negar que exista un bien político como el definido.
37. Maquiavelo en sus Discorsi es interpretado a veces como ejemplo del re­
des e inhibidoras que puedan resultar, no afectan a! principio psicoló­ publicanismo clásico. Véase Quentin Skinner, Maquiavelli, Hill and Wang, Nueva
gico implieado'en la realización del bien de Injusticia en una sociedad York, 1981, especialmente cap. 3. Un ejemplo más adecuado desde el punto de vista
política bien ordenada. Además, ese bien-puede ser- significativo, aun que estamos adoptando aquí sería el Tocqueville de la Democracia en América.
240 T R E S ID EA S C A PITA LES L A PRIM A C ÍA D E L O JU ST O 241

ansia de poder y gloria militar, ya por razones de clase e interes e juiento de lo que Constant llamó las/«libertades de los antiguos», e
nómico, por no hablar del fervor religioso expansionista y d e f S tt jjicoípora todos sus defectos.
tismo nacionalista. La salud de las libertades democráticas e¿gffc pesde^el punto de vista del liberalismo político, la objeción a esa
activa participación de ciudadanos políticamente virtuosos, sip | ® doctrina comprehensiva es la misma que se puede hacer a todas las
concurso no podría mantenerse un régimen constitucional. yo demás, de modo que no es necesario proseguir. Sólo queda por decir
Entendido de este modo el republicanismo clásico, la jusfiif míe la justicia como equidad no niega, obviamente, que algunos
como equidad, como variante del liberalismo político, no tiene fía© encontrarán su más decisivo bien en la vida política, ocupando por
fundamental que objetar. Como mucho, puede haber ciertas diferí tanto esa vida un lugar central en su noción comprehensiva del bien,
cías en asuntos de diseño institucional y de sociología política de l0s gn realidad, en una vida política bien armada, es generalmente bue­
regímenes democráticos. Esas diferencias, si tales son, no son de no para el conjunto de la sociedad que eso sea así, del mismo modo
ningún modo triviales; pueden llegar a ser extremadamente ixojjg0 que resulta generalmente beneficioso que la gente desarrolle sus
tantes. Pero no hay una oposición fundamental, pues el repubUqljlgt diferentes y complementarios talentos y destrezas, y que se compro­
mo clásico no parte de ninguna doctrina religiosa, filosófica o meta en una cooperación mutuamente ventajosa. Lo que nos lleva a
comprehensiva. No hay nada en el republicanismo clásico, según© una ulterior idea del bien, a saber: la de una sociedad bien ordenada
caracterización anterior, que sea incompatible con el liberatíslp como una unión social de uniones sociales. Esa idea es demasiado
político tal y como yo lo he descrito. compleja para esbozarla aquí, y no es necesaria para los propósitos
Mas el liberalismo político, según yo lo entiendo, está en:® ' de estas conferencias.39
oposición fundamental con el humanismo cívico. Pues siendo és®
una variante del aristotelismo, se presenta a veces como la doctrina
según la cual el hombre es un animal social, político incluso, cyfá .§ 8. L a ju s t ic ia c o m o e q u id a d e s c o m p l e t a

naturaleza esencial se realiza del modo más pleno en una socieáái}:


democrática en cuya vida política se dé una amplia y vigorosa p É p 1. Concluiré con un repaso de varios modos en que la justicia
cipación. La participación no es estimulada como condición necesá¿ como equidad puede considerarse completa como concepción políti­
ria de la protección de las libertades básicas de la ciudadanía denljl ca. En primer lugar, las ideas que usa del bien son ideas políticas, y
crática, y como una forma ella misma de bien entre otros, por son generadas por ella y dentro de ella tienen su papel. Por lo que
importante que sea para muchas personas. Ocurre más bien queij hace a su génesis, puede observarse que esas ideas se construyen me­
participación en la política democrática se entiende como el locús diante una secuencia que tiene su origen en la bondad como raciona­
privilegiado de la vida buena.38Se trata de un regreso al entronm- lidad.40L a exposición empezó con esa idea. Se usó para explicar los

38. Tomo esta interpretación del humanismo cívico de Charles Taylor, Pfiiíó^A 39. Véase Teoría, § 7 9 , en donde se discute la idea de una sociedad bien orde­
sophical Papers, Cambridge University Press, Cambridge, 1985, vol. 2, pp. 334/s.V; nada como una unión social de uniones sociales. En la sección VI de «The Basic
Taylor está discutiendo a Kant y atribuye esa concepción a Rousseau, pero obsera?: Liberties and Their Priority», The Tanner Lectures on Human Valúes, University of
que Kant no la acepta. A sí entendido el humanismo cívico, puede decirse queíriuí; Utah Press, Salt Lake City, 1982, vol. III, volví a esa idea y esbocé un argumento para
variante vigorosa y pesimista del mismo está representada por Harrnah A rend® ^ mostrar que los dos principios de la justicia como equidad resultan especialmente ade­
según ella, por los antiguos griegos), la cual sostiene que la libertad y la mundamda$:7 cuados para la sociedad entendida como una unión social de uniones sociales. No
óptimamente realizadas por la política, son los únicos valores que redimen a lamfeí estoy completamente satisfecho con ese argumento, pero tampoco creo que carezca
humana de los infinitos ciclos naturales y la hacen digna de ser vivida. Véase sú3||;:; totalmente de fuerza. Véase VIII, § 6, pp. 352-361.
Human Condition, University o í Chicago Press, Chicago, 2958 (hay trad. ca s& 0ñ 40. Esta construcción, por así decirlo, de una secuencia de ideas del bien,
condición humana, Paidós, Barcelona, 1993). Sigo el agudo estudio de la concepcióa empezando por la idea de bondad como racionalidad, es análoga a la forma en que
de Arendt acerca de la primacía de la política que se halla en George Kateb, Hánnapi puede entenderse que Kant construye seis ideas del bien en su doctrina moral. He tra­
A rendí: Politics, Conscience, Evil, Rowman and Allanheld, Towanda, 1984, cap||¿s tado de explicar el modo en que procede la construcción kantiana en § 2 de «Themes

SU
242 T R E S ID EA S C A PITA LES LA PRIM A CÍA D E L O JU ST O 243

bienes primarios como' cosas que ios ciudadanos necesitan, y dai¿P Hsface esa condición. Como ciudadanos en la sociedad, normal-
por supuesta.la concepción'de los ciudadanos como personas#® %líente deseamos justicia por parte de todos los demás. Lo mismo
intereses de orden superior que albergan, presumiblemente, p l t f l Sí 4le en buena medida para las virtudes políticas.41 Eso da mayor pro-
racionales de vida. Una vez disponibles los bienes primarios, pSp? 1 fiin(jidad a la idea de que una concepción política apoyada en un
empezar a funcionar el argumento de la posición original, y llega#® nsenso entrecruzado es una concepción moral afirmada con funda-
así a los dos principios de justicia. A continuación, usamos eStl^ J le n to s morales (IV, § 3.4). .
principios tanto para determinar las concepciones (comprehensivas) Un segundo corolario de la completud es que toma más robusta la
permisibles del bien, cuanto para caracterizar las virtudes polftié¿ 1 ^descripción de cómo un modus vivendi con el contenido de una con-,
de los ciudadanos, virtudes necesarias como soporte de una estruc j I cepción liberal de la justicia podría desarrollarse gradualmente hasta
tura básica justa. Por último, basándonos en el principio aristotélico \E convertirse, con el tiempo, en un consenso entrecruzado (IV, §§ 6-7).
y en otros elementos presentes en la justicia como equidad, expo¿íf Esto depende en buena parte del hecho de que la mayoría de las con­
mos los modos en que. la sociedad política bien ordenada de la justSl cepciones políticas de la gente sean por lo regular sólo parcialmente
cía como equidad es intrínsecamente buena. comprehensivas. Por lo común, nunca tenemos algo así como una
Este último paso es particularmente relevante, pues significa <j¡p concepción religiosa, filosófica o moral plenamente comprehensiva;
la concepción política expresa los modos en que una sociedad poüíp y mucho menos hemos tratado de estudiar las otras doctrinas que
ca puede llegar a ser un bien intrínseco (determinado por esa misifiil existen en la sociedad, o de elaborar una por nuestra cuenta. De aquí
concepción) para los ciudadanos, tanto como individuos, cuaiitjÉ Kque el que haya bienes intrínsecamente significativos en el interior
como cuerpo colectivo. (Recuérdese el contraste con lo que llama­ de la vida política significa que la concepción política puede atraerse
mos sociedad privada en § 7.1.) Con las ideas de bien usadas (qué r. nuestra adhesión inicial de un modo más profundo, independiente-
incluyen el bien intrínseco de la sociedad política), la justicia como v mente de cuáles sean nuestras visiones comprehensivas y antes de
equidad es completa del modo siguiente: genera por ella misma las ' ^ que éstas entren en conflicto. Cuando aparezcan los conflictos, la
ideas necesarias para que todos cumplan sus papeles complementa­ concepción política tendrá más posibilidades de sostenerse a sí mis-
rios y les proporciona un marco. I ma y de modelar las doctrinas comprehensivas e imponerles sus
2. Un corolario de esa completud es que explica, de un modoí límites.
que no podía expresarse antes, por qué un consenso entrecruzado rio Ya se dijo que el liberalismo político sostiene que, en condicio­
es un mero modus vivendi. En una sociedad bien ordenada por ios- nes razonablemente favorables que hagan posible una democracia
principios mutuamente reconocidos en un consenso entrecruzado^ 7 constitucional, las instituciones políticas que satisfacen los princi-
los ciudadanos tienen varios objetivos finales en común, y entr# pios de una concepción liberal de la justicia realzan valores e ideales
ellos el de proporcionarse mutuamente justicia política. Fundándo^ políticos que normalmente prevalecen sobre cualesquiera otros valo­
nos en las cinco ideas del bien, podemos hablar del bien mutuo de la res contrarios. Los antedichos corolarios de la completud hacen que
justicia mutua. Pues la bondad como racionalidad nos permite decir su estabilidad sea más robusta: la obediencia basada en esos valores
que las cosas son buenas (dentro de la concepción política) si tienen políticos es más fuerte, de modo que la probabilidad de que sean
características el deseo de las cuales es racional para nosotros, en desplazados por valores contrarios es mucho menor.
tanto que ciudadanos libres e iguales, dado nuestro plan racional de 3. Vengo ahora a otro modo de completud de la justicia como
vida. Desde el punto de vista de las partes en la posición original, las equidad retomando la primera cuestión planteada al comienzo:
cuales representan nuestros intereses fundamentales, la justicia mutua1
41. Ni que decir tiene que probar todo esto convincentemente requeriría una
in Kant’ s Moral Philbsophy», en Ec^hart Forster, Kaht’s Transcendental Deduciiom, larga historia. He tratado de esbozar algo de ella en Teoría, § 66, basándome en la teo-
Stanford University Préss, Stanford, 1989. na completa dél bien.
244 T R E S ID EA S C A PITA LES LA PRIM A CÍA D E L O JU ST O 245

¿cómo puede el liberalismo político servirse de alguna idea de|k- o suficiente para albergar estilos de vida dignos de la devoción y
sin comprometerse con la verdad de tal o cual doctrina comprehe ^ 1 f observancia ciudadanas. Doy por supuesto, evidentemente, que la
va en formas prohibidas por el liberalismo político mismo? Alfft óncepcion política de la justicia respaldada por el consenso razona­
podemos responder a esa cuestión repasando lo que llevamos diS® re satisface, hasta donde podemos averiguarlo, todos los criterios
En primer lugar, la primacía de lo justo significa (en su sign^l# Sonables de la reflexión crítica. La debida reflexión ciudadana, se-
do general) que las ideas del bien usadas tienen que ser ideas pqiílS viene expresada en elconsenso, confirma eso. Y esa es la garan-
cas (§ 1.2), de manera que no necesitamos basamos en concepcí^f# más razonable, permitida por el liberalismo — y la máxima a la
comprehensivas del bien, sino sólo en ideas perfiladas para encaS ue razonablemente podemos aspirar— , de que nuestras institucio-
en la concepción política. Segundo, la primacía de lo justo signiffc L s políticas abran espacio suficiente a los estilos de vida dignos y
(en su significado particular) que los principios de justicia pollf de que, en ese sentido, nuestra sociedad política sea justa y buena.
límites a los estilos permisibles de vida (§ 1.2): las exigencias de ios- Una última cuestión: aunque la justicia como equidad no puede
ciudadanos tendentes a promover objetivos que transgreden esos responder a las cuestiones precedentes arrogándose el punto de vista
límites carecen de peso. La primacía de lo justo otorga a los priiicL de alguna doctrina más amplia, eso no le impide poner restricciones
píos de justicia una prioridad estricta en las deliberaciones dedos _~como está obligada a hacer cualquier concepción política razona-
ciudadanos, y limita su libertad de adoptar ciertos estilos de vida.' bie— a las doctrinas comprehensivas: por ejemplo, la restricción de
primacía de lo justo es característica de la estructura y el conteniíj que sean razonables, tal como hicimos en II, § 3. Esa restricción
de la justicia como equidad y de lo que ésta considera buenas razo­ no se limita a las concepciones políticas, y rige para todas las doctri­
nes en el proceso de deliberación. nas cuya inclusión en un consenso entrecruzado quepa razonable­
4. Proseguiremos considerando la segunda cuestión planteada mente esperar. Lo crucial respecto de esas restricciones es que sean,
ai comienzo. Dijimos entonces que las instituciones justas y las yir^ o bien las restricciones generales de la razón teorética o práctica, o
tudes políticas esperadas de los ciudadanos no serían las de una bien parte de la justicia como equidad entendida como una concep­
sociedad justa y buena a menos que no sólo permitieran, sino que ción política. Apelan a las ideas de razonabilidad y racionalidad tal
estimularan estilos de vida plenamente dignos de la devoción y % como se aplican a los ciudadanos y se revelan en el ejercicio que
observancia ciudadanas. Una concepción de la justicia política debe éstos hacen de sus facultades morales. Las restricciones no se refie­
disponer de espacio suficiente, por así decirlo, para albergar ese tipo ren al contenido substantivo de las concepciones comprehensivas del
de estilos de vida. La cuestión aquí es la siguiente: a menos que ape­ bien; pero lo limitan.42
lemos a alguna doctrina que vaya más allá de la política, ¿cómo
podremos decir que los estilos de vida son dignos de nuestra plena 42. Un contraste ayudará a entender lo que se quiere decir aquí. Consideremos
.observancia? ¿Cómo mostrar que una sociedad dispone de espació ia posición de Ronald Dworkin de «Foundations o f Liberal Equality», en Tanner Lee-
suficiente? Como queda dicho, la justicia como equidad no puede tures on Human Valúes, University of Utah Press, Salí Lake City, 1990, vol. 11 (hay
trad. cast. de A. Doménech en R. Dworkin, Ética privada e igualitarismo político,
afirmar, arrogándose el punto de vista de alguna doctrina más;
Paidós, Barcelona, 1993). Su objetivo es mostrar cómo los principios de la justicia
amplia, que las varias doctrinas comprehensivas que ella permite son liberal (en su propia formulación) admiten una fundamentación ética. Eso significa
dignas de plena observancia. ¿Cómo hay, pues, que proceder? que esos principios pueden ser derivados como los principios políticos para la estruc­
Al llegar a este punto, invocamos la idea de un consenso entre­ tura básica de la sociedad que proporcionan las mejores condiciones para que la gente
cruzado, y decimos: si una concepción política de la justicia es viva bien, para que lleven vidas éticamente buenas. Con este propósito, Dworkin
desarrolla una noción del valor ético de la vida buena presentando el modelo axioló-
comúnmente reconocida por ciudadanos razonables y racionales que gico del desafío como la noción correcta. Se supone que ese modelo es formal y que
afirman sus doctrinas comprehensivas razonables en un consenso en­ no excluye concepción substantiva alguna del bien, pues la mayoría, ya que no todas,
trecruzado (según se explicaron estas ideas en II, §§ 1-3), ese mismo las concepciones del bien son interpretables por el modelo del desafío. Armado con
hecho confirma que sus instituciones libres básicas contienen espa- ese modelo, Dworkin argumenta que en una posición original — digámoslo así— en la
246 TRES IDEAS CAPITALES
T

•CONFERENCIA VI

la i d e a d e u n a r a z ó n p ú b l i c a 1

Una sociedad política, y en realidad cualquier agente razonable y


racional, ya se trate de un individuo, de una familia o de una asocia­
ción, o incluso de una confederación de sociedades políticas, tiene
un modo de formular sus planes, de fijar sus fines en un orden de
prioridades, y de tomar sus decisiones de acuerdo con ese orden. El
modo en que una sociedad política hace eso es su razón; la facul­
tad de hacerlo también es su razón, pero en un sentido distinto: se
trata de una facultad intelectual y moral arraigada en las capacidades
de sus miembros humanos.
No todas las razones son razones públicas: no lo son, por ejem­
plo, las razones de las iglesias y de las universidades y de muchas
otras asociaciones de la sociedad civil. En regímenes aristocráticos y
autocráticos, la reflexión sobre el bien social no corre a cuenta del
público, si es que existe, sino de quienes están en posiciones de
que cada uno fuera un liberal ético perfectamente informado, y aceptara por lo tanto ef dominación. La razón pública es característica de un pueblo demo­
modelo del desafío, los principios de justicia adoptados serian los liberales. De este? crático: es la razón de sus ciudadanos, de quienes comparten una
modo, una noción general de lo que él entiende por vivir bien — una noción que perte| posición de igual ciudadanía. El objeto de su razón es el bien públi­
nece a la ética filosófica— proporciona la fundamentación filosófica deseada de ío|
principios políticos del liberalismo. El punto de contraste es el siguiente: las restrifí
co: aquello que la concepción política de la justicia exige a la estruc­
ciones que Dworkin impone a las concepciones substantivas del bien vienen de una; tura institucional básica de la sociedad y a los propósitos y fines que
concepción ética del valor (el modelo del desafío); mientras que en la justicia coriip;
equidad las restricciones impuestas a las doctrinas comprehensivas razonables o son 1. Di dos conferencias sobre este tema por vez primera en ia Universidad de
las restricciones generales de la razón teorética y práctica, o proceden de las concep-: California en Irving a finales de febrero y comienzos de marzo de 1990 como apertu­
ciones (por ejemplo, la de los ciudadanos com o personas libres e iguales en-posesié®' ra de las Melden Lectures, en honor de A. I. Melden. Aunque la he revisado a fondo,
de las dos facultades morales) que pertenecen a la noción de justicia política. No ten! esta conferencia se ha beneficiado mucho de la discusión de entonces con Sharon
go nada que objetar al punto de vista de Dworkin: lo mismo que los liberalismos cóm! Lloyd, Gerasimos Santas, Lawrence Solum, Gary Watson y Paul Weithman. Desde
prehensivos de Kant y Mili, ocupa un-lugar propio en el trasfondo cultural, y desde entonces he aprendido mucho de conversaciones con Samuel Freeman, Peter de Mar-
ese lugar cumple un papel dé apoyo al liberalismo político. néffe y David Estlund.
lis i 12HB1.BSB

248 T R E S ID EA S C A PITA LES L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 249

las instituciones han de servir. La razón pública, pues, es pública h para empezar: en una sociedad democrática, la razón pública es
tres maneras: como razón de los ciudadanos en cuanto tales, es| razón de ciudadanos iguales que, como un cuerpo colectivo, ejer­
razón dél público; su objeto es el bien público y cuestiones de ju ^ cen poderí político terminante y coercitivo unos respecto de otros
cia fundamental; y su naturaleza, su contenido, es público, y esJ robando leyes y mejorando su constitución. Lo primero que hay
dado por los ideales y principios expresados por la concepción observar es que los límites* impuestos por la razón pública no
justicia política que tiene la sociedad, ideales y principios desarrolla ■gen para todas las cuestiones políticas, sino sólo para aquellas que
dos, sobre esa base, de un modo abierto y visible. ¿lica n lo que podríamos llamar «esencias constitucionales» y cues­
Que la razón pública debería ser entendida y respetada de eSe tiones de justicia básica. (Éstas se abordarán en § 5.) Eso significa
modo por los ciudadanos no es, evidentemente, un asunto que cóm ue sólo los valores políticos han de fijar cuestiones fundamentales
peta al derecho. Se trata de una concepción ideal de la ciudadaS ¿¡es como: quién tiene derecho a voto, o qué religiones hay que
para un régimen constitucional democrático que se limita a presé®;: tolerar, o a quién hay que garantizar una igualdad de oportunidades
cómo podrían ser las cosas si la gente fuera tal y como una sociédtf equitativa o tener propiedades. Estas y otras similares son las cues­
justa y bien ordenada les incitaría a ser. Describe lo que es posiblejíf tiones de que se ocupa la razón pública.
que puede ocurrir, aunque quizá nunca ocurra, lo que no la hace, sin Muchas, si no la mayoría, de las cuestiones políticas no tienen
embargo, menos fundamental. que ver con estos asuntos fundamentales. Por ejemplo: la mayor par­
te de la legislación fiscal y muchas leyes reguladoras de la propie­
dad; decretos tendentes a la protección del medio ambiente y al con­
§ 1. L as c u e s t io n e s y l o s f o r o s d e l a r a z ó n p ú b l ic a
sol de la polución; la creación jurídica de parques nacionales y la
1. La idea de la razón pública ha sido discutida a menudo y tje¿ preservación de áreas salvajes y especies animales y vegetales;
ne una larga historia. De alguna forma, es una idea ampliamente y la provisión de fondos para los museos y las artes. Evidentemente,
aceptada.2 Mi propósito aquí es tratar de expresarla de un modo a veces esos asuntos afectan a cuestiones fundamentales. Una des­
aceptable como parte de una concepción política de la justicia qué. cripción completa de la razón pública debería interesarse por estas y
es, en un sentido amplio de la palabra, liberal.3 otras cuestiones y explicar con más detalle del que yo puedo permi­
tirme aquí de qué modo difieren de las esencias constitucionales y de
las cuestiones de justicia básica, y por qué las restricciones impues­
2. El título me lo sugirió la distinción kantiana entre razón pública y razón pn- tas por la razón pública posiblemente no rijan para ellas; o si rigen,
vada en Qué es Ilustración (1784), aunque su distinción es diferente de la que uso
aquí. Hay otras discusiones relevantes en la obra de Kant, por ejemplo, Crítica de la no de la misma manera, o no tan estrictamente.
razón pura, B 767-797. Para un estudio valioso, véase Onora O ’Neill, Constructions Algunos preguntarán: ¿por qué no declarar que todas las cuestio­
ofReason, Cambridge University Press, Cambridge, 1989, cap. 2 : «The Public Use of nes respecto de las cuales los ciudadanos ejercen su poder terminan­
Reason», Véase también su reciente ensayo «Vindicating Reason», en Paul Guyer, te y coercitivo están sujetas a la razón pública? ¿Por qué habría de
ed., The Cambridge Companion to Kant, Cambridge University Press, Cambridge
1992 . admitirse la posibilidad de traspasar el alcance de sus valores políti-
3. Para algunas concepciones recientes que son, en un sentido amplio, libera­
les, pero notablemente diferentes entre sí, véase David Lyons, E thics and ihe Rule 1989. Para la presencia de la religión en la razón pública, véase Kent Greenawalt,
ofLaw, Cambridge University Press, Cambridge, 1984, con una posición ciara en Religious Conviction and Poiitical Choice, especialmente los caps. 8 y 12; Robert
pp. 190 ss.; Ronald Dworkin, «The Forum o f Principie», en A M atter o f Princi­ Audi, «The Separation o f Church and State and the Obligations of Citizenship»,
pie, pp. 33-71; Charles Larmore, Pattems o f M oral Complexity y «Poiitical Libera-: Philosophy and Public Affairs, 18 (verano de 1989) y Paul Weithman, «The Separa­
lism», Poiitical Theory, 18 (agosto de 19 90); Thomas Nagel, Equality and Partiality;, tion of Church and State: Some Questions for Professor Audi», Philosophy and
Oxford University Press, Nueva York, 1991, cap. 14. Para una valiosa discusión dé Public Affairs, 2 0 (invierno de 1991), con la réplica de Audi en el mismo número; y
la idea de democracia deliberativa, véase Joshua Cohén, «Deiiberation and Demo- finalmente, el instructivo artículo de Lawrence Solum, «Faith and Justice», DePaul
cratic Legitimacy», en Alan Hamlin, ed., T he G ood Polity, Basil Blackwell, Oxford, Law Review, 39 (verano de 1990).
250 T R E S ID EA S C A PITA LES L A ID E A D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 251

'•1#' ' ■
eos? He aquí la respuesta: mi objetivo es empezar considerandp® i * mción y de las leyes y antecedentes ^elevantes. Puesto que los actos
caso más fuerte en el que las cuestiones políticas afectan a. los asi ^ 'legislativo y del ejecutivo no necesitan justificarse de esa mane-
tos más fundamentales. Si no consiguiéramos respetar aquí los Imspk a e\ especial papel de los tribunales de justicia les convierte en el
puestos por la razón pública, entonces parecería que no necesitan^ ‘ “ oajaC ügma de la razón pública (§ 6).
respetados en ninguna otra parte. Si esos límites, en cambio,
nan aquí, entonces podemos ir más allá y estudiar otros casos. Es$P
seguro de que normalmente es muy deseable plantear cuestiones * 2 . L A RAZÓN PÚBLICA Y E L IDEAL
líticas invocando los valores de la razón pública. Pero quizá no sie¿f ' * d e LA CIUDADANÍA DEMOCRATICA
pre sea ése el caso.
2. Otro rasgo de la razón pública es que sus límites no rigj: l. Vengo ahora a lo que para muchos constituye una dificul-
para nuestras deliberaciones y reflexiones personales sobre cuest® ;: básica en la idea de la razón pública, una dificultad que la hace
nes políticas, o para el razonamiento acerca de ellas por parte® carecer paradójica. ¿Por qué — se preguntan éstos— deberían los
miembros de asociaciones tales como iglesias y universidades, v |ifjüdadanos respetar los límites de la razón pública cuando discuten y
esas reflexiones y razonamientos constituyen una parte vital de nues­ votan sobre las cuestiones políticas más fundamentales? ¿Cómo pue-
tro trasfondo cultural. Ni que decir tiene que las consideraciójilp de ser razonable o racional para los ciudadanos, cuando los asuntos
religiosas, filosóficas y morales de varios tipos pueden desempeñar básicos andan en juego, limitarse a apelar a una concepción pública
aquí un notable papel. Pero el ideal de la razón pública sólo rige p ® .. ¡a justicia y no a la verdad global tal y como ellos la entienden?
los ciudadanos cuando éstos se comprometen en la defensa de Uní i ¿ sin duda, las cuestiones más fundamentales deberían plantearse ape-
determinada política en el foro público, como hacen, por ejempíó- i ¿ ¡ando a las verdades más importantes, y, sin embargo, es posible que
los miembros de partidos políticos y los candidatos en sus campañas -; ; éstas rebasen ampliamente a la razón pública.
o como lo hacen otros grupos que les dan apoyo. La razón pública Comenzaré intentando disolver esta paradoja e invocando un
también rige el modo en que los ciudadanos han de votar en las elec­ ¿ principio de legitimación liberal como el explicado en IV, § 1.2-3.
ciones cuando las esencias constitucionales y las cuestiones de j u n ­ Recuérdese que ese principio va ligado a dos rasgos especiales de la
cia básica están en juego. De modo que el ideal de la razón públmlí I relación política entre los ciudadanos democráticos:
no sólo gobierna el discurso público electoral en la medida en que lój En primer lugar, se trata de una relación entre personas dentro de
asuntos tratados impliquen cuestiones fundamentales, sino que taiill la estructura básica de la sociedad en la que han nacido y en la que
bién rige sobre el modo en que los ciudadanos han de votar sobre normalmente habrán de desarrollar un ciclo vital completo.
esas cuestiones (§ 2.4). De otra forma, el discurso público corre ef En segundo lugar, en una democracia, el poder político, que es
riesgo de ser hipócrita: los ciudadanos hablarían entre sí de una ma- siempre poder coercitivo, es el poder del público, esto es, de ciuda­
ñera, para luego votar de otra. danos libres e iguales considerados como un cuerpo colectivo.
Tenemos que distinguir, sin embargo, entre cómo el ideal de la Como de costumbre, damos por sentado que la diversidad de
razón pública rige para los ciudadanos y cómo rige para los varios doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables que se hallan
funcionarios del estado. Rige en los foros público-estatales, y así, en las sociedades democráticas es un rasgo permanente de la cultura
para los legisladores, cuando hablan en el hemiciclo parlamentario, pública, y no una mera condición histórica pasajera.
y para el ejecutivo, en sus declaraciones y en sus actos públicos. Supuesto todo lo cual, preguntamos: ¿cuándo pueden los ciuda­
También rige de un modo especial para el poder judicial y, sobre danos, por su voto, ejercer propiamente su poder político coercitivo
todo, para el tribunal supremo en una democracia constitucional con5 - unos respecto de otros cuando las cuestiones fundamentales están en
revisión judicial. Eso se debe a que los jueces tienen que explicar y juego? O ¿a la luz de qué principios e ideales debemos ejercer ese
justificar sus decisiones fundándolas en su interpretación de la cons- poder si su ejercicio ha de poderse justificar frente a los demás en
252 T R E S ID E A S C A PITA LES L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLICA 253

tanto que libres e iguales? A esta cuestión responde el liberal^|;; %se un° n“ smo en tanto que ciudadano democrático incluye la com-
político así: nuestro ejercicio del poder político es propia y 1 rensión un ideal de razón pública.
siguientemente justificable sólo si se realiza de acuerdo cori , por ló'demás, los valores políticos realizados por un régimen
constitución, la aceptación de cuyas esencias pueda razonableme^: constitucional bien ordenado son valores muy elevados y, por lo
presumirse de todos los ciudadanos a la luz de principios e ide¿®jp :^ s!Bo, difícilmente atropellables, y los ideales que esos valores
admisibles por ellos como razonables y racionales. Tal es el prin<¿. expresan no pueden ser abandonados a la ligera. De modo que, cuan­
pió liberal de legitimidad. Y puesto que el ejercicio del poder pollt|í: dola concepción política se funda en un consenso entrecruzado de
co mismo debe ser legítimo, el ideal de la ciudadanía imponeS§| doctrinas comprehensivas razonables, la paradoja de la razón públi­
deber moral, no legal, el deber de la civilidad, para poder explica^ cadesaparece. L a unión del deber de civilidad con los valores políti-
unos a otros respecto de esas cuestiones fundamentales cómó -í^ 1 ; Cós elevados arroja el ideal de los ciudadanos que se gobiernan a sí
políticas y los principios por los que abogan pueden fundarse en los propios a través de formas tales que cada quien pueda razonable­
valores políticos de la razón pública. Ese deber implica también una mente esperar que resulten aceptables para los demás; y a su vez, ese
disposición a escuchar a los demás, así como ecuanimidad a la hora ?|deal resulta robustecido por las doctrinas comprehensivas que las
de decidir cuándo resultaría razonable acomodamos a sus puntos de personas razonables sostienen. Los ciudadanos sostienen el ideal de
vista.4 la razón pública, no como producto de un compromiso político,
2. Algunos podrían decir que los límites de la razón públilf como si de un modus vivendi se tratara, sino a resultas de sus propias
rigen sólo en los foros oficiales, y así, sólo para los legisladores!. doctrinas razonables.
por ejemplo, cuando hablan en el hemiciclo parlamentario, o para él 3. Por qué la aparente paradoja de la razón pública no es tal
ejecutivo y el judicial en sus decisiones y actos públicos. Si éstos paradoja se ve más claro cuando recordamos que existen casos muy
respetan la razón pública, entonces darán a los ciudadanos razones familiares en los que admitimos que no deberíamos apelar a la ver-
públicas para las leyes que han de acatar y para las políticas queda ;dadglobal tal como nosotros la entendemos, aun cuando fuera fácil­
sociedad sigue. Pero eso no va lo suficientemente lejos. mente accesible. Considérese cómo en un caso penal las reglas de la
La democracia lleva consigo, como queda dicho, una relación evidencia limitan el testimonio que puede ser introducido con tal de
política entre ciudadanos dentro de la estructura básica de la socie^ garantizar al acusado el derecho básico de un juicio justo. No sólo
dad en la que han nacido y en la que normalmente habrán de desarro­ excluye esto la evidencia procedente de rumores y cotilleos, sino
llar un ciclo vital completo; también implica, además, una porción también la conseguida mediante registros y detenciones irregulares,
igual para cada uno del poder político que los ciudadanos ejercen o mediante abusos cometidos con los acusados durante el arresto y
unos sobre otros, por medio del voto, o por otras vías. Razonables y por no informarles de sus derechos. Tampoco pueden los acusados
racionales como son, y sabiendo que sostienen una diversidadde ser obligados a testificar en su propia defensa. Finalmente, para
doctrinas religiosas y filosóficas razonables, los ciudadanos deberían mencionar una restricción que tiene otras motivaciones, los esposos
ser capaces de explicarse unos a otros el fundamento de sus acciones nopueden ser requeridos para testificar el uno contra el otro, restric­
en términos tales que cada uno pudiera razonablemente esperar que ción que intenta proteger el elevado bien que es la vida familiar y
los demás aceptaran como consistentes con sus propias libertad e mostrar respeto por el valor de los vínculos afectivos.
igualdad. Intentar satisfacer esa condición es una de las tareas que el Podría objetarse que esos ejemplos son bastante remotos de los
ideal de la política democrática nos plantea. Entender cómo condu- límites implicados por el hecho de fundarse exclusivamente en la
razón pública.. Quizá sean remotos, pero la idea es similar. Todos
esos ejemplos lo son de casos en los que reconocemos como un
4. Spbre esto último véase la instructiva discusión de Amy Gutman y Dennis
Thompson en su «Moral Conflict and Political Consensus», Etkics, 101 (octubre dé deber el no decidir atendiendo a la verdad global, precisamente para
1990), pp. 76-86. respetar un derecho o un deber, o para promover un bien ideal, o
254 T R E S ID EA S C A P ITA LE S LA ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 255

para ambas cosas a la vez. Esos ejemplos sirven, como muchos o¡ff-
posibles, al propósito de mostrar cómo a menudo resulta perfecta* \| 3_ R azo n es n o p ú b l ic a s
mente razonable renunciar a la verdad global, de modo análogo
como se resuelve la supuesta paradoja de la razón pública. L o á ^ 1. La naturaleza de la razón pública resultará más clara si con­
hay que mostrar es, o bien que determinados derechos y libertad^ sideramos las diferencias entre ellq y las razones no públicas. En pri­
básicos, y sus correspondientes obligaciones, requieren el respeto mer lugar, hay muchas razones no, públicas, pero una sola razón
por parte de los ciudadanos de los límites puestos por la razón piíijfí pública. Entre las razones no públicas están las de asociaciones de
ca, o bien que ese respeto contribuye a promover determinados vá® iodos tipos: iglesias y universidades, sociedades científicas y asocia­
res elevados, o ambas cosas a la vez. El liberalismo político se basif ciones profesionales. Como hemos dicho, para actuar razonable y
en la conjetura de que los derechos y los deberes básicos, así cójlt* responsablemente, las corporaciones, como los individuos, necesitan
los valores políticos en cuestión, tienen tal peso que los límites dé|| unmodo de razonamiento cuando dirimen lo que hay que hacer. Este
razón pública se justifican por el conjunto de evaluaciones deqlf- modo de razonamiento es público respecto de sus miembros, pero no
doctrinas comprehensivas razonables una vez que esas doctrinas® respecto de la sociedad política y de los ciudadanos en general. Las
han ajustado a la concepción misma de la justicia.5 ;||| razones no públicas comprenden las varias razones de la sociedad
4. En cuestiones políticas fundamentales, la idea de la razón civil, y pertenecen a lo que he llamado «trasfondo cultural», en con­
blica recháza los puntos de vista comunes según los cuales votar® traste con la cultura política pública. Esas razones son sociales, y
un asunto privado, o incluso personal. Un punto de vista sostiene q§g desde luego no privadas.7
la gente puede propiamente votar según sus preferencias e interese? Ocurre que todos los modos de razonar — ya individuales, ya
sociales y económicos, por no mencionar lo que les disgusta y su|: asociativos, ya políticos— deben reconocer ciertos elementos comu­
fobias. Se dice que la democracia es la regla de la mayoría, y que un¿ nes: el concepto de juicio, principios de inferencia y reglas de evi­
mayoría puede hacer y deshacer a su antojo. Otro manifiestamente; dencia, y muchos otros; de lo contrario, no serían modos de razo­
diferente, afirma que la gente puede votar según lo que considera; nar, sino, si acaso, retórica, o medios de persuasión. Nosotros nos
coiTecto y verdadero, directamente de acuerdo con sus convicciones ocupamos de la razón, no simplemente del discurso. Un modo de
comprehensivas y sin tener en cuenta las razones públicas. razonar, pues, debe incorporar los conceptos fundamentales y los
No obstante, ambos puntos de vista se'parecen en el sentido tff; principios de la razón, e incluir estándares de corrección y criterios
que ninguno de ellos reconoce el deber de la civilidad, ni respeta los de justificación. Cierta capacidad para dominar esas ideas es parte de
límites de la razón pública a la hora de votar sobre asuntos constitu­ la razón humana común. Sin embargo, hay diferentes procedimien­
cionales esenciales y sobre cuestiones de justicia básica. El primefo- tos y métodos que resultan apropiados para las diferentes concepcio­
se guía por nuestras preferencias e intereses; eí segundo, por lo que nes que de sí mismos tienen los individuos y las corporaciones,
consideramos la verdad global. Mientras que, en cambio, la razón pú­ dadas las varias y diferentes condiciones bajo las cuales se desarrolla
blica, con su deber de civilidad, adopta, en lo atinente a la votación su razonamiento y las diferentes restricciones a las que ese razona-
de cuestiones fundamentales, un punto de vista con ciertas reminis­
cencias del Contrato social de Rousseau. Él entendió el voto como 7. L a distinción público versus no público no coincide con la distinción entre
expresión ideal de nuestra opinión acerca de qué alternativa promue­ pdblico y privado. Y o ignoro esta última: no hay algo así com o una razón privada.
ve mejor el bien común.6 Hay razón social — las varias razones de las varias asociaciones presentes en la socie­
dad que componen el trasfondo cultural— ; también hay una razón, digamos, domés­
tica — la razón de las familias como pequeños grupos en la sociedad— , y ésta contras­
ta tanto con la razón pública como con la social. Como ciudadanos, participamos en
5. Describí el proceso de adaptación en el capítulo IV, §§ 6-7. todas esás clases de razón y, cuando lo hacemos, gozamos de derechos com o ciudada­
6. E l contrato social, libro IV , cap. II, par. 8. nos iguales.
1L-I C J Ü U 1U 2

aspr1-

256 T R E S ID EA S C A PITA LES ffe LA ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 257

miento está sujeto. Esas restricciones pueden venir de la necesidad :decirse sino que nos imponemos esas;ídoctrinas a nosotros mismos.
de proteger ciertos derechos o de realizar ciertos valores. Mo quiero decir con ello que lo hagamos por un acto de libre elec­
A modo de ilustración: las reglas para ponderar la evidencia en ción* como-si no hubiera lealtades y compromisos, vínculos y afee-
un tribunal —las reglas relacionadas con la evidencia proporción®! jos previos. Quiero decir que, como ciudadanos libres e iguales, el
por los rumores en un proceso penal, que exigen que se pruebe!® \ e sostengamos esas creencias cae dentro de nuestra competencia
culpabilidad del acusado más allá de toda duda razonable—- resultan ¡ Eolítica definida por los derechos y.libertades básicos.
idóneas para el papel especial desempeñado por los tribunales, y-ggp %. En cambio, la autoridad del estado no puede eludirse excepto
necesarias para proteger el derecho del encausado a un juicio jpsfeP abandonando el territorio por él dominado, y ni siquiera siempre.
Una sociedad científica usará reglas de evidencia diferentes; y d$¡¡§ vQije su autoridad esté guiada por la razón pública no afecta a eso.
rentes corporaciones reconocerán diferentes autoridades como rél|if pues, normalmente, abandonar el propio territorio es dar un paso
vantes o vinculantes. Considérese lo diferentes que son las autorida­ muy grave: significa dejar atrás la sociedad y la cultura en las que
des invocadas en un ,concilio eclesiástico al discutir un asunto ¿fe hemos crecido, la sociedad y la cultura cuya lengua usamos al hablar
doctrina teológica, en una facultad universitaria al debatir la política y al pensar para expresarnos y entendemos a nosotros mismos, a
docente y en una reunión científica que intente evaluar el daño púb¿S ;nuestros objetivos, nuestras metas y nuestros valores; la sociedad y
co de un accidente nuclear. Los criterios y los métodos de esas razo# ja cultura de cuya historia, de cuyas costumbres y convenciones
nes no públicas dependen en parte de cómo se conciba la natural!® dependemos para encontrar nuestro lugar en el mundo social. En
(el objetivo y el propósito) de cada asociación, así como de las có|§ buena medida, afirmamos nuestra sociedad y nuestra cultura, y tene-
diciones en las que persigue sus fines. : jnos un conocimiento íntimo e inefable de ella, incluso cuando la
2. En una sociedad democrática, el poder no público, por éí ponemos muchas veces en cuestión, si no la rechazamos.
estilo, pongamos por caso, del ejercido por la autoridad de la iglesia La autoridad del estado no puede, pues, considerarse libremen­
sobre sus feligreses, es aceptado libremente. En el caso del podel; te aceptada en el sentido de que los vínculos de la sociedad y de la
eclesiástico, puesto que la apostasía y la herejía no constituyen déífe cultura, de la historia y del contexto social originario, empiezan a
tos legales, quienes no sean ya capaces de seguir reconociendo l|f moldear tan tempranamente nuestras vidas, y son normalmente tan
autoridad de una iglesia pueden dejar de ser miembros de ella snj fuertes, que el derecho de emigración (convenientemente cualifica­
tener que vérselas con el poder estatal.8 Cualesquiera que sean 1® do) no basta para decir que aceptamos su autoridad libremente, polí­
ideas comprehensivas religiosas, filosóficas o morales que teng|¡¡ ticamente hablando, al modo como la libertad de culto basta para
mos, todas son aceptadas libremente, políticamente hablando; puesf decir que aceptamos la autoridad eclesiástica libremente, política­
dadas la libertad de culto y la libertad de pensamiento, no pueáf; mente hablando. No obstante, a lo largo de la vida, podemos llegar a
aceptar libremente, como resultado del pensamiento reflexivo y del
g. En tal caso pensamos en la libertad de culto como protección del individuo! juicio razonado, los ideales, principios y pautas que definen nuestros
frente a ía iglesia. Eso es un ejemplo de la protección que ios derechos y libertad^; derechos y libertades básicos, y guiar efectivamente, y moderar, el
básicos garantizan en general a los individuos. Pero, del mismo modo, la libertad de-; poder político al que estamos sujetos. Este es el límite externo de
culto y otras libertades, como la libertad de asociación, protegen a las iglesias;:
de intrusiones del estado y de otras asociaciones poderosas. Tanto las asociaciones nuestra libertad.9
como los individuos necesitan protección, y también las familias necesitan protección
frente al estado y a las asociaciones, lo mismo que los miembros individuales de las
familias frente a otros miembros de la familia Gas mujeres frente a sus maridos, los; 9. Acepto aquí el punto de vista kantiano (pero no de Kant) según el cual lo que
hijos frente a sus padres). Es incorrecto decir que el liberalismo se concentra sólo én? afirmamos sobre la base de una razón y una reflexión libre e informada lo afirmamos
los derechos de los individuos; más bien, los derechos que reconoce sirven para prote-;! libremente, y según el cual también, en la medida en que nuestra conducta exprese lo
ger asociaciones, grupos más pequeños e individuos unos respecto de otros en un! que afirmamos libremente, nuestra conducta es libre en la medida en que pueda llegar
balance apropiado determinado por sus principios orientativos de justicia. a serlo. La libertad al nivel más profundo apela a la libertad de la razón, tanto teórica
258 T R E S ID E A S C A PITA LES
L A ID E A D E UNA RAZÓN P Ú B L IC A 259

vos, y eso dejaría a la concepción política incompleta y fragmenta­


§4. El CONTENIDO DE LA RAZÓN PÚBLICA
ba por consiguiente, esa concepción;pol£tica tiene dos partes:
1. Vengo ahora al contenido de la razón pública, despui\ u a) primero, principios substantivos de justicia para la estructu­
considerar su naturaleza y de esbozar el modo de disolver la aparen, ra básica; y _ •* '
te paradoja de respetar sus límites. Ese contenido está integrado por b) segundo, orientaciones de indagación: principios de razona­
lo que he llamado una «concepción política de la justicia», de laqüe miento y reglas de evidencia, a la luz de los cuales los ciudadanos
presumo su carácter liberal en un sentido amplio. Quiero decir coa jjan de decidir si los principios substantivos se aplican propiamente,
esto tres cosas: primero, la concepción de la justicia define ciertos tijsí como identificar las leyes y las políticas que mejor satisfacen
derechos, libertades y oportunidades básicos (del tipo que nos es esos principios substantivos.
familiar en los regímenes constitucionales democráticos); segundo
otorga una prioridad especial a esos derechos, libertades y oportuai- De aquí que, análogamente, los valores políticos sean de dos
dades, particularmente frente a las apelaciones al bien general y a los
¿tipos:
valores perfeccionistas; y tercero, proclama medidas tendentes a ase­
gurar a todos los ciudadanos medios adecuados para cualquier fin a) El primer tipo — los valores de la justicia política— cae bajo
que les permitan hacer uso efectivo de sus libertades y oportunidades fíos principios de justicia para la estructura básica: los valores de la
básicas. Los dos principios planteados en I, § 1.1-2 caen bajo esta •igualdad social y de la reciprocidad económica; y aún podemos aña­
descripción general. Pero cada uno de esos elementos puede verse de dir los valores del bien común, así como las varias condiciones nece­
maneras diferentes, de modo que hay varios liberalismos. sarias para que se realicen esos valores.
Al decir que una concepción de la justicia es política quiero tam­ b) El segundo tipo de valores políticos — los valores de la
bién decir tres cosas (I, § 2): que está armada de tal modo que sólo razón pública— cae bajo las líneas de orientación de la indagación
sirve para ser aplicada a la estructura básica de la sociedad —a sus pública, que hacen que esa indagación sea libre y pública. También
instituciones políticas, sociales y económicas principales— como un están incluidas aquí virtudes públicas tales como la razonabilidad y
esquema unificado de cooperación social; que se presenta de una ma­ la disposición a respetar el deber (moral) de la civilidad, las cuales,
nera independiente de cualquier doctrina religiosa o filosófica com­ como virtudes ciudadanas que son, contribuyen a que sea posible la
prehensiva más amplia y abarcante; y que está elaborada en términos discusión pública razonada de las cuestiones políticas.
de ideas políticas fundamentales que se entienden implícitas en la
cultura política pública de una sociedad democrática. 3. Como va dicho, en materia de esencias constitucionales y de
2. Ahora bien; es esencial que una concepción política liberal justicia básica, la estructura básica y sus políticas públicas tienen
incluya, además de sus principios de justicia, orientaciones de indar que poder justificarse ante todos los ciudadanos, como exige el prin­
gación que definan modos de razonar y criterios para evaluar las cía cipio de legitimación política. Agreguemos a eso que, al proceder a
ses de información relevantes en las cuestiones políticas. Sin tales tales justificaciones, tenemos que limitamos a apelar a creencias ge­
líneas de orientación, no podrán aplicarse los principios substantÉ nerales presentemente aceptadas y a formas de razonar procedentes
del sentido común, y a los métodos y a las conclusiones de la ciencia
como práctica, tal como se expresa en lo que decimos y en lo que hacemos. Los lími*; siempre que no resulten controvertidos. El principio liberal de legiti­
tes a la libertad son, en el fondo, límites a nuestra razón: a su desarrollo y educación# mación hace que éste sea el modo más apropiado, si no el único, de
su conocimiento e información, y al alcance de las acciones en las cuales puede definir las orientaciones de la indagación pública. ¿De qué orienta­
expresarse, y por consiguiente nuestra libertad depende de la naturaleza del contexto ciones y criterios alternativos disponemos en este caso?
institucional y social que'nós rodea.
Eso significa que, al discutir las esencias constitucionales y los
II!; I ca u sa l

260 T R E S ID EA S C A PITA LES L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 261

asuntos de justicia básica, no podemos apelar a doctrinas religiosfe: En la justicia como equidad, pués, las orientaciones de la razón
filosóficas comprehensivas — a lo que, como individuos, o cb¿| pública^ los principios de justicia tienen, en substancia, los mismos
miembros de asociaciones, creemos que es la verdad global— n- andamentos. Son partes conjuntas de un solo acuerdo. No hay nin-
elaborar, digamos, teorías económicas del equilibrio general si' éfiJíJ :¿una razón por la que cualquier ciudadano, o asociación de ciudada­
son objeto de disputa. Hasta donde sea posible, los conocimiento^ nos, debiera tener el derecho a Usar'el poder del estado para decidir
ios modos de razonar en que se funda nuestra afirmación de los prin­ cuestiones constitucionales esenciales según las directrices de la
cipios de justicia, y su aplicación a las esencias constitucionales fil­ doctrina comprehensiva abrazada por esta persona, o por esta asocia­
ia justicia básica, tienen que descansar en verdades llanas que, eif§f- ción. Habiendo igualdad de representación, ningún ciudadano garan­
momento presente, sean ampliamente aceptadas por el común dé j¿|’ tizaría a otra persona o a otra asociación esa autoridad política. Tal
ciudadanos o sean accesibles a él. De otro modo, la concepción poli autoridad carece, pues, de fundamento en la razón pública, y las doc­
tica no suministraría una base pública de justificación. trinas comprehensivas razonables lo reconocen.
Como veremos luego (§ 5), queremos que el contenido substáíitt 5. Recuérdese que el liberalismo político es un tipo de concep­
vo y las orientaciones de indagación de una concepción política s§ü ción. Tiene varias formas, según los principios substantivos emplea­
completos. Eso significa que los valores definidos por tal concep­ dos y el modo en que se fijen las orientaciones de indagación. Esas
ción pueden ser adecuadamente contrapesados o combinados, o uria? /formas tienen en común principios substantivos que son liberales,
dos de alguna otra forma, según los casos, de manera que sólo esO así como una idea de razón pública. El contenido y la idea pueden
valores proporcionen una respuesta pública razonable a todas, o;:a variar dentro de esos límites.
casi todas, las cuestiones relacionadas con las esencias constitucidí Aceptar enfáticamente la idea de razón pública y su principio de
nales y los asuntos de justicia básica. Para tener una noción de razón legitimación no significa aceptar una particular concepción liberal
pública hay que tener una respuesta razonable — o pensar que a sil de la justicia hasta los últimos detalles que definen su contenido,
debido tiempo la encontraremos— para todos, o para casi todos, esós podemos diferir respecto de esos principios y, sin embargo, estar de
casos. Diré que una concepción política es completa si satisface ésa acuerdo en la aceptación de los rasgos más generales de una concep­
condición, ción. Coincidimos en que los ciudadanos comparten el poder políti­
4. En la justicia como equidad, y creo que en muchas otras tefe co como libres e iguales, y en que, como razonables y racionales que
rías liberales, las orientaciones de indagación de la razón pública, así son, tienen el deber de civilidad de apelar a la razón pública, pero
como su principio de legitimación, tienen la misma base que ÍÓ| diferimos acerca de los principios que constituyan la base más razo­
principios substantivos de justicia. Eso significa, en la justicia como nable de la justificación pública. La teoría que he llamado «justicia
equidad, que las partes en la posición original, al adoptar principios como equidad» no es sino un ejemplo de una concepción liberal; su
de justicia para la estructura básica, deben adoptar también orienta­ contenido específico no es defínitorio de una tal concepción.
ciones y criterios de razón pública para poder aplicar aquellas nor­ Lo esencial de la idea de razón pública es que los ciudadanos tie­
mas. El argumento en favor de esas orientaciones, y en favor del nen que llevar a cabo sus discusiones fundamentales en el marco de
principio de legitimación, coincide en gran parte con el argumentó lo que cada uno considera como una concepción política de la justi­
en favor de los principios mismos de justicia y es tan fuerte como él. cia basada en valores cuya aceptación por otros quepa razonable­
Al defender los intereses de las personas que representan, las partes mente esperar, y de modo que cada uno esté dispuesto a defender esa
insisten en que la aplicación de principios substantivos se oriente por, concepción así entendida. Eso significa que cada uno de nosotros
juicios e inferencias, razones y evidencia, la aceptación de los cualés! debe disponer de un criterio acerca de los principios y orientaciones
pueda razonablemente esperarse de las personas por ellos represeirí que pensamos que otros ciudadanos (que son también libres e igua­
tadas. Si las partes dejaran de insistir en eso, no actuarían responsa­ les) pueden aceptar con nosotros, y debe estar dispuesto a explicarlo.
blemente como fiduciarias. De aquí el principio de legitimación. Debemos tener algún test disponible para saber cuándo se satisface
TRES IDEAS C A P I T A L E S LA ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 263
262

condición. Enotrolugar he sugerido, a modo de criterio, l0s Va- sainjento y de asociación, así como las tutelas proporcionadas por el
Les expresados por los principios y las orientaciones sobre l0s qUc imperi° de la iey.
se produciríaunacuerdoenla posición originaria. Muchos preferirán
otro criterio. ... . Todo eso es materia muy compleja; yo me limito a aludir a lo que
Evidentemente, podemos encontramos con que, en realidad, l0s se quiere decir con ello. Hay, simembargo, una diferencia importante
demás no lleguena aceptar los principios y orientaciones que nues­ entre las esencias constitucionales cubiertas por a), que definen la
trocriterioselecciona. Es posible que eso ocurra. Pero la idea es qUe 1 estructura general del estado y el,proceso político, y las esencias que
debemos teneruncriteriode esta clase, y eso basta ya para imponer-; caen bajo b), que definen lalguáldad de derechos y libertades bási­
adisciplinaconsiderableen la discusión pública. No de todo valor cos de los ciudadanos.
un e{je decir razonablemente que pasa ese test, o que es un valor p§|¡ 2. Las esencias del primer tipo pueden definirse de varias
Leo1„ n0todos los balances de los valores políticos son razona- maneras, como puede apreciarse por la diferencia entre un estado
A ’gg inevitable y a menudo deseable que los ciudadanos tengan presidencialista y un estado gubemamentalista. Pero, una vez defini­
iniones diferentes acerca de cuál sea la concepción política más : das, es vital que la estructura del estado cambie sólo cuando la expe­
apiada; puesla cultura política pública está obligada a contener riencia muestre que lo exigen la justicia política o el bien general, y
rieasfundamentalesdiferentes que pueden desarrollarse de modos di- ■ no empujada por la ventaja política de un partido o grupo que pueda
f rentes- Unamanerafiablede hallar cuál de ellas, si alguna, es la más ¡ llevar la batuta en un momento dado. Las disputas frecuentes en tor­
Sonable consisteenque compitan ordenadamente entre sí durante1 no de la estructura del estado, si no vienen exigidas por la justicia
buenperíododetiempo. política y si los cambios propuestos tienden a favorecer a unos parti­
dos sobre otros, aumenta los riesgos políticos y puede llevar a la des­
confianza y a una confusión que socave al estado constitucional.
En cambio, las esencias del segundo tipo tienen que ver con los
§5 La idea de las esencias c o n s t it u c io n a l e s derechos y libertades básicos y sólo pueden definirse de una manera,
aun si con pequeñas variaciones. La libertad de culto y la libertad
I Yadijimos antes (§ 4.3) que para tener una concepción polítíj; de asociación, y los derechos políticos de la libertad de expresión, dé
completa necesitamos identificar una clase de cuestiones políticas sufragio y de optar a un cargo público, se caracterizan más o menos
Lidamentaies respecto de las cuales los valores de la concepción del mismo modo en todos los regímenes libres.
lítica arrojen respuestas razonables. Esas cuestiones son, según mr; 3. Hay que notar a continuación una importante distinción
Lípuesta, las esencias constitucionales y los asuntos de justicia bási­ entre los principios de justicia que definen la igualdad de derechos y
ca. Expliquémonos: . . . . . . libertades básicos, por un lado, y los principios reguladores de asun­
Es de la mayor urgenciapara los ciudadanos alcanzar un acuerdo tos básicos de justicia distributiva tales como la libertad de movi­
'etico en el juicio acerca de las esencias constitucionales. Estas mientos y la igualdad de oportunidades, las desigualdades sociales y
sondedostipos: económicas y las bases sociales del autorrespeto, por otro lado.
Un principio definidor de los derechos y libertades básicos cubre
v principios fundamentales que definen la estructura general; el segundo tipo de esencias constitucionales. Pero, mientras que al­
, . ^ yel proceso político: los poderes legislativo, ejecutivo y, gún principio de oportunidades es, sin duda, una esencia de ese tipo
judicial; el alcancede la regla de mayoría; y (por ejemplo, un principio que exigiera al menos libertades de movi­
» 'igualdadde derechos y libertades básicos de los ciudadanos mientos y libre elección de empleo), la igualdad equitativa de opor­
lasmayoríaslegislativas han de respetar, tales como: el derecha tunidades, tal como la he definido, va más allá de eso, y no puede
rivotoyalaparticipaciónpolítica, libertad de culto, libertad de pen- considerarse constitucionalmente esencial. Análogamente, aunque un
264 T R E S ID EA S C A PITA LES L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 265

mínimo social que cubra las necesidades básicas de todos los ciud cos que acerca de la realización de fes principios de justicia social y
danos es también una esencia constitucional, lo que yo he llamado i económica. No se trata de una diferencia acerca de cuáles sean los
«principio de diferencia» es más exigente, y no puede considerarse orínciplos correctos, sino de una diferencia de dificultad en la apre­
tampoco constitucionalmente esencial.10 c ia c ió n del grado de cumplimiento de los principios.
4. La distinción entre los principios que cubren las libertades Para acabar: hay cuatro razones para distinguir las esencias cons­
básicas y los principios que cubren las desigualdades sociales y titucionales definidas porgas libertades básicas respecto de los prin­
nómicas no consiste en que los primeros expresen valores polftié^i g o s <3ue reSu*an *as desigualdades sociales y económicas.
y los segundos, no. Ambos expresan valores políticos. Ocurre ¿¡flí
bien que la estructura básica de la sociedad desempeña dos papeÍ||¿ a) Los dos tipos de principios definen papeles diferentes para
coordinados. Así, los principios que cubren las libertades básic|¿: la estructura básica.
definen el primer papel, mientras que los principios que d efin en ^ b) Es más urgente fijar las esencias que se ocupan de las liber­
desigualdades sociales y económicas definen el segundo. En el $ 0 tades básicas.
mer papel, la estructura define y garantiza derechos y libertades fifi c) Es harto más fácil saber si esas esencias han sido satisfe­
sicos iguales para todos los ciudadanos e instituye procedimiento chas.
políticosjustos. En el segundo papel, lo que hace es perfilar las insti­ d) Es, con mucho, más fácil conseguir un acuerdo acerca de lo
tuciones fundamentales de justicia social y económica que resultad que deberían ser los derechos y libertades básicos, no hasta el último
adecuadas para unos ciudadanos que son libres e iguales. El priii¿¿ detalle, evidentemente, pero sí en líneas generales.
papel se ocupa del modo en que se adquiere el poder político y de los
límites de su ejercicio. Esperamos poder fijar al menos esas cuestio­ Estas consideraciones explican por qué la libertad de movimien­
nes haciendo referencia a valores políticos capaces de suministrar tos y la libertad de elección de empleo, así como un mínimo social
una base publica de justificación. que cubra las necesidades básicas de los ciudadanos, cuentan como
A la luz de los arreglos constitucionales, y de su funcionamiento esencias constitucionales, mientras que el principio de la equitativa
práctico, puede verse más o menos si las esencias constitucionales igualdad de oportunidades y el principio de diferencia, no.
que cubren las libertades básicas han sido satisfechas. Si los objeti­ Hago hincapié aquí en que el hecho de que una concepción de la
vos y principios que cubren las desigualdades sociales y económicas justicia cubra las esencias constitucionales y los asuntos de justicia
han sido o no realizados es, empero, más difícil de decir. Esos asun­ básica — por el momento es todo lo que pretendemos— es ya de una
tos están casi siempre abiertos a amplias diferencias de opinión razo­ enorme importancia, aun cuando tenga poco que decir acerca de
nable; descansan en complicadas inferencias y en juicios intuitivos muchas materias económicas y sociales que los cuerpos legislativos
que nos exigen evaluar información compleja sobre asuntos sociales deben considerar a diario. Para resolver esos problemas, más parti­
y económicos magramente comprendidos. De manera que, aunque culares y concretos, resulta normalmente más razonable rebasar el
ambos tipos de cuestiones tienen que discutirse en términos de valo­ ámbito de la concepción política y de los valores expresados en sus
res políticos, podemos esperar un mayor grado de acuerdo- acerca de principios, e invocar valores no políticos que esa concepción no pue­
la satisfacción de los principios de las libertades y derechos bási­ de incluir. Mas, en tanto haya un acuerdo firme acerca de las esen­
cias constitucionales, y en tanto los procedimientos políticos esta­
blecidos sean razonablemente considerados justos, podrá mantener­
10. Para una igualdad de oportunidades equitativa, véase Teoría, pp. 72 s. se con normalidad una cooperación política y social voluntaria entre
Sobre el principio de diferencia, ibid., § 13. Las discusiones políticas de las razones a
favor y en contra de las oportunidades equitativas y del principio de diferencia, aún-,
ciudadanos libres e iguales.
que no son esencias constitucionales, caen bajo las cuestiones de justicia básica y, por
ende, deben decidirse apelando a valores políticos de la razón pública.
264 TRES IDEA S C A PITA LES L A IDEA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 265

mínimo social que cubra las necesidades básicas de todos los ciuda eos que acerca de la realización de lós principios de justicia social y
danos es también una esencia constitucional, lo que yo he llamad^él económica. No se trata de una diferencia acerca de cuáles sean los
«principio de diferencia» es más exigente, y no puede considerarse principios'correctos, sino de una diferencia de dificultad en la apre­
tampoco constitucionalmente esencial.10 . ; :; ciación del grado de cumplimiento de los principios.
4. La distinción entre los principios que cubren las liberta® Para acabar: hay cuatro razones.para distinguir las esencias cons-
básicas y los principios que cubren las desigualdades sociales y eco ­ ; htucionales definidas por las libertades básicas respecto de los prin­
nómicas no consiste en que los primeros expresen valores politicé® cipios que regulan las desigualdades sociales y económicas.
y los segundos, no. Ambos expresan valores políticos, Ocurre
bien que la estructura básica de la sociedad desempeña dos papel!® a) Los dos tipos de principios definen papeles diferentes para
coordinados. Así, los principios que cubren las libertades b ási® la estructura básica.
definen el primer papel, mientras que los principios que definen® b) Es más urgente fijar las esencias que se ocupan de las liber­
desigualdades sociales y económicas definen el segundo. En el pal­ tades básicas.
mer papel, la estructura define y garantiza derechos y libertades baí c) Es harto más fácil saber si esas esencias han sido satisfe­
sicos iguales para todos los ciudadanos e instituye procedimiento® chas.
políticosjustos. En el segundo papel, lo que hace es perfilar las insti­ d) Es, con mucho, más fácil conseguir un acuerdo acerca de lo
tuciones fundamentales de justicia social y económica que resultan que deberían ser los derechos y libertades básicos, no hasta el último
adecuadas para unos ciudadanos que son libres e iguales. El primé® detalle, evidentemente, pero sí en líneas generales.
papel se ocupa del modo en que se adquiere el poder político y de lo®
límites de su ejercicio. Esperamos poder fijar al menos esas cuestio­ Estas consideraciones explican por qué la libertad de movimien­
nes haciendo referencia a valores políticos capaces de suministrar tos y la libertad de elección de empleo, así como un mínimo social
una base pública de justificación. que cubra las necesidades básicas de los ciudadanos, cuentan como
A la luz de los arreglos constitucionales, y de su funcionamiento esencias constitucionales, mientras que el principio de la equitativa
práctico, puede verse más o menos si las esencias constitucionales igualdad de oportunidades y el principio de diferencia, no.
que cubren las libertades básicas han sido satisfechas. Si los objeti­ Hago hincapié aquí en que el hecho de que una concepción de la
vos y principios que cubren las desigualdades sociales y econom icé justicia cubra las esencias constitucionales y los asuntos de justicia
han sido o no realizados es, empero, más difícil de decir. Esos asum básica — por el momento es todo lo que pretendemos— es ya de una
tos están casi siempre abiertos a amplias diferencias de opinión razo^ enorme importancia, aun cuando tenga poco que decir acerca de
nable; descansan en complicadas inferencias y en juicios intuitivos muchas materias económicas y sociales que los cuerpos legislativos
que nos exigen evaluar información compleja sobre asuntos sociales deben considerar a diario. Para resolver esos problemas, más parti­
y económicos magramente comprendidos. De manera que, aunque culares y concretos, resulta normalmente más razonable rebasar el
ambos tipos de cuestiones tienen que discutirse en términos de valo­ ámbito de la concepción política y de los valores expresados en sus
res políticos, podemos esperar un mayor grado de acuerdo, acerca de principios, e invocar valores no políticos que esa concepción no pue­
la satisfacción de los principios de las libertades y derechos bási- de incluir. Mas, en tanto haya un acuerdo firme acerca de las esen­
cias constitucionales, y en tanto los procedimientos políticos esta­
blecidos sean razonablemente considerados justos, podrá mantener­
10. Para una igualdad de oportunidades equitativa, véase Teoría, pp. 72 s. se con normalidad una cooperación política y social voluntaria entre
Sobre el principio de diferencia, ibid., § 13. Las discusiones políticas de las razones a
favor y en contra de las oportunidades equitativas y del principio de diferencia, aun­
ciudadanos libres e iguales.
que no son esencias constitucionales, caen bajo las cuestiones de justicia básica y, por
ende, deben decidirse apelando a valores políticos de ia razón pública.
266 TRES ID EA S C A PITA LES L A ID E A D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 267

expresión de principios, en la ley suprema, de la aspiración política


§ 6. E l t r ib u n a l s u p r e m o c o m o m o d e l o d e l a r a z ó n PÚBLICA ¿e un pueblo a gobernarse a sí propio de una determinada manera. El
, objetivóle la razón pública es articular esa aspiración ideal. Algu-
1. AI empezar (§ 1.2), observé que en un régim en constituyo, nos de los fines de la sociedad política pueden constar en un preám­
nal con revisión judicial, la razón pública es la razón de su tribunal bulo — hacer justicia y promover el bienestar general— , y ciertas
supremo.11 Ahora esbozaré dos tesis al respecto: primera, que lara. restricciones pueden encontrarse en una carta de derechos, o estar
zón pública resulta muy adecuada para convertirse en la razón del implicadas por un sistema de gobierno — procesos jurídicos correc­
tribunal supremo cuando éste desempeña su papel de supremo intér­ tos y garantía legal de equiprotección— . Esos fines y esas restriccio­
prete jurídico, pero no de intérprete final de la ley suprema;'3y nes están en el ámbito de los valores políticos y de la razón pública.
segunda, que el tribunal supremo es la rama del estado que sirve Es necesario que la expresión de principios de la ley suprema goce
com o modelo de la razón pública. Para ilustrar estas tesis, menciona­ de un apoyo muy amplio, y por esta u otras razones lo mejor es no
ré brevemente cinco principios del constitucionalismo.13 cargarla con demasiados detalles y cualificaciones. También debería
E l primer principio es la distinción que Locke hace en los Dos ser posible que sus principios esenciales se hicieran visibles en insti­
tratados entre el poder constituyente del pueblo para establecer un tuciones básicas.14
nuevo régimen y el poder ordinario de los funcionarios del estado y Un cuarto principio es que, merced a una constitución democrá­
del electorado ejercido en la política cotidiana. Ese poder constitu­ ticamente ratificada, con una carta de derechos incluida, el cuerpo de
yente del pueblo (II, 134, 141) proporciona un marco regulador dél ciudadanos fija de una vez por todas determinadas esencias constitu­
poder ordinario, y entra en escena sólo cuando el régimen existente cionales, como, por ejemplo, la igualdad de derechos y libertades
ha sido disuelto. básicos, y la libertad de expresión y de asociación, así como aquellos
L a segunda distinción se da entre la ley suprema y la ley ordina­ derechos y libertades que garantizan la seguridad y la independencia
ria. L a ley suprema es la expresión del poder constituyente del pue­ de los ciudadanos (libertad de movimientos y de elección del em­
b lo, y está investida con la suprema autoridad de la voluntad de pleo, y las garantías del imperio de la ley). Esto asegura que las leyes
N osotros, el Pueblo; mientras que la legislación ordinaria tiene la ordinarias son aprobadas a través de determinadas vías por ciudada­
autoridad y es la expresión del poder ordinario del Parlamento y del nos libres e independientes. A través de esos procedimientos estable­
electorado. La ley suprema vincula y guía al poder ordinario. cidos, el pueblo puede expresar, hágalo o no, su voluntad democráti­
Un tercer principio es que una constitución democrática es una ca razonada, y de hecho sin tales procedimientos ni siquiera puede
tener tal voluntad.
11. Esto no es una definición. Doy por supuesto que en una sociedad bien orde­ Quinto y último, en el estado constitucional, el poder último no
nad a ambas se solapan más o menos. Agradezco a James Fleming su valiosa ayuda puede dejarse al legislativo, ni tampoco al tribunal supremo, que sólo
en la formulación de varios puntos de esta sección. es el intérprete jurídico supremo de la constitución. El poder último
12. Me ha sido aquí de mucha utilidad: Bruce Ackerman, «Constitutional Poli-
radica en las tres ramas, las cuales se hallan en una relación debida­
tics/Constitutional Law», Y ale Law Journal, 99 (diciembre de 1989), así como su
recien te We the People: Foundaíions, Harvard University Press, Cambridge, Mass., mente definida entre sí, y cada una de ellas es responsable ante el
1 9 9 1 , vol. I. pueblo.15Es verdad que, a largo plazo, una mayoría robusta del elec-
13. Me baso aquí en John Agresto, The Suprem e Court and Constitutional
D em o cra cy , Comell University Press, íthaca, 1984, especialmente pp. 4 5 -5 5 ; Stephen 14. Por estas razones, entre otras, doy por supuesto que el principio de igualdad
H olm es, «Gag Rules or the Politics of Omission» y «Precommitment and the Paradox equitativa de oportunidades y el principio de diferencia no son esencias constituciona­
o f D em ocracy», ambos en Jon Elster y Ruñe Slagstad, eds., Constitutionalism and De- les, aunque, com o ya he dicho, en la teoría de la justicia como equidad son asuntos de
m o cra cy , Cambridge University Press, Cambridge, 1987; Jon Elster, Ulysses and the justicia básica (§ 5.3).
S ire n s , Cambñdge University Press, Cambridge, 1979, pp. 8 1 -8 6 , 8 8 -103. No hay 15. Al decir esto sigo lo q u e en m i opinión es el punto de vista de Lincoln, tal
n ad a nuevo en mi concepción. como lo expresó en sus observaciones sobre Dred Scott (1 8 5 7 ) en sus discursos y en
268 TRES IDEAS CAPITALES LA IDEA D E UNA RAZÓN PÚ BLICA 269

torado puede acabar moldeando la constitución según su voluntad realidad es antimayoritario respecto cié la ley ordinaria, pues un tribu­
política. Eso es simplemente un hecho acerca del poder político como nal encargado de la revisión judicial puede declarar inconstituciona­
tal. No hay modo de sortear ese hecho, ni siquiera mediante cláusu­ les leyes ele ese tipo. Sin embargo, la autoridad superior del pueblo lo
las blindadas que traten de fijar permanentemente las garantías de­ apoya. El tribunal no es antimayoritario respecto de la ley suprema
mocráticas básicas. No existe ningún procedimiento institucional a cuando sus decisiones resultan razonablemente acordes con la consti­
salvo de abusos o de distorsiones capaces de engendrar leyes viola­ tución misma, con sus enmiendas y con las interpretaciones de ellas
doras de principios democráticos básicos.*16La idea de constituciones políticamente obligadas.
y leyes básicas correctas y justas va de la mano de la concepción po­ Supongamos que estamos de acuerdo en que los tres períodos más
lítica de la justicia que sea más razonable, pero no es ella misma el innovadores de la historia constitucional norteamericana son el perío­
resultado de unproceso político real. Volveré más adelante sobre una do fundacional, la reconstrucción y el New Deai.19 Será importante
cuestión que esto deja abierta (§ 6.4). entonces que los tres se nos muestren confiados en los valores políti­
2. De modo que la democracia constitucional es dualista: dis­ cos de la razón pública y sólo en ellos. La constitución, y el proceso de
tingue el poder constituyente del poder ordinario, así como la ley- sus enmiendas, las enmiendas del período de la reconstrucción que
suprema del pueblo de la ley ordinaria de los cuerpos legislativos. La trataron de erradicar el azote del esclavismo, y el estado moderno y
supremacía parlamentaría es rechazada. activo llamado de bienestar del período del New Deal, todos parecen
La noción de un tribunal supremo se compadece bien con esta cuadrar con esa descripción, aunque nos tomaría algún tiempo argu­
idea de una democracia constitucional dualista en la medida en que es mentarlo. Sin embargo, si aceptamos eso, y si entendemos al tribunal
uno de los mecanismos institucionales encargados de proteger la ley supremo como el supremo intérprete jurídico, aunque no el intérprete
suprema.17Ál aplicar la razón pública, el tribunal corre con la tarea de último, de este cuerpo de ley suprema, la tesis es que los valores polí­
prevenir la erosión de esa ley por parte de la legislación aprobada por ticos de la razón pública suministran la base interpretativa del tribunal.
pasajeras mayorías, o, más probablemente, por parte de intereses Una concepción política de la justicia cubre las cuestiones fundamen­
estrechos organizados y bien situados que trataran de llevar el agua a tales de que se ocupa la ley suprema y erige los valores políticos, en
su molino. Si el tribunal asume ese papel y efectivamente lo desem-; términos de los cuales habrán de ser dirimidas aquellas cuestiones.20
peña,18es incorrecto decir que es derechamente antidemocrático. En Ciertamente, algunos dirán que la supremacía parlamentaria, sin
carta alguna de derechos que valga, es mejor que.el régimen dualista
norteamericano; que apoya de un modo más firme los valores que la
sus debates con Douglas en Lincoln: Speeches and Writings, Don Fehrenbacher, ed., ley suprema trata de garantizar en un esquema dualista. Por otra par­
Library o f America, Nueva York, 1989, pp. 392 s., 4 5 0 ss., 5 2 4 ss., 7 1 4 -7 1 7 y 740 s.;
y en su Primera Inaugural (1861), ibid., vol. 2, pp. 220 ss. Para estudios de la concepción
te, algunos podrían pensar que es mejor una constitución que, como la
de Lincoln, véase Alexander Bickei, The Least Dangerous Branch, Bobbs-Memll, alemana, incorpora, a modo de blindaje, una lista de derechos bási­
Nueva York, 1962, pp. 65-69 y 259-269; Agresto, The Suprem e Court, especialmente cos, colocando esos derechos fuera del alcance de cualquier enmien-
pp. 86-95,105 y 128 s.; y Don Fehrenbacher, Lincoln: In Text and Context, Stanford
University Press, Stanford, 1987, especialmente pp. 2 0 -23, 125 ss. y 293.
16. Análogamente, no hay procedimientos indagatorios, ni siquiera los de las que mencionar a Dred Scott (1857). Aguó las enmiendas del período de reconstrucción
investigaciones científicas y académicas, que garanticen la obtención de la verdad a interpretándolas como una carta blanca para la libertad capitalista en vez de como un
largo plazo. Como comentamos al final del capítulo tercero (III, § 8), no podemos título de libertad para los esclavos emancipados; y desde Lochner (1905) hasta los
definir la verdad como lo afirmado por creencias que sobrevivirían en una situación comienzos del New Deal se comportó de forma parecida.
de consenso idealizado, por amplio que éste fuera. 19. Sigo aquí la descripción de Ackerman en «Constitutional Politics/Constitutio­
17. Véase Ackerman, «Constitutional Politics/Constitutional Law », pp. 464 s. nal Law», sobre todo en las pp. 486-515, así como en We the People, caps. 3-6 passim.
y We the Peopk, pp- 6-10. 20. Véase Samuel Freeman, «Original Meaning, Democratic Interpretación, and
18. Hay que decir que, históricamente, el tribunal a menudo ha dejado de cum­ the Constitution», Philosophy and Public Ajfairs, 21 (invierno de 1992), pp. 26 s. y
plir ese papel. Sostuvo los decretos de Extranjería y Sedición de 1798 y no hay más 36 s., en donde discute esas cuestiones.
270 T R E S ID E A S C A PITA LES L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 271

da, incluso de enmiendas promovidas por el pueblo o por el tribunal necesitan justificar mediante la razóá pública por qué votan como
supremo alemán. Al hacer cumplir esos derechos, la constitución vota11» o hacer que sus razones sean consistentes y adecuarlas a una
puede resultar antidemocrática; su blindaje tiene esa consecuencia. YÍsión constitucional coherente que abarque el espectro global de sus
De acuerdo con los valores de una concepción política razonable Je decisiones. Pero el papel de los jueces consiste precisamente en hacer
la justicia, esos regímenes pueden ser superiores a un régimen dua­ ¿so y, al hacerlo, no pueden tenef otra razón que la pública, ni otros
lista en el que esas cuestiones básicas son fijadas por la ley supréinl valores que los políticos. Más allá de lo cual, no pueden dejarse guiar
de Nosotros, el Pueblo.21 sinopor lo que ellos piensen que exigen los casos, prácticas y tradicio­
Debería subrayarse que el liberalismo político como tal no ¿fir­ nes constitucionales, así como los textos históricamente significativos.
ma ni niega ninguna de esas tesis, de manera que no necesitara® Decir que el tribunal es el modelo de la razón pública significa
discutirlas. Nosotros nos limitamos a sostener que, cualquiera que también que es tarea de los jueces intentar desarrollar y expresar, en
sea el modo en que se decida sobre estas cuestiones, el contenido)® sus opiniones razonadas, la mejor interpretación de la constitución
una concepción política de la justicia incluye los valores de la raz® que puedan usando su conocimiento de lo que exigen la constitu­
pública, de acuerdo con la cual deben juzgarse los méritos de los tres ción y los precedentes constitucionales. En este caso, la mejor inter­
tipos de régimen. pretación es la que mejor cuadra con el cuerpo de esos materiales
3. Vengo ahora a un segundo punto: el papel del tribunal supre­ constitucionales y la que mejor justifica ese cuerpo en los términos
mo no es meramente defensivo, sino que consiste en dotar a la razón de la concepción política de la justicia, o de una variante razonable de
pública continuamente de su debido efecto sirviendo como modelo ella. .Al proceder así, es de esperar que los jueces puedan apelar y
institucional suyo.22Eso significa, primero, que la razón pública esla apelen a los valores políticos de la concepción pública, siempre que
única razón de que se vale el tribunal. Él es la única rama del estado ja constitución misma explícita o implícitamente invoque esos valo­
que es palmaria y visiblemente criatura de tal razón, y sólo de tal res — como lo hace, por ejemplo, al incorporar una carta de derechos
razón. Los ciudadanos y los legisladores pueden votar de acuerdo con que garantiza la libertad de culto religioso o la igualdad ante la ley.
sus respectivas doctrinas comprehensivas, más abarcantes, cuando las El papel del tribunal aquí es parte de la publicidad de la razón, y
esencias constitucionales y la justicia básica no están en juego; no constituye un aspecto del amplio papel, también educativo, desem­
peñado por la razón pública.
21. Robert Dahl, en su Dem ocracy a n d lts Critics, Yale University Press, New Evidentemente, los jueces no pueden traer a colación su propia
Haven, 1989, discute los méritos relativos de esas formas de instituciones democráti­ moralidad personal, ni los ideales y virtudes de la moralidad en
cas. En cierto modo es crítico del sistema parlamentario británico (el «modelo de
Westminster») (pp. 156-157), y aunque es también crítico del sistema de revisión general. Todo eso tienen que tratarlo como si fuera irrelevante. Del
judicial (pp. 187-191), piensa que no hay aquí una forma umversalmente óptima de mismo modo, tampoco pueden invocar puntos de vista — propios o
resolver el problema del modo de proteger derechos e intereses fundamentales. Dice: ajenos— religiosos o filosóficos. Ni pueden aludir sin restricción
«A falta de una solución universal óptima, es necesario que las soluciones específicas alguna a valores políticos. Lo que deben hacer es apelar a los valores
se adapten a las condiciones y a las experiencias históricas, a la cultura política y a las
instituciones políticas concretas de un determinado país» (p. 292). Tiendo a estar de
políticos que, a su entender, pertenezcan a la interpretación más ra­
acuerdo con esto y le agradezco a Dennis Thompson que corrigiera mi mala interpre­ zonable de la concepción pública y de sus valores políticos de justi­
tación inicial del punto de vista de Dahl. cia y razón pública. Y esos son valores respecto de los cuales ellos
22. El poder judicial con un tribunal supremo no es la única institución que creen de buena fe que, como exige el deber de civilidad, puede espe­
cumple esta función. E s esencial que otras organizaciones sociales hagan lo mismo,
rarse razonablemente que todos los ciudadanos, en tanto que indi­
tal como se hace, por ejemplo, al financiar públicamente de un modo sistemático las
elecciones y al restringir las donaciones privadas con vistas a dotar a las libertades viduos razonables y racionales, aceptarán.23
políticas de un valor de equidad, o al menos empujar al proceso político de una mane­
ra significativa en esa dirección. Véase Teoría, pp. 2 2 4 -2 2 7 y VIII, §§ 7, 12, en las 23. Esta descripción de lo que los jueces deben hacer parece coincidir con la
pp. 361-368 y 395-401, respectivamente. concepción de Ronald Dworkin en, por ejemplo, «Hard Cases», en Taking Rights
2 72 t r e s id e a s c a p i t a l e s LA ID EA D E UNA R A ZÓ N P Ú B L IC A 273

Com o ya dije (§ 4.5), empero, la idea de razón pública no s i g ¿ ¿ porteainericano con frecuencia, sitúafen el centro de una controver­
ca que los jueces estén de acuerdo entre sí, más de lo que lo están lo* sia política los términos en los que^ debería establecerse cuáles son
ciudadanos, en los detalles de su comprensión de la constitución. Sin joSvalores políticos.
em bargo, tienen que interpretar, y tiene que parecer que interpretan La constitución no es lo que el tribunal supremo dice que es. Es,
la m ism a constitución desde la perspectiva de lo que consideran las putes bien, lo que el pueblo, actuando constitucionalmente a través
partes relevantes de la concepción política y creer de buena fe que sn ¿g las otras ramas, permite.eventualmente al tribunal supremo decir
interpretación puede ser defendida desde esa perspectiva. El papéj qUe es. Una particular interpretación de la constitución puede ser im­
del tribunal como intérprete jurídico supremo de la constitución puesta al tribunal mediante enmiendas, o a través de una amplia y
supone que las concepciones políticas sostenidas por los jueces, así continuada mayoría política, como ocurrió en el New Deal en Estados
com o sus puntos de vista acerca de las esencias constitucionales Unidos.24Eso plantea la cuestión de si una enmienda para rechazar la
ubican más o menos en el mismo lugar el alcance central de las liber­ primera Enmienda, pongamos por caso, y convertir una particular
tades básicas. En ésos casos al menos, sus decisiones consiguen fijar religión en la religión oficial del estado, con todas las consecuencias
las cuestiones políticas más fundamentales. _ que de ello se deriven, o para rechazar la Decimocuarta Enmienda,
4. Finalmente, el papel del tribunal como modelo de razón con su igualdad ante la ley, debe ser aceptada por el tribunal como
pública tiene un tercer aspecto: dar a la razón pública vivacidad y enmienda válida.25 Es una verdad de perogrullo decir, como dije
vitalidad en el foro público; se la da merced a sus juicios autorizados antes, que si el pueblo actúa constitucionalmente, tales enmiendas
sobre cuestiones políticas fundamentales. El tribunal cumple ese serán válidas. Pero ¿es suficiente para la validez de una enmienda el
papel cuando interpreta clara y efectivamente la constitución de una que entre en vigor por el procedimiento del Artículo V ?26¿Qué razo­
m anera razonable; y cuando no consigue hacerlo, como le ocurre al nes podría tener el tribunal o el ejecutivo (suponiendo que la enmien­
da hubiera escapado a su veto) para considerar inválida una entrada
en vigor que satisficiera esa condición?
S erio u sly , Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1986, cap. 7, excepto quizá Consideremos las razones siguientes: una enmienda no es un
en una reserva (hay trad. casi.: Los derechos en seno, Anel, Barcelona, 19892). He
d icho que los jueces al interpretar la constitución, tienen que apelar a los valores polí­
mero cambio. Una idea que anda por detrás de una enmienda es ajus­
tico s cubiertos por la concepción política pública de la justicia, o ai menos por alguna tar valores constitucionales básicos a las cambiantes circunstancias
varian te reconocible de la misma. Los valores que los jueces pueden invocar están políticas y sociales, o incorporar a la constitución una comprensión
restringidos a lo que razonablemente puede creerse cubierto por tal concepción o por más amplia y más inclusiva de esos valores. Las tres enmiendas a la
sus variantes, y no por una concepción de la moralidad como tal, ni siquiera de h constitución norteamericana relacionadas con la guerra civil hacen
m oralidad poiítica.'Me parece que esto último es demasiado laxo. Así, aunque resulta
apropiado apelar a un mínimo social determinado por las necesidades básicas (acep,: eso, como lo hace también la Decimonovena Enmienda, que garan-
tando la concepción de Frank Michelman en «Welfare Rights and Constítutíonal
D e m o cra cy » , Washington University Law Quarterly, 1979 (verano de 1979), nopue-
de apelarse al principio de diferencia a no ser que aparezca como orientación en una 24. Véase Ackerman, «Constitutional Politics/Constitutional Law », pp. 510-
ley (§ 5 .3). Creo que Dworkin piensa que su requisito de competencia basta para lle­ 515 y We the People, cap. 5.
g ar aproximadamente a la misma conclusión, pues incorpora ese requisito para distiiv. 25. Ackerman sugiere que un compromiso con la democracia dualista implica
guir interpretación de invención, y supone que una interpretación razonable es sufi­ que el tribunal supremo debe aceptar la enmienda como válida; yo niego eso. Aunque
cien te p ara mostrar lo que ya está implícito en la ley por estar articulada dentro del Ackerman afirma que estaría orgulloso de pertenecer a una generación que blindara la
m arco de la concepción política o de una de sus variantes reconocibles. Quizá esté en Carta de Derechos, puesto que de aquí resultaría un régimen más ideal, el blindaje,
lo cie rto en este punto, pero no estoy seguro. Yo me inclino por exigir, además del' piensa, es contrario a la idea de nuestra democracia dualista. We the People, pp. 319-
requisito de competencia, que, para que las decisiones del tribunal sean propiamente 322.
sen ten eias judiciales, la interpretación caíga dentro de la concepción política pública 26. Estoy en deuda con Stephen Macedo por una valiosa discusión que me lle­
de la ju sticia ó de una variable reconocible de ella. Dudo que esta tesis difiera subs- vó a plantearme esta cuestión. Véase su Liberal Virtues, Clarendon Press, Oxford,
tancialm en te de la de Dworkin. í 990, pp. 182 s. L o que dice es similar a lo que yo digo aquí.
uai l ü u i i -s ü ,

274 TRES DEAS CAPITALES


la idea de una razón púbuca
tiza a Jas mujeres el derecho de sufragio; y a lo m ism i- . 275
E n m ien d a de Igualdad de Derechos. En la F u n d a cio n a H i^ ^ ^ S jjroversia. A menudo, su papel fuerza a 1*
nifiesta contradicción entre la idea de igualdad df* la r» , un» forma de principio para poder e n c ía f la “ ,0 ".P oIftica a adoptar
« * w ^ jücuw4 y uw*» j ia cscanoaiosa e sc la v * j aw ¡de un modo acorde con los v^ores pol/tíXdV f Ó" constitucional
raza subyugada; también había requisitos de propiedad *Ud de * # ,ón pública. La discusión pública sc com V V iajustIcia y de la ra-
votar, y a las mujeres se les negaba el sufragio t a m b i / ^ r poder que una mera lucha por el poder y la p o s i c Z Z T Z ^ 60 4180 más
carneóte, esas enmiendas pusieron a la Constitución m ' ¡tatos en el uso de la razón pública .vV V ? ,E ,educa a ios c¡uda_
de su promesa original.27Otra idea subyacente a Una d& en. la línea dirigiendo su atención a asuntos c o n s titu í V® ° r justic!a Política,
la de adaptar instituciones básicas para eliminar debiíiri
Para acabar estas o b s e r v a c l o n ^ X ™ ^ 08'
surgen a la luz de la práctica constitucional s u b s i g u i e n n ^ i ? ^ sólfr régimen constitucional con revisión ;„ !L ,™ unaJ suPremo en un
Que, con excepción de la Decimoctava, todas las enm' *,* e m°% pretendía una defensa de tal revistón ann ' df tacaré que no se
americanas tienen que ver, o bien con el diseño in stit ?n<ías n« r p f' defendida dadas ciertas circunstancias h k l ; " * quizá Pueda ser
tado (así, por ejemplo, Ja Vigésimo segunda, Que sólo 0 ^ ° ° ^ deí S í * * de la cultura política. Sn ^ y CÍertas c° " dW o-
s id e n te servir durante dos mandatos), o bien con ' 011116 ^ de la razón pública, y para m e ,o r !t r f i f ®r? e,aborar *a idea
básicos de la política (comopor ejemplo la Decimosexta1108 asüOÉOs al modo en que el tribunal supremo p iL ie í ^ ldea he atendido
tiza al Congreso el poder para recaudar im p u estos) T ? ? Üe y aunque el tribunal es especia] en ¿ T d COmo m°delo suyo
papel de las enmiendas. ' “a sido el
estado podrían ciertamente!^ si a elio e s t u v S T ° ' *** -&aS ramas del
El tribunal podría decir entonces que una en m ien d a n ael foros de principios en el debate de cuesfoC° nStrefiÍdaS’ ser Junto
zar la Primera Enmienda y reemplazarla por su o p u e t rec^ de cuestiones constitucionales.29
fundamentalmente la tradición democrática del rénim^ S 2 COntradiee
más antiguo del mundo. Por lo tanto es inválida. -Si.on‘fíem° Crat*C0 § 7. D ificultades aparentes en la idea de razón pübuca
la Carta de Derechos y otras enmiendas están blindada ? ? ? GS° que
blindadas en el sentido de que están validadas por una 1 ° lenVestaa
histórica. Pueden ser enmendadas por las vías ante at^a Practica
pero no simplemente rechazadas y cambiadas de signo í”enci° nadas, ción polítiecaUcuyose v ^ Í e s « m b te a d ^ X T u sti1SCa * COIlceP-
airqjen repuestas razonables para todas o n Ücia.y razón Pública
a ocurrir, y no es inconcebible que eJ ejercicio del pode" * ^e^ara: nones políticas fundamentales! a q S S o l f / T t0daS’ las cues~
da tomar ese rumbo, se trataríade una ruptura constriñe1 P° 1 2 ° ° pUe“
revolución en el sentido prt^io de la palabra, y n o Xcmaí*zt de una cU“ ; s : steys .a asuntos de justícia ^
válidadelaconstitución.Laprácticaexitosadesusid Una ei? mpI1da
a lo largo de dos siglosrestringe lo que ahora puede conr ^ princiPÍos una respuesta Permite más de
enmienda, sin importarloque ibera verdad al comienzo ^ C° m o ^ porque hay muchos valores poJ| ¡ ” Particular. Esto ocurre
Así, a mitad de camino de cualquier cambio con st'r * ’ zarlos. Supongamos que diferentes em íuV * maneras de caracteri-
dmo o no, el tribunal supremo está llamado a ser e1 !*“Iona*’ iegí" tnismos valores ponderados de m í i e ^ f ^ T S de Vaíores’ ° los
ceutro de la con-
Z T “ Un detórtninado caso S m e „ ¿ Z T 3 Pred° -
2 7 . Véase la lúcidadescripciónbreveque de esta historia h lan a valores políticos, pero no se T J ? * f J ° t ™ ? J ada uno aPe~
mente Judith Shklar en su American Ciíizenship: The Ouptt f a rreahzado reciente-
Uni versity Press, Cambridge, Mass., ¡991. *or nclu$ion, Harvard
OSt Rffí. » oí tárm ínn <U)i»lixü S ai
276 T R E S ID E A S C A P ITA LE S L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 277

sigue resolver la cuestión, en cuyo caso los ciudadanos podrían w pero entonces surge un problema^-yo he asumido hasta el mo­
timamente invocar principios referidos a valores no políticos D ' mento que los ciudadanos sostienen doctrinas religiosas y filosóficas
resolver el problema de un modo que les resultara satisfactorio» Aprehensivas, y algunos pensarán que los valores no políticos y
No todos introducirían los mismos valores no políticos, pero al meno Ascendentes constituyen el verdadero fundamento de los valores
todos tendrían una respuesta válida para ellos. s A ticos. ¿Acaso esa creencia no lleva a que nuestra apelación a los
El ideal de la razón pública nos urge a no proceder de ese mod flores políticos resulte insincera? No. Esas creencias comprehensi­
en casos referentes a esencias constitucionales y a asuntos de justici° vas son plenamente consistentes con las tres condiciones menciona­
básica. Raramente se consigue un acuerdo completo, y abandonar la bas antes. El que pensemos que los valores políticos tienen alguna
razón pública cuando hay un desacuerdo a la hora de contrapesar Iós fandamentación ulterior no significa que no aceptemos esos valores,
valores es lo mismo que abandonar esa tarea. Además, como ya din. 0que no estemos dispuestos a respetar la razón pública, del mis-
mos en § 4.5, la razón pública no nos pide que aceptemos exacta­ m0modo que nuestra aceptación de los axiomas de la geometría no
mente los mismos principios de justicia, sino más bien que desarro» significa que no aceptemos los teoremas geométricos. Además; lo
liemos nuestras discusiones fundamentales en términos de lo qUe mismo podemos aceptar los axiomas por causa de los teoremas que
consideramos una concepción política. Deberíamos pensar sincera­ se infieren de ellos que, al revés, los teoremas, por causa de los axio­
mente que nuestra concepción del asunto está basada en valores polí­ mas de los que se infieren.31
ticos de los que puede razonablemente esperarse que serán aceptados Al afirmar las tres condiciones aceptamos el deber de apelar a
por todo el mundo. Que un electorado se comporte así es un ideal valores políticos com o deber de adoptar cierta forma de discurso
elevado, e implica que los valores democráticos fundamentales no público. Puesto que las instituciones y las íeyes son siempre imper-
pueden ser abandonados simplemente porque no se consiga un acuer­ fcrfas. nodemos también ver esa forma de discurso como imperfecta
do completo. Puede votarse sobre una cuestión fundamental, igual
que sobre cualquier otra; y si la cuestión se lleva a debate apelando a
valores políticos y los ciudadanos votan de acuerdo con sus opinio­ 31. Este es un punto importante: debemos distinguir el orden de la deducción
nes sinceras, el ideal se mantiene. del orden del apoyo. E l argumento deductivo fija el orden según el cual los enuncia­
dos pueden ser conectados; los axiomas, o principios básicos, resultan iluminadores al
2. Una segunda dificultad tiene que ver con el significado de establecer esas conexiones de un modo claro y sencillo. Una concepción como la de la
votar de acuerdo con nuestra opinión sincera. Digamos que respeta-, posición original es iluminadora en el mismo sentido y nos permite presentar la teoría
mos la razón pública y su principio de legitimidad cuando se satisfa­ de la justicia como equidad con cierta unidad. Pero los enunciados que justifican una
cen tres condiciones; a) concedemos mucho peso — un peso normal-1 concepción normativa y nos hacen confiar en su razonabilidad no necesariamente
mente definitivo— al ideal que ella prescribe; b) creemos que la : están en una jerarquía elevada en el orden de la deducción. Si ordenamos los princi-
■ píos y las convicciones de acuerdo con la intensidad con la que proporcionan apoyo a
razón pública es convenientemente completa, esto es, creemos que la doctrina que conduce a ellos, entonces los principios y las convicciones que están
al menos para la gran mayoría de las cuestiones fundamentales, si en la cima de ese orden de apoyo pueden estar abajo en el orden deductivo. L a idea
no para todas, alguna combinación de los valores políticos y algún del equilibrio reflexivo permite que convicciones de todos ios niveles de generalidad
balance entre ellos bastará para obtener una respuesta razonable; y puedan suministrar razones de apoyo. De modo que, en una doctrina bien presentada,
el orden deductivo, supuesto que haya uno, puede estar claro; pero el orden de apoyo
finalmente c) creemos que la particular concepción que nosotros es asunto aparte y debe decidirse mediante una reflexión apropiada. Incluso así,
proponemos, y la ley o la política basadas en ella, expresan una razo­ ¿cómo debemos exponerla? Una vez realizada la distinción, no hay ya motivos para
nable combinación y un balance razonable de esos valores.03 decir que las personas comprometidas con doctrinas religiosas o filosóficas no pueden
comprometerse sinceramente también con la razón pública. Podría pensarse que las
personas religiosas se resistirían a distinguir entre el orden deductivo y el orden de
30. Kent Greenawalt parece tender a esta tesis. Véase su detallada discusión en apoyo. Mas no necesitan hacerlo, pues, en su caso, empezando por la existencia
los caps. 6-7 de Religious Convictions and Political Cholee, Oxford University Press, •' de Dios, los órdenes deductivo y de apoyo coinciden. L a distinción conceptual entre
Nueva York, 1988. esos órdenes no implica que no puedan ser isomórficos.
278 T R E S ID EA S C A P ITA LE S L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 279

y, en cualquier caso, como incapaz de capturar toda la verdad tai hrazadas por los ciudadanos son compatibles con un balance razona-
como la presentan nuestras respectivas doctrinas comprehens' y Hle^de qué deberíamos quejamos? ¿Cuál sería la objeción?33
Sin embargo, pensamos que tenemos razones poderosas para b 3 Una" tercera dificultad consiste en determinar cuándo una
la dado nuestro deber de civilidad para con los demás ciudadan^' estión puede considerarse satisfactoriamente resuelta por la razón
Después de todo, ellos comparten con nosotros el mismo sentido? ^blica- Algunos piensan que la razón pública deja varias cuestiones
su imperfección, aunque por distintas razones, puesto que sostie ** K responder. Sin embargo,-queremos una concepción política de
doctrinas comprehensivas diferentes y creen que fundamentos dif ** la justicia que sea completa: sus valores políticos deberían admitir
rentes han sido dejados de lado. Pero sólo de ese modo, y por aceST abalance que permitiera una respuesta razonable para todas, o para
que la política en una sociedad democrática nunca puede guiarse dT ¿ i todas, las cuestiones fundamentales (§ 4.3). Para discutir este
lo que consideramos la verdad global, podemos realizar el ideal e ?
presado por el principio de legitimidad: vivir políticamente con otrbs'
a la luz de razones de las que puede esperarse razonablemente eme '7¡¡^tro^y se necesita ese derecho para darle a ese valor toda su substancia y toda su
todos aceptarán. “ue fjierza- Aunque los introdujéramos en el balance, otros posibles valores políticos no
Lo que la razón pública exige es que los ciudadanos sean capaces «anbiarían en mi opinión esta conclusión. Un balance razonable podna permitirle a la
S e r un derecho tal más allá de ese término, al menos en determinadas circunstan-
de explicar su voto unos a otros en términos de un balance razonable de -. pero no entraré a discutir aquí esta cuestión en general, porque simplemente me
valores políticos públicos, entendiendo todos y cada uno que, eviden­ nropongo ilustrar lo que quiero decir en el texto al afirmar que cualquier doctrina
temente, la pluralidad de doctrinas comprehensivas razonables soste­ comprehensiva que lleve a un balance de los valores políticos que excluya ese dere­
nidas por los ciudadanos es concebida por ellos como fundamento cho debidamente cualificado en el primer trimestre es, en esta medida, irrazonable; y,
ulterior, y a menudo transcendente, de esos valores. En cada caso, qué dependiendo de los detalles de su formulación, puede llegar a ser incluso cruel y opre­
siva; por ejemplo, si niega el derecho en cualquier caso, salvo en los de violación e
doctrina se afirma es un asunto de consciencia de cada ciudadano. Es incesto. Así, pues, suponiendo que esta cuestión es o bien una esencia constitucional,
verdad que el balance de los valores políticos que haga cada ciudada­ obien un asunto de justicia básica, iríamos contra el ideal d e razón pública si nuestro
no tiene que ser razonable y parecer razonable a los demás ciuda­ voto estuviera cautivo de una doctrina comprehensiva que negara ese derecho (véase
danos; pero no todos los balances razonables son iguales. Las únicas 82.4)- No obstante, una doctrina comprehensiva no es, como tal; irrazonable porque
ileve a una conclusión irrazonable en uno o en varios casos. Puede que sea razonable
doctrinas comprehensivas que chocan con la razón pública son las
la mayoría de las veces.
que resultan incompatibles con un balance razonable de los valores 33. Creo que la idea de razón pública expuesta aquí y a todo lo largo del pre­
políticos.32Sin embargo, una vez supuesto que las doctrinas realmente sente libro es consistente con el punto de vista de Greenawalt en su Religious Convic-
tions and Political Choice. Que él piense lo contrario se debe, en mi opinión, a que su
interpretación del liberalismo filosófico y de los requisitos del ideal de democracia
32. A modo de ilustración consideremos el espinoso asunto del aborto. Supon­ liberal es mucho más exigente que los requisitos de lo que yo he llamado «liberalismo
gamos primero que la sociedad en cuestión está bien ordenada y que estamos abor­ político». Por lo pronto, los requisitos de la razón pública pertenecen a un ideal de
dando el caso normal de mujeres adultas y maduras. Lo mejor es empezar aclarando ciudadanía democrática y se limitan a nuestra conducta en el foro político público y al
este caso idealizado; porque en cuanto consigamos claridad respecto del mismo, ten­ modo como tenemos que votar sobre puntos constitucionales esenciales y sobre asun­
dremos una guía que nos ayudará a pensar en otros casos que nos forzarán a conside­ tos de justicia básica. Además, como acabo de poner de relieve en el texto, la razón
rar circunstancias excepcionales. Supongamos, además, que consideramos la cuestión pública no exige a los ciudadanos «erradicar sus convicciones religiosas» y pensar
en los términos de estos tres valores políticos importantes: el debido respeto a la vida acerca de aquellas cuestiones políticas fundamentales como si «partieran de cero,
humana, la reproducción ordenada de la sociedad política a lo largo del tiempo, inclu­ poniendo entre paréntesis lo que en realidad consideran las premisas básicas del pen­
yendo de alguna forma a la familia, y finalmente la igualdad de las mujeres como ciu­ samiento moral» (Greenawalt, p. 155). En realidad, esta concepción sería de todo
dadanos iguales. (Evidentemente, aparte de éstos, hay otros valores políticos impor­ punto contraria a la idea del consenso entrecruzado. Y o creo que la noción desarrolla­
tantes.) Yo creo, entonces, que cualquier balance razonable entre estos tres valores da en mi texto es consistente con la discusión que hace Greenawalt en las pp. 153-156
dará a la mujer un derecho debidamente cualificado a decidir si pone o no fin a su pertenecientes al importante capítulo central de su libro, así como con lo que dice en
embarazo durante el prim er trimestre. L a razón para ello es que, en esta primera fase la parte III, que trata de cuestiones com o la pertinencia de la discusión política en una
del embarazo, el valor político de la igualdad de las mujeres predomina sobre cual-
sociedad liberal.
280 T R E S ID EA S C A PITA LES LA ID EA D E UNA RA ZÓ N PÚ BLIC A 281

asunto, mencionaré varios problemas de los que he llamado ^ : 'potenciales aplicaciones a la salud humana; defender las bellezas
extensión» (I, § 3.4 ), puesto que éstos podrían parecer iiresoluhrí f la naturaleza con miras al recreo público y al goce de una com-
desde dentro de una concepción política. : 'tensión rúas profunda del mundo. Apelar a valores de este tipo pro-
Como el tiempo no permite una incursión en estas cuestión ^ fciona lo que muchos han considerado una respuesta razonable al
recordaré lo ya dicho (en I, § 3.4). Hay al menos cuatro p rob lrf' fstatus de los animales y del restoríe la naturaleza.
de este tipo. Uno es extender la justicia hasta cubrir nuestros cP • Evidentemente, algunos negarán que aceptar esos valores baste
beres hacia las generaciones futuras (que incluye el problemajÉf ^ enfrentarse a tales problemas. Así, por ejemplo, supongamos
ahorro justo). Otro es el problema de extender la justicia a concen lie nuestra actitud frente al mundo es una actitud religioso-natural:
tos y principios que se aplican al derecho internacional y a las ;jLsainos que es manifiestamente erróneo limitarse a apelar a esos
ciones políticas internacionales entre los pueblos — el ius geniíM Sores, y a otros parecidos, para determinar nuestras relaciones con
tradicional— . Un tercer problema de extensión es el de fijar 10 el mundo natural. Hacerlo sería ver el orden natural desde un punto
principios del cuidado sanitario normal; y finalmente, podemos pr¿ ■fevíSta estrechamente antropocéntrico, mientras que los seres huma­
guntámos si la justicia puede extenderse amuestras relaciónes e® os deberían asumir una especie de papel de administradores de la
los animales y con el orden natural. Como ya dije (I, § 3.4 ), creo que naturaleza y dar peso a una familia de valores de todo punto distin­
la justicia como equidad puede ser razonablemente extendida hasta tos. En tal caso, nuestra actitud se parecería a la de los que rechazan
cubrir los tres primeros problemas, aunque no puedo discutirlo aqlf ej aborto por motivos teológicos. Sin embargo, hay esta importante
En cambio, me limitaré a expresar mi conjetura de que esos trei diferencia: el estatus del mundo natural y de nuestra propia relación
problemas pueden resolverse de una manera parecida. Algunas co¿ c0n él no es una esencia constitucional, ni una cuestión de justicia
cepciones derivadas de la tradición del contrato social, y la justicia básica, según hemos definido esas cuestiones (§ 5);35es un asunto res­
como equidad es una de ellas, comienzan dando por sentado el pleno pecto del cual los ciudadanos pueden votar de acuerdo con sus valo-
estatus de las personas adultas en la sociedad en cuestión (los miem­ jss no políticos e intentar convencer a otros ciudadanos. Los límites
bros de su cuerpo de ciudadanos), y avanzan desde aquí: hacia ade- dela razón pública no rigen aquí.
lante, hacia las generaciones siguientes; hacia fuera, hacia otras : 4. Enfrentemos todas las dificultades juntas determinando
sociedades; y hacia dentro, hacia aquellos que requieren cuidadós cuándo una cuestión fundamental ha de considerarse resuelta por la
sanitarios normalmente. En todos los casos, partimos del estatus% razón pública. Obvio es decir que, para que la razón pública dé una
ciudadanos adultos y avanzamos, sujetos a determinadas restriccio­ respuesta razonable en cada caso que se presente, no es necesario
nes, con vistas a obtener una ley razonable. Podemos hacer lo mismo que dé la misma respuesta que daría cualquier doctrina comprehensi­
en el caso de los animales y del resto de la naturaleza; tal ha sido él va considerada como base exclusiva de partida. ¿En qué sentido, sin
punto de vista tradicional de las épocas cristianas.34Eso tiene la vir­ embargo, debe la respuesta misma de la razón pública ser razonable?
tud de la claridad y arroja algún tipo de respuesta. Se pueden invocar Contestación: la respuesta debe ser al menos razonable, si no
aquí un sinnúmero de valores políticos: promover nuestro propio bien la más razonable, sólo desde el punto de vista de la razón pública.
y el de las generaciones venideras preservando el orden natural y sus Pero, más allá de eso, y pensando en el caso ideal de una sociedad
propiedades para el mantenimiento de la vida; proteger especies de bien ordenada, esperamos que la respuesta caiga dentro del espectro
animales y plantas por mor del conocimiento biológico y médico, con permitido por cada una de las doctrinas comprehensivas razonables,
comnoniendo un consenso entrecruzado. Entiendo por tal espectro el
34. Véase Keith Thomas, Man and the Natural World, Pantheon, Nueva Y ork,
1983, para la concepción de las épocas cristianas en el cap. 1, mientras que los 35. Evidentemente, esas cuestiones pueden convertirse en cuestiones constitu­
siguientes capítulosdescriben el desarrollo de las actitudes modernas, empezando por cionales esenciales y en cuestiones de justicia básica una vez que incorporamos nues­
el siglo xvm. tros deberes y obligaciones con las generaciones futuras.
u -:;¡ L m u m

282 T R E S ID EA S C A P ITA LE S L A ID E A D E UNA RAZÓN P Ú B L IC A 283

horizonte dentro del cual una doctrina puede aceptar, aun si reluct •trinas comprehensivas no pueden introducirse nunca en la razón
temente, las conclusiones de la razón pública, ya en general, o biea 1)lica. Podrían darse, evidentemente, las razones públicas que tal
cada casó en particular. Una concepción política razonable y efectí^ tirin a apoya, pero no la doctrina misma que sirve de apoyo. Lla­
puede atraer hacia sí, vinculantemente, a las doctrinas comprehen^ m o s a esa interpretación de la razón pública el «punto de vista
vas, moldeándolas de tal suerte, si necesario fuere, que dejaran de 1 fluyente». Opuesto a ese punto.de vista, empero, existe otro punto
irrazonables para convertirse en doctrinas razonables. Pero incluso *** f vista que permite a los ciudadanos, en determinadas situaciones,
poniendo eso, el liberalismo político mismo no puede argumentar resentar lo que consideran la base de los valores políticos, arraigada
cada una de las doctrinas comprehensivas debería casi siempre hah» ¡Lsu doctrina comprehensiva,'mientras lo hagan por vías que robus­
las conclusiones de la razón pública dentro de su espectro. Argumen tezcan el ideal de la razón pública. Llamaremos a esa interpretación
tar eso transcendería los límites de la razón pública. 'T je la razón pública el «punto de vista incluyente».
En cualquier caso, podemos sostener que la concepción política La cuestión, pues, es si deberíamos entender el ideal de la ra-
es una expresión razonable de los valores políticos de la razón y z5npública de acuerdo con el punto de vista excluyente o incluyen­
la justicia públicas entre ciudadanos concebidos como libres e igua­ te, Y habrá que decidirse por aquel punto de vista que mejor anime a
les. Como tal, la concepción política hace un llamamiento a las doc­ }0s ciudadanos a respetar el ideal de la razón pública y que mejor
trinas comprehensivas en nombre de esos valores fundamentales, de garantice sus condiciones sociales a largo plazo en una sociedad bien
manera que aquellas que la rechacen corren el riesgo de ser injustas ordenada. Si aceptamos eso, el punto de vista incluyente parece el
políticamente hablando. Vale la pena recordar aquí lo dicho en el ca­ ¡aás adecuado. Pues, bajo diferentes condiciones políticas y sociales,
pítulo n , § 3.3: que, al reconocer como razonables los puntos de vis­ con diferentes familias doctrinales y prácticas, el ideal deberá ser
ta comprehensivos de los demás, los ciudadanos reconocen también seguramente promovido y realizado por vías diferentes, a veces por
que, a falta de una base pública suficiente para establecer la verdad loque parece el punto de vista excluyente, y a veces por lo que pare­
de sus creencias, insistir en sus puntos de vista comprehensivos tiene ce el punto de vista incluyente. Esas condiciones determinan, pues,
que parecerles a los demás lo mismo que insistir ellos en sus propias el mejor modo en que el ideal es alcanzado, a corto o largo plazo. El
creencias. Si insistimos, otros, para defenderse, pueden oponerse a punto de vista inclusivo permite esa variación, y tiene la flexibilidad
nosotros por usar contra ellos una fuerza no razonable. necesaria para hacer avanzar el ideal de la razón pública.
2. A modo de ilustración, supongamos primero el caso ideal: la
sociedad en cuestión está más o menos bien ordenada. Sus miembros
§ 8. LO S LÍMITES IMPUESTOS POR LA RAZÓN PÚBLICA reconocen un consenso entrecruzado firme de las doctrinas razona­
bles, no desgarrado por ningún tipo de disputas profundas. En tal
1. Una última cuestión acerca de los límites de la razón públi­ caso, los valores de la concepción política son valores familiares y
ca.36Ya me he referido a menudo a esos límites. Llegados a este pun­ los ciudadanos respetan el ideal de la razón pública del modo más
to, podría parecer que esos límites significan que, en asuntos políti­ claro apelando a esos valores. Aparte de los motivos de la política
cos fundamentales, las razones dadas explícitamente en términos dé cotidiana, no tienen mayor interés en introducir otras consideracio­
nes: sus derechos fundamentales están ya garantizados y no hay in­
36. Tengo una gran deuda con Amy Gutmann y Lawrence Solum por discusión justicias básicas que les muevan a la protesta. Puede dar la impresión
nes y el intercambio epistolar que hemos mantenido acerca de esos límites. Al princi­ de que la razón pública en esta sociedad bien ordenada sigue el pun­
pio, yo tendía a lo que ahora llamo el «punto de vista excluyem e»; ellos me conven­ to de vista excluyente. Invocar sólo los valores políticos es el modo
cieron de que era demasiado restrictivo, como pone de manifiesto el ejemplo de los
abolicionistas (que es de Solum) y el de Martin Luther King, Jr. Aún no he empezadó más directo y más obvio de que los ciudadanos respeten el ideal de
a abarcar las ramificaciones de esta cuestión, cuya complejidad me ha revelado la la razón publica y cumplan con su deber de civilidad.
correspondencia con Gutmann y Solum. Un segundo caso se da cuando hay una seria disputa en una
284 T R E S ID EA S C A PITA LES L A ID EA D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 285

sociedad casi bien ordenada a la hora de aplicar uno de sus pm. * ■ ^ Caso, la razón no pública de ciegas iglesias cristianas venía en
píos de justicia. Supongamos que la disputa tiene que ver con 1 pyo de las conclusiones claras de la razón pública. Do mismo vale
equitativa igualdad de oportunidades tal como funciona en la edu 3 f i movimiento de derechos civiles encabezado por Martin Luther
ción para todos. Diversos grupos religiosos se oponen entre sí, fav ~ i í flg) jr., excepto por el hecho de que King podría haber apelado — y
reciendo uno de ellos la exclusiva subvención estatal de la escuel ' abolicionistas, no— a los valores .políticos, correctamente enten­
pública, y el otro, también la subvención de las escuelas religiosa^ ados, de la constitución.3 89
3
7
El primer grupo considerará esta última política incompatible con ld
llamada separación iglesia/estado, mientras que el segundo grun
Argument, Wiffiam Pease y Jane Pease, eds., Bobbs-Merrill, Nueva York,
negará esa incompatibilidad. En tal situación, cada una de las partes foftS incluye un buen número de escritos abolicionistas. Significativo resulta el
que profesan fes diferentes puede llegar a dudar de la sinceridad de - luiente texto, procedente de Slavery (3.a edición, 1836), de WilUam Ellery Chan-
la otra en punto a aceptar los valores políticos fundamentales. s!c «Vengo ahora a lo que es mi argumento central en contra de vender y usar a un
Una manera de disipar esas dudas puede ser que los líderes de l¿j$ hombre como propiedad. Un hombre no puede ser propiedad a los ojos de Dios y de la
“ cticia porque es un ser Racional, Moral e Inmortal, porque fue creado a imagen de
grupos en disputa presenten en el foro público la manera en que Dios y por consiguiente es, en el más elevado sentido, su hijo, porque fue creado para
creen que sus respectivas doctrinas comprehensivas afirman esos ¡usnie»ar facultades divinas y para gobernarse a sí propio por una Ley Divina escrita
valores. Evidentemente, ya es una parte del trasfondo cultural el su corazón y reproducida en la palabra de Dios. De su verdadera naturaleza se
examen de cómo las varias doctrinas apoyan o dejan de apoyar a la sieue que venderle es propinar un insulto a su Creador e infligir un daño social agra­
concepción política. Pero en un caso como el presente, el que los do En cada uno de los corazones humanos Dios ha insuflado un espíritu inmortal,
más precioso aún que el resto entero de la creación ... ¿A caso creó Dios un ser tal
líderes reconocidos afirmaran ese hecho en el foro público ayudaría oara que fuera poseído com o un árbol o como una bestia?» (en Pease y Pease, The
a mostrar que el consenso entrecruzado no es un mero modus vivendi Antislavery Argument, pp. 115 s.). Aunque los abolicionistas a menudo argumentaron
(IV, § 3). Conocer públicamente eso seguramente robustecería la del modo usual, apelando a consideraciones y a valores políticos, hago aquí el supues­
mutua confianza; y puede ser una parte vital de la base sociológica to, en aras a discutir nuestra cuestión, de que la base religiosa de sus puntos de vista
que anima a los ciudadanos a respetar el ideal de la razón pública?1" estuvo siempre clara.
39.
.
Así, King podría haber apelado, y a menudo lo hizo, al caso Brown v.
Así las cosas, el mejor modo de robustecer ese ideal en tales casos Board o f Education, la decisión del Tribunal Supremo que en 1954 declaró inconsti­
podría ser explicar en el foro público cómo la propia doctrina com­ tucional la segregación. Para King, la «ley justa es un código hecho por el hombre que
prehensiva afirma los valores políticos. cuadra con la ley moral o la ley de Dios. Una ley injusta es un código que no está en
3. Un caso de naturaleza muy distinta surge cuando una socie­ armonía con la ley moral. Para decirlo con las palabras de santo Tomás de Aqumo,
una ley injusta es una ley humana que no arraiga en la ley eterna y natural. Cualquier
dad no está bien ordenada y hay una profunda división acerca de lái ley que enaltezca la personalidad humana es justa. Cualquier ley que degrade la per­
esencias constitucionales. Piénsese en los abolicionistas norteameri­ sonalidad humana es injusta. Todas las leyes segregacionistas son injustas porque la
canos que argumentaban contra el Sur prebélico que su institución segregación tuerce el alma y daña la personalidad». En el parágrafo siguiente, una
de la esclavitud era contraria a la ley de Dios. Recuérdese que los definición más concreta: «Ley injusta es un código que la mayoría inflige a una miño­
na y que no resulta vinculante. Eso es diferencia hecha ley ... Una ley justa es un
abolicionistas hacían agitación en favor de la emancipación inmedia­ código que una mayoría obliga a aceptar a una minoría que está ella misma dispuesta
ta, sin indemnización y universal de los esclavos en fecha tan tem­ a aceptar voluntariamente. Eso es igualdad hecha ley». En el siguiente parágrafo
prana como la década de los treinta del siglo pasado, y la hacían, encontramos: «Una ley injusta es un código infligido a una minoría, código en cuya
entendemos, basando sus argumentos en fundamentos religiosos.® aprobación o creación la minoría no pudo ser parte porque no gozó de un derecho
expedito al voto» (de los parágrafos 14-16, respectivamente, de la Letter from Bir-
mingham City Ja il [abril de 1963], en J. M. Washington, ed., A Testament o f Hope:
37. Debo a Lawrence Solum. y a Seana Shifffin haberme hecho reparar en este The Essential Writings o f Martin Luther King, Harper and Row, San Francisco, 1986,
punto. pp 293 s ) Podrían citarse otros escritos y discursos de King para ilustrar el mismo
38. Para un estudio de los abolicionistas, véase James McPherson, The Struggle punto. Por ejemplo su «Dadnos el voto» (ibid., pp. 197-200), su discurso de mayo de
fo r Equality, Princeton University Press, Princeton, 1964, pp. 1-8 y passim. The Anti­ 1957 en el tercer aniversario de la sentencia sobre el caso Brown y «Y o tengo un sue-
TRES IDEAS C A PITA LES LA ID E A D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 287
286

¿Iban los abolicionistas contra el ideal de la razón pública? 0Sííio de razón pública.41 En este caso, ^1 ideal de razón pública per-
quemos la cuestión conceptual, no históricamente, y demos p0r SeQ_ jjjjte el punto de vista incluyente.
tado que su agitación política fue una fuerza política necesaria pa¿ 4. Esta breve discusión muestra que los límites apropiados de
llegar a la guerra civil y, así, a la destrucción del gran mal, del azote ¡a razón pública varían de acuerdo con las condiciones históricas y
del esclavisffio. Seguramente ellos esperaban ese resultado, y podida s0ciales. Aunque debería haberse ,dicho mucho más para que esta
haber entendido sus acciones como el mejor camino para conseguir sUgerencia resultara del todo convincente, el punto importante es
una sociedad bien ordenada y justa en la que el ideal de la razón p _ue los ciudadanos tienen que estar motivados por el respeto del
blica podría llegar a ser respetado. Cuestiones similares pueden plan, •¿gal mismo, en el momento presente, cuando las circunstancias lo
tearse a propósito de los líderes del movimiento de derechos civiles pgrxniten, aunque a menudo podamos vemos obligados a adoptar una
Los abolicionistas y King no habrían sido irrazonables al tener esas perspectiva de más alcance. Bajo condiciones diferentes, con di fe­
hipotéticas creencias si las fuerzas políticas que dirigieron estaban otes doctrinas y diferentes prácticas a nuestra disposición, el ideal
entre las condiciones históricamente necesarias para establecer la puede conseguirse óptimamente de modos diferentes, en los buenos
justicia política, como parece, en efecto, plausible en su situación. tiempos siguiendo lo que a primera vista parece ser el punto de vista
Visto así, ni los abolicionistas ni los líderes del movimiento de excluyeme, y en tiempos menos buenos siguiendo lo que puede pa-
derechos civiles fueron contra el ideal de la razón pública; o, mejor rgcer el punto de vista incluyente.
dicho, no fueron contra ese ideal si pensaron, o hubieran llegado a Doy aquí por supuesto que la concepción política de la justicia y
pensar (como, ciertamente, podrían haber hecho) tras reflexionar qué el ideal de respetar la razón pública se refuerzan mutuamente. Una
las razones comprehensivas a las que apelaba eran necesarias parí sociedad bien ordenada, pública y efectivamente regulada por una
proporcionar a la concepción política la fuerza suficiente para qué concepción políticamente reconocida, crea un clima dentro del cual
pudiera ser realizada. Es verdad que la gente no distingue normal­ los ciudadanos adquieren un sentido de la justicia que les inclina a
mente entre las razones comprehensivas y las razones públicas; tam­ cumplir con su deber de civilidad sin generar intereses contrarios
poco afirman normalmente el ideal de la razón pública tal como lo fuertes. Por otro lado, las instituciones de una sociedad bien ordena­
hemos formulado aquí. Pero se les pueden hacer ver esas distincio­ da reciben, a su vez, apoyo una vez que el ideal de la razón pública
nes en casos particulares. Los abolicionistas podrían decir, por ejem­ está firmemente establecido en la conducta de sus ciudadanos. Que
plo, que apoyaban-valores políticos de libertad e igualdad para todos; esos supuestos sean correctos y puedan fundarse en la psicología
pero que, dadas las doctrinas comprehensivas que ellos abrazaban y moral que esbocé en la segunda conferencia (II, § 7) son cuestiones
las doctrinas disponibles en su día, era necesario invocar fundamen­ de mucho alcance que rebasan lo que estamos tratando ahora. Resul­
tos comprehensivos en los que, por amplio consenso, se hicieran des­ ta claro, sin embargo, que, en el caso de que esos supuestos fueran
cansar los valores políticos.40Dadas esas condiciones históricas, no. erróneos, habría un problema muy serio en la teoría de la justicia
fue irrazonable por suparte actuar como lo hicieron por mor del ideal como equidad que he presentado aquí. Debemos esperar, y yo no he

41. Eso sugiere que podría ocurrir que para llegar a una sociedad bien ordena­
ño» (ibid., pp. 217-223), su discurso de apertura en la M archa sobre Washington por
da, en la que la discusión pública consiste principalmente en una apelación a los valo­
los derechos civiles en agosto de 1963, ambos pronunciados en Washington ante el
Lincoln Memorial. No hay duda de que en el trasfondo de las concepciones de King res políticos, las condiciones históricas previas requieran la invocación de razones
hay doctrinas religiosas a las que apela muy centralmente. Pero esas doctrinas se comprehensivas que robustecieran aquellos valores. Eso parece más probable cuando
expresan de un modo muy general: dan pleno apoyo a valores constitucionales y se no hay sino unas pocas doctrinas comprehensivas, fuertemente respaldadas y en
varios puntos similares entre sí, y no se ha desarrollado aún la gran variedad presente
compadecen bienen la razón pública.
40. Por lo dicho en la nota 31, debería resultar claro que Channing podría doctrinas muy diferentes.- Añádase a esa condición otra: la idea de razón pública,
de
haberlo hecho sin mayor dificultad. Debo a John Cooper una instructiva discusión de con su deber de civilidad, aún no se ha manifestado en la cultura pública y permanece
varios asuntos tocados en este parágrafo. ignorada.
TRES IDEAS C A PITA LES LA ID E A D E UNA RAZÓN PÚ BLIC A 289
288

dejado de hacerlo aquí, que la concepción política y su ideal de ra­ ^ o , del que pensemos que puede ser, considerado al menos como
zón pública se refuercen mutuamente y que sean, en ese sentido' ¡¡oirrazonable en el siguiente sentido: que aquellos que se oponen a
estables. puedan; -sin embargo, entender cómo es posible que personas razo-
5. Me referiré, retrospectivamente, a unos pocos puntos impor pables lo sostengan. Eso preserva los vínculos de la amitstad cívica y
tantes. Un ideal de razón pública es un complemento apropiado de gsconsistente con el deber de civilidad. En algunas cuestiones, quizá
una constitución democrática, la cultura de la cual no puede menos sea eso lo único que podemos hacer.42
de estar marcada por una pluralidad de doctrinas comprehensivas Todo eso permite cierta laxitud, pues no todos los balances razo­
razonables. Eso se dice a menudo, y seguramente es verdad. Sin n e s son idénticos. Las únicas doctrinas comprehensivas que no se
embargo, es difícil definir ese ideal de una forma satisfactoria. Al acomodan a la razón pública respecto de una cuestión dada son aque­
intentarlo, he propuesto los tipos de cuestiones políticas a los que se llas que no son compatibles con un balance razonable de los valores
aplica la razón pública, a saber: a las cuestiones que tienen que ver políticos respecto de los asuntos dimanantes de esa cuestión (§ 7.2).
con las esencias constitucionales y con los asuntos de justicia básica Algunas doctrinas comprehensivas razonables fallan en algunos ca­
(§ 1.1), y hemos examinado cuáles son esas cuestiones (§ 5). Res­ sos, pero podemos esperar que ninguna de las que perduren en una
pecto de a quién se aplica la razón pública, dijimos que se aplica a sociedad bien ordenada falle en todos o incluso en muchos casos.
los ciudadanos cuando se comprometen políticamente en el foro Las innovaciones, si alguna, de mi noción de razón pública son
público, en campañas políticas, por ejemplo, y cuando votan sobre posiblemente dos: la primera es el lugar central del deber de civilidad
aquellas cuestiones fundamentales. Rige siempre para los funciona­ como un ideal de la democracia (§ 2.1-3); la segunda es que el conte­
rios públicos y estatales en los foros oficiales, en sus debates y vota­ nido de la razón pública está dado por los valores políticos y por las
ciones en el hemiciclo del poder legislativo (§ 1.1). La razón pública orientaciones de una concepción política de la justicia (§ 4.1-4). El
rige especialmente en el ámbito del poder judicial, en sus decisiones, contenido de la razón pública no está dado por la moralidad pública
y como modelo institucional que es de la razón pública (§ 5). El con­ como tal, sino sólo por una concepción política adecuada al régimen
tenido de la razón pública está dado por una concepción política de lá constitucional. Para comprobar si estamos siguiendo a la razón
justicia; ese contenido tiene dos partes: principios substantivos publica podemos preguntar: ¿qué nos parecería nuestro argumento si
de justicia para la estructura básica (los valores políticos de la justi­ nos fuera presentado en forma de una opinión del tribunal supremo? 43
cia); y orientación de la indagación pública y concepciones de la vir- ¿Razonable? ¿Ultrajante?
tud que hacen posible la razón pública (los valores políticos de da Finalmente, si esta o alguna otra interpretación de la razón públi­
razón pública) (§ 4.1-3). ca resulta aceptable debe decidirse limitándonos a examinar las res­
Subrayo que los límites de la razón pública no son, evidentemen­ puestas que la concepción política da a un amplio espectro de los
te los límites de la ley o del decreto, sino los límites que respetamos casos más probables. También deberíamos considerar otras vías por
cuando respetamos un ideal: el ideal de ciudadanos democráticos las que las creencias y los mandatos religiosos pueden desempeñar
que tratan de conducir sus asuntos políticos en términos avalados por
valores públicos de los que puede razonablemente esperarse qué 42. Estoy en deuda con Robert Adams por una instructiva discusión de este
serán aceptados por los demás. El ideal expresa asimismo una volun- asunto.
tad de escuchar lo que tengan que decir los demás y una predisposi­ 43. No se piense en un tribunal real, sino en el tribunal como parte de un régi­
ción a aceptar reestructuraciones o alteraciones razonables de los men constitucional idealmente concebido. Digo esto porque algunos dudan 'de que
deun tribunal supremo real pueda esperarse normalmente que adopte decisiones razo­
propios puntos de vista. La razón pública exige de nosotros, además;; nables. Además, los tribunales están atados por precedentes en maneras que la razón
que el balance de esos valores que consideremos razonable en tu* pública no lo está y deben esperar a que los problemas lleguen a ellos, y muchas
caso particular sea un balance del que sinceramente pensemos qué cosas más. Pero estos puntos no afectan la conveniencia de realizar una comprobación
puede ser considerado razonable por los demás. O, si ese no fuera el sugerida en el texto.
290 T R E S ID E A S C A PITA LES

un papel en la vida política. Podríamos preguntamos si la Procla^


ción de un Día de Fiesta Nacional en agosto de 1861 por Lincoln v
sus dos Proclamaciones de Acción de Gracias en octubre de'4'||p
y de 1864 violaron la razón pública. ¿Y qué tendríamos que decir de
la Segunda Inaugural, con su interpretación profética (Viejo Testa­
mento) de la guerra civil como castigo de Dios por el pecado déla
esclavitud, castigo repartido entre el Norte y el Sur? Yo me inclino a
pensar que Lincoln no violó la razón pública en el sentido en el qUe
la he discutido y tal como se entendía en su tiempo — si en el núes® T e r c e r a parte
debería entenderse así es otra cuestión— pues lo que él dijo carS¡j*
de implicaciones para las esencias constitucionales y para los asun. E L CO N TE X TO IN STITU CIO N A L
tos de justicia básica. O, cualesquiera que fueren sus implicaciones
no hay duda de que serían firmemente avaladas por los valores spjf
razón pública. Menciono estas cuestiones sólo para indicar que aún
queda mucho que discutir. Y evidentemente no todas las concepc|||
nes liberales aceptarían la idea de la razón pública tal como yo lafie
formulado. A aquellas que aceptaran algo parecido podemos liara®
las liberalismos políticos.
L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 327

¿e su primacía.2Esta laguna guarda ^elación con la segunda, la cual


tiene que ver con el hecho de que,'en el momento de aplicar los
principios de justicia en las etapas constitucional, legislativa y judi­
cial, no se da ningún criterio satisfactorio para regular el modo en
que las libertades básicas han dp ser ulteriormente determinadas y
ajustadas entre sí a medida que se yan conociendo las circunstancias
sociales.3Trataré de cubrir esas dos lagunas elaborando las revisio­
nes que ya intoduje en mis Conferencias Dewey. Esbozaré el modo
C o n f e r e n c ia VIII
en que las libertades básicas y los fundamentos de su primacía pue­
den arraigar en la concepción de los ciudadanos como personas
L A S LIBERTAD ES B Á S IC A S Y SU P R IM A C ÍA 1 libres e iguales y en una noción más afinada de los bienes prima­
rios.4 Tales revisiones dan como resultado que las libertades bási­
cas y la primacía de las mismas se fundan en una concepción de
H. L . A. Hart observó que la noción de las_ libertades básicas y
ja persona reconociblemente liberal, y no — como piensa Hart— en
de su primacía contenida en mi libro Teoría de la justicia tenía,
meras consideraciones de interés racional.5No obstante, la estructura
entre otros fallos, dos lagunas muy serias. Esbozaré en esta confe­
y el contenido de la justicia como equidad quedan en general intoca­
rencia — no puedo más que esbozar— el modo en que esas lagunas
dos; salvo por un importante cambio de enunciación del primer prin­
pueden cubrirse. La primera laguna tiene que ver con la insuficien­
cipio de justicia, la formulación de los dos principios de justicia no
cia de los fundamentos que llevan a las partes en la posición origi­
varia, ni tampoco la primacía del primero sobre el segundo.
nal a adoptar las libertades básicas y a ponerse de acuerdo respecto

I. Esta es una versión considerablemente revisada y ampliada de mi conferencia


§ 1. E l p r o p ó s it o in ic ia l d e l a ju s t ic ia c o m o e q u id a d
Tanner dictada en la Universidad de Michigan en abril de 1981. Agradezco a la Tan-
ner Foundation y al Departamento de Filosofía de la Universidad de Michigan la
oportunidad de pronunciar esta conferencia. Aprovecho la ocasión para expresar mi Antes de entrar en las dos lagunas que presenta la noción de
gratitud a H. L. A. Hart por escribir la reseña critica (véase nota 2 ) a la que trato aquí libertades básicas habría que recordar algunas cuestiones prelimina­
de responder parcialmente. He intentado esbozar respuestas a lo que creo son las dos
cuestiones fundamentales planteadas por él; y eso ha acarreado varios cambios im­
res. En primer lugar, los principios de justicia rezan como sigue:
portantes en mi noción de libertad. Estoy muy en deuda con Joshua Rabinowitz por
muchos comentarios y sugerencias valiosos sobre el modo de enfrentarme a las cues­
tiones planteadas por Hart. rades políticas y a la libertad de expresión se confiere aquí a la entera familia de las
Al proceder a esas revisiones he contraído deudas con Samuel Scheffler y An­ libertades básicas; en segundo lugar, el valor del autogobierno, que para Meikiejohn a
thony Kronman por sus comentarios inmediatamente finalizada la conferencia y por menudo parece cancelador de todos los demás, no cuenta aquí sino como un valor
conversaciones posteriores. Los comentarios de Scheffler me llevaron a reformular importante entre otros; y por último, el trasfondo filosófico de las libertades básicas
enteramente y a aumentar mucho la versión de lo que ahora son los §§ 5 y 6. Los es muy distinto.
comentarios de Kronman han sido de peculiar ayuda en la revisión del § 7. También, 2. H. L. A. Hart, «Rawls on Liberty and Its Priority», University o f Chicago
debo agradecer a Burton Dreben su instructiva asesoría y las discusiones que me lleva­ Law Review, 4 0 (3 ) (primavera de 1973), pp. 5 5 1 -5 5 5 (a partir de ahora, Hart); reim­
ron a lo que ahora parecen innumerables cambios y revisiones. preso en Norman Daniels, ed., Reading Rawls, Basic Books, Nueva York, 1975,
Diré a modo de preámbulo que mi noción de las libertades básicas y de la prima­ pp. 2 4 9 -2 5 2 (a partir de ahora, Daniels).
cía de las mismas, aplicada a la doctrina constitucional de lo que yo llamo una «socie­ 3. Hart, pp. 5 4 2 -5 5 0 ; véase Daniels, pp. 2 3 9-244.
dad bien ordenada», guarda cierta similitud con el conocido punto de vista de Alexan- 4. Véase «Kantian Constructivism in Moral Theory», Journal o f Philosophy,
der Meikiejohn (véase la nota 12). Subsisten, no obstante, las siguientes diferencias 77(9) (septiembre de 1980), pp. 5 1 9-530.
importantes. En primer lugar, el tipo de primacía conferido por Meikiejohn a las liber- 5. Hart, p. 5 5 5 ; Daniels, p. 252.
328 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L
L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 329

,a) Cada persona tiene un derecho igual a un esquema plena­


del pensamiento democrático, el puifto focal ha sido siempre la con­
menteadecuado de libertades básicas iguales que sea compatible coii secución de determinadas libertades y garantías constitucionales
unesquemá similar de libertades para todos. específicas; lo que se puede observar, por ejemplo, en varias cartas
b) Las desigualdades sociales y económicas tienen que satisfa­ de derechos y en las declaraciones de los derechos humanos. La
cer dos condiciones. En primer lugar, tienen que estar vinculadas a noción de libertades básicas sigüe esa tradición.
cargos y posiciones abiertos a todos en condiciones de equitativa Algunos podrían pensar que: definir las libertades básicas por
igualdad de oportunidades; y en segundo lugar, las desigualdades medio de una lista es deslizarse.hacia un procedimiento azaroso que
deben ser a mayor beneficio de los miembros menos aventajados de una concepción filosófica de la justicia debería evitar. Estamos acos­
la sociedad. tumbrados a doctrinas morales presentadas en forma de definiciones
El cambio introducido en el primer principio a que he aludido generales y de primeros principios comprehensivos y globales. Ob­
antes consiste en sustituir las palabras «el sistema total más amplio» sérvese, no obstante, que si podemos hallar una lista de libertades
usadas en la Teoría, por las palabras «un esquema plenamente ade­ que, incorporada a los dos principios de justicia, lleva a las partes en
cuado».6Ese cambio permite la inserción de las palabras «que sea» la posición original a ponerse de acuerdo en esos principios de justi­
antes de «compatible». Las razones de ese cambio se explicarán más cia, y no en otros disponibles, entonces lo que llamamos «el propó­
adelante, y la noción de un esquema plenamente adecuado de liber­ sito inicial» de la justicia como equidad se habrá conseguido. Ese
tades básicas se discutirá en § 8. Por el momento, dejo de lado la propósito es mostrar que los dos principios de justicia proporcionan
cuestión.
una mejor comprensión de las exigencias de libertad e igualdad en una
Una cuestión preliminar adicional es que las libertades básicas sociedad democrática que los primeros principios característicos de
iguales del primer principio de justicia son determinadas mediante las doctrinas tradicionales del utilitarismo, del perfeccionismo o del
una lista del modo que sigue: libertad de pensamiento y libertad de intuicionismo. Esos principios, junto con los dos principios de justi­
conciencia; las libertades determinadas por la libertad de asociación, cia, constituyen las alternativas a disposición de las partes en la posi­
así como las libertades determinadas por la libertad y la integridad ción original, en el momento en que aquel propósito inicial viene
de la persona; y finalmente, los derechos y libertades amparados por definido.
el imperio de la ley. No se asigna primacía alguna a la libertad como Ahora bien; una lista de libertades básicas puede obtenerse de dos
tal, como si el ejercicio de algo llamado «libertad» tuviera un valor modos. Históricamente: repasamos las constituciones de los estados
preeminente y fuera el objetivo capital, si no el único, de la justicia democráticos y extraemos una lista de libertades comúnmente prote­
política y social. Es verdad que hay una presunción general contra­ gidas para, a continuación, examinar el papel de esas libertades en
ria a la imposición de restricciones legales, o de otro tipo, a la con­ aquellas constituciones que hayan funcionado bien. Aunque este tipo
ducta sin razones suficientes. Mas esa presunción no otorga una pri­ de información no está disponible para las partes en la posición origi­
macía especial a ninguna libertad particular. Hart observó, sin nal, sí lo está para nosotros — para ustedes y para mí, que estamos
embargo, que en la Teoría yo usaba a veces argumentos y frases que exponiendo la justicia como equidad— y, por lo tanto, este tipo de
sugerían la primacía de la libertad como tal; a pesar de lo cual, como conocimiento histórico puede influir en el contenido de los principios
él vio, esta no es la interpretación correcta.7 A lo largo de la historia de justicia que permitimos tener a las partes entre sus alternativas.*8

en la primera formulación del principio, en la p. 60, y en otras, uso la locución «liber­


6. La expresión «más amplio» se usa en las formulaciones principales de los
tad básica» o simplemente «libertad» cuando debería haber dicho «libertades bá­
principios dejusticia en las pp. 60, 2 5 0 y 302. L a locución «sistema total» se usa en la
sicas». Coincido por completo con los resultados de la discusión de Hart; véanse
segunda y en la tercera de esas formulaciones. pp. 5 3 7 -5 4 1 ; Daniels, pp. 2 3 4-237.
7. Hart ofrece una perspicaz discusión de si el primer principio entiende por 8. Véase «Kantian Constructivism in Moral Theory», conf. I, pp. 533-534, conf.
«libertad» lo que yo he llamado «libertad como tal». E sa cuestión se plantea porque
III, pp. 567-568.
lau tcUBJan

330 EL CONTEXTO INSTITUCIONAL LA S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 331

Un segundo modo de obtener una lista de libertades básicas consiste no es necesario mostrar que la concepción de la persona, combinada
en considerar qué libertades son condiciones sociales esenciales de c0n varios otros aspectos de la posición original, basta por sí misma
unadecuado desarrollo y un pleno ejercicio de las dos facultades de la para inferir una lista satisfactoria de libertades y de principios de jus­
personalidad moral a lo largo de un ciclo vital completo. Proceder así ticia que confieran primacía a esas libertades. Ni es necesario mos­
permite vincular las libertades básicas con la concepción de la persea trar que los dos principios de Justicia (incluida la primacía de la
na usada por la justicia como equidad. Volveré sobre estos importan­ libertad) serían adoptados a partir de una enumeración cualquiera de
tes asuntos en §§ 3-6. alternativas, no importa lo amplia que fuera esa enumeración como
Supongamos que hemos encontrado una lista de libertades bási­ resultado de añadidos suplementarios procedentes de otros princi­
cas que satisface el propósito inicial de la justicia como equidad. pios.9 Lo que me interesa aquí es el propósito inicial de la justicia
Entendemos esa lista como un punto de partida que puede mejorarse como equidad, el cual, de acuerdo con la definición que se dio de él,
hallando una segunda lista de características tales que las partes, en no es otro que mostrar que los principios de justicia serían adoptados
la posición original, coincidirían en los dos principios de justicia por encima de otras alternativas tradicionales. Si esto es factible,
antes con la segunda lista que con la prim era-Ese proceso puede podemos entonces proceder a ulteriores refinamientos.
continuar indefinidamente, pero el poder discriminante de la re­
flexión filosófica en el nivel de la posición original podría agotarse
rápidamente. Cuando esto ocurre, deberíamos mantenernos en la § 2. El ESTA TU S E S P E C IA L D E L A S L IB E R T A D E S B Á S IC A S
última lista satisfactoria, para ir determinando ulteriormente esa lista
en las etapas constitucional, legislativa y judicial, a medida que se Tras estos preliminares, empezaré observando varios rasgos de las
vaya adquiriendo conocimiento general de las institucionales socia­ libertades básicas y de su primacía. Por lo pronto, la primacía de
les y de las circunstancias de la sociedad. Basta con que las conside­ la libertad significa que el primer principio de justicia confiere a las
raciones aducidas desde el punto de vista de la posición original libertades básicas — enumeradas en una lista— un estatus especial.
determinen la forma y el contenido generales de las libertades bási­ Tienen un peso absoluto respecto de las razones de bien público y de
cas y expliquen la adopción de los dos únicos principios de justicia los valores perfeccionistas.10 Por ejemplo, las libertades políticas
que, entre todas las alternativas disponibles, incorporan esas liberta­ iguales no pueden negarse a determinados grupos sociales fundándo­
des y les confieren primacía. Así, como cuestión de método, nada se se en el argumento de que, en posesión de esas libertades, esos gru­
pierde necesariamente por usar un procedimiento paso a paso para pos sociales bloquearían las políticas necesarias para la eficiencia y
llegar a una lista de libertades y a su ulterior concreción. el crecimiento económicos. Ni podría — en tiempos de guerra— jus­
Una observación final respecto del uso de una lista de libertades. tificarse una política selectiva discriminatoria de reclutamiento argu­
El argumento en favor de la primacía de la libertad, como todos los mentando que se trata del modo socialmente menos desventajoso de
argumentos de la posición original, es siempre relativo a una enume­ constituir un ejército. Las exigencias de las libertades básicas no
ración dada de las alternativas entre las que han de seleccionar las pueden ser anuladas por consideraciones de este tipo.
partes. Una de esas alternativas, los dos principios de justicia, con­ Puesto que las varias libertades básicas están condenadas a entrar
tiene como parte de su determinación una lista de libertades básicas,
así como la primacía de las mismas. La fuente de las alternativas es 9. Sobre este punto, véase Teoría, p. 581.
la tradición histórica de la filosofía moral y política. Tenemos que 10. Las expresiones «bien público» y «valores perfeccionistas» se usan en refe­
entender la posición original y la caracterización de las deliberacio­ rencia a nociones de bondad en las doctrinas morales teleoíógicas del utilitarismo y del
perfeccionismo, respectivamente. Así, esas nociones se definen independientemente
nes de las partes como un medio de seleccionar principios de justicia de una noción de lo justo, por ejemplo, en el utilitarismo (y en buena parte de la eco­
a partir de alternativas ya presentadas. Y esto trae consigo la impor­ nomía de bienestar también) como satisfacción de los deseos, o intereses, o preferen­
tante consecuencia de que para establecer la primacía de la libertad cias de los individuos. Véase adicionalmente Teoría, pp. 24-26.
332 E L C O N T E X TO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á S IC A S Y SU PRIM A CÍA 333

en conflicto entre ellas, las reglas institucionales que definen esas básicas, como satisfacer deseos variós, exige programar tiempos y
libertades tendrán que ser ajustadas hasta que casen en un esquema organización social. Las regulaciones necesarias no deben confun­
coherente de libertades. La primacía de la libertad implica en ia dirse con restricciones al contenido del discurso, por ejemplo, con
práctica que una libertad básica sólo puede ser limitada o negada por prohibiciones de argumentos en favor de determinadas doctrinas
mor de una o más libertades básicas, y nunca, como ya he dicho religiosas, filosóficas o políticas-;: o con prohibiciones de discusiones
por razones de bien público o de valores perfeccionistas. Esa restric­ de cuestiones, generales y- particulares, relevantes para evaluar la
ción vale incluso cuando se da el caso de que quienes resultan bene­ justicia de la estructura básica -de la sociedad. El uso público de
ficiarios de una mayor eficiencia, o quienes compartan la incremen­ la propia razón13 debe ser regulado, pero la primacía de la libertad
tada suma de ventajas, sean las mismas personas a las que se les necesita esa regulación, en la medida de lo posible, para preservar
limitan o niegan sus libertades. Puesto que las libertades básicas sólo intacto el espectro central de aplicaciones de cada libertad básica.
pueden ser limitadas cuando entran en conflicto entre sí, ninguna de Es sabio, creo, limitar las libertades básicas a las que son verda­
esas libertades es absoluta; ni tampoco resulta exigible que, en el deramente esenciales, en la esperanza de que las libertades que no se
esquema de ajuste final, todas las libertades básicas gocen de igual consideran básicas serán satisfactoriamente amparadas por la pre­
alcance (sea lo que fuere lo que esto signifique). Lo exigible es que, sunción general cuando el desempeño del peso de la prueba es deci­
cualquiera que sea el procedimiento por el que esas libertades se dido por los otros requisitos de los dos principios de justicia. La
ajusten entre sí hasta formar un esquema coherente, ese esquema razón de esa limitación en la lista de libertades básicas es el estatus
esté garantizado a todos los ciudadanos por igual. especial de esas libertades. Siempre que alarguemos la lista de las
En la comprensión de la primacía de las libertades básicas tene­ libertades básicas correremos el riesgo de debilitar la protección de
mos que distinguir entre su restricción y su regulación." No por pro­ las más esenciales y de reproducir dentro del esquema de libertades
ceder a su regulación se infringe la primacía de esas libertades; los problemas de ponderación, indeterminados y desorientados, que
deben ser reguladas con objeto de combinarlas en un esquema y de habíamos tratado de evitar mediante una noción convenientemente
adaptarlas a determinadas condiciones sociales necesarias para su circunscrita de primacía. Por lo tanto, y aunque no siempre lo men­
ejercicio duradero. En tanto se proporcione lo que llamaré «el espec­ cione, daré por supuesto en lo que sigue que las libertades básicas de
tro central de aplicaciones» de las libertades básicas, se pueden con­ la lista tienen siempre primacía, lo que a menudo resultará claro a
siderar satisfechos los principios de justicia. Por ejemplo, las reglas tenor de los argumentos que en favor de ellas se darán.
de orden son esenciales para regular la discusión libre.112Sin la acep­ El último punto acerca de la primacía de la libertad es que esa
tación general de procedimientos razonables de indagación y de nor­ primacía no se exige incondicionalmente. Para lo que aquí nos inte­
mas de debate, la libertad de expresión no puede servir a su propósi­ resa, sin embargo, partiré del supuesto de que es exigible en lo que
to. No todos pueden hablar a la vez, o usar el mismo medio público llamaré «condiciones razonablemente favorables», esto es, bajo cir­
simultáneamente y para objetivos diferentes. Instituir las libertades cunstancias sociales que, supuesto que exista la voluntad política,
permitan el establecimiento efectivo y el pleno ejercicio de esas
11. Esa distinción es corriente e importante en el derecho constitucional. Véase, libertades. Esas condiciones vienen determinadas por la cultura de
por ejemplo, Lawrence Tribe, American Constitucional Law, The Foundation Press,
Mineóla, N. Y ., 1978, cap. 12, § 2, en donde se aplica a la libertad de expresión en tan­ 13. L a expresión «el uso público de la propia razón» procede del ensayo de
to que libertad protegida por la Primera Enmienda. En la Teoría pasé por alto esa dis­ Kant «¿Qué es Ilustración?» (1785), que la introduce en el parágrafo quinto (edición
tinción en puntos cruciales de mi descripción de las libertades básicas. Estoy en deuda de la Academia Prusiana, Gesammelte Schriften, vol. 8, 1912, pp. 3 6 -3 7 ); hay trad.
con Joshua Rabinowkz por haberme iluminado en este asunto. cast. en el volumen colectivo ¿Q u é es Ilustración?, Tecnos, Madrid, 19933, pp. 17-25,
12. Véase Alexander Meiklejohn, F r e e Speech and Its Relation to Self-Govem- concretamente p. 19). Kant contrasta el uso público de la razón, que es libre, con el uso
ment, Harper and Row, Nueva York, 1948, cap. 1, § 6, para una célebre discusión de la privado, que puede no serlo. No quiere con esto decirse que yo acepte este punto de
diferencia entre reglas de orden y reglas restrictivas del contenido del discurso. vista.
334 EL CONTEXTO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 335

una sociedad, por sus tradiciones y por la pericia adquirida a la hora legislativa y judicial. Mas, al esbozar ésta forma y este contenido ge­
de hacer funcionar instituciones, así como por su nivel de desarro­ nerales, tenemos que subrayar el papel especial y el espectro central
llo económico (que no necesita ser especialmente alto) y, sin duda de aplicaciones de las libertades básicas de un modo lo suficiente­
por otros factores también. Presumiré que, para nuestros presentes mente claro como para orientar el proceso de ulterior determinación
propósitos, resulta suficientemente evidente que en Estados Unidos en las etapas posteriores. Por ejeráplo' entre las libertades básicas de
existen hoy condiciones razonablemente favorables, de manera que ja persona está el derecho a tener y a usar en exclusiva propiedad
en este caso la primacía de las libertades básicas es exigible. Es personal. E l papel de esta libertad es permitir una base material sufi­
obvio que la cuestión de si existe la voluntad política es. un asunto ciente para un sentido de la independencia personal y del autorrespe-
enteramente diferente. Puesto que, por definición, en una sociedad to, sentidos ambos que resultan esenciales para el desarrollo y el
bien ordenada esa voluntad existe, parte de la tarea política en nues­ ejercicio de las facultades morales. Se ha procurado evitar dos con­
tra sociedad es contribuir a labrar su camino. cepciones más amplias del derecho de propiedad como libertad bási­
Siguiendo las observaciones precedentes acerca de la primacía de ca. Una concepción extiende ese derecho hasta incluir en él determi­
la libertad, resumiré varios rasgos del esquema de las libertades bási­ nados derechos de adquisición y de legación, así como el derecho de
cas. Primero: como ya he dicho, parto del supuesto de que cada liber­ propiedad sobre los medios de producción y los recursos naturales. En
tad básica tiene lo que llamaré «un espectro central de aplicaciones». la otra concepción, el derecho de propiedad incluye el igual derecho a
La protección institucional de ese espectro de aplicaciones es una participar en el control de los medios de producción y de los recursos
condición del adecuado desarrollo y del pleno ejercicio de las dos naturales, los cuales deben ser socialmente poseídos. Esas concepcio­
facultades morales de los ciudadanos en tanto que personas libres e nes de miras más amplias no se usan aquí porque no pueden, creo,
iguales. Elaboraré esta observación en las secciones siguientes. contar como condiciones necesarias del desarrollo y ejercicio de las
Segundo: las libertades básicas pueden hacerse compatibles entre sí, facultades morales. Los méritos de estas y otras concepciones del
al menos dentro de su espectro central de aplicaciones. Dicho de otro derecho de propiedad se deciden en etapas posteriores, cuando se dis­
modo, bajo condiciones razonablemente favorables, hay un esquema pone de mucha más información acerca de las circunstancias de la
viable e institucionalizable de libertades en el cual el espectro central sociedad y sobre las tradiciones históricas.14
de aplicaciones de cada libertad resulta protegido. JJero el que un Por último, no se supone que las libertades básicas sean igual­
esquema tal exista no puede inferirse meramente de la concepción de mente importantes o igualmente estimadas por las mismas razones.
la persona en posesión de las dos facultades morales, ni tampoco Así, una rama de la tradición liberal concibe las libertades políticas
meramente del hecho de que ciertas libertades, y otros bienes prima­ como de valor intrínseco menor que la libertad de pensamiento y la
rios en tanto que medios de uso universal, sean necesarios para el libertad de conciencia, y que las libertades civiles en general. Lo que
desarrollo y el ejercicio de esas facultades. Ambos elementos deben Constant llamó «las libertades de los modernos» se valoran por enci­
casar en una organización constitucional factible. La experiencia his­ ma de «las libertades de los antiguos».15 En una sociedad grande
tórica de las instituciones democráticas y de la reflexión acerca de los moderna, cualquiera que haya sido la verdad respecto de las ciuda­
principios de diseño constitucional sugieren que puede efectivamente des-estado de los tiempos clásicos, parece que las libertades políticas
hallarse un esquema viable de libertades. ocupan un lugar menos destacado en las concepciones del bien de la
Ya he observado que el esquema de las libertades básicas no se
define con todo detalle mediante consideraciones de las que pueda 14. Para una elaboración d e lo dicho en este párrafo puede verse la discusión
que realizo en la Teoría, pp. 2 7 0 -2 7 4 y 2 8 0 -2 8 2 , de la cuestión de la propiedad priva­
disponerse en la posición original. Basta con que la forma y el conte­ da en democracia frente al socialismo. L os dos principios de justicia no bastan por sí
nido generales de las libertades básicas puedan ser esbozados y con mismos para dirimir esa cuestión.
que resulten inteligibles las razones de su primacía. L a determina­ 15. Véase el ensayo de Constant, «De la Liberté des anciens comparée á celle
ción ulterior de las libertades se deja para las etapas constitucional, des modemes» (1819).
336 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 337

mayoría de las personas. El papel de las libertades políticas quizá no hay acuerdo sobre el modo en que las instituciones sociales básicas
sea sino fundamentalmente instrumental para la conservación de la§ deberían, ser organizadas para hacerlas compatibles con la libertad y
demás libertades.16Pero, aun si este punto de vista'fuera correcto, no con la igualdad de los ciudadanos como personas. Así, desde el prin­
constituiría una barrera a la hora de contar a determinadas libertades cipio, la concepción de la persona se entiende como parte de una con­
políticas entre las libertades básicas, protegiéndolas mediante la pq. cepción de la justicia política y 'soci'áL Es decir, la concepción de la
macía de la libertad. Pues para otorgar primacía a esas libertades persona define el modo en que los ciudadanos han de pensar sobre sí
sólo se necesita que sean suficientemente importantes en tanto que propios y unos respecto de otros en sus relaciones políticas y sociales
medios institucionales esenciales para garantizar las otras libertades determinadas por la estructura básica. Esa concepción no debe con­
básicas en las circunstancias de un estado moderno. Y si otorgarles fundirse con un ideal de vida personal (por ejemplo, con un ideal de
esa primacía contribuye a dar razón de los juicios de primacía que amistad) o con un ideal para miembros de alguna asociación, y mu­
estamos dispuestos a afirmar tras la reflexión debida, tanto mejor cho menos con uno por el estilo del ideal estoico del hombre sabio.
El vínculo que voy a introducir entre la noción de cooperación
social y la concepción de la persona puede explicarse como sigue.
§ 3. C o n c e p c io n e s d e l a p e r s o n a y d e l a c o o p e r a c ió n s o c ia l La noción de cooperación social no es simplemente la de una activi­
dad social coordinada, eficientemente organizada y orientada por
Vengo ahora a considerar la primera laguna en la noción de liber­ reglas públicamente reconocidas con objeto de lograr algún fin glo­
tad. Recuérdese que esa laguna tiene que ver con las razones, fundán­ bal. La cooperación social acontece siempre para el mutuo beneficio,
dose en las cuales las partes aceptan en la posición original el primer lo que implica que entraña dos elementos: el primero es una noción
principio de justicia y coinciden en conferir primacía a las libertades compartida de los términos equitativos de la cooperación, términos
básicas, de acuerdo con la primacía del primer principio sobre el Ja aceptación de los cuales puede razonablemente esperarse de cada
segundo. Para cubrir esa laguna, introduciré una determinada concep­ uno de los participantes, supuesto que todos ios demás los acepten
ción de la persona, acompañándola de una concepción de la coope­ de un modo parecido. Los términos equitativos de la cooperación
ración social.17 Consideremos primero la concepción de la persona: articulan una idea de reciprocidad y de mutualidad: todos los coope­
hay varios aspectos diferentes de nuestra naturaleza que pueden ser rantes deben beneficiarse, o compartir las cargas, de algún modo que
destacados como particularmente significativos, según nuestro pro­ resulte apropiado de acuerdo con un punto de comparación acepta­
pósito y nuestro punto de vista. Atestigua este hecho el uso de ex­ ble. Llamo a este elemento de la cooperación «lo razonable». El otro
presiones tales como Homo politicus, Homo oeconomicus y Homo elemento corresponde a «lo racional»: tiene que ver con la ventaja
faber. En la justicia como equidad se trata de elaborar una concep­ racional de cada participante; con lo que, en tanto que individuos,
ción de la justicia política y social que se compadezca bien con las tratan los participantes de conseguir. Mientras que la noción de los
convicciones y tradiciones más profundamente arraigadas de un esta­ términos equitativos de la cooperación resulta compartida, las con­
do democrático moderno. El propósito es averiguar si podemos resol­ cepciones de los participantes acerca de su propia ventaja racional
ver el impasse de nuestra historia política reciente, a saber: que no suelen diferir. La unidad de la cooperación social se basa en perso­
nas que coinciden en su noción de los términos equitativos.
16. Para una importante formulación reciente de este punto de vista, véase Ahora bien, una noción adecuada de los términos equitativos de
Isaiah Berlín, «Two Concepts of Liberty» (1 9 5 8 ), reproducido en F o u r Essays on Li­ la cooperación depende de la naturaleza misma de la actividad coo­
berty, Oxford University Press, Oxford, 1969 (hay trad. casi.: Cuatro ensayos sobre la perativa: del trasfondo social de su contexto, de los propósitos y
libertad, Alianza, Madrid, 1993z); véanse, por ejemplo, pp. 165-166.
17. En esta y en la siguiente sección me baso en mi «Kantian Constructivism in
aspiraciones de los participantes, del modo en que éstos se conciben
Moral Theory», (cf. nota 4 ) para forjar‘el trásfondo necesario para el argumento que a sí propios y unos a otros, etc. Los que acaso resulten términos
sigue. equitativos para empresas de riesgo compartido, o para asociaciones,
ur.i naD sm

CONTEXTO INSTITUCIONAL L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 339


338 EL

o para pequeños grupos y equipos, no sirven para la cooperación partir de los principios de justicia en lanío que términos equitativos
social. Pues a la hora de caracterizarla comenzamos por entender la ¿q cooperación social (y no meramente de acuerdo con ellos) . La
estructura básica de la sociedad globalmente considerada como una capacidad para albergar una concepción del bien es la capacidad
forma de cooperación. Esa estructura abarca las principales institu­ para formar, para revisar y para perseguir racionalmente una tal con­
ciones sociales —-la constitución, el régimen económico, el orden cepción, esto es, una concepción* de lo que consideramos una vida
jurídico y sus definiciones de propiedad y similares-—, así como eh humana que valga la pena.riJna cóncepción del bien normalmente
modo en que esas instituciones casan entre si hasta formar un único consiste en un determinado esquema de objetivos y propósitos fina­
sistema coherente. Lo que distingue a la estructura basica es que pro-, les, así como de deseos de que determinadas personas y asociacio­
porciona el marco para un esquema autosuficiente de cooperación- nes, en tanto que objeto de vínculos y lealtades, florezcan y prospe­
para todos los propósitos esenciales de la vida humana, propósitos a ren. También se incluye en esa concepción una noción de nuestra
los que sirve una variada gama de asociaciones y grupos encuadra*:, relación con el mundo — una noción religiosa, filosófica o moral—
dos en ese marco. Puesto que parto del supuesto de que la sociedad en relación a la cual resultan inteligibles aquellos objetivos y aque­
en cuestión está cerrada, tenemos que imaginar que no hay ingresos llos vínculos.
ni salidas salvo por nacimiento o defunción, de manera que las per­ El paso siguiente consiste en considerar las dos facultades mora­
sonas nacen en una sociedad entendida como un esquema autosufi- les como condiciones necesarias y suficientes para que pueda contar­
ciente de cooperación y tenemos que concebir a las personas en po-_- se a alguien como miembro pleno e igual de la sociedad en cuestiones
sesión de las capacidades para ser miembros normal y plenamente de justicia política. Quienes pueden tomar parte en la cooperación
cooperantes de la sociedad a lo largo de un ciclo vital completo. De social a lo largo de un ciclo vital completo y están en disposición de
esas estipulaciones se sigue que, aunque la cooperación social puede respetar los términos equitativos apropiados de cooperación se conci­
darse de buena gana y armoniosamente, siendo, en este sentido, vo­ ben como ciudadanos iguales. Partimos aquí del supuesto de que las
luntaria, no es voluntaria en el sentido en que lo es nuestra adhesión facultades morales están realizadas en el grado mínimo requerido, y
o pertenencia a asociaciones y grupos dentro de la sociedad. No hay de que van de consuno, en cualquier momento dado, con una deter­
alternativa a la cooperación social, salvo la obediencia resentida y a minada concepción del bien. Dados estos supuestos, las variaciones y
regañadientes, o la resistencia y la guerra civil. las diferencias de dotaciones y habilidades naturales están subordina­
Así pues, dirigimos nuestra atención a personas capaces de ser das: no afectan al estatus de las personas en tanto que ciudadanos
miembros normal y plenamente cooperantes de la sociedad a lo largo iguales, y sólo adquieren relevancia en la medida en que aspiremos a
de un ciclo vital completo. La capacidad para la cooperación social determinados cargos y posiciones, o pertenezcamos o deseemos adhe­
se considera fundamental, pues la estructurai basica de la sociedad es rimos a determinadas asociaciones existentes en el seno de la socie­
tratada com o el primer objeto de la justicia. Los términos equitativos dad. Así, la justicia política tiene que ver con la estructura básica como
de la cooperación social para el caso de la estructura básica detemii- el marco institucional circundante, en el seno del cual las dotaciones
nan el contenido de una concepción política y social de la justicia. y las habilidades naturales de los individuos se desarrollan y ejercen, y
Mas, entendidas de este modo las personas, les atribuimos dos facul­ en el que se dan las diversas asociaciones.
tades de la personalidad moral. Esas dos facultades son la capacidad No he dicho nada hasta ahora acerca del contenido de los térmi­
para albergar un sentido de lo justo y de la justicia (la capacidad para nos equitativos de la cooperación, o — lo que es del mayor interés
respetar los términos equitativos de la cooperación y, así, para ser ra­ aquí para nosotros— acerca de las libertades básicas y su primacía.
zonables) y la cap acid ad para albergar una concepción del bien (y así, Para enfocar esta cuestión, resumamos diciendo: los términos equi­
para ser racionales). Abundando en el detalle, la capacidad para alber­ tativos de la cooperación social son los términos en los que, como
gar un sentido de justicia es la capacidad para entender, para aplicar personas iguales que somos, estamos dispuestos a cooperar de buena
y, normalmente, para ser movido por un deseo efectivo de actuar a fe con todos los miembros de la sociedad a lo largo de un ciclo vital
340 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 341

completo. Añadamos aún: a cooperar sobre la base del respeto jos límites definidos por los principios de^usticia adecuados. Trata el
tuo. Añadir esta cláusula es explicitar el hecho de que los términos liberalismo de mostrar tanto que la pluralidad de concepciones del
equitativos de la cooperación pueden ser reconocidos por todos v bien es deseable, cuanto el modo en que un régimen de libertad pue-
cada uno sin resentimiento o humillación (o, digámoslo también, ¿ i hallar acomodo para esa pluralidad extrayendo a un tiempo los
mala conciencia) cuando los ciudadanos se entienden a sí propios y beneficios de la diversidad humana. ■'*
los unos a los otros en posesión del grado mínimo requerido de lás Me propongo en esta conferencia esbozar el vínculo existente
dos facultades morales que constituyen la base de la igualdad ciuda­ gutre las libertades básicas y su primacía, de un lado, y los términos
dana. En este trasfondo, el problema de determinar las libertades equitativos de la cooperación social entre personas iguales, del otro.
básicas y de fundar su primacía puede entenderse como el problema El motivo de introducir la concepción de la persona de que me he
de definir términos equitativos apropiados de cooperación sobre servido, así como de acompañarla con una concepción de la coope­
la base del mutuo respeto. Hasta las guerras de religión de los sh ración social, es que trato de hacer dar un paso más a la doctrina
glos xvi y xvri esos términos equitativos se formulaban muy estre­ liberal, esto es, trato de arraigar sus supuestos en dos concepciones
chamente: la cooperación social sobre la base del respeto mutuo sé filosóficas subyacentes para luego sugerir el modo en que las liberta­
entendía como de imposible realización con quienes tuvieran una fe des básicas y su primacía pueden entenderse como parte de los tér­
diferente, o (por volver a emplear palabras que ya he usado) con minos equitativos de la cooperación social cuando la naturaleza de
quienes afirmaran una concepción del bien fundamentalmente dife­ esa cooperación responde a las condiciones que esas concepciones
rente. En tanto que doctrina filosófica, el liberalismo se origina en imponen. La unión social no se funda ya en una concepción del bien,
esos siglos a partir del desarrollo de varios argumentos en favor dé la tal como se da en una fe religiosa común o en una doctrina filosófi­
tolerancia religiosa.18En el siglo xix, la doctrina liberal fue formula­ ca, sino en una concepción pública compartida de la justicia que se
da, en sus elementos esenciales, por Constant, Tocqueville y Mili y compadece bien con la concepción de los ciudadanos como personas
adaptada al contexto de un estado democrático moderno, cuyo adve­ libres e iguales en un estado democrático.
nimiento creían inminente. Un supuesto crucial del liberalismo es
que los ciudadanos iguales tienen concepciones del bien diferentes y
§4. L A POSICIÓN ORIGINAL
en verdad, inconmensurables e irreconciliables.19 En una sociedad
democrática moderna, la existencia de tan diversos estilos de vida ha
de verse como una circunstancia normal que no puede eliminarse por Con objeto de aclarar el modo en que esto podría realizarse repa­
saré ahora muy brevemente lo que he ido diciendo acerca del papel
la vía del uso autocrático del poder estatal. Así, el liberalismo acepte
desempeñado por lo que he llamado «la posición original» y de la
la pluralidad de concepciones del bien como un hecho de la vida
manera en que ésta capta conceptualmente la noción de persona.20
moderna, supuesto, obvio es decirlo, que esas concepciones respeten
La idea directriz es que la posición original vincula la concepción de
la persona y la concepción, asociada a ella, de la cooperación social
18. Para un instructivo repaso de esos argumentos, véase Alien, A History of con determinados principios específicos de justicia. (Esos principios
Politicál Thought in the Sixteenth Century, pp. 7 3 -1 0 3 , 2 3 1 -2 4 6 , 302-331 y 428-430;.
también su English Politicál Thought, 1603-1660, Methuen, Londres, 1938, pp. 199-
definen lo que antes llamé «términos equitativos de la cooperación
2 4 9 . Las concepciones de Locke en la Carta sobre la tolerancia (1 6 8 9 ) o de Montes- social».) E l vínculo entre estas dos concepciones filosóficas de la
quieu en E l espíritu d e las leyes (1 7 4 8 ) tienen una larga historia detrás. justicia y los principios específicos de justicia queda establecido por
19. Este supuesto es central para el liberalismo, como sostuvo Berlin en «Two
Concepts o f Liberty», pp. 167-171. Creo que está implícito en los autores citados, pero
no puedo entrar aquí en este asunto. Para una formulación más reciente, véase Ronald 20. Sobre la posición original, véase el índice analítico de la Teoría. Para el modo
Dworkin, «LiberaliSm», en Stuart Hampshiré, ed., Public and Prívate Morality, Cam­ en que esa posición modela la concepción de la persona, véase además «Kantian Cons-
bridge University Press, Cambridge, 1978. tructivism in Moral Theory».
342 E L C O N T E X TO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 343

la posición original de la manera siguiente: las partes en esta posi. diferencia entre la autonomía plena^y la autonomía racional es
ción se describen como representantes racionalmente autónomos de autonomía racional es actuar meramente a partir de nuestra
los ciudadanos de la sociedad. Como tales representantes, las partés opacidad para ser racionales y a partir de una determinada concep­
tienen que defender lo mejor que puedan a sus representados, sometí» t a del bien que albergamos en un momento dado. La autonomía
das siempre a las restricciones de la posición original. Por ejemplo' plena, en cambio, incluye no sólo eáa capacidad para ser racionales,
las partes están situadas simétricamente unas respecto de otras y, en Lo también una capacidad para promover nuestras concepciones
ese sentido, son iguales; y lo que he llamado «velo de ignorancia» 0 bien por vías consistentes con el respeto de los términos equitati-
significa que las partes desconocen la posición social, o la concep­ v0s de la cooperación social, esto es, con el respeto de los principios
ción del bien (sus particulares propósitos y vínculos), o las capacida­ jjejusticia. En una sociedad bien ordenada, en la que los ciudadanos
des realizadas y las tendencias psicológicas, y muchas otras cosas, de saben que pueden contar con el sentido de justicia de los demás,
las personas que representan. Además, como ya he puesto de relie­ podemos suponer que el deseo normal de una persona es el de actuar
ve, las partes deben acordar, a partir de una breve lista de alternativas justamente, así como el de ser reconocida por los demás como
procedentes de la tradición de la filosofía moral-y política, deteimina- alguien en quien puede confiarse como miembro plenamente coope­
dos principios de justicia. E l acuerdo de las partes en tomo de deteti rante de la sociedad a lo largo de un ciclo vital completo. Las perso-
minados principios definidos de justicia instaura un vínculo entre nas plenamente autónomas, por consecuencia, reconocen pública­
esos principios y la concepción de la persona representada por la mente los términos equitativos de la cooperación social y actúan de
posición original. De este modo se averigua el contenido de los térmL acuerdo con ellos, movidos por las razones definidas por los princi­
nos equitativos de la cooperación entre personas así concebidas. pios compartidos de justicia. Las partes, sin embargo, sólo son racio­
Hay que distinguir cuidadosamente dos partes de la posición ori­ nalmente autónomas, pues las restricciones de lo razonable les vie­
ginal. Esas partes corresponden a las dos facultades de la personali­ nen sencillamente de fuera. En realidad, la autonomía racional de las
dad moral, o a lo que he llamado «la capacidad para ser razonable» y partes es meramente la autonomía racional de agentes artificiales
«la capacidad para ser racional». Mientras que la posición original, moradores de una construcción diseñada para captar conceptualmen­
globalmente considerada, representa ambas facultades morales, y re­ te la noción de persona plena, razonable y racional. Quienes son ple­
presenta por consecuencia la concepción plena de la persona, las namente autónomos son los ciudadanos iguales de una sociedad bien
partes, en tanto que representantes racionalmente autónomos dé ordenada, porque aceptan libremente las restricciones de lo razona­
las personas de la sociedad, se limitan a representar a lo racional: las ble y, al hacerlo, su vida política refleja esa concepción de la persona
partes se ponen de acuerdo en torno a los principios que creen mejo­ que considera fundamental su capacidad para la cooperación social.
res para sus representados, a los cuales entienden — en la medida en La plena autonomía de los ciudadanos activos es la expresión del
que las partes puedan conocer esas cosas— a partir de la concepción ideal político que hay que realizar en el mundo social.21
del bien por ellos albergada y de su capacidad para formar, revisar y Así pues, podemos decir que las partes en la posición original,
perseguir racionalmente una tal concepción. Lo razonable, la capaci­
dad de las personas para tener un sentido de justicia, que en este con­
21. Uso la distinción entre las dos partes de la posición original que correspon­
texto no es sino su capacidad para respetar los términos equitativos den a lo razonable y a lo racional como una manera vivida de formular la idea de que
de la cooperación social, es representado por las varias restricciones esa posición capta conceptualmente la plena concepción de la persona. Espero que eso
a las que están sometidas las partes en la posición original, así como evite varias malinterpretaciones de esa posición, por ejemplo, la de que se concibe como
por las condiciones impuestas al acuerdo al que han de llegar. Cuan­ moralmente neutra, o la de que sólo capta la noción de racionalidad, corolario de lo cual
sería que la justicia como equidad intentaría seleccionar principios de justicia fundándo­
do los principios de justicia adoptados por las partes son reconocidos se meramente en una concepción de la elección racional tal como se entiende ésta en la
por ciudadanos iguales, que actúan en la sociedad de acuerdo con teoría económica y en la teoría de la decisión. Desde una perspectiva kantiana, tal inten­
ellos, puede decirse que los ciudadanos actúan con plena autonomía. to está fuera de lugar, y es incompatible con su concepción de la persona.
L A S L IB E R T A D E S B Á S IC A S Y SU PRIM A CÍA 345
344 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L

como representantes racionales que son, son racionalmente autóiió aproximada de lo que sean los planes racionales de vida, una noción
mas en dos respectos. En primer lugar, en su deliberación no se le¿ ,ue ilumine por qué tienen éstos normalmente una determinada
exige que apliquen, cualesquiera principios primordiales o previos estructura ynpor qué dependen de los bienes primarios para su forma­
sobre lo justo y la justicia o que se dejen guiar por ellos. En segundo ción, pura su revisión y para su realización. Lo que haya que incluir
lugar, al llegar a un acuerdo acerca de qué principios de ju sticiafe g0la categoría de bienes primarios no se decide contestando a la
que adoptar entre las alternativas disponibles, las partes deben orien­ cuestión de qué medios generales resultan esenciales para conseguir
tarse exclusivamente por lo que crean que constituye el bien de las los objetivos finales que, según lo establecido por algún estudio
personas que representan, en la medida en que se lo. permitan los empírico o histórico exhaustivo, sean comúmnente normales o usua­
límites informativos. El acuerdo, en la posición original, en tomo de les entre la gente. Puede que, si alguno, haya pocos objetivos de
los dos principios de justicia tiene que ser un acuerdo fundado en ese tipo; y acaso los que haya no sirvan a los propósitos de una con­
razones racionalmente autónomas en este sentido. Así, en realidad, cepción de la justicia. La caracterización de los bienes primarios no
lo que hacemos es usar las deliberaciones racionalmente autónomas ¿escansa en este tipo de hechos históricos o sociales. Aunque la
de las partes para seleccionar, a partir de las alternativas disponibles determinación de los bienes primarios apela al conocimiento de las
los términos equitativos de la cooperación entre las personas qué circunstancias y de las condiciones generales de la vida social, lo
aquéllas representan. dace tan sólo a la luz de una previa concepción de la persona.
Habría que decir mucho más para dar cumplida cuenta del repago Las cinco clases de bienes primarios distinguidas en la Teoría
sumario que se acaba de realizar. Pero ahora debo regresar a las con­ (con indicación de cómo se usa cada una) son las siguientes:
sideraciones que mueven a las partes en la posición original. Eviden­
temente, su propósito global es cumplir con sus responsabilidades y á) Las libertades básicas (libertad de pensamiento y de con­
hacer lo que esté en su mano para promover el bien de las personas ciencia, etc.): estas libertades constituyen el trasfondo institucional
que representan. El problema está en que, dadas las restricciones dél necesario para el desarrollo y el pleno e informado ejercicio de las
velo de ignorancia, puede parecer una tarea imposible para las partes dos facultades morales (sobre todo en lo que más adelante, § 8, lla­
la averiguación de lo que sea el bien para esas personas y, por lo th- maré «los dos casos fundamentales»); estas libertades son también
to, llegar a un acuerdo racional en su nombre. Para resolver este pro­ indispensables para la protección de un amplio abanico de determi­
blema introducimos la noción de bienes primarios y elaboramos una nadas concepciones del bien (dentro de los límites de la justicia).
lista de las varias cosas que caen bajo ese rótulo. L a idea capitales b) Libertad de movimiento y de elección de empleo en un tras­
fondo de diversidad de oportunidades: esas oportunidades permiten
que los bienes primarios son seleccionados preguntando qué cosas
son generalmente necesarias, en tanto que condiciones sociales y perseguir una diversidad de objetivos finales y proporcionan un mar­
medios de uso universal, para hacer que las personas sean capaces gen para la decisión de revisarlos y cambiarlos si así lo deseamos.
de perseguir sus determinadas concepciones del bien y desarrollar y c) Poderes y prerrogativas asociados a cargos y posiciones de
ejercer sus dos facultades morales. Tenemos que atender aquí a las responsabilidad: esos bienes ofrecen una perspectiva a las varias
exigencias sociales y a las circunstancias normales de la vida huma­ capacidades sociales y de autogobierno del individuo.
na en una sociedad democrática. Que los bienes primarios sean con d) Ingresos y riqueza, entendidos en un sentido amplio, como
diciones necesarias para la realización de las facultades morafey medios de uso universal (con un valor de cambio): los ingresos y la
constituyan medios de uso universal para una gama lo suficiente­ riqueza son necesarios para conseguir, directa o indirectamente, un
mente amplia de objetivos finales presupone varios hechos generales amplio abanico de objetivos no predeterminados.
acerca de los deseos y las capacidades humanos, de sus fases y exi­ e) Las bases sociales del autorrespeto: se trata de aquellos
gencias características de nutrición, de relaciones de interdependei? aspectos de las instituciones básicas que resultan normalmente esen­
cia social, y muchas cosas más. Necesitamos al menos una noción ciales para que los ciudadanos adquieran un sentido de su propio
346 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á S IC A S Y SU PRIM A CÍA 347

valor como personas y sean capaces de desarrollar y ejercer sus tas, fundada cada una de ellas de un mpdo diferente, espero poder
facultades morales, así como de promover sus metas y sus objetivos explicar el lugar de las libertades básicas en la justicia como equi­
confiando en sí propios.22 dad, así com o las razones de su primacía.

Obsérvese que los dos principios de justicia evalúan la estructura


básica de la sociedad de acuerdo con el modo en que sus institucio­ § 5. L a PRIMACÍA DE LAS LIBERTADES, I:
nes protegen y asignan algunos de esos bienes primarios (por ejem­ LA SEGUNDA FACULTAD MORAL
plo, las libertades básicas) y regulan la producción y distribución de
otros bienes primarios (por ejemplo, los ingresos y la riqueza), Estamos ahora en condiciones de examinar las razones que lle­
pues, en general, lo que hay que explicar es por qué las partes us£® van a las partes en la posición original a adoptar principios que
esta lista de bienes primarios y por qué es racional para ellos adoptar garantizan las libertades básicas y les confieren primacía. No me es
los dos principios de justicia. posible presentar aquí el argumento en favor de tales principios de
No puedo discutir en esta conferencia esta cuestión general.! Sg. ana manera rigurosa y convincente; me limitaré a indicar cómo
vo en el caso de las libertades básicas, daré por supuesto que las podría construirse.
razones para apoyarse en los bienes primarios están suficientemente Observemos, por lo pronto, que, dada la concepción de la persona,
claras para nuestros propósitos. En las secciones que siguen me pro­ bay tres tipos de consideraciones que las partes han de distinguir
pongo explicar por qué, en realidad, dada la concepción de la perso? cuando deliberan acerca del bien de las personas a las que represen­
na que caracteriza a los ciudadanos representados por las partes, sóif tan. Hay consideraciones que tienen que ver con el desarrollo y el ple­
las libertades básicas bienes primarios, y por qué, además, el princi­ no e informado ejércicio de las dos facultades morales, cada una de
pio que garantiza esas libertades ha de gozar de primacía sobre él las cuales lleva a consideraciones de distinto tipo; y, por último, hay
segundo principio de justicia. A veces, la razón de esa primacía se consideraciones que tienen que ver con la determinada concepción del
infiere directamente de la explicación de por qué una libertad^- bien que pueda albergar una persona. Me ocuparé en esta sección de
básica, como en el caso de la igual libertad de conciencia (discutid! las consideraciones que tienen que ver con la capacidad para albergar
en §§ 5-6). En otros casos, la primacía puede deducirse del papel una concepción del bien y de las que tienen que ver con la determina­
procedimental desempeñado por determinadas libertades y pof ;el ría concepción del bien que pueda albergar una persona. Empezaré
lugar fundamental que ocupan en la regulación del conjunto de la por estas últimas. Recuérdese que, aun cuando las partes saben que las
estructura básica, como en el caso de las libertades políticas iguales personas por ellas representadas albergan determinadas concepciones
(discutidas en § 8). Por último, determinadas libertades básicas re­ del bien, ignoran el contenido de las mismas. Es decir: desconocen los
sultan ser condiciones institucionales indispensable una vez garanti­ particulares objetivos y metas finales perseguidos por esas personas, y
zadas otras libertades básicas; así, la libertad de pensamiento y la .desconocen los objetos de sus vínculos y lealtades, así como su con­
libertad de asociación son necesarias para hacer efectivas la libeffi cepción — religiosa, filosófica o moral— de su relación con el mundo,
de conciencia y las libertades políticas. (Este vínculo se esboza en •concepción en relación con la cual resultan inteligibles aquellos obje­
§§ 10-12 para el caso de la libertad de expresión política y las liber­ tivos y lealtades. Sin embargo, dados los hechos generales acerca de
tades políticas.) Mi discusión es muy breve y se limita a ilustrar los lapsicología humana y del funcionamiento de las instituciones socia­
tipos de razones que tienen las partes para incluir determinadas liber­ les, las partes conocen la estructura general de los planes de vida de
tades entre las básicas. Al considerar varias libertades básicas distin­ las personas racionales y, por ende, los elementos capitales que se
acaban de mencionar y que integran una concepción del bien. El co­
22. Para un examen más completo de los bienes primarios, véase mi nocimiento de esos asuntos va de consuno con su comprensión y con
«Soafj
Unity and Primary Goods». suuso de los bienes primarios en el sentido aquí explicado.
E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L LA S L IB E R T A D E S BÁ SIC A S Y SU PRIM A CÍA 349
348

Con ánimo de fijar algunas ideas, me centraré en la libertad de éstos dan pie, se reconoce como algo innegociable, por así decirlo. Se
conciencia y examinaré las razones que tienen las partes para adop­ entienden esos puntos de vista como formas de creencia y de conduc­
tar principios que garantizan esa libertad básica en su aplicación a ta cuya protección no puede propiaménte abandonarse ni debilitarse
las concepciones religiosas, filosóficas y morales de nuestra relación con el tipo de consideraciones característico del segundo principio de
con el mundo.23 Obvio es decir que, aun cuando las partes no pueden justicia. Es verdad que hay conversiones religiosas, y es verdad que
estar seguras de que las personas por ellas representadas albergan las personas cambian sus puntos de vista filosóficos y morales. Pero
tales concepciones, yo daré por supuesto que esas personas normal­ hay que presumir que esas conversiones y esos cambios no están
mente las albergan, y las partes deben dejar abierta esa posibilidad. impulsados por razones de poder y de posición, o de riqueza y de
Doy también por supuesto que esas concepciones religiosas, filosófi­ estatus, sino que son resultado de la convicción, de la razón y de la
cas y morales están ya formadas, son mantenidas con firmeza y, en reflexión. Aun si en la práctica esa presunción se revela a menu­
este sentido, están dadas. Pues bien; si sólo uno de los principios do falsa, eso no afecta a la responsabilidad de las partes en la protec­
alternativos de justicia a disposición de las partes garantiza la igual ción de la integridad de la concepción del bien albergada por sus
representados.
libertad de conciencia, ese principio debe ser adoptado. O al menos
Resulta claro, pues, por qué la libertad de conciencia es una
ese debe ser el caso si la concepción de la justicia a la que ese princi­
libertad básica y posee la primacía característica de tales libertades.
pio pertenece es una concepción viable. Pues el velo de ignorancia
Dado el modo en que entendemos lo que constituye una visión reli­
implica que las partes ignoran si las creencias abrazadas por las per­
giosa, filosófica o moral, el tipo de consideraciones característico del
sonas que representan constituyen un punto de vista mayoritario o
segundo principio de justicia no puede ser aducido con objeto de res­
minoritario. No pueden arriesgarse a permitir una menor libertad de
tringir el espectro central de esa libertad. Si alguien niega la libertad
conciencia para las religiones minoritarias, pongamos por caso, en la
de conciencia como libertad básica y sostiene que todos los intereses
confianza de que las personas por ellas representadas abrazan una
humanos son conmensurables — y que entre dos intereses cuales­
religión dominante o mayoritaria y gozarán, así, de una libertad quiera siempre hay una tasa de sustitución, en términos de la cual
mayor. Pues podría ocurrir que esas personas pertenecieran a una fe resulta racional sopesar la protección de uno y la protección de
minoritaria, con el consiguiente sufrimiento. Si las partes fueran a otro— , entonces llegamos a un impasse. Una manera de continuar
realizar apuestas arriesgadas de ese tipo, sólo mostrarían que no la discusión es tratar de mostrar que el esquema de la familia de li­
toman en serio las convicciones religiosas, filosóficas o morales de bertades básicas es parte de una concepción coherente y viable de la
las personas, ignorando, en efecto, la naturaleza de una convicción justicia, una concepción apropiada para la estructura básica de un
religiosa, filosófica o moral. régimen democrático y, además, congruente con las más esenciales
Obsérvese que, estrictamente hablando, la primera razón aducida convicciones de ese régimen.
en favor de la libertad de conciencia no es un argumento. Es decir, Volvamos ahora a las consideraciones que tienen que ver con la
nos limitamos a llamar la atención sobre el modo en que el velo de capacidad para albergar una concepción del bien. Esa capacidad se
ignorancia (combinado con la responsabilidad de las partes en punto definió antes como una capacidad para formar, revisar y perseguir
a proteger algún punto de vista religioso, filosófico o moral descono­ racionalmente una determinada concepción del bien. Hay aquí dos
cido, pero determinado y mantenido) da a las partes las razones más razones estrechamente vinculadas, pues esa capacidad puede verse
poderosas para garantizar esa libertad. Lo fundamental aquí es que la de dos modos. En primer lugar, el adecuado desarrollo y ejercicio de
afirmación de tales puntos de vista, y las concepciones del bien a que esa capacidad, según lo exijan las circunstancias, se entiende como
un medio para un bien de una persona; y en tanto que medio no es
23.
(por
En este y en los dos siguientes párrafos formulo de un modo algo diferente
definición) parte de la determinada concepción del bien de esa
las consideraciones sobre la libertad de conciencia ofrecidas en la Teoría, § 33. persona. Las personas ejercen esa facultad al perseguir racionalmen-
itsi camiiH

350 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L LA S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 351

te sus objetivos finales y al articular su idea de lo que sea un ciclo sociedad y por nuestros pares sociales,.24 Claro es que la concepción
vital completo. En cualquier momento dado, esa facultad sirve a la que afirmamos no tiene por qué ser ’peculiarmente nuestra, o una
determinada concepción del bien que se afirma; pero no puede concepción, que, por así decirlo, hayamos hecho a nuestra medida,
pasarse por alto el papel desempeñado por esa facultad a la hora de pe lo que se trata es de que podamos afirmar una tradición religiosa,
formar otras — y más racionales— concepciones del bien y de revh filosófica o moral en la que hayaanos crecido y sido educados, y de
sar las existentes. No hay garantía de que todos los aspectos de núes- que esa tradición, al llegar a la edad de la razón, se convierta en el
tro presente estilo de vida sean los más racionales para nosotros y no centro de nuestros vínculosJy lealtades. En tal caso, lo que afirma­
necesiten revisiones más o menos drásticas. Por esas razones, el ade­ mos es una tradición que incorpora ideales y virtudes que pasan la
cuado y pleno ejercicio de la capacidad para albergar Una concep­ prueba de nuestra razón y que responden a nuestros más profundos
deseos y afectos. Lo que no quita para que muchas personas se sus­
ción del bien es un medio para el bien de una persona. Así, en el
traigan al examen de las creencias y los objetivos recibidos y los
supuesto de que la libertad de conciencia y, por lo tanto, la libertad
tomen por artículos de fe, o se conformen con considerarlos asuntos
de caer en el error y equivocarse, está entre las condiciones sociales
de costumbre y tradición. No son criticables por eso, pues desde el
necesarias para el desarrollo y el ejercicio de esa facultad, las partes punto de vista liberal no hay valoración política o social de las con­
disponen de otra razón para adoptar los principios que garantizan esa cepciones del bien que se hallan dentro de los límites permitidos por
libertad básica. Deberíamos observar aquí que la libertad de asocia­ la justicia.
ción es necesaria para hacer efectiva la libertad de conciencia; pues a Para este modo de entender la capacidad de albergar una concep­
menos que tengamos libertad para asociamos con otros ciudadanos ción del bien, la capacidad no es un medio para, sino una parte esen­
de parecidas opiniones, se niega el ejercicio de la libertad de con­ cial de una determinada concepción del bien. Esa concepción ocupa
ciencia. Esas dos libertades básicas van de consuno. un lugar distinguido en la justicia como equidad, pues permite que
El otro modo de ver la capacidad para albergar una concepción contemplemos nuestros objetivos finales y nuestras lealtades de
del bien arroja una razón adicional en favor de la libertad de con­ manera que se realice por completo una de las facultades morales
ciencia. Esa razón descansa en el dilatado alcance y en la naturaleza que caracterizan a las personas en esta concepción de la justicia.
regulativa de esa capacidad, así como en los principios inherentes Para que esa concepción del bien sea posible se nos debe permitir, y
que guían sus operaciones (los principios de la deliberación racio­ de un modo aún más manifiesto que en la razón anterior, caer en el
nal). Esos rasgos característicos de tal capacidad nos permiten pen­ error y equivocamos dentro de los límites fijados por las libertades
sar en nosotros mismos como personas que afirman su propio estilo básicas. Con objeto de garantizar la posibilidad de esa concepción
de vida de acuerdo con el ejercicio pleno, deliberado y razonado de del bien, las partes, como representantes nuestros, adoptan princi­
sus facultades intelectuales y morales. Y esa misma relación, racio­ pios que protegen la libertad de conciencia.
nalmente afirmada, entre nuestra razón deliberativa y nuestro estilo Las tres razones que se acaban de considerar en favor de la liber­
de vida se convierte en parte de nuestra concepción determinada del tad de conciencia están relacionadas entre sí del modo siguiente. En
bien. Tal posibilidad está ínsita en la concepción de la persona. Así, la primera, las concepciones del bien se entienden como dadas y
además de aspirar a que nuestras creencias sean verdaderas, nuestras
acciones correctas y nuestros objetivos buenos, también podemos 24. Véase J. S. Mili, On Liberty, cap. 3, § 5, en donde se dice: «Hasta cierto
aspirar a juzgar p o r qué nuestras creencias son verdaderas, nuestras punto se admite que nuestra comprensión debería ser nuestra propia comprensión; mas
no hay la misma disposición a admitir que nuestros deseos e impulsos deberían ser
acciones, correctas y nuestros objetivos, buenos y adecuados para nuestros de un modo parecido; o que poseer impulsos propios, y de alguna intensidad,
nosotros. Como diría Mili, podemos aspirar a que nuestras concep­ no es en absoluto un peligro y una asechanza». Véase el conjunto de los §§ 2 -9 sobre
ciones del bien sean «nuestras propias» concepciones; no nos con­ el libre desarrollo de la individualidad (hay trad. cast.: Sobre la libertad, Alianza,
formamos con aceptarlas tal y como nos vienen dadas por nuestra Madrid, 199410).

;
EL CONTEXTO IN STITU CIO N A L
352 LA S L IB E R T A D E S B Á SIC A S Y SU PRIM A CÍA 353
sólidamente arraigadas; y, puesto que hay una pluralidad de tales ciudadanos tienen capacidad para albergar un sentido de justicia,
concepciones, cada una de ellas, ponasí decirlo,.resulta innegocia­ pero ese supuesto es puramente formal. Sólo significa que, cuales­
ble- las partes reconocen que, tras el velo de ignorancia, los princi­ quiera que-sean los principios que las partes acaben seleccionando
pios de justicia que garantizan la igual libertad de conciencia son los entre las alternativas disponibles, las personas que representan serán
únicos principios que pueden adoptar. En las dos siguientes razones, capaces de desarrollar, como ciudadanos en sociedad, el correspon­
las concepciones del bien se entienden sujetas a revisión de acuerdo diente sentido de justicia en el grado necesario para que las delibera­
con la razón deliberativa, la cual forma parte de la capacidad para ciones de las partes, informadas por el conocimiento de sentido
albergar una concepción del bien. Mas, puesto que el pleno e infor­ común y por la teoría de la naturaleza humana, se revelen posibles y
mado ejercicio de esa capacidad requiere las condiciones sociales practicables. Este supuesto es consistente con la autonomía racional
que la libertad de conciencia garantiza, esas razones fundamentan la de las partes y con la estipulación de que ningún principio y ninguna
misma conclusión que la primera. noción previos de justicia habrán de orientar (y mucho menos res­
tringir) el razonamiento de las partes en su selección de alternativas.
Dado este supuesto, las partes saben que su acuerdo no es en vano y
§ 6 . La p r im a c ía d e l a s l ib e r t a d e s , II: que los ciudadanos en sociedad actuarán de acuerdo con los princi­
LA PRIMERA FACULTAD M O RA L pios acordados con la eficacia y la regularidad de las que la naturale­
za humana es capaz cuando las instituciones políticas y sociales
Llegamos finalmente a las consideraciones que tienen que ver satisfacen — y es público y notorio que satisfacen— esos principios.
con la capacidad para albergar un sentido de justicia. Aquí hay que Mas, aunque las partes cuentan, como consideración que favorece
ser circunspectos. Las partes en la posición original son representan­ determinados principios de justicia, con el hecho de que los ciudada­
tes racionalmente autónomos y, como tales, están exclusivamente nos en sociedad actuarán efectiva y regularmente de acuerdo con
motivadas por consideraciones relativas a la promoción y la satisfac­ ellos, las partes mismas sólo podrían hacerlo en la creencia de que
ción de las determinadas concepciones del bien que albergan las per­ actuar movidas por tales principios sería un medio eficaz para las
sonas que representan, ya como medio, ya como parte de esas con­ determinadas concepciones del bien de las personas que representan.
cepciones. Así, cualesquiera razones que impulsen a las partes a Esas personas, en tanto que ciudadanos, están movidas por razones
adoptar principios que garanticen el desarrollo y el ejercicio de la de justicia como tales, pero las partes, en calidad de representantes
capacidad para albergar un sentido de justicia tienen que andar acor­ autónomamente racionales, no.
des con esa restricción. Como dijimos en la sección anterior, la capa­ Tomadas estas precauciones, esbozaré ahora tres razones, cada
cidad para albergar una concepción del bien puede ser tanto parte, una de ellas relacionada con el sentido de justicia, que impelen a las
cuanto medio de una determinada concepción del bien de alguien, y partes a adoptar principios que garantizan las libertades básicas y les
las partes pueden apelar a razones fundadas en alguno de esos dos confieren primacía. La primera razón tiene dos fundamentos: prime­
casos sin violar su papel racionalmente autónomo. Pero la situación ro, la gran ventaja que supone para cada una de las concepciones del
es distinta en el caso del sentido de justicia: pues las partes no pue­ bien un esquema justo y estable de cooperación; y segundo, que la
den apelar aquí a razones derivadas de entender el desarrollo y el concepción más estable de la justicia es la definida por los dos prin­
ejercicio de esa capacidad comprendida dentro de una determinada cipios de justicia, lo que es el caso merced — y no deja de ser impor­
concepción del bien albergada por una persona. Las partes están res­ tante— a las libertades básicas y a la primacía que esos principios les
tringidas, y no pueden sino fundarse en razones que entienden ese confieren.
desarrollo y ese ejercicio como un mero medio, para el bien de una Ni que decir tiene que el conocimiento público de que todos y
persona. cada uno poseen un efectivo sentido de justicia y puede confiarse en
Es verdad que suponemos — lo mismo que las partes— que los ellos como miembros plenamente cooperantes de la sociedad consti­
354 E L C O N TEX TO IN STITU CIO N A L L A S L IB E R T A D E S B Á S IC A S Y SU PRIM A CÍA 355

tuye una gran ventaja para la concepción del bien albergada por cada írisma apariencia, por así decirlo).27 Esas libertades no dependen de
uno.25 Tal conocimiento público, y el compartido sentido de justicia cálculos especulativos sobre el máximo balance neto de los intereses
que es su objeto, es resultado del tiempo y de la instrucción, más sociales (o de los valores sociales). En la justicia como equidad están
fácil de arruinar que de construir. Las partes juzgan las alternativas excluidos ese tipo de cálculos. Obsérvese que este argumento en
tradicionales de acuerdo con su disposición a generar un sentido de favor de la primera razón se compadece bien con las precauciones
justicia públicamente reconocido cuando se sabe que la estructura establecidas en los primeros párrafosde la presente sección. Pues, al
básica satisface los principios pertinentes. Al hacerlo, las partes adoptar los principios de justicia que más eficazmente aseguren el
entienden la desarrollada capacidad para albergar un sentido de justi­ desarrollo y el ejercicio del sentido de justicia, las partes no están
cia como un medio para el bien de quienes ellos representan. Es movidas por el deseo de realizar esa facultad moral por ella misma,
decir, un esquema de cooperación social justa promueve las determi­ sino, que entienden, antes bien,-ese sentido de justicia c