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CARLOS DOMÍNGUEZ MORANO

PSICOANÁLISIS Y CRISTIANISMO
Varias y variadas son las cuestiones que se plantean al pensamiento
cristiano a la luz del análisis psíquico del hecho religioso. Todas se
plantean a partir del dato de la omnipotencia infantil como motor de
lo ilusorio y de la ambivalencia afectiva. Estos elementos, descubiertos
por la labor psicoanalítica, condicionan y determinan la relación con la
autoridad, la representación de Dios, la idea de salvación, la proble-
mática siempre difícil de los sentimientos de culpabilidad y sus vincu-
laciones íntimas con la sexualidad y las tendencias agresivas.
Psicoanálisis y cristianismo, Proyección 50(2003) 333-355.

INTRODUCCIÓN

La crítica freudiana del hecho rosis que alienan al ser humano o,


religioso, al enlazar el acto de fe y al menos, bloquean su desarrollo
la práctica de la religión con ele- y plenitud personal.
mentos tan oscuros y arcaicos del Es obligado emprender una
ser humano como la violencia, el reflexión teológica, intentando
sexo o el instinto de superviven- repensar sus propias formulacio-
cia animal, representa una de las nes con fidelidad a los propios
impugnaciones más inmisericor- presupuestos. La fe cristiana siem-
des de la historia. Freud preten- pre mostró la capacidad de tra-
dió mostrar el negativo de la ex- ducir su creencia en los moldes
periencia religiosa. de la cultura que le tocó vivir.Tam-
Esta deconstrucción de la ex- poco hubiera podido sobrevivir
periencia de fe y su reducción a sin esta capacidad de replantea-
los componentes más cuestiona- miento de sus propias categorías.
bles del ser humano ha repercu- Tras las revoluciones científi-
tido en nuestra sociedad occiden- cas de Galileo y Darwin, la revo-
tal. La experiencia religiosa ha lución sociopolítica y cultural de
quedado estigmatizada como ex- la Revolución francesa y la revo-
presión de un infantilismo o de lución sociológica sobrevenida
unos conflictos psíquicos no re- con el pensamiento marxista, la fe
sueltos, no sólo en círculos psi- cristiana se enfrentó a una difícil
coanalíticos, sino también en ám- situación. El espíritu de Dios mo-
bitos más amplios de las ideas, vilizó la apertura necesaria para
donde el hecho religioso quedó asumir esos cambios. El Concilio
marcado por la sospecha. Muchos Vaticano II supuso el intento más
piensan que, tras la experiencia serio de la Iglesia de acoger como
religiosa, se ocultan mecanismos propios los nuevos planteamien-
de represión, proyección y neu- tos para pensar la teología en con-

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sonancia con este mundo. La ex- rá la posibilidad de la existencia
periencia del resucitado mostró de Dios, de la vida en el más allá o
su temple y audacia para plantar de la concepción virginal de Ma-
cara a lo que, para muchos, sólo ría. El psicoanálisis sólo sabe de la
era una liquidación de las posibili- cuestión del inconsciente. Pero
dades de la fe. esta cuestión le plantea al pensa-
A pesar de muchas formula- miento teológico una revisión de
ciones de Freud, no es propio del cualquier decir o sentir que pue-
psicoanálisis pronunciarse sobre da llevar a cabo, ya sea en térmi-
la verdad o falsedad de ningún nos propios del pensamiento más
postulado religioso, sino sólo de tradicional o progresista. Los me-
la verdad o mentira con la que el canismos inconscientes de fondo
sujeto pronuncia estos enuncia- pueden, paradójicamente, ser
dos. El psicoanálisis no se plantea- idénticos en uno u otro caso.

RELIGIÓN Y OMNIPOTENCIA
El psicoanálisis cuestiona las que de ella se deriva. En el senti-
conexiones existentes entre la miento de omnipotencia tendría-
formulación de tal o cual creen- mos que encontrar la raíz común
cia y los eventuales contenidos de esos dos grandes temas en los
inconscientes que puedan estar que Freud insistió a la hora de in-
condicionándola en un sentido u tentar comprender el hecho reli-
otro. El inconsciente determina gioso.
siempre cualquier tipo de formu- Freud nos conduce hasta la
lación consciente, religiosa o no. infancia, enlazada al narcisismo
La cuestión que se plantea es la como estadio infantil de la evolu-
de la dirección más sana o más ción libidinal. De él procede este
patológica, más elaborada o más alto valor concedido a las propias
primitiva, más madura o más re- ideas, sentimientos o afectos. El
gresiva o infantil en la que se está neurótico, deudor de su pasado
produciendo esa ineludible deter- infantil, se resiste a conceder a la
minación inconsciente. realidad una causalidad que de
Esas conexiones entre la modo tan importante le afecta y
creencia religiosa y los dinamis- prefiere atribuírsela a su propio
mos del inconsciente son innume- mundo de deseos. Sólo considera
rables. En cada historia singular eficaz lo que él previamente ha
poseerán una estructura única y pensado o sentido. La madurez del
específica. De toda la crítica freu- ser humano pasa por la renuncia
diana al hecho religioso se dedu- a esta primacía del mundo inter-
ce la cuestión de la omnipotencia no de los deseos sobre el de la
infantil, motor que alimenta el realidad. El adulto ha realizado un
posible dinamismo de la religión, duelo por sus antiguos e infanti-
como ilusión o como intento de les sentimientos de omnipotencia.
solventar la problemática de la Este duelo no resulta fácil. Se-
ambivalencia afectiva y la culpa gún Freud, la religión se presta, en

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su doble vertiente protectora y do la omnipotencia. En algún lu-
de lugar camuflado, para perpe- gar existe el todo poder, el todo
tuar el conflicto paterno. La figu- saber y la ilimitación de la inmor-
ra idealizada del padre (omnipo- talidad. Es la omnipotencia infan-
tente por la identificación proyec- til jugando en el corazón de la ilu-
tiva que realiza el narcisismo) es sión religiosa.
transferida a Dios, salvaguardan-
LA REPRESENTACIÓN DE DIOS
Esta cuestión de la omnipoten- padres, de los caracteres de om-
cia puede hallar en la creencia re- nisciencia, omnipotencia y omni-
ligiosa una vía nada desdeñable benevolencia que les atribuyó. En
para encontrar una realización, el pensamiento religioso, en la re-
que probablemente sería más pro- presentación de Dios, sin embar-
blemática en otros campos de la go, todo funciona de otro modo:
actividad humana. En la creencia Dios, por esencia, es ajeno a toda
religiosa se puede pretender muy limitación. Lo sabe todo, lo puede
bien que dos y dos sean cinco o todo, es todo también en el or-
tres, conforme a la aspiración del den del amor. No conoce ningu-
deseo en las variadas coyunturas na diferencia ni está sometido a
vitales. ninguna norma, ya que lo juzga
La representación de Dios se todo. La correspondencia es casi
ofrece al ser humano como una perfecta con la demanda de los
tentación para proyectar los sue- deseos omnipotentes infantiles.
ños infantiles de omnipotencia. La representación de Dios se
Ninguna otra aparece ante los nos transmite a través de imáge-
ojos del deseo y de su demanda nes pertenecientes a las esferas
de plenitud tan exenta de cual- más íntimas del mundo afectivo,
quier tipo de limitación. Ese de- enlazadas a su vez, con la cues-
seo empuja hacia la búsqueda de tión de la omnipotencia. Los cris-
una totalidad que, fantaseada pri- tianos confiesan a Dios por me-
mero en la madre, va progresiva- dio de imágenes que tienen su raíz
mente desplazándose hacia el pa- en la afectividad profunda: lo lla-
dre y otras figuraciones sucesivas. man Padre, Hijo, Espíritu (Ch.
Dios entre ellas. Duquoc). Imágenes que pueden
Desde un punto de vista evo- estar llenas de ambigüedad, por-
lutivo, el deseo infantil es forzado que se pueden referir tanto al ni-
a enfrentar la realidad y sus limi- vel de lo imaginario como de lo
taciones en áreas muy diversas del simbólico. La imagen paterna, in-
desarrollo. El descubrimiento de dica Duquoc, corre el peligro de
las leyes de la naturaleza le obliga provocar graves ilusiones, si no se
a corregir su visión egocéntrica mide bien su función afectiva. Para
de la realidad; el intercambio con muchos, el Padre, revestido de
los otros le fuerza a despojar a todo poder y saber, sólo podría
los adultos, primordialmente a sus ser una proyección del deseo de

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no deber a otro la propia exis- la casa del padre y de la madre.
tencia. El Dios de la omnipotencia,
No se trata de instaurar una refugio del fantasma arcaico, cie-
fe ajena totalmente a los avatares rra el camino de la propia auto-
de nuestra historia afectiva ni de nomía. Sólo cuando Dios aparece
renunciar al padre, sino a la om- como ”principio de realidad”, que
nipotencia proyectada sobre él separa el fantasma del símbolo y
como estrategia para mantenerla se revela como palabra de un
siempre de algún modo posible. Otro que cuestiona el deseo o
No se trata de “matar” al padre. como alteridad que se abre al in-
Se trata más bien de “dar por tercambio, se hace posible un en-
muerto” ese sueño de omnipo- cuentro en el que el ser humano
tencia que se proyectó sobre el puede salir auténticamente con
Padre imaginario infantil. Es nece- vida.
sario asumir la “castración simbó- Sólo en la fragmentación his-
lica” (J. Lacan) como medio de tórica de Jesús de Nazaret, la to-
convertir el deseo a la finitud que talidad atemporal de Dios deja de
le conviene y como único modo ser un riesgo para el creyente. Je-
de acceder a un nuevo orden en sús, Dios que baja a la condición
el que la ley estructura al sujeto, humana con todas sus consecuen-
situándolo en el marco de la in- cias y a la espacio-temporalidad
tersubjetividad humana. de la historia con todas sus limi-
De otro modo, la representa- taciones, es la Palabra que cues-
ción de Dios se convierte en la tiona al deseo y revela a un Dios
gran estratagema y en la gran cuestionante de ese mismo deseo
trampa para el mismo sujeto que humano.
la sostiene. Estratagema por la que El Dios de Jesús no se corres-
se intenta recuperar la omnipo- ponde con la totalidad ansiada por
tencia, ponerla al propio servicio, el deseo. No viene como el om-
con la esperanza secreta de que nipotente ni se presenta como el
algún día pueda ser reconquista- omnisciente que imagina el deseo
da plenamente. Trampa para el infantil. No explica el mundo con
propio sujeto, porque esa repre- una respuesta para cada proble-
sentación de Dios, inscrita en el ma que plantea la existencia. Es
orden de lo imaginario, si bien le un Dios que oye: “Hágase tu vo-
promete y le salvaguarda su sen- luntad y no la mía”, o “Dios mío,
timiento de omnipotencia, le ex- Dios mío ¿porqué me has aban-
cluye del orden propiamente hu- donado?”. Exige el respeto a su
mano, cuya condición es ser con- libertad, ya que sólo así somos fie-
tingente, relativo al deseo del otro les a la nuestra. El Dios de Jesús
y abocado a la muerte. La condi- no desconoce la muerte como
ción humana se inicia plenamente cómplice del niño que la niega. No
cuando el sujeto es capaz de po- liberó a su Hijo de su condición
nerse en camino hacia un lugar humana ni de la muerte que per-
desconocido, aquel en el que todos tenece a esa condición. Jesús aco-
somos convocados tras dejar atrás ge el deseo para descentrarlo en

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una apertura hacia los otros. El demos entender el sentido cris-
cristiano tiene que emprender tiano de la afirmación de Dios
una enorme reconversión desde como Todopoderoso. La teología
el Dios común, tan ligado a las paulina lo expresa de un modo
aspiraciones de la infancia, hasta rotundo. La sabiduría de Dios se
este otro del que nos habla Jesús. ha hecho manifiesta, no en el ejer-
Por otra parte, resultaría muy cicio del poder, sino en la locura
cuestionable la negación de la y el escándalo de la cruz (1Cor
omnipotencia de Dios. No encon- 1,23.25).
tramos tal atribución a Dios en En la debilidad extrema del
los evangelios. Pero encontramos crucificado podemos entender el
formulaciones equivalentes (cf. Lc sentido de la omnipotencia de
1,37; Mc 10,17; Mt 28,18). El NT Dios, no como dominio de la fuer-
no plantea problema alguno para za sobre la debilidad, sino como
llamar a Dios Padre, Rey, Juez o una expresión del amor. Sólo la
Señor del cielo y la tierra, ni para fuerza del amor, la misericordia y
confiar este poder a su Hijo. Se la entrega, que se hace capaz,
trata de un poder real, que supe- como en Jesús, de soportar la más
ra a todos los poderes humanos. extrema de las debilidades, pue-
También en diversos pasajes pau- de transformar el mundo. Sólo
linos es atribuido a Dios o a Cris- ante el crucificado los cristianos
to imperio, poder. podemos confesar abiertamente
El Dios de Jesús cuestiona ra- la “omnipotencia de Dios”, que es
dicalmente las imágenes de poder la del amor y que se ha expresa-
que el ser humano tiende a for- do en la más rotunda de las debi-
mular sobre la divinidad, sin que lidades. No encontramos en Jesús
se cuestione la cualidad de omni- crucificado el Dios del poder que
potencia que, tanto la filosofía se impone, sino el Dios del amor
como la teología, han atribuido que se expone a la mayor de las
tradicionalmente a Dios. La om- debilidades, porque el amor signi-
nipotencia que debemos procla- fica admitir la posibilidad de ver-
mar del Dios de Jesús guarda un se rechazado y sumergido en la
sentido muy particular, inteligible mayor de las impotencias. Sólo en
sólo desde el contexto general de el “poder inerme del amor”, Dios
la Revelación que Jesús nos trae. manifiesta su fuerza. “El ser de
Cuando situamos el atributo Dios consiste en la soberanía de
de la omnipotencia junto con el su amor... en el vaciamiento de sí
del amor y la misericordia, como muestra su condición de Dios”
se nos da a conocer a través de (Kasper).
las palabras y la vida de Jesús, po-
OMNIPOTENCIA, SACRIFICIO Y REDENCIÓN
Esta comprensión de la omni- capta el potencial destructivo que
potencia de Dios deriva de una anida en las concepciones totali-
nueva sensibilidad teológica que tarias y omnipotentes. El psicoa-

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nálisis nos brinda la posibilidad de se le asigna a la muerte y resu-
comprender hasta qué punto la rrección de Jesús, han ido aseme-
omnipotencia infantil proyectada jándose a la dramaturgia concer-
sobre Dios puede guardar una niente al “asesinato del padre pri-
íntima relación con determinados mordial”: el padre descarga sin
modos de concebir la salvación compasión sobre la persona de
que de Dios nos viene a través de Jesús el castigo por un pecado
Jesús. original que sólo el dolor, la muer-
La omnipotencia infantil, en la te y la sangre podían redimir.Todo
situación edípica, introduce el con- esto se asemeja al mundo fantas-
flicto de la ambivalencia afectiva mático del Edipo. Por ello, después
frente al padre. La aspiración a de Freud, otros psicoanalistas han
serlo todo, de no encontrar nin- querido ver en la concepción cris-
gún tipo de límite al propio de- tiana de la salvación una proyec-
seo, conduce a establecer una re- ción, en el nivel dogmático, de la
lación con el “padre imaginario” problemática edípica infantil.
en clave de lucha a muerte, en un Se malentiende así el sentido
“o tú o yo”. Conflicto que genera sacrificial de la muerte del Señor.
de inmediato una intensa culpabi- Un sacrificio de su vida, una ofren-
lidad inconsciente, dado que ese da que expresó una disposición
padre, detentador de un poder ili- de entrega sin límites en el cum-
mitado es, al mismo tiempo, ad- plimiento de la voluntad del Pa-
mirado y amado. dre. Voluntad que no podemos
Desde esta problemática, se entender como deseosa de la
plantean las íntimas relaciones que muerte de su Hijo, sino de la ma-
pueden establecerse entre ella y nifestación plena de su amor.
las diversas maneras con las que El hecho histórico de la muer-
la teología interpretó la salvación te de Jesús ha sido interpretado
que nos viene de Jesús. Freud re- por la comunidad cristiana según
salta la genialidad de Pablo al ha- diversas ópticas y sensibilidades.
ber encontrado en el orden dog- Entre ellas, la que vio en esa muer-
mático una “solución” al proble- te el sacrifico redentor que nos
ma de la culpa inconsciente que liberaba del pecado. La Carta a los
anida en lo más hondo de los se- Hebreos es una pieza clave en esa
res humanos. Sin embargo, Freud comprensión de la muerte de Je-
pone en boca de Pablo interpre- sús.Ya no tienen sentido los anti-
taciones posteriores de la muer- guos sacrificios del templo que
te de Jesús. vanamente intentaban ganar una
Existe un determinado modo salvación (Hb 10, 1-18). La anti-
de entender la salvación que vie- gua Alianza es sustituida por una
ne a introducir a Jesús en el es- nueva, sellada con la sangre de
quema fantasmático del “padre Cristo (Hb 9,15-27). Es la ofren-
imaginario” y en la dinámica de la da de su propia vida la que con-
omnipotencia infantil. vierte a Cristo en Sumo Sacerdo-
El mensaje cristiano de salva- te que nos libera de toda angus-
ción y el papel que dentro de ella tia de salvación y de la necesidad

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de ofrecer a Dios sacrificios y esa “teología de la sangre”, que
holocaustos, al modo de la anti- transforma al Dios Padre de Je-
gua Alianza. sús en un Dios juez implacable y
La expiación que se intentaba que confieren al concepto de re-
obtener mediante sacrificios en el dención un tono severo y aterra-
templo es sustituida por la entre- dor. Según el psicoanálisis, las es-
ga de Jesús, clave fundamental de tructuras infantiles inconscientes
toda salvación. Los temas de la han determinado esa compren-
expiación, junto con los de la sión de la salvación, dejando de
apropiación o rescate, reciben en lado otras interpretaciones de la
el NT un sentido radicalmente muerte de Jesús que, con igual
nuevo. Nos ha liberado un nuevo fundamentación teológica, queda-
modo de sacrificio: el de la entre- ron en un segundo plano u olvi-
ga sin límites de Jesús como ofren- dadas.
da existencial de sí mismo en fa- Se olvidó que la muerte de Je-
vor de todos los seres humanos. sús no fue responsabilidad de
Pero a esta interpretación se Dios, sino de quienes le quisieron
añadieron con los siglos nuevos representar; que Jesús vivió esa
elementos que vinieron a oscu- muerte desde una situación de
recer esa nueva significación que desamparo; que su ejecución en
el NT confirió a los temas de la la cruz se debió a la incapacidad
expiación o el rescate. La obra de de un sistema religioso para en-
San Anselmo tuvo una repercu- tender de un modo nuevo las re-
sión de primer orden en esas nue- laciones de Dios con los hombres,
vas comprensiones de la reden- en el que lo primario no es el res-
ción, al añadir perspectivas ajenas peto de una norma sagrada, sino
al pensamiento bíblico (las del el bien de la persona humana (Mc
derecho romano y germánico so- 3,1-6); un modo nuevo de relación
bre la justicia, el honor y la repa- con Dios que asume el proyecto
ración). A partir de ahí, se expan- utópico de su Reino, el cual, ini-
de por el cristianismo una visión ciado en este mundo, encontrará
de la salvación que pervierte la su plena realización en un más allá
imagen de Dios y el sentido de la que nos excede.
vida y muerte de Jesús. El crucifi- Una dosis excesiva de AT se
cado, como víctima emisaria, ofre- introdujo en la comprensión del
ció a la fantasía de toda su tradi- viernes santo, acentuando los as-
ción teológica un magnífico cau- pectos sacrificiales y reparatorios
ce para llevar a cabo esa opera- de la muerte de Jesús (Ch. Du-
ción proyectiva mediante la cual quoc). Una obsesión de culpa y
la omnipotencia de las ideas cree perdón, de amor y odio, de re-
desembarazarse del mal, de la pro- belión y sometimiento a Dios
pia culpa, localizándola sobre la Padre ha pervertido la espiritua-
víctima emisaria inmolada. lidad cristiana, dejando traslucir
No puede atribuirse a la obra temas inconscientes que guardan
de San Agustín, de San Anselmo o relación con la ambivalencia y la
de Lutero la responsabilidad de culpa tal como vienen a desarro-

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llarse en el seno de la relación edí- do la fe se desarrolla en una sen-
pica. sibilidad abierta a las cuestiones
La teología del siglo XX ha psicoanalíticas, estas nuevas inter-
replanteado la soteriología, resi- pretaciones de la salvación han de
tuando en sus justos términos el ser saludadas como benéficas
sentido expiatorio que podemos aportaciones para una vivencia
aplicar a la muerte de Jesús. Cuan- sana de la experiencia de la fe.
CULPA Y PECADO
La dinámica de la omnipoten- el sacrificio anida, simultáneamen-
cia infantil introduce la ambivalen- te, el odio al otro y la vuelta de
cia frente al padre y una dinámica ese odio contra sí mismo bajo la
patológicamente sacrificial en la forma de culpa. La mortificación
vida del ser humano, religioso o preside la experiencia religiosa del
no. La aceptación del padre, como sujeto: «tú eres, yo no soy. Por ello
ley que organiza y modula las as- me ofrezco y destruyo simbólica-
piraciones infantiles, se hace difí- mente en el don presentado y
cil. La situación queda bloqueada sacrificialmente destruido». La
en una permanente relación de espiritualidad queda impregnada
ambivalencia, en la que todo pa- por una magnificación y sacraliza-
rece quedar reducido a una espe- ción del dolor y deja ver una es-
cie de “o tú o yo”, como única al- tructuración esencialmente super-
ternativa para sostener la omni- yoica. La ley y la norma marcan
potencia. La experiencia religiosa toda la experiencia cristiana. Una
puede venir entonces a ofrecerse ley sacralizada que ha perdido su
como un espacio óptimo para naturaleza mediadora y que des-
mantener y repetir indefinidamen- plaza a un segundo término la
te ritmos y cadencias de un pro- celebración gozosa, el encuentro
ceso que no encuentra resolu- festivo y la misma comunicación
ción. con Dios.
Anclado en su ambivalencia de Todos podemos reconocer
amor-odio frente a lo paterno, el esta dinámica de culpabilización
sujeto construye necesariamente patológica que ha impregnado a
un Dios que se le opone y frente la espiritualidad cristiana. La mo-
al cual no cabe sino una relación vilización de los sentimientos de
de rebelión permanente o de per- culpabilidad que acompañan a la
petua sumisión, marcada por ese conciencia de pecado puede dar
subterráneo “o tú o yo”, que im- lugar a procesos internos muy
pone una espiritualidad de cons- morbosos y a situaciones ética-
tante (y costosa) afirmación de lo mente muy cuestionables. Se pue-
divino como necesaria negación den experimentar sentimientos
(nunca aceptada, por lo demás) de de culpa sin que haya pecado al-
lo humano. guno (caso del escrupuloso) y
La agresividad y la culpa im- también cabe vivir una situación
pregnan toda la espiritualidad. En de pecado sin tener conciencia de

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ello ni, por tanto, experimentar ción sobre otros de los propios
culpa alguna. sentimientos de culpabilidad. Se
Existe una especial dificultad eligen unos “bucos emisarios”
para enfrentar los propios senti- sobre los que se proyecta el pro-
mientos de culpabilidad. La exa- pio mal interno y así se intenta
cerbación de este tipo de senti- aliviar el íntimo malestar y peso
mientos en épocas pasadas ha moral. El mecanismo de proyec-
creado un recelo especial ante la ción de la culpa es una tendencia
experiencia de la culpabilidad. Por inherente a individuos y grupos
otra parte, la sensibilidad post- que, de ese modo, intentan des-
moderna actual parece empeñar- cargar su propia insatisfacción,
se en proteger al Yo de todo sen- frustración y culpa sobre otros
timiento adverso, como el de la que, por alguna razón, son elegi-
culpabilidad. dos para ello.
La proclamación de la autoes- Dado su carácter, en buena
tima propicia poco la apertura al parte inconsciente, la culpa pue-
sentimiento de culpa, paso obli- de pervertir la conciencia del cre-
gado de un proceso de cambio y yente, pudiendo deteriorar el pro-
conversión. En el concepto de ceso al que es invitado. Saber ar-
autoestima se resaltan, casi con ticular sus sentimientos de culpa
exclusividad, las dimensiones amo- con una auténtica exigencia ética
rosas respecto a uno mismo, de- y de fe será una tarea que, proba-
jando muy en segundo plano cual- blemente, exigirá un fino discer-
quier autocrítica. nimiento a lo largo de toda la vida.
El psicoanálisis nos ha llama- No basta con reconocer la
do la atención sobre la dificultad culpa, lo cual puede responder a
de hacernos conscientes y res- dinámicas psíquicas y espirituales
ponsables de nuestros sentimien- de signo muy diverso. Se hace
tos de culpabilidad. Actúa una de- obligado diferenciar entre una
fensa en forma de negación que sana culpabilidad, que mueve a la
pretende evitar el dolor psíquico transformación y al cambio, y otra
y la herida que suponen para nues- cuyo objetivo parece ser el del
tro narcisismo.Aprender a sopor- autocastigo y la autodestrucción.
tar el displacer ocasionado por Los psicoanalistas hablan de una
una sana autocrítica es un reto en culpabilidad depresiva y de otra
el logro de nuestra maduración y muy diversa, que dieron en llamar
una necesidad para emprender un persecutoria.
proceso de progreso y transfor- Existe una culpa con tonalidad
mación espiritual. Sin reconoci- depresiva que surge como expre-
miento de la culpa no existe po- sión del daño infligido al otro, rup-
sibilidad de cambio ni de conver- tura del encuentro, pérdida del
sión. amor y de los valores de nuestra
Cuando la culpa no es reco- vida y comportamiento. Esa cul-
nocida, por impedirlo el propio pa, que tiene su origen en las mis-
narcisismo, fácilmente se proyec- mas pulsiones de vida, busca el
ta sobre los demás. Es la proyec- cambio, la reparación y el resta-

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blecimiento del vínculo roto por liación, sino la autodestrucción y
la transgresión. Guarda una fun- la muerte. Lejos de abrirse a la
ción integradora e impulsa el fu- posibilidad de un futuro diferen-
turo. Pero existe también una cul- te, se queda atada al momento
pabilidad “persecutoria” que tie- pasado de la transgresión. La di-
ne su raíz en las pulsiones de la námica de la omnipotencia y de la
muerte y guarda el único objeti- ambivalencia que ésta desencade-
vo de la autodestrucción y el daño. na es su motivación inconsciente
No busca el cambio ni la reconci- más decisiva.

SEXUALIDAD, AGRESIVIDAD
El psicoanálisis nos ha hecho capítulo más importante de su
ver que los campos de la sexuali- experiencia moral. Pueden vivir
dad y la agresividad movilizan la situaciones éticas muy cuestiona-
culpabilidad de modo casi auto- bles en el terreno profesional, sin
mático e irracional. Amor y odio experimentar por ello especial
son los padres de la omnipoten- culpa. Cualquier transgresión de
cia y, en íntima relación con ello, la norma en el campo de la sexua-
sexualidad y agresividad generan lidad despierta en ellos la incomo-
una culpa que, desde el punto de didad de la culpa y la necesidad
vista cristiano, habría que discer- de buscar remedio mediante el
nir y analizar para comprender la sacramento de la reconciliación.
relación existente que pueda, o no, Parece como si Dios fuera espe-
existir entre esos sentimientos de cialmente sensible a esta dimen-
culpa y lo que sería una auténtica sión de la conducta y como si la
situación de pecado. relación con Él tuviera en este
Los temas concernientes a la terreno el campo fundamental
sexualidad y a la agresividad co- que habría que atender de modo
bran una relevancia muy particu- preferente. La interpretación psi-
lar cuando la concepción de Dios coanalítica, que enlaza la sexuali-
y su salvación se desarrollan en dad con la cuestión del “padre
ese nivel infantil de la omnipoten- imaginario”, podría clarificar mu-
cia y de sumisión al padre imagi- cho estos comportamientos.
nario. El Dios que allí surge es es- En el mensaje de Jesús el amor
pecialmente celoso y sensible a los y la apertura generosa y solidaria
temas de la sexualidad y agresivi- ante los otros se presenta como
dad, tal como sucede en la diná- lo más importante. Ese amor es
mica de la situación edípica. Pero el principio fundamental que con-
parece, según una lectura elemen- figura la dinámica de la sexualidad
tal de los evangelios, que al Dios y los demás aspectos de la exis-
de Jesús le preocupan también tencia. La convergencia de sexua-
muchas otras cosas del compor- lidad y amor se convertirá en el
tamiento de sus seguidores. principio ético fundamental para
Para muchos creyentes, la determinar la vida del cristiano en
sexualidad se ha convertido en el este terreno. Más allá de su dimen-

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sión puramente corporal o geni- sentido. Dogma y moral cuentan
tal, la sexualidad ha de ordenarse con relaciones más íntimas de lo
en una dinámica de encuentro y que generalmente pensamos.
amor. Punto en el que una visión La agresividad, junto con la
profunda de la teoría psicoanalí- sexualidad, es el dinamismo que
tica vendría a coincidir con la po- más fácilmente desencadena una
sición más honda también de la culpa no siempre suficientemen-
ética cristiana. te razonada. Con frecuencia aca-
Aunque existen elementos dis- rrea más problemas íntimos (y no
persos en los restantes escritos sólo conscientes) que la misma
del NT, no encontramos en los sexualidad. El conflicto, la agresi-
evangelios un código de ética vidad son sistemáticamente nega-
sexual ni de ética política o eco- dos, a veces, incluso antes de ser
nómica. La elaboración de una identificados y valorados crítica y
ética sexual no ha resultado nun- evangélicamente. También en ese
ca una tarea fácil. “La moral cris- campo la culpa se suele suscitar
tiana del pasado fijó la sexualidad de un modo casi automático y fá-
demasiado unilateralmente en cilmente irracional.
función de la procreación, deses- El resultado de esta negación
timó el placer sexual y empleó sistemática es operar una falsifi-
con excesiva rapidez las catego- cación importante del mensaje
rías de pecado y pecado grave” evangélico. El amor total, el amor
(Karl-Heinz Peschke). Por otra “químicamente puro” (inexisten-
parte, la dinámica social imperan- te como bien sabemos por el psi-
te banaliza y descontextualiza la coanálisis) resulta una falacia y una
sexualidad de sus obligadas rela- coartada para negar la dimensión
ciones al encuentro y la alteridad. esencialmente conflictiva de la
Tras este problema de orden realidad y de la sociedad en la que
ético, debemos interrogarnos so- vivimos. La agresividad negada
bre las conexiones existentes en- sólo parece disponer de un cami-
tre los posicionamientos morales no en la vida de muchos creyen-
en este campo (sean “conserva- tes: su reconversión sobre sus
dores” o “progresistas”) y las re- propias personas en forma de sen-
presentaciones de fondo que pue- timientos de culpa inconsciente.
den darse sobre Dios y la salva- O la violencia frente a los que no
ción. Hay, en efecto, determinados participan en la propia creencia.
modos de pensar y sentir a Dios Confundimos agresividad con
y de representarse la redención destrucción y violencia física, ol-
que de Él nos viene que, necesa- vidando que la agresividad cons-
riamente, inciden en las posicio- tituye también una fuerza vital que
nes profundas que adoptamos puede y debe estar trabajando en
ante la sexualidad. Las vinculacio- nosotros en favor de la vida.
nes que el psicoanálisis ha puesto Como en el caso de Jesús, debe-
en evidencia entre lo paterno, la remos recordar que las palabras
culpa y la sexualidad obligan ne- que dirige a los fariseos (cf. Mt 23)
cesariamente a pensar en este expresan una sana agresividad en

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favor de la vida y del Reino de los particular cuando la concepción
cielos al que Dios nos llama. Por de Dios y su salvación se desa-
no hablar del episodio del Tem- rrollan en ese nivel infantil de la
plo, al que solemos referirnos con omnipotencia y de la sumisión al
los términos de “ira santa”, olvi- padre imaginario. El Dios que allí
dando quizás que, aunque santa, surge es un Dios especialmente
era también manifiestamente ira. celoso y sensible a los temas de
En definitiva, los temas concer- la sexualidad y agresividad, tal
nientes a la sexualidad y la agresi- como sucede en la dinámica de la
vidad cobran una relevancia muy situación edípica.
LAS RELACIONES DE OBEDIENCIA Y AUTORIDAD
La cuestión del poder y del impidiendo a mí poseer aquello
ejercicio de la autoridad en el que tanto deseo. La agresión sur-
seno de la institución religiosa es ge como una expresión más de la
otra cuestión importante para una ambivalencia general.
teología postfreudiana. La dinámi- También en este terreno, cuan-
ca de la omnipotencia puede en- do la realidad puso de manifiesto
contrar también aquí un lugar pro- el carácter esencialmente falible
picio por la excesiva insistencia en del padre, fue necesario realizar
los polos de lo jerárquico, de lo el duelo, dar por terminada esa
magisterial, de la fidelidad a la tra- supuesta omnisciencia que se le
dición, etc. La totalidad puede atribuyó con la secreta esperan-
emerger de nuevo como tenta- za de conquistarla algún día. La
ción en las esferas del poder y del tentación de recuperarla puede
saber institucional. también ser muy fuerte. La tenta-
La autoridad guarda una ínti- ción de pensar que el todo-saber
ma relación con la cuestión del está en algún lado, que alguien
todo-saber y, por tanto, también posee y garantiza de algún modo
con la búsqueda de la totalidad y la omnisciencia, puede ejercer una
de la omnipotencia. Durante pe- intensa fascinación. La totalidad
ríodos importantes de la infancia, que habita por los espacios de lo
el padre imaginario lo sabía todo, religioso puede prestarse fácil-
como una faceta más de su incues- mente a facilitar la creencia.
tionable plenitud de poder. La Esa totalidad de lo paterno
ambivalencia, sin embargo, que puede generar una doble dinámi-
marca toda relación, y en particu- ca infantil en la relación con ella:
lar la paterno-filial, juega aquí un la de la permanente sumisión acrí-
papel importante. Por una parte, tica, infantilizante, o la de la per-
la necesidad de buscarse en el petua actitud de revuelta y resis-
otro, a través de la identificación, tencia para asumir las relaciones
contribuye a asignarle a ese otro de autoridad y obediencia. Acti-
el saber y el poder. Pero, al mis- tud ésta igualmente acrítica e in-
mo tiempo, si es el otro el que fantil. Para el creyente post-freu-
todo lo sabe y lo puede, me está diano, el tema de la obediencia a

Psicoanálisis y Cristianismo 333


la autoridad se hace especialmen- timiento a unas leyes o normati-
te sospechoso por la posibilidad vas determinadas, o a la fidelidad
de encubrir infantilismos profun- a la propia conciencia con la dis-
dos y tentaciones camufladas. ponibilidad exigida por la institu-
La comunidad cristiana no es ción religiosa respecto a sus dis-
una agrupación acéfala. Cristo es posiciones, plantea problemas de
la Cabeza a la que esta comuni- no fácil resolución y es fuente
dad se debe y se refiere. A nivel permanente de conflictos en la
visible, esa referencia básica de vida eclesial.
Cristo se manifiesta sacramental- Los estudios bíblicos, eclesio-
mente en los ministerios eclesia- lógicos y dogmáticos han centra-
les, con sus funciones pastorales do con frecuencia su atención
y de magisterio. Existen unas ins- sobre toda una serie de núcleos
tancias de decisión que la comu- problemáticos que surgen en el
nidad cristiana está llamada a re- intento de conciliar esos dos po-
conocer. Porque su fe es una fe los referentes a una necesaria li-
participada, que se recibe desde bertad y obediencia cristianas.
la comunidad eclesial y apostóli- Juan Pablo II, consciente de esa
ca y que en ella vive y se desarro- problemática, ha pedido que se le
lla. Por otra parte, desde una pers- ilumine sobre el ejercicio del mi-
pectiva psicosocial, en la vida indi- nisterio petrino, máxima expre-
vidual y social, son necesarias unas sión de la autoridad en la Iglesia.
relaciones de obediencia, por más Desde la perspectiva psicoa-
que esto pueda suponer una cier- nalítica, la cuestión verdaderamen-
ta herida a nuestro narcisismo que te decisiva es la del modo de vi-
tantas veces sueña con una liber- venciarse esas necesarias relacio-
tad omnímoda en las relaciones nes de autoridad y obediencia en
con los otros. La responsabilidad las que el creyente cristiano se ve
exige el respeto a leyes y normas involucrado, por una parte o por
necesarias para el bien común y otra. Y la gran interrogación sur-
determinadas posiciones de cor- ge ante unos modos de ejercitar-
te anarquista esconden la misma se la autoridad y la obediencia (o
tentación de omnipotencia que desobediencia) a la misma en las
descubriremos en ciertos tipos de que, con demasiada frecuencia,
personalidades autoritarias. parece anidar el fantasma de to-
Las relaciones de autoridad u talidad que nos devuelve, de nue-
obediencia han constituido siem- vo, a la cuestión primera y básica
pre un capítulo problemático den- de la omnipotencia, eje vertebra-
tro de la teoría y práctica de la dor a partir del que hemos plan-
Iglesia. La difícil tarea de articular teado estas cuestiones a una teo-
la libertad cristiana con el some- logía post-freudiana.

Condensó: JOAQUIM PONS

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