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Intervención en crisis en

Comunicación de
fallecimiento e inicio del
duelo

Mercedes Cavanillas de San Segundo


22 Junio 2007
ÍNDICE

1. Objetivo y Justificación del trabajo ............................................................................. 3

2. Intervención en Crisis ................................................................................................... 6


2.1 Antecedentes históricos ................................................................................................. 6
2.2. Definición de Crisis...................................................................................................... 6
2.3. Intervención en Crisis................................................................................................. 10

3. Duelo y duelo patológico ............................................................................................. 12


3.1 Definición de Duelo..................................................................................................... 12
3.2 Manifestaciones del Duelo Normal ............................................................................. 12
3.3 El Proceso de Duelo: Estadios.................................................................................... 13
3.4 Duelo Patológico o Complicado ................................................................................. 16

4. Intervención en Crisis en la Comunicación de Fallecimiento e Inicio del Duelo... 18


4.1. Objetivos de la Intervención....................................................................................... 18
4.2. Consideraciones generales......................................................................................... 18
4.2. Protocolo General de Intervención ............................................................................ 20
4.2.1. Fase Previa: Valoración de la Situación .............................................................. 21
4.2.2. Fase de Comunicación del Fallecimiento............................................................ 21
4.2.3. Fase de Intervención I: Contacto Psicológico ..................................................... 23
4.2.4. Fase de Intervención II: Disminuir la confusión y desorganización y posibilitar la
asunción de la realidad. ................................................................................................. 25
4.2.5. Fase de Intervención III: Análisis de problemas inmediatos y favorecer la
búsqueda de soluciones ................................................................................................. 28
4.2.6. Fase de Intervención IV: Apoyo en la toma de decisiones concretas. ................ 29
4.2.7. Resolución de la intervención y Seguimiento ..................................................... 29

5. Bibliografía................................................................................................................... 31

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1. Objetivo y Justificación del trabajo
El objetivo de este trabajo es hacer un planteamiento general de los conocimientos
y habilidades necesarias para que un psicólogo realice una intervención en crisis
en la comunicación de fallecimiento e inicio de duelo.

Hay varias razones que aconsejan que el profesional adquiera dichos


conocimientos y habilidades:

a) Afecta a la Salud Pública:

El fallecimiento de un ser querido, sea o no súbito y/o inesperado, es una de


las crisis vitales mas importantes; según la escala de Holmes y Rahe (1967), la
muerte del cónyuge es la crisis vital que más puede influir en la vida de una
persona; la de un familiar cercano o la de un amigo íntimo ocupan en su escala,
respectivamente, los números 5 y 17. Ante cualquier crisis vital, se producen
secuelas psicológicas, que remiten en la mayoría de los casos; pero el cómo se
comunique ese fallecimiento, así como el apoyo psicológico en el inicio del duelo,
puede ayudar a reducir la manifestación de dichas secuelas, su severidad y posible
cronificación (Fernández Millán, 2005), así como la mortalidad.

Revisemos algunos datos sobre duelo, recogidos del Grupo de Estudios de Duelo
de Vizcaya, de Atención Primaria, en su Guía Clínica de Duelo (2004):

• El duelo se relaciona inequívocamente con la aparición de problemas de


salud:
o el riesgo de depresión en viudos/as se multiplica por cuatro durante el
primer año
o casi la mitad de viudos/as presentan ansiedad generalizada o crisis
de angustia en el primer año
o aumenta el abuso de alcohol y fármacos; la mitad de las viudas
utilizan algún psicofármaco en los 18 primeros meses de duelo.
o entre un 10-34 % de los dolientes desarrollan un duelo patológico

• Aumenta el riesgo de muerte principalmente por eventos cardiacos y


suicidio; los viudos tienen un 50% más de probabilidades de morir
prematuramente, durante el primer año.
• La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario,
incrementando el consumo de recursos, quizá por la pérdida de las redes
sociales y con ellas de muchos de los recursos clásicos para el doliente
(familiares, religiosos, vecinos, amigos, compañeros de trabajo,...).

En un reciente estudio realizado en atención primaria, la tasa


promedio anual de consultas al centro de salud resultó ser un 80% mayor
entre los dolientes que en el resto de la población. En otros estudios se
obtienen resultados similares; en viudas el número de consultas se
dispara en un 63% en los 6 primeros meses y en viudos se multiplica por
cuatro durante los 20 primeros meses.

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b) Creciente demanda social, política y mediática de apoyo psicológico.

Existe, además, una creciente demanda social y política de apoyo psicológico


en cualquier tipo de crisis. Esta demanda se inicia con la intervención
psicológica en catástrofes; en nuestro país, la tragedia del camping de Biescas
en 1996 fue de las primeras en generar la necesidad de atención psicológica a
víctimas y familiares. El atentado del 11-S en 2001 en EEUU popularizó aún
más nuestro trabajo en todo el mundo occidental; y con el 11-M en 2004, se dió
el espaldarazo final a la necesidad de psicólogos en las situaciones de
emergencia. A partir de aquel momento, no hay más que leer la prensa para ver
cómo ya se considera normal y “necesario” el apoyo psicológico en tragedias,
emergencias y catástrofes: el socavón del Carmel en Barcelona (2005), el
incendio de Guadalajara (2005), el accidente de metro en Valencia (2006), el
hundimiento de un edificio en Palencia en Mayo de 2007 ... en todos se
contaban entre los recursos inmediatos un determinado número de personas
que proporcionaban “primeros auxilios psicológicos”, ya que no todos los que
los proporcionan son psicólogos. Es de resaltar el apoyo psicológico que las
diferentes administraciones insistieron en proporcionar a las dos familias de las
víctimas del atentado en la T4 (Dic 2006) en Barajas: hubo dos psicólogos
permanentemente con ellos durante el tiempo de la búsqueda de los cuerpos
(una semana), y tres psicólogos acompañaron a cada una de las familias junto
con los respectivos restos mortales en su “repatriación”, trasladados en sendos
aviones de las fuerzas armadas. Aunque en estos casos llega uno a plantearse
si no se estará produciendo un efecto “péndulo”, de exageración: para el
incendio de Guadalajara, por ejemplo, en el que hubo 6 bomberos fallecidos,
había 23 psicólogos interviniendo con los familiares ... ¡y aún se solicitaron
más!.

Ante esta popularización del apoyo psicológico en catástrofes, se plantea el


debate de si realmente es necesario el apoyo psicológico; al fin y al cabo,
durante toda la historia de la humanidad se han producido tragedias que
conllevaban pérdidas personales y materiales sin que los sujetos implicados
contaran con apoyo psicológico. “La respuesta está vinculada a la evolución de
la sociedad y de las exigencias que el sujeto le reclama como parte de ella. En
un país subdesarrollado la preocupación se centra en tener cubiertas las
necesidades básicas, en sobrevivir. En un país industrializado lo que se busca
es la calidad de vida, ya no basta con subsistir, sino que se pide que la
sociedad cubra unas necesidades “de lujo”, de calidad de vida.” (Fernández
Millán, 2005).

c) Evolución de la nuestra sociedad al “Estado del Bienestar”

En mi opinión, hay que añadir que nos encontramos ante una sociedad del
“Estado del Bienestar”, una sociedad hedonista, que huye y evita el dolor, una
sociedad “tanatofóbica”; es de observar que los rituales que acompañan al
hecho de la muerte han ido acortándose o desapareciendo; a los niños se les
evita el conocimiento de la muerte incluso en los animales (“el pollito se ha
ido”). Es por ello que, cuando la catástrofe ocurre (y no olvidemos que, para el
familiar afectado, la muerte de un ser querido cercano es una catástrofe), los
individuos no están preparados para ello, y recurren a todo lo que pueden para
continuar evitando ese dolor.

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c) Presencia en consulta de Pacientes con duelo mal elaborado como variable
disposicional.

Por último, no es raro encontrarse en consulta con pacientes que vienen con
demandas diferentes, pero tienen como una de las variables disposicionales un
duelo mal elaborado. Si el paciente no ha realizado las “tareas de duelo”
adecuadamente, uno de los objetivos terapéuticos tendrá que ser la elaboración
de ese duelo, lo que será más difícil por lo cronificado y “enquistado” que pueda
estar.

Todos estos aspectos, tanto la influencia en la Salud Pública, la popularización de


la demanda psicológica en situaciones de crisis, como la genuina necesidad de la
misma, así como el gran aumento en los últimos tiempos de los desastres
naturales, atentados, y accidentes relacionados con los medios de transporte,
hacen que cada vez sea más necesario que el psicólogo tenga los conocimientos y
las habilidades necesarias para dar apoyo psicológico en esas situaciones. El 11-M
demostró que no había muchos profesionales preparados para trabajar en esos
casos; un porcentaje altísimo de los psicólogos que se presentaron
voluntariamente en IFEMA no tenían los conocimientos mínimos necesarios sobre
intervención en crisis y duelo; no habían visto jamás un cadáver, por lo que
difícilmente podían acompañar en el reconocimiento de cadáveres. Y no hay que
olvidar que el psicólogo vive inmerso en la misma sociedad evitativa y tanatofóbica
que hemos descrito, por lo que es posible que sea necesario un trabajo personal
de aceptación de la muerte como una parte más de la vida.

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2. Intervención en Crisis
El primer aspecto a considerar es que el fallecimiento de un ser querido es una
crisis; y por tanto, es importante tener en cuenta algunos aspectos relevantes sobre
las crisis y la intervención en las mismas.

2.1 Antecedentes históricos

El origen de la moderna intervención en crisis se remonta a los trabajos de


Lindemann y sus colaboradores, tras el incendio del local nocturno Coconut Grove
en Boston (1942) en el que fallecieron 493 personas. Dichos investigadores se
centraron en conocer los síntomas psicológicos de los sobrevivientes y el proceso
de duelo que atravesaban aquellas personas que habían perdido un ser querido.
Destacaron como en el proceso de duelo podían existir profesionales que con su
ayuda en el primer momento, podían prevenir dificultades psicológicas posteriores.
Comenzaba así a cobrar relevancia el enfoque preventivo de la intervención en
crisis.

2.2. Definición de Crisis

Una situación de estrés se convierte en negativa cuando la persona evalúa que sus
recursos son inferiores a las demandas del ambiente. Cuando esto sucede, la
persona es susceptible de entrar en lo que conocemos como situación de crisis.

Hay muchas definiciones de crisis. Slaikeu (1996) define una crisis como “un
estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por
una incapacidad del individuo para manejar situaciones particulares utilizando
métodos acostumbrados para la solución de problemas y por el potencial para
obtener un resultado radicalmente positivo o negativo.” Se caracteriza por una gran
desorganización emocional, perturbación y un colapso en las estrategias previas de
enfrentamiento.

Existen muchas formas de clasificar las crisis. La más común incluye dos
categorías: crisis evolutivas y crisis circunstanciales.

Crisis evolutivas: Son momentos críticos en la vida de cualquier individuo, pero


no dejan de estar enmarcados dentro de su desarrollo vital normal. Dentro de esta
categoría incluiríamos momentos como:

- Embarazo y nacimientos.
- Infancia.
- Adolescencia.
- Crisis de identidad sexual.
- Crisis de madurez.
- Jubilación.
- Envejecimiento.
- Muerte.
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Todos estos momentos son normales dentro de la vida de cualquier
persona, pero tienen la característica de producir cambios en ella. Estos cambios
amenazan la vida, puesto que la modifican y el individuo debe adaptarse a la nueva
situación y aprender nuevas conductas más útiles para la situación actual.

Crisis circunstanciales o traumáticas: Según Gilliand y James, surge con la


ocurrencia de eventos raros y extraordinarios que un individuo no tiene manera
alguna de prever y controlar (…) tales como (…) accidentes automovilísticos,
secuestros,… La crisis circunstancial es azarosa, imprevista, conmovedora, intensa
y catastrófica.

Es a este segundo tipo en el que se enmarca el tipo de crisis al que se refiere este
trabajo.

Everly y Mitchell (1999) definen la crisis psicosocial o traumática como “una


respuesta aguda a un Incidente Crítico como un desastre masivo, un evento
traumático, o un ataque terrorista”, en donde:

1.- La homeostasis (balance) psicológica se rompe.


2.- Los mecanismos normales para hacer frente a las situaciones estresantes
fallan.
3.- Se presenta un deterioro funcional significativo.
4.- Existe clara evidencia de sufrimiento, dolor y aflicción.
5.- Se produce un estado de confusión y/o agitación.

En la crisis se consideran diferentes etapas o fases. Una descripción muy habitual


es la siguiente:

R
E
A
C
C
I
Ó
N

E
M
O
C
I
O
N
A
L Fase de Impacto Fase de Reacción Fase de Reorientación

Incidente
Crítico

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• Fase de Impacto: Las reacciones en esta fase comprenden todo aquello que
sucede inmediatamente después de la experiencia traumática. Las personas
que pasan por esta fase no saben muy bien qué es lo que les está pasando
y reaccionan de manera extraordinaria. Es una fase que puede durar desde
minutos a días.

• Fase de Reacción: Pasados estos primeros momentos (minutos, días) de


confusión, la persona comienza a comprender qué le ha pasado, y puede
reaccionar en consecuencia. Esta puede ser tremendamente dolorosa
puesto que es aquí donde la persona es capaz de comprender todas las
implicaciones que el suceso traumático puede traer a su vida. En esta fase
es donde la persona comienza a centrarse, a enfocar el problema
adecuadamente y en cambio, es precisamente aquí donde la persona se
siente más desorientada: ya es consciente de lo que ha ocurrido, ya lo ha
asimilado, ya lo ha integrado como una vivencia que le pertenece y este
suceso le golpea con toda su fuerza.

• Fase de Reorientación: Esta sería la última fase. Si todo ha ido bien, si el


proceso ha sido adecuado y la persona no se ha quedado anclada en
ningún momento de las fases anteriores, habrá aceptado el suceso
traumático, lo habrá integrado en su vida y será capaz de volver a retomarla,
de ilusionarse con nuevos proyectos, de verse capaz de ser feliz. Esta fase,
dependiendo de muchos factores, puede empezar a darse entre 2 ó 3
semanas y 6 meses desde el inicio del proceso (momento de la crisis).

Horowitz (1976), basándose precisamente en las reacciones a la muerte repentina


de un ser querido, describe las etapas de la siguiente manera:

DESORDEN

SUCESO
NEGACIÓN

INTRUSIÓN

TRANSLABORACIÓN

TERMINACIÓN

DESORDEN: Es la reacción inicial en el impacto del suceso, una reacción


emocional manifestada habitualmente por llanto, angustia, gritos, desmayos o
lamentos. Puede ser más o menos obvia para el observador.

La flecha en el gráfico indica que el Desorden conduce lo mismo a las dos


siguientes etapas: Negación e Intrusión

NEGACIÓN: Conduce al amortiguamiento del impacto (“estoy bien”). Se puede


acompañar de entorpecimiento emocional, no pensar en lo que pasó, o la
planificación de actividades como si nada hubiera sucedido. Algunas personas lo
definen como “sensación de acorchamiento”, “irrealidad”.
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INTRUSIÓN: Incluye abundancia involuntaria de ideas de dolor y sufrimiento por lo
sucedido. Son frecuentes en esta etapa pesadillas recurrentes u otras
preocupaciones e imágenes de lo sucedido; es habitual que aparezca cuando pasa
el primer impacto del evento, y se siente el impacto pleno. Hay muchos
pensamientos que incluyen afirmaciones sobre la pérdida y su impacto. (“no puedo
seguir adelante”).

Estas dos etapas pueden ser simultáneas; algunos individuos omiten la fase de
negación y se desplazan directamente a la de intrusión. Otros oscilan de un lado a
otro entre estas dos etapas.

TRANSLABORACIÓN: Es el proceso en el que se expresan e identifican


pensamientos, sentimientos e imágenes de la experiencia de crisis. Algunos
individuos realizan este proceso de forma natural, mientras que otros lo hacen
únicamente con ayuda externa.

TERMINACIÓN: Es la etapa final de la experiencia de crisis, y conduce a la


integración de la misma dentro de la vida del individuo. El suceso ha sido
enfrentado, los sentimientos y pensamientos se han identificado y expresado y la
reorganización ha sido consumada o iniciada. El recuerdo puede traer sentimientos
de tristeza, pero no existe desorganización.

Ambos modelos son compatibles; si los unimos, podríamos encontrar estas


similitudes:

DESORDEN Fase de Impacto

SUCESO
NEGACIÓN
Fase de Reacción
INTRUSIÓN

TRANSLABORACIÓN

TERMINACIÓN Fase de Reorientación

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2.3. Intervención en Crisis

La Intervención en Crisis, se puede definir como el proceso de ayuda dirigido a


auxiliar a una persona o familia a sobrevivir un suceso traumático, de modo que la
probabilidad de efectos debilitantes (estigmas emocionales, daño físico) se
minimiza, y la probabilidad de crecimiento (nuevas habilidades, perspectivas y
opciones de vida) se maximiza.

Slaikeu (1996) diferencia dos fases en el proceso:

a) Intervención de primera instancia : Primeros Auxilios Psicológicos, que


duran minutos o como mucho horas. El objetivo es reestablecer el
enfrentamiento inmediato al evento:

• Otorgar apoyo
• Reducir el peligro de muerte (por ejemplo en casos de maltrato
infantil, violencia doméstica, suicidio, e ideas autolíticas de posible
aparición en crisis graves)
• Enlace con recursos de ayuda: Informar sobre los distintos recursos,
y remitir a orientación psicológica.

b) Intervención en segunda instancia: Terapia para Crisis. Esta intervención


puede durar semanas o meses, y su objetivo es la resolución de la crisis:

• Translaborar el incidente de crisis


• Integrar el incidente en la trama de la vida
• Establecer la apertura/disposición para encarar el futuro.

La Intervención en Crisis a la que nos vamos a referir aquí es a la Intervención de


primera Instancia o Primeros Auxilios Psicológicos, aunque a veces se llega a
iniciar la Translaboración. Los objetivos generales de esta Intervención en Crisis
son:

• ayudar a la persona a restablecer el nivel de funcionamiento previo al


suceso.
• minimizar el impacto psicológico
• disminuir la probabilidad de aparición de psicopatologías:
• prevenir el riesgo de pérdidas de vida y/o reducir la mortalidad

Slaikeu (1996) define cinco componentes en los Primeros Auxilios Psicológicos:

1.- Realizar el contacto psicológico: En esta componente los objetivos son:


• Que el paciente se sienta comprendido, aceptado, apoyado, mediante
empatía, escucha activa, aceptación incondicional
• Reducir la intensidad del aturdimiento emocional, facilitando la expresión
y síntesis de hechos y sentimientos
• Reactivar la capacidad de resolución de problemas
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2.- Examen de las dimensiones del problema: En esta componente, el objetivo es
identificar las necesidades de la persona, y determinar cuáles son inmediatas y
cuáles pueden dejarse para después (posteriores). Esto es fundamental, ya que en
la confusión y desorganización del estado de crisis, las personas con frecuencia
tratan de lidiar con todo al mismo tiempo.
Para ello se evalúan las dimensiones o parámetros del problema, enfocado a tres
áreas: Pasado inmediato, Presente y Futuro inmediato.

3.- Analizar posibles soluciones: Esta componente implica la identificación de una o


varias soluciones alternativas, tanto para las necesidades inmediatas como para
las posteriores.
En esta componente, adicionalmente, contribuimos a restablecer la
sensación de control y autoeficacia; hay que procurar que la gente haga tanto
como pueda por sí mismos.

4.- Asistir en la ejecución de la acción concreta: El objetivo es dar el mejor paso


próximo, dada la situación. Tan importante como eso es que el paciente haga tanto
como él/ella sea capaz de hacer. Sólo cuando las circunstancias deterioran
severamente la capacidad del paciente, se debe tomar un papel activo.
Dependiendo de diferentes factores (letalidad y capacidad de la persona en crisis
para actuar en su propio beneficio), el asistente debe tomar una actitud facilitadora
o directiva.

5.- Seguimiento: La principal actividad en esta componente es especificar un


procedimiento para que el asistente y el paciente estén en contacto en un tiempo
posterior. El objetivo es determinar si se lograron o no las metas de los Primeros
Auxilios Psicológicos (suministro de apoyo, reducción de la mortalidad y
cumplimento del enlace con fuentes de apoyo. Además, permite hacer operativas
soluciones posteriores pactadas anteriormente, como la remisión a un profesional.

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3. Duelo y duelo patológico
El segundo aspecto que debemos tener en cuenta a la hora de la Intervención en
Crisis en un fallecimiento son las específicas características del duelo. Aunque el
objetivo de la intervención en este aspecto va a ser el asesoramiento durante el
inicio del duelo, es importante conocer varios aspectos generales sobre el duelo,
las características del duelo “normal” frente a duelo “patológico” o “complicado”,
así como los diferentes predictores que permitan identificar la posibilidad de que el
duelo se complique, y por tanto poder anticiparse recomendando orientación
psicológica o ayuda profesional si se dan determinados factores o síntomas.

3.1 Definición de Duelo

Se denomina duelo a la reacción conductual (pensamiento, emoción y acción) que


se produce tras la muerte de un ser querido u otra pérdida significativa. Se trata de
un proceso que permite al individuo adaptarse a la pérdida.

Es fundamental entender que hay un amplio repertorio de conductas que abarcan


el duelo normal, para no patologizar lo que debería ser reconocido como normal.
Entender esto permite, además, tranquilizar a las personas que experimentan
dichas conductas como angustiosas, especialmente en el caso de una primera
pérdida significativa.

Hay, por tanto que distinguir entre duelo normal (o no complicado) y el duelo
complicado, patológico o anormal. En ambos casos puede ser útil la
intervención psicológica: como señala Worden (2004) en el duelo no complicado
se facilita el proceso en un marco temporal razonable; en duelos anormales se
usarán técnicas especializadas.

3.2 Manifestaciones del Duelo Normal

En el repertorio de conductas que conforman un duelo normal, podemos encontrar


las siguientes (Worden, 2004):

• Sentimientos: Tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, soledad,


fatiga, impotencia, shock, anhelo, emancipación, alivio, insensibilidad.

• Sensaciones Físicas: Vacío en el estómago, opresión en el pecho y en la


garganta, debilidad muscular, falta de aire, falta de energía, sequedad de
boca, sensación de despersonalización.

• Cogniciones: incredulidad, confusión, preocupación, sentido de presencia,


alucinaciones.

• Conductas: trastornos del sueño y de la alimentación, conducta distraída,


aislamiento social, soñar con el fallecido, suspirar, llorar, buscar y llamar en
voz alta, evitar recordatorios del fallecido, hiperactividad desasosegada,
atesorar o visitar lugares que pertenecen o recuerdan al fallecido.
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3.3 El Proceso de Duelo: Estadios

Puesto que el duelo es un proceso, diversos autores lo han enfocado separándolo


en diferentes estadios: etapas, fases o tareas. Consideramos especialmente
relevantes las de fases y las de tareas.

Un buen ejemplo de descripción de fases en el proceso de duelo la encontramos


en Parkes (1970). Define 4 fases:

1. Periodo de insensibilidad: Se produce en momentos cercanos a la pérdida, y


les ayuda a desatender el hecho de la pérdida al menos durante un breve
período de tiempo.
2. Fase de anhelo: Se anhela que la persona perdida vuelva y se tiende a
negar la permanencia de la pérdida. La rabia desempeña una parte
importante en esta fase.
3. Desorganización y desesperación. En esta fase, la persona encuentra difícil
funcionar en su medio.
4. Fase de conducta reorganizada. La persona empieza a recuperar su vida.

Worden (2004) prefiere hablar de “Tareas del duelo”, ya que entiende que es
mucho más útil para los clínicos. Las fases implican cierta pasividad, algo que hay
que pasar, mientras que las tareas implican que la persona ha de ser activa y
puede hacer algo. Define 4 tareas, e indica que es esencial que la persona las
complete antes de poder acabar el duelo; no siguen necesariamente un orden
específico; aunque las definiciones sugieren un cierto ordenamiento, es un proceso
en zig-zag, y se pueden realizar dos tareas a la vez

• Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida: Consiste en afrontar plenamente


la realidad de que la persona está muerta, y de que no volverá. Esta
aceptación no es sólo intelectual, sino también emocional. Algunas personas
se quedan estancadas en este estado de shock o de negación de la propia
muerte o del significado real que ésta tiene.

• Tarea 2: Trabajar las emociones y el dolor por la pérdida: Para una


adecuada elaboración del duelo, es necesario reconocer y trabajar las
emociones que surgen debido a la pérdida. La negación de esta segunda
tarea, es no sentir: se bloquean las emociones y se niega el dolor. Se evitan
pensamientos dolorosos.

• Tarea 3: Adaptarse a un medio en el que el fallecido esté ausente. Hay tres


tipos de adaptaciones:

o Adaptaciones externas: cómo influye la muerte en la actuación
cotidiana de la persona. Depende mucho del tipo de relación que
mantenía con el fallecido, y de los distintos roles que desempeñaba.
o Adaptaciones internas: Consiste en adaptarse al propio sentido de sí
mismo, de cómo influye la pérdida en la definición de sí mismo, en su
amor propio, en su sensación de eficacia personal. Debido a la
muerte de un ser querido se produce un impacto en la sensación de
identidad de la persona.
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o Adaptaciones espirituales: Cómo influye en las creencias, los valores
y los supuestos sobre el mundo que abriga la persona. Janoff-Bulman
(1992) identifica tres supuestos que se suelen poner en duda en
estos casos:
ƒ Que el mundo es un lugar benévolo
ƒ Que el mundo tiene sentido
ƒ Que la persona misma es importante.

• Tarea 4: Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.


Debemos encontrar un lugar para el difunto que permita a la persona
superviviente estar vinculada con él, pero de un modo que no le impida
continuar viviendo.

Adicionalmente a las tareas necesarias para poder completar el duelo, Worden


(2004) identifica un grupo de factores que permiten explicar la amplia gama de
conductas y las grandes diferencias individuales existentes en un proceso de
duelo: los “mediadores del duelo”. Estos mediadores ayudan a la comprensión de
por qué cada persona afronta las tareas del duelo de una manera diferente; y son
fundamentales a la hora de detectar y trabajar con duelos complicados. Aquí
reflejamos los aspectos considerados más relevantes en el inicio del duelo

• Cómo era la persona fallecida: Qué relación unía al individuo con el


fallecido.
• Naturaleza del apego: Esto incluye saber algo sobre:
• La fuerza del apego: La ansiedad del duelo está determinada por la
intensidad del amor; la reacción emocional aumentará su gravedad
proporcionalmente a la intensidad de la relación afectiva.
• La seguridad del apego: ¿Cómo era de necesario el fallecido para la
sensación de bienestar del superviviente? Para muchos, su seguridad y
necesidades de estima las cubre la pareja; cuando esta muere, las
necesidades siguen existiendo, pero los recursos han desaparecido.
• La ambivalencia en la relación: Siempre hay cierto grado de
ambivalencia en toda relación, sentimientos positivos y negativos; pero a
mayor grado de ambivalencia, la reacción emocional en el duelo será
más difícil; normalmente, existirá una gran cantidad de culpa, expresada
como “¿hice lo suficiente?”, así como rabia intensa por el hecho de que
el fallecido nos haya dejado solos/as.
• Los conflictos con el fallecido: son determinantes en la manera de
abordar las tareas del duelo; no sólo los existentes en el momento del
fallecimiento, si no una historia de conflictos. Especial mención se puede
hacer si se han sufrido abusos sexuales y/o físicos a edad temprana, o
cuestiones pendientes de resolver, especialmente en el caso de una
muerte repentina.
• Relaciones de dependencia: Pueden influir en la adaptación de la
persona a la muerte, sobre todo en cuestiones relativas a “Adaptarse a
un medio en el que el fallecido está ausente”. Si la persona dependía del
difunto para la realización de diversas tareas, será más complicada su
adaptación externa.

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• Circunstancia de la muerte: Cómo murió la persona influye mucho en cómo
se elabora el duelo. Se pueden categorizar las muertes como: Natural,
Accidental, Homicidio y Suicidio, y en este orden se aumenta la dificultad de
la aceptación y elaboración de la pérdida. Otras dimensiones asociadas son:

a) Proximidad: Donde se produjo la muerte a nivel geográfico; si ha ocurrido


en la distancia puede dar una sensación de irrealidad que influye en la
tarea 1 (Aceptar la realidad de la pérdida).
b) Imprevista o esperada
c) Muerte violenta o traumática: A veces las circunstancias facilitan a los
supervivientes la expresión de enfado y culpa; aunque también aumentan
los sentimientos de impotencia. Si el superviviente ha matado a la
persona en un accidente u homicidio, la culpa será un factor clave en el
afrontamiento.
d) Pérdidas múltiples: La pérdida de varios seres queridos en un sólo
suceso trágico o en un período de tiempo relativamente corto, ocasionan
demasiado sufrimiento y dolor, y puede interferir en la segunda tarea del
duelo.
e) Muertes evitables: Pueden aparecer cuestiones relacionadas con la
culpa.
f) Muertes ambiguas: Si no se sabe con seguridad si el ser querido está
vivo o muerto, el familiar se ve en la incómoda situación de no saber si
conservar la esperanza o ceder al duelo.
g) Muertes estigmatizadas: Si la causa de la muerte no es muy “socialmente
aceptable”, por ejemplo suicidio o SIDA, el apoyo social puede ser
insuficiente.

• Variables de personalidad: Algunos aspectos pueden influir en la elaboración


del duelo. Entre los más relevantes, encontramos:

• El estilo de afrontamiento (inhibición ante los sentimientos, tolerancia al


malestar y la ansiedad, uso de estrategias activas o pasivas para ello).
• Estilo cognitivo: el optimismo parece ser predictor de una mejor
elaboración del duelo; los estilos cognitivos de “generalización excesiva”
(“nunca lo voy a superar”; “nadie me volverá a querer”), pueden predecir
más problemas en la realización de las tareas.
• Fuerza personal, autoestima y eficacia personal: La percepción sobre el
propio valor del individuo y su capacidad para influir en lo que le ocurre
en la vida influyen mucho en cómo se afronta la muerte.
• Creencias y Valores: Algunas muertes pueden hacer tambalearse el
mundo de creencias y valores de la persona; pero ciertas nociones del
mundo pueden desempeñar una función protectora, bien viéndolo como
algo que forma parte del plan divino, o bien la creencia en una vida
después de la muerte.

• Antecedentes Históricos: Si ha habido pérdidas anteriores y cómo se elaboraron


dichos duelos. Así mismo, es importante la historia de salud mental, así como la
elaboración de pérdidas y duelos sin resolver que hayan durado varias
generaciones.

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• Variables sociales: Hay varias variables sociales relevantes para el duelo:

• La disponibilidad de apoyo social percibido es muy significativo.


• Un Apoyo social que sea satisfactorio es aún más importante.
• El número y variedad de roles sociales desempeñados (padre, empleado,
amigo, participación en la comunidad...) parecen predecir una mejor
adaptación a estas pérdidas.
• Los recursos religiosos y expectativas éticas: la pertenencia a determinadas
subculturas sociales y étnicas determina diferentes formas de enfocar el
duelo: no son iguales los irlandeses que los italianos, ni estos que los judíos.
• Ganancia secundaria que puede encontrar el superviviente: La elaboración
del duelo puede recibir mucho apoyo social, lo que contribuye a reforzar la
duración del mismo. Sin embargo, un duelo prolongado puede tener un
efecto opuesto.

• Otros eventos estresores que pueda estar viviendo la persona simultáneamente


o en un corto espacio de tiempo (problemas familiares, financieros, laborales,
matrimonio, etc) contribuyen también a que el nivel de estrés de partida sea
más alto, y por tanto a que la elaboración del duelo sea susceptible de
complicarse.

3.4 Duelo Patológico o Complicado

Horowitz(1980) define el duelo complicado como aquel cuya intensificación llega al


nivel en el que “la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o
permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso de duelo
hacia su resolución”.

Podemos describir el duelo complicado o patológico en cuatro apartados:

a) Duelo crónico: Aquel que tiene una duración excesiva, nunca llega a una
conclusión satisfactoria, y la persona que lo sufre es muy consciente de que
no consigue acabarlo.

b) Duelo retrasado: También llamado inhibido, suprimido o pospuesto. La


persona tiene una reacción emocional insuficiente en el momento de la
pérdida, que se puede deber a la falta de apoyo social, a la necesidad de ser
fuerte por alguien más o por algo, o a sentirse abrumado por la cantidad de
pérdidas. En un momento del futuro la persona puede experimentar los
síntomas del duelo, a veces por una pérdida posterior; y los síntomas
pueden ser desproporcionados con respecto a la pérdida.

c) Duelo exagerado: La persona experimenta la intensificación de un duelo


normal, se siente desbordada y recurre a una conducta desadaptativa. La
persona es consciente de que sus síntomas están relacionados con una
pérdida. Incluyen trastornos psiquiátricos mayores que surgen después de
una pérdida, que suelen recibir un diagnóstico del DSM.

16
d) Duelo enmascarado: La persona experimenta síntomas y conductas que les
causan dificultades pero no se dan cuenta ni reconocen que están
relacionados con la pérdida. Pueden aparecer como síntomas físicos
(enfermedades psicosomáticas, ...), o conductas desadaptativas, (depresión
inexplicable, hiperactividad, ...).

17
4. Intervención en Crisis en la Comunicación de
Fallecimiento e Inicio del Duelo.
Una vez expuestos los aspectos generales que pueden influir en el inicio del duelo,
podemos entrar a establecer los aspectos relevantes en la intervención en crisis
concreta del fallecimiento de un ser querido.

4.1. Objetivos de la Intervención

Se trata de una crisis, por lo que los objetivos de la intervención van a ser los
mismos de cualquier otra crisis, con ciertas particularidades.

• ayudar a la persona a restablecer el nivel de funcionamiento previo al


suceso, y a mejorar la percepción de eficacia y sensación de control.
• minimizar el impacto psicológico, ayudando en el inicio de la realización de
las Tareas del Duelo, especialmente en las Tareas 1 y 2.
• disminuir la probabilidad de aparición de psicopatologías, e identificar
factores indicadores de la posibilidad de que el duelo sea complicado, para
poder proceder a la orientación la probabilidad la necesidad futura de
atención psicológica.
• prevenir el riesgo de pérdidas de vida y/o reducir la mortalidad

4.2. Consideraciones generales

a) Objetivos realistas

Es importante tener en cuenta, incluso para la propia autoprotección del


profesional, que la intervención no va a reducir el dolor de la pérdida, que es una
de las demandas que suelen aparecer; el dolor es necesario para elaborar el duelo.
La intervención puede contribuir a eliminar o modular elementos que elevan los
niveles de estrés, en muchos casos existentes por descuido, o prioridades
diferentes de los intervinientes.

b) Habilidades de Comunicación y la relación de ayuda

Seguramente la persona va a estar confusa, se sienta indefensa, en estado de


incertidumbre, y funcionando en un nivel emocional.

Siempre es importante, pero en estos casos es fundamental tener una actitud de


Aceptación Incondicional hacia la persona.

18
QUE HACER

• Conservar la calma
• Utilizar la Comunicación no verbal para transmitir tranquilidad y confianza:
movimientos pausados, tono de voz afectuoso, bajo y sereno, uso del
contacto físico, situarse a la altura visual de la persona.

• Manifestar intención de ayuda.

• Uso del nombre “familiar” de la persona y del fallecido.

• Escuchar un 80% y hablar un 20%.

• “Aguantar” el silencio.

• Evitar aconsejar y el “síndrome del experto”

• Empatizar, pero con cuidado; hay que ser realista; si no se sabe lo que está
pasando la persona, no se le puede decir. Es mejor un “debe haber sido
terrible” que un “puedo imaginarme por lo que has pasado”. Y cuanto más
concreto, más creíble.

• Darle la importancia que tiene. No bromees.

• Ser neutro. no enfatizar el lado positivo “podía haber sido peor”.

• Responder a las necesidades de información (siempre que sea conveniente


y lo pueda aceptar).

• Fomentar, en lo posible, que el apoyo se dé entre los familiares o amigos


presentes.

• Tener en cuenta y respetar las diferencias socio-culturales y étnicas: por


ejemplo, para una persona de raza gitana, es necesario expresar el dolor de
forma muy intensa y llamativa, y si no considera que no está honrando al
fallecido.

• Vigilar y gestionar el Contagio Emocional a lo largo de toda la intervención.

• Identificar y gestionar a personas “desestabilizadoras”. En estos casos, lo


mejor es darles algún tipo de tarea que realizar, que les aleje del entorno de
intervención, y les aporte sensación de utilidad.

• Si, en algún momento, la situación supera emocionalmente al profesional, es


mejor poner una excusa y retirarse, bien de forma temporal, o permanente.

QUE NO HACER
19
• No discutir con la persona si está alterada o se muestra irritada

• No intentar “hacerla entrar en razón”; puede estar desenvolviéndose en un


plano más emocional que racional

• No culpar o moralizar sobre su posible comportamiento imprudente

• No cortar el llanto o manifestaciones de dolor o sufrimiento (excepto peligro


de autolisis)

• No seguirle la corriente o darle la razón ante manifestaciones de culpabilidad


o remordimiento

• No mentir

• No utilizar frases “tipo”: (EL TIEMPO NO LO CURA TODO); hay que


reconocer que “Todo irá bien, pero no será como antes”

• No intentar que se dé prisa en superar el dolor.

• No “recetar” emociones con frases como “estoy seguro de que te sientes


deprimido”. Es mejor preguntar “¿cómo te sientes?”

4.2. Protocolo General de Intervención

Basándonos en los modelos de Intervención en Crisis de Slaikeu y de Duelo de


Worden, propongo un protocolo general de Intervención con las siguientes fases y
pasos dentro de cada una de ellas. Evidentemente, dicho protocolo se presenta, a
efectos pedagógicos, con un orden que, muchas veces, no es posible seguir: las
circunstancias o la propia reacción de las personas pueden hacer que se altere el
orden o alguna de las fases o pasos no se puedan llevar a cabo.

FASE PREVIA: Recabar información sobre el suceso, valoración de la escena y


personas presentes.

FASE DE COMUNICACION DEL FALLECIMIENTO: Comunicación del


fallecimiento o acompañamiento al profesional responsable en la comunicación del
mismo (en el caso de que no se haya comunicado la noticia)

FASE DE INTERVENCIÓN

I) Contacto psicológico: Acercamiento a la/s persona/s afectada/s, y evaluación del


estado psicológico.
II) Disminuir la confusión y desorganización y posibilitar la asunción de la realidad.
III) Análisis de problemas inmediatos y favorecer la búsqueda de soluciones,
IV) Apoyo en la toma de decisiones concretas.

RESOLUCIÓN DE LA INTERVENCIÓN y seguimiento


20
4.2.1. Fase Previa: Valoración de la Situación

Antes de contactar con el paciente se debe realizar una valoración de la situación,


si las circunstancias lo permiten. Si no es posible, habrá que realizar dicha
valoración al principio de la intervención, de forma simultánea a las primeras tareas
de la fase de intervención.

La Valoración de la Situación (si es posible, previa al contacto con la/s persona/s):


Incluye

a) Recogida de información:
• sobre el suceso
o Circunstancias y forma de la muerte; si ya está confirmado
el fallecimiento.
o Nombre del fallecido, sexo, edad
• sobre las personas objeto de nuestra intervención.
o Nº de personas, sexo, edad,
o Grado y tipo de parentesco con el fallecido
o Si conocen la noticia o aún está pendiente la comunicación.
o Estado psicológico de las mismas.

• Sobre otras personas presentes, y la probabilidad de que puedan


ser beneficiosos o perjudiciales para la intervención.

b) Valoración de la escena
• Evaluación de riesgos: seguridad en otros y del profesional.
Identificación de posibles objetos o vías que puedan permitir
acciones autolíticas (cuchillos, medicación, terrazas ...)
• Localización (y solicitud si es necesario) de un lugar adecuado para
la comunicación y la intervención, que favorezca la acogida y la
intimidad, para la expresión de emociones.

4.2.2. Fase de Comunicación del Fallecimiento.

La forma en que se comunique un fallecimiento puede influir en la elaboración


posterior del duelo; no tanto porque se haga correctamente, si no que una
comunicación poco cuidada o incorrecta puede añadir elementos estresores y/o
desestabilizadores a una situación ya de por sí muy estresante.

Hay algunas cuestiones relevantes a considerar; son generales, ya que luego,


dependiendo de diferentes factores, como la existencia de relación previa entre el
profesional y las personas objeto de la comunicación, la respuesta a estas
cuestiones puede modificarse.

- ¿Quién lo comunica? Oficial y legalmente, es función del profesional que se haya


responsabilizado de la atención médica al fallecido comunicar la noticia; sin
embargo, el profesional puede delegar dicha función en otras personas.
21
- ¿Cuándo se comunica? Lo antes posible, ya que puede haber circunstancias
que obliguen a esperar acontecimientos. es mejor no dilatar la comunicación más
de lo necesario; es peor lo que se imagina que la realidad, y el nivel de ansiedad
aumenta durante la espera.

- ¿Dónde se comunica? En un lugar tranquilo y seguro, que favorezca la intimidad,


donde se puedan sentar.

- ¿A quién se comunica? En principio, a los familiares adultos de 1º y 2º grado por


consanguinidad o legales; en cualquier caso, a personas allegadas al difunto a
los que sea necesario informar. Es mejor hacerlo al máximo de personas
presentes implicadas a la vez; de esta manera, están acompañados, la misma
información llega de forma simultánea a todos, y con el mismo emisor; reducimos
la posibilidad de malas interpretaciones, la probabilidad del efecto
“rumor”/”teléfono roto”, y que se comunique de manera inadecuada en segunda
derivada. Eso sí, con cuidado con el contagio emocional.

- ¿Qué se comunica? Una descripción sencilla y breve de los hechos del suceso,
que contenga toda la información relevante, lo más aséptico y objetivo posible,
asegurando que ha habido la mejor atención técnica y humana posible, y
finalizando con el desenlace. Una vez dada la noticia, es importante responder a
todas las dudas y preguntas que surjan, siempre que conozcamos la respuesta y
estemos seguros de la misma. Por ejemplo, en el caso de un posible suicidio
precipitándose desde una ventana, aunque todas las circunstancias induzcan a
pensar que ha sido una autolisis voluntaria, no podemos estar seguros hasta que
se realice la autopsia, por lo que a la pregunta de “¿se ha tirado
voluntariamente?” tendríamos que responder que aún no lo sabemos, que habrá
que esperar a ver qué indican los profesionales.

Es fundamental no mentir, aunque hay que evaluar la cantidad y calidad de


información que la persona puede soportar y asumir en el momento. En el
ejemplo anterior, se puede indicar que “a la llegada de los profesionales, XXXX
(nombre del difunto) se encontraba en estado grave en la calle; por algún motivo
se ha precipitado (o ha caído) desde la ventana”.Ya habrá tiempo, si se
comprueba que efectivamente fue un suicidio, de proporcionar dicha información
y ver cómo se maneja.

- ¿Cómo se comunica? Hay varios aspectos fundamentales en este sentido:

• De forma presencial, siempre que sea posible; es especialmente peligroso


comunicar un fallecimiento por teléfono, y que la persona acuda al lugar en
una grave estado de crisis emocional, especialmente si lo hace andando o
conduciendo; existe serio peligro de añadir más víctimas a la situación. Es
preferible indicar por teléfono que ha habido un incidente grave relacionado
con su ser querido, y citar a la persona en algún lugar, para proceder con la
comunicación una vez presente en el punto.

• Usar la comunicación no verbal para inspirar tranquilidad y confianza:


movimientos pausados, tono de voz bajo y sereno, uso del contacto físico,
del nombre “familiar” de la persona, situarse a la altura de la persona.

22
• Es preferible que las personas estén sentadas, especialmente por las
reacciones físicas que la noticia puede generar.

• No utilizar palabras de alto contenido emocional, ni utilizar eufemismos. Eso


sí, hay que adecuar el lenguaje al nivel cultural y social de los interlocutores.
Por ejemplo, “ha muerto” tiene un mayor contenido emocional que “ha
fallecido”, por lo que sería en principio preferible la segunda opción; pero es
posible que el mensaje no llegue dependiendo del nivel cultural de la
persona. Y es mejor “ha muerto” que “se ha matado”.

A continuación exponemos un ejemplo de actuación en comunicación de


fallecimiento:

a) Presentación, con nombre y función, y objetivo del acercamiento y duración del


mismo (Me llamo XXX, soy psicólogo, y estoy aquí para ayudarte; voy a estar
contigo mientras sea necesario ...).

b) Acompañarle a un lugar tranquilo y seguro, con contacto físico y apoyo físico si


fuera necesario.

c) Recogida de información PREVIA a la comunicación del fallecimiento (Existencia


de patologías físicas o psicológicas, medicación …)

d) Comunicación del fallecimiento, en el formato que ya se ha expuesto. Por


ejemplo, si el fallecimiento se ha producido en un accidente de tráfico, se podría
dar la noticia de la siguiente manera:

“... ha habido un accidente, ha sido un accidente grave; su (marido/hijo/amigo…..)


iba en el coche, y aunque rápidamente le atendieron los servicios de emergencia, y
se ha hecho por (nombre del fallecido) todo lo humana y técnicamente posible, ….,
ha fallecido/muerto”.

A partir de este momento, los siguientes pasos se integran en la Fase de


Intervención I. Como ya se ha indicado, se separa a efectos puramente didácticos,
ya que en la realidad la Comunicación del Fallecimiento va intrínsecamente ligada
con la Fase de Intervención.

4.2.3. Fase de Intervención I: Contacto Psicológico

Este paso en la fase de intervención es fundamental, y puede condicionar toda la


intervención. En ella, la evaluación y la intervención se van simultaneando.

a) Presentación (si aún no se ha realizado), con nombre y función, y objetivo del


acercamiento y duración del mismo (Me llamo XXX, soy psicólogo, y estoy aquí
para ayudarte; voy a estar contigo mientras sea necesario ...).

b) Acompañarle a un lugar tranquilo y seguro.

23
c) Si existieran, disminución de respuestas de ansiedad elevada mediante técnicas
de respiración de emergencia, contacto físico, tono de voz bajo y tranquilizador,
normalización de síntomas.

d) Evaluación del estado físico y psicológico: La evaluación empieza en este


momento, pero se irá extendiendo a lo largo de toda la intervención.

• Identificación y cobertura de necesidades básicas o médicas inmediatas,


tales como hambre, sed, cansancio, o patologías de riesgo que puedan
influir y/o empeorar en la situación de crisis (cardiopatías, enfermedades
respiratorias, psicosomáticas, alergias, miopatías ...)

• Identificación de variables disposicionales: duelos o incidentes


críticos/traumáticos anteriores, estilo de personalidad, antecedentes fisicos,
psicológicos ...

• Identificación de eventos y/o personas que puedan ser desestabilizadoras o


puedan dificultar la intervención.

• Identificación de reacciones (signos de alteración a nivel cognitivo, motor,


fisiológico, y emocional) ante el incidente crítico. Identificación de la fase de
la crisis en que se encuentra la persona mediante la observación.

o En la Fase de Impacto,(inmediatamente posterior al incidente crítico), la


persona se puede encontrar en un elevado estado emocional y de
incertidumbre, y es habitual encontrar las siguientes reacciones:

• Funciones cerebrales superiores disminuidas: Disminuye la


capacidad de concentración y atención, la memoria, así como la
toma de decisiones; La persona no es capaz de tomar decisiones
efectivas, por ejemplo, no es capaz de saber qué tiene que hacer
con el cuerpo de la persona fallecida o no es capaz de encontrar el
teléfono de algún familiar o amigo.

• Distorsión del sentido del tiempo y la realidad: La persona tiene la


sensación de vivir la situación como si estuviera fuera de ella, o a
cámara lenta, o, al contrario, muy rápido.

• Disminución del control de los impulsos: Al no reflexionar, no


controla sus impulsos; actúa impulsivamente, por lo que pueden
aparecer conductas inoportunas e inadecuadas (coger un teléfono
y llamar inmediatamente a otro familiar para contarle lo sucedido,
por ejemplo), conductas agresivas y, autolíticas, de daño o incluso
intentos de suicidio de tipo impulsivo

• Reacciones fisiológicas de elevada intensidad: Vómitos,


hiperventilación, vértigo, diarrea, dolor torácico, etc..

• Hiperactividad/Movimientos compulsivos

24
• Apatía/Inmovilidad: La persona afectada carece de energía, o
verbaliza ser incapaz de moverse.

• Incredulidad y Negación: La persona niega lo sucedido, pide


pruebas o no se lo puede creer. A veces, esto no es explícito, pero
se observa que la persona va planificando los siguientes pasos, o
actúa como si nada hubiera pasado, centrando la atención en las
necesidades y problemas más inmediatos.

o En la Fase de Reacción, en la que la persona comienza a


comprender qué le ha pasado, y a reaccionar en consecuencia. Es
habitual encontrar los siguientes sentimientos:

• Ira/Enfado: Puede dirigirse hacia el fallecido, y/o hacia otras


personas, como los médicos, personal hospitalario, personal de
seguridad, de la funeraria, la administración, incluso contra Dios ...
También es posible que se dirija hacia uno mismo (experimentado
como culpa, depresión, ...), y puede llegar a convertirse en
ideación o conducta suicida.

• Culpa: Hay varios aspectos que pueden producir culpa:


o Sensación/Idea de no haber hecho lo suficiente
o No experimentar la cantidad de tristeza que consideran
apropiada
o Alguna conducta simultánea o cercana al fallecimiento: una
discusión, envío de mensaje, decisión. Puede aparecer
sensación de “castigo divino”.

• Miedo, Ansiedad e Impotencia: Puede aparecer


o Miedo a no poder continuar y/o sobrevivir sólos
o Ansiedad ante el aumento de la conciencia de la propia
muerte.

• Tristeza: Ante la pérdida, y autocompasión

• Shock: La persona es incapaz de sentir nada, refiere sensación de


vacio y acorchamiento

En cualquiera de las dos fases puede aparecer el Contagio Emocional.

4.2.4. Fase de Intervención II: Disminuir la confusión y desorganización


y posibilitar la asunción de la realidad.

Este paso en la Intervención depende mucho de la fase en la que se encuentre la


persona. En ella se estimula el inicio de la realización de las Tareas 1 (Aceptar la
realidad de la pérdida) y 2 (Trabajar las emociones y el dolor por la pérdida). Para
25
ello, utilizaremos diferentes técnicas, según sean las reacciones que vaya teniendo
la persona.

a) Disminuir la confusión y desorganización

- En la Fase de Impacto

Reacción Técnica de Intervención


Funciones cerebrales superiores Normalización de síntomas: “reacción
disminuidas. normal ante situación anormal”
Preguntas cerradas y sencillas si es
Distorsión del sentido del tiempo y la necesario obtener información.
realidad: Escucha activa

Disminución del control de los Observación permanente


impulsos: conductas inadecuadas, Control estimular (eliminación de
agresion a otros, autolisis. elementos de riesgo/no permitir
acceso a zonas de riesgo, y siempre
acompañado)
Contención física.
Reacciones fisiológicas de elevada Normalización de síntomas: “reacción
intensidad: Vómitos, hiperventilación, normal ante situación anormal”
vértigo, diarrea, dolor torácico, etc.. Técnicas de control de la ansiedad:
Respiración abdominal de emergencia
Garantizar atención médica si se ve
necesaria

Hiperactividad/Movimientos Técnicas de distracción cognitivas o


compulsivos manipulativas (rezar el rosario, hacer
café...)
Apatía/Inmovilidad: La persona Normalización de síntomas: “reacción
afectada carece de energía, o normal ante situación anormal”
verbaliza ser incapaz de moverse. Respiración abdominal de emergencia
Escucha activa
“Aguantar” el silencio
Acompañamiento y contacto físico
Incitar poco a poco al movimiento.

Incredulidad y Negación: La persona Escucha activa


niega lo sucedido, pide pruebas o no “Aguantar” el silencio
se lo puede creer. Proporcionar la información que vaya
pidiendo.
Acompañamiento

- En la Fase de Reacción:

Objetivo Técnica de Intervención


Facilitar la expresión verbal y Escucha activa
emocional Acompañamiento y contacto físico.

26
Posibilitar el relato ordenado del Preguntas abiertas, con cuidado de no
suceso. inducir las respuestas. Fomentar que
Ayudar a reconocer y legitimar cuente lo ocurrido “como quiera”.
sentimientos y pensamientos. Normalización de síntomas
Pensamientos Reestructuración cognitiva “breve”:
disfuncionales/irracionales, con Proporcionar información
especial foco en: Pruebas de realidad
• A ideas autolíticas Inducir a la reflexión
• Aquellos que puedan estar
relacionados con posibles
mediadores del duelo:
o Suicidio, muerte
“estigmatizada”, evitable,
ambigua o incierta.
o Falta de competencia para
sobrevivir en la vida cotidiana
sin el fallecido.
o Generalizaciones excesivas
Generar y fomentar el apoyo social en Fomentar la comunicación verbal, no
el entorno habitual de la personal. verbal, el contacto físico y la
demostración física de afecto entre los
familiares y allegados.

- Contagio Emocional. Hay una parte del mismo que es complicado de gestionar,
ya que cada vez que llega una persona allegada nueva, se produce un nuevo
contagio. Hay variables socio-culturales importantes; por ejemplo, en general, las
personas de raza gitana, o procedentes de culturas latinoamericanas, tienen una
forma de expresar el dolor bastante intensa, que fomenta las respuestas
emocionales y el contagio emocional.

Sin embargo, sí es posible realizar acciones para minimizarlo: con suavidad, pero
con firmeza, retirar físicamente o separar a las personas si se está produciendo
dicho contagio, o limitar el tiempo en el que están juntos.

b) Facilitar la aceptación de la pérdida

Cuando evaluamos que la persona está en condiciones de empezar a asumir y


comprender, y han disminuido (o no han aparecido) reacciones emocionales muy
intensas, se puede empezar a intervenir para facilitar la aceptación de la pérdida,
mediante diversas técnicas.

• Hablar de los hechos


• Hablar en pasado de la persona fallecida
• Informar sobre los siguientes pasos (qué va a pasar con el cuerpo,...) y
empezar a indagar sobre recursos existentes para resolver asuntos
inmediatos (seguro de vida, de entierro, ...) En este momento, la
funcionalidad está más relacionada con ir introduciendo elementos prácticos
de realidad sin el difunto, no tanto la búsqueda de soluciones reales.
• Si lo desea y solicita explícitamente, y es posible, permitirle ver el cadáver.
Aunque en principio no se recomienda ver el cuerpo, por el impacto que

27
puede ocasionar, si desea hacerlo, es peor evitarlo, ya que puede
desencadenar ideas e imágenes más perturbadoras (“Cómo estará que no
me dejan verlo”) o distorsionadas (“A ver si no va a ser él/ella”).
Si se decide verlo, (o es necesario por motivos legales), hay que
hacer una preparación previa; encargarse de que lo que sea visible sea lo
menos traumático posible, y hacer una descripción previa a la persona de lo
que se va a encontrar. (“No le vas a ver igual que la última vez que lo viste;
seguramente estará algo más pálido/hinchado ..”).

4.2.5. Fase de Intervención III: Análisis de problemas inmediatos y


favorecer la búsqueda de soluciones

En esta fase, la persona ha empezado a recuperar parcialmente las capacidades


de afrontamiento. Es el momento de identificar las necesidades de la persona, y
determinar cuáles son inmediatas y cuáles pueden dejarse para después
(posteriores). Esto es fundamental, ya que en la confusión y desorganización del
estado de crisis, las personas con frecuencia tratan de lidiar con todo al mismo
tiempo.

- Necesidades habituales
Hay una serie de necesidades inmediatas que suelen surgir en este tipo de
situaciones:

• Necesidades básicas para el presente y el futuro inmediato: Alimento,


dinero, alojamiento y cobijo, ...

• Necesidades relacionadas con el propio fallecimiento:


o Gestiones relacionadas con el cuerpo: Reclamación en el Anatómico-
Forense, Tanatorio, Entierro, Funeral.
o Trámites administrativos: Certificado de defunción, etc.
o Asunción de costes: Existencia de seguros de entierro, de vida, de
pensiones ...
o Estabilidad económica futura, si es necesario.

• Necesidades sociales:
o Identificación de persona/s que puedan hacerse cargo de continuar
con las labores de asistir en la ejecución de acciones concretas, y
continuar con el apoyo.
o Comunicación del fallecimiento a familiares y amigos, tanto cercanos
como más distantes.

• Necesidades relacionadas con otras posibles dificultades futuras para la


persona y su familia.

- Dar información y analizar posibles soluciones: Esta componente implica dar la


información de la que dispongamos, especialmente sobre trámites relacionados
con el suceso, así como la identificación de una o varias soluciones alternativas,
tanto para las necesidades inmediatas como para las posteriores. Para ello, se
realiza un enfoque paso a paso.

28
• Indagar qué es lo que el paciente ha intentado hasta ahora
• Examinar qué es lo que el paciente puede/podría hacer: primero llevando a
la persona en crisis a generar sus propias alternativas, y luego proponer
nuevas alternativas; se hace un análisis de pros y contras de cada
alternativa para decidir.
En esta componente, adicionalmente, contribuimos a restablecer la
sensación de control y autoeficacia; hay que procurar que la gente haga
tanto como pueda por sí mismos.

• Es posible que haya que adiestrar al paciente para considerar la idea de que
existen soluciones, así como en generar alternativas y hacer un análisis de
las mismas.

• Asimismo, es fundamental analizar los obstáculos para la ejecución de un


plan en particular, y ver que estos se encaucen antes de desarrollar dicho
plan.

4.2.6. Fase de Intervención IV: Apoyo en la toma de decisiones


concretas.

El objetivo es dar el mejor paso próximo, dada la situación. Tan importante como
eso es que el paciente haga tanto como él/ella sea capaz de hacer. Sólo cuando
las circunstancias deterioran severamente la capacidad del paciente, se debe
tomar un papel activo. Dependiendo de diferentes factores (letalidad y capacidad
de la persona en crisis para actuar en su propio beneficio), el profesional debe
tomar una actitud facilitadora o directiva.

Un ejemplo en el que el profesional puede resultar de utilidad es en dar pautas de


cómo comunicar la noticia a otras personas; especialmente a ancianos, niños, ...)

4.2.7. Resolución de la intervención y Seguimiento

La intervención se finaliza cuando se dan los siguientes aspectos:

• Hay personas que puedan servir de apoyo a los afectados


• Las emociones más intensas están controladas
• Se han puesto en marcha de acciones derivadas de la toma de decisiones.

• Se ha dado información para la prevención y orientación a recursos de ayuda:

o Información y normalización de síntomas: Es normal que durante un


tiempo aparezcan pesadillas, insomnio, falta de apetito, sensación de
“oír” o “sentir” al fallecido, ideas o imágenes intrusivas, apatía ...

o Información sobre en qué circunstancias se debería pedir ayuda


profesional:
29
ƒ Si los síntomas previamente descritos se prolongan más de un
tiempo prudencial.
ƒ SI evaluamos que existen aspectos predictores de duelo
complicado, como por ejemplo:

• muertes repentinas o inesperadas; circunstancias traumáticas


de la muerte (suicidio, asesinato)
• pérdidas múltiples; pérdidas inciertas (no aparece el cadáver).
• muerte de un niño, adolescente, (joven en general).
• doliente en edades tempranas o tardías de la vida.
• muerte tras una larga enfermedad terminal.
• doliente demasiado dependiente; relación ambivalente con el
fallecido.
• historia previa de duelos difíciles; depresiones u otras
enfermedades mentales.
• tener problemas económicos; escasos recursos personales
como trabajo, aficiones.
• poco apoyo sociofamiliar real o sentido; alejamiento del
sistema tradicional socio-religioso de apoyo (emigrantes).
• conflictos graves y no resueltos con el fallecido
• Ideas de culpabilidad sobre responsabilidad en el fallecimiento.
• El estilo de afrontamiento (inhibición ante los sentimientos,
tolerancia al malestar y la ansiedad, uso de estrategias activas
o pasivas para ello).
• Estilo cognitivo pesimista, de “generalización excesiva” (“nunca
lo voy a superar”; “nadie me volverá a querer”),
• Fuerza personal, autoestima y eficacia personal: La percepción
sobre el propio valor del individuo y su capacidad para influir
en lo que le ocurre en la vida influyen mucho en cómo se
afronta la muerte.
• Creencias y Valores: Si el fallecimiento parece que puede
hacer tambalearse el mundo de creencias y valores de la
persona.
• Existen otros eventos estresores graves previos, simultáneos o
cercanos en el tiempo al fallecimiento: divorcio, pérdida de
trabajo, problemas financieros ...

• Seguimiento: Se ha especificado un procedimiento para que el profesional y el


paciente estén en contacto en un tiempo posterior.

El objetivo es determinar si se lograron o no las metas de los Primeros


Auxilios Psicológicos (suministro de apoyo, reducción de la mortalidad y
cumplimento del enlace con fuentes de apoyo), así como evaluar si se están
produciendo o manteniendo indicadores de duelo patológico.. Además,
permite hacer operativas soluciones posteriores pactadas anteriormente,
como la remisión a un profesional.

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5. Bibliografía

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Ediciones Paidós Ibérica.

31