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RepertorioTeatralSecundaria

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Antonio Argudín

(Pastorelas y Difuntos. Emilio Carballido, compilador. Libros del Rincón, Secretaría de Educación Pública, México, 1999.
pp.159-169.)

Personajes
SERAFINA
, calaca romántica, nieta de Basílica.
BASÍLICA, calaca tragona, madre de Barrabasa.
BARRABASA, calaca enojona.
OFIDIA, calaca envidiosa, arrimada de las anteriores.

PALOMITA, calaca niña, hermana de Serafina.
SERAPIO, muerto fresco, prometido de Serafina.

(En un panteón. Noche de muertos)

(Se oyen doce campanadas. SERAFINA despierta.)

SERAFINA. ¡Qué emoción! Hoy es nuestra noche. Noche de todos los Santos, Noche de
Muertos. Y mi Serapio ya debe haber traído mis ofrendas y estará esperando
que yo vaya a él . . . Ay, y yo en esta fachas. ¡Debo darme una manita de gato!
No se vaya a espantar de verme en este estado . . . aunque no hay mucha
diferencia: yo traigo la calavera a la vista y él por dentro. Pero calavera tiene,
como todos. Me pondré un poquito de colorete y me pintaré, los labios no,
porque no tengo, pero sí las quijadas. ¡Ay! ¿y si no viene? Tal vez ya olvido el
juramento que nos hicimos de estar juntos para siempre. Tal vez ya encontró
otra y anda con ella. ¡Ay, no, eso sería mi muerte! Ah, pero si me es infiel voy
por él y le jalo las patas. Claro que sí. Y en cuanto a la otra . . que se cuide.

BASÍLICA se remueve en su tumba.

BASÍLICA. (Despertando) Mmmmmmmh . . . qué aroma. Huele a comida. Mmmmmmh.
¡Qué rico! Huele a mole, y a champurrado, y a frijolitos y a tortillas calientes y a
calabaza en dulce . . . . Mmmmmmh y tejocotes y cocada y coyoles . . . .
SERAFINA. ¡Sólo piensas en comer, abuelita! Cualquiera diría que ya se te olvidó cómo
moriste.
BASÍLICA. ¡Cállate, ingrata, que nomás de acordarme creo que me voy a volver a morir!
SERAFINA. Pues cada vez que te entra esa hambre enfermiza acuérdate de los cólicos
que por tragona te mandaron al panteón.
BASÍLICA. Ni trates de asustarme: sabes muy bien que sólo se muere una vez, así que
ahora sin temor alguno, pienso tragar y tragar hasta hartarme.
SERAFINA. Ay, abuelita, qué vulgar eres. Yo aquí sufriendo anticipadamente por si mi
Serapio me olvida y tú pensando en llenarte el esqueleto.
BASÍLICA. Pensar en Serapio o en cualquier otro es una pérdida de tiempo: todos los
hombres son iguales y todos valen lo mismo, que es igual a nada; en cambio
unas buenas hojuelas, unos buñuelos recién fritos y bañados en miel de
piloncillo , , , Te aseguro que saben mejor que tu abuelo, el pobre Melitón que,
a Dios gracias, descansa en otro cementerio.
SERAFINA. ¡Te digo que no seas tragona! No te comas eso. Es para todos. Y espérate a
que los demás despierten.
BASÍLICA. Ay, Serafina,Serafinita, no tienes corazón, compadécete de esta pobre anciana
que ya sólo encuentra un poquito de paz en la comida.
SERAFINA. Abuelita Basílica, que no. No te comas las cosas. Ay, mira. Caramba contigo,
no te digo. Y no son nuestras ofrendas. Son de los vecinos del ocho.
BASÍLICA. Pues no las aprecian. ¡Ahí las dejan! De que se las coman los gusanos..
SERAFINA. Siempre has de hacer los mismo. Eres una viejita desobediente, pero ahora
verás. ¡Mamá! ¡Mamá!
BASÍLICA. No. ¡Piedad! No le hables a tu mamá, no le hables a Barrabasa.

(Barrabasa, entrando de un brinco con un cinturón en la mano.)

BARRABASA. ¿Quién me habló?
SERAFINA Es que mi abuelita Basílica ya se comió las ofrendas de los vecinos de la fosa
ocho.
BASÍLICA. No le creas, hijita, ya sabes que esta niña siempre ha sido muy mentirosilla.
BARRABASA. De mi hija no vas a hablar mal. Ya te conocemos que eres una tragaldabas.
Ahora verás, te voy a dar una purga.
BASÍLICA. No, purga no. Purga no.
BARRABASA. Cómo que no. A ver, abre la boca.
BASÍLICA. No, mangos.
BARRABASA. (Haciendo tronar el cinturón.) ¡Cómo que no! ¡Ábrela!
BASÍLICA. Glub, grr, ugh.

SERAFINA. Pobre, abue. A ver si así aprende a no ser tan tragona.
BARRABASA. ¿Y por qué se comió las ofrendas de los del ocho?
SERAFINA. No sé. Supongo que estaban más a la mano.
BARRABASA. ¿Más a la mano que las nuestras? No seas estúpida.
SERAFINA. ¡Ay! Tienes razón. Las nuestras deben estar más cerca.
BARRABASA. O sea, que si tomó las otras . . . (Serafina al borde del llanto) es que no nos
han traído nada. (Va a verificar.) Nada, nada, nada.
SERAFINA. Y el único que nos trae ofrendas . . .
BARRABASA. Claro, tu abuela Basílica no tuvo más hijos que yo y yo sólo te tuve a ti.
SERAFINA. Y yo sólo tuve a mi serapio, aunque muy poco lo gocé.
BARRABASA. Así que si no hay ofrendas . . . .
SERAFINA. (Soltando a llorar.) Es que mi Serapio ya me olvidó.
OFIDIA.

(Que ha estado oyendo lo anterior, se acerca.) Claro, así son todos, yo nunca
tuve muchas esperanzas de que te fuera fiel, pero nunca te lo dije por no
entristecerte, primita.
BARRABASA. Me choca que le digas primita. Tú no eres nada nuestro. No eres más que una
ahijada de la tragona de mi madre.

OFIDIA.

Lo sé. No creas que no sé mi lugar. Pero es que la quiero tanto, tanto, que no
puedo decirle más que primita.
SERAFINA. Dejen de discutir por el parentesco. A mi lo que me importa es que mi Serapio
anda con otra.

OFIDIA.

¡Mal hombre! ¡Ya se casó!
SERAFINA. (Desconsolada) ¿Cuándo?
OFIDIA.

¡Cuándo? . . . Ah, pues . . .
BARRABASA. No le creas a tu primita Ofidia, está inventando.
OFIDIA.

No me gusta que desconfien de mi y que no me crean. Claro que lo sé. Me lo
contó el sepulturero que vino ayer a limpiar la tumba de las dos.
SERAFINA. Ya me lo temía. Desde hace tiempo tuve el presentimiento.
BARRABASA. ¿Ah, sí? ¿Y con quién se casó, si puede saberse?
OFIDIA.

¿Cómo, no lo saben? Pues con doña Octagenaria.
SERAFINA. ¿Con ésa? ¿mi Serapio? Pero si es una momia.
OFIDIA.

Claro, ni soñando se compara contigo . . . pero tiene mucho dinero.

(Entra Palomita salyando a la pata coja.)

PALOMITA. ¡Hermanita! ¡Hermanita!
BARRABASA. ¡Chamaca latosa! Deja en paz a tu hermana que acaba de enterarse de una
calumnia.

OFIDIA.

Ay, tía, si yo siempre digo la verdad.
BARRABASA. Chale, chale, yo no soy tu tía.
PALOMITA. Hermanita, hermanita, te tengo una sorpresa.
SERAFINA. ¿Otra más?
PALOMITA. Sííí. Te va a gustar . . . pero a Ofidia yo creo que no.
OFODIA. Qué te traes, chamaca.
BARRABASA. (Amenazante.) ¿Chamaca?
OFIDIA.

(Sonriendo falsamente.) Chamaca preciosa.
SERAFINA. Deja pues de jalonearme y dime de qué se trata.
PALOMITA. Pues que Ofidia tiene en su ataúd un retrato.
OFIDIA.

¡Palomita! Nunca te creí capaz de . . .
BARRABASA. (Comprendiendo.) ¿Y de quién es ese retrato?
PALOMITA. De Serapio, de Serapio. Ofidia está enamorada de Serapio.
SERAFINA. Tú, de mi Serapio, cómo te atreves, víbora arrastrada, mala mujer, infeliz. A mi
Serapio nadie me lo toca, ¿me oíste?
BARRABASA. Eso, claro, duro, ah, qué orgullosa me siento de ti. Eres una digna hija de tu
madre.

OFIDIA.

Pues sí, lo amo. Y lo merezco. Soy mejor que tú. Más bonita, más mujer.

PALOMITA. No es mujer, es víbora.
SERAFINA. Pero, entonces, por qué no trajo sus ofrendas como todos los años.
OFIDIA.

Porque ya te olvidó. Y me alegro.

(Entra Serapio, trastabillando.)

SERAPIO. Uyuyuyuy. Está muy oscuro. Y apesta mucho.
SERAFINA. Serapio, Serapio. Mi Serapio.
OFIDIA.

Lo que me faltaba, ahora voy a tener que soportar ante mis propias cuencas a
este par de tórtolos.
SERAPIO. ¡Serafina! ¡Serafinita!
BARRABASA. ¡Qué bueno que al fin te moriste, muchacho! Así no estaremos tan solas en
este panteón.
PALOMITA. Sí. Qué bueno. Sobre todo porque ya no andarás vagando entre los vivos.
SERAFINA. Ay, sí. Nomás de pensar en los vivos me muero del susto.
BARRABASA. Sí, canijos vivos, hay que tenerles miedo.
PALOMITA. (Viendo a Ofidia.) Claro que hay uno que otro muerto . . .
SERAFINA. Que son unas verdaderas víboras.
SERAPIO. (Por lo bajo a Serafina.) Oye, ¿quién es esa muerta tan fea?
SERAFINA. ¿Ya no te acuerdas de la arrimada, la prima Ofidia?
SERAPIO. La verdad ya no me acordaba. (Con horror le tiende la mano.) Ha empeorado
muchísimo.
BARRABASA. Tengo mucha hambre.
SERAPIO. Yo también.
SERAFINA. Pues como te moriste, nadie trajo nada.
PALOMITA. Tal vez los vecinos quieran invitarnos algo.
BARRABASA. Ojalá. Pero son unos desgraciados muertos de hambre.
SERAFINA. Podríamos convencerlos. Y como Serapio es recién llegado . . . Casi, casi una
visita . . .

OFIDIA.

Sí, vamos a decirles. Ahí si hay muertos guapos.
PALOMITA. Serapio, no nos has contado cómo fue que te moriste.
BARRABASA. Luego, niña, no es tema de conversación cuando se va a pasar a la mesa.
SERAPIO. Sí, luego, porque prefiero no acordarme.
SERAFINA. (Tierna.) ¿Sufriste mucho?
SERAPIO. No, porque sabía que te iba a alcanzar.
OFIDIA.

Me choca tanta cursilería. Mejor vamos a cenar.
BARRABASA. Sí, aunque haya que hacerle la barba a los vecinos móndrigos.
PALOMITA. Ya metí el dedo en sus ofrendas. Están bien buenas.
BARRABASA. ¡Niña!
PALOMITA. (Sale corriendo.) ¡Voy a avisarles que ya vamos!
BARRABASA. Nunca supe corregir a esa niña. Como es la menor, y la tuve ya viejona, me
agarró cansada.

OFIDIA.

Pues para tenerla no se cansó, ¿verdad?
BARRABASA. Lástima que tú ya nunca sabrás de esos cansancios.
PALOMITA. ¡Mamá, mamá! Hermanita, Serapio.
TODOS. Qué niña, qué escándalo.
PALOMITA. (Muerta de risa.) Mi abuelita Basílica se zurró en las ofrendas de los del ocho.
SERAPIO. ¡Adiós cena!
SERAFINA. ¡Ay, pobres muertos!
BARRABASA. Cómo va a ser.
OFIDIA.

Tú tienes la culpa, por purgarla. (Entra Basílica.)
BASÍLICA. Hijita, hijita, Barrabasa. Tu purga es una maravilla. Me siento como nueva. Y
tengo mucha, mucha hambre.

TELÓN

Secretaría de Educación en Nuevo León / Subsecretaría de Educación Básica / Dirección de Secundaria
Coordinación Técnica de Educación Secundaria / Expresión y Apreciación Artísticas / Teatro

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