El triple robo de Bellamore

Horacio Quiroga, catalogado como un escritor del género maldito, nació en Uruguay en 1878. Igual que a Poe, la vida se le reveló implacable desde sus primeros años. En 1879 muere su padre, víctima de un accidente de caza, y queda al cuidado de su madre, quien vuelve a casarse once años más tarde. Luego de cuatro años en los que el niño se encariña con su padrastro, éste es aquejado de una parálisis total que lo deja inmovilizado en una silla de ruedas. Un día fatal atrae hacia sí su vieja escopeta de caza y accionándola con el dedo del pie se dispara un tiro, en el momento en que el joven Horacio, de dieciséis años, entraba en la habitación. El impacto moral sería imborrable. Tal vez como lenitivo, Horacio decide dedicarse a la literatura. Bajo la influencia de Leopoldo Lugones, Rubén Darío, Poe y Baudelaire, surgen sus primeros poemas. Cargados de fantasía nerviosa, sadomasoquismo, fetichismo y erotismo, sus paisanos se sintieron defraudados, pero este era sólo el comienzo de Quiroga. A los veinte años se enamora perdidamente de María Esther y desea casarse sin demora, pero el matrimonio no se concreta por la intervención, quizás

Días pasados los tribunales condenaron a Juan Carlos Bellamore a la pena de cinco años de prisión por robos cometidos en diversos bancos. Tengo alguna relación con Bellamore: es un muchacho delgado y grave, cuidadosamente vestido de negro. Lo creo tan incapaz de esas hazañas como de otra cualquiera que pida nervios finos. Sabía que era empleado eterno de bancos; varias veces se lo oí decir, y aun agregaba melancólicamente que su porvenir estaba cortado; jamás sería otra cosa. Sé además que si un empleado ha sido puntual y discreto, él es ciertamente Bellamore. Sin ser amigo suyo, lo estimaba, sintiendo su desgracia. Ayer de tarde comenté el caso en un grupo. —Sí —me dijeron—, le han condenado a cinco años. Yo lo conocía un poco; era bien callado. ¿Cómo no se me ocurrió que debía ser él? La denuncia fue a tiempo. —¿Qué cosa? —interrogué sorprendido. —La denuncia; fue denunciado. —En los últimos tiempos —agregó otro— había adelgazado mucho —y concluyó sentenciosamente—: Lo que es yo, no confío más en nadie. Cambié rápidamente de conversación. Pregunté si se conocía al denunciante. —Ayer se supo. Es Zaninski. Tenía grandes deseos de oír la historia de boca de Zaninski; primero, la anormalidad de la denuncia, falta en absoluto de interés personal; segundo, los medios de que se valió para el descubrimiento. ¿Cómo había sabido que era Bellamore? Este Zaninski es ruso, aunque fuera de su patria desde pequeño. Habla despacio y perfectamente el español, tan bien que hace un poco de daño esa perfección, con su ligero acento del norte. Tiene ojos azules y

En efecto. Todas las averiguaciones resultaron infructuosas. Cuentan que es raro. En esa época no sospechaba absolutamente de él. En la Ciudad Luz dilapida su herencia al punto de recurrir a la caridad para costearse el viaje de retorno. El nombre me chocó. me interesó la audacia del procedimiento: un subterráneo de tal longitud ha sido siempre cosa arriesgada. entre ellos. No le llega el éxito pero su vocación de escritor ya está decidida. en reunión. hecho altamente de notar. como empleado de la caja. hizo recriminaciones bancarias. Pasó el tiempo y todo se olvidó. El fatalismo se impone nuevamente cuando su entrañable amigo Federico Ferrando es retado a duelo por un miembro de un círculo literario rival al que había fundado Horacio —el Consistorio del Gay Saber — a su regreso de Montevideo. Ya de regreso publica su primer libro. Colabora en Caras y Caretas y en el cariñosos que suele fijar con una sonrisa dulce y mortificante. todas las mujeres de las que se enamoraría el escritor se llamarían María. Yo esperaba mi historia. . pregunté y supe que era Juan Carlos Bellamore. crucificado. coincidiendo con una fuerte entrada en caja. Bellamore. Zaninski estaba allí. Los arrecifes de coral. de su madre. y averigüé lo siguiente: El 1898 se cometió un robo en el Banco Alemán de San Pablo. pero nada resultó contra él ni contra nadie. —Cuando se cometió el robo en el Banco Francés — comentó Zaninski— yo volvía de Montevideo. Esa noche le hallé en una mesa de café. Bellamore tuvo un disgusto con el cajero. Saborea su primer éxito en 1905 con la novela Los perseguidos. Allí conoce a Rubén Darío.acertada. Es Leopoldo Lugones quien lo ayuda a superar este trance y le devuelve las ansias de consagrarse como escritor. surgió en la memoria de todos. fue especialmente interrogado. encuentra refugio en la casa de su hermana. pero esa primera coincidencia me abrió rumbo. Como a todos. Alboreaba el siglo XX cuando Quiroga viaja a París. yo acerqué un poco más la silla. Examiné escrupulosamente lo sabido referente al triple robo y fijé toda mi atención en estos tres datos: 1° La tarde anterior al robo de San Pablo. Con él viaja a las selvas misioneras en calidad de fotógrafo. Desde ese momento no dudé un instante de la culpabilidad de Bellamore. Bellamore. alguien. Conversaban sin ánimo. Me senté un poco alejado. Bellamore formaba parte del personal de la caja. Desde entonces. Lástima que en estos tiempos de sencilla estupidez no sepamos ya qué creer cuando nos dicen que un hombre es raro. preciso era que contara. en Buenos Aires. y Bellamore. dispuesto a oír prudentemente de lejos. Al fin se decidió. Sonaron algunos nombres de empleados comprometidos y. Acosado por la angustia. examinando el mal estado de un papel con que se pagó algo. en una misión de investigación arqueológica. Pero en abril del año pasado oí recordar incidentalmente el robo efectuado en 1900 en el Banco de Londres de Montevideo. Otro impacto imborrable para la mente atribulada del escritor sería la visión de la muerte de su amigo al dispararse la pistola cuando él mismo le estaba enseñando su manejo. Corría el año 1903 y desde entonces anidaría en él su anhelo por volver a la selva. en circunstancias tales que sólo un empleado familiar a la caja podía haberlo efectuado. que debía llegar forzosamente.

Se enamora de su alumna Ana María Cires. En el tercer caso. Bellamore. Estos tres rasgos eran para mí absolutos —tal vez arriesgados de sutileza en un ladrón de bajo fondo. con quien se casa y viaja a la selva misionera. sólo una persona que hubiera pasado la noche con el cajero podía haberle quitado la llave. argentino. pudo menos que nadie haber maniobrado en subterráneos esa accidentada noche. hay algunos detalles privados. Después de cuantiosos comentarios se disolvió el grupo. en suma. los tres rasgos sutiles de muchacho culto que va a robar. 3° La noche anterior al robo en el Banco Francés de Buenos Aires. desarrolladas en la siguiente forma: En el primer caso. Además de sus Cuentos de la selva. pero perfectamente lógicos en el fino Bellamore—. Al despedirme le dije . Zaninski concluyó. Al otro día mandé la denuncia. y las circunstancias consabidas. 2° También en la tarde anterior al robo de Montevideo. lo sitúan como uno de los cuentistas más destacados de Latinoamérica. contra todas sus costumbres. en donde construye una casa y nacen dos hijos. En su Decálogo del cuentista deja plasmadas sus ideas sobre el cuento como unidad emocional y apunta sus modelos: Poe. Bellamore estaba disgustado con el cajero casualmente esa tarde. pasó la noche en diferentes cafés. Bellamore había dicho que sólo robando podía hacerse hoy fortuna y agregó riendo que su víctima ocurrente era el banco del que formaba parte. encuentra consuelo en la educación de sus hijos y. Zaninski y yo seguimos juntos por la misma calle. Así. Bellamore hizo todo lo posible por ser visto. modelaron una prosa amplia y sobria que se aplica a describir la conducta de hombres y animales con un criterio estético que se abre a los matices psicológicos. las obras Historia de un amor turbio (1908). la triple fatal coincidencia. Bellamore. era el autor del triple robo efectuado en el Banco Alemán de San Pablo. Kipling y Chéjov. dada la amistad que los unía y. En el segundo caso. El desierto (1924). Anaconda (1921).suplemento literario del diario La Nación. en 1918. sobre todo. En 1906 ejerce como profesor de literatura en una escuela. El salvaje (1919). y el sino fantástico y siniestro de su vida. la placidez de carácter de Bellamore. como para que se recordara bien que él. me dieron la completa convicción de que Juan Carlos Bellamore. Fuera de esto. pues. Ahora bien. el de Londres y Río de la Plata de Montevideo y el Francés de Buenos Aires. de más peso normal que los anteriores. Pasado amor (1929) y El más allá (1935). No hablábamos. Bajo el influjo de la apabullante suegra que los había acompañado. ¿qué persona preparada para un robo cuenta el día anterior lo que va a hacer? Sería sencillamente estúpido. surgen los Cuentos de la selva. de locura y de muerte (1918). de veintiocho años de edad. Los desterrados (1926). los enfados conyugales se hacen cada vez más frecuentes y el infortunio regresa con el suicidio de su esposa. Cuentos de amor. El escritor regresa a Buenos Aires. La huella de estos maestros en Quiroga. Maupassant. su espíritu torturado y sensible. muy alegre. exhibiéndose. estos tres datos eran para mí tres pruebas al revés.

—No sé. con quien también se había trasladado a la selva con documentación válida para ejercer funciones consulares. cinco años es bastante.. de repente. —¡Pero ésas no son pruebas! ¡Eso es una locura! — agregué con calor—. compañera de colegio de su hija. el escritor regresó a Buenos Aires.. Al rato murmuró: —Debe ser así. desahogándome: —¿Pero usted cree que Bellamore haya sido condenado por las pruebas de su denuncia? Zaninski me miró fijamente con sus ojos cariñosos.. Me di vuelta de golpe hacia él. ¡Eso no basta para condenar a un hombre! No me contestó. esta vez con María Elena Bravo. —Se le escapó de pronto—: A usted se le puede decir todo: estoy completamente convencido de la inocencia de Bellamore. silbando al aire. Ante la perpectiva de una enfermedad incurable.. es posible. —Era demasiada coincidencia —concluyó con el gesto cansado . mirándonos en los ojos. Horacio Quiroga se suicida con una ingesta de cianuro el 19 de febrero de 1937.Luego del fracaso de un segundo matrimonio.

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