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Método Dalcroze

Las principales ideas del método Dalcroze son:


Los rasgos sobre los que el profesor construye su clase: la escucha, la práctica y la
improvisación.

• Escucha: Jaques-Dalcroze encontró maneras de hacer que los niños


fueran comprendiendo la música gracias a su audición en la clase
teórica.
• Practica: La teoría sigue a la práctica. Una serie de ejercicios, que
van desde lo que el niño conoce a lo que no conoce, lleva a los
alumnos a comprender teóricamente un concepto gracias a haberlo
escuchado y experimentado previamente.
• Improvisación: en un primer nivel, es el profesor el que improvisa en
clase a través del piano. En un segundo nivel, los estudiantes
improvisan con el movimiento, con la canción y con los instrumentos.

Características:
Esta habilidad de manipular conceptos a través de la improvisación en lugar
de repetir información memorizando, lleva a la verdadera comprensión.
Además, la observación de la improvisación permite al profesor ver qué es lo
que el niño ha interiorizado y qué debe seguir trabajando.

El inconveniente de este método se presenta para aquellos que quieran


"resultados rápidos". El método Dalcroze tiene profundos efectos en la
interpretación musical, pero no está orientado a ofrecer resultados visibles a
corto plazo.

Ireneu Segarra

La idea principal del método Ireneu Segarra es que:


Está pensado principalmente para ser aplicado en escuelas de música
especializadas, aunque también puede darse en escuelas normales, siempre
y cuando le dediquen a la música un tiempo diario. Consta de 8 cursos.

Características:
La canción es la base del método, como en el método Kodály. Se empieza
por canciones populares sencillas, pero se llega a canciones extranjeras más
complicadas o de otras épocas de la historia de la música.

Se da mucha importancia a la educación sensorial: experimentar antes que


asimilar. Se trabaja, pues, la educación rítmico-motora y del oído para
desarrollar el sentido musical de los niños y preparar el camino para futuros
aprendizajes. El aspecto rítmico se basa en el trabajo motor que permite
obtener una buena coordinación y una independencia de movimientos, tanto
individuales como en grupo. En el aspecto melódico se prepara el oído para
captar el sentido ascendente o descendente, la relación de las frases, etc.
También se concede gran importancia a las audiciones, que amplían el
horizonte de conocimiento de la música y ayudan a adquirir el hábito de
escuchar.

Método Kodály

Las principales ideas de Zoltan Kodály son:


La música es una necesidad primaria de la vida.
Sólo la música de la mejor calidad es buena para la educación de los niños.
La educación musical empieza nueve meses antes del nacimiento del niño.
La instrucción musical debe ser una parte de la educación general.
El oído, el ojo, la mano, y el corazón deben ser educados a la vez.
Características:
Se trabaja mucho con la canción. La coral sirve para convertir el aprendizaje
de la música en algo útil y práctico para el niño. Kodály cree que el mejor
sistema para desarrollar las aptitudes musicales es la voz, que es el
instrumento más accesible a todos.

Se enseña música a través de las canciones por una razón: las canciones
infantiles acostumbran a utilizar las mismas notas, los mismos ritmos, etc. Así,
el niño se acostumbra a escuchar esas notas, esos ritmos y, en consecuencia,
parte de la práctica para llegar después a la teoría.

En este método se trabaja principalmente con la música tradicional del país


natal del niño, pretendiendo que su aprendizaje sea paralelo al aprendizaje de
la lengua materna del niño. Sólo cuando el niño domine esta música podrá
introducirse material extranjero.

En el aprendizaje del instrumento se tocan las mismas piezas que se han


aprendido cantando. A la vez, se tiene muy en cuenta el aspecto social de la
música, dejando que el niño toque con sus compañeros, con el profesor, etc.

El inconveniente que tiene este método es que las canciones con las que se
aprende son muy básicas y sencillas. Por eso, si nos decidimos por este
método, es muy importante que el niño empiece a estudiar música de bien
pequeñito. Si nuestro hijo ya tiene 11 años no querrá cantar "Cinco lobitos",
pero si se lo podemos pedir a un niño de 3 años, estará encantado

Método Orff

Características:
Con el método de Carl Orff se pretende enseñar los elementos musicales en
su estado más primitivo. Los instrumentos utilizados en este método no
requieren una técnica especial (como el violín o el piano). Así, hablamos de
pies, manos, etc., o instrumentos básicos como el tambor o el triángulo. Se
basa en los juegos de los niños y en aquello que el niño comprende y utiliza
normalmente.
El método está muy relacionado con el lenguaje, ya que los ritmos se trabajan
muchas veces con palabras. De ahí se deduce que también las palabras se
pueden trabajar con los ritmos, y por lo tanto encontramos en este método una
gran ayuda para el habla de nuestro hijo.

Se trabaja también con canciones populares, como hemos visto en el método


Kodály, para que el niño practique con los elementos musicales más sencillos
y pueda pasar después a aprender la teoría.

Un aspecto muy desarrollado por el método Orff es el del movimiento, pero se


trata de un movimiento corporal básico, no de ballet. Así, estamos hablando de
caminar, saltar o trotar al ritmo de la música.

Método Suzuki

La idea principal del método Suzuki es que:


Basa su filosofía en la creencia de que todos los niños tienen talento para
hacer aquello que se propongan. Si todos los niños son capaces de aprender
correctamente su lengua materna, también son capaces de aprender el
lenguaje musical.

Con este método, los niños empiezan a hacer música con 2-3 años. Se les
pone música para escuchar, se les da un instrumento para investigar, para
descubrir y cuando consiguen hacer un pequeño paso para imitar un sonido,
se les motiva a continuar por ese camino.

Características: El método Suzuki concede una gran importancia al papel de


los padres en el aprendizaje de su hijo. De hecho, se pide que cuando el niño
es muy pequeño, el padre o la madre estén en clase con su hijo y el profesor,
formando de esta manera el llamado "Triángulo Suzuki".

Este método nos pide una dedicación continua y sistemática. Un alumno que
empieza debería tocar cada día acompañado de uno de sus padres durante 10
minutos aproximadamente.

El niño sigue dos tipos de lecciones: una individual y otra en grupo. En la


lección individual se trabajan los elementos técnicos como la postura del
cuerpo, el movimiento del arco (en los instrumentos de cuerda, como el violín o
el violonchelo), la colocación de las manos (sobre el piano, sobre el violín,...).
En las clases de grupo, el niño comparte la música con los otros niños,
reforzando todo aquello que ha aprendido en la clase individual.

Las canciones y obras que los niños aprenden con el método Suzuki son muy
atractivas, de forma que motivan al niño a aprender otras nuevas y así avanzar
hacia obras más difíciles.

El método Suzuki: ningún niño sin música


Mi hijo de tres años es un saco de nervios. No puede estar más de cinco
minutos en un mismo sitio, es incapaz de concentrarse en una actividad
más de 30 segundos, todo lo toca, todo lo mueve... ¿Realmente es posible
que aprenda a tocar el violín? Definitivamente, sí. Existe un método según
el cual "todos los niños tienen talento". Se llama método Suzuki y
contribuye a reforzar la perseverancia y el afán de superación de tu hijo.

El método Suzuki fue creado por Shinichi Suzuki con un lema muy
concreto:
¡Todos los niños tienen talento!

Esto no siempre lo tenemos presente cuando vemos las notas de


nuestros hijos. Cuando suspenden la asignatura de música pensamos que no
han nacido para cantar o tocar un instrumento y les privamos de la multitud de
beneficios que ofrece la música (los niños y la música). Pero quizá nos
estemos equivocando. Quizá es que no lo están aprendiendo con el mejor
sistema de enseñanza.

El Sr. Suzuki se dio cuenta de que todos los niños del mundo, aunque no
sacaran buenas notas en la escuela, hablaban su lengua materna con gran
fluidez. Hablar y expresarse requiere una gran habilidad.

Por lo tanto, ¿por qué un niño que habla correctamente su lengua no es capaz
de seguir ciertas asignaturas de la escuela? La respuesta para él es muy
sencilla: porque su capacidad no ha sido desarrollada a pleno rendimiento.

Desde aquel día, el Sr. Suzuki comenzó a analizar el proceso de aquel


"Método de la Lengua Materna", tal como lo denominó. Y se dio cuenta de
que cuando un niño aprende una lengua, se siguen siempre unas pautas:

• El niño se va acostumbrando a los sonidos del lenguaje por medio


del ambiente que le rodea (oye hablar a sus padres, a sus abuelos, etc.).

• Este método nos pide una dedicación continua y sistemática. Un


alumno que empieza debería tocar cada día acompañado de uno de sus
padres durante 10 minutos aproximadamente. A medida que se hace
mayor y se amplia su dominio musical, aumentará su

• Los padres intentan que aprenda palabras por medio de la repetición


constante (por ejemplo "mamá", y "papá").

• Cuando el niño empieza a hablar, los padres reaccionan ilusionados,


valorando todo pequeño progreso.

• A medida que el niño va hablando más y más, lo va haciendo mejor,


con construcciones correctas y con la pronunciación cada vez más
perfecta.
De hecho, estas pautas son comunes en el aprendizaje primario de
cualquier persona:

• Tener un ejemplo: un modelo para imitar.

• Tener la oportunidad: frecuencia y tiempo para practicar.

• Obtener reconocimiento: para motivarle.

• Repetir: para perfeccionar y mejorar.

Solo hace falta llevar este método a la enseñanza de otras habilidades


diferentes a hablar, como la música. Y esto es justamente lo que hacen los
profesores del método Suzuki. Este método se asocia con la educación
primaria.

Los niños empiezan a hacer música con 2-3 años. Desde muy pequeño, el
niño está rodeado de estímulos musicales que le van motivando a hacer
música. Se le ofrece música para escuchar, se le da un instrumento para
investigar, para descubrir y cuando consigue hacer un pequeño paso para
imitar un sonido o un ritmo, se le motiva a continuar por este camino. De esta
manera le vamos animando, igual que cuando está aprendiendo a hablar, para
que siga mejorando cada día un poco más.

¿Cómo se trabaja con este método?

• El método Suzuki concede una gran importancia al papel de los


padres en el aprendizaje de su hijo. De hecho, se pide que cuando el
niño es muy pequeño, el padre o la madre estén en clase con su hijo y el
profesor, formando de esta manera el llamado "Triángulo Suzuki". Esto
es así porque nosotros, como padres, debemos motivar constantemente
a nuestros hijos.

Este método nos pide una dedicación continua y sistemática. Un alumno


que empieza debería tocar cada día acompañado de uno de sus padres
durante 10 minutos aproximadamente. A medida que se hace mayor y se
amplia su dominio musical, aumentará su capacidad de concentración y
estará preparado para dedicar más tiempo a unas piezas cada vez más
difíciles.

Nosotros somos indispensables en el proceso de aprendizaje de nuestro


hijo, tanto en clase como en casa.

• El niño sigue dos tipos de lecciones: la individual y la grupal. En la


lección individual se trabajan elementos específicos para hacerlos lo
más fáciles posible. Por ejemplo, se trabaja la postura del cuerpo, el
movimiento del arco (en los instrumentos de cuerda, como el violín o el
violonchelo), la colocación de las manos (sobre el piano, sobre el
violín,...).
En las clases de grupo, el niño puede compartir la música con los
otros niños, reforzando todo aquello que ha aprendido en la clase
individual. Aprende a tocar junto con otras personas, actividad que le
obliga a desarrollar estrategias diferentes a las utilizadas el la clase
individual, por ejemplo, escuchar qué hacen los otros, seguir el ritmo de
los demás, tocar más fuerte o más flojo según lo hace el grupo, etc..
A parte de esto, los beneficios sociales de las clases en grupo
(pasárselo bien con sus compañeros, recibir la valoración de los otros)
son un gran estímulo para practicar más en casa. De esto podemos
deducir que animarlo a compartir lo que sabe hacer con sus hermanos,
abuelos,amigos… puede ser motivo de orgullo para él, siempre que
contemos con su aprobación.

• Con el método Suzuki se trabaja escuchando primero la pieza que se


tiene que tocar. De esta manera el alumno ya tiene una idea previa de
cómo tiene que sonar la pieza antes de tocarla. Podemos ayudarle
haciendo que escuche música a menudo, por ejemplo, mientras le
llevamos en coche o cantando por la casa la canción que él está
estudiando en aquel momento.

• Las canciones y obras que los niños aprenden con el método Suzuki son
muy atractivas, de forma que motivan al niño a aprender otras nuevas
y así avanzar hacia obras más difíciles

Anna Garí Campos

La música como terapia

Desde que tu hijo era muy pequeño observas que reacciona a los ritmos
alegres, melancólicos o machacones de la música. Y, por increíble que
parezca, esta forma de expresión puede mejorar la salud física y mental
de los niños con problemas. ¿Has oído hablar de la musicoterapia?
Muchos profesionales se han decidido por este tratamiento para ayudar a
niños con retrasos u otro tipo de dificultades.

La musicoterapia es un tipo de terapia que consiste en utilizar la música


para mejorar y mantener la salud, tanto física como mental. El
musicoterapeuta se sirve de la música como fuente de comunicación para
conseguir aquellos objetivos que se fijaron previamente al hacer el diagnóstico.

Las aplicaciones de la musicoterapia son diversas.

• También se utiliza en niños hiperactivos, depresivos, agresivos y es


muy útil en el tratamiento de niños autistas para vencer su aislamiento
y modificar pautas de comportamiento. Los niños disminuidos psíquicos
mejoran también su conducta y su capacidad de relación con los otros
gracias a la musicoterapia. Respecto a los niños con disminuciones
físicas, la musicoterapia sirve para superar la no-aceptación de su
discapacidad y de su diferencia respecto a los otros.

• Dentro de la medicina general se aplica en el tratamiento contra el


dolor, en intervenciones y en todo tipo de enfermedades o
situaciones que exigen un soporte psicológico del niño. En los hospitales
de Estados Unidos es normal ver un musicoterapeuta responsable de
tranquilizar al niño antes y después de una operación o de hacerle
olvidar el dolor que siente por una enfermedad.

• Podemos plantearnos llevar a nuestro hijo a un musicoterapeuta si


queremos que se exprese y se comunique con libertad y fluidez

• que se siente solo puede expresarlo cantando una canción triste en la


que se habla de alguien que está solo o de alguien que tiene
sentimientos parecidos a él.
• En una sesión colectiva de musicoterapia conseguiremos que nuestro
hijo mejore su relación con los otros niños de la escuela. La música,
cuando se hace en grupo, consigue entrar en cada uno de los miembros
y eso crea un clima emocional que permite expresarse y relacionarse
con sinceridad y plenitud. Cuando él consigue relacionarse
positivamente con los demás compañeros que hacen musicoterapia
se da cuenta de que puede hacer lo mismo con otros niños cuando sale
de la sesión porque ha aprendido nuevas maneras de hacerlo.

• Con el tratamiento con musicoterapia el niño desarrolla el


conocimiento de sí mismo. Se da cuenta de sus defectos y de sus
virtudes respecto a los demás. Se da cuenta de cómo y en qué es
diferente de los otros y de que esto no tiene porqué ser negativo.
Además, el niño obtiene a menudo experiencias gratificantes que le
ayudan a configurar su personalidad.

• Uno de los campos en el que la musicoterapia parece ser muy


prometedora es el de los trastornos del lenguaje. Por ejemplo, niños que
tienen problemas de lenguaje debido a un accidente que ha afectado
esta función y no pueden hablar son capaces de cantar las palabras de
una canción que recuerdan o que están aprendiendo.

• Es útil en niños que tienen problemas para situarse en el espacio y el


tiempo ya que les permite asimilar estos conceptos de forma práctica.
Además, la musicoterapia se puede aplicar desde que el niño es muy
pequeño ya que la música es accesible a todo el mundo gracias a su
sencilla estructura.
No debemos pensar, no obstante, que la música por sí sola es terapéutica. La
música es el elemento que se utiliza para facilitar el cambio terapéutico.
Así pues, cuando la música se utiliza en terapia, ésta hace el papel de guía, de
facilitadora o de puente que lleva al niño a un contacto terapéutico.

Cuando decidimos llevar a nuestro hijo a una sesión de musicoterapia,


debemos tener en cuenta que ésta puede ser básicamente de dos tipos:

• Activa:exige una participación muy directa del niño en la actividad


que se realiza. El niño actúa musicalmente por medio de su cuerpo, de
los instrumentos musicales y de la voz. Se establece de esta manera un
diálogo entre él y el terapeuta o entre él y el grupo, si se trata de una
sesión colectiva, en el cual la expresión y la creación van dejando salir
todas aquellas emociones que antes el niño no podía expresar.

• Receptiva: consiste en que el niño proyecte sentimientos,


vivencias, etc. mientras escucha una música. Por tanto, se trata de
inducir a través de la música diferentes estados de ánimo o situaciones

El musicoterapeuta trabaja a menudo en contacto con un psicólogo, ya


que la musicoterapia facilita la expresión de sentimientos reprimidos que en
otra ocasión el niño no hubiera llegado a expresar. Esto es debido a que quizá
el niño se encuentre incómodo cuando el psicólogo le hace hablar de temas
que él quiere esconder, pero la musicoterapia le arrastra a un clima en el que
se llega a sentir muy cómodo y por lo tanto le ayuda a expresarse.

Pero esto no quiere decir que cuando el niño consigue expresar una emoción
en la terapia ya puede expresarla a todo el mundo. Quizá con nosotros todavía
es reacio a hablar de ciertos temas, y en consecuencia debemos dejar tiempo
a que la terapia haga su efecto y nuestro hijo sea capaz de llevar aquellos
sentimientos fuera de la sesión. Preguntarle por lo que ha pasado dentro del
aula puede resultarle incómodo y ser contraproducente en el proceso
terapéutico. En cambio, nosotros podemos ser muy útiles comentando nuestras
inquietudes con el musicoterapeuta y dándole información de los cambios que
vemos en el niño.

Un libro muy adecuado para aquellos padres preocupados por la problemática


de su hijo es: "Introducción a la Musicoterapia" de Davis y colaboradores. En el
libro hay un apartado que habla de la musicoterapia en el campo educativo,
muy indicado para padres que quieren saber cómo la musicoterapia puede
ayudar a su hijo en la escuela.

Así pues, cuando llevamos a nuestro hijo a hacer musicoterapia estamos


escogiendo una opción diferente y muy recomendable. Actualmente,
muchos centros psicopedagógicos están introducidendo la figura del
musicoterapeuta como un integrante más del equipo terapéutico, para
todos aquellos casos en los que la terapia convencional no consigue los
objetivos terapéuticos que se habían establecido

Anna Garí Campos


Psicóloga clínica

Aprender cantando
Todos recordamos canciones de nuestra infancia, aquélla que nos
cantaba nuestra madre o la que aprendimos en el colegio. Nuestros hijos
también necesitan aprender canciones, y no sólo porque sean bonitas o
divertidas, sino también para mejorar intelectual, emocional y físicamente.
A veces utilizamos las canciones para que nuestro hijo no se aburra, pero
seguramente ni nos damos cuenta de todo lo que estamos aportando.

La canción, además de ser uno de los recursos lúdicos que tenemos más
a mano y disponible en cualquier momento, es un importante instrumento
educativo. Puede utilizarse para conseguir distintos objetivos, pero siempre,
siempre, hace que el camino para llegar hasta ellos sea un camino fácil y
divertido de andar

• Desarrolla el oído musical de nuestro hijo, lo que facilita su


introducción al mundo de la música y le ayuda a reconocer y distinguir
los distintos sonidos que nos acompañan en nuestra vida cotidiana. Hay
canciones, sobre todo dirigidas a los más pequeños, en las que
aparecen onomatopeyas o sonidos conocidos por el niño; cantar este
tipo de canciones les ayuda a identificar estos sonidos cuando aparecen
en contexto. Por ejemplo, canciones en las que se habla de un
despertador (tic-tac, tic-tac, ¡RIIIIIING!) o de un tren (PIIII-PIIIII, chucu-
chucu-chucu...).

• Favorece la expresión artística. A menudo podemos ver, en las clases


de niños de 5 o 6 años, una pared llena de dibujos elaborados a partir de
las audiciones de las canciones y en los que se reflejan elementos o
motivos que aparecen en las letras. La canción Tengo una muñeca o
Barquito chiquitito son ejemplos de canciones que se pueden emplear
con esta finalidad.

• Ayuda a anticipar, organizar y sincronizar el movimiento. Bailar, dar


palmas o caminar al ritmo de una canción son actividades que trabajan
ritmo y movimiento conjuntamente.

• Acompañar el canto con algún instrumento ayuda a la estimulación


del tacto, ya que no todos los instrumentos se tocan de igual manera ni
dejan la misma sensación en las manos. Resulta divertido y
enriquecedor seguir el compás de una canción con un triángulo, un
xilófono o una pandereta.
• Desarrolla la imaginación y la capacidad creativa. Canciones como
Carrascal o Muriéndose de risa ofrecen elementos suficientes para
desarrollar la imaginación y la capacidad creativa de nuestro hijo. Son un
tipo de canciones que, igual que algunas otras, ofrecen la posibilidad de
ir añadiendo estrofas. Es entretenido y divertido cambiar la letra de una
canción o inventarse estrofas haciendo referencia a nuestra casa, a lo
que hacemos cada día o a nosotros mismos.

• Refuerza la memoria. Un aspecto muy importante que trabajan las


canciones es la memoria; algunas estructuras lingüísticas se fijan más
fácilmente en la memoria acompañadas de música. Un claro ejemplo de
esto es la forma en que muchos aprendíamos las tablas de multiplicar,
¿cuántos no recordamos la entonación que acompañaba a la tabla?

• Ayuda en el tratamiento de los problemas de lenguaje. Algunos


niños tienen problemas de pronunciación u otro tipo de problemas o
retrasos en el aprendizaje del lenguaje. Gracias a las canciones, el niño
trabaja sus dificultades sin que esto suponga un gran esfuerzo para él.
Imaginemos un niño con problemas de pronunciación de la 'jota';
podríamos utilizar alguna canción como En el balcón de palacio, por sus
repetidos "ji-ji, ja-ja", para trabajar ese fonema.

• Ayuda a exteriorizar las emociones. Una canción nos permite llegar


hasta el corazón de nuestros hijos. A veces podemos adivinar su estado
de ánimo oyendo las canciones que escoje espontáneamente. La
musicoterapia trabaja mucho en este sentido, no sólo para hacer un
diagnóstico del niño sino también para tratar de mejorar su estado
emocional con la ayuda de la música y las canciones.

• Facilita las relaciones sociales con los demás. Gracias al canto coral,
es decir, a cantar con otros niños, nuestro hijo aprende a relacionarse
con sus compañeros. En ocasiones podemos ver cómo los niños cantan
juntos una canción o se enseñan las estrofas que se saben, etc. ¿Qué
decir de las innumerables canciones que llegamos a cantar a coro en
cada excursión?

No debemos olvidar que las canciones populares son una valiosa fuente
de aspectos culturales. Con ello queremos decir que enseñar una canción a
un niño es mostrarle un elemento más de la sociedad en la que vive, y por lo
tanto le ayuda a integrarse mejor en ella. Hay muchas canciones que
pertenecen a una fiesta o tradición concreta del año, por ejemplo los villancicos
de Navidad. Cantar estas canciones se convierte en un referente cultural
muy importante para el niño.

Animémonos, pues, a cantar; a recordar aquellas canciones que


cantábamos en nuestra infancia; a sentarnos con nuestro hijo y cantar las
canciones que ha aprendido en la escuela; en definitiva, a compartir un
espacio de música y alegría.
Anna Garí Campos
Psicóloga clínica

LAS PRINCIPALES METODOLOGÍAS MUSICALES ACTIVAS

Son muchos los grandes métodos de enseñanza musical que se han creado
en el siglo XX, que pueden aportarnos numerosos elementos positivos al
aprendizaje musical de los niños de Educación Primaria, pero adscribirnos a
uno de ellos con exclusividad puede traernos efectos contrarios.
En mi método de trabajo con los niños y niñas, incluyo aquellos elementos,
propuestas, formas de trabajar, técnicas…, que yo crea puedan adaptarse
mejor a mi realidad, y aquellos que mejor respondan a los objetivos que quiero
conseguir y desarrollar. De esta forma, para mí, todas estas metodologías son
válidas para enseñar Música (Dalcroze, Kodály, Willems, Martenot, Orff,
Ireneu Segarra, Luis Elizalde, Chevais, Ward…).

• Del método Dalcroze cojo ideas que me sirvan para que mis discípulos
vayan interiorizando el ritmo a través del movimiento por medio de
actividades como marchar a un tempo determinado marcado en el
pandero y a un golpe fuerte pararse, para luego retomar el mismo pulso
al volver a escuchar el golpe; seguir un tempo determinado
desplazándose por el espacio y a una determinada indicación hacerlo al
doble de velocidad, y ante otra indicación sonora hacerlo a la mitad;
caminar libres por el aula y al sonar una música adaptar sus pasos a
ella; para interiorizar los matices, al escuchar una música fuerte andar
con pisadas fuertes y al escuchar la música piano andar de cuclillas.

• Del método Kodály utilizo principalmente el uso de la escala


pentatónica, pero solamente como primera forma de relación entre los
sonidos. Y es que, la música popular andaluza utiliza en sus
composiciones la escala diatónica, pero y a pesar de esto, considero
que la pentafonía es la mejor manera de introducir a los alumnos/as en
el mundo de la entonación. Posteriormente, cuando los niños/as
dominen esta escala de cinco sonidos, incluyo las notas FA-SI, formado
de esta forma la escala diatónica, que es como digo la más extendida en
nuestra música popular. De esta manera, los dos primeros sonidos que
presentaré serán SOL-MI (que según Kodály y Orff son los más
sencillos, al ser los más naturales para el ser humano), para luego ir
presentando en este orden LA-DO-RE, y posteriormente FA-SI, todo
esto a través de un proceso debidamente secuencializado. En todo este
proceso de trabajo de la entonación utilizo también la fononimia o gestos
melódicos de Kodály. De este pedagogo también pongo en práctica sus
fonemas rítmicos (“Ta-a” para la blanca, “Ta” para la negra, “Ti-ti” para
las corcheas, “SS” para el silencio de negra...), para la facilitación del
aprendizaje de las figuras rítmicas.
• De Orff uso con mis alumnos/as muchas propuestas como, y al igual
que Kodály, la escala pentatónica como primera pauta de relación
sonora, pero además y siguiendo a Orff, utilizo esta relación sonora para
que acompañen sus canciones de forma sencilla improvisando en
pentatónico en los xilófonos y metalófonos. Y es que, en el primer ciclo,
y debido al progresivo dominio de la motricidad fina, acerco a los niños y
niñas a estos instrumentos facilitando lo más posible la labor como por
ejemplo quitando las placas que no se vayan a tocar. Así, estos me
sirven para que ellos experimenten sus primeros acompañamientos
como digo, bien improvisando en pentatónico, bien utilizando el bordón,
el pedal en la tónica o usando sencillos obstinatos. Pero antes que todo
esto, y según este pedagogo, mis discípulos/as ya habrán trabajado con
la pequeña percusión que siempre será previa a la utilización de las
placas. Otras propuestas de Orff que utilizo son el uso de las palabras
para la iniciación rítmica recitando nombres, rimas, poesías…, palabras
bisílabas llanas para el compás de 2/4, trisílabas esdrújulas para el ¾,
entonación de palabras empezando con la 3º menor SOL-MI, las
percusiones corporales o el movimiento y la danza.

• De Martenot uso principalmente su pedagogía de intercalar actividades


de reposo entre las actividades que exijan esfuerzos intensos. Y es que
para mí, el aprendizaje de la relajación por parte de mis alumnos/as,
considero que es una de las mejores enseñanzas que se les puede dar,
teniendo en cuenta la sociedad actual en la que vivimos. Para ello, en
todas y cada una de las sesiones de trabajo, incluyo actividades de
relajación en sus más variadas vertientes y formas, como desde una
simple audición de los sonidos de fuera del aula para luego comentarlos,
hasta una relajación segmentaria y progresiva basada en Jacobson.
También utilizo de este pedagogo otros elementos como marcar la altura
de las notas con la mano respecto al cuerpo, o para facilitar el
aprendizaje de las canciones, utilizar flechas para marcar la dirección
ascendente o descendente del sonido.