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GLOBALIZACIÓN Y TENDENCIAS ACTUALES DE INTEGRACIÓN ECONÖMICA REGIONAL

MULTILATERALES

Eudes Zambrano
Mérida-Venezuela
Tlf. 0414-7456065
E-mail: zambranoae4@hotmail.com

Resumen

Las transformaciones de la sofisticada economía mundial ha conectado a la gente y a las


economías a través de las fronteras resumidas en el extendido proceso de la globalización. Pero el
manejo provincial de las relaciones hemisféricas del libre comercio amenaza con socavar los
avances del capitalismo democrático. Una implicación espacial de la globalización es que no es un
proceso homogéneo. Todo lo contrario, es fuertemente heterogéneo y presenta elementos
contradictorios, donde el libre juego de las fuerzas del mercado conduce inexorablemente a la
intensificación de las desigualdades regionales. De esta forma, la progresiva mundialización de la
economía, requiere una nueva geografía política a escala del sistema internacional de Estados.
También existe creciente evidencia de que necesitamos nuevos conceptos y teorías para dar
cuenta de las nuevas realidades vinculadas a la organización espacial. Más allá del dominio de las
macrointerpretaciones referidas a los cambios en los modos de producción del sistema económico
mundial se extienden esas nuevas realidades que requieren nuevas construcciones conceptuales
ajustadas a la complejidad de las mismas. La nueva geografía económica ha proporcionado,
precisamente, conceptos claves que son utilizados para explicar esta (re)territorialización del
desarrollo. En las esferas del comercio internacional, también operan estos mecanismos de
aglomeración, y la falta de transparencia en los procesos negociadores en el marco de los grandes
actores del mercado mundial estaría modificando el mapa del tejido inter e intraregional del mismo.
Desde esta visión, este es el recorrido que se quiere esbozar en este trabajo, haciendo énfasis en
el contexto latinoamericano.

Palabras Claves: Globalización, comercio internacional, integración económica,


tendencias espaciales, mercado mundial.

INTRODUCCIÓN

La tónica dominante de los análisis del sistema económico mundial más divulgados cumple la
premisa del criterio “funcionalismo neoclásico”, orientada hacia el dualismo estructural: el sistema
capitalista basa su supervivencia y crecimiento en la continuidad de una relación de carácter
desigual(1).

Sin entrar en el presente trabajo en la consideración de orden teórico sobre la evolución de este
modelo de desarrollo económico, tal como viene siendo estudiado en la vasta literatura
especializada al respecto, incorporaremos en nuestra discusión los elementos manifiestos en la
medida en que pueden ser aprehendidos dentro de una visión global, como nacidos de procesos
mucho más densos, asociados a la naturaleza misma de la globalización.

Es claro que con la progresiva mundialización de la economía una implicación avasallante de dicho
proceso es el incremento de la brecha de desigualdad en el desarrollo económico de países o
regiones, caracterizada por el hecho de que mientras mayor sea la apertura comercial de un

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determinado país, menor será su concentración productiva regional, porque en la medida en que la
economía se vincula al mercado internacional, la demanda interna deviene menos importante
(Livas-Eliozondo y Krugman, citados por Moncayo Jiménez, 2003). Otra constatación interesante
es que, a nivel general, diferentes autores concuerdan en que el número de países en desarrollo,
como zona de recepción de la inversión directa internacional, tiende a reducirse, particularmente
en el último trienio de los noventa (Sánchez, citado por Pulido, 2004), o sea, con la globalización.

Nos encontramos ante esta realidad donde, en la medida en que los profundos procesos de
reestructuración a escala mundial son a la vez causa ( al menos parcialmente) y consecuencia de
las transformaciones en los espacios subnacionales, la atención que se presta a las tendencias
hacia la globalización es cada vez mayor. Pero, paradogicamente -observa Walfe, 1997; citado por
Moncayo Jiménez, 2003--, las nuevas teorías se focalizan en la importancia de los factores y
condiciones vinculados al territorio. Los geógrafos se han interesado por esas relaciones entre lo
local y lo global, a través de los vínculos teóricos que la geografía económica ha establecido con
algunas escuelas clásicas y poskeynesianas, junto con la marxista de la dirección racional y la
organizacional (esos desarrollos se pueden ver en Economic Geography, 1992; Scott, 1988;
Sheppard y Barnes, 1990 y otros, citados por Martín, 2004). Sin embargo, varias de esas
interpretaciones se han volcado en la forma de modelos de “época” o de “transición” (como en el
caso de los modelos del posfordismo, que son los más influyentes en la nueva estructura cognitiva
de la geografía económica), que tienen poco que decir actualmente acerca de la constitución
geográfica de las nuevas realidades a escala global, nacional, regional o local.

En este sentido, y a pesar de que la nueva geografía económica provee conceptos como
“aglomeración acumulativa”, “economías externas” y “ventajas comparativas” que son utilizados
para explicar, por ejemplo, la conversión de un área agrícola en un pujante polo de inversión
tecnológica; o la especialización regional de una determinada región industrial, una mejor
comprensión de los factores determinantes del comercio internacional –que para Kraugman (
citado por Moncayo Jiménez, 2003), es un caso especial de geografía económica- es necesaria.
Al margen del debate conceptual sobre la pertinencia o viabilidad de las políticas industriales o de
los modelos desarrollados por la geografía económica –que para Bonnet (2003), presentan un
perfil metodológico signado por un profundo determinismo-, la articulación en torno a un marco
teórico coherente desde el punto de vista geográfico, que incorpore las nuevas configuraciones no
sólo de la geografía del comercio sino también la geografía del capital-dinero, de la información, de
los servicios, de la producción, de las tecnologías, todas de igual importancia, se ha hecho
urgente. Para Ron Martín (2004), es particularmente notoria la ausencia de una estructura
analítico-geográfica convincente que articule diferentes escalas materiales y conceptuales, en
estos tiempos en los que la transnacionalización y la internacionalización desorganizan,
rápidamente, nuestras nociones convencionales de escala geográfica, y hacen cada vez más
ambigua la clasificación funcional del espacio económico mundial en sus diferentes niveles.

Esta es la lectura geográfica, de tipo exploratorio (referencias documentales, periodísticas e


información On line), que se quiere esbozar en este trabajo, cuyo objetivo fundamental es
presentar las tendencias territoriales actuales que se están generando en torno a las propuestas
de integración económica multilaterales en Latinoamérica y el mundo.

ANTECEDENTES

El sistema económico prevaleciente hasta la II Guerra Mundial era un sistema capitalista de


mercado centrado en la dimensión estatal y estrechamente regulado por los países desarrollados.
A partir de los mediados del decenio de los setenta, los objetivos que habían asegurado la defensa
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y mejoramiento de la rentabilidad, condujeron progresivamente a una desaceleración marcada de
la productividad, lo cual se traduce en una crisis del mecanismo de regulación monopólico que dio
lugar a un nuevo régimen con otros principios, conocido –bajo el ropaje de la escuela
regulacionista francesa (Alain Lipietz, Royer Boyer y Georges Benko)- como post-fordismo
(Moncayo Jiménez, 2003).

Uno de los cambios inmediatos (aunque también provisional), referido por Nubis Pulido (2004), ha
sido el de la transferencia de las actividades productivas hacia países con bajos salarios y débil
protección social. De esta manera, los EEUU dirigen sus inversiones hacia América Latina
(especialmente México) y el Sureste Asiático, la CEE hacia el Este Europeo, y el Japón hacia sus
áreas próximas. Esta estrategia, resalta la autora, aceleró la internacionalización de la producción
y de los mercados.

De esta forma, el modelo evoluciona hacia unas economías nacionales cada vez más abiertas,
sustentadas sobre las grandes empresas transnacionales (financieras y productivas), y la
actuación económica se realiza siguiendo un criterio de competitividad a nivel mundial, es decir, lo
que importa es la situación de las empresas con respecto a los mercados mundiales y no a nivel
de país y su demanda interna. Se pasa –o se quiere pasar-- de países con una coherencia
económica nacional a una economía competitiva a nivel mundial.

La globalización como fenómeno histórico-diacrónico surge en los años noventa, pero su eclosión
venía siendo gestada desde los años setenta –cuando el mundo capitalista vive profundas crisis--
y ochenta, como un proceso de transformaciones y ajustes económicos estructurales, impulsado
por las sociedades avanzadas, que llevan, a los países desarrollados, nada menos que a una
nueva revolución industrial y tecnológica (con el desarrollo de la informática, la ingeniería genética
y aeroespacial, aunque es en el sector de las finanzas y las comunicaciones donde la globalización
se ha hecho sentir más fuertemente). Mientras que, en los países en desarrollo, se aplica una
política de ajustes macroeconómicos, basada en la puesta en práctica de reformas neoliberales
guiadas por organismos internacionales como el FMI, el BM y el BID.

Desde esta perspectiva global, los criterios de rentabilidad de las firmas, competitividad y
eficiencia, orientan la distribución mundial de las inversiones y definen los lugares de su ubicación
y concentración espacial. Los niveles de inversión a su vez se relacionan con las tasas de
crecimiento, por lo que constituye un factor relevante en cualquier economía (Pulido, 2004), donde
el comando capital-dinero constituye una suerte de punta de lanza, de ariete, de la globalización
capitalista. Los restantes procesos de la globalización, considera Bonnet (2003), se desenvuelven
a partir de las condiciones de explotación y subordinación impuestas por este comando del capital-
dinero. Los canales a través de los cuales se produce esta interacción son, por ende, el comercio,
la tecnología, los flujos de capital y las condiciones políticas y sociales.

Vayamos ahora a nuestro ámbito con las peculiaridades propias que le son inherentes: los
procesos de apertura multilateralistas, y los procesos, aparentemente contradictorios, de
integración económica regionales. El proceso de integración económica es el conjunto de acciones
que buscan aproximar o unificar las economías de los países miembros. Tal proceso es fruto de
acuerdos internacionales que tienen por objetivo normar y acrecentar, a través de competencias
delegadas al plano supranacional, las relaciones económicas intra e interregionales. Así, los
organismos comunitarios multilaterales tienen facultades para legislar en ciertas materias de
manera común (arancelarias, comercio exterior, inversiones extranjeras, etc.) y con primacía frente
a las normas internas de los países miembros.

Antes de 1980 (Figura 1) sólo se tenían algunos ensayos de integración económica regional
en

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Europa (CEE) y en ciertas áreas de la periferia (CARICOM, MERCOMUN, ASEAN, CEPGL,
CEDEAO y la CAN). Consideremos asimismo los procesos de liberalización de los flujos de
inversión extranjera directa (IED) –mundializados desde el derrumbe de los regímenes
burocráticos del este-- y, en sentido inverso, de concentración de dichos flujos en los tres grandes
polos económicos mundiales.

Son por excelencia los flujos del capital-dinero, gracias a su privilegiada movilidad, los que
comandan estos procesos comerciales e inversores, donde el capital reconfigura de esta manera
su geografía de acumulación a escala del mercado mundial. En el cuadro 1, como se puede
observar, las inversiones más importantes, según las estadísticas de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Desarrollo y Comercio (UNCTAD), se dirigen hacia el grupo de países
desarrollados y ha venido en descenso para los países pobres –sin contar India y China--,
pasando en éstos últimos de representar un 1.1% del total en 1990 al 0.03% en 1998 (BM, 2000;
citado por Nogué Font y Rufí, 2001) y vuelve a decrecer para el 2001.

Figura 1: Acuerdos de Integración Económica Regional Interestatales Antes de 1980

Cuadro 1: Afluencia de la Inversión Extranjera Directa (por grupo de países)

GRUPO DE (Inversiones Directas Extranjeras en millones de dólares)


PAÍSES AÑOS: 1998 1999 2000 2001
Mundo Flujos 694457 1088263 1491934 735146
Países Flujos
Desarrollados 484239 837761 1227476 503144
Países Flujos
En Desarrollo 187611 225140 237894 204801
Europa Flujos
Central y 22607 25362 26564 27201
Oriental
Fuente: UNCTAD. “World Investment Report 2002” [On line] http://www.unctad.org/statistic

Venezuela, a pesar de presentar una evidente ventaja competitiva por ser un país exportador de
petróleo, no aparece en la lista de los países en desarrollo de la UNCTAD (Cuadro 2), referido a

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las diez principales economías receptoras de la IED, pues la misma se sitúa por debajo de los
cuatro mil millones de dólares (para el mismo año). Esto demuestra que ya no es suficiente en los
tiempos actuales, disponer de una ventaja competitiva específica, aunque ella sea fuerte en
apariencia, lo cual explicaría la exclusión factual de la mayor parte de los países en vías de
desarrollo.

Cuadro 2: Las Diez Principales Economías en Desarrollo


Receptoras de la Inversión Extranjera Directa (en millones de dólares)
AÑO 2001

China Hong Brasil Ber-


Países México Kong muda.
(China)
IED 46846 24731 22834 22457 9859
Polo- Singa- Sura- Repú.
Países nia. pur. frica. Chile Checa

IED 8830 8609 6653 5508 4916

Fuente:UNCTAD.“World Invesment Report 2002”

. (On line) http://www. unctad.org/statistic

Consideremos otro ejemplo: la Organización Mundial de Comercio (OMC). Desde la creación en


1995 de éste sistema multilateral de comercio se pretendió como fundamento de un desarrollo
humano sustentable, particularmente su liberalización. No obstante, la exigencia de reciprocidad
en el cumplimiento de muchas de las normas acordadas ignoró las
grandes diferencias existentes entre las economías vinculadas al sistema multilateral y los
diferentes niveles de desarrollo (Citizen, 2003). Las grandes corporaciones transnacionales son su
auténtico protagonista: un pequeño grupo de transnacionales, las cien principales, controlan
alrededor de 1/3 de la IED y explican 1/4 del comercio mundial, participación que aumenta
significativamente si nos restringimos a los sectores más dinámicos de la acumulación capitalista
(Bonnet, 2003.).

Venezuela ha adoptado una política exterior de corte antineoliberal en los últimos cinco años,
planteando en el marco de la ronda de reuniones de la OMC-2003 la necesidad de no adoptar
nuevos compromisos hasta no resolverse la extensa y variada gama de asuntos pendientes,
fundamentalmente los que afectan a los países en desarrollo, pues siguen existiendo mecanismos
informales –como las reuniones miniministeriales (a puerta cerrada)- poco transparentes en el
proceso de negociaciones a través de las cuales, generalmente, terminan imponiéndose los
intereses de las grandes potencias. No obstante, hay que destacar que en la última Reunión en
Consejo General, instancia suprema de la OMC, los 147 países miembros firmaron un acuerdo
que relanza las negociaciones y estipula un compromiso de marco global (agricultura, industria y
servicios) y otros pactos (OMC, 2004).

En resumen, detrás de todos estos procesos que hemos referido, se encuentra, naturalmente, el
capital productivo y un sistema, el global, más diversificado, pero también con más desigualdades
que el precedente.

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Datos actualizados de la misma fuente (UNCTAD) se pueden observar en el Gráfico 1, en relación
con la IED en el mundo.
Gráfico 1: Las Inversiones Internacionales
AÑO 2003

Fuente: Frontera, 23-09-2004; p. 1a.

TENDENCIAS ACTUALES

La constatación hacia mediados de los años noventa de que sólo unos pocos países de los que
adoptaron las políticas “correctas” –relativas a los procesos de liberalización comercial- estaban
logrando resultados positivos, surgió en América Latina un nuevo interés por la productividad y
eficiencias productivas, esta vez bajo el concepto de competitividad, desarrollado en el decenio de
los ochenta en los EEUU.

En cierto modo, el concepto de competitividad está asociado al desarrollo endógeno, el cual pone
de relevancia los procesos espaciales auto-organizados, y constituyen la propuesta en boga para
atender el despliegue de las potencialidades de una sociedad frente al discurso del desarrollo
anclado en la globalización y su pretendida homogeneización del conocimiento y la tecnología.
Pero, en verdad, se trata de fortalecer las competencias de las localidades no para insertarlas en
los procesos del mercado global, sino para generar y escalar las dinámicas de intercambio a
niveles que sean manejables.

Para lograr una competitividad en términos de crecimiento económico exógeno e interno, el Estado
no debe limitarse a aplicar sólo políticas transversales sino también selectivas. Al igual que el éxito
del Sudeste Asiático, cuyo fenómeno, cada vez se reconoce más, fue impulsado por el papel que
jugó el Estado, aplicando una mezcla de políticas diversas y flexibles, liderando el mercado,
ofreciendo incentivos para impulsar sectores escogidos (Moncayo Jiménez, 2003), la
recomendación de la CEPAL (2002) concede un lugar destacado al papel que puede jugar la
integración económica regional en la potenciación de tales estrategias, y aboga por el apoyo
internacional en América Latina. Las políticas de competitividad buscan fundamentalmente “nivelar
el campo de juego” mediante la corrección de fallas de mercado claramente identificadas y el
apoyo no sólo a la industria en general, sino al sistema económico global, a través del
mejoramiento de la operación de los mercados para sus factores productivos.
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La globalización hace que la atractividad de las áreas sea cada vez más global, pero también más
estrecha cuando los países de un cierto espacio regional aprovechan esa vinculación espacial y/o
cercana. Esta circunstancia, combinada con una revalorización de las competencias territoriales
del desarrollo, ha inducido a la aparición desde los años noventa de una nueva gama de políticas
regionales de integración económica neoliberales (Figura 2). Los casos más relevantes, el ALCA
(en conformación) y la UE, se explican a través de ésta dinámica global de reorganización y
relocalización de la producción orientadas por esas ventajas competitivas fronterizas. Así, en el
primer caso, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés),
el canadiense Vincent Dagehalis (2004) alega que del 40% del PBI exportable de Canadá, el 85%
del comercio es con EE UU; el 50% del capital industrial es estadounidense y las dos tercera
partes de los inversionistas son de ese país. Sin embargo, señala también que en el nivel de la
democracia formal ningún acuerdo acompaña al NAFTA, todo lo que se realiza en su marco es
secreto y los funcionarios que lo acuerdan no son imputables a organismos institucionales, el
proceso político de toma de decisiones es expulsado fuera del espacio público y las Asambleas
Legislativas quedan obsoletas (2).

En el caso de la UE, influyó la integración productiva inicial en torno a las industrias del carbón y el
acero de Europa Occidental (CECA, conformada en 1951 por Bélgica, Alemania Federal,
Luxemburgo, Francia, Italia y los Países Bajos)), la cual tuvo tanto éxito que en breve tiempo estos
países decidieron avanzar e integrar otros sectores de sus economías, creando la Comunidad
Económica Europea (CEE) que, para 1992 (Tratado de Maastrincht), introduce nuevas formas de
cooperación en las áreas de defensa y en justicia interior. Esto permitió la integración económica y
política que dio lugar a la “Unión Europea”, conformada por 25 países actualmente (UE, 2004).

Figura 2: Bloques Regionales de Integración Económica Multilaterales (Después de 1980)

En América Latina, los ensayos integracionistas están generando una dinámica, que cambia la
geografía económica y comercial de la región. Los bloques regionales existentes en Latinoamérica
están conformando alianzas interbloques (CAN-MERCOSUR) e inter-regionales (ASEAN-
MERCOSUR). Por otra parte, la propuesta de creación del Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) –liderizada por los EEUU-, acordada en la Cumbre de las Américas (1994) por
los presidentes de 34 países, con el propósito de conformar un área de libre comercio en todo el
continente que favoreciera la eliminación de aranceles y la inversión en la región, aunque ha
entrado en una fase cataléptica, sigue su curso por medio de la sumatoria, uno a uno, de los

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países atraídos por el proyecto neomercantilista del TLC, al cual ya se han anexado, junto con
México, República Dominicana, Chile y, posiblemente –en conversaciones- los países de la
Comunidad Andina (excepto Venezuela)(3). Adicionalmente, EEUU está conformando el Tratado
de Libre Comercio Centroamericano (CAFTA, por sus siglas en inglés), ya firmado por Costa Rica,
El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala.

A pesar de ello, a las discrepancias en las negociaciones dentro del contexto del ALCA,
acentuadas más fuertemente en el área de los subsidios proteccionistas de más de 50 sectores de
la economía norteamericana que no son competitivos en el merco comercial continental, de los
servicios y del acceso general a los mercados, se suman las diferencias políticas surgidas con el
gobierno revolucionario bolivariano de Venezuela, el gobierno de reconstrucción político-
económica de Argentina y el de la política de industrialización explícita de Brasil, los cuales han
fijado una posición crítica ante dicho proyecto, alertando –sobre todo Venezuela- que sólo busca
elevar el mismo a condición de Tratado Internacional, inalterable, obligatorio y controlado por
comités supranacionales, lo que definiría, de manera explícita e implícita , un modelo económico y
geopolítico que compromete el desarrollo humano y sustentable, la soberanía, la democracia y el
futuro mismo de nuestros países. Ante estas pretensiones hegemónicas, dichos países han optado
por reforzar los mecanismos de integración que ya se poseen como el MERCOSUR, al cual
Venezuela se ha anexado recientemente como Estado Asociado –aspirando a ser miembro pleno-,
al igual que Bolivia (1996), Chile
(1997), Perú (2003) y México (2004), éste último en calidad de observador. Desde esta posición, la
propuesta de Venezuela sobre una Alternativa Bolivariana de la América (ALBA), en lugar del
ALCA, cobra mayor vigor, siendo secundada, ahora también, por Argentina y Brasil(4).

CONCLUSIÓN

Todo lo previamente planteado nos permite suponer que, desde el punto de vista de las tendencias
espaciales, las nuevas conformaciones y reorganización de la economía mundial se traduce en la
emergencia de nuevas formas de integración económica, tanto intra-bloques como Inter.-
regionales. Si bien la integración económica multilateral funciona pensada como una estrategia de
lucha contra la globalización, para minimizar o reducir sus riesgos, podría ser otro modo de
maximizar los modos de desenvolverse comercialmente con mayores ventajas u oportunidades de
crecimiento que la globalización ofrece como estrategia efectiva.

En efecto, las políticas en el marco de la integración económica favorecen la reducción de los


costos ligados al comercio intraunión que puede ocasionar modificaciones de la capacidad
instalada y en especial de la actividad productiva en el seno de los países involucrados en la
integración. A pesar de ello, la ejecución y materialización del ideal integracionista implica un
mínimo de condiciones que en la práctica son difíciles de alcanzar a corto y mediano plazo.

El multilateralismo regional que se ha ido configurando en el escenario internacional y


particularmente en el regional (NAFTA, CAN y el creciente reforzamiento del status regional del
MERCOSUR), así lo manifiesta. La consolidación de los mecanismos institucionales y la
progresiva complementariedad de las políticas comerciales de los países signatarios del NAFTA,
su exitosa imagen corporativa, y una reconocida incidencia en el bosquejo del proyecto
hemisférico del ALCA (a su imagen fue creada ya el CAFTA), le confiere un status en el plano
regional y en circuitos que han sido y continúan siendo importantes en la globalización de la
economía y del comercio internacional.
De hecho, esta forma integracionista se está aplicando o siguiendo en las nuevos proyectos de
Tratados de Libre Comercio en bloques regionales para Asía (AFTA, por
sus siglas en inglés), la comunidad del Medio Oriente (AFTA: Árabe) y en África (AFTA),

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actualmente en conformación.
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Las políticas de competitividad y desarrollo industrial tienen igualmente implicaciones de diversa
índole para la integración. A la luz de los acuerdos regionales de integración económica
considerados -al menos en el contexto Latinoamericano- se tiene que en primer lugar la dinámica
del desarrollo comercial intra-grupo está íntimamente ligada a largo plazo con el grado de
estabilidad política, económica y de transformación productiva que se alcance en los países
miembros. En segundo lugar, la posición unilateral asumidas por algunos actores pueden significar
nuevos obstáculos en la consolidación de estos espacios de competencia ampliada. En último
término, hay campos para promover la inversión y las exportaciones –como el de la innovación
tecnológica-- en los que las figuras de integración pueden jugar un papel productivo para
establecer mecanismos de cooperación e intercambio de experiencias. Sin embargo, el discurso
integracionista debe armonizar los intereses divergentes y tratar de preservar los equilibrios y las
equidades que hacen posible la integración. Para los analistas, el esquema regional de todo
proceso integracionista debe cumplir una condición indispensable: la complementariedad, so pena
de perder credibilidad por el incumplimiento de disposiciones no asumidas, o porque no existen
políticas comunes para evitarlas,

Finalmente, estos procesos –globalización y regionalización—son a la vez interdependientes y


divergentes, por lo que manifiestan la necesidad de investigaciones relativas a su carácter, esto
es, de análisis espaciales que busquen armonizar los mecanismos y estrategias que de ellos
emanan. Situaciones como que no existe una complementación correlacional, es decir,
competitiva, en relación a la especialización de cada uno de ellos; no existe beneficios equitativos
en vista de dicha especialización y, por tanto, existen riesgos, sugiere el reconocimiento de
asimetrías que deben ser abordadas, al igual que definiciones claras, para dar un cuerpo
conceptual coherente, con sus propias teorías, a estas nuevas realidades. Se espera que nuestro
trabajo dé un marco de referencia para una amplia discusión sobre las inquietudes recogidas.

Notas:
(1) “El desarrollo desigual, a saltos, de distintas empresas y ramas de la industria y de distintos
países, es inevitable bajo el capitalismo”. Lenin (1976; p. 76).
(2) “Foro Social de las Américas en Quito”: Ultimas Noticias, Caracas 15-08-2004; p. 58
(3) “EE UU: Venezuela obstaculiza al ALCA y retrasa negociaciones andinas” El Nacional, Caracas
10-09-2004; p. A-16.
(4) “kirchner yChávez firmaron acuerdos de cooperación energética y financiera”: El Nacional,
Caracas 24-07-2004; p. A-18.
“Chávez y Lula consideran prioritaria la integración”: Frontera, Mérida 17-09-2004; p. 4a
“El ALCA agoniza”: Panorama, Maracaibo 18-04-2004; p. 2-1.

ABREVIATURAS (Bloques Regionales de Integración Económica):

CARICOM: Mercado Común de la Comunidad del Caribe.


MERCOMUN: Mercado Común Centroamericano.
CAN: Comunidad Andina de Naciones.
CEE: Comunidad Económica Europea.
ASEAN: Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (por sus siglas en inglés).
CEPGL: Comunidad Económica de los Países de los Grandes Lagos.
NAFTA: Tratado de Libre Comercio de Norte América (por sus siglas en inglés).
UE: Unión Europea.
CEDEAO: Comunidad Económica de los Estados de África Occidental.
MERCOSUR: Mercado Común del Sur.
SADC: Comunidad para el Desarrollo de África Austral (por sus siglas en inglés).

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CEEAC: Comunidad Económica de los Estados de África Central.
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COMESA: Mercado Común del África Meridional y Oriental (en sus siglas inglesas).
SAARC: Asociación de Asía Meridional para la Cooperación Regional (por sus siglas en inglés).
GCC: Consejo de Cooperación del Golfo (por sus siglas en inglés).
AFTA: Tratado de Libre Comercio Asiático.
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