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LA CREACIÓN DEL MUNDO Y DEL HOMBRE (Génesis 1-11)

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LA CREACIÓN DEL MUNDO Y DEL HOMBRE

By Prudencio García Pérez

INDICE
I. PRIMER RELATO DE CREACIÓN (Génesis 1,1-2,4a) 1.1. 1.2. 1.3. 1.4. La creación del mundo La creación del hombre La paz del paraíso El descanso sabático 1.5. Interpretación de Génesis 1,1-2,4a 1.6. El origen del mundo y del hombre para los pueblos vecinos de Israel 1.7. Creación y evolución II. SEGUNDO RELATO DE CREACIÓN (Génesis 2,4b-25) 2.1. Los dos relatos de creación contrastados 2.2. La formación del hombre 2.3. El paraíso terrenal 2.4. La formación de los animales 2.5. La formación de la mujer III. LA CAÍDA (Génesis 3) 3.1. La tentación 3.2. El pecado 3.3. El juicio divino 3.4. La expulsión del paraíso

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IV. EL ASESINATO DE ABEL (Génesis 4) V. EL DILUVIO UNIVERSAL (Génesis 6-9) 5.1. La corrupción va en aumento 5.2. El diluvio que llega 5.3. El diluvio ¿realidad o leyenda? 5.4. La alianza cósmica VI. LA TORRE DE BABEL (Génesis 11:1-9)

- CONCLUSIÓN

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LA CREACIÓN DEL MUNDO Y DEL HOMBRE GÉNESIS 1-11
Los que niegan la verdad de la Biblia, o sea que “la Biblia no dice la verdad”, se sirven de los primeros 11 capítulos del Génesis para lanzar sus ataques. Dicen: ¿Cómo podemos creer que Dios creó el mundo en seis días, que Eva salió de una costilla, que la serpiente hablaba, que los males de la humanidad vienen de comer una manzana, que Matusalén vivió 1000 años, lo del diluvio universal, lo de la torre de Babel…? Cuentos no, gracias, que ya somos mayorcitos. Intentaremos mostrar que no hay oposición entre la ciencia y la Biblia, en primer lugar porque la Biblia es una historia de la salvación o una historia de fe y no tiene mucho que ver con la ciencia; en segundo lugar, porque la ciencia no tiene claro el origen del mundo y del hombre, y por tanto no puede ofrecer verdades absolutas, sólo hipótesis más o menos probables. Génesis 1-11 es el prólogo de la Biblia o de la “historia de la salvación”, lo que la distingue de las demás historias. Aquí se nos narra la creación del mundo y del hombre, la primera caída y sus consecuencias posteriores: homicidios y poligamia, corrupción creciente, alejamiento de Dios y de los hombres entre sí. Estos capítulos son la respuesta de la Biblia al problema de la existencia del mal en el mundo, un mundo creado originalmente bueno por Dios. En la composición literaria de Gen 1-11 intervienen dos de los principales redactores del Pentateuco: El Yavista, del s. X a. C., escrito en tiempos de Salomón, y el más moderno, el Sacerdotal, del s. VI a. C., escrito durante el exilio en Babilonia. El género literario de estos 11 capítulos es histórico-didáctico: estos relatos no contienen historia en el sentido moderno de la palabra, sino que cuentan en lenguaje sencillo y simbólico las verdades fundamentales de la salvación, al mismo tiempo que describen popularmente los orígenes del género humano. En otras palabras, se trata de una reflexión sobre los temas que preocupan al hombre todos los tiempos: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿A donde vamos? ¿Por qué existe el mal, la enfermedad, el sufrimiento? En definitiva, estos 11 capítulos manifiestan que al momento de la creación del mundo y del hombre las cosas no eran como ahora, sino muy distintas. Veamos como eran...

I. PRIMER RELATO DE CREACIÓN (Génesis 1,1-2,4ª)
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Bereshith bará Elohim eth hashamayim weeth haarets. Gen 1,1). Con sólo 7 palabras (símbolo de la totalidad), el redactor conocido como el Sacerdotal, lo ha dicho todo: Todo cuanto existe ha sido creado por el Dios único, enunciado básico que recorre toda la Escritura. “En el principio” sólo existía Dios. “Creó” es el término que la Biblia aplica a la acción de Dios por la que produce algo nuevo tanto en el orden cósmico como salvífico. “Los cielos y la tierra” simbolizan la totalidad del mundo visible, ya que ellos no conocen la palabra griega “cosmos” (además, la mentalidad semítica es concreta y práctica, lejana de los conceptos abstractos). 4

A continuación se nos describe el universo en su estado original con la expresión “confusión y vaciedad” (tohu wabohu): el caos o desorden primitivo está constituido por 3 elementos: la tierra vacía, el gran océano y las tinieblas que lo envolvían todo. 1.1. La creación del mundo Por encima de este caos o desorden sobrevolaba el espíritu de Dios (ruah) que más tarde transformará el caos en un mundo habitado y perfectamente ordenado en un tiempo de seis días: 3 días para eliminar la confusión y otros 3 para adornar u ornamentar la vaciedad. Día I II 3 III 4 Obra 1 2 Prólogo: creación inicial Separación Ornato Obra (regiones) (habitantes) luz-tinieblas Sol, luna, 5 (día y noche) estrellas Aguas de arriba y Peces 6 de abajo aves Mar-tierra Animales terrestres Plantas Hombre Conclusión: descanso sabático 7 VI 8 Dí a IV V

El cuadro literario refleja sin sombra de duda el esquema de la semana, con una serie de 8 obras distribuidas en dos triduos. En el primer triduo, Dios edifica el mundo como un palacio de tres pisos, separando cada día los elementos contrarios. En el segundo triduo, coloca en cada lugar a sus correspondientes habitantes. Para colocar 8 obras en 6 días laborables, sitúa dos obras en días simétricos: tercero y sexto. Todo concluye con el descanso sabático. En cada uno de los seis días se repite la misma fórmula: Dios dice y la cosa se hace, Dios ve que es buena, la bendice y le impone un nombre. Y cada día de la creación termina con un estribillo: “Y atardeció y amaneció, día primero, segundo...”. Esta forma de escribir indica que nos hallamos ante un ‘himno litúrgico’ al Dios creador, cuya estructura en estrofas divididas por un estribillo facilitan su memorización y recitación en la liturgia. La imagen del mundo que aparece en Gen 1 es la de la época del autor y sus lectores. Se concebía la tierra como un gran disco plano que descansaba sobre unas columnas apoyadas en el fondo del gran océano. Sobre las altas montañas se apoyaba el firmamento, separando las aguas de arriba de las de abajo, y del que penden el sol, la luna, las estrellas... Por debajo de la tierra estaba el Sheol, la oscura mansión de los muertos. Y por encima del firmamento estaba el cielo de los cielos como la mansión de Dios. Esta imagen del universo es común a todos los pueblos de la antigüedad, pero no

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estamos obligados a creer en esta imagen por el mero hecho de que sale en la Biblia. Estas cuestiones carecen en sí mismas de importancia teológica para el cristiano. 1.2. La creación del hombre Lo bueno siempre se deja para el final: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gen 1,26). El hombre va a ser la cúspide de la pirámide de la creación, el interlocutor de Dios en el mundo. “Adam” (en hebreo significa “tierra”) no es el nombre del primer hombre, sino que indica el colectivo humano en su conjunto, representa al género humano, a la humanidad entera. Esto también lo indica el verbo siguiente que se halla en plural “manden o dominen”. El hombre fue creado a imagen de Dios, pero no es igual que Dios; el creerse Dios y no-criatura fue la causa del pecado. ¿Qué significa “ser imagen de Dios”? El hombre es el representante de Dios en el dominio sobre el resto de la creación visible. El ejercicio de ese dominio supone inteligencia y voluntad, facultades espirituales que reflejan el esplendor de la imagen de Dios. Y por ser imagen de Dios, toda persona tiene la mima dignidad intocable. Dios lo creó a su imagen, varón y hembra los creó (v. 27). Y además bendijo la primera unión del hombre y de la mujer. Ambos son por igual imagen de Dios en cuanto colaboran con la procreación a la transmisión de la vida, y con su trabajo inteligente desarrollan la obra del Creador para hacer del mundo un hogar cada vez más confortable para la gran familia humana. 1.3. La paz del paraíso Los animales y los hombres vivían en paz, sin devorarse unos a otros, tenían una dieta vegetariana (vv. 29-30). Esto no es del todo cierto, pues se trata más de un símbolo que tiende a idealizar la paz y la armonía original de la creación entera. Los profetas utilizarán el mismo simbolismo para describir la paz mesiánica como un retorno al paraíso original (Is 11,6-9). “Y vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno” (v. 31). Esta expresión resalta el hecho de que toda criatura salida de Dios es buena por naturaleza. Entonces, Cómo se explica la existencia del mal? El mal físico existe porque esta creación o mundo material tiene una perfección relativa, la perfección absoluta se da en la vida futura. Y el mal moral existe por el mal uso que el hombre hizo de su libertad. 1.4. El descanso sabático “Cesó en el día séptimo de toda la labor, lo bendijo y lo santificó.”(Gen 2,2-3). En cierto modo Dios se retira de la creación par confiar su continuación al hombre, sin dejar por ello de sustentarla y gobernarla con su providencia. La institución del Shabbat o del descanso semanal era muy antigua en la sociedad hebrea. Pero en la época del redactor Sacerdotal, se había relajado mucho esta tradición. Esto se deduce de la insistencia que hacen los escritos del siglo VI a. C. en la observancia del sábado, con el fin de instituir al sábado como signo de identidad nacional, amenazada en el exilio. De esta forma, este redactor Sacerdotal pretende presentar la semana laboral de Dios como modelo de la semana del hombre. Con su trabajo imita al Dios creador y con su descanso se

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reencuentra consigo mismo y con Dios. El descanso sabático es un don de Dios, una institución para el bien social y religioso del hombre. Pero los judíos observantes posteriores, escribas y fariseos, transformaron la alegría del día del Señor en una carga muy pesada, donde todo estaba prohibido, de aquí que Jesús liberase a sus discípulos de su cumplimiento. 1.5. Interpretación de Gen 1,1-2,4a Hasta finales del siglo pasado se interpretaba este texto al pie de la letra, como si hubiese sido grabado con una cámara y un micrófono, y el mundo hubiese sido creado en seis días de 24 horas cada uno. Ahora bien, llegaron los problemas de lectura, por ejemplo: si Dios creó el sol el día cuarto, ¿en qué consistían el atardecer y el amanecer de los tres primeros días? Y sin el sol, ¿cómo pudo haber plantas el día tercero? Estas incongruencias y el avance de la ciencia en el descubrimiento de fósiles geológicos debilitó enormemente esta interpretación fundamentalista. Actualmente, la interpretación que se ha impuesto es la histórico-didáctica o teológico-litúrgica. Distingue entre el fondo doctrinal (la fe revelada) y la forma de expresión (que no pertenece a la fe). Desde este punto de vista, el primer relato de la creación (Gen 1) es una especie de parábola en acción que pretende enseñar una serie de verdades religiosas fundamentales: a. Existe un solo Dios, todopoderoso, sabio y bueno. b. Dios es el creador de todo lo que existe: el sol, la luna, los astros, los árboles, los animales... Por tanto, éstos no son dioses como creían los otros pueblos, sino simples criaturas puestas por Dios al servicio del hombre. c. El hombre es el rey de la creación; un rey que depende de Dios, a quien debe reservar el séptimo día y darle culto. Todo al servicio del hombre, y éste al servicio de Dios. Todavía quedan nostálgicos o fundamentalistas que afirman que a este paso la Biblia va a desaparecer o que va a ser considerada como una novela famosa del pasado (algo así como el Quijote). No hay que tener miedo, pues el distinguir entre el fondo y la forma no nos va a llevar a negar la verdad de la Biblia, sino todo lo contrario. Nos va a llevar a conocer las verdades de fe fundamentales o el mensaje doctrinal, que es como una roca que no se mueve nunca. Pero si nos quedamos sólo con la forma, es decir con los seis días de la creación, la serpiente, la manzana, la costilla, la estatua de barro, el jardín, corremos el riesgo de no llegar al mensaje de fondo y si alguien llegara a demostrarnos que estos recursos didácticos no pueden ser considerados verdaderos, también podríamos llegar a perder la fe auténtica en el mensaje revelado. 1.6. El origen del mundo y del hombre para los pueblos vecinos de Israel Los pueblos vecinos a Israel (Mesopotamia, Egipto, Fenicia), al reflexionar sobre el origen del mundo y del hombre, coinciden en poner al principio un caos eterno, del que nacen los dioses (teogonía) y se forma el mundo (cosmogonía) a través de luchas entre

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los dioses (teomaquia). La más famosa es la babilónica del siglo XX a. C., un poema mitológico en honor de Marduk, el dios nacional. Se recitaba en el templo de Babilonia el día del año nuevo, cuando el tiempo empezaba de nuevo, a semejanza del primer principio. El nombre del poema es ‘Enuma Elish’ por el comienzo que dice “cuando arriba el cielo no tenía nombre, y abajo la tierra no había recibido nombre...” Aquí presento un pequeño resumen: “En el comienzo de todo existía el caos eterno formado por dos principios: uno masculino (Apsú = las aguas dulces), y otro femenino (Tiamat = el gran océano), de cuya unión nacieron los dioses. La tríada principal era Anu, dios del cielo; Enlil, dios de la tierra; y Ea, dios del mar. Un conflicto generacional enfrentó a los dioses ancianos con los jóvenes. Como éstos, con sus continuos alborotos turbaban el sueño de Apsú, decidió éste matarlos a todos. Pero se enteró Ea de esto, quien con fórmulas mágicas adormeció a Apsú y le asesinó. Tiamat prepara la venganza: crea once monstruos terribles que se organizan al mando de Kingu. La primera fase de la lucha termina con la derrota de Kingu, que es hecho prisionero. Irritada Tiamat, proclama la guerra total contra los dioses rebeldes, y éstos aceptan el desafio, nombrando jefe al hijo de Ea, el dragón Marduk (símbolo del orden). Marduk, armado hasta los dientes, coge a Tiamat en su red, le aplasta el cráneo con su maza y parte su cuerpo en dos mitades; con una mitad hace la bóveda celeste y con la otra, la tierra, y de sus ojos hace salir el Tigris y el Eufrates. Seguidamente hace los astros y los animales. Por último, inmola al prisionero Kingu, con su sangre amasa barro y hace al hombre. Y el poema termina con un himno de alabanza a los 50 nombres de Marduk, el dios supremo de Babilonia”. El redactor Sacerdotal conoció sin duda en su destierro de Babilonia este cuento mitológico, y reaccionó oponiéndole la fe monoteísta de Israel. De ahí las semejanzas y las diferencias con Gen 1: En ambos (Gen 1 y Enuma Elish) aparece el caos original, pero con una diferencia radical: en el poema babilónico, el caos primero es materia eterna de la que nacen los dioses; en Gen 1 es Dios el creador del caos original. En Enuma Elish, Marduk convierte el caos en cosmos a través del combate mortal con Tiamat; en Gen 1 Dios convierte el caos en cosmos ordenado como jugando, sin combate, con su sola palabra. En Enuma Elish aparecen muchos dioses; En Gen 1 se habla sólo de Dios, es signo del monoteísmo profesado y vivido por Israel. Dios no tiene rivales, todo ha sido creado por él y nada escapa a su infinito poder.

El Génesis, por tanto, no contiene mitos o es un cuento mitológico. El mito tiene por objeto el nacimiento, luchas y aventuras de los dioses, personificaciones de las fuerzas de la naturaleza. En la Biblia sólo se reconoce un Dios, por lo que no se puede hablar de mito. Lo que si podemos decir es que a veces, los autores sagrados para transmitir la revelación o la fe en Dios se sirven del lenguaje popular, mitológico o folklórico de otros pueblos. Es decir, aprovechan la forma de los relatos míticos, pero introducen el fondo o mensaje revelado o inspirado.

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1.7. Creación y evolución El relato de la creación del Génesis no pretende enseñarnos el cómo y cuando del origen del universo; sólo nos dice que es creación de Dios. Hasta la fecha se acepta la teoría científica del “big bang o gran explosión” como origen del universo que conocemos. Si pero, ¿antes del ‘big bang’ que había? ¿De donde salió el átomo inicial? A esto, la ciencia no ha encontrado respuesta. La última respuesta sólo puede ser dada por la fe revelada: el universo no es eterno, ha tenido un principio por un acto libre de Dios que recibe el nombre de creación. Por tanto, una creación inicial, revelada por la Biblia, y una evolución posterior, explicada por la ciencia, no se oponen entre sí, sino que se complementan.

II. SEGUNDO RELATO DE CREACIÓN (Génesis 2,4b-25)
2.1. Los dos relatos de creación contrastados Contrastes Autor Fecha Lugar Cosmología Duración Génesis 1 Sacerdotal Siglo VI a. C. Babilonia Húmeda Caos inicial: mar 6 días Plantas, astros, animales, hombre y mujer Universal: el hombre vértice de una pirámide cósmica Reflexivo, solemne, litúrgico Sobrios: Dios dijo, vio, trabajó 6 días y descansó Trascendencia (celeste y sobrenatural) Génesis 2 Yavista Siglo X a. C Palestina Seca Caos inicial: desierto 1 día Hombre, plantas, animales, mujer Regional: el hombre como centro de un círculo familiar Espontáneo, popular, pintoresco Audaces: Dios alfarero, jardinero, cirujano, padrino de bodas Inmanencia (terrestre y cercana al hombre)

Orden

Escenario

Estilo Antropomorfismos Teología

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El segundo relato de la creación (Gen 2) se escribió 400 años antes que Gen 1. Los contrastes saltan a la vista con sólo mirar al recuadro superior. El redactor del Pentateuco prefirió Gen 1, como inicio, porque no tiene antropomorfismos agudos. Pero no quiso suprimir Gen 2, manifestando así que ambos textos expresan de forma distinta la misma verdad revelada. El Yavista, redactor de Gen 2, es un gran catequista, pues sabe poner a la altura del pueblo sencillo las más altas ideas religiosas. Narra la formación del hombre y de la mujer como una parábola oriental llena de frescura e ingenuidad, que un beduino del desierto contaría más o menos así a su familia reunida bajo la tienda. 2.2. La formación del hombre “Entonces Yahvé Elohim formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices el aliento de vida, y resulto el hombre un ser vivo” (Gen 2,7). Se nombra a Dios con dos títulos divinos: Yahvé, el Dios de Israel; Elohim, el Dios universal de Gen 1. El Yavista presenta a Yahvé con rasgos muy antropomórficos: no crea al hombre con su palabra, como en Gen 1, sino con sus propias manos, como un alfarero que modela el cuerpo del hombre (adam) con polvo del suelo (adamáh) y le infunde el aliento de vida (ruah). El folclore oriental solía representar a la divinidad formando al hombre del barro, porque es un dato de experiencia universal que el cuerpo humano al morir se convierte en polvo. Ya vimos que Marduk formó al hombre con barro y la sangre de Kingu. En Egipto, en un bajorrelieve de Luxor, se representa al dios Khnum modelando en un torno de alfarero el cuerpo del príncipe Amenofis III, mientras que la diosa Neith le aproxima a la nariz la cruz ansada, signo jeroglífico de la vida. Estos datos extra-bíblicos confirman el carácter simbólico del relato yavista, al presentar la creación del hombre como obra de alfarero. El relato bíblico pone de relieve la fragilidad y la grandeza del hombre, un ser vivo compuesto de arcilla y de soplo divino, de materia y espíritu. No es un animal más en la creación, sino un ser superior, sagrado, misterioso, etc. El texto bíblico no habla expresamente de la infusión de un alma espiritual, pues distingue no tanto entre cuerpo y alma cuanto entre materia y aliento vital recibido directamente de Dios. 2.3. El paraíso terrenal El Dios alfarero se convierte en Dios jardinero: plantó un jardín e hizo brotar toda clase de árboles bonitos y con frutos deliciosos para comer, y en medio plantó el árbol de la vida y el de la ciencia del bien y del mal. ¿Cómo era posible tanta fertilidad en medio del desierto? El autor responde diciendo que un río salía de Edén y regaba el jardín. Más tarde se añadieron los vv. 10-14, para indicar la abundancia de agua del río, cuyo nombre no se menciona, mientras que se

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mencionan los cuatro brazos del río que regaban la tierra: Pisón (Indo?); Guijón (Ganges?); Tigris y Éufrates. Hoy día se acepta el carácter simbólico del paraíso. No se trata de un ‘lugar geográfico’ a buscar en un mapa, sino de un estado de felicidad, un ‘estar con Dios’ participando de su misma vida como dones de una inmortalidad feliz. El jardín-paraíso es la mansión de Dios y por un don de Dios se convierte en morada del hombre. Allí, el hombre vivía feliz en la proximidad amistosa con Dios. El hecho de Dios que ‘toma de la mano al hombre y le pone dentro del jardín’ indica que el ser humano fue creado fuera de él, pero Dios por su gran amor hacia él, lo eleva de rango, de simple criatura a hijo. El hombre es por tanto un ser único, dotado de cuerpo, espíritu y la gracia de Dios, lo que le convierte en hijo de Dios, obra maestra de la sabiduría y del amor del Creador. Si el paraíso ha de entenderse en sentido simbólico, de la misma manera deben entenderse los famosos árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era un símbolo corriente en la literatura oriental para expresar la inmortalidad. En la epopeya de Gilgamesh (Mesopotamia, Mari) se menciona el árbol de la vida plantado en el cielo en forma de palmera datilera, para simbolizar la vida eterna que los dioses retienen celosamente para sí. En cambio, en la Biblia, el árbol de la vida está en la tierra, al alcance del hombre, pues Dios le ofrece una acceso a la inmortalidad feliz a condición de abstenerse de comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gen 3). De este modo el hombre se da cuenta de que no es señor absoluto, sino que lo que posee es don gratuito de Dios. 2.4. La formación de los animales El hombre, ser social y comunicativo por naturaleza, necesita compañía. Y el autor yavista presenta una vez más a Dios como alfarero que modela con barro todos los animales del campo y las aves del cielo, y los hace desfilar delante del hombre para que les ponga un nombre. Esta ficción literaria del desfile y de la concesión de un nombre significa, por un lado, el dominio del hombre sobre el reino animal y, por otro, la unicidad o singularidad del hombre al no encontrar entre todos ellos ninguno semejante a él con el que pudiera relacionarse de ‘tú a tú’. Le falta el ‘otro yo’, ‘la media naranja’para comprenderse a sí mismo como persona. 2.5. La formación de la mujer Ahora el Yavista convierte a Dios en un cirujano y en un padrino de bodas por medio de una entrañable imagen. Sumerge al hombre en un profundo sueño y le extrae una costilla con la que forma la primera mujer, y la presenta a Adán como compañera y esposa. El autor del relato es un gran conocedor de la psicología humana y ha querido responder con esta plástica representación a una serie de interrogantes: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la mujer? ¿Qué es el amor conyugal? Para este autor, la famosa costilla no es más que un símbolo para enseñar que la mujer es de igual naturaleza y dignidad que el hombre, igualdad que se subraya por el

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juego de palabras con que hace exclamar a Adán su sorpresa y alegría: “Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ésta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada! Además, para los semitas, ‘carne’ es sinónimo de ‘persona’. Por lo tanto, la comunión de vida más perfecta es la de dos personas, que sin renunciar a su individualidad, se funden en un solo ser por la donación mutua en cuerpo y espíritu. El v. 24 es el primer canto de la Biblia al amor conyugal. Este texto de Gen 2,24 presenta a la pareja monógama (monogamia) como modelo de matrimonio. Pero conviene notar que el autor pertenecía a una sociedad donde era legal la poligamia. Dos observaciones para terminar: 1. El relato Yavista (Gen 2) sobre la creación por separado del varón y de la mujer debe interpretarse a la luz de Gen 1, más reciente y de teología más avanzada, donde la pareja humana aparece creada al mismo tiempo. 2. En Gen 2 se subraya el amor mutuo como fin del matrimonio; sin embargo, en Gen 1, se acentúa la procreación como finalidad propia de la creación de los dos sexos. Los dos fines, amor y procreación, son inseparables, pues ambos responden a la voluntad del Creador.

III. LA CAÍDA (Génesis 3)
El redactor Yavista continúa la narración tocando un tema dramático: a la bondad de Dios hacia el hombre y la mujer, éstos demuestran su ingratitud cometiendo el pecado. El don más grande concedido al ser humano por el Creador es la libertad (Si 15,14-17). La prohibición de comer del árbol de la ciencia les colocó delante de una autodecisión: fiarse de Dios y obedecer o rebelarse contra él. El hombre se juega el éxito o el fracaso de su existencia en virtud de una libre decisión frente a Dios. 3.1. La tentación Entra en escena una fuerza hostil a Dios y al hombre bajo la imagen de una serpiente. El Yavista escoge el símbolo de la serpiente por su astucia y porque en Canaán y otros pueblos vecinos era el emblema del culto a la fertilidad (culto que también entró en Israel). A partir del siglo II a. C. el símbolo de la serpiente pasa a representar a Satán (que en hebreo significa “adversario”) o al Diablo (que en griego significa “calumniador), que por su envidia dio entrada al pecado en el mundo, y al que Jesús llamó “padre de la mentira”. Esta escena representa el combate interior, parecido al que todos tenemos que librar en nuestra vida. El tentador ataca primero al más débil para después acabar con el más fuerte. Primero exagera el precepto divino con el fin de provocar una rectificación que le permita establecer un diálogo con la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha prohibido

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comer de todos los árboles del jardín? La tentación comienza presentando la ley de Dios como intolerable limitación de la libertad humana. Después el tentador acusa a Dios de mentiroso y celoso. Finalmente, explica la verdadera razón de la prohibición, lo que hace que la mujer se sienta atraída profundamente por el fruto prohibido y desee con todo su corazón conseguir la ciencia que esconde: conocer el bien y el mal. 3.2. El pecado La mujer seducida, se convierte al mismo tiempo en seductora del hombre. No hay remedio, la caída es segura. ¿Qué es esa ciencia que Dios se reserva para sí? No se trata del progreso intelectual ni tampoco del simple discernimiento entre el bien y el mal. Se trata del intento por parte del hombre de borrar la frontera entre lo permitido y lo prohibido, con el fin de determinar a su gusto lo bueno y lo malo sin estar sujeto a una norma suprema. Se trata en última instancia de liberarse de la ley de Dios para convertirse uno mismo en su propia ley y su propio Dios. Adán y Eva quieren ponerse en el lugar del Dios para decidir del bien y del mal; pretenden ser los dueños de su destino, se niegan a depender de su Creador, cambiando la relación que unía el hombre con Dios. La primera caída ha sido de orgullo y desobediencia. El hombre quiso ser igual que Dios. El efecto inmediato del pecado fue la pérdida de la inocencia y de la amistad con Dios, manifestada en la vergüenza de sí mismos, en el miedo a Dios y en la huída de su presencia. El desencanto e insatisfacción es el fruto amargo del espejismo del pecado. El árbol de la ciencia se convirtió en el árbol de la conciencia de la propia culpabilidad, del pecado. Al abrírseles los ojos no se vieron endiosados, llenos de poder y ciencia, sino despojados de la amistad divina, de la dignidad humana, confusos y desvalidos ante Dios y ante sí mismos. La naturaleza del pecado no es corporal o carnal, sino espiritual. 3.3. El juicio divino La escena se asemeja a la de los procesos jurídicos o juicios humanos en los tribunales: comparece el juez supremo, interrogatorio y sentencias contra los tres personajes implicados (el hombre, la mujer y la serpiente). A la serpiente-Diablo: te arrastrarás, comerás polvo y te aplastarán la cabeza. A la mujer: darás a luz con dolor y el hombre te dominará (ejemplo típico de una sociedad patriarcal o machista). Al hombre: el suelo producirá cardos y hierbas malas, comerás pan con el sudor de tu frente hasta que vuelvas al polvo de donde saliste. ¿Existían antes del pecado estos sufrimientos? La interpretación tradicional respondía que no, pues la felicidad en el paraíso era perfecta: belleza, no se necesitaba trabajar, ciencia, dominio de la naturaleza, inmunidad al dolor y la muerte, no había hierbas malas y la serpiente, como defendía Lutero, caminaba erguida como un gallo. La interpretación actual, sin embargo, responde que sí existían los sufrimientos y las penas, aunque no del mismo modo que las sufrimos hoy día. El hombre era amigo de Dios. La actual visión evolucionista del mundo nos inclina a aceptar que el pecado original no cambió las leyes biológicas del mundo, y que sólo ha alterado la relación

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religiosa y moral del hombre con Dios. El único que ha cambiado es el hombre al intentar liberarse de Dios, la naturaleza y los animales han seguido igual. Después del pecado, los sufrimientos de la naturaleza humana sirven para recordar el pecado del hombre y son una invitación a aceptarlos con serenidad. Por medio del trabajo el hombre se hace creador y servidor de los hermanos, aunque la “fatiga” recuerda la situación de pecado. La concupiscencia indica la dificultad que supone someter los instintos a la razón. La enfermedad y la muerte no son un castigo por el pecado, son parte de la existencia natural del hombre. La muerte teológica o pérdida de la amistad con Dios, es ciertamente consecuencia del pecado. Pero para la mentalidad judía, que tiende a atribuir todo directamente a Dios, la muerte y la enfermedad eran concebidas como un castigo divino por el pecado. 3.4. La expulsión del paraíso El paraíso significaba el estado de amistad del hombre con Dios; el árbol de la vida, el destino a la vida eterna; la prohibición de comer del árbol de la ciencia, la única condición para gozar de todos aquellos dones gratuitos. Con su rebelión, el hombre pierde todos aquellos dones. La pérdida de la amistad con Dios aparece simbolizada por la expulsión del paraíso, jardín de Dios; la pérdida de la vida eterna, por no poder tener acceso directo al árbol de la vida que está dentro del jardín. Pero Dios no abandona a quien le ha abandonado. Dios aparece en el oficio del sastre para hacer un vestido de pieles a Adán y Eva. La imagen de “poner un vestido” significa restituir la dignidad a quien la había perdido. El resto de la historia de la humanidad será una “larga marcha de esperanza” desde el paraíso perdido hasta el paraíso reencontrado (Apocalipsis). - Conclusión de Gen 1-3 Estos capítulos son la prehistoria de la salvación, pues en ellos encontramos el esquema clásico del plan salvífico en tres tiempos basado en la experiencia religiosa de Israel: - generación: plan divino, orden, lo creado es bueno; (orden y ley divinas) - degeneración: pecado, desorden, entrada del mal; (rebelión del hombre) - regeneración: triunfará el plan de Dios; (castigo y reconciliación).

IV. EL ASESINATO DE ABEL (Génesis 4)
El redactor Yavista llena la inmensidad de tiempo entre Adán y Abraham con tres episodios clave: el asesinato de Abel, el diluvio y la torre de Babel. Con ello quiere demostrar que el mal iba progresando a pasos agigantados entre los hombres. La historia comienza con un anacronismo evidente: “Abel era pastor de ovejas y Caín era labrador”. El pastoreo y la agricultura eran las ocupaciones principales de los israelitas en tiempos del redactor Yavista, en el siglo X a. C., mientras que los primeros

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hombres sobre la tierra (del Paleolítico, 600000-12000 a. C.) vivían de la caza, la pesca y de los frutos espontáneos de los árboles y del suelo, como hacen todavía algunas tribus aborígenes. Este error no tiene para nosotros ninguna importancia, pues el verdadero interés se centra en las lecciones ético-religiosas que se desprenden de la narración. Según la exégesis actual, Caín y Abel no son hijos inmediatos de Adán y Eva. El término ‘Qayín’ (lanza), da el nombre a los cainitas o quenitas, que eran una tribu ambulante de herreros y músicos que llevaban un tatuaje distintivo. La tradición atribuía el origen de su vida errante (parecida a la de los gitanos) a un crimen cometido por su antepasado Caín, que mató a su hermano menor y tuvo que huir para evitar al ‘vengador de sangre’. El redactor Yavista saca este asesinato de contexto y lo coloca en los orígenes de la humanidad para sacar una lección de alcance universal: cuando el hombre se rebela contra Dios, se rebela contra su hermano; y todo homicidio es la muerte de un hermano. ¿Cuál es la causa de la preferencia por Abel? El texto no lo dice. Tal vez el autor quiso contraponer la vida nómada del pastoreo, más austera y cercana a Dios, a la del agricultor sedentario, más expuesto a la corrupción religiosa y moral de los que viven en las ciudades. De hecho, los profetas anhelaban y deseaban volver a la vida pastoril de los patriarcas y de la permanencia en el desierto (Os 2.16-17; Jr 2,2). Lo acertado es que la causa no era la excelencia de un oficio o de otro ni la calidad de las ofrendas, sino algo más importante: las disposiciones interiores de Abel eran buenas y las de Caín, malas. ¿Cómo mostraba Dios su agrado o desagrado por las ofrendas? Lo más probable es que fuera por la prosperidad de los rebaños de Abel y las malas cosechas de Caín, según la tesis clásica israelita de la retribución temporal: bendiciones para los buenos y maldiciones para los malos (Dt 28; Lv 26). La preferencia por las ofrendas de Abel desató la envidia y el odio en Caín (manifestados por andar cabizbajo y con rostro sombrío), quien comienza a proyectar algo siniestro contra su hermano. Pero Caín gozaba de libertad para luchar contra la tentación, y su hubiera querido obrar bien la habría superado y gozado del favor de Yahvé. Pero Caín acalla la voz de Dios en su conciencia y asesina a su hermano. Inmediatamente Dios se hace presente para llamar a juicio al pecador: la respuesta de Caín a Dios muestra que ha renunciado al amor fraterno. Caín es expulsado de la tierra fértil profanada por el asesinato y castigado a llevar una vida errante. Y su castigo no será definitivo, ya que le pone una señal para que no sea asesinado (en esa época reinaba la venganza privada o el ojo por ojo). Esta señal significa dos cosas: 1) que la vida humana es sagrada, incluso la de los asesinos; 2) que incluso los asesinos cuentan con la misericordia de Dios, que quiere que se conviertan y vivan. - Conclusión de Gen 4 En contraposición a los descendientes de Caín (raza de asesinos), introduce la estirpe de Set (sustituto del justo Abel), raza que da culto a Dios y cumple sus preceptos. Esto esta para significar que la humanidad no está completamente corrompida ni alejada de Dios. Así pues, si la estirpe de Caín provocará el diluvio, la estirpe de Set, por medio de Noé, recomenzará la historia humana.

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Gen 4 es la historia religiosa del bien y del mal. Y nos transmite estas enseñanzas de permanente actualidad: Si falta la piedad interior, el culto exterior no agrada a Dios. Cada hombre es hermano para el hombre. Quien rompe los lazos con Dios, pronto rompe con el hermano. El hombre tiene capacidad para vencer la tentación. Aunque el pecador se aleja de Dios, Dios no se aparta de él. El desarrollo material y el progreso espiritual no son siempre paralelos.

- Las genealogías (Gen 5 y11) 1. 2. 3. No son ni históricas ni cronológicas. Tienen sólo un valor religioso: de Adán a Abraham hay una cadena de hombres herederos de la promesa de un redentor. Una vida muy larga: no es real, sino una especulación del redactor Sacerdotal con el valor simbólico de los números. La edad va disminuyendo progresivamente, quizás para simbolizar el progresivo alejamiento de Dios. De Adán a Noé (de 1000-700); de Noé a Abraham (600-200).

V. EL DILUVIO UNIVERSAL (Génesis 6-9)
5.1. La corrupción va en aumento En Gen 6,1-4 se nos introduce la situación en la que viven los hombres sobre la tierra. Los comentadores tradicionales identificaron a los ‘hijos de Dios’ con los descendientes de Set, y a las ‘hijas de los hombres’ con los descendientes de Caín. La mezcla placentera y polígama de los dos linajes originó la corrupción general y su posterior destrucción. La exégesis moderna, sin embargo, se fija más en los ‘nefilim o gigantes’. El redactor Yavista se remite a una vieja leyenda sobre el origen de los ‘nefilim’, raza de gran estatura y violenta. Seres creados por la unión de seres celestes y mujeres terrestres. El autor sagrado utiliza esta leyenda antigua como ejemplo de la creciente oleada de materialismo, de orgullo y de sensualidad que provocó la ira de Dios y el merecido castigo del diluvio. Esta historia ficticia es usada con fines didácticos, para mostrar la corrupción de la naturaleza humana. Una corrupción tal, que hasta Dios siente náuseas y se arrepiente de haber creado al hombre y decide su castigo (Gen 6,5-7). A pesar de la corrupción, todavía hay alguien fiel a Dios, Noé y su familia, y por ello se salvarán del castigo.

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5.2. El diluvio que llega El diluvio se narra a base de dos documentos distintos que se entrelazan: el Yavista (J) y el Sacerdotal (P). Esto se observa por las repeticiones: dos veces ve Dios la maldad de los hombres (6,5 J y 6,12 P); dos veces se anuncia el diluvio (6,17 P y 7,4 J); dos veces entra Noé en el arca (7,7-9 J y 7,13-16 P); dos veces empieza el diluvio (7,10 J y 7,11 P); etc... De ahí también las diferencias: la duración de la lluvia: 40 días (7,12 J); 150 días (7,24 P); una pareja de cada especie de animales (6,19-20 P); una pareja de los impuros y siete de los puros (7,2-3 J). 5.3. El diluvio, ¿realidad o leyenda? En muchas naciones se ha conservado el recuerdo de imponentes inundaciones sucedidas en tiempos lejanos. Se conservan 68 relatos de diluvios: 13 en Asia, 4 en Europa, 5 en África, 9 en Australia y 37 en América. Son recuerdos de grandes inundaciones que acompañaron el deshielo de los glaciares hacia el año 9000 a. C. El relato escrito más antiguo es el conservado en la famosa epopeya de Gilgamesh, del s. XX a. C, encontrada en las ruinas de Nínive. Este es su resumen: Siete dioses acuerdan exterminar al género humano con un diluvio (la decisión no se debe a la maldad del hombre, sino al capricho de éstos). El dios Ea viola el secreto, lo comunica a su amigo Utnapishtim, y le encarga que construya un barco para ponerse a salvo. Utnapishtim construye en siete días un gran barco con siete pisos y lo protege con brea. Así habla el constructor: “Todo lo que tenía de oro y plata, lo cargué; toda mi familia y mi parentela, animales del campo, bestias salvajes y artesanos, a todos hice subir. Entré en el barco y cerré la puerta. Al romper el alba se alzó en el horizonte una negra nube, en la que aullaba Adad (dios de las tormentas). Todo lo que brillaba se cambió en tinieblas. Los dioses se asustaron y como perros se agazaparon. Seis días y seis noches la tempestad barrió la tierra. Al llegar el séptimo día, enmudeció el huracán, cesó el diluvio. Contemplé el tiempo, reinaba el silencio, toda la humanidad se había vuelto arcilla. Abrí una escotilla y la luz del día cayó sobre mi mejilla. Me bajé, me senté y lloré; por mi mejilla corrían las lágrimas. El barco se detuvo en el monte Nisir. Un día, un segundo día, un tercer día, un cuarto día, el monte Nisir retuvo mi barco. Al llegar el séptimo día, solté una paloma; se fue, no vio donde posarse, volvió. Solté una golondrina; se fue, no vio donde posarse, volvió. Solté un cuervo; se fue y vio que las aguas habían disminuido; come, chapotea, grazna; no vuelve (los antiguos navegantes soltaban aves para orientarse hacia tierra). Entonces dejé salir todo a los cuatro vientos, y ofrecí un sacrificio en la cima del monte. Siete y siete veces alcé vasos de libación. Los dioses respiraron el suave olor, como moscas se arremolinaron en torno al sacrificante”. Y concluye la epopeya con el traslado de Utnapishtim y su mujer a la isla del paraíso situado en la desembocadura del Tigris y el Éufrates, donde Enlil les concede la inmortalidad diciendo: “Utnapishtim era un humano. En adelante que él y su mujer sean dioses como nosotros! Que Utnapishtim resida lejos en la boca de los ríos!”.

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Este relato babilónico sólo tiene de real el recuerdo de una gran inundación local que arrasó el valle del Tigris y del Éufrates. La catástrofe impresionó tanto la imaginación popular que lo convirtió en una leyenda literaria. Se adornó con elementos míticos y folclóricos y se amplió hasta adquirir dimensiones universales. Israel conoció esta leyenda por sus antepasados procedentes de Mesopotamia, le quitó los elementos mitológicos, y conservó los elementos folclóricos que no se oponían a su fe monoteísta y animaban el interés de la narración, como la construcción de un arca, la entrada de animales de toda especie, la suelta de aves, el encallamiento del arca en la cima de un monte, la extensión universal y la salvación de una sola familia. De este modo, el relato antiguo tomó un nuevo sentido, siendo el medio pedagógico para trasmitir una enseñanza religiosa de valor permanente: Dios es justo castigando al pecador y misericordioso salvando al justo. El diluvio bíblico es el juicio de Dios, figura del juicio universal; el arca salvadora del justo Noé y familia, es el arca de la salvación. Hoy nadie sostiene en serio la universalidad del diluvio bíblico. Se oponen dificultades insuperables con el hecho de que exista en la naturaleza una masa de agua tan grande como para superar la cima del Everest; en el arca tampoco pudieron reunirse centenares de miles de especies animales, pues su capacidad era inferior a la Basílica de San Pedro. Tampoco puede admitirse que Noé y su familia fueron los únicos supervivientes, pues la idea de la Biblia es que estos personajes representan la idea de que la humanidad continúa formando una familia. 5.4. La alianza cósmica El relato del diluvio termina con el establecimiento de una alianza cósmica, por la que Dios se compromete a no destruir la humanidad, y ésta se compromete a no derramar sangre humana (Gen 9,6). Y como símbolo de esta alianza, Dios escoge el fenómeno más bello de la naturaleza, ‘el arco iris’, que anuncia la calma después de la tormenta. La imagen literaria del ‘arco iris’es de una gran belleza: es el símbolo de la paz entre Dios y la humanidad. Dios lo mirará para acordarse de su promesa y el hombre lo mirará para confiar en ella. - LA TABLA DE LAS NACIONES (GEN 10) Esta tabla representa a los descendientes de Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé. Comprende 70 nombres que son más de países y ciudades que de personas: Canaán, Sidón, Elam, Asur, Aram, etc. El número 70 simboliza la totalidad, la universalidad, pero sólo la conocida hasta el siglo VI a. C. (desde el Oriente medio hasta España), porque faltan los pueblos de Oceanía, Extremo Oriente y América. Esta tabla pretende transmitir tres puntos doctrinales importantes: diversidad, igualdad y unidad de los pueblos.

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La diversidad de pueblos, lenguas y culturas no es consecuencia del pecado, sino de la bendición de Dios: “creced y multiplicaos, y llenad la tierra” (Gen 1,28; 9,7). Esta diversidad manifiesta la belleza multiforme de la creación. Todos los pueblos son presentados en igualdad de condiciones, ninguno es el centro del mundo y de la historia. La idea de una superioridad de la raza hebrea no se contempla en la revelación. Su superioridad no es de orden natural, sino por su elección de pueblo de Dios, a quienes Dios comunica su revelación para que sea destinada a toda la humanidad. Se enfatiza la unidad entre todos los pueblos dentro de la diversidad, porque todos tienen el mismo origen y el mismo destino. Todos están unidos por la sangre de una gran familia, todos son hermanos y a todos ama Dios.

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VI. LA TORRE DE BABEL (Génesis 11,1-9)
El relato Yavista parece que explica la diversidad de los pueblos y lenguas como un castigo de Dios, lo que sería contrario a la explicación del Sacerdotal en el cap. 10. En realidad no hay contradicción, pues una cosa buena puede convertirse en mala si se abusa de ella. La unidad de los pueblos es buena en sí, pero puede llevar a la arrogancia y a la prepotencia imperialista. Y la diversidad es buena en sí, porque manifiesta la belleza multiforme de la creación, pero también puede degenerar en rivalidades y envidias que desemboquen en cismas y guerras. Esto es lo que sucedió: un grupo de pueblos semitas se instalaron en la llanura de Senaar (Babilonia), se unificaron políticamente y se pusieron a edificar una ciudad y una torre altísima. Los materiales empleados eran los típicos de la época en Mesopotamia: ladrillos y asfalto. El nombre de la ciudad es Babel (‘puerta de Dios’), capital del imperio babilónico, famosa por sus grandes construcciones, sus jardines colgantes y su gran torre. Cada cuidad tenía su torre (la arqueología ha descubierto restos de unas treinta). Éstas eran torres-templos que constaban de 7 pisos, cada uno dedicado a los 7 planetas. Tenían tres escaleras que conducían a la cima, dos laterales para los devotos y una central para los sacerdotes. La cima era el encuentro de los hombres con los dioses cuando éstos acudían a visitar la ciudad. Estas torres han desaparecido porque los materiales usados (ladrillos, azulejos y adobes) eran más débiles que las piedras de las pirámides de Egipto. Estas torres se elevaban por encima de las ciudades y eran tan espectaculares que parecían unir el cielo con la tierra. Para el redactor Yavista la torre de Babel no era expresión de piedad, sino símbolo de la idolatría; y la ciudad era manifestación del orgullo nacional. La diversidad de lenguas dentro de la gran ciudad era para el Yavista signo de la futura destrucción del imperio. Por tanto, seguramente el redactor vio alguna torre en ruinas y ésta el inspiro el relato, que quiere simbolizar el fracaso de todo progreso humano fundado en el orgullo colectivo.

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En efecto, frente a la Babel idolátrica y orgullosa actúa el juicio de Dios, que el Yavista introduce con ironía: ‘Bajó Yahvé a ver al cuidad y la torre que habían edificado los humanos”. Con esto nos quiere decir, que es una construcción tan pequeña que Dios tiene que bajar para poder verla. Y como este imperio basaba su poder en la unidad política de muchos pueblos con distintas lenguas, el Yavista nos dice que Dios con la confusión de las lenguas impide que su orgullo crezca, antes bien es el símbolo de su división y pérdida de poder. ¿Qué significa en realidad la confusión de ‘lenguas’? Tradicionalmente se entendía como la diversidad de lenguas surgidas de repente por la acción de Dios. Hoy días todos entienden por ello el surgir de la discordia y discrepancias internas. Es como nosotros que decimos que ‘no hablamos el mismo lenguaje’ para indicar que ‘no nos entendemos’. Cuando los reyes asirios celebraban sus victorias sobre los enemigos decían: ‘unifiqué la lengua de los pueblos’. Con esta expresión querían significar no la unificación lingüística, sino la política o administrativa. Por tanto, la expresión “Dios confundió sus lenguas” significa que se rompió la unida socio-política y se dispersaron. Así, poco a poco se fueron formando nuevos pueblos y nuevos idiomas que fueron evolucionando lentamente. El género literario del relato es histórico-didáctico. De histórico tiene el marco (Babilonia, Babel, la torre y los materiales de construcción): el contenido es creación libre del autor sagrado con una intención didáctica. El Yavista no quiere darnos a conocer el origen de las lenguas, sino una lección religiosa: los hombres o los pueblos arrogantes se autodestruyen.

- CONCLUSIÓN DE GEN 1-11
Gen 1-11 es una historia constante de pecado y de gracia, de justicia y de misericordia, que forman la doble clave para entender la Biblia como historia de la salvación. A la caída del hombre, un nuevo gesto de gracia, un nuevo ‘juicio de Dios’en su doble aspecto: castigo y perdón, en el que siempre vence su amor misericordioso. Adán y Eva son castigados con la expulsión del paraíso; pero Dios los perdona, les devuelve su dignidad perdida y promete un linaje o descendencia superior al del Mal. El fratricida Caín es expulsado de la tierra fértil; pero Dios le concede una señal protectora para que nadie atente contra su vida. El desenfreno de los contemporáneos de Noé es castigado con el diluvio; pero Dios salva ‘un resto’ y pacta con ellos una alianza de paz, simbolizada en el arco iris. Dios confunde y dispersa a los orgullosos constructores de Babel y permite que todas las naciones sigan su propio camino; pero de éstas, elige un ‘resto’ de Sem: la familia de Abraham, para hacer de él fuente de bendición para todas las familias de la tierra. Por esto, después de la destrucción de la torre, viene la genealogía de los antepasados de Abraham (Gen 11,10-32).

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