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LAS BIENAVENTURANZAS (MATEO 5,1-12)

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LAS BIENAVENTURANZAS

(MATEO 5,1-12)
Autor Prudencio García Pérez

LAS BIENAVENTURANZAS (Mt 5,1-12)
INTRODUCCIÓN Estudiaremos las bienaventuranzas de Mateo. Lucas sólo presenta 4 (dichosos los pobres, los hambrientos, los que lloran y los perseguidos), demostrando mayor fidelidad a las palabras de Jesús y siendo menos importantes para su teología. Mateo eleva el número a 8, les da un toque espiritual y las aplica al comportamiento cristiano de su comunidad. El evangelio de Mateo es una catequesis con lecciones prácticas derivadas de las enseñanzas de Jesús. Así, su evangelio responde a las necesidades de su comunidad a partir de la situación concreta que están viviendo. Esta comunidad está formada por gente sencilla, de origen judío y viviendo en Israel, la cual encuentra una oposición radical en los fariseos y en la sociedad judía. Se les acusa de haber abandonado la fe judía y de admitir paganos en la comunidad, siendo constantemente tentados por el formalismo farisaico y el culto de la exterioridad. La respuesta de Mateo a estas acusaciones consiste en presentar una teología universal y para ello hace descender a Jesús de Abraham, por lo que con la llegada del Mesías, el Israel mesiánico no son sólo las doce tribus, sino la humanidad entera (Mt 1,1). En otras palabras, Mateo viene a decir que los traidores son los judíos que han ignorado la promesa universal hecha a Abraham. En este ambiente hostil, Mateo se ve obligado a hacer una síntesis teológica de la figura y mensaje de Jesús, con el fin de defenderse de las acusaciones y mantener firme la fe de la comunidad. La clave de lectura del evangelio es ‘el Reinado de Dios’. Juan Bautista comienza presentando el tema central, el cual es retomado más tarde por Jesús para aplicarlo a la sociedad judía que lo esperaba con ansia. Pero, ¿Qué entendían los judíos por Reino de Dios? Entendían que la llegada del Mesías, hombre extraordinario poseído por el espíritu de Dios, traería consigo un reino de prosperidad y paz, justicia y dominio sobre las naciones extranjeras. Este Mesías era una especie de segundo Moisés, en la aplicación perfecta de

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la ley, y de un segundo David, en el sometimiento de las naciones. Pero no todos en Israel esperaban lo mismo: Los SADUCEOS, la clase dirigente que tenía el poder económico, no tenían interés ni por el Mesías ni por su Reino, y todo cambio social lo consideraban peligroso para sus intereses. Los FARISEOS, los devotos de la ley, defendían la observancia perfecta de la ley como condición para la llegada del Reino de Dios. Los ZELOTAS, los nacionalistas fanáticos, defendían la ‘guerra santa’ para acelerar la llegada del Reino, punto de inicio para la intervención del Mesías. Los ESENIOS, rompieron con todas las instituciones, vivían en el desierto y eran fieles cumplidores de la ley; también defendían la ‘guerra santa’. Se consideraban los ‘elegidos’, los herederos de las promesas hechas a Israel.

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Todos los grupos sociales concebían el Reinado de Dios: los saduceos para rechazarlo, pues eran los que gobernaban y no querían cambios; los fariseos decían que Dios lo mandaría, y para ello tenían que ser buenos; los zelotas decían que además había que arrimar el hombre y eran los violentos; los esenios compartían las mismas ideas pero no hacían nada. Todos suponían que las ‘instituciones de Israel’ eran intocables. Nadie dudaba de las instituciones, de la monarquía, del templo, ni de la ley; lo que había que cambiar era a los dirigentes para que todo funcionase mejor. Y ahora llega Jesús y pronuncia la siguiente frase: ‘enmendaos porque está cerca el Reinado de Dios’ (Mt 4,17). El verbo “metanoeo” en hebreo es sinónimo de ‘enmendarse’, ‘cambiar de actitud mental’. No dice relación a Dios, sino que indica una opción personal del hombre por la justicia. Por tanto para que llegue el Reinado de Dios se requiere un cambio en el interior del hombre: el propósito de actuar con justicia con todo ser humano, con el fin de no ser cómplice de la injusticia existente. ‘Reinado de Dios’ significa que Dios es rey, que no hay mediaciones y por tanto es una amenaza para todo poder que se interponga entre los hombres y Dios.

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Después del pregón sobre el Reino, viene la vocación de dos parejas de hermanos, llamados a ‘ser pescadores de hombres’ (Mt 4, 18,22), es decir, para atraer a los hombres a este reinado que comienza. Y ellos ‘lo dejaron todo y le siguieron’, este es el modelo de seguimiento de Jesús: el desprenderse radicalmente del pasado. Estas dos parejas de hermanos representan a los dos grupos de la sociedad judía: los más liberales (Pedro y Andrés: nombres en griego y vínculo de igualdad) y los más conservadores (Santiago y Juan: nombres en hebreo y vínculo de autoridad, su padre). Es una invitación hecha a todo Israel, representado por estos grupos. Más tarde, Jesús comienza a enseñar y a curar por toda la Galilea. Y finalmente llega el SERMÓN DE LA MONTAÑA que podemos dividir de la siguiente forma: 1. Introducción (5,1-16) - ¿Quiénes pueden adoptar una actitud cristiana? bienaventuranzas) - ¿Qué peligros corren? (Sal de la tierra y luz del mundo) 2. Cuerpo Central (5,17-7,12) - La actitud cristiana ante la Ley (5,17-48) - La actitud ante las obras de piedad (6,1-18) - La actitud ante el dinero y la providencia (6,19-34) - La actitud ante el prójimo (7,1-12) 3. Conclusión (7,13-27) - Requisitos para conservar una actitud cristiana.

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PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS

La ambientación de las Bienaventuranzas tiene una importancia vital a la hora de comprender el sentido de éstas. En Mateo 4,25 se dice que ‘le seguía una gran multitud de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán’. Este era el antiguo reino de David, lo que significa que le sigue todo Israel. Pero es un seguimiento distinto del de los primeros discípulos, pues la multitud todavía no ha dejado nada. Tienen simpatía por Jesús, ven en él su esperanza, pero aún no son sus discípulos.

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En Mt 5,1-2 se dice de Jesús que ‘viendo la muchedumbre, subió la monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo...’. Esta es la introducción de las bienaventuranzas. La reacción de Jesús ante el gentío es ‘subirse al monte’. En la cultura semítica el término ‘monte’ tiene un gran simbolismo: el Templo estaba en el monte Sión y la ley fue dada a Moisés en el monte Sinaí. Por tanto, el monte es el lugar simbólico de la presencia de Dios en relación con la historia humana, el lugar donde Dios se manifiesta y se comunica con la humanidad. Así, Jesús se sube a la esfera divina y se ‘sienta’ (símbolo de estabilidad), pues su lugar está en la esfera divina. Él ha recibido el Espíritu divino, es el hombre-Dios. Este texto tiene un fuerte paralelismo con el Monte Sinaí. Allí recibió Moisés la Ley de Dios para todo el pueblo. Ahora, sin embargo, es Jesús quien va a proclamar el código de la Nueva Alianza, del Reinado de Dios, que son las bienaventuranzas. A Moisés le habló Dios, ahora es Jesús quien habla, es el hombre-Dios, es la manifestación de Dios en la tierra (Mt 1,23: ‘le llamarán Emmanuel, que significa Dios con nosotros); al Sinaí fue Moisés sólo y el pueblo se quedo fuera del límite (Ex 19,12-21), ahora se le acercan a Jesús sus discípulos, simbolizando que la separación entre Dios y el pueblo se ha terminado, pues los que han hecho una opción por Jesús pertenecen a la esfera divina. Se acabaron las mediaciones porque Jesús toma el papel de Dios mismo y todos los que le siguen tienen acceso inmediato a Dios. ‘Él tomó la palabra y se puso a enseñarles’. La enseñanza es para los discípulos, pero la multitud lo oye. En cierto modo, la multitud también está invitada a oír las palabras de Jesús. ‘Enseñar’ no es informar. Informar es dar a conocer algo que no se sabe; enseñar es dar a conocer algo que no se sabe y además tiene que ser puesto en práctica en la vida del que escucha. De manera que ser discípulo significa aprender del Maestro y traducirlo en su propia conducta, pues aquí no se enseñan teorías, sino una manera de vivir. Por tanto, lo que va a decir a continuación Jesús es para su aplicación por parte de los discípulos y de todos los que le escuchan.

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ESTRUCTURA DE LAS BIENAVENTURANZAS

Los mandamientos de la Antigua Alianza o Decálogo (Ex 20) eran imperativos en futuro que indicaban una serie de prohibiciones: ‘no matarás, no cometerás adulterio, no robarás...’ Este era el Dios impositivo. Pero en la Nueva Alianza de Jesús ya no hay imposiciones, sino sólo una invitación o propuesta de un ideal de vida que ponga al hombre en movimiento. De hecho, todas las bienaventuranzas comienzan con el término ‘dichosos’. Se nota un cambio de estilo. Dios ya no es el soberano del AT, sino el Padre que ofrece al hombre un programa o promesa de felicidad. Esta es pues su estructura: 1. Dichosos los pobres por el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 2. Dichosos los mansos, porque ellos heredarán la tierra. 3. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. 4. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 5. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 6. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 7. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 8. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. La 1ª y la 8ª tienen la segunda parte igual: “porque de ellos es el Reino de los Cielos”. El ‘Reino de los Cielos’ es lo mismo que el ‘Reino de Dios’. Suele decirse que Mateo, como buen judío, emplea la expresión ‘Reino de los Cielos’ por respeto y reverencia al nombre de Dios. Sin embargo, en otros lugares del evangelio usa la expresión ‘Reino de Dios’, lo cual anula lo dicho anteriormente. ¿Por qué hace esta distinción? Estudiando el texto de Mateo se concluye que, cuando usa la expresión ‘Reino de los Cielos’ se refiere a la universalidad de su Reino, un Reino destinado a la humanidad entera; mientras que cuando usa ‘Reino de Dios’, se refiere a las esperanzas del pueblo de Israel sobre el Reino de Dios. El término griego es ‘basileia’, que traduce la palabra aramea ‘malkut’, que significa ‘reinado’: es activo; es la actividad de gobierno que Dios ejerce. Por tanto, la primera y la última de las 6

bienaventuranzas tienen el mismo colofón: "porque ellos tienen a Dios por rey" o "porque sobre ellos ejerce Dios su reinado". Además, éstas dos tienen una relación particular entre ellas: son el marco en el que se encuadran las otras seis. En ambas el verbo está en presente: "porque ellos tienen a Dios por rey": lo tienen ya, ahora. El Reinado de Dios es una realidad que existe ya. Sin embargo, todas las demás tienen los verbos en futuro: "Dichosos los mansos porque ellos heredarán la tierra", "Dichosos los que sufren porque ellos serán consolados",... De manera que la primera y la última son una realidad presente, mientras que las otras seis son una realidad futura: Esto es muy importante. Es una realidad que existe ya y una realidad que tiene que existir, que existirá después. En las otras seis hay dos grupos claros: tres y tres. Las tres primeras -la segunda, la tercera y la cuarta- presentan una situación negativa y dolorosa de la Humanidad, y se promete el remedio. Es decir, ser manso, sufrir (o lo que es lo mismo, estar sometido) y padecer injusticia son situaciones negativas, pero se añaden tres promesas para remediar estas situaciones. En cambio, las otras tres -la quinta, sexta y séptima- hablan de actitudes positivas, que tienen también una promesa: "Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia; dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios, y dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios". En resumen, esta es la estructura: 1ª y 8ª en presente, expresando una realidad que tiene que existir ya. Las seis restantes, en futuro. De ellas, las tres primeras describen situaciones negativas del hombre, y Jesús promete la solución a esas situaciones. Las otras tres son actitudes positivas, y Jesús también ofrece una promesa de felicidad.

ESTUDIO DE LAS BIENAVENTURANZAS

¿Qué es una ‘bienaventuranza’? Es una forma de hablar que proclama la felicidad y la bendición de una persona o grupo en ciertas circunstancias o bajo ciertas condiciones. Es un género literario muy conocido en el AT y aparece en distintos contextos: narraciones, oráculos proféticos, salmos

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(32,2; 33,12) y en los dichos de los sabios (Si 25,7-11). Sin embargo, en todo el AT resulta imposible encontrar una serie de bienaventuranzas como la que nos presenta Mateo. 1. ‘DICHOSOS LOS QUE ELIGEN SER POBRES, PORQUE SOBRE ELLOS EJERCE DIOS SU REINADO’ (Mt 5,3) He escogido la palabra ‘dichosos’ porque traduce a la perfección la idea de ‘bienaventurados’ del evangelio y es más común en nuestras conversaciones. ‘Pobre’ es un término con mucha tradición en el AT y se refiere a aquellos que no poseen nada, los pobres sociológicos (los miserables, los oprimidos, los que no tienen derechos y sobre los que se cometen injusticias en los tribunales). Esto está claro. El problema se halla en el complemento ‘espíritu’, con artículo determinado y en dativo sin preposición ‘de’ (ptojói to pnéumati). Este dativo sólo puede traducirse de dos maneras: dativo de aspecto (pobres en el espíritu) o dativo de causa (pobres por el espíritu). ¿Cuál de las dos es la correcta? Aquí no se habla del Espíritu Santo o del Espíritu de Dios, sino del espíritu humano o interioridad. Si traducimos ‘pobres en el espíritu’ estaríamos hablando de una disposición habitual del que está desprendido del dinero, lo cual no brota de la interioridad del hombre. Sin embargo la traducción correcta es ‘pobres por el espíritu’ porque se trata de una decisión de la voluntad por la cual el hombre elige el estado de pobreza, es pobre por su propia decisión, lo cual es algo interior. Es una opción personal, por la cual afirmo que el dinero no tiene valor para mí, me niego a acumular y a vivir apegado a él, y lo poco que tengo lo pongo al servicio de los demás, lo comparto con los necesitados. Si lo comparamos con ‘ser rico’ se entiende mejor. El ‘ser pobre’ implica unos rasgos negativos: pasar necesidad y depender de otros para sobrevivir. ¿Cómo pueden ser llamados ‘dichosos’ los que viven en esta situación? Aquí, Mateo no hace referencia a los pobres sociológicos en sí, pues éstos podrían tener un gran deseo de riqueza, su ideal sería ser ricos y si no lo consiguen es porque no pueden, y por tanto éstos no están incluidos en la bienaventuranza. Los verdaderamente ‘dichosos’ son los pobres voluntarios, aquellos que con su opción quieren contribuir a eliminar la injusticia en el mundo (compartiendo lo que tienen) o al menos no se hacen

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cómplices de ella (por medio de la acumulación). Éstos son ‘dichosos’ porque están dentro del reinado de Dios (Tú eres de los míos!), en la esfera donde Dios muestra su amor y no se viven las consecuencias negativas de la pobreza: la miseria y la dependencia. Y, ¿Cómo reina Dios? Comunicando al hombre su espíritu de vida y de amor. Éstos están dentro de la órbita del Espíritu de Dios. Por tanto, forman una sociedad totalmente nueva, basada en el amor y la entrega, donde no hay miseria ni dependencia. En ese nuevo grupo humano encuentran su verdadera libertad y felicidad, pues no son esclavos del dinero ni del capital, pues donde Dios reina no hay miseria ni dependencia que significan la falta de libertad y ausencia de felicidad. Por esto se dice que los que hacen una opción por la pobreza son ‘dichosos’. Esta primera bienaventuranza es la puerta de entrada en el Reinado de Dios, es una opción personal contra la ‘riqueza como valor’. Por tanto, está en paralelo con el primer mandamiento de la Antigua Alianza que dice: ‘no tendrás otros dioses delante de mí. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas...’ Amar significa ser fiel. Y el otro dios es el dinero. Se trata pues de hacer una opción por el Dios verdadero o el falso. Si optamos por la acumulación de dinero nos hacemos cómplices de la injusticia del mundo, pues el efecto de la riqueza es el prestigio social, la diferencia de clases, el dominio de unos sobre otros. Si optamos por el Dios verdadero renunciamos activamente a los falsos valores de la sociedad (dinero, prestigio y poder), que son el origen de toda injusticia y de la infelicidad en el mundo. Por si no hubiera quedado claro el contenido de la primera bienaventuranza, Mateo, en el cap. 6 del Sermón de la Montaña, nos explica detalladamente lo que significa ‘optar por la pobreza’ en tres perícopas: El verdadero tesoro (6,19-21: seguridad en las riquezas o en el Dios que nunca falla); el ojo, lámpara del cuerpo (6,22-23: tacañería-avaricia o generosidad); Dios y el dinero (6,24). La cuarta perícopa clarifica la segunda parte de la bienaventuranza: abandono en la Providencia (6,25-34: olvidar las preocupaciones mundanas y abandonarse totalmente a Dios). También en ‘las multiplicaciones de panes’ (14,13-21; 15,32-39) y en la parábola del tesoro (13,44-46). Esta bienaventuranza, como el resto, está en plural, pues aunque se trata de una opción personal, esta opción debe ser vivida en comunidad, en

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grupo. Es en esa comunidad humana donde se manifiesta el amor del Padre, que se traduce en el amor de unos por otros, y por tanto no hay que preocuparse porque nunca faltará de nada. En resumen, la primera bienaventuranza nos enseña que: 1) ser pobres significa no acumular riquezas; 2) lo poco que se tiene es para compartirlo con los que lo necesitan, hay que ser generosos y estar dispuesto a ayudar; y 3) eso es signo de auténtica fidelidad y amor a Dios. Con esta actitud demostramos estar dentro del Reinado de Dios y lo hacemos presente entre los hombres. Por tanto, toda comunidad cristiana está trabajando en la obra del Padre si es generosa, si contribuye a la eliminación de la injusticia, la opresión y todo aquello que mutila al hombre y le deshumaniza. No hay que preocuparse, pues en esa comunidad que sabe entregarse no habrá dificultad para nadie. 2. ‘DICHOSOS LOS SOMETIDOS, PORQUE ELLOS HEREDARÁN LA TIERRA’ (Mt 5,4) Esta bienaventuranza está tomada del salmo 37 y suele traducirse por ‘los mansos’. Si analizamos el salmo 37, el término empleado en hebreo es el mismo de los ‘pobres’, pero el texto griego le ha dado el sentido del contexto: los que carecen de independencia y libertad, los que están sometidos a otros. El salmo trata de eso. En Israel existía una legislación bastante utópica, parece que nunca se llevó a la práctica (de hecho en tiempos de la monarquía ya no existía), en la cual se repartía la tierra de manera que cada familia tuviera un pequeño patrimonio, lo suficiente para vivir, con lo que se aseguraba la libertad, la autonomía y la dignidad de todos los componentes del pueblo (Dt 25,23-29). Sin embargo, los reyes y los grandes de la corte se dedicaron a acumular propiedades y así continuó hasta hacer decir a Isaías: “maldito el que añade campo a campo; maldito el que añade casa a casa y no deja espacio para nadie en el país” (Is 5,8). Así, el Salmo 37 trata de calmar los ánimos de los que protestan porque los ricos y poderosos les han despojado de sus propiedades. Al perder sus terrenos, habían perdido su independencia y su libertad, estaban sometidos y eran siervos de los terratenientes. El salmista pretende consolar

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a esta gente prometiéndoles que Dios lo arreglará. Pero todo seguía sin solución hasta los tiempos de Jesús. El salmista les hace la promesa de que ‘ellos poseerán tierra’ (Sal 37,9), pero sin artículo, es decir, cada familia tendrá un terreno. Sin embargo el evangelista habla de que ‘ellos poseerán la tierra’, con artículo: ya no se trata de un trozo de tierra, sino de la tierra entera como símbolo de la tierra prometida. Por tanto, la ‘posesión de la tierra todos en común’ es el símbolo de la libertad, dignidad e independencia de todos los hombres. O sea que todos los sometidos van a encontrar en este nuevo mundo creado por la comunidad evangélica su libertad y autonomía. Una manera de acabar con la injusticia. Pero esto en la comunidad cristiana no se ha cultivado mucho, sino en grupos esporádicos. 3. ‘DICHOSOS LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS’ (Mt 5,5) ‘Los que lloran’ es una expresión tomada de Is 61, al igual que la primera bienaventuranza. En este pasaje precioso, dice Isaías: “El Espíritu de Dios está sobre mí, me ha ungido para proclamar la Buena Noticia a los pobres, a consolar a los que lloran...”. Este texto se aplica al pueblo de Israel que sufre la opresión, el dominio y el sometimiento de pueblos más poderosos que él; y también a los pobres e indefensos que sufren la injusticia dentro del pueblo de manos de la clase rica y poderosa. En el evangelio sin embargo tiene un sentido universal, aplicándose a la humanidad entera. De manera que ‘los que lloran’ son aquellos que sienten un dolor muy fuerte, pues Mateo utiliza el verbo que indica el luto por la muerte de un pariente. El verbo griego ‘klaiein’ expresa un dolor interno tan grande que no puede contenerse y se manifiesta exteriormente en forma de gritos y lamentos. Pero este verbo no sólo se emplea en situaciones de luto o duelo, sino también en momentos de una opresión tan insoportable que no se pueden acallar los gritos. Estos que sufren, los oprimidos, van a ser dichosos, porque van a encontrar consuelo. Su sufrimiento va a ser aliviado y suprimido. ¿Cómo es posible realizar esto? ¿Es que Dios va a cambiar su situación social? Ya afirmamos que el Reinado de Dios implica la construcción de una sociedad alternativa a la existente, una sociedad donde todos los hombres son iguales, libres, solidarios, hermanos bajo un mismo Padre. La primera

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bienaventuranza, en presente, constituye ya ahora la comunidad cristiana, el lugar donde Dios reina, y una vez que ésta ha sido constituida, comienza el proceso liberador de la humanidad (las demás bienaventuranzas están en futuro). Y por liberación se entiende hacer pasar al hombre de un estado negativo (estado de opresión, injusticia, servidumbre, dependencia) a otro positivo (libertad, autonomía, amor, justicia, solidaridad, etc...). Así, al formarse por opción personal la comunidad cristiana, se crea el espacio adecuado donde los que sufren o están oprimidos pueden encontrar su consuelo y salir de su situación negativa. Y para ello se requieren dos cosas: que la gente conozca que existe otra sociedad alternativa a la existente (lo cual implica el anuncio y proclamación de este nuevo modelo de vida) y que la alternativa exista realmente (no sólo es el anuncio de una utopía, sino que se vea que existen grupos o comunidades cristianas que viven según ese espíritu). Algo así como la parábola del grano de mostaza, que se hace más grande que todas las hortalizas. Por tanto, no se trata de teorías filosóficas, sino de hacer ver a la gente del mundo, con nuestra vida práctica, que es posible vivir ese ideal de igualdad, amor, libertad y justicia. Y ahí es donde los oprimidos, los que sufren, van a encontrar su consuelo, porque en esta nueva sociedad la opresión no existe. 4. ‘DICHOSOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS’ (Mt 5,6) Esta bienaventuranza resume el contenido de las dos anteriores. Se sirve de una metáfora muy fuerte ‘hambre y sed’ para indicar que sin justicia el hombre no puede vivir. De igual manera que el que no come o bebe se muere, el que vive en la injusticia es un muerto viviente. Esa vida no es digna de ser vivida. Y esa injusticia representa a las dos anteriores (opresión y sometimiento) y a todos aquellos aspectos de la injusticia que pueden surgir en el mundo. Por ‘justicia’ entendemos la que se realiza entre hombre y hombre, lo cual supone igualdad, dignidad, libertad, autonomía, en definitiva, todo aquello que hace que una persona sea persona. Así pues, el deseo ardiente de justicia que tiene la humanidad va a encontrar su punto de apoyo en esta nueva sociedad o comunidad fundada por Jesús, que va a luchar con todas sus fuerzas para devolver la dignidad humana a todos los hombres. ¿Cómo podemos llevarlo a la práctica? ¿Cómo podemos ser solidarios con los que sufren la injusticia en el mundo? Esto

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depende de lugares, circunstancias y situaciones, lo que nos llevará a buscar las iniciativas más adecuadas para el lugar donde vivimos. Pero hay que tener en cuenta que las bienaventuranzas no son leyes, sino espíritu. Por tanto, debe ser el Espíritu de Jesús el que nos empuje a la acción y no el deber o la obligación, pues así no se hace nada ni se llega a ningún sitio. En resumen, estas tres bienaventuranzas que expresan situaciones negativas del hombre, encuentran su promesa de solución en la existencia de esa comunidad cristiana que se va formando y creciendo, una sociedad alternativa que devuelve al hombre su libertad, dignidad y felicidad. Ahora vienen otras tres bienaventuranzas que expresan una situación positiva, es decir, como tiene que ser la disposición interior de la comunidad, como tiene que ser por dentro para lograr eliminar las situaciones negativas. 5. ‘DICHOSOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA’ (Mt 5,7) El término ‘misericordia’ (en hebreo ‘hesed’) no hace referencia a un mero sentimiento, por el cual siento pena o lástima por alguien que tiene problemas o se halla en una difícil situación. Se trata más bien de vivir la empatía, meterse en la piel del otro hasta ver y sentir lo mismo, de tal manera que me identifico con él. Esta comprensión del otro no me deja estático o indiferente, me empuja a buscar la solución a sus problemas, como lo haría si fueran lo míos propios. En definitiva, ‘misericordiosos’ son aquellos que prestan ayuda a quien la necesita. Algo así como las ‘obras de misericordia’ que todos aprendimos: “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, etc.”. No son sentimientos o sensaciones, son obras. Por tanto, la actitud o disposición interior de la comunidad cristiana debe ser siempre la de ‘prestar ayuda’, ‘identificarse con el necesitado’ de tal manera que se busque la solución a su problema como si fuera el propio. Y la comunidad que vive de esta manera ‘va a recibir ayuda o misericordia también’. Dios ayuda a la comunidad que ayuda. Esta es la acción directa de Dios en la comunidad y una de las maneras en las que la comunidad cristiana contribuye a la liberación del hombre de toda opresión e injusticia.

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6. ‘DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS’ (Mt 5,8) El ‘corazón’ es la interioridad de la persona, en su estado estático o permanente. ‘Limpio’ es igual a ‘puro’. Por esto, la persona que tiene el corazón limpio es aquella que no abriga mala intención para nadie. El mismo Mt 15,1020 nos explica lo que hace impuro al hombre: “lo que sale del corazón es lo que mancha al hombre, porque del corazón salen las malas ideas, las malas intenciones...”. Así, tener el ‘corazón limpio’ significa no tener malas intenciones o ideas para con nadie, vivir en la benevolencia, tener una disposición positiva y favorable para todo el mundo. Es signo de transparencia, sinceridad y autenticidad, lo que hace que esa nueva comunidad sea totalmente diferente del mundo que nos rodea. ¿Cuál es la promesa que se hace a los miembros de esta comunidad? Éstos ‘verán a Dios’. Ya es un paso más. La anterior se refería a los actos exteriores de la comunidad ‘prestar ayuda y simpatizar con el otro’, y lo que reciben de Dios es un acto exterior ‘reciben ayuda’. Esta bienaventuranza nos habla de las disposiciones interiores de la persona, que se traducen inmediatamente en la conducta, porque cada uno actúa según es por dentro. Si una persona por dentro es sencilla, transparente, pacífica, amorosa, eso es lo que manifiesta en su forma de actuar. Por tanto, los que son de esta manera van a tener una experiencia directa e inmediata de Dios en su vida. Esta bienaventuranza está tomada del Salmo 24,3-4, que dice: “¿Quién, Señor, subirá a tu templo y verá tu rostro? El hombre de manos inocentes y puro corazón...”. De manera que en el AT había que ir al templo para ver a Dios y la pureza del hombre dependía de la puesta en práctica de una serie de ritos y leyes. En el NT, la condición para ver a Dios es la disposición transparente, sincera, auténtica, amorosa del corazón hacia los demás. La comunidad que vive de esta forma tendrá una experiencia continua de Dios en su vida cotidiana. Y no hay más pureza o limpieza que ésta. 7. ‘DICHOSOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ, PORQUE ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS’ (Mt 5,9) Las dos anteriores ‘prestar ayuda’ (actitud exterior) y ‘limpieza del corazón (actitud interior) se sintetizan en ésta. Para ello hay que entender el concepto de ‘paz’ que tenían los hebreos. La paz, en la mentalidad semítica, no

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es sólo la ausencia de la guerra, sino que significa también la prosperidad, las buenas relaciones humanas (fraternidad), la defensa del derecho y la recta administración de la justicia. En otras palabras, la felicidad del hombre. Por consiguiente, cuando decimos ‘dichosos los que trabajan por la paz’, estamos diciendo que ‘son dichosos los que trabajan por la felicidad de los hombres’. Y a todos éstos se les hace una promesa también: ‘serán llamados hijos de Dios’. En el lenguaje de los evangelios, se llama ‘hijo’ no solamente al que nace de un padre, sino al que se parece a su padre, al que se comporta como él. El que no se comporta como su padre no es su hijo, aunque haya nacido de él. Un ejemplo clarificador de esta idea es el texto de Mt 13,53-58, cuando Jesús vuelve a Nazaret y la gente se pregunta: ¿No es éste el hijo del carpintero, de José? Obviamente todos sabían que era hijo de José, pero su pregunta indica más bien que su comportamiento y su actividad es totalmente diferente de la de su padre, o sea, que no se parece a su padre en nada. De este modo, a los que trabajan por la felicidad de los hombres, Dios los va a llamar hijos suyos, porque se comportan como él, pues su deseo es la felicidad del hombre. En el lenguaje semítico ‘dar un nombre’ o ‘llamar’ indica tener un conocimiento de la naturaleza, cualidad y esencia de esa persona. En consecuencia, saber el nombre de una persona significa conocer su realidad más íntima, sus secretos y su destino. Así, ser ‘llamados hijos de Dios’ es lo mismo que decir que son reconocidos como verdaderos hijos suyos y, por esto, proclaman al mundo entero la imagen del Dios verdadero. 8. ‘DICHOSOS LOS PERSEGUIDOS POR CAUSA DE LA JUSTICIA, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE DIOS’ (Mt 5,10) Esta es la última bienaventuranza, que está en paralelo con la primera, porque está en presente y comparte la parte final de la misma. Ambas, la primera y la última expresan dos grandes paradojas humanas: ‘dichosos los que eligen ser pobres’ y ‘dichosos los que viven perseguidos’. En griego el ‘vivir perseguido’ no es algo puntual o momentáneo, se trata de un estado continuo de persecución. Lo que traducimos habitualmente por ‘justicia’, en este caso deberíamos traducirla por ‘fidelidad’, porque el término expresa ‘la justa relación con alguien’. Si esta justa relación hace referencia a Dios se la denomina ‘fidelidad’; si se refiere al hombre se la llama ‘justicia u honradez’. Aquí, en este contexto, se trata de la fidelidad a Dios, que se traduce al

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mismo tiempo en fidelidad al hombre. Esta es una fidelidad al compromiso u opción hecha en la primera bienaventuranza. De ahí que Jesús la aplique inmediatamente a sus discípulos diciendo: “dichosos vosotros cuando os persigan por causa mía”. Es fidelidad a Jesús, a su causa, a su mensaje, a la opción de la primera bienaventuranza, es decir, por la pobreza, eligiendo a Dios y renunciando a la idolatría del dinero. Desde este punto de vista, cuando la comunidad cristiana rechaza de palabra y de obra los valores en que se funda la sociedad existente (la ambición del dinero, la fama y el poder) comienza a ser un grupo molesto para esa sociedad y ésta lo persigue. Cada época, obviamente, se sirve de distintas técnicas de persecución: la muerte, la cárcel o incluso la adulación. Por lo tanto, si la comunidad cristiana está muy apegada a la sociedad existente no está viviendo la alternativa evangélica en su praxis, no está negando los valores sobre los que se apoya la sociedad injusta y se hace cómplice de las violaciones que se cometen contra los necesitados. Sin embargo, si la comunidad cristiana vive el mensaje evangélico, entonces tiene que chocar tarde o temprano con cualquier régimen político, ya que su escala de valores es distinta a la de todos los regímenes políticos. ¿Por qué se dice que ‘éstos tienen a Dios por Rey’? ¿Por qué son ‘dichosos’? Porque tienen la experiencia personal y comunitaria de que Dios está con ellos, porque sienten su presencia y su reinado sobre ellos. Digamos pues que la persecución es el signo del éxito de la comunidad y signo de la presencia de Dios, pero esto no quiere decir que tengamos que buscarlas o provocarlas. Y las bienaventuranzas concluyen con la explicación directa de Jesús a sus discípulos, los que ya han hecho una opción personal por él, del significado de la persecución. Las bienaventuranzas se dirigían a la humanidad entera, ésta solo a los discípulos que le siguen o se han adherido a su misión. ‘DICHOSOS VOSOTROS CUANDO OS INJURIEN, OS PERSIGAN Y OS CALUMNIEN DE CUALQUIER MODO POR MI CAUSA. ESTAD ALEGRES Y CONTENTOS, PORQUE VUESTRA RECOMPENSA SERÁ GRANDE EN LOS CIELOS; PUES DE LA MISMA MANERA PERSIGUIERON A LOS PROFETAS ANTERIORES A VOSOTROS’ (Mt 5,11-12).

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Cuando se vive en la fidelidad al evangelio y se atacan con nuestra propia vida las bases injustas de la sociedad, ésta va a buscar siempre la manera de desacreditar a la comunidad cristiana comprometida. Le colgarán etiquetas de todo tipo, las peores posibles: ‘herejes’, ‘comunistas’, ‘anarquistas’, etc. Cuando todo esto suceda, hay que dar un ‘salto de alegría’ (que es lo que significa el verbo griego) pues la recompensa es Dios mismo, su reino, su espíritu de amor, su presencia. Y esto es poco convencional, porque cuando alguien nos hace algo sucio, o nos pone la zancadilla, lo normal es ponerlo a parir; sin embargo, la reacción del que vive la alternativa del reino debería ser: ‘es lógico, tiene que pasarme, lo malo sería que no me pasara’. Y esto no es nuevo, ya le pasó a los profetas anteriores. De modo que el cristiano es también profeta, si pero de otra manera. El profeta del AT era el que denunciaba con la palabra, mientras que el del nuevo es el que vive la nueva realidad. Profeta es el que denuncia la injusticia existente y anuncia la esperanza del cambio, pero no sólo con la palabra, sino fundamentalmente con las obras y el estilo de vida. Esto claramente no se puede vivir de modo personal o individual, se realiza en la comunidad o en el grupo, pues un individuo sólo no puede resistir la presión social. La seguridad va a ser la comunidad. Por supuesto que el amor de Dios es una experiencia interior, pero además, es la experiencia del grupo, experiencia del amor de Dios que se manifiesta en los demás. Por eso puede ser dichoso, porque tiene esta seguridad, la del amor de Dios y de los demás.

CONCLUSIÓN

Las bienaventuranzas son una invitación lanzada a toda la humanidad para comenzar a crear una sociedad alternativa a la existente donde se puedan vivir los valores del reino de Dios. Para ello, el evangelista Mateo pone en boca de Jesús las pautas a seguir para llevar a la práctica este modo alternativo de vida:

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Es una opción personal libre por la pobreza (poner la propia seguridad en Dios, ser generosos, compartir) como valor en contraposición con los valores de la riqueza (dinero, fama y poder). Esta es la puerta de entrada al Reino de Dios y donde comienza a amanecer la comunidad cristiana. Las situaciones negativas de la humanidad (‘hambre y sed de justicia’) van a ser cambiadas radicalmente, porque hay una alternativa, la comunidad cristiana, que va a luchar para que el amor de Dios brille entre los hombres. Pero para conseguir este objetivo, se requieren unas actitudes o disposiciones dentro de la comunidad cristiana: 1) prestar ayuda, sabiendo que van a recibir ayuda; 2) limpieza de corazón, transparencia, sencillez, autenticidad, sinceridad, actitud interior que se refleja en la conducta y tiene como premio la presencia continua del amor de Dios en la comunidad y en los individuos; 3) trabajar por la felicidad de los hombres, con el objetivo de liberarlos de la injusticia e iniciarlos en el camino de la fraternidad, solidaridad, del compartir, o sea todo lo que favorece un clima de amor entre los hombres. El que se comporta de esta manera, se parece a Dios y por tanto será reconocido como hijo suyo. El crecimiento y desarrollo de esta nueva comunidad humana, basada en los valores del evangelio, molestará a la sociedad existente pues se basa en valores injustos y promueve la injusticia, lo que traerá consigo persecuciones, calumnias e injurias. Debemos pues mantenernos firmes y fieles a la opción realizada, porque Dios no nos va a abandonar, antes bien vamos a experimentar su presencia y su protección con más fuerza a nivel personal y comunitario.

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