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Carrera

Profesorado en Enseñanza Superior

Cátedra
Taller de Intervención
Educativa
Docente: Albornoz, Pablo.

Material de lectura N° 1
Bienvenidos/as al recorrido por el primer módulo del Taller de Intervención Educativa.

Como el nombre lo indica en el programa, “Intervención educativa: aproximaciones


teóricas”, nos ocuparemos del abordaje del término Intervención(es), desde distintos
campos disciplinares para reflexionar sobre sus concepciones, dimensiones e
implicancias en lo educativo.

Para una primera definición retomamos los planteos de Nirenberg (2013), quien sostiene
que:

El término intervención comprende un abanico amplio de iniciativas que se realizan en


diferentes niveles y que pueden variar desde proyectos locales, comunitarios, hasta
políticas y programas de gobiernos nacionales, provinciales/ estaduales o
municipales/distritales, así como de organismos o agencias de cooperación
internacional, de organizaciones no gubernamentales y de empresas. (...). Se entiende
al conjunto de actividades entrelazadas y orientadas a un mismo propósito, que reúne
las siguientes características básicas: - se realiza de manera formal u organizada, es
decir, programa, acorde a supuestos conceptuales (o teoría del cambio); - responde a
necesidades, disconformidades o situaciones problemáticas, priorizadas y definidas
socialmente que no pueden ser satisfechas o superadas en forma individual; - se orienta
al cambio, a transformar situaciones insatisfechas hacia modelos deseables; - aspira a
una legitimación pública o social (pág. 22).

Siguiendo las características que propone la autora, es necesario detenerse a


reflexionar sobre qué necesidades y/o situaciones problemáticas atraviesan a la
sociedad en general y en el ámbito educativo, en particular, que demandarían nuestra
intervención.

En este sentido, les invito a leer los aportes de Alfredo Carballeda (2008) - desde el
Trabajo Social- en su texto “Problemáticas sociales complejas y políticas públicas”. El
autor sostiene que en las últimas décadas, los cambios sociales han impactado
profundamente el campo de la intervención en lo social, redefiniendo sus objetivos y
estrategias. La fragmentación de los lazos sociales, la desigualdad y la incertidumbre
han generado problemáticas sociales complejas, donde la intervención debe responder
a nuevos desafíos en contextos dinámicos. En este escenario, la intervención educativa
se enmarca en la tensión entre necesidades, derechos y estructuras institucionales,
buscando transformar realidades desde un enfoque situado y crítico.
La intervención no es solo un conjunto de acciones técnicas, sino un proceso de
construcción de significados, prácticas y representaciones sobre los sujetos y sus
contextos. Este enfoque destaca la importancia de la reflexión ética y deliberativa, ya
que intervenir implica asumir responsabilidades y cuestionar los marcos desde los
cuales se actúa. La intervención educativa, en este sentido, no solo transforma
escenarios, sino que también abre espacios para la visibilización de problemáticas,
desnaturalizando aquello que parece dado y promoviendo el cambio social.

Finalmente, para Carballeda (2008), la intervención en lo social se presenta como un


dispositivo de transformación, que dialoga con múltiples disciplinas y actores. Su
complejidad crece a medida que emergen nuevas demandas, requiriendo articularse
con las políticas públicas y las organizaciones de la sociedad civil. Más allá de resolver
problemas inmediatos, la intervención genera preguntas, replantea enfoques y desafía
las estructuras establecidas, posicionándose como una herramienta clave para la
construcción de una educación y una sociedad más equitativas.

Ahora bien, vale preguntarse ¿qué particularidades/ singularidades asume la


intervención en el campo educativo? ¿qué lugar/ posición ocupamos como docentes/
futuros docentes para posibilitar la transformación de lo que identificamos como
situación problemática en el contexto en el que nos insertamos profesionalmente, las
instituciones que habitamos?

Para lo cual, el artículo de Negrete Arteaga (2022) nos presenta un análisis profundo
sobre la investigación-intervención educativa, destacando su evolución y pertinencia en
el contexto contemporáneo. La autora señala que esta perspectiva no solo responde a
necesidades emergentes en la educación, sino que también se configura como una
herramienta crítica para repensar el papel de los docentes e investigadores. En un
mundo marcado por crisis estructurales y transformaciones sociales, la intervención
educativa se presenta como un campo en constante cambio, en el que la reflexión ética
y la deliberación son esenciales para su práctica.

Desde esta mirada, la intervención educativa no es un simple acto de resolución de


problemas, sino un proceso de construcción de significados en el que intervienen
múltiples dimensiones: subjetivas, institucionales y metodológicas. Negrete Arteaga
(2022) enfatiza la importancia de la deliberación y la reflexión crítica, argumentando que
intervenir no solo implica actuar sobre una situación, sino también cuestionar los marcos
que la estructuran. A través de un enfoque que vincula la investigación con la acción, la
autora destaca la necesidad de repensar las prácticas educativas desde la experiencia,
evitando respuestas mecánicas o puramente instrumentales.
En este sentido, la autora introduce el concepto de "emergencia", diferenciándolo de la
urgencia. La emergencia no debe entenderse como una reacción inmediata, sino como
la posibilidad de generar conocimiento a partir de la experiencia y el análisis de las
condiciones estructurales que determinan el contexto educativo. Siguiendo a Foucault y
Derrida, Negrete Arteaga (2022) argumenta que la intervención educativa debe operar
en el entrecruzamiento de diferentes fuerzas, permitiendo la visibilización de conflictos,
desigualdades y dinámicas de poder que afectan la educación.

El artículo también resalta la importancia del acompañamiento y la grupalidad en los


procesos de intervención. En el marco del proyecto MEXESPARG (Investigación e
Intervención Educativa Comparada México-España-Argentina), la autora destaca cómo
la construcción colectiva del conocimiento permite generar experiencias significativas y
transformadoras. La intervención educativa, en este sentido, no es un acto solitario, sino
un espacio de encuentro donde se tejen saberes, afectos y estrategias de acción.

Por último, Negrete Arteaga (2022) enfatiza que la investigación-intervención educativa


es un proceso de formación y transformación tanto para quienes intervienen como para
quienes son intervenidos. La intervención no se limita a aplicar técnicas predefinidas,
sino que se inscribe en un trabajo de análisis, reflexión y creatividad que permite abrir
nuevas posibilidades de sentido en la educación. Así, la autora plantea la necesidad de
seguir explorando este campo, no solo como una práctica educativa, sino como un
horizonte ético y político en la búsqueda de una educación más equitativa y situada.

Los argumentos de Negrete Arteaga (2022) nos invitan a pensar de qué manera
podemos reflexionar, analizar, identificar e interpretar situaciones que requieren de
nuestra intervención en las instituciones educativas. Esto demandará, efectivamente, un
posicionamiento activo en la posición que nos toca ocupar en éstas.

Por lo cual, me parece importante problematizar dos categorías de análisis que van a
ser centrales a la hora de observar detenidamente sus contextos de inserción
profesional particulares. Estos son: ESCUCHA Y MIRADA. Para la primera tienen a
disposición el texto de Carballeda (s/f) y para la segunda el material de lectura N°2 en
donde recupero los aportes de Sandra Nicastro (referente en el campo educativo cuya
temática de investigación se centra en el Asesoramiento Pedagógico).
El texto de Carballeda (s/f) analiza el concepto de escucha desde una perspectiva social
e institucional, destacando su papel en los procesos de intervención. La escucha no es
solo un acto fisiológico de oír, sino un proceso relacional y contextual, en el que influyen
el escenario, los significados y las dinámicas institucionales. La capacidad de escuchar
en el ámbito de la intervención social implica no sólo captar las palabras del otro, sino
interpretar su contexto, reconocer silencios y construir sentidos compartidos. De este
modo, escuchar se convierte en una herramienta clave para la comprensión y la acción
en contextos de vulnerabilidad.

El autor subraya que la escucha activa es fundamental para la inclusión social, ya que
permite la reafirmación de la identidad y la pertenencia. Ser escuchado es un derecho,
especialmente para aquellos sectores históricamente excluidos. La ausencia de
espacios de escucha genera aislamiento y fragmentación social, mientras que su
existencia posibilita la circulación de la palabra y la reconstrucción de lazos
comunitarios. En este sentido, la intervención social debe promover instancias donde el
diálogo y la comprensión sean posibles, evitando prácticas burocráticas que reduzcan
la escucha a un simple procedimiento administrativo.

Carballeda (s/f) también advierte sobre los efectos del neoliberalismo en la escucha,
señalando cómo la saturación de discursos vacíos ha llevado a una paradoja: en un
mundo con un exceso de palabras, la verdadera escucha se ha vuelto escasa. La
fragmentación del tejido social y la pérdida de sentido en los discursos han generado
nuevas formas de exclusión, donde los sujetos quedan silenciados. La política y las
instituciones tienen la responsabilidad de recuperar la palabra y la escucha como
herramientas de transformación social, posibilitando la construcción de nuevos
significados y espacios de participación.

Desde la intervención social, escuchar implica mucho más que recibir información; es
un proceso de comprensión y explicación que busca organizar los sentidos, códigos y
perspectivas de quienes participan. La escucha no solo ayuda a comprender las
problemáticas sociales, sino que también contribuye a su transformación. En este
sentido, la institución no solo actúa como un espacio donde se escucha, sino que
también debe facilitar esta acción, asegurando que los sujetos puedan expresar sus
experiencias y ser reconocidos en su singularidad.
Finalmente, el autor enfatiza que la escucha es un proceso de reconstrucción del lazo
social, fundamental para la generación de estrategias de intervención que atiendan las
problemáticas contemporáneas. En un mundo donde el desencanto y la indiferencia
predominan, recuperar la escucha es recuperar la posibilidad del diálogo, la
comprensión y la transformación social. Solo a través de una escucha genuina, las
políticas y las intervenciones podrán responder verdaderamente a las necesidades de
la sociedad, promoviendo una comunidad más integrada y equitativa.

Por otro lado, Nicastro (2006) propone reflexionar sobre la escuela desde la categoría
de la mirada, entendida como una construcción social que determina lo que se percibe
y cómo se interpreta la realidad educativa. La autora enfatiza que no hay una única
manera de mirar la escuela, sino que esta es el resultado de múltiples discursos,
experiencias y posiciones que la configuran. Así, invita a los lectores a revisar los modos
en que se ha pensado y analizado la institución escolar, poniendo el foco en aquello que
suele quedar fuera de la escena explícita, es decir, en lo implícito, lo latente y lo no dicho
dentro de la vida escolar.

Desde esta perspectiva, mirar la escuela no implica solo describir lo que sucede en ella,
sino problematizarlo. Nicastro (2006) plantea que, con frecuencia, las interpretaciones
sobre la escuela se reducen a su estructura organizativa, normativa o funcional, dejando
de lado dimensiones simbólicas y subjetivas que atraviesan la experiencia educativa.
En este sentido, la autora recupera el concepto de mirada crítica, que permite cuestionar
lo instituido, develar las tensiones subyacentes y comprender que la escuela no es un
espacio neutral, sino un entramado complejo de relaciones, discursos y prácticas que
deben ser interpretadas en su contexto.

Un punto central del capítulo es la relación entre lo visible y lo invisible en la escuela.


Nicastro (2006) señala que los análisis tradicionales suelen centrarse en aquello que es
tangible y mensurable (como la infraestructura, los programas de estudio o los
resultados académicos), pero dejan en un segundo plano otros aspectos igual de
fundamentales, como las emociones, los conflictos, los afectos y las expectativas que
circulan dentro del ámbito escolar. La autora sostiene que mirar la escuela implica
también prestar atención a lo que no se dice, a lo que se silencia o se da por supuesto,
ya que en esos espacios se encuentran claves fundamentales para comprender las
dinámicas educativas.
Asimismo, la autora introduce el concepto de desnaturalización de la mirada, es decir,
la necesidad de cuestionar las formas habituales de ver la escuela y de construir nuevas
formas de interpretar sus prácticas y sentidos. Nicastro (2006) sostiene que la escuela
ha sido leída históricamente desde ciertos marcos conceptuales dominantes que han
fijado su significado, pero que es posible descentrar esas miradas y generar otras
lecturas que den lugar a nuevas comprensiones. Esto implica adoptar una perspectiva
más amplia, capaz de integrar las voces de quienes habitan la escuela y de reconocer
la heterogeneidad de experiencias que allí coexisten.

La autora invita a revisitar la escuela desde una mirada abierta y dinámica, que permita
captar su complejidad y repensar sus significados. Nicastro nos interpela a no
quedarnos solo con lo aparente, sino a desarrollar una mirada más profunda que nos
ayude a comprender cómo se construyen los sentidos dentro de la institución educativa.
Así, la propuesta no es solo académica, sino también política y ética: mirar la escuela
con nuevos ojos significa también abrir la posibilidad de transformarla.

Bien! Hasta aquí el abordaje del primer módulo. Les invito a detenerse en la lectura de
la bibliografía, a realizar sus consultas en el Foro de Consultas del Aula Virtual, y sus
comentarios en la actividad propuesta.

Nos encontramos en los encuentros sincrónicos: para este Taller es fundamental la


participación en ese espacio ya que posibilita la reflexión y construcción colectiva de
conocimiento. ¡Les espero!

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