POLITICAS EDUCATIVAS 1850/1880
Alberdi y Sarmiento
El gran desafío que enfrentaron los intelectuales y políticos que consolidaron el estado nacional
en la segunda mitad del siglo XIX fue crear un orden político legítimo, capaz de imponerse en un extenso
territorio, poco poblado y escasamente integrado. Tanto para Sarmiento como para Alberdi la cuestión
central era el progreso material y la estabilidad política que tal desafío requería. Si ambos coincidieron en
la necesidad de cambiar las costumbres y los hábitos de la población, tuvieron discrepancias sobre el
papel de las instituciones educativas.
Para Alberdi, la educación ciudadana, ocupaba un lugar relegado frente a la necesidad de
mantener el orden y la estabilidad política, y de formar la fuerza laboral, que pudiera garantizar el
progreso del país, la producción y las exportaciones. Ante esos problemas a resolver, Alberdi confiaba
más en la capacidad del trabajo y la inmigración, como fuerzas para reformar los hábitos y costumbres,
que en las instituciones educativas.
Sarmiento, en cambio, apostaba al poder eficaz de la escuela primaria obligatoria.Creía que esta
influiría en forma decisiva en la transformación de la Argentina, contribuyendo a moldear a la sociedad
de argentinos e inmigrantes que garantizaría el progreso nacional y que conformarían la república de
ciudadanos con habilidades para garantizar el sistema democrático.
Finalmente, la Ley de Educación Común significó un reforzamiento a las aspiraciones de
igualdad, mientras se conservaban las prácticas políticas restrictivas de la participación ciudadana
IDEAS PEDAGOGICAS
Introducción
Las políticas educativas y las corrientes pedagógicas, amalgamadas(mescladas) unas con otras,
eran parte de los programas, inventarios y exploraciones de esos educadores para quienes todo estaba por
hacerse en el “desierto” argentino.
Las experiencias educativas norteamericanas pero también las francesas y alemanas, fueron
objeto de estudio para quienes se ocuparon de la educación en Argentina.
Proponerse como aspecto prioritario el desarrollo de la “educación común”, es decir, de políticas
educativas para toda la población infantil, condujo a analizar los métodos y contenidos más apropiados
para enseñar y aprender, uno de los ejes de las observaciones de Domingo Faustino Sarmiento en sus
viajes y reflexiones.
Los métodos educativos fueron otro importante desafío. El rechazo de la violencia física -y en
cierto modo de la psicológica en el proceso educativo fue una de las notas más consensuadas entre el
elenco dirigente de la educación.
POLITICAS EDUCATIVAS
La educación, eje de la modernización
El desarrollo de la educación pública en la Argentina tiene la impronta sarmientina. El programa
de Sarmiento sufrió matices a lo largo de las cinco décadas en las cuales la educación fue su obsesión. No
obstante, hay una línea de continuidad indiscutible: el compromiso con la "escuela común" y pública,
destinada a varones y mujeres, donde recibieran la instrucción elemental, moral y buenas costumbres, que
capacitara para ser parte de la vida social y de la comunidad política. Para Sarmiento, el Estado debía
garantizar los fines de la educación y hacerse cargo de su conducción. La sociedad, desde los municipios,
debía contribuir con los medios para hacerla efectiva y controlar su funcionamiento.
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“Educación Popular” condensa las ideas educativas centrales de Sarmiento. Como explica en las
primeras páginas, la educación pública por una “declaración explícita y terminante” se había vuelto un
“derecho de los gobernados”, “obligación del gobierno” y “necesidad absoluta de la sociedad”.
A lo largo de las décadas siguientes de su vida, Sarmiento volverá una y otra vez sobre su
proyecto educativo. Su trabajo por implantar la educación común como sustento de un orden político
basado en una sociedad civil activa y de una república ciudadana marcó los debates de su época y las
siguientes.
IDEAS PEDAGOGICAS
Libros de pedagogía para la formación docente
En 1880 había escasas ediciones de libros pedagógicos de autores nacionales destinados
exclusivamente a la formación docente. En esa época, se dieron los primeros pasos en la creación de las
escuelas normales y creció la demanda de libros para los estudiantes de magisterio. Los maestros
estudiaban, fundamentalmente, en libros editados en el extranjero, revistas y folletos y además, las clases,
charlas y conferencias pedagógicas, eran una modalidad privilegiada de la transmisión del conocimiento.
A medida que pasaron los años, empezó a crecer rápidamente la industria editorial nacional que
fue cubriendo las nuevas necesidades creadas por la expansión educativa. Al principio se publicaron
libros de lectura y de texto para los escolares y, más adelante, obras destinadas a los maestros y al
creciente alumnado de magisterio.
POLITICAS EDUCATIVAS
Introducción
En 1869 se realizó el primer censo nacional. En una corta planilla censal destinada a realizar el
inventario de la población y el diagnóstico de las riquezas del país, se preguntaba si los niños asistían a la
escuela. Al publicarse sus resultados se supo que en la Argentina vivía un millón y medio de personas.
Los niños en edad escolar eran 413.459 y sólo 82.671 asistían a la escuela.
La Argentina era un territorio rico pero con una población escasa, atrasada y que carecía de
disposición al trabajo, al orden y la disciplina. No había dudas de que el progreso sólo sería posible
mediante un crecimiento rápido de la población y la capacidad de moldear sus hábitos de vida.
El solo hecho de interrogar – en una planilla con escasas preguntas- por la asistencia de los niños
a la escuela es un indicio del triunfo del proyecto sarmientino. D. F. Sarmiento colocó la organización del
sistema educativo, denominado en la época “educación común”, en el centro ineludible de las
transformaciones que requería el país para disfrutar los beneficios de la civilización. Sarmiento, con una
larga experiencia en cuestiones educativas, dirigió la organización del sistema escolar en la provincia de
Buenos Aires entre 1855 y 1860, función a la que regresó en 1875 cuando terminó su presidencia. Dicha
experiencia constituyó el punto de partida para la expansión de la “educación común” a la nación en su
conjunto.
INTRODUCCION (1850-1880)
La escuela en la organización nacional
En 1852, con la batalla de Caseros, se puso en cuestión la hegemonía de la provincia de Buenos
Aires y se inició un período marcado por la búsqueda de una nueva forma de articulación entre las
provincias, Buenos Aires y las fuerzas de los países vecinos. Signadas por conflictos, levantamientos y
rebeliones se fueron sentando las bases de la organización de la unidad nacional. Pero tal final no parecía
inexorable para los contemporáneos.
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Las tres décadas que siguieron al derrocamiento de Rosas fueron una etapa de rápidos y
profundos cambios sociales, políticos y económicos. Se fortaleció el Estado mediante la definición de las
fronteras nacionales, el territorio se integró a través las comunicaciones modernas, se organizaron un
ejército profesional y los poderes públicos y se aprobaron los códigos civiles. En un sentido similar operó
el crecimiento del mercado interno, de la producción pampeana y de los sectores vinculados al comercio,
que ampliaron la circulación de productos y la articulación con el mercado mundial. Se trató de una etapa
de crecimiento económico, que favoreció la inmigración y la formación de una sociedad heterogénea y
móvil.
El sistema educativo fue uno de los primeros engranajes de ese Estado en formación y a la vez
un medio para su consolidación. La Constitución nacional (1853) estableció el derecho a educar y enseñar
como una responsabilidad atribuida a los gobiernos provinciales. Las primeras experiencias se realizaron
en la provincia de Buenos Aires. Inmediatamente después de consolidado el poder central con la
presidencia del general Roca, se aprobó una ley de educación.
INTRODUCCION (1880-1910)
El sistema escolar nacional
Desde tiempo atrás las elites políticas confiaban en la importancia de la inmigración y la
educación para el progreso nacional. A partir de 1880 la novedad radicó en la posibilidad de incidir en
esas áreas desde el Estado nacional que en los años siguientes se fue afianzando y fortaleciendo.
El roquismo, surgido de un escenario político atravesado por las luchas entre autonomistas y
nacionales, dio forma a un nuevo orden político. Este logrará la estabilidad institucional, basándose en la
capacidad de articular alianzas y pactos entre las elites porteñas y provinciales, en un sistema de
participación política restringida, desde un Estado nacional en plena consolidación.
Junto a este orden conservador en lo político, se impulsó un programa liberal para la sociedad y
la economía. Así, la producción cerealera y ganadera de la pampa permitió el crecimiento del país y de
los recursos aduaneros, a cuyas puertas llegaban las recientes vías del ferrocarril.
La educación tuvo un papel central en la constitución de la nación. Fue considerada una
condición para hacer de la Argentina una república ciudadana y civilizada, aunque de hecho el sistema
excluyó a numerosos de la escuela. Por ello, el sistema educativo fue uno de los primeros andamiajes que
se dio ese todavía débil Estado nacional. Pero este impulso del Estado a la educación pública universal
estaba en contradicción con el sistema político restrictivo. Las consecuencias de esta tensión estallarán en
las primeras décadas del siglo XX cuando los nuevos sectores medios en expansión pongan fin al régimen
conservador.
IDEAS PEDAGOGICAS
Introducción
Desde su misma constitución, el sistema educativo le otorgó a la pedagogía un lugar central.
Nadie dudaba de la existencia de métodos y conocimientos que favorecían el aprendizaje y que ellos
debían ser aplicados en las aulas. Por eso, la temática pedagógica tuvo un lugar destacado en los debates,
definiciones y políticas de la época.
Puede decirse que, con el tiempo, se formó una especie de sentido común pedagógico. Una de
sus ideas radicó en la importancia atribuida a la relación del maestro con los alumnos en el proceso de
aprendizaje. El maestro era una figura insustituible del proceso educativo. La enseñanza debía evitar el
cansancio y la violencia, el docente debía apelar a las ideas, a la intuición y a la observación de sus
alumnos. Para garantizar este proceso, era necesario que los contenidos estuviesen vinculados lo más
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posible con las experiencias y el entorno vital de los niños. En esta línea, estaba expresamente prohibido
enseñar exclusivamente mediante la memorización.
Poco a poco estas nociones se fueron extendiendo y convirtiéndose en una plataforma
indiscutida. Pero sobre esta base, existieron distintas teorías y enfoques. Inicialmente, los marcos
pedagógicos fueron validados por el positivismo. Pero a medida que se consolidó el sistema educativo, la
pedagogía se legitimó cada vez más en un discurso científico experimental y, simultáneamente, en una
perspectiva psicológica.
POLITICAS EDUCATIVAS
Introducción
El avance del Estado nacional sobre nuevas áreas de la vida política y económica durante los
años previos se afianzó a partir de 1880. La educación fue una de las esferas más relevantes de ese
proceso de transferencia al Estado de funciones que anteriormente eran atribuidas a las corporaciones –
religiosas, étnicas, civiles-.
La educación fue una de las primeras políticas públicas implementadas por el Estado nacional.
Esto significó la asignación de recursos económicos, la creación de una estructura de poder –con
autoridades que tuvieron control sobre un creciente personal- cuya legitimidad consistía en el valor de sus
conocimientos y su dedicación a un fin de interés público.
El sistema educativo de la provincia de Buenos Aires había sido montado por el empeño
sarmientino, pero era necesario decidir si se asumirían sus mismas líneas directrices a escala nacional.
Esto suscitó muchas discusiones. Hubo distintas opiniones sobre las formas de financiar la educación, los
medios de distribuir los recursos a invertir, la obligatoriedad de la escuela o las competencias de la Iglesia
en la organización educativa. Otros temas de debate estuvieron referidos a los contenidos educativos. No
había dudas sobre la conveniencia de imponer el método de lectura gradual, pero temas como la
educación mixta y la enseñanza religiosa dividían a los educadores.
Estas discusiones tuvieron dos foros centrales: el Congreso Pedagógico Internacional (1882) y
los debates acerca de los proyectos para una ley de educación que dieron lugar a la ley 1420. Estos
ámbitos fueron hitos que marcaron la etapa funcional del sistema educativo argentino durante la cual se
forjaron rasgos que permanecerán por más de un siglo: su carácter público, gratuito y obligatorio.
POLITICAS EDUCATIVAS
Temas de debate: secularización, financiamiento y centralización de la educación
La secularización constituyó uno de los temas centrales en los debates de la llamada generación
del ochenta y de resonancia en el Congreso Pedagógico, fundamentalmente en la discusión de la ley de
educación 1420. Si bien esa fue la cuestión que conmovió con mayor fuerza a la opinión pública y
representó uno de los debates centrales de la Argentina moderna, existieron otros temas puestos en
discusión.
Uno de ellos fue el referido a las modalidades de financiamiento de la educación. Con relación a
él, se detecta una paleta de posiciones que van desde el rechazo al uso de fondos públicos para solventar
la educación hasta la propuesta de establecer el financiamiento municipal y un compromiso fuerte de las
organizaciones de la sociedad civil.
Otra discusión de importancia tuvo que ver con los órganos de regulación y poder del sistema
educativo y que delinió dos posturas. Por un lado, estuvieron las propuestas centralistas (que promovían
el carácter nacional de la política educativa) y, por otro, los defensores de las autonomías provinciales,
para quienes la intervención de la nación en temas educativos era inconstitucional. Dos tendencias en
pugna que seguiríán gravitando en la vida política argentina, un siglo después.
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La ley 1420 resolvió estas discusiones en un punto medio. La intervención del gobierno central
se realizaría mediante subvenciones a las políticas educativas de los gobiernos provinciales, adjudicadas
con el visto bueno de las autoridades nacionales, pero manteniéndose la autonomía de los gobiernos
provinciales respecto a las leyes y la organización de la educación. Se preveía, también, la participación
de la sociedad civil en distritos escolares en las zonas administradas por el gobierno nacional. Sin
embargo, rápidamente el Estado nacional asumió cada vez mayor poder en el sistema educativo en su
conjunto y terminó imprimiéndose una política centralista. Con la ley Láinez, aprobada en 1905, el
Estado nacional se atribuyó potestades para crear y dirigir escuelas en las provincias.
IDEAS PEDAGOGICAS (1910/1930)
Introducción
En las primeras décadas del siglo XX la “escuela nueva” comenzó a tener enorme impacto en los
ambientes educativos argentinos. Esta corriente pedagógica más que una propuesta orgánica y articulada
fue un conjunto variado de ideas y posiciones cuyo factor común fue la renovación de las prácticas en el
aula y en la escuela, concebir al niño como el centro del proceso de aprendizaje, proponer la
democratización de la escuela y de la relación maestro alumno.
La “escuela nueva” se difundió en el momento de expansión de la educación y en una etapa en la
cual crecieron las demandas gremiales. Ello contribuyó a que el sistema educativo fuese permeado por las
críticas pedagógicas y planteos alternativos a través de diversas vías –como las acciones de los maestros
dentro y fuera de las instituciones escolares -.
Este proceso de renovación fue simultáneo a la institucionalización de los estudios pedagógicos
y ganó nuevos espacios cada vez más especializados. Cabe mencionar, por ejemplo, la creación de la
Facultad de Ciencias de la Educación en la Universidad de La Plata (1914) y del Instituto de Didáctica en
la Universidad de Buenos Aires (1927).
De este modo, en estas décadas se dio un rico e intenso movimiento que significó el
fortalecimiento del campo de la pedagogía y la didáctica en un clima de producción y debate.
POLITICAS EDUCATIVAS
Introducción
En las primeras décadas del siglo XX, la escuela se convirtió en parte de la experiencia de la
mayoría de los niños que vivía en Argentina. La población escolar se duplicó, alcanzando prácticamente
al 70% de los niños de edad entre 6 y 13 años. Esto no impidió que surgieran balances que resaltaban los
problemas que enfrentaba el sistema educativo.
Hacia 1910, en el marco de la conmemoración del Centenario, José María Ramos Mejía,
presidente del Consejo Nacional de Educación, planteó que las escuelas argentinas no cumplían su tarea
de garantizar la integración de las masas inmigrantes a la cultura nacional. Propuso, entonces, un
programa de acción para profundizar los contenidos patrióticos y nacionalistas, en el que primó una
concepción de la identidad nacional homogeneizadora.
Este programa contribuyó al aumento del control de la burocracia central del sistema educativo
sobre el quehacer de maestros y alumnos en las aulas. Junto a esta tendencia, creció, también el influjo del
Estado nacional en los sistemas educativos provinciales mediante la puesta en marcha de la ley Láinez
(1905) por la cual la Nación pasó a dirigir un número creciente de escuelas en las provincias.
Pero, también, en esta etapa impactaron en el campo educativo los reclamos para la ampliación
de la participación política de los sectores medios. En la universidad los estudiantes pugnaron por la
democratización en la reforma universitaria. Por otra parte, la discusión sobre la reforma en la enseñanza
media, en buena medida, giró en torno del proceso de ampliación política. Así, se debatió, sobre el
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carácter elitista de la educación secundaria, su enfoque enciclopedista y la forma de transformarla, acorde
a las necesidades políticas y económicas.
De esta forma, durante este período operaron dos procesos, en cierto modo de sentido contrario.
Por un lado, se amplió la influencia del Estado nacional sobre la población, los recursos y las redes
personales vinculadas con las escuelas, reforzando el componente estatal y centralizador de la política
educativa. Por otro, existió una inquietud por la educación en términos más inclusivos y democráticos,
visible en la renovación pedagógica, en los debates acerca del currículo y en la participación de
estudiantes en el gobierno universitario.
POLITICAS EDUCATIVAS
Introducción
En las primeras décadas del siglo XX, la escuela se convirtió en parte de la experiencia de la
mayoría de los niños que vivía en Argentina. La población escolar se duplicó, alcanzando prácticamente
al 70% de los niños de edad entre 6 y 13 años. Esto no impidió que surgieran balances que resaltaban los
problemas que enfrentaba el sistema educativo.
Hacia 1910, en el marco de la conmemoración del Centenario, José María Ramos Mejía,
presidente del Consejo Nacional de Educación, planteó que las escuelas argentinas no cumplían su tarea
de garantizar la integración de las masas inmigrantes a la cultura nacional. Propuso, entonces, un
programa de acción para profundizar los contenidos patrióticos y nacionalistas, en el que primó una
concepción de la identidad nacional homogeneizadora.
Este programa contribuyó al aumento del control de la burocracia central del sistema educativo
sobre el quehacer de maestros y alumnos en las aulas. Junto a esta tendencia, creció, también el influjo del
Estado nacional en los sistemas educativos provinciales mediante la puesta en marcha de la ley Láinez
(1905) por la cual la Nación pasó a dirigir un número creciente de escuelas en las provincias.
Pero, también, en esta etapa impactaron en el campo educativo los reclamos para la ampliación
de la participación política de los sectores medios. En la universidad los estudiantes pugnaron por la
democratización en la reforma universitaria. Por otra parte, la discusión sobre la reforma en la enseñanza
media, en buena medida, giró en torno del proceso de ampliación política. Así, se debatió, sobre el
carácter elitista de la educación secundaria, su enfoque enciclopedista y la forma de transformarla, acorde
a las necesidades políticas y económicas.
De esta forma, durante este período operaron dos procesos, en cierto modo de sentido contrario.
Por un lado, se amplió la influencia del Estado nacional sobre la población, los recursos y las redes
personales vinculadas con las escuelas, reforzando el componente estatal y centralizador de la política
educativa. Por otro, existió una inquietud por la educación en términos más inclusivos y democráticos,
visible en la renovación pedagógica, en los debates acerca del currículo y en la participación de
estudiantes en el gobierno universitario.
INTRODUCCION (1910-1930)
Apogeo, críticas y reformas
En las primeras décadas del siglo XX, la escuela se convirtió en parte de la experiencia de la
mayoría de los niños que vivía en Argentina. La población escolar se duplicó, alcanzando prácticamente
al 70% de los niños de edad entre 6 y 13 años. Esto no impidió que surgieran algunos balances que
plantearan, desde distintas perspectivas, problemas en la educación. .
Uno de ellos surgió hacia 1910, en el marco de la conmemoración del Centenario, cuando José
María Ramos Mejía, presidente del Consejo Nacional de Educación, planteó que las escuelas argentinas
no cumplían su tarea de garantizar la integración de las masas inmigrantes a la cultura nacional. Propuso,
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entonces, un programa de acción para profundizar los contenidos patrióticos y nacionalistas, en el que
primó una concepción de la identidad nacional homogeneizadora.
Este programa contribuyó al aumento del control por parte de la burocracia central del sistema
educativo sobre el quehacer de maestros y alumnos en las aulas. Junto a esta tendencia, creció, también el
influjo del estado nacional en los sistemas educativos provinciales mediante la puesta en marcha de la ley
Láinez (1905) por la cual la Nación pasó a dirigir un número creciente de escuelas en las provincias.
Este programa contribuyó al aumento del control por parte de la burocracia central del sistema
educativo sobre el quehacer de maestros y alumnos en las aulas. Junto a esta tendencia, creció, también el
influjo del estado nacional en los sistemas educativos provinciales mediante la puesta en marcha de la ley
Láinez (1905) por la cual la Nación pasó a dirigir un número creciente de escuelas en las provincias.
Pero estos no fueron los únicos diagnósticos. Fuera del sistema educativo, se levantaron otras
voces críticas. Fue el caso de los anarquistas, quienes atacaban al sistema educativo por considerarlo
autoritario, basado en rígidas normas disciplinarias, fundamentadas en un sistema de premios y castigos.
Los anarquistas, por el contrario defendían a ultranza una educación basada en la libertad del niño, así
como en el respeto a un espíritu crítico. En ese sentido impulsaron una educación alternativa basada en
una metodología de enseñanza donde se combinaba el trabajo manual e intelectual.
También, en esta etapa, impactaron en el campo educativo los reclamos para la ampliación de la
participación política de los sectores medios. En la universidad los estudiantes pugnaron por la
democratización en la reforma universitaria. Por otra parte, la discusión sobre la reforma en la enseñanza
media, en buena medida, giró en torno del proceso de ampliación política. Así, se debatió, sobre el
carácter elitista de la educación secundaria, su enfoque enciclopedista y la forma de transformarla, acorde
con las necesidades políticas y económicas.
INTRODUCCION (1930-1945)
La ofensiva antiliberal
En los años treinta, la crisis económica y política se afincó en el país. La primera duraría poco.
En cambio, la segunda, abrió una etapa en la que se sucedieron los golpes militares y “revoluciones” que
pusieron entre paréntesis el consenso liberal.
La crisis económica mundial, el ascenso de los movimientos ideológicos totalitarios en Europa,
repercutieron en la vida política en Argentina, conectándose con las tradiciones locales. Crecientemente,
los espacios educativos y culturales se dividieron a raíz de la lucha política.
Distintos sectores intentaron reformar el modelo educativo en concordancia con sus perspectivas
ideológicas. Las corrientes nacionalistas, liberales y de izquierda lucharon a raíz del contenido otorgado a
los planes educativos, los métodos pedagógicos y la formación docente. Pero fueron los sectores
nacionalistas quienes predominaron en la conducción de la educación.
Estos grupos proponían una organización corporativa de la sociedad, se oponían a la democracia
y creían que la solución a la crisis radicaba en un orden asentado en las instituciones tradicionales –la
nación, la familia y las agrupaciones profesionales- y en una sociedad jerárquica. En consonancia, la
reforma de la educación tuvo un lugar destacado en el intento nacionalista de reformular la sociedad
argentina.
POLITICAS EDUCATIVAS
Cincuenta años de la ley 1420. La historia oficial de la educación en Argentina
En el año de 1934, el Consejo Nacional de Educación, decidió celebrar el cincuentenario de la
ley de educación 1420. Para ello convocó a todos aquellos aficionados de la historia de la educación en
nuestro país a presentarse en un concurso monográfico. Se propusieron tres ejes para el desarrollo de los
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trabajos: la instrucción primaria durante la dominación española; la instrucción primaria desde 1810 hasta
la ley 1420; la instrucción primaria durante la ley 1420.
Los cortes cronológicos definidos permiten observar una peculiar interpretación sobre los
orígenes de la educación y la historia misma de la Argentina: la importancia otorgada a la educación
durante el período hispánico. Se trató de vigorizar la lectura antiliberal, donde la ley 1420 pareciera
decantar de un largo proceso iniciado durante la colonia. En contraposición con la visión clásica donde
los cimientos de la educación se asociaban a la organización nacional, cuyos antecedentes se situaban en
la revolución de Mayo. De esta forma se revitaliza el pasado hispánico, asumiéndose una lectura propia
del nacionalismo argentino.
Se puede observar en las páginas de El Monitor de la Educación Común que en el concurso se
recibieron mayor cantidad de trabajos dedicados a la educación durante la colonia. De tal modo, que el
tema central en cuestión, la ley 1420, contó apenas con la mitad de monografías. Resaltar los méritos de
la corona española para conmemorar el cincuentenario de la sanción de la ley 1420 fue, sin duda, un gesto
sugestivo de las coordenadas ideológicas, culturales y políticas de la época.
Cincuenta años de la ley 1420. Documentos / monumentos del Consejo Nacional de Educación
Además del concurso de monografías, el Consejo Nacional de Educación realizó en
conmemoración de la ley 1420, una compilación documental sobre el origen del sistema educativo y la
actuación del Consejo en el desarrollo educativo. Se trataron de tres volúmenes destinados a reproducir el
debate parlamentario de 1884; una memoria sobre las escuelas públicas del Consejo y una reseña gráfica
de los edificios escolares. De tal modo, ideas, obras y monumentos se unieron para celebrar medio siglo
de educación pública.
POLITICAS EDUCATIVAS
Introducción
El intento de desterrar el laicismo y promover una educación religiosa fue uno de los ejes de la
política y de las luchas educativas de este período. La celebración del Congreso Eucarístico (1934) en
Buenos Aires contribuyó a reposicionar a la Iglesia en la escena política nacional, en un contexto político
en el cual los grupos nacionalistas proponían que el país regresase a las tradiciones hispánicas y
jerárquicas de la sociedad colonial.
La dirección del Consejo Nacional de Educación recayó en hombres vinculados en un principio a
la corriente espiritualista, quienes sostenían la importancia de crear una escuela que no sólo preparara
para la vida práctica, sino también que apostara por el desarrollo de la esencia espiritual del hombre. Juan
B. Terán, presidente del Consejo, fue uno de las personalidades más destacadas en la implementación de
esta corriente. Un poco después, Jorge Coll y Gustavo Martínez Zuviría fueron quienes dirigieron la
política educativa, figuras claramente ubicadas en filas católicas y nacionalistas.
La orientación de la enseñanza se tornó nacionalista, patriótica y moralizante en un grado que no
había adquirido anteriormente. Dada esta orientación nacional, la educación debía plasmarse en el
desarrollo espiritual de los niños y en la educación de utilidad práctica. Renegándose de lo que se llamaba
el “academicismo de la cultura enciclopédica”, se propuso una educación donde la escuela era vista como
centro de trabajo intelectual y vital.
Las ideas de los sectores nacionalistas le imprimieron un signo propio a las políticas educativas
que derivaron en una reforma de los planes de estudios (1935) y una nueva reglamentación para el uso y
selección de los libros de lectura y de texto (1933). La intención de reglamentar y regularizar bajo nuevos
parámetros la educación, se expresó, también, en un proyecto para unificar las escuelas de todo el país
bajo la autoridad del Consejo Nacional de Educación que, finalmente, no prosperó.
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Así, el triunfo de estos grupos produjo un quiebre en las políticas educativas, por lo que se
atacaron las bases de la educación laica, se intervinieron las Universidades y el Consejo Nacional de
Educación y se persiguió a maestros y profesores por sus posiciones políticas.
INTRODUCCION (1945-1955)
La educación en el contexto peronista
A lo largo de la primera mitad del siglo, la sensibilidad hacia los niños y la valorización de la
infancia no dejó de crecer y expandirse en distintos ámbitos de la sociedad y el quehacer público. Los
niños eran el centro de la vida familiar, las madres debían dedicar su vida a cuidarlos y el Estado tenía
como tarea prioritaria garantizar su bienestar. La niñez era considerada el futuro de la nación.
El peronismo significó un quiebre en la vida social, política y económica. Los trabajadores
adquirieron derechos sociales y ocuparon el centro de la escena. Pero, además, el peronismo se presentó a
sí mismo como un hito de la historia del país sólo comparable a la revolución de la independencia.
En ese marco, el peronismo le dio un nuevo significado al valor adjudicado a la infancia. Bajo el
lema “los únicos privilegiados son los niños” se dejaba implícita la idea de que la justicia social había
puesto fin a las desigualdades y que el Estado otorgaba una atención preferencial a la infancia en el plano
material y simbólico. De un modo nuevo, el peronismo estableció una relación directa, sin mediación, con
los niños. En muchos casos la “politización” de la infancia se desarrolló a través del sistema educativo
pero también se usaron otros medios, mediante la Fundación Eva Perón, como la distribución de regalos,
los campeonatos de fútbol y las excursiones.
La educación fue uno de los canales a través de los cuales avanzó la acción del estado peronista,
la búsqueda de una unanimidad, mediante el apoyo de los trabajadores, el carisma de los líderes y,
crecientemente, los recortes a la libertad política y la censura de los disensos.
La tarea de moldear a las nuevas generaciones en las verdades peronistas se impuso como una
necesidad y un deber para el fortalecimiento del régimen y del nuevo orden político. En esa dirección, el
libro de Eva Perón La razón de mi vida fue considerado texto oficial en las escuelas, se redactaron nuevos
programas educativos y se impusieron celebraciones y conmemoraciones a tono con el enaltecimiento de
la figura de la pareja presidencial.
A la vez, el peronismo mejoró las condiciones de vida de los trabajadores. De la mano de la
bonanza económica de los primeros años de la posguerra y del crecimiento de los servicios y la
infraestructura del Estado, la población cambió su calidad de vida, se amplió el consumo y se extendieron
los derechos sociales. En este contexto, se expandió la matrícula educativa, se atendió la enseñanza
técnica y los maestros participaron en su calidad de trabajadores del régimen peronista y usufructuaron de
sus beneficios económicos y sociales.