La Acción Directa en Inconstitucionalidad
Realmente, estamos ante uno de los medios de control de constitucionalidad
más importantes de nuestro ordenamiento jurídico, para denunciar la posible
contradicción entre una ley o norma jurídica y la Constitución, como lo es la acción
directa de inconstitucionalidad. Se puede decir, primeramente, que esta acción nace
en los años 1920, con la creación del Tribunal Constitucional de Checoslovaquia y
el alto Tribunal Constitucional de Austria. El elemento central de este sistema reside
en que el control de constitucionalidad de leyes y actos de gobierno solo puede ser
ejercido por un órgano autónomo, como es el Tribunal Constitucional, y donde el
objetivo de esta acción es lograr la inconstitucionalidad de una ley o norma, y donde
los efectos de esta sentencia son generales o erga omnes.
Evidentemente, después de leer la obra “El Tribunal Constitucional
Dominicano y los Procesos Constitucionales” del notable magistrado Hermógenes
Acosta de los Santos, y al adentrarnos al conocimiento de este proceso
constitucional, notaremos que, esta acción directa de inconstitucionalidad es una
acción prevista en contra de las leyes, decretos, reglamentos, resoluciones y
ordenanzas que infrinjan, por acción u omisión, la Constitución, en aplicación de su
artículo 185.
Debemos señalar que, al crease el Tribunal Constitucional con la Constitución
del 2010, en su artículo 184, se establecen tres funciones muy concretas al Tribunal
Constitucional, a saber: “garantizar la supremacía de la Constitución”, “la defensa
del orden constitucional” y “la protección de los derechos fundamentales”; por lo
que la acción directa de inconstitucionalidad es el procedimiento constitucional
especialmente establecido para cumplir con esa primera función, que es la de
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garantizar la supremacía de la Constitución, a través del ejercicio de un control
concentrado de todos aquellos actos jurídicos públicos que se encuentran
jerárquicamente por debajo de la Constitución, para determinar si estos actos son o
no conforme a la Constitución.
Entorno a quienes tienen legitimación para incoar la acción en
inconstitucionalidad, vemos que están: el Presidente de la Republica, el cual tiene
una cuestión pacífica y quien puede velar por que una ley no choque con la
administración pública; también Una tercera parte de los legisladores de una
cualquiera de las Cámaras del Congreso Nacional, donde el magistrado Hermógenes
hace énfasis en que, para que el mecanismo utilizado por estas cámaras tenga
utilidad, es de rigor que la cantidad de legisladores que se requiera para accionar sea
razonable; y por ultimo tenemos a los particulares que tengan un interés legítimo y
jurídicamente protegido.
En la legitimación de los particulares, se establece que éste interés jurídico y
legítimamente protegido es cuando una persona ha demostrado que goza de sus
derechos de ciudadanía e invoca que la vigencia de la norma y su permanencia en el
ordenamiento jurídico le causa perjuicios, y, por el contrario, la declaratoria de
inconstitucionalidad le proporciona un beneficio. Cabe mencionar a las personas
jurídicas, quienes deberán encontrarse constituidas y registradas de conformidad con
la ley, en consecuencia, deben contar con personería jurídica y capacidad procesal
en justicia, así como probar una relación existente entre su objeto o un derecho
subjetivo del que sea titular y la aplicación de la norma atacada.
Vemos que, el magistrado Termógenas Acosta sostiene, que en el sistema de
justicia constitucional dominicano no existe la “acción popular”, en materia de
control concentrado de inconstitucionalidad, es decir, que la sola condición de
ciudadano no habilita para cuestionar la constitucionalidad de una norma, sino que
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las personas que accionen deben acreditar que tienen un interés legítimo y
jurídicamente protegido, por aplicación del artículo 185.1 de la Constitución.
También sostiene que, existen tres modelos respecto de la legitimación de los
particulares: el cerrado, el semiabierto y el abierto; y que el diseño de estos modelos
es facultad del legislador y no del Tribunal Constitucional. Expresa además que, el
sistema de justicia constitucional dominicano tiene el semiabierto buscando de este
modo proteger los derechos y la estabilidad del sistema judicial con el fin de limitar
las acciones infundadas y asegurarse de que las impugnaciones sean relevantes y
bien fundadas.
Una vez incoada la acción existen personas no legitimadas que pueden
participar en el proceso de control de constitucionalidad, como son los
intervinientes. Los primeros son personas físicas o jurídicas que participan en un
procedimiento en curso, incluyendo la acción de inconstitucionalidad, debido a que
tienen un interés personal en el asunto (interviniente voluntario) o han sido llamados
por una de las partes (interviniente forzoso).
Los segundos, amigos de la corte, también pueden ser personas físicas o
jurídicas, si bien, a estos fines, pueden serlo incluso de Derecho público. Ellos solo
participan en casos de trascendencia constitucional, o que resulten de interés
público, como en este caso, la acción directa de inconstitucionalidad. Su escrito se
interpone 15 días calendario, a partir de la publicación del extracto en el Portal del
TC.
En torno al objeto de la acción, o sea, a cuáles actos del poder público pueden
ser impugnados mediante la acción directa de inconstitucionalidad, tenemos que
estos actos vienen establecidos en el artículo 185.1 de la Constitución y en el
artículo 36 de la Ley 137-11, y aquí se establecen que pueden ser objeto de una
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acción directa de inconstitucionalidad, las leyes, decretos, reglamentos, resoluciones
y ordenanzas, y este control puede realizarse por una acción como por una omisión
infractora de tales normas a la Constitución.
Tenemos también que, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, a partir de
su Sentencia TC/0051/12, expresó que, estos actos jurídico-públicos tenían que ser
de alcance general.
Luego este criterio que se venía aplicando en el tribunal constitucional desde
esta decisión, fue modificado a través de una sentencia de unificación de criterios,
que fue la sentencia TC/0502/21, en donde el tribunal viene a decir en lo adelante,
que no se exigirá ese carácter general que se venía exigiendo a esos actos que iban a
ser objetos de un control concentrado de constitucionalidad, que no se le iba a exigir
esa condición, sino que sería a partir del propio Tribunal Constitucional, en virtud
del principio de autonomía, quien determinará cuales normas podrían ser o no objeto
de un control concentrado de constitucionalidad, en el marco de una acción directa
de inconstitucionalidad.
Aunque sin olvidar la competencia que le corresponde a la Jurisdicción
Contencioso Administrativo, de conocer el control de actos particulares. Por lo cual,
aun así, el magistrado Hermogenes nos aborda que debe de existir un deslinde entre
la competencia del Tribunal Constitucional y la Jurisdicción Contencioso
Administrativo.
Cabe abordar que, se pueden presentar varios escenarios en los cuales se
produzca que una norma constitucional puede ser inconstitucional, como por
ejemplo lo atinente al procedimiento de reforma constitucional, y lo más común en
nuestro país lo relacionado a la reelección. Como por igual puede producirse
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también en el aspecto sustantivo, como, por ejemplo, el fenómeno se produciría si la
reforma constitucional abarca un texto intangible o cláusulas pétrea.
En otro orden, es obligatorio abordar sobre esta acción en
inconstitucionalidad lo referente a su motivación. Donde los requisitos que debe
contener el escrito de acción directa en inconstitucionalidad, son: el de claridad, o
sea, que la infracción constitucional debe ser identificada en el escrito en términos
claros y precisos; el de certeza, donde la infracción denunciada debe ser imputable a
la norma infraconstitucional objetada; también el de especificidad, o sea, que debe
argumentarse en qué sentido el acto o norma cuestionado vulnera la Constitución de
la República y por último el de pertinencia, donde los argumentos invocados deben
de ser de naturaleza constitucional, y no legales o referidos a situaciones puramente
individuales. Y el hecho de no motivar adecuadamente la instancia de esta acción
puede dar paso a que se declare la inadmisibilidad.
Tenemos que, el presidente del TC notifica a la PGR y a la autoridad de la
que emana el acto u omisión cuestionado, para que dé su opinión en un plazo de 30
días calendarios. La no opinión de éstos no impide el trámite y fallo de la acción. Se
debe realizar una publicación del extracto de la acción en el Portal del TC. Se fija
una audiencia oral y pública, cuando vence el plazo de las observaciones, en donde
se convocan al accionante, a la PGR y la autoridad de donde emana el acto u
omisión cuestionado; en esta se presentan conclusiones. La no comparecencia no
impide el fallo como lo establece el art. 18 del Reglamento Jurisdiccional. El TC
decide en un plazo de 4 meses a partir de la conclusión de la vista o audiencia.
Cabe mencionar la autonomía que tiene esta acción en inconstitucionalidad,
ya que desde el momento en que el Tribunal Constitucional es apoderado, el proceso
adquiere autonomía y las partes no disponen de él, por lo que se busca es asegurar la
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supremacía de la Constitución y la conformidad con la misma, y máxime, que es un
proceso que interesa a toda la sociedad.
En torno a lo que nos habla el magistrado Hermógenes Acosta sobre las
sentencias dictadas en materia de acción en inconstitucionalidad, tenemos que, en
los casos en que se dicta una sentencia de denegación de la acción el Tribunal
Constitucional puede dictar sentencias interpretativas, de conformidad con el
artículo 47 de la Ley 137-11, dichas sentencias son las que establecen una nueva
interpretación que hay que hacer de ese acto jurídico-publico que se impugna, para
que sea conforme a la constitución, o quizás también para establecer cuales
interpretaciones de esa norma resultan inadecuadas y por tanto resultan
inconstitucionales.
Además, en ese sentido dicho artículo 47, prevé de manera expresa lo que son
las sentencias adictivas, que vienen a intentar corregir las omisiones legislativas, por
ejemplo, en las que podrían incurrirse, añadiendo algún precepto para hacer que esa
norma tenga una interpretación conforme a la Constitución. También tenemos las
sentencias exhortativas, que son aquellas que instan, bien sea al poder legislativo o a
algún órgano de la administración, a dictar un nuevo acto jurídico-publico, que,
incorporando unos criterios previamente señalados por el Tribunal, pueda corregirse
cualquier interpretación no conforme a la Constitución que puedan tener.
Cabe destacar que, en esta acción no todas las sentencias tienen el carácter de
la cosa juzgada. Solamente las sentencias que hayan acogido la acción adquieren la
cosa juzgada, y aquellas sentencias que rechazan o la declaran inadmisible no
adquieren la cosa juzgada, y pueden ser cuestionadas posteriormente, por
mantenerse en el ordenamiento jurídico. Las sentencias que declaran
inconstitucional una norma, tienen efectos inmediatos y para el porvenir; excepto
cuanto el TC reconoce la necesidad de que haya que graduar sus efectos de modo
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retroactivo. Por lo que todas las sentencias que dicte el TC constituyen precedentes
vinculantes para los poderes públicos y todos los órganos del Estado.
Lo último expuesto muestra el carácter vinculante que tiene el precedente,
éste amparado bajo dos principios fundamentales como son el de igualdad, donde no
se toma en cuenta la identidad de las partes en el proceso, y el principio de seguridad
jurídica, donde se vela que la interpretación sea coherente y que se respecte el
precedente para así dar confianza en el manejo del derecho.
Finalmente, según interpretación de lo expuesto por el magistrado
Hermógenes Acosta, podemos sostener que el hecho de que los precedentes tengan
fuerza normativa, no implica que los mismos no puedan ser cambiados o
abandonados; dado el hecho de que las circunstancias que rodean el conflicto
cambian con el tiempo y, además, de que los tribunales no son falibles, y deben
tener la posibilidad de corregir errores. Por lo que se prevé la posibilidad de que el
precedente constitucional pueda ser inaplicado o modificado por el mismo Tribunal
Constitucional, defendiendo la tesis mediante la cual, si se quiere apartar del
precedente, tiene la obligación de motivar clara y razonadamente los fundamentos
jurídicos que justifican su decisión; decisiones estas que se pueden dar en los
supuestos de la inaplicación del precedente anterior (distinguishing) y el cambio de
precedente.
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