Apocalipsis ya, un viaje al horror
Mishka Iturri Avendaño
Hoy analizamos la versión redux de Apocalipsis ya de Francis Ford Coppola (Estados
unidos, 1979/2001). Esta película inspirada por la novela El corazón de las tinieblas de
Conrad, nos lleva por un viaje a través de la guerra de Vietnam. El joven Capitán
Willard (Martin Sheen) recibe la misión clasificada de navegar rio arriba hasta encontrar
al Coronel Kurtz, infiltrar sus fuerzas como sea posible, aprender en el camino, ganarse
su confianza y “neutralizarlo” (matarlo). La justificación para la misión es que el
coronel Kurtz se ha vuelto loco según sus superiores, le dicen a Willard que Kurtz se
hace adorar por los nativos como un dios y tripula tropas sin ningún criterio “ni ninguna
ética”. Además, informan a Willard que Kurtz estaba a punto de ser detenido por el
cargo de asesinato por “tomar la justicia por mano propia” y mandar a asesinar a líderes
vietnamitas. Esta misión nos llevará en un viaje por la locura hacia el horror de la
guerra.
Willard sube a un bote con 4 hombres que lo tripulan: Chief es el capitán del bote, un
hombre sumamente discreto, cumple con su misión sin hacer preguntas. También está
Chef, quien supuestamente es el maquinista, pero en realidad es un saucier, un chef
especializado en salsas. Chef no parece encajar en la guerra, salta al menor estímulo y
sale de su rol de soldado cuando las cosas se ponen difíciles. El tercer tripulante es
Lance, un surfista famoso, Willard apunta que nadie sospecharía que ese chico ha
manejado un arma en su vida al verlo. Por último, está Clean, un chico del Bronx de 17
años. Va siete meses en el bote y siempre está charlando o haciendo ruido. Es un
adolescente inmerso en esa guerra. El argumento de la película supuestamente es la
búsqueda de Kurtz, pero el viaje hacia este personaje tan oscurecido comienza a revelar
los daños que ha causado la guerra en los tripulantes del bote y en otros soldados que
encuentran en la travesía. La influencia de El corazón de las tinieblas no sólo se nota en
la descripción de Kurtz (esta especie de zombie/semidios enloquecido) si no en este
efecto de enrarecimiento y locura que se va fortaleciendo a lo largo de la narración hasta
tomarla por completo y expresarse en horror.
Los temas de la película se pueden analizar episódicamente, después de establecer la
misión y encontrarse con la tripulación, todos conocen a Killgore, su escolta para entrar
al río, este personaje está enloquecidamente enamorado de la guerra, intenta hacer de
Vietnam una fiesta de playa en la que sus soldados se sientan en casa, pero Willard hace
bien al apuntar que esto sólo hace que extrañen más su hogar, luego, Chef sale a buscar
mangos en la jungla, este episodio da una idea de cómo hombres que no tenían nada que
ver con la guerra se ven arrastrados a ella. Muy conectado al episodio de Killgore, está
el episodio en que la tripulación va a un show de las conejitas de Playboy, Willard dice
que es un intento retorcido de “RandR” (descanso y relajación en inglés), otro intento de
que los estadounidenses se sintieran a gusto y en casa, pero termina siendo un desastre.
Es el ejemplo de cómo todo termina distorsionándose por la guerra y los intentos de
distraerse solo fortalecen la idea de lo lejos que se está de casa. Posteriormente, el bote
se encuentra con una embarcación de campesinos en el río, los tripulantes ya están
siendo afectados por lo que han vivido y este episodio sirve para demostrar hasta que
nivel estaban dañados y disparan por puro nerviosismo, obsesionados por la idea de que
Charlie (viet cong ) estaba en todas partes. Hacia el final de la película, la tripulación se
encuentra con colonos franceses, esta escena muestra cuán absurda es la guerra de
Vietnam. Los franceses le demuestran a Willard cuán poco sentido tiene la guerra en la
que todos están envueltos. Finalmente, el encuentro con Kurtz termina de demostrar que
no solamente Kurtz era el loco, toda la guerra era una locura de proporciones horrorosas
en la que ya nadie entiende qué hace ni porqué.
En cuanto a aspectos formales, la narración a través de voz en off (de Willard) permite
narrar toda la película desde la perspectiva del personaje y permite darle al espectador
una idea de lo que pensaban los soldados en la guerra. Además, conocemos toda la
historia de Kurtz por medio de estas voces en off. Otro elemento importante es la
música, en este caso sus funciones son ambientar las escenas y pintar la época. Los
soldados y el rock que escuchan por la radio sirven de un “cable a tierra” que a la vez es
un recordatorio de cuán lejos están porque es un elemento fuera de lugar en las
trincheras. Los cambios de ambiente también son señalizados por la música. En cuanto
a la fotografía, las tomas abiertas con el uso de las granadas de humo permiten
difuminar las tomas, ver todo tras el velo del humo, sobre todo en las batallas, dan una
ilusión tanto de caos como de estar fuera de la realidad. Por otro lado, los primeros
planos ayudan a acercarse a los personajes, sobre todo en las voces en off de Willard. El
juego de luz y sombra cuando se llega al encuentro con Kurtz es sumamente importante,
además de darle un aire más místico, da las dos perspectivas de todo lo que observa
Willard.
Apocalipsis ya es una película que se ha ganado un lugar dentro del cine clásico con el
pasar del tiempo. Si bien no tuvo gran éxito en el inicio, se entiende que se haya
reposicionado con el tiempo. La dirección de Coppola, junto con las actuaciones de todo
el reparto, conforman una obra que engaña al espectador con una paradoja, cuanto más
se interna en la guerra y cuanto más de cerca vemos a estos personajes, más salta a la
vista que las lógicas dentro de las cuales habitan están trastocadas. En tiempos en los
cuales la “postverdad” es un tema cotidiano y la preocupación por las narrativas que nos
rodean y controlan es acuciante, el espectador puede apreciar una película que lo lleve
al corazón de las tinieblas y muestre el horror en el que culmina llevar una fachada hasta
sus últimas consecuencias.