INSTITUTO DE EDUCACIÓN DIGITAL DEL ESTADO DE PUEBLA
C.C.T 21MSU1066R
[Link]ÍA SABATINO 7ºmo CUATRIMESTRE
INSTITUTO DE EDUCACIÓN DIGITAL DEL ESTADO DE PUEBLA CAMPUS
AJALPAN-CENTRO
ALUMNAS:
MARÍA DEL CARMEN CASTRO GARCÍA
ASESOR:
OSCAR BARBOSA SÁNCHEZ
ACTIVIDAD:
ENSAYO
LICENCIATURA EN PEDAGOGÍA
FECHA DE ENTREGA:
05 DE ABRIL DE 2025
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Fundamentos curriculares: Evoluciones, teorías y diseño
Introducción
El currículo es, sin duda, la base de cualquier sistema educativo. Define qué se
enseña, cómo y por qué. A lo largo del tiempo, ha pasado de centrarse en las
humanidades a adoptar enfoques más modernos que ponen énfasis en competencias y
necesidades sociales. En este ensayo, vamos a explorar la evolución histórica del
currículo, los autores clave que lo han influenciado, los fundamentos filosóficos que lo
sostienen y los modelos más comunes utilizados para su diseño. Comprender estos
puntos es esencial para analizar cómo los sistemas educativos de hoy están
respondiendo a las exigencias del siglo XXI.
Desarrollo
Diversos teóricos han dejado su huella en el desarrollo del currículo:
John Dewey: Impulsó una educación más democrática, donde el currículo se basa en las
necesidades e intereses de los estudiantes en lugar de imponerles contenido externo.
Ralph Tyler: Creó un modelo simple, pero efectivo, que consta de cuatro pasos: definir
objetivos, seleccionar experiencias de aprendizaje, organizarlas y evaluar resultados.
Hilda Taba: Criticó el enfoque más rígido de Tyler y planteó un diseño más flexible, que
incluyera la participación activa de los docentes en la planificación.
Lawrence Stenhouse: Vio el currículo como un proceso de investigación, donde los
profesores ajustan contenidos según el contexto en el que se encuentran.
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Philippe Perrenoud: Abogó por un enfoque centrado en competencias, que combine
conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para la vida cotidiana.
Cada uno de estos autores aportó una pieza clave al rompecabezas de la educación:
John Dewey, un influyente pensador estadounidense, revolucionó la educación al
destacar que aprender no es solo memorizar información, sino vivir experiencias. Creía
que las aulas debían ser laboratorios de vida, donde los estudiantes pudieran descubrir
el conocimiento a través de sus intereses reales.
Ralph Tyler, también estadounidense, desarrolló lo que muchos consideran “la receta
básica” del diseño curricular. Su enfoque era claro: primero debes saber qué deseas
lograr, luego decides cómo enseñarlo, lo organizas de manera lógica y finalmente evalúas
si ha funcionado.
Hilda Taba, nacida en Estonia y radicada en Estados Unidos, ofreció una perspectiva
diferente y creía que los docentes, quienes están en el día a día con los estudiantes,
deberían tener un papel activo en la creación del contenido que enseñan, adaptándolo a
las necesidades de sus alumnos.
Desde Inglaterra, Lawrence Stenhouse nos enseñó que el currículo no debe ser algo fijo
e inalterable, sino un proceso dinámico y vivo. Comparaba a los docentes con científicos
que siempre están experimentando y mejorando sus métodos de enseñanza.
Finalmente, el suizo Philippe Perrenoud nos enfatizó que no se trata solo de saber, sino
de saber aplicar el conocimiento. Su enfoque busca preparar a los estudiantes no solo
para exámenes, sino para los retos reales que enfrentarán más adelante en sus vidas.
Se sabe que el currículo actúa como la columna vertebral del sistema educativo,
pero debe ser diseñado considerando diversas dimensiones. La estructura básica
curricular nos señala qué enseñar (contenidos), cómo enseñarlo (metodologías) y cómo
evaluar los resultados. Sin embargo, esta estructura cobra vida al integrarse con otros
aspectos importantes.
Los aspectos socioculturales son clave. Nunca aprendemos en un vacío. Como decía
Vygotsky, el conocimiento se construye gracias a interacciones significativas. Esto tiene
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grandísimas repercusiones en cómo diseñamos el currículo: desde seleccionar
contenidos relevantes culturalmente hasta crear actividades colapsables que representen
la diversidad del aula. Un currículo efectivo es aquel que valora las diferentes culturas y
experiencias que los estudiantes traen consigo.
La psicología educativa también nos ayuda a entender cómo las personas aprenden en
diversas etapas de su desarrollo. Las teorías de Piaget sobre el desarrollo cognitivo, junto
con la idea de la zona de desarrollo próximo de Vygotsky, nos guían en cómo secuenciar
contenidos y diseñar actividades que desafíen a los estudiantes sin llevarlos a la
frustración. Bandura destaca la importancia de tener modelos a seguir, lo que debería
reflejarse en la selección de los docentes y en las dinámicas del aula.
Los fundamentos pedagógicos son el puente que conecta la teoría con la práctica. Aquí
es donde varias teorías se traducen en estrategias de enseñanza concretas. Un docente
que esté informado por estos fundamentos puede mezclar exposiciones magistrales,
aprendizaje basado en proyectos y técnicas colaborativas que fomenten el aprendizaje
en grupo.
El currículo constituye el corazón de cualquier sistema educativo, ya que no solo
determina qué se enseña, sino también el cómo y el porqué de esa enseñanza. A lo largo
del tiempo, varios especialistas han desarrollado distintos modelos para su diseño.
El modelo de Tyler, conocido como “tradicional” o “lineal”, sigue siendo uno de los más
utilizados gracias a su claridad. Este enfoque se asemeja a un arquitecto que diseña un
edificio paso a paso, y propone cuatro etapas fundamentales: definir objetivos de
aprendizaje, seleccionar contenidos, organizar la enseñanza y evaluar resultados. Su
fortaleza está en su sistematicidad, aunque presenta desafíos ante realidades educativas
variadas, donde un plan muy rígido puede no satisfacer las necesidades de todos los
estudiantes.
Para sortear esta limitación, el modelo de Taba aporta un enfoque más flexible. Es como
un chef que ajusta su receta según los ingredientes disponibles; esta propuesta involucra
activamente a los docentes en el diseño curricular. Comienza con un diagnóstico de
necesidades, establece objetivos, selecciona y organiza contenidos de manera
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participativa, y finalmente evalúa para mejorar continuamente. Este enfoque es
especialmente valioso en entornos donde los estudiantes son muy diversos, permitiendo
adaptaciones más significativas.
Más innovador aún es el modelo de Stenhouse, que presenta el currículo no como un
plan fijo, sino como un proceso vivo de investigación-acción. Imagínate un científico en
su laboratorio: así trabaja el docente desde esta perspectiva, experimentando,
observando resultados y ajustando su forma de enseñar. Es ideal para un enfoque
educativo innovador, pero requiere profesores con una formación sólida y sistemas
educativos que apoyen esta autonomía.
Hoy en día, el modelo por competencias ha tomado mucha fuerza por su énfasis práctico.
No se trata solo de acumular conocimientos teóricos, sino de desarrollar habilidades para
la vida real. Como un entrenador deportivo que entrena a sus atletas para competir, este
modelo crea situaciones de aprendizaje auténticas donde los estudiantes pueden
demostrar lo que son capaces de hacer con lo que han aprendido. Su mayor virtud es su
relevancia, aunque necesita una implementación cuidadosa para evitar caer en un
pragmatismo excesivo.
Conclusión
El currículo, como eje central de los sistemas educativos, ha evolucionado desde
enfoques más clásicos hacia modelos dinámicos que responden a las necesidades del
siglo XXI. A lo largo de este ensayo, se ha reflexionado sobre las aportaciones de teóricos
como Dewey, Tyler, Taba, Stenhouse y Perrenoud, quienes han enriquecido nuestra
comprensión del diseño curricular. Dewey hizo hincapié en la experiencia y el interés del
estudiante; Tyler estableció una clara estructura metodológica; Taba fomentó la
flexibilidad y la participación activa de los docentes; Stenhouse concibió el currículo como
un proceso de investigación; y Perrenoud destacó la importancia de desarrollar
competencias prácticas.
Además, se exploraron los fundamentos socioculturales, psicológicos y pedagógicos que
sustentan el currículo, demostrando que una educación efectiva debe contextualizarse,
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ser inclusiva y adaptarse a las distintas etapas del desarrollo cognitivo. Los modelos
curriculares analizados, desde el enfoque lineal de Tyler hasta el modelo por
competencias, revelan que no hay una sola forma de diseñar un currículo; hay múltiples
caminos que se ajustan a las necesidades educativas y sociales.
En definitiva, el currículo no es un documento estático, sino una herramienta viva que
debe adaptarse a los cambios sociales, tecnológicos y culturales. Su éxito radica en la
capacidad de integrar teoría y práctica, fomentando no solo la adquisición de
conocimientos, sino también el desarrollo de habilidades críticas, creativas y
colaborativas en los estudiantes. Solo así podrá cumplir su propósito esencial: formar
ciudadanos capaces de enfrentar los retos de un mundo en constante cambio.
Referencias
Tyler, R. (1949). Basic Principles of Curriculum and Instruction.
Dewey, J. (1938). Experience and Education.
Taba, H. (1962). Curriculum Development: Theory and Practice.