FRUTO DEL ESPÍRITU: TEMPLANZA
La templanza o el autocontrol es uno de los aspectos del frutos que el Espíritu
Santo trae cuando mora en los creyentes, descritos Gálatas 5:22.
Pablo usa la frase singular «fruto del Espíritu» con el fin de aclarar que los nueve
elementos conforman un todo indivisible y, por lo tanto, la naturaleza de estas
virtudes requiere que cuando una de ellas se manifiesta también deben estar
presentes las demás.
La templanza como un rasgo de carácter es un tema común en toda la Biblia,
especialmente en el Nuevo Testamento.
1. DEFINICIÓN:
La palabra original traducida como “templanza” es enkrateia, cuya idea básica es
de fuerza, poder o dominio de si mismo.
La forma verbal relacionada con el dominio propio es enkrateuomai, la cual se usa
en (1 Corintios 9:25) “Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo.
Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible”.
En este pasaje se describe la estricta capacitación y disciplina de los atletas que
luchan por ganar el premio.
Pablo utiliza con mucha frecuencia las analogías del “atleta” y del “soldado”, puesto
que en ambas actividades indispensable la autodisciplina.
Es gobierno propio o autodisciplina.
Los que practican la templanza son capaces de controlarse a sí mismos
y demostrar dominio de sus emociones, pensamientos, palabras y
comportamientos, a fin de honrar a Dios en todas las áreas de su vida.
Una persona templanza es alguien que:
Es moderado, evita los extremos de comportamiento o expresión de emociones.
Se contiene, no pierde el control de sus impulsos.
Tiene las riendas de su corazón y no las sueltas.
No es impulsivo
No se deja llevar (cuando dejas salir a la bestia que llevas dentro, luego debes
pedir perdón)
En el griego secular el término enkrateia se usaba para describir la virtud de un
emperador que nunca permite que sus intereses personales influyan sobre la
forma en que gobierna a su pueblo.
2. LA TEMPLANZA S.E DERROLLA A TRAVÉS DE UN PROCESO:
Este fruto no nace de la noche a la mañana, si no que va a depender del amor, el
temor y la vida de consagración que tengamos con Dios.
La templanza del espíritu es una de las cosas más importantes para la vida del
creyente. Y es imposible tener dominio propio sobre nuestras pasiones y deseos
fuera de la obra de la cruz y fuera de la ayuda del Espíritu Santo.
“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”
(Gálatas 5:24)
3. TEMPLANZA Y SANTIFICACIÓN:
Es imposible vivir vidas santas y agradar al Señor sin autocontrol porque
nuestra carne sólo quiere agradarse a sí misma.
“Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra
ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva
cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí!
¿quién me librará de este cuerpo de muerte?. Gracias doy a Dios, por
Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de
Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” (Romanos 7:21-25)
Romanos 13:14 nos advierte: "no proveáis para los deseos de la carne".
No obstante, algunas personas equivocadamente piensan que la templanza
significa que podemos entrar a jugar con el pecado siempre y cuando no nos
dejemos vencer por él. ¡Eso no es lo que este versículo dice!.
Significa que además de la templanza debemos ser prudentes y sabios.
Cuando deseamos agradar al Señor, vamos a mantenernos lejos de
cualquier cosa que tenga apariencia de maldad.
Lo opuesto a la templanza es la autoindulgencia.
Cuando desarrollamos actitudes de permisividad en algunas áreas, esa
permisividad tiende a extenderse también a otras áreas.
La falta de dominio propio conduce a excesos, a darle realce a la satisfacción de
los deseos pecaminosos de la carne.
El mejor antídoto consiste en ser lleno del Espíritu.
La persona llena del Espíritu está bajo el control de El y recibe su ayuda para
dominar su debilidad para controlarse a si mismo.
Cuando nos mantenemos bajo control física, mental y espiritualmente,
estamos capacitados para ser más eficaces en nuestra misión de representar
bien a Cristo.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones...enseñándoles que
guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:19-20)
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y
de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7)
4. EL HUERTO: REFLEJO DEL ESTADO ACTUAL DEL HOMBRE
Dios puso en el Huerto a Adán y Eva para que tuvieran “dominio”, para que
“señorearan”, bajo Su mirada.
Somos mayordomos sobre la creación, rindiendo cuentas al Señor.
La paradoja es que Dios pone al hombre para gobernar sobre todas las cosas pero
pierde el gobierno sobre sí mismo.
Adán y Eva debían gobernar sobre la naturaleza, sin embargo, la naturaleza les
estaba diciendo a ellos lo que debían hacer: una serpiente diciéndoles que debían
comer del fruto.
El mismo conflicto continúa hasta ahora:
Dios “dijo”...pero la serpiente también “nos está hablando”.
En vez de hacer lo que es bueno y agradable a Dios, hacemos lo que dictan nuestros
impulsos y deseos. El pecado degrada al hombre.
5. DIFERENCIA ENTRE MANSEDUMBRE Y TEMPLANZA:
La MANSEDUMBRE (gr. praotes) incluye la idea de dominio propio en el área de la
ira: airarse en el momento oportuno, no en el inoportuno.
La TEMPLANZA (gr. enkrateia) se refiere más al control de las pasiones sensuales
que a la ira:
como la moderación en el comer y el beber.
como el dominio sobre los deseos sexuales
“Pero si no tienen [los solteros] don de continencia, cásese, pues mejor es
casarse que estarse quemando.” 1 Corintios 7:9
En otras palabras, la templanza es dominio sobre los deseos del yo.
6. UNA VIDA EQUILIBRADA
Dios desea que los creyentes experimenten una vida equilibrada.
En ello se incluye el equilibrio espiritual, físico, mental y emocional.
La templanza parece como una virtud cristiana característica de aquel que está
siendo transformado a la imagen de Cristo.
Veremos madurez en el Señor, en la medida que veamos la templanza en nuestro
carácter.
La Biblia habla acerca del control propio en áreas específicas de nuestra vida:
Control de la lengua. El dominio propio comienza con la lengua.
Control de deseos sexuales. La palabra continencia se traduce de
enkrateuomai, el mismo verbo que se usa para la templanza o dominio propio
como fruto del Espíritu.
Moderación en los hábitos diarios. No sólo se refiere a la inmoralidad
sexual en este pasaje, sino también a cualquier otra práctica que deshonre el
cuerpo y por ello a Dios mismo: Todas las cosas me son lícitas, mas no todas
convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de
ninguna.
Moderación en el uso del tiempo. Una vida bien equilibrada da tiempo
adecuado al trabajo, al estudio bíblico y la oración, al descanso y la diversión.
Dominio propio de la mente.
7. LA TEMPLANZA ILUSTRADA El ejemplo de Jesús
Jesús es el ejemplo perfecto del dominio propio bajo el poder del Espíritu Santo,
como lo vemos en la tentación por parte del diablo. En Lucas 4 observamos que:
1. Cuando Jesús fue tentado, estaba lleno del Espíritu Santo.
2. El diablo buscaba un área de debilidad en Jesús. Había ayunado durante
40 días. Sabía que Jesús tenía hambre, por ello lo tentó con comida.
3. Jesús no permitió que su mente se concentrara en su deseo de comida,
sino que utilizó las Escrituras para resistir la tentación de su enemigo.
4. Después que el diablo terminó de tentarle, Jesús regresó a Galilea en el
poder del Espíritu.
5. Jesús tenía dominio propio total por el poder del Espíritu Santo.