Folleto de Fisiolog'ia1
Folleto de Fisiolog'ia1
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INTRODUCCIÓN.- LA ADAPTACIÓN FUNCIONAL EN EL
PROCESO DE ENTRENAMIENTO.
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En los casos en que se tomen como referencia los indicadores de la
capacidad de trabajo especial, de manera relativa, durante todos los años
de la preparación a que se haya sometido al deportista, se puede observar
que la conducta gráfica de los mismos se manifiesta de manera
exponencial y tiende a mantenerse dentro de determinados límites. En
otras palabras, cada año la magnitud de la progresión de los incrementos
resulta inferior a los del año precedente.
Por otra parte, y no por ello menos importante, la capacidad de trabajo
especial del deportista se asegura mediante todo un complejo de cambios
funcionales en el organismo, la cual puede presentar una tendencia de
desarrollo diametralmente opuesta a lo anterior.
La observación del nivel de la capacidad de trabajo especial de los
deportistas durante el proceso de entrenamiento permite establecer, ante
todo, la gran diversidad de manifestaciones funcionales expresadas por la
conducta de los diferentes indicadores. Incluso en los deportistas que se
preparan bajo la dirección del mismo entrenador y según un determinado
sistema, tales diferencias resultan muy marcadas.
Resulta lógico el interés que despiertan las condiciones objetivas que
determinan la dinámica de los indicadores de la capacidad de trabajo del
deportista durante los diferentes momentos del proceso de preparación.
El mismo está relacionado con el problema de la elaboración de un
modelo racional que permita pronosticar la conducta adaptativa del
organismo del atleta durante el ciclo de preparación y con las exigencias
para su aplicación, en las condiciones reales de la práctica; con la
definición de las necesidades objetivas para determinado volumen de
cargas y para la distribución racional de éstas en el tiempo.
Esto indica que se requiere la comprensión de las posibilidades reales y
el significado de la magnitud de los cambios funcionales del organismo
bajo la acción ininterrumpida del proceso de entrenamiento y del tiempo
indispensable para ello. La respuesta a la interrogante que se deriva de lo
anterior debe buscarse en las reservas funcionales de adaptación del
organismo, en su magnitud y en la efectividad de los procedimientos
prácticos para su empleo.
Cuando dichos elementos son conocidos pueden realizarse una
valoración cuantitativa y una caracterización cualitativa de la capacidad
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de un organismo determinado para asimilar el entrenamiento con todos
los efectos que ello implica. Naturalmente a este punto se puede llegar
mediante procedimientos metodológicos diseñados para la evaluación de
la capacidad funcional de adaptación, que depende del nivel de
entrenamiento del deportista, de la especialidad que se entrena, de la
calificación deportiva, del nivel alcanzado en la etapa de preparación
precedente y de muchos otros factores.
Dicho de otra manera, para la determinación de la capacidad funcional
de adaptación y el nivel umbral de los estímulos generados por el
proceso de entrenamiento en cada deportista, procede tener en cuenta las
reacciones de adaptación del organismo. En consecuencia, para lograr
una adecuada orientación perspectiva de carácter práctico en la solución
del cada vez más importante problema de la programación del
entrenamiento – que se encuentra íntimamente relacionada con la
adecuada interpretación de las reservas funcionales de adaptación –
resultan indispensables investigaciones especialmente orientadas a la
búsqueda de respuestas concretas para las siguientes interrogantes:
¿Cuál es el volumen optimo y cuanto debe prolongarse la aplicación de
cargas de entrenamiento ininterrumpidas para agotar las posibilidades de
generación de reacciones de adaptación del organismo?
¿Cuantas de éstas etapas, con sus correspondientes periodos de
adaptación, es necesario planificar de manera continua para lograr el
agotamiento pleno de las reservas funcionales del organismo ante
determinado nivel de exigencia del entrenamiento?
¿Cuantas veces, dentro del ciclo anual, resulta permisible aplicar series
de cargas concentradas con el objetivo de elevar la capacidad de trabajo
especial del deportista?
Es fácil apreciar que las tareas y exigencias que se plantean al trabajo
investigativo experimental, y que se desprenden de los aspectos antes
señalados son muy complejas, nunca han sido despejadas plenamente ni
resueltas en su totalidad.
Sin embargo se sabe algo muy importante: el proceso de establecimiento
de la maestría deportiva transita, necesariamente, por la adaptación
funcional que se integra por el sistema de interacción interna y externa
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del organismo, que se modifica en determinada dirección como resultado
de la actividad física del hombre.
En el organismo, este sistema, con el ordenamiento objetivo que le
resulta propio, está condicionado ante todo, por sus características
biológicas. El contenido que sigue pretende, de la manera más sencilla
posible, entregar a los entrenadores deportivos una guía sobre las
características de la adaptación funcional ante la realización de cargas de
trabajo físico – propia del entrenamiento deportivo. Si resulta útil habrá
cumplido su objetivo.
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¿QUE SE ENTRENA?
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La aparición de dicho estado implica una mejoría de la capacidad de
trabajo del deportista. Su desarrollo como proceso puede ejemplificarse
de la manera siguiente:
CAPACIDAD DE TRABAJO
NIVEL DE ENTRENEMIENTO
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Para el estudio del primero de estos estados, o sea, el que refleja el
comportamiento del organismo en condiciones de reposo relativo o
fisiológico, se han realizado investigaciones tanto en sujetos entrenados
como no entrenados y también en los mismos sujetos antes y después de
recibir cargas físicas durante un periodo de tiempo determinado. Las
variaciones funcionales que genera un esfuerzo físico sistemático se
manifiestan, fundamentalmente, durante la realización del trabajo. Sin
embargo, incluso en estado de reposo se pueden apreciar diferencias
sustánciales entre el organismo entrenado y el sometido a una vida
sedentaria.
En las personas entrenadas se puede apreciar una mayor disponibilidad
de sangre en el organismo. Como resultado del entrenamiento aumenta el
contenido de hemoglobina, lo que favorece el suministro de oxigeno a
los tejidos; la capacidad de oxigenación del sistema sanguíneo también
aumenta así como la diferencia arterio-venosa para éste gas.
En sentido general, los cambios que se reportan en el estado de reposo
no son de carácter significativo en lo que se relaciona con el sistema
sanguíneo. En el organismo entrenado el efecto de la actividad física
sistemática sobre este sistema se manifiesta, fundamentalmente, durante
el esfuerzo.
La realización de las cargas de trabajo físico contempladas en el proceso
de entrenamiento y durante las propias competencias deportivas, exige
al músculo cardiaco del atleta la realización de un esfuerzo de gran
magnitud para garantizar la impulsión de un enorme volumen de sangre
a través de los conductos vasculares. Para poder soportar y responder a
una exigencia funcional tan elevada el corazón debe estar muy
desarrollado y es por ello que en los deportistas, como resultado del
entrenamiento sistemático, se produce una dilatación funcional del
miocardio, que se expresa en el engrosamiento de las fibras cardiacas y,
como resultado de ello, del diámetro de las paredes del músculo;
conjuntamente aumenta la capacidad de las cavidades del corazón lo que
provoca el incremento del volumen cardiaco, siendo este indicador hasta
un 30% más elevado en los deportistas que en los no deportistas.
En dependencia del volumen y de la intensidad de las cargas de trabajo
físico aplicadas durante el entrenamiento se pueden observar, en
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deportistas de alta calificación, modificaciones en el volumen cardiaco
luego de transcurrir 3-4 semanas de preparación.
ue las contracciones del corazón se producen en intervalos de tiempo
diferentes. Se observa que existe una gran variabilidad en la frecuencia
cardiaca de los deportistas que emplean, para la realización de su trabajo
físico, la resLa frecuencia cardiaca en los sujetos entrenados es menor,
en condiciones de reposo, que en aquellas personas que mantienen una
vida sedentaria. La disminución de la frecuencia del pulso, en dichas
condiciones, es mucho más significativa en los deportistas que se
especializan en modalidades deportivas en las que tiene una
participación principal la resistencia aerobia. En los corredores de
maratón y los ciclistas de ruta se han registrado valores de frecuencia
cardiaca en reposo asombrosamente bajos.
El desarrollo de esta manifestación de bradicardia, que dado su origen
tiene un carácter funcional, transcurre en las etapas iniciales del proceso
de entrenamiento deportivo sistemático, aproximadamente en los dos-
tres primeros años, luego este indicador muestra pocos cambios en los
distintos periodos de entrenamiento.
Debe señalarse que, en algunos casos, una disminución muy acentuada
de la frecuencia de trabajo cardiaco, en condiciones de reposo, puede ser
síntoma de algún trastorno del propio corazón; una bradicardia excesiva
puede estar reflejando la influencia de sobrecargas que se ubican más
allá de las posibilidades reales del deportista. Considerando este aspecto,
se recomienda no juzgar el nivel de la capacidad cardiaca solo mediante
el indicador de la frecuencia cardiaca en reposo.
El ritmo de las contracciones cardiacas en las personas entrenadas no
siempre es uniforme y con gran frecuencia se destaca en los deportistas
una gran arritmia sinusal, lo que pone de manifiesto que los impulsos
que parten del nódulo seno auricular (marcapaso) no resultan
equivalentes.
El análisis del registro electrocardiográfico muestra, en estos casos, que
las contracciones del corazón se producen en intervalos de tiempo
distintos. Se aprecia que existe una gran variabilidad de la frecuencia
cardiaca en los deportistas que emplean, para la realización de su trabajo
físico, la resistencia aerobia. Esta variabilidad en el ritmo del trabajo
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cardiaco puede asociarse al incremento del tono vagal (parasimpático)
así como a las modificaciones en el balance electrolítico derivado de las
perdidas de grandes volúmenes de sudor durante el cumplimiento de los
esfuerzos físicos.
La arritmia sinusal es apreciable también en las edades infantiles sin que
necesariamente tenga que mediar la practica deportiva sistemática. En
muchos casos se manifiesta de manera paralela a los ciclos respiratorios
y por ello se le conoce como arritmia respiratoria.
En los deportistas no obedece a la misma razón ya que se manifiesta
tanto durante la inspiración como durante la espiración. Si el valor de la
arritmia oscila entre 0,10 y 0,15 seg. ; se denomina moderada; se
considera expresiva si los valores se mueven entre 0,16 y 0,30 seg. ; si la
diferencia supera los 0,30 seg., recibe la denominación de muy
expresiva.
En los deportistas este tipo de arritmia puede aparecer, o acentuarse,
durante el proceso de entrenamiento y modificar su comportamiento en
función paralela con el incremento del nivel de preparación atlética. La
presencia de la arritmia sinusal se considera como un indicador de la
capacidad del músculo cardiaco, es decir, una manifestación de su
capacidad da adaptarse rápidamente a las diferentes variantes que plantea
la actividad humana.
El volumen sistólico es otro indicador importante para la evaluación del
comportamiento cardiaco. En estado de reposo prácticamente no se
aprecian diferencias entre los valores que se presentan en personas
entrenadas y no entrenadas, por lo que su valoración, es decir, el cálculo
del volumen sistólico en una sola ocasión no permite conocer el grado de
entrenamiento del deportista.
Para lograr el objetivo antes señalado es preciso evaluar, en varias
ocasiones, durante el desarrollo de las diferentes etapas del ciclo anual,
la evolución del volumen sistólico, lo que permite comprobar como se
comporta el indicador, que debe presentar una tendencia a la
disminución en la medida en que se incremente el nivel de
entrenamiento. Si se tiene en cuenta que la ejercitación física sistemática
genera un incremento de las cavidades ventriculares y que al mismo
tiempo disminuye el volumen sistólico, puede llegarse a la conclusión de
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que el desarrollo del nivel de entrenamiento propicia el aumento de
volumen sanguíneo de reserva, es decir, no toda la sangre contenida en
los ventrículos es expulsado hacia las arterias. En los ventrículos
permanece una cantidad de sangre de reserva que es empleada, durante el
esfuerzo, para aumentar la salida cardiaca. Cuando el nivel o grado de
entrenamiento se pierde el volumen sistólico aumenta nuevamente,
Esa disminución del volumen minuto sanguíneo, en condiciones de
reposo, cuando el atleta se encuentra en la etapa de capacidad de trabajo
aumentada, se explica por la gran economía de los procesos oxidativos
en el ámbito celular, lo que implica una menor necesidad de oxigeno y,
por consiguiente, una menor cantidad de sangre circulando en la unidad
de tiempo. A esto se suma que el propio trabajo del músculo cardiaco se
realiza de manera más económica, lo que se expresa en una menor
cantidad de contracciones por minuto (bradicardia) y una mayor
eficiencia en cada contracción (potencia).
La presión arterial en los deportistas se encuentra entre los valores
normales de las personas saludables que no practican deportes
sistemáticamente. Sin embargo, la presión diastólica aumenta en la
medida en que se eleva el grado de entrenamiento y, en etapas en las que
el atleta alcanza su mayor capacidad de trabajo, se ubica entre 6- 10 mm
de Hg. por encima de los valores normales. Esta situación, al igual que
otros cambios, guardan estrecha relación con la gran economía de los
procesos oxidativos tisulares presentes en el organismo entrenado. Como
se ha señalado anteriormente, los tejidos necesitan una menor cantidad
de sangre circulando y por ello las arterias de pequeño diámetro y las
arteriolas reducen su luz interna, lo que genera un incremento de la
resistencia al flujo sanguíneo hacia la periferia durante la diástoles, lo
que se traduce en la elevación de la presión diastólica. La disminución
del grado de entrenamiento conduce, automáticamente, a un descenso
gradual de la presión diastólica hasta los valores normales.
La capacidad vital pulmonar aumenta en la medida en que se alanzan
niveles de entrenamiento superiores, siendo siempre mayor en los
deportistas de más alta calificación. La frecuencia respiratoria en reposo,
es algo menor en las personas entrenadas que en los sujetos sanos que
mantienen una vida sedentaria; por su parte la profundidad de la
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respiración aumenta en comparación con las personas no entrenadas
sistemáticamente.
Los indicadores fundamentales de la respiración externa – frecuencia y
profundidad respiratorias, así como la ventilación pulmonar – en
condiciones de reposo, se diferencian muy poco entre las personas
entrenadas y las no entrenadas. Solo si se toma en consideración la
máxima ventilación pulmonar voluntaria que sean capaces de realizar
personas de ambos grupos, pueden detectarse diferencias significativas,
pudiendo los hombres deportistas alcanzar hasta 2000 ml/Kg de peso
corporal y las mujeres deportistas entre 1500 – 1700 ml/ Kg.
La fisiología aplicada a la actividad física interpreta las cargas estándar
como una carga modelo o tipo, que resulta asequible para todas las
personas, idéntico tanto por la forma de realización como por la potencia
y duración del mismo.
Esta demostrado que, ante un mismo trabajo, el organismo entrenado
requiere de menor cantidad de energía para su realización que el no
entrenado.
La utilización de este tipo de carga para la valoración del estado
funcional del organismo permite registrar resultados precisos, de gran
objetividad, ya que brinda una amplia información sobre las reacciones
fisiológicas de sujetos con diferentes niveles de entrenamiento y la
comparación de los resultados es hasta tal punto informativa y clara que
este método se ha convertido en uno de los más utilizados para evaluar el
nivel de preparación de los deportistas.
Para los sujetos entrenados la demanda de oxigeno ante una carga
estándar es menor y también resulta inferior la deuda formada durante el
trabajo, sin embargo el ingreso de oxigeno es mayor como fracción de la
demanda, en comparación con la proporción de ambos, que en los
sujetos no entrenados, por consiguiente un mismo esfuerzo se realiza por
el organismo entrenado con un mayor suministro de oxigeno y, por ende,
con una menor incorporación de los mecanismos anaerobios.
También se realiza el esfuerzo estándar con menor frecuencia cardiaca,
no obstante, por la existencia de la bradicardia funcional, el incremento
con relación al estado de reposo resulta mayor que en las personas no
entrenadas. La presión arterial, en el organismo entrenado, aumenta
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durante el cumplimiento de este tipo de cargas; el comportamiento de la
presión mínima y la presión media no se modifican en grado similar.
El nivel funcional del sistema de abastecimiento de oxigeno a los tejidos,
durante la realización de cargas físicas de carácter estándar, es menor en
el organismo entrenado. Al mismo tiempo se observa un menor volumen
en la sudoración y, lógicamente, un menor incremento de la temperatura
corporal; además, las variaciones en la composición química tanto de la
sangre como de la orina, son menos significativas.
Los resultados de numerosas investigaciones sobre las reacciones
fisiológicas del organismo entrenado ante la realización de cargas físicas
permite identificar las siguientes características de comportamiento:
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En la práctica deportiva la realización de un esfuerzo físico de carácter
estándar es un hecho excepcional; lo común es encontrar, tanto en las
sesiones de entrenamiento como durante el desarrollo de la competencia,
la ejecución de esfuerzos que se caracterizan por el elevado nivel de
exigencia que se plantea al atleta. Durante las competencias, la
estandarización del esfuerzo puede estar localizada en la longitud de las
distancias que se deben recorrer, sin embargo, la velocidad con que esta
se vencen dista mucho de ser uniformes.
Los deportistas con mejor preparación física cumplen con mayor rapidez
el recorrido establecido y, por consiguiente, la potencia será mayor. En
otras palabras, durante las competencias, el deportista intenta movilizar
todas sus posibilidades funcionales y alcanzar el máximo resultado
deportivo, trabajando en el límite de sus capacidades. Por esta razón
constituye un gran interés profundizar en las variaciones fisiológicas
durante el esfuerzo máximo, lo que permite tener una idea clara sobre las
posibilidades fisiológicas de uno u otro deportista.
Los resultados de un significativo número de investigaciones fisiológicas
realizadas durante el cumplimiento de esfuerzos máximos, ponen de
manifiesto cambios funcionales sustancialmente diferentes a los
encontrados cuando se realizan trabajos de carácter estándar. También
las variaciones son superiores a las localizadas en personas no
entrenadas.
El mayor grado o nivel de entrenamiento propicia una mayor respuesta
fisiológica ante las cargas físicas máximas. A continuación se presentan
las relaciones típicas de los principales sistemas del organismo ante la
realización de este tipo de cargas.
Sistema sanguíneo. El esfuerzo físico máximo provoca una mayor
acumulación de productos finales del metabolismo en la sangre de las
personas entrenadas; como el deportista logra hacer un mayor trabajo, la
concentración de estas sustancias tiene que ser mayor. Por ejemplo, en
un sujeto con gran nivel de entrenamiento, la concentración de ácido
láctico puede llegar a ser, ante un esfuerzo máximo, de 300 mg por
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cada 100 ml de sangre; sin embargo, una persona no entrenada no
soporta la realización de un esfuerzo que eleve el lactato hasta las
inmediaciones de 100 mg, es decir un nivel tres veces menor.
Esto pone de manifiesto que los sujetos entrenados soportan alteraciones
profundas de la composición química de la sangre; la lactacidemia puede
llegar a disminuir el pH sanguíneo hasta 7,12 durante el esfuerzo
máximo, además resiste una disminución de las reservas de
carbohidratos que se manifiesta en la reducción de la glucosa en sangre
hasta dos veces por debajo de lo normal; el organismo no entrenado no
soporta cambios similares.
Sistema cardiovascular: La frecuencia de contracciones cardíacas
durante la realización de cargas de trabajo de carácter máximo, se
localiza comúnmente entre 190-205 pulsaciones por minuto,
reportándose en la literatura especializada casos de 220-240
contracciones del corazón en la unidad de tiempo indicada.
Como ya se ha señalado, el abastecimiento de oxígeno a los tejidos
durante el esfuerzo máximo está limitado, básicamente, por la magnitud
del volumen minuto sanguíneo. En los sujetos que poseen elevado nivel
de entrenamiento este indicador puede llegar, durante el trabajo, hasta
35-40 1/min., mientras que en las personas no entrenadas solo se
alcanzan cifras máximas de 20-25 1/min.
Al estudiar el sistema de suministro energético al organismo para
garantizar la realización del trabajo muscular se puede concluir que el
máximo consumo de oxígeno es un índice integrador de las funciones
cardiovasculares, respiratorias y sanguíneas.
Es evidente que el entrenamiento sistemático eleva en forma gradual y
significativa las posibilidades funcionales ante la realización de cargas
máximas, lo que se cumple no solo en lo que se refiere a la energética
aerobia, sino también que influye en el perfeccionamiento de los
mecanismos anaerobios.
De los aspectos antes señalados se pueden concluir no solo las ventajas
que representan para el organismo mantener un alto nivel de
entrenamiento, lo que se traduce en una cada vez más perfeccionada
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economía energética en la realización del trabajo, sino también que al
seguir el comportamiento de estos indicadores, se puede diseñar un
sistema de control para evaluar la marcha del proceso de entrenamiento.
LA CONTRACCIÓN MUSCULAR.
Resulta ampliamente conocida la participación de la musculatura
esquelética en la realización de todos los movimientos del cuerpo
humano. Los restantes tipos de músculos presentes en el organismo (liso
y cardíaco) no intervienen directamente en las acciones motoras ya que
su regulación no es voluntaria.
El movimiento, en condiciones normales, solo es posible cuando ocurre
la contracción del músculo que genera una tracción sobre su punto de
inserción. La eficiencia y coordinación de ese movimiento depende, por
una parte, del número de unidades motoras que participan en la
contracción y por otro, de cómo estas se incorporan a la actividad.
Las unidades motoras difieren tanto en su estructura como en sus
características funcionales, lo que está determinado tanto por las
dimensiones del cuerpo de la moto- neurona como por el grosor de su
axón y por el número de fibras musculares que integren la unidad motriz.
Resulta que mientras mayor sea el cuerpo de la motoneurona más grueso
será su axón y mayor la cantidad de fibras musculares que inerva, lo que
trae como consecuencia que cada músculo, según sus dimensiones, está
integrado por unidades motrices grandes y pequeñas.
Independientemente de sus dimensiones cada músculo está integrado por
centenares de fascículos y cada fascículo por centenares de fibras
musculares. La fibra muscular es una célula de forma cilíndrica que se
encuentra cubierta por una fina membrana elástica denominada
sarcolema, cuya estructura es semejante a la de las fibras nerviosas. La
membrana de las células musculares desempeña un importante papel en
la generación y conducción de la excitación.
Cada fibra muscular contiene una gran cantidad de míofibrillas y cada
una de estas tiene unos 1500 filamentos de miosina y 3000 filamentos de
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actina, que son las moléculas proteicas encargadas de la contracción
muscular. Los filamentos gruesos son de miosina y los finos de actina,
que se colocan de manera interpuesta, dotando a la míofibrilla de bandas
claras (I) y de badas oscuras (A) alternadamente.
Las bandas claras presentan esa característica ya que están integradas,
fundamentalmente, por filamentos delgados de actina, mientras que las
bandas oscuras se componen de filamentos gruesos de miosina y de
filamentos delgados de actina. La porción central de cada banda A
presenta una formación más clara que se denomina H, que desaparece
cuando se produce la contracción muscular. Por su parte, cada banda I
se divide en dos partes iguales demarcadas por una especie de disco,
denominado línea Z. El espacio entre dos líneas Z se denomina
sarcómero. Cuando la fibra muscular se contrae aparece un
acercamiento entre las líneas Z, lo que indica que los sarcómeros se
acortan.
Las observaciones realizadas en múltiples investigaciones han permitido
concluir que durante la contracción muscular las dimensiones de las
bandas A no se modifican, la longitud de las bandas I se reduce y
desaparece la zona H de las bandas A. Esto permite afirmar que la
contracción muscular es un proceso que se realiza gracias al
deslizamiento de los filamentos de actina hacia la porción central de las
bandas A.
Aún resulta discutida la forma concreta en que se realiza el
desplazamiento de los filamentos de actina entre los de miosina, pero se
acepta que los filamentos gruesos están formados por moléculas de
miosina que presentan largas colas, en tanto que sus “ cabezas” forman
apófisis que llegan a los míofilamentos finos. Estas cabezas se ubican en
dirección contraria entre si en ambas mitades del míofilamentos finos
están constituidos por dos hilos de actina colocados en forma de espiral
doble, orientados en ambas direcciones, partiendo de la línea Z. Gracias
a esta forma de distribución de las moléculas de actina y miosina en las
dos mitades correspondientes a la banda A, los míofilamentos actínicos
se mueven desde ambos lados del sarcómero, entrecruzándose en el
centro de ésta.
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Se considera que cada uno de estos entrecruzamientos, conocidos como
“puentes cruzados”, se moviliza sin tener en cuenta a los restantes,
funcionando de modo alternativo y continuo. En correspondencia con
ello, mientras mayor sea el número de puentes cruzados en contacto con
los míofilamentos de actina en un momento determinado, mayor debe ser
la fuerza de la contracción.
La puesta en funcionamiento del complejo sistema que se ha descrito, es
decir, el acto de la contracción implica la existencia de trabajo y, por
tanto, requiere energía. Ella aparece cuando las moléculas de ATP
(Trifosfato de Adenosina) se desdoblan en ADP (Difosfato de
Adenosina) y en los grupos de fosfatos (P) por la acción enzimática de la
miosin-ATPasa.
En el músculo en reposos no se produce la escisión del ATP por la
inferencia de la troponina, una proteína miofibrilar que, en esa situación,
provoca su inactividad. Movilizar la troponina es una tarea que le
corresponde a los iones de calcio, cuando son liberados por la presencia
de un potencial de acción.
Cuando sobre una fibra nervios motora actúa una acción estimulante,
ésta se transforma en un potencial bioeléctrico que se conoce como
potencial de acción, y que es conducido a la placa terminal o sinapsis,
punto de contacto con la fibra muscular.
El potencial de acción se propaga rápidamente sobre toda la membrana
(sarcolema), difundiéndose al mismo tiempo hacia el interior de las
fibras a través de los túbulos transversos (túbulos T), lo que produce la
liberación de los iones de calcio que dejan de interferir la actividad
miosin-ATPasa, propiciando el desdoblamiento del ATP y permitiendo
la aparición de la energía necesaria para que los filamentos de actina se
acerquen de manera progresiva, desarrollando el proceso de
acortamiento. Una vez concluida la influencia del potencial de acción,
todo el proceso se interrumpe y la fibra muscular retorna a su estado
inicial.
Como se indicó antes, las fibras musculares esqueléticas no son
exactamente iguales y esto se relaciona no solo con su estructura, sino
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también con su funcionamiento. Existen fibras que manifiestan una
forma de contracción rápida, que tienen una importancia fundamental en
las actividades motoras que exigen contracciones musculares de gran
intensidad y corta duración, tales como los saltos, el levantamiento de
pesas, las carreras de distancias cortas, etc. Por otra parte, el organismo
realiza acciones motoras que se caracterizan por reclamar contracciones
musculares de moderada intensidad y larga duración, es el caso de las
carreras de fondo, el ciclismo de ruta, etc.
La diferencia entre cada tipo de fibra está determinada por el nivel de
actividad enzimática de cada una de ellas, específicamente de la miosin-
ATPasa y de la glucógeno-fosforilasa y la fosfofructoquinasa, que
intervienen en el metabolismo del glucógeno muscular y de la glucosa.
Las fibras de contracción rápida se encuentran mejor dispuestas para el
trabajo en condiciones de insuficiencia de oxígeno o cuando la
producción de ATP por vía aerobia es limitada. Por su parte, las fibras
lentas pueden trabajar en esfuerzos de larga duración porque contienen
mayores cantidades de enzimas mitocondriales que son las encargadas de
la producción aeróbica del ATP.
Aunque las fibras rápidas y lentas tienden a ser empleadas en tareas
específicas, durante loa realización de esfuerzos prolongados tanto unas
como otras se fatigan, lo que indica que si bien las fibras lentas se
emplean fundamentalmente en los esfuerzos de larga duración, al
fatigarse éstas, su lugar es ocupado por las fibras rápidas.
La existencia de ambos tipos de fibras y las características de su
funcionamiento permitía pensar, inicialmente, que un régimen de
entrenamiento específicamente dirigido a la resistencia podría modificar
la proporción de fibras lentas en el músculo. Investigaciones posteriores
pusieron de manifiesto que tal cosa no ocurre, modificándose solo la
capacidad de ambos tipos de fibras para producir ATP, de donde se
deduce que la composición de las fibras rápidas y lentas con que nace la
persona desempeña un importante papel en su futuro deportivo.
Aunque se ha prestado mucha atención a la estructura y funcionamiento
de la fibra muscular, lo que se deriva de la importancia de su
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participación en el proceso de contracción, resulta evidente que en la
realización del movimiento tienen que participan un elevado número de
unidades motrices, es decir, músculos y grupos de músculos que
permitan dar respuesta a las exigencias planteadas por la acción
estimulante.
En condiciones normales los músculos esqueléticos responden a
estímulos que provienen del encéfalo o de la médula espinal. Las
contracciones musculares se clasifican en aisladas, cuando constituyen la
respuesta a un solo estímulo y que, por no tener prácticamente presencia
en el deporte, no serán consideradas; y contracciones musculares
adicionadas, que no solo están presentes en la acción deportiva, sino
también en las restantes manifestaciones motoras del organismo.
Cuando un músculo es estimulado de forma tal que el segundo estímulo
llega cuando aún no se ha completado la respuesta al estímulo anterior
(contracción y relajación) la tensión que éste es capaz de provocar en el
músculo es superior a la del primero. Esto se explica al tomar en
consideración que la acción de un estímulo reclama de un tiempo
mínimo para realizar el reordenamiento estructural indispensable para
lograr la máxima tensión.
Cuando aparece una cadena de dos o más estímulos, las contracciones se
producen en rápida sucesión, los cambios estructurales logran
completarse y puede lograrse mayor tensión muscular. Las
contracciones pueden manifestarse de manera completa, tetanización,
cuando la frecuencia de estimulación es tan alta que no permite la
relajación del músculo; también puede ser de carácter incompleto cuando
la frecuencia de los estímulos no es tan elevada y permite la relajación
muscular parcialmente.
La tensión desarrollada por los músculos durante la contracción se pone
de manifiesto en las más variadas formas. Si la resistencia externa es
inferior a la tensión generada en el músculo el resultado es que éste se
acorta y aparece el movimiento con un tipo de contracción concéntrica,
también conocida como ausotónica o miométrica. Si la resistencia
externa es superior a la tensión que puede generar el músculo durante la
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contracción, entonces éste se alarga, ocurriendo un tipo de contracción
excéntrica o pliométrica.
Estos tipos de contracciones se relacionan con el trabajo dinámico, es
decir, con el trabajo que exige modificaciones longitudinales del
músculo. En consecuencia, para lograr contracciones musculares lo
suficientemente intensas y prolongadas como para provocar el
movimiento resulta indispensable que sobre el tejido actúen un número
importante de estímulos de manera continua.
La frecuencia de estimulación debe ser, por tanto, lo suficientemente alta
como para provocar que el efecto contráctil de cada estímulo se
incorpore al precedente y suficientemente baja como para que dicho
efecto no surja en el tiempo que corresponda al período refractario
absoluto de la fibra.
Cuando se alcanza una frecuencia de estimulación que logre cumplir
estos aspectos, el grado de tensión de la fibra incrementa de manera
gradual, pudiéndose alcanzar los valores máximos y mantenerlos durante
el tiempo que se mantenga la excitación.
Los principios fisiológicos enunciados son también válidos para una
forma de contracción tetánica que no implica movimiento: la contracción
isométrica que se presenta cuando, ante considerables modificaciones de
la tensión del músculo, sus dimensiones permanecen invariables. En este
tipo de contracción muscular la fuerza aumenta progresivamente hasta
alcanzar su valor máximo; si la acción estimulante se prolonga la fuerza
disminuye también de manera progresiva como consecuencia de la
aparición de la fatiga.
De lo señalado hasta aquí queda claro que el incremento de la tensión en
el músculo depende del nivel de excitación que se manifieste en las
unidades motrices, estructura básica que garantiza la contracción, que se
conforma por una neurona motora localizada en la médula espinal y por
todas las fibras musculares que son inervadas por dicha neurona.
El número de fibras musculares que son inervadas por cada motoneurona
varía desde una hasta varios cientos, en dependencia del grado de
precisión que se requiera de cada plano muscular.
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Como lo indica su nombre, cuando la unidad motriz es excitada, todas
las fibras musculares se contraen prácticamente de manera simultánea, es
decir, no resulta posible que algunas fibras de una unidad motriz se
relajen mientras otras se contraen. Además si las fibras musculares de
una determinada unidad motriz son estimuladas con la suficiente fuerza,
el nivel de contracción alcanza un grado máximo. Este principio es
conocido como “ley del todo o nada” que establece que bajo
determinadas condiciones o se contraen todas las fibras de la unidad
motriz o no se contrae ninguna de ellas. Bajo este concepto es posible
interpretar el proceso funcional que permite la contracción gradual del
músculo.
Las unidades motrices integradas a un plano muscular solo se activan de
manera simultánea cuando aparece un nivel de estimulación máximo. Si
la situación no es esa, por ejemplo, ante contracciones submáximas, unas
unidades motrices se encuentran trabajando en tanto otras se encuentran
en estado de reposo, en un proceso continuo de intercambio que impide o
retarda la aparición de la fatiga en las diferentes unidades.
Esta forma de trabajo muscular recibe el nombre de asincrónica, y es la
que posibilita la realización de las contracciones voluntarias. Si se eleva
la frecuencia de estimulación ante la cual se produce la activación de
determinado número de unidades motrices, de modo que disminuya el
tiempo de reposo de estas, aumenta el número total de unidades
participantes en la contracción y puede lograrse una mayor fuerza. Esto
pone de manifiesto que el indicador de fuerza que puede lograr un
músculo en una situación determinada depende del número de unidades
motrices que se encuentran activadas en ese momento.
Todo el proceso contráctil de las fibras musculares, que en consecuencia
define la participación de las unidades motrices, está sometido a la
regulación del sistema nervioso. Esto no solo resulta necesario para la
realización de diferentes movimientos, sino también para garantizar una
posición determinada del cuerpo y de cada uno de los segmentos que la
integran.
El sistema nervioso central (SNC) debe desarrollar una cuidadosa
selección en los planos musculares que participan en cada acción motora,
22
el momento en que se incorporará cada uno de ellos al trabajo y, además,
regular el grado de tensión que deberá desarrollar para realizar el
movimiento o mantener la postura.
Para solucionar la última de las tareas indicadas es preciso que el sistema
nervioso central, utilice tres mecanismos:
a)- Número de unidades motrices activadas
Se considera unidad motriz activada aquella cuya motoneurona envía
impulsos que son respondidos por las fibras musculares. En la medida
en que sea mayor el número de unidades activadas en un músculo más
elevada será la tensión que éste desarrolle.
La participación de mayor o menor cantidad de unidades motrices está
determinada por la intensidad de las acciones estimulantes a las que son
sometidas las motoneuronas que se integran a determinado plano
muscular, por la acción de estructuras nerviosas de niveles superiores de
la corteza motora y de los centros motores subcorticáles. Teniendo en
cuenta que todo músculo es inervado por diversos tipos de
motoneuronas, las acciones estimulantes que actúan sobre él pueden
revestir diferentes características, de forma tal que la excitación de un
plano muscular puede manifestarse en variados niveles de tensión
muscular dependiendo de que la acción estimulante proceda de
motoneuronas pequeñas o grandes.
En correspondencia con la envergadura de la unidad motriz, el
mecanismo de incorporación de éstas al trabajo se rige por la “ley de las
dimensiones”. En correspondencia con ésta ley, las pequeñas unidades
motrices participan de manera activa ante cualquier grado de tensión del
músculo, sin embrago las de mayores dimensiones solo intervienen
cuando el nivel de tensión muscular es muy elevado. Esto obliga a
pensar que si se pretende desarrollar el grado de tensión máxima que
puede generar el músculo no es posible lograrlo empleando cargas de
trabajo que generen niveles de excitación de carácter moderado.
b)- Régimen de actividad de las unidades motrices
Como se ha indicado antes, en la medida en que se aumenta la frecuencia
de impulsos que, procedentes de la motoneurona, llegan a la estructura
23
motora, mayor será el grado de tensión que desarrolla la unidad motriz y
más importante el aporte que ésta realiza a la tensión general del
músculo. Por ello resulta de extraordinaria importancia la regulación de
la motoneurona como mecanismo para determinar el grado de tensión del
músculo.
La frecuencia de estímulos procedente de la motoneurona está
directamente relacionada con la intensidad de la excitación a la cual éstas
son sometidas. Si la intensidad es de poca significación trabajan,
fundamentalmente, las motoneuronas de bajo umbral y la frecuencia es
relativamente pequeña; en este caso las unidades motoras se encuentran
en régimen de contracción aisladas y la actividad se manifiesta en una
contracción débil y de reducido gasto energético. Esta forma de
contracción es común encontrarla en el esfuerzo físico necesario para
mantener la posición vertical del cuerpo. De esta manera puede
explicarse por que la lenta actividad de los músculos pueden prolongarse
durante varias horas sin que se presente la fatiga.
Cuando se incrementa la acción de influencias excitantes sobre la
motoneurona que llega a determinado músculo se produce un aumento
de la tensión. Debe tenerse en cuenta que, en este caso, el aumento de la
intensidad conduce no solo a la incorporación al trabajo de
motoneuronas que antes se encontraban en estado de reposo, sino
también al incremento de la frecuencia de estímulos de estas con relación
a los impulsos de motoneuronas con niveles de excitación más bajos.
Esto implica que las motoneuronas de umbrales mayores no están en
condiciones de asimilar un régimen de trabajo de alta frecuencia, sin
embrago las pequeñas motoneuronas, de bajo umbral de excitación, si
generan una alta frecuencia y provocan que las pequeñas unidades
motrices activas trabajen en un régimen de contracciones adicionadas.
De aquí se desprende que para lograr grandes tensiones musculares es
preciso provocar una elevada frecuencia de estímulos que generen la
aparición de contracciones tetánicas en las unidades motrices que
participan en el trabajo, pero ello implica que este nivel de tensión del
músculo pueda mantenerse por corto tiempo.
c)- Relación en tiempo de la actividad de diversas unidades motoras:
24
Uno de los aspectos de los cuales depende la tensión que pueda generar
un músculo es la relación en tiempo de los impulsos emitidos por las
diferentes motoneuronas que lo inervan. Si todas las unidades motrices
de un músculo se logran contraer de manera sincrónica, la tensión
general que puede lograrse es muy alta pero su oscilación resulta muy
acentuada. Si el trabajo se realiza de manera asincrónica, el valor de la
tensión generada es menor pero se obtiene un nivel de estabilidad muy
alto.
En consecuencia, mientras mayor sea el número de unidades motrices
que participan en el trabajo asincrónicamente las oscilaciones serán
menores y la realización de los movimientos se efectuará con mayor
ligereza y precisión.
Si el carácter de la contracción exige del músculo, tanto por la frecuencia
como por la intensidad de los estímulos, una contracción incompleta, el
tiempo de la actividad de sus unidades motrices prácticamente no tiene
importancia para la magnitud desarrollada.
Ocurre lo contrario en los esfuerzos intensos de corta duración, donde la
sincronización de la actividad generada por los estímulos en la
motoneurona desempeña un singular papel al influir en la rapidez del
desarrollo de la tensión, es decir, en la magnitud del “gradiente de
fuerza.”
Esta sincronización está particularmente presente al iniciarse
movimientos rápidos contra una gran carga externa y depende de que, al
iniciarse el trabajo, la frecuencia de estímulos emitidos por las
motoneuronas es mayor que en lo sucesivo.
Las posibilidades de coincidencias de los ciclos contráctiles de
numerosas unidades motrices son muy elevadas, en correspondencia con
la alta frecuencia inicial de impulsos y la actividad de una gran cantidad
de motoneuronas. En consecuencia con ello, la rapidez del incremento
del grado de tensión del músculo depende tanto del número de unidades
motrices activadas como de la frecuencia inicial y el grado de
sincronización de los impulsos emitidos por las motoneuronas que lo
inervan
25
EFICIENCIA DE LA CONTRACCIÓN MUSCULAR.
Todo el proceso de la contracción muscular que se ha estado señalando
es posible solo cuando existe un caudal energético capaz de garantizarlo.
Como se describe en otra parte, las vías que emplea el organismo para
satisfacer sus necesidades energéticas totales, incluyendo la actividad
muscular son muy variadas.
Los músculos son estructuras funcionales especializadas que transforman
la energía química en trabajo mecánico que, en su situación particular,
equivale a la tensión del músculo. El trabajo muscular aparece durante
su acortamiento o extensión (dinámico) o cuando el esfuerzo no implica
movimiento (estático). Para valorar la actividad de los músculos, como
regla, se toma en consideración solo el trabajo externo que ellos realizan.
La forma más simple de evaluar el trabajo muscular (W) se limita a
considerar la acción que el músculo desarrolla al elevar una carga hasta
determinada altura y su cálculo se realiza tomando en cuenta el peso de
la carga (P) que se multiplica por la altura del levantamiento (h) y se
expresa en Kilográmetros: W = P x h = Kgm.
La magnitud del trabajo realizado por la estructura muscular depende de
la carga externa que sobre ella actúa. El trabajo mecánico externo que
genera el músculo aumenta inicialmente en correspondencia con el
incremento de la carga hasta cierto nivel, a partir del, cual se observa una
disminución, lo que evidencia que los mejores resultados se logran ante
cargas de valores medios. Otro factor que determina la calidad del
trabajo externo que puede cumplir un plano muscular está relacionado
con la rapidez de la contracción: también en este caso el trabajo externo
que desarrolla el músculo es mayor cuando la rapidez de la contracción
se localiza en sus valores medios. Ocurre esto porque cuando la rapidez
de la contracción es muy alta se debe dedicar una parte considerable de
la energía a superar la fricción interna; cuando el proceso contráctil es
muy lento se requiere que una parte de la energía disponible se dedique a
sostener el grado de tensión alcanzado y no a la contracción
propiamente.
La “ley de las cargas y rapidez medias” de la contracción muscular
determina en medida considerable la eficiencia mecánica, es decir, el
26
nivel de transformación de la energía química en trabajo. Cuando se
realiza una actividad física cualquiera, solo una parte de la energía se
convierte en trabajo mecánico, el resto, la mayor parte, se transforma en
calor. Por esta razón el gasto energético total (E) es la resultante de la
sumatoria de la energía empleada para el trabajo en sí mismo (W) y de la
que se utiliza para la producción de calor (K), lo que permite plantear la
siguiente fórmula: E = W + K. La eficiencia de la contracción, también
conocido como coeficiente de trabajo mecánico, es la relación porcentual
entre la energía que se emplea en el trabajo externo, expresada en
calorías, sobre la energía total empleada, de tal suerte que:
FIG 1
En la práctica deportiva lo más usual para determinar el gasto de energía
es recurrir al consumo de oxígeno. Por esta vía es posible calcular la
eficiencia del trabajo mecánico, conociendo el volumen de oxígeno
consumido durante el esfuerzo y en la etapa de recuperación. Para ello
se recurre al siguiente planteamiento:
FIG 2
FIG 3
27
Los indicadores más elevados de eficiencia se registran cuando el trabajo
que se realiza reclama la participación de un gran número de planos
musculares. Esto quiere decir que la efectividad de la contracción
muscular sufre modificaciones en correspondencia con las condiciones
en que se cumple el trabajo. La eficiencia se modifica de acuerdo con el
nivel de entrenamiento del deportista; al aumentar éste se produce una
disminución del gasto energético (del consumo de oxígeno) al realizar un
trabajo externo igual. La elevación de la productividad que se indica
está determinada por tres factores fundamentales:
28
LA FUERZA DE LA CONTRACCIÓN MUSCULAR.
29
La hipertrofia puede manifestarse en dos direcciones, la primera, de tipo
sarcoplasmático, es el resultado del engrosamiento de las fibras
musculares por el aumento del sarcoplasma, es decir, de la parte no
contráctil del músculo. Este tipo de hipertrofia genera la elevación de las
potencialidades metabólicas del músculo y también un considerable
incremento del número de los vasos capilares activos, lo que también
contribuye al engrosamiento del músculo.
Sin embargo, la hipertrofia generada por ésta vía no reporta grandes
ventajas funcionales; se aprecia un incremento de las posibilidades para
mantener un trabajo por un tiempo más prolongado, es decir, se eleva la
resistencia pero no se registra incremento de la fuerza propiamente
dicha.
La segunda dirección en la que se puede manifestar la hipertrofia, la
miofibrilar, se relaciona con el aumento del volumen de las míofibrillas,
esto es, con el aparato contráctil del músculo. En esta situación el
diámetro del músculo no crece de manera considerable, ya que lo que se
produce es el incremento de la densidad del tendido de las míofibrillas en
la fibra muscular. Por esta vía se logra un incremento sustancial de la
fuerza máxima del músculo; también aumenta, de manera muy
marcada, la fuerza absoluta del músculo lo que no ocurre ante la
primera variante de hipertrofia funcional.
La aparición del primer o segundo tipo de hipertrofia funcional esta
determinado por el tipo de entrenamiento deportivo que se aplique. Los
ejercicios dinámicos prolongados provocan, básicamente, la aparición de
la primera forma de hipertrofia, es decir, la que propicia el incremento
del sarcoplasma y no de las míofibrillas. Los ejercicios con predominio
isométrico, con aplicación de grandes tensiones musculares generan el
desarrollo de la hipertrofia funcional correspondiente a la segunda forma,
es decir, la miofibrilar.
La medición de la fuerza muscular del hombre se realiza durante la
tensión voluntaria de los músculos. Por ello, el índice de la fuerza
muscular máxima voluntaria, es decir, de la magnitud sumaria de la
tensión de la tensión isométrica, o con mayor precisión, del momento
sumario de un grupo de músculos durante el esfuerzo máximo voluntario
realizado por un sujeto, equivale a la fuerza absoluta de los músculos. La
30
fuerza muscular máxima voluntaria depende de los dos grupos de
factores que se conocen como periféricos y de coordinación.
Al primer grupo, los factores denominados periféricos, se relacionan:
1. - Las relaciones mecánicas de acercamiento de la tracción muscular --
el brazo de la palanca de acción de la fuerza muscular y el ángulo de
aplicación de ésta fuerza a las palancas óseas.
2. - La longitud del músculo, ya que de ella depende la tensión del
músculo.
3. - El diámetro del músculo activado, ya que en medio de condiciones
iguales, la fuerza muscular será mayor mientras mayor sea el diámetro
sumario del numero de músculos que se contraigan.
En el segundo grupo, el de coordinación, se incluye un conjunto de
mecanismos de coordinación y gobierno donde está involucrado el
sistema nervios central. Dentro de los mecanismos de coordinación y
gobierno pueden distinguirse los que se relacionan con la actividad
interna de un músculo determinado y los que tienen que ver con la
relación intermuscular. Anteriormente se indicó que el número de
unidades motrices activadas y la cantidad y calidad de los estímulos
emitidos por la motoneurona regulan el nivel de tensión del músculo y
esto permite determinar el papel de cada uno de ellos en el índice general
de fuerza.
Sin embargo, la fuerza máxima voluntaria está sujeta a la coordinación
de diferentes músculos sinergístas y antagonistas de diversas
articulaciones, en correspondencia con la participación masiva de
muchos planos musculares. En el acto de medir la fuerza, resulta de
particular importancia la adecuada selección de músculos sinergístas
activados y su correcta coordinación en la realización del esfuerzo,
conjuntamente con la indispensable inhibición de los músculos
antagonistas de una determinada articulación así como la intensificación
de la actividad de los músculos agonistas que propician la fijación de las
articulaciones contiguas.
De lo señalado hasta aquí se puede deducir que el gobierno de los
diferentes planos musculares que participan en un movimiento es una
tarea de alta complejidad para el sistema nervioso central. Cuando se
pretende alcanzar la máxima fuerza voluntaria el resultado siempre es
31
menor que la máxima fuerza potencial; esa diferencia se califica como
Déficit de Fuerza y disminuye en la medida en que los mecanismos de
gobierno y regulación alcanzan un mayor nivel de perfeccionamiento.
La magnitud del déficit de fuerza está determinada por los siguientes
factores:
• El estado psicológico. Es conocido que durante ciertos estados
emocionales el sujeto puede revelar tal fuerza que supera, en
mucho, sus máximas posibilidades normales. Estos estados
emocionales, conocidos comúnmente como estrés, tienen una
particular relación con la motivación de los deportistas durante la
competencia.
Es necesario destacar que del estado funcional del sujeto es un elemento
que define el alcance de la influencia de este factor, pues si bien resulta
muy aguda en el caso de personas no entrenadas en los deportistas de
alta calificación se presenta de manera mucho menos importante.
• Cantidad de grupos musculares activados simultáneamente.
Siempre que existan las mismas condiciones de medición, el déficit
de fuerza será mayor mientras más numeroso sea el grupo de
músculos que participan en la contracción.
• Grado de perfeccionamiento del gobierno voluntario de los
músculos. El aumento de la fuerza muscular voluntaria
fundamentalmente se pone de manifiesto al realizarse su valoración
ante situaciones que han sido entrenadas previamente. Esto indica
que el aumento de la fuerza está condicionado por un factor de
mayor perfección, es decir, por los mecanismos centrales de
regulación del trabajo muscular, o lo que resulta igual, por el
perfeccionamiento de los mecanismos nerviosos de coordinación.
La importancia de este último factor también se manifiesta al estudiar el
índice de fuerza voluntaria relativa, que se calcula dividiendo la fuerza
voluntaria máxima sobre el diámetro transversal del músculo.
Resulta conocido que la fuerza voluntaria máxima es mayor en los
hombres que en las mujeres a partir del periodo de la pubertad. La fuerza
muscular y la masa de los músculos aumentan dentro de los límites de
este periodo y, como resultado de ello, la fuerza relativa se incrementa
hasta aproximadamente 6 Kg/cm2. Por otra parte, existen diferencias
32
significativas en la fuerza relativa voluntaria entre diferentes personas,
por lo que aun cuando el grado de utilización de las posibilidades de
fuerza del aparato muscular es similar en los hombres y las mujeres se
registran diferencias notables que, en algunos casos, pueden ser el
resultado del entrenamiento sistemático.
El grado de perfeccionamiento del gobierno voluntario de los músculos
está determinado por la efectividad de la acción de los mecanismos de
coordinación, tanto intramuscular como intermuscular. Puede presentarse
una gran disminución de la fuerza máxima voluntaria cuando aparece la
influencia de los músculos antagonistas, interfiriendo su trabajo. Puede
ocurrir, también, que determinada cantidad de unidades motrices, las que
presentan mayor umbral de estimulación no sean incorporadas a la
actividad voluntaria o que no todas las unidades activadas se incorporen
al trabajo en un régimen de tétanos completo, como resultado de
problemas o insuficiencias en la coordinación interna.
En correspondencia con lo señalado y tomando en consideración el papel
de las grandes unidades motrices en el grado de tensión que puede
alcanzar el músculo es necesario emplear, en el entrenamiento deportivo,
aquellos ejercicios que reclaman una gran fuerza muscular, no menor de
2/3 de la fuerza máxima voluntaria. Por esta vía se perfeccionan los
mecanismos de control y gobierno, particularmente en su manifestación
intramuscular, que aseguran la incorporación del mayor número posible
de unidades motrices de los planos musculares básicos, donde se
incluyen las grandes unidades de elevado umbral.
Es necesario indicar que la fuerza muscular también tiene una
manifestación dinámica, que se manifiesta tanto en las contracciones
excéntricas como en las de carácter concéntrico. La fuerza dinámica (F)
está determinada por la aceleración (a) que se transfiere a una
determinada masa externa (m) durante la contracción concéntrica
(aceleración) o por el retardo (desaceleración) de la masa durante la
contracción excéntrica de los músculos.
En este caso la fuerza muscular que se manifiesta depende de la
magnitud de la masa desplazada; los índices de fuerza crecen, dentro de
determinados límites, en correspondencia con el aumento del cuerpo
33
desplazado y el incremento ulterior del peso no se acompaña de la
elevación del índice de fuerza dinámica.
La fuerza dinámica se evidencia cuando se realizan movimientos que
reclaman una compleja coordinación tanto intra como inter muscular.
Por ello los indicadores de fuerza dinámica se diferencian
significativamente entre diversas personas y presentan mayores
oscilaciones que las correspondientes a la fuerza estática, incluso cuando
se realizan varias mediciones en una misma persona.
La fuerza dinámica, durante la realización de la contracción, es menor
que la fuerza estática cuando esta es registrada durante los esfuerzos
máximos en un ángulo invariable. Durante la contracción excéntrica los
músculos generan una fuerza máxima dinámica que puede ser
considerablemente superior a la fuerza máxima isométrica. En la medida
en que aumenta la velocidad del movimiento mayor será la fuerza
dinámica presente en el régimen de la contracción muscular.
El aumento de la fuerza dinámica, como resultado del entrenamiento,
puede acompañarse con el cese del incremento de la fuerza estática y
viceversa. Los ejercicios isométricos aumentan la fuerza dinámica, pero
en mucha mayor medida la fuerza estática. Esto demuestra el carácter
extremadamente específico de los efectos del entrenamiento: la
utilización de un tipo particular de ejercicios provoca un aumento
significativo específicamente en la fuerza de los planos musculares que
participan en el trabajo.
LA RAPIDEZ.
34
La rapidez de reacción, como componente de la cualidad general,
expresa la disponibilidad orgánica para enfrentar aquellas situaciones en
que resulta necesario responder ante diferentes estímulos. En estos casos
se pueden identificar cinco etapas o fases componentes del periodo
latente de la contracción, cuya duración define la rapidez de reacción:
a) excitación de la estructura receptora;
b) transmisión de la excitación hasta el sistema nervioso central;
c) elaboración de la respuesta señal en el sistema nervioso central;
d) transito de la excitación desde el sistema nervioso central hasta el
efector y
e) activación de las unidades motrices del efector y respuesta
mecánica de estas.
De las etapas enunciadas la más prolongada es la tercera.
La rapidez de movimiento contempla el tiempo empleado para ejecutar
el movimiento sin considerar el utilizado para iniciar la respuesta. En el
caso en que se analice un acto motor en el que participen un gran número
de planos musculares, esta cualidad lleva implícita, además, la
coordinación del trabajo de todos los elementos participantes.
La frecuencia de movimientos contiene, al mismo tiempo, la traslación
en el espacio y descansa en el fundamento biológico de la movilidad de
los procesos corticales, es decir, la rapidez con que se alternan los
procesos de excitación e inhibición en la corteza cerebral.
La rapidez de reacción puede manifestarse tanto en forma simple(rapidez
de reacción simple) como compleja (rapidez de reacción compleja). La
reacción simple se produce cuando la respuesta se brinda a una señal
conocida de antemano; el resto de las reacciones se consideran
complejas.
Cuando se realizan ejercicios de intensidad variable se mejora la rapidez
de reacción simple, sin embargo, el método que produce resultados más
favorables es el ejecutar series de repeticiones reaccionando ante
estímulos desconocidos e imprevistos.
Mejorar el tiempo de reacción, es decir, la rapidez de reacción es una
tarea muy compleja pues se trata de ganar décimas, y muchas veces,
centésimas de segundo. La rapidez de reacción compleja puede
observarse en dos situaciones fundamentales: la reacción ante un
35
movimiento y la reacción en la que estamos obligados a discriminar, a
diferenciar, que tipo de reacción emprender en dependencia del estímulo
o señal.
La rapidez de reacción, ante un estímulo imprevisto, varia entre 0,25 --
1,0 segundo. Experimentalmente se ha demostrado que la mayor parte de
ese tiempo es empleada para ubicar visualmente el objeto estimulante;
esta cualidad es “entrenable” y debe prestársele una significativa
atención. Para lograr este objetivo se aplican ejercicios cuya realización
lleva implícita la reacción ante objetos en movimiento, recomendándose
el empleo de los juegos deportivos y predeportivos como instrumento
para el cumplimiento de las tareas planificadas en esta dirección.
La rapidez de reacción discriminatoria, como lo indica su nombre,
guarda una relación directa con la elección de la respuesta adecuada ante
un número de variantes posibles, que están determinadas tanto por las
acciones que pueda iniciar el contrario -- en el caso de los juegos
deportivos y de los deportes de combate -- como por el carácter y
naturaleza del estimulo.
La rapidez del movimiento guarda una relación muy estrecha con el
dominio de la técnica de ejecución de la acción, es decir, que para poder
realizar el movimiento con la máxima rapidez resulta indispensable
ejecutar correctamente el acto motor desde el punto de vista técnico, por
está razón el desarrollo de la rapidez de los movimientos no se debe
trabajar en las etapas iniciales del proceso de enseñanza-aprendizaje.
El medio más efectivo para desarrollar la frecuencia de movimientos es
el empleo de ejercicios seleccionados para dar cumplimiento a los
requisitos siguientes:
• La técnica de ejecución del movimiento debe permitir que su
realización se desarrolle con la mayor rapidez posible.
• Los practicantes deben dominar perfectamente la técnica del
movimiento para que todo el esfuerzo esté dirigido hacia la
consecución de la máxima frecuencia.
• La duración del ejercicio debe ser tal que permita que las últimas
repeticiones se ejecuten, también, con la máxima rapidez.
36
Uno de los aspectos más importantes, que se deben tener en cuenta para
que los ejercicios favorezcan el desarrollo de la rapidez y no ejerzan su
influencia fundamental sobre otras cualidades biológicas, está localizado
en los intervalos entre las series de ejercicios. Si el tiempo de descanso
es muy limitado, en la siguiente serie no podrá aplicarse la máxima
rapidez potencial por no disponer el organismo de los recursos
energéticos necesarios para ello; por el contrario, si el tiempo de
descanso es muy prolongado, las funciones orgánicas descienden hasta
niveles excesivamente bajos perdiéndose el rango de excitación logrado
por el sistema nervioso central, lo que no permite realizar el trabajo con
la eficiencia requerida.
Con gran frecuencia se observa el incumplimiento de estas
recomendaciones, aplicándose un número excesivo de repeticiones --
cifras muy elevadas de determinados movimientos – que lejos de mejorar
la rapidez hacen que el deportista se vuelva más lento, es decir, que caiga
en un estado conocido como “ barrera de la velocidad”.
LA RESISTENCIA.
Esta cualidad refleja, desde el punto de vista biológico, la posibilidad de
realizar un esfuerzo físico durante el mayor tiempo posible sin que
aparezcan alteraciones en la estructura de la técnica de los movimientos.
La esencia de esta cualidad radica en demorar la aparición de la fatiga;
por ello la resistencia se evalúa tanto por el tiempo que se puede
mantener el esfuerzo como por la calidad de la técnica de los
movimientos que lo componen.
La resistencia, por tanto, tiene un carácter especifico y al proyectarse
hacia diferentes tipos de actividad física se caracteriza por el
mantenimiento de las particularidades de las acciones motoras, lo que
permite explicar el termino resistencia especial. Junto a ello es preciso
indicar la existencia de rasgos comunes en las diferentes manifestaciones
de la resistencia específica lo que justifica la tendencia a considerar la
existencia de una resistencia de carácter general.
El término resistencia especial del deportista indica su capacidad para
enfrentar, demorar, la aparición e, incluso, soportar la presencia del
estado de fatiga en condiciones de trabajo particulares, principalmente
ante la máxima movilización de las posibilidades funcionales del
37
organismo en el ánimo de lograr el máximo resultado posible. Esta
cualidad se poner de manifiesto tanto en condiciones de competencia
como durante el desarrollo del proceso de entrenamiento.
La resistencia general del organismo debe entenderse como el conjunto
de respuestas adaptativas del organismo, que constituyen la base para el
mantenimiento de la capacidad de trabajo ante las más disímiles
actividades.
Es conocido que las posibilidades aerobias del organismo constituyen
uno de los fundamentos de muchas de las formas en que puede
manifestarse la resistencia. Es común, por consiguiente, relacionar la
resistencia general con los esfuerzos de larga duración que se vinculan
con una significativa actividad del metabolismo aeróbio.
Sin embargo resulta frecuente encontrar que se relacione la resistencia
general sólo con aspectos particulares de su manifestación. Esto se
resume, en esencia, en la suma de factores que se consideran comunes
para diferentes formas de manifestación de la resistencia, teniendo en
cuenta que la misma puede tener algunos elementos que se modifiquen
en dependencia de la correlación y forma en que se expresen las
particularidades de cada tipo de deporte.
Indicadores externos de la resistencia especial. En correspondencia con
cada tipo de deporte, la resistencia especial del deportista presenta
manifestaciones externas integrales, que se relacionan a continuación:
• Tiempo mínimo para recorrer la distancia en que se compite y
correlación de la velocidad mantenida en los diferentes segmentos de la
misma.
• Mantenimiento o incremento de la actividad motriz indispensable
durante el tiempo de realización del esfuerzo ( en el entrenamiento o en
la competencia). Esto se pone de manifiesto cuando al atleta se le
plantean tareas preestablecidas, como puede ser una hora de carrera u
otro tipo de trabajo similar, por el crecimiento de los indicadores de la
intensidad de los esfuerzos, ante volúmenes variables de cargas de
entrenamiento (levantamiento de pesas, lanzamientos, saltos, etc.); en el
mantenimiento e incremento de la cantidad de acciones motrices durante
el entrenamiento o la competencia (en aquellos tipos de deportes donde
38
el volumen no se encuentre limitado, como es el caso de los juegos
deportivos o los deportes de combate)
• Estabilidad en la ejecución técnica de las acciones motr5ices –
ausencia o mínima presencia de errores – lo que es de fundamental
importancia en los denominados deportes técnicos o de arte
competitivo( gimnasia artística y rítmica, nado sincronizado, patinaje
artístico, etc.).
La resistencia especial del deportista puede ser evaluada teniendo en
cuenta el volumen de la carga asimilada por el sujeto en los ejercicios de
preparación especial (por ejemplo, cantidad de kilómetros acumulados
en el entrenamiento de corredores, nadadores, ciclistas, remeros, etc.;
cantidad de repeticiones y tonelaje acumulado por los levantadores de
peso; Cantidad de repeticiones acumuladas por las asignaturas, etc.
Una interpretación completa sobre la resistencia especial sólo es posible
establecerla teniendo en cuenta sus indicadores integrales, prefijados
para determinadas condiciones de realización de la actividad deportiva o
lo más próximas posibles a ellas. No obstante, lo anterior no excluye la
posibilidad y conveniencia de aplicar valoraciones a partir de pruebas
especialmente modeladas para realizar el control de la dinámica de la
resistencia especial dentro del proceso de entrenamiento.
En estas pruebas de control básicamente se aplican elementos de la
actividad competitiva o ejercicios que, en gran medida, se acerquen a
ella en determinada relación. Durante su aplicación, es necesario
asegurar el mantenimiento de determinados parámetros de intensidad de
trabajo y la técnica de los movimientos dentro de los marcos de control
determinados, o realizar el mayor trabajo posible en un tiempo
establecido.
Para ala adecuada valoración de los cambios adaptativos que acompañan
el desarrollo de la resistencia especial mediante la aplicación de este tipo
de pruebas, además de la comparación de los resultados individuales,
registrados en la dinámica de su aplicación- por ejemplo con intervalos
de un mes – en los últimos años en cada vez más frecuente el empleo de
la proyección de los indicadores, lo que permite la introducción de las
experiencias acumuladas en diferentes deportes. Mediante la aplicación
de este método se determina la resistencia en otros tipos de deportes
39
mediando, como es lógico, las modificaciones para cada uno de ellos,
después de lo cual es posible establecer las variantes de la carga de
control aplicada para determinar el grado de correlación y su expresión
en cada tipo de deporte.
Particularidades de la resistencia en diferentes tipos de deportes. La
resistencia es una cualidad que está presente en las acciones que tipifican
a cualquier tipo de deporte y represente, en sí misma, la estrecha relación
de factores que determinan las características de la adaptación funcional
del deportista. Hasta un nivel lógico de exactitud, puede afirmarse que la
base de está interrelación está constituida por los cuatro grupos de
factores siguientes:
• Factores energéticos, donde se incluyen tanto las reservas
energéticas del organismo como la potencia funcional de los
sistemas que garantizan el intercambio y la transformación de la
energía.
• Factores de resistencia funcional, que permiten mantener, en el
nivel adecuado, la actividad de los diferentes sistemas del
organismo ante las modificaciones del medio interno, que aparecen
como consecuencia del cumplimiento del trabajo.
• Factores de economía funcional, perfeccionamiento de la
coordinación y distribución racional de las fuerzas durante el
desarrollo de la actividad, de los cuales depende, indudablemente,
la efectividad de la utilización de los recursos energéticos del
organismo.
• Factores Psicológicos, donde se agrupan la motivación del
deportista, su estado psicológico para enfrentar la próxima
actividad, la calidad de dicho estado, la capacidad de entrega y
muchos otras cualidades volitivas.
40
consumo de oxigeno durante el trabajo, el umbral del metabolismo
anaerobio, la concentración de ácido láctico en sangre como
consecuencia de la actividad física, etc.
Hasta hace relativamente poco tiempo la atención que se prestaba a los
factores relacionados con la economía de los esfuerzos era poco
importante. Sin embargo, los resultados obtenidos en numerosas
investigaciones han demostrado que el papel de estos aspectos en
diferentes tipos de deportes es sumamente significativo. El gasto de
energía, y en consecuencia la demanda de oxigeno para realizar un
trabajo, disminuye sensiblemente en la medida en que el organismo del
deportista se va adaptando a la realización de cargas físicas, lo que se
explica por el perfeccionamiento de la eficacia y eficiencia de la
economía funcional al enfrentar la realización del movimiento con el
nivel de coordinación más adecuado a las necesidades y un sistema de
suministro en mejores condiciones funciónales. Lograr niveles de
funcionamiento cada vez más económicas debe ser una de las tareas
fundamentales dentro del proceso de desarrollo de la resistencia especial.
41
organismo. Por último, las intermedias, también conocidas como
intercalares, son generalmente mucho más pequeñas y efectúan la
comunicación entre diversas neuronas. En correspondencia con las
múltiples ramificaciones que se observa en el axón de estas pequeñas
células están en capacidad de excitar de manera simultánea a un gran
grupo de otras neuronas.
Dentro de la propia neurona, los diferentes elementos estructurales que la
conforman presentan particularidades funcionales y diferente carácter
fisiológico. Las dendritas se encargan de permitir que las señales tengan
acceso a la célula nerviosa. Mediante el axón se garantiza la transmisión
de información a otras células nerviosas y a órganos encargados del
trabajo.
El núcleo constituye casi una tercera parte de la dimensión total del
cuerpo celular y contiene una cantidad bastante estable de ácido
desoxirribonucleico (DNA). Los nucleolos que lo integran participan en
el suministro de ácido ribonucleico (RNA) y proteínas a la célula. La
neurona está cubierta por una membrana semipermeable que permite la
regulación iónica dentro de la célula y su intercambio con el medio
externo. Ante una irritación se modifica la permeabilidad de la
membrana, lo que tiene un significado especial en el surgimiento del
potencial de acción y en la transmisión de los impulsos nerviosos. Las
neuronas cuentan con estructuras especializadas, las mitocondrias, que se
encargan de los procesos oxidativos para la formación de combinaciones
ricas en energía y su función se incrementa con el entrenamiento físico
sistemático.
Cuando aparecen influencias negativas tales como la fatiga, el
sobrecalentamiento, etc., la intensidad de los procesos oxidativos se
incrementa en las células ubicadas en las secciones más elevadas del
sistema nervioso central, principalmente en aquellas que se localizan en
la corteza de los grandes hemisferios. También se aprecian cambios
funcionales de mucha importancia en las mitocondrias, tan agudos que
pueden provocar su destrucción, y que se acompañan de una reducción
parcial o total de la actividad de la neurona.
En el metabolismo neuronal lo más significativo se localiza en la rapidez
de su desarrollo y en el predominio de los procesos aerobios. Esto
42
explica que breves alteraciones del suministro de oxigeno al cerebro
puedan provocar cambios irreparables en el funcionamiento de las
células que lo integran.
La actividad de las neuronas se caracteriza por la presencia de procesos
tróficos, es decir, por el incremento de la síntesis de proteínas. Cuando
aparecen razones que provocan la excitación de las células nerviosas,
como es el caso del entrenamiento deportivo sistemático, en los tejidos
que integran éstas se observa una considerable elevación de la
concentración de proteínas y de RNA, mientras que la presencia de estas
sustancias se reduce cuando aparecen procesos inhibitorios como la
fatiga. En el periodo de tiempo en que se desarrolla la recuperación, los
niveles de los elementos indicados retornan a sus valores iniciales.
El suministro de oxigeno y de glucosa a las células nerviosas se garantiza
por la existencia de una densa red capilar que se ocupa de permitir la
llegada de grandes volúmenes de sangre. Cada neurona grande recibe
sangre por varios capilares y las pequeñas se encuentran irrigadas por
vasos capilares comunes.
Al pasar al estado activo, las células nerviosas requieren de la
intensificación del suministro de sangre para elevar la recepción de
oxigeno y sustancias nutritivas. Junto a ello, la escasa compresibilidad
del tejido nervioso y la dureza de los huesos del graneo limitan el
incremento del suministro de sangre, ante la realización del trabajo. Esto
logra compensarse mediante mecanismos de redistribución que permiten
acentuar la circulación sanguínea en los segmentos activos del cerebro y
disminuirla en aquellos que se encuentran en reposo.
En el adecuado funcionamiento de este mecanismo es de suma
importancia la participación de fibras musculares lisas presentes en los
conductos arteriales, que participan en el aumento o disminución de la
luz de los vasos, según sea necesario, para modificar la irrigación
sanguínea en diferentes sectores del cerebro. Cuando la actividad física
es tan intensa, o prolongada, que genera la aparición de la fatiga aumenta
el tono de los vasos arteriales lo que implica la disminución del volumen
de sangre que llega al tejido nervioso.
Una importante característica de la circulación sanguínea en este
segmento del cuerpo radica en que se desarrolla mediante un sistema
43
especializado, que garantiza disminuir las pulsaciones en el torrente
sanguíneo intracraneano, lo que beneficia la circulación celular. También
por ello es posible la estabilidad de la circulación en las diversas partes
del cerebro cuando la cabeza ocupa cualquier posición con relación al
tronco.
Tanto los elementos estructurales de la célula como los mecanismos
encargados de entregarle las sustancias nutritivas que le permitan
desarrollar su actividad están diseñados para garantizar que la célula
nerviosa ejecute plenamente sus funciones principales, que consisten en
la percepción de la información (estímulos, irritaciones) y que se conoce
como función receptora; el procesamiento de esa información, es decir,
la función integradora y la transmisión de las respuestas a dichas
informaciones a otras neuronas, o a diferentes estructuras del organismo,
se conoce como función efectora.
Al particularizar en el cumplimiento de estas funciones resulta posible
distinguir dos tipos de neuronas conformando las estructuras del
sistema nervioso central:
1. Las células que transmiten la información a grandes distancias, es
decir, aquellas que comunican diferentes secciones del sistema
nervioso central entre sí, las que se ocupan de enlazar la periferia
con el centro y las que relacionan al centro con la unidad ejecutora.
Son neuronas de grandes dimensiones, tanto aferentes como
inhibidoras, diseñadas para asumir las complejidades de los
diferentes estímulos que llegan por su conducto.
2. Las células que aseguran las relaciones interneurales en el ámbito
de las estructuras nerviosas. Son pequeñas neuronas que se
localizan en la médula espinal, en la corteza de los hemisferios
cerebrales, etc. y que solo perciben las influencias nerviosas a
través de las sinapsis excitadoras y que no se encuentran en
capacidad para asumir los complejos procesos de integración de las
influencias sinápticas locales. Estas células son empleadas para
transmitir las influencias excitadoras e inhibidoras a otras células
nerviosas.
44
Todos los estímulos que llegan al sistema nervioso son transmitidos a
las neuronas a través de ciertos sectores de su membrana, que se
encuentran en la zona de los contactos sinápticos y se realiza, en la
mayoría de las células nerviosas, utilizando mediadores químicos. La
modificación de la magnitud del potencial de membrana es la respuesta
neuronal a un estímulo externo. Mientras mayor sea la cantidad de
sinapsis que existe en una neurona mayor será su capacidad de
percepción de los diferentes estímulos y en consecuencia, más amplia la
esfera de influencias de su actividad y las posibilidades de participación
en las variadas reacciones del organismo.
Mientras más compleja sea la función integradora de la neurona, mayor
desarrollo presentan las sinapsis axodendríticas. Estas son
particularmente características de las células piramidales de la corteza de
los grandes hemisferios. Los impulsos nerviosos que llegan la parte
presináptica del contacto provocan el vaciado de las vesículas sinápticas
con la salida del mediador químico, hacia la abertura sináptica.
La entrega del mediador químico se compensa gracias a que las vesículas
sinápticas se concentran en las proximidades de las aberturas sinápticas,
conocidas como zonas activas u operativas. Mientras mayor cantidad de
impulsos pasen por la sinapsis más elevada será la cantidad de vesículas
que se desplacen hacia ésta zona y se fijen a la membrana presináptica.
Los efectos de la activación de la sinapsis pueden ser excitadores o
inhibidores, y en correspondencia con ello, las neuronas que excitan
segregan un mediador estimulante mientras que las células inhibidoras
entregan un mediador químico que inhibe.
Ante las influencias estimulantes, aumenta la permeabilidad de la
membrana y posibilita la disminución de diferencia de potenciales a
ambos lados de la membrana, es decir su despolarización. En este caso
se observa una pequeña oscilación negativa del potencial de membrana,
potencial postsináptico excitador, que crece hasta alcanzar su máxima
dimensión y luego disminuye.
Cuando la acción estimulante tiene un carácter inhibidor, la
permeabilidad de la membrana no se incrementa de manera significativa.
Ante esta situación se puede observar una oscilación positiva que es
propia del potencial postsináptico de inhibición.
45
Las variaciones que se presentan en el potencial de membrana de una
neurona son el resultado de una compleja interacción, de potenciales
postsinápticos de excitación e inhibición que aparecen continuamente en
las sinapsis activadas del cuerpo y en las dendritas la célula nerviosa. En
la membrana de las células nerviosas se produce una combinación
sistemática de oscilaciones positivas y negativas del potencial. Cuando
se activan simultáneamente varias sinapsis de excitación, el potencial
postsináptico de excitación de la neurona resulta la sumatoria de los
potenciales locales presentes en cada sinapsis.
Si aparecen dos influencias estimulantes de diferente carácter en la
sinapsis, la preponderancia de las inhibidoras generan la
hiperpolarización de la membrana y cesa la actividad celular. Esto
quiere decir que la excitabilidad de la célula aumenta sólo si los
potenciales generados logran la despolarización de la membrana. La
generación de una respuesta por la neurona ocurre cuando el potencial la
membrana alcanza el valor umbral, denominado nivel crítico de
despolarización, lo que implica el ingreso de iones de sodio a la célula y
la aparición del potencial de acción.
El potencial de acción es un proceso que se propaga; el impulso se
traslada desde el cuerpo de una neurona hacia otra, o hacia una estructura
ejecutora, a lo largo del axón y se realiza la función efectora de la
neurona.
De tal suerte, el proceso que se desarrolla en una neurona activada puede
describirse como un sistema que forma la cadena siguiente: potencial de
acción en la neurona precedente, que genera la liberación del mediador
químico en la abertura sináptica, que aumenta la permeabilidad de la
membrana postsináptica, (que se despolariza o hiperpolariza), que
provoca la interacción del potencial postsináptico de excitación o
inhibición según el caso, que si la excitación predomina se desplace el
potencial de membrana, que alcanza su nivel crítico de despolarización,
que provoca el surgimiento del potencial de acción, que se propaga por
el axón hacia otra neurona u órgano.
De aquí se deduce que el potencial de membrana es un parámetro
fundamental que define la importancia de los índices principales del
estado funcional de la neurona: su excitabilidad y su labilidad. La
46
excitabilidad de la neurona es la facultad que ésta tiene para responder a
la influencia sináptica del potencial de acción y depende del potencial de
membrana y del nivel crítico de despolarización. Si se tiene en cuenta
que éste último es relativamente estable en condiciones normales de
actividad, entonces, la excitabilidad de la neurona está determinada,
fundamentalmente, por la magnitud del potencial de membrana.
Cuando aparece una fuerte excitación en la célula nerviosa surgen
potenciales postsinápticos de excitación de gran amplitud, que
sobrepasan ampliamente el nivel crítico de despolarización,
manteniéndose en ese estado por un tiempo relativamente prolongado.
Esta situación permite que la neurona esté en condiciones de generar
potenciales de acción durante todo el período de despolarización
supraumbral.
La magnitud de la despolarización de las células depende, linealmente,
de la frecuencia de los estímulos. Cuando los segmentos superiores del
cerebro emiten impulsos de variada frecuencia a las secciones inferiores,
regulan su excitabilidad y realizan el control de las reacciones de
respuesta del organismo.
Por su parte, se entiende como labilidad la rapidez con que transcurren
las reacciones funcionales básicas sobre las que se fundamenta su
excitación, o dicho de otra forma, la cantidad de estímulos generados por
la motoneurona en la unidad de tiempo.
La célula nerviosa logra alcanzar el nivel optimo de excitabilidad y
labilidad así como el nivel más alto de su actividad rítmica, cuando
existe una magnitud estable del potencial de membrana, lo que
constituye una importante condición para garantizar la transmisión de la
información del sistema nervioso y desarrollar las reacciones más
adecuadas.
La estructura y las funciones del sistema nervioso central del hombre
constituyen el resultado de un intenso y profundo proceso evolutivo que
ha llegado a la corticalización, es decir, a la subordinación de todas las
restantes secciones del sistema nervioso a su estructura central y a la
fiscalización de la corteza de los grandes hemisferios cerebrales. De ello
se comprende que, en los animales superiores incluyendo al hombre, una
neurona aislada no es capaz de regular ninguna función; para ello se
47
requiere la participación de determinados grupos de células nerviosas,
los centros nerviosos.
Estas agrupaciones nerviosas responden, mediante las correspondientes
acciones reflejas, a las excitaciones procedentes del exterior, de
receptores que con ellas se relacionan. Los centros nerviosos también
reaccionan ante las modificaciones químicas que se desarrollan en la
sangre que llega hasta ellos.
Las reacciones complejas que afectan a cualquier órgano se relacionan
con la actividad de diversos centros nerviosos ubicados en diferentes
niveles del sistema nervioso central, es por ello que las propiedades los
centros nerviosos definen el carácter de las reacciones de respuesta.
Estas propiedades guardan una estrecha relación con las características
de la conducción de la excitación a través de las sinapsis que unen las
diversas células nerviosas.
De manera contraria a la fibra nerviosa, capaz de conducir la excitación
de manera bidireccional, en los centros nerviosos la onda excitatoria sólo
se desplaza del área sensitiva hacia la zona eferente, es decir, se conduce
unidireccionalmente, lo que está condicionado por las particularidades de
la transmisión sináptica en células nerviosas, que se caracteriza por la
segregación del mediador químico sólo en la porción presináptica de la
sinapsis lo que impide el paso de la excitación en sentido inverso.
Otra propiedad de los centros nerviosos radica en la conducción
retardada de la excitación. Ello ocurre ya que en la neurona existen dos
mecanismos base para la conducción de la excitación, el eléctrico y
químico. El primero se realiza con una gran velocidad de
desplazamiento (100 – 140 m/seg), en tanto el segundo se desarrolla con
una notable lentitud proporcional.
El retardo de la conducción se relaciona entonces con el tiempo que se
pierde desde que el impulso llega a la sinapsis hasta que surgen los
potenciales de excitación o inhibición. Esta demora se denomina retardo
sináptico.
En ese tiempo el estímulo presináptico provoca que se llenen las
vesículas sinápticas, que se produzca su segregación y que el mediador
químico salga por la abertura sináptica, afectando a la membrana
postsináptica y provocando la aparición del potencial postsináptico, que
48
a su vez requiere de tiempo para alcanzar su nivel óptimo y
transformarse en potencial de acción.
Como en cualquier acción se requiere la participación de una cantidad
considerable de células nerviosas, resulta evidente la aparición de una
cantidad sumaria del retardo de la transmisión de la excitación por los
centros nerviosos, que se conoce como tiempo central de conducción.
Teniendo en consideración que el tiempo que se emplea para el paso de
la excitación por las fibras nerviosas es significativamente breve, tanto
desde los receptores periféricos hacia los centros nerviosos, como desde
éstos a los órganos ejecutores, se considera que el tiempo transcurrido
desde que aparece la acción estimulante hasta que se produce la
respuesta, conocido como período latente del reflejo, es igual al tiempo
central de conducción. El entrenamiento deportivo es una vía para lograr
el perfeccionamiento funcional de los centros nerviosos, para acelerar la
conducción de la excitación y posibilitar el reajuste de las cadenas
nerviosas que participan en la transmisión del impulso nervioso.
También es propio de los centros nerviosos la adición de estímulos. Esto
ocurre cuando pequeños estímulos llegan a la membrana presináptica,
provocando la aparición de potenciales de excitación subumbrales. Para
que la magnitud del potencial presináptico de excitación llegue al nivel
crítico se requiere la acumulación de varios potenciales subumbrales.
Esta adición puede presentarse de dos maneras, la espacial y la temporal.
La adición espacial se registra cuando sobre una misma célula actúan
diferentes estímulos subumbrales que provienen de diferentes receptores,
de manera simultánea. La adición temporal ocurre cuando una misma
vía aferente se activa por la acción sucesiva de pequeños estímulos
subumbrales. Por vía de la adición es posible crear la base formación de
cadenas neuronales que determinan la conducta de todo el organismo y
se fundamenta en el desarrollo de los reflejos condicionados.
Los centros nerviosos pueden asimilar o transformar el ritmo de los
impulsos que llegan de manera rítmica. Esta capacidad de la neurona
para reaccionar reajustando, asimilando o imponiendo un ritmo de
trabajo, tiene gran importancia para organizar la interacción entre los
diferentes centros nerviosos, entre los diferentes segmentos del sistema
49
nervioso y, particularmente, para la organización de los movimientos
rítmicos del hombre.
Gracias a esta propiedad las células nerviosas tienen la posibilidad de
actuar al mismo tiempo en un complejo operacional sin que los
diferentes ritmos de estimulación generen interferencias. Ello sirve de
fundamento para aumentar la capacidad funcional de diversos
mecanismos reflejos, así como del organismo como un todo, lo que
ocurre fundamentalmente bajo la influencia del entrenamiento deportivo
sistemático.
Por último, el estado activo de la célula nerviosa, o del centro nervioso,
se prolonga en el tiempo aún después de finalizar la acción estimulante.
Esta situación se extiende más en las estructuras en las regiones
superiores del sistema nerviosos central y se conoce como “proceso de
huella”.
Existen procesos de huellas de carácter manifiesto y otros de carácter
oculto. Los primeros se relacionan con los procesos de corta duración.
Los segundos, tienen que ver con mecanismos de naturaleza mucho más
compleja.
Las funciones de huella breves, posteriores a la acción, con una duración
de hasta una hora, constituyen la base de la memoria de corta duración,
mientras que las huellas prolongadas, que se relacionan con
modificaciones de carácter bioquímico en la estructura de la célula, son
el fundamento de la memoria de larga duración.
La existencia de las propiedades enunciadas en los centros nerviosos
indica la necesidad de determinado nivel de regulación y concordancia
de los mecanismos reflejos que tipifican la actividad del sistema nervioso
central. La relación dinámica que se establece entre los procesos de
excitación, que constituyen el fundamento de todas las funciones
reguladoras complejas del organismo, las particularidades de su
presencia simultánea en diversos centros nerviosos, así como su cambio
alterno en el tiempo, son factores que definen la exactitud y oportunidad
de las reacciones de respuesta del organismo ante las más diversas
influencias internas y externas.
La llegada de ondas aferentes al centro nervioso provoca que en éste
aparezca uno u otro estado, es decir la excitación o la inhibición. En
50
situaciones particulares el estado que aparece en un centro puede
extenderse a centros nerviosos vecinos. A esta forma de extensión de la
excitación o de la inhibición se denomina irradiación.
Esta situación es posible debido a la gran interrelación neuronal de un
centro nervioso con otro, ya que al presentarse la acción estimulante
sobre un receptor, la excitación puede propagarse hacia cualquier
neurona dentro del sistema nervioso central. Mientras mayor sea la
fuerza de la estimulación aferente y más alta la excitabilidad de las
neuronas circundantes, mayor será el área que podrá abarcar la
irradiación como proceso, que desempeña un papel positivo en la
formación de nuevas reacciones del organismo.
La activación de un gran conjunto de centros nerviosos posibilita la
selección, dentro de ellos, de aquellos que resulten más importantes, es
decir, permite perfeccionar las acciones de respuestas del organismo,
propiciando el surgimiento de nuevas relaciones temporales reflejas entre
diferentes centros, lo que constituye la base para la formación de los
hábitos motores.
Pero en igual medida, la irradiación de la excitación puede ser la causa
que engendre estados negativos en la conducta orgánica ya que puede
alterar las particularmente delicadas relaciones de equilibrio entre los
estados de excitación e inhibición en los centros nerviosos y conducir a
desajustes en la actividad motriz.
A partir de lo señalado puede entenderse el insoslayable papel que
corresponde a los procesos de inhibición en la coordinación de la
actividad nerviosa. Ante todo es necesario indicar que la inhibición,
como proceso, se encarga de limitar la irradiación de la excitación, lo
que permite que esta se concentre en los sectores necesarios del sistema
nervioso. En segundo lugar, cuando en un determinado grupo de centros
nerviosos el estado de inhibición aparece simultáneamente con la
excitación en otros centros, se excluye con ello la participación de
efectores innecesarios para una acción motora en ese momento. Por
último, la inhibición en los centros nerviosos tiene una función defensiva
ya que los protege contra acciones estimulantes que sobrepasen su
capacidad funcional.
51
Aún cuando los procesos de inhibición y excitación se interrelacionan de
manera armónica y funcional es preciso indicar que la actividad de los
centros nerviosos se caracteriza por su inconstancia y que cuando uno de
ellos predomina sobre el otro aparecen desajustes importantes en los
procesos de coordinación de las reacciones reflejas.
Mediante el estudio de las relaciones funcionales entre los centro
nerviosos se ha logrado establecer que, ante la excitación de un centro
que responde a necesidades priorizadas del organismo, las acciones
estimulantes que aparecen en los centros nerviosos vecinos no solo no
provocaran las respuestas específicas que deben ser generadas sino que
intensifican y aceleran la actividad del primero.
En la conducta del hombre constantemente se observan efectos de éste
tipo, reacción funcional denominada dominante biológico.
Con este termino pretende identificarse la existencia de un foco de
excitación que predomina en el funcionamiento del sistema nervioso
central y que determina la dirección de la actividad fundamental del
organismo, por ser biológicamente, más necesaria. Los rasgos
fundamentales del dominante biológico son: elevada excitabilidad de los
centros nerviosos, estabilidad en el tiempo de la excitación, facultad de
adicionar irritaciones ajenas e inercia del dominante.
Para que surja el dominante resulta imprescindible un elevado nivel de
excitación de las células nerviosas que integran el centro nervioso, lo que
está condicionado por diversas influencias nerviosas y humorales. El
dominante puede ser un estado prolongado que determina la conducta del
organismo en un plazo más o menos extenso.
No todo foco de excitación que surja en el sistema nerviosos central
puede convertirse en dominante. Para ello es necesario que sea capaz de
adicionar la excitación de cualquier estímulo inesperado. Esto quiere
decir que no es la fuerza de la excitación lo que hace aparecer el
dominante biológico en la actividad de determinado centro nervioso, sino
la capacidad que éste tenga para acumularla. Mientras más neuronas
participen en un foco de excitación determinado mayor será el dominante
y con mucha más profundidad logrará inhibir las actividades propias de
otras acciones del sistema nerviosos central, lo que provoca en ellas la
inhibición conjugada.
52
La presencia de una gran cantidad de neuronas en un sistema operativo
funcional dominante puede establecerse a partir del ajuste colectivo de su
actividad a un ritmo general común, mediante la capacidad de
asimilación del ritmo.
La inercia que tipifica al dominante biológico es una particularidad de
extraordinaria importancia, que se manifiesta por la presencia de este
estado tanto después de cesar el estímulo inicial como al realizar reflejos
motores en cadena. La inercia también se manifiesta en la posibilidad
del dominante de mantenerse como huella, es decir, como dominante
potencial. Esto último puede observarse en el deportista durante la
aparición del estado de pre-arranque, cuando se activan los mecanismos
reflejo-condicionados que específicamente participan en el sistema de
trabajo durante el entrenamiento.
El sistema de centros nerviosos dominantes se perfecciona en la medida
en que se forma el hábito motor y de él quedan excluidos los centros
nerviosos que no resultan indispensables para la realización de la
actividad motriz. Esto manifiesta la constante interacción entre los
procesos de excitación e inhibición tanto entre los diferentes centros
como dentro de los límites de cada uno de ellos.
Para ser más precisos, la realización de un movimiento de flexión
reclama no sólo la participación de los músculos flexores, sino además la
relajación simultánea de la musculatura extensora. Ante una situación de
este tipo, en las motoneuronas que regulan el trabajo de las estructuras
musculares flexoras aparece la excitación mientras que en las que
controlan el trabajo de los efectores extensores se produce la inhibición.
Esta forma de interrelación de la coordinación entre los centros nerviosos
motores que se localizan en la médula espinal se ha denominado
inervación cruzada, combinada o recíproca de los músculos antagónicos.
9Por analogía con los procesos físicos, la aparición o intensificación del
estado de inhibición en los centros nerviosos que regulan la actividad
contraria o antagónica se denomina inducción y puede presentarse de
manera simultánea o consecutiva.
Está demostrado que durante la acción motora propia del movimiento,
las relaciones recíprocas constituyen la forma fundamental de
53
coordinación, pero junto a ellas, las fases de la actividad simultánea de
los músculos se manifiestan intensamente.
54
concentrarse en los centros específicos que regulan la acción motora y el
gasto energético se reduce proporcionalmente.
Por último, en la tercera etapa el movimiento se estabiliza iniciándose el
cumplimiento del estereotipo dinámico. Para esta etapa es característica
la automatización del movimiento, lo que se acompaña con la excitación
localizada exclusivamente en los centros nerviosos que participan en la
regulación de la acción motora y resulta mínimo el gasto energético
indispensable para su realización.
La duración de cada una de estas etapas, presentes en el proceso de
formación del hábito motor, y particularmente los cambios en las
características de la excitación en el sistema nerviosos central, se
corresponden con la dinámica de formación de los reflejos
condicionados, lo que permite relacionar el proceso con la estructuración
de los estereotipos dinámicos. La generalización de la excitación en la
primera etapa de formación del hábito motor se vincula con el
predominio más o menos acentuado del componente de orientación en
tanto que ejercicio que se ejecuta sea nuevo y original. Durante el
primer y segundo estadios, la realización del movimiento se acompaña
de un discurso interno, para sí, es decir, se piensa en movimiento, tanto
en sus partes componentes como en la totalidad, lo que quiere decir que
el segundo sistema de señales es empleado para ir trazando la ejecución
del movimiento.
Cuando se alcanza la automatización del movimiento, tercera etapa del
proceso de formación del hábito motor, junto a la localización en los
centros nerviosos específicos aparece el proceso inhibitorio que garantiza
que la excitación de las estructuras nerviosas sea limitada. La inhibición
abarca los centros nerviosos que regulan la palabra y, como
consecuencia de ello, la ejecución del movimiento no se acompaña de su
estructuración en el pensamiento. El discurso interno se limita a la
estructuración del inicio del movimiento y, aún esto, llega a desaparecer
totalmente.
Resulta indispensable tener en cuenta que el inicio de la formación de
un hábito motor debe ser considerado tan condicionado como nueva sea
la utilización, en su formación, de la experiencia motora anterior. Esta
interpretación no resulta novedosa en la práctica deportiva.
55
Parte de la experiencia motora anterior puede ser extrapolada, es decir,
dirigida hacia la formación del nuevo movimiento. Sin embargo, la otra
parte puede constituir un serio obstáculo para la formación del hábito y,
por lo tanto, debe ser inhibida.
Gracias a la experiencia motora anterior, la primera etapa del proceso de
formación del hábito motor suele transcurrir con gran rapidez y, en
muchas ocasiones, no es necesaria su presencia. El movimiento se realiza
con bastante corrección y se produce un perfeccionamiento progresivo,
en correspondencia con las características de la segunda etapa. Cuando
esto ocurre prácticamente no aparece la generalización de la excitación
en el sistema nervioso central y no se manifiestan reacciones de
orientación hacia lo novedoso que encierra la acción motora ya que el
nuevo movimiento es análogo a los actos motores antes dominados. Este
proceso se conoce como transferencia de hábitos durante la enseñanza de
los ejercicios.
Cuando se analizan las características de la tercera etapa de formación de
los hábitos motores, debe señalarse que el grado de automatización de
los movimientos no es igual en todos los deportes, estando ello
determinado por el nivel de complejidad y diversidad de coordinación
que se requiera. Mientras más cercana se encuentre la exigencia técnica
de las particularidades dinámicas del movimiento natural mayor será el
nivel de automatización posible.
La carrera, por ejemplo, que incorpora una gran cantidad de
movimientos automatizados se caracteriza por presentar una técnica muy
próxima al movimiento natural, que le resulta conocido al hombre desde
los primeros años de vida. En la natación el nivel de automatización es
considerablemente menor ya que las particularidades de su técnica se
diferencian sustancialmente de las formas de locomoción propias del
hombre, que se aprenden mucho antes de la iniciación deportiva, ya sea
mediante la educación física o a través del entrenamiento deportivo.
También resulta menor la automatización de los ejercicios de gimnasia
artística, deporte que se caracteriza por la organización y montaje de una
rutina de movimientos nuevos para cada competencia.
Tratar de lograr un nivel de automatización superior al realmente
indispensable no resulta recomendable ya que puede conducir al
56
entorpecimiento del propio movimiento y a la pérdida del control preciso
que este requiere, o lo que resulta igual, hacia una menor perfección en
su ejecución.
Es importante tener en cuenta, además, que en la medida en que el
movimiento alcanza un mayor nivel de profundización en su
automatización, más difícil será introducir correcciones o modificaciones
en su realización. La profunda automatización de la ejecución de un
movimiento, partiendo de la experiencia motora anterior, puede
convertirse en un obstáculo para la creación de nuevos movimientos de
una estructura similar, constituyendo una fuente negativa para la
transferencia de hábitos. Se puede concluir, por tanto, que aunque para
el dominio de la técnica de un movimiento la automatización es
indispensable, al mismo tiempo puede generar interferencias negativas
cuando la metodología empleada para lograrla resulta irracional.
En cualquier proceso de enseñanza de un movimiento deportivo se
pueden distinguir las fases de iniciación, fijación y perfeccionamiento.
Junto a ello, una tarea motora puede ser resuelta por las más diversas
combinaciones de trabajo de diferentes grupos musculares y las más
variadas alteraciones del funcionamiento vegetativo. El
perfeccionamiento del movimiento reclama la combinación de un
elevado nivel de variabilidad de las funciones orgánicas con una
escalonada estabilización y movilidad de las funciones, lo que permite
asegurar el resultado positivo de las sesiones de entrenamiento y del
éxito competitivo.
La dinámica del perfeccionamiento de un movimiento aislado transita
por la vía de la interacción de muchos hábitos motores en el proceso de
entrenamiento, que se perfeccionan en determinado momento. Así,
durante el juego, el jugador de fútbol puede aplicar un golpe al balón que
no haya entrenado anteriormente y que constituya el resultado de la
extrapolación de dos o más hábitos, partes de los cuales, en relación con
la nueva necesidad, son utilizados en una nueva combinación. Como
resultado aparece un nuevo hábito “sobre la marcha”.
La formación del hábito motor está relacionada con el correspondiente
ritmo de la excitación en las diferentes estructuras neuro-musculares que
participan en la acción motora y también con la adecuada y armónica
57
combinación de las funciones motoras y vegetativas. Una característica
muy importante, durante la ejercitación física, es la diversidad de la
tensión funcional del organismo del atleta y la heterocronicidad en la
combinación de las funciones de los diferentes sistemas.
58
obliga al organismo a resintetizarlo utilizando oxigeno, proceso que,
como regla, se cumple al finalizar el trabajo.
De acuerdo con lo señalado, tanto durante el esfuerzo físico como en
momentos posteriores a su finalización, se observa un incremento de la
demanda de oxigeno total, que está determinado por la intensidad del
trabajo que se realice.
Aun cuando la demanda de oxigeno es un elemento que acompaña la
actividad física, la cantidad de éste gas que se encuentra disponible en el
organismo es muy limitada, localizándose básicamente en:
• el aire contenido en los alvéolos pulmonares.
• el transportado por la sangre, combinado con la hemoglobina.
• el unido a la mioglobina
• el disuelto en el tejido muscular
59
En condiciones de reposo basal relativo, cuando existen condiciones
funcionales, psíquicas, ambientales, etc., plenamente favorables, el
consumo de oxigeno en hombres adultos se localiza entre los 250-350
ml/min. Este es un indicador interesante pues permite determinar el gasto
energético mínimo para garantizar el mantenimiento de la vida. Como es
lógico, el valor individual del metabolismo basal relativo se modifica
sustancialmente en dependencia de la edad y el sexo.
Cuando el organismo se encuentra en actividad física se observa un
sustancial aumento de la demanda de oxigeno, lo que se manifiesta en la
elevación del consumo. La significativa modificación del consumo de
oxigeno está relacionada con un grupo de factores que se relacionan a
continuación:
1. Potencia del trabajo. El incremento progresivo de la potencia del
esfuerzo realizado se acompaña de mas intensidad en la tensión de
la contracción muscular y de la incorporación de mayor cantidad de
planos musculares, lo que puede provocar, durante un trabajo muy
intenso, que los valores de consumo de oxigeno sean más de veinte
veces superiores a los registrados en condiciones de reposo
relativo.
2. Temperatura ambiental: Cuando el esfuerzo físico se desarrolla en
condiciones climáticas frías, el volumen de oxigeno utilizado es
algo mayor, ya que resulta indispensable destinar una parte
adicional del gas para garantizar el mantenimiento de la
temperatura corporal.
3. Eficiencia Energética: En correspondencia con el dominio de la
técnica, el tipo de actividad y, fundamentalmente, del tipo de fibras
musculares que participan en la contracción, pueden observarse
modificaciones en el volumen de oxigeno empleado para la
realización del trabajo físico.
4. Nivel de Entrenamiento: Este es un elemento de fundamental
importancia en las modificaciones que se registran en el volumen
de consumo de oxigeno. La mejor coordinación motora, es decir, el
equilibrio armónico entre los planos musculares que deben
contraerse y los que deben estar relajados, permiten desarrollar el
60
esfuerzo físico con un costo de oxigeno mucho menor que el que
provocaría el mismo trabajo en una persona no entrenada.
61
propicia no sólo la entrega de oxigeno, sino que, además, facilita la
eliminación de CO2 como resultado de la actividad celular, procesos
ambos de extraordinaria importancia para el adecuado desarrollo del
metabolismo en los tejidos.
El esfuerzo físico implica un incremento sustancial de las exigencias
energéticas del organismo, fundamentalmente en aquellas zonas que
participan directamente en el trabajo, lo que genera un incremento en la
actividad oxidativa en las células, que se corresponde con las
características de la contracción y la magnitud del esfuerzo. Esta
situación provoca notables modificaciones en el comportamiento de las
funciones de los subsistemas integrantes del sistema de suministro de
oxigeno. Por ejemplo, durante la realización de esfuerzos físicos se
ponen de manifiesto notables cambios de la frecuencia y de la
profundidad de los ciclos respiratorios con relación a la situación de
reposo relativo, los que implican modificaciones de la ventilación
pulmonar, indicador que expresa el volumen total de aire que pasa por
los pulmones en la unidad de tiempo.
Aunque este indicador está sometido a las múltiples características
individuales de todo sujeto, lo que significa de por sí notables
diferencias, su valor medio para un adulto en condiciones de reposo, se
ubica entre los 5 –7 l/min.
Como el ejercicio físico se acompaña del sustancial incremento de la
necesidad de utilizar O2 y eliminar CO2, la realización del trabajo
produce notables aumentos de la ventilación pulmonar que puede llegar
hasta los 150 l/min.
Conviene aclarar que todas las funciones vegetativas tienden a
estabilizarse en valores o niveles que se corresponden con la magnitud
del esfuerzo. Dicha estabilización, denominada estado estable, se
clasifica como real cuando la actividad vegetativa logra equilibrar el
suministro de oxigeno con el nivel de las necesidades somáticas, o se
cataloga de aparente la estabilización del nivel del suministro de oxigeno
cuando este no logra entregar los volúmenes necesarios para la
realización del esfuerzo.
La presencia de una u otra forma de estado estable depende de la
intensidad del trabajo que se desarrolle y de su tiempo de duración.
62
Cuando las necesidades energéticas del esfuerzo son tan elevadas que no
pueden ser resueltas ni siquiera aportando el máximo volumen de
oxigeno posible para el individuo, aparece un estado estable aparente, es
decir se estabilizan las funciones en un nivel determinado y se resuelve
por vía aerobia sólo una parte dela energía necesaria para la realización
del trabajo; la otra parte de la energía se obtiene por mecanismos
anaerobios y se acompaña de la acumulación de sustancias ácidas que se
eliminan durante el proceso de recuperación, luego de finalizada la
actividad principal.
Si la potencia del trabajo es moderada, el sistema de suministro de
oxigeno es capaz de resolver todo el volumen de este gas que resulte
necesario para la realización del esfuerzo y el estado estable, en este
caso, es real.
Tomando en consideración las características del trabajo vegetativo
antes indicadas, es que resulta conveniente abordar el comportamiento de
las funciones respiratorias, cardiovasculares y sanguíneas como
elementos integrantes del sistema de suministro de oxigeno a los tejidos.
De lo expuesto hasta aquí se deduce que todo el proceso de entrega de
oxigeno a las células está condicionado por un grupo de factores que
conviene tener en consideración ya que la importancia de este indicador
es tan alta que define, en gran medida, el resultado deportivo.
El primer elemento que debe tenerse en cuenta es la constitución
genética, que predetermina hasta un 80% el máximo consumo de
oxigeno del individuo.
Otro factor importante es la masa muscular participante en la acción
motora. Resulta lógico pensar que mientras mayor sea la presencia de
planos musculares en el movimiento, más alto será el valor del consumo
de oxigeno.
La edad del individuo también influye en el nivel del máximo consumo
de oxigeno. Muchas investigaciones ponen de manifiesto que alrededor
de los 18-25 años se registra el mejor valor de este indicador para un
mismo individuo. El sexo tiene una influencia sustancial en el valor del
indicador de referencia.
Debe tenerse en cuenta que en las edades infantiles no existen
diferencias significativas entre los representantes de ambos sexos. De
63
aquí se deduce que la pubertad marca un importante momento de
diferenciación de las capacidades aerobias entre los hombres y las
mujeres, lo que puede estar asociado a la presencia de mayor cantidad de
grasa en el organismo femenino.
Por último debe tenerse en cuenta el papel que desempeña el
entrenamiento sistemático sobre el comportamiento del máximo
consumo de oxigeno. Como cabe suponer, el organismo sometido a un
programa de ejercitación específicamente planificado y dirigido al
mejoramiento de la capacidad de trabajo, presenta no solo incrementos
sustanciales en la fuerza de la contracción muscular y en la eficiencia de
la coordinación motora, sino que también mejoran las posibilidades de
trabajo aeróbio, limitando, por tanto, la formación de sustancias ácidas y
la formación de deuda de oxigeno.
Pero aun de mayor importancia resulta la influencia del entrenamiento
sobre la eficiencia energética de la acción motora. Dicho en otras
palabras, aunque el entrenamiento intenso no genera una modificación
extraordinariamente positiva del máximo consumo de oxigeno, si
propicia mayor economía para la realización del esfuerzo física,
provocando por esta vía un incremento de la reserva de oxigeno
disponible para la ejecución del trabajo.
La economía del esfuerzo a que se hace referencia está motivada por
modificaciones funcionales del organismo que intervienen en la
definición de la capacidad de trabajo, principalmente las relacionadas
con la actividad cardiovascular y respiratoria además de los complejos
cambios experimentados en las reservas de glucògeno, el potencial
oxidativo energético y la presencia de mitocondrias en el músculo.
TRABAJO AERÓBIO Y ANAEROBIO.
Tanto en condiciones de reposo como cuando se enfrenta la realización
de esfuerzos físicos de potencia moderada, la energía indispensable para
su ejecución se obtiene casi por completo por mecanismos aerobios.
Considerando que por esta vía es posible alcanzar el máximo
rendimiento energético, resulta compresible que la fibra muscular trate
de incorporar la mayor cantidad de oxigeno posible. Para cumplir dicho
objetivo en el organismo se desarrollan cambios funcionales,
cardiovasculares y respiratorios, que deben entenderse como reacciones
64
de adaptación, así como importantes procesos locales, dirigidos a
suministra al tejido en actividad la mayor cantidad de oxigeno posible.
No obstante, cuando la potencia del trabajo se incrementa, el músculo
está obligado a obtener la energía sin utilizar oxígeno, es decir, por vía
anaerobia, aún cuando este mecanismo es mucho menos eficiente y
cuando se trata del empleo directo de sustancias macroenergéticas
fosforiladas por la fibra muscular.
Es necesario entender que los momentos iniciales de cualquier trabajo
físico debe ser enfrentados con recursos energéticos obtenidos por
mecanismos anaerobios, ya que los mecanismos aerobios necesitan de un
tiempo relativamente largo para adoptar la energía que se requiere. Este
proceso energético inicial se desarrolla a partir de la utilización de ATP y
CrP,(ácido adnosin trifosfórico y creatin fosfato), que permite la
obtención inmediata de energía y no generan la acumulación de
sustancias ácidas, lo que justifica su denominación de mecanismo
energético anaerobio alactácido. El inconveniente fundamental de esta
vía de obtención de energía radica en las limitadas cantidades de ATP y
CrP disponibles en el organismo, lo que impide mantener por un tiempo
prolongado la realización del trabajo.
En correspondencia con ello, cuando las necesidades energéticas
planteadas por el esfuerzo físico que se realiza, sobrepasan la capacidad
de oxidación directa de substratos, el organismo esta obligado a buscar
energía por vía anaerobia, pero como el mecanismo alactácido puede ser
empleado por un tiempo muy breve, resulta indispensable recurrir al
mecanismo anaerobio lactácido, es decir a la glucólisis anaerobia, que
en esencia consiste en la ruptura de glucosa sin la presencia del oxígeno,
lo que permite obtener ATP pero se acompaña de formación de ácido
láctico.
La necesidad de recurrir al mecanismo anaerobio lactácido puede estar
determinada, además, por la intensidad de la contracción muscular, que
cuando sobrepasa determinado nivel supera los valores de la tensión
arterial e impide la adecuada circulación por la región que realiza el
trabajo, por lo que el músculo no tiene otra opción energética que la
glucólisis anaerobia.
65
La glucosa empleada para los fines señalados procede, inicialmente de
las reservas de glucógeno muscular localizadas en las fibras que
intervienen en el trabajo.
Como tendencia, el organismo prefiere emplear mecanismos energéticos
aerobios con el objetivo de garantizar mayor eficiencia en la oxidación
de los substratos. Sólo utiliza la energética lactácida cuando no dispone
de otra alternativa, pero siempre limitándolo al mínimo indispensable.
De acuerdo con la señalado, salvo en los momentos iniciales de la
actividad, el componente energético del esfuerzo tiene un carácter mixto,
con predominio aeróbio o anaerobio según las particularidades de la
intensidad del trabajo.
Cuando la intensidad del trabajo es muy elevada aparece una diferencia
sustancial entre las necesidades energéticas de los músculos y la
capacidad orgánica de suministrar oxígeno y, en este caso, predomina el
componente anaerobio lactácido, aunque de manera paralela se trate de
emplear la oxidación aerobia en la mayor medida posible.
Los esfuerzo prolongados, que se caracterizan por una intensidad
relativamente abaja, deben ser considerados plenamente aerobios. Como
ya sea indicado, los momentos iniciales del trabajo se cumplen en
condiciones anaerobias. Al extenderse la actividad aparece un
componente anaerobio que gana importancia en la medida en que el
esfuerzo genera un acercamiento al nivel del máximo consumo de
oxígeno.
La relación funcional que se ha señalado entre los mecanismos
energéticos aerobios y anaerobios permite considerar que existe un
momento en que se desarrolla un cambio en el predominio de una vía
energética sobre otra, es decir, el punto en que la energética anaerobia
ocupa el primer lugar en el aporte de energía. Este momento se
denomina umbral de metabolismo anaerobio (UMAN) también
calificado como frontera de la resistencia.
En la medida en que el organismo posea un mayor nivel de
entrenamiento su capacidad para garantizar el suministro de energía por
vía aerobia será mayor y por tanto la aparición del UMAN se presentará
más tarde. Esto quiere decir que es un indicador de gran utilidad para
controlar la efectividad de las cargas de entrenamiento, toda vez que
66
puede ser utilizado como punto de referencia para conocer el
comportamiento del organismo ante la realización del esfuerzo.
Lo anterior se fundamenta en que el UMAN tipifica la potencia del
trabajo ante la cual aparece un componente anaerobio lo suficientemente
alto como para provocar incrementos en la concentración de lactado en
sangre, y que puede ser expresado en una relación porcentual sobre el
valor del máximo consumo de oxígeno.
Teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, en el entrenamiento se
aplica la determinación del UMAN con el objetivo de establecer la zona
ideal de aplicación de cargas de trabajo para provocar incrementos
sustanciales de la capacidad de trabajo. Prácticamente esto consiste en lo
siguiente:
· Se determina el momento de la aparición de UMAN.
· Se establece la relación del UMAN con la frecuencia del trabajo
cardiaco.
· Al valor de este último indicador se le resta veinte pulsaciones y la
franja que se
localiza entre las dos cifras indica la zona aerobia-anaerobia.
67
Debe tenerse en cuenta que los índices que caracterizan estas funciones
son usualmente empleados para dar seguimiento al comportamiento del
organismo sometido a entrenamiento sistemático y controlar la
intensidad de las cargas de trabajo, lo que motiva que el contenido que
sigue, aborde sólo el comportamiento de los indicadores antes señalados
en personas entrenadas.
68
La magnitud de las variaciones fisiológicas depende, básicamente, del
significado de la actividad en sí misma (competencia o entrenamiento) y
de las particularidades del deportista. En este contexto es posible
identificar dos tipos de reacciones reflejo-condicionadas: las específicas
y las no específicas.
Las reacciones específicas se relacionan directamente con el esfuerzo
que se avecina; mientras este sea más agotador, complejo y riguroso más
intensas serán las modificaciones del estado funcional que se
presentarán. Las reacciones no específicas no dependen del carácter del
esfuerzo físico que se debe realizar sino de la importancia o significación
de la competencia.
En cada caso concreto pueden predominar las reacciones de uno u otro
tipo sin embargo, mientras más elevado sea el número de reacciones
generadas por estímulos de carácter específico, más favorables para el
organismo serían las modificaciones funcionales que se observen. El
destacado científico ruso A. C. Puni, por medio de observaciones
psicológicas, estableció tres tipos de manifestaciones de prearranque:
a.- normal o de preparación competitiva
b.- exaltado
c.- apático
Ante el prearranque de preparación competitiva se observa un
incremento óptimo de la excitabilidad en el Sistema Nervioso Central,
acompañado del aumento de la movilidad de los procesos corticales.
Estas variaciones, que transcurren en el Sistema Nervioso Central
provocan, a su vez, cambios en el estado funcional del aparato motor y
en sistema vegetativo. Por los cambios en las funciones orgánicas que
genera, este tipo de prearranque es considerado como el más favorable
pues eleva la capacidad funcional para enfrentar el esfuerzo que se
avecina.
El estado de pre-arranque exaltado se caracteriza por un incremento
incontrolado de la excitación en el Sistema Nervioso Central lo que
provoca, al mismo tiempo, cambios desmesurados en todas las funciones
orgánicas. Esto trae como consecuencia que el deportista pierda
capacidad para diferenciar los estímulos propios de la competencia y
cometa un elevado número de errores, tanto en el orden técnico como de
69
carácter táctico. Además, este tipo de reacciones pre-competitivas que
elevan de manera tan significativa la intensidad de los procesos
metabólicos resulta, desde el punto de vista energético, muy costoso.
El estado de prearranque apático o inhibido presenta, como rasgo
característico, el predominio de los procesos de inhibición en el Sistema
Nervioso Central. Las variaciones funcionales son apenas apreciables y
en la mayoría de los casos de carácter negativo. Por ejemplo, el nivel de
glucosa en sangre tiende a ser inferior que en condiciones normales.
Esta manifestación del pre-arranque puede manifestarse con una
considerable antelación a la actividad fundamental, también como
resultado de una espera prolongada para el inicio de la competencia o
como consecuencia de la pérdida de entrenamiento.
EL CALENTAMIENTO.-Antes de la realización de la actividad física
considerada como principal se efectúan un conjunto de ejercicios
preparatorios que reciben el nombre de calentamiento, con el objetivo de
lograr una movilización, lo más completa posible, de las funciones
orgánicas. Esto quiere decir que los ejercicios contemplados dentro del
programa de calentamiento favorecen el proceso de adaptación inmediata
que acompaña a la actividad principal, pero no puede interpretarse esto
como la movilización de las funciones orgánicas hasta niveles óptimos,
adecuados a las características del trabajo fundamental.
FIG 4
70
Posterior al calentamiento. IV.- Trabajo principal. t.- Tiempo
en minutos
i.- Intensidad del trabajo
71
la salida de sangre de los reservorios, por la redistribución de la sangre
entre los órganos que deben intervenir en la realización de la actividad
principal y los que desempeñan funciones secundarias, así como por el
incremento de la temperatura corporal. Además, el incremento de la
temperatura disminuye la viscosidad de los tejidos y protege al deportista
de los traumas.
Los cambios funcionales provocados por los ejercicios que integran el
calentamiento no desaparecen inmediatamente después de concluido
éste; los ejercicios dejan huellas que garantizan la mejoría de la
capacidad de trabajo durante la actividad posterior. Por ejemplo, al
iniciarse el trabajo principal la ventilación pulmonar será mayor, a pesar
del intervalo de restablecimiento, que durante el trabajo precedente.
Puede afirmarse, por tanto, que los efectos beneficiosos del
calentamiento no sólo se reflejan en el surgimiento de modificaciones
funcionales de corta duración, sino también en la conservación de los
procesos de huella por un tiempo relativamente extenso como vía para
asegurar el incremento de la capacidad de trabajo.
El tiempo óptimo de duración del calentamiento, y el intervalo de
restablecimiento entre su final y el inicio de la actividad fundamental, se
determinan por el tipo de actividad que se debe enfrentar, por el nivel de
entrenamiento del deportista, por las condiciones ambientales, y por un
elevado número de otros factores. Como promedio, el calentamiento
debe extenderse de 10 a 30 minutos. Es preciso que durante la
realización de esta actividad preparatoria aparezca la sudoración, lo que
indica que los mecanismos termorreguladores están listos para los altos
requerimientos que se presentan durante el trabajo fundamental.
Diversos trabajos de investigación han demostrado que el tiempo de
restablecimiento que media entre el fin del calentamiento y el inicio de la
actividad principal no debe sobrepasar los 5 minutos y como regla se
considera ideal un descanso de 3 minutos.
La calidad de trabajo a realizar durante el calentamiento debe ser
estrictamente individualizada. Para evitar la aparición de la fatiga
durante el calentamiento es recomendable no recargar aquellos músculos
que tendrán que participar en el trabajo principal y propiciar la
72
incorporación de los segmentos del organismo que cumplirán acciones
complementarias durante la actividad fundamental.
PROCESO DE ADAPTACIÓN INMEDIATA O DE ENTRADA AL
TRABAJO. Las variaciones provocadas por el pre-arranque, así como el
incremento del nivel funcional que producen los ejercicios contemplados
en el calentamiento, no pueden evitar que el organismo demore un
determinado tiempo en responder a las exigencias derivadas del trabajo
principal.
El incremento gradual de la capacidad de trabajo del organismo durante
la realización del esfuerzo físico principal se denomina entrada al
trabajo. Esta modificación funcional está condicionada por el
incremento de la actividad de los sistemas funcionales que participan en
el desarrollo del trabajo y se presentan en forma gradual o progresiva.
La entrada al trabajo debe ser considerada como una manifestación de
las respuestas orgánicas ante un elevado nivel de actividad. Es conocido
que la capacidad de trabajo del organismo del atleta presenta un
incremento gradual durante la ejecución de los ejercicios físicos. Por
ejemplo, durante los saltos y lanzamientos, los resultados más elevados
se alcanzan, como regla después de varios intentos. Esta regularidad se
manifiesta con menor realce durante el trabajo de larga duración, sin
embargo, si no existe un planteamiento táctico diferente, la velocidad de
desplazamiento inicial es algo menor que en los kilómetros siguientes.
Para que el proceso de entrada al trabajo se desarrolle adecuadamente
tiene gran importancia el surgimiento de un dominante biológico
específico, propio de una actividad determinada, que garantice toda la
coordinación necesaria de los procesos fisiológicos que aseguran la
continuidad de la actividad. En éste proceso tiene también gran
importancia la regulación automática de las funciones, ya que mientras
más intensamente trabajen los músculos con mayor intensidad se
manifestarán los cambios en el medio interno y más fuerte será la
aferencia propioceptiva e interoceptiva que, en forma refleja, regula la
actividad del organismo. El incremento de los impulsos aferentes
modifica el estado funcional de los centros correspondientes y garantiza
una movilización más completa de todas las posibilidades funcionales
del organismo. Por lo antes apuntado es que se afirma que el proceso de
73
entrada al trabajo es una manifestación de adaptación del organismo al
nuevo nivel metabólico que le impone el ejercicio físico.
No todos los sistemas funcionales se adaptan al esfuerzo en un espacio
de tiempo igual. El aparato motor, por ejemplo, que posee una elevada
excitabilidad y labilidad, entra al trabajo con un proceso de adaptación
mucho más rápido que las funciones vegetativas; sin embargo, incluso la
incorporación al trabajo de los músculos esqueléticos y el incremento de
su capacidad funcional demora un espacio de tiempo determinado. La
velocidad de desplazamiento de un corredor de 100 metros alcanza su
máxima expresión sólo a los 5-6 segundos de iniciado el esfuerzo; este
incremento relativamente lento de la velocidad depende, claro está, de
aspectos biomecánicos presentes en el acto de la arrancada y del proceso
de adaptación o entrada al trabajo del aparato motor.
74
Ante la actividad deportiva, el período de entrada al trabajo puede
manifestarse de diferente manera dependiendo del carácter del trabajo
que se realice, del nivel de entrenamiento del atleta y de sus
particularidades individuales, así como del estado funcional el día de la
competencia o en el momento de la sesión de entrenamiento.
En la medida que el esfuerzo físico reclame la realización de ejercicios
más complicados el proceso de entrada al trabajo será más prolongado.
Cuando existen iguales condiciones, la entrada al trabajo transcurre más
rápidamente en los deportistas entrenados que en aquellos que no lo
están.
Al aumentar la intensidad del esfuerzo, dentro de la realización del
propio trabajo, pueden aparecer manifestaciones de adaptación al nuevo
nivel de exigencia funcional que se caracterizan por cumplirse de una
manera más rápida, ya que se producen tomando como base una elevada
actividad del organismo.
ESTADO ESTABLE.- El estado estable aparece después de finalizada la
etapa de entrada al trabajo y se puede observar siempre que la actividad
se extienda no menos de 4-6 minutos. En este caso el consumo de
oxígeno, cuyo suministro es garantizado por la actividad de un conjunto
de órganos de la vida vegetativa, se estabiliza en un nivel relativamente
constante.
75
alcance las magnitudes necesarias para la actividad en cuestión y se
mantengan en ese nivel.
76
encargados de la circulación ya que, en estos casos, la frecuencia
cardiaca y el volumen minuto sanguíneo se ubican muy próximos a sus
niveles máximos. La falta de oxígeno en la sangre permite que aumente
la concentración de ácido láctico y aparezcan desplazamientos
considerables del pH hacia su exponente ácido.
Cuando el estado estable es aparente los órganos internos, aún
funcionando en un régimen próximo al límite, no pueden garantizar un
nivel de suministro de oxígeno que de respuesta a la demanda de éste gas
generada por el trabajo. Se hace referencia entonces a un estado estable
solo porque el consumo de oxígeno, empleado para generar parte de la
energía requerida por el esfuerzo físico que se está realizando, al ir
incrementándose gradualmente durante la entrada al trabajo alcanza un
nivel determinado que se mantiene por un espacio de tiempo
relativamente prolongado.
El trabajo realizado en condiciones de estado estable aparente requiere
de una gran tensión de las funciones motoras y de todos los sistemas que
las aseguran.
La estabilización de los procesos fisiológicos que se presentan ante la
repetición de un trabajo (por ejemplo, durante el recorrido repetido de
segmentos de distancias en las sesiones de entrenamiento) también es, en
alguna medida, un estado estable. En estos casos la frecuencia cardiaca,
la ventilación pulmonar, el consumo de oxígeno y otros índices
fisiológicos crecen inicialmente con la realización de cada repetición;
posteriormente finaliza la etapa de entrada al trabajo y las siguientes
repeticiones del trabajo se efectúan con una constancia relativa del nivel
de las funciones.
PUNTO MUERTO Y SEGUNDO AIRE.- Un trabajo intenso no puede
extenderse por un tiempo excesivamente largo; al cabo de varios
minutos, incluso en el caso de un trabajo de potencia máxima, luego de
transcurrir algunos segundos, surgen en el organismo ciertos cambios
que obligan a interrumpir la actividad muscular. Estas alteraciones están
condicionadas por la falta de correspondencia entre la actividad intensa
del aparato motor y las posibilidades funcionales del sistema vegetativo,
debido a lo cual se altera el metabolismo y se producen grandes
modificaciones en el medio interno del organismo.
77
Cuando se realizan trabajos de potencia moderada, que se caracterizan
por la aparición del estado estable, también puede surgir falta de
correspondencia entre la actividad del aparato motor y de los órganos
internos. Sin embargo, en estos casos, la falta de correspondencia se
pone de manifiesto de una manera menos marcada y, debido a ello,
puede ser superada la situación y restablecerse la capacidad de trabajo.
Esta disminución temporal de la capacidad de trabajo se denomina punto
muerto y el estado que surgen después que esta ha sido superado es
conocido como segundo aire.
El punto muerto y el segundo aire son estados que aparecen cuando se
realizan trabajos de gran potencia o de potencia moderada. Ante una
situación de punto muerto se incrementa bruscamente la frecuencia
respiratoria pero a costa de la profundidad de cada ciclo, lo que afecta la
ventilación pulmonar, la absorción de oxígeno y la eliminación de CO2
se reduce. Esto trae como consecuencia el incremento de la presión
parcial de CO2 en la sangre y en el aire alveolar lo que, a su vez, provoca
el aumento de la frecuencia del trabajo cardiaco, el incremento de la
presión sanguínea y disminuye el pH de la sangre; también aumenta
bruscamente la diferencia arterio-venosa.
FIG 7
78
Durante el estado de punto muerto se inicia la segregación de sudor, que
se incrementa con la aparición del segundo aire, lo que pone de
manifiesto el ajuste de los mecanismos de regulación térmica al nivel
necesario y desempeña un papel de importancia especial en el
sostenimiento de la capacidad de trabajo.
El mecanismo de surgimiento del punto muerto aún no ha podido ser
completamente esclarecido; por lo visto esta situación está condicionada
por una alteración temporal de la correspondencia entre la actividad de
los músculos esqueléticos y la de los órganos encargados del suministro
de oxígeno. Las variaciones desfavorables, que aparecen en ese
momento, afectan el estado de los centros nerviosos e incrementan el
desajuste en el trabajo de los sistemas fisiológicos. La salida del punto
muerto se corresponde con el restablecimiento de las relaciones normales
entre los procesos de excitación e inhibición en el Sistema Nervioso
Central.
La falta de correspondencia entre las funciones que realizan los
diferentes órganos y sistemas del organismo, que surge durante el punto
muerto, no siempre puede ser superada durante la realización del propio
trabajo. Ante tareas diferentes, por su duración y potencia, el punto
muerto puede aparecer en momentos diferentes. En una carrera de 5-10
kilómetros se puede apreciar la aparición de este estado entre el quinto y
el sexto minutos luego de iniciado el esfuerzo. Ante carreras de mayores
distancias, el punto muerto se presenta más tarde y, a veces, puede ser
observado en varias ocasiones.
El tiempo necesario para su surgimiento, la duración y el grado de
manifestación del punto muerto depende de muchos factores, pero son
elementos fundamentales el nivel de entrenamiento del deportista y la
potencia del trabajo que se realiza.
El calentamiento disminuye la intensidad del punto muerto y permite un
surgimiento más rápido del segundo aire. La superación del punto
muerto exige una considerable fuerza de voluntad, por ello, durante el
entrenamiento, el deportista debe acostumbrarse a sentir las sensaciones
desagradables que aparecen al faltarle el oxígeno y acumularse
sustancias finales del metabolismo en el organismo.
79
El segundo aire está relacionado con el aumento de la ventilación
pulmonar. En este caso resultan particularmente efectivas las acciones
respiratorias profundas, que propician la expulsión de CO2 del
organismo, lo que permite el restablecimiento del equilibrio ácido-base.
La superación del punto muerto puede lograrse mediante la disminución
de la potencia de trabajo, sin embargo esto no es recomendable hacerlo
en condiciones de competencia ni propio durante el entrenamiento, ya
que el objetivo de este es, precisamente, lograr la adaptación del hombre
a una actividad física intensa que, necesariamente, genera cambios
considerables en el medio interno.
EL ESTADO DE FATIGA.- Durante la actividad física puede surgir el
estado de fatiga, que se caracteriza por presentar complejas variaciones
en las diversas funciones del organismo. El grado de manifestación de
estas variaciones, incluyendo la sensación de cansancio, será mayor
mientras más intenso y extenso sea el trabajo realizado.
Debe interpretarse como estado de fatiga aquel que aparece en el
organismo como consecuencia del trabajo físico y que se expresa en la
afectación de las funciones motoras y vegetativas, en la coordinación de
estas, así como en la disminución de la capacidad de trabajo y la
aparición de la sensación de cansancio.
Este estado tiene un carácter temporal y desaparece al cabo de cierto
tiempo, después de finalizado el trabajo. Las manifestaciones externas
de la fatiga son muy variadas y dependen del tipo de ejercicios
realizados, de las particularidades del medio en que se desarrolla la
actividad física y de las características del deportista. Las
manifestaciones externas de la fatiga que aparecen con mayor frecuencia
son la pérdida de la coordinación motriz, la disminución de la
productividad del trabajo, elevada frecuencia respiratoria, secreción
excesiva de sudor y la aparición de manchas rojas en la piel.
Las manifestaciones externas antes indicadas están determinadas por la
disminución del trabajo de los órganos periféricos, así como por un
marcado desajuste en la coordinación de dichas funciones por parte del
Sistema Nervioso Central.
La disminución de la eficiencia de las funciones de los órganos
periféricos, que como ya se dijo ocurre por una insuficiente regulación
80
nerviosa, puede manifestarse de diferentes formas. Por una parte puede
observarse la disminución de la actividad de diversos órganos (por
ejemplo, disminuyen el volumen minuto sanguíneo, el volumen minuto
respiratorio y el consumo de oxígeno); por otra parte, se puede detectar
un grado más elevado en la movilización de los órganos periféricos que
el realmente necesario.
Todo ello redunda en una economía más baja en el trabajo de los
diversos sistemas de órganos, sobre todo si se calcula la energía utilizada
por cada kilogramo de peso corporal, o por cada metro de distancia
recorrido o por unidad de tiempo empleada.
Con el propósito de conservar la capacidad de trabajo de las estructuras
ejecutoras periféricas, el sistema nervioso puede cambiar la forma de
coordinación de su actividad: sustituir el trabajo de algunos elementos
musculares por otros, disminuir la profundidad de los movimientos
respiratorios, etc.
De acuerdo con el tipo de trabajo y el estado de las diferentes funciones
del organismo, es posible observar una combinación variada de los
indicadores de la fatiga. En unos casos se aprecia la disminución de las
funciones periféricas y el empeoramiento de su coordinación por parte
del Sistema Nervioso, una disminución marcada de la productividad del
trabajo y la aparición de la sensación de cansancio. En otros casos puede
presentarse solo uno o de estos indicadores generales de fatiga.
Sin considerar que la fatiga conduce a una disminución temporal de la
capacidad de trabajo, la misma tiene una gran importancia biológica ya
que es un indicador del agotamiento parcial de las reservas energéticas
del organismo.
La disminución de la actividad de los músculos esqueléticos, del
corazón, etc., siempre ocurre cuando aún existe una reserva de sustancias
energéticas de posible utilización. Ocurre así como manifestación de la
capacidad defensiva del organismo, ya que una reducción brusca, tanto
parcial como total de los componentes, puede provocar el debilitamiento
y en cierto casos, hasta la muerte de las células del organismo. Estas
reservas son empleadas por el hombre en situaciones extremas, por
ejemplo, en las aceleraciones finales.
81
Los estados emocionales pueden modificar sustancialmente la influencia
del Sistema Nervioso Central sobre los órganos y tejidos. Las emociones
positivas incrementan la influencia del sistema simpático; las emociones
negativas disminuyen dicha influencia y reducen la capacidad de trabajo.
LA RECUPERACIÓN.- Como se ha explicado anteriormente, la
realización de actividades físicas, como regla, está acompañada por una
disminución temporal de la capacidad de trabajo; después de finalizar el
esfuerzo, durante el proceso de recuperación, las reservas energéticas se
restablecen y diversas funciones se estimulan. Todo ello no solo
garantiza la recuperación de la capacidad de trabajo sino que facilita su
incremento temporal.
El aumento de la capacidad de trabajo no depende solo de que, en el
proceso de entrenamiento, se planifiquen adecuadamente el volumen y la
intensidad de las cargas, sino también de la duración de los intervalos de
descanso entre las sesiones de ejercitación. En relación con esto, al
planificar los ejercicios de cada unidad de entrenamiento, es preciso
tomar en consideración las particularidades de los procesos
degenerativos.
Durante la ejecución de actividades físicas dichos procesos transcurren
solo parcialmente, tal es el caso de las reacciones oxidativas que
garantizan la resíntesis de las sustancias energéticas. Sin embargo,
durante el trabajo físico, los procesos de desasimilación prevalecen sobre
los procesos de asimilación y, solo cuando existe un estado estable
verdadero, aparece el equilibrio dinámico entre la disociación de las
sustancias químicas y su resíntesis.
La alteración del balance entre éstas reacciones se manifiesta con mayor
intensidad durante el trabajo, mientras mayor sea su potencia y menos
preparado se encuentre el organismo para enfrentarlo.
En el período que el organismo dedica a la recuperación son más
intensos los procesos de asimilación, lo que garantiza la reposición de las
reservas energéticas invertidas durante el trabajo. Inicialmente estas
reservas se restablecen hasta el nivel inicial, luego alcanzan, durante
cierto tiempo, su valor superior y seguidamente vuelve a disminuir
La recuperación, como proceso, se desarrolla en dos etapas; una, la
primera, calificada como temprana, que ocurre inmediatamente después
82
de finalizada la actividad y otras, la segunda, denominada tardía, que
puede extenderse varios días y ocurre como cuando se aplican grandes
cargas.
FIG 8
83
El trabajo que se realiza sin una recuperación plena propicia que el
organismo se adapte a las condiciones de un medio interno cambiante.
Los intervalos de descanso prolongados entren cargas, disminuyen la
efectividad del entrenamiento, ya que la actividad física se realiza en
condiciones de capacidad de trabajo disminuida.
Al terminar los intervalos óptimos de descanso es indispensable tener en
cuenta la intensidad de los procesos de recuperación. El índice más
preciso en este sentido es el de la capacidad de trabajo, es decir, el
volumen de trabajo que puede ser realizado por el hombre en
determinadas condiciones.
Este método, sin embargo, está relacionado con el cumplimiento de un
trabajo intenso complementario y, por esta razón, no es recomendable
para la práctica deportiva. Resulta más cómodo, y suficientemente
informativo, analizar las particularidades de las reacciones del organismo
ante la aplicación de diferentes exámenes (test) realizados antes del
entrenamiento y después de finalizado este. Entre ellos se puede citar la
valoración indirecta del consumo de oxígeno, la investigación la
capacidad de los músculos para la contracción y la relajación.
En la práctica deportiva se emplean diversos medios con el objetivo de
propiciar, y en algunos casos acelerar, el desarrollo del proceso de
recuperación.
Dentro de ellos los de mayor aplicación son el descanso activo, que se
caracteriza por cambiar de actividad física que se realiza. También son
empleados, y reportan considerables beneficios, el masaje, los
tratamientos con agua, la adecuada alimentación con suplementos
dietéticos y la aplicación de estímulos de contraste térmico.
El proceso de recuperación transcurre en el hombre con más intensidad
cuando existen emociones positivas; sin embargo, cuando aparece una
excitación muy fuerte después del trabajo, esta influye negativamente
sobre la recuperación.
84
Se denominan ejercicios físicos a los actos motores de carácter
voluntario que se ejecutan para dar cumplimiento a las diferentes tareas
del deporte y la educación física, Aunque se denominan activos y
voluntarios, todos están determinados por una u otra causa.
En la ejecución de los movimientos un importante papel le corresponde a
los mecanismos reflejos, incondicionados y condicionados. Los
movimientos se efectúan en respuesta a la influencia de diferentes
irritadores que actúan desde el exterior o que generan fuentes de
excitación dentro del propio organismo.
Dentro del grupo de agentes estimulantes encargados de desencadenar la
acción motora, un importante lugar ocupan las irritaciones relacionadas
con la palabra. El efecto desencadenador puede estar generado por una
instrucción u orden oral directa, emitida por otra persona; pero también
puede ser el resultado de la influencia de otros factores internos o
externos.
Lo que debe quedar claro es que, independientemente del carácter u
origen de la señal inicial, el acto motor transcurre en el marco de un
discurso interno simultáneo, que se realiza para sí, sobre el ejercicio que
se realiza.
La reiteración de los movimientos se acompaña de innumerables
irritaciones, que aparecen en el proceso de su realización y que se enlaza
con la acción de estímulos provenientes del medio interno y del exterior.
Estas irritaciones tienen como fin establecer las correcciones de los
procesos nerviosos, y de toda la actividad del organismo, adecuándolas a
las características del acto motor que se realiza, o que se confirma al
estudiar el movimiento desde el punto de vista biomecánico.
Durante la ejecución de cualquier acto motor el trabajo muscular que se
realiza está dirigido a superar diferentes manifestaciones de resistencia
externa: fuerza de gravedad, fuerzas iniciales y reactivas; la resistencia
elástica de los tejidos, etc., que se modifican continuamente durante el
desarrollo del acto motor.
En correspondencia con los cambios que se observan en las irritaciones
de carácter mecánico, que actúan sobre los propioceptores del aparato
motor, también se modifican los impulsos aferentes que llegan al sistema
85
nerviosos central; de esta forma se desarrolla una continua corrección de
los movimientos ejecutados y se garantiza la coordinación.
Los procesos encargados de la corrección de los movimientos, y las
reacciones de adaptación que aparecen en el organismo para asegurar su
realización, deben interpretarse como una acabada expresión de los
mecanismos de retroalimentación negativa que garantizan su estabilidad
biológica.
El efecto de los ejercicios se observa luego de su sistemática y
prolongada realización y como resultado de esto, se asimilan por cada
individúo, nuevos actos motores y continuamente se perfeccionan los ya
adquiridos. Bajo la influencia del entrenamiento es posible realizar
ejercicios cada vez más complejos y ejecutarlos con mayor precisión,
belleza, corrección y ligereza.
En el perfeccionamiento de la coordinación de los movimientos,
importancia fundamental corresponde a la formación de conexiones
temporales y reflejo condicionadas. Los mecanismos de coordinación de
los movimientos antes complejas formas de adaptación, cuando resulta
indispensable reaccionar adecuadamente frente a situaciones que
aparecen por primera vez, aún no han sido estudiados con toda la
profundidad necesaria pero si está definido que, aún en las más
complejas condiciones de vida, el hombre es capaz de extrapolar nuevas
acciones partiendo de las experiencias ya adquiridas, siendo posible que
esa nueva reacción se estructure inmediatamente antes de su ejecución.
En la actualidad solo es posible establecer un criterio aproximado sobre
la naturaleza y características de los procesos nerviosos que intervienen
para asegurar la coordinación de actos motores complejos. Estos
procesos, que se manifiestan en el sistema nervioso central, han sido
definidos como la capacidad de determinar inminentes tareas motoras
como base para la acción que se debe realizar, la que, a su vez, está
sujeta a la regulación del propio sistema nerviosos central.
La dirección de los movimientos, la regulación de la actividad de los
órganos de la vida vegetativa y el intercambio de energía, son elementos
de una compleja unidad de coordinación de funciones que aseguran la
actividad muscular. Mientras mayor sea la intensidad del trabajo que se
realiza, más fuerte, intensa y generalizada será la excitación que se
86
manifieste en el sistema nervioso central. Ante trabajos intensos, la
excitación de los centros nerviosos presenta, con frecuencia, rasgos
dominantes.
Cualquier actividad muscular intensa está relacionada con situaciones y
reacciones emocionales que la acompañan, estimulando al sistema
nerviosos vegetativo y acentuando la segregación de hormonas,
fundamentalmente procedentes de las glándulas suprarrenales. La
realización de ejercicios físicos provoca reacciones emocionales
principalmente durante la participación en competencias, aunque el
entrenamiento deportivo siempre ser acompaña, en mayor o menor
grado, de influencias emotivas.
Cuando se cumplen cargas deportivas intensas se manifiestan los signos
del síndrome de adaptación general, entendiéndose como tal un conjunto
de alteraciones no específicas que tienen lugar en el organismo. Las
cargas de trabajo que cumple el deportista provocan el desarrollo de la
resistencia no específica a los factores desfavorables.
Por las razones apuntadas, al valorar la influencia de los ejercicios
físicos, es necesario establecer qué carga real representan ellos para
quiénes los realizan, lo que puede determinarse tomando como base la
capacidad de trabajo de cada individúo.
Se consideran cargas máximas o submáximas aquellas que se acercan,
por las reacciones que provocan, a los límites de las posibilidades
funcionales del organismo; es por ello frecuente que las cargas físicas se
definan de manera muy relativa (grande, moderada, etc). Por ejemplo,
ante cargas donde predomina la fuerza, es común establecer los
esfuerzos al 90%, al 70%, al 60% de la magnitud máxima posible. Esta
manera de nominar o identificar el volumen y la intensidad de las cargas
es empleado no solo en ejercicios aislados, sino también para las
sesiones de entrenamiento y para los ciclos de preparación completos.
Para que el entrenamiento deportivo rinda dividendos es indispensable la
aplicación de cargas cercanas al límite de las posibilidades funcionales,
sin ello no se puede lograr el desarrollo de la capacidad de trabajo.
El significado de las cargas físicas durante la realización de los ejercicios
puede ser juzgado, en alguna medida, tomando en consideración los
cambios que se presentan en las diferentes funciones orgánicas, pero sin
87
perder de vista que esta vía tiene sólo una capacidad de información
relativa. Los resultados que alcance un deportista en diferentes tipos de
ejercicios sólo resultan de interés si se tiene en cuenta en que medida
cada uno de ellos se aproxima al resultado máximo y genera los cambios
funcionales más acentuados, posibles en una persona determinada. Este
elemento, y el nivel de fatiga que puedan generar los ejercicios
realizados, constituyen los elementos básicos para la dosificación de las
cargas.
Los cambios funcionales que aparecen en el organismo durante la
realización de la actividad física son, en mayor o menor medida,
proporcionales al trabajo mecánico cumplido y su medición exacta está
relacionada con la compleja determinación de los resultados de los
movimientos; por tal razón se han creado métodos especiales como el
ciclograma y la filmación, que permiten analizar tanto al movimiento
como un todo, como a los segmentos que lo integran, ya sea en el plano
del carácter del ejercicio que se realiza como en el ámbito de la calidad
en el dominio de su ejecución.
Sin embargo, no es habitual emplear las características del trabajo
mecánico para evaluar el alcance de las cargas; resulta más común el
control del gasto energético que acompaña su realización.
La energía empleada para la realización de un trabajo físico se garantiza
por complejas reacciones químicas que se producen en los planos
musculares y, en última instancia, son el resultado de los procesos de
oxidación. Tomando en cuenta que la cantidad de oxígeno utilizado por
el organismo refleja su gasto de energía, se utiliza la determinación del
intercambio de gases (calorimetría indirecta) como vía o método para su
medición.
Esto puede ser así porque el volumen de energía utilizada durante la
realización de un esfuerzo físico se corresponde con la demanda de
oxígeno, es decir, con el volumen de éste gas, por encima del nivel
utilizado en condiciones de reposo, que se consume durante el propio
trabajo y en el proceso de recuperación posterior a éste.
Durante la realización del ejercicio físico, para incrementar el
intercambio gaseoso, se eleva la actividad de las funciones respiratorias
y circulatorias. En una persona saludable son extraordinariamente
88
amplias las posibilidades de aumento del volumen minuto respiratorio,
que puede alcanzar hasta los 200 litros. La ventilación pulmonar puede
incrementarse en la medida que sea necesario para garantizar el máximo
intercambio de gases. El factor limitante no es, por tanto, el volumen
minuto respiratorio y si el volumen minuto sanguíneo, es decir, la
cantidad de sangre disponible en la unidad de tiempo. Los tejidos del
organismo y particularmente aquellos que participan directamente en la
ejecución del trabajo, reciben solo el oxígeno que sea capaz de
transportar hasta ellos la sangre. Las posibilidades de incrementar el
volumen minuto sanguíneo dependen del incremento que puede ocurrir
en el volumen sistólico.
El volumen sistólico máximo se ubica en los 200 ml de sangre y la
frecuencia de trabajo cardíaco alcanza cerca de las 220 pulsaciones por
minuto, por lo que el límite del volumen minuto sanguíneo se aproxima a
los 40 litros. Sin embargo, ante frecuencias de contracciones cardíacas
superiores a las 180-200 pulsaciones cae bruscamente la posibilidad de
incrementar el volumen sistólico, lo que limita el suministro de oxígeno
a los tejidos; de ello se desprende la gran importancia que reviste una
adecuada armonía en la combinación de volúmenes respiratorios y
circulatorios.
Mientras mayor sea el volumen minuto sanguíneo durante la realización
del trabajo y más amplio el alcance del intercambio gaseoso, más intenso
podrá ser el trabajo desarrollado en condiciones de estado estable real, es
decir, sin una deuda de oxígeno significativa.
El máximo consumo de oxígeno, que se alcanza durante la realización de
un trabajo físico intenso constituye, por su relación con ello, uno de los
indicadores de la capacidad de trabajo refleja, al mismo tiempo, el estado
funcional del sistema cardiovascular.
Durante la realización de un trabajo físico es indispensable tener en
cuenta no sólo las posibilidades energéticas absolutas del organismo,
sino también el nivel de efectividad del gasto absoluto; en otras palabras,
es importante conocer la parte de la energía que se emplea en la
actividad motora propiamente, determinando el alcance del resultado
deportivo, y cuanta energía se utiliza para garantizar el funcionamiento
del resto del organismo. La efectividad del gasto energético durante la
89
actividad física depende de muchos factores, como son la edad, la
calificación deportiva, el nivel de entrenamiento, etc., pudiendo variar,
incluso, en el marco de una sesión de entrenamiento. Por ello uno de los
objetivos de la ejercitación física sistemática es lograr una reducción del
gasto energético, lo que se conoce como economía de esfuerzo.
Conjuntamente con la capacidad de economizar energía, es característico
para los deportistas el incremento de la capacidad de movilización de las
funciones orgánicas. En una persona no entrenada la utilización de
oxígeno se eleva, durante la realización del trabajo, hasta 2 - 2,25 litros
por minuto y puede aumentar, en comparación con el estado de reposo,
de 8 a 10 veces. En sujetos entrenados es posible observar una
utilización de oxígeno, durante la actividad, de 5 - 5,5 litros por minuto y
aún más, registrándose incrementos hasta 20 veces superiores, en
comparación con el estado de reposo.
El incremento del volumen minuto sanguíneo y, como consecuencia de
ello, el aumento de la utilización de oxígeno, también depende de la
salud y el sexo. Así por ejemplo, el máximo consumo de oxígeno se
incrementa hasta los 20 años de edad, alcanzando su mayor magnitud
hacia los finales de esa etapa de la vida; a continuación se observa una
disminución progresiva según avanza la edad. En las mujeres, el
incremento del máximo consumo de oxígeno sigue el patrón indicado
pero ser manifiesta en un grado relativamente menor.
La influencia de las cargas se observa adecuadamente mediante la
frecuencia del trabajo cardíaco, que se determina mediante la frecuencia
del pulso; sin embargo, en este caso resulta imprescindible tener en
cuenta un grupo de factores, del medio externo, que influyen sobre la
actividad cardiaca. Para el fin antes mencionado es muy común el
empleo de la electrocardiografía, como medio para determinar la
frecuencia del trabajo cardiaco durante la realización de la actividad
física.
Ante situaciones concretas, la frecuencia del trabajo cardiaco se modifica
de manera proporcional con el volumen minuto sanguíneo, el
intercambio gaseoso y el gasto energético, pero una desmedida
aceleración de la frecuencia de trabajo del corazón puede generar no solo
90
un estancamiento del volumen minuto sanguíneo sino también una
disminución de este indicador y, por ende, del intercambio gaseoso.
La aceleración de la frecuencia cardiaca se corresponde con la excitación
de los centros nerviosos del sistema simpático y la progresiva inhibición
del sistema parasimpático.
Los cambios en el organismo, durante el trabajo físico, abarcan todos los
sistemas funcionales aunque estos no están dirigidos en un solo sentido.
La respiración y la circulación se incrementan para asegurar el aumento
del intercambio gaseoso; el aparato digestivo, por el contrario, disminuye
su nivel de actividad ante cualquier tipo de trabajo. Mientras más
significativa sea la carga de trabajo realizada, mientras más cercana esté
a los límites de la capacidad de trabajo del deportista, mayor será la
disminución de la actividad digestiva. Esto se relaciona también con una
influencia refleja que genera un efecto inhibitorio por una parte y, por
otra, con la redistribución de la sangre, lo que limita la circulación en la
región gástrica.
Cuando se realizan trabajos físicos intensos se puede registrar una aguda
disminución de la actividad de los riñones. La diuresis merma en tal
medida que puede aparecer una interrupción temporal de las funciones
de las células renales; la eliminación de los productos finales del
metabolismo se realiza, en volúmenes conocidos, mediante la
sudoración.
La intensificación de la actividad de las glándulas sudoríparas y, en
correspondencia con ello, el incremento de la cantidad de sudor que se
segrega tiene como fin principal la eliminación de calor.
Es frecuente, sin embargo, que la eliminación de calor sea menor que lo
que se produce en el organismo, lo que conduce al incremento de la
temperatura corporal. Bajo la influencia de un intenso y prolongado
trabajo físico, la temperatura del cuerpo se eleva significativamente, de
manera particular cuando la actividad se desarrolla en condiciones
ambientales cálidas.
El trabajo muscular, si es intenso y prolongado, interrumpe la
acostumbrada estabilidad del medio interno del organismo. Además de
la elevación de la temperatura, se observan cambios en la composición
de la sangre y en su presión osmótica. Estos cambios aparecen cuando la
91
demanda de oxígeno no se corresponde adecuadamente por el sistema de
suministro, lo que motiva que en el organismo se acumulen sustancias
ácidas.
La adaptación del deportista a las modificaciones del medio interno del
organismo, constituye una condición de primer orden para el incremento
del nivel de entrenamiento, de manera que la resistencia del deportista a
las grandes cargas está definida no sólo por la capacidad del organismo
para mantener su estabilidad (homeostasis), sino también por su
capacidad para soportar los cambios que se manifiestan en su medio
interno.
Por estas razones el desarrollo del nivel de entrenamiento encierra, en sí
mismo, un proceso natural de mucha complejidad, caracterizado por
cambios que son regulados durante la realización de la propia actividad
física.
92
donde intervienen fundamentalmente la fuerza y la rapidez, aumenta las
posibilidades anaerobias del organismo.
Por otra parte, los mismos ejercicios de carácter cíclico provocan
diferentes cambios en cada persona, lo que depende de la edad y del
nivel de preparación física, además de las condiciones en que se
desarrolle el entrenamiento.
MARCHA DEPORTIVA. - Al igual que la marcha común, este tipo de
esfuerzo se caracteriza por la manifestación alterna de apoyos dobles y
sencillos. La diferencia entre ambos tipos de locomoción se resume en
la técnica de la marcha deportiva, que resulta mucho más compleja, y en
la velocidad de desplazamiento que se logra alcanzar.
Los músculos de los marchitas, como resultado del entrenamiento, se
adaptan al trabajo en un régimen aerobio. La fase de apoyo,
relativamente extensa, influye en el estado morfofuncional de la
musculatura de los miembros inferiores. Los atletas de alta calificación,
al igual que los corredores, pueden desarrollar una tensión muscular muy
elevada, sin embrago la capacidad para la relajación resulta menor.
La ventilación pulmonar durante la marcha deportiva se localiza
alrededor de los 70 litros por minuto y el consumo de oxígeno se eleva
hasta los 4 1/min., pero estos indicadores pueden ser considerablemente
más altos durante el proceso de preparación, ya que los atletas de esta
modalidad deben ser sometidos a cargas que propicien el desarrollo de su
capacidad aerobia.
La frecuencia de las contracciones del músculo cardiaco se localiza,
durante la marcha deportiva, entre las 150-180 pulsaciones por minuto.
La cantidad de glóbulos rojos y de hemoglobina, durante el esfuerzo
generalmente se incrementa, pero en los deportistas preparados de
manera insuficiente pueden disminuir. La leucocitosis miogénica se
manifiesta con mucha intensidad, apareciendo con mucha frecuencia la
segunda etapa neutrofilia. La concentración de ácido láctico en sangre se
incrementa lentamente y las reservas alcalinas disminuyen ligeramente.
La actividad de las glándulas sudoríparas resulta muy intensa y después
de competencias importantes, con frecuencia, se puede encontrar
albúmina en la orina.
93
LAS CARRERAS.- Este es un tipo de esfuerzo que encierra una forma
de locomoción natural en la que la fase de apoyo simple se alterna con la
fase de vuelo. De acuerdo con la técnica de los movimientos la carrera
de distancias cortas resulta mucho más compleja: el aprendizaje de la
arrancada, el impulso que se debe lograr, la hacen particularmente difícil.
La técnica moderna permite que el gasto energético en las carreras de
fondo sea más bajo que con una técnica irracional. La coordinación de
los movimientos durante la carrera de obstáculos es particularmente
compleja: el aprendizaje de la arrancada, el impulso que se debe lograr,
la hacen parcialmente difícil. La técnica moderna permite que el gasto
energético en las carreras de fondo sea más bajo que con una técnica
irracional. La coordinación de los movimientos durante la carrera de
obstáculos es particularmente compleja.
Las diferentes distancias competitivas en el atletismo (cortas, medias y
largas) constituyen ejemplos clásicos de la actividad cíclica y de las
formas de potencia en que este tipo de actividades se clasifica. Durante
el proceso de entrenamiento en el corredor se forman estereotipos
dinámicos de carácter bastante uniforme, reflejo de los procesos
nerviosos que constituyen la base fisiológica para la asimilación de la
técnica de la carrera. La estructura del movimiento se modifica solo en
los momentos de aceleración, al abordar las curvas y en los finales del
esfuerzo.
Por su carácter uniforme, este es un esfuerzo que no presenta
requerimientos especiales para los analizadores, no obstante, durante las
competencias, el papel de estos se incrementa ya que el atleta debe
evaluar con rapidez y precisión las acciones del contrario y valorar
adecuadamente el estado de la lucha competitiva, para regular con
exactitud los esfuerzos que debe realizar. La importancia de la
percepción visual y propioceptiva se incrementa durante las carreras
sobre terreno accidentado y, de manera particular, en las carreras de
obstáculos.
Las carreras, por las diversas formas en que se manifiestan, presentan
exigencias muy diversa a las estructuras motoras. Las carreras de
potencia máxima y submáxima exigen un perfecto estado, tanto
morfológico como funcional del aparato motor. Los músculos del
94
corredor de distancias cortas requieren de una fuerza considerable, de
manera tal que se garantice la potencia del despegue contra la superficie
de apoyo; también deben contraerse y reflejarse rápidamente, lo que
pone de manifiesto, primero, las cualidades contráctiles del músculo y,
después, permite una utilización más efectiva de las potencialidades de
fuerza rápida, lo que se traduce en mayor velocidad de la carrera.
Los deportistas que tienen una alta calificación deportiva presentan
mayor fuerza muscular que los de categorías inferiores, cuando se cuenta
con una gran fuerza explosiva y poca capacidad de relajación,
generalmente, la primera parte de la carrera se realiza muy bien, pero en
la segunda parte se observa una disminución del rendimiento. En los
deportistas que presentan esta característica aparece rápidamente la
fatiga y su proceso de eliminación transcurre con lentitud.
Los músculos de los corredores de distancias cortas deben estar
adaptados a la realización de esfuerzos intensos en condiciones
anaerobias, en este caso el papel de la resíntesis de ATP es de extrema
importancia para mantener la velocidad del desplazamiento durante toda
la distancia.
En las carreras medias, las tareas que se deben resolver en alguna medida
difieren del caso anterior, no obstante, en este tipo de distancia como en
otros, aún más largos, la capacidad de relajación muscular es uno de los
elementos más importantes para garantizar una el mantenimiento de una
elevada capacidad de trabajo.
Durante una carrera de 100 m., los corredores de alta calificación pueden
lograr hasta 8 l de aire de ventilación pulmonar, la demanda de oxígeno,
sin embargo, puede ubicarse entre 6-13 l/min, en dependencia de la
velocidad del desplazamiento. En casos como estos la deuda de oxígeno
es superior en 90% al suministro, lo que evidencia la importancia de
desarrollar las capacidades energéticas anaerobias; debe tenerse en
cuenta, también, la importancia de incrementar las capacidades aerobias
ya que estas permiten acelerar el proceso de recuperación de manera más
eficiente y crean las bases para la actividad específica del corredor, que
se caracteriza por la reiteración de trabajos de alta velocidad.
En las carreras de distancias medias, la frecuencia y la profundidad
respiratorias resultan significativamente afectadas por lo que la
95
ventilación pulmonar puede llegar hasta los 140-150 1/min. e incluso ser
superior, lo que permite que el consumo de oxígeno pueda aumentar
hasta 4-5 1/min. La demanda total de oxígeno en una carrera de
distancia media puede ubicarse cerca de los 30 litros, debe entenderse,
por tanto, que en la medida en que la carrera sea más prolongada, la
deuda de oxígeno relativa disminuye y la deuda de oxígeno absoluta
aumenta.
Como quiera que en este tipo de esfuerzos no es posible garantizar todo
el oxígeno necesario para que el mecanismo energético, encargado de
hacer frente al trabajo físico, sea de carácter aerobio resulta
indispensable desarrollar, durante el entrenamiento las vías anaerobias de
obtención de la energía.
En las carreras de distancias largas, la frecuencia respiratoria y la
ventilación pulmonar se manifiestan prácticamente igual que en las
carreras de distancias medias. El consumo de oxígeno se localiza en su
nivel máximo, y debe mantenerse en él durante un tiempo relativamente
prolongado, a pesar de lo cual el estado estable que aparecen en este tipo
de esfuerzo es solo aparente; como consecuencia de ello se forma una
considerable deuda de oxígeno, cuya magnitud depende de la táctica de
la carrera. Si el deportista corre con aceleraciones intercaladas durante el
cumplimiento de la distancia, y finaliza con gran intensidad, la deuda
puede alcanzar hasta 12 litros.
La demanda total de oxígeno en una carrera de 5,000 m se eleva hasta
80-90 litros, aproximadamente; en la carrera de 10,000 m, este indicador
se coloca entre los 100-130 litros, lo que pone de manifiesto que la
resíntesis del ATP se logra, fundamentalmente, por vía aerobia.
En las carreras de gran fondo las funciones respiratorias experimentan un
incremento considerable, pero no alcanzan los niveles reportados en los
casos anteriores. La demanda de oxígeno es satisfecha durante la
realización del esfuerzo y, como consecuencia de ello, aparece el estado
estable real. Solo se forma deuda de oxígeno durante la etapa inicial
(entrada al trabajo) y en los casos en que se produzcan aceleraciones; de
todas formas no es habitual que sobrepase los 4 litros. En general el
trabajo se caracteriza por las reacciones aerobias.
96
En los corredores, en condiciones de reposo, es frecuente observar la
presencia de bradicardia funcional. En este caso, mientras más corta sea
la distancia para la cual se prepara el deportista, más pausado será el
proceso de retorno del trabajo cardiaco a las condiciones de reposo.
Durante la carrera el ritmo cardiaco se localiza entre las 170-190
pulsaciones por minuto, como promedio. Solo si se realizan
aceleraciones o en los momento de finalizar el esfuerzo, se observa un
incremento hasta 200 p/min.
La recuperación posterior a la carrera depende de diversos factores,
siendo los principales la intensidad de la carrera y el nivel de
entrenamiento del deportista. Es habitual que, luego de una carrera de
distancias cortas (100-200 m), el proceso de recuperación no se extienda
más allá de los 30 min.; en las carreras de distancias medias y largas, la
duración de este proceso ocupa varias horas.
Es común encontrar en los corredores de distancias medias y largas, que
las dimensiones del corazón son superiores a las consideradas normales.
Los volúmenes sistólico y minuto de la sangre también aumentan hasta
alcanzar 180 - 200 ml y de 35 - 40 1/min., respectivamente. La presión
sistólica aumenta y es frecuente que la presión diastólica disminuya.
Se observa un incremento del número de eritrocitos y, en consecuencia,
también se eleva el valor de la hemoglobina. También aumenta
considerablemente el número de leucocitos, principalmente después de
las carreras sobre distancias superlargas, lo que genera que se presenten
modificaciones en la fórmula leucocitaria, incrementándose la cantidad
de neutrófilos.
Como resultado del esfuerzo prolongado, durante las carreras de
distancias medias y largas se incrementa la concentración de ácido
láctico, llegando hasta 200-250 mg % lo que genera una notable
disminución del pH.
En las carreras de distancias cortas y superlargas el contenido de ácido
láctico en sangre casi no varía. En las distancias de gran fondo puede
disminuir el nivel de concentración de glucosa en sangre lo que facilita,
y debe ser considerado como un factor principal, el desarrollo de la
fatiga.
97
Las carreras, especialmente las muy prolongadas, se caracterizan por una
intensa producción de calor, como consecuencia de lo cual se observa un
incremento de la temperatura corporal, mucho más intenso cuando el
esfuerzo se desarrolla bajo la influencia de elevadas temperaturas y alta
presencia de vapor de agua en el aire atmosférico, lo que puede generar
el sobrecalentamiento del organismo y la alteración de su
funcionamiento.
NATACIÓN.- La actividad motriz del nadador se acompaña de dos
elementos que le brindan características muy especiales. Por una parte al
introducirse el cuerpo en el medio líquido su peso disminuye
sustancialmente lo que facilita la locomoción; pero por otra parte, el
desplazamiento en el agua se acompaña por dificultades específicas,
derivadas de la mayor densidad de este líquido en comparación con el
aire.
Al sumergirse en el agua, sobre el cuerpo del nadador actúa una presión
hidráulica que crece en la medida en que aumenta la profundidad de la
inmersión. La resistencia del agua a los movimientos del nadador
también resulta considerable, y aumenta proporcionalmente al cuadrado
de la velocidad del movimiento.
Durante cualquier actividad humana, incluyendo la deportiva, una parte
de los músculos realiza trabajos de carácter estático, con el fin de
asegurar una postura determinada del cuerpo en el espacio. En la
natación esto no resulta necesario y los principales grupos musculares
del nadador realizan un trabajo dinámico.
Durante el proceso de entrenamiento de los nadadores se forma y
desarrolla un sistema de percepciones especialmente complejo, ante
diversos estímulos, que han sido denominado “sentido del agua”, que
está condicionado por las sensaciones que aparecen cuando se irritan los
receptores táctiles, térmicos, vestibulares y propioceptivos.
Cuando el nadador ha desarrollado correctamente su “sentido del agua”
puede distinguir con precisión las modificaciones de presión,
temperatura, etc., que aparecen en el medio líquido y puede modificar,
con mucha eficiencia, el carácter de las acciones motoras que realiza
atemperándolas a las condiciones específicas en que le corresponde
actuar.
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En los nadadores que dominan la técnica de su deporte de manera
excelente, puede observarse una secuencia invariable en la participación
en el trabajo de los diferentes planos musculares que se mantiene,
incluso, cuando aumenta la velocidad de desplazamiento.
Los músculos del atleta que practica este deporte deben encontrarse
preparados para la actividad tanto en condiciones anaerobias como
aerobias. En este caso, mientras mayor sea la distancia en que debe
competirse mayor será la importancia de los procesos anaerobios.
En la natación, la respiración se realiza en condiciones poco habituales.
La musculatura respiratoria tiene que desarrollarse ampliamente debido a
que, tanto en la inspiración como en la espiración, resulta imprescindible
vencer la resistencia del agua. La frecuencia respiratoria se relaciona
con la frecuencia del braceo y, en la medida en que aumenta la
velocidad, la duración del ciclo respiratorio disminuye a expensas,
fundamentalmente, del acortamiento del acto de inspiración.
La ventilación pulmonar durante la práctica de la natación, puede
incrementarse hasta 120 -150 1/min., lo que resulta insuficiente para
satisfacer la demanda de oxígeno; esto implica que prevalezcan los
procesos anaerobios. Sin embargo resultan de extrema importancia las
posibilidades aerobias del organismo, lo que se condiciona por una
dependencia directa entre la velocidad del desplazamiento y el nivel de
intercambio aerobio.
El gasto de energía durante la práctica de este deporte es ligeramente
superior que durante un trabajo cíclico similar en otro deporte, lo que se
fundamenta en la gran pérdida de calor a que está sometido el atleta
durante la permanencia en el agua.
La posición horizontal del cuerpo durante la natación facilita el trabajo
del corazón ya que, en estas condiciones, no existe ningún impedimento
para el desplazamiento de la sangre, es decir, desaparece la influencia de
la fuerza de gravedad. También la ausencia de tensiones isométricas en
la musculatura esquelética favorece la actividad cardiaca, lográndose una
armónica combinación entre las contracciones rítmicas del corazón y una
respiración profunda, lo que permite incrementar el retorno venoso.
Los cambios que se registran en la composición de la sangre son típicos
para un trabajo cíclico de potencia submáxima o de gran potencia, según
99
el caso, observándose un incremento del contenido de eritrocitos,
leucocitos y hemoglobina, y aumenta la concentración de ácido láctico.
Durante la realización de ejercicios propios de la natación prácticamente
desaparece la secreción de sudor, por lo que la eliminación de los
diferentes productos finales del metabolismo ocurre por vía renal.
El menor suministro sanguíneo a los riñones, durante el trabajo, y la
necesidad de eliminar los productos ácidos del metabolismo, provocan
que varíe la permeabilidad del epitelio renal, por lo que resulta frecuente
la aparición de albúmina en la orina luego de concluir el esfuerzo. Este
tipo de cambios en la actividad renal, es una de las reacciones específicas
del organismo que se manifiesta, con mayor fuerza, cuando la actividad
se realiza en agua fría.
Una larga permanencia en agua fría conduce a pérdidas considerables de
calor y, en consecuencia, al enfriamiento del cuerpo, sin embargo, en los
nadadores entrenados los mecanismos que garantizan la conservación de
la temperatura constante del cuerpo son más eficientes que en las
personas no entrenadas.
CICLISMO. - El desplazamiento en bicicleta es asegurado por esfuerzos
que se transmiten por medio de un sistema de palancas y brazos de
fuerza.
La estructura externa de los movimientos del ciclista es relativamente
sencilla, caracterizada por la ejecución de movimientos circulares, no
propios de la locomoción humana natural. Sin embrago, los mecanismos
de coordinación interior, particularmente cuando la frecuencia de los
movimientos es muy alta, se caracterizan por su gran complejidad.
Debe indicarse que durante el trabajo específico del ciclismo, las
extremidades inferiores ejecutan una acción dinámica y a las superiores
les corresponde una acción estática. El nivel de tensión de los músculos
de los brazos depende de la calificación del atleta, de las particularidades
del pedaleo y de la posición adoptada sobre el asiento.
La posición clásica del ciclista se caracteriza por la inclinación del
tronco, ya que ello reduce la resistencia de aire, pero asumir la misma de
manera prolongada propicia la aparición de la fatiga, por lo cual cuando
la distancia a recorrer es muy larga, la postura se torna más alta.
100
En el ciclismo se pueden observar todas las manifestaciones de potencia
de trabajo (máxima, submáxima, grande y moderada). En los eventos de
carretera, en correspondencia con el relieve del terreno, se pueden
apreciar variaciones en la potencia del trabajo. A pesar de que ello
puede conducir a pensar que el ciclismo de ruta es un deporte
situacional, es preciso tener en cuenta que la estructura del movimiento
no varía, por lo cual debe ser considerado como deporte cíclico de
potencia grande o moderada.
Al ciclista se le exige una elevada eficiencia de las funciones de los
analizadores visual, vestibular y motor, con el objetivo de dosificar el
esfuerzo muscular, mantener el equilibrio y orientarse en el espacio.
La fuerza generada por los músculos para vencer las exigencias que
plantea el ciclismo no reclama mecanismos de elevada complicación.
Sin embargo, la dirección de la bicicleta se complica durante los
ascensos y descensos, ante las curvas prolongadas y cuando se producen
cambios en la velocidad de desplazamiento.
Las cargas físicas típicas de este deporte generan cambios sustanciales en
el estado funcional de los músculos, los que disminuyen en la medida en
que se incrementa el nivel de entrenamiento del ciclista.
La posición inclinada del tronco, característica de la postura del ciclista,
limita la capacidad respiratoria. Esta dificultad se agudiza cuando se
asume la posición baja y es menor en los casos en que se mantiene la
posición alta. La correlación de la frecuencia respiratoria y los
movimientos del ciclista está en dependencia de la velocidad de
desplazamiento.
En los ciclistas de alta calificación es común encontrar un movimiento
respiratorio de inspiración rápido y un movimiento de espiración mucho
más prolongado. Durante los momentos en que se producen
aceleraciones o en las arrancadas se pueden observar retenciones de la
respiración que no favorecen el mantenimiento de la capacidad física de
trabajo.
A pesar de las dificultades antes señaladas, durante el trabajo, el ciclista
puede alcanzar una ventilación pulmonar de 120 1/min., y el consumo de
oxígeno se localiza entre los 4 y 5 1/min. La saturación de oxígeno en
sangre depende de la frecuencia y profundidad respiratoria.
101
La postura propia del ciclista, que se acompaña de tensiones estáticas de
la musculatura del tren superior limita, en alguna medida, el trabajo del
músculo cardiaco y dificulta la redistribución de la sangre, pero las
reacciones vasculares que aparecen en los ciclistas de alta calificación
garantizan plenamente la irrigación sanguínea en las extremidades
inferiores.
La frecuencia de las contracciones cardiacas depende de diversos
factores, entre los que debe significarse la intensidad del trabajo, el
relieve del terreno, los factores meteorológicos y climáticos, etc. En
condiciones de reposo, la frecuencia de trabajo cardiaco en los ciclistas
de alta calificación se caracteriza por una profunda bradicardia funcional,
siendo normal encontrar valores inferiores a las 50 pulsaciones por
minuto.
La gran demanda de oxígeno que surge como consecuencia de las cargas
que debe vencer el ciclista tanto en el proceso de entrenamiento como
durante las competencias hace que el cuadro de composición de la sangre
se caracterice por un incremento de los eritrocitos y de la hemoglobina.
Cuando los esfuerzos son de larga duración se aprecia también gran
variación en la presencia de leucocitos, modificándose sustancialmente
la denominada fórmula leucocitaria.
102
b).- De carácter cualitativo (calificados de acuerdo a la calidad de la
ejecución del movimiento).
El primer grupo incluye los movimientos acíclicos de una sola ejecución,
en los que se manifiesta el máximo de fuerza, de rapidez o de precisión,
tales como los lanzamientos, los saltos, el levantamiento de pesas, etc.
En el segundo grupo aparecen los movimientos integrados por diferentes
elementos técnicos combinados, que exigen la revelación de diferentes
facultades motoras del deportista, entre los que se cuenta la gimnasia
artística y rítmica, la acrobacia, el patinaje artístico.
En los esfuerzos físicos comprendidos en el primer grupo, es decir,
aquellos que se miden por su expresión cuantitativa, los músculos deben
lograr que la fuerza y la rapidez de la contracción tengan un carácter
máximo. Se acepta que la rapidez de la contracción muscular será mayor
en la medida que disminuya la masa del cuerpo desplazado.
Sin embargo, en los esfuerzos acíclicos, la fuerza máxima se logra
alcanzar de dos maneras diferentes, una puede ser intentándole trasmitir
el máximo de fuerza a la masa que se desplaza con una aceleración
relativamente constante, como en el caso de los ejercicios con pesas,
donde la fuerza del atleta se manifiesta con el aumento del peso de la
barra y los discos a los que se le comunican la aceleración de la cual
depende lograr el levantamiento hasta determinada altura. Debido a ello
estos ejercicios se denominan de fuerza.
En la segunda variante, la fuerza máxima se dirige a imprimir una
oscilación máxima a una masa constante, lo que se relaciona con los
saltos y los lanzamientos, y se conocen como ejercicios de fuerza rápida.
Los procesos que garantizan el control neuro-vegetativo, tanto de los
ejercicios de fuerza como de los de fuerza rápida, se caracterizan por
asentarse en estereotipos dinámicos, lo que significa que se pueden
apreciar formas de ejecución y secuencias estrictamente invariables.
Esto no quiere decir que el movimiento es, en sí, absolutamente
estereotipado, la rapidez y la fuerza de las contracciones pueden y deben
variar, lo que obliga a garantizar un control muy eficaz del ejercicio que
garantice la forma estereotipada de ejecución permitiendo un incremento
progresivo de la fuerza y de la rapidez de las contracciones musculares.
103
De lo anterior se debe concluir que los ejercicios pueden formar un
estereotipo dinámico realmente eficiente y lograr un nivel de
automatización real sólo bajo la realización de numerosas repeticiones.
Son muchos los esfuerzos físicos de carácter acíclico que se pueden
realizar rápidamente, durando contados segundos e, incluso, fracciones
de segundos. Por su corta duración no es posible que se registre un
incremento de la actividad cardiovascular y respiratoria; a ello se une
que, durante la realización de esos movimientos se utiliza, como
complemento al esfuerzo, el denominado “momento respiratorio” o pujo,
que genera el incremento de la presión interna del tórax. Como
consecuencia de ello la circulación sanguínea en el instante de
realización del esfuerzo tiende a disminuir, sobre todo en el circuito
menor.
Por lo anterior puede afirmarse que en este tipo de esfuerzos de tan corta
duración se aprecia un pequeño incremento de las funciones vegetativas,
dirigida a liquidar la incipiente deuda de oxígeno creada durante la
actividad.
LEVANTAMIENTO DE PESAS.- Dentro de los esfuerzos acíclicos de
corta duración un lugar particular corresponde al levantamiento de
pesas. Este tipo de esfuerzo se caracteriza porque mientras mayor sea el
peso levantado mayor será la tensión que deben desarrollar los músculos
que participan directamente en su realización. Esto puede confirmarse
por la relación prácticamente lineal entre el peso del atleta y el peso
levantado y justifica la existencia de divisiones de peso corporal en este
deporte.
Considerar estos esfuerzos como ejercicios de fuerza no implica ignorar
la importancia de la rapidez de la contracción muscular. En los
ejercicios propios de este deporte (arranque y envión) resulta
indispensable una extraordinaria rapidez de contracción muscular tanto
para levantar la palanqueta como para asegurar el “tranque” al finalizar
el movimiento.
Desde el punto de vista energético, los ejercicios relacionados con el
levantamiento de pesas se caracterizan por la potencia del trabajo
realizado. Esta característica determina que los procesos anaerobios
104
alactácidos desempeñen un papel de extraordinaria importancia para
asegurar el cumplimiento de la tarea motora.
En los esfuerzos físicos relacionados con este deporte resultan
determinante la participación de la musculatura del tronco y de las
piernas, de donde se deduce la importancia que encierra la coordinación
motora que deben garantizar los mecanismos nerviosos de regulación.
SALTOS. - Atendiendo a la estructura motora de su realización, los
saltos constituyen una manifestación de locomoción acíclica. Los saltos
con carrera de impulso ponen de manifiesto los complejos procesos de
control que puede desarrollar el organismo, ya que en estos casos se
produce un cambio brusco de la locomoción cíclica de la carrera a la
locomoción acíclica del salto. En los saltos de longitud se exige,
además, la exacta determinación de la distancia y la rapidez del
desplazamiento para efectuar el despegue en el lugar establecido.
Los saltos de altura reclaman al final de la carrera de impulso, un cambio
completo de la componente horizontal del esfuerzo a la componente
vertical, a lo que debe añadirse la redistribución de los movimientos al
pasar la varilla. El salto con pértiga agrega a lo anterior la necesidad de
desplazarse sosteniendo el implemento con las manos, lograr su acertada
introducción en la cajuela y, luego, realizar complicados movimientos
acrobáticos apoyándose en las manos.
En correspondencia con la breve duración de los saltos, la movilización
de las funciones vegetativas no resulta significativa durante la
realización de este tipo de esfuerzos; sin embargo la reiterada repetición
de ellos, tanto en el entrenamiento como en la competencia exige el
desarrollo de la resistencia especial y, en sentido general, provoca un
sustancial incremento de la actividad cardiorrespiratoria
LANZAMIENTOS. -El control de los movimientos relacionados con los
lanzamientos se caracteriza por presentar un grado de complejidad más
elevado que la que se requiere para ejecutar los saltos sencillos. Esto
obedece a que la fundamentación de los saltos descansa en los
mecanismos de locomoción filogenéticamente más primitivos, sin
embargo los lanzamientos se constituyen por movimientos que no se
basan en la locomoción automática, sino que se realizan con los brazos,
es decir son inherentes precisamente al hombre.
105
En estos casos la masa del implemento que debe ser lanzado es la que
determina la tensión que será generada por los músculos. Cuando el
implemento es ligero, como la jabalina, la tensión de los músculos que
participan en el esfuerzo es muy pequeña, sin embargo la rapidez de la
contracción es muy grande. En el caso de la impulsión de la bala se
exige del músculo un alto grado de tensión, disminuyendo la rapidez de
la contracción.
Desde el punto de vista de la coordinación de la acción motriz, el acto de
lanzar propiamente no es tan complejo como si resultan serlo los
movimientos preparatorios como la carrera de impulso, en la jabalina, los
giros en el martillo y los movimientos o saltos al impulsar la bala.
La rapidez del movimiento de la extremidad que lanza o impulsa el
implemento debe sumarse a la rapidez del resto del cuerpo, adquirida en
los movimientos preparatorios lo que obliga a una coordinación muy
exacta.
El control de estos movimientos depende, básicamente de las
informaciones que proceden del aparato motor. En el caso del
lanzamiento de la jabalina es muy importante la participación del
analizador visual; en la impulsión de la bala su participación no es
mayormente importante.
Para los lanzadores de martillo y de disco un elemento de extraordinaria
importancia es el que se relaciona con el perfeccionamiento del
funcionamiento del aparato vestibular.
Como se ha indicado anteriormente, dentro de los esfuerzos acíclicos
estereotipados aparece un grupo que se califica atendiendo a la calidad
de la ejecución del movimiento, independientemente de la fuerza,
rapidez o precisión espacial que reclame para su correcta realización.
En este tipo de esfuerzos el primer elemento que se tiene en cuenta es la
facultad que muestra el atleta para controlar los movimientos y dosificar
adecuadamente la fuerza y la rapidez de las contracciones musculares, de
manera tal que logre coordinar las acciones motrices de las diferentes
partes del cuerpo que se mueven en un espacio tridimensional y que, en
ocasiones, tienen que realizarse sin apoyo.
Prácticamente todos los ejercicios incluidos en este grupo exigen que los
movimientos sean expresivos, el aspecto estético de la ejecución
106
condiciona la calificación cualitativa durante la competencia. Los
ejercicios que se realizan son, como regla, complicadas combinaciones
de movimientos (acciones motrices) que, inicialmente, se realizan
separadamente y de manera progresiva se van uniendo hasta formar un
sistema ininterrumpido.
Los deportes que se nutren de este tipo de movimientos, que
aparentemente son muy diferentes, presentan rasgos comunes entre los
que sobresale la existencia de estereotipos dinámicos. Tanto la forma de
los movimientos como su estructura presentan esa particularidad pero,
además, la fuerza de las contracciones musculares y la rapidez de estas
también son estereotipadas. Esto es precisamente lo que distingue a
estos deportes de aquellos que se clasifican como de fuerza o de fuerza
rápida, donde los estereotipados solo se relacionan con la forma de los
movimientos en tanto la fuerza y la rapidez de las contracciones no
resultan estándares.
Para los ejercicios que se incluyen en el segundo grupo de acciones
motrices, evaluadas en el orden cualitativo, resulta característico la
variada participación de diferentes sistemas de información aferente.
Es incuestionable la importancia del papel que desempeñan los
receptores del aparato motor, de la piel, del aparato vestibular y de los
órganos de la visión para garantizar la conservación del equilibrio en
posiciones sumamente extrañas a la habitual, para perfeccionar las
acciones motrices en diversas posiciones del cuerpo en el espacio y para
permitir cambios de unos mecanismos de coordinación a otros.
La duración de estos esfuerzos puede variar desde varios segundos hasta
algunos minutos, lo que permite ubicarlos en las zonas de potencia
máxima y submáxima y justifica las particularidades del comportamiento
cardiorrespiratorio durante y después de su realización.
Otro rasgo propio de este tipo de esfuerzos es su elevado componente
emocional, que se relaciona con el incremento de las funciones
endocrinas. Al margen de las características generales que se han
indicado, cada uno de los deportes incluidos en este grupo presenta
rasgos fisiológicos muy específicos.
GIMNASIA ARTÍSTICA.- Este deporte es considerado como uno de los
más completos ya que su práctica propicia el desarrollo armónico de casi
107
todos los músculos del cuerpo. La realización de ejercicios en aparatos
provoca el incremento de la fuerza de los músculos de las extremidades
superiores y del tronco; en los saltos y ejercicios sobre el tapiz se logra
aumentar la elasticidad, factor determinante para la flexibilidad, se
perfecciona el funcionamiento del aparato vestibular en la regulación del
equilibrio, etc.
La ejecución precisa de estos movimientos implica un exacto control de
las acciones motrices durante la realización de los diferentes
desplazamientos del cuerpo en el espacio, no solo cuando la posición del
cuerpo es la habitual sino también en aquellos casos donde se ocupe una
posición de apoyo invertido e, incluso, cuando los movimientos se
realizan sin apoyo.
Desde el punto de vista energético la gimnasia artística reclama menor
gasto que otros deportes de carácter acíclico lo que está determinado por
el hecho de que en la realización de su práctica existen pausas, esfuerzos
estáticos, restricciones de la respiración, etc., por lo que el nivel del
consumo de oxígeno es inferior a los que presentan los atletas durante la
práctica de otros deportes.
Las selecciones (rutinas) que se estructura para cada modalidad
competitiva, aparatos, tienen una duración de 30 a 90 segundos, por lo
que los mecanismos anaerobios lactácidos predominan en la solución
energética de las acciones motrices.
La actividad respiratoria en este deporte no es uniforme y se condiciona
por los retardos respiratorios, lo que disminuye el alcance de la
ventilación pulmonar.
GIMNASIA RÍTMICA.- La compleja coordinación de los movimientos
propios de este deporte exige, ante todo, un riguroso y exacto control de
los movimientos, especialmente lo relacionado con la precisión espacial
cuando se trabaja con implementos.
Las atletas de elevada calificación deportiva, que han logrado la
perfección en el dominio del hábito motor pueden llegar a tal grado de
maestría que algunos movimientos precisos pueden realizarlos, sin el
control visual.
Del desarrollo de la elasticidad depende el grado de flexibilidad, que
expresa la potencial amplitud de los movimientos, elemento esencial en
108
la práctica de este deporte, tanto de brazos y piernas como de tronco. De
ello se desprende que la elongación de los planos musculares no ocurre
de manera pasiva, sino bajo la activa participación de los músculos
antagonistas.
El gasto energético que se registra en deportistas de alto rendimiento es
relativamente alto. La frecuencia de trabajo cardiaco, durante la
realización de una combinación de gimnasia rítmica, se localiza cerca de
las 180 pulsaciones y la deuda de oxígeno es superior a los cuatro litros,
lo que permite indicar que, desde el punto de vista funcional, los cambios
que se registran son similares a los que caracterizan a la gimnasia
artística.
109
Los juegos se caracterizan por el componente fuerza-rapidez que
predomina en los diferentes movimientos y se manifiesta de forma
combinada. Los esfuerzos físicos de carácter acíclico son los que, con
mayor frecuencia, pueden observarse en las acciones motoras que se
cumplen en este tipo de actividad.
El trabajo que realizan los planos musculares durante la ejecución de
actividades de este tipo es predominantemente dinámico pero, durante
algunas acciones de juego, los músculos pueden estar sometidos a
tensiones isométricas (estáticas) considerables, lo que obliga a una
exigente preparación de fortalecimiento.
En los juegos deportivos también están presentes esfuerzos de carácter
cíclico que se ejecutan con diferentes niveles de potencia, es decir,
atendiendo a las exigencias específicas de cada momento del juego. En
correspondencia con las normas de cada uno de ellos es frecuente la
aparición de interrupciones temporales derivadas de violaciones de
reglas, pérdidas del balón, solicitudes de tiempo de descanso, etc., que
provocan la disminución de la potencia de trabajo y propician que se
desarrollen, en alguna medida, los procesos de recuperación que se
manifiestan con mayor intensidad en los deportistas de más elevada
calificación.
La práctica de estos deportes implica una elevada exigencia a los
mecanismos energéticos anaerobios, lo que conduce, en las ocasiones en
que el ritmo de trabajo es muy alto, a que muchos sistemas del
organismo no soporten dicho régimen durante largo tiempo y, por ello,
se permite la sustitución de los atletas. Teniendo en cuenta la apuntado,
resulta importante desarrollar todos los mecanismos que suministran
energía, tanto lo aerobios, como los anaerobios.
La formación de hábitos motores que den respuesta a las necesidades
planteadas por este tipo de actividad física, es muy compleja y variada.
Su nivel de complejidad está determinado por las particularidades que
plantea la actividad en sí misma, en la cual el comportamiento motor no
depende de lo que quiera realizar el atleta en el plano individual sino
que, por el contrario, está sujeto a los requerimientos que se deriven de
las acciones de los contrincantes y de los propios compañeros de equipo.
110
En los juegos deportivos, al igual que en otros tipos de deportes, resulta
indispensable alcanzar un gran nivel de automatización de los hábitos
motores; en la medida en que esto se logre con mayor profundidad, más
efectiva será la acción motora del deportista. Sin embargo, durante el
entrenamiento y la competencia surgen situaciones particulares en las
que el empleo de los movimientos habituales no resultan adecuados para
solucionar el problema motor que debe ser resuelto y el deportista tiene
que sustituir el estereotipo establecido, incorporándole modificaciones
totales o parciales.
Este cambio o modificación, que se logra mediante el mecanismo de la
extrapolación, se caracteriza por la formación de nuevas relaciones
temporales de carácter reflejo condicionado destinada a la consecución
de nuevas acciones motoras, lo que indica la necesidad de una alta
movilidad de los procesos corticales.
La movilidad de los procesos de excitación e inhibición no solo
interviene en la organización estructural y rítmica de los movimientos en
su aspecto somático, también participa en lo que concierne al
componente vegetativo que tiene a su cargo el suministro de energía.
Cuando se hace referencia a los deportes de combate resultan válidos los
elementos apuntados hasta aquí pero, además, debe tenerse en cuenta que
a ello se suma, como regla, el control del peso corporal en deportes como
el boxeo, la lucha, el judo, etc.
Las competencias en estos deportes se realizan a partir de categorías
definidas por el peso corporal, lo que obliga a los deportistas y
entrenadores a mantener una vigilancia continua sobre este indicador y,
en caso necesario, adoptar las medidas para su disminución artificial. Se
debe determinar cual es el peso óptimo del atleta para lograr su máximo
rendimiento deportivo, lo que se consigue mediante el control
sistemático y el análisis de su dinámica durante el proceso de
entrenamiento.
El peso normal del cuerpo, determinado según la fórmula de Broka (el
peso normal del cuerpo debe ser igual a la estatura en centímetros menos
cien) no debe identificarse con el peso óptimo. Cada atleta puede
presentar variaciones sustanciales de su peso óptimo con relación al peso
normal.
111
En la práctica deportiva para disminuir el peso corporal se reduce la
ingestión de alimentos y líquidos, se aplican dietas especiales, se utilizan
baños de vapor y otros medios. La aplicación de dietas con un contenido
limitado de carbohidratos y sales asegura la disminución del peso en 2 -
2,5 Kg. en el transcurso de 2 ó 3 días.
La utilización de baños de vapor propicia una disminución rápida y
considerable del peso corporal; no obstante la permanencia prolongada
en el baño de vapor unida a una limitada ingestión de líquidos conduce al
empeoramiento del estado general del organismo, a una debilidad
general, a un sueño intranquilo, a un incremento de la irritabilidad del
sistema nervioso central, a la aceleración del pulso y al incremento de la
presión arterial, lo que se traduce en la disminución de la capacidad de
trabajo. La utilización de los baños de vapor en forma breve, aunque no
provoca una marcada disminución del peso corporal, tampoco genera la
aparición de fenómenos desfavorables.
El medio fisiológico más conveniente para lograr la disminución del
peso corporal es el trabajo físico que provoque abundante sudoración,
pero la utilización de este método directamente antes de la competencia
no resulta recomendable.
La disminución considerable del peso corporal en plazos breves,
independientemente del método que se utilice conduce, como regla, a la
afectación del estado general del organismo y, en correspondencia con
ello, a la disminución de la capacidad de trabajo. Por lo tanto, el
deportista que se encuentra en una categoría de peso determinada debe
vigilar constantemente este indicador, lo que le permite desarrollar su
entrenamiento normalmente, sin necesidad de aplicar medidas urgentes
para su disminución directamente antes de la participación en la
competencia.
112
La carga de entrenamiento debe entenderse como la sumatoria de
influencias dirigidas al organismo del deportista, seleccionadas y
organizadas de forma tal que, finalmente, incrementen el nivel de su
capacidad de trabajo especial.
En la práctica deportiva la carga de entrenamiento se estructura sobre la
base de la experiencia y de la intención del entrenador por cuanto, hasta
el presente, no se han establecido suficientes condiciones objetivas para
realizarlo por otra vía. La principal causa de esta situación radica en la
ausencia de investigaciones especialmente diseñadas para el estudio de
las tendencias que relacionan el estado funcional del deportista con las
cargas y entrenamiento. En gran medida esto se enlaza con las
dificultades metodológicas para valorar, adecuadamente, el nivel de la
capacidad de trabajo especial del deportista. Los denominados test
pedagógicos o ejercicios de control ni siempre, ni en todos los deportes,
contienen toda la información necesaria y, como regla, brindan una muy
general valoración del nivel de la preparación especial del deportista. El
resultado deportivo tampoco siempre, ni en todos los deportes, puede ser
empleado para evaluar la calidad del proceso de entrenamiento.
Orientarse hacia la denominada “forma deportiva”, como recomiendan
algunos especialistas, no constituye tampoco una salida ideal para
resolver el problema. El concepto de “forma deportiva” es sumamente
impreciso y muy difícil de calificar cuantitativamente. Además de ello,
el concepto como tal y su modo de aparecer relacionado con el deporte,
caracterizan el estado de preparación del deportista para participar en la
competencia y no va más allá de eso.
En los últimos tiempos esta sustancial diferencia se está eliminando
exitosamente. Se han desarrollado medios instrumentales objetivos para
valorar cuantitativamente el estado del deportista, teniendo en cuenta la
especificidad del régimen de movimientos presentes en la actividad
deportiva. Mayores resultados se han logrado en la solución del
problema planteado en los deportes cíclicos y, últimamente, en los
deportes de fuerza-rápida. También se crean posibilidades favorables
para la amplia diversificación de las investigaciones especialmente
orientadas a esclarecer los principios de la relación entre las cargas y el
estado del deportista y, en consecuencia, trabajar científicamente el
113
problema de la estructuración de las cargas de entrenamiento y su
organización racional.
En condiciones de laboratorio se han desarrollado un gran complejo de
investigaciones orientada de manera especial al estudio de la relación
entre el estado del deportista y las cargas de entrenamiento. Estas
investigaciones se han realizado en dos sentidos, tanto mediante la
observación pasiva de la dinámica del estado del deportista de alta
calificación en dependencia del contenido, del volumen y de la
organización de las cargas de entrenamiento, como en forma de
experimentos activos, naturales, en los que se ha comprobado la
efectividad de una u otra variante de contenido u organización de las
cargas de entrenamiento en el ciclo anual o en alguna de sus etapas.
El análisis del material obtenido permite observar una gran diversidad en
la distribución de las cargas. Esta condición excluye la posibilidad de
emplear el análisis estadístico y posibilita solo un lógico análisis
individual, aunque, en algunos tipos de deportes y, principalmente en
deportistas aislados de alta calificación, el análisis estadístico resulta
aplicable.
De los resultados de las investigaciones en esta dirección debe señalarse
que, con el incremento de la maestría del atleta, la distribución de las
cargas en el ciclo anual manifiesta una tendencia hacia la regulación.
Conjuntamente, en lo relativo al equilibrio en la distribución del
volumen de las cargas y la utilización paralela de los medios de
preparación general, especial y técnica, se entremezclan el carácter
multilateral del volumen de las cargas y la tendencia a la concentración
de medios de una u otra dirección priorizada en determinada etapa de
preparación.
Esto evidencia que, con el incremento de la maestría del deportista,
empíricamente se encuentran variantes racionales de estructuración del
entrenamiento y si en ellas se encuentran diferencias en el volumen de
las cargas esto, en los límites del ciclo anual, sigue un sistema bien
definido. Al mismo tiempo, es interesante indicar que la mayor
significación en el desplazamiento de la dinámica de las cargas se
relaciona con los meses de mayor volumen de medios empleados.
114
Debe también subrayarse que los medios de estructuración del
entrenamiento, de los deportistas de mediana y alta calificación, resultan
sustancialmente diferentes. Esto obedece no solo a la falta de
experiencia de los jóvenes deportistas, que evidentemente está presente,
sino también manifiesta el principio de las diferentes exigencias para la
organización de la preparación en la etapa maestría, que surgen del alto
nivel de la capacidad de trabajo especial alcanzado por el deportista,
condición indispensable para el perfeccionamiento de la productividad
de la maestría técnica y, finalmente, del calendario y la importancia de
las competencias
Naturalmente que esta falta de regularidad en las cargas de
entrenamiento está condicionada, en gran medida, por la irregularidad de
la dinámica del estado del deportista durante el ciclo anual, que no se
enlaza con la periodización tradicional del entrenamiento y con el
calendario de las competencias. De aquí la baja efectividad del
entrenamiento en general y la no plenamente exitosa participación en las
competencias.
Conviene indicar que no resulta justificado esperar o exigir que todos los
deportistas se entrenen bajo un plan único. Cada deportista tiene derecho
a una vía individual de estructuración de su entrenamiento y es este uno
de los principios de la teoría del entrenamiento deportivo.
Independientemente de lo señalado con anterioridad sobre la
diferenciación como base fundamental para la estructuración del
entrenamiento, esto ya no se puede explicar, como ocurre con frecuencia,
solo con la individualidad del deportista. Indica más la ausencia de
sistematicidad en la organización de las cargas y también la violación de
los principios metodológicos efectivos en su estructuración para
deportistas de alta calificación.
El análisis de numerosos ejemplos permite relacionar con las
insuficiencias en la estructuración del ciclo anual de entrenamiento de
los deportistas de alta calificación, en particular de deportes cíclicos, la
utilización simultánea de volúmenes de carga en todas las zonas
fisiológicas de potencia, una irracional correspondencia de los
volúmenes de carga con los mecanismos de aseguramiento energético
aerobio y anaerobio y la desacertada utilización de uno u otro punto de
115
vista en el empleo de la dinámica del nivel de la capacidad de trabajo
especial de los deportistas.
Las insuficiencias señaladas, naturalmente, no son generales pero si lo
suficientemente representativas y su eliminación constituye una gran
reserva para la racionalización y el incremento de la efectividad de la
preparación de los deportistas de alta calificación.
El incremento del volumen de las cargas de entrenamiento se interpreta
como una tendencia progresiva, lo que resulta plenamente correcto,
sobre todo para los deportes de carácter cíclico, teniendo en cuenta que
los resultados de alto rendimiento descansan en el volumen de las cargas.
Sin embargo este no es el único, ni siquiera el camino fundamental, para
incrementar la efectividad de la preparación del deportista.
Significativamente mayores son las reservas que se encierran en la
racionalización del proceso de entrenamiento a cuenta del incremento de
la efectividad del contenido y de la organización de las cargas de
entrenamiento. En relación con esto aparecen interrogantes sobre cuales
son los criterios que determinan el límite óptimo, objetivamente
indispensable, para alcanzar la máxima posibilidad de incremento del
nivel de capacidad de trabajo especial del deportista durante el ciclo
anual.
Como se ha señalado antes, para cada momento del proceso de
entrenamiento el organismo dispone de una determinada reserva de
adaptación, es decir, de la posibilidad potencial de alcanzar un nivel
funcional más elevado bajo la influencia de cargas de entrenamiento
sistemáticas. La magnitud de esta reserva de adaptación, es decir, la
posibilidad real de incrementar los índices funcionales, está determinada
por la fuerza de los factores de orden biológico que la limita. Para su
plena concreción se requiere de un complejo de acciones de
entrenamiento, completamente definidas por su fuerza, cantidad y
duración.
En otras palabras, el contenido, el volumen y el orden de empleo de las
cargas de entrenamiento deben ser aquellos que garanticen la plena
movilización de las reservas funcionales de adaptación del deportista. Si
los medios potenciales de entrenamiento y el volumen general de las
cargas resultan insuficientes, las reservas funcionales de adaptación no
116
pueden emplearse por el deportista y la efectividad del entrenamiento
resulta baja, o a la inversa, el incremento de fuertes acciones de
entrenamiento conducen a alteraciones de carácter patológico.
La magnitud de la reserva funcional de adaptación es un criterio útil, que
determina objetivamente el volumen de entrenamiento y que,
naturalmente, depende del nivel de preparación del deportista. Esto
explica por qué el potencial de cargas de entrenamiento se corresponde
con el estado funcional del deportista y el incremento de uno está
condicionado a la elevación del otro.
Resulta evidente que el empleo de la reserva funcional de adaptación,
que se manifiesta sin desviaciones, con el incremento escalonado de los
indicadores funcionales, no puede ser ininterrumpido. Las influencias
del entrenamiento deben intercalarse con pausas indispensables para la
recuperación de los recursos energéticos y de la estabilización del
organismo en el nivel funcional alcanzado.
Hasta el presente no existe un método directo para la determinación de la
reserva funcional de adaptación y su magnitud puede ser valorada por
métodos indirectos sumamente aproximados. Estos últimos pueden ser,
por ejemplo, la observación de los cambios de los indicadores
funcionales bajo la influencia de efectos ininterrumpidos de
entrenamiento y la determinación del momento en que ellos alcanzan su
meseta, es decir, se estabilizan y se detiene el incremento. La
envergadura alcanzada durante este proceso por el incremento relativo de
los indicadores funcionales, puede caracterizar la magnitud de la reserva
funcional de adaptación para una situación determinada y la cantidad de
trabajo realizado indica el volumen de las cargas de entrenamiento que,
objetivamente, resultan indispensables para su completa movilización.
De lo anterior se deriva que el procedimiento requiere de un determinado
experimento metodológico, adecuadamente concebido y lo
suficientemente concreto, que informe sobre las potencialidades del
entrenamiento, el empleo de las cargas y la racionalidad en su
organización.
El análisis de los resultados de experimentos de laboratorio, modelados
específicamente para evaluar la preparación en deportes de fuerza rápida
y su comparación con informaciones obtenidas en observaciones
117
realizadas en el desarrollo de entrenamiento en condiciones de terreno,
en deportistas de alta calificación, permite subrayar los siguientes
aspectos:
Existe la posibilidad de definir tres límites que marcan la acción continua
de los efectos del entrenamiento dirigidos a la movilización de la reserva
funcional de adaptación del organismo del deportista. El primero de
ellos está determinado por la carga simultánea de estímulos de
entrenamiento ininterrumpido, es decir, el volumen y la duración de la
carga que se aplica, superada la cual ya no resulta posible que aparezcan
incrementos en los indicadores funcionales y puede conducir a efectos
negativos. Ante una gran concentración de volúmenes de carga, este
límite aparece, como media, luego de 5-6 semanas, después de las cuales
se requiere de una pausa de recuperación.
Teniendo en cuenta, sin embargo, que una de estas “ cargas simultáneas
“ puede no ser capaz de agotar la reserva funcional de adaptación y debe,
por tanto, aplicarse una segunda “ carga simultánea”, no resulta
conveniente conducir al organismo al pleno agotamiento de sus recursos
energéticos ya que esto implica una mayor prolongación de la
recuperación. Conviene limitar la duración de estas etapas
ininterrumpidas de trabajo físico a 4-5 semanas, de las cuales la última se
enlaza con la recuperación.
El segundo elemento limitante radica en la cantidad de estas etapas de
cargas concentradas separadas por fases de recuperación, indispensables
para movilizar la reserva funcional de adaptación del organismo. Estas
etapas pueden ser tres, ante lo cual los indicadores funcionales, y su
expresión gráfica, se manifiestan de forma escalonada y sin desviación
llegan hasta su meseta de estabilidad. La práctica experimental
demuestra que una cuarta etapa concentrada de cargas de entrenamiento
no solo no brinda resultados positivos, sino que puede conducir a
situaciones desagradables, como el denominado estado de
sobreentrenamiento. Como medida, la serie de tres etapas de
concentración de cargas ocupa entre 12 y 14 semanas.
Resulta indispensable subrayar que la duración de esta serie se relaciona
solo con aquellos casos en que se aplica una elevada concentración de
cargas de trabajo, cuando las cargas son moderadas, la duración de una
118
etapa puede extenderse hasta 6 semanas y la duración de la serie de
etapas puede alcanzar de 16 a 20 semanas.
Finalmente, el tercer elemento limitante del número de etapas está
determinado por la cantidad de etapas simultáneas de cargas de
entrenamiento. En el ciclo anual, estas series, incluyendo las etapas
consideradas como de recuperación, pueden ser dos. No se excluye la
posibilidad de aplicar tres en aquellos deportes en que la periodización y
el calendario de competencias lo permita; en este último caso el número
de etapas de cada serie debe ser limitado a dos.
Lo indicado anteriormente encierra, sobre todo, un carácter cognoscitivo
relacionado con la movilización de la capacidad funcional de adaptación
del organismo y su posibilidad de materializarla. Conviene señalar que
los experimentos en laboratorio se modelan solo para un aspecto del
proceso de entrenamiento, aquel que se dirige al incremento del nivel de
la preparación física especial. El proceso de entrenamiento real tiene una
organización mucho más compleja, donde se incluye el trabajo para la
preparación y perfeccionamiento de la técnica, la participación en
competencias, etc. Por ello el traslado directo a la práctica de este
procedimiento para la estructuración del entrenamiento, que se emplea
para la movilización de la reserva funcional de adaptación en
condiciones experimentales, no resulta correcto.
Es indispensable encontrar formas de estructuración del entrenamiento
que garanticen la efectiva solución de todas sus tareas y, junto a ello,
contemple la plena movilización de la reserva funcional de adaptación
del organismo.
En correspondencia con ellos se han realizado observaciones para
evaluar la interrelación del estado del organismo con las cargas de
entrenamiento y aplicando experimentos especialmente diseñados. Los
resultados de esto ha permitido establecer que la forma de interrelación
entre las cargas y el estado funcional del deportista no es siempre igual y
resulta en extremo compleja. Depende del contenido y volumen de las
cargas, de su distribución en el tiempo y de su duración, del nivel de
preparación del deportista y su capacidad de asimilación de las cargas de
entrenamiento, de la magnitud de las cargas, del cumplimiento de la
preparación en etapas anteriores y de otros muchos factores. En la
119
actualidad no es posible, de manera concluyente, caracterizar y explicar
todas las posibles formas de relación entre las cargas de entrenamiento y
el estado funcional del deportista, sin embargo, ya se logran los primeros
pasos de acercamiento a este objetivo.
Se ha establecido que las cargas moderadas, prolongadas y monótonas
por su volumen, conducen a la disminución de los indicadores de fuerza
rápida del deportista. En esta afirmación coinciden numerosos autores
que, en diversas investigaciones, han detectado disminución en las
características de la rapidez y de la fuerza rápida en los movimientos de
los deportistas y, además, se manifiestan cambios negativos en la
técnica, ante cargas de fuerza voluminosas y prolongadas.
La carga concentrada en un determinado y relativamente limitado
período de 2 a 3 meses de preparación, garantiza una tendencia diferente
en la dinámica de la fuerza rápida. En este caso pueden distinguirse dos
formas de interrelación entre la carga y el estado funcional. En una de
ellas tiene lugar una dinámica unidireccional de la carga y de los
indicadores de fuerza rápida: con el incremento de la carga se elevan los
índices de fuerza rápida y, a la inversa, si aquella es menor estos
disminuyen. En la otra forma de relación, el nivel alcanzado por los
indicadores de fuerza rápida se mantienen algún tiempo después de
haberse disminuido las cargas. Estas diferencias, como se ha señalado,
se relacionan con el volumen de la carga, la exactitud de su asimilación
por el organismo y el nivel de su preparación de fuerza.
En el primer caso se presenta un óptimo volumen de carga, ante el cual
el organismo reacciona de la misma forma. En otras palabras, en
situaciones como estas, el organismo del deportista se encuentra en
relación de equilibrio con las cargas potenciales de entrenamiento, las
que provocan una adecuada reacción cuantitativa pero no generan
profundos cambios de adaptación, que resultan indispensables para la
movilización del organismo hacia un nivel funcional más elevado.
En el segundo caso, el volumen y el potencial de las cargas de
entrenamiento resultan significativamente superiores al primer caso.
Esto asegura un incremento de los indicadores de fuerza rápida muy
brusco, lo que genera cambios adaptativos muy profundos en el
organismo que, una vez alcanzado el nivel funcional buscado, se
120
manifiesta más estable y se mantiene por algún tiempo luego de la
disminución de la carga.
En el plano del análisis de la interrelación de la carga con el estado
funcional del deportista, especialmente se ha investigado el efecto del
entrenamiento extensivo con una relativa distribución de cargas
equilibradas en el tiempo y el intensivo, en una etapa de tiempo limitada
del volumen de trabajo de fuerza.
Se ha establecido que, en el primer caso, el efecto del crecimiento de la
capacidad de fuerza rápida del deportista es significativamente menor,
comparado con los resultados de la segunda variante, incluso ante un
volumen igual de cargas.
Las investigaciones en este sentido han conducido a la creación de
nuevas formas de organización del entrenamiento, en el ciclo anual, para
deportistas de alta calificación. Esta idea consiste en la concentración de
un gran volumen de trabajo de fuerza en una etapa limitada dentro del
ciclo anual, en la cual tienen preponderancia las tareas para el desarrollo
de la capacidad de fuerza rápida.
Los registros de la dinámica del estado funcional del deportista, ponen de
manifiesto que la concentración del volumen de trabajo de fuerza
especial conduce hacia algún decrecimiento de los indicadores de fuerza
rápida los cuales, a continuación, modifican la intensidad de su
crecimiento.
Tomando en consideración lo señalado antes, la utilización de grandes
volúmenes concentrados de trabajo de fuerza especial posibilita un
efectivo incremento del nivel de preparación de la fuerza especial y,
junto a ello, crea las condiciones para el perfeccionamiento de la
maestría técnica.
En las investigaciones señaladas ha sido posible seguir con exactitud el
denominado efecto acumulativo del entrenamiento. Esta particularidad
del entrenamiento se conoce hace mucho y es abordada con frecuencia
en la literatura especializada; sin embargo, aun no ha sido objeto de un
estudio profundo, ni tampoco evaluada plenamente la indudable
perspectiva que abre para la racionalización del proceso de
entrenamiento ya que, en esencia, no ha sido comprendida en toda su
magnitud.
121
El efecto acumulativo se acompaña de aquellas variantes de
estructuración del entrenamiento en el ciclo anual, en las cuales se
emplea la mayor concentración de volumen de preparación especial de
fuerza. En relación con esto, pueden formularse las siguientes
conclusiones que tienen que ver, principalmente, con los deportes de
fuerza rápida:
• El efecto acumulativo se manifiesta después de realizar un volumen
tal de trabajo de fuerza, en el transcurso del cual se produce una
disminución de la capacidad funcional para realizar esfuerzos
explosivos.
• Para provocar la aparición del efecto acumulativo es necesario que
la concentración de las cargas de fuerza se acompañe de un trabajo
de volumen moderado, que se convine con un trabajo especial
caracterizado por el incremento progresivo de su intensidad.
• En el ciclo anual es recomendable estructurar el entrenamiento de
manera que el trabajo técnico se cumpla bajo la influencia del
efecto acumulativo del entrenamiento, derivado de la concentración
de volúmenes de trabajo de fuerza. Esto propicia la aparición de
condiciones favorables tanto para la utilización del efecto
acumulativo como para la calidad de la preparación técnica.
• La magnitud y la duración del efecto acumulativo se determinan
por el volumen y la prolongación de la aplicación concentrada de
las cargas de fuerza. De acuerdo con los datos de diferentes
investigaciones, la concentración de cargas durante 2-3 meses
provoca la manifestación de dicho estado funcional durante 2,5 - 3
meses, ante una combinación de trabajo especializado con
preparación general de volumen moderado. En este caso, la
significación de la fuerza absoluta puede elevarse entre un 12- 15%
y las posibilidades de empleo de la fuerza en reacciones explosivas
incrementarse hasta un 35-38%.
Por esta razón el empleo del efecto acumulativo del entrenamiento
provocado por la aplicación de cargas concentradas de fuerza, a partir de
la creación de condiciones premeditadas para su aparición y concreción,
constituye un importante instrumento metodológico para la
122
racionalización del entrenamiento de deportistas de alta calificación. El
empleo de este procedimiento garantiza:
1. El aumento de la efectividad de la capacidad de fuerza rápida
de los deportistas y la calidad del perfeccionamiento de su
maestría técnica.
2. El incremento de la efectividad general de la utilización de
grandes cargas de fuerza.
3. La disminución del volumen general de cargas de fuerzas en el
año, lo que puede expresarse en un 30 % menos para el trabajo
de saltabilidad y en un 20% menos del ejercicio con pesas.
123
de la preparación especial en el momento necesario, teniendo en cuenta
la utilización racional del efecto acumulativo derivado de la aplicación
de efecto de cargas concentradas.
124
temporales ya existentes y la aparición de otros que permitan dar las
respuestas orgánicas adecuadas a las nuevas condiciones ambientales.
Numerosos son los criterios que consideran como una condición
indispensable para la existencia estable e independiente de todos los
organismos vivos, en su relación con el medio que los rodea, la
constancia de la temperatura. Ampliando este aspecto, el proceso de
adaptación debe entenderse como la regulación del medio interno ante
las modificaciones ambientales. En la mayoría de los mamíferos este es
un mecanismo que modifica los procesos respiratorios, la concentración
de iones y la temperatura corporal.
FIG 9
125
Numerosos autores sostienen que el proceso de adaptación a nuevas
condiciones ambientales se desarrolla a lo largo de un periodo de tiempo
relativamente extenso, capaz de abarcar varios años. Otros, en cambio,
opinan que la adaptación del organismo aparece mucho más rápido, en
cuestión de días.
Es necesario apuntar que ambas afirmaciones son acertadas ya que, si
tomamos como punto de partida la termorregulación entendiendo que es
el elemento que mejor, y de manera más completa, indica la marcha de la
adaptación del organismo a los cambios climáticos, puede afirmarse que
existen diferentes etapas que aparecen luego de determinado tiempo de
permanencia en las nuevas condiciones climáticas. El proceso de
adaptación fisiológica a la influencia térmica es muy complejo y
depende, por una parte, de la adecuada combinación de muchos
elementos estructurales y funcionales y, por otro lado, de los diferentes
niveles de perfeccionamiento de su integración reguladora.
La adaptación a las influencias térmicas se desarrolla en tres etapas:
1. - Etapa de formación de reacciones de adaptación, que se caracteriza
por la estimulación generalizada de la corteza cerebral, lo que provoca
una especie de inhibición de los centros subcorticáles encargados de
dirigir la termorregulación y que está enlazado con el hecho de que las
primeras manifestaciones de irritaciones térmicas desagradables (frió -
calor) provoquen débiles y poco coordinadas reacciones de
compensación.
2. - Etapa de formación de reflejos condicionados: durante este periodo
se configuran estereotipos dinámicos ante la influencia de las nuevas
irritaciones térmicas, lo que permite la aparición de las manifestaciones
externas de la adaptación, aumentando la significación de los reflejos
condicionados tanto en tiempo como en espacio.
3. - Etapa de cambios en los procesos tisulares, en la que se ponen de
manifiesto intensas reacciones internas de adaptación, aparece el
perfeccionamiento de los procesos de termorregulación que se cumplen
en el ámbito tisular, aumentando el papel de los mecanismos hormonales
que influyen en los procesos celulares.
A partir de aquí es posible indicar que en dependencia de la etapa por la
cual transita el organismo en su proceso de adaptación, cambian tanto el
126
peso específico como la interrelación de las diferentes reacciones que
ocurren a escala cortical, subcortical y tisular, que reflejan la
incorporación paulatina de diferentes sistemas efectores del organismo
al proceso de mantenimiento de la homeostasis térmica.
El conocimiento de los aspectos antes señalados indica la necesidad de
profundizar en el estudio de los procesos fisiológicos que garantizan el
desarrollo de la adaptación a las cambiantes condiciones ambientales y,
particularmente, su relación con la actividad física no solo como
instrumento para la profilaxis de posibles afecciones orgánicas derivadas
de las propias modificaciones climáticas, sino, además, como elemento
de singular importancia en la planificación del entrenamiento y la
dosificación de las cargas de trabajo que lo integran.
Debe entenderse que el proceso de adaptación puede presentar mayor o
menor complejidad en dependencia de las características de los
componentes climáticos. Las constantes alteraciones que se presentan en
ellos provoca que en algunas zonas geográficas se tengan que enfrentar
situaciones de contraste térmico, por ejemplo elevadas temperaturas por
el día y muy bajas durante la noche, lo que obliga al organismo a
desarrollar la adaptación en condiciones desfavorables. Esto quiere decir
que es indispensable tomar en consideración los diferentes componentes
climáticos de manera global, y también de manera particular, para poder
evaluar objetivamente el desarrollo del proceso.
Uno de los factores climáticos que ejerce una influencia más marcada
sobre el comportamiento térmico del organismo es la humedad relativa.
Ha quedado demostrado que la sensación térmica se modifica
sensiblemente ante los cambios observados en el nivel de la humedad del
aire. Si ante una temperatura de cero grados (0º C) se produce un
aumento de la humedad desde un 25% hasta un 100%, el efecto térmico
se iguala a una disminución de la temperatura en seis grados (-6º C). En
el caso contrario, es decir, si en condiciones de elevada temperatura se
incrementa la humedad relativa del aire en un 50%, conjuntamente con la
disminución de la sudoración, aparece un incremento del efecto térmico
equivalente a cinco grados (+ 5º C).
Cuando el aire que rodea al organismo es seco, este puede soportar
temperaturas muy altas aunque no por largo tiempo. La interrelación que
127
se establece con el medio ante diferentes concentraciones de vapor de
agua en el aire, se puede sintetizar de la manera siguiente:
• Cuando la temperatura del aire circulante es superior a ala
temperatura del cuerpo y la humedad de la superficie de éste es
superior a la máxima humedad posible del aire ante esa
temperatura, no resulta posible la evaporación y el organismo se
calienta tan rápidamente como mayor sea la temperatura del medio.
En esas condiciones el movimiento del aire puede considerarse
como un factor de incremento de la acción térmica y es capaz de
provocar un fuerte calentamiento del organismo.
• Cuando la humedad de la superficie corporal es inferior a la
máxima concentración de vapor de agua a una determinada
temperatura, se puede desarrollar la evaporación en el caso de que
la temperatura ambiental sea superior a la del organismo.
Las situaciones antes planteadas provocan cambios que se manifiestan en
el estado funcional del organismo y, sobre todos, en el balance térmico
de este, ya que las modificaciones reflejan las condiciones en que
desarrollan la entrega del calor al medio externo y ellas están
determinadas por la compleja influencia de la temperatura, la humedad y
el movimiento del aire.
El aire húmedo conduce mejor el calor que el seco, por ello el aumento
de la humedad es capaz de provocar el incremento de la entrega del
calor aunque la temperatura del medio sea superior a la de la superficie
de la piel. En condiciones de altas temperaturas el proceso de entrega de
calor se desarrolla, fundamentalmente, mediante la evaporación del
sudor, lo que determina la posibilidad de balance térmico, en esas
condiciones, al nivel de humedad relativa del aire atmosférico.
Este criterio se ha justificado plenamente al realizar determinaciones de
los volúmenes de sudor segregado por personas adaptadas y no
adaptadas a regiones climáticas cálidas o a la realización de trabajos
físicos en condiciones de altas temperaturas.
Como se desprende de lo antes expuesto, durante el desarrollo del
proceso de adaptación en condiciones climáticas nuevas, tanto húmedas
como secas pero caracterizadas por su elevada temperatura, se pone de
128
manifiesto la importancia de la termorregulación del organismo,
principalmente en lo relacionado con la entrega o eliminación de calor.
Es conocido que para asegurar su equilibrio térmico el organismo
dispone de vías que le permiten eliminar el exceso de calor y que este
proceso se realiza por medios físicos: la radicación, la conducción, la
convección, la evaporación.
La eliminación de calor por radiación se realiza a partir de la capacidad
de los cuerpos de emitir ondas electromagnéticas de calor a los cuerpos
vecinos que presentan menor nivel térmico.
La vía de eliminación de calor por conducción se pone de manifiesto
cuando el cuerpo entra en contacto directo con otro que presente menor
temperatura.
La convección se pone en funcionamiento cuando el movimiento del aire
o el agua hace que sus moléculas, al entrar en contacto con la superficie
de la piel, sean calentadas y, luego de ello, desplazadas por otras más
frías.
La perdida del calor por evaporación es posible por la entrega de calor
que se requieren para hacer pasar el agua del estado líquido al gaseoso.
La evaporación del sudor refresca la piel ya que exige la entrega del
calor para que ello se produzca.
Cuando el organismo se encuentra en condiciones ambientales
caracterizadas por la elevada temperatura del aire, disminuyen o
desaparecen las posibilidades de radicación, conducción y convección de
calor hacia los cuerpos que lo rodean, apareciendo muchas veces la
inversión del proceso, ya que la temperatura de los cuerpos vecinos
frecuentemente es más elevada que la del propio organismo. Como
consecuencia de ello, la eliminación de calor en tales condiciones solo
puede realizarse por conducto de la evaporación del sudor de la
superficie de la piel, y esto se cumple solo cuando la humedad del aire
así lo permite.
Como se desprende de todo lo señalado anteriormente, durante el
proceso de adaptación a las temperaturas elevadas, en el organismo se
presentan alteraciones de todo tipo que, necesariamente, tienen que
reflejarse en el funcionamiento vegetativo por cuanto la actividad de este
129
sistema responde a las necesidades orgánicas y determinan el nivel de
la capacidad de trabajo.
Las investigaciones realizadas hasta el presente demuestran que, ante las
características de una u otra región climática, el organismo responde con
cambios específicos de sus índices funcionales. Muchos son los autores
que señalan que los factores climáticos de las zonas cálidas provocan
cambios sustanciales en los más diversos sistemas funcionales dentro del
organismo humano.
Un elemento de gran importancia en el desarrollo del proceso de
adaptación es el trabajo físico que se realiza. Esto se debe a que el
trabajo muscular es mayor productor de calor en el organismo, lo que
provoca que, cuando se desarrolla una actividad física, se rompa el
balance térmico como resultado del exceso de calor producido con
relación a la capacidad orgánica para eliminarlo, entregándolo al medio
exterior, por ello se observa un incremento de la temperatura interna que
no depende de los factores ambientales y que tienen un carácter
regulador.
Una actividad relativamente pequeña conduce a un aumento de la
producción de calor superior en 50% -80%, con relación al estado de
reposo.
Durante la realización de las tareas físicas de potencia moderada, luego
de una elevación inicial de la temperatura interna, se observa una
estabilización en un nuevo nivel, que será tan alto como intenso haya
sido el trabajo realizado. En la literatura especializada se reportan niveles
de temperatura superior a los 40 grados, registrados directamente en la
piel, luego de finalizar carreras de largas distancias, lo que pone de
manifiesto el elevado valor de la producción de calor que se presentan
durante la realización de trabajos físicos.
Como regla, mientras mayor es la duración del trabajo más elevado
resulta el nivel de la temperatura interna del organismo, lo que es el
resultado de la acumulación de calor que se deriva del exceso de
producción de éste y de las limitadas posibilidades de entrega.
Por ello, cuando estos trabajos se desarrollan en condiciones de altas
temperaturas ambientales, el nivel térmico del organismo puede alcanzar
130
valores peligrosos, provocando la aparición del estado hipertèrmico o,
incluso, de shock térmico, que en ocasiones tiene un desenlace fatal.
El peligro de la aparición de estas situaciones no debe imputarse sólo a
condiciones climáticas caracterizadas por la elevada temperatura del
aire. En muchas ocasiones la ropa que se emplea esta confeccionada con
tejidos que no permiten una plena eficiencia de los mecanismos
especializados en la entrega de calor y generan consecuencias similares a
las descritas anteriormente. Esto ocurre porque se aísla al organismo del
medio externo, creándose un microclima entre la piel y la superficie
interna del tejido (muchas veces sintético, con que ha sido confeccionada
su indumentaria), el aire que llena esta espacio se satura rápidamente de
humedad impidiendo que la entrega de calor se desarrolle normalmente.
La influencia negativa de esta situación se traduce en una brusca
disminución de la capacidad de trabajo, fundamentalmente aquellas
personas que no tienen un adecuado entrenamiento y de manera especial
cuando el trabajo es intenso. La manifestación funcional de todo el
complejo de alteraciones que se generan a partir de la aparición de las
condiciones señaladas se traduce en afectaciones en la coordinación de
los movimientos, disminución de la actividad de los analizadores,
dolores de cabeza, punzadas, mareos, incremento desmedido de la
frecuencia cardiaca y de la presión arterial, ect.
De lo señalado hasta aquí puede concluirse que las condiciones
ambientales constituyen el punto de partida desde el cual se generan las
medidas que garantizan el cumplimiento efectivo y eficiente de la
planificación del entrenamiento. Esto quiere decir que, aún cuando el
plan de preparación del deportista se elabora con mucha antelación y
debe tratarse de cumplir al pie de la letra, las condiciones ambientales en
que tenga que ser desarrollado son las que dictaran las modificaciones de
carácter práctico que el entrenador debe incorporar, para lograr que el
trabajo físico que realice el atleta genere un resultado positivo y no se
corran riesgos que pongan en peligro la salud y, y aún más, la vida del
deportista.
131
utilización de las condiciones climáticas que caracterizan a las zonas
geográficas de alturas medias como un elemento óptimo para el
incremento de la capacidad de trabajo de los deportistas, no se rige
plenamente por los principios biopedagógicos que habitualmente sirven
de marco para la conducción de un proceso que busca la máxima
eficiencia.
A grandes rasgos, el clima de las regiones situadas en condiciones de
altura se diferencia del clima a nivel del mar por una serie de
características dentro de las cuales sobresalen las siguientes: menor
presión atmosférica, -- menor presión parcial de oxigeno, elevada
actividad de radiación ultravioleta, particulares regímenes de los factores
termohidrométricos y aerodinámicos, etc.
El análisis bibliográfico sobre este asunto, es decir, la adaptación de los
deportistas a las condiciones de altura, muestra la existencia de un
numeroso grupo de datos, increíblemente entremezclados y
contradictorios cuando se realiza su comparación.
Solo en la dirección de la clasificación de la altura existen diversos
criterios que se apuntalan, en unos casos, en las costumbres del país de
origen del autor, en otros, por una opinión personal y en un tercero, por
la aceptación de versiones de otros autores.
Con el ánimo de evitar confusiones conceptuales, resulta más oportuno
utilizar la terminología internacionalmente aceptada, portadora de una
clasificación que integra, además, criterios fisiológicos.
BAJA ALTURA.- Se considera como tal una altura que no rebase los
750 - 800 m. La característica fundamental de la misma radica en que, en
comparación con el nivel del mar, los deportistas de alta calificación no
experimentan influencias negativas derivadas de la insuficiencia de
oxigeno, tanto en condiciones de reposo como durante el trabajo físico.
ALTURA MEDIA.- Se localiza entre los 800 m y los 2,500 – 3,000 m.
Para esta zona es característico que, en correspondencia con el estado
funcional del organismo, tanto en condiciones de reposo como durante la
realización de esfuerzos físicos de baja intensidad, no aparezcan
sustanciales y continuados cambios fisiológicos. Sin embargo, la
actividad física intensa se acompaña, en menor o mayor medida, de una
132
manifiesta insuficiencia de oxigeno, lo que provoca una necesaria
modificación en el estado funciona del organismo.
GRAN ALTURA.- Se considera como tal cualquier altura que sobrepase
los 2,500 - 3,000 m. Es típico de esta zona geográfica que, incluso en
condiciones de reposo, en el organismo de cualquier persona sana,
incluidos los deportistas se puedan observar complejos cambios
funcionales, fundamentalmente derivados de la insuficiencia de oxigeno.
Aquí es necesario apuntar que el problema de la adaptación del
organismo humano a las condiciones de altura se registra, en la literatura
especializada, como un proceso de adaptación fundamentalmente al
déficit de oxigeno, es decir, la adaptación a una altura determinada sin
tener en cuenta otros aspectos también presentes. Es cierto que esta
concepción, la adaptación a la hipoxia, es válida para las condiciones
climáticas de grandes alturas, pero no resulta así cuando el nuevo hábitat
se localiza en zonas de alturas medias.
Como demuestran numerosas investigaciones realizadas por
investigadores de diferentes países, la influencia del clima de zonas de
alturas medias sobre el organismo humano encierra un carácter
complejo, donde la insuficiencia de oxigeno es uno de los factores a
tener en cuenta.
Al analizar dichos trabajos es preciso llegar a la conclusión de que
cuando se trata de la permanencia del hombre en condiciones de alturas
medias es necesario esperar que la influencia de los factores no
específicos, es decir, todos aquellos que caracterizan el clima de dicha
región, excluyendo el bajo nivel de la presión atmosférica y, en
correspondencia con ello, la disminución parcial de la presión parcial de
oxigeno, pueden limitar en alguna medida y en muchos casos eliminar, el
papel del factor hipoxia.
Aun más, las diferencias entre las zonas geográficas de alturas medias
provocan que, incluso, ante similares alturas no se registren iguales
modificaciones en las reacciones orgánicas. Precisamente por ello la
acción integral de los factores no específicos y su extraordinaria
variabilidad pueden firmemente modificar el cuadro en que se refleja la
influencia de la insuficiencia de oxigeno.
133
Esta afirmación se fortalece, además, por el hecho de que muchos
investigadores, durante el análisis de los datos obtenidos en sus trabajos
experimentales, y muchos entrenadores durante la planificación del
entrenamiento que deben cumplir sus atletas en condiciones de alturas
medias, mecánicamente igualan la influencia que esta ejercerá sobre el
organismo del deportista, sin diferenciar incluso el nivel de hipoxia que
será necesario enfrentar para cumplir adecuadamente las cargas de
trabajo, independientemente del nivel de la altura en que se realizará
dicha estancia; no hablemos pues del nivel de la integral de influencia de
los restantes factores climáticos y geográficos que caracterizan un
determinado lugar.
Es necesario indicar también que el proceso de adaptación a la altura esta
condicionado, además de los factores climáticos y geográficos señalados
anteriormente, por un conjunto de elementos que se indican a
continuación.
• Preparación anterior del deportista.
• Zona climática de donde procede el deportista.
• Nivel de entrenamiento.
• Característica individuales del sujeto.
• Calificación del deportista.
• Edad y sexo.
• Objetivos del entrenamiento en la altura (Para competir a nivel del
mar, en condiciones de altura o solo para elevar la capacidad de
trabajo).
134
altura se realiza en la etapa competitiva el objetivo se localiza en el
mantenimiento del nivel alcanzado y perfeccionar el funcionamiento de
los sistemas que reciben la mayor carga durante el trabajo, es decir,
mantener y perfeccionar la preparación física especial, en ocasiones,
forzar el restablecimiento de la forma deportiva para enfrentar una
competencia importante; si la permanencia en la altura se ubica dentro
del período de transito la intención debe dirigirse hacia el
restablecimiento de la capacidad de trabajo de los diferentes órganos,
presentado especial atención Sistema Nervioso Central, mediante la
organización de un conjunto de actividades que reúnan las características
del descanso activo; además se debe prestar atención al mantenimiento
de la preparación física en un nivel que garantice el punto de partida
óptimo para el inicio del próximo ciclo de entrenamiento.
La literatura internacional que aborda este tema y recoge la experiencia
de diversos países en el desarrollo del proceso de entrenamiento en
condiciones de altura, indica que para alcanzar resultados exitosos, en el
plan de entrenamiento anual pueden tenerse en consideración cuatro
posibles etapas para su realización.
• En el período preparatorio, después de 45-60 idas de entrenamiento
previo en condiciones normales.
• En el momento de enlace entre los períodos preparatorios y
competitivo, antes de participar en las primeras competencias del
ciclo.
• Inmediatamente antes de la competencia principal.
• En el período de tránsito, de dos a tres semanas después de
concluido el período competitivo.
Luego de establecer que posición debe ocupar la estancia de
entrenamiento en la altura dentro del ciclo anual, ante el entrenador
aparece una nueva interrogante: ¿cuál es la altura más adecuada para
realizar el trabajo planificado y cómo debe ser el proceso de traslado del
deportista hacia las nuevas condiciones?.
En la actualidad se recomienda como zona de mayor efectividad para
realizar entrenamientos, la altura localizada entre los 1,500 m y los 2,500
m, es decir, la que se conoce como zona natural para la adaptación
fisiológica.
135
Para recomendar la realización de las concentraciones de entrenamiento
en altura en las zonas antes indicadas se parte de las siguientes
realidades:
• La mayoría de las bases de entrenamiento diseñadas para tal fin se
ubican entre 1900m y 2600m sobre el nivel del mar.
• Los resultados más importantes en aquellos deportes en que
predomina la resistencia aerobia han sido alcanzados por
deportistas que realizan sus actividades habituales en condiciones
de altura localizadas entre los 1800m y los 2700m.
• La localización de la mayoría de la población del mundo en zonas
geográficas ubicadas en alturas que se mueven entre los 1500m y
los 2500m, es decir, en la zona natural de adaptación fisiológica.
• Ha sido establecido, mediante investigaciones especialmente
diseñadas, que la realización de grandes cargas de trabajo en alturas
superiores a los 2,500 – 3,000m limita las posibilidades generales
del organismo del deportista y entorpece la coordinación de los
mecanismos de regulación del movimiento.
El aspecto relacionado con la consecutividad de las estancias de
entrenamiento en altura, durante el proceso de adaptación del deportista
a las características de dichas zonas no han recibido, en la literatura, la
debida atención y los trabajos experimentales para determinar los
caminos más adecuados para lograr el objetivo son sumamente escasos.
Por tal razón este es un problema sumamente agudo que afecta, ante
todo, a los entrenadores, fundamentalmente cuando tienen que enfrentar
la planificación de las cargas de entrenamiento que garantice la exitosa
participación en competencias organizadas en regiones climáticas
localizadas en zonas de alturas medias. Es necesario indicar que este
asunto ha reclamado un determinado análisis teórico de diferentes
autores y, sin entrar a realizar una detallada revisión de las distintas
opiniones sobre el particular, resulta interesante resumir el criterio más
generalizado: se considera que el esquema escalonado (por etapas) de
adaptación, en cualquiera de sus variantes, hace sufrir psicológicamente
al deportista.
Este sistema posiblemente conduce el incremento del miedo ante la
hipoxia típica de las condiciones de alturas medias. Muchas
136
investigaciones realizadas y trabajos científicos publicados, ponen de
manifiesto que el criterio de desarrollar la adaptación del deportista a la
altura por medio del incremento progresivo de esta es, en última
instancia, innecesario e injustificado.
A lo anterior debe agregarse que la organización de bases de corta
duración en diferentes alturas conduce, fundamentalmente, a la perdida
de tiempo y medios, lo que necesariamente se refleja en la efectividad
del proceso de adaptación a las condiciones climáticas previstas en la
planificación.
Antes de iniciar la exposición de los aspectos generales que caracterizan
el proceso de adaptación a la altura de diferentes modalidades
deportivas, es necesario puntualizar la duración de las etapas de
entrenamiento en las condiciones indicadas.
Ante todo debe tomarse en cuenta que desde la aparición de las primeras
publicaciones especializadas, y hasta la actualidad, este es un aspecto
que se discute continuamente.
Algunos autores recomiendan 4 a 7 días y otros indican de 3 a 6 meses.
La recomendación de una u otra duración de las etapas de entrenamiento
y su realización en la práctica, como se ha señalado antes, depende de
múltiples factores.
Recuérdense que el período de permanencia en la altura más aceptado
para desarrollar una estancia de entrenamiento, presenta una duración de
tres semanas. Sin embargo, resulta más importante determinar, ante todo,
cuales serán las tareas que el entrenador considera deben ser cumplidas
por el atleta en dichas condiciones.
Un primer acercamiento a las tareas que deben ser realizadas, permiten
establecer la siguiente clasificación:
1. Incremento de la capacidad de trabajo del deportista.
2. Preparación del deportista para competencias a nivel del mar.
3. Preparación del deportista para competencias en condiciones de
altura.
4. Rehabilitación del deportista(actividades profilácticas, descanso
activo, trabajos de resistencia no especifica, etc).
Indiscutiblemente, mientras mayor sea la experiencia del atleta menor
será el tiempo necesario para la adaptación en esas condiciones en una
137
nueva estancia y mayores serán los elementos positivos que se deriven
de ella: Así, la gran resistencia física que caracteriza a los naturales de
zonas geográficas de alturas se relaciona, en primer lugar, con la
prolongada acción de las condiciones climáticas que caracterizan dichas
zonas.
Por tal razón es aconsejable que el entrenamiento en condiciones de
altura se desarrolle al nivel y en las condiciones en que se realizará la
competencia.
La duración mínima de una etapa de entrenamiento en altura, con el
objetivo de participar en una competencia en esas condiciones, no debe
ser menor de 10-12 días, durante las cuales un deportista que acumule
gran experiencia, pueda estar en condiciones de cumplir las mismas
cargas que realizaba a nivel del mar.
Durante la planificación del período de entrenamiento en condiciones de
altura con el objetivo de participar en competencias a nivel del mar, es
importante establecer con precisión y tener en cuenta la unidad que
existe entre el proceso de adaptación a la altura y el proceso de
readaptación a las condiciones a nivel del mar.
Estos elementos permiten indicar que, si bien en relación con la
determinación de los plazos de permanencia en la altura para lograr una
adecuada adaptación del organismo, tanto las investigaciones científicas
como la experiencia práctica recomiendan concentrados de
entrenamiento con una median de 20 días, con variaciones poco
significativas en uno u otro sentido, el cuadro que aparece cuando se
trata del tiempo de conservación de una capacidad de trabajo aumentada
durante el proceso de readaptación al nivel del mar, no esta totalmente
claro.
138
c.- Durante el desarrollo del período competitivo de 2 a 3 semanas, sin
embargo se considera que una estancia de tres semanas permite lograr
una manifestación más estable de la capacidad de trabajo.
d.- Durante el período de tránsito se considera recomendable una
permanencia de 2 semanas.
Los datos que aportan los trabajos de investigación consultados muestran
una curva en los resultados alcanzados por los deportistas que se
analizaran a continuación:
Hasta el quinto día después de la estancia en la altura, se registra un
pequeño incremento de los resultados individuales; a partir del sexto día
se observa una disminución de la capacidad de trabajo que se agudiza
entre el noveno y deudecimo días de la etapa de readaptación. A partir de
ese momento se inicia un proceso de incremento de los resultados de la
actividad física individual del deportista, que alcanza su manifestación
más elevada entre los 20 y 40 días posteriores al retorno a las
condiciones del nivel del mar.
Evidentemente, debe tenerse en consideración que lo reflejado en el
párrafo anterior sólo es una expresión media del comportamiento
general. Las relaciones del organismo del atleta sometido a condiciones
de entrenamiento caracterizadas, en primer lugar, por la hipoxia, y
secundadas por un grupo de elementos colaterales se podrán de
manifiesto siguiendo en todo momento las características individuales;
por ello la definición del plan de entrenamiento de nivel del mar deba
tener muy en cuenta la individualización como principio rector de la
planificación.
139
marcha del proceso de entrenamiento comprendiendo, dentro de él, los
indicadores de adaptación funcional del organismo que se entrena.
La participación de diversas ciencias, aplicando y adecuando sus
métodos de investigación y análisis, ha permitido disponer de un amplio
arsenal de recursos evaluativos que, en condiciones de laboratorio,
permiten obtener la más variada y fidedigna información.
Queda claro entonces que todo el desarrollo del deporte esta relacionado
con la intención de crear un sistema metodológico para seguir
detalladamente el proceso de preparación del deportista. Estos esfuerzos,
iniciados con la elemental clasificación y formulación parcial de los
principios metodológicos, progresivamente se han ido acercando a una
sistematización mucho más precisa, acumulando elementos empíricos y
científicos y, de manera paralela, desarrollando su generalización
teórica.
En este sentido han sido altamente productivas las últimas décadas, que
se han caracterizado por abordar la posibilidad de crear una teoría
general de planificación del entrenamiento o se han dirigido a
perfeccionar cada uno de los elementos que la integran (técnico, táctico,
físico, psicológico, etc.); o al perfeccionamiento de los sistemas de
preparación de los jóvenes deportistas y a los de alta calificación;
también a los sistemas de preparación de los deportes colectivos e
individuales, agrupando las particularidades del régimen de trabajo del
organismo del atleta.
Esta tendencia ha generado una positiva influencia en el desarrollo del
deporte social y, de manera significativa, protegido a los jóvenes
deportistas de variantes muy efectistas pero poco efectivas de
organización del entrenamiento, posibilitando el incremento de la
eficiencia en el proceso de evaluación.
La profundización de las investigaciones científicas en el deporte, el
fortalecimiento de la relación entre las ciencias aplicadas y la práctica
deportiva, típico de los últimos tiempos, permitirá eliminar las
insuficiencias que aún existen.
La práctica deportiva, en esencia, representa un experimento pedagógico
de grandes proporciones en el transcurso del cual se crean, comprueban y
valoran las más diversas variantes de estructuración del entrenamiento.
140
La generalización de la experiencia práctica, la profundización en el
estudio de formas racionales de estructuración del entrenamiento, el
contenido, el volumen y la distribución de las cargas de entrenamiento en
una u otra etapa de tiempo, sobresalen en su calidad de fuentes
fundamentales de la teoría y metodología del entrenamiento.
La principal cualidad de estas fuentes radica en que ellas encierran la
representación total del proceso de entrenamiento, interrelacionando sus
particularidades de unidad y tiempo.
A partir de investigaciones experimentales, muchas disciplinas han
descubierto y explicado las particularidades del comportamiento del
organismo humano en las condiciones específicas de la práctica
deportiva, los mecanismos que aseguran la adaptación a ella,
fundamentando la valides o no de medios y métodos para lograr el
perfeccionamiento funcional. Los resultados de dichas investigaciones
constituyen la base científica de los cada vez más complejos métodos de
estructuración del entrenamiento.
Aún sin poner en dudas el incuestionable valor de estas fuentes no es
posible constituir con ellas una teoría científica para la concepción y
estructuración del entrenamiento, interviniendo sólo como
condicionantes para su elaboración. El problema radica en que parte del
material empírico o bien no es adecuado para el análisis científico(no
reúne los requisitos indispensables y confiables) o simplemente no
existe.
Las investigaciones experimentales, por su parte, interpretando desde
uno u otro ángulo la integridad o la profundidad de determinado aspecto
de la práctica deportiva, no relacionados entre sí, recomienda caminos
metodológicos diferentes y establecen conclusiones arbitrarias, por lo
que, en primer lugar no satisfacen el carácter multilateral y complejo que
resulta propio del entrenamiento como proceso abarcador y, en segundo
lugar, no explican las leyes específicas del proceso de establecimiento de
la maestría deportiva, es decir, resulta pequeña su contribución al
conocimiento del comportamiento en el tiempo de dicho proceso y de las
causas que condicionan su desarrollo.
En los últimos décadas se ha conformado una nueva dirección
metodológica para la búsqueda científica en el deporte, que incorpora las
141
más variadas observaciones realizadas en la práctica deportiva e
investigaciones científicas fundamentales. Esta orientación hacia la
profundización y aplicación del estudio de las leyes generales que rigen
el proceso de entrenamiento del deportista amplía las condiciones
concretas de la actividad deportiva y el conocimiento de las leyes
especificas del proceso de establecimiento de la maestría deportiva.
De lo señalado antes se desprende que el proceso de entrenamiento es, y
seguirá siéndolo, un área del saber humano que reclama la mayor
atención por parte de científicos y profesionales de las más diversas
ramas del conocimiento. La aplicación de la ciencia y la tecnología,
como instrumentos para el perfeccionamiento del estado funcional del
deportista y para la definición de acciones técnicas de mayor eficiencia y
eficacia, constituyen el soporte fundamental para elevar los resultados
competitivos, ya hoy asombrosos.
Sin embargo los profesionales que desarrollan su actividad en la base, es
decir, aquellos que no cuentan con el soporte de equipamiento y mano de
obra especializada para desarrollar las tareas de evaluación del estado
funcional del deportista, requieren de instrumentos sencillos que le
permitan, en la práctica, controlar y evaluar de manera sistemática la
marcha de la adaptación funcional de los deportistas a su cuidado.
Esto quiere decir que si bien la ciencia trabaja en la profundización del
conocimiento sobre las normas, principios, regularidades y leyes que
rigen el entrenamiento como un proceso, también tienen que entregar a
los entrenadores los medios que le permitan cumplir con el objetivo
arriba señalado. De hecho, muchos relevantes científicos y destacadas
instituciones han dedicado sus esfuerzos a la elaboración de pruebas de
fácil aplicación que, con un nivel de seguridad aceptable, brindan
importante información sobre la marcha del proceso de entrenamiento y
posibilitan evaluar el nivel de adaptación funcional del organismo que se
entrena.
A continuación se presentan un grupo de pruebas, diseñadas para
conocer la dinámica de diversos indicadores fisiológicos de los
deportistas. Su característica principal, y por ello se seleccionaron, es su
carácter no invasivo, es decir, que se realizan sin necesidad de introducir
elementos extraños (sondas, agujas, lancetas, etc.) en el organismo del
142
atleta. Esto, además de ser un elemento favorable para su aceptación por
el sujeto que debe someterse a la prueba, elimina las dificultades
tecnológicas que deben cumplirse ante evaluaciones funcionales de
mayor complejidad y permite lograr niveles altos de seguridad higiénica
y, como ventaja principal, pueden ser aplicadas por el propio entrenador.
143
Denominación: Prueba de Rockport.
Objetivo: evaluar el máximo consumo de oxigeno en personas con bajo
nivel de capacidad de trabajo.
Forma de aplicación: Recorrer (caminando)1 609 metros, controlándose
la frecuencia cardiaca al finalizar.
Forma de evaluación: El nivel del máximo consumo de oxigeno se
determina mediante la siguiente ecuación:
144
Donde: FCE = Frecuencia cardiaca optima; FCB= frecuencia cardiaca en
reposo relativo; FCMx= frecuencia cardiaca máxima.
145
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