JUAN XXIII
(25/11/1881 - 03/06/1963)
“Todos los hombres tienen derecho a la vida, a su
integridad personal”.
Nombre de bautismo: Angelo Giuseppe Roncalli
Padres: Giovanni Battista Roncalli
Marianna Giulia Mazzola
Ordenación sacerdotal: 10 de agosto de 1904
Ordenación episcopal: 19 de marzo de 1925
Proclamación cardenalicia: 12 de enero de 1953
Pontificado: 1958-1963.
Beatificación: 3 de septiembre de 2000
Canonización: 27 de abril de 2014
BIOGRAFÍA DE SAN JUAN XXIII
Nació el 25 de
noviembre de
1881 en Sotto il
Monte, cerca de
Bérgamo, Italia. Lo
bautizaron con el
nombre de Angelo
Giuseppe Roncalli
Foto: Ángelo Roncalli con su madre
Su familia era campesina, profundamente católica, humilde
y a la vez muy numerosa, fue el cuarto de los catorce hijos
de Giovanni Battista Roncalli y Marianna Giulia Mazzola.
En 1892 ingresó en el seminario de Bérgamo y recibió la
tonsura dos años más tarde. Durante 1896 fue admitido en
la Orden Franciscana Seglar. En septiembre de 1900 se
trasladó a Roma para continuar su formación sacerdotal en
el Pontificio Seminario Romano, que tuvo que interrumpir
en 1901-1902 por el servicio militar. El 13 de junio de 1903
se doctoró en Teología.
“A los padres corresponde antes que a nadie el derecho de
mantener y educar a los hijos.”
SACERDOCIO DE SAN JUAN XXIII
Angelo Roncalli se
ordenó sacerdote en
1904.
Regresó a su ciudad
natal como secretario del
obispo, Giacomo Radini-
Tedeschi, y profesor de
historia eclesiástica en el
seminario diocesano.
Foto: Ángelo Giuseppe
Roncalli
Durante la I Guerra Mundial fue sargento médico y más
tarde capellán.
En el año 1921 colaboró en la reorganización de la
Sociedad para la Propagación de la Fe y en 1925 viajó a
Bulgaria como representante del papa. Trabajó (1933-
1944) como delegado apostólico en Turquía y en Grecia.
Trabajó como sacerdote y diplomático católico en países
con una pequeña población cristiana
Salvó miles de vidas durante el Holocausto
Cardenal y patriarca de Venecia
El 12 de enero de 1953 el papa Pío XII lo
creó cardenal presbítero con el título de
Santa Prisca, siendo designado tres días
después como patriarca de la diócesis de
Venecia. Tuvo un desempeño
esencialmente pastoral, impulsando el
sínodo diocesano.
Foto: Cardenal Roncalli
Del 15 al 30 de julio de 1954, el cardenal Roncalli peregrinó a
España, con ocasión del Año santo jacobeo. Visitó San Sebastián,
Pamplona, Javier, Bilbao, Comillas, Covadonga, Oviedo, Gijón,
Lugo, Santiago de Compostela, León, Salamanca, Ávila, Valladolid,
Soria, Zaragoza, Lérida, Montserrat y Barcelona.
Como patriarca de Venecia, solía
navegar por los canales de la
ciudad sin la vestimenta de
cardenal, y detenerse para hablar
con los gondoleros, las prostitutas
y menesterosos, quienes le
contaban sus problemas. Su forma
de ejercicio del poder se
caracterizó por el servicio y el
perdón.
Foto: Escudo de armas de Roncalli
PONTIFICADO
El 28 de octubre de 1958, en el cuarto día del cónclave y contando
con casi 77 años, Roncalli fue elegido Papa ante la sorpresa de
todo el mundo. Escogió el nombre de Juan (nombre de su padre y
del patrón de su pueblo natal, aunque escogió este nombre en
razón de Juan el Bautista y Juan el Evangelista).
Fue entronizado el 4 de noviembre (21 días antes de su
cumpleaños 77) por el cardenal Nicola Canali, protodiácono de San
Nicola in Carcere Tulliano. Después del largo pontificado de su
predecesor Pío XII, los cardenales parecieron escoger un papa de
transición a causa de su avanzada edad y de su modestia personal,
pero nadie esperaba que el temperamento alegre, la calidez y la
generosidad del Papa Juan XXIII cautivaran los afectos del mundo.
Enseguida empezó una nueva forma de ejercer el papado. Fue el
primero desde 1870 que ejerció su ministerio de obispo de Roma
visitando personalmente las parroquias de su diócesis. Al cabo de
dos meses de haber sido elegido, dio ejemplo de obras de
misericordia: por Navidad visitó los niños enfermos de los hospitales
Espíritu Santo y Niño Jesús; al día siguiente fue a visitar los
prisioneros de la cárcel Regina Coeli.
El Papa
Juan XXIII,
visitando a
unos
reclusos
GOBIERNO PAPAL
En su primera medida de gobierno como papa, que le enfrentó con
el resto de la curia, redujo los altos estipendios –y la vida de lujo
que, en ocasiones, llevaban los obispos y cardenales–. Asimismo,
dignificó las condiciones laborales de los trabajadores del Vaticano,
que hasta ese momento carecían de muchos de los derechos de los
trabajadores de Europa, y además eran retribuidos con bajos
salarios.
Tres meses después de su elección, el 25 de enero de 1959, en la
basílica de San Pablo Extramuros y ante la sorpresa de todo el
mundo anunció el XXI Concilio Ecuménico –que posteriormente fue
llamado Concilio
Vaticano II–, el I
Sínodo de la
diócesis de Roma
y la revisión del
Código de Derecho
Canónico.
Foto: Periódico de la
época anunciando el
Concilio
Durante su pontificado nombró 37 nuevos cardenales, entre los
cuales por primera vez un tanzano, un japonés, un filipino, un
venezolano, un uruguayo y un mexicano.
Encíclicas
Ad Petri Cathedram
Sacerdotii Nostri Primordia
Grata Recordatio
Princeps Pastorum
Mater et Magistra
Aeterna Dei Sapientia
Paenitentiam Agere
Pacem in terris
Su magisterio social en las
encíclicas Mater et Magistra y
Pacem in terris fue profundamente
apreciado. En ambas pastorales se insiste sobre los derechos y
deberes derivados de la dignidad del hombre como criatura de Dios.
La encíclica Pacem in terris fue dirigida no solo a los católicos, sino
«a todos los hombres de buena
voluntad». Escrita en plena guerra fría
luego de la crisis de los misiles en Cuba
de octubre de 1962, la encíclica
contiene un rechazo incondicional de la
carrera de armamentos y de la guerra
en sí misma. Sostiene que en la era
atómica resulta impensable que la
guerra se pueda utilizar como instrumento de justicia.
CONCILIO VATICANO II
El 11 de octubre de 1962 el Papa San Juan XXIII abrió el Concilio
Vaticano II en San Pedro. Este cambiaría el rostro del catolicismo:
una nueva forma de celebrar la liturgia, un nuevo acercamiento al
mundo y un nuevo ecumenismo. San Juan XXIII creó en 1960 el
Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos, una
comisión preparatoria al Concilio que más tarde permanecería bajo
el nombre de Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos y
para la presidencia designó al cardenal Augustin Bea, quien se
convirtió en una de las figuras determinantes del Concilio Vaticano
II.
Se enfatizó la naturaleza pastoral de sus objetivos: no se trataba de
definir nuevas verdades ni condenar errores, sino que era necesario
renovar la Iglesia para hacerla capaz de transmitir el Evangelio en
los nuevos tiempos (un aggiornamento), buscar los caminos de
unidad de las Iglesias cristianas, buscar lo bueno de los nuevos
tiempos y establecer diálogo con el mundo moderno centrándose
primero "en lo que nos une y no en lo que nos separa".
Al Concilio fueron invitados como observadores miembros de
diversos credos, desde creyentes islámicos hasta indios
americanos, miembros de
todas las Iglesias cristianas:
ortodoxos, anglicanos,
cuáqueros, y protestantes en
general, incluyendo,
evangélicos, metodistas y calvinistas no presentes en Roma desde
el tiempo de los cismas.
CANONIZACIONES
San Juan XXIII canonizó a:
San Martín de Porres (06/05/1962)
Primer santo negro de América
Patrono de la Justicia Social y de la Paz,
los pobres, los peluqueros, el gremio de la
limpieza pública, los farmacéuticos y
enfermeros y también es patrón de Cáritas
y de los hermanos cooperadores
dominicos.
San Pedro Julián Eymard
(9 de diciembre de 1962)
Apóstol de la Eucaristía
Fundador de la
Congreagación de
Sacerdotes adoradores del
Santísimo Sacramento
San Vicente Pallotti (20/01/1963)
Fundador de los Padres Palotinos
Precursor de la Acción Católica Mundial
Este grupo sirvió para ministrar a los
enfermos en una epidemia de cólera. en
1837.
FALLECIMIENTO DE SAN JUAN XXIII
El 23 de mayo de 1963 se anunció públicamente la enfermedad del
papa: cáncer de estómago que, según su secretario Loris
Francesco Capovilla, le fue diagnosticado en septiembre de 1962.
El Papa no quiso dejarse operar temiendo que el rumbo del Concilio
se desviara de lo estipulado. Así, el mismo pontífice estaba
firmando su sentencia de muerte.
El 10 de mayo de 1963 se le concedió el premio Balzan, que incluyó
el voto favorable de los delegados soviéticos, en reconocimiento a
su actividad en favor de la paz y la fraternidad entre los hombres.
Ante el avance de su enfermedad, se trató de convencerlo de no
asistir, a lo que Juan XXIII contestó:
«¿Por qué no? ¿Qué otra cosa podría ser más hermosa para un
padre que morir en medio de sus hijos reunidos?»
Al fin, después de sufrir esa grave enfermedad, el Papa Juan XXIII
murió en Roma el 3 de junio de 1963, hacia las dos y cincuenta.
Finalizó sus días sin ver concluida su obra mayor, a la que él mismo
consideró "la puesta al día de la Iglesia". En la memoria de muchos,
el papa Juan XXIII ha quedado como "el papa bueno" o como "el
papa más amado de la historia".
RECONOCIMIENTOS A SAN JUAN XXIII
El 3 de diciembre de 1963, el presidente Lyndon B.
Johnson concedió a Juan XXIII a título póstumo la
Medalla Presidencial de la Libertad, la más alta
condecoración civil de los Estados Unidos. En su
discurso del 6 de diciembre de 1963, Johnson dijo:
“He determinado también otorgar la Medalla Presidencial de la Libertad a
título póstumo a otro hombre noble cuya muerte lamentamos hace 6
meses: su santidad, el papa Juan XXIII. Él era un hombre de orígenes
sencillos, de fe sencilla, de caridad sencilla. En esta ensalzada sede, él
seguía siendo el pastor gentil. Creía en el debate y en la persuasión.
Respetaba profundamente la dignidad del hombre. Él le dio al mundo
declaraciones inmortales sobre los derechos del hombre, sobre las
obligaciones de los hombres entre sí, sobre su deber de luchar por una
comunidad mundial en la que todos puedan vivir en paz y amistad
fraterna. Su bondad atravesó los límites temporales para calentar los
corazones de los hombres de todas las naciones y de todas las
religiones”.
El Papa Pablo VI, su sucesor, inició su proceso de canonización en
1965, luego de la clausura del Concilio Vaticano II. Juan XXIII fue
beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000, junto con
el papa Pío IX. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día
de la apertura del Concilio Vaticano II.
Cuando su cuerpo fue exhumado en el año 2000, corrió el rumor de
que se hallaba incorrupto, pero fuentes de la Santa Sede lo
negaron, recordando que había sido embalsamado. Sus restos
descansan en la basílica de San Pedro, en Roma.
MILAGRO DE SAN JUAN XXIII
San Juan XXIII fue beatificado en el 2000
por San Juan Pablo II gracias a la curación
milagrosa de la religiosa Caterina Capitani
en 1966, que sufría de una perforación
gástrica hemorrágica con fistulación externa
y peritonitis aguda.
La hermana Caterina Capitani agonizaba en el hospital de la Marina en
Nápoles. Tres años de hemorragias de estómago habían requerido
extirparle el páncreas, el bazo y casi todo el estómago, reducido al
tamaño de un albaricoque. El 25 de mayo de 1966 estaba muriendo. La
reapertura de la cicatriz provocó una fistula por la que salía sangre, jugos
gástricos y la naranjada que acababa de tomar. Sufría peritonitis y 39,5
grados de fiebre.
Inesperadamente, se le apareció Juan XXIII sonriendo junto a la cama,
puso la mano sobre el lugar de la fístula y, según ella, dijo: «Me has
rezado mucho (…) Me habéis arrancado del corazón este milagro (…)
Estás curada. Come de todo, porque de este agujero ya no saldrá nada.
La herida está cerrada. (…) Haz radiografías, porque un día van a hacer
falta. (…) Ven a Roma a rezar sobre mi tumba».
Caterina hizo sonar la campanilla y las hermanas de la Caridad vinieron
corriendo, pensando que era el final. Pero se levantó y pidió de comer.
No quedaba rastro de la herida. No tenía fiebre, se levantó y dos días
después abandonó el hospital. Trabajó sirviendo a los enfermos hasta su
muerte en 2010. Por su parte, los médicos que la atendían en Nápoles
(Italia), le practicaron una radiografía al estómago y comprobaron la
desaparición completa de la enfermedad, sin señales de cicatrices
causadas por la fístula.
CANONIZACIÓN DE JUAN
XXIII
San Juan XXIII a quien se le
conoce cariñosamente como
"el Papa Bueno" fue
canonizado junto con el papa Juan Pablo II el 27 de abril de 2014 bajo la
modalidad "Pro gratia", es decir, sin un segundo milagro atribuido, el
motivo fue por sus méritos de la apertura del Concilio Vaticano II.
En su homilía el Papa Francisco dijo: “San Juan XXIII y san Juan Pablo II
(…) fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu
Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de
Dios, de su misericordia. Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo
XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. (…) En estos dos
hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su
misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y
radiante» (…) Esta esperanza y esta alegría se respiraba en la primera
comunidad de los creyentes, (…) Es una comunidad en la que se vive la
esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y
fraternidad.
Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí.
Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para
restaurar y actualizar la Iglesia según su fisionomía originaria, la
fisionomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. Son
precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la
Iglesia. En la convocatoria del Concilio, san Juan XXIII demostró una
delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia
un pastor, un guía-guiado, guiado por el Espíritu. Éste fue su gran
servicio a la Iglesia; por eso me gusta pensar en él como el Papa de la
docilidad al Espíritu santo”.
DECÁLOGO DE LA SERENIDAD
El decálogo de la serenidad, conocido también como Solo por hoy,
es una oración de san Juan XXIII que la escribió cuando aún era
joven, estamos a leerla y practicarla cada día para ejercitar y
conservar la calma, la alegría y la paz en cada circunstancia:
1. Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer
resolver los problemas de mi vida todos de una vez.
2. Solo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés
en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé controlar
o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.
3. Solo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado
para la felicidad, no solo en el otro mundo, sino en este
también.
4. Solo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender
que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Solo por hoy dedicaré diez minutos a una buena lectura;
recordando que, como el alimento es necesario para la vida
del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del
alma.
6. Solo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Solo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer;
y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que
nadie se entere.
8. Solo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo
cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos
calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Solo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias
demuestren lo contrario, que la buena Providencia de Dios se
ocupa de mí, como si nadie más existiera en el mundo.
10. Solo por hoy no tendré temores. De manera particular no
me defenderé de gozar de lo que es bello y de creer en la
bondad.
Desde luego, si sólo por hoy
soy capaz de cumplir tres o
cuatro de estos
mandamientos, y si mañana
repito alguno de estos y
cumplo alguno más, y
pasado mañana hago míos
otros dos o tres, terminaré
teniendo no la serenidad de
Juan XXIII (porque esa es
una quiniela gorda que sólo
toca dos o tres veces por siglo), pero sí la suficiente serenidad para
ir cumpliendo mi oficio y ser feliz.
ANÉCDOTAS DE SAN JUAN XXIII
Los detalles que resaltan en San Juan XXIII son muchos su ingenio,
sus escritos, su amor por Dios y por Su Iglesia, esto lo volvía
cercano a las personas, al punto que lograba que cada encuentro
se vuelva un momento fraternal y sencillo. El amable anciano
parecía ser uno de los santos más cariñosos: como hijo, como
obispo y como Papa. Juan irradiaba el amor cristiano. No es
sorprendente que tanta gente se haya sentido atraída por él.
¿Se hundirá?
Se cuenta que el "Papa Bueno", uno de los
Papas más entrados en kilos que ha tenido la
Iglesia, cada vez que se subía a la silla
gestatoria lo hacía a regañadientes,
murmurando su desencanto por el esfuerzo. Y
que la primera vez que subió a ella preguntó
con una sonrisa a quienes iban a cargar con
él:
- No se hundirá esto con tanto peso?
Hay tanto que hacer en la tierra
Cuando lanzaron el primer cohete a la luna con su
alunizaje en ella, publicaron los periódicos la noticia
con gran impacto y espectaculares titulares
sensacionalistas.
El papa Juan XXIII se limitó a comentarlo con sus
íntimos moviendo lentamente la cabeza mientras
exclamaba varias veces:
- ¡Hay tanto que hacer en la tierra, hijitos!, ¡hay tanto que hacer!
El Espíritu Santo, más listo que
todos
Contaba un obispo francés que, al final
de la primera sesión del concilio, un día
habló con Juan XXIII sobre el discurso
de apertura, y el Papa le decía:
- La verdad es que en el discurso
de apertura que dirigí a los
obispos al empezar el concilio, no
había visto tantas cosas como luego, estudiándolo,
encontraban los obispos. Sin embargo, ahora, cuando lo releo,
también yo las encuentro.
Y remataba su confidencia con esta confesión de fe profunda:
- Se ve que el Espíritu Santo es más listo que todos nosotros.
La superiora del
Espíritu Santo
Cierto día visitó un
hospital a cargo
de religiosas,
denominado “Archihospital del Espíritu Santo”. Al llegar, la
superiora, toda nerviosa y muy emocionada, besó atropelladamente
su anillo doblando la rodilla y sólo acertó a presentarse con estas
palabras:
- Santidad, soy la superiora del Espíritu Santo.
Con una sonrisa ante tan original presentación y para templar sus
visibles nervios, le respondió con chistosa y afectuosamente:
- ¡Qué suerte tiene, hermana! Yo sólo he podido llegar a ser
vicario de Cristo.
Bajar... ¡y subir también!
En cierta ocasión, siendo nuncio en
París, lo llevaron a un campamento
militar a bendecir unas instalaciones.
Luego le presentaron a un grupo de
paracaidistas a quienes les habló un rato, terminando con estas
ingeniosas palabras:
- No quisiera, muchachos, que olvidaran esto: que, a fuerza de
bajar del cielo, se olvidaran de subir a él...
Santidad, yo soy bautista
En una audiencia recibió un día a un
senador norteamericano quien se
presentó, dando a conocer su religión:
- Santidad, yo soy bautista.
A lo que el Papa contestó con una sonrisa
recordando a Juan Bautista, el precursor
del Señor.
- Y yo soy Juan. De modo que ya
estamos completos.
Una bendición por el aire, no...
Regresaba un día al Vaticano con su secretario después de haber
visitado un asilo de ancianos y de haberles obsequiado algunos
regalos. Al pasar por delante de una casa, el secretario,
señalándola, le dijo:
- Santidad, en esta casa vive
el profesor Lolli, redactor de L
´Osservatore Romano. Tiene
a su mujer muy enferma. ¿No
podría enviarle una
bendición?
El papa le contestó:
- Es difícil mandar una bendición por el aire, don Loris. ¿No es
mejor llevársela personalmente?
Sin avisar, como tantas veces hacía, estaba llamando a la puerta
del redactor del diario para llevarle la bendición en persona...
¡El Papa duerme muy bien...!
Uno de los mayores encantos de Juan XXIII era la naturalidad con
que hablaba y el hacer las cosas más elementales como cualquier
humano. En una audiencia a
campesinos se sentía feliz entre
ellos y les confesaba:
- Les digo un secreto: si el
buen Dios no me hubiese
hecho Papa, me hubiera
gustado ser campesino como ustedes.
La gente sencilla de una peregrinación se quedaba asombrada
cuando les contaba con la mayor naturalidad:
- No crean que el Papa pasa las noches insomne y sin dormir.
No, no, ¡el papa duerme muy bien!
Humor en la caridad
En una ocasión, el Papa recibió al
Gran Rabino de Roma, dentro del
marco de sus encuentros
interreligiosos. Tras la amistosa
reunión, lo acompañó
personalmente hasta la salida de la sala de audiencias. Se planteó
un pequeño problema protocolar: el Gran Rabino insistía en que el
Pontífice saliera primero. El Papa, por el contrario, indicaba
cortésmente que cedía la prioridad. Como, a su vez, el Gran Rabino
insistía en ceder el primer
paso, Juan XXIII sentenció
solemnemente y con humor:
- ¡Que pase primero el
Antiguo Testamento!
Concilio Vaticano II
Un funcionario del Vaticano le
dijo al Papa que sería
"absolutamente imposible"
inaugurar el Concilio Vaticano II en 1963. "Bien, lo inauguraremos
en 1962", respondió. Y así lo hizo.
Que la alegría de nuestro Papa Bueno nos contagie y sea ella la
que llevemos a nuestro prójimo.
"Alegría siempre, paz, serenidad, libertad de espíritu en
todas las cosas."