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Examen Resuelto de Descartes

FILOSOFÍA 2 BACH

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Examen resuelto de Descartes

Advierto, al principio de dicho examen, que hay gran diferencia entre el espíritu y el
cuerpo; pues el cuerpo es siempre divisible por naturaleza, y el espíritu es
enteramente indivisible. En efecto: cuando considero mi espíritu, o sea, a mí mismo
en cuanto que soy sólo una cosa pensante, no puedo distinguir en mí partes, sino
que me entiendo como una cosa sola y enteriza. Y aunque el espíritu todo parece
estar unido al cuerpo todo, sin embargo, cuando se separa de mi cuerpo un pie, un
brazo, o alguna otra parte, sé que no por ello se le quita algo a mi espíritu. Y no
pueden llamarse «partes» del espíritu las facultades de querer, sentir, concebir,
etc., pues un solo y mismo espíritu es quien quiere, siente, concibe, etc. Mas ocurre
lo contrario en las cosas corpóreas o extensas, pues no hay ninguna que mi espíritu
no pueda dividir fácilmente en varias partes y, por consiguiente, no hay ninguna que
pueda entenderse como indivisible. Lo cual bastaría para enseñarme que el espíritu
es por completo diferente del cuerpo, si no lo supiera ya de antes.
Meditaciones metafísicas (Meditación sexta: de la existencia de las cosas
materiales, y de la distinción real entre el alma y el cuerpo)
1ª cuestión: Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema
filosófico fundamentales del texto elegido. (Competencias específicas 1 y 3 de la
materia).
Lo primero que haremos será fijarnos en qué obra para realizar una breve
introducción.
Junto al Discurso del método, y posterior a esta, Meditaciones metafísicas es la
obra más importante de Descartes. En ella, profundiza en su pensamiento y aborda
temas como la existencia de Dios y la separación entre la mente y el cuerpo.
No olvidamos mencionar el problema filosófico, y recordaremos que tenemos que
comprometernos con él para la última pregunta, por lo que aquí ya debemos ir
pensando con qué autor/a lo vamos a relacionar. El problema filosófico puede no
ser exactamente el mismo de examen a examen, pues esto no es un examen de
matemáticas, pero tiene que ser ajustado al texto. Para este caso, por ejemplo,
continuamos así:
El problema filosófico al que el texto parece dar respuesta al de cuáles son las
diferencias entre el alma y el cuerpo, problema fundamental en la antropología
filosófica clásica. (Por este motivo, el problema filosófico también podría ser: ¿Qué
es el hombre?, aunque quizá fuese más arriesgado.)
Vamos al análisis de las ideas:
En este texto encontramos a Descartes examinando estas diferencias entre el
cuerpo y el alma. En el fragmento, la principal idea es que el cuerpo y el alma se
diferencian en la capacidad que tienen para poder ser divididos o separados.
El espíritu para Descartes es la sustancia pensante, de carácter inmaterial, es decir,
no ocupa ningún lugar en el espacio. Es la encargada de cualquier tipo de operación
mental (pensar, querer, sentir). Descartes afirma en el texto que estas operaciones
las hace el espíritu (que también podemos concebir como “alma” o “mente”) todo
él, y no hay partes del espíritu que se encarguen de una operación, y otras partes de
otras.
Además, es importante advertir que, como afirma Descartes en el texto, el “yo” es
el espíritu y no el cuerpo: “El espíritu, o sea, a mí mismo”. Yo (Descartes) no sería
otra cosa que “algo que piensa” (lo que en el texto aparece como cosa pensante), y
el cuerpo sería algo completamente separado.
Ahora bien, el cuerpo es algo completamente diferente. El cuerpo forma parte de la
sustancia extensa, cuyas propiedades son muy diferentes. La sustancia extensa se
caracteriza por la extensión, es decir, sí ocupa un lugar en el espacio. Esta sustancia
extensa es concebida para Descartes como un enorme mecanismo, siguiendo el
mecanicismo imperante en su época. Al contrario que sucede con la sustancia
pensante, los cuerpos sí son divisibles, tanto real como conceptualmente. Un buen
ejemplo son las ideas facticias, que son fantasías o quimeras realizas por mi
espíritu (a través de la imaginación) separando y juntando partes de otras cosas
extensas (una sirena, por ejemplo).
Descartes sostendrá que estas sustancias son independientes entre sí, aunque
dependen ambas de la sustancia infinita, no mencionada en el texto, que es Dios.
Aquí no está ni insinuado el tema de cómo se relacionan o comunican ambas
sustancias, por lo que no lo tratamos. Pero como es algo relativamente importante
para la antropología de Descartes, anunciamos que lo abordaremos en la siguiente
cuestión:
Queda pendiente la cuestión de cómo se relacionan ambas sustancias en el caso
del hombre (que es el único que posee alma), pero esto será convenientemente
tratado en la próxima cuestión.
2ª cuestión: Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
correspondiente. (Competencias específicas 1 y 3 de la materia).
Tenemos que abordar en esta pregunta qué importancia o relevancia tienen estas
reflexiones para su filosofía en un sentido más general. Para resolverla, me tengo
que hacer preguntas del estilo: ¿Por qué son importantes estas cuestiones? ¿Cómo
ha llegado hasta esto? ¿Qué papel juegan en su sistema filosófico?
Recomiendo empezar siempre con una introducción que hable del propósito de la
obra de Descartes:
El propósito de Descartes es elaborar una nueva filosofía basada en verdades
indudables. Para ello, elabora un método (basado en modelo matemático) que
pueda conducir apropiadamente a la razón (única fuente válida de conocimiento)
hacia el hallazgo de estas verdades.
Este método está basado en cuatro reglas: Las explicamos brevemente, porque el
texto no tiene mucho que ver con el método. Pero este es vital en la filosofía de
Descartes, por lo que no podemos saltárnoslo.
La primera regla, conocida como la regla de la evidencia, es la más importante para
Descartes. Según esta, solo admitiremos en nuestra filosofía aquello que no
presente ninguna duda: mientras exista la duda, no podrá ser un elemento a tener
en cuenta en el sistema filosófico. Por ello, Descartes sólo admitirá lo evidente, que
ha de cumplir con los criterios de claridad y distinción. Recordemos hacer
referencias al texto cada vez que podamos. Aquí podríamos incluir: Tanto el espíritu
(sustancia pensante) como el cuerpo (extensa) son admitidas por Descartes,
aunque no aún no hemos explicado la demostración de cada una de ellas.
Las otras reglas son la del análisis (dividir las dificultades que se presentan en otras
más sencillas de resolver), la de la síntesis (conducir los pensamientos desde las
ideas más sencillas hacia las más complejas) y la del repaso o enumeración (revisar
en todo momento los pasos anteriores). Observamos aquí que hemos aligerado
mucho en este punto para no perder tiempo, porque el texto no va de las reglas del
método.
Descartes aplicará este método a la duda, constituyendo así la duda metódica, que
consta de tres pasos.
En primer lugar, Descartes dudará de los sentidos, dado que en ocasiones nos
engañan. Por lo tanto, las experiencias que tenemos del mundo no tienen cabida en
la filosofía de Descartes.
En segundo lugar, se dudará de la distinción entre el sueño y la vigilia, pues en
ocasiones se tienen sueños que parecen muy reales.
Y en último lugar, Descartes planteará la hipótesis del genio maligno, la posible
existencia de un ente que existe con el único propósito de engañarme incluso con
las verdades que me parecen más evidentes (Todo esto hay que explicarlo, aunque
por el momento no podemos hacer referencias al texto).
Este proceso de duda llevará al filósofo a darse cuenta de algo: la duda implica
pensar, y, por más que se dude, hay algo que no puede ser dudado: que se está
pensando. Para dudar, hay que pensar. Esto lleva a Descartes a tener la primera
intuición, que es la primera verdad indudable que buscaba: “Pienso, luego existo”.
(Seguramente haya muchas formas de explicar esto, la mayoría de las cuales serán
válidas mientras capte lo importante: es una intuición, es la primera verdad, y
sucede tras el proceso de dudar constantemente).
Esta intuición, evidente para Descartes (y, por tanto, indudable) le lleva a plantear
la primera sustancia: la sustancia pensante, que es el espíritu o mente que aparece
mencionada en el texto (¡No desaprovechemos la ocasión de hacer una referencia
al texto, y esta es importantísima!). Descartes entiende que existe, pero no como
un ser humano, pues el cuerpo aún no está demostrado: existe como un algo que
piensa (y que además hace todas las operaciones mentales descritas en el texto).
Una vez descubierto esto, Descartes se propone avanzar. Para ello, examina los
contenidos mentales que tiene, es decir, las ideas, para acabar clasificándolas en
tres: las ideas adventicias (que provienen del exterior), las facticias (que fabrica con
la imaginación, otra facultad del espíritu) y las innatas (presentes desde el
nacimiento). Estas ideas innatas son la idea de perfección y la idea de infinito y la
permitirán a Descartes demostrar la existencia de Dios.
Precaución aquí: corremos el riesgo de entretenernos demasiado con estas
demostraciones, pero son irrelevantes para el texto. Las vamos a resumir de la
siguiente manera para ahorrar tiempo:
Examinando la idea de perfección, Descartes concluye que en ella está contenida
la de existencia, pues algo no podría ser perfecto sin existir. De ello se sigue que lo
perfecto ha de existir, y a esta perfección le llama Dios.
En cuanto a la idea de infinito, el filósofo afirma que un efecto no puede ser mayor
a su causa. La idea de infinito ha debido ser causada por algo infinito, pero yo no lo
soy; por lo que algo infinito ha de existir que haya causado esta idea. Y a esto infinito
Descartes lo llama Dios.
Queda así demostrada la existencia de Dios como algo perfecto (sustancia infinita).
Y, como es perfecto, ha de ser sumamente bueno y veraz. Esto obliga a Descartes a
revisar anteriores planteamientos y descartar la hipótesis del genio maligno: ¿cómo
podría haber sido creado por Dios un ente con el único propósito de engañar? Pero
aún hay más, si Dios existe, ¿permitiría que yo viviese constantemente engañado?
¿De dónde provendrían las ideas adventicias entonces, sino de algo exterior a mí?
Pudiera ser que el genio maligno engañase sobre esto, pero una vez su existencia
queda descartada por la bondad de Dios, puedo concluir que existe una realidad
extramental, es decir, algo más allá de la mente. Esta es la sustancia extensa, que
a la que se hace referencia en el texto (¡no olvidar!) cuando Descartes reflexiona
sobre el cuerpo. El cuerpo sería parte de la sustancia extensa y su naturaleza
completamente diferente a la sustancia pensante o al espíritu.
Como se ha afirmado, ambas sustancias son independientes. Descartes planteará
que el alma y el cuerpo están unidas mediante la glándula pineal, alojada en el
cerebro. De esta manera, el ser humano no está determinado por el mecanicismo
propio de los cuerpos, y puede preservar la libertad, al ser controlado por el alma.
El alma, al ser otra sustancia diferente, no es afectada por los procesos físicos
propios de la sustancia extensa.
3ª cuestión: Exponga cómo se ha abordado en otra época el problema filosófico
planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de
esa otra época.
Veamos que la pregunta nos pide que hagamos DOS cosas: primero, explicar cómo
se ha tratado en otra época diferente el problema que nosotros hemos señalado en
la primera pregunta; segundo, explicar cómo lo ha tratado de resolver otro autor de
esa época.
Importante aquí: el problema filosófico ES el que nosotros hemos dicho en la
primera pregunta, por lo que nos comprometemos con él. No pongamos otro,
porque podrían bajarnos muchos puntos.
El problema filosófico que hemos señalado es el de la diferencia entre el cuerpo y
el alma, o, lo que es lo mismo, el problema del dualismo antropológico. Este
problema está en la antropología filosófica desde sus inicios.
En la Antigüedad, en la Grecia clásica, ya encontrábamos la oposición entre la
mente y el cuerpo, entre lo espiritual y lo físico o corporal. El alma, donde reside el
auténtico yo, se instala en un cuerpo, pero ambos son de naturaleza muy diferente.
En los pitagóricos, por ejemplo, el alma sobrevive a la desaparición del cuerpo y
migra a otro distinto.
Examinaremos en esta cuestión el caso de Platón. Platón, al igual que Descartes,
es un filósofo dualista: considera que las personas están formadas por un alma y
un cuerpo, y que ambos son entidades diferentes. Tanto es así, que Platón también
cree que el alma sobrevive al cuerpo cuando este muere, y puede migrar a otro o
ascender hacia el mundo de las Ideas.
Ahora bien, hay algunas diferencias entre Descartes y Platón. La unión de alma y
cuerpo, como hemos visto, es explicada por Descartes a través de la glándula
pineal, lo cual supone una solución dudosa. Platón, por el contrario, recurre a un
mito para explicar la unión del alma con el cuerpo: lo expone en el mito del carro
alado, según el cual el alma descendió accidentalmente hacia el mundo sensible
desde el mundo de las ideas, y buscó refugio en un cuerpo, olvidando lo que
conocía en el proceso.
Otra diferencia que observamos es que, para Descartes, tal y como afirma en el
texto, el espíritu no es divisible, y todo él realiza las diferentes operaciones
mentales. En Platón no sucede así: el alma sí es divisible, y consta de tres partes: la
racional, la irascible y la concupiscible. Cada una de ellas tiene asignadas unas
funciones propias, lo que acaba por tener enormes consecuencias políticas
incluso.
En cualquier caso, y al margen de estas diferencias importantes, ambos filósofos,
separados por unos dos milenios, coinciden en lo esencial: el dualismo
antropológico, es decir, la noción de que cuerpo y alma son sustancias separadas
e independientes.

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