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TE BUSCAN, PREPARATE

Juan 4:23
23
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los
verdaderos adoradores adorarán al Padre en
espíritu y en verdad; porque también el Padre
tales adoradores busca que le adoren.
El cristiano debe hacer de la adoración una forma de vida, en su
trabajo, en el hogar, o en su entretenimiento... Dado que
adoración es la actitud o la intención interna del corazón del
hombre para Dios, implica la obediencia, el servicio, la rendición,
el amor, etc. Es decir, implica una forma de vida que permite
tener comunión con el Espíritu Santo (Juan 4:24).

Pregunta: "¿Qué significa adorar al señor en espíritu y en


verdad?"

Respuesta: La idea de adorar al señor "en espíritu y en verdad"


viene de la conversación que tuvo Jesús con la mujer en el pozo
en Juan 4:6-30. En la conversación, la mujer estaba discutiendo
sobre los lugares de adoración con Jesús, diciendo que los judíos
adoraban en Jerusalén, mientras que los samaritanos adoraban en
el monte Gerizim. Jesús acaba de revelar que él sabía acerca de
sus muchos maridos, así como el hecho de que el hombre con el
cual vivía no era su marido. Esto hizo que ella se sintiera
incómoda, por lo que ella intentó desviar su atención de su vida
personal y pasar a temas religiosos. Jesús no quiso distraerse de la
lección que quería darle sobre la verdadera adoración y llegó al
punto central del asunto: "Mas la hora viene, y ahora es, cuando
los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en
verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le
adoren" (Juan 4:23).
La lección general sobre la adoración al señor en espíritu y en
verdad, es que no debe limitarse a una única ubicación geográfica
ni necesariamente debe ser regulada por las disposiciones
transitorias de la ley del antiguo testamento. Con la venida de
Cristo, la separación entre judíos y gentiles ya no era pertinente,
ni tampoco lo era la centralidad del templo en la adoración. Con la
venida de Cristo, todos los hijos de Dios adquirieron igual acceso a
Dios a través de él. La adoración se convirtió en un asunto del
corazón, no de las acciones exteriores, y dirigida por la verdad y
no por una ceremonia.
En Deuteronomio 6:5, Moisés establece para los Israelitas cómo
amar a su Dios: "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y
de toda tu alma, y con todas tus fuerzas". Nuestra adoración de
Dios es dirigida por nuestro amor hacia él; cuando amamos,
adoramos. Ya que la idea de "fuerza" en hebreo indica totalidad,
Jesús amplió esta expresión a la "mente" y "con todo lo que eres"
(Marcos 12:30; Lucas 10:27). Adorar a Dios en espíritu y en verdad
implica necesariamente amarlo con todo el corazón, el alma,
mente y fuerza.
La verdadera adoración debe ser "en espíritu", es decir, que
involucre todo el corazón. A menos que exista una verdadera
pasión por Dios, no hay adoración en espíritu. Al mismo tiempo, la
adoración debe ser "en verdad", es decir, debidamente
fundamentada. Si no tenemos conocimiento del Dios que
adoramos, no hay adoración en verdad. Ambas son necesarias
para satisfacer y honrar a Dios en adoración. Espíritu sin verdad
conduce a una experiencia emocional y demasiado superficial que
puede ser comparado a un nivel alto. Tan pronto como se termine
la emoción, cuando el fervor se enfría, se enfría también la
adoración. La verdad sin espíritu puede resultar en un encuentro
seco y sin pasión que fácilmente puede conducir a una forma
triste de legalismo. La mejor combinación de ambos aspectos de
la adoración se traduce en un reconocimiento gozoso de Dios
fundamentado por las escrituras. Cuanto más sabemos acerca de
Dios, más lo apreciamos. Entre más lo apreciamos, más profunda
es nuestra adoración. Entre más profunda sea nuestra adoración,
mayormente será Dios glorificado.

Esta fusión de espíritu y verdad en la adoración solo puede ser


descrita por Jonathan Edwards, el pastor y teólogo americano del
siglo XVIII. Él dijo, "Yo debo pensar que es mi deber el elevar los
afectos [emociones] de mis oyentes tan alto como me sea posible,
con tal de que sean afectados únicamente por la verdad".
Edwards reconoció que la verdad y sólo la verdad puede influir
adecuadamente las emociones de una manera que traiga honra a
Dios. La verdad de Dios, por ser de valor infinito, es digna de
infinita pasión.

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