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UNIVERSIDAD DEL SALVADOR

FACULTAD DE PSICOLOGÍA Y PSICOPEDAGOGÍA

LA EVALUACIÓN PSICOLÓGICA

Nélida Alvarez

CÁTEDRA DE EVALUACIÓN APLICADA II

1
INDICE DEL CUADERNILLO

I. LA EVALUACIÓN PSICOLÓGICA ………………………………….. ………………. 3

II. LA CONSTRUCCIÓN PSICODIAGNÓSTICA .………………………………….... .10

III. LA LECTURA DE LOS TEXTOS Y LA CONSTRUCCION DIAGNÓSTICA ….16

IV. EL DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE ESTRUCTURA………………………….. 28

TRABAJOS ANEXOS

EL PSICODIAGNÓSTICO ANTE LOS NUEVOS PARADIGMAS


Silvia Pugliese…………………………………………………………………...…….. .. …… . 47

MODOS ACTUALES DE VIGENCIA Y PRÁCTICA DEL PSICODIAGNÓSTICO


Etel Kacero………………………………………………………………………………. …………52

CRITERIOS PARA JUZGAR LA ADECUACIÓN DE LAS INTERPRETACIONES


Roy Schafer………………………………………………………………………………………… 60

LOS ENUNCIADOS IDENTIFICATORIOS


Etel Kacero…………………………………………………………………………..... .. ………. 65

LECTURA INTEGRADORA DE LA CONSTRUCCIÓN PSICODIAGNÓSTICA


Nélida Alvarez……………………………………………………………………………………….. 71

EL CUERPO EN LA CLÍNICA
Nélida Alvarez…………………………………………………………………………………………. 79

COMPLEJIDAD y RELATIVIDAD
Cristina Weigle……………………………………………………………………………………………..88

LAS TRANSFORMACIONES EN PSICODIAGNÓSTICO COMO CLAVE DE SU HISTORIA


Nélida Alvarez…………………………………………………………………………………………………..92

2
I. LA EVALUACIÓN EN LA PRÁCTICA PSICOLÓGICA

La evaluación psicológica, tal como se la entiende en la actualidad, es una especialidad de


la Psicología que se viene configurando desde el siglo XX. Dispone de distintos modelos
para su aplicación los que recortan su objeto de estudio según las teorías de referencia y el
paradigma científico al que adhieren.

Para comprender mejor los cambios actuales destacaremos las transformaciones acaecidas
con esta práctica.

 A fines del siglo XIX surgieron las primeras escalas construidas para medir
fenómenos psíquicos en una persona. Se hacia en el marco de una Psicología
atomista y centrada en lo conciente.
 A comienzos del siglo XX, y por efecto de la teoría psicoanalítica, comienzan a
explorarse conflictos asociados a la idea de inconsciente. Jung 1 crea el test de
Asociación de palabras con esta finalidad.
 En 1921 Herman Rorschach publica su libro Psicodiagnóstico que va a dar nombre a
un modelo de evaluación que se consolidará en el ámbito clínico. El marco en el que
se va a implementar el psicodiagnóstico responde al modelo médico y tiene como
objetivos diagnosticar los procesos mórbidos, poder establecer sus causas y
formular un pronóstico.
 Durante las dos décadas siguientes se investigaron y se crearon nuevas técnicas de
evaluación. Por un lado, se consolidaron los test psicométricos que median
rendimientos. Al ser pruebas estandarizadas, con un alto grado de validez y
confiabilidad permitieron definir patrones esperables y medir desvíos. Sus
resultados cuantitativos fueron considerados objetivos. El psicólogo que aplicaba
estos tests era considerado un testista.
Por otro lado, y a partir de la prueba de Rorschach el diagnóstico pasa a estar en el
centro de interés de la psicología. La llamada Psicología proyectiva, con
fundamentos en la teoría psicoanalítica, creó nuevos instrumentos destinados a la
exploración dinámica de la personalidad.
 La práctica clínica fue consolidando un modelo de psicodiagnóstico, “de estudio de
la personalidad”, mediante la aplicación de una “batería tipo” compuesta con
técnicas proyectivas y psicométricas. Siquier de Ocampo, Grassano y García Arzeno
plantean que el objetivo del psicodiagnóstico es: “lograr una descripción y
comprensión lo más profunda y completa que sea posible de la personalidad total
del paciente o grupo familiar... Abarca aspectos pretéritos, presentes (diagnósticos)
y futuros (pronósticos) de esa personalidad”.2
 En 1948, y como resultado de un trabajo realizado con veteranos de guerra a los
que se quería reinsertar laboralmente, se publica en EEUU. el libro “La evaluación

1
Vease Rapaport D. Tests de Diagnóstico Psicológico. Paidós. 1965
2
Siquier de Ocampo, García Arzeno, Grassano. Las Técnicas Proyectivas y el Proceso Psicodiagnóstico.
Nueva Visión. 1974.
3
del hombre”. Su importancia radica en que descentra la evaluación del modelo
médico en que estaba inserto el psicodiagnóstico. Los recursos saludables y las
potencialidades del psiquismo que pueden desarrollarse son incluidos como parte
del estudio de la personalidad.
 A partir de los años 70 comienza a decaer en el mundo el entusiasmo que habían
suscitado las técnicas de evaluación. Hay fuertes críticas que sostienen su poca
operatividad o falta de rigurosidad científica. Los psicólogos cuestionan el uso de los
tests y muchos descreen de su valor como herramientas de trabajo (en nuestro
país, la influencia del psicoanálisis francés contribuyó mucho a este descrédito). En
algunas facultades del país se dejan de enseñar las técnicas proyectivas. Sin
embargo la sociedad siguió reclamando el psicodiagnóstico y desde distintos
ámbitos creció la demanda de evaluaciones. Estas cuestiones llevaron a re-pensar
las evaluaciones y a considerar los alcances y límites de las mismas.

A partir de este recorrido se puede registrar como se han ido produciendo cambios que
marcaron la práctica. El foco inicial fue MEDIR porque la ciencia así lo requería, luego el
foco se puso en DIAGNOSTICAR porque la clínica lo requirió y finalmente se aceptó
EVALUAR como la categoría que abarca esta especialidad.

También es importante entender que ciertos cambios no están desligados del contexto
científico que se da encada época.

Pensamiento racional y pensamiento complejo

La complejidad es una reconfiguración global de


las formas de producir, validar y compartir
conocimientos.
Denise Najmanovich.

El pensamiento científico racionalista que acompañó la construcción del Psicodiagnóstico


condicionó el modo de trabajar con las hipótesis y de elaborar los datos. La necesidad de
mediciones externas y de objetividad dio importancia a los puntajes cuantitativos y llevó a
jerarquizar los indicadores como referentes fundamentales en la lectura de las técnicas
proyectivas. La búsqueda de recurrencias y convergencias intra e intertest se apoyó en lo
previamente establecido con el fin de lograr una integración diagnóstica que pudiera
considerarse válida y confiable.
El pensamiento racional trató de eliminar los efectos de la subjetividad en la lectura de los
datos y eludir procesos temporales que alejaran el conocimiento de los postulados que
establecían el carácter universal de las leyes. Su efecto sobre la práctica era limitante para
el psicólogo clínico si quería comprender lo que singularizaba la producción del sujeto.
Tampoco podía desconocer las transformaciones en el tiempo si deseaba descubrir lo
nuevo no contemplado por el saber previamente establecido.

4
En las últimas décadas, el Psicodiagnóstico ante el “borde” 3 que planteaba su sistema
conceptual ha tenido que revisar sus premisas y abrirse a las nuevas opciones que brinda el
pensamiento de la complejidad.
Para abordar la realidad sin simplificarla, se hizo necesario abandonar los procesos lineales
y las categorías dicotómicas (objetivo-subjetivo, normal-patológico, verdadero-falso, etc) y
se incluyó el tiempo como una propiedad de la naturaleza que da lugar a fenómenos de
inestabilidad e irreversibilidad. Ilya Prigogine, destacado pensador (premio Nobel de
química 1977), va a sostener que “el tiempo es un elemento fundamental –y fundante- de
la naturaleza porque sin su rol constructivo no se podría pasar de un nivel de organización
al siguiente”.4 Descubrió que no sólo las formas vivas actúan alejadas del equilibrio
molecular sino que existe energía fluctuante que genera formas espontáneas en la física y
en la química a las que denominó estructuras disipativas5.
Prigogine conjuga todas las ciencias y realidades a través del tiempo, va a decir que la
brecha que existía con las ciencias sociales obedecía a que el tiempo era considerado
construcción del hombre y no propiedad de la naturaleza. Desde su posición que el mismo
denomina indeterminista, cuestiona a fondo la física clásica y sus derivaciones filosóficas. El
tiempo del devenir histórico y de la evolución (ya no el tiempo cronológico o absoluto de
Newton) es junto con el azar la categoría más fértil para pensar la realidad. Las nuevas
técnicas matemáticas que permiten describir fenómenos no lineales, la topología y la
matemática fractal son nuevas herramientas que ofrecen modelos para enriquecer el
lenguaje de todas las ciencias6. Pudo aceptarse como conocimiento legítimo lo borroso
(teoría de los conjuntos borrosos), lo ambiguo, lo paradójico, lo caótico (teoría del caos) lo
fluctuante, las relaciones dinámicas, los cambios que surgen de procesos aleatorios. El azar
ya no es un mero error o lo diferente que está fuera de la ley o la norma, tiene que ser
comprendido y valorado como principio impulsor del cambio.

La metáfora de estructura disipativa se trasladó a lo psíquico y a lo social y obligó a


repensar los presupuestos teóricos. En psicoanálisis la idea de determinismo inconsciente
tuvo que limitarse ya que si todo está determinado lo nuevo no existe en absoluto y se
niega la temporalidad de la vida psíquica. Las transformaciones del azar en la organización
del psiquismo pueden desarrollar potencialidades por el incremento de la complejidad. Se
tiene que pensar que estructura y acontecimiento ya no se oponen en la medida que una
fluctuación menor puede tener un rol esencial en la constitución de la estructura y en sus
transformaciones.

¿Cuáles son las repercusiones de este pensamiento en el campo de la evaluación y el


Psicodiagnóstico?

3
Najmanovich D. Los Bordes subjetivos y objetivos desde la complejidad. Rev.
Psicodiagnosticar. Vol. VI, Año VI, 1996.
4
Najmanovich D. Mirar con nuevos ojos. Ed Biblos 2008. El Sr. del tiempo. Entrevista a I. Prigogine.
5
Las estructuras disipativas están alejadas del equilibrio, fluctúan y se expanden para luego bifurcarse y dar
lugar a un orden nuevo más complejo. Rompen con la termodinámica del sistema cerrado abriendo la
posibilidad de la entrada de energía. Son estructuras paradójicas que sólo sobreviven si están abiertas y en
permanente expansión. Una estructura disipativa no emerge del tiempo, es tiempo.
6
Ver Silvia Pugliese: El Psicodiagnóstico ante los nuevos paradigmas. VIII Congreso Metropolitano de
Psicología.1995.
5
Si el conocimiento se abre a los cambios y a los procesos temporales tiene que dar
relevancia al orden de lo cualitativo (no sólo lo cuantitativo). Se requiere pensar las
producciones desde perspectivas múltiples que acepten la existencia de lógicas diversas y
admitir cambios que surgen de lo aleatorio. Las expectativas ligadas a la permanencia y
previsibilidad de los diagnósticos y pronósticos sufren modificaciones. Se vuelve un desafío
desentrañar lo aleatorio y el diálogo que se establece entre orden, desorden y
organización. El estudio de procesos de recursividad y auto-organización que dan lugar a
una mayor complejidad, ofrece nuevas alternativas para pensar las estrategias
terapéuticas7.
Por otra parte, si se acepta que el sujeto que conoce queda implicado en esa relación se
tienen que redefinir las categorías de objetividad y subjetividad 8 Lo objetivo es un producto
histórico de estandarizaciones perceptivas y cognitivas. Cuando estas ideas se cristalizan en
el tiempo devienen “naturales” porque se han invisibilizado sus condiciones de producción.
El conocimiento que emerge en la relación y considera el contexto actual ya no es objetivo
pero se podrán diferenciar aspectos objetivables -que remiten a referentes consensuados-
de aquéllos donde la subjetividad ha quedado más implicada.

Según las evaluaciones tomen en cuenta al pensamiento racional o al pensamiento de la


complejidad se privilegiarán las técnicas a utilizar, lo que va a considerarse dato
significativo y cómo se van a construir las hipótesis. No es lo mismo establecer hipótesis o
recurrencias a partir de datos aislados que hacerlo centrándose en las relaciones y en las
formas dinámicas de combinación de datos.

Se pueden realizar evaluaciones en base a técnicas “objetivas” –tal como sucede en las
evaluaciones neuropsicológicas- o hacerlo con técnicas interpretativas (proyectivas) que
trabajan con la producción de sentido.
En la actualidad, el campo de la evaluación ofrece un panorama muy amplio que excede en
mucho al psicodiagnóstico como estudio de la personalidad9
En cada aplicación se tendrán en cuenta los objetivos de evaluación y el marco teórico con
el que se va a trabajar

Modelos de evaluación en el ámbito clínico.

Los dos modelos más conocidos y usados en la clínica son la evaluación neuropsicológica y
el psicodiagnóstico.

La evaluación neuropsicológica encontró su campo de aplicación en la exploración del


funcionamiento psíquico que puede quedar afectado por alteraciones en el
funcionamiento del sistema nervioso.

7
Sobre este tema puede verse la perspectiva de neogénesis que plantea en tratamiento de niños Silvia
Bleichmar en Clínica Psicoanalítica y Neogénesis. Amorrortu. 1999.
8
Najmanovich D. Los bordes subjetivos y objetivos desde la complejidad. Rev. Psicodiagnosticar. Vol VI, Año
VI, 1986.
9
Ver Cassullo M. Teoría y Técnicas de evaluación psicológica. Psicoteca. 1991.
6
El avance de las neurociencias por un lado, y las teorías cognitivas por el otro, permitieron
desarrollar técnicas de evaluación capaces de revelar perfiles y patrones consistentes de
funcionamiento cognitivo.
Para el cognitivismo, las funciones mentales están constituidas por procesos y operaciones
relativamente simples que están interconectadas en virtud del tipo de procesamiento que
debe realizarse sobre la información. Por esta razón se han implementado técnicas
objetivas caracterizadas por su simplicidad estructural. Esta forma de evaluación permite
establecer el déficit de las funciones diagnosticadas, cuáles se mantienen conservadas y
hacer el seguimiento de los tratamientos de rehabilitación.
La aplicación de las técnicas conduce a resultados que dan respuesta a los objetivos de la
evaluación.
En la actualidad este modelo se encuentra en expansión ya que se considera importante
“la evaluación masiva de procesos cognitivos o afectivos para desarrollar estrategias de
intervención sobre factores de riesgo en los cuales la conducta humana está implicada, o
para la prevención secundaria en la cual se diagnostican problemas en estadios iniciales10”

Por su parte, el psicodiagnóstico, se ha centrado en el estudio de la personalidad y el


diagnóstico diferencial. Los nuevos paradigmas comenzaron a transformarlo redefiniendo
sus límites. Fue importante precisar en cada aplicación los objetivos de la demanda sin
confundirlos con su objeto de estudio. Si el objetivo es construir una hipótesis de
diagnóstico estructural, se trabajará con aquellas nociones teóricas que explican como la
estructuración psíquica se realiza.
La pluralidad de ámbitos desde donde puede pedirse un psicodiagnóstico obliga a
incorporar nuevos lenguajes con el fin de volver más operativos los informes.
Pensar las técnicas como modos de producción de sentido centrará su lectura en un eje
conductor: el que busca lo analógico en lo diverso, lo que se repite (recurrencias) pero
también lo que se transforma en el tiempo siguiendo formas verosímiles.
Trazar nuevos límites para producir sentido conlleva una enorme responsabilidad ética, se
sabe que se está implicado en el decir, lo que se informa cobra otra dimensión ya que los
juicios emitidos sustentarán las decisiones del demandante (juez, empleador, terapeuta) y
afectarán de algún modo la vida del evaluado.

El psicodiagnóstico puede ser entendido como una tarea de investigación a partir de la


trama de relaciones que se recogen con las diversas técnicas. En esta trama se buscaran las
marcas particulares del sujeto, aquéllas en donde su singularidad se deja ver. En el trabajo
de lectura con la producción se podrán establecer conjeturas e inferencias para explicar las
permanencias de un determinado orden o la repetición de configuraciones y modos de
actuar que surgen de las posibilidades propias de una determinada estructuración psíquica.
En otras palabras, diagnosticar consiste en ir construyendo hipótesis de los movimientos
que realiza el sujeto frente a las situaciones que le proponemos, hipótesis que tendrán en
cuenta sus modos de interpretar, de simbolizar y comunicar a través del lenguaje sus
vínculos con la realidad. A partir de lo investigado se elaboraran las estrategia de cambio o
se indicará la orientación conveniente.

10
M. A Alvarez y M. Trápaga Principios de Neurociencias para psicólogos. Paidós. 2008.
7
Es necesario aceptar el carácter probable de las predicciones que se establezcan. Si alguna
vez se deseo obtener conocimientos verdaderos que permitieran lograr predicciones
exactas hoy se es conciente de la relatividad de toda construcción diagnóstica ya que
siempre habrá aspectos no contemplados en la integración efectuada. Los juicios de
evaluación se sostienen en el discurso emitido y quedan abiertos a los acontecimientos
imprevisibles que el azar determine. Como dice Cristina Weigle 11, esto “impone una
dolorosa tolerancia a la ambigüedad, a lo inconcluso, a lo incompleto”

Lectura de textos complementarios.

 EL PSICODIAGNÓSTICO ANTE LOS NUEVOS PARADIGMAS. (Silvia Pugliese)


 LOS BORDES SUBJETIVOS Y OBJETIVOS DESDE LA COMPLEJIDAD
(Najmanovich D.. Rev. Psicodiagnosticar. Vol. VI, Año VI, 1996.

 COMPLEJIDAD Y RELATIVIDAD (Weigle Cristina)


 LA TRANSFORMACIÓN EN PSICODIAGNÓSTICO COMO CLAVE DE SU
HISTORIA (Alvarez N.)
 LA OBJETIVIDAD Y SUBJETIVIDAD EN EL PSICODIAGNÓSTICO (Burde L.)

11
Weigle C: el psicólogo evaluador en el campo laboral. Punto Sur. 1996.
8
Psicodiagnóstico Evaluación Neuropsicológica

Paradigma racional: Paradigma racional:


 Busca objetividad en datos cuantitativos  Identifica las variables a medir.
 Usa indicadores clínicos  Busca objetividad en los puntajes.
 Establece diagnósticos y pronósticos en  Implementa escalas y baremos de
base a juicios y predicciones confiables. referencia.
 Pensamiento analítico (opera separando  Pensamiento analítico (opera con la
unidades, describiendo, combinando descripción y comparación de las variables
datos). consideradas).

Objeto de estudio: Objeto de estudio:


La personalidad. (considerada como una Niveles de funcionamiento cognitivo enlazados
configuración única constituida a lo largo al funcionamiento del sistema nervioso.
del desarrollo individual).
Objetivos:
Objetivos: Identificar patrones de déficit y medir el grado
Describir y comprender la personalidad del de pérdida en funciones cognitivas. Evaluar
modo más completo posible. Incluye el procesos de recuperación a partir del
estudio del síntoma y aspectos presentes, tratamiento de rehabilitación.
pasados y futuros.
Dispositivo técnico:
Dispositivo técnico: Recurre a técnicas específicas de tipo objetivo.
Se recurre a una batería estándar. La mayoría son escalas que miden las funciones
Se puede incluir otras técnicas para explorar afectadas a través de puntajes.
algún objetivo específico.
Elaboración de datos:
Elaboración de datos: Se procesan los datos siguiendo las pautas ya
Se buscan recurrencias y convergencias establecidas en las distintas técnicas. Se
entre indicadores con la finalidad de aportar obtienen resultados comunicables.
evidencia a las hipótesis
Construcción diagnóstica:
Construcción diagnóstica: Da cuenta de los resultados obtenidos. El
Da cuenta de la personalidad en sus diagnóstico y pronóstico informa acerca de las
aspectos patológicos y adaptativos. El debilidades halladas y de las funciones que
diagnóstico incluye el pronóstico y la conservan sus potencialidades.
recomendación terapéutica.
Informe:
Informe: Se ajusta a los resultados obtenidos. Se da
Se lo ajusta al solicitante pero se lo redacta respuesta a la demanda en términos de
como si su validez fuera extensiva a otros interdisciplina
contextos

Psiocodiagnóstico Actualizado
9
Paradigma de la complejidad
-. El conocimiento se produce en la relación sujeto-objeto.
-. Importa el orden cualitativo
-. Se siguen procesos temporales y acontecimientos aleatorios
-. El pensamiento es complejo: opera con relaciones, secuencias de
datos y múltiples perspectivas.

Objeto de estudio
La estructuración psíquica como sistema abierto

Objetivos
Se establecen en la demanda

Dispositivo técnico
Se seleccionan las técnicas según el ámbito y los objetivos establecidos
en la demanda. Se pueden realizar cambios según la producción que
emerge.

Elaboración de datos
Se efectúan diversas lecturas. Se busca lo que se repite y lo que se
transforma en los textos. Es fundamental la búsqueda de lo analógico en
lo diverso.

Construcción diagnóstica
Establece cual es la estructura que organiza la trama de relaciones
donde la singularidad deja ver sus marcas, ya sean identificatorias o
efectos de acontecimientos vividos. Tiene en cuenta cómo responder a
los objetivos de la demanda.

Informe
Se ajusta el lenguaje al contexto de la demanda. Se informa sólo aquello
que es pertinente según el destinatario.

10
II. LA CONSTRUCCIÓN PSICODIAGNÓSTICA

Cuando se lleva a cabo la aplicación de un psicodiagnóstico, se lo entiende como un


proceso en el tiempo y descriptivamente se pueden destacan cuatro momentos. Si bien
están interrelacionados se los diferencia porque ayudan a pensar cómo desempeñar el rol
en los intercambios con el solicitante y el sujeto a evaluar.

1-. La demanda.
La aplicación de un psicodiagnóstico comienza cuando alguien lo solicita. El psicólogo tiene
que ubicarse frente a esa demanda teniendo en cuenta el ámbito (forense, clínico,
educacional, laboral) y el lugar que ocupa el solicitante (terapeuta, juez, pediatra,
empleador, etc.) También deberá conocer los motivos que llevan a pedirlo para establecer
los objetivos de la evaluación. En algunos ámbitos ya está incorporado explicitar los
motivos (puntos de pericia, perfil del cargo) y en otros tendrán que ser requeridos.
Conocer cuáles son los interrogantes que se desean resolver le anticipa al psicólogo lo
fundamental a explorar y lo que se espera del informe. Este último, debe resultar operativo
para quien lo recibe ya que siempre debe tomar decisiones en base a lo que allí se diga.
Tener claro de entrada quién pide, qué pide y para qué necesita esa información evita
sobreentendidos que luego interfieren en la buena comunicación con el solicitante y el
evaluado.
Otro punto que el psicólogo deberá considerar es si lo demandado está dentro de sus
competencias profesionales. No siempre lo que se pide y espera del informe está dentro de
las posibilidades de evaluación y deberá aclararse antes de aceptar realizar el
psicodiagnóstico.

2-. El encuentro con el evaluado


Consiste en varias entrevistas durante las cuales se aplican las técnicas y se efectúa –en
caso de que se haya pautado- una entrevista de “devolución” o cierre.
Existen pautas formales de inicio que establecen el encuadre de tiempo y espacio y otros
acuerdos contractuales. En el ámbito de la clínica tiene que explicitarse que no se dará
informe escrito al paciente sino una entrevista para los interrogantes que tenga. Esta pauta
no es rígida y el psicólogo puede cambiarla si lo estima necesario pero es conveniente
mantenerla para evitar que lo escrito se utilice de manera inadecuada. Puede suceder que
la palabra del psicólogo sea reinterpretada desde un punto de vista muy personal o que
sea usada con fines ajenos a los que promovieron su emisión.
El eje fundamental de este momento pasa por construir la relación que se va a ir dando a lo
largo de las entrevistas y que produce los textos (“protocolos”) surgidos del diálogo
establecido.
Es importante entender el encuentro como un acontecimiento 12 que provoca efectos en
ambos integrantes de la relación y que lleva a que lo que emerge como texto sea
entendido como co-producción. Deja en el psicólogo vivencias (contra-transferencia) que al
ser significadas facilitan la comprensión de lo intersubjetivo.
12
Kacero E: El Psicodiagnóstico como acontecimiento. Congreso Latinoamericano de Rorschach.
Montevideo. 2003.
11
3) El trabajo de lectura
En este momento el psicólogo se ocupa de leer los textos recogidos durante el encuentro
teniendo en cuenta el tipo de discurso que prevalece en cada técnica.
Los referentes teóricos y técnicos intervienen para darle sentido a la lectura. El eje
conductor es hallar lo analógico en lo diverso, descubrir lo que se repite en las distintas
técnicas, lo que se va transformado o lo que surge como disruptivo en determinado
momento.

4-. El informe
Los informes se ajustan a los objetivos planteados en la demanda y al lenguaje propio del
ámbito que lo requiere. El informe siempre tiene un destinatario y no está escrito para
aquellos terceros que, eventualmente, puedan acceder al mismo.
Es la ética la que tiene que regular los intercambios de este momento. Consistirá en
respetar las pautas acordadas que autorizan al psicodiagnosticador a trasmitir sólo la
información pertinente para cada destinatario. Al mismo tiempo tendrá que ser
responsable de los juicios de evaluación que emite. Será una cuestión crucial decidir qué
decir y qué callar pues no todo lo interpretado en los textos debe comunicarse.
Si se realiza una entrevista de cierre con el consultante se hará como un espacio para que
se plantee los interrogantes que tiene acerca de sí mismo. Los pacientes suelen plantear
que quieren saber los resultados de los tests porque ignoran que las técnicas de
interpretación carecen de resultados objetivos. Se tratará de que entienda mejor lo que le
pasa y que piense en alternativas que puedan ofrecerle cambios favorables.
Puede resultar iatrogénico darle informaciones que excedan su capacidad para tolerarla
por no estar en condiciones de integrarlas a su psiquismo.

Conceptos teóricos en la construcción psicodiagnóstica

Cuando el objetivo de la evaluación es un diagnóstico diferencial de estructura, ciertos


presupuestos teóricos son referencias ineludibles para organizar la lectura de los textos.
En primer término se destacará el presupuesto de la teoría psicoanalítica que sostiene que
el psiquismo humano tiene la potencialidad de irse estructurando en el tiempo. También
el que sostiene que representar es la función esencial. La teoría establece que la
constitución de categorías básicas del psiquismo, como ser la imagen corporal o la
articulación de la presencia-ausencia, son siempre producto de un trabajo de simbolización
que va entramando el cuerpo y los afectos con el lenguaje.

Introducir la temporalidad en la construcción del psiquismo obliga a considerar las


relaciones entre estructura y acontecimiento. Se piensa la estructura como lo que
permanece pero también como lo que puede cambiar. Si bien la constitución de las
relaciones básicas va a producir restricciones al despliegue de las potencialidades iniciales,
los acontecimientos actuales pueden reorganizar procesos en curso y abrir nuevas
posibilidades.

12
También se tienen que pensar las relaciones con la historia. Silvia Bleichmar 13 plantea
diferenciar lo histórico en su carácter estructurante del aparato psíquico de lo histórico
como encadenamiento lógico, temporalizado, de lo acaecido. Es decir, hay una historia
“acontencial” que produce la estructura y una historia relato que el sujeto recompone en
un segundo momento cuando se apropia de lo vivido y lo tematiza encadenándolo a sus
propias identificaciones.
El ser humano es historizante en el sentido de que necesita unificarse, comprenderse, dar
sentido a su vida o hacer que lo vuelva a tener algo que lo había perdido.
El yo tiene que sostener la vivencia de continuidad mediante las representaciones y sus
derivados. Es por la vía del recuerdo que los acontecimientos se ubican en el pasado o se
anticipan como probables en el futuro. Pero no todo lo vivido queda como registro de la
memoria, disponible a la evocación del yo, está la memoria que no se deja recordar porque
nunca ha sido olvidada. Lo inolvidable, lo no historizado, se va a imponer al yo como
repetición y para poderlo cambiar se tendrán que encontrar otros modos de ligazón y re-
simbolización.14
La historia es recuerdo pero, sobretodo, es creación y recreación donde lo significado en el
pasado puede volver a adquirir sentido en una nueva versión que incluya la perspectiva del
presente. Es el propio sujeto el que elige lo que se permite olvidar.
No todo lo que se olvida se repite y se puede repetir sin olvidar. Pero es fundamental que
la repetición no avasalle el presente, que lo vivido pueda ser significado y desactualizado
mediante el recuerdo que lo liga al pasado.

Estructura, acontecimiento e historia se articulan en la trama psíquica que tratará de leer


el psicodiagnóstico. Hornstein15 va a destacar que los acontecimientos no existen aislados
sino que forman nudos de relaciones al entramarse con el psiquismo previo. Pueden tener
un rol esencial en la constitución de la estructura, aportar a su complejización y abrir
nuevas posibilidades de historia o, por el contrario, producir deterioro o quiebre en la
estructura. Y esto es porque existen acontecimientos previsibles, que se esperan y que
cuando se presentan ponen al yo en contacto con la novedad. También existen
acontecimientos impensados que no tienen un lugar esperándolos en la trama psíquica, se
lo tienen que hacer, y si desbordan la capacidad del yo para contenerlos devienen
traumáticos; producen vivencias de estar a merced de algo extraño, ajeno y conducen a
instrumentar defensas primitivas que lo mantienen escindido de la estructura.

La historia que un sujeto puede contar trayendo a la memoria sus recuerdos disponibles y
armados en secuencias significativas, es lo que Piera Aulagnier consideró como carta de
identidad del psiquismo. Puede comunicar quién es, quién fue y quién desea ser hacia el
futuro.

13
Belichmar S. Repetición y Temporalidad: una historia bifronte. En temporalidad, determinación y azar.
Paidós. 1994.
14
En relación a las estrategias terapéuticas rescatamos lo que dice Piera Aulagnier. Según esta autora, el
movimiento de la cura consiste en transformar los documentos fragmentarios en una construcción histórica
que aporta la vivencia de continuidad temporal. Las identificaciones constituyen la cara oculta de este
proceso de historización que transforma el tiempo físico en tiempo humano. Se reemplaza así un tiempo
perdido definitivamente por un discurso que lo habla.
15
Hornstein L. Práctica Psicoanalítica e Historia. Paidós. 1993.
13
La capacidad de historizar y el manejo de la temporalidad son criterios de diferenciación
diagnóstica, indican el grado en que la identidad se ha integrado y cuáles son los recursos
del yo para simbolizar.
Cuando en la entrevista, el sujeto que se evalúa, puede establecer relaciones entre su
pasado y su presente para buscar sentido a lo que siente que le pasa, da pautas de que ha
ingresado en el proceso de historización y de que dispone de un discurso propio para
pensarse y anticipar cambios deseables. De lo contrario, la repetición compulsiva dejará
entrever el fracaso del significar y de la construcción de distancia psíquica con el otro.

En las técnicas que aplicamos, lo histórico queda mediado por la elaboración simbólica. El
trabajo de simbolización es requerido desde las consignas que solicitan al sujeto que
construya un sentido en relación a lo dado (la configuración visual de la mancha en
Rorschach o el espacio gráfico). Se podrán inferir las operaciones realizadas a partir de
cómo aborde la realidad que se le presenta y cómo le adjudique significados en la nueva
puesta de sentido. La representación formulada puede ser una metáfora lograda, en un
buen nivel de abstracción, o puede no alcanzar un grado suficiente de simbolización para
elaborar las diferencias mediante la palabra.
Todo trabajo de simbolización implica tanto la pérdida como la sustitución en un
movimiento flexible que relaciona y sostiene la ligazón con la figura a investir. Si el yo
puede movilizar procesos terciarios16 que articulen lo figurativo con la organización propia
de los procesos secundarios de pensamiento, la representación pondrá en juego un sentido
que puede comunicase y compartirse.
Es posible indagar en las representaciones obtenidas los puentes que se han construido
entre los acontecimientos vividos y la forma que se los significó. Elsa Grassano 17 sostiene
que cada producción proyectiva condensa, en un haz apretado, elementos históricos y
episodios vitales que es posible reencontrar como nuevas versiones del pasado personal.
Los hechos históricos están condensados en la estructura presente y su recorte y
diferenciación son factibles aunque no se los visualice de manera directa. Esto se da en las
neurosis y en algunos casos en las organizaciones límite. En las psicosis, el intenso ataque a
las funciones de contacto, vinculación y memoria determina una desorganización de las
delimitaciones temporales. La autora destaca la importancia de indagar estos episodios
históricos en tanto modelos de resolución de lo sucedido. Así por ejemplo, en el caso de
una pérdida se puede investigar qué grado de representación adquirió el objeto, como el
yo toleró la pérdida, qué huellas afectivas dejó la experiencia del dolor, qué detenciones o
desarrollos promovió.

Otro concepto teórico que se relaciona con la historia y la construcción de identidad es el


concepto de matriz identificatoria propuesto por Piera Aulagnier. Sostiene que la totalidad
del discurso familiar tiene una función identificante y que el yo se apropia de la misma
para inscribirse en un linaje.
Etel Kacero tomó la idea de enunciado identificatorio para mostrar la dinámica que se
puede dar en los intercambios del yo con otros significativos. Los enunciados

16
El concepto de procesos terciarios ha sido tomado de André Green.
17
Grassano E. Indicadores psicopatológicos en técnicas proyectivas. Nueva Visión. 1984.
14
identificatorios son juicios que atribuyen identidad a una persona y que al ser formulados
por un otro significativo afectan la imagen que el yo tiene acerca de sí mismo.

Desde otro punto de vista, se habla de ideología familiar 18 Esta remite a mitos y creencias
que determinan las formas de organización de los mensajes –lo que se puede decir y lo que
debe silenciarse- y que conducen a que cada miembro ocupe su lugar en la estructura. 19
Estas construcciones simbólicas permiten mantener los lazos de pertenencia familiar en el
tiempo ya que están destinadas a superar las contradicciones surgidas del recambio
generacional y los conflictos con las nuevas alianzas de pareja. También son necesarias
para ordenar acontecimientos deseables o traumáticos que suceden.
Los mitos son de carácter inconsciente y establecen la continuidad allí donde hay ruptura
simbolizando el conflicto para trasmitirlo a las nuevas generaciones. Operan como un
puente y cuando los padres no logran contener los conflictos provenientes de la
generación anterior, se los trasladan –con características patológicas- a los hijos. El síntoma
expresará el sin-sentido al aparecer como presencia disruptiva en relación al mito.
Las creencias son construcciones cognitivas basadas en la certidumbre, no aceptan dudas,
y proveen los argumentos para explicar hechos traumáticos o para adjudicar rasgos que
certifican el lugar asignado a cada miembro. En familias sin enfermedades graves, las
creencias hablan de hechos sobresalientes como marcas enaltecedoras que ayudan a
consolidar los vínculos de pertenencia. En cambio, la enfermedad, altera los vínculos, lleva
a escindir al miembro enfermo para quien queda impedida la salida exogámica.

En psicodiagnóstico puede ser importante profundizar en la entrevista la historia familiar


indagando sobre ciertos hechos que precedieron al sujeto y que le fueron contados de
cierto modo. También en las técnicas se puede indagar cómo ha quedado atravesado por
el discurso familiar que lo vuelve un portavoz de aquellas significaciones de las que es,
simultáneamente, su soporte. La técnica gráfica de la familia, aplicada con una consigna
que busque explorar los lugares en la familia de origen 20 resulta ser un instrumento valioso
para esta lectura.
Cuando en la entrevista se deja hablar al entrevistado espontáneamente, sin acotar su
discurso con preguntas puntuales, los enunciados identificatorios se ponen en evidencia.
Introducir la pregunta acerca de la aceptación del nombre propio y del conocimiento que
posee sobre su elección, aporta datos que, al articularlos con la trama del discurso, abren
la lectura hacia las dos operaciones que el yo debe realizar. 21 La primera es la de ser
portador del nombre que lo espera donde los otros inscribieron significaciones desde su
deseo y la segunda consiste en apropiarse del nombre para que se vuelva soporte del yo.

18
Vease Korrnblit A. semiótica de las relaciones familiares. Paidós 1984.
19
La familia se define como una estructura de lugares que incluye relaciones con significados precisos
(relaciones de parentesco). Cada grupo familiar realiza la trascripción de la estructura que provee la cultura
adjudicando a cada miembro un lugar en la misma.
20
Existen distintas consignas para el dibujo de la familia que exploran cuestiones diferentes. Corman utilizó el
pedido de una familia cualquiera pensando en potenciar lo proyectivo y complementarlo luego con un
inventario de preguntas. En la familia kinética se enfocan los roles y las interacciones entre los miembros. La
consigna de Porot “Dibuje a su familia” parece ser la más indicada para hacer inferencias sobre la estructura
de lugares pactada en la familia.
21
Berenstein I. Psicoanalizar una familia. Paidós. 1990.
15
“Un nombre –dice Juan Tesone22- nunca es indiferente implica una serie de relaciones entre
el que lo lleva y la fuente de la cual procede”. Siempre hay una elección singular, más allá
que se desconozcan los motivos que la determinan, que le imprimen al nombre el sello de
lo familiar. Este autor considera que cuando se produce un síntoma en un niño, se lo
debería considerar como un criptograma a descifrar para liberar un punto de anclaje que
obstaculiza la asunción de la propia subjetividad.
En el trabajo con adultos consideramos importante relacionar la apropiación del nombre
con los procesos de historización y el trabajo psíquico que llevó al sujeto a re-significar las
identificaciones secundarias durante la conflictiva adolescente.
Otro concepto teórico clave en la interpretación de las técnicas es el de imagen corporal. 23
Se trata de una categoría básica del psiquismo cuya apropiación por parte del yo le provee,
al igual que el nombre, un sostén donde apuntalarse.
Sin la constitución de la imagen corporal, el yo no puede ingresar en el espacio imaginario
que abre para el niño el camino de la simbolización. En las técnicas que trabajan con el
lenguaje de imagen (gráficos, Rorschach) es el referente para leer cómo se ha investido la
figura y cómo ha quedado diferenciada en el espacio y en el tiempo.

Lectura de textos complementarios.

 LOS ENUNCIADOS IDENTIFICATORIOS. (Etel Kacero)


 PSICOANALIZAR UNA FAMILIA, Cap. IX. (Berenstein I).
 PRACTICA PSICOANALÍTICA E HISTORIA (Hornstein L.)

Tesone J. En las huellas del nombre propio. Letra Viva. 2009.


22

Véase Alvarez Nélida. El cuerpo en la clínica. Potencialidad y déficit de la imagen corporal. 3er. Encuentro
23

Nacional de Intercambio Científico de Psicología. Santa Fé 2009.


16
III. La lectura de los textos y la construcción de hipótesis

El Psicodiagnosticador opera con un


pensamiento integrador cuando reconstruye
circuitos que, al articular sentidos, permiten
captar una subjetividad que se ha unificado a
partir de sus propios códigos.

Una vez aplicadas las técnicas, comienza el trabajo de lectura del psicólogo para procesar
las producciones y poder arribar a juicios clínicos24 o de evaluación.
La formulación de hipótesis y la búsqueda de evidencias que la sustenten ha sido siempre
el eje conductor de esta tarea. Roy Schafer propuso criterios para asegurar la validez de las
hipótesis interpretativas.25 Este autor va a señalar que no deben construirse en base a
datos aislados sino que es necesario encontrar la evidencia suficiente que se logra con la
convergencia de varias líneas de elaboración asociativa. Para establecer inferencias se debe
disponer de un conjunto de relaciones surgidas de los datos significativos. También
destacará que el peso de un dato varía según sus relaciones con otros y que tendrá que ser
evaluado en relación a la estructura psíquica del sujeto y no al impacto que produce en el
intérprete.

En la práctica, cada psicólogo deberá resolver, teniendo en cuenta el contexto, la cuestión


de cómo aplicar esta metodología.
Desde el pensamiento racional se apeló al análisis como un modo de recortar datos para
luego compararlos y detectar recurrencias entre las técnicas. Los indicadores a las mismas
serían un puente entre el sujeto, comparado con otros, y su producción. Se trata de un
modo de abordar las técnicas que en la actualidad reconoce muchas restricciones. Sin
embargo el peso del análisis, como forma de iniciar la lectura, sigue siendo muy fuerte y
puede volverse un obstáculo a la hora de integrar el sentido. Así como heredamos la
dinámica mecánica de la Física, también heredamos el dividir y aislar para analizar mejor.
Pero para integrar –tal como sostiene Lidia Balatti26- hay que hacerlo a partir del todo; nada
puede ser comprendido aisladamente y es por eso que se requiere del pensamiento
integrador que es el modo creativo de generar algo nuevo.
Dicho en otros términos, no basta con encontrar lo ya dado sino que hay que generar
nuevos modos de producción simbólica a través de la interpretación. La nueva producción
no se encuentra en cada elemento analizado sino en los nuevos puentes simbólicos y en su
combinatoria.
Las producciones del sujeto serán consideradas textos. El texto es un discurso que por
estar situado permite al intérprete leerlo. Sus componentes están enlazados de modo
peculiar y constituyen un entramado de relaciones que se tratarán de volver legibles.
24
Véase Leibovich de Duarte A. El problema del juicio clínico. Congreso Internacional de Rorschach. Rosario.
1980.
25
Schafer R. Psychoanalytic Interpretation in Rorschach. Gruñe & Stratton. New York. 1958.
26
Véase Ballatti L. El Estallido de la Integridad. Psicoevolución. 1994.
Alvarez N. Lectura Integradora en la Construcción Psicodiagnóstica. IV Congreso Nac. de Psicodiagnóstico.
Salta. 2000.
17
Existen diversas formas de lectura para abordar un texto: la mayéutica, la hermenéutica, la
deconstructivista, la semiótica, etc.27
En psicodiagnóstico se introduce siempre al menos dos lecturas. La primera trabaja con el
registro de lo explícito, qué dice y qué muestra el sujeto. La segunda profundiza en los
implícitos de la comunicación y es el intérprete quien organiza el sentido al articular lo que
se dice con lo ya dicho y con lo no dicho en cada secuencia. En los gráficos o en Rorschach
la articulación trabaja con lo que se muestra de las figuras y lo que se omite de las mismas
y también con las contradicciones entre el decir y el hacer.

Para abrir las lecturas de la entrevista 28 se pueden tener en cuenta algunas preguntas
claves cuyas respuestas ayudan a formular las hipótesis.

 ¿Cómo se inicia la entrevista? En la consulta se suele comenzar por lo que motiva el


encuentro. El sujeto, en su calidad de paciente, habla de lo que le pasa y mientras lo
hace va dando cuenta de cómo son sus vínculos o de cómo está organizada su vida
actual. Cuando la entrevista se realiza con un sujeto voluntario a quien se pidió que
hable de sí, lo que está en primer plano es la identidad. Se verá cómo se presenta,
quien dice que es. A veces la formulación incluye el “soy” indicando un enunciado
identificatorio. Otras veces, se enfatiza el tener o los estados que se están
transitando (“estoy estudiando”, “estoy en pareja”).
 ¿Sostiene la palabra en el tiempo? Si el sujeto dispone de un discurso propio va a
desplegar un relato para hablar de sí, de lo contrario, necesitará que el otro lo
apoye y le pregunte. Si esto sucede dejará de organizar su palabra para limitarse a
responder a la pregunta que se le hace.
 ¿El yo asume la conflictiva actual? Se registra cuando el entrevistado puede hablar
de lo que le pasa, de lo que desea cambiar y de lo que le impide lograrlo. Intenta
dar explicaciones, reconoce la ansiedad, lo que no alcanza a entender, busca ayuda.
 ¿Puede tomar distancia en el tiempo? Se registra cuando puede diferenciar quien es
de quien fue y puede integrar aspectos del pasado al presente dándoles nuevos
significados.
 ¿Cómo son sus vínculos en lo familiar y en lo social? Es importante ver si ha podido
tomar distancia con la familia de origen o ha quedado trabada la salida exogámica.
Ver qué vínculos funcionan como apuntalamiento del yo. Ver si existe capacidad
para abrirse a nuevas relaciones en lo social.
 ¿Cómo se proyecta hacia el futuro? Si el sujeto se visualiza como un yo en devenir
anticipará cambios deseables y buscará armar proyectos factibles de realizarse.
 ¿Existen acontecimientos vividos que pueden estar afectado el presente. Se tratará
de ver cuál ha sido la respuesta a los mismos.
 ¿cuál es la imagen de sí que muestra? Registrar si es la misma a lo largo de la
entrevista o sufre variaciones y en relación a que ámbito.

27
Véase Saurí J. Lecturas de la Psicopatología. Ed. De Belgrano 1992.
28
Véase: Alvarez N. La entrevista y sus lecturas.
18
En los textos que trabajan con la imagen (gráficos, Rorschach) es un tema crucial cómo
situar la mirada para que la misma no quede secuestrada por la norma. Es necesario
interrogar la imagen para romper la ilusión que se instaló en nuestra cultura de que es un
discurso transparente que “lo muestra todo” cuando en realidad encubre sus condiciones
de producción.29 Existen estrategias para que la imagen trasmita sentido que se relacionan
con su modo de realización.30
En psicodiagnóstico es muy fuerte la tendencia a aplicar, casi automáticamente, los
parámetros que desde Hammer31 se conocen y que utilizan significaciones fijas. En
Rorschach, las transformaciones que el sujeto imprime a la mancha pueden quedar
encubiertas por la palabra, sobretodo en respuestas muy comunes, si el psicólogo no
indaga bien lo que se dice que ve.
Es fundamental pensar cada imagen, desmembrarla en sus planos 32 (no en las partes de la
figura), des-condensar las significaciones allí donde aparecen y ponderar el peso de lo que
no se muestra. Lo omitido en la imagen puede responder a una operación retórica propia
de este lenguaje que necesita omitir para enfatizar otro aspecto (Ej. si la figura humana
está de perfil no muestra ciertas partes que aparecen si está de frente). También puede
expresar las dificultades del yo para modular el impulso y organizar la forma (Ej. dibujo con
el entramado roto) o alcanzar la significación de lo que se llama “negatividad figural”. Aquí
lo que pesa es lo que está ausente como producto de la des-investidura de la figura. El
siguiente ejemplo es elocuente.

Al mirar este gráfico, el lector registra como significativo un lugar vacío que genera tensión
y que puede significar como que a la casa le falta el techo. Si continúa con la exploración de
la imagen puede buscar su posible desplazamiento o interpretarlo como un área des-
investida en la figura.

29
Véase Sercovich A. El discurso, el psiquismo y el registro imaginario. N. Visión. 1977.
30
La imagen simbólica organiza el sentido en relación al eje vertical, lo de arriba tiene valor distinto a lo de
abajo y toma como referente la imagen del cuerpo humano. La imagen realista organiza la profundidad
(perspectiva) para la mirada del espectador y requiere de su complicidad para reconstruirla imaginariamente.
En la actualidad la imagen digital la despoja de estos anclajes cultivados por la imagen gráfica fija.
31
Hammer, E. Test Proyectivos Gráficos. Mexico. Paidós. 1989.
32
Esta operación es consecuencia del hecho que el espacio gráfico es bidimensional mientras que el objeto de
la representación posee tres dimensiones.
19
En este caso la hipótesis puede ser que el techo se ha desplazado al área de la ventana
condensando allí una doble figura: ventana-techo, cada una de las cuales puede
obstaculizar la función de la otra. La operación que el yo ha realizado podría ser expresión
de sus dificultades para mentalizar.

Destacaremos en la lectura de la imagen algunas preguntas claves:

 ¿Cómo aparece la imagen en una aproximación inicial? Puede aparecer con


elaboraciones que la personalizan, con demasiado ajuste a lo convencional o
con un déficit en su realización.
 ¿Cómo se estructuró el espacio al ingresar la/s figura/s? Esta lectura es
fundamental para hacer inferencias acerca de la estructuración del psiquismo.
 ¿Cómo se invistió o des-invistió la figura?
 ¿Se trata de una producción simbólica lograda en el nivel metafórico?

En técnicas gráficas, el psicólogo selecciona en cada aplicación una serie de dibujos que
solicitará a través de consignas. Crea de esta manera una secuencia. En el TAT o en
Rorschach la secuencia viene determinada por el orden, ya fijado, de presentación de las
láminas. Según la secuencia de gráficos que se solicitó es necesario pensar:

 ¿Cómo se presenta en la primera producción gráfica? Relacionar con el modo


como se presentó en la entrevista.
 ¿Cuales son las cadenas asociativas que prevalecen en el encadenamiento
imaginario que sigue la secuencia?

Para las figuras más utilizadas en el psicodiagnóstico hay también preguntas específicas:

En la casa las preguntas fundamentales son:


 responde al estereotipo, es una simplificación del mismo o es un diseño más
personal;
 tiene representada la interioridad o es una casa fachada;
 sí tiene interioridad, cómo son las articulaciones entre el adentro y el afuera
(puerta, ventanas, camino, chimenea, antena etc.);
 está representado el espacio extra familiar, qué características tiene.

Para el árbol se pregunta:


 responde al estereotipo, está simplificado en su diseño o tiene una elaboración
personal;
 da cuenta de su arraigo a la tierra;
 cómo creció (está ramificado, tiene frutos, está estable, torcido, tiene marcas de
acontecimientos);
 qué potencial de crecimiento tiene;
 según las asociaciones verbales, cómo se imagina el lugar en el que está
plantado.

20
Para la figura humana se pregunta:
 está elaborada o es esquemática;
 cómo es la postura de la figura;
 qué grado de humanización presenta;
 cómo son sus relaciones con el entorno (por la mirada, por el movimiento, por
la expresividad).

La prueba de Rorschach trabaja fundamentalmente con dos lecturas: la que surge de las
relaciones y fórmulas establecidas en el psicograma y el llamado análisis secuencial que se
centra en el discurso emitido a lo largo de las diez láminas. Dado que el discurso en
Rorschach incluye muchas operaciones que lo vuelven heterogéneo (la palabra, la imagen
dada, la transformación de la interpretación, las acciones que permiten localizar) su lectura
se puede realizar desde múltiples perspectivas.

Ejemplificación

Se ha elegido para esta ejemplificación seguir las operaciones de simbolización que


permiten establecer inferencias sobre la capacidad del yo para tolerar pérdidas, aceptar
cambios, procesar los efectos de la frustración. Se hablará de trastornos de simbolización
cuando surgen fallas en el pensamiento, no se diferencia fantasía de realidad o cuando el
acto predomina sobre la palabra.
En primer término, se ilustrará con la técnica de La persona bajo la lluvia, y luego con la
prueba de Rorschach.

La consigna “dibuje una persona bajo la lluvia” invita al sujeto a ingresar en una escena
imaginaria que plasmará como representación en el espacio de la hoja de papel. En dicha
consigna se le explicita cual deberá ser la relación entre la persona y la lluvia.

Conviene recordar que cuando el niño aprende a contextualizar la figura humana en el


dibujo, la ubica entre la tierra que la sostiene y el cielo que resulta inaccesible. La lluvia
altera este orden espacial al ser agua que cae del cielo y afecta a la persona según los
afectos que movilice. Puede significar tanto una bendición como un ataque al cuerpo físico.
Por otra parte, el sujeto tendrá que disponer de una imagen corporal bien simbolizada para
ingresar en la escena y luego poder salir de la misma, es decir poder moverse en tiempo y
espacio.

Figura N° 1

El dibujo ha sido realizado por una joven de 15 años que está en duelo por la muerte de su
padre.

21
La imagen muestra como significativo:
 está elaborada de modo personal;
 el espacio ha sido estructurado como escénico siguiendo las reglas de la imagen
simbólica que ordena el sentido a partir de la vertical;
 se destacan como datos de peso que singularizan la producción: 1) la presencia del
sol entre las nubes y 2) la falta de distancia entre las figuras (persona, árbol) y la
representación del cielo, es como si este último tuviera demasiada presencia, en el
sentir y en las fantasías movilizadas en la joven.

En otros términos, se puede reconocer el esquema gráfico que sitúa a la persona entre el
cielo y la tierra pero con distancias emocionales y no racionales. El sol se muestra entre las
nubes que parecen estar disipándose lo que da a la lluvia el significado de un
acontecimiento pasajero. El relato que acompaña al dibujo expresa la capacidad del yo
para tolerar pérdidas anticipando cambios más favorables. Ha escrito:

“El chico estaba triste porque los papás eran pobres. Pero un día cuando estaba lloviendo
salió a ver y se dio cuenta que detrás de todas las nubes el sol estaba saliendo, estaba
asomándose y se dio cuenta que la lluvia estaba parando. Entonces él se puso a pensar y se
dio cuenta de que detrás de toda tormenta siempre va a estar el sol”.

En este ejemplo se ha podido diferenciar y anticipar lo que permanece (sol) más allá de lo
acontece en el presente. La necesidad de elaborar lo perdido, sin negar los afectos que
moviliza (el niño estaba triste), conduce a buscar un cambio esperanzador. Ha tratado de
poner límites para acotar los efectos del duelo y que el yo pueda asumirlo.

Figura N° 2
22
El gráfico ha sido realizado por un joven de 20 años, deprimido porque cree que Dios le dio
vocación por el arte pero no los recursos para ser un gran artista. Comenta de su dibujo “Es
Adán, lo agarró la lluvia”.

Destacamos como significativo en este gráfico:


 La imagen se muestra elaborada de un modo personal.
 El espacio da lugar a una escena que muestra una persona que expresa
dramáticamente su posición en ella. El contexto está parcialmente representado ya
que sólo se muestra la lluvia que cae sobre el personaje.

Si se tiene en cuenta que el joven dice que la lluvia “lo agarró” podría pensarse que la
consigna movilizó sentimientos de estar atrapado en la situación. El yo ingresó en la escena
imaginaria pero el cuerpo queda invalidado para realizar el deseo. Es también lo que
formula como su conflicto actual donde lo que le llegó del cielo (lo que Dios le dio y no le
dio) lo frustra y no le permite encontrar una salida.

Puede resultar interesante comparar este dibujo con uno anterior donde también el
personaje dibujado fue nombrado como “Adán”. La comparación va a destacar el llamativo
cambio en la postura corporal. La persona bajo la lluvia se muestra más activa, dato que
puede ser positivo porque rompe con la inercia temporal. Sin embargo su actuar expresa
más la “desesperación” que la posibilidad de darle un buen cauce a su accionar.

23
También se puede decir que el yo dispone de recursos cognitivos ya que sus figuras están
bien realizadas pero no puede producir las simbolizaciones que le permitirían tramitar la
conflictiva actual que lo perturba.

El siguiente ejemplo muestra que el sujeto presenta trastornos en el proceso de


simbolización debido a que la figura no ha sido humanizada y prevalecen procesos de
desligadura que afectan la articulación del sentido.

Figura N° 3

24
La figura humana ha sido reducida a un esquema de repetición automática que no permite
que el sujeto se identifique con un personaje. Está conectada33, sin diferenciar, a lo que
parece ser un paraguas y carece de todo intercambio con el entorno.

En la prueba de Rorschach se enfrenta al sujeto con una configuración visual que, por un
lado, favorece las operaciones de sustitución y por otro, requiere desestructurar lo dado
para construir nuevos sentidos. Dependerá de la estructura psíquica tolerar la pérdida de la
forma y generar nuevas posibilidades.
En cada interpretación formulada por el sujeto se podrá estudiar el trabajo de
simbolización realizado y diferenciar cuando la representación quedó ajustada a lo
consensuado, cuando los trastornos simbólicos se expresan en desajustes y relaciones
arbitrarias y cuando los procesos terciarios singularizan la producción.

Se ejemplificará con la lámina III que favorece la interpretación de personas en interacción.


Se podrá establecer si el sujeto puede o no organizar una escena, cómo se ha proyectado la
imagen del cuerpo y cómo la elaboración del conflicto se expresa en la representación 34.

Una respuesta que diga que son “dos mujeres que están cocinando en una olla”, organiza
una escena entre tres figuras y responde lo consensuado

Si el sujeto no puede encontrar nexos para dar forma e integrar la imagen del cuerpo, el
sentido quedará alterado como en la siguiente formulación:

Esta parte (señala D gris inferior) parece un útero con los ovarios. Esto dos pies
enfrentados. Acá dos cabezas.

33
La simbolización no responde al trabajo de la metáfora sino que la vinculación está centrada en la fusión o
en una conectividad azarosa que responde a otro nivel de funcionamiento del psiquismo donde prevalece el
accionar y/o la lógica autista.
34
Los ejemplos que se dan pertenecen a mi libro Lectura de las respuestas al Rorschach. Ed. Biebel. 2010.
25
Resulta significativo como el cuerpo ha quedado fragmentado: arriba quedan las cabezas,
abajo los pies y todo el resto está escindido. La representación de un órgano interno
acentúa la fragmentación.

En cambio, cuando se registra una representación con elaboraciones singulares de la


escena, los procesos de simbolización responden a la necesidad de tramitar lo conflicto.

Parecen dos mozos sirviendo una mesa, les veo la pechera, de perfil, parece que llevan una
bandeja acá en el centro y parece que hay algo comestible sobre la bandeja podría ser un
trozo de carne. Tienen barba y unos zapatos como de taco fino de mujer.

RT: dos mozos sirviendo una mesa,) agachados, con la cola hacia atrás y las piernas hacia
delante sosteniendo la bandeja, sobre la bandeja habría carne (¿?) cintura, zapatos con
taco, delantal, pechera, cuello, cabeza (idea de mozos?) pienso que por el delantal, dos
mozos vestidos de etiqueta, más que mozos como sirvientes por la actitud de que juntos
están sirviendo una mesa (donde vería el delantal?) donde no hay nada, atado atrás
(carne?) no sé, dije carne por el color pero un poco no tiene sentido que lleven carne sobre
la bandeja (mesa?) está tapada por la bandeja, estas dos, son manchas superpuestas a la
mesa... parece que fuera algo que los mozos tuvieran de la mano como una bolsa.

La paciente, una joven de 20 años, comienza formulando la escena habitual donde las
personas, identificadas como “mozos”, están sirviendo una mesa. A medida que recorre las
distintas partes de la mancha, la imagen se carga de significados cada vez más personales
que muestran las contradicciones ligadas al cuerpo y a la identidad.

26
La lectura que realice el especialista tendrá que des-condensar esta producción para
entender de otro modo el sentido de lo trasmitido. Comenzaremos destacando lo más
significativo:

 Los mozos están preparando la mesa para un huésped ausente en la escena. Es


decir, el deseo se dirige hacia un tercero próximo a llegar.
 La identidad de los personajes no se reconoce claramente en el discurso porque la
barba destaca su masculinidad pero tienen zapatos de mujer. La “pechera” oculta el
área de los senos y el “delantal” el área genital. Su vestimenta encubre su posición
social ya que están vestidos de etiqueta pero son meros sirvientes con delantal.
 La paciente percibe el espacio (el delantal “está donde no hay nada”) y es conciente
que introduce límites imaginarios para crear nuevos objetos. Estos agregados
pueden considerarse desplazamientos de sentido tal como ocurre en los procesos
oníricos. Avala esta idea su comentario espontáneo indicando que –desde lo que
sería la lógica racional- no tendría sentido llevar carne en bandeja a una mesa.

La lectura interpretativa puede avanzar si se interroga el dato más enigmático: por qué el
espacio central está ocupado por objetos que fusionan los planos si la paciente parece
disponer de recursos para organizar la profundidad. La hipótesis es que los mozos quedan
unidos en el espacio por los objetos para impedir un mayor acercamiento corporal.

Volviendo a la escena, se comprueba que el espacio de interacción potencial de las figuras


queda acotado a los rostros ya que por debajo de la bandeja no es posible el contacto.
Pero “la carne” reaparece en la bandeja bajo la apariencia de algo comestible. Esta idea es
vivida por el yo como algo extraño. Podemos suponer que el conflicto se da entre el deseo
de lograr una relación “carnal” y la represión del mismo. También surgen fantasías con
alguien por llegar que crea expectativas de cambio en el tiempo.

27
Estos ejemplos muestran como las técnicas proyectivas permiten acceder a los modos de
producción de sentido y registrar la disponibilidad representativa actualizada al adjudicar
significaciones. Al integrar en la lectura la producción total se podrá evaluar las
potencialidades simbólicas y los trastornos que afectan el trabajo de simbolización.

Después de la lectura de los textos será necesario pensar el diagnóstico diferencial. Este va
a requerir de la elección de criterios clínicos y un modo de pensar el psiquismo en salud o
cuando ha quedado afectado por la enfermedad.

Lectura de textos complementarios.

 CRITERIOS PARA JUZGAR LA ADECUACIÓN DE LAS INTERPRETACIONES (Roy


Sachfer)
 LA ENTREVISTA Y SUS LECTURAS (Alvarez N.)
 TECNICAS GRAFICAS EN PSICODIAGNOSTICO (Alvarez N)

28
IV. El diagnóstico diferencial de estructura

En el ámbito de la clínica, la consulta que realiza el paciente está centrada en el malestar


que lo aqueja y que desea aliviar. En algunos casos este malestar se liga claramente a un
conflicto reconocido por el yo que lo moviliza a buscar ayuda. Otros pacientes adjudicarán
lo que les pasa a problemas en el vínculo con un otro o al hecho de que han sufrido algún
acontecimiento perturbador.

Los interrogantes que plantea toda consulta serían:


 Qué le está pasando al paciente.
 Cómo avanzar en la comprensión de lo que pasa.
 Cómo producir cambios favorables.

Será el diagnóstico diferencial el que contribuya a esclarecer estos interrogantes. Para ello
se parte del supuesto de que el psiquismo, al irse estructurando en el tiempo, da lugar a
organizaciones estables y a modos de funcionamiento sostenidos por los sistemas
defensivos. La estructuración es producto de los acontecimientos vividos que se fueron
entramando y cuyas marcas se expresaran en los discursos que recogemos al aplicar las
técnicas de evaluación.
El psicodiagnóstico buscará, por un lado, inferir cual es la estructuración estable del
psiquismo y, por otro lado, comprender la dinámica de la conflictiva actual en sus aspectos
singulares.
Es decir, el rótulo que dice que la estructura es neurótica o psicótica no es una meta en si
misma. Para que el diagnóstico sea operativo y permita tomar decisiones tendrá que
considerar otros ejes relacionados con las circunstancias que viven los sujetos evaluados y
los condicionamientos que atraviesan su historia. Si “pronosticar” es imaginar lo posible, el
diagnóstico deberá abrirse al potencial de cambio que presenta el psiquismo y que le
permite al yo visualizarse en devenir, sobretodo, porque los cambios en el tiempo quedan
restringidos por los procesos patológicos.

Existen una serie de presupuestos que es necesario explicitar antes de trabajar con el
diagnóstico35 debido a que los sistemas referenciales son siempre claves para organizar la
interpretación. Las ideas acerca de la salud y la enfermedad 36 juegan un rol importante en
la construcción psicodiagnóstica y dependen de la concepción antropológica elegida y de
las categorías psicopatológicas que se consideren.

Para diferenciar los aspectos saludables de los patológicos se puede apelar a los siguientes
ejes que facilitan su ordenamiento cualitativo:
 Capacidad para participar y comunicarse versus retracción, incomunicación.
35
Se ha mencionado la importancia de la complejidad y sus categorías como concepción científica válida para
conocer en las ciencias humanas. También habrá que considerar los modelos del psiquismo que se deriven de
dicha concepción.
36
Lidia Ballatti sostiene que la integración a nivel psíquico presupone una concepción de salud y de
enfermedad. Cuando una parte se aísla de un todo, queda enajenada y se desprende significativamente del
sentido de ese “todo”, se automatiza y realiza una vida anómala siguiendo leyes propias al margen del código
de la totalidad. Veáse su libro: El estallido de la integridad. Ed. Psicoevolución. 1994.
29
 Capacidad para reorganizarse de modo flexible versus rigidez, incapacidad de
cambiar.
 Capacidad de satisfacción por los logros versus incapacidad de logros o de
satisfacción en los mismos.

Siguiendo estos ejes se puede decir que cuanto mayor sea la capacidad que tiene un sujeto
para establecer vínculos, investir metas, poder reorganizarse ante acontecimientos
perturbadores y obtener satisfacción de los logros alcanzados, más aspectos saludables
presenta. A su vez, la patología interfiere con todo tipo de intercambio social, y conduce a
la repetición de modos cristalizados de actuar que impiden la adaptación a los cambios. Al
no poder abrir alternativas ante lo nuevo del contexto actual, no se alcanzan las metas y la
frustración aumenta la retracción e intensifica los procesos regresivos. Cuando la patología
es grave se asiste a la alteración de las representaciones simbólicas y al retorno de un
pensamiento concreto.
En otros términos, podemos decir que lo patológico se expresa en lo escindido. En lo fijado
en el tiempo y en la existencia de deseos que no anclan y no hacen lazo con el objeto.

Uno de los autores que propuso el diagnóstico estructural y otorgó importancia a la


aplicación de técnicas proyectivas ha sido Otto Kernberg. Para este autor se pueden
diferenciar clínicamente 3 estructuras de personalidad: neurótica, psicótica y borderline.
Un aporte fundamental es su idea de profundizar en el psiquismo para diferenciar entre el
funcionamiento neurótico y borderline recurriendo para ello a las técnicas diagnósticas.
Estas son las que permiten remover los recursos adaptativos que pueden prevalecer en la
entrevista. Su enfoque establece una valiosa articulación entre la teoría psicoanalítica de
las relaciones objetales, la psicopatología y el diagnóstico.
Los criterios de diferenciación clínica que estableció son otro valioso aporte que encontró
amplio consenso en los psicodiagnosticadores 37. Estos criterios permitirían, según
Kernberg, establecer “una secuencia que va de la normalidad neurótica a la psicosis con
grados intermedios, variables de mayor o menor perturbación”38. Serían:

1. la prueba de realidad: permite diferenciar la psicosis ya que es la estructura en la


que no está conservada.
2. las operaciones defensivas: diferencia las más primitivas basadas en la escisión de
las más elaboradas basadas en la represión. Esta última diferencia a la neurosis de
las otras dos estructuras.
3. la integración de la identidad: lograda en la neurosis, difusa o con escisiones en el
borderline y fallida en la psicosis.
Actualmente la categoría psicopatológica de borderline o fronterizo tiene amplia
aceptación y obliga a redefinir el diagnóstico que, con anterioridad, se basaba en la
diferencia básica entre neurosis y psicosis. De esta etapa existen trabajos de enorme valor
clínico que proporcionaron parámetros para leer las técnicas. Nos parece importante
considerar dos de estos autores.

37
Véase Lunazzi H. Lectura del Psicodiagnóstico. Universidad de Belgrano. 1992.
38
Conceptos formulados por Kernberg en una entrevista publicada en la Rev. Zona Erógena N° 26. Noviembre
de 1995.
30
En un trabajo de Garcia Arzeno39 que toma como referencia teórica las ideas de Bion,
presenta indicadores del predominio neurótico y psicótico factibles de hallar en las
distintas pruebas. Para esta autora los siguientes criterios serían diferenciadores:
 La posibilidad o no de modificar y mejorar las producciones como indicador de que
el yo funciona con sus capacidades conservadas o no.
 El grado de congruencia formal al realizar dibujos y hacer interpretaciones verbales
y la presencia o ausencia de perseveraciones, distorsiones preceptúales y fallas
lógicas en la construcción de historias.
 La conservación de un pensamiento lógico y organizado o la presencia de signos de
pensamiento sincrético.
 La capacidad o no de manejar los impulsos.

Otro autor, Pedro Perez Garcia, ha publicado un trabajo 40 donde ha resaltado la necesidad
de ver en las técnicas proyectivas los logros vinculados a la construcción de una identidad
diferenciada. Para ello aplica el siguiente esquema para diferenciar:

 Capacidad del yo para integrar y sintetizar el objeto. Cuando esta función fracasa se
pierde la delimitación de las figuras que dejan de ser definidas y con ligazón estable
de sus partes, emergen vínculos deshumanizados y las secuencias caen en procesos
regresivos.
 La función de separación que permite diferenciar sujeto-objeto, mundo interno-
mundo externo. Cuando el yo adquirió esta función se la podrá reconocer en el
establecimiento de límites estables y claros que son necesarios para evitar la
confusión y posibilitar la organización de formas simbólicas. También esta función
permitirá la distancia emocional óptima que diferencia la fantasía de la realidad en
las interpretaciones sosteniendo el “como sí”. Cuando esta función no se logró o
cuando no está conservada, se pierde la claridad del trazado, se mezclan o
contaminan elementos, se producen incoherencias, se pierde la intencionalidad de
la acción (respuestas que se transforman sucesivamente) o la distancia emocional
que lleva a involucrarse en las producciones.
 La función del propio esquema corporal como límite y punto de referencia espacial.
En este ítem el autor plantea: “el sentimiento de estar-en-el-mundo supone la
referencia implícita a la vivencia de consistencia interna y a la ubicación en el
espacio exterior reflejados en la imagen del propio esquema corporal. Al conjugar
estas dos coordenadas obtendremos el grado de adaptación-desadaptación,
estabilidad-inestabilidad del yo en el mundo.” En las técnicas se leerán las
proyecciones en el espacio de la posición vertical estable que hablará de la
seguridad o inseguridad en el modo de vivir el propio cuerpo. A veces se registraran
imágenes caóticas y desorganizadas de la propia imagen corporal coexistiendo con
intentos de compensación (énfasis en el eje medio central). Las proyecciones de
movimiento indicarán el grado de acercamiento o alejamiento de los objetos con

39
Garcia Arzeno E: Utilización de la batería proyectiva para diagnosticar el predominio de la parte neurótica y
psicótica de la personalidad. Jornadas Nacionales de Psicodiagnóstico. Tucumán 1988.
40
Perez Garcia P. Identidad y vivencia de espacio en las técnicas proyectivas. Su expresión en la Psicosis
simbiótica. Trabajo publicado en una revista española de la especialidad.
31
respecto al propio cuerpo y permitirán inferir el tipo de vínculo objetal producto de
las identificaciones logradas.

Los distintos criterios seleccionados forman parte de un esquema referencial, de


validez en la clínica, que todo psicodiagnosticador considera al leer las distintas
técnicas. Las variaciones surgen al realizar la integración de estas lecturas, momento en
el que adquiere importancia cómo se baja la teoría al caso concreto, la consideración o
no, de las categorías del pensamiento complejo y el peso que se otorgue a los lugares
de apuntalamiento en lo social.

La construcción psicodiagnóstica que nos ocupa en esta oportunidad, tendrá como


objetivo diferenciar en el evaluado el tipo de estructuración 41 -neurótica, psicótica o
limítrofe- que puede inferirse de los textos producidos en el psicodiagnóstico y que dan
sentido a la conflictiva actual. Se tomaran en cuenta los criterios clínicos propuestos
por Kernberg y otros dos que surgen de incluir el pensamiento complejo y son: el
manejo de la temporalidad y la lógica que prevalece al significar la realidad. Es clave
para trabajar en la integración de lecturas, seguir las secuencias y buscar lo que se
repite de una técnica a otra. La repetición puede estar al servicio de organizar
realidades simbólicas y realizar transformaciones con valor analógico o puede quedar
limitada a un mero reiterar atemporal que desconoce la situación actual.

Al aplicar los criterios de diferenciación clínica conviene tener presente que:

1. Los recursos adaptativos se encuentran, en grado variable, en todas las


estructuras y son fundamentales para mantener la prueba de realidad.
2. Las defensas tienen por objetivo mantener el equilibrio narcisista y defender al
yo de alguno de sus “tres amos”: la pulsión, el superyó y la realidad. Pueden
estar funcionando de modo estable o estar fallando en cuyo caso se evaluarán
que posibilidades tiene el yo de restablecerlas en un nuevo equilibrio. A mayor
patología de la defensa mayor es la fragmentación del yo y más comprometida
queda la prueba de realidad.
3. La identidad es la representación que el sujeto tiene de sí mismo y en la que
puede reconocerse, más allá de los cambios, a lo largo del tiempo. Esta
representación es producto de un constante trabajo de integración que nunca
llega a ser total, siempre existen aspectos desconocidos del sí mismo que
provocan desacomodos con la propia imagen. No obstante, puede darse una
estabilidad en la identidad si la imagen de sí mismo es satisfactoria y favorece
los intercambios apropiados con el medio. En un adulto, la identidad puede

41
Entendemos el concepto de estructuración como un sistema de relaciones implícitas que configuran un
entramado con tendencia a permanecer estable sin ser cerrado. Hablamos de estructura cuando la
estructuración se ha consolidado y permanece en el tiempo. Evitamos hablar de “personalidad” por
considerar que este concepto ha perdido claridad. Desde hace tiempo se han desatado debates
controvertidos sobre la personalidad como objeto de estudio de la Psicología. Ya en 1967, la Asociación de
Psicología Científica de Lengua Francesa organizó un simposio sobre el tema que fue publicado en el libro
“Los Modelos de la Personalidad” (Nueva Visión 1969). Este debate no se ha dado en el campo del
Psicodiagnóstico.
32
estar consolidada y estable o encontrarse afectada por una situación de crisis o
por estados patológicos.
4. El manejo de la temporalidad le permite al yo visualizarse en devenir y moverse
por espacios imaginarios, puede diferenciar lo vivido en el pasado y proyectarse
hacia el futuro. Si esto no sucede, el yo puede estar anclado en tiempo presente
o detenido en el tiempo funcionado de modo atemporal.
5. Reconocer con que lógica se maneja el sujeto a evaluar resulta importante para
entender como ordena las relaciones según sus códigos internos.

Criterios de Estructura Estructura Estructura


diferenciación
clínica Neurótica Borderline Psicótica

Integración de Identidad Identidad difusa Identidad


la identidad integrada en lo o no integrada fusionada o de
imaginario delirio

Defensa Represión Desmentida Desestimación


Estructurante

Prueba de Conservada Conservada No


Realidad pero conservada
Disminuida
ante lo
perturbador

Funcionamiento Lógica de la Lógica del Lógica autista


Lógico esperanza deseo

Manejo de la Se articula Se funciona en Anclado en lo


temporalidad presente tiempo atemporal
con pasado presente
y futuro
La estructura neurótica

33
En la estructuración neurótica están constituidas las categorías 42 básicas del psiquismo y se
ha transitado la conflictiva edípica. El modo como se ha resuelto lo edípico da lugar a las
formas neuróticas (obsesiva, histérica). Por otra parte, esta conflictiva surge en el espacio
familiar y va a determinar la fijeza de ciertas identificaciones que serán las que le otorguen
a la identidad una estabilidad suficiente como para tolerar sucesos existenciales sin
desestructurarse.
El yo podrá pensarse como protagonista de su historia, reconocerse con autonomía y con
características propias que lo diferencian de los otros. Posee recursos de simbolización
para manejar la temporalidad, situarse frente a los cambios, tolerar la frustración y
elaborar las pérdidas. Tiene aceptadas las diferencias sexuales y los límites que tiene la
existencia humana. Admite la falta y busca como darle respuesta a la misma.
El quiebre de la defensa provoca efectos de inhibición, actos fallidos que el yo tratará de
rectificar y síntomas que son ego-distónicos.

En el adulto se espera que el psiquismo se haya organizado bajo la primacía de lo genital,


es decir, se espera que durante la adolescencia se haya hecho el pasaje de lo fálico a lo
genital. Si este pasaje no se dio aparecerán conflictos identificatorios y regresiones a
fijaciones pre-genitales. Las regresiones no involucran al yo sino que afectan a su
funcionamiento y pueden aparecer síntomas 43 como formaciones de compromiso. Es
importante diferenciar cuando estas formaciones son funcionales al conflicto, como son las
fantasías y los sueños, y ayudan a sublimar las pulsiones pre-genitales, de los síntomas que
tienen carácter patológico.

Al aplicar los criterios de diferenciación clínica se encuentra que:


La prueba de realidad está conservada.
La defensa estructurante es la represión y es comandada por el yo de realidad. Le permite
postergar los impulsos y transformar la realidad sin desconocer los códigos compartidos. El
fracaso de la defensa produce inhibiciones, angustia y formaciones de compromiso.
La identidad se ha integrado en lo imaginario y el yo mantiene diferenciada la
representación de sí de la del otro.

En la entrevista se registra:

El entrevistado puede sostener su discurso, hablar de lo que le pasa, de lo que no entiende


y quiere saber y de sus expectativas de cambio, es decir, el yo asume el conflicto y se
angustia por no poder resolverlo.
Se puede apelar a metáforas para comunicar vivencias que perturban y que suelen estar
relacionadas con la fantasmática inconciente.
Se advierten los efectos de la represión en el modo como maneja los impulsos, como se
posterga el deseo y como toleran frustraciones.

42
El concepto de categoría remite, en este caso, a determinadas representaciones estructurantes del
psiquismo que se crean en momentos lógicos fundamentes del aparato psíquico. Las categorías básicas son
las que diferencian adentro-afuera, imagen corporal, yo-no yo, familiar-extraño.
43
El síntoma es siempre resultado de un conflicto intrapsiquico entre instancias y se lo diferencia del
trastorno que es vincular.
34
La capacidad para moverse imaginariamente en el tiempo favorece que se anticipen
acciones y que se articulen, espontáneamente en el relato, las experiencias pasadas con los
acontecimientos actuales. Este relato estará centrado en la conflictiva y el yo podrá hacer
reflexiones sobre la misma.
Si prevalece el estilo44 histérico, el entrevistado buscará la aprobación del psicólogo a
través de la seducción. Se dejará influenciar fácilmente y usará la dramatización para
enfatizar su mensaje. Sus temas giraran en torno a los afectos y al drama de amor.
Si prevalece el estilo obsesivo, la comunicación abundará en detalles con datos precisos,
tratarán de contar todo siguiendo un orden estricto y de controlar las emociones evitando
que surjan fantasías, actitudes lúdicas o comentarios espontáneos.

En las pruebas proyectivas:

Se ajustan a las consignas y mantienen una adecuada conciencia de interpretación.


Conservan la distancia proyectiva y establecen relaciones imaginarias con las figuras.
Pueden narrar historias con la estructura de un relato.

En los gráficos:
El dibujo se adquirió durante la infancia como una escritura compleja y funcionó como un
recurso del yo para elaborar la experiencia vivida y para realizar el deseo de modo
enmascarado.
La consigna de dibujar actualizará la experiencia con el grafismo que se va a reflejar en:
Pueden estructurar el espacio al modo escénico.
Pueden diferenciar y elaborar las figuras con una buena síntesis.
Pueden darle dinamismo a las figuras en sus intercambios con el escenario y/o con el
espectador. Las funciones de comunicación están representadas o formuladas como
relaciones imaginarias.
Pueden darle énfasis a la expresión de la imagen mediante recursos retóricos de omisión,
adicción o permutación.
Pueden personalizar el dibujo al incluir marcas subjetivas y realizar transformaciones que
mantienen la coherencia lógica y pueden dar cuenta del potencial creativo del yo.

Encuentran en los recursos gráficos modos de metaforizar el conflicto y mostrar las áreas
donde falla la simbolización. La presencia de tachaduras, repasados y borrones indica la
intensidad del conflicto y el fracaso de la defensa. También puede aparecer el acto fallido
en el comentario (“me olvidé de…”) o manifestar la necesidad de completud (“le falta…”,
“le voy a agregar…”).
En la secuencia de gráficos lo más frecuente es que el dibujo libre muestre una escena para
mostrar el conflicto, que en la casa esté representada la interioridad (se diferencia el

44
El estilo refiere a configuraciones discursivas relevantes que funcionan como marcas del autor. Las
categorías estilísticas se diferencian en base al modo como se adjudican sentidos y significados a la realidad.
Para este tema puede consultarse el libro de Liberman, Maldavsky: Psicoanálisis y Semiótica. Buenos Aires.
Paidós. 1975.

35
adentro y el afuera) y que las personas estén humanizadas y se presenten como personajes
que asumen un lugar en el relato.

Cuando predomina el estilo histérico, se busca que el dibujo provoque efectos estéticos en
el espectador, se hacen agregados que embellecen el texto. El equilibrio visual y la armonía
prevalecen.
Cuando predomina el estilo obsesivo, el realismo en la imagen se hace presente. Se
observa la concentración en la tarea y el esfuerzo por realizar modelos abstractos. Pueden
recurrir a líneas guía, a esquemas para que las proporciones y la simetría se mantenga. En
las escenas, la distancia entre las figuras está regulada por el orden (“cada cosa en su
lugar”) que evita que los fantasmas se introduzcan en la producción.
En las pruebas temáticas (TAT, TRO) arman historias con inicio, desarrollo y desenlace. A
través de los personajes se toma distancia proyectiva y se expresa la conflictiva.
El relato mantiene la lógica del proceso secundario pero si la defensa se quiebra puede
emerger lo emocional o pueden aparecer bloqueos.

La prueba de Rorschach exige siempre diversas lecturas y todo intento de establecer


indicadores en base a la presencia o al porcentaje de determinada categoría puede inducir
a error.
Si la identidad se ha integrado se manifestará en el modo como se organiza el discurso y
como se simboliza la conflictiva a lo largo de las diez láminas.
Se podrán encontrar ciertas analogías con la entrevista y será en lámina I donde se puede
leer cómo se presenta -al otorgar identidad a la mancha- y como emerge la conflictiva
actual45. Pero a diferencia de la entrevista, el Rorschach dispone de un texto previo en
imágenes que requiere ser transformado por la interpretación que le adjudica sentido. Se
trata de un proceso sumamente rico para pensar y que explora cómo se ha abordado la
mancha, cual ha sido el grado de verosimilitud con las figuras que se mencionan y que es lo
que se ha integrado o dejado de lado en la respuesta. De estas lecturas se registra en la
neurosis:
 La conciencia de interpretación le permite al yo asumir como propia su
interpretación y admitir que pueden existir otras posibles lecturas de la mancha.
Puede quedar disminuida si el impacto emocional es fuerte en determina lámina sin
llegar a ser una pérdida marcada.
 Hay flexibilidad para adaptarse a los cambios que van apareciendo en la secuencia
de láminas y los efectos perturbadores o bloqueos se superan generalmente en el
retest.
 La capacidad para organizarse ante diversas situaciones y establecer diferencias
aparecerá en la localización como relación de áreas usuales integradas, o no, en
globales. Una global combinada de buen nivel formal es un dato potente para
inferir que la estructura se ha complejizado en su entramado.
 La organización de una o más escenas es propia de estas estructuras y muestra la
capacidad del yo para ingresar imaginariamente en ellas poniendo en juego la
figuración.

45
Vease el capítulo “Estudios con lámina I” en Alvarez N. Lectura de las respuestas al Rorschach. Biebel.
2010.
36
 El movimiento humano (entre 3 y 5 M en figuras completas y bien vistas) da cuenta
de que la imagen corporal está bien simbolizada y que existen identificaciones
secundarias que dan sostén a la identidad. También muestra la capacidad del yo
para modular los impulsos, postergarlos y ajustarlos a los requerimientos de la
realidad.
 El claroscuro indicará la capacidad del yo para tomar contacto con las vivencias de
angustia sin negarlas.
 La presencia de respuestas de color indicará la capacidad para investir metas y
apropiarse de las mismas. Las perturbaciones emocionales propias del conflicto
suelen encontrar su expresión en el color. Así el shock al color, el predominio del
color sobre la forma e incluso su negación se encuentran frecuentemente en las
respuestas.
 El juicio crítico –en especial la autocrítica- indica que el yo admite su límites y será a
partir de las dudas que podrá rectificar sus respuestas.
 El índice de realidad se mantiene en valores de 6 o7 puntos y junto con la presencia
de detalles usuales y respuestas con formas frecuentes sostienen la hipótesis de
que la prueba de realidad está conservada.
 Pueden aparecer fallas defensivas que se expresan en olvidos de la respuesta,
disminución del nivel formal y otros fenómenos especiales que muestran una
pérdida de la distancia proyectiva y alteraciones en la lógica del proceso secundario
de pensamiento. Sin embargo estas alteraciones no dan lugar a categorías propias
de un pensamiento sincrético (W contaminada, forma negativa, concretización del
pensamiento, etc.) o a fenómenos especiales propios de la estructura psicótica.

Estructura psicótica

La estructuración psicótica se caracteriza por la necesidad de rechazar aspectos de la


realidad para poder sostener la integridad de un aparato mental que se siente amenazado.
Se han producido fallas en la organización narcisista primaria que hace que persista la
fusión con el objeto originario. La imposibilidad de que el yo logre suficiente autonomía lo
expone constantemente a la angustia de fragmentación.

La psicopatología reconoce dentro de esta estructura a la esquizofrenia, la melancolía y la


paranoia46. Si bien presentan diferencias estructurales comparten las fallas en la
constitución de las categorías básicas del psiquismo y el yo -que puede estar
aparentemente cohesionado- nunca estará completo. La imagen corporal no se unificó en
lo especular y quedó cristalizada, sin potencialidad para procesar transformaciones en el
tiempo. El yo no puede abrirse a nuevas simbolizaciones ni sostener la continuidad de la
experiencia. Por estas razones los cambios pueden dar lugar a vivencias de extrañamiento
y despersonalización.
Al no haberse logrado la diferencia yo-no yo, la identidad no se puede construir en base a
una representación de sí bien delimitada. No habrá procesos de historización y el yo
permanecerá fijado a la problemática del origen47 y no podrá armar los lazos de filiación.

46
Ver Bergeret La personalidad normal y patológica. Gedisa 1983.
37
La defensa basada en la escisión se pondrá al servicio de evitar la desorganización, se
recurrirá a la desestimación de la realidad que perturba y se disociará también la parte del
yo que se relaciona con ella. Este ataque a la función de contacto conduce a un deterioro
paulatino con la realidad que afectará los procesos de pensamiento y los vínculos, éstos
últimos se presentarán indiscriminados y agresivos y, pese a que son precarios, quedarán
impregnados de omnipotencia.
Cuando la estructura está compensada puede haber un funcionamiento adaptado sin total
pérdida de la prueba de realidad pero la ausencia de una estructura de vínculos limitará la
vida social y la volverá ineficaz en muchas áreas.
Cuando se produce una descompensación se regresará a formas de organización más
arcaicas. La imagen corporal dejará de ser el eje de referencia vivencial y se producirán
quiebres en los sistemas simbólicos. La experiencia se codificará según formas primarias y
se intentará todo el tiempo recuperar el narcisismo. Lo fantasmático –única manera de re-
investir los objetos- pasará a operar con la potencia del sueño y no se discriminará el
objeto de la imagen.
En la esquizofrenia la intensidad de la escisión puede producir alucinaciones. La alucinación
supone que un fragmento corporal adquiere autonomía “diciendo” por su cuenta. El yo
siente que las voces le vienen desde afuera.
El movimiento de retracción libidinal no encontrará en el yo objetos internos donde ligarse
(fantasías) y quedará expuesto a una fusión terrorífica o a un vacío donde los objetos –no
diferenciados de la propia imagen- desaparecen. Si el cuerpo integrado tiene aun alguna
vigencia será el responsable de la intensa angustia dramática que invade a estos pacientes.
Los vínculos del paciente son “como de vidrio” duros y frágiles al mismo tiempo.
Puede llegar a haber una oscura conciencia de enfermedad que admite el tratamiento
aunque la realidad no da cabida al consenso sino que es vivida con pautas propias.

En la paranoia no se producen alucinaciones ni hay confusión mental sino que habrá


interpretaciones delirantes que funcionan como certezas. A veces se sistematiza una
construcción delirante que se apoya en la lógica del proceso secundario y que puede pasar
desapercibida como tal. Lo significativo es que el proceso secundario se pone al servicio de
darle evidencia al proceso primario.
En estas personas hubo una estructuración inicial pero el cuerpo no quedó integrado en lo
imaginario sino que se cristalizó como una simbolización cerrada que excluye otras cadenas
metonímicas. Han quedado adheridos a una figura de identificación en una estructura
matricial que los sume en una vida sin historia.
El yo lucha por separarse de una dependencia agresiva con el objeto, este último se vuelve
un perseguidor amenazante. La angustia de fragmentación surge del temor al ataque por
parte de un tercero que necesita ser controlado y excluido. Cuando prevalece la proyección
patológica aparecen las formas megalomaníacas que hacen que el yo se sienta
invulnerable.

47
Sobre este tema véase el trabajo de Husain-Zubair “De los test Proyectivos al Wechsler y La linealidad del
tiempo y su no-integración en el esquizofrénico”. Publicación de ADEIP.

38
En la melancolía se produce un cuadro de depresión patológica que surge a partir de una
falla del yo y un quiebre en el ideal del yo.
La melancolía se fija en la experiencia conciente de una pérdida cuyo motivo se desconoce.
No se puede hacer su duelo porque no se diferencia el yo del objeto perdido. Como
prevalece la introyección, la agresión hacia el objeto se vuelve contra sí y produce una
devaluación de la propia imagen que va a quedar desfigurada para el yo. Se perderá la
autonomía y el drama pasará a ocupar la totalidad del mundo interno sin que se encuentre
una salida al mismo.
El melancólico se desinteresa por el mundo externo y no tiene proyectos ni puede
imaginarse un futuro. A veces aparece la idea de suicidarse, peligro por el cual se suele
demandar al psicodiagnosticador que evalúe el riesgo suicida que presenta.

En la entrevista se registra:

El yo es incapaz de asumir lo que le pasa y si hay conciencia de enfermedad es muy frágil.


El discurso puede aparecer fragmentado cuando hay disgregación del pensamiento o
cuando surgen aspectos desorganizantes. Puede haber comentarios inapropiados por falta
de censura y reacciones emocionales inmotivadas. Se ha perdido la función metafórica de
la palabra y pueden aparecer neologismos que condensan significaciones singulares.
Como la identidad no se ha integrado, no manejan la temporalidad ni la impulsividad y
pueden actuar atacando el vínculo con el entrevistador.
El melancólico produce efectos de impotencia en el oyente (“todo está mal”, “nada se
puede hacer para mejorar”) y el paranoico como ataca la relación para defenderse puede
intimidar al entrevistador y atemorizarlo si éste no logra manejar bien la situación. Los
rasgos paranoides están siempre presentes obligando al paciente a mantenerse en alerta,
desconfiando y buscando lo que se oculta detrás de una pregunta y de las intenciones que
su interlocutor encubre.

En las técnicas proyectivas se registra:

Suele haber desajustes en las consignas y fallas en la conciencia de interpretación. Surgen


contenidos del proceso primario por falta de censura que desorganizan el sentido. Incluso
en una prueba como el Bender pueden haber elaboraciones y agregados a las figuras que
expresan la necesidad de efectuar transformaciones a una realidad en la que el yo está
atrapado.
En los gráficos, la hostilidad afecta la capacidad de dar forma a las figuras. La dificultad para
realizar límites adecuados y conservar la síntesis de la figura será más acentuado en los
casos de esquizofrenia. Habrá figuras desarticuladas, trasparencias, trazos disgregados,
detalles bizarros, esquemas perseverantes y relaciones forzadas. Lo significativo es que
nada de esto suscita incomodad en el sujeto ni lo mueve a hacer criticas o intentos de
mejorar su dibujo.
En otros casos, cobra importancia la forma como des-invisten la figura (negatividad figural)
haciendo que lo omitido deje un vacío que cobra una significativa importancia para el
observador. Una operación compensatoria frente al terror al vacío lleva a que se llene el
espacio con fragmentos extraños que dan al conjunto un aspecto confuso y desorganizado.

39
La figura humana muestra características especiales en la paranoia donde aparecen signos
vinculados al estado de alerta y desconfianza (orejas marcadas, ojos grandes,
hipervalorados, con mirada penetrante). Karen Machover destacó el doble contorno en la
figura como signo patognomónico de la psicosis en el adulto, estaría expresando la lucha
contra la despersonalización.
Si bien una producción gráfica con estas características otorga evidencia suficiente a una
hipótesis de psicosis, es importante señalar que la diferenciación diagnóstica suele ser un
poco más difícil de evidenciar. Esto es porque los mismos indicadores pueden estar
presente en otros cuadros, por ejemplo, la fragmentación de los límites puede darse en un
sujeto que atraviesa un momento de crisis o en personas de edad avanzada donde la
coordinación viso motriz comienza a deteriorarse. A su vez, en la psicosis 48 puede
mantenerse el armado de figuras que no presentan detalles bizarros, sobretodo si el
paciente ya está medicado o atraviesa un periodo estable sin síntomas clínicos. Es a través
de la lectura de la secuencia de gráficos que se podrán inferir funcionamientos propios de
la estructuración psicótica que harán que los dibujos se realicen con una modalidad que
fragmenta el espacio y deja a las figuras detenidas en el tiempo. También se verá la
imposibilidad de armar historias siguiendo la estructura del relato.

En Rorschach se podrá registrar como disminuye la conciencia de interpretación por falta


de recursos simbólicos. Se procesa la mancha de acuerdo a códigos propios que redundan
en significaciones justificadas con lo que se considera una “lógica autística” y que, incluso,
suelen afectar el nivel perceptivo. Es por ello que se encuentran en la localización
categorías de pensamiento sincrético como son las globales confabuladas y con fusiones
espacio-temporales (fusiones de la figura con el fondo y contaminadas). Puede haber
también respuestas de detalle inusual donde se crean límites pero que, a diferencia de lo
que sucede en otras estructuras, no son operaciones que potencian las posibilidades
expresivas de la forma sino que redundan en una originalidad negativa.
Otra característica de la producción a la prueba es la pérdida de contacto con la realidad
que se advierte en la disminución del nivel formal y en la percepción de lo obvio. El
porcentaje de detalles usuales bien vistos baja y el índice de realidad suele encontrarse en
3 puntos o menos.
Existen otras expresiones frecuentes en esta estructura que contribuyen al trabajo de
diferenciación diagnóstica. No suele haber crítica sobre las propias interpretaciones, los
fallos a una lámina no se recuperan en el re-test, puede haber perseveraciones que
introducen la inercia temporal y el automatismo, operaciones de abstracción (respuestas
tales como la libertad, la tristeza, etc.) y concretizaciones donde ser pierde la diferencia
entre la cosa y la representación. La extrañeza perceptual (percepción de algo “raro”)
puede llevar a no reconocer lo dicho y la desorganización del pensamiento puede producir
efectos que no permiten fijar la respuesta (quedarse con una interpretación) ni localizarla
en la mancha.
Lo que dijimos para los gráficos acerca de que puede mantenerse el armado básico de la
figuras es válido para el Rorschach. En muchos casos, cuando el psiquismo está estable y

48
En los últimos cincuenta años, la farmacología ha contribuido para que los efectos de la desestructuración
psicótica se compensen. Esto hace que ya no se encuentre en el psiquismo los efectos que producía la
cronicidad de los trastornos patológicos.
40
sin producción de trastornos clínicos, es necesario avanzar sobre los datos formales y
profundizar en la lectura secuencial para comprender como opera el yo al percibir y
organizar la interpretación de las láminas.

En esta estructura es importante incluir el WAIS III en el psicodiagnóstico 49 con el objetivo


de conocer el nivel de operatividad cognitiva. Es en los fracasos que el sujeto se aleja de lo
consensuado y se expresa con la propia lógica. Es por ello que los fallos no tienen relación
con las dificultades que plantean los ítems de la prueba. El objetivo de aplicarla es porque
permite evaluar el alcance de fallas en la capacidad de pensar y hasta donde se puede
sostener una representación compartida de la realidad.

Funcionamiento fronterizo

La problemática fronteriza surge de la necesidad de comprender hallazgos clínicos que


muestran diferencias significativas con la neurosis y la psicosis. Dio lugar a divergencias
tanto en la psiquiatría dinámica como en el campo del psicoanálisis y se puede encontrar
una amplia gama de posiciones, desde los que piensan en una estructura de base, los que
niegan su existencia, hasta los que hablan de cierta especificidad de componentes con
combinatorias variadas. Incluso están los que vinculan esta problemática con la modalidad
alienante de nuestro tiempo.
Kernberg es el gran propulsor de la idea de borderline y acepta su existencia como una
organización de base que puede ir acompañada de otros funcionamientos. Toma el
concepto de escisión de la teoría de las relaciones objetales y piensa que esta modalidad
defensiva prevalece y provoca la difusión de la identidad. Pero hay un buen mantenimiento
de la prueba de realidad. Diferencia al borderline de lo que llama la “personalidad
narcisista” a la que define como “…pacientes en la que toda interacción con los otros está
referida a sí mismo en medida inusual, tienen gran necesidad de ser amados y admirados…
combinan una grandiosidad, omnipotencia, una autoimagen inflada correlativa a una falta
de investidura de los demás, un problemático nivel de celos –concientes e inconcientes- y
generalmente un fondo de sensación de vacío”50

André Green, por su parte, sostiene que “lo limítrofe” es una categoría abierta con muchas
variantes y elementos comunes. Admite un funcionamiento escindido y contradictorio que
provoca dificultades en el desprendimiento del vínculo originario. El otro mecanismo que
considera importante es la depresión entendida como el agotamiento que se produce en el
yo por los procesos de investidura y desinvestidura 51. La problemática de estos pacientes
no recae en el deseo sino en la formación del pensamiento, ha quedado inhibida la función
básica de representar y no se logra construir distancia psíquica para evitar la intrusión y la
falta de comunicación.
49
Veáse lo que aporta Balatti sobre la inclusión de esta prueba en El Estallido de la integridad.
Psicoevolución. 1994.
50
Extraído de una entrevista a Kernberg publicada en la revista Zona Erógena. Noviembre 1995.
51
El concepto de depresión no está ligado al conflicto sino que se acerca a lo que Piere Martin llama “la
depresión esencial” y se relaciona con los niveles energéticos, con la tensión. Esta depresión no permite el
proceso de duelo.
41
En la clínica se registra la angustia centrada en la separación y las fallas en los procesos de
simbolización que favorecen los pasajes al acto y a la somatización.

En el psicodiagnóstico se considerará la estructuración limítrofe en sus diferencias con la


neurótica y psicótica y se buscará precisar el caso singular dentro de las variaciones que la
misma contiene. Consideraremos las siguientes variantes:

Borderline anaclítico

Necesita contención y se compensa en un vínculo complementario que si se rompe


produce descompensación. Las pérdidas se vuelven insoportables porque comprometen el
sostén del yo. La incertidumbre en la identidad dificulta que puedan tener proyectos a
largo plazo, suelen empezar y dejar actividades de modo reiterado.
El yo lucha por mantener el equilibrio y busca compensaciones. Puede mostrarse con una
fachada armada pero en lo subyacente prevalece lo caótico. Esto se detecta en el desorden
de los registros cuando tienen que atribuir significados e interpretar situaciones. No
sostienen la continuidad en el tiempo y esto les impide ir re-significando la experiencia.

Borderline actuador

No muestran los signos de difusión de la identidad que tienen los anaclíticos ni


experimentan sentimientos de angustia o culpa. Se confunde pensamiento con acto por lo
que éste es ego-sintónico, sienten placer cuando el acto es usado defensivamente como
descarga de tensiones. Necesitan del otro para lograr sus fines pero al negar la culpa se
desestima el vínculo. Difícilmente establecen vínculos genuinos ya que no pueden
identificarse con el otro. La palabra ha perdido valor comunicativo y se expresan con la
acción concreta. Como no se tolera la demora que impone la reflexión no se puede
elaborar la angustia ni aprender de la experiencia vivida, la actividad representativa queda
afectada por la prevalencia del acto en sí.
Suelen experimentar aburrimiento y si se paralizan reaccionan con omnipotencia mediante
acciones transgresoras concientes52. La integración del superyó es frágil y algunos autores 53
han señalado como diferencia importante para el diagnóstico la existencia de daño a nivel
yoico. En este último caso la acción impulsiva se lleva a cabo sin ajuste a la realidad (por
ejemplo acciones delictivas fácilmente detectables) mientras que si solo existe daño
superyoico puede haber una actuación sumamente hábil en el manejo de situaciones
sociales.

Borderline con síndrome de vacío

La identidad queda atravesada por la necesidad de ser y la vivencia dolorosa de no ser. No


tuvieron un lugar como existentes para el otro significativo y este agujero en el psiquismo
52
Conviene diferenciar la acción impulsiva por descontrol, la compulsiva por imposibilidad de dejar de
hacerlo, la acción específica con fallas en la evaluación de la realidad (se piensa que la acción se puede llevar
a cabo) y la acción transgresora conciente (desmentida en acto).
53
Puede verse el trabajo de Irving Weiner “Evaluación de la psicopatía” XIII Congreso Internacional de
Rorschach. París 1990.
42
produce un vacío de sentido. Solo se puede mantener la vivencia de ser sobre un fondo de
no ser cuando se ha podido simbolizar la ausencia y construir las fronteras del yo en
relación al otro. El yo experimenta un fuerte desamparo y no puede afrontar los cambios y
pérdidas.

Organización psicosomática
La escisión se efectúa entre la mente y el cuerpo, este último es desestimado. El cuerpo
queda en un lugar silencioso que se registra en el lenguaje como ausencia de palabras para
los afectos y emociones.54.
La dificultad para reconocer sentimientos afecta la capacidad de imaginar y orienta la
vinculación con el medio de modo pasivamente adaptado. Marty habla de pensamiento
operatorio para señalar como el pensamiento queda despojado de toda fantasmática. El
trastorno se expresa en no poder mentalizar la experiencia ni asumir la propia imagen. Las
experiencias afectivas indiscriminadas quedan depositadas y controladas en el cuerpo. Su
exclusión tiene el valor de un “acting” dirigido al cuerpo que es tratado como un objeto
ajeno.

A las variaciones que hemos señalado se agregan otras organizaciones como ser las
perversiones y las adicciones. Más allá de las especificidades que la clínica registra, la
problemática limítrofe muestra, en todos los casos, que hubo una falla en el trabajo de
separación/diferenciación destinado a constituir el objeto y las fronteras del yo. La
capacidad para acceder a la representación se muestra frágil y se ponen en marcha
operaciones defensivas frente a la realidad psíquica: se escinde, se excluye en el soma, se
des-inviste, se expulsa a través del acto.

En la entrevista se registra:

Tienen dificultades para sostener un discurso propio y se apoyan en el entrevistador con


distintas actitudes. El yo no asume la situación de conflicto sino que trata de liberarse del
malestar. La discontinuidad en el tiempo se registra en que pueden repetir fragmentos de
lo vivido pero no hay capacidad de re-significación. También se registra en la inestabilidad
en los vínculos y en como se organizan. Tienen dificultades para tolerar la espera, los
cambios y la frustración. Suelen perder la coherencia del relato a lo largo de la entrevista
ya que no reflexionan sobre lo que van diciendo.
La actitud es de dependencia en el anaclítico, requieren ser sostenidos y calmados frente a
la ansiedad que los desborda y no pueden tramitar. Los actuadores establecen un vínculo
inductor, buscan evacuar mensajes no verbales y controlar de modo omnipotente la
relación con el otro. Tratan de descolocar al psicólogo de su rol usando la sorpresa y su
habilidad para manejar produciendo efectos. El psicosomático tiene una actitud pasiva, no
están angustiados, pero la falta de lenguaje emocional y la ausencia de registro de climas
emocionales tornan a su discurso muy banal, sin marcas propias, sin metáforas. María Rosa
Caride55 habla de 3 tipos de discurso en estos pacientes que hace extensivo a las pruebas
54
Se ha denominado alexitimia a esta característica propia del discurso psicosomático. Sobre el tema veáse de
Roberto Sivack y Wiater. “Alexitimia, la dificultad para verbalizar afectos” Paidós. 1998..
55
Veáse su trabajo “Afecciones psicosomáticas: el “plus” de una minusvalía”. II. Congreso Nacional de
Psicodiagnóstico. 1998.
43
verbales: 1) el sobreadaptado que se caracteriza por decir lo que se supone que el otro
espera; 2) el catártico que lleva a hablar sin parar para desembarazarse del problema y no
permitir que el entrevistador intervenga y 3) el numérico o calculador donde se gira en
torno a lo material y a los números en términos de ganancias o pérdidas.

En las pruebas proyectivas se registra:

Hay una buena aceptación de la consigna –salvo en los actuadores con tendencia a la
trasgresión- y los recursos adaptativos les permiten conservar la prueba de realidad. Pero
debido a que la capacidad de simbolización es frágil puede surgir un exceso de
impulsividad, pérdida de distancia proyectiva y significaciones arbitrarias donde se impone
la lógica del deseo y no lo consensuado.

En gráficos se conserva el nivel gestáltico y se da un ajuste básico a las figuras pero los
dibujos muestran la lucha del yo para ordenar la realidad. La estructuración del espacio no
permite una buena diferenciación de las figuras y los efectos de la ansiedad y la
impulsividad se expresan en los límites desdibujados y en la fragmentación de la forma.
En el dibujo libre pueden armar una escena aunque la organización de los lugares es
inestable y las figuras muestran un equilibrio precario. Otras veces eligen la figura que
sienten que es parte de sí más que ser una representación de la realidad exterior.
El dibujo de personas carece de una postura firme (no están bien parados) y tienen poca
comunicación con el entorno (ojos vacíos, falta de manos). Las diferencias sexuales no
están bien simbolizadas. También en las figuras del árbol y la casa dejan sin representar
relaciones significativas con el medio como es el camino en la casa y la línea de base en el
árbol. Los agregados, que en los neuróticos son desplazamientos simbólicos, suelen ser
menos frecuentes y estar poco integrados al sentido, la disociación parece evidenciarse en
esos dibujos. Otras veces la lucha por el equilibrio se expresa en la búsqueda de
compensaciones, por ejemplo; trazo débil y figuras grandes o variaciones en el tamaño en
lsa secuencia de figuras.
En los actuadores hay menor inestabilidad pero puede haber expansión de las figuras en el
espacio (defensa megalomaníaca) y poca elaboración de la forma mientras que en los
anaclíticos se dan oscilaciones compensatorias en la secuencia entre figuras expandidas y
otras contraídas en el espacio. Lo que caracteriza a los gráficos del psicosomático es el
esquematismo y figuras banales, poco investidas, que carecen de marcas que las
singularicen.
Por otra parte, no sostienen la distancia que diferencia personajes en el relato, sus
historias son fragmentos de lo vivido y los nombres adjudicados se corresponden con el
propio o son nombres de familiares.

En la prueba de Rorschach se registra:

La conciencia de interpretación está afectada ya sea por pérdida de la distancia proyectiva


(auto-referencias) o por necesidad de defenderse y no asumir la autoría de la
interpretación.

44
Las significaciones, cuando no son las convencionales, se sostienen en la lógica del proceso
primario. Son frecuentes las fabulaciones y las combinatorias confabuladas.
Existen contenidos en las respuestas que se consideran prototípicos por la frecuencia que
tienen en estas organizaciones fronterizas, especialmente en los anaclíticos. Se trata de
respuestas de fetos, gemelos, figuras pegadas, masas envolventes.
También son frecuentes las alteraciones en la simetría: reflejos, respuestas de espejo,
rupturas de la simetría.
El movimiento humano en figuras completas y bien vistas es nulo o escaso. Cuando hay
impulsividad puede prevalecer FM (gratificación en lo inmediato) junto con CF o C.
Lo que más se destaca en los actuadores y psicosomáticos es la ausencia de respuestas que
incluyan el claroscuro. Esto indica que no se conectan con lo que los puede angustiar. El
índice de angustia bajo corrobora esta problemática que conduce a la actuación en el soma
o en lo social.
El índice de realidad está disminuído (generalmente 5 puntos) pero queda compensado
por la existencia de otras populares. En los psicosomáticos la tendencia a la sobre-
adaptación puede aumentar las respuestas populares y el índice de estereotipia.

Síntesis y apertura…

Hemos tratado de establecer las diferencias significativas que pueden leerse al aplicar
técnicas diagnósticas. Consideramos a las técnicas como instrumentos de mediación que
recogen un discurso heterogéneo y comunican a través de la producción de sentido. Son
importantes para realizar inferencias acerca de la estructuración psíquica del evaluado. Su
ventaja radica en que permiten avanzar sobre la descripción de síntomas clínicos y
traspasar lo que la palabra suele encubrir. Su desventaja –o quizá su dificultad- estriba en
que comprometen la capacidad del psicólogo para integrar en el tiempo las distintas
lecturas y articularlas en un entramado válido acorde a los objetivos del contexto.
El psicólogo tendrá que conocer los límites de su construcción diagnóstica y poder
fundamentar los juicios de evaluación que formula y que plasma como informe escrito.

Disponer de un marco referencial con conocimientos instituidos y consensuados es


fundamental para ordenar realidades. Sin embargo, y debido a que el cambio atraviesa
constantemente estas realidades, hay que posicionarse con una actitud abierta, pensar y
actualizar aquellas ideas que ya no dan cuenta de una subjetividad que ha sufrido los
embates de las transformaciones sociales.
Y para entender el presente se necesita saber cómo se llegó hasta allí.

45
TRABAJOS ANEXOS

El psicodiagnóstico ante los nuevos paradigmas

Lic. Silvia Pugliese

Trabajo presentado en el VIII Congreso Metropolitano de Psicología


Buenos Aires. 1995
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“Debemos aprender, no ha juzgar a la población de conocimientos, de prácticas, de


culturas producidas por las sociedades humanas, sino a entrecruzarlos, a establecer
46
comunicaciones inéditas entre ellos, que nos pongan en condiciones de hacer frente a las
exigencias sin precedentes de nuestra época”. (6)

Adhiero a las palabras de Prigogine, y es con este espíritu que procuraré acercar algunas
reflexiones sobre nuestra práctica psicodiagnóstica.
En las ciencias humanas los problemas prácticos son tan importantes como los problemas
teóricos; sin embargo, el más desarrollado fue el de resolver problemas concretos. A veces,
con cierto desprecio por los estudios teóricos. Posiblemente porque no se alcanza a
dimensionar que si se reduce la práctica a la realidad misma, se está resignando la
racionalidad que se pretende mostrar y se pierde la posibilidad de evaluar el sentido y
significado de su práctica.

Acercándonos a la realidad

La historia de la ciencia es una historia conflictiva, de elecciones, de redefiniciones


impensadas. Historia que Khun la esquematiza en ciclos que se reiteran sucesivamente:
constitución del paradigma, crisis del paradigma y emergencia de nuevos paradigmas que
originan una revolución científica.
En los últimos años ha llamado la atención la aparición de diversas teorías que intentan
aproximarse a la realidad sin afectar su complejidad; y cuyo impacto llevó a Prigogine Y
Stengers a hablar de “metamorfosis de la ciencia”, a Gleik a denominarla “ciencia nueva”,
entre otros. De modo que podríamos pensar que estamos ante la “emergencia de nuevos
paradigmas”.
Estas teorías pretenden describir y explicar la realidad en forma distinta a la tradicional. Su
característica es que si bien posee una elaboración formal de orden cuantitativo, tiene
significativa relevancia el orden cualitativo, promoviendo un acercamiento entre las
ciencias naturales y las ciencias humanas.
Hoy la palabra paradigma nos suena familiar y agradable a nuestros oídos; a veces para
mostrar que se está en la cresta de la ola; otras veces porque se está convencido de haber
descubierto una “nueva verdad”, el haber desarrollado un nuevo enfoque que implique un
giro en la ciencia.
Los múltiples usos de la palabra paradigma, obligan a clarificar el término. Khun, quien es
el que elaboró la “teoría de los paradigmas”, según Masterman empleó dicho concepto en,
al menos veintidós sentidos distintos. En respuesta a estas críticas, en 1974 en su artículo
“Segundas reflexiones sobre Paradigmas” reconoce dos acepciones: a) como sinónimo de
“ejemplar”, una teoría modelo que sirve de guía para la investigación concreta; y b) en un
sentido más global, “matriz disciplinar”, vale decir, un sistema de creencias y aptitudes
instrumentales compartidas por una comunidad científica.
Para Khun lo realmente interesante ocurre cuando lo descubierto obliga a cambiar la teoría
y la concepción que se tiene del mundo. Por ello sostiene que el paradigma no es una
teoría, sino un sistema de conceptos, articulación de la experiencia, de métodos y valores.
En este sentido, von Bertalanffy prefiere hablar de “perspectivas” para aludir al marco
general para la construcción de teorías.
En los últimos treinta años se han presentado un número importante de teorías que se
postulan a “nuevos paradigmas”. Baste mencionar los desarrollos de la teoría general de

47
los sistemas de von Bertalanffy y los aportes de Bateson; la teoría del Caos; la teoría
Termodinámica no lineal de Procesos Irreversibles de Prigogine; la teoría de las Catástrofes
de Thom y la Matemática Fractal de Mandelbrot.
Decimos que se “postulan” porque, así como hay quienes hablan de nuevos paradigmas
como un hecho fuera de toda discusión, otros le niegan tal estatus, entre ellos René Thom
al afirmar “no creo en el cambio de paradigma. La “scienza nuova” creo que pertenece a la
retórica” (7). En honor a la verdad y teniendo presente la acepción más amplia de
“paradigma”, no corresponde hablar de nuevos paradigmas en el sentido de matrices
disciplinarias maduras compartidas por una comunidad científica. Pero no cabe dudas que
la apertura hacia nuevas perspectivas y la puesta en marcha de programas de investigación
novedosos, configuran lo que Khun denominó la etapa 6 (etapa de crisis) del desarrollo del
conocimiento científico y que estaría desencadenada por la aparición de las “primeras
anomalías”. Una anomalía es algún aspecto de la investigación que no puede ser articulado
con el paradigma. Cuando las anomalías aumentan se puede decir que se ingresa a la
“etapa de crisis”; lo que no significa abandono del paradigma y adopción de uno nuevo.
Según Munne (4) las teorías que hacen aportes fundamentales a las teorías de la
complejidad y con implicancias en la Psicología, se podrían reunir en cuatro grupos: la
teoría de los Fractales, la de las Catástrofes, la del Caos y la de los Conjuntos Borrosos.

Teoría de los Fractales

Según esta teoría, formulada por Mandelbrot en 1975, los objetos denominados
“fractales” están dotados de propiedades no euclídeas, entre ellas la tener una dimensión
espacial fraccionaria. Esto es, que el objeto puede ser subdividido hasta el infinito y cada
una de las partes guarda semejanza con el conjunto. En este sentido, puede afirmarse que
hay fractalidad en la estructura de un fenómeno cuando ella permanece semejante en
cualquier escala.
El análisis fractal pone de manifiesto qué y cómo lo cuantitativo puede adquirir
trascendencia cualitativa. En nuestra práctica, el hecho de aumentar el número de
miembros de un grupo puede generar un cambio tal en el estilo de vida y problemáticas
grupales, que impresionaría como un grupo nuevo. En general, se puede decir que los
fenómenos psicológicos tienen propiedades fractales.

Teoría de las Catástrofes

Su creador René Thom (1972), intenta con esta teoría describir las relaciones entre lo
continuo y lo discontinuo. Se propone explicar la aparición de accidentes discontinuos en
medios continuos, cuando aparecen discontinuidades que al principio no existían. Concibe
que un fenómeno discontinuo puede surgir de una manera casi espontánea a partir de un
medio continuo. Considera que la realidad es una mezcla de orden y desorden, de cambio y
estabilidad.
Zeeman (1977) ha hecho de ésta una teoría predictiva y la ha aplicado a la comprensión de
comportamientos sociales, tales como: motines en las cárceles, reacciones de la bolsa de
valores, conflictos internacionales.

48
A nivel psicológico puede facilitar el esclarecimiento de procesos como la toma de
decisiones, cambios bruscos de opinión y en especial el proceso de desarrollo, entendido
este como una sucesión de etapas y crisis.

Teoría del Caos

Esta teoría no tiene un autor sino que numerosos investigadores han coincidido en su
interés por ese fenómeno. Aunque aparecieron antes, es en la década del ochenta cuando
tiene lugar su desarrollo y aplicación.
El estudio científico del caos comienza con Lorenz cuando descubrió que podía predecir el
clima a partir de considerar tres variables. Esta predicción llevaba consigo la
“determinabilidad” del caos. Determinación que es formulable matemáticamente y puede
graficarse mediante ocho sucesivos y continuos que tienden hacia un “atractor”, hacia un
punto que atrapa. Una consecuencia del atractor es la “sensibilidad a las condiciones
iniciales”; en virtud de la cual una pequeña causa puede ocasionar un gran efecto. Esta
desproporción entre causa y efecto es propia de los procesos caóticos.
Es muy importante detectar el atractor porque es a través de él que puede representarse
el comportamiento del sistema en un tiempo. Eise intenta ver las actitudes como
atractores.
Estos fenómenos tienen la singularidad de englobar el caos y el orden.
Cuanto más complejo e inestable es un fenómeno es, proporcionalmente, más ininteligible
e impredecible. Este concepto involucra, por tanto, la relación entre estado y evolución; la
imposibilidad de medir la plenitud de las causas y el carácter completo de los efectos.
En Psicología, en especial en psicodiagnóstico, esta teoría tiene amplias posibilidades de
aplicación.

Teoría de los Conjuntos Borrosos

Desde la década de los sesenta, Zadeh, viene elaborando esta teoría que trata de
formalizar en un modelo lógico y matemático lo impreciso, lo difuso, lo indeterminado. Ello
implica que una cosa puede pertenecer y no pertenecer a la vez aun mismo conjunto,
simplemente porque los criterios de pertenencia no son nítidos. De ahí que el
razonamiento se construye en términos de posibilidad.
Su aplicación más directa es en el mundo de los conceptos como la energía, la vida salud o
enfermedad, emoción, inteligencia, grupo, etc.
Entre los desarrollos de esta teoría es de destacar que se están realizando esfuerzos, en
lógica computacional, para disponer de lenguajes y programas borrosos.

Nuevos aportes al psicodiagnóstico


Estas teorías han provocado el debate en torno al determinismo y el azar, complejidad-
simplicidad, al concepto de causalidad, a la linealidad- no linealidad, orden-estructura,
continuidad-discontinuidad, holismo-reduccionismo, la racionalidad y los límites al
conocimiento.

49
El planteo sobre estas problemáticas pone de manifiesto el “resquebrajamiento” de las
concepciones tradicionales, puestas en crisis.
En el ámbito de la Psicología la situación de crisis se tradujo en la explosión de las “terapias
alternativas”: Gestalt, Sistémica, Logoterapia, trabajo corporal aplicado a la psicoterapia y
el lacanismo.

Ahora bien, veamos las repercusiones en el campo del Psicodiagnóstico.


Cuando hablamos de psicodiagnóstico nos estamos refiriendo a esa investigación en
pequeña escala que nos permite identificar las estructuras y procesos a través de los cuales el
ser humano construye y analiza su existencia cotidiana. En esta tarea no podemos decir que
hacemos ciencia si no podemos organizar una predicción, derivada del diagnóstico y una
explicación que dé cuenta de la organización actual. Predicción que orientará las acciones
terapéuticas, si es que son necesarias.
Cada una de las teorías enunciadas se ocupa de algún aspecto de la realidad, se abren
nuevas vías para aprehender la realidad; ponen de manifiesto propiedades desconocidas
de la realidad y afirman su complejidad. Pero al mismo tiempo nos aparece la contracara:
la realidad no es nítida pero tampoco dual; no es continua pero tampoco discontinua; no es
estable ni inestable; no es reiterativa ni innovadora; no es ordenada ni desordenada.
Tener en cuenta que la realidad psíquica no es nítida (conjuntos borrosos) significa que el
diagnóstico no debe encasillar ni clasificar; pero sí puede tener criterios que permitan
identificar las variables de los grandes cuadros psicopatológicos en el material clínico. Que
no sea una realidad continua y estable (teoría de las catástrofes) no significa que sea
absolutamente impredecible; pero sí enunciar el pronóstico en términos de posibilidades.
El hecho de que la realidad psíquica no sea ordenada (teoría del caos) impide que se ajuste
la lectura a moldes teóricos previos; pero si es posible explorar su estructura y
organización dinámica y comprenderla desde marcos conceptuales amplios y que
establecerán las bases para los respectivos abordajes terapéuticos. El que la realidad no se
reiterativa (teoría de los Fractales) no significa que un síntoma no pueda clasificarse de
patognomónico; pero si es de importancia la recurrencia intertest a la hora de acercar
conclusiones diagnósticas.
Los términos “Psicodiagnóstico” y “Evaluación psicológica” responden a los dos cuerpos
conceptuales fundamentales y opuestos y que se tradujo en dos modalidades
contrapuestas para acceder al conocimiento del sujeto psíquico: la evaluación objetivista y
la comprensión subjetivista. Se podría decir, de acuerdo a los pares antitéticos enunciados,
que cada una de ellas enfatiza un polo en detrimento del otro.
La inteligencia del psiquismo humano y su evolución no va a provenir de una teoría que
contenga verdades cerradas y seguras predicciones; sino de aquéllas que sean capaces de
contemplar no sólo las complejidades de la estructura individual, sino también su relación
con el entorno inmediato y mediato, antes de organizar un pronóstico.
Jun dice que “cuando cambian los paradigmas, los científicos adoptan nuevos
instrumentos” y agrega: “con un mismo instrumento, ya conocido, el cambio de paradigmas
hace que los científicos vean nuevas cosas donde antes no las veían”.

A modo de ejemplo podemos mencionar tres modelos de abordaje Psicodiagnóstico


integral: a) el diagnóstico integral e interdisciplinario de R. Opazo, b) el Diseño Diagnóstico
Pronóstico Terapéutico de L. Balatti y c) la propuesta de H. Lunazzi en base al modelo
50
diagnóstico diferencial estructural de O. Kernberg y su ampliación a la trama familiar. Tres
propuestas distintas pero con el mismo objetivo: tratar de aproximarse a la realidad
psíquica sin reducir su complejidad.

No hay dudas que así como las nuevas teorías han acortado las distancias entre las ciencias
naturales y las ciencias humanas, será posible la integración de un cuerpo conceptual
desde donde sea posible predecir y explicar la información obtenida sobre la organización
y funcionamiento del psiquismo humano.

Bibliografía

1- Balatti L. Estallido de la Integridad. Psicoevolución ediciones. Bs. Aires. 1994.


2- Klimosky G. Las desventuras del conocimiento científico. A-Z ed. Bs. As. 1994.
3- Lunazzi H. Lectura del psicodiagnóstico. Ed. De Belgrano. Bs. As. 1992.
4- Munne F. Las teorías de la complejidad y sus implicancias en las ciencias del
comportamiento. Rev. Interamericana de Psicología. Vol. 29, N°1 . 1995.
5- Opazo R. Diagnóstico integral interdisciplinario para una psicoterapia integrativa.
Conferencia en VIII Jornadas N. de Psicodiagnóstico. San Juan. 1994.
6- Prigogine, Stengers. La nueva alianza. Alianza Universidad. Madrid. 1990.
7- Thom R. Teoría de las catástrofes. Entrevista en Zona erógena N° 9 . 1992.
8- Von Bertalanffy Perspectivas en la teoría general de sistemas. Alianza Editorial.
Madrid. 1979.

Modos actuales de vigencia y práctica del psicodiagnóstico

Etel Kacero

Conferencia Inaugural del Curso de Especialización en Psicodiagnóstico.


Rosario, 29 de Marzo 2008

51
Ustedes van a iniciar la carrera de Especialización en Psicodiagnóstico. Mi propósito es
introducirlos en algunas cuestiones que deberán afrontar en esta travesía que emprenden

Psicodiagnosticar es una tarea específica de los psicólogos; es por eso que nos interpela
directa e intensamente; nos exige un posicionamiento teórico, ético y humano. Nos
interpela no sólo acerca de sus modalidades, la diversidad de herramientas que se pueden
implementar, los ámbitos de aplicación, sino acerca de sus presupuestos y fundamentos:
su necesaria revisión y actualización de acuerdo a los paradigmas epistemológicos de
nuestro tiempo y sobretodo exige hoy, una mirada hacia las subjetividades emergentes,
destinatarias - precisamente - de nuestro trabajo.

Por la diversidad de temas implicados en este trabajo considero al psicodiagnóstico como


un campo de problemas que tenemos que explorar, dilucidar, desplegar. En ese despliegue
tendremos que recurrir a otras disciplinas, incursionar en otros territorios de conocimiento
que puedan iluminar la experiencia del encuentro con el otro. Un “otro” que nos demanda
no sólo un saber, sino una mirada, un sentido, un lugar identificatorio, no como etiqueta
sino un lugar en el sentido de un espacio para vivir.
Para realizar semejante tarea el vértice psicológico tendrá que engarzarse con todo aquello
que toca lo humano; me refiero a lo que sucede en la realidad cotidiana: sus cambios, la
remodelación cognitiva emocional, vincular y corporal que introducen las tecnologías de la
comunicación, productoras, entre otros factores, de las transformaciones de la
subjetividad.
Es que las tecnologías no son meros dispositivos técnicos; a través de ellas percibimos el
mundo, interaccionamos con él y con los otros.
La informática -inicialmente un modo de procesar información- se va articulando con
nuestro sistema cognitivo de tal forma que se nos torna imprescindible para pensar; los
dispositivos se entrelazan y trabajan en el interior del sujeto mismo… hasta el punto de
formularnos una pregunta crucial: quién piensa..? En efecto la informática moldea nuestros
pensamientos, nos proporciona metáforas para pensar (“me colgué”), regula nuestras
interacciones, acelera el tiempo, disminuye la distancia, nos conecta con regiones alejadas
creando la impresión de omnipresencia en el espacio
La paradoja es que se superponen una extrema velocidad con una llamativa parálisis; el
poder globalizante que nos dan las redes informáticas coexiste con la desmaterialización
de los cuerpos mismos; todo ello deja sentir los efectos en la subjetividad: aparecen
explosiones de diverso tipo, estallidos de los cuerpos, ataques de pánico, sociedades
místicas (sectas), adicciones.
Observamos la desarticulación de los modos defensivos, el desmantelamiento psíquico
bajo distintas formas de depresión o rigidización de la membrana yoica que se observa en
las psicopatías, carcteropatías o formas narcisísticas que buscan mantener la cohesión a
costa de ignorar lo otro, lo distinto y pasar a usarlo simplemente como objeto.
Se trata de obtener integridad para frenar la volatilidad, los flujos. Hoy la metáfora que
circula está asociada a la física de los fluidos; se habla de “flujo de información”, “flujos de
capital”, “densidad de la angustia”, “flujos temporales”, “amor líquido”.
El sujeto contemporáneo ¿puede escapar a esa consistencia fluida? Si nuestros gustos,
valores, consumos se formatean desde las pantallas, si los dispositivos de comunicación

52
golpean con ciertos temas y eluden otros, proponen modelos de normalidad, transmiten
ideales identitarios, es posible pensar en una subjetividad que se construya fuera de esos
mundos?
Pero no es sólo la tecnología sino las condiciones socioeconómicas que atraviesan tanto al
sujeto como a nosotros mismos las que producen esas transformaciones de la subjetividad.
Es necesario pensar en tales fenómenos no sólo para poder dar sentido a los
padecimientos, sino para destacar los aspectos saludables, adaptativos y creativos de la
persona en estas circunstancias; esta tarea es de una tremenda responsabilidad. De modo
que los psicólogos no pueden delegarla en quienes no están habilitados ni desde la ley ni
desde el conocimiento ni desde la ética para ejercer esta tarea de la que depende no sólo
el hallazgo de un cuadro psicopatológico, no sólo una planificación terapéutica sino
muchas veces la posibilidad de que puedan surgir, a partir del encuentro, nuevas marcas,
oportunidades instituyentes, novedosas para el sujeto.
Y no me refiero sólo al psicodiagnóstico en el ámbito clínico: en el área forense un
psicodiagnóstico puede incidir en la decisión de un juez sobre la culpabilidad o no de un
procesado, sobre la existencia de un abuso a un menor, sobre la expulsión de un violento/a
del hogar, la tenencia de un niño…. Mucho del futuro de las personas puede depender de
la tarea investigativa exhaustiva y seria del psicólogo.
En el campo laboral sugerirá al empleador acerca de la pertinencia o conveniencia de
aceptar a un postulante para la posición solicitada. En educación una exploración
cuidadosa podrá hacer emerger el saber acerca de la posesión de capacidades hasta ahora
desconocidas para el sujeto.
Pienso que nuestras conclusiones diagnósticas no son sólo un discurso, una puesta en
palabras de los dinamismos psíquicos que pudimos conocer de la persona, sino un
verdadero “acto” que produce efectos concretos.
Por eso he trabajado sobre el concepto del psicodiagnóstico como acontecimiento, que se
desarrolla y surge justamente durante su transcurso. El psicodiagnóstico no se agota en la
aplicación de determinadas técnicas y la formulación de interpretaciones que pretenden
llegar a ciertos “resultados”, el psicodiagnóstico es una construcción, una co-producción
con otro en ese juego vincular. En la medida en que algo distinto, no vivido hasta el
momento aparece, “sucede”, puede ser considerado como un acontecimiento.
Es útil aclarar esta palabra ya que a veces se la asocia a lo traumático, cuando en realidad
no es necesariamente así. El acontecimiento es algo imprevisto que sale de la serie de lo
esperado en la regularidad de los hechos. No es del orden del saber previo, sino del orden
del suceder, del vivenciar. Un vivenciar, que en nuestro caso está acotado en el tiempo, el
tiempo que transcurre durante el proceso psicodiagnóstico. Durante ese lapso y en ese
espacio podemos decir que se produce un “acople” que se da en la presencia de ambos
actores, algo ocurre por primera vez; se instituye una huella que puede convertirse en una
“marca” de apertura hacia otra forma de pensar y/o de sentir. Se produce un cambio de
significación, no simplemente la repetición en la transferencia de patrones vinculares
aprendidos.

La dimensión del encuentro y el efecto de presencia del psicólogo pueden constituir una
oportunidad para que el psicodiagnóstico se convierta en acontecimiento, si es que nos
interesamos no sólo por los “resultados” de los tests, sino que tenemos en cuenta lo que

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pasa en la escena de ese encuentro. De ese modo, se podrían entrever qué objetos, cuáles
circunstancias, cuáles modalidades vinculares pueden ser favorecedoras de salud, de
mayor libertad, de inhibición o de acentuación de la rigidez de las defensas.
La cuestión no es meramente aplicar correctamente las consignas o hacer preguntas a la
manera de una máquina automática, ya que ese modelo maquínico estereotipado,
también producirá en el sujeto una tendencia a la repetición y no a la apertura a un espacio
“otro” en el que el psicólogo interviene como facilitador y actor de esa producción. Los
relatos, la interpretación de las imágenes, los grafismos, se narran en presencia del
psicólogo que no es lo mismo que narrar a un vecino, o a un amigo. En ese momento y en
ese espacio (consultorio, escuela, cárcel, hospital, juzgado, consultora…) el psicólogo
desempeña la función de co - enunciador, ya que su presencia produce indefectiblemente
efectos que se dan a partir de esa red continua de flujos, de gestos, de palabras y
emociones de los que pueden derivar nuevos vectores de significación y de experiencia.
En ese sentido es que me refiero a la diferencia entre “resultados” y “efectos”
Los resultados pueden obtenerse de los cuestionarios, de las cifras que se desprenden de
algún test como el Raven, o de la lectura de la producción desde las categorías del DSM o
el CIE10.
No discuto la importancia de contar con parámetros estandarizados para poder hacer
diferencias y establecer comparaciones. La aplicación de códigos estandarizados cumple
funciones importantes ya que establecen regularidades poblacionales, conforman
entidades nosográficas que permiten predecir algunos aspectos relacionados con la salud
pública para adoptar medidas de prevención.
Los DSM que se fueron sucediendo en el afán de perfeccionar y ajustar los códigos, son
útiles también para la investigación epidemiológica y el esclarecimiento de problemas
psicopatológicos a partir de caracterizaciones bien delimitadas de las enfermedades.
Proveen asimismo aproximaciones para pensar un conjunto de hechos o de síntomas: los
famosos síndromes (signos y síntomas que suelen venir asociados). Buscan una mayor
precisión en los nombres de las distintas patologías y sus matices, contribuyendo así a
construir un lenguaje consensuado entre especialistas, ya que esos nombres recortan
lugares y permiten distinguir lo normal de lo desviado. Su finalidad es el establecimiento de
un “acuerdo” entre los observadores. Claro que el observador permanece afuera y se
propone ver como encajan o no los datos dentro de parámetros predeterminados.
Lo singular es tomado en cuenta sólo en el sentido de si se amolda o no a las
características de lo esperable. Porque lo que importa, es el logro de la claridad basada
específicamente en dos valores: normal o desviado, siguiendo los lineamiemtos del
paradigma de la modernidad: dicotomías, oposición entre valores, vigencia de lo claro y lo
distinto cartesiano; rechazo a la ambigüedad, a las transformaciones que conlleva el pasaje
del tiempo, eliminación de la circunstancia y el contexto
Los datos recogidos son elaborados en estadísticas y se tornan significativos a partir de
porcentajes de frecuencia. Se tiende a hallar al sujeto normativo. Una vez establecido y
puntuado obtenemos un mapa de referencia poblacional. Lo singular deviene un punto
poblacional.
Nos hallamos así en un terreno equivalente al diagnóstico médico. Desde allí, desde ese
campo legitimado de alta valoración y consenso, se habla de diagnosticar, tomando

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determinadas características, mientras que otras no se considerarán dignas de ser
puntuadas por no ser frecuentes.
Claro que esta modalidad exige un observador desde afuera de lo observado como
garantía de “objetividad”. A partir de esta sistematización, la comunidad científica podrá
guiar su quehacer; las categorías funcionarán como un a priori y se organizará el mundo
desde allí.
Desde esta perspectiva el sujeto no importa quién es, qué circunstancias lo acosan o lo
alivian, qué vínculos lo apuntalan o lo expulsan. Se lo verá desde los síntomas registrados
en ese manual sostenido por un aparato social que no está exento de una mirada
vectorizada desde el poder. Poder que legitima ciertos sucesos y desautoriza o anula otras
manifestaciones.
No olvidemos que los laboratorios han invertido recursos y movido influencias para
conseguir plasmar en clasificaciones a determinadas manifestaciones de la conducta
humana: ADHD, depresión, ansiedad, para luego colocar en el mercado medicamentos
específicos para “curar” esos males.
Pensemos además que el DSM sólo habla de déficit, de trastornos, pero no de dimensiones
saludables, creativas o singulares que puedan presentar los sujetos. No hay
categorizaciones para esas manifestaciones.

Las objeciones planteadas no pretenden anular la existencia de manuales, ya que


instituyen un zócalo, una base de conversación entre los miembros de la comunidad
científica. Pero la cuestión es plantearnos el para qué, en qué contextos y de qué manera
instrumentarlos, de modo que no nos veamos constreñidos indefectiblemente al estrecho
marco de las categorías consensuadas. Tenemos que ser conscientes de que este tipo de
aproximación al padecimiento es descriptivo, no explicativo, pero no por eso deja de
producir efectos; efectos de identificación en un nombre, una categoría que funciona como
una etiqueta que desde ahí portará el sujeto.
El supuesto epistemológico en el que se basan es la creencia de que existen “clases
naturales” y sólo hay que encontrar los métodos que permitan descubrirlas; como si las
categorías existieran previamente, como si la naturaleza estuviese pre-cortada, sin advertir
que son los científicos con sus paradigmas a cuestas y los procedimientos que tales
paradigmas avalan, los que producen la construcción de esa categorías.
Lo que se pretende conceptualizar como “conocimiento objetivo” es el producto del
trabajo de los investigadores en una cultura determinada, guiada por valores, intereses,
facilitados por recursos, subvenciones, limitados por sus propios prejuicios y experiencias.
Una muestra de ello es la supresión en 1974, por parte de la Sociedad Americana de
Psiquiatría, de su lista de patología a la homosexualidad, redefiniéndola como una
“variación normal de la sexualidad de los seres humanos”.
Quiero decir que los trabajos que culminan en esas categorías que se toman como
“naturales”, son un producto histórico resultado de estandarizaciones perceptuales y
cognitivas. El problema está en que se pretende luego elevar a esas construcciones como el
único universo que garantiza validez.

Lo que deseo dejar en claro es que lo verdadero es tal en el interior de un universo de


posibilidades previamente constituido y relativo a una época y a un paradigma que

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establece ciertas condiciones para que algo sea considerado válido. Esa verdad puede ser
distinta bajo otras condiciones. Para decirlo desde la Física que está constituida por leyes
muy estrictas: la teoría de la gravedad es absolutamente verdadera, pero no se cumple en
el espacio que transitan los astronautas.

Me interesa trabajar este concepto de verdad ya que está íntimamente asociado a nuestro
tema.
El siglo XX introdujo la idea de que nuestra experiencia y nuestra aprehensión de la
realidad se construyen. Es a partir de la posición del observador y sus presupuestos que se
puede percibir el dato y organizar el conocimiento. Es por eso que no se puede pretender
que un sistema, para no ser “contaminado” por la subjetividad, se despoje de teorías que
necesariamente posicionan la mirada. El pretendido rigor de “ajustarse a los hechos” es
ridículo. Los hechos no hablan; somos nosotros los que hablamos sobre los hechos, los que
elegimos sobre cuáles trabajar.
Los llamados “datos” aparecen como una masa heterogénea; es la pregunta que hagamos
frente al enigma que se nos plantea, lo que nos permitirá hacer conjeturas, hipótesis. Tales
hipótesis parten tanto de la observación como de nuestras expectativas teóricas y parten
sobretodo de las demandas concretas guían la investigación.
Lo que debe quedar claro es que siempre existe un salto epistemológico entre el material
al que tenemos acceso (enunciados narrativos, textos gráficos, construcción de formas a
partir de imágenes…) y la interpretación que hagamos. Y esto sucede en cualquier
concepción del conocimiento de que se trate, ya sea cuantitativo o cualitativo.
Esto quiere decir que no hay una realidad previa al conocimiento que tengamos de ella (me
refiero al orden del conocimiento, no a lo ontológico). Cada forma de organizar el
conocimiento abre un horizonte de exploración, permite aperturas perceptivas y opciones
cognitivas diversas y, por lo tanto, también habrá puntos ciegos a los cuales no se tenga
acceso, ya que nuestras teorías, experiencias, expectativas, sensibilidades y sobretodo
nuestro propios códigos de reconocimiento, recortan siempre el campo de los datos que se
nos hacen evidentes o que se nos vuelven pregnantes para determinar los significados.
No podemos hablar de una perspectiva privilegiada o de un método infalible que otorgue
validez absoluta a los resultados obtenidos.
La verdad será entonces un bucle de co-producción continua entre sujeto y objeto de
conocimiento y en una determinada circunstancia o situación.

Pretendo con estas ideas, ahondar en la reflexión sobre el necesario posicionamiento que
debemos tomar para el uso de nuestras herramientas. Quiero decir la ineludible tarea de
reflexionar desde qué marcos teóricos evaluar las diferencias y agrupar las semejanzas de
las manifestaciones humanas. Si elidimos la circunstancia, el contexto, en que se desarrolla
nuestro acto de psicodiagnosticar, elidimos también al sujeto y lo convertimos en una cifra
dentro de una escala o lo hacemos objeto de los a priori que aplicamos sobre él ocultando
otros aspectos más personales que lo identifican precisamente como “tal sujeto”. Pero
además nosotros también desaparecemos como sujetos al convertirnos en meros usuarios
de un saber gestado en otras circunstancias.

56
Quiero dejar en claro que no desecho la experiencia de aquellos que conceptualizaron
categorías y hallaron significados, pero no es suficiente para hacer una comprensión más
específica. No basta con decir por ejemplo: “hay fallas en la discriminación”. Tenemos que
hablar de los modos de operar de esas fallas: la diversidad de modos en que ocurre,
precisar y desplegar calidades y explicitar en relación a qué objetos o situaciones se
producen las fallas; cuáles otras situaciones o vínculos facilitan otro tipo de
funcionamiento.
La otra cuestión ineludible es con qué valores, prejuicios, mitos, preferencias, juicios de
valor abordamos a la persona y a su producción. Cuestión no menos acuciante ya que
evaluar, ubicar, diferenciar los funcionamientos psíquicos y las conductas no es una tarea
abstracta; implica el enfrentamiento con problemas concretos en los que están en juego
los modos de vida y hasta los modos de muerte de la persona.

Está en la honestidad del psicodiagnosticador explicitar las fuentes de su elección


conceptual y las motivaciones que lo llevaron a ella. Tarea nada fácil porque supone poner
en práctica lo que sostiene Castoriadis cuando dice que la reflexión aparece cuando el
pensamiento retorna sobre sí mismo y se interroga no sólo sobre sus contenidos
particulares, sino acerca de sus presupuestos y fundamentos, lo que implica el
cuestionamiento de lo instituido aún para re- aprobarlo luego.

El saber no consiste sólo en el conocimiento, en la búsqueda de una verdad; tampoco tiene


una única dirección posible. Como cualquier tipo de actividad está sujeta a prácticas
sociales, y a mitos que colorean el imaginario colectivo. En particular, en nuestro ejercicio
cobran mucha importancia los procedimientos estrictos, el cumplimiento de pasos
formales, los métodos rigurosos de observación y registro. Pero si consideramos sólo
dichos procedimientos como garantía de un trabajo correcto, vaciaremos de sentido
nuestro quehacer, ya que se diluirían los fines y objetivos particulares que cada
circunstancia demanda. En nuestra indagación tiene que estar presente el “para qué” y el
“desde dónde” miro lo que se me aparece; “cómo me vinculo” con la realidad del otro a
quien intento conocer y cómo estoy viviendo yo misma esa realidad que nos atraviesa a
ambos. Desde qué lugar digo que algo es saludable o patológico, desde qué lógica hablo, a
partir de qué dispositivos utilizados, cuáles son mis anclajes teóricos, ¿cómo concibo el
tiempo, como memoria histórica inscripta a fuego determinando indefectiblemente el
futuro, o como posibilidad de que lo que va aconteciendo en el desarrollo temporal de la
persona pueda generar transformaciones; dicho de otro modo: pienso que la resiliencia es
posible o estoy impregnada por la idea del “destino”?

En nuestro ejercicio habitual de psicodiagnosticar no es fácil lograr visibilidad para tales


cuestionamientos, aunque de ello depende lo que se pueda generar como novedoso para
el sujeto y también para nosotros.

Es cierto que tenemos que reconocer que algunos estereotipos (consignas, codificaciones,
baremos, instancias normativas, interpretaciones coaguladas) fueron útiles en la
constitución de la disciplina, pero hoy necesitan ser interrogadas, replanteando la
pertinencia actual, para cada situación y en relación a los modos de vida del presente. De

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lo contrario sería el método el que decide, el que otorga significados y juicios que
trascienden el sujeto particular del que se trata

La ciencia no es una actividad que se desarrolla sólo en nuestra cabeza y bajo formas
abstractas. Es una actividad histórica en la que están implicadas la política, los intereses, el
prestigio de las instituciones y de ciertos investigadores que dominan y se arrogan el papel
de excelencia que a lo mejor alguna vez tuvieron, etc. Es en esa trama que tenemos que
encontrar modos de regulación que permitan generar espacios en que la rigurosidad de los
procedimientos no esté reñida con las experiencias y circunstancia singulares del
encuentro.

Entiéndase bien: no se trata de sumar al conocimiento científico, a la manera de un


complemento, la dimensión política y los factores de poder sino considerarlas como lo que
está presente desde el comienzo determinando sus orientaciones y sus visibilidades. Elegir
determinadas evidencias y desechar otras para ser utilizadas en una investigación, es ya
una decisión y la decisión es un compromiso. O sea que frente a lo que siempre se afirma
en cuanto a que la ética se ve en los momentos de aplicación de determinado
conocimiento o tecnología, sostengo que las decisiones acerca de la elección de
determinada metodología de entre las variadas posibles, la decisión de enfocar
determinados hechos para la observación, o sostener, en nuestro caso, dogmaticamente
una concepción sobre el aparato psíquico, moldeará las conclusiones y lo que se pretenda
sostener como verdad. Y ya sabemos que nuestras afirmaciones tienen efectos sobre la
persona tanto como sobre su entorno.

Somos entonces responsables si aceptamos críticamente modelos y métodos; Es necesario


revisar las lecturas posibles de nuestros instrumentos para hacerlos pertinentes a nuestra
ideología de no remitirnos a normalizar a los sujetos sino a orientar hacia el desarrollo y
expansión de sus potencialidades en busca de una realización creativa de su persona.
También somos responsables si permanecemos indiferentes al uso bastardo de nuestros
instrumentos por gente que no hizo un recorrido científico y práctico adecuado para sus
aplicación, y sólo intenta sacar provecho económico de nuestras herramientas
ofreciéndolas al mercado mediante slogans publicitarios como hemos conocido en estos
días, que dice: ofrecemos un CD con todos los tests conocidos y de mayor uso, con las
respuestas correctas
Somos responsables si contemplamos, sin hacer nada, que las técnicas se publiciten como
herramientas fáciles que cualquier experto en relaciones humanas, laborales, abogados o
psiquiatras pueden aprender y aplicar.
Como en el resto de nuestra vida cotidiana, el mercado, el facilismo, lo Light ganan terreno.
Está en nosotros concientizar a la sociedad que así como un médico no puede construir un
edificio, ni un abogado puede recetar antibióticos, es necesario estar capacitado para
poder comprender los complejos mecanismos del psiquismo no sólo a través de la
aplicación de “técnicas” sino de una valoración del comportamiento del sujeto en un
contexto y respecto de la trama de su historia.

58
Quizás sea redundante en mi insistencia acerca de la importancia de comprender que el
mundo que habitamos no está afuera de nosotros, sino que nos condiciona, limita, pero
también nos abre a la presencia de factores nuevos que pueden ser posibilitadores de un
posicionamiento distinto del psicólogo psicodiagnosticador en el contexto profesional.

Desde nuestras prácticas cotidianas, podemos aceptar lo que sucede en la sociedad,


volviéndonos parte de ella y no ver las transformaciones que suceden, podemos trabajar
con formas y reglas de otra época en las que habitaban otras subjetividades, o podemos
encontrar sentidos y espacios posibles que den lugar a la salud, el goce, la creatividad de
cada singularidad psíquica. Incluyendo justamente lo que posibilita la comunicación
electrónica con la oportunidad que nos ofrece de generar intercambios, confrontaciones
de ideas, desarrollo de la crítica no sólo de ideas, sino de instituciones o manejos espúreos
de nuestra profesión, pudiendo incidir en la opinión pública acerca de los recaudos
necesarios para ejercer esta tarea.
Cada ámbito donde actúe el psicodiagnosticador puede ser una oportunidad de mostrar
tanto la complejidad como la idoneidad necesaria. Claro que no es lo mismo actuar en el
ámbito empresario, que en el judicial, el educacional o el clínico. Cada uno exigirá
conocimientos específicos, acomodaciones vinculares, lenguajes pertinentes, valores
asumidos, comprensión de lo que se juega en cada ámbito y de nuestro rol en cada uno de
ellos.

No sólo se trata de responsabilidad social sino de apuntalar nuestra identidad para que
nuestro conocimiento y actuación permitan nuestro propio desarrollo. Lo social y lo
individual no están separados: la realidad nos está haciendo en la medida en que hacemos,
en un pliegue moebiano en el que nuestro conocimiento y acción pueden también
modificar la realidad aunque sea en nuestro reducido campo de acción.

La interpelación constante de nuestro saber y de nuestro hacer se hace entonces


imprescindible

La carrera que van a iniciar les brindará oportunidad para ello.

Criterios para juzgar la adecuación de las interpretaciones

Roy Schafer56
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56
Resumen del capítulo V del libro Psychoanalytic Interpretation in RorschachTesting Roy Schafer R. New
York, Grune &. 1954.

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En las discusiones previas quedó indicando la múltiple determinación de las respuestas y
las complejidades conceptuales del análisis temático. El análisis temático de cualquier
imagen puede darse en varios niveles y varias direcciones.

Una respuesta como “explosión” (dada en Rorschach) sugiere: a) intensa hostilidad; b) que
las defensas no contendrán esta hostilidad; c) expectativas de que frente al fracaso
defensivo suceda una descarga violenta e indiscriminada; d) impulsos inconcientes de
carácter destructivos y anal-expulsivos.

¿Cómo establecer si estas ideas son o no adecuadas?


Necesitamos criterios para juzgar lo que se puede llamar la adecuación de las
interpretaciones. Los siguientes 6 criterios merecen atención particular:
 Debe haber suficiente evidencia para la interpretación.
 La profundidad de la interpretación debe corresponderse con el material
disponible.
 La forma manifiesta de las tendencias interpretadas debe ser especificada.
 Debe hacerse una estima de la intensidad de la tendencia interpretada.
 Debe asignarse a la tendencia interpretada una posición jerárquica dentro de la
personalidad.
 Deben especificarse los aspectos adaptativos y patológicos de la tendencia
interpretada.

Una interpretación no necesita reunir todos estos criterios para ser adecuada o útil. Pero
una interpretación debe reunir lo suficiente de estos criterios para tener sentido
psicológico y resultar una contribución del psicólogo abierta a la verificación o refutación
con el resto del material clínico.

1-. Debe haber suficiente evidencia para la interpretación

Qué constituye evidencia suficiente, no es fácil de especificar. En el ejemplo de la explosión


podría argumentarse que no hay justificación para tantas inferencias de una respuesta
aislada. De acuerdo. Afortunadamente, los pacientes nos ayudan dándonos una cantidad
de imágenes y expresiones que confirman, modifican, enfatizan o diluyen las orientaciones
interpretativas provistas por una respuesta.
La presencia de un dato aislado no permite establecer inferencias. Las interpretaciones
significativas deben construirse sobre una cantidad suficiente de evidencias, éstas son las
que posibilitan afirmar una tendencia significativa. Esto no impide que frente a un dato que
nos parece significativo se exploren todas las posibles implicancias que pueda tener.
Cuanto más detallamos cada implicación o hipótesis más adecuado será el marco de
referencia para cada nuevo dato y así alcanzar una síntesis final de interpretaciones.
En el caso de la respuesta explosión, el peso de lo agresivo, podría repetirse en otras
imágenes -como fuegos artificiales o volcán- que son compatibles con la hostilidad
explosiva. También podría suceder que existieran otras formas de expresión que
desplazaran el énfasis interpretativo de lo explosivo a otros modos de hostilidad

60
(absorbente, fragmentadora, etc.). Se verá como diferentes contextos van a sostener
distintas implicaciones.
La interpretación final debe representar la convergencia de varias vías de elaboración. Este
principio de convergencia es similar al que guía el análisis de los sueños en la terapia
psicoanalítica o el análisis temático de los relatos al T.A.T.
Si bien hay imágenes que se acomodan con estereotipos o clisés, es en su elección y
estructuración que se transporta el sello individual.

Como primera regla de evidencia para el análisis temático puede ser considerada la
siguiente: una interpretación es tanto más segura cuanto más extensa es la convergencia
que existe entre sus datos y secuencias.
Cuando las interpretaciones aluden a reconstrucciones genéticas de experiencias pasadas
es fundamental no hacerlo desde la teoría. Es necesario saber que lo que un sujeto
actualiza de su pasado depende de lo que necesita tomar ahora. Lo que se refleja en la
técnica suelen ser las apreciaciones más enfatizadas por el paciente sobre sus relaciones
pasadas, donde inevitablemente hay selección, distorsión y otras falsificaciones
retrospectivas de las experiencias remotas. Cómo un paciente representa su pasado nos
dice cómo necesita ver ese pasado ahora. La autobiografía del presente no puede tomarse
como información absolutamente válida. A menudo es sólo avanzado el tratamiento
cuando se producen ciertas correcciones vitales que son introducidas por el paciente, las
que nos permiten ver las diferencias con respecto a su relato inicial de su pasado. Una
madre horrible puede aparecer como habiendo sido, tempranamente, un hada buena; un
hermano indiferente puede haber sido una figura identificatoria clave positiva o negativa.
Por estas razones no hay en las técnicas indicadores confiables del pasado auténtico y se
requiere de la investigación para entender cómo han sido actualizadas ciertas experiencias
y relaciones tempranas.

Otro tipo de reconstrucción genética pertenece a la evolución de la estructura del carácter.


Por definición una estructura de carácter es un trabajo de toda una vida y una vez
establecida no puede ser modificada con facilidad. Similarmente si decimos que la defensa
represiva parece ocupar una posición básica en la estrategia de adaptación del paciente,
aludimos a un rasgo de personalidad relativamente estable, cristalizado, el cual también
debe tener una larga historia. En ninguna circunstancia la interpretación dice como el
sujeto se conformó de esa manera. La reconstrucción es de tipo formal y no etiológica.
Existe también la reconstrucción que se relaciona con el pasado reciente y que alude a la
personalidad premórbida del paciente. Por ejemplo, se pueden discernir evidencias
diagnósticas de una reciente desestructuración psicótica que venía “larvada”, hablar de
ciertas defensas que se hayan descompensadas o estimar el cociente intelectual que en el
presente está disminuido por la enfermedad. A menudo estas hipótesis son las que nos
permiten reconciliar contradicciones aparentes en los datos hallados e integrar
significativamente tendencias que surgían dispersas.
Una segunda regla en el análisis temático sostiene que, en la medida que no pueden
establecerse reconstrucciones históricas de las experiencias tempranas a partir de
respuestas a las técnicas, la interpretación abarca sólo la estructura de personalidad

61
presente, las dinámicas del presente y ciertos cambios en relación al pasado relativamente
reciente.

Como tercera regla hay que señalar que no pueden establecerse significaciones simbólicas
a partir de significados fijos previamente establecidos. Es necesario tener en cuenta de que
manera el sujeto respondió o evitó responder a las “áreas simbólicas” de la técnica.

En síntesis, para que una interpretación posea evidencia suficiente deberán converger en
las mismas varias líneas de inferencias a partir de los datos actuales y su interrelación
dentro de la secuencia.

2-. La profundidad de la interpretación deberá ser apropiada al material disponible.

El término “profundo” en el lenguaje psicoanalítico ha sido usado para referir a tendencias


arcaicas o primitivas que siguen más el proceso primario que el secundario (regulador de
impulsos, realista, ordenado y lógico). Así se suele hablar de pulsiones orales o de
agresividad anal. Pero a menos que se especifique como es la forma manifiesta en que
aparecen las tendencias en cuestión, su relativa intensidad, cómo son controladas, etc.
éstas formulaciones aisladas dicen poco del paciente. En todos nosotros,
presumiblemente, hay pulsiones orales, anales, etc.
La profundidad a la cuál la interpretación debe ser llevada está condicionada por el
material disponible (a veces sólo aparece la defensa y el control rígido) y con la suficiente
evidencia elaborada en la sesión precedente.

3-. La forma manifiesta de la tendencia interpretada deberá ser especificada.

Este criterio de una adecuada interpretación es mucho más fácil de mencionar que de
encontrar. A menudo es posible inferir la presencia de una tendencia poderosa pero no
podemos establecer cuál de las posibles formas manifiestas asumirá. Por ejemplo una
fuerte tendencia homosexual puede derivar en un paciente en una conducta heterosexual
inhibida mientras que otro termina como un Don Juan. El comportamiento manifiesto
siempre está sobredeterminado de una forma compleja y no depende de una sola
tendencia subyacente. Poder especificar en relación a las defensas prevalentes es
importante para sostener este criterio cuando sea posible.
Se debe ser cauteloso en la interpretaciones ya que los límites de los recursos de los
pacientes con respecto a logros adaptativos y sublimatorios son difíciles de estimar porque
dependen de acontecimientos significativos sobre los cuales se puede no tener control, lo
que puede ser solución productiva en un caso puede ser tendencia patológica en otro si se
tiene en cuenta el contexto situacional y vincular.

4-. La intensidad de la interpretación debe ser estimada

Dado que muchas de las tendencias que inferimos suelen ser muy abarcativas es
conveniente efectuar estimaciones aunque sean de tipo cualitativo basadas en el juicio
clínico. Así si hablamos de frustración, ambivalencia o egocentrismo es importante que

62
estas interpretación se ubiquen en una escala que cubra cinco ítems: extremo (intenso)-
fuerte (marcado, sobresaliente)- moderado- leve- irrelevante.

5-. La tendencia interpretada debe recibir una posición jerárquica dentro del cuadro de
personalidad total.

Este criterio, de alguna manera implica los previamente discutidos de suficiente evidencia,
profundidad apropiada, especificación de la forma manifiesta y estimación de la
intensidad. Requiere en lo posible que cada tendencia interpretada sea explícitamente
relacionada con otras tendencias importantes.
Toda tendencia se relaciona con otras y es preciso graduar el peso de estas relaciones.
Lo importante es evitar interpretaciones en cadena en las cuales cada tendencia se halla
simplemente yuxtapuesta a otra tendencia y no se establece una jerarquía de importancia.
Los siguientes dos informes de tests muestran la diferencia entre la cadena y la jerarquía
.
1-. Interpretaciones tipo cadena: el paciente es muy hostil, también aparenta ser muy
ansioso. Es compulsivo pero su rendimniento está intacto.

2-. Interpretación jerárquica: se registran fuertes impulsos agresivos, el paciente trata de


defenderse de estos impulsos hostiles apoyándose fuertemente en defensas compulsivas.
En este momento las defensas compulsivas parecen ineficaces. Esta inestabilidad genera
fuerte ansiedad.

El asignar posiciones jerárquicas a las interpretaciones presupone una teoría que de cuenta
de un psiquismo organizado. Esto ayuda a evitar contradicciones psicológicas al informar y
capitalizar las aparentes contradicciones presentes en las técnicas para hacer inferencias
acerca del conflicto..

6-. Los aspectos adaptativos y patológicos de las tendencias interpretadas deben ser
especificados.

Es importante dar cuenta en la interpretación de cómo una tendencia permite ciertas


adaptaciones y los aspectos patológicos que conlleva. Se establecerá por cuales vías y qué
extensión una tendencia facilita o entorpece los esfuerzos adaptativos.

En resumen: hemos considerado seis criterios generales para juzgar la adecuación de una
interpretación. Puede decirse que idealmente, una interpretación basada en suficiente
evidencia debe llegar en lo profundo hasta material arcaico y en lo manifiesto a las formas
de funcionamiento altamente socializadas.
La interpretación debe incluir una estimación de la fuerza de la tendencia interpretada y
localizarla jerárquicamente destacando los aspectos tanto adaptativos como patológicos.
Cuanto más basada en estos criterios esté una interpretación más adecuada y práctica
será.
En todos los casos la interpretación se basa en lo dado por el paciente como respuesta a las
técnicas solicitadas, nunca debe sostenerse en teorías o simbolizaciones de tipo mecánico.

63
LOS ENUNCIADOS IDENTIFICATORIOS

Su importancia en la construcción de la identidad

Etel Kacero
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Los enunciados identificatorios son juicios emitidos por otro significativo de quien se
depende afectivamente. No sólo determinan conductas, sino que a lo largo de los años
pueden plasmar estructuraciones psicopatológicas del psiquismo.

Son verdaderos juicios de identidad atribuida. Tanto el Yo como el Superyó se moldean


según las líneas de estructuración que proceden de la incorporación tanto de los rasgos
(imágenes de sí), como de los enunciados (representaciones significativas) que le aporta el
otro significativo.

El Yo es un término utilizado para designar la forma bajo la cual el sujeto se representa. No


es una entidad única ni homogénea. Se halla integrado por el conjunto de
representaciones –imágenes y enunciados verbales- que el sujeto toma como
representaciones de su ser. Está formado por una multiplicidad de representaciones
parciales: del cuerpo, la mente, de conductas, de distintas imágenes de sí, etc.
Es necesario recordar que el Yo es ante todo un yo corporal que se forma por la captación
de la propia imagen (el espejo...). Pero ese esbozo, ese núcleo inicial, será reestructurado
volviéndose más complejo por las afirmaciones – en el plano del lenguaje- que se hagan
sobre el sujeto. Si uno se representa como gordo, flaco, inútil... ya no se trata de simples
imágenes, sino de conceptos articulados en una red de oposiciones y diferencias, de
correlaciones, de juicios que toman forma mediante palabras.
Podríamos decir que el “Yo” que representa al sujeto está construido por juicios acerca de
lo que él es.
O sea, es necesario reconocer todo el peso del lenguaje y la palabra del otro significativo
(los padres, la cultura, las instituciones....). Si el balbuceo del hijo es transpuesto a la
categoría de “es inteligente” o la fiebre en “estás en peligro de muerte” o si una vez se
quedó dormido es transformado en “sos un haragán”, o si reprobó un examen en “sos un
fracasado”, estas generalizaciones constituirán enunciados identificatorios (P. Aulagnier),
que determinarán, congelarán la identidad mucho más allá de la situación original o de la
circunstancia que los originó.

La identidad puede ser entendida como emergiendo de un contexto vincular que está
cargado de ideología, valores, rasgos que pueden ir desde un máximo de valor (yo ideal),
hasta la máxima imperfección (negativo del yo ideal).
La totalidad del discurso tiene una función identificante. El Yo es efecto de la apropiación
de los enunciados identificatorios que sobre él pronunciaron los objetos investidos.

El sistema de significaciones es esencial, no es sólo porque es fundante sino porque es


importante para el mantenimiento del Yo-representación, para que pueda procesar sus
vivencias.
Los padres codifican el universo del niño, delimitan un campo semántico para juzgar los
valores, los temas y los parámetros de análisis que tienen importancia.
Entonces, en el estudio de un caso particular, es necesario tener en cuenta el papel
estructurante que tiene la “identidad supuesta” para el sujeto ya que ella va a actuar como
premisa general. Con ello atendemos a la lógica interna que permite, por ejemplo, que
representaciones parciales del yo se suelden de una manera específica por la fuerza de los

65
mensajes familiares y operen en áreas distintas de aquellas a las que explícitamente se
refieren.
Un mensaje desvalorizante puede reaparecer en quien lo recibe y ser transformado en “soy
débil”, “no podré defenderme” y contribuir a configurar un síntoma fóbico; tomado como
supuesto básico actúa como una verdadera máquina productiva que origina mil variantes
de una misma temática de hallarse en peligro. Y esto es, porque lo que se incorpora no es
esa representación parcial sino -y ello es más importante aún- un modo de funcionar. Es
que determinados atributos singulares son trasladados a categorías valorativas que
atribuyen una identidad al sujeto: pegarle al hermano se transforma en “sos malo”. Este
pasaje de un registro (el acto concreto) a otro (a la categoría general) es lo que se llama
transposición categorial. El nexo es arbitrario; responde más a los procedimientos del
sofisma que a los de la lógica. Ya que a partir de un aspecto limitado saca una conclusión
general acerca de la identidad global del sujeto

En la transposición categorial –inscripción de un significante a un código de significado-


reconocemos todo el peso del lenguaje y la palabra del otro significativo, sean los padres o
la cultura, que por el ejercicio del poder que tienen son capaces de volver invisible el
sofisma operado y presentar las cosas como una ley natural derivada de la razón.
La transposición categorial llega a ser de este modo, el instrumento por excelencia para el
ejercicio del poder porque es, justamente, el poder del amor o del odio que se tiene desde
un lugar de autoridad (padres, cultura, medios). Este lugar se constituye en una coartada
que conduce a la cristalización de los juicios sobre la identidad.
La transposición categorial permite entender cómo forman los enunciados identificatorios
de los que habla Piera Aulagnier. Como la categoría a la que son transportadas las acciones
o atributos es más abarcativa que estos últimos, una vez congelada la identidad bajo esas
etiquetas, las nuevas acciones y atributos van a caer en esa misma etiqueta.
Si el chico hace el mismo rictus que un pariente que es tonto y se lo califica de “será tonto”
ya se lo verá como poseyendo todos los caracteres que esta categoría comnota .
Existe transposición categorial cuando, por ejemplo el fóbico, registra una sensación
determinada como pueden ser palpitaciones, un puro significante físico, y lo trasmite
significado como “me muero”, o cuando se le contrae la garganta y dice “me ahogo”.
Luego esas creencias se independizan de las sensaciones de las que partieron y terminan
por volverse “literales” creando la convicción de muerte. Se observa entonces una
operatoria donde a partir de una generalización se pasa a un discurso totalizante. Luego,
ese discurso totalizante preexiste y determina la visión del mundo y de sí mismo.

Lo específico del discurso totalizante es la creencia o premisa que actúa como punto de
partida. Esta moldea, transforma los datos de modo que pasen a ser miembros de una
clase: “Soy tonto... entonces eso que dije es tonto”.
Una premisa general se vuelve creencia matriz y va determinando múltiples convicciones
subsidiarias. El discurso totalizante puede llegar a ser tan abarcativo que termina
generando la mayor parte de los enunciados que va creando el psiquismo. Puede empezar
a decir “mi cuerpo puede enfermarse” para después deslizarse hacia “algo siniestro va a
ocurrir…”, o “estoy en peligro”, y esto puede derivar en preocupaciones en otras áreas
(económica, matrimonial....)

66
La adjetivación valorativa es testimonio de la transposición categorial. En el “discurso
superyoico” abundan calificativos como: bueno, malo, decente, inmoral, mentiroso, etc,
categorías en las que quedan encasilladas y traspuestas todas la conductas. Esta
adjetivación transmite una modalidad de captar al mundo, crea un estilo de pensamiento.
Si un padre, al llegar su hijo del colegio y mostrarle las calificaciones, repara sólo en las
materias en las que no ha alcanzado el máximo puntaje, le está transmitiendo una regla en
la que lo central es lo que falta para alcanzar la perfección. Más aún, si ésta se acompaña
de una evidencia de frustración y rechazo del hijo por parte del padre, le brinda un código
en que si no es lo máximo no es nada.

La transposición categorial puede ser una regla y no meramente un enunciado


identificatorio, porque con esa operación el niño adquiere una forma de organizar la
experiencia, es un tipo de operación mental que va más allá del contenido particular. Cada
vez que se encuentre con una conducta, suya o del otro, enseguida la apareará, la
correlacionará con una categoría general. No lee conductas aisladas sino identidades
globales.
El prejuicio racial es una muestra de la transposición categorial: un color de piel – puro
significante- queda soldado a una categoría valorativa (significado).

Todo proceso de socialización, en la familia y fuera de ella, constituye una interminable


serie de transformaciones categoriales. El llanto de un niño es convertido, por la palabra
del adulto que lee desde su propio código, en evidencia de hambre, frío, soledad o rabia.
Es lo que P. Aulagnier llama violencia primaria, necesaria para los primeros tiempos en que
el niño necesita significados para atravesar su existencia y poder reconocer y hablar de los
estados por los que está pasando.

Vemos como la identidad supuesta por el otro significativo tiene un papel estructurante
por haberse constituido en premisa general. Se genera una creencia a despecho de que no
sea válida para todos los casos. Esto sucede por el peso que posee el lenguaje para
arrastrar significaciones congeladas, no explícitas y su capacidad de crear efectos de
sentido. Es que las palabras son como bloques ofrecidos por la cultura para hablar de la
realidad y ya llevan incluidas creencias. Las palabras con que se piensa la realidad son
verdaderos almacenes de significado que, en su combinación, producen efectos de sentido.
En la constitución del sujeto no sólo es importante lo que se dice en la familia como
enunciado identificatorio (valorización, desvalorización, peligro), sino que a través del
lenguaje y de las conductas (gestos, expresiones faciales, ademanes...) se van
transmitiendo modelos de operaciones mentales que van más allá de un contenido
particular, a la manera de metamensajes no conceptualizados.

Estas reglas se adquieren en la cotidianeidad, mediante escenas aparentemente sin


importancia que pasan desapercibidas pero que tienen un papel esencial en la
estructuración del sujeto. Pongamos por caso aquellas familias en las que se habla mucho
de si alguien es valioso o no. Todo es una referencia al mérito o a los defectos de la
persona. Se van ubicando así las representaciones dentro del área del narcisismo. Otras, en

67
cambio, enfatizan continuamente la vulnerabilidad física, los peligros de la contaminación,
de la enfermedad, las infecciones o por el contrario, la necesidad de hacer deportes, jugar
campeonatos. Como consecuencia de estos énfasis el sujeto sólo será reconocido si su
cuerpo entra en juego. Y se considerará “distinto” o “raro” si su sensibilidad o sus intereses
se dirigen hacia otro lado.

El niño que escucha el discurso de los padres no sólo recibe un universo semántico en el
que se privilegian determinados contenidos, sino que se identifica con las operaciones que
presiden la organización de ese discurso.
Si el hijo es codificado como admirable, excepcional y ningún otro vale nada, lo que se le
está transmitiendo es una regla de que existe un solo lugar, ya que el otro lugar estará
ocupado por alguien que no es nadie. Es la lógica bivalente (todo o nada). Ocurre que
cuando tiene que enfrentar la vida se desmoronan, porque la regla que han incorporado es
“o yo o el otro” (depresiones adolescentes).
Por eso en terapia es inútil infundirle una representación valorizada. Lo que hay que
cambiar es la regla que usa para juzgar las posiciones posibles.

Es por el poder estructurante de ciertos discursos parentales que calan hondamente en el


inconsciente, que se producen o construyen esas creencias matrices (Hugo Bleichmar) que
luego determinarán mil producciones. En el “hombre de las ratas” las miles de formas de
sentirse culpable no dependían unicamente de sus fantasías agresivas, sino de la escena en
que el padre, frente a una simple rabieta pronunció el terrible vaticinio: “este niño será un
gran hombre o un gran criminal”.

Entonces, es importante señalar la diferencia entre enunciados identificatorios que son


afirmaciones concretas que dicen que alguien es, fue o será de determinada manera y las
reglas de enunciación identificatoria que son normas para construir aquellas afirmaciones.
Estas reglas o normas abren un camino promisorio para el estudio de cómo se construyen
las creencias sobre la identidad.
Decir que la identidad viene del otro, es insuficiente. Lo que es necesario es ver más
cuidadosamente qué reglas se transmiten y cómo se transmiten cada una de las
operaciones psíquicas que conducen a esta atribución de identidad (“Mi papá nunca
hablaba, sólo que cuando te clavaba la mirada uno ya sabía lo que quería decir”).

Si consideramos a la identidad como una posición que se tiene en una estructura


intersubjetiva es necesario distinguir:
1-. Los enunciados identificatorios directos (que hablan sobre el sujeto)
2-. Los enunciados identificatorios por implicación (lo dicho sobre un tercero adjudica
un lugar al sujeto mismo).

Los segundos son más importantes aún que los directos, porque al no hablar directamente
sobre el sujeto se le hace menos evidente que está siendo ubicado en algún sentido
respecto de esa afirmación. (“la carrera de medicina no es para todos” o “mi hermano
tiene suerte, todos sus hijos han hecho una carrera universitaria”)

68
Si bien es necesario indagar o reconstruir lo que se decía del sujeto, lo no dicho sobre él o
lo dicho sobre un tercero, es a veces más importante en la construcción de la identidad.
Acá resulta pertinente recordar que la palabra es acción que atraviesa y estructura. Si hay
“falta” de palabra se genera un vacío porque no hay enunciados identificatorios para
atravesar la existencia y darle forma. Como una máquina a la que le falta una pieza
fundamental para terminar de conformarse, pieza sin la cual puede funcionar, pero habrá
procedimientos que no podrá realizar adecuadamente.
Es que la lengua, mediante los recortes de significado (lo semántico), organiza las
relaciones entre los interlocutores. Los hablantes en sus conversaciones van construyendo
un sistema de demarcación de opciones y sentidos estructurantes del mundo vincular
(Isidoro Berenstein).

Pero es necesario reconocer que si bien los objetos parentales significan el espacio mental
del yo infantil, el hijo autoproduce sus propias interpretaciones. No es pasivo. El yo es
autoalteración; aprende a reelaborar las representaciones identificatorias. Sin embargo
contiene parte de la voz y el deseo de aquellos que lo significaron en sus primeros tiempos.
Las significaciones ofrecidas por esas voces van configurando un sistema de opciones que
determinarán una clausura o una apertura para otras significaciones posibles.
Dependerá de la fuerza en los modos de transmisión de esos mensajes y de los recursos
del propio sujeto. Dependerá, también de la frecuencia, de los tonos empleados, del
momento en que se pronuncia (momento constitutivo o no de algún trabajo psíquico del
sujeto) o del contexto en que se pronuncian (“qué hacés ahí sin hacer nada...?; “mejor no
hablar que decir pavadas...” “el silencio es oro”). Aunque el Yo, en su recorrido histórico se
acercará o alejará de los recortes significativos que le transmitieron.

El tratamiento suele reabrir el sistema de opciones al ofrecer un contexto para desplegar el


proceso de des-cubrir lo congelado.

Por último diremos que los enunciados identificatorios y las reglas inconscientes que
conllevan, no son sólo las familiares. La cultura también transmite de manera invisible
metamensajes y genera modos en los que el yo se concibe, puede o debe concebirse.

Bibliografía: Aulagnier, Piera: “La violencia de la interpretación “


Berenstein,Isidoro: “Psicoanalizar una familia”
Bleichmar, Hugo: “El Narcisismo: estudio sobre la enunciación y la gramática inconsciente”

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LECTURA INTERGRADORA EN LA CONSTRUCCIÓN PSICODIAGNÓSTICA

Lic. Nélida Alvarez

IV CONGRESO NACIONAL DE PSICODIAGNOSTICO


Salta. Octubre de 2000
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1-. El modelo psicodiagnóstico.

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Poder producir integración es un logro al que aspiramos en nuestra práctica del
psicodiagnóstico, especialmente, cuando operamos con el modelo de evaluación que dio
nombre a esta actividad en el ámbito clínico.
Psicodiagnosticar es, ante todo, poder dar cuenta de la dimensión psíquica en el nivel de
integración propio de lo humano. Desde la teoría se presupone la potencialidad que tiene
el psiquismo para estructurarse con diversidad y se acepta que la subjetividad se plasma de
un modo singular según los efectos, a veces simbolizantes a veces desorganizantes, en los
intercambios vinculares vividos.
Para explorar y comprender esta trama subjetiva, tal como se despliega en cada situación
particular, necesitamos de un modelo dinámico que permita establecer una compleja
relación -por sus múltiples interacciones- donde ir enlazando la dimensión simbólica con lo
fáctico.

Partimos de la idea de que el psicodiagnóstico es una construcción realizada a lo largo de


un proceso que diferencia momentos específicos. Hay un tiempo de encuentro donde se
constituye un vínculo que permite la exploración y el registro de la producción y un tiempo
posterior donde se analiza lo simbolizado en los textos. En simultaneidad con este análisis
se inicia otro proceso: el de pensar la producción construyendo otra nueva. Es en la
búsqueda de inteligibilidad que comenzamos a comprender la realidad psíquica que
estamos investigando.

En este trabajo nos centraremos en el segundo momento del proceso psicodiagnóstico,


momento en el que podemos acotar el universo discursivo que hemos recogido y con el
cual vamos a trabajar. En el mismo se apoyarán las evidencias que otorgan validez a la
construcción psicodiagnóstica final. Destacaremos la importancia que en esta etapa cobran
las operaciones de integración ya que son el resorte subyacente para articular el sentido a
través de las distintas técnicas.

2-. La Integración durante la fase exploratoria

Trataremos de explicitar los recorridos del análisis durante el seguimiento de los textos. La
integración que busca realizar el psicodiagnosticador se va apoyando en las distintas
operaciones del pensamiento: analizar, identificar, diferenciar, ordenar, relacionar,
articular, jerarquizar, sintetizar.

Cada especialista aborda la tarea seleccionando los recorridos más afines con su estilo
cognitivo pero siempre hay una primera búsqueda de comprensión donde se pone en
juego la preconcepción del texto. Siempre se tienen ideas de lo que se puede esperar
basadas tanto en imágenes normativas de la realidad a la que se pretende acceder como,
así también, generadas en la demanda inicial y en la experiencia de encuentro con el
sujeto. Ya sea de manera explícita o implícita estas ideas operan como hipótesis
exploratorias que van marcando el recorrido del análisis.

Algunos de estos recorridos los podemos caracterizar como movimientos de apertura de


tipo espontáneo mientras que otros son de búsqueda sistemática. Algunos ya están

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indicados como procedimientos a aplicar con las distintas técnicas y han sido reconocidos y
consensuados por los especialistas. Un ejemplo típico de esto podría ser el análisis del
Rorschach desde la clasificación y los cómputos. Son momentos en los que la tarea se
centra en lo registrado como un producto que puede ser objeto de una indagación más
objetiva. En cambio, cuando son movimientos de apertura y de exploración de nuevas
relaciones entre el sentido y el sin sentido, la actividad del psicólogo adquiere prevalencia,
éste puede detenerse en ciertos datos que le parezcan significativos y dejar de lado otros.
La tarea se modifica según las contingencias halladas y según las oscilaciones en una toma
de distancia móvil. De este modo se dinamiza el abordaje de los textos desde una
estrategia que podríamos denominar de focalización múltiple. El observador no se
mantiene en una posición estable sino que, al establecer un diálogo fluído y rico con lo
registrado, va cambiando la distancia en la búsqueda de nuevos puntos de vista. Se puede
decir que la misma es mayor cuando se realizan descripciones centradas en criterios
objetivables pero el intérprete se involucra cuando realiza ordenamientos diferentes en las
lecturas que van más allá de lo explícito. También lo hace cuando elige hipótesis, cuando
selecciona unidades de análisis o cuando privilegia ciertas estrategias de exploración.

Tanto los procedimientos sistemáticos como los que siguen trayectorias innovadoras se
vuelven valiosos en la medida que permiten avanzar en la tarea. Los primeros recogen la
experiencia clínica y de investigación con las técnicas y permiten confrontar lo hallado con
lo esperable; los segundos descubren más las contingencias singulares y hacen surgir los
puntos donde el texto -al perder su transparencia- nos coloca ante múltiples interrogantes.
Son puntos donde las marcas singulares del psiquismo han dejado sus huellas en el texto
de un modo significativo. Esto obliga a detenerse para buscar intelegibilidad allí donde la
coherencia se quiebra, el decir se vuelve ambiguo, con efectos contradictorios, donde las
significaciones parecen condensarse y donde las formas se han vuelto enigmáticas.

En el intercambio dinámico con los textos se hace presente el trabajo de integración aun
en los momentos más analíticos. La tarea de identificación no se agota en la descripción de
los distintos componentes, se extiende también a las relaciones y a los procesos. Para
vincular los componentes a contextos más amplios y seguir las transformaciones en el
tiempo, es necesario recurrir a unidades más complejas. Las operaciones de diferenciación
ya no quedan aisladas sino que se incluyen en el devenir temporal y por ello se tienen que
integrar en sus distintos niveles de lectura.

3-. La integración en la articulación de lecturas.

Cuando pasamos a la articulación de lecturas entramos de lleno en el trabajo de


integración. Ya no se buscará desarmar los textos estableciendo diferencias (analizar) sino
que se buscarán los circuitos que sintetizan relaciones y permiten captar las
configuraciones esenciales. Será también importante reconstruir las secuencias que
mantienen la continuidad del sentido y fundamentalmente, comprender como lo
analógico se expresa en lo diverso. En este punto nos encontramos con la necesidad de
procesar las producciones más allá de los códigos específicos de cada técnica.

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Es parte de la complejidad de la tarea articular significados recogidos según los distintos
soportes. En psicodiagnóstico el lenguaje es oral en una entrevista con adultos y es lúdico
cuando se realiza con un niño. La palabra, la imagen y el gesto corporal se combinan de
modos diferentes en cada uno de los instrumentos utilizados. Variedad que favorece al
sujeto porque le amplía sus posibilidades de movilizar representaciones y de comunicar así
sus experiencias, sus conflictos, sus deseos. Ahora bien, si quien enuncia el mensaje utiliza
su disponibilidad de representaciones a través de los códigos del lenguaje, el psicólogo que
lo registra recibirá los efectos de ese decir y de ese mostrar y para leerlos tendrá que
“desmembrar” esos códigos y articularlos en una nueva lectura que integre la movilización
del psiquismo.

Para comprender mediante unidades amplias en su devenir temporal, un lenguaje que


además de palabras incluye el gesto y la acción corporal, es importante concebirlo como un
acontecimiento dialógico y no sólo como un producto de lo ya dicho. Es decir,
reconocemos que en el intercambio comunicativo ponemos palabras donde ha surgido el
gesto del otro pero también ponemos lo figurativo (imágenes del cuerpo, de los objetos y
las situaciones mencionadas) para captar el significado de las palabras.

Desde este planteo surge cómo contener, en lo interpretado, los significados y las lógicas
con las que el sujeto ordena sus producciones. La nueva construcción tiene que integrar
todos los aspectos de la enunciación para posibilitar el pasaje a los procesos subyacentes
del psiquismo, comenzando por descubrir los logros y fracasos de la función simbolizante.
Habrá momentos en donde lo que prevalece es la puesta en acto y otros donde el sujeto
puede plasmar en el soporte ofrecido, una producción simbólica. Son estos movimientos
los que permiten evaluar como dicha función, al fijar la experiencia, ha posibilitado las
estructuraciones del psiquismo y sus recursos disponibles.

4-. Un ejemplo de integración

Recurriré a un ejemplo para mostrar como en el proceso de integración, al encontrar lo


analógico en los diversos textos, se van construyendo los circuitos con sentido.

Las producciones elegidas pertenecen al psicodiagnóstico de Tomás un niño de 4 años, y


serán brevemente comentados.
Durante la hora de juego su actitud inicial fue de curiosidad hacia el nuevo lugar. Tomás
fue sacando los objetos del canasto y haciendo comentarios sobre los mismos. Encuentra
unos títeres, los prueba, los desarma y los deja tirados en el piso. Luego su exploración se
expande hacia los objetos del cuarto pero como asume la forma de una búsqueda
descontrolada y requiere que se le pongan límites a su acción. En un momento posterior -y
por un señalamiento de la psicóloga- vuelve a los objetos del canasto pero reacciona
abruptamente y lo da vuelta volcando la totalidad de su contenido.
Nos encontramos con que en esta primera entrevista no hubo producción lúdica ya que
Tomás no ha podido usar el juguete como soporte para transmitir significados. Sin
embargo podemos registrar los efectos de su accionar y decir que ha “desparramado” el
contenido del canasto y que su expansión corporal hacia el espacio requirió ser contenido

73
por el cuerpo de la psicóloga, quien de esta forma quedó involucrada en el accionar de la
situación.

En el dibujo libre Tomás “hace” con el lápiz sosteniendo la continuidad del trazado y sin
buscar una representación figurativa. Lo que ahora explora y recorre es el espacio de la
hoja de papel pero como el movimiento se limita a la mano, los efectos del gesto son
registrados por el niño. En un momento en que el trazo se sale de la hoja comenta: “estoy
haciendo un redondel tan grande que se me cae el lápiz”

Al realizar el dibujo de la persona Tomás se apoya en la palabra para construir la imagen,


va diciendo mientras dibuja: “un ojo, otro ojo, un redondel, un brazo, mano, dedos, la
panza, los pies”.
Una primera lectura del texto de la persona produce el efecto de una figura desmembrada.

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La expectativa que se genera desde los parámetros normativos establece que las partes
corporales sean contiguas y no se representen aisladas. Desde la lógica del niño se podría
decir que ha buscado la completud de la figura desde un criterio aditivo: ha graficado todo
lo que sabe que el cuerpo debe tener.
En una segunda lectura, relacionando este dibujo con el anterior, podemos decir que el
pasaje a la representación figurativa ha determinado la pérdida de la continuidad del
trazado presente en el dibujo libre, posiblemente, por el esfuerzo realizado al organizar la
forma y ajustarla a la significación simbólica.
También se puede leer que Tomás ha logrado la representación de la figura (imagen
corporal) pero no del entorno donde queda limitada; el espacio gráfico funciona
concretamente como su continente de igual modo que lo hace con los movimientos de la
mano que recoge en su superficie. Es el fondo el que unifica la imagen al mismo tiempo
que la contiene. Desde esta lógica de producción la figura no estaría desmembrada para el
niño.

Al realizar el dibujo de la familia, simplifica las figuras en consonancia con la mayor


complejidad de la representación que requiere de la diferenciación de lugares. Tom
“evalúa” su resultado y hace un comentario muy significativo diciendo: “mi mamá me salió
toda desparramada”. El efecto de la propia acción se refleja, ahora, en una de las figuras
representadas.

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Si seguimos la lectura en el eje desparramado/contenido, vemos un circuito que se inicia
con un acto cuando en la hora de juego vuelca lo contenido en el canasto y lo deja
desparramado. Luego el movimiento del trazado se “desparrama” en el espacio gráfico al
mismo tiempo que se incorpora a él. Finalmente es la figura la depositaria de los efectos
del gesto mediante la palabra. El circuito reconstruye el pasaje del acto (desparramar), a la
metáfora plástica (figura desmembrada), a la verbalización (“mi mamá desparramada”)
poniendo en evidencia los avances del niño en el proceso de simbolización.

En el Rorschach encontramos que responde arbitrariamente “un mapa” en las primeras


láminas, la palabra es un efecto perseverante que se repite “porque sí” pero al llegar a la
lámina IV se produce un cambio y dice “este es el mapa...de los gigantes monos peludos”.
A partir de aqui las respuestas interpretan distintas formas ajustándose a las características
de la mancha. También aquí encontramos un pasaje, que ahora se establece desde la
palabra arbitraria como mero efecto pragmático, a la lectura metafórica de la imagen.
Una producción significativa emerge al llegar a la lámina VIII. Nos encontramos con la
siguiente producción: “Dos animales que están alejando un barco” (mientras lo dice el
gesto acompaña a la palabra). La acción es ahora dramatización lúdica, en tanto imita con
el movimiento de la mano el alejamiento del objeto e introduce en la escena interpretada
la “trama dramática”. Tom ha podido recrear en esta respuesta, la profundidad faltante en
el texto al significar las relaciones imaginarias que la restituyen y otorgan “sentido”
escénico a la imagen.

¿Cuál es la importancia de seguir este proceso de lectura?


La hipótesis previa que desde lo esperable se formula, es que en la hora de juego
diagnóstica, un niño de 4 años, tiene que poder ingresar en la escena lúdica y utilizar los
objetos ofrecidos como juguetes. Esta expectativa no se verifica en Tomás y por lo tanto la
primera hipótesis es la de un psiquismo con fallas en su organización y en su capacidad
simbólica. Pero la posibilidad del niño de dibujar una figura humana refuta esta hipótesis
inicial porque ahora lo presuntivo es que está constituida la imagen corporal. Si bien esta

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imagen no se movilizó en el juego, es la que posibilitó la representación de la persona en el
espacio gráfico.

Los nexos para articular estas dos hipótesis, en principio contradictorias, los iremos
construyendo a partir de otros datos. El comentario de Tomás cuando dice que la mamá le
salió desparramada resulta importante si se introduce una hipótesis teórica que da cuenta
de cómo operan en la organización del psiquismo la identificación y los procesos de
diferenciación simbólica.
Si Tomás está identificado con una “madre desparramada” de la cual no logra
diferenciarse, su imagen corporal estará amenazada y no disponible para el
desdoblamiento lúdico, hecho que explicaría la ausencia de juego en la primera hora.
Pero también en esta primera hora de juego algo aconteció en el vínculo, la psicóloga lo
contuvo en su desborde al ponerle límites con su cuerpo y recogió en su presencia los
objetos desparramados por el piso. Es decir, lo que aconteció es el encuentro con alguien
capaz de contener lo que al niño lo desborda. El actuar de Tomás en la segunda entrevista
permite inferir que al disminuir el nivel de ansiedad pudo retomar un trabajo de
elaboración en el nivel simbólico.

En estas lecturas seguimos las transformaciones que el niño va realizando para acceder a
una mayor complejidad simbólica; capacidad que se despliega gracias a los intercambios
que acontecen en el vínculo y que reconstruyen permanentemente las relaciones entre lo
que se vuelve fondo y lo que se diferencia como figura. En este punto -y siguiendo con la
tarea de integración psicodiagnóstica- podemos efectuar una lectura interpretativa que,
desde el marco teórico, explicite en qué momento de la construcción de su psiquismo se
encuentra el niño.
Se pueden pensar sus producciones desde la conquista simbólica que significa la operación
del fort/da, entendida como esquema de representaciones que moldea todas las
situaciones de separación (Sami Ali). En esta operación, el acto de arrojar el objeto se pone
al servicio de crear la dimensión espacial que permite salir de lo fusional y diferenciar el
adentro del afuera. A su vez, la alternancia temporal de alejar/acercar el objeto conduce a
la posibilidad de simbolizar lo ausente.

En la hora de juego de Tomás esta operación fracasa, si bien puede movilizar su agresividad
para desparramar, volcar, sacar, intentando crear distancia con el objeto, no puede
recuperarlo e inicia su búsqueda descontrolada. Finalmente no hay juguetes que sean
soportes de una producción lúdica y si angustia por la ausencia no simbolizada. En los
gráficos se produce un cambio porque el impulso arrojado al espacio le vuelve como
imagen y se constituye en un doble identificatorio. Pero es en la respuesta que en
Rorschach rescatamos como significativa, donde podemos leer la operación del fort/da en
funcionamiento, mediante la identificación que el niño hace con la figura. Desde la misma
se construye la profundidad imaginaria que permite alejar/separar de sí al objeto.

Haciendo una síntesis de lo hasta aquí formulado, podemos decir que el


psicodiagnosticador opera con un pensamiento integrador cuando va construyendo

77
circuitos que, al articular sentidos, permiten captar una subjetividad que se ha unificado
con sus propios códigos. Y lo hace a través de las operaciones que:
 captan el modo de producción de sentido plasmado en los textos;
 siguen las transformaciones encontrando los nexos que las posibilitan;
 construyen metáforas que organizan el sentido al hallar lo analógico en lo diverso;
 ordenan las producciones desde distintos enfoques, ejes o perspectivas que
permiten pensar la realidad psíquica desde los marcos teóricos.
 Estos circuitos de lectura ayudan a procesar como el sujeto entra en cada nueva
situación propuesta, como la transita y como sale de la misma.

5-. Condiciones para la construcción psicodiagnosticadora

Encontrar las analogías que a través de la diversidad de los textos remiten a los
movimientos propios de la subjetividad, es una de las claves para comenzar a realizar una
articulación coherente entre las distintas lecturas efectuadas. Es el pasaje para reconocer
mediante inferencias, las organizaciones más estables del psiquismo diferenciándolas de
aquéllas que se presentan como inestables, fluctuantes o caóticas. Del interjuego de las
mismas surgirán las potencialidades vinculadas con el plano de lo saludable, en tanto hay
posibilidades de cambio o vinculadas con los trastornos psicopatológicos.

Todo psicodiagnosticador instrumenta criterios clínicos que le permiten ordenar


diferencias. En primera instancia entre lo que responde a los parámetros de la salud y lo
que, por quedar afuera de los mismos, es significado como patológico. Y en segunda
instancia, para introducir un diagnóstico psicopatológico más preciso que sea comunicable,
a terceros, a través de códigos compartidos.

No es parte de este trabajo desplegar el tema de la precisión diagnóstica pero si me parece


importante señalar que el modelo con el que estamos trabajando, al ser dinámico, prevé
transformaciones en su devenir. También supone que la construcción psicodiagnóstica no
tendrá un carácter definitivo ni atemporal. La integración lograda se basará en las lecturas
realizadas sin agotar las posibilidades de indagación de la subjetividad.

La construcción psicodiagnóstica final resultará válida en la medida que cumpla con los
siguientes requisitos:
 Estará legitimada en las producciones analizadas. En ellas se encontrarán las
evidencias que autorizarán las interpretaciones realizadas.
 Poseerá coherencia interna y podrá dar cuenta de los procedimientos de lectura
implementados.
 Poseerá relevancia cognoscitiva, esto es, proporcionará intelegibilidad acerca de la
subjetividad explorada.

78
EL CUERPO EN LA CLÍNICA. POTENCIALIODAD Y DEFICIT DE LA IMAGEN CORPORAL 57

Lic. Nélida Alvarez


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En la práctica clínica la problemática del cuerpo queda expresada en los síntomas y en los
discursos donde el sujeto habla. En este ámbito, el cuerpo se considera un entramado que
enlaza lo orgánico con un doble imaginario: el que proviene de la historia singular y el que
da cuenta de cómo cada cultura le asigna valores y regula normativamente los
intercambios humanos. Profundizar en esta trama puede ayudarnos a comprender como
se da en la consulta esta ligazón entre cuerpo y subjetividad.

Los discursos sociales sobre el cuerpo -científicos, filosóficos, religiosos- ofrecen versiones
antagónicas que significan como los opuestos básicos, unidad-fragmentación, vida-
muerte, integración-desintegración, lo atraviesan. Se podrá privilegiar el equilibrio o
destacar una de estas polaridades. En ciertos discursos se exalta la potencia del cuerpo
como órgano de lo posible y en otros se lo considera sede del desvalimiento y de la
inevitable finitud. Algunos discursos pretenden hablar desde una posición objetiva, tal
como sucede en las descripciones anatómicas o cuando se realiza un retrato, mientras que
otros se centran en el eterno enigma que suscita la relación del cuerpo con sus fantasmas.
Cada sociedad construye significados que simbolizan la imagen del cuerpo y ofrece
modelos ideales donde reconocerse desde la mirada del otro. A lo largo de la historia, las
practicas sociales relacionadas con la educación, la formación religiosa o la salud, han sido
la forma de disciplinar los cuerpos para ajustarlos a los requerimientos de la comunidad. Es
importante tener en cuenta que los modelos ideales vehiculizados en estas prácticas no
sólo marcan a los sujetos sino que también modifican la propia estructura social y van
abriendo otras formas de instituir la subjetividad.

Para pensar como se han modificado las imágenes del cuerpo en las últimas décadas hay
que tener presente otros cambios como ser la expansión de los entornos mediáticos, el
peso que ha alcanzado la imagen en los mismos y la importancia del consumo en eso que
se ha dado en llamar “el mundo globalizado”. Las imágenes ideales del cuerpo se ofrecen
en las distintas pantallas y si adquieren la connotación de un consumo más, hacen de la
autotransformación corporal una nueva práctica. Se ha vuelto cada vez más frecuente la
obsesión de muchas personas por fabricar una imagen que responda a lo que se muestra
como modelo deseable.
Lo especial del cuerpo humano es su capacidad de transformarse, por mediación del
lenguaje, al modificar a otros objetos materiales y también es el centro desde el cual se
organizan proyectos. Se tiene que mantener la diferencia con otros objetos si se desea una
interacción creativa con el mundo.
Las imágenes del cuerpo que imponen los medios de comunicación pueden volverse
emblemáticas de aquello en lo que hay que reconocerse y proyectarse para obtener
identidad y pertenencia, cuando esto sucede se impulsa a que se modele el cuerpo según

57
Trabajo presentado en 3er. Encuentro Nacional de Intercambio Científico de psicología. Sta. Fe. 2009.
79
una fachada exterior y el sujeto puede caer en la paradoja de apropiarse de una imagen
que lo deja desposeído del cuerpo ligado a su experiencia y a su historia.
Las valoraciones sociales sobre la imagen del cuerpo pueden conducir a conflictivas
similares en los sujetos pero su tramitación se hará de acuerdo a la estructuración lograda
y a los recursos de simbolización disponibles.

Para el psicoanálisis, la imagen corporal se constituye durante el psiquismo temprano y es


fundante de estructuraciones posteriores.
Debemos a Dolto la diferenciación entre imagen del cuerpo y esquema corporal. Este
último nos identifica como especie y funciona como la representación conciente y
preconciente que cada uno puede tener de su cuerpo. La imagen corporal, en cambio, es
inconciente y está ligada al sujeto deseante y a los intercambios con el otro. Allí se
inscriben las experiencias relacionales que sostienen el narcisismo y que se manifiestan en
las variaciones percibidas en el esquema corporal. Una vez lograda su unificación el yo
podrá sostenerse en ella y configurar el espectro imaginario donde todo niño buscará
reconocerse y diferenciarse del otro.
Para Doltó el esquema corporal es el intérprete pasivo o activo de la imagen del cuerpo.
Puede ser sano pero quedar invalidado si se enlaza a una imagen inapropiada que posee
una organización arcaica o incestuosa. Los síntomas de inhibición, los tics o los desbordes
impulsivos muestran este desajuste. En el otro polo, las afecciones orgánicas pueden
restringir el funcionamiento de lo sensoriomotriz aunque si la imagen corporal es
apropiada y se ha integrado el deseo al lenguaje, el sujeto no queda atrapado en la
discapacidad como marca de identidad, podrá significar las limitaciones físicas y aceptar las
diferencias que lo separan del semejante.
El esquema corporal se irá simbolizando a lo largo de la infancia en el entrecruzamiento del
cuerpo que se mueve en el espacio y el movimiento deseante que lleva a la apropiación de
nuevas representaciones. El cuerpo irá cobrando sentido a medida que se elabora la
experiencia que se tiene con él y el yo aumentará su capacidad de anticipación simbólica.
De este modo, disponer de una imagen con poder simbolizante es lo que permite abrir
nuevas posibilidades en el encuentro imaginario entre el sujeto y el otro. La imagen va ser
el pasaporte para ingresar en un escenario virtual donde buscar y crear relaciones posibles.

Desde otro punto de vista, la imagen del cuerpo es tanto un lugar de apropiación como de
enajenación. El cuerpo actúa como límite de referencia para discriminar entre lo que se
vive como propio y lo que se desconoce o vive como ajeno. La construcción de este límite
muestra la existencia de tendencias contrapuestas debido a la necesidad del yo de
mantener la integridad de su imagen y de ir aceptando sus cambios en el tiempo. Si logra
mantener el equilibrio, el funcionamiento del esquema corporal será relativamente
estable, de lo contrario, se hallarán fluctuaciones que expresan los momentos de
expansión o retracción que se realizan en los intercambios con el otro.
El déficit en la integración de la imagen corporal se presenta en las patologías graves. El yo
del psicótico no dispone apropiadamente de ella por la persistencia del vínculo fusional. Es
por la precariedad de sus límites que se favorece la irrupción de vivencias de
despersonalización y se experimentan las partes corporales como extrañas.

80
En el autismo, el amarre de la subjetividad al cuerpo no se ha producido. El movimiento sin
imagen se vuelve automático, hay un hacer estereotipado que refleja la inercia de lo
temporal.
Las fallas con la imagen corporal introducen rupturas con el espacio y el tiempo y se pierde
la posibilidad de anticipar simbólicamente el devenir del gesto. Esto también puede
apreciarse en patologías, que sin llegar a ser estructuras psicóticas, presentan un sostén
narcisista precario. Aquí no se ha podido simbolizar suficientemente la ausencia del objeto
y esto afecta la capacidad para figurar, para investir la representación de objeto. La palabra
no enlazada a los afectos se vuelve vacía y no representa al sujeto. El cuerpo queda en el
registro silencioso que el síntoma psicosomático denuncia o bien interviene para dar curso
a descargas impulsivas o compulsivas sin la mediación del lenguaje. Esto se comprueba en
las adicciones tóxicas y en las personas actuadoras.
En las neurosis, y más allá de los desacomodos temporales que puede sufrir la imagen de
sí, el grado de simbolización alcanzado le permite al sujeto desplegar su conflictiva en el
lenguaje y apelar a la metáfora para elaborar la experiencia vivida. El discurso, que puede
estar centrado en la palabra o en el gesto, ofrece distintas formas para comunicar lo vivido.
Así, el sentido figurativo, propio de la metáfora, es el que da “cuerpo” a la palabra mientras
que en el gesto, la dramatización lo pone directamente en escena y su imagen se transmite
a la mirada del otro. En la clínica lo registramos en el juego infantil o plasmado mediante
operaciones de escritura como son el dibujo o el modelado. La figura cobra entonces
visibilidad y adquiere el valor de un doble imaginario que al mismo tiempo que refleja al
sujeto lo transforma en otro. En todos los casos se pueden construir analogías sobre las
formas espaciales transpuestas al soporte y hallar las marcas que singularizan la
producción discursiva del sujeto.

En la consulta es importante que el sujeto pueda tomar distancia con el síntoma mediante
representaciones metafóricas. Daré algunos ejemplos.
1-. Susana acaba de atravesar una enfermedad física que puso en riesgo su vida
(obstrucción intestinal que le produjo una infección generalizada). Después de informar
acerca de las dos intervenciones quirúrgicas que tuvo dice: “me siento des-corazonada con
esto que me sucedió”. Con esta frase intenta poner en palabras la vivencia de daño
corporal y como su imagen quedó amenazada en su integridad. Alude a la incompletud, al
sentimiento de pérdida de una parte de su cuerpo que ha dejado un vacío en ella.
2-. Silvina consulta por sentirse muy angustiada, relaciona su malestar con el comienzo de
su menopausia y con los cambios que experimentó en el vínculo con su hijo adolescente.
Intenta ponerle palabras a su malestar diciendo: “cuando me despierto a la mañana siento
como una mano que me aprieta las tripas” mientras lo dice hace la dramatización llevando
su mano al vientre y cambiando su postura como si el cuerpo fuera a cerrarse sobre sí
mismo. Silvina trata de comunicar las sensaciones extrañas que ahora habitan su cuerpo,
que lo invaden y lo tornan desconocido. La imagen corporal que la acompañaba con
anterioridad y en la cual el yo se apuntalaba, ha cambiado dejándole sensaciones de
inquietud y temor a quedar desvalida.
3-. Miguel consulta por estar deprimido, se siente paralizado como si estuviera en un
estado de inercia. Luego explica que cuando perdió su empleo se sintió desplazado de un
lugar que había significado mucho crecimiento para él, expresa esto diciendo: “se me vino

81
la noche encima”. La figura condensa las vivencias producidas por un acontecimiento que
no esperaba y que tuvo efectos traumáticos. Con ella trasmite la imagen de un cuerpo que
quedó aplastado, en la oscuridad y sin la posibilidad de seguir proyectándose hacia
delante.

En estos ejemplos nos encontramos con pacientes que disponen de una imagen corporal
con potencialidad simbolizante lo cual abre una expectativa favorable para la terapia.
Cuando las posibilidades del decir propio son más acotadas o cuando se desea profundizar
en las relaciones imaginarias que el sujeto tiene con su imagen, se puede abrir la
comunicación al trabajo figurativo mediante el dibujo. Este es un medio privilegiado debido
al rol que ha cumplido en la infancia como escritura de lo corporal.

En los textos gráficos que mostraré se podrá apreciar:


1. cuando existe la imposibilidad para armar la figurar;
2. las distintas formas de identificarse con el personaje y su escena según la
fantasmática personal;
3. reconocer cuando actúan los procesos creativos.

1-. Son casos de adultos con patologías graves a los que se pide que dibujen una persona.
El déficit gráfico que se registra indicaría que la constitución de la imagen corporal ha
quedado fallida.

Figura 1
En la figura 1 se puede apreciar la repetición de pequeños círculos rellenados. No se ha
logrado acceder a la forma figurativa y transferir al espacio gráfico una imagen unificada y
especular del cuerpo. Sin imagen, el movimiento es un hacer estereotipado y se vuelve
automático.
En la figura 2 se realizan tres intentos sin lograr armar la figura humana, su trazado se
caracteriza por formas cerradas que remiten a vivencias corporales de tipo sincréticas
donde no se han simbolizado diferencias.

82
FIG. 2

En la figura 3 se Intenta organizar la imagen distribuyendo en el espacio círculos que


demarcan las partes corporales. El déficit en la simbolización de la imagen se advierte en la
persistencia de formas estereotipadas (sólo círculos) y, fundamentalmente, en la ausencia
de rostro. La apropiación del rostro como diferente al percibido en el otro, es fundamental
para reconocerse en la propia imagen.

Figura 3
2-. Son casos de adolescentes a los que se les pide un dibujo. Muestran capacidad para
metaforizar mediante figuras la conflictiva propia de la edad. Es importante recordar que
los cambios de la pubertad ponen en crisis la imagen corporal. Es un tiempo de pérdidas a
elaborar y también de nuevas búsquedas para resignificar la identidad. En el espacio
gráfico se actualiza el poder de metamorfosis del cuerpo al ingresar a una escena
imaginaria, se lo transporta como doble a una situación y a un tiempo distinto. Es
frecuente encontrar la emergencia de representaciones que muestran lo extraño, lo
83
desconocido, lo cambiante pero que, al transferirse a la imagen, permiten tomar distancia
y seguir reconociéndose en ella.

En la figura 4 la representación ha quedado acotada a mostrar una cabeza. El joven que la


realiza dice: “es una cara, una cabeza contenta” La figura no le promueve asociaciones en
relación a una situación imaginaria definida. En la representación pesa la ausencia del
cuerpo (negatividad figurativa) y de nexos con el entorno.

Figura 4

En la siguiente figura la joven, de 17 años, dice haber dibujado “una chica con un vestido
largo que va a una fiesta, le gustan las fiestas, le gusta vestirse bien, los zapatos de taco
alto y eso...la hice medio tímida... hace mucho que no dibujo... le gustan las fiestas ¡qué sé
yo!... está medio tímida”

Se presenta a través de una figura con sombreado y muy elaborada en el trazado lo que
indica que ha sido fuertemente investida. La escena imaginada coloca a la figura en una
situación de tránsito: la chica se dirige a una fiesta. Se ha preparado para la situación
ajustando la propia imagen para la mirada de los otros. La escena se liga a la realización de
un deseo y las expectativas se abren hacia lo que va a suceder en la fiesta. Pero entonces,
aparece la timidez, como aquello del propio cuerpo que no se puede dominar
convenientemente. El deseo entra en conflicto con el temor que suscita lo desconocido de
sí y del otro.

84
Figura 5

Luis, de 16 años, ha dibujado una figura ideal. Dice: “es Poseidón, es grande como un
rascacielo, bien grande. Vive en el mar, su dominio es todo el mar. Es un dios griego, de la
mitología griega, es el dios del mar. (¿cómo es?) No tengo idea, la personalidad que le doy
es que ayuda, nada más. La figura elegida le permite identificarse con una imagen ideal que
pertenece al imaginario social. El joven se ha apropiado de ella como soporte de
significaciones deseadas ligadas a fantasías de dominio y expansión. La imagen corporal se
ha encarnado en un cuerpo extraño para transitar sin temor espacios aún no conocidos.

85
3-. El dibujo moviliza procesos creativos.

El sujeto de la creatividad es aquel que puede abrirse a las posibilidades del devenir y
ejercer la libertad de elegir. No queda atrapado en lo dado, por una adaptación excesiva a
la realidad, ni en condicionamientos defensivos rígidos que impidan la movilización del
psiquismo hacia lo novedoso, hacia el cambio, hacia una salida saludable.
Se trata de un sujeto que ha logrado conservar en su organización interna el lugar de la
potencialidad inicial del psiquismo cuando todavía su historia no estaba inscripta. Gracias a
esta plasticidad podrá actualizar, en los procesos creativos, las operaciones que van a
permitir la emergencia del objeto. Su psiquismo alcanzó una complejidad que no responde
exclusivamente a estructuraciones provenientes de una historia identificatoria ligada al
otro. Lo más significativo del sujeto creador está en la capacidad que tiene para des-
identificarse, para tolerar el vacío a partir del cual engendrar al objeto. El acto creativo le
traza límites a este vacío y lo transforma en un lugar a ocupar. La ausencia le permite al yo
generar modos de elaboración que inventan acontecimientos instauradores y figuras del
devenir. Son procedimientos que, desde el punto de vista individual, parecen ponerse al
servicio de elaborar los efectos de fallas narcisistas pero donde la ausencia del otro no se
vive como mortífera porque el espacio se puede poblar de acontecimientos. Cuando esta

86
situación se da, el sujeto no se sostiene en un otro como objeto sino en el proceso creador
mismo, encuentra en él una alternativa de salida sin recurrir a defensas patológicas.

En la siguiente representación, la joven dice: es un árbol que se transforma en persona,


esta es la parte de la cabeza, las manos y el tronco y está aferrada a la tierra con los piés
(es una imagen que viste en algún lugar?) no, la inventé yo.

En la clínica nos encontramos con pacientes que disponen de una imagen corporal con
potencialidad simbolizante lo cual abre una expectativa favorable para la terapia. Cuando
las posibilidades del decir propio son más acotadas o cuando se desea profundizar en las
relaciones imaginarias que el sujeto tiene con su imagen, se puede abrir la comunicación al
trabajo figurativo mediante el dibujo. Este es un medio privilegiado debido al rol que ha
cumplido en la infancia como escritura de lo corporal.
En los textos gráficos que mostré se aprecia cuando existe la imposibilidad para armar la
figura, las distintas formas de identificarse con el personaje y su escena según la
fantasmática personal y también reconocer cuando actúan los procesos creativos.
Este último aspecto me parece fundamental de integrar a la clínica debido a que ofrece
una nueva línea de salida a las situaciones conflictivas.

87
Complejidad y relatividad
La subjetividad del psicodiagnosticador

Cristina Weigle58
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 ESCUHAR PARA COMPRENDER (no hay escucha sin deseo de escuchar)

Toda escucha supone una interpretación. Ella se manifiesta tanto en el modo de preguntar
como en el modo de registrar el sentido de un mensaje.
Interpretar ocurre desde un determinado modelo, explícito o silvestre, con el cual se
piensa y se procede a comprender.
La escucha transcurre atravesada por dos subjetividades, la del evaluado y la del psicólogo
evaluador. Ellas no son meramente dos sino un interjuego de inconcientes donde se
entrelazan la transferencia y la contratransferencia. La escucha es un proceso dentro de
ese encuentro. Es desde un deseo genuino por conocer al otro que se logra escuchar. Esto
ocurre en un placer sostenido dado por el intercambio.

 LA COMPLEJIDAD DEL MENSAJE (el qué y el cómo)

Descifrar un mensaje requiere una costosa tarea de integración por parte del examinador.
El mensaje parte del QUÉ se dice inseparablemente ligado al CÓMO se dice.
El CÓMO se implica en una melodía que expresa un sentir.
También depende de QUIÉN lo dice y de un ESTILO personal dentro de un CONTEXTO. Este
último funciona como continente del mensaje y, a la vez, lo condiciona. Los contextos de
evaluación son variados.

 LA POSICIÓN DEL EVALUADOR (identificarse y tomar distancia)

Evaluar implica establecer una distancia óptima operativa para ver y comprender. Exige
ponerse en el lugar del otro, estar en el otro.
Se requiere no incidir en el evaluado abrumándolo y obturándolo al poner lo propio. Se
requiere no dar por obvio lo no comprobado y no enajenarse al mimetizarse con el otro.
Se debe estar dispuesto a dejar lugar para que surja el deseo del otro.

 LA SUBJETIVIDAD DEL EVALUADOR (desde ella y sobre ella)

No solo se trabaja desde y con la propia subjetividad, sino que se trabaja sobre la misma.
La función interpretativa requiere tener en cuenta, en forma alternada, a estos dos sujetos:
al evaluado y a sí mismo como receptor de lo proyectado por el primero.
La subjetividad se manifiesta en cada fase del diagnóstico:
 en la administración según el ritmo, el tono de voz y la contención que sea capaz
de ofrecer;

58
Trabajo presentado en el XIII Congreso Nacional de Psicodiagnóstico. Octubre de 2008.
88
 al trabajar con las técnicas por la elección de criterios para clasificar (Rorschach) o
para enfocar abordajes;
 en la lectura interpretativa de acuerdo al bagaje teórico;
 en las decisiones plasmadas en el informe.

El estilo personal del psicólogo condiciona tanto al vínculo como al modo de arribar al
diagnóstico. Su incidencia sobre el evaluado genera un impacto negativo o positivo que
difícilmente pueda quedar olvidado.
Cuando el psicólogo vuelto sobre sí mismo se considera “sujeto en subjetividad”, buscará
conocerse e interpretarse. Habrá de disociar lo propio de lo ajeno a fin de comprender
mejor el vínculo. De ahí la necesidad de su propio análisis, de supervisión, de interconsulta,
de los grupos de estudio e investigación.

 PSICODIAGNOSTICO Y TRATAMIETNO SE EMPARENTA

Durante años se mantuvo una separación tajante entre el diagnóstico con técnicas y la
clínica psicoterapéutica59. Ahora bien, si consideramos la entrevista de exploración ¿ella no
implica un particular estilo clínico cuando indaga sentido sin inducir?
Cuando se apela a la libre asociación del evaluado, cuando se lo contiene y considera como
sujeto, el psicodiagnóstico y el tratamiento se ubican desde igual posición.
Todas las técnicas conllevan una faceta proyectiva. Por ejemplo el WAIS ofrece una lectura
interpretativa del discurso en los diferentes sub-test. El mismo RAVEN deja entrever lo
proyectivo en los variados modos como se abordan los problemas lógicos.
La manera de abordar la exploración como la manera de encaminar un tratamiento tienen
mucho en común: podemos sintetizarlo diciendo que coinciden en la escucha y en la
actitud clínica. Dichas maneras son completamente distintas a las de un educador, de un
psicopedagogo o de un psiquiatra.

 LAS TÉCNICAS COMO PRETEXTO (estimulo y detonante)

Los tests de rendimiento y los tests proyectivos tienen en común el ofrecerse como
estímulo y detonante para que el evaluado se despliegue ante los ojos del psicólogo.
En cada una de estas técnicas se registran en grados y profundidad diferentes: ansiedades,
mecanismos defensivos, núcleos de conflicto y erogeneidades pulsionales. Su función es
similar a la de una entrevista clínica semi-dirigida.
La clave interpretativa no depende fundamentalmente de la técnica aplicada sino del
entrevistador, de su actitud, de su visión, de su escucha, de su modo de intervenir. En
todos los casos respaldado por un marco referencial fundamentado.

 ALINEARSE AL CAMBIO DE PARADIGMA

No podemos concebir un psicodiagnóstico atado a determinado tipo de nosografía, en


cuanto a enumeración acotada y rígida.

59
En nuestro país contribuyó a esta división la “ley de Ongania” que reglamentó la profesión y que, durante
mucho tiempo, le impidió al psicólogo hacer terapia. (nota de N Álvarez)
89
Al peligro de simplificar la complejidad del sujeto psíquico, se suma el riesgo de fracturar su
singularidad perdiendo aquello que es específico y propio: lo individual.
Al evaluado se lo puede confundir entre “muchos de una clase” lo cual sería volverlo “uno
más, de tantos similares, cuando se le encuadra estadísticamente”.
Ya las ciencias duras no sostienen como fácil el acceso a las certezas sino, como nos ilumina
Edgar Morin, “nos movemos en un mar de incertidumbres entre algunos archipiélagos de
certeza…” y los necesitamos como puntos de referencia. Tarea ésta nada sencilla para
aceptarla y sostenerla en el tiempo coherentemente.
Nos corresponde a los psicólogos psicoanalíticos mantener abierto el camino que el
psicoanálisis viene recorriendo desde hace muchos años:
1. Incorporar tolerancia a la ambigüedad y a las contradicciones mientras se busca
resolverlas.
2. Soportar las angustias provisionalmente antes de arribar obligatoriamente a una
definición tentativa de diagnóstico.
3. Sostener la paciencia para acompañar la lentitud de los ritmos en los que
transcurren los cambios psicológicos.
4. Tolerar el no-saber, no-aseverar. Tolerar transitar sin certezas y sin objetividad.

Los resultados diagnósticos desde hace años para los psicólogos mantienen su carácter de
probabilidad, de hipótesis provisoria sujeta a revisión permanente, sin perder, por ello, la
utilidad al ofrecer una función orientadora y una predictibilidad relativa.

 EL EVALUADO Y EL PACIENTE

Dijimos que en el diagnóstico y en el tratamiento existen varios personajes:


a) El evaluado y el paciente como sujeto consciente;
b) Lo inconsciente que aflora en su discurso cuando se escucha a sí mismo hablando
en virtud del dispositivo o encuadre, ya sea en el contenido de la sesión como en la
entrevista de exploración;
c) El evaluador desde lo consciente;
d) La subjetividad y lo inconsciente del mismo.

Estos cuatro personajes entran en un interjuego que se apodera de la escena; corresponde


al personaje vigilante guiar desde atrás lo que sucede. Un psicólogo no va marcando el
rumbo como un líder que planifica y realiza propuestas. Sino acompaña a partir de la
escucha y aporta, esclareciendo lo que escuchó o simplemente lo convalida.

 EL INFORME DIAGNÓSTICO: UN PRODUCTO METABOLIZADO

El diagnóstico culmina luego de un arduo y bien encarado proceso de asimilación. No se


trata de un resultado matemático ni de un juego meramente intelectual de causas,
consecuencias e interrelaciones. Es una combinación de conocimientos, intuiciones y
vivencias que buscan captar lo medular de una persona de un modo sintético.

90
Lo atraviesan sentires muy diversos y difíciles de expresar en cada caso, proyecciones,
contratransferencias. Conjuga descubrimientos inesperados como sutiles análisis
particularizados.
Supone “dejarse tomar” por el otro para trabajarlo serenamente en la trastienda del
sueño, hasta lograr asirlo como es.
Todo psicodiagnóstico arrastra partes del evaluador. Ellas dejan plasmada su huella en el
resultado. Es algo propio que se trasluce en el informe y que a la vez permanece en el
evaluado al modo de una marca, tanto si llega a leer el informe como cuando se le ofrece
alguna devolución.
Cada resultado genera en el psicólogo un cansancio rico: asimismo el intenso placer que
produce el haber entregado mucho de sí aportando a otro, con la incomparable alegría de
descubrir como contrapartida que se ha crecido un poco más.
Diagnosticar en muchas ocasiones resulta una vocación: la de escudriñar, explorar, ser
investigador. Se alimenta de la sed de comprender. Cuando al fin se alcanzan conclusiones
Se asiste a una especie de revelación privilegiada que aparece allí, ante la sorpresa, ante el
asombro inagotable como la persona.
En esa travesía en permanente búsqueda para develar quien es el que habla, el evaluador
no tiene otra opción que hacerse cargo de la complejidad y la relatividad que todo ello
implica.

BIBLIOGRAFIA
HUSAIN, Odile y equipo “sobre la interpretación en psicodiagnóstico” publicado por Adeip.
MORIN E. Introducción al pensamiento complejo. 1990. Gedisa
WEIGLE C. Rorschach, Discursos y estilos.1998.
Como interpretar el Rorschach. Reed. 2007.

91
IX Congreso Nacional de Psicodiagnóstico
Mar del Plata octubre de 2005.
Panel: Identidad, Historia y Transformación en el psicodiagnóstico
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La transformación en psicodiagnóstico como clave de su historia

Nélida Alvarez

Toda práctica social produce transformaciones en el tiempo que van configurando su


historia. La que hoy nos ocupa tiene como protagonistas a los psicólogos que se abocaron a
la tarea del psicodiagnóstico y que fueron dando respuesta a los distintos desafíos planteados
desde los marcos científicos y los contextos sociales.
Los avatares de esta historia se anudan también con los acontecimientos vividos en nuestro
país y que fueron puntos de inflexión en la trayectoria de los psicólogos al ejercer su rol
profesional.
Al rememorar alguno de estos hechos así como los discursos que se fueron ligando con la
práctica, se pueden diferenciar momentos significativos. Trataré de hablar de estos haciendo
la salvedad de que se trata tan solo de una versión posible de la historia que sin duda es
mucho más compleja.

1- Los tiempos del comienzo. La ilusión frente al por-venir


La carrera de Psicología se creó en el año 1956 en Rosario y al año siguiente en la Facultad
de Filosofía y letras de la universidad de Buenos Aires. Como suele suceder en todo
comienzo generó muchas expectativas. En tanto no estaban legisladas las competencias de la
práctica era posible imaginar un futuro abierto a lo potencial. Recuerdo una frase que
circulaba a la manera de enunciado identificatorio, donde se decía que el psicólogo “era un
agente de cambio” y el cambio se pensaba en relación a un ser humano, vivo, en
movimiento e indisolublemente vinculado a lo social.
La universidad en esos momentos daba cabida a estas ideas estimulando la participación de
los estudiantes que, indudablemente, se sentían parte creativa de un proyecto con sentido
humano y humanizante.
Desde otro enfoque no estaba facilitada la inserción profesional, el título otorgado era tan
solo “académico” y la formación, si bien daba cabida a muchas corriente teóricas, estaba
poco articulada con la práctica. Los profesores que eran psicoanalistas trasmitían la teoría y
hablaban de la importancia del análisis como proceso terapéutico, también sugerían
atravesar por la experiencia del diván como parte de la formación y a fin de tomar
conciencia de nuestra propia conflictiva. Sin embargo eran muy ambiguos y contradictorios
porque lo que nos enseñaban no se podía ejercer sin la autorización de la asociación
Psicoanalítica que, paradójicamente, tenía vedado el ingreso a los psicólogos.
El otro contacto que teníamos con la futura práctica, y esta vez era una figura más concreta,
era la que nos conectaba con los instrumentos psicológicos. El estudio de las técnicas en esa
época se desarrollaba en 2 materias: Psicometría dictada por Nicolás Tavella y Técnicas
proyectivas dictada por Jaime Bernstein. La primera destacaba la importancia de pruebas
construidas de acuerdo a las exigencias del método experimental, eran instrumentos de
medición que recogían datos considerados “objetivos”.

92
Por su parte, las técnicas proyectivas ponían el acento en la capacidad del psicólogo para
procesar los datos recogidos. Eran, al decir de Bernstein, técnicas de interpretación que
aspiraban a captar la personalidad en sus aspectos organizativos y dinámicos.
Hay que recordar que en los años 50 y 60 la psicología proyectiva estaba en auge e intentaba
poner en el centro de la escena psicológica al sujeto con su singularidad histórica. Este
sujeto había quedado olvidado por una psicología atomista que buscaba describir leyes
generales del comportamiento humano.
Con las técnicas proyectivas se valorizaba el rol del psicólogo en la construcción de
hipótesis diagnósticas y se le adjudicaba un lugar para producir conocimientos en el ámbito
clínico y dar cuenta de lo que Allport definía como la ley propia de cada personalidad.
También, cabe decir, que estas técnicas suscitaban críticas acerca de su idoneidad como
instrumentos por su baja confiabilidad y validez estadística. Se decía que producían
resultados inciertos y que aquellos “aciertos” que se lograban eran considerados más efectos
de la experiencia del clínico que del registro obtenido al aplicarlas.
Más allá de estas controversias entre científicos, los psicólogos y las psicólogas - que
éramos indiscutiblemente la enorme mayoría- nos apropiábamos de estos instrumentos que
establecían nexos con las teorías que aprendíamos (resultaba importante la relación de las
técnicas proyectiva con el psicoanálisis) y nos permitían visualizar el pasaje a una práctica
específica propia de la profesión.

2- Los tiempos de la resistencia


El año 1966 cambió el rumbo de esta historia. El país sufre un nuevo golpe institucional que
arrastra a la universidad. La intervención y los acontecimientos recordados como “la noche
de los bastones largos” trajeron como consecuencia que la carrera de psicología quedara
desmantelada y corriera el riesgo de desaparecer. Si esto no sucedió es, quizás, porque las
demandas al psicólogo ya estaban instaladas en la sociedad.
Pero no solo quedó afectada la formación de los futuros psicólogos, un nuevo golpe lo
constituyó el decreto que reglamentaba el ejercicio profesional y que equiparaba el título al
cargo de asistente psiquiátrico (cargo que existía en un carrera corta previa a la creación de
la carrera de psicología).
La práctica quedaba circunscripta a la aplicación de test pero no se podía emitir juicios
diagnósticos, los informes tenían que ser avalados por un psiquiatra. Tampoco se podía
ejercer ninguna forma de terapia. Dicho en otros términos, la ley nos dejaba al margen de
toda actividad responsable y comprometida, más que habilitar resultaba in-habilitante para
todo aquello que pudiera producir algún cambio.
La ley ponía en crisis la imagen de identidad construida en 10 años de expectativas y
comenzó entonces la resistencia.
Fue una larga lucha durante la cual los psicólogos luchamos por cambiar una ley nefasta y la
transgredimos cada vez que la sociedad demandaba nuestros servicios.
Se comenzaron a implementar las técnicas en hospitales y escuelas y se afianzó el modelo
de psicodiagnóstico como proceso que trabajaba con la relación psicólogo-sujeto a
diagnosticar.
Las ideas de David Rapaport, quien definía los alcances y límites de los procedimientos de
verificación diagnóstica a través de una batería consensuada, fueron importantes para
ubicarnos y sostener la tarea.
El psicodiagnóstico en niños se instaló rápidamente como una forma de demanda que
realizaban los padres, pediatras y maestros. Algo más difícil resultó la práctica en relación a
93
los adultos ya que hubo que vencer la desconfianza que suscitaba en muchos profesionales
médicos sólidamente arraigados en sus propios enfoques. Esto no impedía que cuando el
intercambio se producía resultaba enriquecedor.
Personalmente, durante los años 70 trabajaba en un centro médico privado donde había
psiquiatras y psicoanalistas dedicados a los adultos. Era la única psicóloga y pronto fui
requerida para el psicodiagnóstico y tratamiento de niños pero, además, como tenía
formación en Rorschach se me pedía que administrara esta técnica a pacientes que
resultaban problemáticos para el terapeuta.
Fui descubriendo que el Rorschach no solo era una técnica prestigiosa sino que a la hora de
dar cuenta de los resultados se valoraban los aportes. También por este instrumento fueron
surgiendo las primeras posibilidades de incursionar en ámbitos fuera de la clínica.
Paralelamente entre los psicólogos habían empezado a perder credibilidad las técnicas, el
Rorschach parecía quedar fuera de los embates críticos pero era ignorado por la mayoría de
los profesionales que optaban por formarse en otras líneas. La psicología adquirió un perfil
psicoanalítico, a veces extremista, que terminaba por desacreditar todo lo que no pasara por
ese recorte teórico y su práctica analítica.
Decía Ricardo Malfé en un artículo al cumplirse los 25 años de la creación de la carrera:
“hoy es frecuente oír exponer el sofisma según el cual, así como fue necesario a Freud y sus
continuadores desprenderse del lastre de la mentalidad médica, es preciso, también, depurar
al psicoanálisis de todo vestigio de psicología”.
Para muchos psicólogos todo lo relacionado al psicodiagnóstico y sus instrumentos fue
considerado como inútil. Se pensaba que rotulaba al paciente y si las circunstancias
laborales los obligaban a tener que realizar algún diagnóstico o informe, éstos resultaban
empobrecidos y reflejaban una formación deficitaria que los volvía poco operativos para el
solicitante.
3- Volver a empezar

1985 significó un cambio importante al dictarse la nueva ley que define las competencias de
la profesión y establecía 3 especialidades: Psicología clínica, educacional y social. Con
respecto a la psicología clínica decía: “comprende la exploración diagnóstica de la estructura
dinámica y desarrollo de la personalidad, la orientación psicológica para la prevención de
patología y el diagnóstico pronóstico y tratamiento de los conflictos psicológicos en curso
así como otras actividades que requieren el uso de instrumentos y técnicas psicológicas”.
Con esta ley se legitima el uso de las técnicas para el diagnóstico y lo que es más, aun, se
amplían sus posibilidades de utilización. Conjuntamente fueron aumentando las demandas
que la sociedad efectuaba desde distintos ámbitos.
Fue necesario ajustar las técnicas a los nuevos contextos. El concepto de evaluación
psicológica se instaló como una categoría más amplia y los informes tuvieron que
reformularse según los nuevos lenguajes que el intercambio profesional requería.
Es el momento en que los psicólogos dedicados al psicodiagnóstico, un tanto desperdigados
por los avatares de la historia, necesitan crear un espacio compartido donde poder dar
respuesta a los problemas teórico-técnicos y éticos de la práctica. Esta necesidad se plasmó
en ADEIP, institución que forma parte de la realidad que hoy nos toca vivir y que, de cara al
futuro, nos obliga a nuevas reflexiones.
La historia nos habla de una práctica que vino a cubrir necesidades sociales a la que los
psicólogos supieron responder. Los quiebres y altibajos de la misma ponen de relieve que
cuando se pierde la continuidad de la experiencia se paga un alto costo. Algo similar ocurre

94
con el aislamiento que desconoce la importancia de integrar los propios aportes en los
intercambios interdisciplinarios.
Hoy el vértigo de la sociedad conduce a las personas a vivir experiencias de modo
empobrecido porque se pierde la posibilidad de su elaboración en el tiempo. Sostener una
praxis humanizante implica no dejarse arrastrar por los embates de la corriente ni pensar que
el pasado remite a lo caduco o que, lo que se propone como actual, es siempre novedoso y
mejor. Puede simplemente ser lo que llena el vacío en cada momento y termina por
transformarse en nada.
En los últimos años han crecido las investigaciones con las técnicas, lo cual es un objetivo
altamente deseable para evitar caer en formas automatizadas de actuar que redundan en
estereotipos improductivos. Pero es necesario diferenciar aquello que le permite al psicólogo
profundizar en la lectura de sus instrumentos para transformar y complejizar sus enfoques,
de la exploración que los simplifica para ajustarlos a planes de investigación que vuelven a
“despersonalizar” la práctica como si la historia no nos hubiera enseñado nada.
Cuando miro hacia atrás en mi trayectoria con las técnicas me doy cuenta de la importancia
que tiene descubrir aquello que emerge en cada encuentro y que se registra como
transformación de lo previo.
Debo a Irene Orlando y a sus enseñanzas con el Rorschach las experiencias fundantes de
este aprendizaje. La primera surgió como consecuencia de un cambio que había realizado a
la consigna del test. En vez de repetir al sujeto la respuesta dada en la administración se le
pedía que dijera nuevamente lo que veía y esto generaba aquello que todo psiquismo
saludable suele hacer: re-significar la experiencia. Cuando los sujetos volvían a ver la
lámina I después de haber atravesado por toda la prueba, hacían transformaciones en sus
interpretaciones. Descubrimos que la memoria de lo ya dicho producía cambios en las
representaciones y que el olvido generaba nuevos vacios de significación. Pero quizás el
descubrimiento más impactante surgió al querer darle al gesto que localizaba una mayor
precisión pidiéndole al sujeto que lo hiciera con un papel de calcar. Lejos de lograr precisar
la localización lo que se registraba era lo que había quedado fuera de lo esperado. Las
respuestas populares mostraban la fragilidad del consenso cuestionando su valor adaptativo.
Y algo aun más importante aparecía cuando respuestas que se clasificarían como de nivel
formal negativo, al ser calcadas revelaban la capacidad creativa del sujeto para procesar la
imagen. Pensando en la localización no habíamos anticipado lo que un procedimiento de
escritura como el calcado podía poner en evidencia. Como diría Bateson, no se puede saber
lo que se está explorando hasta que se lo descubre. Y es que lo que acontece en el proceso
mismo abre nuevas posibilidades a la historia y conduce a la transformación de lo previo.
No tendría sentido el psicodiagnóstico si esto no fuera así.
Conocer nuestra historia es lo que nos permite reconocernos en nuestra identidad
profesional, entender el sentido de sus cambios, ubicarnos en una tarea basada en el
encuentro humano y aspirar, más allá de cada situación concreta, a desplegar la
potencialidad humanizante que contiene la práctica.

Resumen:
Actualizar la historia de una práctica es siempre construir una versión posible de la misma.
En este relato se buscará seguir la historia de las transformaciones que permitieron
configurar la tarea psicodiagnóstica y su modificación constante en respuesta en respuesta a
los desafíos que los distintos contextos sociales y científicos le plantearon.

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Si bien la necesidad de operar con marcos consensuados hace deseable el ajuste a pautas
estables, no es menos deseable evitar que las formas de actuar se automaticen y devengan
estereotipos improductivos.
Al seguir los avatares de la historia, surgen ciertas “figuras” condensadoras del discurso de
la práctica y a su vez, generadoras de transformaciones. Se intentará diferenciar aquello que
ha cambiado en consonancia con los tiempos sociales de lo que es producto de la
complejización del modelo implementado por el psicólogo al indagar sobre sus propios
instrumentos y profundizar en su lectura. Y es que hace a la identidad del
psicodiagnosticador reconocerse en el ejerció de una tarea basada en el encuentro humano y
que aspira, más allá de cada situación concreta, a desplegar su potencialidad humanizante.

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