0% encontró este documento útil (0 votos)
59 vistas4 páginas

Vida en una familia privilegiada

Cargado por

EVELIN
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
59 vistas4 páginas

Vida en una familia privilegiada

Cargado por

EVELIN
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

REMU

Una vida privilegiada

La familia es lo más importante en nuestra civilización. Es el lugar en donde los humanos


aprendemos a comportarnos y nos desarrollamos. Dependiendo la crianza que tengas, es la
persona en la que te convertirás o ... eso es lo que dicen.

En mi caso particular, la historia es diferente. Ya que me prometí que nunca seria aquello para lo
que me criaron. No me malentiendan, amo a mis padres y hasta podría decir que tuve una vida
privilegiada. Mis dos padres fueron presentes en mi desarrollo y me dieron toda clase lujos para
mi comodidad. Pero los cuentos de hadas solo duran unas páginas.

Mis padres hacían todo lo posible por estar conmigo, desde muy pequeña me explicaron que eran
“personas populares" que no podían estar todo el tiempo en casa. Por la misma razón Nando y
sus amigos siempre debían estar conmigo. El era mi guardaespaldas personal. Me causaba una
extraña sensación entre miedo y seguridad. Tal vez era por su rostro marcado de cicatrices, sus
tatuajes que no podían esconderse en su traje deportivo o su enorme tamaño. Por la razón que
fuera el me recordaba a un oso gruñón que jugaba conmigo cuando su humor era particularmente
feliz para soportar mis niñerías.

No era la única persona que estaba conmigo. En realidad, casi todo el tiempo estaba rodeada de
personas. Vivía en una mansión enorme, la cual me dijeron que se llamaba la mansión Luna. Ese
nombre me encanta desde pequeña y le queda excelente a un lugar tan grande, deslumbrante y
misterioso para mi como lo es aquel lugar. Con esto en mente entenderán, que para mantener en
buen estado los grandes jardines, establos, vehículos y el inmueble en cuestión se requiere una
gran cantidad de personal. Pero entre toda la gente que estaba para atender mi casa y a mi familia
mi favorita entre todos siempre será Gea, mi nana.

Ella es la mujer más encantadora que podrías conocer. Me enseño todo lo que se de moralidad y
ética. Sin mencionar que estar con ella hizo que no me sintiera sola en ningún momento.
Probablemente por eso nunca note algo raro en mi infancia.
De cualquier forma, mi vida no hubiera estado completa sin el mocoso mas hiperactivo en el
mundo para mí, Alejandro Torrez. Como hijo de una familia amiga de la mía sabia perfectamente
lo que era estar rodeado de personas. La diferencia era que él no tenía una Gea que lo
acompañara, solo tenia un Nando al que siempre llamaba señor F. Al parecer su apellido era
demasiado difícil de pronunciar para un niño de diez años. Era de esperarse de una persona
extranjera como el señor F tener un apellido raro. Ni hablar de su apariencia totalmente exótica
para nosotros; con una barba larga y rubia como su cabello, unos ojos azules y una nariz algo
torcida. A pesar de que ambos conocíamos personas de distintos países él era el único con el que
convivíamos frecuentemente.

En fin, a mis ojos de niña nada podía ser mas perfecto que una tarde en el jardín con mi mejor
amigo y nuestros respectivos acompañantes. Fue una tristeza que se convirtiera en el lugar mas
peligroso para la fantasía de mi vida. Y todo comenzó una tarde cualquiera cuando tenía ocho
años.
- Nando! ¡Por favor! Déjame ponerte una tiara, te quedara hermosa en esa cabeza calva. Dije
con un tono de quejido y entre risa mientras le suplicaba que bajara la cabeza para que
pudiera alcanzarlo
- ¡Que lenta que eres! - Se escucho desde arriba una voz de niño algo chillona mientras se
asomaban un par de brazos desde la rama de un árbol. Los cuales colocaron una preciosa
tiara rosa sobre la cabeza de Nando.
- Si quieres conseguir algo trabaja por ello, no solo ruegues por eso. - Era Alejandro que bajo
enseguida para reírse de la cara de molestia de Nando al estar desprevenido por la
emboscada.
- Lo que tu no sabes es que lo estaba distrayendo para que pudieras tener éxito- exclame- te vi
desde hace rato.
- ¿A si? ¿Y por que lucias tan asustada cuando salte del árbol? - Me dijo con un tono burlón y
una sonrisa en el rostro.
- Pues porque caíste muy cerca de mí y sentí que me golpeabas
- Hay por favor, si caí a un metro de ti. Esto SI es estar cerca – Poniéndose en frente de mi y
haciendo notar nuestra pequeña diferencia de altura de solo cinco centímetros, me revolvió
el cabello y con una mirada desafiante agrego- Y aun así no pareces asustada como hace
rato.
Haber arruinado el hermoso peinado que Gea me había hecho fue la gota que colmó mi
paciencia, así que con algo de esfuerzo logre que se cayera, colocando su rostro contra el suelo y
sujetando sus brazos.
- ¿No era más fácil aceptar que te asuste y ya? – Dijo con un tono de fastidio
- ¿Y darte gusto? No gracias. Además, es más divertido así.
Me quitó rápidamente y ahora era yo quien estaba en el suelo, con la diferencia de que el no
ponía nada de esfuerzo en mantenerme en esa posición.
- Tienes razón – Se tumbó en el suelo a lado de mi- Que aburrida seria mi vida sin una niña
loca como tu- Rio al ver mi cara de desagrado.
Disfrutamos de los sonidos del jardín por un momento.
- ¿En qué piensas? Nunca estas tan callada – observo mi mirada perdida y mi cara seria
- ¿No has notado que somos muy … raros? Digo, no hay otros niños que hablen o hasta se
comporten como nosotros. Últimamente las visitas de los hijos de los empleados se han
vuelto mas frecuentes y he notado que son visiblemente mas tontos … o tal vez la palabra
seria infantiles.
- Pues claro que somos raros. Estudiamos cosas mucho mas avanzadas en nuestras casas que
en cualquier otra escuela para niños de nuestra edad ¿No te lo habían dicho? Deja eso ¿No lo
habías notado? – Se sentó – Entonces tal vez no seas tan madura como te sientes.
Lo di un golpe en la pierna. – Aghh, ya no te voy a decir nada – Me sentí avergonzada por lo que
dijo.
- Ya, ya, es que estoy celoso si. Tu tienes la oportunidad de jugar y conocer a mas niños. Me
molesta que te consideres superior como para pasar tiempo con ellos cuando yo daría lo que
fuera por estar en tu lugar.
- No es que me sienta superior, simplemente me aburro, estoy tan acostumbrada a
conversaciones así. Hasta la manera de hablar es diferente.
- Yo entiendo, pero debes ser agradecida con lo que tienes y no ser tan negativa.
- Ya suenas a Gea. – le dije con algo de fastidio.
- ¿Tan sabio soy? ¿Ella que te dijo?
Su comentario me causo gracia. – Ya quisieras. Ella me dijo que siempre se puede aprender de
las personas o enseñarles y lo intente, pero ellos se aburrían al escucharme,
hasta se dormían. Luego trate de aprender, pero ellos no sabían nada interesante que no supiera
ya y hablar de caricaturas tontas no me gusta así que simplemente los ignore.
- Ja, y dices que no te sientes superior – contesto con una sonrisa burlona.
- Ay mi niña, es que no entendiste a lo que me refería – Llego Gea con una bandeja de fruta.
- ¡Gea¡
DESPEDIDA DE BARBARA
- Vaya, vaya, que lindo lugar para vernos. – Llego Alejandro desde lo lejos con una sonrisa. –
Hace años que no nos vemos aquí.
- Es cierto, como ya eres todo un señor ocupado no tienes tiempo para visitarme. – Me levante
lentamente para recibirlo con un abrazo.
Ja, siempre tan dramática y bonita. – Me envolvió con sus fuertes brazos y me beso en la mejilla.
– Lamento no poder verte antes y feliz cumpleaños

También podría gustarte