SENTENCIA 307/2023 DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DEL PERÚ: CASO DE LA CU
ESTIÓN DE CONFIANZA Y SU RECHAZO DE PLANO
La Sentencia 307/2023 del Tribunal Constitucional del Perú aborda una controversia
fundamental en el sistema político peruano: la interpretación y aplicación de la figura
de la "cuestión de confianza". La sentencia resuelve una demanda competencial
interpuesta por el Congreso de la República contra el Poder Ejecutivo, originada por
la interpretación divergente de este último respecto a una decisión parlamentaria.
En primer lugar, la sentencia reitera la posición jurisprudencial del Tribunal
Constitucional respecto a la naturaleza y jerarquía del Reglamento del Congreso. Se
afirma que dicho Reglamento, a pesar de su denominación, posee rango de ley
orgánica y, por ende, se encuentra subordinado únicamente a la Constitución. Se
resalta, además, la función de este Reglamento en la regulación de los
procedimientos de control político, entre los que se encuentra la cuestión de
confianza.
Asimismo, la sentencia distingue dos tipos de cuestión de confianza. Por un lado, la
cuestión de confianza obligatoria (Art. 130 de la Constitución), que debe ser
planteada al inicio de la gestión de un nuevo Consejo de Ministros, con el objetivo
de exponer y debatir la política general de gobierno. Por otro lado, la cuestión de
confianza facultativa (Arts. 132 y 133), la cual puede ser presentada por un ministro
de forma individual, o por el Presidente del Consejo de Ministros a nombre de todo
el gabinete, con el fin de obtener respaldo político del Congreso para la ejecución de
políticas o medidas específicas.
Un aspecto central de la sentencia es la delimitación de las materias que pueden ser
sujetas a la cuestión de confianza facultativa. Se confirma la validez constitucional
de la Ley 31355, la cual establece que esta figura no puede ser empleada para la
aprobación o rechazo de reformas constitucionales, ni para asuntos que afecten las
competencias exclusivas y excluyentes del Congreso de la República u otros
organismos constitucionales autónomos.
Finalmente, la sentencia establece, de forma categórica, que la competencia para
interpretar y determinar el sentido de una decisión respecto a la cuestión de
confianza reside exclusivamente en el Congreso de la República. Esto incluye la
facultad del Congreso para calificar la procedencia o improcedencia de la cuestión
de confianza, así como para determinar si esta ha sido aprobada o rehusada. En
consecuencia, se rechaza la figura de la “denegatoria fáctica”, la cual permitía al
Poder Ejecutivo interpretar una decisión formalmente favorable del Congreso como
una denegación tácita. Esta posición del Tribunal busca asegurar el equilibrio de
poderes y evitar que el Poder Ejecutivo pueda arrogarse la facultad de interpretar
las decisiones del Parlamento.