1) Explique la morfogénesis del oído interno y las moléculas involucradas:
-Formación de la placoda auditiva.
El desarrollo del oído comienza con una serie de fenómenos inductivos preliminares sobre el ectodermo
superficial, primero por parte de la notocorda (cordamesodermo) y después a cargo del mesodermo paraaxial
(fig.13.20). Estas inducciones
preparan al ectodermo para una
tercera inducción, en la que
señales del tipo FGF-3
procedentes del rombencéfalo
estimulan el engrosamiento del
ectodermo superficial adyacente,
que expresa Pax-2. Cuando las
señales de Wnt superan un cierto
umbral estimulan las células Pax-
2 positivas, que forman las
placodas ótica y epibranquial (fig.
13.21).
Estas mismas células expuestas a
concentraciones de Wnt inferiores
al citado umbral se convierten en
células epidérmicas. A finales de
la cuarta semana, posiblemente bajo la influencia del FGF-3 secretado por el rombencéfalo adyacente, la
placoda ótica se invagina y acaba separándose del ectodermo superficial para formar la vesícula ótica u
otocisto (v. fig.13.21C).
Incluso en estas etapas tempranas, el desarrollo de la mayoría de los componentes del oído interno están bajo
un control genético independiente: Pax-2 y Sox-3 para la porción auditiva (cóclea) y Nkx-5 para la porción
vestibular (canales semicirculares).
-Formación del ganglio estatoacústico.
Las neuronas sensitivas que componen el octavo nervio craneal (en concreto el ganglio estatoacústico) se
originan de las células que migran desde una parte de la pared medial del otocisto (v. fig. 13.21). Sigue sin
conocerse bien el mecanismo mediante el que los axones que se han originado en el ganglio estatoacústico
establecen sus vías para alcanzar las localizaciones exactas en el oído interno, pero la orientación por parte de
las células de la cresta neural y la canalización mediante interacciones con el patrón de señalización celular
Slit-Robo desempeñan un papel importante en la dirección de los conos de crecimiento para alcanzar las
dianas apropiadas. La parte coclear (ganglio espiral) del VIII par craneal se abre en abanico en estrecha
asociación con las células sensitivas
(conocidas en conjunto como el
órgano de Corti) que se desarrollan
dentro de la cóclea.
-Formación del laberinto
membranoso.
El oído interno (laberinto
membranoso) se encuentra
englobado por una cápsula de tejido esquelético que comienza como una condensación de mesénquima
alrededor del otocisto en desarrollo durante la sexta semana de gestación. El proceso de revestimiento del
otocisto comienza con la inducción del mesénquima circundante por parte del epitelio del otocisto (v. fig.
13.20). Esta inducción, relacionada con BMP-4, estimula a las células mesenquimatosas, de origen
principalmente mesodérmico, para que formen una matriz cartilaginosa (esto se inicia alrededor de la octava
semana). El cartílago capsular sirve de molde para la formación posterior del laberinto óseo verdadero.
Las células de la cresta neural invaden el ganglio estatoacústico en desarrollo y al final forman las células
satélite y de sostén en su interior.
-Desarrollo del epitelio sensorial. Y – Formación del órgano de Corti.
Las células sensitivas del órgano de
Corti también derivan del epitelio del
otocisto y pasan por un proceso de
diferenciación muy complejo (fig.
13.23). La generación de precursores
neuroblásticos sensitivos en el oído
interno parece emplear la vía del gen
Notch para controlar la proporción de
células epiteliales que se diferencian en
neuroblastos y no en células de sostén,
de una manera similar a la descrita para
la diferenciación de las células
ganglionares en las etapas iniciales del
desarrollo de la retina (v. pág. 280). La
regulación de los procesos que
participan en el desarrollo del oído, al
igual que ocurre en otros sistemas
sensitivos, es muy estricta para asegurar un ajuste preciso entre las células sensitivas encargadas de recibir las
ondas acústicas de diferentes frecuencias o la información gravitacional y las neuronas que transmiten las
señales hasta el cerebro. La formación del gradiente de células ciliadas que responden a diferentes frecuencias
del sonido está basada en gran medida en el establecimiento de los planos de polaridad celular (v. pág. 87)
-Formación de la membrana tectoria.
-Cómo se da la inervación del epitelio sensorial.
Las células ganglionares del nervio vestibulococlear (VIII par craneal) se desarrollan a lo largo de las zonas
de enrollamiento de la membrana coclear y forman el ganglio espiral. Las prolongaciones nerviosas van desde
este ganglio hasta el órgano espiral, donde finalizan en las células ciliadas. Las células del ganglio espiral
conservan su condición bipolar embrionaria
-Desarrollo de las estructuras accesorias de la cóclea (membrana basilar, estría vascular y membrana de
Reissner).
2) Auxiliándose del siguiente esquema, explique brevemente el desarrollo del oído
medio y externo.
1. Desarrollo del oído medio
La formación del oído medio está estrechamente asociada con el desarrollo del primer y del segundo arcos
faríngeos. La cavidad del oído medio (parte distal) y la trompa auditiva denominada también trompa de
Eustaquio (parte proximal) se originan de una expansión de la primera bolsa faríngea denominada surco
tubotimpánico. Dicho origen asegura que tanto la cavidad del oído medio como la trompa auditiva estén
revestidas por un epitelio de origen endodérmico.
Alrededor de la sexta semana aparece una delgada condensación de mesénquima derivado de la cresta neural,
en posición dorsal al final del surco tubotimpánico. De esta condensación se forman de manera gradual los
huesecillos del oído medio. Estos huesecillos, que descansan en un lecho de tejido conjuntivo embrionario
muy laxo, se extienden entre la superficie interna de la membrana timpánica y la ventana oval del oído
interno. Aunque la cavidad del oído medio se encuentra rodeada por el hueso temporal en desarrollo, la futura
cavidad continúa ocupada por ese tejido mesenquimatoso muy laxo (imagen C) hasta etapas tardías de la
gestación.
Durante el octavo y el noveno mes, la muerte celular programada y otros procesos de reabsorción dejan libre
de un modo gradual la cavidad del oído medio, y los huesecillos quedan suspendidos en su interior. La
desaparición del tejido conjuntivo de la cavidad del oído medio coincide con la expansión del epitelio de
origen endodérmico del surco tubotimpánico, que en última instancia tapiza toda la cavidad.
Más tarde el epitelio de origen endodérmico del surco tubotimpánico se adosa al ectodermo que reviste la
primera hendidura faríngea, aunque ambos siempre están separados por una fina capa mesodérmica. Este
complejo, que contiene tejidos procedentes de las tres capas germinales, forma la membrana timpánica
(tímpano). Durante la vida fetal, el anillo timpánico, un hueso en forma de anillo originado a partir de la
cresta neural, sirve de apoyo a la membrana timpánica y ayuda activamente en la morfogénesis de la
membrana timpánica. En etapas posteriores el anillo timpánico es absorbido por el hueso temporal.
El origen de los huesecillos del oído medio es doble. Los estudios de anatomía comparada indican que el
martillo y el yunque se originan del mesénquima derivado de la cresta neural del primer arco faríngeo,
mientras que el estribo procede del mesénquima del segundo arco. La morfología de los huesecillos del oído
medio es determinada por señales inductivas que surgen del endodermo faríngeo en el nivel entre los
rombómeros r1 y r5
La transmisión del sonido a lo largo del oído medio está modulada por la acción de dos músculos en esa zona.
El músculo tensor del tímpano (músculo del martillo), que se inserta en el martillo, deriva del mesodermo del
primer arco y es inervado por el nervio trigémino (V nervio craneal). El músculo estapedio (músculo del
estribo), asociado al estribo, se origina a partir del segundo arco y es inervado por el nervio facial (VII nervio
craneal), que inerva las estructuras derivadas de dicho arco.
El desarrollo del oído medio depende de señales moleculares como la endotelina 1 (EDN-1), el factor de
crecimiento fibroblástico 8 (FGF-8) y el ácido retinoico (otras bibliografías nombran T-Box1), que se ha
demostrado que intervienen en el desarrollo de los arcos faríngeos. Las mutaciones en EDN-1, FGF-8 o el
receptor del ácido retinoico afectan el desarrollo de los huesecillos del oído.
2. Desarrollo del oído externo.
El oído externo (pabellón auricular) deriva de tejido mesenquimatoso del primer y segundo arcos faríngeos,
que flanquean la primera hendidura faríngea (hiomandibular). Durante el segundo mes, a cada lado de la
primera hendidura faríngea comienzan a desarrollarse tres masas nodulares de mesénquima (tubérculos
auriculares) Tres tubérculos se forman en el primer arco faríngeo y los otros tres en el segundo. De los
tubérculos del primer arco surgen parte del hélix, la concha y el trago, y de los tubérculos del segundo arco, la
otra parte del hélix, el antihélix, el antitrago y el lóbulo.
Los tubérculos auriculares se agrandan de manera asimétrica hasta coalescer en una estructura reconocible
como el oído externo. Durante su formación, los pabellones auriculares se desplazan desde la base del cuello
hasta su localización normal en el adulto a ambos lados de la cabeza.
El meato auditivo externo toma su forma al final del segundo mes, a partir de una invaginación de la primera
hendidura faríngea. A principios del tercer mes, el epitelio ectodérmico del meato en desarrollo comienza a
proliferar, formando una masa sólida de células epiteliales denominada tapón meatal. En las últimas etapas
del período fetal (alrededor de la semana 28) se forma un canal en el interior del tapón meatal, que extiende el
meato auditivo externo existente hasta el nivel de la membrana timpánica.
Información sacada de Carlson, Moore y Arteaga.