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Mateo 7 3-5

Este pasaje bíblico enseña que antes de juzgar los defectos de otros, debemos reconocer y corregir nuestros propios pecados y limitaciones. Jesús usa la metáfora de quitar la viga del propio ojo antes de ayudar a sacar la mota del ojo del hermano, para enfatizar la humildad y autocrítica necesarias.

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Mateo 7 3-5

Este pasaje bíblico enseña que antes de juzgar los defectos de otros, debemos reconocer y corregir nuestros propios pecados y limitaciones. Jesús usa la metáfora de quitar la viga del propio ojo antes de ayudar a sacar la mota del ojo del hermano, para enfatizar la humildad y autocrítica necesarias.

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- Jesús hace la caricatura de un hombre que tiene una viga en

un ojo, y se ofrece a quitarle una paja que tiene otro en el ojo.


El humor de esa escena provoca una carcajada que grabará la
lección indeleblemente.
- Pero necesitamos enfocarnos en los versículos previos antes
de continuar.
- “No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio
con que juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan
se les medirá” (Mateo 7:1-2).
- Probablemente los versículos más usados y más mal interpre
tados de toda la Biblia.
- IL. Usado para evitar ser confrontado, ¿quién eres tú para juz
garme si la Biblia dice que no juzgues.
- Esa afirmación es equivocada, constantemente estamos emi-
tiendo juicio, eligiendo y discriminando.
- Definición de juzgar: proviene del latín ‘iudicare’, que significa
dar un veredicto, entregar una opinión.
- IL. Al elegir un helado damos una opinión, discriminamos
entre varios sabores.
- Jesús va a repetir la misma ilustración en tres oportunidades:
v.3, v.4 y v.5. notemos las diferencias entre ellas.
7:3 “¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de
tu hermano, pero dejas de ver la viga que está en tu pro-
pio ojo?”
- “¿Por qué te preocupas por la astilla en el ojo de tu amigo,
cuando tú tienes un tronco en el tuyo?” (7:3; NTV).
- “¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das
cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si
te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita, y no te dieras
cuenta de que en tu ojo hay una rama” (7:3; TLA).

- En el v.3 se dirige contra aquellos que sólo miran la mota


en el ojo de su hermano y lo hacen con desprecio.
- El Señor describe aquí a una persona que está pronta a remo
ver una mota en el ojo de su vecino.
- Sin embargo, es inconsciente que el obstáculo visual que tiene
es de mayor magnitud, que la del vecino al que quiere ayudar.
- Nosotros, zarandeados por muchas tentaciones, afligidos por
muchas debilidades morales y lesionados por las taras y
heridas de nuestra condición humana, no somos quiénes para
condenar los defectos ajenos.
- Mientras haya pecado en nuestras vidas, es improcedente
que tiremos piedras a otros. Acusar a otros, cuando ellos
podrían con justicia acusarnos de hacer lo mismo o peor, es
hacer el ridículo.
- Todos tenemos suficiente responsabilidad sólo con tener que
corregir nuestra propia vida, como para dedicarnos a rectificar
la de los demás.
- Esto no quiere decir que tengamos que volvernos tolerantes
y transigentes con el pecado; pero sí debemos ser pacientes y
compasivos con el pecador.
- Cualquier llamado de atención debe brotar de un espíritu
quebrantado y humilde que se reconoce a sí, como maestro,
tan débil como el alumno; como médico, tan enfermo como el
paciente; y, como juez, tan culpable como el delincuente.
- No estaremos en condición de ayudar a nadie mientras no
hayamos tocado fondo en comprender nuestra propia inmundi
cia, mientras no nos hayamos visto vestidos en los sucios tra-
pos de nuestra supuesta justicia humana.
- Mientras creamos en nuestra propia bondad y rectitud, y mien
tras no tengamos ese espíritu compasivo y humilde que viene
como consecuencia de afrontar nuestra propia miseria moral, llo
rado nuestros pecados y comprendido nuestra profunda pobre
za espiritual.
- Ningún hombre prepotente, arrogante, autosuficiente, confiado
en su propia rectitud, o intolerante e impaciente con las debilida
des de los demás, es apto para servir al Señor.
- Ningún hombre en tales condiciones tiene alguna autoridad mo
ral para analizar y corregir los males ajenos.
- Muchos tienen la tendencia de escandalizarse por los deslices
de otros, cuando en realidad sus pecados son tan grandes co-
mo los suyos; o minimizan sus pecados y, son severos con los
pecados ajenos.
- ¿Quién ha dicho que los robos, la violencia o la promiscuidad
sexual, son peores que la soberbia, la envidia, la antipatía, el e
goísmo y la falta de amor que subyacen en muchas de nuestras
actitudes, acciones y palabras?
7:4 “¿Cómo dirás a tu hermano: ‘Deja que yo saque la briz
na de tu ojo’, y he aquí la viga está en el tuyo?”

- En el v.4 van más allá y, estos, se ofrecen a ayudar, pero


lo hacen desde la premisa errónea de su propia justicia.
- “He aquí, tú… te apoyas en la ley y te glorías en Dios. Tú
conoces su voluntad y… estás instruido en la ley… estás
persuadido que eres guía de los ciegos, luz de los que están
en tinieblas, instructor de los que no saben, maestro de niños,
teniendo en la ley la completa expresión del conocimiento y de
la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti
mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas?” (Romanos
2:17-21).
- “Porque tal como está escrito: Por culpa de ustedes el nombre
de Dios es blasfemado entre los que no creen” (Romanos
2:24; TLB).
- “¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que
practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás al
juicio de Dios?” (Romanos 2:3).
- “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devo
ran las casas de las viudas, y como pretexto hacen largas ora-
ciones… pero han omitido lo más importante... la justicia, la mi
sericordia y la fe… porque limpian lo de afuera del vaso o del
plato, pero por dentro están llenos de robo y desenfreno… por
fuera se muestran justos a los hombres; pero por dentro están
llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23:14-28).
- Los fariseos no veían ningún pecado en «devorar las casas
de las viudas», pues ellas habían contraído deudas con ellos
por sus servicios. ¡Los fariseos reclamaban lo que era suyo!
No tenían ojos para ver que sus acciones carecían de piedad,
de amor y de solidaridad.
- Nuestra sociedad comete delitos semejantes día tras día,
pero no los perciben como delitos porque no han quebrantado
ninguna ley (p. ej. el aborto donde es legal).
- Sin embargo, ante los ojos de Dios, tales cosas niegan lo
fundamental de la ley moral, que consiste en el amor, la
compasión, la lealtad y la humanidad.
- Los fariseos se horrorizaban de los pecados de los demás,
pero estos eran solo motas en comparación con las vigas de
sus propios pecados.
- Ahora, Jesús se vuelve hacia nosotros, sus discípulos, para
denunciar esta misma tendencia farisaica en todos nosotros.
Como a ellos, también a nosotros nos llama hipócritas.
- Nos denuncia con una ilustración deliberadamente exagerada.
Alzarnos en jueces, o pretender ejercer autoridad moral sobre
otros cuando, en realidad, somos miserables pecadores, es tan
grotesco como intentar sacar una mota del ojo de un amigo lle
vando nosotros mismos una viga en nuestro ojo.
7:5 “¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y en
tonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu herma
no”.
- En el v.5, llama hipócritas a aquellos que son incapaces
de ver sus vigas y los conmina a examinarse a sí mismos
y tomar medidas correctivas.
- “Saca primero la viga de tu propio ojo”. Recién ahora podrán
ver bien para poder sacar la mota del ojo de su hermano.
- El versículo 5, continúa la metáfora de la viga y la mota, e in-
troduce dos conceptos nuevos.
- Nos insta a quitarnos la viga de nuestro ojo, que representa el
pecado del orgullo moral, de creernos superiores a los demás,
entonces la forma de quitarla comienza con nuestro quebranta
miento.
- ¡Bienaventurados los pobres en espíritu y los que lloran! Vol-
vemos a la enseñanza de las Bienaventuranzas.
- Ahora Cristo el Señor nos enseña que, una vez que nos hemos
sometido a la dolorosa operación de extirpar la viga de nuestro
ojo, estaremos en condiciones de poder ayudar a nuestro her-
mano a quitar su mota.
- Nos manda a quitarnos la viga para que podamos asistir a
nuestros hermanos en sus luchas, con la finalidad de prestar-
les una ayuda eficaz.
- Quien es la personas que está en condiciones de ayudar a
sus hermanos, aquellas que:
(1) Han sufrido el profundo quebrantamiento de la conversión.
(2) Han conocido la obra del Espíritu Santo revelándole la
miseria que hay en su vida.
(3) Han experimentado la convicción de pecado, quien se ha
humillado ante la cruz de Cristo llorando su pecado e
implorando perdón.
(4) Como consecuencia son humildes en espíritu, esas perso-
nas, y sólo ésas, están en condiciones de ayudar a su hermano.
- Lo harán, no desde el pedestal de su propia virtud, sino con
toda humildad, sin prepotencia ni aires de superioridad.
- Sabrán ponerse al lado de su hermano, no por encima de él.
- “Hermanos, en caso de que alguien se encuentre enredado en
alguna transgresión, ustedes que son espirituales restauren al
tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo,
no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).
Miraflores, 19 mayo 2024

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