Modalidades del Acto Jurídico: Plazo y Cargo
Modalidades del Acto Jurídico: Plazo y Cargo
GUIA N°08:
LAS MODALIDADES DEL ACTO JURÍDICO: EL PLAZO Y EL CARGO
8.1. EL PLAZO
Mediante el acto jurídico se crean, modifican o extinguen relaciones jurídicas, las que como
vínculos entre dos o más personas se encuentran sometida a la ley del tiempo.
Las relaciones jurídicas “pueden hallarse dirigidas a una mayor o menor permanencia, ser su
finalidad producir cambios en una determinada situación como ocurre con las relaciones
obligatorias, o, por el contrario, encaminarse a asegurar vínculos dotados de estabilidad
mayor o menor, como ocurre con las relaciones de Derecho de familia o con las relaciones
reales; pero, en definitiva, todas ellas nacen y mueren en un acontecer temporal, ya que son
esencialmente fenómenos históricos”.
Se puede someter a plazo la eficacia del acto jurídico, v. gr., en un contrato de arrendamiento
se conviene que, al vencimiento del plazo, la propiedad del bien se adquiere por el
arrendatario por efecto del pago de la renta pactada; así como se puede poner plazo para el
ejercicio o extinción de los derechos y obligaciones que nacen. El primero afecta a la eficacia
de todo el acto, mientras que el otro atañe a los derechos u obligaciones que nacen del
mismo.
En el acto jurídico hay que distinguir el momento de su constitución (o perfeccionamiento, o
conclusión, o formación) del momento de ejecución (o cumplimiento, o extinción) de los
efectos que de él se derivan. El tiempo puede cumplir la función de determinar la sede
temporal del acto o puede desempeñar una función de medida.
La función del tiempo de determinar la sede temporal se presenta en todo tipo de acto jurídico.
A veces el momento constitutivo y el ejecutivo del acto jurídico se dan en un solo momento,
por ej., los contratos reales que se perfeccionan con la entrega del bien. La coincidencia entre
estos dos momentos también se da en los actos de ejecución inmediata por la irrelevancia
jurídica de la separación, por ej., el contrato de compraventa al contado, cuyo pago del precio
y entrega del bien se producen inmediatamente de celebrado el contrato. En estos casos no
se habla de plazo.
La función del tiempo como medida solamente se da en determinados tipos de actos y
corresponde al concepto de plazo. Este existe cuando hay distancia temporal (una hora, un
día, una semana, una quincena, un año, etc.) entre el perfeccionamiento del acto jurídico y el
ejercicio, la exigibilidad o la extinción de la eficacia del acto, como en los contratos de tracto
sucesivo, en los de duración (dura la ejecución de la prestación, que debe ejecutarse
continuadamente o periódicamente), en los contratos de ejecución diferida y en los de
ejecución escalonada.
Hay ejecución del acto jurídico cuando el deudor cumple con realizar su prestación; si el
deudor incumple con ejecutar su prestación, hay inejecución o falta de ejecución del acto. El
acto jurídico es de ejecución instantánea cuando es posible que el cumplimiento se realice en
un solo momento, inmediatamente o con posterioridad al perfeccionamiento.
Las modalidades del plazo clasifican en:
a) actos de ejecución inmediata, cuando el cumplimiento de las obligaciones se realiza tan
luego que el acto queda perfeccionado o sin apreciable intervalo de tiempo respecto de este
(ej., la compraventa al contado, en la que la entrega del bien y el pago del precio, se cumplen
tan luego se perfecciona el contrato):
b) actos de ejecución diferida o aplazada cuando el cumplimiento de la obligación se difiere
al momento del vencimiento del plazo pactado, por ejemplo, en la compraventa a plazos,
cuando para la entrega del bien o el pago del precio, o para ambos, se fija un plazo;
c) actos de ejecución escalonada cuando el cumplimiento, antes que agotarse en un solo
hecho (como la entrega del bien o el pago del precio de una sola vez en el momento del
vencimiento preestablecido), se fracciona en una pluralidad de hechos, v. gr., se conviene
que el precio de venta se pagará en armadas mensuales.
Son actos de ejecución continua o periódica los que obligan a las partes o a una de ellas a
una prestación continua, sin interrupción (ej., el flujo continuo de energía eléctrica, de agua o
de gas) o periódica, a ciertos intervalos, (v. gr., el suministro periódico de mercaderías a un
establecimiento comercial).
Se aprecia que todos estos actos, por su naturaleza, han de estar sometidos a plazo.
Los actos jurídicos dispositivos de derechos reales plenos pueden estar sujetos a un plazo
inicial, pero no a un plazo final, v. gr., se vende un bien obligándose el vendedor a entregarlo
dentro de 30 días.
La medida afecta a la ejecución cuando el plazo del acto está determinado por el fin, por ej.,
el contrato de obra, el de transporte, el mandato. Con estos actos, no se satisface una
necesidad duradera, el tiempo mide no la cuantía de la prestación sino la actividad necesaria
que deben desplegar las partes para cumplir con la obligación contraída, v. gr., en el contrato
de obra el contratista está obligado a realizar la obra en el plazo convenido y a entregarla al
comitente en el plazo convenido. Hay una duración de la relación obligatoria, pero no hay una
duración del cumplimiento de la obligación.
La medida afecta al cumplimiento cuando este se prolonga temporalmente y es satisfecho
mediante prestaciones periódicas o continuas; no hay solamente una duración de la relación
obligatoria sino una duración del cumplimiento; la prolongación del cumplimiento o ejecución
sirve para satisfacer intereses sociales o económicos duraderos.
El transcurso del tiempo tiene una importancia decisiva en la vida del acto jurídico y en
especial en los efectos del mismo.
8.1.1. Concepto
El plazo o término es el evento futuro y cierto de cuyo acaecimiento se hace depender el
nacimiento, la exigibilidad o la finalización de los efectos del acto jurídico.
Se suele distinguir entre plazo y término: plazo es el decurso del tiempo (el lapso) establecido
para que se produzca o se extinga los efectos del acto jurídico, v. gr., se arrienda un bien por
el plazo de seis meses (plazo de vigencia de la obligación); se presta una cantidad de dinero
para ser devuelta en el plazo de un año (plazo que debe transcurrir para que la obligación
sea exigible), la parte perjudicada con el incumplimiento de un contrato requiere a la otra para
que satisfaga su prestación dentro de un plazo de quince días, bajo apercibimiento de que,
en caso contrario, el contrato queda resuelto (plazo tras el cual se extingue un derecho).
Término es, en cambio, el punto inicial o final del plazo, por ejemplo, un contrato de
arrendamiento que se pacta por el plazo de un año que comienza el primero de enero (plazo
inicial) y termina el 31 de diciembre (plazo final).
El ordenamiento jurídico no distingue entre plazo y término; ambas expresiones son utilizadas
como sinónimas. El Código civil habla de plazo (art. 178 y ss.), en cambio, por ejemplo, el
Código civil italiano se refiere al término (ej., art. 1183 y ss.).
El plazo o término consiste en un acontecimiento futuro y cierto a partir del cual (plazo o
término inicial) o hasta el final del cual (plazo o término final) el acto jurídico produce efectos.
Su finalidad es, por tanto, fijar el momento desde el cual se inicia o finaliza la eficacia del acto
jurídico.
Cuando las partes tienen interés, no en poner en duda la eficacia del acto jurídico, sino en
fijar el momento a partir del cual los efectos serán exigibles (cumplimiento) o hasta cuándo
ellos se producirán, recurren al plazo. De esto se deriva la importante consecuencia que el
sujeto no es titular de una mera expectativa, como ocurre con la condición, si bien
jurídicamente protegida, sino de un verdadero derecho que puede ser ejercitado a partir
(término inicial) o hasta (término final) un cierto momento.
El plazo como modalidad del acto jurídico, al igual que la condición y el cargo, es un elemento
accidental que las partes pueden o no insertar en su reglamentación negocial.
La condición liga la eficacia del acto jurídico a un hecho futuro e incierto, o sea crea una
incertidumbre sobre si los efectos negociales se producirán o no, por tanto, confiere al titular
solamente una expectativa, en cambio, el plazo sujeta la eficacia del acto a un hecho futuro
pero cierto, es decir, elimina toda incertidumbre sobre la producción de los efectos,
consiguientemente, cuando los derechos sujetos aplazo existen desde el otorgamiento del
acto, solamente se aplaza su exigibilidad.
El acto jurídico a plazo es aquel que las partes quieren que los efectos jurídicos, que ya
existen desde la celebración del acto, no sean exigibles sino desde o hasta que llegue un
acontecimiento futuro y cierto por ellas fijen. Sin embargo, nada impide que las partes pacten
que el acto jurídico que están proyectando quede perfeccionado una vez vencido un
determinado plazo.
El plazo influye o bien en el nacimiento de la eficacia del acto (o sea en la producción de los
efectos que le son propios) o bien en el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las
obligaciones, ya producidos, o bien en la duración de la eficacia.
El plazo o término de cumplimiento de la obligación indica el momento en que esta es exigible.
En el plazo de cumplimiento, asume extraordinaria relevancia -expresa Lasarte- “el
denominado doctrinalmente término esencial. Con dicha expresión no se pretende afirmar
que el término sea elemento esencial del negocio, sino que el cumplimiento de ciertas
obligaciones (actuación de un pianista en la boda o fotógrafo para que plasme el apagón de
velas de un cumpleaños) excluye de forma absoluta que se pueda llevar a cabo con
posterioridad a la fecha o al día señalado. El cumplimiento extemporáneo equivale a un
verdadero incumplimiento, al no satisfacer el interés de la otra parte del negocio”
En todo caso encontramos que el plazo es el lapso desde el cual comienza la exigibilidad o
la extinción de un acto jurídico, en otros términos, el plazo nos indica cuándo son exigibles
las consecuencias del acto y hasta cuando duran esas consecuencias. Al día en que
comienza el plazo se le denomina dies a quo, y al día en que termina se le llama dies ad
quem. El plazo transcurre entre un término inicial y un término final.
8.1.2. Requisitos
Son requisitos del plazo: la futuridad, la certidumbre y el establecimiento arbitrario por las
partes.
a) La futuridad
El plazo se refiere siempre a un hecho futuro que necesaria y fatalmente debe ocurrir, por
oposición a la condición en la que el hecho futuro es esencialmente contingente, no se
sabe si ocurrirá o no.
b) La certidumbre
El plazo se caracteriza porque existe la total y absoluta certeza de que el evento futuro
acaecerá, aun cuando en algunos casos se ignore el momento preciso en que tendrá
lugar, por ej., cuando se subordina la exigibilidad o la extinción de una obligación a la
muerte de una persona, caso en el que es cierto que la persona fallecerá, pero es incierto
el cuándo; por ello, el adagio reza: “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se
venza”. Se puede indicar por una fecha del calendario (el 30 de diciembre de 2015); por
reenvío a un futuro certus an incertus quando -a la muerte de Juan-; con previsión de la
duración del acto, ej., 2 años y 6 meses, que se entiende correrán desde el acto produce
sus efectos.
8.1.3. Clases
El plazo admite clasificaciones: suspensivo y resolutorio; de eficacia y de ejercicio;
accidental y esencial; voluntario, legal y judicial; expreso y tácito; determinado e
indeterminado; cierto e incierto; potestativo; plazo del contrato y plazo de la obligación.
a) Plazo suspensivo y plazo resolutorio
Según que se difiera en el tiempo la exigibilidad de los efectos del acto jurídico o su
extinción, el plazo se clasifica en suspensivo o resolutorio.
Plazo suspensivo
Si un acto jurídico es celebrado bajo un plazo suspensivo, la eficacia hecha depender del
plazo se produce con el vencimiento del plazo.
plazo para restituir el bien -art. 594 del CPC-). Por ello se puede decir que el plazo inicial
es el momento a partir del cual se ejercen los derechos y se cumplen las obligaciones que
constituyen los efectos ya existentes. Con el plazo inicial no se suspende el nacimiento de
los efectos del acto jurídico sin la exigibilidad de esos efectos; un crédito sujeto a plazo
inicial es ya un crédito; “un deudor que tenga que pagar el primero de febrero, es ya deudor
y tiene un acreedor”.
Por la prescripción se extingue la acción para exigir el cumplimiento de una obligación
que, durante cierto tiempo, no ha reclamado el acreedor. Pero cuando la obligación está
sujeto a plazo suspensivo, el acreedor no puede exigir el pago de aquella, por tanto, la
prescripción no corre antes de la expiración de dicho plazo.
Plazo resolutorio
El plazo resolutorio (ofinal, o extintivo, o dies adquem, o addiem) consiste en una fecha a
partir de la cual los efectos del acto cesan de producirse; se extinguen. Tiene por función
definir la medida cronológica del vínculo negocial, o sea su duración, por ejemplo, se
celebra un contrato de arrendamiento el 10 de enero de 2017 por el plazo de tres años
que vencerán el 10 de enero de 2019 (plazo final o resolutorio); vencido el plazo final se
extinguen los derechos y las obligaciones del contrato de arrendamiento.
Es fácil entender que el plazo resolutorio limita en el tiempo la eficacia del acto; el
transcurso del tiempo indicado hace cesar la eficacia del acto. El acto es eficaz desde que
es perfeccionado o desde que llega el plazo inicial, pero cesa de tener efectos una vez
que liega el término final, razón por la que se le denomina también resolutorio.
El plazo final se emplea esencialmente en los actos jurídicos de duración, sean de
ejecución continuada (arrendamiento, mutuo, comodato, etc.) o de ejecución periódica
(contrato de suministro, etc.), así como en los actos de ejecución diferida (ej., la
compraventa en la que se difiere en el tiempo la entrega del bien o el pago del precio) y
en los de ejecución escalonada (ej., compraventa a plazos). Estos actos jurídicos no son
imaginables sin un plazo fina determinado o indeterminado.
Las partes pueden convenir postergar todos los efectos del acto jurídico o uno o varios de
esos efectos
de la obligación o las circunstancias así lo exige. Son notas características del plazo
esencial: a) que el pago debe efectuarse únicamente al. vencimiento del plazo; y, b) la
falta de pago determina el incumplimiento definitivo de la obligación.
Cuando el plazo es esencial no es posible el cumplimiento tardío, en cambio, cuando el
plazo es accidental existe la posibilidad del cumplimiento después del vencimiento del
plazo con utilidad para el acreedor. Si el plazo es esencial y una de las partes falta al
cumplimiento de su prestación, la otra parte solo puede solicitar la resolución del acto y la
indemnización de daños. Por el contrario, si el plazo es no esencial, cuando una de las
partes falta al cumplimiento de su prestación, la otra puede optar por solicitar el
cumplimiento o la resolución del acto y, en uno u otro caso, la indemnización de daños
(art. 1428).
de un año contado a partir de la entrega del bien; se pacta que el bien vendido se entregará
el 28 de julio del año 2020).
El plazo es indeterminado cuando no se ha estipulado de manera precisa la fecha de la
exigibilidad o extinción de la eficacia del acto (ej., se arrienda un bien sin indicarse por
cuanto tiempo; se conviene que el deudor entregará el bien que enajena al fallecimiento
de una persona). Su determinación se hará ponderando la naturaleza del acto, las
circunstancias del caso, o en la forma establecida por la ley, y en otros casos se recurrirá
al juez para que lo fije.
El plazo determinado tiene una fecha fija de vencimiento, el indeterminado no lo tiene.
En los actos de tracto sucesivo a plazo indeterminado sea por convenio expreso o porque
las partes no han establecido nada en cuanto a su duración, cada una de ellas puede
separarse del acto dando aviso previo a la otra en el plazo pactado, o, en su defecto,
dentro del plazo legal. El art. 1365 dispone: “En los contratos de ejecución continuada que
no tengan plazo convencional o legal determinado, cualquiera de las partes puede ponerle
fin mediante aviso previo remitido por la vía notarial con una anticipación no menor de
treinta días. Transcurrido el plazo correspondiente el contrato queda resuelto de pleno
derecho”. En este caso el contrato queda disuelto por decisión unilateral de la parte que
cursa el aviso en la forma y con la anticipación señalada en el art. 1365.
También se puede poner fin a un contrato de duración indeterminada por el mecanismo
de la resolución (por incumplimiento, por sobrevenida excesiva onerosidad de la
prestación, etc.).
Para ciertos tipos de actos jurídicos la ley no tolera la duración indeterminada; exige que
el acto jurídico tenga un plazo determinado.
Existen actos jurídicos en los que el plazo, determinado o indeterminado, debe ser
señalado únicamente en la forma prevista por la ley, sancionándose con la invalidez el
uso de otras formas, v. gr., la letra de cambio, para tener validez como tal, puede ser
girada solamente: a fecha fija; a la vista; a cierto plazo desde la aceptación; o a cierto
plazo desde su giro (art. 121 de la Ley N° 27287).
En ciertos casos la ley pone límites inderogables al plazo determinado, su eventual
violación conlleva la reducción del plazo a los límites legales. Por ej., el plazo de duración
del arrendamiento determinado no puede exceder de diez años; cuando el bien arrendado
pertenece a entidades públicas o a incapaces el plazo del arrendamiento no puede ser
mayor de seis años. Todo plazo o prórroga que exceda de estos límites se entiende
reducido a dichos plazos (art. 1688). el plazo máximo del contrato de locación de servicios
es de seis años si se trata de servicios profesionales y de tres en el caso de otra clase de
servicios; si se pacta un plazo mayor, el límite máximo indicado solo puede invocarse por
el locador (art. 1768); En el contrato de compraventa con pacto de retroventa, el plazo
para ejercitar el derecho de resolución es de dos años tratándose de inmuebles y de un
año en caso de muebles, salvo que las partes estipulen un plazo menor (art. 1588); el
plazo del poder irrevocable no puede ser mayor de un año (art. 153).
En los actos jurídicos de duración indeterminada destinados a tener una larga existencia,
se permite la separación de la parte. Por ejemplo, en el contrato de sociedad de duración
indeterminada, el socio se puede apartar transfiriendo sus acciones o participaciones.
Hay casos en los que las partes necesitan de autorización judicial para la fijación del plazo
determinado. Por ej., los padres necesitan de autorización judicial para arrendar los bienes
de sus hijos menores por más de tres años (art. 448.1).
h) Plazo potestativo
El plazo es potestativo cuando su determinación depende de la voluntad de una de las
partes. El plazo es meramente potestativo cuando su determinación depende de la
exclusiva voluntad del deudor, y es potestativo propio cuando su determinación depende
de la voluntad del deudor y del interés que este tenga en la celebración del acto. Si el
deudor no fija el plazo, lo determinará el juez.
i) Plazo del acto jurídico y plazo de la obligación
El plazo del acto jurídico difiere el nacimiento de la totalidad de los efectos, pensemos
en el compromiso de las partes de celebrar en el futuro un contrato definitivo. En cambio,
el plazo de la obligación solamente indica el momento en el cual se debe ejecutar la
prestación debida; el término en el cual la obligación se convierte en exigible.
El plazo puede referirse solamente a la eficacia de la obligación, como uno de los efectos
negociales del acto jurídico, como es el plazo de cumplimiento que indica el momento en
que la obligación debe ser ejecutada. Por ejemplo, cuando las partes establecen que la
prestación de elevar a escritura pública el contrato que suscriben debe ser ejecutada
dentro de seis meses, en este caso la obligación ya surgió y el deudor (vendedor), si el
a) Concepto
El Código no contiene una definición del plazo.
El plazo es una modalidad del acto jurídico consistente en el evento futuro y cierto de cuyo
acaecimiento se hace depender la exigibilidad o la finalización de los efectos del acto
jurídico.
Se suele denominar término a los extremos (inicial o final) del plazo. El Código utiliza las
palabras plazo término como sinónimas.
b) Diferencias entre plazo y condición
Las diferencias esenciales entre condición y plazo son:
1) La condición consiste en un hecho incierto y el plazo, en un hecho cierto.
En el acto condicional hay la incertidumbre de que se verifique el evento futuro a que
se encuentran supeditados sus efectos; en cambio, en el acto jurídico a plazo, hay la
seguridad absoluta de que ese evento futuro llegará necesariamente.
En el plazo se tiene la seguridad que el acontecimiento futuro ocurrirá, pero puede
ocurrir que no se sepa en qué momento tendrá lugar el mismo, es cierto el sí, pero es
incierto el cuándo. La condición denota un evento futuro e incierto y el plazo un
momento futuro, pero cierto.
2) En la condición suspensiva no hay derecho puesto que su nacimiento está supeditado
a que se verifique la condición, en la condición resolutoria está eventualmente
expuesto a extinguirse en el caso de que se cumpla la condición. En cambio, en el
plazo suspensivo hay un derecho, pero se suspende su ejercicio hasta la verificación
del hecho puesto como plazo.
3) En la condición suspensiva, como el derecho no existe, hay lugar a la restitución del
pago realizado antes de la verificación de la condición. En el plazo suspensivo, como
el derecho existe desde el momento en que se perfecciona el acto jurídico, no hay
lugar a la restitución del pago realizado antes del vencimiento.
c) Clasificación
El plazo puede ser: a) suspensivo o resolutorio; b) determinado o indeterminado; c) cierto
o incierto; d) esencial y no esencial; e) expreso o tácito; f) voluntario, legal o judicial; g)
potestativo; h) plazo del acto jurídico y plazo de cumplimiento.
el plazo suspensivo o inicial (dies a quo) determina que el acto jurídico no produzca sus
efectos sino hasta que llegue el evento futuro y cierto puesto como plazo, recién a partir
de este momento el acto producirá sus efectos; el acto ineficaz deviene en eficaz. El plazo
resolutorio, extintivo o final (dies ad quem), determina que el acto jurídico deje de producir
sus efectos cuando llegue el evento futuro y cierto puesto como plazo; el acto eficaz
deviene en ineficaz.
por el plazo determinado se sabe cuándo ha de ocurrir el hecho futuro y cierto, como si
se dice el 6 de junio del 2026; en cambio, es indeterminado cuándo no se sabe cuándo
ha de llegar el hecho, que de todas maneras llegará, como cuando el acto por su
naturaleza o circunstancias debe ser a plazo, pero no se ha fijado (ej., el arrendamiento
sin plazo), o cuando se dice el día que una persona muera. La indeterminación no tiene
que ver con la certidumbre, sino con el momento en que se verificará el hecho puesto
como plazo.
plazo cierto es cuando se conoce de antemano y con precisión el momento en que se
producirá el vencimiento. En cambio, el plazo es incierto cuando al momento de celebrarse
el acto jurídico no se sabe en qué momento ocurrirá (ej., el día en que muera una persona).
el plazo es esencial cuando el cumplimiento de la obligación solamente es útil para el
acreedor si es realizado en el momento señalado (ej., el vestido de novia no puede ser
entregado después de la boda); si no se cumple en ese momento, determina el
incumplimiento definitivo. En cambio, es no esencial cuando después del vencimiento el
cumplimiento sigue siendo útil para el acreedor. El incumplimiento da lugar a que el deudor
sea constituido en mora.
el plazo es expreso cuando su existencia surge de manera explícita e inequívoca del acto
jurídico. En cambio, es tácito cuando surge implícitamente de la naturaleza o
circunstancias del acto, según las cuales es indispensable conceder un tiempo para el
cumplimiento de la obligación, [Link]: una compraventa en la que se acuerda que el bien
vendido debe ser entregado en lugar diferente; un contrato para la confección de unos
muebles o la construcción de un edificio. Cuando en casos como estos no existe plazo
expreso para el cumplimiento, su duración se determinará de acuerdo a las circunstancias
de cada caso, teniendo en cuenta lo que un deudor diligente se demoraría en cumplir. Las
partes, si no se ponen de acuerdo, recurrirán al juez para que señale la duración del plazo.
el plazo voluntario es el fijado por las partes que celebran el acto jurídico. El legal es
establecido por la ley (ej., conforme al art. 673, el plazo para renunciar a la herencia es de
tres meses si el heredero se encuentra en el territorio nacional y de seis meses si se
encuentra en el extranjero). El plazo judicial es el fijado por el juez.
El plazo es potestativo cuando su determinación depende de la voluntad de una de las
partes. Si la parte designada para fijar el plazo no lo hacer, lo hará el juez.
por EL plazo del acto jurídico se difiere el nacimiento de la totalidad de sus efectos,
pensemos en el contrato de opción por el cual una de las partes queda vinculada a su
declaración de celebrar en el futuro un contrato definitivo y la otra tiene el derecho
exclusivo de celebrarlo o no (art. 1419); la eficacia del contrato definitivo nacerá si el
optante, dentro del plazo fijado, declara celebrarlo. En cambio, el plazo de la obligación
solamente indica el momento en el cual se debe ejecutar la prestación debida; indica el
término en el cual la obligación se convierte en exigible o se extingue.
8.2. EL CARGO
8.2.1. Concepto
El cargo (llamado también “carga”, “encargo”, “modo”) es una obligación accesoria y
excepcional que, en los actos gratuitos de liberalidad, Ínter vivos o mortis causa, puede
ser impuesta por el disponente a cargo del destinatario de la liberalidad, consistente en
dar, hacer o no hacer algo en favor del disponente o de un tercero o del mismo beneficiario,
o de emplear de una determinada manera el bien objeto de la disposición. No es un suceso
extraño a la voluntad humana, como ocurre con la condición o el plazo.
Desde el Derecho romano se dijo que la condición suspensiva suspende, pero no obliga;
el modo obliga, pero no suspende. Esta frase también describe de forma correcta la
distinción entre condición suspensiva y modo en el Derecho vigente.
La palabra “carga” es utilizada aquí en su sentido vulgar. En su sentido técnico jurídico, la
carga consiste en una obligación vinculada a la titularidad de determinados bienes (ej., la
servidumbre).
El cargo tiene un carácter doble, por su naturaleza constituye una obligación y, como tal,
su cumplimiento puede ser exigido, incluso coercitivamente, y al mismo tiempo es una
obligación accesoria al derecho que adquiere el destinatario de una liberalidad; este no
puede adquirir la liberalidad sin asumir la obligación en que consiste el cargo.
Es necesario recordar que los actos gratuitos pueden o no ser de liberalidad. En los actos
gratuitos de liberalidad hay una atribución patrimonial (como la donación, la renta vitalicia
gratuita, el legado, la renuncia a cobrar una deuda, la cesión gratuita del rango hipotecario,
etc.); en cambio, en los actos gratuitos que no son de liberalidad falta la atribución
patrimonial (ej., el mandato, el depósito gratuito). Todo acto de liberalidad es gratuito, pero
no todo acto gratuito es una liberalidad; hay aquí una relación de género a especie, el
género lo constituyen los actos gratuitos y la especie, los actos de liberalidad. El cargo
solamente puede ser impuesto en los actos gratuitos de liberalidad, no así en los actos
gratuitos que no impliquen una atribución patrimonial.
El cargo constituye un límite a la liberalidad recibida, una reducción del beneficio de
atribución patrimonial gratuita, consistente en una obligación accesoria de dar o hacer que
debe cumplir el beneficiario de la liberalidad en favor del autor de la liberalidad, de un
tercero o del mismo beneficiado con la liberalidad.
Los sujetos vinculados al acto modal son los siguientes:
a) El autor de la liberalidad (o disponente), o sea, el que realiza el acto de disposición
a título gratuito (donante, testador);
b) El beneficiario de la liberalidad (donatario, heredero, legatario), obligado a cumplir
el cargo; y El beneficiario del cargo.
Es esencial que el modo sea impuesto por el disponente y que grave al beneficiario de la
liberalidad, sea en favor de aquél, del propio beneficiario o de un tercero, o en general,
que el beneficiario emplee de una determinada manera el objeto de la disposición. Como
dice Barbero, constituye “para el beneficiario, ya un límite a su libertad de iniciativa en la
disposición del objeto de la liberalidad recibida, ya una obligación de hacer o de dar, y en
general, siempre, un gravamen que reduce el beneficio de la atribución patrimonial, por lo
cual se le denomina también carga’ (que no hay que confundir con la carga como relación
jurídica distinta del ‘deber’)”.
La relación entre la liberalidad y el cargo es de subordinación: el cargo es accesorio
respecto de la liberalidad, por lo que el incumplimiento del cargo no impide la adquisición
del derecho ni determina su extinción. Como sostiene Albaladejo, el cargo es algo
accidental en el negocio, en cuanto que el tipo abstracto de este no lo requiere para existir;
pero también en el negocio particular en el que se inserta, es una parte accesoria que
depende de la parte principal. La parte principal puede ser válida y eficaz, aun en defecto
del modo; mientras que este no puede subsistir sin aquella. Así, cuando el modo es
inválido el negocio deviene puro o el incumplimiento del modo no deja necesariamente sin
efecto el negocio modal.
El cargo solamente deriva de la voluntad del disponente, no puede derivar de la voluntad
de otras personas ni de la ley. Siempre es expreso, no puede ser tácito. No es un suceso
extraño a la voluntad del disponente, como ocurre en la condición o el plazo.
La obligación en que consiste el cargo puede ser patrimonial o no, pero cuando es no
patrimonial, la prestación que es objeto de ella debe tener una traducción patrimonial
porque, en caso contrario, no se podría exigir el cumplimiento de la obligación. Luego, la
prestación objeto de la obligación en que consiste el cargo debe ser siempre onerosa,
cuya ejecución pueda ser exigida coercitivamente, por ej., se dona una pintura con el
cargo de que sea exhibida al público cada cierto tiempo (obligación no patrimonial), si el
donatario no cumple con hacer la exhibición (prestación) puede ser obligado a indemnizar
8.2.2. Función
El cargo o modo se distingue de la condición por la función que cumple en el acto jurídico.
La condición suspende la eficacia del acto y el cargo obliga. La condición pone en
contingencia los efectos del acto jurídico; mientras que el cargo limita la ventaja económica
del beneficio de una atribución patrimonial gratuita. La condición no comporta obligación
alguna (conditio non est in obligatione)-, el modo es fuente de obligaciones que pueden
tener por objeto prestaciones de dar, hacer o no hacer algo (modus est in obligatione).
De la condición dependen los efectos del acto jurídico, mientras que la imposición del
cargo no afecta la eficacia del acto de atribución patrimonial realizado con carácter gratuito
ni lo convierte en oneroso; la condición pone en trance de ser o no ser a los efectos del
acto jurídico, en tanto que el cargo no pone en trance a los efectos típicos del acto sino
que añade a estos una obligación nueva limitándolos económicamente, esto es,
jurídicamente con el modo los efectos del acto se incrementan. Por ej., una donación con
el cargo de que el donatario haga construir para el donante un monumento funerario, no
deja de ser donación para asumir la naturaleza de contrato oneroso, en el cual el cargo
tenga el valor de contraprestación, sino que conserva su naturaleza de acto jurídico
gratuito, con el añadido de un elemento oneroso de carácter accidental: el cargo.
La condición, el plazo y el modo son elementos accidentales del acto jurídico, pero
mientras los dos primeros una vez añadidos al acto dejan de ser accesorios para devenir
en requisitos de eficacia del acto (así, convirtiendo a esa eficacia en precaria al suspender
su exigibilidad o extinción, o limitándola en el tiempo), el modo no afecta a la eficacia del
acto, no pierde su carácter de accesorio para convertirse en requisito de eficacia, sino que
se resuelve en una obligación a cargo del beneficiario de la liberalidad, quien debe efectuar
una cierta prestación. Dentro de las estipulaciones que integran el contenido del acto
jurídico, el cargo es una estipulación accesoria y como tal no impide la adquisición del
derecho ni su ejercicio por parte del beneficiario de la liberalidad.
Si se pacta que el cargo impuesto debe ser cumplido antes como un requisito para que el
destinatario de la disposición a título gratuito adquiera el derecho, no estamos frente a un
acto sub modo, sino sub condicione.
En caso de duda, se juzgará que existe cargo y no condición, en vista a que cuando se
celebra un acto jurídico es para que produzca efectos y no para que no los produzca
(cuando el acto es condicionado, no se sabe si el derecho va a nacer o no).
8.2.3. Cumplimiento del cargo
El cargo, llamado también modo, carga o encargo, consiste en una obligación accesoria y
excepcional impuesta al beneficiario de una liberalidad por el disponente de esta (ej., se
dona un predio, imponiendo al donatario la carga de pagar una pequeña pensión a favor
de una persona estimada por del donante).
Sus caracteres son:
a) Es una obligación. El cargo es una modalidad que grava al beneficiario de una
liberalidad. Por tanto, el acreedor del cargo puede usar las acciones compulsivas
pertinentes para hacer efectivo el cumplimiento y la indemnización de los daños irrogados
por el obligado con el cargo que no ejecuta su prestación;
b) Es accesorio. Es accesorio pero inescindible de la adquisición de la liberalidad. No es
posible adquirir el derecho si al propio tiempo no se asume la obligación que el cargo trae
aparejada. Por ser una obligación accesoria está sometida a la formalidad exigida para el
acto principal.
c) Es excepcional. No deriva ordinariamente del acto jurídico ni es un elemento natural,
sino que es independiente del derecho que adquiere el beneficiario de la liberalidad.
Los sujetos vinculados al acto modal son el disponente de la liberalidad, o sea, el que hace
la liberalidad (donante, testador). El beneficiario de la liberalidad (donatario, heredero) es
el obligado a cumplir el cargo. El beneficiario del cargo, llamado también asignatario, que
puede ser el propio disponente de la liberalidad, o un tercero determinado o determinable,
o también puede ser el beneficiario de la liberalidad (ej., la donación hecha con el fin de
que el donatario se costee sus estudios profesionales).
La imposición del cargo no afecta ni suspende la atribución patrimonial realizada con
carácter gratuito, ni la convierte en onerosa. La relación entre la liberalidad y el cargo es
de subordinación: el cargo es accesorio respecto de la liberalidad, por lo que el
incumplimiento del cargo no impide la adquisición del derecho ni determina su extinción.
El modo no es una contraprestación a cargo del beneficiario de la liberalidad, de la cual
es accesorio; el acto sub modus no es de prestaciones recíprocas, ya que la obligación
que tiene que cumplir el beneficiario no tiene la calidad de contraprestación de la
prestación objeto de la obligación del disponente; en los actos con prestaciones recíprocas
la prestación es causa de la contraprestación y al contrario; en el acto modal no hay una
relación de interdependencia entre la obligación del disponente y la del beneficiario, sino
una relación de accesoriedad de esta frente a aquélla.
En los actos de liberalidad hay una atribución patrimonial (ej., una donación); en cambio,
en los actos gratuitos puede faltar la atribución patrimonial (ej., el depósito gratuito). Todo
acto de liberalidad es gratuito, pero no todo acto gratuito es una liberalidad. El modo
solamente puede ser impuesto en los actos de liberalidad, no así en los actos gratuitos
que no impliquen una atribución patrimonial, en otros términos, el modo solamente puede
ser impuesto en los actos gratuitos que impliquen liberalidad. El modo tiene su causa en
la liberalidad, por consiguiente la obligación modal nace cuando se adquiere la liberalidad.
Una vez aceptada la liberalidad con cargo, el beneficiario de la liberalidad debe cumplir
con ejecutar su prestación (en que consiste el cargo) a favor del beneficiario del cargo.
Si el cargo es obligatorio para el beneficiario de la liberalidad, quien habrá de cumplirlo,
surge la pregunta acerca de ¿quién puede exigir el cumplimiento de la obligación en que
consiste el cargo? Al respecto, el art. 185 es terminante, la legitimación activa para exigir
el cumplimiento del modo corresponde al imponente o al beneficiario. Si el cargo es de
interés social puede exigirlo también la autoridad competente.
Tanto el beneficiario como el imponente del cargo tienen la calidad de acreedores y, por
tanto, pueden exigir su cumplimiento. El deudor del cargo es el beneficiario de la
liberalidad. La obligación en que consiste el cargo, si bien es accesoria, autoriza al
acreedor para: a) emplear las medidas legales a fin de que el deudor le procure aquello a
que está obligado; b) procurarse la prestación o hacérsela procurar por otro, a costa del
deudor; c) obtener del deudor la indemnización de los daños causados con el
incumplimiento; d) hacer uso de la acción oblicua (art. 1219.4); e) hacer uso de la acción
pauliana (art. 195).
El derecho del beneficiario del cargo nace directa e inmediatamente que se adquiere la
liberalidad. Si el cargo viene impuesto en un testamento, la adquisición de la herencia o
legado tiene lugar ipso iure al fallecimiento del testador, por lo que también se adquiere
ipso iure la obligación modal que lo grave; pero como la herencia o legado pueden ser
posteriormente repudiados, con ello también se borra lo accesorio que es la obligación
modal. Si el cargo es impuesto en un contrato, el derecho del beneficiario y el cargo que
lo grava nacen directa e inmediatamente que se celebra el contrato.
Pero tratándose del contrato (ej., una donación con cargo) hay que tener presente que si
el acreedor modal no es el propio disponente ni el propio beneficiario de la liberalidad, sino
un tercero, si bien es cierto que el derecho de este nace directa e inmediatamente de la
celebración del contrato; sin embargo, será necesario que haga conocer a ambas partes
contratantes su voluntad de hacer uso de su derecho, para que pueda exigir el
cumplimiento del cargo, operando esta declaración retroactivamente al momento en que
se perfeccionó el contrato (art. 1458).
En aplicación del principio que dice que lo accesorio sigue la suerte de lo principal, pero
no al contrario, y siendo el cargo una obligación accesoria que accede al derecho del
beneficiado con una liberalidad, la ineficacia (nulidad, resolución, revocación, etc.) del acto
El cargo será ejecutado en el plazo señalado por el imponente; a falta de este plazo, si
acreedor y deudor no se ponen de acuerdo, el cargo se cumplirá en el plazo que señale
el juez en un proceso sumarísimo, atendiendo a las circunstancias del caso (ej., la facilidad
o dificultad para realizarlo).
El plazo señalado por el imponente para el cumplimiento del cargo puede ser determinado
cierto o incierto, expreso o tácito. Cuando el plazo no es expreso estamos ante un plazo
indeterminado cuyo vencimiento será determinado por el juez teniendo en cuenta la
naturaleza del cargo que debe cumplirse.
El deudor del cargo cae en mora de acuerdo con lo que dispone el art. 1333 y siguientes.
También incurre en responsabilidad civil de acuerdo con las normas sobre inejecución de
las obligaciones (art. 1314 y ss.).
La acción personal para exigir el cumplimiento del cargo prescribe a los 10 años (art.
2001.1). El plazo de prescripción comienza a contarse a partir de que la obligación se
torna exigible.
Puede suceder que la limitación modal impuesta sea excesiva al extremo que reabsorba
enteramente el beneficio patrimonial atribuido, o incluso superarlo, de manera que el
destinatario de la liberalidad para poder ejecutar el modo tuviera que utilizar no solamente
lo recibido sino también lo suyo propio, pero esto no implica que el beneficiario de la
liberalidad esté obligado a ejecutar el cargo en lo que excede al valor de la liberalidad; en
la parte que el cargo excede a la liberalidad deja de ser una obligación jurídica, para
devenir en una obligación puramente moral (obligación natural) que si el deudor quiere la
cumple sino no.
Como la finalidad del acto de liberalidad es enriquecer al beneficiario, el cargo debe ser
de una entidad inferior o, a lo más, igual a la liberalidad. Por esta razón, el art. 187 dispone
que el beneficiario de la liberalidad no está obligado a cumplir el cargo que exceda a la
liberalidad.
El destinatario de la liberalidad no está obligado a ejecutar el cargo más que dentro de los
límites del valor de los bienes recibidos, aunque baya aceptado la liberalidad con cargo
sin reservas.
8.2.6. Transmisibilidad del cargo
El derecho adquirido, objeto del acto de liberalidad, es transmisible por actos entre vivos
o por causa de muerte y con él se traspasa la obligación de cumplir el cargo, excepto que
se trate de una obligación personalísima del gravado con el cargo. Si el cumplimiento del
cargo es inherente a la persona y esta muere sin cumplirlo, la adquisición del derecho,
objeto de la liberalidad, queda sin efecto, volviendo los bienes al titular originario o a sus
herederos.
Conforme al art. 188, como toda obligación, la de cumplir el cargo se trasmite a los
herederos, excepto cuando se trata de una obligación inherente a la persona del deudor
(intuitu personae), lo prohíbe la ley, o se ha pactado lo contrario (arts. 188, 660 y 1218).
Si el beneficiario de la liberalidad fallece antes de haber cumplido el cargo, sus herederos
deben satisfacer la obligación si ella no es inherente a la persona. Si el cargo consiste en
una obligación intuitupersonae y el beneficiario muere sin cumplirla, los bienes objeto de
la liberalidad revierten al imponente del cargo o sus herederos. Por ej., se dona un bien a
un abogado con el cargo de que él personalmente defienda al donante en un proceso
judicial; el abogado muere sin haber cumplido el encargo; sus herederos deben devolver
al donante o a sus herederos el bien materia de la donación.
BIBLIOGRAFIA
Vasquez, A. T. (2018). ACTO JURIDICO. JURISTA EDITORES E.I.R.L.
VARSI ROSPIGLIOSI, Enrique y TORRES MALDONADO, Marco (2019). “Acto Juridico I”. En:
Jurista Editores.