AÑO DE LA RECONCILIACIÓN
DISCIPULADO CONGREGACIONAL
PASTOR GERMAN PONCE
Reconciliación Profética
Martes, 18 de febrero de 2020
(Esd 5:1 LBLA) Cuando los profetas Hageo y Zacarías, hijo de Iddo, profetizaron a los
judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre
ellos, (Esd 5:2 LBLA) Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesúa, hijo de Josadac, se levantaron
entonces y comenzaron a reedificar la casa de Dios en Jerusalén; y los profetas de Dios
estaban con ellos apoyándolos.
Había una visión para desarrollar, la visión era salir de la cautividad regresar a Israel y
reedificar lo que se había destruido.
Necesitamos desarrollar lo que venga inspirado por Dios.
Una casa dividida no va avanzar.
El pueblo estaba necesitado de las voces proféticas.
Lo primero que se tiene que reconciliar es con la visión.
Para que se pudiera restaurar, es necesario que llegara lo profético.
Lo profético activa la restauración.
Cuando no se está en la visión, se puede detener el avance.
Hag 1:1 El año segundo del rey Darío, en el mes sexto, el día primero del mes, vino la
palabra del SEÑOR por medio1 del profeta Hageo a Zorobabel, hijo de Salatiel,
gobernador de Judá, y al sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, diciendo: Hag 1:2 Así
dice el SEÑOR de los ejércitos: “Este pueblo dice: ‘No ha llegado el tiempo, el tiempo de
que la casa del SEÑOR sea reedificada.’
Tenía que haber una reconciliación con el tiempo de Dios.
En los corredores del pueblo se corría una idea que no era tiempo de reedificar, pero
Dios estaba enviando al profeta al gobernado para que le dijera que el pueblo decía que no
era tiempo de reedificar, pero Dios si estaba marcando el tiempo de restaurar.
El profeta lo que hace es que conecta nuestro reloj con el reloj de Dios.
El que solo se levanta, solo se cae.
Hag 1:5 Ahora pues, así dice el SEÑOR de los ejércitos: Considerad bien vuestros
caminos. Hag 1:6 Sembráis mucho, pero recogéis poco; coméis, pero no hay suficiente
para que os saciéis; bebéis, pero no hay suficiente para que os embriaguéis; os vestís, pero
nadie se calienta; y el que recibe salario, recibe salario en bolsa rota.
Hag 1:13 Entonces Hageo, mensajero del SEÑOR, por mandato1 del SEÑOR, habló al
pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros—declara el SEÑOR. Hag 1:14 Y despertó el
SEÑOR el espíritu de Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu del
sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, y el espíritu de todo el remanente del pueblo. Y
vinieron y comenzaron la obra en la casa del SEÑOR de los ejércitos, su Dios,
Para despertar el Espíritu Dios envió profetas.
Era un tiempo de estar despiertos y estaban dormidos.
Necesitamos reconciliarnos con la palabra profética.
Hag 2:9 “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera”—dice el SEÑOR de
los ejércitos—“y en este lugar daré paz”—declara el SEÑOR de los ejércitos.
Lo que se estaba profetizando que por ese templo el mismo Dios iba a tomar un cuerpo
e iba entrar por ese templo.
La gloria del final será mejor que la anterior.
No debemos medirnos de acuerdo a nuestra capacidad, debemos enfocarnos en lo que
Dios quiere hacer.
Zac 4:7 “¿Quién eres tú, oh gran monte? Ante Zorobabel, te convertirás en llanura; y él
sacará la piedra clave entre aclamaciones de ‘¡Gracia, gracia a ella!’ ” Zac 4:8 Y vino a
mí la palabra del SEÑOR, diciendo: Zac 4:9 Las manos de Zorobabel han puesto los
cimientos de esta casa, y sus manos la acabarán. Entonces sabréis que el SEÑOR de los
ejércitos me ha enviado a vosotros.
Dios le estaba diciendo que lo que iniciemos lo vamos a terminar.
1Re 13:17 Porque me vino un mandato1 por palabra del SEÑOR: “No comerás pan ni
beberás agua allí, ni volverás por el camino que fuiste.” 1Re 13:18 Y el otro le respondió:
Yo también soy profeta como tú, y un ángel me habló por palabra del SEÑOR, diciendo:
“Tráelo contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua.” Pero le estaba mintiendo.
Debe reconciliarnos con nuestra comisión existencial.
Dios le había hablado que no se detuviera, sino que siguiera adelante.
Ningún profeta por muy experimentado que sea, va a dar una palabra que colisiona
contra la palabra escrita.
Hch 13:1 En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón
llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y
Saulo. Hch 13:2 Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo:
Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.
Hch 11:27 Por aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Hch
11:28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que
ciertamente habría una gran hambre en toda la tierra. Y esto ocurrió durante el reinado de
Claudio.
Los profetas tienen que tener tal equipo que tengan meteorología espiritual.