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Crisis y luchas en la Revolución Argentina

La Junta de Buenos Aires buscaba consolidar la Revolución de Mayo y expandir su autoridad a otras ciudades. Sin embargo, se enfrentó a la oposición de Córdoba y Montevideo, y divisiones internas entre los partidarios de Saavedra y Moreno. Aunque hubo victorias iniciales en el Alto Perú, también hubo derrotas en Paraguay y el Alto Perú que pusieron en riesgo los logros revolucionarios. La Junta se transformó en Junta Grande y continuó luchando por afianzar el nuevo gobierno.
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Crisis y luchas en la Revolución Argentina

La Junta de Buenos Aires buscaba consolidar la Revolución de Mayo y expandir su autoridad a otras ciudades. Sin embargo, se enfrentó a la oposición de Córdoba y Montevideo, y divisiones internas entre los partidarios de Saavedra y Moreno. Aunque hubo victorias iniciales en el Alto Perú, también hubo derrotas en Paraguay y el Alto Perú que pusieron en riesgo los logros revolucionarios. La Junta se transformó en Junta Grande y continuó luchando por afianzar el nuevo gobierno.
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Luego de la Revolución de Mayo, la Junta de gobierno necesitaba dar forma a su programa

político y su principal objetivo era la consolidación de la Revolución. Era, para ello, necesario
trasladar la junta y su ideario a las demás ciudades del virreinato. Lo que lograría con la
integración de los distintos diputados. Pero eso generaba algunos peligros: que la voluntad de
los revolucionarios se diluyera entre los diputados menos dispuestos, amenazas provocadas
por las autoridades españolas determinadas en reconocer el Consejo de Regencia en contra de
la destitución de Cisneros y la intervención de extranjeros, ante una hipotética y posible alianza
con España para mantener a los territorios coloniales bajo su régimen.

Para eso era necesario que la Revolución fuera defendida; no solo por medios materiales, sino
respaldada por el consenso popular que le otorgaría legitimidad. El gobierno debía ganarse de
la confianza de los gobernados. Se notificó a todas las autoridades del virreinato los sucesos de
Mayo y se les invitó a reconocer a la Junta como autoridad superior provisoria, y a enviar
diputados para el Congreso General. La necesidad de una expedición militar rápidamente fue
confirmada por la respuesta del interior.

Córdoba y Montevideo se opusieron a las autoridades de BS AS. En Córdoba, Liniers y


Gutierrez de la Concha, con ayuda del Cabildo cordobés comenzaron a movilizar una fuerza
armada en contra de Bs As. El 6 de junio de 1810 el Cabildo de Córdoba rechazó a las
autoridades del 25 de Mayo. Al mismo tiempo, Montevideo presionaba para que la Junta jurara
fidelidad al Consejo de Regencia, al igual que Cisneros desde Bs As. Cisneros el 14 de Junio juró
fidelidad al Consejo de Regencia junto con la Real Audiencia a Montevideo. Las autoridades de
BS AS ordenó su arresto, destitución y exilio. Desde el Alto Perú, el Virrey Abascal prefirió
poner sus territorios bajo la jurisdicción del virrey de Perú, para que no quedaran bajo control
de Saavedra, y Paraguay no apoyó la Junta pero se mantuvo neutro, con posibilidades de abrir
las relaciones. Desde Chile aceptaban los eventos de BS AS pero no hicieron ningún
reconocimiento abierto.

La reacción de Córdoba careció de apoyo popular. Con todo, las ciudades argentinas apoyaron
la conformación de la Junta: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Catamarca, Salta,
Mendoza, San Juan, Misiones, Santiago del Estero y Jujuy. En consecuencia, Liniers decidió
retirarse al Alto Perú mientras sus hombres comenzaban a desertar. En la noche del 6 de
Agosto, Liniers con sus hombres cayeron presos y la Junta los condenaron a muerte. Esto fue
con el objetivo de poner fin a cualquier indecisión o rechazo antes de que naciera. Fusilado el
25 de Agosto por Castelli (previamente él había sido designado por la Junta).

El 4 de Septiembre la Junta designa a Belgrano a cargo de la expedición al Paraguay. Entonces


Belgrano no tenía gran experiencia militar más allá que la de unos pocos libros. Se equivocaron
al pensar que el Paraguay se sublevaría ante la presencia de las fuerzas revolucionarias, al igual
que priorizar este frente antes que el de Montevideo. Belgrano atravesó el Paraná el 19 de
Diciembre de 1810, sorprendiendo a la defensa en Campichuelo. El gobernador de Paraguay,
Velazco se retiró a 50 km de Asunción. Allí se dispuso a resistir con 6500 hombres, mal
armados, aunque con buena artillería. Belgrano con 950 hombres atacó en Paraguarí el 19 de
Enero 1811. EL impacto inicial fue óptimo, pero con una columna de ataque mal conducida y
que fue cortada por lo que Belgrano decidió retirarse. Los paraguayos se mantuvieron inactivos
al inicio, pero luego comenzó la persecución. Belgrano no quiso perder su base en el Paraguay y
dividió a sus fuerzas. Cometió el error de volver a entrar en combate dividido, y ante la
ineficacia de sus estrategias fue derrotado. El contrataque final salvó a los sobrevivientes y le
permitió un honroso armisticio con positivas resonancias políticas.
Pero incluso dentro de la Junta misma surgieron dificultades: se polarizó la relación entre sus
partidarios, los que apoyaban a Saavedra (o Saavedristas) y los que apoyaban a Moreno (o
Morenistas). Los Saavedristas eran más moderados en su proceder mientras que los
Morenistas eras más reaccionarios y radicales. Esta radicalización se facilitó con la salida de
Belgrano para liderar las tropas al Paraguay al igual que la salida de Castelli a Córdoba.
Azcuénaga, Paso, Larrea y Matheu hicieron causa común con Mariano Moreno. Saavedra
conservaba el prestigio de su investidura presidencial, su poder militar y su popularidad en
vastos sectores de la población. Terminando el año 1810 la influencia de Moreno era decisiva.
La llegada de los diputados de las ciudades interiores a Buenos Aires, en general más
moderados, dio a Saavedra ocasión de trabajar contra el predominio de los morenistas. Estos
diputados reclamaban el cumplimiento de la convocatoria cursada.

El error estuvo, que en vez de que se incorporaran en un Congreso, se incorporaron a la Junta


para dar progresivamente la representación total del Virreinato. Moreno tuvo la suficiente
perspicacia para darse cuenta que tal aglomeración quitaba agilidad y la muy escasa unidad de
miras que le quedaba. Por ello se opuso a tal incorporación, mientras los recién llegados
liderados por Gregorio de Funes, se resistían a ser recibidos con la velada complacencia de
Saavedra. Moreno reconoció finalmente la derrota, y retiró su oposición junto con la
presentación de su renuncia. La paciencia de Saavedra dominó la exaltación de Moreno. Para
apartarse de la derrota Moreno fue encomendado a una misión a Gran Bretaña, pero no lo
logró ya que muere en el viaje en Marzo de 1811.

El alto Perú estaba limitado por el río Desaguadero y la cordillera oriental al oeste y las
cordilleras de La Paz y Cochabamba y las sierras de Augarague al este. La altura variaba entre
2000 y 4000 msnm, con climas fríos en las cordilleras y los valles templados. El apunamiento
era frecuente. En 1810 el propósito de las operaciones militares fue asegurarse el control del
Alto Perú y del Paraguay y reducir a obediencia o neutralizar Montevideo. El mayor esfuerzo
estaba en el Alto Perú con la Expedición Auxiliar. Allí se obtuvo la primera victoria en Suipacha
el 7 de Noviembre de 1810. En junio Balcarse contaba con 6000 hombres de los cuales solo
2500 eran aptos para luchar en contra de un enemigo bien instruido. El ejército patriota fue
atacado en Huaqui por 7 mil hombres y dispersado en consecuencia de la escasa disciplina de
las tropas. Todo el Alto Perú volvió a manos realistas.

Ante el desastre de Huaqui, y con la falta de confianza en Viamonte y Diaz Velez, el gobierno
dio a Pueyrredón el mando quien se limitó a retirarse a Salta, disciplinar las tropas y pedir el
cambio por un jefe capaz. Allí se envió a Belgrano. Mientras tanto, los alzamientos
altoperuanos retrasaron la llegada de las fuerzas realistas al territorio argentino. El pueblo
jujeño mientras tanto recibió la orden de retirarse hasta córdoba – éxodo Jujeño- pero
Belgrano decidió desobedecer la orden y esperar en Tucumán. Entre una y otras batallas
Belgrano logró la derrota de los realistas, pero en vez de retirarse se movió al noreste. Solo
salvó en Vilcapugio una cuarta parte de sus fuerzas. Pero con refuerzos entró en la batalla de
Ayohuma ( aproximadamente 3 mil hombres) donde fue flanqueado y se retiró solo con 500
hombres. Se retiró del territorio y fue reemplazado por San Martín.

Belgrano recibió instrucciones de operar sobre la Banda Oriental y encomendó a los hermanos
Artigas sublevar las regiones central y oriental del territorio. Los realistas en consecuencia se
replegaron sobre Montevideo y Colonia. Belgrano fue separado del mando y reemplazado por
Rondeau. Artigas se enfrentó en Las Piedras – 18 de mayo 1810 – logrando grandes perdidas
para España. Su consecuencia fue el sitio de Montevideo pero fue ineficaz ya que la ciudad se
abastecía por el agua. Ello llevó a crear una débil escuadra naval que los realistas derrotaron en
San Nicolás. La situación se prolongó hasta el ingreso de los portugueses con 5 mil hombres a
la Banda Oriental. El problema se resolvió con un armisticio con Elío y la retirada del sitio.

Cuando se retiró la amenaza portuguesa de la Banda Oriendal y ante el triunfo de Belgrano en


Tucumán se iniciaron nuevas operaciones. Artigas volvió a penetrar en el centro del territorio y
Bs As envió a Sarratea como jefe de las operaciones. Rondeau se sumó posteriormente con
otra guarnición y los realistas se replegaron en Montevideo que fue sitiada por segunda vez y
todo el resto del territorio quedó bajo control patriota. El sitio terrestre se mostró ineficaz. La
escuadra realista proveía la manutención de la plaza y además castigaba las poblaciones de las
costas de nuestros ríos. San Martín sobre Paraná batió el 3 de febrero en San Lorenzo
reduciendo el ingreso naval español y logrando la comunicación con el ejército sitiador con BS
AS. Fue claro que Montevideo no podría ser rendido sin apoyo naval. Se creo la escuadrilla de
Romarate al mando de Brown que luego de controlar Martín García se dirigió a sitiar
Montevideo. La victoria la obtuvieron el 22 de Junio.

La primera junta se transformó en Junta Grande el 18 de Diciembre de 1810, y con esto se


marca el primer cambio en la conducción de la revolución. Mientras tanto se estaban
obteniendo los primeros logros en el Alto Perú, con la victoria sobre las fuerzas realistas en
Suipacha que libró de obstáculos inmediatos a BS AS. Esto se favoreció por el intento de Chile
de instalar una Junta, imitando a BS AS. Esto generó optimismo en la Junta Grande.

Pero con la derrota en Paraguay de Belgrano, y el Virrey Elío en Montevideo aumentaron las
alertas ante el bloqueo que ordenó del puerto de BS AS. Las preocupaciones creadas por la
amenaza militar ante la derrota en San Nicolás el 2 de Marzo, no impidieron continuar las
rencillas. Vieytes y Nicolás Rodriguez Peña buscaron reemplazar a Moreno. Cada vez subió más
de tono la prédica anti saavedrista subió cada vez más de tono y se intentó negociar con
Carlota Joaquina como monarca del Virreinato. La pluralidad de miembros solo demoraba las
resoluciones del gobierno. Ante este contexto, se consideró el clima adecuado para un
pronunciamiento. Este es conocido como la Asonada del 5 y 6 de Abril de 1811. Los morenistas
se representaban como la acción de los ilustrados, y los saavedristas se ven representados por
la plebe y fuerzas armadas. De esta forma, el episodio se presenta como una primera
manifestación de un enfrentamiento social, aunque no se percibió así ya que era dirigido desde
arriba en los cuarteles. El movimiento estalló la noche del 5 de abril en los corrales de
Miserere y avanzaron a reclamar sobre la Plaza Mayor la reunión del Cabildo. En la madrugada
del 6 de abril presentaron del Cabildo a las Juntas las peticiones de los amotinados: destitución
de Larrea, Azcuénaga, Rodriguez Peña y Vieytes y que no se volviera a nombrar a ningún vocal
si no es con el voto del pueblo. Se dieron las concesiones pero en consecuencia Saavedra logró
eliminar del todo el movimiento morenista.

La división se propagó al ejército y tropas del Alto Perú. Naufragó toda disciplina, ya que se
sentían dueños del mundo luego de la victoria de Suipacha. El ejército se debilitó y ello
ocasionó el desastre de Huaqui(20 de Junio).

Mientras tanto, en la Banda Oriental, Belgrano organizaba la campaña junto a Rondeau y


Artigas ya que la Junta recibió noticias del apoyo solicitado por Elío a Río de Janeiro junto con
el avance portugués sobre la Banda Oriental. En consecuencia se buscó un armisticio con Elío,
lo que le permitía frenar ese ataque en doble frente y reforzar su frontera al norte.
La situación de gobierno en BS AS se complicó en consecuencia. Sarratea y Rivadavia tomaban
fuerza dentro del sector morenista para derribar a la junta. El 19 de Septiembre el pueblo
ilustrado de BS AS se reunió en un cabildo abierto para elegir diputados al Congreso. Chiclana y
Paso fueron electos y el 22 de Septiembre, el Cabildo exigió la reforma del gobierno. Al día
siguiente, ella Junta se disolvió y se creó en reemplazo un Triunvirato. Fueron designados Juan
José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel Sarratea. Sus secretarios sin voto eran Vicente Lopez y
Planes, José J. Perez y Bernardino Rivadavia. Los diputados provinciales pasaron a constituir
una Junta Conservadora que establecería las normas para el nuevo gobierno. Ambos
organismos terminaron neutralizando su accionar. El triunvirato representaba la primera
expresión definida de una tendencia partidaria de la hegemonía absorbente de BS AS, que no
buscaba tanto la fortaleza de un gobierno central, sino un dominio porteño. Era una tendencia
unitarizante y poteñista. El inspirador de este movimiento fue Rivadavia.

Mientras tanto, el Triunvirato confinó a Saavedra, disolvió las Juntas provinciales y reinstaló el
régimen de intendencias. También expulsó a los diputados de las ciudades del interior y trató
de neutralizar la amenaza militar. Belgrano se destinó a Paraguay y concluyó el 12 de Octubre
un tratado de Paz con el nuevo gobierno de Asunción que se mantendría independiente del
gobierno de BS AS. Las circunstancias políticas consumaban la primera ruptura de unidad del ex
virreinato. Casi al mismo tiempo se logró la paz con Elío, a ocultas de los intereses de los
patriotas orientales y Pueyrredón como jefe del ejército del norte pidió insistentemente su
relevo ante la gravedad de la situación y su incompetencia. Allí Belgrano fue destinado al Norte
y fue cuando, a finales de Febrero en las barracas de Rosario sobre el Paraná inauguró dos
baterías con los nombres de Libertad e Independencia, y la bandera Nacional (celeste y
blanca).

El 9 de Marzo de 1812 habían llegado de Londres un grupo de americanos que vinculados a


logias masónicas, actuaron en los ejércitos españoles. Vivieron en España las luchas ideológicas
de la península y ansiaban una américa libre del régimen colonial. El de mayor graduación y de
ideas más claras era el Coronel José de San Martín. Comprendió que la única manera de
realizar la emancipación de Sudamérica consistía en lograr unidad política y fuerza militar en lo
interior y la alianza o la condescendencia de Inglaterra en el plano internacional. Para él la
revolución emancipadora era americana y la necesidad de una unidad política comprendía a
todo el continente hispanoamericano. Junto a José Zapiola y Carlos de Alvear crearon una
sociedad secreta: la Logia Lautaro y comenzaron a trabajar por los ideales de una
independencia nacional y unidad política. Lógicamente estos planes significaban una
sustitución del gobierno y hacia ello se orientó su accionar.

También el 13 de Enero de 1812 se fundó la Sociedad patriótica de corte Morenista, liderada


por Monteagudo y Rivadavia, agitando a la sociedad para apurar la convocatoria a un congreso
con acciones cada vez más combativas. El 8 de Octubre de 1812 ambas organizaciones se
movilizaron con la idea de Constitución e independencia. Los granaderos a caballo y arribeños
ocuparon la plaza mayor y la sociedad patriótica movilizó a la población. Habían llegado las
noticias del éxodo Jujeño y la rebelión de Belgrano de replegarse a córdoba, quedándose en
Tucumán para enfrentar al ejército realista. Su victoria solo subrayó el desacierto del
Triunvirato. En consecuencia, presentaron al Cabildo un petitorio que acusaba al Triunvirato y
pedía su renuncia y que el Cabildo reasumiera el giberno como el 22 de Mayo de 1810. El
Cabildo, en su lugar nombró a Paso, Nicolás Rodriguez Peña y Antonio Alvarez Jonte como el
Segundo Triunvirato.
El objetivo del nuevo gobierno fue convocar a una Asamblea Nacional donde los pueblos
estuviesen auténticamente representados y que definiese el sistema con que las Provincias
Unidas debían aparecer en el teatro de las Naciones. El nuevo gobierno marchaba rectamente
hacia la independencia. Con la revolución de Octubre de 1812 quedó sin efecto el Estatuto
Provisorio, que daba a BS AS un dominio total de la Asamblea y no pocos hombres de BS AS
representaron a la asamblea.

La Asamblea General Constituyente se inauguró el 31 de Enero de 1813 en medio de la


esperanza de grandes realizaciones. Sus propósitos manifiestos eran la emancipación y la
constitución del Estado. Los auspicios militares bajo los cuales se constituyó fueron excelentes:
San Martin se batió en San Lorenzo el 3 de Febrero en contra de escuadras realistas de
Montevideo, Belgrano derrotó y rindió en Salta, logrando la 1ra y única rendición de un cuerpo
de ejército enemigo. Sarratea fue expulsado del ejército sitiador de Montevideo y permitió
incorporar a Artigas y sus fuerzas al ejército sitiador, ahora liderado por Rondeau.

La Asamblea inició una obra legislativa propia del parlamento de una nación independiente. Se
eliminó toda referencia a Fernando VII, se acuñó la moneda nacional, escudo e himno, se
suprimieron los mayorazgos y títulos de noblezas, la inquisición y las torturas judiciales, se
estableció la libertad de vientre para las esclavas, demostrando su espíritu liberal. Pero sus
objetivos capitales no se cumplirían. No se dictaría una Constitución definitiva ni se declararía
la Independencia. La causa del fracaso final de la Asamblea fue que ni ella, ni el Triunvirato o el
siguiente Directorio eran lo suficientemente maduros para esta tarea.

El nuevo gobierno carecía de la necesaria unidad de miras. El espíritu de facción, promovido


por Alvear para sus ambiciones personales, se internalizó dentro de la Logia y de allí al cuerpo
constituyente que pasó a responder a las tendencias de Alvear. Pero cuando logró consolidar el
poder interno político, se debió enfrentar a la peor crisis política internacional desde el inicio
de la revolución. Con el tratado de Valencay, Fernando VII dejaba de ser a finales de 1813
prisionero de Napoleón y se restauraba su trono. Alvear temió por la revolución y su
supervivencia. De esta manera, la Asamblea que supuestamente iba a declarar su
independencia, terminó por claudicar y aceptar la negociación por el perdón y benevolencia
del Rey.

A esto se suma los teatros abiertos en américa: Belgrano avanzó camino a Lima, pero fe
frenado y derrotado en Vilcapugio el 1ro de Octubre de 1813 y en el desastre de Ayohuma el
14 de Noviembre de 1813. Las novedades crearon gran desazón y enfriaron los impulsos
independentista y Ayohuma evidenció la necesidad de reemplazar a Belgrano y dar al ejército
del norte un nuevo jefe y nueva confianza, para enderezar la situación militar. Ese hombre fue
San Martín. – También permitió a Alvear consolidar su control sobre la Logia y sus fines.

En consecuencia se determinó la necesidad de elegir un nuevo jefe de gobierno, y ante las


graves circunstancias este poder debía ser UNIPERSONAL. El 22 de Enero de 1814 la Asamblea
resolvió instituir al Director Supremo del Estado a Gervasio Antonio de Posadas, tío de Alvear
quien lo designó. En paralelo Artigas en Montevideo abandonó el sitio, lo que buscó ser
subsanado con la creación de una escuadrilla Naval al mando de Guillermo Brown, que, tras el
combate en Martín García, bloqueó el puerto de Montevideo. Posadas dio a Rondeau el grado
máximo en la jerarquía militar y lo envió al norte y a Alvear como sitiador de Montevideo.
Vigodet ante las privaciones se vio obligado a negociar y capitular la entrega a BS AS a
condición de que BS AS reconociera su dependencia de FERNANDO VII. Alvear no dudó en
aceptarlo, aunque excedía sus capacidades y terminó ejecutando a Vigodet bajo tecnicismos,
logrando el triunfo sobre Montevideo.

Esto se empañó con la caída de Napoleón. En Bs As la opinión se dividió en 2 bandos: quienes


preferían arriesgarlo todo para lograr la independencia y los que preferían negociar y salvar los
derechos que se pudieran negociar para el Río de la Plata. A este malestar se sumó la escisión
de artigas, Jefe indiscutido de la Banda Oriental y calificado como traidor por el gobierno
central. Su poder se extendía a Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, buscando apoyar la fórmula
política de república y federación. La causa chilena, debilitada por las luchas intestinas fue
derrotada en Rancagua y los revolucionarios se exiliaron en Argentina. Y en el ejército del norte
se resistía a aceptar a Alvear como su jefe. Posadas, cansado del gobierno y de la
incertidumbre que se veía como panorama de futuro, con cada vez más presión de la logia
Lautaro, renunció a su cargo a inicios de Enero de 1815. Alvear fue nombrado su sucesor y
asumió el 9 de Enero de 1815.

Al día siguiente de asumir, Dorrego segundo de Alvear, fue derrotado por Artigas lo que le dejó
total control del frente de la Banda Oriental. A esto se sumó la amenaza realista Chilena y la
acción española en el Alto Perú junto con la amenaza de una invasión atlántica. La debilidad de
su situación política no se le ocultaba al Director Supremo y él mismo trató de alarmar a la
opinión pública. Estableció como línea de gobierno la “independencia a cualquier precio”. Con
este objetivo, emprendió una reorganización militar, ascendiendo a un grupo de oficiales y
uniendo los ejércitos de Cuyo y Bs As bajo su mando, quitándole autonomía a San Martín.
También inició negociaciones abiertas con Artigas llamándole a la paz, pero este se negó a
negociar mientras Montevideo no se rindiera. Tomó en consecuencias medidas en contra de
Artigas, esperando su rendición pero las aspiraciones de este habían crecido: pretendía la
hegemonía nacional y eso incluía destruir el centralismo porteño. Fuera de la influencia de BS
AS su esfera de poder se extendió a Santa Fe y Córdoba.

En Bs As su situación fue cada vez más insostenible. Solo le quedó una salida, una victoria
militar que alterara la situación a su favor y devolverle el poder perdido, controlando Santa Fe.
Por eso mandó a Alvarez Thomas a cargo. Pero era tarde, la resistencia ganó cuerpo y al llegar a
Fontezuela el 3 de abril de 1815, Alvarez Thomas se pronunció en contra del Director y
proclamó el fin de la guerra civil. Esto es conocido como el Levantamiento de Fontezuela. La
sublevación se expandió rápidamente a otros cuerpos militares. Alvear quiso resistir, pero
pretendió conservar el mando militar, lo que revelaba su intento de recuperar el poder. Pero el
15 de Abril el Cabildo demandó la entrega de armas y asumió el gobierno de la provincias y
Alvear se fue al extranjero. Alvarez Thomas fue designado como su sucesor.

La prudencia política de Alvarez Thomas y su convocatoria a la realización en Tucumán de un


Congreso General eliminó el temor de muchas provincias de que continuara la prepotencia
porteña y le ganó el apoyo de San Martin, al ver la posibilidad de lograr la independencia. Con
respecto a la Banda Oriental, Artigas no aceptó participar de Tucumán, sino que buscó formar
su propio Congreso de Oriente. Para Alvarez estos términos lograr una paz era inaceptable y
necesitaba recuperar el control de las provincias al oeste del Paraná. Preparó una expedición
que generó la reacción de los caudillos como Estanislao Lopez que se sublevó contra Viamonte,
líder de la expedición. En el ejército del Norte, la autoridad de Rondeau se diluía y la
politización e indisciplina minaban al ejército. Guemes, luego de una victoria fue despojado de
su mando y ofendido se retiró del ejército con sus hombres. Fue elegido en Salta como
gobernador interino y reconoció la autoridad interina de Thomas. La situación se agravó ante el
avance realista por la incapacidad militar de Rodriguez y Rondeau (Batalla de Sipe Sipe 29 de
noviembre 1815, donde definitivamente se perdió el Alto Perú. Rondeau, desprestigiado ante
sus subordinados retrocedió hasta Jujuy donde se enfrentó a Guemes. Ocupó Brevemente
Salta, lo que acabó con el intento de reestablecer vínculos del congreso por la situación de
frontera norte ante una posible invasión española.

Cuyo se constituyó como centro de apoyo para el Director ante la reunion del Congreso y San
Martin fortalecía sus fuerzas para enfrentar a los realistas en Chile. Era la primera etapa de su
plan, lograr librar a Chile en la primavera de 1816 con una invasión.

El Congreso de las Provincias Unidas, convocadas por Álvarez Thomas, inauguró sus sesiones en
Tucumán el 24 de Marzo de 1816. Se reunieron allí representantes de todas las provincias
argentinas, menos Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental. También estaban
representadas las provincias del Alto Perú: Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque. El congreso
se reunía en uno de los momentos más difíciles para la revolución. Los Españoles dominaban el
Alto Perú y Chile; el ejército del norte estaba anarquizado, España amenazaba con una
expedición militar poderosa y había rumores de una invasión portuguesa. También caído
Napoleón los monarcas buscaban restaurar el absolutismo, enemigos del republicanismo y la
revolución con Gran Bretaña atada por sus compromisos con España y la lucha contra Rusia.

En el congreso coexistieron tres grupos que supieron convivir: los diputados centralistas los
localistas y los altoperuanos. La primera preocupación del congreso fue designar un Director
Supremo con autoridad nacional: Pueyrredón. En consecuencia Thomas renunció y eso
favoreció la candidatura del candidato del Congreso. Pueyrredón puso fin al litigio entre
Rondeau y Guemes y se aseguró de la fidelidad del ejército. Sabía que la frontera dependía de
la guerra de guerrillas que llevaba Guemes. Quitó a Rondeau que amenazaba con un
amotinamiento y lo aplacó al instalar en su lugar a Belgrano. Comenzó a subordinar los
diversos centros de poder a la conducción superior del Estado. Dio máxima prioridad al
proyecto de San Martín en Chile. En torno a la misión de la independencia se configuró una
unidad.

Mientras tanto, el congreso debatía la forma jurídica más adecuada para organizar el Estado.
San Martín presionaba constantemente para acelerar la declaración. En la sesión del 9 de Julio,
con la presidencia de Laprida, el congreso proclamó la independencia. (LEER LA FUENTE EN
CLASSROOM). Se había concretado el primer y principal objetivo del Congreso: la
independencia nacional, pero a escala sudamericana.

Pueyrredón gobernó entre 1816 y 1819. Para concretar la independencia, dependía de la


unidad política, los sacrificios financieros y eficacia militar. Dio el máximo respaldo a San Martin
mientras debía afrontar el conflicto de dominación con Artigas y la invasión portuguesa a la
Banda Oriental. La necesidad de mantener la unidad de las provincias, hizo de su sistema
político el símbolo del hegemonismo porteño y de Pueyrredón su mayor exponente. Aun así,
podemos considerarlo como el primer jefe de Estado de la Argentina independiente. Su apoyo
en BS AS y las provincias fue disputado. San Martin, mientras tanto, se enfrentó a la amenaza
de Carrera – más realista –terminó convirtiéndose en defensores del sistema federal
autonomista e iniciaron una guerra de Libelos contra Pueyrredón generándole bastantes
molestias. En consecuencia San Martín se alió con y O’Higgins – independentista. Aun así,
Pueyrredón se enfocó en organizar la administración del Estado: organizó la hacienda pública.
Se determinó la deuda pública, se creó la Caja Nacional de Fondos (organismo previo al Banco
Nacional), la Casa de Moneda y el reglamento de Aduanas.
Mientras tanto, San Martin para Octubre de 1815 tenía 2800 hombres y pidió al Congreso solo
1600 más para en el verano invadir Chile. San Martín hizo de Mendoza un gigantesco cuartel
donde se formaban soldados, se fabricaban armas, se cosían uniformes, se instruían oficiales y
recopilaba información militar sobre el enemigo. En agosto del 16 se denominó a este ejército
como Ejército de los Andes. Pidió a Pueyrredón todo el dinero y más del que podía enviar. En
los primeros días de 1817 el ejército estaba a punto de iniciar la campaña. El 9 de Enero
comenzaron los movimientos. Era un plan complejo: consistía en armar columnas de ataques
secundarias que distrajeran a los españoles y diezmaran sus fuerzas, mientras cruzarían los
andes por Mendoza. El ataque principal se realizaría por 2 columnas diferentes, una al mando
de Las Heras y la otra al Mando de San Martin. Cruzaron el paso de Uspallata el 12 de Enero de
1817 y Los patos el 8 de Febrero de 1817 aplicando la estrategia de “ guerra de zapa”, que
permitía engañar y confundir a las autoridades chilenas, debilitando el ejército realista. Se
debían reunir en San Felipe. Se enfrentaron con los realistas en Chacabuco, donde San Martín
logró tener éxito el 12 de febrero de 1817.

El 14 de Febrero entraron a Santiago. Pueyrredón había dado la indicación de no parecer un


invasor, sino invitar a Chile a ser parte del gobierno. San Martín regresó a entrevistarse con
Pueyrredón para crear una fuerza naval. Pero la campaña de Chile no había terminado. Luego
de empujar al ejército de los andes, los Españoles el 19 de Marzo cargaron sobre el campo de
Cancha Rayada ayudados por los araucanos. Generó una gran deserción en el bando de San
Martin. San Martín se dirigió con sus tropas a los llanos de Maipú y el 5 de abril de 1818 se
libró la batalla. En una doble pinza cerró al ejército español. Con esta batalla se consolidó la
estabilidad chilena y San Martín se dedicó a preparar la incursión al Perú.

Luego de la victoria volvió a BS AS en busca de más fondos que Pueyrredón le prometió (500
mil $) mientras Chile le prometía otros 300 mil. Pueyrredón no pudo cumplir. Bs As estaba
cansada de la presión financiera y muchos consideraron que tras Maipú la seguridad era ya
suficiente. Chile también estaba renuente a cumplir su compromiso. O Higgins asumió en su
lugar 200 mil $ de gasto. San Martín suspendió la orden re regresar a BS AS de Pueyrredón y en
consecuencia lo destituyó.

Pero Pueyrredón renunció en Junio del 19 ante el desgaste de su salud, luego de que se dictara
el 22 de abril la Constitución y fue reemplazado por Rondeau quien restituyó a San Martín. El
congreso no veía figura capaz de reemplazarle. Su renuncia da cierre a este proceso
emancipador. Esto lo pudo sostener hasta la caída de Rondeau en 1820. San Martín renuncia a
su cargo, pero los militares respondieron con el Acta de Rancagua (2 de abril 1820) donde
rechazan su dimisión. Así que con el apoyo de sus propios oficiales y del gobierno Chileno,
continuó con su proyecto mientras la argentina se sumía en la disolución nacional y guerra civil.

Mientras tanto el Congreso continuó abocado a la forma de gobierno y a la discusión de los


distintos proyectos. Ante el contexto de sistemas de congresos europeos (en este tiempo el
congreso de Aquisgrán) y la Santa Alianza, el Congreso de Tucumán recibió de Francia la
propuesta de coronar a Luis Felipe de Orleans como monarca del Río de la Plata. Pero no solo
fue rechazado por Fernando VII sino que Felipe terminó por convertirse en heredero de la
corona francesa. Las presiones políticas, sobre todo de los caudillos y la falta de concreción de
los proyectos monárquicos, impulsaron al Congreso a sancionar una constitución que diera un
nuevo orden jurídico a las Provincias Unidas. La carta fue aprobada en 1819 y estableció una
organización ejecutiva válida tanto para una monarquía como para una república pero de
marcado carácter centralista y unitario, que generó el rechazo de las provincias del Litoral.
El Congreso promovió la jura de la Constitución para el 25 de mayo de 1819, pero no fue
reconocida por los caudillos y autoridades de varias provincias. En ese marco recrudeció el
conflicto con los caudillos artiguistas del litoral quienes retomaron su posición bélica contra el
Directorio. Debido a ello, Rondeau envió una expedición militar para contener la acción de los
caudillos del litoral dirigidos por Francisco Ramírez de Entre Ríos y López de Santa Fe. Se
dispuso que parte del Ejército del Norte bajara para contener a los líderes federales. Aunque
San Martín desde Chile se rehusó a dirigir la campaña, dispuso el envío de un solo Sublevación
de Arequito y conformación de un nuevo escenario político regimiento que se sublevó en San
Juan contra su co - mandante Rudecindo Alvarado (1792-1872). Por su parte Belgrano señaló
que no podía ponerse al frente por su quebrantada salud. El Ejército del Norte quedó bajo el
mando del general Francisco Fernández de la Cruz (1779-1835).

Sin embargo, sus tropas se amotinaron en Arequito. Entre los amotinados se encontrarían
futuros referentes políticos que luego lucharían entre sí como Juan Bautista Bustos (1779-
1830), seguido de figuras como José María Paz (1791-1854), Alejandro Heredia (1788-1838) y
Juan Felipe Ibarra (1787-1851). El ejército fue disuelto y cada caudillo regresó a su provincia. En
varios casos promovieron revoluciones locales que les permitieron asumir como nuevos
gobernadores pro - vinciales. Así fueron los casos de Bustos, quien logró la renuncia de Manuel
Antonio Castro en Córdoba; y de Ibarra que acabó por separar a Santiago del Estero de la
provincia de Tucumán gobernada por el federal Bernabé Araóz.

El retiro de las tropas que rehusaron participar en acciones bélicas que no respondieran a la
causa de la independencia, permitió el avance de los grupos federales desde el Litoral hacia
Buenos Aires. Ramírez y López procuraron invadir Buenos Aires, en expreso repudio a la
constitución unitaria. El ejército federal adquirió el apoyo de los exiliados Carlos de Alvear y
José Miguel Carrera, quienes desde Río de Janeiro conspiraban para causar la caída del
Directorio y asumir el control político. Rondeau delegó el mando y con las fuerzas del Ejército
de Observación marchó a enfrentar a los caudillos. Se enfrentaron en Cepeda, el 1° de febrero
de 1820. Fue una contundente victoria de los federales quienes lograron ingresar en Buenos
Aires y exigieron la disolución del poder central. Como consecuencia, Rondeau renunció como
Director Supremo y el Congreso se disolvió. La batalla de Cepeda significó para la política
externa el establecimiento definitivo de la idea de un gobierno republicano y el consecuente
desplazamiento de todo tipo de proyecto monárquico.

Cuando Rondeau asume en 1819 el gobierno nacional el proceso emancipador argentino


estaba casi terminado, aunque quedaba la frontera norte asegurar la Libertad en América. La
guerra de independencia fue continuada por San Martín y Güemes, fuera del foco argentino. El
país se hallaba dividido en 3 campos: BS AS que se identificaba con el gobierno dictatorial
según los federales, el Litoral, y el resto del país expectante ante el enfrentamiento y
dispuestos a pronunciarse de ser oportuno. El ejército del Norte se sublevó y apresó a Belgrano
en Arequito el 8 de Enero de 1820. Fue el factor detonante del proceso de liquidación del
poder central.

Ante la derrota de Cepeda, las diversas facciones se unieron para salvar a la ciudad. La
resistencia permitió lograr una paz honrosa. En tres días se construyó un ejército de 3 mil
hombres en la ciudad y otro similar a las órdenes del general Soler. Pero la autoridad del
director se había diluído y cuando regresó a BS AS se sometió a hacer la paz. Desde entonces el
Directorio fue solo una sombra molesta. Lopez y Ramirez eran concientes del poder de BS AS.
Su reducido ejército no podría resistir un asalto o sitio a la capital, pero también eran
conscientes de su grado de descomposición política y allí dieron el golpe. El 5 de febrero Lopez
se dirigió al Cabildo, dándole la oportunidad de escoger entre la paz y la guerra y poco después
exigió la disolución del Congreso y la deposición del Director y su elenco.

El Cabildo cedió a la presión conjunta de los caudillos y trató de evitar que Soler instaurara una
dictadura militar. Rondeau renunció y el gobierno nacional acabó por desaparecer. Los meses
siguientes en BS AS fueron confusos y anárquicos, aunque no así en las provincias que
buscaban una nueva fórmula política e institucional para la existencia de su provincia. Esta
búsqueda fue difícil pero dio sus frutos. El 20 de Febrero, el cabildo porteño asumió el papel de
gobernador, proclamó la disolución del poder central y renunció en nombre de BS AS a su
carácter de capital de las Provincias Unidas. Se conformó una Junta de Representantes como
cuerpo legislativo que le quita al Cabildo su poder político y redujo su autoridad a una entidad
municipal. La nueva Junta nombró como gobernador a Manuel Sarratea.

Sarratea tenía por objetivo lograr la paz. Esta se lograría con el Tratado de Pilar firmado el 23
de Febrero de 1820. Este establecía como principios para una organización nacional la idea
federal. Es considerado la piedra fundamental de la reestructuración argentina. BS AS debió
aceptar la libre navegación de los ríos y Ramirez y Lopez se comprometieron a retirar sus tropas
pactando un armisticio. BS AS no podía esperar mejores términos que los pactados, pero la
opinión tomó el tratado como una rendición incondicional. La libre navegación hería los
intereses porteños en su núcleo. Soler advertía a los caudillos federales que BS AS no cumpliría
un tratado que destruyera su monopolio. Eso explica que Balcarce fuera recibido el 1ro de abril
como héroe y que se depusiera el 6 de abril a Sarratea, reemplazándolo inmediatamente por
Balcarce. La reacción de Ramirez fue lógica: presionó para derribar a Balcarce y restaurar a
Sarratea.

Las principales disposiciones del tratado ratificaron lo acordado luego de Cepeda y


establecieron el fin de la guerra y el retiro de las tropas de Santa Fe y Entre Ríos a sus
respectivas provincias, mientras se declaraba convocado un Congreso Constituyente en la
capital de la primera. López y Ramírez, fortalecidos por su victoria frente a Buenos Aires,
desconocieron a Artigas, vencido por los portugueses en Tacuarembó, y éste los acusó de
traición. Frente a su definitiva derrota en la Banda Oriental, Artigas decidió atacar a Ramírez
por haberlo abandonado en la guerra contra los portugueses y haber firmado el Tratado de
Pilar sin su consentimiento. A pesar que el caudillo oriental logró una primera victoria en la
batalla de Las Huachas, fue finalmente derrotadola batalla de Pavón el 2 de Septiembre. Como
consecuencia, Artigas se exilió en el Paraguay y puso fin a su actividad política. Ante ese
panorama, el general Juan Ramón Balcarce (1773-1836), que había logrado salvar del
descalabro de Cepeda las tropas que comandaba, decidió invadir Buenos Aires disconforme
con el Tratado de Pilar y dispuesto a reinstaurar una autoridad central. Nombrado gobernador,
fue derrotado por los caudillos del litoral, quienes devolvieron el mando de la provincia a
Manuel de Sarratea, cuya autoridad quedó subordinada en los hechos a Lopez y Ramirez.

Rosas y Martin Rodriguez se apuraron a reforzar a Dorrego. Pero ante la victoria que obtuvo en
Pavon el 2 de Septiembre, no quiso esperarlos y terminó siendo vencido. La anulación política
de Dorrego ante este desastre militar, llevaron a Martin Rodriguez al gobierno. Su elección
llegó acompañada por el nombramiento de Bernardino Rivadavia como ministro de gobierno.
Este había afianzado sus ideas como resultado de su permanencia en Europa y además se
hallaba impresionado con los efectos económicos del liberalismo. Frente a la necesidad de
organizar y reestructurar la provincia de BS AS después de la caída del poder central, Rivadavia
inició una serie de medidas administrativas, económicas, urbanísticas, educativas y religiosas
que fueron conocidas genéricamente como Reformas Rivadavianas. Todas ellas fueron
realizadas con el respaldo del gobernador, quien se concentró en las cuestiones vinculadas al
problema indígena y la ocupación de territorio provincial.

Las reformas que no implicaron la delicada cuestión religiosa tendieron a lograr una mayor
duración y mejor recepción. En el aspecto civil, se restructuró y reglamentó la Junta de
Representantes creadas tras la caída del Directorio. Se suprimieron los cabildos, se constituyó
el departamento de policía provincial, y se organizaron los juzgados de Paz. En lo educativo,
estableció en 1821 la UBA a partir de un antiguo proyecto de Pueyrredón, entre otras
instituciones. En lo económico, Rivadavia promovió políticas vinculadas a la filosofía liberal de
Bentham. Buscaba un nuevo ordenamiento económico que modernizara la antigua estructura
colonial. Para ello se requería la reactivación productiva tanto agro-ganadera como industrial.
Esto implicaba desarrollar un sistema financiero que permitiera sostener las actividades
privadas. En consecuencia, en 1822 se constituyó la Bolsa Mercantil. El desarrollo bancario
facilitó eliminar los empréstitos forzosos de la guerra de independencia y se estableció un
nuevo sistema impositivo. Se eliminaron los impuestos coloniales y se ordenaron
contribuciones directas proporcionales a las propiedades y al capital. La reforma económica
implicó la creación de un presupuesto anual aprobado por la sala de representantes. También
se realizó una controvertida reforma eclesiástica para comenzar a establecer la separación de
iglesia y Estado.

Aquí comenzamos a ver el actuar de Rosas en la política bonaerense. Era el representante de


los estancieros, propietario de la mayor cantidad de tierras en la provincia y su actividad se
vinculaba a la industria del saladero. El éxito de sus negocios, su prestigio personal, y el hecho
de mandar una fuerza militar lo señalaban como el comandante. Conocía los intereses de los
dirigentes porteños que coincidían en su mayoría con los propios. Para él la anarquía vivida era
el peor enemigo. Las clases propietarias anelaban la paz y el orden en sus establecimientos
rurales y milicias. La solución para ello era el surgimiento de un gobierno fuerte.

Frente a la inestabilidad política existente, y bajo la iniciativa de José Miguel Carrera, los
ranqueles del cacique Yanquetruz atacaron, saquearon y devastaron la población fronteriza de
Salto. Tal acontecimiento repercutió en Buenos Aires, donde una vez estabilizada la situación
Rodríguez dispuso realizar una campaña para contener los malones y ampliar las fronteras
ganaderas de la provincia. Algunos caciques pampas intentaron diferenciarse de los atacantes,
ofreciendo su lealtad al gobierno, pero la confusión reinante tanto entre las tribus como en la
ciudad y en la campaña fue tal, que desalentó ese propósito. a situación del gobernador
Rodríguez era difícil debido a la escasez de tropas. Logró reunir milicianos poco
experimentados, excepto los peones militarizados de Rosas.

En 1823 Buenos Aires decidió una acción conjunta con Santa Fe para operar en las pampas del
sur. Fue puesto a cargo de la organización y mando del ejército de Buenos Aires el general José
Rondeau (1775-1844) que, como Rodríguez, tenía poca experiencia en la lucha de fronteras. Lo
secundó el inspector general de armas Francisco Fernández de la Cruz (1779-1835). Sin
embargo, los estancieros principales, como Rosas y sus primos los Anchorena, entre otros,
restaron su colaboración e incluso se manifestaron hostiles a una expedición punitiva que
podía redundar, como en efecto ocurrió, en represalias por parte de los indígenas. Entendían
que mientras no se pudiera garantizar la permanencia de tropas en la frontera, de nada
servirían las acciones de castigo. La campaña dio origen al Fuerte “Independencia”, cerca del
cual empezó a alzarse el pueblo de Tandil.
Anchorena propuso a Rosas 2 candidatos: Ramos Mejía y Rodriguez. Así el 26 de septiembre de
1820 Martin Rodriguez fue elegido gobernador con el apoyo de Rosas, Anchorena y Rivadavia.
Vemos una nueva logia provincial surgir de fondo, que sustituía y era rival de la logia Lautaro.

Antes de continuar con el rosismo, retomemos el tema del federalismo. Había sido teorizado
por los artículos de Hamilton Madison y Jay recompilados en la obre El Federalista. Los autores
resaltaban la necesidad de que Estados Unidos se organizase con un sistema respetuoso de los
particularismos de cada colonia que hasta entonces había sido autónoma. El federalismo partía
de la noción de “unión” por lo que consideraba que soberanía residía originariamente en cada
estado o provincia, la que delegaba a un poder central parte de sus facultades vinculadas con
las relaciones exteriores, la guerra y ciertas potestades económicas.

Este sistema daba autonomía a las provincias y elaboraba sus propias leyes, siempre sujetas a
la Carta Magna de la Nación. El federalismo permitía que cada territorio recibiera un usufructo
proporcional a sus recursos, lo cual favorecía la existencia de hegemonías provinciales,
sustentadas en la capacidad económica y particular de cada región. Esto favorecía sobre todo a
las provincias del litoral, que tenían la posibilidad de mantenerse alejadas de las imposiciones
del poder central, lo cual podía permitirles un mejor usufructo de sus propios recursos. Pero las
provincias de menor capacidad económica veían el sistema de unidad como susceptible de
proporcionarles recursos más allá de su propia condición productiva.

La disputa entre unitarios y federales acabó por dividir a los caudillos en el momento en que
debía decidirse la forma de gobierno en el Congreso Constituyente de 1823. Esta oposición fue
transversal a las diferencias entre el centralismo porteño y las aspiraciones del interior. Así
Rivadavia, Dorrego y Rosas se constituyeron como UNITARIOS y los defensores del interior o
FEDERALES eran Gregorio de Funes, Juan Ignacio Gorriti o Facundo Quiroga.

Desde 1820 y hasta que se resolviera el dilema de la forma de gobierno, las Provincias Unidas
queda - ban constituidas de hecho en una Confederación, conjunto de estados independientes
unidos por pactos y acuerdos en los que subyacían los vínculos nacionales. Cada provincia era
soberana aunque podía delegar facultades mediante pactos interprovinciales. Durante el
período 1820-24 se consolida el sistema federal en las provincias y esto se evidencia con el
surgimiento de la figura del caudillo como jefe local político y militar. El caudillo era un líder,
por su capacidad política, su influencia sobre los distintos estratos de sus sociedad, y sobre las
masas populares. Fueron miembros de las clases dirigentes de sus provincias y en muchos
casos representantes típicos de las oligarquías locales. Quiroga era uno de los grandes
estancieros de los llanos riojanos.

No todas las provincias tuvieron caudillos tipicos. El agrupamiento regional tuvo aqui su
influencia. Corrientes, sometida a la influencia de Artigas primero y de Ramirez despues, no
produjo caudillos, sino jefes subalternos de aquellos dominadores, v posteriormente sus
gobernantes no alcanzaron la fisonomia arquetípica de los caudillos. Catamarca, sometida
alternativamente a las influencias de Salta, Tucuman v Santiago, cuando no de La Rioja, se
encontro en parecida situacion; las propias provincias cuyanas encontraron en Aldao un jefe de
fuste, pero estuvieron sometidas a la influencia mas o menos directa del riojano Quiroga que,
en cierto momento, llego a pesar sobre el mismo Bustos. Estos dos caudillos formaron con los
de las provincias del noroeste una suerte de entente cordiale, con excepcion de la tumultuosa
aparicion de Lamadrid en Tucuman. Se fueron configurando asi los grandes nucleos politicos
que iban a presidir los vaivenes de las décadas del veinte y el treinta: por un lado Buenos Aires,
siempre distinta hasta en su federalismo; por otro el litoral, zona de convergencia de las
influencias portena, oriental y cordobesa; la Banda Oriental, presta a la segregacion, pero que
por largo tiempo viviria en una participacion reciproca de los' problemas nacionales; y por fin el
interior, mas afin v homogeneo, pero donde pueden distinguirse sutiles movimientos de
influencias que se acomodan a las viejas divisiones administrativas.

Ante la conclusión del gobierno de Rodriguez, Rivadavia pensó en convocar a un Congreso


Nacional. Era de la idea de impulsar la organización del país; la Constitución vendría más tarde.
Rivadavia entendía que la organización implicaba la creación de instituciones y formas jurídicas
que luego serían reafirmadas por la Carta Magna, cuando fuese certera su eficacia y
funcionamiento. En consecuencia y frente al fracaso de la convocatoria de Córdoba, las
provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe firmaron el Tratado del
Cuadrilátero en donde se comprometían a retirar los diputados de Córdoba y convocar a un
Congreso en Buenos Aires.

Los diputados de todas las provincias llegaron a la ciudad, el congreso comenzó a sesionar el 16
de diciembre de 1824 y se declaró constituyente días más tarde. Entre sus primeras medidas
estuvo la designación del nuevo gobernador de Buenos Aires, general Las Heras, en carácter de
encargado del Poder Ejecutivo Nacional y de las relaciones exteriores. El glorioso veterano,
brazo derecho de San Martín en su campaña libertadora, auguró un gobierno de orden y
transparencia que se realizaría bajo las órdenes y control del cuerpo constituyente. El Congreso
aprobó la Ley Fundamental, que no podía ser revocada y establecía las bases sobre las cuales
se legislaría. La carta determinaba que todas las provincias mantenían su soberanía hasta que
no se votase la constitución y ésta fuera previamente aprobada por cada gobernador. Por lo
tanto, se res - petarían las instituciones y autonomías locales. Debido a ello, no se cederían
territorio, ni ejércitos, ni derechos aduaneros. Mientras se iniciaban las sesiones del Congreso,
Las Heras conformó un gabinete de gobierno, cuya principal figura fue el ministro Manuel José
García. Rivadavia dejó su cargo y viajó a Londres para concretar las tratativas diplomáticas y
económicas que había iniciado durante su gestión.

Con BS AS medianamente organizada, se asumió la tarea de convocar un congreso que


ayudaba a la unión nacional, pero también como recurso para evitar la pérdida del poder hacia
el interior. El cuerpo legislativo desvió la decisión al plano constitucional con la intensión de dar
una carta unitaria, lo que trajo tensiones que se agravaron con el desembarco de unas milicias
en la Banda Oriental y su siguiente declaración de que esto pertenecería a la Argentina. Esto
fue rechazado por Brasil, lo que desencadenó una guerra. Esta se va a extender entre 1825 –
1828.

La victoria de Ayacucho, el fin de la guerra de independencia y el inicio del Congreso


constituyente daba cierto optimismo al espíritu político. Con el financiamiento de importantes
hacendados de BS AS se armó un grupo de 33 militares en su mayoría orientales (de ahí el
nombre de los 33 orientales). Dirigidos por Lavalleja desde San Isidro, partieron sin
autorización del gobierno a la Banda Oriental y llegaron el 19 de abril de 1825. Se enfrentaron
a Brasil al mando de Fructuoso de Rivera a quien derrotaron y se terminó sumando a los 33
orientales.

Las Heras, gobernador de BS AS, no quería la guerra porque demoraría los posibles logros del
Congreso y se limitó a armar un ejército de observación al mando de Martín Rodriguez. Ante el
avance de los orientales consideraron a la Banda Oriental como parte de las Provincias Unidas
aunque esto no fue avalado por Las Heras. En respuesta, el emperador de Brasil Pedro I declaró
la guerra a las Provincias Unidas junto con el bloqueo del puerto de Buenos Aires el 1ro de
enero de 1826. Pero las Provincias Unidas no estaban listos para la guerra. Estaban agotados
por la guerra civil y se debía enfrentar a la flota más poderosa de américa del sur.

En el congreso, cada vez la facción en favor de la guerra – unitarios que eran liderados por
Rivadavia – cada vez hegemonizó más el poder. Las Heras renunció y se decidió establecer un
poder ejecutivo permanente. Rivadavia volvió de Londres con un empréstito de la Baring
Brothers y bajo el impulso unitario se sancionó la Ley Presidencial el 6 de febrero de 1826. Con
esta ley, Rivadavia pasó a ser el primer presidente y debía asumir la dirección de la guerra. Al
no haber constitución su autoridad era endeble y esta no se consolidó gracias a su
autoritarismo y el gabinete que conformó con figuras como Salvador María del Carril y Julián
Segundo Agüero. También designó a Carlos de Alvear como Ministro de Guerra y Guillermo
Brown como comandante de la flota nacional.

Poco después el presidente presentó la Ley de Capital, donde se separaba la Ciudad de Buenos
Aires de la Provincia y la constituía como sede de las autoridades nacionales, ajena a cualquier
subordinación provincial. De esta manera, la provincia perdía no solo importantes tierras pero
también la aduana. Esta medida iba en contra de la Ley Fundamental porque estaba alterando
el funcionamiento de la provincia y confiscaba sus ingresos aduaneros. Fue muy controvertida
por los federales como Dorrego y Rosas o Anchorena.

Mientras tanto, se profundizaba la guerra y la oposición a Rivadavia. Respaldados por la Ley


Fundamental se negaban a enviar ejércitos para la guerra con Brasil. Las tensiones internas
debilitaban a BS AS. Por eso el congreso buscó darle un aparato jurídico de esa forma sancionó
en diciembre de 1826 una nueva constitución que establecía la forma de gobierno
republica0na consolidada “en la unidad del régimen”.

Económicamente, mientras la guerra avanzó Rivadavia intentó profundizar su programa


económico. El Banco de Descuentos fue nacionalizado y pasó a ser el Banco Nacional. Debían
financiar las actividades productivas que alentaron la expansión de las tierras ocupadas y la
explotación de sus recursos. En gran parte lo realizó con el préstamo de la Baring Brothers.
También se destinó a la mejora del puerto de BS AS, obras sanitarias y la apertura de nuevos
puertos.

En general, las condiciones de las Provincias Unidas para enfrentarse a la guerra eran
desfavorables. A sus diferencias internas, se le sumaron las malas condiciones militares y la
falta de recursos para sostener el esfuerzo bélico mientras que Brasil se mostraba más
homogéneo bajo la dirección de su emperador, con gran superioridad naval a la escuadra de
Brown. El bloqueo al Río de la Plata rompió las relaciones comerciales con Gran Bretaña. Brown
resistió el combate naval de los Pozos frente a la ciudad de BS AS y dorzó su retirada en
Quilmes. Brown logró interceptar los movimientos de Brasil en la Mesopotamia el 9 de febrero
del 27. Paralelamente, Alvear avanzaba por tierra y se acercaba al Brasil y los derrotó en la
batalla de Ituzaingó el 20 de febrero de 1827.

A finales de febrero las fuerzas brasileñas realizaron un desembarco en Carmen de Patagones.


Buscaba deshabilitar el puerto que era la base de las operaciones de Brown. Pero fueron
derrotados por las reservas y lugareños. Con estas contundentes victorias surgió la esperanza
de negociar la paz con Brasil en mejores condiciones, si bien las victorias no eran decisivas.

El interior continuó apartándose y rechazó la Constitución y la presidencia de Rivadavia. Bustos


promovió el cierre del congreso y alentó la formación de un nuevo cuerpo legislativo nacional
en Córdoba que se desarrollaría sobre el sistema federal conocido por una serie de principios
llamado “las Bases Federales”. La guerra en el interior se profundizó y los caudillos era
incontenibles. Ejemplo de esto era Juan Facundo Quiroga, que junto a Bustos y Lopez formaron
un eje federal en contra de Rivadavia.

En este contexto se produjo la intervención diplomática británica como consecuencia de las


grandes pérdidas mercantiles que tuvieron en un conflicto en el cual no estaban involucrados.
Posonby – embajador británico- proyectó la posibilidad de una Banda Oriental independiente
como mecanismo para garantizar el fin de los conflictos además de que mejoraría la circulación
comercial de la región. El proyecto fue rechazado por ambos gobiernos y pedían a cambio el
apoyo británico en la disputa. Pero ante la crisis de gobierno, Rivadavia nombró como
diplomático a Manuel José García con la orden de concluir cualquier tratado que permitiera
poner fin a la disputa, ya sea por medio de la anexión o autonomía de la Banda Oriental. Pero
el emperador no estaba dispuesto. Ante lo que implicaría continuar con la guerra, redactó un
acuerdo preliminar donde la Banda Oriental sería cedida al Brasil, además de indemnizarlo por
la guerra y garantizar la libre navegación del Río de la Plata.

Este acuerdo deshacía cualquier logro militar. La indignación generalizada llevó a Rivadavia a
pender al congreso que rechazara el acuerdo, cosa que el congreso hizo de todas formas, y
desacreditó a García en el proceso. Rivadavia fue considerado el principal responsable y la
situación se tornó insostenible. El 28 de Junio de 1828 se vió obligado a renunciar. Vicente
Lopez y Planes se instaló como presidente de forma interina. Se encargó de reconstruir la
provincia de BS AS y convocó a elecciones para gobernador. Se eligió a Dorrego como
gobernador de la provincia de BS AS y Vicente Lopez renunció. Tras la elección se disolvió el
congreso y la soberanía volvió a fragmentarse ante la ausencia de un poder central. También se
postergó la constitución ante el rechazo generalizado que la constitución del 26 tuvo.

La caída de Rivadavia produjo un brusco movimiento pendular que otorgó el poder a Manuel
Dorrego, aunque en el ámbito instituciona su autoridad era mucho menor, ya que Rivadavia
actuaba como presidente de la República con jurisprudencia en todo el país mientras que
Dorrego era gobernador de BS AS con las facultades de relaciones exteriores del país. Dorrego
asumió el cargo en una coyuntura política muy compleja, ante la guerra con Brasil que
continuaba por los fracasos en las iniciativas de negociación de paz y los conflictos económicos
de las provincias a los que se sumaban los enfrentamientos entre caudillos. En consecuencia,
envió misiones al interior con el objetivo de acordar una alianza que promoviera la
organización federal y contribuyera con la guerra contra Brasil. De esta forma se firmaron
pactos interprovinciales con Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

La iniciativa de Dorrego se integraba con las Bases Federales promovidas por Juan Bautista
Bustos y las pretensiones políticas de Estanislao Lopez. Los caudillos federales lograron
convocar a una Convención Nacional con sede en Santa Fe con el objetivo de crear un poder
ejecutivo provisorio, encargado de los asuntos en común y que sentara las bases para una
nueva convocatoria a un Congreso Constituyente de carácter federal. La convención inició a
cesionar el 25 de Septiembre del 27, presidida por Vicente Anastasio Echevarría. Pero su
impulso decayó debido a las desconfianzas entre caudillos y las intenciones hegemónicas que
acabaron por debilitar la iniciativa. El manejo de las relaciones exteriores fue delegada al
gobernador de BS AS.

Bustos pretendía trasladar la Convención a Córdoba para garantizar su injerencia, mientras


Dorrego desconfiaba de las influencias que el interior podía alcanzar en aquél cuerpo. También
buscó apartarse de la mediación británica e intentó conseguir el respaldo de Bolivar, quien
decidió abstenerse en la cuestión. Las contiendas bélicas continuaron aunque el general Alvear
fue desplazado del mando militar y reemplazado por Lavalleja. Mientras tanto, la situación
económica era crítica. Con la renuncia de Rivadavia el Banco Nacional se declaró en quiebra y
su directorio abandonó el proyecto. La institución había emitido moneda sin respaldo y carecía
de la confianza de las provincias debido a los gastos de guerra que desestabilizaban sus
reservas. Dorrego lo reconstituyó y asumió la deuda contraída.

Para reducir costos, desarticuló la escuadra de Brown y la reemplazó por la táctica de guerra de
corso, menos costosa que tener una flota fija. La campaña terrestre quedaba controlada en su
mayoría por militares orientales como Fructuoso Rivera. Paralelamente en Brasil se producían
reclamos separatistas que sumados a la falta de recursos económicos de Pedro I para solventar
el conflicto bélico, forzaron a su gobierno a ser más condescendiente con la idea de la paz. John
Ponsonby (1772-1855) quien continuaba con su proyecto de paz sobre la base de la
independencia de la Banda Oriental. Sostenía la política del “algodón entre dos cristales”, o del
“Estado tapón” que amortiguase la permanente inquina entre argentinos y brasileños.

Mediante su constitución se evitarían nuevos conflictos -recurrentes en el último siglo-, a la vez


que se garantizaría la libre navegación y contacto comercial en la región. La idea había
penetrado en los mandos orientales que pasaron a simpatizar con esa posibilidad. En tales
circunstancias, Dorrego destinó a Río de Janeiro una comisión integrada por Tomás Guido
(1788-1866) y Juan Ramón Balcarce. La misión se encontró con un cambio en la actitud del
emperador Pedro I, quien accedió al proyecto británico frente al desgaste que la guerra le
significaba y las presiones internas que comenzaba a sufrir. Finalmente, los representantes de
ambos países aceptaron la firma de un Tratado de Paz sobre la base de la independencia
absoluta de la Banda Oriental y de la libre navegación de los ríos interiores.

Ambos estados beligerantes acordaban el cese de hostilidades, a la vez que debían garantizar la
independencia del nuevo Estado. De esa manera, ni la República ni el Imperio obtuvieron
rédito para sus sacrificios militares, y sí lo lograron Uruguay y Gran Bretaña. La Convención
Nacional aceptó el tratado y convalidó sus determinaciones. La firma del convenio, el 27 de
agosto de 1828, causó un gran rechazo en el ejército. Sus jefes, oficiales y gran parte de la
tropa se sintieron resentidos frente a una paz que no reconocía los esfuerzos realizados. Las
tropas se disolvieron y sus integrantes recibieron la orden de regresar a sus respectivas
provincias. Sin embargo, la mayoría unitaria de las fuerzas que había organizado Rivadavia,
decidió conspirar contra Dorrego, a quien responsabilizaron de la pérdida del territorio
disputado. Por su parte, en Uru - guay, tras la sucesión de los gobiernos provisionales de
Joaquín Suárez (1781-1868), José Rondeau (1775-1844) y Lavalleja, se sancionó en 1830 una
constitución liberal y Rivera fue elegido primer presidente.

Dorrego dispuso que el ejército que debía regresar a Bs As de manera escalonada fuera bien
recibido. Pero las fuerzas mantenían una filiación unitario y sus jefes eran allegados a los
funcionarios rivadavianos depuestos por los federales. Algunas figuras como Julián Segundo
Agüero, Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela los impulsaron para que iniciaran una
revolución contra el gobernador y las fuerzas federales del interior. Bajo el liderazgo de Juan
Lavalle y José María Paz, los militares confabulados proyectaron actuar en dos frentes de
manera simultánea. Mientras el primero lo hacía en Buenos Aires y el litoral, el segundo debía
actuar desde su natal Córdoba y expandirse por el interior del país.

El 1º de diciembre de 1828 se produjo la revolución en Buenos Aires al registrarse el arribo de


las tropas comandas por el general Lavalle, quien había ascendido a ese elevado rango en
plena juventud por su actuación en Ituzaingó. Éste tomó el control de la ciudad y tras hacerse
nombrar gobernador delegó el cargo en Guillermo Brown, marino poco afecto a las
maquinaciones políticas de los grupos en pugna. Frente al alzamiento militar, Dorrego delegó el
mando en Tomás Guido y se alejó de Buenos Aires en busca del apoyo de Juan Manuel de
Rosas y del gobernador de Santa Fe, Estanislao López.

El primero reunió una fuerza heterogénea, de unos mil hombres, y le sugirió a Dorrego que se
retirase hasta que fuera posible derrocar a los revolucionarios. Pero el gobernador decidió
enfrentarlos mientras Rosas se dirigía a Santa Fe para obtener el apoyo del gobernador y de la
Convención. Mediante una estratagema, Dorrego fue derrotado en la acción de Navarro en que
las bajas federales llegaron a cien hombres mientras las tropas al mando superior de Lavalle
apenas contaron cinco. Desde allí buscó el apoyo del coronel Ángel Pacheco (1793-1869).

Lavalle recibió la influencia de los exfuncionarios y allegados a los círculos rivadavianos y


unitarios que promovían la ejecución de Dorrego como forma de amedrentar a las fuerzas
federales. La decisión era impulsada por Salvador María del Carril, quien planteaba la
necesidad de “cortar la primera cabeza a la hiedra”, mientras que con recomendaciones
similares Juan Cruz Varela advertía a Lavalle que “cartas como éstas se rompen”, aunque su
receptor omitiera dicha acción. Así fue que por ejemplo, José María Paz realizó un golpe
unitario en Córdoba. Mientras avanzaba la revolución y Paz fortalecía su poder Rosas se reunía
con Lopez con quien tenía buenas relaciones desde el pacto Benegas y coordinaron la
contraofensiva federal de BS AS.

Poseían el apoyo de la Convención que había declarado la muerte de Dorrego como un “crimen
de alta traición” y solicitó a López el sometimiento de Lavalle. El gobernador santafesino formó
un ejército junto con Rosas a quien nombró como jefe de la vanguardia. Lavalle adoptó en
Buenos Aires un régimen autoritario que rápidamente impuso censura a la prensa y estableció
un sistema de “clasificación de los opositores” que le permitió desterrar o arrestar a
representantes de la facción federal como Tomás de Anchorena (1783-1847), Juan
Nepomuceno Terrero (1791-1847) y Felipe Arana (1786-1865) entre otros. Tras garantizar el
control militar de la ciudad, Lavalle consiguió una nueva victoria en Las Palmitas y desde allí se
dirigió a invadir Santa Fe con el objetivo de unir sus fuerzas con las de Paz. Sin embargo, las
tropas leales que protegían su retaguardia fueron derrotadas.

El ejército federal organizado por López y Rosas atacó a Lavalle, quien fue derrotado en Puente
Márquez el 26 de abril de 1829. En ese mismo panorama, surgió un conflicto internacional. La
guerra civil en Buenos Aires había puesto en vigencia la ley provincial de 1821 según la cual los
extranjeros residentes estaban obligados a prestar servicios como miembros de las milicias
urbanas si se los convocaba. Ante tales acciones, el cónsul francés reclamó la nulidad de la ley y
atacaron las naves mercantes. Lavalle entendió que se hallaba en desventaja militar en el
marco de una penosa situación económica. Frente a tal situación, decidió buscar la paz para lo
que decidió reunirse con su comprovinciano Rosas, a quien lo vinculaban lazos de familia, y que
representaba a los sectores federales de la provincia. Tras las noticias de la derrota de Bustos
en San Roque, López regresó a Córdoba, por lo que delegó en Rosas la conducción de las
fuerzas federales en Buenos Aires. A pesar de la reticencia general en el sector unitario por
acordar la paz, Lavalle partió solo a entrevistarse con Rosas. Frente al estupor general éste lo
recibió amablemente y juntos firmaron el Pacto de Cañuelas. Establecía el fin de los
hostigamientos y la convocatoria a elecciones. En reserva se acordaba la elección de una única
lista integrada por ambas facciones para la elección de la Junta de Representantes, que a su vez
elegirían al federal moderado Félix de Álzaga (1792-1841) como gobernador.
La medida fue rechazada por los unitarios de Buenos Aires ya que permitía el regreso al
gobierno de los federales que se encontraban en su mejor momento con las victorias de María
Paz en el interior. El pacto no fue acatado por los unitarios que impusieron su propia lista de
manera violenta y fraudulenta. Lavalle anuló las elecciones realizadas y rompió definitivamente
con los unitarios que lo habían respaldado. Sin apoyo social o militar y ante el fortalecimiento
de los federales en la provincia se entrevistó nuevamente con Rosas. Ambos firmaron un
segundo pacto en Barracas donde acordaron nombrar a Juan José Viamonte como gobernador
provisorio y convocar a elecciones sin listas acordadas. Lavalle se retiró del escenario político
mientras Rosas buscaba mantener su imagen en la campaña y recuperar la confianza de Lopez.

Viamonte inició su gobierno provisorio con el objetivo de garantizar la continuidad


institucional. A tal efecto constituyó un gabinete formado por figuras de diversas tendencias,
pero con experiencia de gestión. Entre ellos se destacó la continuidad de Tomás Guido como
ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores junto con el retorno de Manuel José García
(1784-1848) como ministro de Hacienda. El nuevo gobernador envió una circular al interior el 9
de septiembre en la que garantizaba que había terminado la guerra civil en la provincia. El
Pacto de Barracas y la gobernación de Viamonte Desde aquel delicado equilibrio político buscó
sanear las finanzas, para lo cual adecuó el valor monetario y redujo los gastos de
administración. A la vez, fortaleció los contactos diplomáticos con Brasil, Uruguay y Gran
Bretaña con los que intentó vigorizar las redes comerciales.

Al mismo tiempo estableció nuevas enfiteusis para ocupar territorios marginados y expandir la
frontera productiva. Su principal preocupación estaba centrada en afianzar y garantizar el
funcionamiento de las instituciones. Para ello constituyó un Senado Consultivo que adoptó la
reglamentación de la Sala de Representantes y actuó como cuerpo legislativo. Estaba integrado
por destacadas personalidades, también de sólida experiencia administrativa y de diversas
procedencias políticas.

El gobierno de Viamonte mantuvo una relación pacifica con el sector unitario, aunque observó
con preocupación la expansión de la Liga Unitaria. El 1º de diciembre, al cumplirse el
aniversario de la revolución de Lavalle, Viamonte dispuso de la reapertura de la Junta de
Representantes. Ésta procedió a designar a un nuevo gobernador y restablecer la continuidad
administrativa. Por treinta y tres votos contra uno (en favor de Viamonte) fue elegido Juan
Manuel de Rosas como gobernador, con la delegación de facultades extraordinarias otorgadas
gracias a la aprobación de una moción de Anchorena. Al producirse la transmisión del mando,
un grupo de personas desenganchó los caballos de la carroza del nuevo mandatario y la
arrastró como muestra de júbilo por su designación. Era el inicio de una nueva lógica política.

Rosas llegaba al poder con un gran prestigio y respaldo de una familia distinguida, se constituyó
en uno de los principales hacendados de BS AS donde acuñó una gran fortuna y se vio
inevitablemente vinculado con los vaivenes provinciales, sobre todo con la cuestión del indio.
Su consagración como gobernador de la provincia de BS AS fue entendido como un
desencadenamiento natural y lógico de los hechos. Sus partidarios lo tomaron como un motivo
de júbilo. Rosas dominaba el escenario político de forma indiscutida. Nadie igualaba su
prestigio y los líderes unitarios estaban descalificados. Su intervención en favor del gobierno de
Rodriguez lo exhibieron como el defensor de la autoridad y el orden y su participación en el
pacto de Benegas como defensor de la paz y al retirarse de la escena política mostraba el
desinterés.
Además era el más poderoso intérprete de los intereses de los hacendados porteños: sus
relaciones con los indígenas, la campaña y la frontera, la organización y administración de las
estancias avalaban su habilidad y capacidad. Era un hombre pragmático, poco simpatizante de
las grandes teorías y los principios abstractos. Era un hombre culto, pero lo ocultaba sobre todo
en presencia de gente con pocas letras. Esto lo hacia partidario de un gobierno fuerte y
centralista con un personalismo que garantizara el fin de las luchas facciosas producidas en las
últimas décadas. Los conflictos llevaban a los grupos políticos de la provincia a priorizar la
estabilidad antes que imponer complejos resortes jurídicos poco prácticos. Para lograr aquél
objetivo Rosas aplicó instrumentos políticos como la propaganda, la coerción y el espionaje,
con el respaldo de los sectores bajos en especial de la campaña y con el consentimiento de los
hacendados y comerciantes que integraban la elite política.

El carisma del gobernador y su actitud “paternalista” se integraban con su política centralista.


La Sala de Representantes le confirió la máxima jerarquía militar: brigadier general y el título de
“Restaurador de las Leyes” en reconocimiento a su intervención frente a la revolución unitaria.
Tal decisión fue desaprobada por legisladores federales que consideraban que el título
agraviaba los principios republicanos. Asimismo, se le habían conferido las facultades
extraordinarias que implicaban que el poder ejecutivo tenía la atribución de legislar. En mayo
de 1830 finalizó el período especial por el que se le habían otorgado dichas facultades. Pero
renovó las facultades supuestamente necesaria ante la situación de inestabilidad y crisis del
país.

Rosas restableció el uso obligatorio de la divisa punzó identificadora de los federales, que
Viamonte había quitado en pos de la confluencia de partidos. Inicialmente su uso era
requerido para los funcionarios públicos, pero acabó por ser exigido a toda la ciudadanía,
frente a la posibilidad de que se acusase a quien no la portase de enemigo del gobierno. El
pragmatismo de Rosas se materializó en los círculos intelectuales, militares y funcionarios que
los rodearon. El cultivo de lo popular dio al partido federal una tónica nacional que al
enfrentarla a potencias extranjeras, generó un sentimiento nacionalista y xenófogo. Aprovechó
los estallidos populares como instrumentos de presión.

La Liga Unitaria se constituía en una amenaza para las fuerzas federales. Paz había conformado
una unión militar que permanecía imbatible en los principales campos de batalla. Debido a eso,
las provincias del litoral buscaron acordar una alianza y fortalecer sus vínculos dañados tras el
fracaso de la Convención Nacional que solamente había logrado aprobar el Tratado de Paz con
Brasil. Tras la muerte de Dorrego la institución quedó desplazada del eje de articulación de las
maniobras políticas. Existían asperezas entre las provincias principalmente en las cuestiones
relativas a la libre navegación de los ríos, el comercio exterior, la deuda nacional El primer
gobierno de Rosas y la reunión de un Congreso Constituyente. Rosas, logró que no se
especificara la reunión del Congreso -hecho de posible conflicto y que no agradaba al
gobernador de Buenos Aires- y se acordó un pacto definitivo que fue firmado el 4 de enero de
1831. Meses después habría de incorporarse Corrientes.

Según el pacto, las provincias constituían una alianza ofensiva y defensiva de carácter federal
contra cualquier amenaza extranjera donde se incluía al unitarismo. Asimismo, reconocía y
aseguraba las autonomías provinciales ya fijadas en los pactos anteriores y delegaba las
relaciones exteriores en el gobernador de Buenos Aires. Por último se invitaba a las demás
provincias a unirse al pacto. El Congreso federativo que debía establecer la organización
definitiva de la nación, quedaba postergado hasta el mutuo acuerdo de las provincias para su
reunión. Por iniciativa de Corrientes se constituyó una Comisión Representativa, residente en
Santa Fe, con atribuciones para declarar la guerra, firmar tratados de paz y convocar al
Congreso Constituyente. Rosas buscó desplazar dicha institución que era sostenida
principalmente por Estanislao López. Finalmente, Buenos Aires retiró su diputado de la
comisión y no lo reemplazó nunca, con lo que logró su disolución. La negación de Rosas por
concretar la organización constitucional habría de ser un factor de quiebre con otros federales,
tanto porteños como del interior.

La Liga Federal conformada con el pacto, procuró actuar contra el poder de Paz a través del
respaldo de ex gobernadores y caudillos federales del norte depuestos por los unitarios. Entre
ellos se destacaba Ibarra, quien se había refugiado en Santa Fe, y Quiroga, que se encontraba
en Buenos Aires. La Comisión Representativa llegó a declarar la guerra a la Liga Unitaria y se
dispuso la organización de un ejército a cargo de López. Inmediatamente de firmado el pacto,
se abordó una estrategia militar en varios frentes. Ibarra partió de Santa Fe rumbo al noroeste
de Córdoba para luego penetrar en Santiago del Estero.

La conformación de las dos ligas provinciales parecía representar el preludio de una contienda
militar en gran escala. Bajo el mando supremo militar de López, las fuerzas federales
penetraron en el territorio cordobés. Allí derrotaron a Juan Esteban Pedernera (1796-1886) en
Fraile Muerto (5 de febrero). Paz contraatacó en Calchines (1º de marzo), pero López se retiró
para recibir los refuerzos de Balcarce mientras se esperaba el resultado de la invasión de
Quiroga en el sur de la provincia de Córdoba. Poco después, el general riojano derrotó a Juan
Pascual Pringles (1795-1831) en Río Cuarto (5 de marzo) y lo enfrentó nuevamente en Río
Quinto (17 de marzo), donde fue capturado y ejecutado el jefe unitario. Sobre estas victorias,
Quiroga partió hacia Cuyo y ocupó San Luis. Desde allí invadió Mendoza donde derrotó al
general José Videla Castillo (1792-1832) en Potrero de Chacón (28 de marzo). Al garantizar el
retorno de su hegemonía en Cuyo, quedaba a su disposición la ocupación tanto de La Rioja
como de Córdoba, a la vez que rodeaba al núcleo de poder unitario.

José María Paz percibió el advenimiento de un enfrentamiento por dos frentes, por lo que
buscó adelantarse y desarticular la ofensiva de López. Sin embargo, ocurrió un hecho fortuito
para los federales. El general unitario se dispuso realizar una inspección del terreno hacia
donde se dirigían los federales y se acercó a un campamento que creyó propio, pero que en
realidad estaba ocupado por los federales santafesinos. La captura de Paz y la desarticulación
de la Liga Unitaria El caballo de Paz fue derribado por un certero tiro de boleadoras y el general
fue hecho prisionero. Ese imprevisto debilitó y complicó la posición de los unitarios. Paz fue
sucedido por Lamadrid como cabeza militar de la Liga. Sin embargo, los cordobeses se
apresuraron a firmar la paz con López y evitar la invasión a la ciudad.

En 1832 finalizó el primer mandato de Rosas y la Sala de Representantes lo reeligió como


gobernador. Sin embargo, el “Restaurador” exigió como condición continuar en ejercicio de las
facultades extraordinarias, pero éstas no le fue ron renovadas debido a la negativa de varios
federales. En consecuencia Rosas resistió a su nombramiento en varias oportunidades y decidió
alejarse figurativamente de la política, aunque sus seguidores seguirían actuando. Para esos
momentos ya estaba planteada la escisión entre los federales porteños. Por un lado se
encontraban los “cismáticos”, también llamados “lomos negros” o “doctrinarios” que deseaban
regularizar las instituciones provinciales. Eran partidarios de darle a la nación una estructura
jurídica que permitiera la organización definitiva; es decir, sancionar una Constitución.

Percibían que el fin de la guerra con la Liga Unitaria representaba el inicio de un momento de
paz y de primacía federal idóneo para la convocatoria al Congreso Constituyente. El carácter
constitucionalista del sector lo llevó a identificarse en general con las posiciones liberales. Por
otro lado se encontraban los federales alineados con Rosas, de nominados “apostólicos”,
“netos” o “colorados”. Éstos seguían las ideas del ex gobernador quien desconfiaba de la
conveniencia de convocar a un Congreso Constituyente y era partidario de la continuidad de un
sistema confederado que se sustentara en pactos interprovinciales como mecanismo de
garantizar la cohesión nacional. Su actitud era más regionalista que la de los cismáticos. La
disputa se trasladó a los sectores bajos, que rendían culto a la memoria de Dorrego. Su figura
era, para ellos, la de un mártir federal.

Con el tiempo se habían politizado cada vez más en favor del federalismo bajo la influencia de
sus caudillos locales. Una de las primeras medidas de Rosas había sido rendir homenaje a
Dorrego para identificarse con él y demostrar filiación ideológica parecida, pese a sus
anteriores diferencias. Sin embargo, al producirse la división entre los federales, los
doctrinarios pasaron a ponderar a Dorrego como un hombre que buscó la organización
nacional en oposición a Rosas que la retrasaba. Asimismo, los federales doctrinarios eran
mayoría en la legislatura, por lo que promovieron que no se renovasen las facultades
extraordinarias como mecanismo para sanear las instituciones provinciales. Finalmente, se
nombró a Juan Ramón Balcarce como gobernador. Se trataba de un hombre vinculado con
Rosas, aunque se alinearía progresivamente con los federales doctrinarios. El sector doctrinario
buscó respaldo en los federales del interior que también promovían la organización nacional.
Entre ellos se destacaba Estanislao López, quien veía debilitarse cada vez más su presencia
política y su iniciativa constitucional.

El 30 de noviembre de 1832, a punto de expirar su mandato, Rosas había reclamado a la


legislatura la urgente provisión de recursos para realizar una campaña destinada a la
“pacificación general” de los indios en las regiones del sur y el sudoeste. Se trataba de una
operación de grandes proporciones que pretendía abarcar varias provincias y extenderse hasta
la cordillera de los Andes, donde el clamor por los efectos de los constantes malones no era
menos insistente que en las castigadas Santa Fe y Córdoba. Al remitir su proyecto, el
Restaurador contemplaba no sólo los intereses de los grandes estancieros, además de su
prestigio entre los diversos estamentos rurales, sino que trabajaba pacientemente por la
construcción de una influencia pública que trascendiera los límites de su propia provincia
frente a las figuras de López y Quiroga.

Una vez alejado del gobierno fue ratificado en su cargo de comandante general de la campaña
y se le encomendó la organización y mando de la división que, unida a las que remontarían con
gran esfuerzo otras provincias, marcharía contra los indios. Mientras López prosiguió con sus
campañas, Quiroga fue nombrado director de la guerra, pero ejerció el cargo de manera
efectiva por desconocer las características de la lucha.

La lucha no permitió adquirir nuevas extensiones de tierras, pero si promovió la estabilidad en


la frontera, la acción militar fue completada al aplicar de forma sistemática una política de
alianzas con algunas tribus indígenas pampeanas que buscaba congeniar con las poblaciones
criollas ante el avance de las comunidades araucanas de los Andes.

Mientras avanzaba el gobierno de Balcarce crecían las tensiones de las dos facciones federales
y se trasladó a la prensa. El periódico “El Restaurador de las Leyes” era el principal vocero del
rosismo. Fue fundado el 5 de julio de 1833. Pero Rosas se encontraba en su campaña al
desierto. Su esposa, Encarnación de Ezcurra encausó el accionar político tratando de hacer
creer a la gente que las denuncias y disputas entre la prensa era contra el mismo Rosas. En las
calles se veían propagandas con la leyenda de que “el Restaurador sería denunciado”.

Ante el temor del posible arresto de Rosas, el 11 de Octubre de 1833 se dirigieron a tribunales.
Su hermano, Gervasio Rosas reclutó las tropas. La guardia de seguridad no logró contener el
choque y los rebeldes demandaron la renuncia de Balcarce. El enfrentamiento no solo dividió a
la policía pero también fracturó la opinión social. Balcarce intentó negociar, pero fue
rechazado. La legislatura terminó por deponerlo y designar como sucesor a Viamonte. En este
contexto tenemos el avance sobre la ocupación de las Islas Malvinas por los británicos. (1834)

La designación de Viamonte buscaba generar cierto consenso entre las facciones que se habían
enfrentado. Pero el rosismo buscó acaparar el control político y delimitó el margen de
maniobra del gobernador. Los sectores bajos alineados con Rosas se movilizaron para
garantizar la continuidad de la influencia política de su caudillo. Fueron organizados por
Encarnación Ezcurra, quien tenía el apoyo de importantes familias de hacendados, como los
Anchorena. En este contexto, fueron atacadas las casas de destacadas figuras, tanto federales
como unitarias, en las cuales no confiaban por su falta de afiliación al rosismo. Entre los
afectados estaban Olazabal Ugarteche, Pedro Pablo Vidal y Tomás Iriarte.

Se construyó una política del terror que condujo al exilio a los principales líderes del
federalismo dogmático por ejemplo Balcarce. El terror surgió como práctica del rosismo y se
consolidó en los siguientes años. Rosas lo usa para disciplinar a la vez que garantizar su
influencia en la administración pública y la política general. Encarnación buscó ser mediadora,
en este contexto, de los sectores bajos y las elites provinciales. También estructuró y dio forma
al nuevo sistema en gestión, al promover la formación de la sociedad popular restauradora.
(contra el gobierno de Viamonte y en favor de la política de Rosas). Esta sociedad promovía un
accionar violento y coercitivo de sus fuerzas de choques para asustar a los opositores. Mientras
tanto, Rosas permanecía retirado en el campo y Encarnación se encargaba de la Mazorca. (es
decir, la fuerza de choque.)

Viamonte al estar políticamente bloqueado, se abocó a tareas administrativas, como


renormalizar las relaciones entre la iglesia y el Estado. El 28 de abril de 1834, Rivadavia regresó
del exilio pero ante las tensiones el gobierno ordenó el retiro de Rivadavia. Sin ningún dominio
político y con la Mazorca en las calles Viamonte renunció el 5 de junio de 1834 y el gobierno de
la provincia quedó a cargo de la legislatura de momento. En el interior también se
recrudecieron los conflictos. Salta gobernado por Pablo Latorre entró en disputa con Tucumán,
controlado por Felipe Ibarra y terminaron en guerra el 19 de noviembre de 1834. El inicio de
esta contienda alertó al gobierno de BS AS presidido por Maza.

Maza aplicó el Pacto Federal como mecanismo de freno y solicitó la intervención de Quiroga
que tenía gran prestigio. Quiroga, con el aval de Rosas, aceptó la tarea diplomática llegó a
Santiago del Estero el 6 de Enero de 1835. Desde allí invitó a ambos mandatarios a una
conferencia de armisticio. Pero en el camino, Latorre fue asesinado lo que acabó con el
conflicto. Quiroga buscó asegurar la paz con un tratado entre Salta, Tucumán y Santiago del
Estero.

Tras garantizar la paz en el norte, Quiroga comenzó a regresar a BS AS cuando fue advertido de
una conspiración en su contra a cargo de los hermanos Reinafé (uno de ellos era gobernador
de Córdoba) y respaldado por Estanislao Lopez. Al pasar por Barranca Yaco, un sitio que era
estratégico para realizar emboscadas, Allí fue asaltado y ejecutado. En consecuencia, se
sospechó de los hermanos Reinafé – que fueron expulsados de Córdoba, enjuiciados y
ejecutados en BS AS – pero también de Lopez y Rosas. El norte quedó sin liderazgo definido, lo
que facilitaría la hegemonía rosista en todo el país.

La Junta de Representantes había nombrado a Rosas el 30 de Junio de 1834. Pero no se le


otorgaron facultades extraordinarias y en consecuencia. Pero no se le otorgaron facultades
extraordinarias y en consecuencia, Rosas rechazó el cargo. Anchorena, Terrero y Pacheco se
negaron a asumir fieles a Rosas, quien se negaba a gobernar sin facultades extraordinarias.

Ante el bloqueo político, la legislatura nombró al doctor Maza como gobernador interino. El era
el presidente de la legislatura. Se dedicó a preparar el camino para un segundo gobierno de
Rosas con los recursos legales que reclamaba. Mientras tanto, el prestigio de Rosas crecía como
el “Héroe del Desierto” y su esposa como “Heroína de la Confederación”. La figura de Rosas se
robustecía cada vez más, con una impronta de autoridad capaz de controlar la situación política
de la provincia, sino también de garantizar su estabilidad socio económica y expandir su
influencia al interior. Es en este momento que sucede la muerte de Quiroga.

La muerte de Quiroga precipitó el ascenso de Rosas. La amenaza de nuevas guerras civiles en el


interior y el debilitamiento de las anteriores figuras del federalismo nacional facilitaron las
influencias para concretar el regreso de su caudillo. El 7 de marzo de 1835 renuncia Maza y ese
mismo día fue nombrado gobernador Rosas. La Junta de Representantes consideró que
advenían momentos difíciles, de conflicto e inestabilidad, por lo que se necesitaría un gobierno
fuerte que garantizara el orden político y social. Así Rosas recibió las facultades extraordinarias
y la suma del poder público. Era el inicio de una extensa etapa que se articularía con la
Confederación. Tenía plenamente el control de todos los poderes del Estado.

Juan Manuel de Rosas fue designado gobernador por cinco años con el ejercicio de “toda la
suma del poder público de la provincia, por el tiempo que Formación de un nuevo sistema de
gobierno El retorno de Rosas a la gobernación de Buenos Aires fuese necesario”, sin más
condiciones que “defender la religión católica apostólica romana y la causa nacional de la
federación que han proclamado todos los pueblos de la República”. La suma del poder público
implicaba el ejercicio del Poder Judicial además de las facultades legislativas. La constitución de
tal autoridad, significaba la delegación casi absoluta de las facultades políticas en una sola
persona, quien debía dirigir los destinos de Buenos Aires cuya hegemonía provincial se imponía
en la Confederación.

Pero dado el carácter de la decisión y las amplias atribuciones que se le otorgaban, Rosas
reclamó que fuera convalidada por un plebiscito. El resultado fue en su favor: menos de diez
ciudadanos residentes en Buenos Aires expresaron su negativa. De esa manera, se constituyó
un régimen político centralista y autoritario, pero que gozaba de legalidad en su designación y
de legitimidad por la aprobación plebiscitaria. Sustentado en su prestigio y carisma social, el
sistema mejoraba sus posibilidades de acción y sostenía su gobernabilidad más allá de las
disposiciones de la Junta de Representantes que pasaba a un carácter consultivo. A pesar de la
Suma del Poder Público, las instituciones no desaparecieron y la intervención de Rosas en los
asuntos judiciales quedó sujeta a la decisión y conveniencia política del gobernador. Si bien su
poder era provincial, mediante el Pacto Federal poseía el ejercicio de las relaciones exteriores
de la Confederación, siempre que cada provincia integrante del pacto reafirmara dicha
condición.

A su vez, frente a la progresiva desaparición de caudillos de otras provincias que pudieran


disputar la hegemonía porteña, Rosas logró imponer y trasladar sus influencias a todo el
territorio. El sistema tenía como objetivos el restablecimiento del orden interno, para lo cual se
promovió la uniformidad política y cultural. A la vez creció la intolerancia hacia aquellos
elementos disidentes que pudieran generar el inicio de nuevos conflictos. Para obstaculizarlos
adquirió un papel relevante el accionar de la Mazorca como fuerza de choque. Todo opositor al
sistema, sin importar su raíz o posición ideológica, recibía el mote de “unitario” y por ende de
enemigo de la Confederación Federal. La homogeneidad de pensamiento se materializó en la
existencia de un único partido que controlaba la legislatura. La popularidad del sistema facilitó
su autoritarismo, a la vez que garantizó la armonía de los diferentes grupos sociales. Tanto
hacendados, como comerciantes y sectores bajos eran articulados a través del liderazgo del
caudillo federal.

Apenas un mes después de su designación, Rosas destituyó a centenares de empleados, borró


de la lista militar a más de ciento cincuenta jefes y oficiales y mandó fusilar en la plaza del
Retiro al antiguo oficial de San Martín coronel Paulino Rojas (1795- 1835), junto con otros dos
militares allegados al ex gobernador Juan Ramón Balcarce (1773-1836), acusados de complot.
Las medidas reflejaban la lógica del nuevo gobierno e impulsó el voluntario exilio de sus
opositores, quienes en su mayoría partieron a Montevideo.

En respuesta, a inicios de 1837, en Buenos Aires se constituyó un grupo de jóvenes


intelectuales que frente a la paz y estabilidad lograda por Rosas en la Confederación,
consideraron que sería posible organizar definitivamente el país. Tras analizar la historia y la
coyuntura actual del territorio, sus integrantes pretendían exponer principios liberales que
condujeran a la Constitución. Anhelaban dar forma a una nación que alineara a las díscolas y
turbulentas partes de la Confederación. Críticos de la guerra civil, condenaban tanto a unitarios
como a federales, aunque entendían que el modelo que preconizaban estos últimos bajo
instituciones liberales era el más apropiado para la nación rioplatense que habría surgido con
la Revolución de Mayo.

En su mayoría eran jóvenes de diferentes provincias, nacidos cerca de los sucesos de 1810,
provenientes de sectores urbanos, algunos de importantes familias criollas, con formación
recibida en su mayoría en la Universidad promovida por Rivadavia. La Generación del ‘37
despertaron la desconfianza de Rosas. Los habitués se constituyeron en miembros de un
cenáculo selecto que comenzó a sesionar el 23 de agosto de 1837 con la asistencia de Vicente
López y Planes (1785-1856), por entonces miembro de la Cámara de Justicia de la provincia,
quien acompañó a su hijo Vicente Fidel López (1815-1903). Echeverría no estuvo presente,
pero condescendió a que Juan María Gutiérrez (1809- 1878) leyese dos cantos de su poema La
cautiva.

Lejos de manifestarse como un órgano de oposición, trató de expresar simpatía hacia el


Gobierno que, pese a todo, ordenó su clausura. Nombres como los de Juan María Gutiérrez,
Demetrio y Jacinto Rodríguez Peña (hijos de Nicolás Rodríguez Peña), Félix Frías (1816-1881),
Carlos Tejedor (1817-1903) y José Barros Pazos (1808-1877), se unieron al de Alberdi, quien
firmaba Figarillo por sentirse continuador en el Plata del romántico español Mariano José de
Larra (1809-1837), Fígaro, que acababa de suicidarse a metros del Palacio Real de Madrid. Sin
embargo, a pesar de la desconfianza que el grupo generaba en Rosas, su gobierno no intervino
directamente hasta 1838.

Los jóvenes fueron en un primer momento simpatizantes del gobernador, pues pensaban que
había logrado alcanzar un momento apto para la organización, aunque le exigían medidas
tendientes a la conformación definitiva de una república constitucional. Frente al inicio de una
escalada de conflictos internacionales e internos, Rosas adquirió un tono más autoritario y vio -
lento que acabó por dispersar a los componentes del grupo.

Al asumir su segundo gobierno Rosas recibió una economía equilibrada, pero que requería de
regulación. Las sequías producidas durante su primer mandato habían sido superadas y con la
estabilidad de la frontera interior, momentáneamente libre de malones indígenas, se iniciaba
un momento de crecimiento productivo en la provincia. En el litoral, la ganadería se
incrementó debido a la expansión de tierras fértiles ocupadas. A las grandes estancias se
sumaron pequeños y medianos productores agrarios que se incorporaron al circuito
económico. A pesar de la preeminencia comercial de los hacendados, quienes concentraban el
comercio de las carnes saladas vendidas principalmente a Gran Bretaña, emergieron algunas
producciones agrícolas y se expandió el desarrollo ovino.

Sin embargo, las provincias se encontraban en complicada situación económica debido a los
desgastes sociales y poblacionales que las guerras civiles habían causado. Las provincias de
Cuyo lograban sostenerse mediante su participación en los circuitos comerciales chilenos,
mientras el noroeste sostuvo sus vínculos con Bolivia hasta el inicio de los conflictos militares
en 1838. Las provincias que dependían de las vías fluviales, en especial en el litoral, exigían un
cambio en las políticas aduaneras que les permitiera mejorar sus rentabilidades.

Los reclamos provinciales crecieron y Rosas decidió encarar la cuestión en su propósito por
evitar nuevos conflictos internos y frente a las necesidades de su propia provincia. Por tal
razón, el 18 de diciembre de 1836 se sancionó la Ley de Aduana que elevaba los aranceles a los
productos importados y prohibía la introducción de los que ya se producían en el país. El
comercio debía ser por vía terrestre era libre, con excepción del tabaco y la yerba. A pesar que
tal medida ayudaba al litoral, Buenos Aires mantenía la exclusividad del comercio exterior
mediante el control de la navegación de los ríos. La estructura de su flujo mercantil no varió,
pero sí se incrementó en cuanto a la cantidad de exportaciones de cueros, sebo, tasajo, pieles,
plumas y lanas a Gran Bretaña, Francia, Países Bajos, Estados Unidos y Brasil. La Ley de Aduana
sólo se pudo aplicar íntegramente hasta 1838 en que empezó el bloqueo francés y se alteró la
economía regional. Por tal motivo, la ley fue modificada en 1839. A pesar de la buena
recepción que había tenido, la medida no solucionaba las trabas comerciales. El comercio
interior permaneció recluido, con aduanas internas entre cada provincia que encarecían y
obstaculizaban la circulación de productos.

En el escenario internacional, Francia ampliaba su competencia con Gran Bretaña respecto a su


influencia y presencia hegemónica en diversas regiones que pudieran garantizar recursos para
el desarrollo industrial de ambas potencias. En ese marco, Francia desde 1834 exigía a Buenos
Aires una paridad entre los residentes franceses y los ingleses. La diplomacia se desgastó, hasta
que el conflicto acabó por estallar cuando el 4 de marzo de 1837 fue encarcelado el dibujante y
litógrafo suizo César Hipólito Bacle, de prolongada actuación en Buenos Aires. Contaba en su
haber con prestigiosa labor que comprendía el acrecentamiento de la iconografía de argentinos
ilustres, la realización de originales dibujos humorísticos, el ejercicio del periodismo y el
desarrollo de investigaciones zoológicas. Director de la Litografía del Estado, el escaso rédito
material de sus trabajos precursores, lo llevó a ofrecer sus servicios a los gobiernos de Bolivia y
Chile a los que vendió algunos mapas impresos de la Argentina. Además, suministró al
presidente Santa Cruz información referente a los caminos de la Confederación.

Al volver a Buenos Aires, ese hecho, unido a las denuncias de haber transmitido al ex
presidente Rivadavia (entonces exiliado en Brasil) la invitación del ministro chileno Diego
Portales para que se trasladase a Santiago, impulsaron al gobernador Rosas a disponer su
arresto. El vicecónsul francés Aimé Roger protestó y se dirigió al comandante de la Escuadra del
Atlántico Sur, contraalmirante Luis Leblanc, para solicitar que estacionara un buque frente a
Buenos Aires con el Cullen y Rosas Rosas buscó canalizar el rechazo generalizado de la sociedad
rioplatense a la medida francesa y pidió ayuda a las provincias alineadas en el Pacto Federal.
Sin embargo, la respuesta no fue instantánea. Domingo Cullen, como ministro de López y
gobernador delegado de Santa Fe dada la enfermedad de su caudillo, promovió entre las
provincias la negativa a intervenir por ser un conflicto iniciado en una ley de Buenos Aires.

Sin embargo, la muerte de López el 15 de junio de 1838 debilitó a Cullen quien sólo consiguió
el respaldo de Corrientes. Domingo Cullen. fin de intimidar al mandatario porteño y pedir que
Bacle fuera liberado y enviado a Francia. En aquella situación Bacle falleció en prisión, por lo
que se incrementaron las presiones extranjeras. Francia exigió indemnización por el hecho, la
eliminación del servicio militar a los franceses residentes en Buenos AiPeinetones en el Teatro
1834, litografía de Bacle. res (como los británicos excedidos desde el Tratado de 1824) y el
permiso para la apertura de un saladero de capital francés. La monarquía francesa de Luis
Felipe y su primer ministro conde Louis-Mathieu de Molé (1781-1855) adoptaron una política
fuerte en sintonía con sus intervenciones en México, Argelia, Egipto y Siria, por lo que se
promovió el bloqueo al puerto de Plano de la Ciudad de Buenos Aires realizado por Bacle.

Buenos Aries y su apoyo a la Confederación Peruano-Boliviana como mecanismo para


garantizar su presencia e influencia en la región. Leblanc inició el asedio, que rápidamente se
trasladó a todas las provincias del litoral. A pesar de la preocupación británica por el accionar
francés, sus gobiernos decidieron no actuar.

El conflicto internacional se sumó a los descontentos internos hacia Rosas. El bloqueo alteró la
economía de Buenos Aires, por lo que el gobernador redujo su presupuesto económico y
fortaleció la política represiva. Se incrementó el accionar de la Mazorca y se endureció la
confrontación interna en la provincia. Se instauró una política de “terror” que se extendió por
las provincias en medio de una situación de confusión y sospecha permanente. Tras la caída de
Cullen, las fuerzas aliadas a Rosas encabezadas por el gobernador entrerriano Pascual Echagüe
avanzaron contra Corrientes. Allí derrotaron y ejecutaron al gobernador Berón de Astrada en
Pago Largo con lo que se buscó conseguir el control del litoral. Paralelamente, la Comisión
Argentina intentó obtener el apoyo de Juan Lavalle para iniciar una invasión a Buenos Aires.

A pesar de su reticencia y deseo de mantenerse alejado de la política, fue convencido por


Florencio Varela y decidió dirigir la acción militar contra Rosas. Las redes conspirativas se
ampliaron por las provincias. En Mendoza fue arrestado y fusilado en Mendoza el agente
francés Dubué. El coronel Ramón Maza, hijo del presidente de la Legislatura de Buenos Aires
alineado con Rosas, tomó parte de las conspiraciones contra el gobernador. Sin embargo, su
complot fue descubierto por lo que fue arrestado y fusilado. El día anterior su padre Manuel
Vicente Maza, quien permanecía unido al rosismo, fue asaltado en su despacho de la
Legislatura por un grupo mazorquero y ejecutado por su posible vinculación con los
conjurados. Frente a los preparativos de la invasión de Lavalle, que contaba con el apoyo
francés, Rosas buscó mejorar la economía para prepararse frente el conflicto armado. Debido a
ello, exigió el pago de las enfiteusis y subió el monto asignado en tiempos en que la
exportación era nula a raíz del bloqueo. Las presiones económicas se sumaban a los
descontentos políticos por el autoritarismo de Rosas, lo cual impulsó a varios hacendados a
manifestarse contra el gobernador.
El movimiento recibió el nombre de Libres del Sur y fue encabezado por Pedro Castelli (1796-
1839) -hijo de Juan José Castelli (1764- 1812)-, Ambrosio Cramer (1792-1839) y Manuel Rico
(1798-1841), quienes desde la localidad bonaerense de Dolores se pronunciaron contra las
medidas de Rosas. Sin embargo, el grupo perdió el apoyo del complot de Maza y el retraso de
Lavalle dejó al movimiento sin sustento militar. Rico asumió como comandante general de
milicias y promovió la ayuda de los hacendados de la región. Pese a ello Prudencio Rosas
(1800-1857), hermano del gobernador, recibió la orden de combatir y derrotar a los Libres del
Sur. Avanzó desde Azul y con el apoyo del coronel Nicolás Granada (1795-1871), quien se había
movilizado desde Tapalqué, venció al movimiento en la batalla de Chascomús. Cramer murió
en combate, mientras Castelli y Rico huyeron hacia las costas del Tuyú. El primero fue
capturado en el camino, cerca de Dolores, y ejecutado, pero Rico logró llegar a la costa gracias
a la complicidad de Gervasio Rosas (1801- 1855), quien a pesar de ser hermano del gobernador
y de Prudencio había tomado parte en el levantamiento, y se embarcó en un buque francés
para exiliarse en Montevideo.

A pesar de la desarticulación del complot de Maza y del movimiento de los Libres del Sur en
1839, el conflicto se agravó. La expedición de Lavalle recibió los nombres de “Legión Argentina”
o “Legión Libertadora” y se dispuso a invadir Buenos Aires. Rivera procuró evitarlo inspirado
por el deseo de lograr un entendimiento con Rosas. Lavalle partió en secreto de Uruguay con el
apoyo de la flota francesa. Sin embargo, frente a la conjugación de grupos opositores, el
debilitamiento del unitarismo y los reclamos generalizados de organización constitucional,
Lavalle levantó una bandera política diferente a la de su incursión de diciembre de 1828.
Planteó como objetivo la organización nacional, presentó su campaña como “argentina” y no
unitaria, y de hecho aceptó la posibilidad de un régimen federal. Organizó sus tropas en la isla
Martín García y frente a los movimientos militares en el litoral, decidió cambiar de destino e
invadió Entre Ríos para incomunicar a las tropas de Echagüe con las de Rosas y reclutar milicias.

Lavalle derrotó a los rosistas en Yeruá lo que incitó a un nuevo pronunciamiento correntino
encabezado por su gobernador Pedro Ferré. Mientras Lavalle se unía a las fuerzas de éste,
Rivera intervino e invadió Entre Ríos donde derrotó a Echagüe en Cagancha a fines de 1839. El
año 1840 comenzó con amargos presagios para la incursión antirrosista. En abril, Lavalle fue
derrotado en los campos de Yeruá, que antes le habían sido propicios, y más tarde en Sauce
Grande. Decidió dejar Entre Ríos y marchar directamente sobre Buenos Aires. Contaba con la
promesa de la Comisión Argentina de Montevideo que se le enviarían dos o tres mil hombres
de la escuadra francesa. Pero finalmente ese apoyo no se concretó.

Mientras tanto, Rosas ponía frente a Lavalle a su antiguo compañero de la guerra de la


independencia, el general Ángel Pacheco (1793- 1869), quien se aprestó a derrotarlo. De
pronto, temeroso de ser rodeado por fuerzas superiores, y convencido que los franceses
firmarían la paz con su enemigo, cuando se hallaba en erlo, a la vista de la ciudad, Lavalle
ordenó una retirada que, de desastre en desastre, acabaría con su muerte. En poco tiempo, el
país quedó convertido en un inmenso campo de batalla donde se combatía sin dar ni pedir
cuartel y donde ambos bandos rivalizaban en crueldad. Y, sobre todo en Buenos Aires, se
expandió el terror y la persecución para los sospechados de connivencia con los “unitarios”,
cuyo principal instrumento siguió siendo la Mazorca. Mientras tanto, el general José María Paz
huía quebrantando su promesa de tener la ciudad de Buenos Aires por cárcel, y formaba un
ejército en Corrientes. Por su parte, Oribe perseguía sin cuartel a los restos del ejército de
Lavalle en su marcha fatal hacia el norte.
Mientras Lavalle se dirigía a Córdoba perseguido por las fuerzas federales que Rosas le había
entregado a Oribe, en el Norte se constituyó un nuevo foco de conflicto. La región se hallaba
disgustada por el estancamiento económico sufrido a raíz de la guerra contra la Confederación
Peruano-Boliviana y por la actitud intervencionista de Rosas. Miembros de la Generación del
’37 -en especial el tucumano Alberdi- incitaron a las autoridades políticas a levantarse contra el
gobernador porteño y a promover una definitiva organización nacional. Tras la iniciativa del
ministro tucumano Marco Avellaneda, se sublevaron los gobernadores Bernabé Piedrabuena,
Tucumán; Manuel Solá, Salta; Roque Alvarado (1793-1860), Jujuy; José Cubas (1798- 1841),
Catamarca, y Tomás Brizuela (1800-1841), La Rioja.

Las provincias conformaron una alianza denominada Coalición del Norte y retiraron las
relaciones exteriores del ejercicio de Rosas. Frente a la inminencia de un enfrentamiento
armado, la comandancia militar fue delegada en Brizuela. Rosas le encomendó a Gregorio
Aráoz de Lamadrid (1795-1857), quien se había incorporado a sus filas, que marchara a
contener el movimiento. Sin embargo, al llegar a la región, Lamadrid manifestó su apoyo a la
liga de gobernadores y se pronunció contra el mandatario porteño. Gracias a ello, fue puesto a
cargo del supremo mando militar de la Coalición. Las provincias de Cuyo y Córdoba aún
mantenían su fidelidad al rosismo, por lo que decidieron iniciar la contraofensiva.

Las fuerzas de Lamadrid, comandadas por su sobrino Juan Crisóstomo Álvarez (1819-1852),
lograron derrotar a Aldao en Pampa Redonda (La Rioja, 11 de septiembre de 1840), y
marcharon sobre Córdoba donde se produjo una revolución que promovió la incorporación de
la provincia a la Coalición. Paralelamente, el debilitado ejército de Lavalle cruzó de Santa Fe a
Córdoba donde fue alcanzado y categóricamente derrotado por las fuerzas que coman - daba
Oribe en la batalla de Quebracho Herrado (28 de noviembre de 1840).

La Coalición se replegó en el Norte y perdió el apoyo de Córdoba. Lavalle incursionó en La Rioja


con el apoyo de Ángel Vicente Peñaloza y de Brizuela, pero los ejércitos del fraile Aldao y de
Oribe los desplazaron hacia Tucumán. La negativa de Brizuela a abandonar la provincia acabó
con su muerte en la batalla de Sañogasta (20 de junio de 1841). A pesar de tal situación,
Lamadrid continuó su campaña y avanzó sobre San Juan con el respaldo de su segundo,
Mariano Acha (1799-1841). Logra - ron una primera victoria en Angaco (16 de agosto de 1841),
pero resultaron finalmente derrotados en La Chacarilla (20 de agosto) donde Acha fue
capturado y fusilado. El resto del ejército comandado por Lamadrid huyó a Mendoza donde fue
rodeado por Pacheco, Aldao y Benavidez quienes lo vencieron en Rodeo del Medio (24 de
septiembre). Los sobrevivientes de las fuerzas de Lamadrid se exiliaron en Chile.

Lavalle había quedado solo, mientras se desarticulaba la Coalición del Norte. El avance de
Oribe en Tucumán acabó con la derrota definitiva de la alianza provincial en Famaillá (19 de
septiembre). Lavalle logró retirarse a Jujuy en vísperas de cruzar y refugiarse en Bolivia. Sin
embargo, Marco Avellaneda, José Cubas y los principales líderes políticos de la Coalición fueron
capturados y degollados Enfrentamientos exteriores y guerra civil rioplatense. Antes que
pudiera llegar a la frontera, Lavalle fue alcanzado en plena ciudad de Jujuy por una partida
federal que respondía a Oribe y cayó muerto en la casa de Zenarruza, en una confusa situación.
De esa manera, para fines de 1841, las sublevaciones de las provincias habían sido contenidas
por las fuerzas aliadas a Rosas quien lograba sostener una política confederacionista,
centralizada en su persona y basada en el autoritarismo, en me - dio del recrudecimiento de los
conflictos internacionales. La caída de la Coalición del Norte significó la desaparición efectiva
de cualquier proyecto unitario. Los conflictos interprovinciales quedaban así planteados
solamente en el marco de la futura organización federal.
El conflicto con Francia se daba en un marco internacional de luchas hegemónicas europeas. En
tales circunstancias la monarquía de Luis Felipe perdió fuerzas por las maniobras diplomáticas
de Gran Bretaña en Medio Oriente. Para evitar el agravamiento de la situación internacional,
Francia debió buscar la paz con la Confederación con el fin de lograr mantener un grado de
influencia en la región frente a la resistencia rosista. Debido a las pérdidas comerciales sufridas,
Gran Bretaña intervino como mediadora frente a la llegada al Río de la Plata de la escuadra
francesa comandada por el barón Armando René de Mackau (1788-1855). Mediante la acción
del ministro de Relaciones Exteriores de Rosas, Felipe de Arana (1786-1865), y del cónsul
francés Washington de Mendeville, se firmó el tratado Arana-Mackau, el 29 de octubre de
1840. Allí se acordó una paz que garantizaba a los residentes franceses el mismo trato que a los
ingleses.

Buenos Aires se comprometía a respetar la independencia de Uruguay, amenazada por el


apoyo de Rosas a Oribe. Francia levantó el bloqueo, devolvió la isla Martín García y debió
desagraviar el pabellón argentino. Rosas, no accedió a ninguna conBloqueo anglofrancés
cesión territorial ni a la libre navegación de los ríos interiores. Tal acuerdo, producido durante
los últimos esfuerzos de Lavalle en el norte, acabó por quitar el apoyo a las provincias
sublevadas. A la vez, Francia se desvinculó del accionar de Rivera. Para 1842, sólo Corrientes
permanecía en guerra contra el rosismo. José María Paz intervino en Entre Ríos y derrotó en
Gualeguay al lugarteniente del gobernador Echagüe, general Justo José de Urquiza, quien se
retiró a Buenos Aires. Sin embargo, las disputas entre Paz, Rivera y Ferré acabaron por disolver
toda resistencia en la Mesopotamia, mientras fracasaban las últimas incursiones militares del
Chacho Peñaloza en Catamarca.

Éste debió retirarse a Chile tras ser derrotado por las fuerzas federales. La victoria de Oribe
sobre Lavalle aumentó su prestigio y, con el respaldo de Rosas, el ex presidente inició el sitio de
Montevideo exigiendo su reposición en el gobierno y el retiro de Rivera. El general Paz se
dirigió a la ciudad, donde colaboró a su defensa. El prolongado y duro sitio fue denominado
Guerra Grande. La situación de Montevideo amenazaba el equilibrio internacional. Gran
Bretaña, como principal usufructuaria del comercio en la región, buscó reconstituir el flujo
mercantil. A la vez, su intervención le permitía mantener un equilibrio con Francia y evitar que
ésta se impusiera en el Río de la Plata. La cuestión central era garantizar la libre navegación de
los ríos Uruguay y Paraná, con el fin de lograr ampliar las redes comerciales para las potencias
industriales europeas. Pese a ello, Rosas se manifestó reticente a la liberalización de los
puertos del litoral y pretendió sostener el control y la preponderancia aduanera de su
provincia.

Al mismo tiempo, el gobernador mantuvo su alianza con Oribe, por lo que había encomendado
a Guillermo Brown la organización de una flota que actuaba contra Montevideo. El héroe naval
derrotó en Costa Brava a los buques que defendían la ciudad. Su comandante era el
revolucionario liberal italiano Giuseppe Garibaldi (1807-1882), llamado en su patria El héroe de
ambos mundos por haber participado en las luchas del Resurgimiento y también en las de
Brasil y Uruguay. El éxito de las campañas en el interior, le permitía a Rosas aspirar a la
expansión de la Confederación mediante la incorporación de Uruguay y Paraguay, cuya
independencia aún negaba. Gran Bretaña pretendía mantener el equilibrio regional y sostener
su injerencia mercantil, por lo que se presentó como mediadora en el conflicto oriental y
solicitó el retiro de las fuerzas argentinas del sitio.

Frente a la negativa de Rosas, el gobierno de la reina Victoria informó a la tripulación inglesa


que prestaba servicios en los buques argentinos, que no podía actuar bajo las órdenes de
Buenos Aires. Las dotaciones se sublevaron, tomaron las naves y expulsaron a sus jefes y a los
marineros argentinos. El hecho fue conocido como “el robo de la escuadra”. A su vez, las
fuerzas que dirigía Garibaldi atacaron Colonia, tomaron la isla Martín García y saquearon
puertos entre Gualeguaychú y Salto. La flota anglo-francesa al mando conjunto de Samuel
Inglefield (1783- 1848) y François Thomas Tréhouart (1798-1873), remontó el Paraná con el
objetivo de controlar los ríos internos, expandir su presencia comercial y colocar sus productos
manufactureros. Rosas ordenó evitar el paso de los buques, y bajo las órdenes de su cuñado el
general Lucio Norberto Mansilla (1792-1871) se organizó una tenaz resistencia.

El combate tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845. A pesar de las bajas sufridas, la escuadra
combinada logró sortear los obstáculos y llegó hasta las proximidades de Asunción, donde el
presidente paraguayo Carlos Antonio López decidió no aceptar las mercancías. Las hostilidades
materializadas desde la costa por las fuerzas del general Echagüe complicaron aún más la
misión mercantil. Apenas se logró comerciar con algunos puertos del Litoral. El triunfo militar
de la flota combinada se convirtió en un fracaso político y mercantil.

Rosas supo penetrar con fuerza en el imaginario colectivo mediante códigos y símbolos que
calaron hondo en la sociedad. La pintura de los edificios, las vestimentas civiles y los uniformes
militares debían ser rojos punzó, o cuanto menos ostentar algún detalle de ese color. Los
cintillos, que colocaba en su pecho todo “buen federal”, exhibían la efigie del gobernante junto
con inscripciones que inexorablemente expresaban su mensaje de eliminación del oponente:
“¡Viva la Santa Federación; mueran los salvajes unitarios!”. Los federales usaban grueso bigote
hacia abajo; los unitarios, donde no imperaban aquellos, gastaban barbas en “u”. El color
celeste, y aun el verde, estaban prohibidos, pues representaban a los odiados enemigos. Las
banderas nacionales perdieron el color con que las creó Belgrano, para adoptar el azul oscuro,
adornadas con un sol y cuatro gorros frigios rojos.

Acallados los ecos de la lucha con Francia y Gran Bretaña y obtenida una paz honrosa para la
Confederación Argentina que logró incluso el desagravio a su bandera, no se habían apagado
sin embargo los conflictos en la castigada región rioplatense. Aún perduraba el prolongado sitio
a Montevideo por parte de las fuerzas del “presidente legal” Oribe, y se habían acentuado las
tensiones de larga data con Brasil y Paraguay. Lejos de buscar una solución pacífica, Rosas
parecía optar por el enfrentamiento armado. Pero el país estaba cansado de vivir en un
permanente guerrear. El inesperado cambio vino de la mano de uno de sus lugartenientes, el
gobernador de Entre Ríos general Justo José de Urquiza. Éste había internalizado el papel de
organizador que le asignaban algunos de los más lúcidos enemigos del Restaurador, y no vaciló
en aceptar la consuetudinaria renuncia a la representación exterior de la provincia que siempre
recaía en Rosas. De inmediato se pondría en campaña para derrotarlo.

Tras la finalización de la campaña anglo-francesa en el Paraná continuó el bloqueo al puerto de


Buenos Aires. La tensión se dilató y empezaron las negociaciones entre Rosas y la diplomacia
extranjera. En el interior, la única provincia que continuaba en conflicto era Corrientes. Allí el
general Joaquín Madariaga (1799-1848) destituyó al gobernador Pedro Cabral (1790-1847) que
había sido impuesto por Rosas. El general Paz invadió Corrientes y organizó el ejército
provincial con apoyo paraguayo. Frente a tal situación, Justo José de Urquiza desde la
gobernación de Entre Ríos, invadió Corrientes y derrotó al célebre “Manco de Venta y Media”
en Laguna Chica (4 de febrero de 1846). Allí capturó a Juan Madariaga (1809-1879), hermano
del gobernador.
La situación forzó al retiro de Paz y al inicio de negociaciones que culminaron con la firma del
Tratado de Alcaraz entre ambas provincias, el 15 de agosto de 1846. El acuerdo forzaba a
Corrientes a cumplir con el Pacto Federal, aunque en secreto permitía que comerciara con las
potencias extranjeras y mantuviera su alianza con Paraguay y Montevideo. Fue rechazado por
Rosas quien encomendó a Urquiza una nueva campaña contra Madariaga, que fue derrotado
en Potrero de Vences el 27 de noviembre de 1847.

En consecuencia, fue nombrado como gobernador de Corrientes Miguel Virasoro y con


posterioridad su hermano Benjamín Virasoro (1812- 1897), los cuales respondían a Urquiza. El
control establecido en la Mesopotamia permitía dejar sin efecto los proyectos de la República
de la Mesopotamia que aún circulaba. Paralelamente, en Londres se produjo la renuncia del
ministro Aberdeen, quien fue reemplazado por lord Henry John Temple, visconde de
Palmerston (1784-1865). Poco antes, Aberdeen había acordado con el ministro francés François
Guizot (1787-1874) la necesidad de lograr la paz en la región, a fin de recuperar el flujo
comercial. En consecuencia, se designó al ex cónsul británico en Montevideo Thomas Samuel
Hood (1799-1863) para que buscara un acuerdo con Rosas y Oribe.

A pesar que el primero aceptó las principales condiciones propuestas, las negociaciones
fracasaron por las exigencias del diplomático francés baron Deffaudis. La vía de la negociación
se degastó progresivamente. En 1847 fue enviada una nueva comisión a cargo de lord John
Howden y del conde Alejandro Waleski (1810-1868). La reticencia de Arana en aceptar la libre
navegación de los ríos causó el estancamiento y el fracaso de las gestiones.

En 1848 arribó una nueva misión integrada por el irlandés Robert Gore (1810-1854) y el barón
francés Jean Baptiste Louis de Gros (1793 - 1870). Ambos aceptaron reconocer a Oribe siempre
que la Confederación se comprometiera a no anexar a Uruguay. De esa manera se levantaría el
bloqueo y quedaría liberada la isla de Martín García mientras las fuerzas argentinas se
retirarían del sitio de Montevideo.

Sin embargo, los avances en las negociaciones fueron trabados por el sorpresivo asesinato de
Florencio Varela en las calles de Montevideo, posiblemente instigado por Oribe. A pesar de la
postergación de las tratativas, Francia retiró el bloqueo a Buenos Aires sin que se hubiese
firmado un acuerdo. Acababa de ocurrir un cambio trascendental en Europa. Desde comienzos
de 1848 se había iniciado en Francia un movimiento revolucionario liberal contra la autoridad
del rey Luis Felipe y su ministro Guizot. La caída de la monarquía francesa dio paso a la
proclamación de la II República bajo la inspiración de Alphonse de Lamartine (1790-1869) y se
produjeron tensiones sociales que acabaron con la aprobación del sufragio universal y la
elección de Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873), sobrino del emperador Napoleón I (1769-
1821), como presidente.

El hecho obligó a Francia a retirar sus fuerzas expandidas sin sentido de la conveniencia
política, a la vez que las revoluciones liberales se extendían por Europa y repercutían en los
estados italianos, Austria y la Confederación Germánica. Gran Bretaña buscó una solución
diplomática al conflicto con la Confederación sin la intervención de Francia y el 24 de
noviembre de 1848 se firmó el Tratado Arana- Southern, mediante el cual aquella devolvía la
escuadra argentina, levantaba el bloqueo y reconocía que la navegación de los ríos internos era
sólo argentina, mientras se retirarían las fuerzas rosistas de Uruguay. Por su parte, Francia le
encomendó al almirante Fernando Le Prédour el acuerdo final. El tratado con la firma del
ministro Arana (31 de agosto de 1850) puso fin al conflicto. Francia retiró toda su escuadra y
devolvió la isla Martín García.
Para 1850 se habían solucionado los principales frentes de guerra en la Confederación. La
estabilidad interna y la desaparición del unitarismo como posición política, era percibida como
una posibilidad para materializar la organización definitiva. Sin embargo, la política de Rosas se
configuraba sobre la base del conflicto. La acción coercitiva continuaba, a pesar de la
disminución del accionar de la Mazorca y el ascenso de la figura pública de Manuelita, hija del
gobernador, como personalidad contemplativa y diplomática que contrastaba con la severidad
de su padre. El desgaste político sufrido por el sistema repercutía en el cansancio social, el
rechazo a la continuidad de acciones armadas y las expectativas de una definición que
permitiese la unión nacional.

En ese marco, recrudecieron los conflictos con Brasil y Paraguay. Mientras continuaba el sitio a
Montevideo, que recibió el mote de Nueva Troya debido a la novela escrita por Dumas
respecto de la Guerra Grande, hacendados brasileños ayudaban a las fuerzas de Rivera
mediante el envío de carnes y recursos hasta que en febrero de 1850 tropas brasileñas
comandadas por el coronel Francisco de Abreu, barón de Jacuhy, invadió la República Oriental.
Tal situación causó el reclamo del ministro argentino en Río de Janeiro, Tomás Guido.

Rosas insistió para que su comisionado rompiera relaciones con Brasil, mientras Paraguay
observaba expectante la situación en la región a poco de ocupar territorios en Misiones y la isla
Apipé. Ante tal panorama, el gobernante porteño nombró a Urquiza jefe del ejército de
operaciones con vistas a una eventual guerra contra el Imperio, para lo cual le envió tropas y
armamento. El 25 de diciembre de 1850 Brasil y Paraguay firmaron un tratado por el cual
formaban una alianza defensiva y promovían el reconocimiento de la independencia de
Paraguay junto con la libre navegación del río Paraná.

Por su parte, Urquiza entró en tratativas con ambos países. Como todos los años, Rosas
presentaba su renuncia al ejercicio de las relaciones exteriores y las provincias reafirmaban su
continuidad. Sin embargo, Urquiza aceptó su dimisión y reasumió las relaciones exteriores
hasta que un congreso constituyente diera forma jurídica a la República. El 1º de mayo,
mediante una proclama que lanzó desde Concepción del Uru guay, se pronunció contra Rosas.
Urquiza también reemplazó el lema “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los Salvajes
Unitarios!”, por “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los enemigos de la organización
nacional!”.

Pocos días después el gobernador entrerriano estableció una alianza con Rivera y con Brasil,
mientras la escuadra brasileña se dirigía a bloquear el Río de la Plata. La única provincia en
manifestar su apoyo a Urquiza fue Corrientes bajo la dirección de Benjamín Virasoro. Rosas
declaró la guerra a Brasil y de inmediato se iniciaron los preparativos para el enfrentamiento,
mientras el resto de las provincias permanecían expectantes.

Los acontecimientos del Plata se habían precipitado de un modo que muchos de los emigrados
ni siquiera imaginaban. El movimiento político repercutió en todos aquellos que se mantenían
expectantes frente a la posibilidad de organización que Rosas postergaba. El general Urquiza
había penetrado en la Banda Oriental y presionado a Oribe para rendirse frente a la amenaza
brasileña en el norte. Éste capituló en Pantanoso el 8 de octubre de 1851 bajo el lema “ni
vencedores, ni vencidos”, pues ambas facciones debían unirse e integrarse. De esa manera,
finalizó el sitio a Montevideo y el grueso de las tropas argentinas se sumaron a las fuerzas de
Urquiza, aunque algunos optaron por retirarse a Buenos Aires. El general entrerriano decidió
lanzarse entonces contra el mismo Rosas. Constituyó una poderosa maquinaria militar que dio
en ser llamada Ejército Grande Libertador. Todos sus jefes militares eran de origen federal, a
excepción de Lamadrid.

El 24 de diciembre de 1851, se produjo una gran operación anfibia que llevó a los 24.000
hombres al mando de Urquiza desde Punta Gorda (Diamante, Entre Ríos) hasta Coronda (Santa
Fe). Entre esas fuerzas formaban 3.500 brasileños y 1.500 uruguayos. El gobernador de Santa
Fe y anterior jefe de Urquiza, Pascual Echagüe, se retiró hacia Buenos Aires para organizar la
contraofensiva con Rosas. Sin embargo, allí la situación era de confusión e incertidumbre. El
mandatario le solicitó al general Mansilla, héroe de Obligado y pariente suyo, la formación de
un ejército para contener a Urquiza, pero éste se limitó a hacerse cargo de la defensa de la
capital. Ángel Pacheco, en desacuerdo con el modo de plantear la campaña por parte de Rosas,
insistió en que no podía asumir la conducción de las tropas y se retiró a su estancia de El Talar
tras la invasión de Urquiza.

En su avance por el oeste, el Ejército Grande incorporó cuerpos militares que se alejaban del
Restaurador. Rosas se vio obligado a asumir el mando en coordinación con Echagüe y otros
oficiales como Martiniano Chilavert (1798- 1852). Desde Santos Lugares, se dirigió al encuentro
de Urquiza. Ambos ejércitos se enfrentaron en Caseros, el 3 de febrero de 1852. Los fuegos de
la artillería que comandaba el coronel José María Pirán (1804-1871), a cuyas órdenes actuaba
Mitre, sumado a las cargas de la invencible caballería entrerriana, desarticularon a las fuerzas
de Rosas, con excepción de la artillería al mando de Chilavert que resistía sin esperanzas.
Herido levemente en una mano, Juan Manuel de Rosas se retiró del campo de batalla, escribió
en un papel su renuncia y dejó el mando a Echagüe quien abandonó su cargo ante Urquiza.
Chilavert fue fusilado: en un gesto de valor y dignidad militar se resistió a ser ejecutado por la
espalda.

Rosas reunió a su familia y se refugió en la legación británica desde donde marchó al exilio en
Southampton del que nunca volvió. Poco después del triunfo, Urquiza, dictó el decreto de libre
navegación de los ríos interiores, que satisfacía los intereses del comercio internacional y abría
el Paraná y el Uruguay a la actividad mercantil, a la vez que quedaba dispuesta la futura
organización constitucional que habría de realizarse mientras se producirían nuevos
inconvenientes con las autoridades de BS AS.

Luego de diecisiete años de gobierno autoritario; tras una prolongada y agotadora guerra civil y
de varios conflictos internacionales, Juan Manuel de Rosas abandonó precipitadamente el
mando y se sometió a un prolongado ostracismo que sólo concluyó con su muerte. En el curso
de pocas horas se produjo un final poco menos que anunciado. Cuando Justo José de Urquiza
avanzó con su Ejército Grande en el que revistaban no pocos de sus mayores adversarios, el
Restaurador debió convencerse que su hora había llegado. Con seguridad experimentaron la
misma sensación muchos de los que lo habían adulado sin medida y se aprestaban a rendir
loas al vencedor. Conocedor profundo de las miserias humanas, pues se había aprovechado de
ellas, sabía que muy pocos serían leales en la hora del infortunio.

De ahí que decidiera poner fin al intenso drama argentino cubriéndolo de silencio y
abandonara el campo de batalla rumbo al destierro. La mayor parte de los que habían votado
años atrás en la legislatura honores inusitados que Rosas no quiso aceptar, se adecuaron a los
nuevos tiempos y obtuvieron un perdón no escrito que les permitió continuar en la vida
pública. El pueblo federal, que amaba a don Juan Manuel de manera casi instintiva, sintió su
partida, pero no tardó en aceptar que comenzaba una etapa diferente a la vivida.
Urquiza fue uno de los más grandes terratenientes del litoral y de la confederación. Era
propietario de embarcaciones que unían rosario con Montevideo, comerciando los productos
que salían del litoral, y era competitivo con los saladeros de Rosas y de Bs As. El como
gobernador de Entre Ríos, exportaba cueros a Inglaterra, carne salada, tasajo, y lana. Así esta
provincia comenzó a ser competitiva con BS AS, por eso era importante para Urquiza al igual
que para el litoral la libre navegación de los ríos, algo que como vimos, Rosas no permitía. Todo
debía pasar por BS AS. Es aquí cuando en mayo del 51 produce el pronunciamiento, es decir,
una proclama en contra de Juan Manuel de Rosas. Allí Urquiza acepta la renuncia de Rosas para
ser el encargado de las relaciones exteriores. De esta manera, Entre Ríos a partir de entonces,
sería autónoma al momento de establecer sus relaciones exteriores y comercio internacional.

Estos 2 sectores se ven enfrentados en Caseros: Urquiza y Bs AS. Pero en favor del litoral se van
a sumar Corrientes (motivos económicos vistos), el imperio del Brasil – amenazado por el
temor de una expansión de las Provincias Unidas sobre la Banda Oriental y los unitarios en el
exilio. Luego de esta batalla Rosas termina en el exilio y Urquiza queda momentáneamente a
cargo de la Confederación y Vicente López y Planes como gobernador de Bs As. Urquiza tenía
como bandera la ORGANIZACIÓN NACIONAL y para eso necesitaba cierta legalidad. Por eso
Urquiza necesitaba una nueva Constitución, de carácter federal donde todas las provincias
estuvieran en igualdad de condiciones. Urquiza convoca en la quinta de Rosas a los
gobernadores de Bs As Santa Fe y Corrientes, y él iba como representante de Entre Ríos. Allí se
firman el Protocolo de Palermo, en donde se le quita a la provincia de BS AS – Rosas – la
representación de las relaciones exteriores para concedérsela a rosas. Esto se ratificó en San
Nicolás de los Arroyos, donde se firmó el acuerdo de San Nicolás.

Se nombró allí a Urquizas como director provisiorio de la confederación hasta 1854 que va a ser
nombrado Presidente. El presupuesto de la nueva organización sería obtenido de los fondos de
BS AS, a lo que la provincia no estaba muy contenta. Se convocó a la reunión de un Congreso
General Constituyente en Santa Fe donde cada provincia debía enviar 2 diputados
representantes, en garantía de igualdad de condición. Pero el acuerdo de San Nicolás no fue
ratificado por los legisladores porteños.

Mitre incluso acusó a Urquiza de ser dictatorial y rechazó el acuerdo. Urquiza intervino la
provincia, asumió él el gobierno, disolvió la sala de representantes y arrestó a varios diputados
que se oponían a San Nicolás. Dejó luego un delegado en el cargo mientras se iba a organizar el
congreso, lo que fue aprovechado por dos facciones liberales porteñas (los localistas de Adolfo
Alsina y los nacionalistas de Mitre) el 11 de noviembre. Derrocaron al gobernador delegado y
restablecieron la legislatura. Se estableció como gobernador de la provincia a un localista,
Valentín Alsina, que se negó a que BS AS participara del Congreso Constituyente, desconoció su
actuar y despojó a Urquiza del control de las relaciones exteriores.

Urquiza en el momento no pudo reprimir las fuerzas, pero no quería que esta revuelta afectara
el desarrollo del congreso. Se mantuvo en este objetivo que inició cesiones el 20 de noviembre
del 52 con la presencia de 13 de 14 provincias. Bs As quedó separada de la confederación. De
todas formas, la constitución se sancionó el 1ro de mayo del 53. Con esto, Urquiza logró uno de
sus objetivos: organizar la confederación de una manera federal, bajo una constitución, una ley
suprema que respetaran y reconocieran todas las provincias. Fue elegido presidente y asumió
el 5 de Marzo de 54 hasta 1860. El país quedó dividido en 2 partes, Bs As con su capital en
Ciudad de Bs As y la confederación con su capital en Paraná.
Bs As no aceptaba someterse a una constitución de carácter federal. El vice de Urquiza fue
Salvador María del Carril. La presidencia de Urquiza fue condicionada por 2 factores: las
grandes dificultades financieras y la falta de adhesión de Bs As. En consecuencia, Urquiza buscó
modernizar el país impulsando las colonias de inmigrantes, buscó promover la enseñanza
nacionalizando la Universidad Nacional de Córdoba, y los colegios de Monserrat y Concepcion
del Uruguay, firmó un tratado de Libre Navegación de los Ríos con Brasil y trató de traer
ferrocarriles para unir rosario con chile. Pero no tenía los recursos económicos para realizar
esto, dependía de la aduana de BS AS y por eso se la había establecido en la constitución del 53
como capital del país. Como BS AS no estaba en la confederación y se necesitaba capital,
federalizó la provincia de entre ríos y como capital Paraná.

BS AS intentó dominar a las provincias con numerosos enfrentamiento por lo que entre el 54 y
55 se firmaron numerosos pactos de convivencia para poner fin a los enfrentamientos. Ante las
dificultades económicas, creó nuevos impuestos que terminó por afectar a los pequeños
comerciantes, no a los grandes estancieros, y buscó préstamos, pero nada logró solucionar la
situación. En consecuencia, se estableció un nuevo impuesto donde se cobrarían diferentes
tarifas según la procedencia de la mercadería. Se les cobraría mayores derechos a las
mercaderías que ingresaran por Montevideo o BS AS, pero esto solo inició una guerra
económica entre la confederación y BS AS y fomentó el contrabando. Es decir tanto la
confederación como BS AS perdían las tarifas que debían cobrar. Las tensiones solo fueron
creciendo hasta 1859 que Mitre y Urquiza se terminaron enfrentando en la Batalla de Cepeda.

Triunfó la confederación y Alsina se vió obligado a renunciar. Se reunieron en San José de Flores
donde se firmó el pacto de San José. Allí se establecía una unión nacional, donde Bs As se
integraba a la Confederación Argentina, a cambio de algunas reformas a la constitución para
limitar el poder del presidente y garantizar la autonomía de las provincias. (entiéndase limitar a
Urquiza) Así en 1860 Santiago Derqui fue nombrado presidente y Juan Pedernera
Vicepresidente. Urquiza volvió a ser gobernador de Entre Ríos y en Bs As se eligió a Mitre. Pero
BS AS todavía no estaba conforme, más por orgullo que por otra cosa, por el dominio de la
presidencia del interior.

Se utilizó como excusa el asesinato de Virazolo por un grupo de liberales en San Juan. Bs As
festejó los sucesos pero todas las demás provincias lo repudiaron y se ordenó la intervención
de la provincia. El gobierno fue tomado por el jefe del partido liberal Antonio Aberastain pero
con la intervención de la provincia fue apresado y fusilado. Bs As acusó del asesinato al
gobierno nacional. Luego de la muerte de dos gobernadores, uno federal el otro liberal, las
tensiones con BS AS y su rebeldía para designar a sus diputados a su conveniencia y no como
establa establecido constitucionalmente, se rechazó la participación de BS AS en el congreso
nacional. BS AS se comienzan a preparar para un nuevo enfrentamiento, al igual que Urquiza
que se traslada al sur de Santa Fe.

La batalla se libra en Pavón en septiembre del 61. Por un lado estaba el ejercito de BS AS al
mando de Mitre y por el otro el ejército de la confederación al bando de Urquiza. La batalla
estaba siendo ganada por la confederación cuando Urquiza ordenó la retirada, pensando que
en verdad el resultado era otro. Retrocedió con sus tropas hasta Entre Ríos y comenzó a
negociar la paz con Mitre, quien derribó a Derqui y en consecuencia al gobierno nacional. Por
eso, se consideró a Urquiza un traidor, por rendir la batalla. Derqui ya no tenía más poder
efectivo por lo que renunció en noviembre y quedó el vice, Pedernera, a cargo por poco
tiempo. En diciembre Urquiza dispone que Entre Ríos reasumiera el territorio de Paraná. En
enero del 62 Urquiza en nombre de la provincia de Entre Ríos delega a mitre convocar a un
Congreso Nacional. Así Bs As se consolida como poder hegemónico del país, con un gobierno
federal, pero con características centralistas al mismo tiempo. El 12 de Octubre de 1862 Mitre
asume la presidencia de la Nación, dando inicio a la Organización Nacional. Va a constar de 3
presidencias: Mitre 62 – 68, Sarmiento 68 – 74 y Avellaneda 74 – 80.

BIBLIOGRAFÍA:

Florian y García Belsunce. Tomo 1 y 2.

Nuestra Historia. Tomo 3 – 7.

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