Crisis y luchas en la Revolución Argentina
Crisis y luchas en la Revolución Argentina
político y su principal objetivo era la consolidación de la Revolución. Era, para ello, necesario
trasladar la junta y su ideario a las demás ciudades del virreinato. Lo que lograría con la
integración de los distintos diputados. Pero eso generaba algunos peligros: que la voluntad de
los revolucionarios se diluyera entre los diputados menos dispuestos, amenazas provocadas
por las autoridades españolas determinadas en reconocer el Consejo de Regencia en contra de
la destitución de Cisneros y la intervención de extranjeros, ante una hipotética y posible alianza
con España para mantener a los territorios coloniales bajo su régimen.
Para eso era necesario que la Revolución fuera defendida; no solo por medios materiales, sino
respaldada por el consenso popular que le otorgaría legitimidad. El gobierno debía ganarse de
la confianza de los gobernados. Se notificó a todas las autoridades del virreinato los sucesos de
Mayo y se les invitó a reconocer a la Junta como autoridad superior provisoria, y a enviar
diputados para el Congreso General. La necesidad de una expedición militar rápidamente fue
confirmada por la respuesta del interior.
La reacción de Córdoba careció de apoyo popular. Con todo, las ciudades argentinas apoyaron
la conformación de la Junta: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Catamarca, Salta,
Mendoza, San Juan, Misiones, Santiago del Estero y Jujuy. En consecuencia, Liniers decidió
retirarse al Alto Perú mientras sus hombres comenzaban a desertar. En la noche del 6 de
Agosto, Liniers con sus hombres cayeron presos y la Junta los condenaron a muerte. Esto fue
con el objetivo de poner fin a cualquier indecisión o rechazo antes de que naciera. Fusilado el
25 de Agosto por Castelli (previamente él había sido designado por la Junta).
El alto Perú estaba limitado por el río Desaguadero y la cordillera oriental al oeste y las
cordilleras de La Paz y Cochabamba y las sierras de Augarague al este. La altura variaba entre
2000 y 4000 msnm, con climas fríos en las cordilleras y los valles templados. El apunamiento
era frecuente. En 1810 el propósito de las operaciones militares fue asegurarse el control del
Alto Perú y del Paraguay y reducir a obediencia o neutralizar Montevideo. El mayor esfuerzo
estaba en el Alto Perú con la Expedición Auxiliar. Allí se obtuvo la primera victoria en Suipacha
el 7 de Noviembre de 1810. En junio Balcarse contaba con 6000 hombres de los cuales solo
2500 eran aptos para luchar en contra de un enemigo bien instruido. El ejército patriota fue
atacado en Huaqui por 7 mil hombres y dispersado en consecuencia de la escasa disciplina de
las tropas. Todo el Alto Perú volvió a manos realistas.
Ante el desastre de Huaqui, y con la falta de confianza en Viamonte y Diaz Velez, el gobierno
dio a Pueyrredón el mando quien se limitó a retirarse a Salta, disciplinar las tropas y pedir el
cambio por un jefe capaz. Allí se envió a Belgrano. Mientras tanto, los alzamientos
altoperuanos retrasaron la llegada de las fuerzas realistas al territorio argentino. El pueblo
jujeño mientras tanto recibió la orden de retirarse hasta córdoba – éxodo Jujeño- pero
Belgrano decidió desobedecer la orden y esperar en Tucumán. Entre una y otras batallas
Belgrano logró la derrota de los realistas, pero en vez de retirarse se movió al noreste. Solo
salvó en Vilcapugio una cuarta parte de sus fuerzas. Pero con refuerzos entró en la batalla de
Ayohuma ( aproximadamente 3 mil hombres) donde fue flanqueado y se retiró solo con 500
hombres. Se retiró del territorio y fue reemplazado por San Martín.
Belgrano recibió instrucciones de operar sobre la Banda Oriental y encomendó a los hermanos
Artigas sublevar las regiones central y oriental del territorio. Los realistas en consecuencia se
replegaron sobre Montevideo y Colonia. Belgrano fue separado del mando y reemplazado por
Rondeau. Artigas se enfrentó en Las Piedras – 18 de mayo 1810 – logrando grandes perdidas
para España. Su consecuencia fue el sitio de Montevideo pero fue ineficaz ya que la ciudad se
abastecía por el agua. Ello llevó a crear una débil escuadra naval que los realistas derrotaron en
San Nicolás. La situación se prolongó hasta el ingreso de los portugueses con 5 mil hombres a
la Banda Oriental. El problema se resolvió con un armisticio con Elío y la retirada del sitio.
Pero con la derrota en Paraguay de Belgrano, y el Virrey Elío en Montevideo aumentaron las
alertas ante el bloqueo que ordenó del puerto de BS AS. Las preocupaciones creadas por la
amenaza militar ante la derrota en San Nicolás el 2 de Marzo, no impidieron continuar las
rencillas. Vieytes y Nicolás Rodriguez Peña buscaron reemplazar a Moreno. Cada vez subió más
de tono la prédica anti saavedrista subió cada vez más de tono y se intentó negociar con
Carlota Joaquina como monarca del Virreinato. La pluralidad de miembros solo demoraba las
resoluciones del gobierno. Ante este contexto, se consideró el clima adecuado para un
pronunciamiento. Este es conocido como la Asonada del 5 y 6 de Abril de 1811. Los morenistas
se representaban como la acción de los ilustrados, y los saavedristas se ven representados por
la plebe y fuerzas armadas. De esta forma, el episodio se presenta como una primera
manifestación de un enfrentamiento social, aunque no se percibió así ya que era dirigido desde
arriba en los cuarteles. El movimiento estalló la noche del 5 de abril en los corrales de
Miserere y avanzaron a reclamar sobre la Plaza Mayor la reunión del Cabildo. En la madrugada
del 6 de abril presentaron del Cabildo a las Juntas las peticiones de los amotinados: destitución
de Larrea, Azcuénaga, Rodriguez Peña y Vieytes y que no se volviera a nombrar a ningún vocal
si no es con el voto del pueblo. Se dieron las concesiones pero en consecuencia Saavedra logró
eliminar del todo el movimiento morenista.
La división se propagó al ejército y tropas del Alto Perú. Naufragó toda disciplina, ya que se
sentían dueños del mundo luego de la victoria de Suipacha. El ejército se debilitó y ello
ocasionó el desastre de Huaqui(20 de Junio).
Mientras tanto, el Triunvirato confinó a Saavedra, disolvió las Juntas provinciales y reinstaló el
régimen de intendencias. También expulsó a los diputados de las ciudades del interior y trató
de neutralizar la amenaza militar. Belgrano se destinó a Paraguay y concluyó el 12 de Octubre
un tratado de Paz con el nuevo gobierno de Asunción que se mantendría independiente del
gobierno de BS AS. Las circunstancias políticas consumaban la primera ruptura de unidad del ex
virreinato. Casi al mismo tiempo se logró la paz con Elío, a ocultas de los intereses de los
patriotas orientales y Pueyrredón como jefe del ejército del norte pidió insistentemente su
relevo ante la gravedad de la situación y su incompetencia. Allí Belgrano fue destinado al Norte
y fue cuando, a finales de Febrero en las barracas de Rosario sobre el Paraná inauguró dos
baterías con los nombres de Libertad e Independencia, y la bandera Nacional (celeste y
blanca).
La Asamblea inició una obra legislativa propia del parlamento de una nación independiente. Se
eliminó toda referencia a Fernando VII, se acuñó la moneda nacional, escudo e himno, se
suprimieron los mayorazgos y títulos de noblezas, la inquisición y las torturas judiciales, se
estableció la libertad de vientre para las esclavas, demostrando su espíritu liberal. Pero sus
objetivos capitales no se cumplirían. No se dictaría una Constitución definitiva ni se declararía
la Independencia. La causa del fracaso final de la Asamblea fue que ni ella, ni el Triunvirato o el
siguiente Directorio eran lo suficientemente maduros para esta tarea.
A esto se suma los teatros abiertos en américa: Belgrano avanzó camino a Lima, pero fe
frenado y derrotado en Vilcapugio el 1ro de Octubre de 1813 y en el desastre de Ayohuma el
14 de Noviembre de 1813. Las novedades crearon gran desazón y enfriaron los impulsos
independentista y Ayohuma evidenció la necesidad de reemplazar a Belgrano y dar al ejército
del norte un nuevo jefe y nueva confianza, para enderezar la situación militar. Ese hombre fue
San Martín. – También permitió a Alvear consolidar su control sobre la Logia y sus fines.
Al día siguiente de asumir, Dorrego segundo de Alvear, fue derrotado por Artigas lo que le dejó
total control del frente de la Banda Oriental. A esto se sumó la amenaza realista Chilena y la
acción española en el Alto Perú junto con la amenaza de una invasión atlántica. La debilidad de
su situación política no se le ocultaba al Director Supremo y él mismo trató de alarmar a la
opinión pública. Estableció como línea de gobierno la “independencia a cualquier precio”. Con
este objetivo, emprendió una reorganización militar, ascendiendo a un grupo de oficiales y
uniendo los ejércitos de Cuyo y Bs As bajo su mando, quitándole autonomía a San Martín.
También inició negociaciones abiertas con Artigas llamándole a la paz, pero este se negó a
negociar mientras Montevideo no se rindiera. Tomó en consecuencias medidas en contra de
Artigas, esperando su rendición pero las aspiraciones de este habían crecido: pretendía la
hegemonía nacional y eso incluía destruir el centralismo porteño. Fuera de la influencia de BS
AS su esfera de poder se extendió a Santa Fe y Córdoba.
En Bs As su situación fue cada vez más insostenible. Solo le quedó una salida, una victoria
militar que alterara la situación a su favor y devolverle el poder perdido, controlando Santa Fe.
Por eso mandó a Alvarez Thomas a cargo. Pero era tarde, la resistencia ganó cuerpo y al llegar a
Fontezuela el 3 de abril de 1815, Alvarez Thomas se pronunció en contra del Director y
proclamó el fin de la guerra civil. Esto es conocido como el Levantamiento de Fontezuela. La
sublevación se expandió rápidamente a otros cuerpos militares. Alvear quiso resistir, pero
pretendió conservar el mando militar, lo que revelaba su intento de recuperar el poder. Pero el
15 de Abril el Cabildo demandó la entrega de armas y asumió el gobierno de la provincias y
Alvear se fue al extranjero. Alvarez Thomas fue designado como su sucesor.
Cuyo se constituyó como centro de apoyo para el Director ante la reunion del Congreso y San
Martin fortalecía sus fuerzas para enfrentar a los realistas en Chile. Era la primera etapa de su
plan, lograr librar a Chile en la primavera de 1816 con una invasión.
El Congreso de las Provincias Unidas, convocadas por Álvarez Thomas, inauguró sus sesiones en
Tucumán el 24 de Marzo de 1816. Se reunieron allí representantes de todas las provincias
argentinas, menos Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental. También estaban
representadas las provincias del Alto Perú: Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque. El congreso
se reunía en uno de los momentos más difíciles para la revolución. Los Españoles dominaban el
Alto Perú y Chile; el ejército del norte estaba anarquizado, España amenazaba con una
expedición militar poderosa y había rumores de una invasión portuguesa. También caído
Napoleón los monarcas buscaban restaurar el absolutismo, enemigos del republicanismo y la
revolución con Gran Bretaña atada por sus compromisos con España y la lucha contra Rusia.
En el congreso coexistieron tres grupos que supieron convivir: los diputados centralistas los
localistas y los altoperuanos. La primera preocupación del congreso fue designar un Director
Supremo con autoridad nacional: Pueyrredón. En consecuencia Thomas renunció y eso
favoreció la candidatura del candidato del Congreso. Pueyrredón puso fin al litigio entre
Rondeau y Guemes y se aseguró de la fidelidad del ejército. Sabía que la frontera dependía de
la guerra de guerrillas que llevaba Guemes. Quitó a Rondeau que amenazaba con un
amotinamiento y lo aplacó al instalar en su lugar a Belgrano. Comenzó a subordinar los
diversos centros de poder a la conducción superior del Estado. Dio máxima prioridad al
proyecto de San Martín en Chile. En torno a la misión de la independencia se configuró una
unidad.
Mientras tanto, el congreso debatía la forma jurídica más adecuada para organizar el Estado.
San Martín presionaba constantemente para acelerar la declaración. En la sesión del 9 de Julio,
con la presidencia de Laprida, el congreso proclamó la independencia. (LEER LA FUENTE EN
CLASSROOM). Se había concretado el primer y principal objetivo del Congreso: la
independencia nacional, pero a escala sudamericana.
Luego de la victoria volvió a BS AS en busca de más fondos que Pueyrredón le prometió (500
mil $) mientras Chile le prometía otros 300 mil. Pueyrredón no pudo cumplir. Bs As estaba
cansada de la presión financiera y muchos consideraron que tras Maipú la seguridad era ya
suficiente. Chile también estaba renuente a cumplir su compromiso. O Higgins asumió en su
lugar 200 mil $ de gasto. San Martín suspendió la orden re regresar a BS AS de Pueyrredón y en
consecuencia lo destituyó.
Pero Pueyrredón renunció en Junio del 19 ante el desgaste de su salud, luego de que se dictara
el 22 de abril la Constitución y fue reemplazado por Rondeau quien restituyó a San Martín. El
congreso no veía figura capaz de reemplazarle. Su renuncia da cierre a este proceso
emancipador. Esto lo pudo sostener hasta la caída de Rondeau en 1820. San Martín renuncia a
su cargo, pero los militares respondieron con el Acta de Rancagua (2 de abril 1820) donde
rechazan su dimisión. Así que con el apoyo de sus propios oficiales y del gobierno Chileno,
continuó con su proyecto mientras la argentina se sumía en la disolución nacional y guerra civil.
Sin embargo, sus tropas se amotinaron en Arequito. Entre los amotinados se encontrarían
futuros referentes políticos que luego lucharían entre sí como Juan Bautista Bustos (1779-
1830), seguido de figuras como José María Paz (1791-1854), Alejandro Heredia (1788-1838) y
Juan Felipe Ibarra (1787-1851). El ejército fue disuelto y cada caudillo regresó a su provincia. En
varios casos promovieron revoluciones locales que les permitieron asumir como nuevos
gobernadores pro - vinciales. Así fueron los casos de Bustos, quien logró la renuncia de Manuel
Antonio Castro en Córdoba; y de Ibarra que acabó por separar a Santiago del Estero de la
provincia de Tucumán gobernada por el federal Bernabé Araóz.
El retiro de las tropas que rehusaron participar en acciones bélicas que no respondieran a la
causa de la independencia, permitió el avance de los grupos federales desde el Litoral hacia
Buenos Aires. Ramírez y López procuraron invadir Buenos Aires, en expreso repudio a la
constitución unitaria. El ejército federal adquirió el apoyo de los exiliados Carlos de Alvear y
José Miguel Carrera, quienes desde Río de Janeiro conspiraban para causar la caída del
Directorio y asumir el control político. Rondeau delegó el mando y con las fuerzas del Ejército
de Observación marchó a enfrentar a los caudillos. Se enfrentaron en Cepeda, el 1° de febrero
de 1820. Fue una contundente victoria de los federales quienes lograron ingresar en Buenos
Aires y exigieron la disolución del poder central. Como consecuencia, Rondeau renunció como
Director Supremo y el Congreso se disolvió. La batalla de Cepeda significó para la política
externa el establecimiento definitivo de la idea de un gobierno republicano y el consecuente
desplazamiento de todo tipo de proyecto monárquico.
Ante la derrota de Cepeda, las diversas facciones se unieron para salvar a la ciudad. La
resistencia permitió lograr una paz honrosa. En tres días se construyó un ejército de 3 mil
hombres en la ciudad y otro similar a las órdenes del general Soler. Pero la autoridad del
director se había diluído y cuando regresó a BS AS se sometió a hacer la paz. Desde entonces el
Directorio fue solo una sombra molesta. Lopez y Ramirez eran concientes del poder de BS AS.
Su reducido ejército no podría resistir un asalto o sitio a la capital, pero también eran
conscientes de su grado de descomposición política y allí dieron el golpe. El 5 de febrero Lopez
se dirigió al Cabildo, dándole la oportunidad de escoger entre la paz y la guerra y poco después
exigió la disolución del Congreso y la deposición del Director y su elenco.
El Cabildo cedió a la presión conjunta de los caudillos y trató de evitar que Soler instaurara una
dictadura militar. Rondeau renunció y el gobierno nacional acabó por desaparecer. Los meses
siguientes en BS AS fueron confusos y anárquicos, aunque no así en las provincias que
buscaban una nueva fórmula política e institucional para la existencia de su provincia. Esta
búsqueda fue difícil pero dio sus frutos. El 20 de Febrero, el cabildo porteño asumió el papel de
gobernador, proclamó la disolución del poder central y renunció en nombre de BS AS a su
carácter de capital de las Provincias Unidas. Se conformó una Junta de Representantes como
cuerpo legislativo que le quita al Cabildo su poder político y redujo su autoridad a una entidad
municipal. La nueva Junta nombró como gobernador a Manuel Sarratea.
Sarratea tenía por objetivo lograr la paz. Esta se lograría con el Tratado de Pilar firmado el 23
de Febrero de 1820. Este establecía como principios para una organización nacional la idea
federal. Es considerado la piedra fundamental de la reestructuración argentina. BS AS debió
aceptar la libre navegación de los ríos y Ramirez y Lopez se comprometieron a retirar sus tropas
pactando un armisticio. BS AS no podía esperar mejores términos que los pactados, pero la
opinión tomó el tratado como una rendición incondicional. La libre navegación hería los
intereses porteños en su núcleo. Soler advertía a los caudillos federales que BS AS no cumpliría
un tratado que destruyera su monopolio. Eso explica que Balcarce fuera recibido el 1ro de abril
como héroe y que se depusiera el 6 de abril a Sarratea, reemplazándolo inmediatamente por
Balcarce. La reacción de Ramirez fue lógica: presionó para derribar a Balcarce y restaurar a
Sarratea.
Rosas y Martin Rodriguez se apuraron a reforzar a Dorrego. Pero ante la victoria que obtuvo en
Pavon el 2 de Septiembre, no quiso esperarlos y terminó siendo vencido. La anulación política
de Dorrego ante este desastre militar, llevaron a Martin Rodriguez al gobierno. Su elección
llegó acompañada por el nombramiento de Bernardino Rivadavia como ministro de gobierno.
Este había afianzado sus ideas como resultado de su permanencia en Europa y además se
hallaba impresionado con los efectos económicos del liberalismo. Frente a la necesidad de
organizar y reestructurar la provincia de BS AS después de la caída del poder central, Rivadavia
inició una serie de medidas administrativas, económicas, urbanísticas, educativas y religiosas
que fueron conocidas genéricamente como Reformas Rivadavianas. Todas ellas fueron
realizadas con el respaldo del gobernador, quien se concentró en las cuestiones vinculadas al
problema indígena y la ocupación de territorio provincial.
Las reformas que no implicaron la delicada cuestión religiosa tendieron a lograr una mayor
duración y mejor recepción. En el aspecto civil, se restructuró y reglamentó la Junta de
Representantes creadas tras la caída del Directorio. Se suprimieron los cabildos, se constituyó
el departamento de policía provincial, y se organizaron los juzgados de Paz. En lo educativo,
estableció en 1821 la UBA a partir de un antiguo proyecto de Pueyrredón, entre otras
instituciones. En lo económico, Rivadavia promovió políticas vinculadas a la filosofía liberal de
Bentham. Buscaba un nuevo ordenamiento económico que modernizara la antigua estructura
colonial. Para ello se requería la reactivación productiva tanto agro-ganadera como industrial.
Esto implicaba desarrollar un sistema financiero que permitiera sostener las actividades
privadas. En consecuencia, en 1822 se constituyó la Bolsa Mercantil. El desarrollo bancario
facilitó eliminar los empréstitos forzosos de la guerra de independencia y se estableció un
nuevo sistema impositivo. Se eliminaron los impuestos coloniales y se ordenaron
contribuciones directas proporcionales a las propiedades y al capital. La reforma económica
implicó la creación de un presupuesto anual aprobado por la sala de representantes. También
se realizó una controvertida reforma eclesiástica para comenzar a establecer la separación de
iglesia y Estado.
Frente a la inestabilidad política existente, y bajo la iniciativa de José Miguel Carrera, los
ranqueles del cacique Yanquetruz atacaron, saquearon y devastaron la población fronteriza de
Salto. Tal acontecimiento repercutió en Buenos Aires, donde una vez estabilizada la situación
Rodríguez dispuso realizar una campaña para contener los malones y ampliar las fronteras
ganaderas de la provincia. Algunos caciques pampas intentaron diferenciarse de los atacantes,
ofreciendo su lealtad al gobierno, pero la confusión reinante tanto entre las tribus como en la
ciudad y en la campaña fue tal, que desalentó ese propósito. a situación del gobernador
Rodríguez era difícil debido a la escasez de tropas. Logró reunir milicianos poco
experimentados, excepto los peones militarizados de Rosas.
En 1823 Buenos Aires decidió una acción conjunta con Santa Fe para operar en las pampas del
sur. Fue puesto a cargo de la organización y mando del ejército de Buenos Aires el general José
Rondeau (1775-1844) que, como Rodríguez, tenía poca experiencia en la lucha de fronteras. Lo
secundó el inspector general de armas Francisco Fernández de la Cruz (1779-1835). Sin
embargo, los estancieros principales, como Rosas y sus primos los Anchorena, entre otros,
restaron su colaboración e incluso se manifestaron hostiles a una expedición punitiva que
podía redundar, como en efecto ocurrió, en represalias por parte de los indígenas. Entendían
que mientras no se pudiera garantizar la permanencia de tropas en la frontera, de nada
servirían las acciones de castigo. La campaña dio origen al Fuerte “Independencia”, cerca del
cual empezó a alzarse el pueblo de Tandil.
Anchorena propuso a Rosas 2 candidatos: Ramos Mejía y Rodriguez. Así el 26 de septiembre de
1820 Martin Rodriguez fue elegido gobernador con el apoyo de Rosas, Anchorena y Rivadavia.
Vemos una nueva logia provincial surgir de fondo, que sustituía y era rival de la logia Lautaro.
Antes de continuar con el rosismo, retomemos el tema del federalismo. Había sido teorizado
por los artículos de Hamilton Madison y Jay recompilados en la obre El Federalista. Los autores
resaltaban la necesidad de que Estados Unidos se organizase con un sistema respetuoso de los
particularismos de cada colonia que hasta entonces había sido autónoma. El federalismo partía
de la noción de “unión” por lo que consideraba que soberanía residía originariamente en cada
estado o provincia, la que delegaba a un poder central parte de sus facultades vinculadas con
las relaciones exteriores, la guerra y ciertas potestades económicas.
Este sistema daba autonomía a las provincias y elaboraba sus propias leyes, siempre sujetas a
la Carta Magna de la Nación. El federalismo permitía que cada territorio recibiera un usufructo
proporcional a sus recursos, lo cual favorecía la existencia de hegemonías provinciales,
sustentadas en la capacidad económica y particular de cada región. Esto favorecía sobre todo a
las provincias del litoral, que tenían la posibilidad de mantenerse alejadas de las imposiciones
del poder central, lo cual podía permitirles un mejor usufructo de sus propios recursos. Pero las
provincias de menor capacidad económica veían el sistema de unidad como susceptible de
proporcionarles recursos más allá de su propia condición productiva.
La disputa entre unitarios y federales acabó por dividir a los caudillos en el momento en que
debía decidirse la forma de gobierno en el Congreso Constituyente de 1823. Esta oposición fue
transversal a las diferencias entre el centralismo porteño y las aspiraciones del interior. Así
Rivadavia, Dorrego y Rosas se constituyeron como UNITARIOS y los defensores del interior o
FEDERALES eran Gregorio de Funes, Juan Ignacio Gorriti o Facundo Quiroga.
Desde 1820 y hasta que se resolviera el dilema de la forma de gobierno, las Provincias Unidas
queda - ban constituidas de hecho en una Confederación, conjunto de estados independientes
unidos por pactos y acuerdos en los que subyacían los vínculos nacionales. Cada provincia era
soberana aunque podía delegar facultades mediante pactos interprovinciales. Durante el
período 1820-24 se consolida el sistema federal en las provincias y esto se evidencia con el
surgimiento de la figura del caudillo como jefe local político y militar. El caudillo era un líder,
por su capacidad política, su influencia sobre los distintos estratos de sus sociedad, y sobre las
masas populares. Fueron miembros de las clases dirigentes de sus provincias y en muchos
casos representantes típicos de las oligarquías locales. Quiroga era uno de los grandes
estancieros de los llanos riojanos.
No todas las provincias tuvieron caudillos tipicos. El agrupamiento regional tuvo aqui su
influencia. Corrientes, sometida a la influencia de Artigas primero y de Ramirez despues, no
produjo caudillos, sino jefes subalternos de aquellos dominadores, v posteriormente sus
gobernantes no alcanzaron la fisonomia arquetípica de los caudillos. Catamarca, sometida
alternativamente a las influencias de Salta, Tucuman v Santiago, cuando no de La Rioja, se
encontro en parecida situacion; las propias provincias cuyanas encontraron en Aldao un jefe de
fuste, pero estuvieron sometidas a la influencia mas o menos directa del riojano Quiroga que,
en cierto momento, llego a pesar sobre el mismo Bustos. Estos dos caudillos formaron con los
de las provincias del noroeste una suerte de entente cordiale, con excepcion de la tumultuosa
aparicion de Lamadrid en Tucuman. Se fueron configurando asi los grandes nucleos politicos
que iban a presidir los vaivenes de las décadas del veinte y el treinta: por un lado Buenos Aires,
siempre distinta hasta en su federalismo; por otro el litoral, zona de convergencia de las
influencias portena, oriental y cordobesa; la Banda Oriental, presta a la segregacion, pero que
por largo tiempo viviria en una participacion reciproca de los' problemas nacionales; y por fin el
interior, mas afin v homogeneo, pero donde pueden distinguirse sutiles movimientos de
influencias que se acomodan a las viejas divisiones administrativas.
Los diputados de todas las provincias llegaron a la ciudad, el congreso comenzó a sesionar el 16
de diciembre de 1824 y se declaró constituyente días más tarde. Entre sus primeras medidas
estuvo la designación del nuevo gobernador de Buenos Aires, general Las Heras, en carácter de
encargado del Poder Ejecutivo Nacional y de las relaciones exteriores. El glorioso veterano,
brazo derecho de San Martín en su campaña libertadora, auguró un gobierno de orden y
transparencia que se realizaría bajo las órdenes y control del cuerpo constituyente. El Congreso
aprobó la Ley Fundamental, que no podía ser revocada y establecía las bases sobre las cuales
se legislaría. La carta determinaba que todas las provincias mantenían su soberanía hasta que
no se votase la constitución y ésta fuera previamente aprobada por cada gobernador. Por lo
tanto, se res - petarían las instituciones y autonomías locales. Debido a ello, no se cederían
territorio, ni ejércitos, ni derechos aduaneros. Mientras se iniciaban las sesiones del Congreso,
Las Heras conformó un gabinete de gobierno, cuya principal figura fue el ministro Manuel José
García. Rivadavia dejó su cargo y viajó a Londres para concretar las tratativas diplomáticas y
económicas que había iniciado durante su gestión.
Las Heras, gobernador de BS AS, no quería la guerra porque demoraría los posibles logros del
Congreso y se limitó a armar un ejército de observación al mando de Martín Rodriguez. Ante el
avance de los orientales consideraron a la Banda Oriental como parte de las Provincias Unidas
aunque esto no fue avalado por Las Heras. En respuesta, el emperador de Brasil Pedro I declaró
la guerra a las Provincias Unidas junto con el bloqueo del puerto de Buenos Aires el 1ro de
enero de 1826. Pero las Provincias Unidas no estaban listos para la guerra. Estaban agotados
por la guerra civil y se debía enfrentar a la flota más poderosa de américa del sur.
En el congreso, cada vez la facción en favor de la guerra – unitarios que eran liderados por
Rivadavia – cada vez hegemonizó más el poder. Las Heras renunció y se decidió establecer un
poder ejecutivo permanente. Rivadavia volvió de Londres con un empréstito de la Baring
Brothers y bajo el impulso unitario se sancionó la Ley Presidencial el 6 de febrero de 1826. Con
esta ley, Rivadavia pasó a ser el primer presidente y debía asumir la dirección de la guerra. Al
no haber constitución su autoridad era endeble y esta no se consolidó gracias a su
autoritarismo y el gabinete que conformó con figuras como Salvador María del Carril y Julián
Segundo Agüero. También designó a Carlos de Alvear como Ministro de Guerra y Guillermo
Brown como comandante de la flota nacional.
Poco después el presidente presentó la Ley de Capital, donde se separaba la Ciudad de Buenos
Aires de la Provincia y la constituía como sede de las autoridades nacionales, ajena a cualquier
subordinación provincial. De esta manera, la provincia perdía no solo importantes tierras pero
también la aduana. Esta medida iba en contra de la Ley Fundamental porque estaba alterando
el funcionamiento de la provincia y confiscaba sus ingresos aduaneros. Fue muy controvertida
por los federales como Dorrego y Rosas o Anchorena.
En general, las condiciones de las Provincias Unidas para enfrentarse a la guerra eran
desfavorables. A sus diferencias internas, se le sumaron las malas condiciones militares y la
falta de recursos para sostener el esfuerzo bélico mientras que Brasil se mostraba más
homogéneo bajo la dirección de su emperador, con gran superioridad naval a la escuadra de
Brown. El bloqueo al Río de la Plata rompió las relaciones comerciales con Gran Bretaña. Brown
resistió el combate naval de los Pozos frente a la ciudad de BS AS y dorzó su retirada en
Quilmes. Brown logró interceptar los movimientos de Brasil en la Mesopotamia el 9 de febrero
del 27. Paralelamente, Alvear avanzaba por tierra y se acercaba al Brasil y los derrotó en la
batalla de Ituzaingó el 20 de febrero de 1827.
Este acuerdo deshacía cualquier logro militar. La indignación generalizada llevó a Rivadavia a
pender al congreso que rechazara el acuerdo, cosa que el congreso hizo de todas formas, y
desacreditó a García en el proceso. Rivadavia fue considerado el principal responsable y la
situación se tornó insostenible. El 28 de Junio de 1828 se vió obligado a renunciar. Vicente
Lopez y Planes se instaló como presidente de forma interina. Se encargó de reconstruir la
provincia de BS AS y convocó a elecciones para gobernador. Se eligió a Dorrego como
gobernador de la provincia de BS AS y Vicente Lopez renunció. Tras la elección se disolvió el
congreso y la soberanía volvió a fragmentarse ante la ausencia de un poder central. También se
postergó la constitución ante el rechazo generalizado que la constitución del 26 tuvo.
La caída de Rivadavia produjo un brusco movimiento pendular que otorgó el poder a Manuel
Dorrego, aunque en el ámbito instituciona su autoridad era mucho menor, ya que Rivadavia
actuaba como presidente de la República con jurisprudencia en todo el país mientras que
Dorrego era gobernador de BS AS con las facultades de relaciones exteriores del país. Dorrego
asumió el cargo en una coyuntura política muy compleja, ante la guerra con Brasil que
continuaba por los fracasos en las iniciativas de negociación de paz y los conflictos económicos
de las provincias a los que se sumaban los enfrentamientos entre caudillos. En consecuencia,
envió misiones al interior con el objetivo de acordar una alianza que promoviera la
organización federal y contribuyera con la guerra contra Brasil. De esta forma se firmaron
pactos interprovinciales con Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.
La iniciativa de Dorrego se integraba con las Bases Federales promovidas por Juan Bautista
Bustos y las pretensiones políticas de Estanislao Lopez. Los caudillos federales lograron
convocar a una Convención Nacional con sede en Santa Fe con el objetivo de crear un poder
ejecutivo provisorio, encargado de los asuntos en común y que sentara las bases para una
nueva convocatoria a un Congreso Constituyente de carácter federal. La convención inició a
cesionar el 25 de Septiembre del 27, presidida por Vicente Anastasio Echevarría. Pero su
impulso decayó debido a las desconfianzas entre caudillos y las intenciones hegemónicas que
acabaron por debilitar la iniciativa. El manejo de las relaciones exteriores fue delegada al
gobernador de BS AS.
Para reducir costos, desarticuló la escuadra de Brown y la reemplazó por la táctica de guerra de
corso, menos costosa que tener una flota fija. La campaña terrestre quedaba controlada en su
mayoría por militares orientales como Fructuoso Rivera. Paralelamente en Brasil se producían
reclamos separatistas que sumados a la falta de recursos económicos de Pedro I para solventar
el conflicto bélico, forzaron a su gobierno a ser más condescendiente con la idea de la paz. John
Ponsonby (1772-1855) quien continuaba con su proyecto de paz sobre la base de la
independencia de la Banda Oriental. Sostenía la política del “algodón entre dos cristales”, o del
“Estado tapón” que amortiguase la permanente inquina entre argentinos y brasileños.
Ambos estados beligerantes acordaban el cese de hostilidades, a la vez que debían garantizar la
independencia del nuevo Estado. De esa manera, ni la República ni el Imperio obtuvieron
rédito para sus sacrificios militares, y sí lo lograron Uruguay y Gran Bretaña. La Convención
Nacional aceptó el tratado y convalidó sus determinaciones. La firma del convenio, el 27 de
agosto de 1828, causó un gran rechazo en el ejército. Sus jefes, oficiales y gran parte de la
tropa se sintieron resentidos frente a una paz que no reconocía los esfuerzos realizados. Las
tropas se disolvieron y sus integrantes recibieron la orden de regresar a sus respectivas
provincias. Sin embargo, la mayoría unitaria de las fuerzas que había organizado Rivadavia,
decidió conspirar contra Dorrego, a quien responsabilizaron de la pérdida del territorio
disputado. Por su parte, en Uru - guay, tras la sucesión de los gobiernos provisionales de
Joaquín Suárez (1781-1868), José Rondeau (1775-1844) y Lavalleja, se sancionó en 1830 una
constitución liberal y Rivera fue elegido primer presidente.
Dorrego dispuso que el ejército que debía regresar a Bs As de manera escalonada fuera bien
recibido. Pero las fuerzas mantenían una filiación unitario y sus jefes eran allegados a los
funcionarios rivadavianos depuestos por los federales. Algunas figuras como Julián Segundo
Agüero, Salvador María del Carril y Juan Cruz Varela los impulsaron para que iniciaran una
revolución contra el gobernador y las fuerzas federales del interior. Bajo el liderazgo de Juan
Lavalle y José María Paz, los militares confabulados proyectaron actuar en dos frentes de
manera simultánea. Mientras el primero lo hacía en Buenos Aires y el litoral, el segundo debía
actuar desde su natal Córdoba y expandirse por el interior del país.
El primero reunió una fuerza heterogénea, de unos mil hombres, y le sugirió a Dorrego que se
retirase hasta que fuera posible derrocar a los revolucionarios. Pero el gobernador decidió
enfrentarlos mientras Rosas se dirigía a Santa Fe para obtener el apoyo del gobernador y de la
Convención. Mediante una estratagema, Dorrego fue derrotado en la acción de Navarro en que
las bajas federales llegaron a cien hombres mientras las tropas al mando superior de Lavalle
apenas contaron cinco. Desde allí buscó el apoyo del coronel Ángel Pacheco (1793-1869).
Poseían el apoyo de la Convención que había declarado la muerte de Dorrego como un “crimen
de alta traición” y solicitó a López el sometimiento de Lavalle. El gobernador santafesino formó
un ejército junto con Rosas a quien nombró como jefe de la vanguardia. Lavalle adoptó en
Buenos Aires un régimen autoritario que rápidamente impuso censura a la prensa y estableció
un sistema de “clasificación de los opositores” que le permitió desterrar o arrestar a
representantes de la facción federal como Tomás de Anchorena (1783-1847), Juan
Nepomuceno Terrero (1791-1847) y Felipe Arana (1786-1865) entre otros. Tras garantizar el
control militar de la ciudad, Lavalle consiguió una nueva victoria en Las Palmitas y desde allí se
dirigió a invadir Santa Fe con el objetivo de unir sus fuerzas con las de Paz. Sin embargo, las
tropas leales que protegían su retaguardia fueron derrotadas.
El ejército federal organizado por López y Rosas atacó a Lavalle, quien fue derrotado en Puente
Márquez el 26 de abril de 1829. En ese mismo panorama, surgió un conflicto internacional. La
guerra civil en Buenos Aires había puesto en vigencia la ley provincial de 1821 según la cual los
extranjeros residentes estaban obligados a prestar servicios como miembros de las milicias
urbanas si se los convocaba. Ante tales acciones, el cónsul francés reclamó la nulidad de la ley y
atacaron las naves mercantes. Lavalle entendió que se hallaba en desventaja militar en el
marco de una penosa situación económica. Frente a tal situación, decidió buscar la paz para lo
que decidió reunirse con su comprovinciano Rosas, a quien lo vinculaban lazos de familia, y que
representaba a los sectores federales de la provincia. Tras las noticias de la derrota de Bustos
en San Roque, López regresó a Córdoba, por lo que delegó en Rosas la conducción de las
fuerzas federales en Buenos Aires. A pesar de la reticencia general en el sector unitario por
acordar la paz, Lavalle partió solo a entrevistarse con Rosas. Frente al estupor general éste lo
recibió amablemente y juntos firmaron el Pacto de Cañuelas. Establecía el fin de los
hostigamientos y la convocatoria a elecciones. En reserva se acordaba la elección de una única
lista integrada por ambas facciones para la elección de la Junta de Representantes, que a su vez
elegirían al federal moderado Félix de Álzaga (1792-1841) como gobernador.
La medida fue rechazada por los unitarios de Buenos Aires ya que permitía el regreso al
gobierno de los federales que se encontraban en su mejor momento con las victorias de María
Paz en el interior. El pacto no fue acatado por los unitarios que impusieron su propia lista de
manera violenta y fraudulenta. Lavalle anuló las elecciones realizadas y rompió definitivamente
con los unitarios que lo habían respaldado. Sin apoyo social o militar y ante el fortalecimiento
de los federales en la provincia se entrevistó nuevamente con Rosas. Ambos firmaron un
segundo pacto en Barracas donde acordaron nombrar a Juan José Viamonte como gobernador
provisorio y convocar a elecciones sin listas acordadas. Lavalle se retiró del escenario político
mientras Rosas buscaba mantener su imagen en la campaña y recuperar la confianza de Lopez.
Al mismo tiempo estableció nuevas enfiteusis para ocupar territorios marginados y expandir la
frontera productiva. Su principal preocupación estaba centrada en afianzar y garantizar el
funcionamiento de las instituciones. Para ello constituyó un Senado Consultivo que adoptó la
reglamentación de la Sala de Representantes y actuó como cuerpo legislativo. Estaba integrado
por destacadas personalidades, también de sólida experiencia administrativa y de diversas
procedencias políticas.
El gobierno de Viamonte mantuvo una relación pacifica con el sector unitario, aunque observó
con preocupación la expansión de la Liga Unitaria. El 1º de diciembre, al cumplirse el
aniversario de la revolución de Lavalle, Viamonte dispuso de la reapertura de la Junta de
Representantes. Ésta procedió a designar a un nuevo gobernador y restablecer la continuidad
administrativa. Por treinta y tres votos contra uno (en favor de Viamonte) fue elegido Juan
Manuel de Rosas como gobernador, con la delegación de facultades extraordinarias otorgadas
gracias a la aprobación de una moción de Anchorena. Al producirse la transmisión del mando,
un grupo de personas desenganchó los caballos de la carroza del nuevo mandatario y la
arrastró como muestra de júbilo por su designación. Era el inicio de una nueva lógica política.
Rosas llegaba al poder con un gran prestigio y respaldo de una familia distinguida, se constituyó
en uno de los principales hacendados de BS AS donde acuñó una gran fortuna y se vio
inevitablemente vinculado con los vaivenes provinciales, sobre todo con la cuestión del indio.
Su consagración como gobernador de la provincia de BS AS fue entendido como un
desencadenamiento natural y lógico de los hechos. Sus partidarios lo tomaron como un motivo
de júbilo. Rosas dominaba el escenario político de forma indiscutida. Nadie igualaba su
prestigio y los líderes unitarios estaban descalificados. Su intervención en favor del gobierno de
Rodriguez lo exhibieron como el defensor de la autoridad y el orden y su participación en el
pacto de Benegas como defensor de la paz y al retirarse de la escena política mostraba el
desinterés.
Además era el más poderoso intérprete de los intereses de los hacendados porteños: sus
relaciones con los indígenas, la campaña y la frontera, la organización y administración de las
estancias avalaban su habilidad y capacidad. Era un hombre pragmático, poco simpatizante de
las grandes teorías y los principios abstractos. Era un hombre culto, pero lo ocultaba sobre todo
en presencia de gente con pocas letras. Esto lo hacia partidario de un gobierno fuerte y
centralista con un personalismo que garantizara el fin de las luchas facciosas producidas en las
últimas décadas. Los conflictos llevaban a los grupos políticos de la provincia a priorizar la
estabilidad antes que imponer complejos resortes jurídicos poco prácticos. Para lograr aquél
objetivo Rosas aplicó instrumentos políticos como la propaganda, la coerción y el espionaje,
con el respaldo de los sectores bajos en especial de la campaña y con el consentimiento de los
hacendados y comerciantes que integraban la elite política.
Rosas restableció el uso obligatorio de la divisa punzó identificadora de los federales, que
Viamonte había quitado en pos de la confluencia de partidos. Inicialmente su uso era
requerido para los funcionarios públicos, pero acabó por ser exigido a toda la ciudadanía,
frente a la posibilidad de que se acusase a quien no la portase de enemigo del gobierno. El
pragmatismo de Rosas se materializó en los círculos intelectuales, militares y funcionarios que
los rodearon. El cultivo de lo popular dio al partido federal una tónica nacional que al
enfrentarla a potencias extranjeras, generó un sentimiento nacionalista y xenófogo. Aprovechó
los estallidos populares como instrumentos de presión.
La Liga Unitaria se constituía en una amenaza para las fuerzas federales. Paz había conformado
una unión militar que permanecía imbatible en los principales campos de batalla. Debido a eso,
las provincias del litoral buscaron acordar una alianza y fortalecer sus vínculos dañados tras el
fracaso de la Convención Nacional que solamente había logrado aprobar el Tratado de Paz con
Brasil. Tras la muerte de Dorrego la institución quedó desplazada del eje de articulación de las
maniobras políticas. Existían asperezas entre las provincias principalmente en las cuestiones
relativas a la libre navegación de los ríos, el comercio exterior, la deuda nacional El primer
gobierno de Rosas y la reunión de un Congreso Constituyente. Rosas, logró que no se
especificara la reunión del Congreso -hecho de posible conflicto y que no agradaba al
gobernador de Buenos Aires- y se acordó un pacto definitivo que fue firmado el 4 de enero de
1831. Meses después habría de incorporarse Corrientes.
Según el pacto, las provincias constituían una alianza ofensiva y defensiva de carácter federal
contra cualquier amenaza extranjera donde se incluía al unitarismo. Asimismo, reconocía y
aseguraba las autonomías provinciales ya fijadas en los pactos anteriores y delegaba las
relaciones exteriores en el gobernador de Buenos Aires. Por último se invitaba a las demás
provincias a unirse al pacto. El Congreso federativo que debía establecer la organización
definitiva de la nación, quedaba postergado hasta el mutuo acuerdo de las provincias para su
reunión. Por iniciativa de Corrientes se constituyó una Comisión Representativa, residente en
Santa Fe, con atribuciones para declarar la guerra, firmar tratados de paz y convocar al
Congreso Constituyente. Rosas buscó desplazar dicha institución que era sostenida
principalmente por Estanislao López. Finalmente, Buenos Aires retiró su diputado de la
comisión y no lo reemplazó nunca, con lo que logró su disolución. La negación de Rosas por
concretar la organización constitucional habría de ser un factor de quiebre con otros federales,
tanto porteños como del interior.
La Liga Federal conformada con el pacto, procuró actuar contra el poder de Paz a través del
respaldo de ex gobernadores y caudillos federales del norte depuestos por los unitarios. Entre
ellos se destacaba Ibarra, quien se había refugiado en Santa Fe, y Quiroga, que se encontraba
en Buenos Aires. La Comisión Representativa llegó a declarar la guerra a la Liga Unitaria y se
dispuso la organización de un ejército a cargo de López. Inmediatamente de firmado el pacto,
se abordó una estrategia militar en varios frentes. Ibarra partió de Santa Fe rumbo al noroeste
de Córdoba para luego penetrar en Santiago del Estero.
La conformación de las dos ligas provinciales parecía representar el preludio de una contienda
militar en gran escala. Bajo el mando supremo militar de López, las fuerzas federales
penetraron en el territorio cordobés. Allí derrotaron a Juan Esteban Pedernera (1796-1886) en
Fraile Muerto (5 de febrero). Paz contraatacó en Calchines (1º de marzo), pero López se retiró
para recibir los refuerzos de Balcarce mientras se esperaba el resultado de la invasión de
Quiroga en el sur de la provincia de Córdoba. Poco después, el general riojano derrotó a Juan
Pascual Pringles (1795-1831) en Río Cuarto (5 de marzo) y lo enfrentó nuevamente en Río
Quinto (17 de marzo), donde fue capturado y ejecutado el jefe unitario. Sobre estas victorias,
Quiroga partió hacia Cuyo y ocupó San Luis. Desde allí invadió Mendoza donde derrotó al
general José Videla Castillo (1792-1832) en Potrero de Chacón (28 de marzo). Al garantizar el
retorno de su hegemonía en Cuyo, quedaba a su disposición la ocupación tanto de La Rioja
como de Córdoba, a la vez que rodeaba al núcleo de poder unitario.
José María Paz percibió el advenimiento de un enfrentamiento por dos frentes, por lo que
buscó adelantarse y desarticular la ofensiva de López. Sin embargo, ocurrió un hecho fortuito
para los federales. El general unitario se dispuso realizar una inspección del terreno hacia
donde se dirigían los federales y se acercó a un campamento que creyó propio, pero que en
realidad estaba ocupado por los federales santafesinos. La captura de Paz y la desarticulación
de la Liga Unitaria El caballo de Paz fue derribado por un certero tiro de boleadoras y el general
fue hecho prisionero. Ese imprevisto debilitó y complicó la posición de los unitarios. Paz fue
sucedido por Lamadrid como cabeza militar de la Liga. Sin embargo, los cordobeses se
apresuraron a firmar la paz con López y evitar la invasión a la ciudad.
Percibían que el fin de la guerra con la Liga Unitaria representaba el inicio de un momento de
paz y de primacía federal idóneo para la convocatoria al Congreso Constituyente. El carácter
constitucionalista del sector lo llevó a identificarse en general con las posiciones liberales. Por
otro lado se encontraban los federales alineados con Rosas, de nominados “apostólicos”,
“netos” o “colorados”. Éstos seguían las ideas del ex gobernador quien desconfiaba de la
conveniencia de convocar a un Congreso Constituyente y era partidario de la continuidad de un
sistema confederado que se sustentara en pactos interprovinciales como mecanismo de
garantizar la cohesión nacional. Su actitud era más regionalista que la de los cismáticos. La
disputa se trasladó a los sectores bajos, que rendían culto a la memoria de Dorrego. Su figura
era, para ellos, la de un mártir federal.
Con el tiempo se habían politizado cada vez más en favor del federalismo bajo la influencia de
sus caudillos locales. Una de las primeras medidas de Rosas había sido rendir homenaje a
Dorrego para identificarse con él y demostrar filiación ideológica parecida, pese a sus
anteriores diferencias. Sin embargo, al producirse la división entre los federales, los
doctrinarios pasaron a ponderar a Dorrego como un hombre que buscó la organización
nacional en oposición a Rosas que la retrasaba. Asimismo, los federales doctrinarios eran
mayoría en la legislatura, por lo que promovieron que no se renovasen las facultades
extraordinarias como mecanismo para sanear las instituciones provinciales. Finalmente, se
nombró a Juan Ramón Balcarce como gobernador. Se trataba de un hombre vinculado con
Rosas, aunque se alinearía progresivamente con los federales doctrinarios. El sector doctrinario
buscó respaldo en los federales del interior que también promovían la organización nacional.
Entre ellos se destacaba Estanislao López, quien veía debilitarse cada vez más su presencia
política y su iniciativa constitucional.
Una vez alejado del gobierno fue ratificado en su cargo de comandante general de la campaña
y se le encomendó la organización y mando de la división que, unida a las que remontarían con
gran esfuerzo otras provincias, marcharía contra los indios. Mientras López prosiguió con sus
campañas, Quiroga fue nombrado director de la guerra, pero ejerció el cargo de manera
efectiva por desconocer las características de la lucha.
Mientras avanzaba el gobierno de Balcarce crecían las tensiones de las dos facciones federales
y se trasladó a la prensa. El periódico “El Restaurador de las Leyes” era el principal vocero del
rosismo. Fue fundado el 5 de julio de 1833. Pero Rosas se encontraba en su campaña al
desierto. Su esposa, Encarnación de Ezcurra encausó el accionar político tratando de hacer
creer a la gente que las denuncias y disputas entre la prensa era contra el mismo Rosas. En las
calles se veían propagandas con la leyenda de que “el Restaurador sería denunciado”.
Ante el temor del posible arresto de Rosas, el 11 de Octubre de 1833 se dirigieron a tribunales.
Su hermano, Gervasio Rosas reclutó las tropas. La guardia de seguridad no logró contener el
choque y los rebeldes demandaron la renuncia de Balcarce. El enfrentamiento no solo dividió a
la policía pero también fracturó la opinión social. Balcarce intentó negociar, pero fue
rechazado. La legislatura terminó por deponerlo y designar como sucesor a Viamonte. En este
contexto tenemos el avance sobre la ocupación de las Islas Malvinas por los británicos. (1834)
La designación de Viamonte buscaba generar cierto consenso entre las facciones que se habían
enfrentado. Pero el rosismo buscó acaparar el control político y delimitó el margen de
maniobra del gobernador. Los sectores bajos alineados con Rosas se movilizaron para
garantizar la continuidad de la influencia política de su caudillo. Fueron organizados por
Encarnación Ezcurra, quien tenía el apoyo de importantes familias de hacendados, como los
Anchorena. En este contexto, fueron atacadas las casas de destacadas figuras, tanto federales
como unitarias, en las cuales no confiaban por su falta de afiliación al rosismo. Entre los
afectados estaban Olazabal Ugarteche, Pedro Pablo Vidal y Tomás Iriarte.
Se construyó una política del terror que condujo al exilio a los principales líderes del
federalismo dogmático por ejemplo Balcarce. El terror surgió como práctica del rosismo y se
consolidó en los siguientes años. Rosas lo usa para disciplinar a la vez que garantizar su
influencia en la administración pública y la política general. Encarnación buscó ser mediadora,
en este contexto, de los sectores bajos y las elites provinciales. También estructuró y dio forma
al nuevo sistema en gestión, al promover la formación de la sociedad popular restauradora.
(contra el gobierno de Viamonte y en favor de la política de Rosas). Esta sociedad promovía un
accionar violento y coercitivo de sus fuerzas de choques para asustar a los opositores. Mientras
tanto, Rosas permanecía retirado en el campo y Encarnación se encargaba de la Mazorca. (es
decir, la fuerza de choque.)
Maza aplicó el Pacto Federal como mecanismo de freno y solicitó la intervención de Quiroga
que tenía gran prestigio. Quiroga, con el aval de Rosas, aceptó la tarea diplomática llegó a
Santiago del Estero el 6 de Enero de 1835. Desde allí invitó a ambos mandatarios a una
conferencia de armisticio. Pero en el camino, Latorre fue asesinado lo que acabó con el
conflicto. Quiroga buscó asegurar la paz con un tratado entre Salta, Tucumán y Santiago del
Estero.
Tras garantizar la paz en el norte, Quiroga comenzó a regresar a BS AS cuando fue advertido de
una conspiración en su contra a cargo de los hermanos Reinafé (uno de ellos era gobernador
de Córdoba) y respaldado por Estanislao Lopez. Al pasar por Barranca Yaco, un sitio que era
estratégico para realizar emboscadas, Allí fue asaltado y ejecutado. En consecuencia, se
sospechó de los hermanos Reinafé – que fueron expulsados de Córdoba, enjuiciados y
ejecutados en BS AS – pero también de Lopez y Rosas. El norte quedó sin liderazgo definido, lo
que facilitaría la hegemonía rosista en todo el país.
Ante el bloqueo político, la legislatura nombró al doctor Maza como gobernador interino. El era
el presidente de la legislatura. Se dedicó a preparar el camino para un segundo gobierno de
Rosas con los recursos legales que reclamaba. Mientras tanto, el prestigio de Rosas crecía como
el “Héroe del Desierto” y su esposa como “Heroína de la Confederación”. La figura de Rosas se
robustecía cada vez más, con una impronta de autoridad capaz de controlar la situación política
de la provincia, sino también de garantizar su estabilidad socio económica y expandir su
influencia al interior. Es en este momento que sucede la muerte de Quiroga.
Juan Manuel de Rosas fue designado gobernador por cinco años con el ejercicio de “toda la
suma del poder público de la provincia, por el tiempo que Formación de un nuevo sistema de
gobierno El retorno de Rosas a la gobernación de Buenos Aires fuese necesario”, sin más
condiciones que “defender la religión católica apostólica romana y la causa nacional de la
federación que han proclamado todos los pueblos de la República”. La suma del poder público
implicaba el ejercicio del Poder Judicial además de las facultades legislativas. La constitución de
tal autoridad, significaba la delegación casi absoluta de las facultades políticas en una sola
persona, quien debía dirigir los destinos de Buenos Aires cuya hegemonía provincial se imponía
en la Confederación.
Pero dado el carácter de la decisión y las amplias atribuciones que se le otorgaban, Rosas
reclamó que fuera convalidada por un plebiscito. El resultado fue en su favor: menos de diez
ciudadanos residentes en Buenos Aires expresaron su negativa. De esa manera, se constituyó
un régimen político centralista y autoritario, pero que gozaba de legalidad en su designación y
de legitimidad por la aprobación plebiscitaria. Sustentado en su prestigio y carisma social, el
sistema mejoraba sus posibilidades de acción y sostenía su gobernabilidad más allá de las
disposiciones de la Junta de Representantes que pasaba a un carácter consultivo. A pesar de la
Suma del Poder Público, las instituciones no desaparecieron y la intervención de Rosas en los
asuntos judiciales quedó sujeta a la decisión y conveniencia política del gobernador. Si bien su
poder era provincial, mediante el Pacto Federal poseía el ejercicio de las relaciones exteriores
de la Confederación, siempre que cada provincia integrante del pacto reafirmara dicha
condición.
En su mayoría eran jóvenes de diferentes provincias, nacidos cerca de los sucesos de 1810,
provenientes de sectores urbanos, algunos de importantes familias criollas, con formación
recibida en su mayoría en la Universidad promovida por Rivadavia. La Generación del ‘37
despertaron la desconfianza de Rosas. Los habitués se constituyeron en miembros de un
cenáculo selecto que comenzó a sesionar el 23 de agosto de 1837 con la asistencia de Vicente
López y Planes (1785-1856), por entonces miembro de la Cámara de Justicia de la provincia,
quien acompañó a su hijo Vicente Fidel López (1815-1903). Echeverría no estuvo presente,
pero condescendió a que Juan María Gutiérrez (1809- 1878) leyese dos cantos de su poema La
cautiva.
Los jóvenes fueron en un primer momento simpatizantes del gobernador, pues pensaban que
había logrado alcanzar un momento apto para la organización, aunque le exigían medidas
tendientes a la conformación definitiva de una república constitucional. Frente al inicio de una
escalada de conflictos internacionales e internos, Rosas adquirió un tono más autoritario y vio -
lento que acabó por dispersar a los componentes del grupo.
Al asumir su segundo gobierno Rosas recibió una economía equilibrada, pero que requería de
regulación. Las sequías producidas durante su primer mandato habían sido superadas y con la
estabilidad de la frontera interior, momentáneamente libre de malones indígenas, se iniciaba
un momento de crecimiento productivo en la provincia. En el litoral, la ganadería se
incrementó debido a la expansión de tierras fértiles ocupadas. A las grandes estancias se
sumaron pequeños y medianos productores agrarios que se incorporaron al circuito
económico. A pesar de la preeminencia comercial de los hacendados, quienes concentraban el
comercio de las carnes saladas vendidas principalmente a Gran Bretaña, emergieron algunas
producciones agrícolas y se expandió el desarrollo ovino.
Sin embargo, las provincias se encontraban en complicada situación económica debido a los
desgastes sociales y poblacionales que las guerras civiles habían causado. Las provincias de
Cuyo lograban sostenerse mediante su participación en los circuitos comerciales chilenos,
mientras el noroeste sostuvo sus vínculos con Bolivia hasta el inicio de los conflictos militares
en 1838. Las provincias que dependían de las vías fluviales, en especial en el litoral, exigían un
cambio en las políticas aduaneras que les permitiera mejorar sus rentabilidades.
Los reclamos provinciales crecieron y Rosas decidió encarar la cuestión en su propósito por
evitar nuevos conflictos internos y frente a las necesidades de su propia provincia. Por tal
razón, el 18 de diciembre de 1836 se sancionó la Ley de Aduana que elevaba los aranceles a los
productos importados y prohibía la introducción de los que ya se producían en el país. El
comercio debía ser por vía terrestre era libre, con excepción del tabaco y la yerba. A pesar que
tal medida ayudaba al litoral, Buenos Aires mantenía la exclusividad del comercio exterior
mediante el control de la navegación de los ríos. La estructura de su flujo mercantil no varió,
pero sí se incrementó en cuanto a la cantidad de exportaciones de cueros, sebo, tasajo, pieles,
plumas y lanas a Gran Bretaña, Francia, Países Bajos, Estados Unidos y Brasil. La Ley de Aduana
sólo se pudo aplicar íntegramente hasta 1838 en que empezó el bloqueo francés y se alteró la
economía regional. Por tal motivo, la ley fue modificada en 1839. A pesar de la buena
recepción que había tenido, la medida no solucionaba las trabas comerciales. El comercio
interior permaneció recluido, con aduanas internas entre cada provincia que encarecían y
obstaculizaban la circulación de productos.
Al volver a Buenos Aires, ese hecho, unido a las denuncias de haber transmitido al ex
presidente Rivadavia (entonces exiliado en Brasil) la invitación del ministro chileno Diego
Portales para que se trasladase a Santiago, impulsaron al gobernador Rosas a disponer su
arresto. El vicecónsul francés Aimé Roger protestó y se dirigió al comandante de la Escuadra del
Atlántico Sur, contraalmirante Luis Leblanc, para solicitar que estacionara un buque frente a
Buenos Aires con el Cullen y Rosas Rosas buscó canalizar el rechazo generalizado de la sociedad
rioplatense a la medida francesa y pidió ayuda a las provincias alineadas en el Pacto Federal.
Sin embargo, la respuesta no fue instantánea. Domingo Cullen, como ministro de López y
gobernador delegado de Santa Fe dada la enfermedad de su caudillo, promovió entre las
provincias la negativa a intervenir por ser un conflicto iniciado en una ley de Buenos Aires.
Sin embargo, la muerte de López el 15 de junio de 1838 debilitó a Cullen quien sólo consiguió
el respaldo de Corrientes. Domingo Cullen. fin de intimidar al mandatario porteño y pedir que
Bacle fuera liberado y enviado a Francia. En aquella situación Bacle falleció en prisión, por lo
que se incrementaron las presiones extranjeras. Francia exigió indemnización por el hecho, la
eliminación del servicio militar a los franceses residentes en Buenos AiPeinetones en el Teatro
1834, litografía de Bacle. res (como los británicos excedidos desde el Tratado de 1824) y el
permiso para la apertura de un saladero de capital francés. La monarquía francesa de Luis
Felipe y su primer ministro conde Louis-Mathieu de Molé (1781-1855) adoptaron una política
fuerte en sintonía con sus intervenciones en México, Argelia, Egipto y Siria, por lo que se
promovió el bloqueo al puerto de Plano de la Ciudad de Buenos Aires realizado por Bacle.
El conflicto internacional se sumó a los descontentos internos hacia Rosas. El bloqueo alteró la
economía de Buenos Aires, por lo que el gobernador redujo su presupuesto económico y
fortaleció la política represiva. Se incrementó el accionar de la Mazorca y se endureció la
confrontación interna en la provincia. Se instauró una política de “terror” que se extendió por
las provincias en medio de una situación de confusión y sospecha permanente. Tras la caída de
Cullen, las fuerzas aliadas a Rosas encabezadas por el gobernador entrerriano Pascual Echagüe
avanzaron contra Corrientes. Allí derrotaron y ejecutaron al gobernador Berón de Astrada en
Pago Largo con lo que se buscó conseguir el control del litoral. Paralelamente, la Comisión
Argentina intentó obtener el apoyo de Juan Lavalle para iniciar una invasión a Buenos Aires.
A pesar de la desarticulación del complot de Maza y del movimiento de los Libres del Sur en
1839, el conflicto se agravó. La expedición de Lavalle recibió los nombres de “Legión Argentina”
o “Legión Libertadora” y se dispuso a invadir Buenos Aires. Rivera procuró evitarlo inspirado
por el deseo de lograr un entendimiento con Rosas. Lavalle partió en secreto de Uruguay con el
apoyo de la flota francesa. Sin embargo, frente a la conjugación de grupos opositores, el
debilitamiento del unitarismo y los reclamos generalizados de organización constitucional,
Lavalle levantó una bandera política diferente a la de su incursión de diciembre de 1828.
Planteó como objetivo la organización nacional, presentó su campaña como “argentina” y no
unitaria, y de hecho aceptó la posibilidad de un régimen federal. Organizó sus tropas en la isla
Martín García y frente a los movimientos militares en el litoral, decidió cambiar de destino e
invadió Entre Ríos para incomunicar a las tropas de Echagüe con las de Rosas y reclutar milicias.
Lavalle derrotó a los rosistas en Yeruá lo que incitó a un nuevo pronunciamiento correntino
encabezado por su gobernador Pedro Ferré. Mientras Lavalle se unía a las fuerzas de éste,
Rivera intervino e invadió Entre Ríos donde derrotó a Echagüe en Cagancha a fines de 1839. El
año 1840 comenzó con amargos presagios para la incursión antirrosista. En abril, Lavalle fue
derrotado en los campos de Yeruá, que antes le habían sido propicios, y más tarde en Sauce
Grande. Decidió dejar Entre Ríos y marchar directamente sobre Buenos Aires. Contaba con la
promesa de la Comisión Argentina de Montevideo que se le enviarían dos o tres mil hombres
de la escuadra francesa. Pero finalmente ese apoyo no se concretó.
Las provincias conformaron una alianza denominada Coalición del Norte y retiraron las
relaciones exteriores del ejercicio de Rosas. Frente a la inminencia de un enfrentamiento
armado, la comandancia militar fue delegada en Brizuela. Rosas le encomendó a Gregorio
Aráoz de Lamadrid (1795-1857), quien se había incorporado a sus filas, que marchara a
contener el movimiento. Sin embargo, al llegar a la región, Lamadrid manifestó su apoyo a la
liga de gobernadores y se pronunció contra el mandatario porteño. Gracias a ello, fue puesto a
cargo del supremo mando militar de la Coalición. Las provincias de Cuyo y Córdoba aún
mantenían su fidelidad al rosismo, por lo que decidieron iniciar la contraofensiva.
Las fuerzas de Lamadrid, comandadas por su sobrino Juan Crisóstomo Álvarez (1819-1852),
lograron derrotar a Aldao en Pampa Redonda (La Rioja, 11 de septiembre de 1840), y
marcharon sobre Córdoba donde se produjo una revolución que promovió la incorporación de
la provincia a la Coalición. Paralelamente, el debilitado ejército de Lavalle cruzó de Santa Fe a
Córdoba donde fue alcanzado y categóricamente derrotado por las fuerzas que coman - daba
Oribe en la batalla de Quebracho Herrado (28 de noviembre de 1840).
Lavalle había quedado solo, mientras se desarticulaba la Coalición del Norte. El avance de
Oribe en Tucumán acabó con la derrota definitiva de la alianza provincial en Famaillá (19 de
septiembre). Lavalle logró retirarse a Jujuy en vísperas de cruzar y refugiarse en Bolivia. Sin
embargo, Marco Avellaneda, José Cubas y los principales líderes políticos de la Coalición fueron
capturados y degollados Enfrentamientos exteriores y guerra civil rioplatense. Antes que
pudiera llegar a la frontera, Lavalle fue alcanzado en plena ciudad de Jujuy por una partida
federal que respondía a Oribe y cayó muerto en la casa de Zenarruza, en una confusa situación.
De esa manera, para fines de 1841, las sublevaciones de las provincias habían sido contenidas
por las fuerzas aliadas a Rosas quien lograba sostener una política confederacionista,
centralizada en su persona y basada en el autoritarismo, en me - dio del recrudecimiento de los
conflictos internacionales. La caída de la Coalición del Norte significó la desaparición efectiva
de cualquier proyecto unitario. Los conflictos interprovinciales quedaban así planteados
solamente en el marco de la futura organización federal.
El conflicto con Francia se daba en un marco internacional de luchas hegemónicas europeas. En
tales circunstancias la monarquía de Luis Felipe perdió fuerzas por las maniobras diplomáticas
de Gran Bretaña en Medio Oriente. Para evitar el agravamiento de la situación internacional,
Francia debió buscar la paz con la Confederación con el fin de lograr mantener un grado de
influencia en la región frente a la resistencia rosista. Debido a las pérdidas comerciales sufridas,
Gran Bretaña intervino como mediadora frente a la llegada al Río de la Plata de la escuadra
francesa comandada por el barón Armando René de Mackau (1788-1855). Mediante la acción
del ministro de Relaciones Exteriores de Rosas, Felipe de Arana (1786-1865), y del cónsul
francés Washington de Mendeville, se firmó el tratado Arana-Mackau, el 29 de octubre de
1840. Allí se acordó una paz que garantizaba a los residentes franceses el mismo trato que a los
ingleses.
Éste debió retirarse a Chile tras ser derrotado por las fuerzas federales. La victoria de Oribe
sobre Lavalle aumentó su prestigio y, con el respaldo de Rosas, el ex presidente inició el sitio de
Montevideo exigiendo su reposición en el gobierno y el retiro de Rivera. El general Paz se
dirigió a la ciudad, donde colaboró a su defensa. El prolongado y duro sitio fue denominado
Guerra Grande. La situación de Montevideo amenazaba el equilibrio internacional. Gran
Bretaña, como principal usufructuaria del comercio en la región, buscó reconstituir el flujo
mercantil. A la vez, su intervención le permitía mantener un equilibrio con Francia y evitar que
ésta se impusiera en el Río de la Plata. La cuestión central era garantizar la libre navegación de
los ríos Uruguay y Paraná, con el fin de lograr ampliar las redes comerciales para las potencias
industriales europeas. Pese a ello, Rosas se manifestó reticente a la liberalización de los
puertos del litoral y pretendió sostener el control y la preponderancia aduanera de su
provincia.
Al mismo tiempo, el gobernador mantuvo su alianza con Oribe, por lo que había encomendado
a Guillermo Brown la organización de una flota que actuaba contra Montevideo. El héroe naval
derrotó en Costa Brava a los buques que defendían la ciudad. Su comandante era el
revolucionario liberal italiano Giuseppe Garibaldi (1807-1882), llamado en su patria El héroe de
ambos mundos por haber participado en las luchas del Resurgimiento y también en las de
Brasil y Uruguay. El éxito de las campañas en el interior, le permitía a Rosas aspirar a la
expansión de la Confederación mediante la incorporación de Uruguay y Paraguay, cuya
independencia aún negaba. Gran Bretaña pretendía mantener el equilibrio regional y sostener
su injerencia mercantil, por lo que se presentó como mediadora en el conflicto oriental y
solicitó el retiro de las fuerzas argentinas del sitio.
El combate tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845. A pesar de las bajas sufridas, la escuadra
combinada logró sortear los obstáculos y llegó hasta las proximidades de Asunción, donde el
presidente paraguayo Carlos Antonio López decidió no aceptar las mercancías. Las hostilidades
materializadas desde la costa por las fuerzas del general Echagüe complicaron aún más la
misión mercantil. Apenas se logró comerciar con algunos puertos del Litoral. El triunfo militar
de la flota combinada se convirtió en un fracaso político y mercantil.
Rosas supo penetrar con fuerza en el imaginario colectivo mediante códigos y símbolos que
calaron hondo en la sociedad. La pintura de los edificios, las vestimentas civiles y los uniformes
militares debían ser rojos punzó, o cuanto menos ostentar algún detalle de ese color. Los
cintillos, que colocaba en su pecho todo “buen federal”, exhibían la efigie del gobernante junto
con inscripciones que inexorablemente expresaban su mensaje de eliminación del oponente:
“¡Viva la Santa Federación; mueran los salvajes unitarios!”. Los federales usaban grueso bigote
hacia abajo; los unitarios, donde no imperaban aquellos, gastaban barbas en “u”. El color
celeste, y aun el verde, estaban prohibidos, pues representaban a los odiados enemigos. Las
banderas nacionales perdieron el color con que las creó Belgrano, para adoptar el azul oscuro,
adornadas con un sol y cuatro gorros frigios rojos.
Acallados los ecos de la lucha con Francia y Gran Bretaña y obtenida una paz honrosa para la
Confederación Argentina que logró incluso el desagravio a su bandera, no se habían apagado
sin embargo los conflictos en la castigada región rioplatense. Aún perduraba el prolongado sitio
a Montevideo por parte de las fuerzas del “presidente legal” Oribe, y se habían acentuado las
tensiones de larga data con Brasil y Paraguay. Lejos de buscar una solución pacífica, Rosas
parecía optar por el enfrentamiento armado. Pero el país estaba cansado de vivir en un
permanente guerrear. El inesperado cambio vino de la mano de uno de sus lugartenientes, el
gobernador de Entre Ríos general Justo José de Urquiza. Éste había internalizado el papel de
organizador que le asignaban algunos de los más lúcidos enemigos del Restaurador, y no vaciló
en aceptar la consuetudinaria renuncia a la representación exterior de la provincia que siempre
recaía en Rosas. De inmediato se pondría en campaña para derrotarlo.
A pesar que el primero aceptó las principales condiciones propuestas, las negociaciones
fracasaron por las exigencias del diplomático francés baron Deffaudis. La vía de la negociación
se degastó progresivamente. En 1847 fue enviada una nueva comisión a cargo de lord John
Howden y del conde Alejandro Waleski (1810-1868). La reticencia de Arana en aceptar la libre
navegación de los ríos causó el estancamiento y el fracaso de las gestiones.
En 1848 arribó una nueva misión integrada por el irlandés Robert Gore (1810-1854) y el barón
francés Jean Baptiste Louis de Gros (1793 - 1870). Ambos aceptaron reconocer a Oribe siempre
que la Confederación se comprometiera a no anexar a Uruguay. De esa manera se levantaría el
bloqueo y quedaría liberada la isla de Martín García mientras las fuerzas argentinas se
retirarían del sitio de Montevideo.
Sin embargo, los avances en las negociaciones fueron trabados por el sorpresivo asesinato de
Florencio Varela en las calles de Montevideo, posiblemente instigado por Oribe. A pesar de la
postergación de las tratativas, Francia retiró el bloqueo a Buenos Aires sin que se hubiese
firmado un acuerdo. Acababa de ocurrir un cambio trascendental en Europa. Desde comienzos
de 1848 se había iniciado en Francia un movimiento revolucionario liberal contra la autoridad
del rey Luis Felipe y su ministro Guizot. La caída de la monarquía francesa dio paso a la
proclamación de la II República bajo la inspiración de Alphonse de Lamartine (1790-1869) y se
produjeron tensiones sociales que acabaron con la aprobación del sufragio universal y la
elección de Luis Napoleón Bonaparte (1808-1873), sobrino del emperador Napoleón I (1769-
1821), como presidente.
El hecho obligó a Francia a retirar sus fuerzas expandidas sin sentido de la conveniencia
política, a la vez que las revoluciones liberales se extendían por Europa y repercutían en los
estados italianos, Austria y la Confederación Germánica. Gran Bretaña buscó una solución
diplomática al conflicto con la Confederación sin la intervención de Francia y el 24 de
noviembre de 1848 se firmó el Tratado Arana- Southern, mediante el cual aquella devolvía la
escuadra argentina, levantaba el bloqueo y reconocía que la navegación de los ríos internos era
sólo argentina, mientras se retirarían las fuerzas rosistas de Uruguay. Por su parte, Francia le
encomendó al almirante Fernando Le Prédour el acuerdo final. El tratado con la firma del
ministro Arana (31 de agosto de 1850) puso fin al conflicto. Francia retiró toda su escuadra y
devolvió la isla Martín García.
Para 1850 se habían solucionado los principales frentes de guerra en la Confederación. La
estabilidad interna y la desaparición del unitarismo como posición política, era percibida como
una posibilidad para materializar la organización definitiva. Sin embargo, la política de Rosas se
configuraba sobre la base del conflicto. La acción coercitiva continuaba, a pesar de la
disminución del accionar de la Mazorca y el ascenso de la figura pública de Manuelita, hija del
gobernador, como personalidad contemplativa y diplomática que contrastaba con la severidad
de su padre. El desgaste político sufrido por el sistema repercutía en el cansancio social, el
rechazo a la continuidad de acciones armadas y las expectativas de una definición que
permitiese la unión nacional.
En ese marco, recrudecieron los conflictos con Brasil y Paraguay. Mientras continuaba el sitio a
Montevideo, que recibió el mote de Nueva Troya debido a la novela escrita por Dumas
respecto de la Guerra Grande, hacendados brasileños ayudaban a las fuerzas de Rivera
mediante el envío de carnes y recursos hasta que en febrero de 1850 tropas brasileñas
comandadas por el coronel Francisco de Abreu, barón de Jacuhy, invadió la República Oriental.
Tal situación causó el reclamo del ministro argentino en Río de Janeiro, Tomás Guido.
Rosas insistió para que su comisionado rompiera relaciones con Brasil, mientras Paraguay
observaba expectante la situación en la región a poco de ocupar territorios en Misiones y la isla
Apipé. Ante tal panorama, el gobernante porteño nombró a Urquiza jefe del ejército de
operaciones con vistas a una eventual guerra contra el Imperio, para lo cual le envió tropas y
armamento. El 25 de diciembre de 1850 Brasil y Paraguay firmaron un tratado por el cual
formaban una alianza defensiva y promovían el reconocimiento de la independencia de
Paraguay junto con la libre navegación del río Paraná.
Por su parte, Urquiza entró en tratativas con ambos países. Como todos los años, Rosas
presentaba su renuncia al ejercicio de las relaciones exteriores y las provincias reafirmaban su
continuidad. Sin embargo, Urquiza aceptó su dimisión y reasumió las relaciones exteriores
hasta que un congreso constituyente diera forma jurídica a la República. El 1º de mayo,
mediante una proclama que lanzó desde Concepción del Uru guay, se pronunció contra Rosas.
Urquiza también reemplazó el lema “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los Salvajes
Unitarios!”, por “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los enemigos de la organización
nacional!”.
Pocos días después el gobernador entrerriano estableció una alianza con Rivera y con Brasil,
mientras la escuadra brasileña se dirigía a bloquear el Río de la Plata. La única provincia en
manifestar su apoyo a Urquiza fue Corrientes bajo la dirección de Benjamín Virasoro. Rosas
declaró la guerra a Brasil y de inmediato se iniciaron los preparativos para el enfrentamiento,
mientras el resto de las provincias permanecían expectantes.
Los acontecimientos del Plata se habían precipitado de un modo que muchos de los emigrados
ni siquiera imaginaban. El movimiento político repercutió en todos aquellos que se mantenían
expectantes frente a la posibilidad de organización que Rosas postergaba. El general Urquiza
había penetrado en la Banda Oriental y presionado a Oribe para rendirse frente a la amenaza
brasileña en el norte. Éste capituló en Pantanoso el 8 de octubre de 1851 bajo el lema “ni
vencedores, ni vencidos”, pues ambas facciones debían unirse e integrarse. De esa manera,
finalizó el sitio a Montevideo y el grueso de las tropas argentinas se sumaron a las fuerzas de
Urquiza, aunque algunos optaron por retirarse a Buenos Aires. El general entrerriano decidió
lanzarse entonces contra el mismo Rosas. Constituyó una poderosa maquinaria militar que dio
en ser llamada Ejército Grande Libertador. Todos sus jefes militares eran de origen federal, a
excepción de Lamadrid.
El 24 de diciembre de 1851, se produjo una gran operación anfibia que llevó a los 24.000
hombres al mando de Urquiza desde Punta Gorda (Diamante, Entre Ríos) hasta Coronda (Santa
Fe). Entre esas fuerzas formaban 3.500 brasileños y 1.500 uruguayos. El gobernador de Santa
Fe y anterior jefe de Urquiza, Pascual Echagüe, se retiró hacia Buenos Aires para organizar la
contraofensiva con Rosas. Sin embargo, allí la situación era de confusión e incertidumbre. El
mandatario le solicitó al general Mansilla, héroe de Obligado y pariente suyo, la formación de
un ejército para contener a Urquiza, pero éste se limitó a hacerse cargo de la defensa de la
capital. Ángel Pacheco, en desacuerdo con el modo de plantear la campaña por parte de Rosas,
insistió en que no podía asumir la conducción de las tropas y se retiró a su estancia de El Talar
tras la invasión de Urquiza.
En su avance por el oeste, el Ejército Grande incorporó cuerpos militares que se alejaban del
Restaurador. Rosas se vio obligado a asumir el mando en coordinación con Echagüe y otros
oficiales como Martiniano Chilavert (1798- 1852). Desde Santos Lugares, se dirigió al encuentro
de Urquiza. Ambos ejércitos se enfrentaron en Caseros, el 3 de febrero de 1852. Los fuegos de
la artillería que comandaba el coronel José María Pirán (1804-1871), a cuyas órdenes actuaba
Mitre, sumado a las cargas de la invencible caballería entrerriana, desarticularon a las fuerzas
de Rosas, con excepción de la artillería al mando de Chilavert que resistía sin esperanzas.
Herido levemente en una mano, Juan Manuel de Rosas se retiró del campo de batalla, escribió
en un papel su renuncia y dejó el mando a Echagüe quien abandonó su cargo ante Urquiza.
Chilavert fue fusilado: en un gesto de valor y dignidad militar se resistió a ser ejecutado por la
espalda.
Rosas reunió a su familia y se refugió en la legación británica desde donde marchó al exilio en
Southampton del que nunca volvió. Poco después del triunfo, Urquiza, dictó el decreto de libre
navegación de los ríos interiores, que satisfacía los intereses del comercio internacional y abría
el Paraná y el Uruguay a la actividad mercantil, a la vez que quedaba dispuesta la futura
organización constitucional que habría de realizarse mientras se producirían nuevos
inconvenientes con las autoridades de BS AS.
Luego de diecisiete años de gobierno autoritario; tras una prolongada y agotadora guerra civil y
de varios conflictos internacionales, Juan Manuel de Rosas abandonó precipitadamente el
mando y se sometió a un prolongado ostracismo que sólo concluyó con su muerte. En el curso
de pocas horas se produjo un final poco menos que anunciado. Cuando Justo José de Urquiza
avanzó con su Ejército Grande en el que revistaban no pocos de sus mayores adversarios, el
Restaurador debió convencerse que su hora había llegado. Con seguridad experimentaron la
misma sensación muchos de los que lo habían adulado sin medida y se aprestaban a rendir
loas al vencedor. Conocedor profundo de las miserias humanas, pues se había aprovechado de
ellas, sabía que muy pocos serían leales en la hora del infortunio.
De ahí que decidiera poner fin al intenso drama argentino cubriéndolo de silencio y
abandonara el campo de batalla rumbo al destierro. La mayor parte de los que habían votado
años atrás en la legislatura honores inusitados que Rosas no quiso aceptar, se adecuaron a los
nuevos tiempos y obtuvieron un perdón no escrito que les permitió continuar en la vida
pública. El pueblo federal, que amaba a don Juan Manuel de manera casi instintiva, sintió su
partida, pero no tardó en aceptar que comenzaba una etapa diferente a la vivida.
Urquiza fue uno de los más grandes terratenientes del litoral y de la confederación. Era
propietario de embarcaciones que unían rosario con Montevideo, comerciando los productos
que salían del litoral, y era competitivo con los saladeros de Rosas y de Bs As. El como
gobernador de Entre Ríos, exportaba cueros a Inglaterra, carne salada, tasajo, y lana. Así esta
provincia comenzó a ser competitiva con BS AS, por eso era importante para Urquiza al igual
que para el litoral la libre navegación de los ríos, algo que como vimos, Rosas no permitía. Todo
debía pasar por BS AS. Es aquí cuando en mayo del 51 produce el pronunciamiento, es decir,
una proclama en contra de Juan Manuel de Rosas. Allí Urquiza acepta la renuncia de Rosas para
ser el encargado de las relaciones exteriores. De esta manera, Entre Ríos a partir de entonces,
sería autónoma al momento de establecer sus relaciones exteriores y comercio internacional.
Estos 2 sectores se ven enfrentados en Caseros: Urquiza y Bs AS. Pero en favor del litoral se van
a sumar Corrientes (motivos económicos vistos), el imperio del Brasil – amenazado por el
temor de una expansión de las Provincias Unidas sobre la Banda Oriental y los unitarios en el
exilio. Luego de esta batalla Rosas termina en el exilio y Urquiza queda momentáneamente a
cargo de la Confederación y Vicente López y Planes como gobernador de Bs As. Urquiza tenía
como bandera la ORGANIZACIÓN NACIONAL y para eso necesitaba cierta legalidad. Por eso
Urquiza necesitaba una nueva Constitución, de carácter federal donde todas las provincias
estuvieran en igualdad de condiciones. Urquiza convoca en la quinta de Rosas a los
gobernadores de Bs As Santa Fe y Corrientes, y él iba como representante de Entre Ríos. Allí se
firman el Protocolo de Palermo, en donde se le quita a la provincia de BS AS – Rosas – la
representación de las relaciones exteriores para concedérsela a rosas. Esto se ratificó en San
Nicolás de los Arroyos, donde se firmó el acuerdo de San Nicolás.
Se nombró allí a Urquizas como director provisiorio de la confederación hasta 1854 que va a ser
nombrado Presidente. El presupuesto de la nueva organización sería obtenido de los fondos de
BS AS, a lo que la provincia no estaba muy contenta. Se convocó a la reunión de un Congreso
General Constituyente en Santa Fe donde cada provincia debía enviar 2 diputados
representantes, en garantía de igualdad de condición. Pero el acuerdo de San Nicolás no fue
ratificado por los legisladores porteños.
Mitre incluso acusó a Urquiza de ser dictatorial y rechazó el acuerdo. Urquiza intervino la
provincia, asumió él el gobierno, disolvió la sala de representantes y arrestó a varios diputados
que se oponían a San Nicolás. Dejó luego un delegado en el cargo mientras se iba a organizar el
congreso, lo que fue aprovechado por dos facciones liberales porteñas (los localistas de Adolfo
Alsina y los nacionalistas de Mitre) el 11 de noviembre. Derrocaron al gobernador delegado y
restablecieron la legislatura. Se estableció como gobernador de la provincia a un localista,
Valentín Alsina, que se negó a que BS AS participara del Congreso Constituyente, desconoció su
actuar y despojó a Urquiza del control de las relaciones exteriores.
Urquiza en el momento no pudo reprimir las fuerzas, pero no quería que esta revuelta afectara
el desarrollo del congreso. Se mantuvo en este objetivo que inició cesiones el 20 de noviembre
del 52 con la presencia de 13 de 14 provincias. Bs As quedó separada de la confederación. De
todas formas, la constitución se sancionó el 1ro de mayo del 53. Con esto, Urquiza logró uno de
sus objetivos: organizar la confederación de una manera federal, bajo una constitución, una ley
suprema que respetaran y reconocieran todas las provincias. Fue elegido presidente y asumió
el 5 de Marzo de 54 hasta 1860. El país quedó dividido en 2 partes, Bs As con su capital en
Ciudad de Bs As y la confederación con su capital en Paraná.
Bs As no aceptaba someterse a una constitución de carácter federal. El vice de Urquiza fue
Salvador María del Carril. La presidencia de Urquiza fue condicionada por 2 factores: las
grandes dificultades financieras y la falta de adhesión de Bs As. En consecuencia, Urquiza buscó
modernizar el país impulsando las colonias de inmigrantes, buscó promover la enseñanza
nacionalizando la Universidad Nacional de Córdoba, y los colegios de Monserrat y Concepcion
del Uruguay, firmó un tratado de Libre Navegación de los Ríos con Brasil y trató de traer
ferrocarriles para unir rosario con chile. Pero no tenía los recursos económicos para realizar
esto, dependía de la aduana de BS AS y por eso se la había establecido en la constitución del 53
como capital del país. Como BS AS no estaba en la confederación y se necesitaba capital,
federalizó la provincia de entre ríos y como capital Paraná.
BS AS intentó dominar a las provincias con numerosos enfrentamiento por lo que entre el 54 y
55 se firmaron numerosos pactos de convivencia para poner fin a los enfrentamientos. Ante las
dificultades económicas, creó nuevos impuestos que terminó por afectar a los pequeños
comerciantes, no a los grandes estancieros, y buscó préstamos, pero nada logró solucionar la
situación. En consecuencia, se estableció un nuevo impuesto donde se cobrarían diferentes
tarifas según la procedencia de la mercadería. Se les cobraría mayores derechos a las
mercaderías que ingresaran por Montevideo o BS AS, pero esto solo inició una guerra
económica entre la confederación y BS AS y fomentó el contrabando. Es decir tanto la
confederación como BS AS perdían las tarifas que debían cobrar. Las tensiones solo fueron
creciendo hasta 1859 que Mitre y Urquiza se terminaron enfrentando en la Batalla de Cepeda.
Triunfó la confederación y Alsina se vió obligado a renunciar. Se reunieron en San José de Flores
donde se firmó el pacto de San José. Allí se establecía una unión nacional, donde Bs As se
integraba a la Confederación Argentina, a cambio de algunas reformas a la constitución para
limitar el poder del presidente y garantizar la autonomía de las provincias. (entiéndase limitar a
Urquiza) Así en 1860 Santiago Derqui fue nombrado presidente y Juan Pedernera
Vicepresidente. Urquiza volvió a ser gobernador de Entre Ríos y en Bs As se eligió a Mitre. Pero
BS AS todavía no estaba conforme, más por orgullo que por otra cosa, por el dominio de la
presidencia del interior.
Se utilizó como excusa el asesinato de Virazolo por un grupo de liberales en San Juan. Bs As
festejó los sucesos pero todas las demás provincias lo repudiaron y se ordenó la intervención
de la provincia. El gobierno fue tomado por el jefe del partido liberal Antonio Aberastain pero
con la intervención de la provincia fue apresado y fusilado. Bs As acusó del asesinato al
gobierno nacional. Luego de la muerte de dos gobernadores, uno federal el otro liberal, las
tensiones con BS AS y su rebeldía para designar a sus diputados a su conveniencia y no como
establa establecido constitucionalmente, se rechazó la participación de BS AS en el congreso
nacional. BS AS se comienzan a preparar para un nuevo enfrentamiento, al igual que Urquiza
que se traslada al sur de Santa Fe.
La batalla se libra en Pavón en septiembre del 61. Por un lado estaba el ejercito de BS AS al
mando de Mitre y por el otro el ejército de la confederación al bando de Urquiza. La batalla
estaba siendo ganada por la confederación cuando Urquiza ordenó la retirada, pensando que
en verdad el resultado era otro. Retrocedió con sus tropas hasta Entre Ríos y comenzó a
negociar la paz con Mitre, quien derribó a Derqui y en consecuencia al gobierno nacional. Por
eso, se consideró a Urquiza un traidor, por rendir la batalla. Derqui ya no tenía más poder
efectivo por lo que renunció en noviembre y quedó el vice, Pedernera, a cargo por poco
tiempo. En diciembre Urquiza dispone que Entre Ríos reasumiera el territorio de Paraná. En
enero del 62 Urquiza en nombre de la provincia de Entre Ríos delega a mitre convocar a un
Congreso Nacional. Así Bs As se consolida como poder hegemónico del país, con un gobierno
federal, pero con características centralistas al mismo tiempo. El 12 de Octubre de 1862 Mitre
asume la presidencia de la Nación, dando inicio a la Organización Nacional. Va a constar de 3
presidencias: Mitre 62 – 68, Sarmiento 68 – 74 y Avellaneda 74 – 80.
BIBLIOGRAFÍA: