2.2.
Marco conceptual
Un motivo principal para realizar el siguiente trabajo es por motivo de preocupación por
el bienestar social de los moradores del centro poblado de salcedo. Respecto a la calidad
de vida que se lleva en dicho centro poblado es importante investigar y reflexionar
acerca de la agresión. Posteriormente algunos tópicos relacionados con el tema de
investigación.
El presente artículo aporta una revisión histórica del estudio de la agresión. En lo
referente a su definición, se revisa su concepto y la delimitación del mismo respecto de
otros términos tales como la agresividad, ira, hostilidad, violencia, delito o crimen. Así
mismo, se resumen una selección de las principales tipologías de la agresión. Por último
se presentan los distintos modelos explicativos de la conducta agresiva: instintivos,
biológicos, conductuales, cognitivos, aquellos centrados en la dinámica familiar y en los
hábitos de crianza, así como las aproximaciones evolutivas y, finalmente, los modelos
integradores.
La conducta agresiva es un comportamiento básico y primario en la actividad de los
seres vivos, que está presente en la totalidad del reino animal. Se trata de un fenómeno
multidimensional, en el que están implicados un gran número de factores, de carácter
polimorfo que puede manifestarse en cada uno de los niveles que integran al individuo:
físico, psicológico, cognitivo y social. Dichas características con la ausencia de una
única definición de agresión, consensuada y unánimemente establecida, como se
expondrá a continuación.
El concepto de agresión se ha empleado históricamente en contextos muy diferentes,
aplicado tanto al comportamiento animal como al comportamiento humano infantil y
adulto, procede del latín “agredi”, una de cuyas acepciones similar a la empleada en la
actualidad connota “ir contra alguien con la intensión de producirle daño” lo que hace
referencia a un acto efectivo.
Su carácter intencional, en busca de una meta concreta de muy diversa índole en
función de la cual se pueden clasificar los distintos tipos de agresión. Las consecuencias
aversivas o negativas que conlleva, sobre objetos u otras personas, incluido uno mismo.
Su variedad expresiva, pudiendo manifestarse de múltiples maneras, siendo las
apuntadas con mayor frecuencia por los diferentes autores, las de índole física y verbal.
También en función de su expresión se ha establecido una tipología de la agresión.
Tabla 1. Definición de agresión
AUTOR DEFINICION
Dollard et. 1939 Conducta cuyo objetivo es dañar a una persona o a otro objeto.
Buss (1961) Respuesta que produce un estímulo doloroso en otro organismo.
Bandura (1972) Conducta adquirida controlada por reforzadores, la cual es
perjudicial y destructiva.
Patterson (1973) Evento aversivo dispensado contingentemente a las conductas de
otra persona.
Spielberger Conducta voluntaria, destructiva dirigida a una meta concreta.
(1985)
Serrano (1998) Conducta intencional que puede causar daño físico o
psicológico.
RAE (2001) Ataque o acto violento que causa daño.
2.3. Variable
2.3.1. Violencia verbal
La palabra tiene poderoso efecto en la conducta, ya que influye sobre quien la
pronuncia y afecta e involucra a quien la recibe, penetrando en sus emociones.
Cuando las frases ofensivas contra la pareja son el común denominador de
cualquier diálogo, estamos frente a un problema de violencia verbal.
Es como una paliza que no deja evidencias a la vista, una especie de bullying de
pareja, donde la víctima es perseguida con amenazas, injurias, calumnias, gritos,
insultos, descalificaciones, desprecios, burla, humillación, ironías, críticas
permanentes y acciones para socavar su seguridad y autoestima. Estamos
acostumbrados a pensar que las agresiones se registran únicamente cuando
aparecen los golpes. Sin embargo, dejamos de lado una forma mucho más
directa y cotidiana que tiene que ver con nuestra manera de hablar: qué es lo
que decimos, cómo y con qué intención lo hacemos
“El abuso verbal puede ser directo o sutil, y los comentarios se pueden hacer de
manera hostil, con enojo o, incluso, con una sonrisa. Debemos entender este
punto, porque cuando nos abusan ‘cariñosamente’ nos duele, pero no sabemos
bien por qué”, explica el Dr. Noel Arce Noriega, especialista en Psicología
Clínica egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el
Distrito Federal.
Cuando se registra agresión verbal en la pareja suele ser difícil de percibir
porque no deja cicatrices físicas, amén de que generalmente se efectúa en
privado. Con frecuencia, la víctima es mujer y el perpetrador del abuso es
varón, cuyo objetivo es hacer que la otra persona sea objeto
de burla, humillación, y pierda el autoestima, mientras que él se siente mejor.
De acuerdo con la estadounidense Patricia Evans, especialista en relaciones
interpersonales y autora del libro El abuso verbal, entre los tipos de agresión
verbal, el que se vive en una pareja se distingue por:
Atacar la naturaleza y capacidades de la pareja, lo que ocasiona que con el
paso del tiempo, la persona agredida comience a creer que hay algo malo con
ella o sus características.
Ser abierto (mediante insultos, frases ofensivas y arranques de ira) o
encubierto (a través de comentarios sutiles, con efecto similar a un “lavado de
cerebro”). El primero suele incluir reproches y acusaciones, en tanto el
segundo es agresión oculta para ejercer control sin que la pareja se dé cuenta.
Ser manipulador, pues pueden hacerse comentarios despectivos en forma
sincera e interesada.
Ser imprevisible, lo que ocasiona que la pareja quede aturdida, atónita y
desestabilizada por el sarcasmo, frase hiriente, desprecio o comentario
injurioso.
Expresar doble mensaje, ya que existe incongruencia entre la manera en que
habla el abusador y sus verdaderos sentimientos. Por ejemplo, puede sonar
muy sincero y honesto mientras está diciendo a su contraparte lo que tiene de
malo.
Aumentar en intensidad, frecuencia y variedad: las frases ofensivas contra la
pareja pueden disfrazarse de chistes, y suelen escalar hacia el abuso físico,
comenzando con empujones “accidentales”.
Existen diversas formas de ejercer la violencia verbal. De acuerdo con el Dr.
Arce Noriega, se agrupan de la siguiente manera:
Retener. Si una pareja retiene información y sentimientos, entonces el vínculo
matrimonial se debilita. El abusador que se rehúsa a escuchar a su pareja le
niega la experiencia y la deja aislada.
Rebatir. Quien ejerce la violencia verbal ve a su pareja como adversario, por
lo que con frecuencia se le corrige en todo lo que dice y hace.
Rebajar. Puede ser una forma sumamente insidiosa de abuso verbal, porque
niega y distorsiona la percepción real del abuso en la víctima, lo cual es
sumamente destructivo. A veces la conducta va disfrazada con humor, pero
su efecto humillante hiere a la persona.
Bloquear y desviar. El abusador verbal rechaza todo tipo de comunicación,
dictamina lo que puede ser discutido o retiene información. Puede impedir
toda posibilidad de resolver conflictos mediante el aislamiento y el desvío.
Acusar y culpar. Una de las características de la violencia verbal es el hecho
de responsabilizar a la pareja de hacer algo malo o alguna violación de los
acuerdos básicos de la relación.
Juzgar y criticar. El agresor juzga a su pareja y luego expresa su juicio en
forma crítica. Si ella objeta, puede decirle que simplemente está señalando
algo para ayudarle, aunque en realidad la está descalificando.
Trivializar. Es un intento por tomar algo que se ha dicho o hecho y
convertirlo en insignificante; cuando se hace de manera franca, puede ser
difícil de detectar. A menudo, la pareja queda confundida y cree que no ha
explicado eficazmente a su compañero la importancia de algunas cosas para
ella.
Socavar. Se retiene el apoyo emocional y erosiona la confianza y
determinación. A menudo se aplasta una idea o sugerencia con un único
comentario.
Amenazar. Se manipula a la pareja haciendo que surjan en ella sus mayores
temores, aniquilando lentamente su autoestima.
Ordenar. Niega la igualdad y la autonomía de la contraparte, tratándole como
esclava o subordinada.
¿Cómo actuar si existe violencia verbal en la pareja?
“Es fundamental que la pareja reconozca las características de la violencia
verbal, pues cuando existe este tipo de abuso en una relación, generalmente
oculta un problema mutuo, no sólo de una de las partes”, enfatiza el terapeuta.
Ahora que conoces las características de la violencia verbal, sobra decir que si
estás atrapada en una relación verbalmente abusiva o a menudo te enganchas en
experiencias de este tipo, debes buscar atención psicológica con un especialista
en salud mental, quien tras estudiar tu caso y mediante terapia puede ayudarte a
cambiar ese patrón de conducta y a “reconstruir” tu autoestima.
Considera que una descarga diaria de frases ofensivas e hirientes conduce a la
depresión y, cuando ésta se agrava, puede derivar en el suicidio. Decídete a
poner un alto, analiza tu situación y resuélvela con ayuda de un especialista;
recuerda que el amor no es sinónimo de sufrimiento.
¿Quién es quién en este juego de roles?
LA VÍCTIMA
La víctima es la persona que sufre las agresiones. En general son mujeres,
aunque también hay casos de hombres. Los hechos al comienzo pasan
desapercibidos, pero cuando se vuelven regulares pueden generar una auténtica
pesadilla.
Hay tres maneras en que puede darse el maltrato: mediante la cosificación, la
degradación o la amenaza.
1. Cosificación: cosiste en objetivar al otro, o sea, ponerlo en el lugar de un
objeto y tratarlo como si fuese una cosa. Por ejemplo con expresiones como
“Ponte ahí” o “Córrete”, entre otras tantas. En estos casos importa no sólo lo
que se dice, sino también la entonación, los gestos y el sentido específico de las
palabras.
2. Degradación: se basa en desvalorizar al otro con frases humillantes, burlas o
expresiones de inferioridad o incompetencia. Por ejemplo: “¡Qué tonta/o eres!”,
“¡Con quién me casé!”, “La vecina sí que es linda”, o “¡Déjalo, yo puedo
hacerlo mejor”. Son todas estas situaciones de desprecio, algunas más
elocuentes que otras, las que van afectando a la otra persona emocionalmente y
generándole un profundo dolor. Con el tiempo hasta pueden lograr que la
imagen del otro se deteriore por completo.
3. Amenaza: es la forma más usual y vil de ejercer la violencia verbal y consiste
en decirle a la pareja que, de no hacer tal o cual cosa, habrá consecuencias
severas.
Generalmente el abuso verbal se da en privado, aunque tarde o temprano
aparece en el ámbito público cuando se hace costumbre. Ocurre que el abusador
tiene una personalidad dentro del hogar y se comporta completamente distinto
fuera.
EL AGRESOR
Para conseguir su objetivo, el victimario apela a:
1. Destruir la autoestima de su pareja con las frases antes mencionadas o
mediante amenazas.
2. Generar una dependencia económica para lo cual evitará que su pareja
consiga un trabajo.
3. Alejar las relaciones en la vida de su pareja, como amigos o familia.
4. Simular ser alguien impecable en público para desacreditar luego a su pareja
en caso que esta lo denuncie.
CONSECUENCIAS
Con el tiempo quien padece la violencia verbal pierde seguridad y comienza a
interiorizar la crítica. Se pregunta si en verdad el otro tiene razón y termina por
aprobar a la agresión por considerarla un castigo justo por sus fallas.
Además de cómo afecta la autoestima, también tiene efectos negativos en la
salud mental, generando ansiedad, disfunción sexual, estrés postraumático,
fobias y depresión. También puede conducir al aislamiento y la pérdida de vida
social, familiar y laboral.
LOS HIJOS
A veces la agresión no termina en la pareja y continúa hacia los chicos. Si a un
niño se le dice que no sirve para nada, la criatura se va a sentir un objeto inútil,
alguien desechable, porque en ese lugar el otro lo posiciona. Esta cuestión es
muy grave porque los hijos creen todo lo que le dicen los padres. Y si una
persona crece con una imagen de sí distorsionada, luego puede presentar serios
problemas de conducta. Podrá, así, manifestar una terrible agresión y hacer lo
que le hicieron a él mismo, o una gran inhibición y ofrecerse a la denigración de
los demás.
LA SOCIEDAD
La ejecución es personal, pero el origen es cultural. Se vive en una sociedad
violenta y quienes más padecen la violencia son las mujeres. El hombre ha
ocupado históricamente un rol ‘superior’ al de la mujer. En el trabajo, en la
casa, en la política, donde hubiera un lugar, el hombre tenía prioridad. Su
palabra era la última, su autoridad indiscutible. Las mujeres ocupaban un rol
secundario, importantísimo, pero a los ojos de un mundo patriarcal, menor.
Con el tiempo esto cambio. La mujer, a fuerza de muchas luchas, logró que sus
libertades sean respetadas y hoy, poco a poco, consigue alcanzar la igualdad que
se merece. Sin embargo, en muchos lugares el hombre sigue viéndola como un
ser inferior.
Pero nadie es menos o más que otro y, si has sido víctima de agresiones, no
dudes en denunciarlas. No importa que sea tu pareja. Si te merece, no ha de
lastimarte. Y si lo hace, no te merece.
2.3.2. Agresión física
La agresión física es un acto destinado a herir a una persona o humillarla. Hay
un contacto físico durante una agresión física, aunque también suele tener
efectos psicológicos. Una agresión física puede seguir a una agresión verbal.
Algunos ataques físicos tienen como objetivo torturar a un individuo. A veces,
la agresión física es recibida con consentimiento, especialmente en el contexto
de relaciones sadomasoquistas. Esto se conoce con el nombre de agresión física
consensuada. Este es quizás el tipo de violencia más típico y fácil de imaginar,
ya que es muy visual y fácil de identificar. En él, alguien hace algo para dañar el
cuerpo de otra persona, produciendo el dolor y el sufrimiento de alguien. En
ocasiones, puede conducir a la muerte. La violencia física, además, acostumbra
a dejar unas marcas que el personal médico cualificado puede identificar:
arañazos, heridas, morados, etc. Este es el tipo de violencia en la que un
individuo agrede a otro. En esta categoría podemos encontrar la violencia
doméstica, el bullying, los casos específicos de atraco con violencia, etc.
Aunque en la violencia interpersonal el causante sea un individuo (o un grupo
reducido de ellos), es posible que este tipo de agresiones tengan parte de su
explicación en fenómenos sociales. Por ejemplo, el consumo de drogas o la
pobreza son factores muy ligados a la conflictividad. A diferencia de lo que
ocurre en los tipos de violencia que hemos visto, en esta la agresión es de
carácter colectivo, de un grupo o comunidad contra otro colectivo. Las
motivaciones de la violencia colectiva suele ser políticas, económicas, o
ideológico-religiosas. Se trata de uno de los tipos de violencia más
perjudiciales, porque sus efectos negativos se pueden hacer notar en muchas
facetas de la vida y, como involucra a mucha gente, es fácil que vaya
degenerando hasta conducir a heridos y en ocasiones a muertos. Por ejemplo, la
misma violencia que hace que algunas minorías sean vistas con desprecio por
gran parte de la población suele contribuir a la aparición de agresiones físicas e
incluso asesinatos. Las situaciones que favorecen la aparición de la violencia
colectiva son fenómenos políticos, jurídicos y sociales, como la presencia de
integrismo religioso, la discriminación sistemática de minorías, los déficits
democráticos por parte de un estado, el monopolio de ciertos recursos valiosos
por parte de un grupo relativamente reducido de personas, o las grandes
desigualdades sociales y económicas.
2.3.3. Agresión psicológica
La violencia psicológica es un término relativamente nuevo, rompiendo así con
el sentido común que establece que la violencia se da a través de únicamente
golpes y maltratos. Resultado de la constante lucha por la visibilización de las
situaciones de violencia familiar y de género, la violencia psicológica
es reconocida como un grave flagelo tanto para mujeres, como niños e incluso
presente en relaciones laborales.
En un contexto familiar, la violencia psicológica puede ser un paso previo para
la violencia física, encuadrándose en un contexto de violencia más amplio. Si
bien la violencia física y la violencia psicológica suelen ir de la mano, la
violencia psicológica no necesariamente desencadena en una agresión física, sin
por eso restarle importancia a esta situación.
Formas de violencia psicológica
Para muchos profesionales la violencia psicológica es una de las formas más
graves de violencia por las profundas huellas que deja en la psiquis de las
víctimas. A continuación les explicaremos algunas de las formas más comunes
que toma la violencia psicológica:
Humillaciones e insultos: uno de los más denigrantes y nocivos para
las personas que padecen de este problema, suelen estar destinados a la
destrucción del autoestima de la persona en cuestión, colocando en una
supuesta situación de superioridad al agresor. Esto puede ser en forma
de discusiones o, en casos más delicados de detectar, se suele presentar
bajo la forma de sutiles comentarios o situaciones específicas. Las
situaciones de este tipo no son privativos de las parejas, sino que
pueden darse en relaciones laborales o de cualquier tipo, en menor o
mayor grado.
Controles excesivos: muy común entre las parejas, se suele dar bajo la
presencia amenazante de la persona en cuestión, incluso en lugares de
trabajos o reuniones que escapen a la esfera de su control. En este tipo
de relaciones, los celos enfermizos (resultantes de la profunda
inseguridad y psicopatología de la persona que lo padece) pueden llegar
a restringir todos los espacios personales de la víctima, sintiéndose
continuamente observada y tornando la relación un verdadero infierno
para la persona.
Otros tipos de violencia psicológica: la indiferencia o otras formas de
hostilidad en el trato no verbal pueden ser consideradas formas de
violencia psicológica, siempre y cuando se mantengan en el tiempo y
afecten la psiquis de la personas.
Como dijimos anteriormente, estas formas de violencia son más difíciles de
detectar, e incluso de probar, que la violencia física. Esto se agrava aún más
debido a la relación que establece el agresor con el agredido, en el cual la
persona agredida presenta una relación especialmente patológica con su agresor.
En muchos casos vemos cómo la víctima justifica las situaciones atravesadas
con frases como “tal vez, en el fondo, lo merecía” o “yo lo provoqué”. Aunque
parezca curioso, la persona que ejerce la violencia necesita tanto de su víctima
como la víctima de él, ya que tan sólo es una forma distinta del ejercicio de
poder, pero con una base patológica similar de fondo.
La mayoría de los casos de violencia psicológica no son denunciados, pero
pueden ser abordados muy bien con psicólogos y otros profesionales, además de
las líneas de emergencia con la que cuentan muchos países para este tipo de
situaciones. La violencia debe ser combatida y erradicada, en todas sus distintas
formas y apariencias, y esa es una labor de todos.
2.3.4. Agresión sexual
Ser víctima de violencia, agresión o abuso sexual es una de las situaciones
más duras y humillantes por las que puede pasar el ser humano, y la persona
que lo sufre tarda mucho tiempo en superar el evento traumático. Sentir que la
propia intimidad ha sido torturada y atropellada deja secuelas psicológicas y
relacionales serias para la persona que ha sido objeto de este acto tan cruel e
inhumano.
Existen diferentes formas de violencia sexual. En este artículo las repasamos.
Qué es la violencia sexual
La violencia sexual hace referencia a la actividad sexual donde no existe
consentimiento por una de las personas implicadas. Aunque las mujeres son
las más perjudicadas por este fenómeno, cualquier persona puede experimentar
violencia sexual, independientemente del género, edad, raza, religión, nivel de
ingresos, capacidad, profesión, etnia y orientación sexual.
Los autores de estos actos malvados pueden tener o no relación con la víctima:
un amigo, un conocido, un compañero de trabajo, un vecino, un cuidador o un
miembro de la familia son algunos ejemplos. Sin embargo, las estadísticas
muestran que, en muchos casos, las víctimas de violencia sexual conocían a los
agresores.
Tipos de agresión sexual
Hay muchos tipos de agresión sexual, pues este acto incluye actividades que no
necesariamente se caracterizan por el contacto físico entre la víctima y el
perpetrador. Ahora bien, la violencia sexual siempre incluye algún tipo de poder
diferencial, coerción, amenaza y/o fuerza física.
Pero, ¿qué tipos de violencia sexual existen? ¿Cómo podemos clasificar estas
conductas tan horribles? A continuación puedes encontrar una lista con los
diferentes tipos de violencia sexual:
Según la gravedad
Según la gravedad la violencia sexual puede clasificarse de diferentes formas.
1. El acoso sexual
Este tipo de violencia sexual ocurre cuando la persona que comete el acto
aprovecha su posición de superioridad para pedir favores sexuales. Se amenaza
a la víctima y se le intimida para que realice estos actos en contra de su
voluntad. Suele darse con más frecuencia en el entorno laboral, aunque también
educativo.
2. El abuso sexual
En este tipo de se caracteriza porque el abusador atenta contra la libertad
sexual de la víctima por medio del engaño y la coacción. Como rasgo
principal de este tipo de violencia sexual, las víctimas no pueden dar su
consentimiento, puesto que no tienen la capacidad intelectual o la voluntad para
hacerlo. como puede ser el caso de los niños o las personas con discapacidad.
Las caricias, proposiciones verbales explícitas, y la penetración son parte del
abuso sexual.
3. Agresión sexual
En este caso la libertad sexual de la víctima se ve afectada porque el
agresor emplea la violencia y la intimidación para comer el acto. La violación
es el caso más grave de agresión sexual. Sucede cuando existe penetración del
miembro, aunque también cuando se introducen objetos por la vía vaginal y
anal.
Según el tipo de agresor
Dependiendo del agresor pueden darse distintos tipos de violencia sexual
4. Agresión sexual por parte de un conocido
Este tipo de agresión sexual se caracterizan porque quien las lleva a cabo es
un conocido. Ya sea un amigo, o una cita, o alguien cercano a la víctima.
5. Agresión sexual por parte de un desconocido
Algunas personas son agredidas sexualmente cuando simplemente pasean por la
calle, sin que exista un contacto previo con el agresor. En este caso, la víctima
no conoce al agresor.
6. Agresión sexual por parte de un familiar
Aunque a muchas personas les cueste creerlo, los familiares también
agreden sexualmente a otros miembros de la familia. Este es un tipo de
agresión que, a diferencia del anterior, puede durar tiempo. La víctima se siente
tan avergonzada que pasa un tiempo hasta que se pronuncia.
7. Agresión por un compañero sentimental
Este tipo de agresión sexual ocurre cuando el el perpetrador es la pareja
actual de la víctima (casados o no) o es la ex-pareja.
Según el tipo de víctima
Dependiendo de la víctima, la agresión puede clasificarse de diferentes maneras.
8. Abuso sexual a menores
Mediante engaños o sobornos el abusador toma el control de la libertad
sexual de la víctima menor de edad. Puede darse dentro de la familia o fuera
de ella.
Más información: "Abuso infantil: secuelas físicas y psicológicas en los
niños maltratados"
9. Agresión sexual a hombres
Aunque muchas personas no lo crean, las estadísticas muestran que 1 de cada
33 hombres han sido víctimas o han sufrido un intento de agresión sexual.
10. Agresión sexual a mujeres
Es la forma más frecuente de abuso sexual. Ocurre tanto en occidente como
en los países poco desarrollados. Son muchas las mujeres que han sido víctimas
o han sufrido un intento de agresión sexual.
Otros tipos de violencia sexual
Existen otros tipos de agresión sexual. Son los siguientes:
11. Agresión sexual facilitada por las drogas
Cuando se ha empleado el uso de drogas para inducir a la agresión sexual se
habla de este tipo de drogas. El alcohol sigue siendo una de las sustancias más
empleadas. Aunque hoy en día, se emplean otras drogas como el GHB o
la Burundanga para anular la voluntad de las víctimas.
12. Explotación sexual
Una forma de violencia sexual es la explotación sexual. Ocurre cuando una
persona es obligada, amenazada y coaccionada para que mantenga relaciones
sexuales sin su consentimiento. El explotador, además, saca un beneficio
económico a su costa.
13. Incesto
El incesto es la relación sexual que sucede entre familiares que comparten
la misma sangre o que proceden por su nacimiento de un tronco común. Para
muchos expertos también es una forma de maltrato sexual, pues pueden existir
presiones familiares para que la víctima tenga tenga relaciones sexuales y se
case con otro miembro de la familia.
Agresión sujeto a sujeto
La agresión está lejos de ser rara entre seres humanos; y, a menudo, toma
formas inesperadas: desde burlas infantiles hasta formas de agresión que matan.
Basta nada más con leer los diarios y/o ver las noticias todos los días; siempre
nos encontraremos con distintos tipos de agresiones que ejercemos unos u otros
contra nuestros pares y/o contra nosotros mismos.
La agresión se define como la conducta que tiene como meta dañar a otro ser
viviente, que está motivado a evitar ese tipo de tratamiento. Las explicaciones a
este tipo de conductas son bastante paradójicas. Inicialmente, se propuso que el
ser humano estaría “biológicamente programado” para la violencia. Luego, se
sustituyó esta idea por la concepción del hombre como poseedor de un instinto
de lucha que lo haría incurrir en conductas agresivas.
[Link]
naturaleza-causas-y-formas-de-prevenirla/
El insulto
Se llama insulto a aquella expresión o acción con la cual alguien ofende
ciertamente a otra persona. Normalmente el insulto se manifiesta a través de
palabras que disponen de una connotación negativa en la lengua en cuestión, las
conocidas popularmente como malas palabras, aunque, también dichos que no
son considerados formalmente como malas palabras y cuya intención es
lastimar se pueden considerar como insultos, asimismo.
Ciertamente no existe una lista de insultos aprobada y por tanto nos ceñimos a
ella cada vez que queremos insultar, sino que en realidad los insultos varían de
cultura a cultura y están íntimamente ligados también con los usos y costumbres
de un determinando lugar. De todas maneras, hay palabras, en el castellano o en
el inglés, que se reconocen mundialmente como insultos y entonces
pertenezcamos o no a la cultura las reconocemos como tales.
Como consecuencia de lo expuesto el insulto no es un acto que la gente acepta
como bueno sino muy por el contrario, el insulto, siempre tendrá un rechazo
social porque justamente su misión es ofender profundamente a alguien y
mucho más cuando el mismo está dirigido a dejar en evidencia alguna cuestión
privada o algo que la persona no quiere que se exponga.
El insulto, la mayor parte de las veces, lo desencadena el enojo que se tiene con
alguien que nos hizo algo malo, un daño, por ejemplo, o también puede ser con
algo que no salió como se esperaba y entonces de manera casi espontánea la
persona necesita expresarlo dando un insulto. Es decir, en este caso el insulto
actúa como una especie de mecanismo liberador del enojo, ayuda a descargarlo.
Si queremos gozar de una expresión correcta y respetuosa lo ideal será
abstenerse de manifestar algún insulto, incluso, los adultos deben contribuir en
este aspecto y ser un ejemplo para los más pequeños y evitar expresar insultos
delante de ellos.
Como sabemos, los niños aprenden muchas cosas por imitación de sus mayores
y el insulto es una de ellas. Difícilmente se les pueda quitar el hábito de insultar
una vez que lo adquirieron.
Chantajes
refiere a una amenaza de difamación o daño que se hace contra alguien con el
objetivo de obtener algún provecho de él.
Chantaje
Por ejemplo: “Un empresario denunció que, durante años, sufrió el chantaje de
un comisario”, “Fui víctima del chantaje de un hombre que amenazaba con
hacer circular un rumor sobre mi supuesto alcoholismo”, “El chantaje consistía
en tomar fotografías de las mujeres con sus amantes para exigir una suma de
dinero a cambio de no publicarlas en las redes sociales”.
El chantaje, por lo tanto, es una presión sobre una persona para forzarla a actuar
de una cierta manera. El chantajeado, para evitar que el daño que insinúa el
chantajista se concrete, termina aceptando lo que éste pide. Por lo general, el
chantaje consiste en exigir dinero a cambio de no concretar el daño.
Supongamos que una persona observa cómo un compañero de trabajo roba
insumos de una oficina. En lugar de denunciarlo o de cubrirlo, decide exigirle
dinero para mantener su silencio. El ladrón, de esta forma, es chantajeado por el
testigo.
Otro ejemplo de chantaje puede producirse en un caso de infidelidad. Una mujer
mantiene relaciones con un hombre casado y filma dichos encuentros. Con
varios registros en su haber, la mujer chantajea al hombre y le pide dinero a
cambio de no mostrarle los vídeos a su esposa. El hombre, por lo tanto, debe
debatirse entre ceder al chantaje para mantener su secreto o arriesgarse a que la
chantajista cumpla con su amenaza y le ocasione problemas con su familia.
Chantaje Se conoce con el nombre de chantaje emocional a una serie de tácticas
que se emplean con el propósito de manipular a otra persona a través de los
sentimientos, y tiene lugar en diversos tipos de relaciones interpersonales,
especialmente entre padres e hijos y en parejas. Cabe mencionar que en el
primer caso puede darse en las dos direcciones (de padres a hijos y viceversa),
aunque los menores suelen llevarse la peor parte.
Con respecto al chantaje emocional entre padres e hijos, por un lado se
encuentran las situaciones en las cuales los niños aprenden a distorsionar la
realidad para conmover a sus padres y manipularlos a su gusto; a simple vista,
una relación de estas características puede poner a los hijos como los
victimarios, pero un análisis relativamente profundo de cada historia puede
demostrar exactamente lo contrario.
Los padres que sobreprotegen a sus hijos suelen hacerlo impulsados por el
miedo a no hacerlos felices; sin embargo, muy a menudo consiguen resultados
opuestos a sus expectativas, ya que la falta de límites no refleja en absoluto las
reglas de la sociedad con las que, tarde o temprano, deberán tratar los niños.
Pero antes de que llegue ese momento de revelación, en el cual se desmoronará
la falsa estructura de seguridad, los hijos malcriados pueden ser auténticos
monstruos insaciables, expertos en el chantaje emocional para controlar todo lo
que sucede a su alrededor.
Por otro lado, existen historias de padres que, por diversas razones, no quieren
permitir a sus hijos que se desprendan de ellos y encuentren su propio camino, y
lo consiguen a través de amenazas indirectas, generalmente relacionadas con
problemas de salud sobredimensionados o autoprovocados. Muchos padres
hacen lo posible por convencer a sus hijos de que rechacen sus otras relaciones,
para quedarse a cuidarlos en su padecimiento; alimentan lentamente la culpa
ante la mera idea de abandonar el nido.
Las relaciones de pareja también son un foco ideal para la proliferación del
chantaje emocional, ya que se trata de una táctica de manipulación muy
compatible con los celos; entre los casos más comunes se encuentra el reproche
de una de las partes hacia la otra por pasar demasiado tiempo con los amigos.
Agresión en el propio sujeto
Más conocida como la autoagresión o autolesión, esta define como la agresión
hacia sí mismo.
En la cual existen infinidad de maneras de poder autolesionarse, los cuales
pueden ser leves o en peores casos, estos pueden llegar incluso a poner en
peligro la vida de la persona, algunas de estas son:
AUTOLESIÓN PSICÓTICA: Se asocia frecuentemente a un desorden
psicológico severo y éstas son generalmente lesiones que se pueden infringir
solamente una vez. Debido a la pérdida de contacto con la realidad, las
autolesiones que ocurren durante un estado psicótico tienen el potencial de ser
extremas. Ejemplos de autolesiones psicóticas son la amputación de las partes
del cuerpo, como serían los ojos o los genitales.
AUTOLESIÓN ORGÁNICA: La autolesión orgánica o estereotípica es un
comportamiento relativamente común en individuos con retraso mental y en
distintos síndromes de índole genético, como el autismo. Los individuos con
estos desórdenes tienden a lesionarse de maneras particulares. Por ejemplo, se
golpean la cabeza, se dan bofetadas y se muerden los labios. En este grupo, la
autolesión responde a dos funciones primarias: auto-estimulación y obtener un
refuerzo positivo o negativo.
AUTOLESIÓN TÍPICA: Se puede presentar en la población en general, el
estado emocional en el que se presenta la autolesión típica está permeado por la
soledad, la angustia, el miedo, la tristeza, el enojo y la impotencia. La
autolesión es una alternativa para evadir o enmascarar ese estado emocional.
Incluye cortarse, quemarse, rascarse hasta sangrar, arrancarse el pelo, romperse
huesos, pegarse, la inserción de objetos afilados debajo de la piel o en orificios
del cuerpo, interferir con el saneamiento de una herida, y casi cualquier método
en el que la persona misma se infrinja daño físico.
La autolesión típica se puede llevar a cabo de manera compulsiva, episódica o
repetitiva.
Autolesión compulsiva. Está asociada con el desorden obsesivo-compulsivo. El
auto-daño compulsivo incluye el arrancarse el pelo (tricotilomanía), fricción
excesiva de la piel y excoriación cuando se hace para remover defectos
percibidos en la piel.
Autolesión impulsiva. Tanto la autolesión episódica como la repetitiva son actos
impulsivos y la diferencia entre ellos tiene que ver más con el grado o nivel de
hacerlo.
La autolesión episódica es una conducta llevada a cabo tan a menudo que la
persona que lo hace ni lo piensa y no se considera como alguien que se hace
daño, es decir, no ven la autolesión como un problema. Generalmente es un
síntoma de algún otro desorden psicológico.
La autolesión repetitiva se caracteriza por conscientemente considerar el
hacerse daño y las personas se identifican a sí mismas como gente que se
autolesiona.
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las-autolesiones
Agresión sociocultural
Se utiliza el término sociocultural para hacer referencia a cualquier proceso o
fenómeno relacionado con los aspectos sociales y culturales de una comunidad
o sociedad. De tal modo, un elemento sociocultural tendrá que ver
exclusivamente con las realizaciones humanas que puedan servir tanto para
organizar la vida comunitaria como para darle significado a la misma.
En el Perú existen 30 814 175 de personas aproximadamente, de las cuales
todas son diferentes las unas a las otras. Algunas son altas, otras son bajas,
muchas tienen casa propia, pocas no saben leer, hay casi tantas mujeres como
hombres y la mayoría está trabajando. Si hiciéramos más comparaciones
posiblemente podríamos llenar hojas enteras de números y palabras cualitativas,
sin embargo, ese no es el punto.
El Perú no es solo rico en recursos naturales y paisajes únicos, sino también en
cultura e historia. Esta historia ha sido la causante de moldear un territorio
habitado por incas soberanos y hábiles conjuntamente con españoles
aventureros y tenaces. Y está mezcla solo es la primera de tantas a lo largo de
los años. Fue la primera composición que estructuró la verdadera riqueza del
Perú: su gente.
Son los peruanos los que construyen y han construido el Perú. Ellos son los
responsables de que el país haya progresado; aunque ellos también son
responsables de todos los atrasos que aún poseen y que no los dejan avanzar.
Uno de los atrasos es la falta de fraternidad entre ellos y la muy marcada falta
de aceptación. Muchos aún no comprenden (y no quieren comprender, lo que es
peor) que todos los peruanos son iguales y que es irrelevante si el otro es blanco
o negro, si tiene dinero o carencias materiales o si nació en la Selva o en la
Costa. Es más, la diversidad que posibilita el intercambio no debería ser motivo
de atraso, sino de alegría y progreso.
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la agresión sociocultural, puede definirse mejor como discriminación
sociocultural, puesto que al agredirse de esta forma es más una discriminación
lo cual lo convierte en agresión psicológica.
En esta parte se dan a conocer algunas de las tantas
agresiones(discriminaciones) que pueden existir en
Este ámbito, y los cuales pueden ser:
Agresión familiar: La familia está llamada a ser la primera educadora en el
respeto a todos. Especialmente respecto hacia quienes pertenecen a otras razas,
religiones, culturas, clases sociales, etc.
El niño aprende, desde su hogar, que existen personas diversas. Las distinciones
más originales, las que el niño percibe desde sus primeras experiencias en el
hogar, son las que se dan entre el padre y la madre, entre los padres y los otros
hijos, entre los familiares más cercanos y los más lejanos, entre los familiares y
los que, sin ser familia, entran en contacto frecuente con los hijos.
En este nivel de relaciones, el niño necesita adquirir actitudes de respeto hacia
los cercanos. Los padres hacen una labor enorme si se tratan entre sí con mucho
cariño y sin alusiones despectivas. Igualmente, los padres ayudan al hijo a
apreciar a los otros familiares y conocidos: los más jóvenes y los más ancianos,
los sanos y los enfermos, los que “triunfan” en la vida y los que viven
sumergidos en serios problemas humanos.
En un segundo nivel, la familia enseña cómo relacionarse con “los otros”, los
“extraños”. Esta palabra abarca una amplia gama de posibilidades. Los “otros”
pueden ser del mismo edificio o de otros lugares; de la misma raza o de raza
distinta; de la misma religión o de otras religiones; de la misma posición social
o de niveles diferentes; de la misma nación o de países cercanos o lejanos; de
mayor o menor edad, con salud o sin ella, etcétera.
Cada uno de “los otros” merece respeto simplemente en cuanto ser humano.
Desde luego, algunos de ellos pueden llegar a tener comportamientos
reprobables, y resulta oportuno enseñar a los hijos que ciertas cosas que ven no
son correctas. Pero ello no quita el ver maneras para que los hijos reconozcan
que, en la gran diversidad humana, es necesario tener siempre una actitud de
acogida benévola hacia el otro.
Pensemos, por ejemplo, en la distinción entre hombres y mujeres. Hay niños
varones que, desgraciadamente, se acostumbran a criticar a las mujeres, incluso
a despreciarlas o a tratarlas como seres menos capaces, condenados de por vida
a someterse a los hombres. Puede ocurrir algo parecido en las niñas, que
piensan que casi todos los hombres son seres informales, violentos, dejados,
agresivos, borrachos.
Los padres necesitan estar muy atentos a evitar este tipo de discriminaciones. El
trato que reine entre ellos, lo que diga él sobre la madre y sobre las mujeres, lo
que diga ella sobre el padre y sobre los hombres, puede dejar una huella
profunda en los hijos. Si los padres saben apreciar al sexo diferente, si van más
allá de un mal uso de las etiquetas “hombre/mujer” para ir a los corazones, si
ayudan a los hijos a corregir cualquier comentario “machista” o “feminista”
impropio con explicaciones asequibles a cada edad, será mucho más fácil que
los pequeños y adolescentes tomen actitudes correctas ante la riqueza dual de la
sexualidad humana.
Otra distinción se refiere a las diversidades raciales y sociales. Hay lugares en
los que las dos cosas parecen coincidir: los que pertenecen a una determinada
raza suelen ser de condición social más elevada o más empobrecida, aunque no
siempre es así.
Los padres están llamados a ayudar a los hijos a no despreciar a nadie por ser de
raza o posición social distinta de la propia. La bondad o maldad de los
corazones no depende ni del color de la piel ni de la cantidad de dinero
almacenado en el banco. Por eso, a la hora de mirar por la calle o en la
televisión al “diverso”, los padres pueden ofrecer juicios sobre cómo mirar y
respetar a todos, en sus personas y en sus actuaciones, con la idea clara de que
el nivel social no determina ningún acto bueno o malo. Los comportamientos
nacen de los corazones, y los corazones no son ni blancos ni negros, ni
capitalistas ni proletarios.
Un ámbito importante a tener en cuenta es el de la existencia de distintos
niveles intelectuales y de discapacidades físicas. Es triste encontrar a niños y
adolescentes que desprecian a compañeros o a adultos porque les falta una
mano, o porque padecen de las enfermedades congénitas, o porque tienen el
rostro quemado. Como también es triste que desprecien al compañero que
tartamudea en clase, o que siempre suspende en inglés, o que es malo en los
deportes. También hay lugares en los que el despreciado es el “intelectual”, el
más listo, que recibe continuas humillaciones de sus compañeros de aula.
La familia necesita convertirse en un auténtico “hospital” para curar este tipo de
discriminaciones tan presentes en nuestras escuelas. Los padres pueden pedir a
sus hijos que inviten a compañeros a clase, observar prudentemente cómo los
tratan, y ver si hace falta, en un momento de calma, dar una palabra de
corrección ante actitudes intolerantes, o alentar a mantener el buen espíritu si
éste ya existe entre los hijos. Igualmente, a través del diálogo con los
profesores, pueden conocer mejor cómo se comportan sus hijos en el grupo y si
hace falta insistir más en una profunda educación en el respeto hacia todos.
Algo muy útil, realizado con mucha delicadeza por no pocas familias, es visitar
en los hospitales a personas enfermas, o a lugares de atención a ancianos
necesitados de un rato de cariño. De este modo, los hijos aprenden a descubrir
cuántas riquezas humanas se esconden bajo apariencias sencillas, rostros
arrugados o cuerpos reducidos poco a poco por enfermedades paralizantes.
Cada familia puede ayudar mucho a crear sociedades más justas y más
respetuosas. Ayudar a descubrir que cada ser humano, desde su concepción
hasta su muerte, es siempre digno de respeto, será siempre la mejor enseñanza
que un hogar ofrezca a los niños de hoy. Gracias a ellos, podremos preparar
nuevas generaciones que construyan un mañana con menos discriminaciones y
con mucho más amor.
Recursos sociales (economía)
La discriminación económica en palabras simples, es el hecho de diferenciar a
otras personas por el dinero que poseen, también deriva en una discriminación
por clase social que margina a ciertos individuos de los diversos beneficios que
podrían tener en la sociedad. El hecho económico, es decir, la cantidad de
dinero que la persona posee, otorga poder a las personas y por ello ocurre la
discriminación. Este tipo de discriminación sucede en diversos niveles de la
sociedad, desde los más humildes hasta los más poderosos.
La discriminación económica está presente en colegios, universidades,
instituciones públicas, privadas, etc. No es ajeno a nadie que hay lugares donde
esta discriminación está latente en el aire y se la puede sentir, aunque no se diga
nada todo está dicho.
Por ejemplo, una señora de pollera que entra a un restaurante fino recibe toda
clase de miradas y cuchicheos. Esto es discriminación por la condición
económica, ocasionada también por prejuicios y otros tipos de discriminación
(racial, física, etc.)
Las principales privaciones que sufren las personas víctimas de esta
discriminación son:
- Privación económica: Ingresos insuficientes en relación con el contexto,
empleo inseguro y falta de acceso a recursos.
- Privación social: ruptura de los lazos sociales o familiares y de mecanismos de
solidaridad comunitaria, marginación de la comunidad, alteración de los
comportamientos sociales e incapacidad de participar en actividades sociales
(por ejemplo, las personas con escasos ingresos se ven obligadas a disminuir sus
relaciones sociales)
- Privación Política: Carencia de poder, incapacidad de participación en las
decisiones que afectan a sus vidas o participación política.
La discriminación económica no sucede al margen de otros tipos de
discriminación, si recordamos los anteriores temas y los distintos motivos por
los que las personas discriminan, nos damos cuenta que muchos de ellos están
vinculados y suelen mezclarse en la mente.
Al final, la cantidad de dinero que tenemos en el bolsillo, no debe ser razón
diferenciadora en cualquiera de las etapas de nuestra vida.
Agresión educativa
La agresión hoy un componente cotidiano en nuestras vidas. Es una
manifestación que ocurre en todos los niveles sociales, económicos y culturales.
Esta se ha puesto de manifiesto también en las instituciones. Dicha agresión fue
ocultada, negada y silenciada durante muchos años por educadores y
autoridades, pero evitar y suprimir esos actos violentos no ha hecho más que
empeorarlos.
Debemos enfrentarnos a esta problemática que aumenta día a día. Enfrentarlos
significa reconocerla, analizarla y actuar sobre ella, esta es una manera de
trabajar en prevención.
El problema debe ser tomado sin dramatismo, pero con firmeza y en toda su
magnitud. Debemos evitar el miedo y la angustia que la agresión produce para
no caer en la impotencia y actuar desde una postura reflexiva que nos permita
encarar abordajes acordes a su complejidad.
Pensar en la agresión en la escuela obliga a definir sus causas, límites y
direcciones. Alcira Orsini, coordinadora general de Orientación y Salud Escolar
y del Programa por la No agresión en la Escuelas de la Ciudad de Buenos Aires,
caracterizó a la agresión en la escuela a partir de una investigación realizada en
el ámbito del CONICET, donde se definen como violentas las "situaciones,
hechos o personas que expresan conductas consideradas como impertinencias ,
manifestaciones de burlas lenguaje obsceno, violación marcada de los códigos
de vestimenta, peleas serias entre personas o grupos, actos de vandalismo que
impliquen destrucción o daño de elementos de la institución y robos".
Características de la agresión escolar
La agresión escolar es una violencia particularmente específica por los
siguientes aspectos:
El espacio de la victimización es la propia escuela, el lugar donde se desarrolla
el proceso educativo.
Los participantes de la violencia, en numerosos casos son los alumnos, esto
constituye una línea endeble entre los autores de los hechos de violencia y las
víctimas.
El personal docente se muestra vulnerable por no poder controlar la violencia en
la institución escolar esto conduce a una permisibilidad y agravamiento de los
comportamientos violentos.
La importancia del rol y la función social del maestro no es suficientemente
valorada, comprendida y apoyada en nuestra sociedad.
Tanto la sociedad en su conjunto como el ámbito escolar han abandonado una
educación cimentada en los principios básicos de los derechos humanos, el
respeto, la igualdad y la paz.
Carencia de compromiso hacia la institución escolar.
Infraestructura edilicia escolar deteriorada y sin mantenimiento constituye un
símbolo de desorganización y violencia escolar.
Tipos de violencia escolar
- Violencia de los alumnos
En la escuela, la conducta agresiva parece estar relacionada con las variables
afectivas y de relación familiar, como puedan ser el rechazo de los padres, el
castigo agresivo y la carencia de identificación con los padres. Algunas víctimas
crecen en la convicción de que el empleo de la agresividad es el mejor camino
para conseguir lo que quieren. El haber sido víctima en la infancia propicia que
de adulto se victimice a otros.
En los procesos de interacción en el aula debemos tener en cuenta los factores
motivacionales, el autoconcepto académico, el ánimo con que se afronta la tarea
y los factores afectivos. Cuando un individuo se incorpora a un grupo social se
dan dos tendencias: el deseo de dominio y el de afiliación. El fenómeno de
agresión entre iguales podría deberse a la desintegración que sufre el niño
cuando ingresa por primera vez en el medio escolar. Su mundo, el familiar,
queda relegado y aparece su deseo de ser y hacer acrecentado por la novedad y
el ambiente. Pero su deseo y actividad se encuentran con los de otros y
provocan un conflicto que se resolverá en función de su temperamento e historia
personal. Así, optará por esforzarse en prevalecer sobre el otro, se someterá a él,
o bien se aislará. De cualquier manera, le permitirá encontrar a aquel o aquellos
que lo acepten y descubrirá el placer de pertenencia.
Una forma de disminuir los daños que la violencia puede causar sería:
Mayor presencia del personal docente y un trabajo con los alumnos respecto de
los objetivos que tienden a cuidar y respetar su propio ámbito escolar.
Estimularlos a colaborar, integrarse y actuar cooperativamente mediante talleres
de reflexión y de intercambio como así también la puesta en marcha de jornadas
voluntarias de trabajo tendientes a mejorar y embellecer las instalaciones.
Incluir a la comunidad, para que se sienta identificada con la tarea escolar.
Se podrán proyectar películas y videos invitando a los distintos sectores de la
sociedad, repartir folletos, organizar charlas y debates.
- Agresión de alumno hacia alumno
Hurtos y robo de objetos: en todos los niveles económicos y sociales.
Lesiones: desde golpes y empujones, hasta la utilización de armas de fuego.
Ataque sexual: pueden producirse en zonas de baños u otros lugares
Homicidios: la portación de armas de fuego ha provocado homicidios en
ámbitos educativos.
Suicidios: la escuela está en condiciones de advertir estados depresivos de sus
alumnos, ayudando así a impedir conductas auto destructivas que pudieran
terminar en suicidios.
- Agresión de alumnos hacia docentes
Este tipo de agresión, comprende distintas modalidades del conflicto con la
autoridad educativa.
La influencia de una familia violenta en un contexto de violencia, provoca
consecuencias gravísimas.
- Agresión de parte del docente
Comprende tanto a autoridades, profesores, preceptores, como personal
administrativo y de mantenimiento, que trabaja en el ámbito educativo.
Esta violencia puede adquirir diferentes manifestaciones:
Física: Ha disminuido, notablemente en las últimas décadas, sin embargo, se
registran algunos casos aislados.
Emocional: Consiste en humillaciones, violencia verbal, etiquetamiento de los
alumnos como problemáticos.
Expulsiones de alumnos de ámbitos educativos. La expulsión es una actitud
violenta que pone de manifiesto la impotencia institucional.
Relaciones confusas: Casos de relaciones impropias hacia los alumnos, cartas
pasionales, caricias, abusos...
- Agresión del personal hacia los padres: Lamentablemente los padres
son citados por los docentes y autoridades escolares para transmitir los aspectos
negativos del alumno creando, muchas veces un círculo de incomunicación.
- Agresión entre el personal docente: La violencia entre docentes en un
espacio educativo es una de las situaciones más delicadas y graves por los
modelos que significan estos comportamientos para los alumnos