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Sentimiento Constitucional en el Perú

Este documento presenta un resumen del Capítulo 1 de una monografía sobre el sentimiento constitucional en el Perú. Define el sentimiento constitucional como la adhesión íntima a las normas e instituciones fundamentales de un país. Explica que el sentimiento constitucional existe en países con larga tradición democrática y es importante para el funcionamiento del orden constitucional. Además, propone estudiar el presidencialismo en el Perú desde el enfoque del sentimiento constitucional.
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Sentimiento Constitucional en el Perú

Este documento presenta un resumen del Capítulo 1 de una monografía sobre el sentimiento constitucional en el Perú. Define el sentimiento constitucional como la adhesión íntima a las normas e instituciones fundamentales de un país. Explica que el sentimiento constitucional existe en países con larga tradición democrática y es importante para el funcionamiento del orden constitucional. Además, propone estudiar el presidencialismo en el Perú desde el enfoque del sentimiento constitucional.
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Universidad Nacional de Cajamarca

Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

Monografía:
El sentimiento constitucional en el Perú
Introducción al Derecho

Integrantes:
SALAZAR VARGAS, Maricielo Medaly
SÁNCHEZ HERRERA, Romina Alejandra
SÁNCHEZ QUEVEDO, Viviana Lizbeth
SANGAY REYES, Cristian Omar
VALENCIA TAFUR, Cristian Leonidas

Docente:
M.Cs. Luis Angel Rojas

Cajamarca - Perú
2021
INDICE:

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1. Sentimiento Constitucional como enfoque


1.1. El sentimiento constitucional
1.2. El sentimiento constitucional como enfoque

CAPÍTULO 2. Democracia directa

2.1. Iniciativa popular

2.2. Referéndum

2.3. La revocatoria de autoridades

2.4. La rendición de cuentas:

2.5. El presupuesto participativo

2.6. Consulta previa

2.7. La democracia representativa:

CAPÍTULO 3. Las Perspectivas de la Representación

3.1.Representación Jurídica

3.2. Representación sociológica

3.3. Representación Política

3.3.2. Representación Política Híbrida

Capítulo 4: Modalidades de participación política

4.1. Clasificación de la participación política.

4.2. La participación política como derecho fundamental


4.3. Condiciones para la vigencia efectiva de la participación política

como un derecho fundamental

4.3.1. Reconocimiento y garantía de derechos fundamentales

conexos

Capítulo 5: Participación Ciudadana en el Perú

5.1. Definición de participación ciudadana

5.2. La participación ciudadana en el Perú

5.3. Mecanismos de partición ciudadana en el Perú

5.4. Algunos de los principales mecanismos participativos en la actualidad

5.4.1 Revocatoria de Autoridades

5.4.2 Rendición de Cuentas

5.4.3 Presupuestos Participativos

5.4.4 Consulta Previa


Capítulo 1
El sentimiento constitucional como enfoque
El sentimiento constitucional
Podríamos definirlo como la adhesión íntima a las normas e instituciones
fundamentales de un país, experimentada con intensidad. El sentimiento
constitucional es la variable cultural de la política y de la Constitución, forma parte
de la tradición del pensamiento político desde tiempos muy antiguos y es muy
importante por la filiación existente entre las personas y la política y sus
instituciones.
Teniendo en cuenta que los problemas relacionados con el carácter esencialmente
social del hombre, ya los planteaban hace 25 siglos los pensadores griegos,
Aristóteles precisó: “Es preciso que todos los ciudadanos sean tan adictos como sea
posible a la Constitución”. La intensidad de este sentimiento en una sociedad dada
es un buen criterio para medir su madurez cívica y el nivel de su cultura política.

El sentimiento constitucional existe y su actuación se percibe en los países con


larga tradición democrática. Su existencia es la prueba más significativa de la
consonancia entre norma y realidad. Lo contrario con la crisis del sentimiento
constitucional, que pone de manifiesto la falta de integración política. La carencia de
una presencia activa del sentimiento constitucional en ordenamientos democráticos
recién estrenados, o débiles, indica, precisamente, que todavía no han enraizado o
que están en crisis o amenazados por ella. Un ordenamiento constitucional sin
suficiente adhesión sentida puede devenir fantasmagórico, aunque se estudie y
discuta en los libros y se explique en las aulas.
Nunca se insistirá lo moderado en la urgencia de que la sociedad se adhiera a la
Constitución, sintiéndola como cosa propia. Resulta confuso aproximar la
ciudadanía a la Constitución y lo que representa.
Remarcar la importancia de la relación moral de la sociedad a las instituciones
diseñadas por la Constitución y a los derechos y libertades que reconoce y garantiza
resulta fundamental en unos momentos de cierto desencanto político. Actualmente,
esta labor exige una defensa activa del principio democrático frente a los dos
peligros que se ciernen sobre él: la corrupción y la demagogia. La democracia
puede llegar al abismo si solo se lucha en uno de sus frentes. Los medios de
comunicación pueden jugar un importantísimo papel en esta doble confrontación.
Lo peor que podría ocurrir sería que la encomiable labor de denuncia de la
corrupción político-económica no fuera acompañada de la necesaria actitud
beligerante frente a todo tipo de demagogias que reclaman legitimidades distintas
de las que las urnas proporcionan. Ello conduciría a la ciudadanía a desentenderse
de la suerte del régimen, a no sentirse implicada en su Constitución.

Sin sentimiento constitucional, la Constitución, como realidad integradora, corre el


riesgo de sucumbir. La identificación de la sociedad con el espíritu de su norma
suprema, el espíritu democrático informado por los valores de igualdad y libertad es
un requisito imprescindible para el mantenimiento y buen funcionamiento del
régimen constitucional.

El sentimiento constitucional como enfoque

El sentimiento constitucional es una propuesta de enfoque para estudiar y entender


el presidencialismo como forma de gobierno en el Perú.

Ferdinand Lasalle, en Berlín, se respondía de la siguiente manera cuando se


preguntaba por “la verdadera esencia” de la Constitución:
“Los problemas constitucionales no son, primariamente problemas de derecho, sino
de poder; la verdadera Constitución de un país sólo reside en los factores reales y
efectivos de poder que en ese país rigen; y las Constituciones escritas no tienen
más valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de
poder imperantes en la realidad social”

En el Perú, Gerardo Eto Cruz menciona que:

“A la larga el sentimiento constitucional va a constituirse en un modo de integración


política dentro de un Estado Social y Constitucional de Derecho; y ello permitirá que
en los momentos de mayor crisis institucional, una cultura constitucional de
adhesión genere la estabilidad de todo el sistema político. Sin embargo. esta
adhesión no se da gratuitamente: sino que va indefectiblemente ligada a las
conductas reales y concretas de los detentadores del poder; a su lealtad a los
valores constitucionales y a los contenidos esenciales de lo que tradicionalmente
podemos identificar como los contenidos esenciales del respeto a los derechos
fundamentales de las personas, tanto como el respeto de la parte orgánica de la
Constitución. Sin la adhesión de los detentadores del poder a estas dos grandes
partes de la Constitución -la dogmática y la orgánica-, es muy difícil que exista toda
una cultura y sentimiento constitucional real”
También menciona que: “Los sentimientos constitucionales, en rigor, se nos
presentan dentro de una manifestación cultural, razón por ·la cual, no es un término
instrumental. o si se prefiere no es de carácter neutro a los valores; muy por el
contrario, la expresión entraña toda una carga axiológica en donde se identifica a los
gobernantes y gobernados integrados por y en la Constitución”.

Peter Häberle expone sobre el “sentimiento constitucional” lo siguiente: “El ser


humano, cuya dignidad es la base del Estado Constitucional es ciertamente el ser
racional de la Ilustración en el sentido de Kant: pero esto no excluye verlo también,
a la luz de experiencias históricas, como ser irracional-emocional. El Estado
Constitucional se ensarta en este nivel del ser humano: por ejemplo, allí donde usa
fuentes de consenso emocional para considerar como Estado cultural a este otro
lado del ser humano comunitario. ¿Acaso el Estado Constitucional, interpretado
cultural y científicamente, no se nutre en última instancia de la libertad artística y de
sus resultados? por lo tanto, también extrae aquí, la consecuencia antropológica, a
partir de lo irracional-emocional”
También plantea la idea de “la sociedad abierta de los intérpretes de la Constitución”
en ella amplía la interpretación del derecho constitucional a todos los ciudadanos,
de manera que la posibilidad Interpretativa no queda restringida únicamente a los
magistrados y abogados como operadores formales del derecho constitucional.
Menciona también que en latinoamérica se discute mucho en torno a las ideas de
presidencialismo y parlamentarismo. Cree en la probabilidad de que los países
jóvenes que atraviesan situaciones difíciles, en especial aquellos países llamados
emergentes como Brasil, precisen de un presidente con poderes limitados, pero
importantes.

José Luis López Chavarría, al estudiar “el sentimiento constitucional” afirma que:
Pablo Lucas Verdú, previene en la introducción de su trabajo, pretende volver a las
cosas, a las sustancias, a la necesidad de legitimar el poder, de reintegrarse a la
realidad, para que la sociedad civil encuentre motivos de adhesión afectiva al
ordenamiento que disciplina su convivencia.
La interpretación personalizada del poder presidencial ha sido de mucha ayuda para
especificar y fundamentar el régimen autoritario. Sin embargo, su importancia
crucial, la presidencia de la república era solo una forma de organización que se
plasmaba el poder, en donde para la realización de ello intervienen distintos
factores, internos como las confederaciones de actores políticos, condiciones
sociales o el peso de otras instituciones que pueden ser sindicatos o grupos de
presión; en el factor externo evoca la vinculación, relación que se llega a dar con el
país y el exterior.

Pero surge mucha controversia e incertidumbre por ello se realizan diversos


estudios en donde se investiga y analiza el régimen presidencial en términos
constitucionales con relación a la perspectiva del contexto. No obstante, el
paradigma del presidencialismo autoritario no ha llegado a ser destruido por la razón
que su alcance analítico viene a ser limitado, es decir no especifica ni el tiempo ni el
espacio del fenómeno a explicar. Esto implica que la personalización del poder
reduce la amplia realidad y no se ejemplifique la justicia. Primero porque introduce
factores cuyo objeto real es la transparencia ante una falsificación. Reconocer y
diagnosticar el pensamiento o estados de ánimo en la memoria de los presidentes
de la época es muy complicado, al igual que el paradigma, este también omite
factores que de manera visible expliquen su funcionamiento de los presidentes
autoritarios. En segundo lugar, los presidentes no disponían de algunos recursos, no
tenían la libertad de diversas opciones por lo cual su poder estaba estructurado a
restricciones constitucionales, administrativas, políticas y contextuales que no
podían llegar a ser ignoradas. Real o imaginario el poder del presidente siempre era
una dimensión característica del autoritarismo, claro ejemplo la gobernación
mexicana desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los 2000, cuando el pri
fue derrotado.

Muy por lo contrario, Alan Knight no considera el presidencialismo como la especie


de íntima psique mexicana, al igual que tampoco azteca o colonial por el motivo que
lo explicado anteriormente se basa en explicaciones teñidas de racismo y
desigualdad, punto en el que tampoco nos inclinaremos.

Para eso el presidencialismo como forma de gobierno y la democracia tienen una


gran variable cultural en donde la democracia es considerada una categoría de
origen griego, propiamente ateniense y acuñada para formar un gobierno a su
propia dicha. Para ello en el siglo VI a.C la instauración da como resultado un
sentido más integral. Es entonces como la democracia etimológicamente significa
gobierno del pueblo sin posibilidad de convertirse en una patología de la política.

Por ello la radicalidad del modelo griego de la democracia corresponde en la


actualidad a una democracia directa, es decir el pueblo posee y ejerce la soberanía
de modo directo. En el cual este modo de gobierno dependía de una forma de vida
polis donde demandaba un número pequeño de ciudadanos, pero a la ves un
número no pequeño que sobrelleven el proceso económico, y básicamente eran
mujeres, esclavos sin libertad ni derechos y metecos que eran extranjeros libres,
pero sin más derechos.

El consejo de Areópago resulta la institución ateniense que estaba conformada por


los arcontes sobresalientes y de mandato vitalicio. En las primeras etapas tuvieron
atribuciones claras pues eran los guardianes protectores de la constitución,
vigilaban que se dé el cumplimiento de las leyes por los magistrados, además
prioritariamente realizaban funciones judiciales. Pero tras la reforma de Efialtes el
areópago pasa a manos de una nueva institución democrática logrando tener sólo
ciertas competencias judiciales. Esta nueva reforma ocurre por la contemporaneidad
del sentimiento constitucional.

El consejo de los Quinientos, Cuatrocientos al principio, fue en un tiempo el que


ejercía el gobierno de Atenas. Este fue establecido por Clístenes, sus miembros se
elegían entre los habitantes mayores de treinta años y en donde todo ciudadano
debería pertenecer al Consejo una vez en la vida. Su atribución de este era preparar
las sesiones de la asamblea instituyendo el orden del día, pero previamente debería
ser evaluado por el Consejo, otra de sus funciones era examinar los magistrados
antes de tomar la labor de una magistratura.
Los tribunales también estaban conformados por ciudadanos de más de treinta
años, voluntarios para el ejercicio del cargo y que se llegaba a conformar 10 tribus
con un aproximado de 500 miembros. La designación de los jueces se formalizaba
por sorteo, práctica que también se empleaba para el nombramiento de cargos
oficiales y cuya acción era una de las más importantes y atrayentes a los ojos de los
atenienses ya que permitía a los ciudadanos tener un cargo en su vida y así
lograban impedir que se comprasen los votos.

La asamblea, centro de poder político ateniense, estaba conformada por todos los
ciudadanos de pleno derecho a las diez tribus y se reunían en sesiones ordinarias y
extraordinarias diez veces al año, este centro se encargaba de asuntos referidos a
la guerra y la paz, las expediciones y aprovisionamientos militares, a la valoración
de cargos administrativos y las magistraturas en casos de ostracismo y condenas.
Los ciudadanos en la asamblea gozaban de isegoría, es decir derecho igualitario, a
partir de ello y a la reforma de Efialtes la asamblea se consideró como el cuerpo
gubernamental soberano de verdad.

El concepto democracia en un sentido histórico como contemporáneo sus


significados son complementarios. Según Giovanni Sartori señala que la democracia
es el poder del pueblo y pre existirá mientras vivan sus ideales y valores; mientras
que Norberto Bobbio prescribe que la democracia es un conjunto de reglas
procedimentales. También considera que la democracia no existe, pues la
materialización de una idea por significado puro resulta imposible por la
impracticabilidad de los principios que la inspiran es decir por la tensión entre los
valores de la libertad e igualdad. Por ello Bobbio debe concebir a la democracia
como un método para la constitución del gobierno y formación de las decisiones
políticas.

Los sistemas democráticos pueden distinguirse entre sí por las diferencias


materiales que hay entre uno y otro. Por ejemplo, el ejecutivo depende directamente
del legislativo y deriva de este, mientras que en otros el ejecutivo es independiente y
elegido de manera autónoma frente al legislativo. Para realizar una valoración
axiológica de las similitudes y diferencias resulta indispensable recurrir a la
comparación entre estas y a la noción ideal de democracia en donde debe haber un
Estado de derecho que respete la soberanía del pueblo y el derecho a tener
representantes. Otra característica fundamental de la democracia es la de ser
representativa es decir que involucra a toda la comunidad y que los hombres que
gobiernan sean electos por consentimiento y confianza del pueblo. Otro elemento es
la existencia de los partidos políticos y que estos vayan alternando el gobierno por
medio de elecciones periódicas libres y con igualdad de valor de voto. A ello es de
suma importancia la descentralización y la separación de poderes.

Señalado esto Alain Touraine dice que el régimen democrático es la forma de vida
política que da la mayor libertad al número que protege la mayor diversidad posible.

· Democracia directa y la democracia representativa como formas de


consentimiento constitucional:

La creación de esta forma de democracia se debió al tamaño reducido que tuvo la


ciudad-estado de Atenas, pues estaba conformada por 45000 personas y a ello
agregamos la restricción de la ciudadanía.

Según Rodrigo Borja la democracia directa es aquella en que el pueblo ejerce el


gobierno del Estado por sí mismo, en contraste con la democracia representativa en
que la sociedad está gobernada por personas elegidas por ella y cuya gestión
conserva el derecho a la fiscalización regular.

Se ha afirmado que en realidad la democracia directa es un valor conceptual que


cuyo ideal se pretende alcanzar, en rigor a que nunca existió ni podrá existir puesto
que se eliminó la participación de la clase esclavista en la sociedad. Debemos
recordar que Atenas estaba conformada por ciudadanos libres incluidos niños y
mujeres.

En suma, la democracia directa sería un ideal de imposible materialización fáctica.


Conforme pasa el tiempo y las ciudades carecen en extensión y en habitantes, el
gobierno directo es cada vez más difícil.

Por ello en la realidad no cabe otra forma de democracia que la indirecta o


representativa en la que el pueblo ejerce el poder político por medio de sus
representantes. Este tipo de modalidad se presenta como la única creciente
especialización técnica de las funciones que se ejerce hoy en día en el manejo de la
cosa pública y con el incesante crecimiento de la población.

La participación ciudadana se entiende como un conjunto de mecanismos por medio


de los cuales los ciudadanos o la sociedad civil pueden tomar parte de las
decisiones públicas buscando que dichas decisiones representen sus intereses ya
sea como particulares o como grupo social. Respecto a esto Michell Valdiviezo
precisa que la participación por parte de la sociedad civil en asuntos públicos de
nuestro país es un derecho fundamental los cuales establecen que toda persona
tiene derecho a participar en los asuntos públicos de su país. La Declaración
Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a
participar en el gobierno del país directamente o por medio de representantes
libremente elegidos.

Entre los mecanismos de participación ciudadana en las diversas formas del


sistema jurídico nacional que pueden ser ejercidos por cualquier ciudadano se
puede mencionar lo siguiente:

- Iniciativa de reforma constitucional

- Iniciativa en la formación de las leyes

- Referéndum

- Iniciativa en la formación de dispositivos municipales y regionales

- Consulta previa

Y como derechos de control de los ciudadanos tenemos:

- Revocatoria de autoridades

- Remoción de autoridades

- Consejos de coordinación regional

- Presupuestos participativos
- Demanda de rendición de cuentas.

Capítulo 2

2.Democracia directa

· 2.1 Iniciativa popular:

Ofrece a los ciudadanos la posibilidad de presentar propuestas para una


modificación o ampliación de la constitución. Su función consiste en estimular o
iniciar el debate político sobre un tema concreto. Una iniciativa popular es válida y
puede someterse a votación si se logra reunir un mínimo de 100.000 firmas en el
plazo de 18 meses. Una vez conseguido esto, las autoridades pueden presentar una
contrapropuesta, con la que pueden contrarrestar la iniciativa ofreciendo una
alternativa a los electores y a los cantones.

· 2.2. El referéndum:

En el artículo 31° de la Carta Fundamental establece que los ciudadanos tienen


derecho a participar en los asuntos públicos mediante referéndum. De tal forma que
esta figura democrática aparece en el Perú con tal denominación de referéndum
recién con la vigente Constitución Política de 1993. Por su parte, el artículo 2° de la
ley de los Derechos de Participación y Control Ciudadanos, aprobados por ley
N°26300, señala que el referéndum es un derecho de participación de los
ciudadanos en la vida pública.

El artículo 32° de la Carta Fundamental señala que los casos que pueden
someterse a referéndum son:

- La reforma total o parcial de la Constitución

- La aprobación de normas con rango de ley

- Las ordenanzas municipales

- Las materias relativas al proceso de la descentralización


No pueden someterse a referéndum la supresión o la disminución de derechos
fundamentales de la persona, ni las normas de carácter tributario y presupuestal, ni
los tratados internacionales.

El referéndum según Francisco Miro Quesada Rada señala que es una institución
creada por las normas cuya finalidad es la consulta de normas al pueblo.
Posteriormente, los suizos los empezaron a utilizar desde 1215, durante la etapa
medieval, para el caso helvético, la finalidad consistía en que cada norma aprobada
por la autoridad debería ser consultada al referéndum.

Luego otros países empezaron a utilizarlo en el marco de sus correspondencias


constitucionales para darle legitimidad democrática, apareciendo así una serie de
modalidades.

El referéndum es el derecho que permite someter a consulta determinados temas


normativos, asuntos de índole constitucional o de importancia nacional
constituyéndose como un mecanismo normativo de normas. En otras palabras, es la
consulta hecha al pueblo para que mediante votación se pronuncie a favor o en
contra de una determinada decisión.

El sufragio, se precisa en la guía de participación Ciudadana del Perú, es


considerado como la dirigente herramienta de democracia directa, lugar que,
mediante tal institución, el lugar o más cabalmente la multitud electoral, participa por
vía consultiva o deliberativa, en el proceso de alternativa.

Para Francisco Miro Quesada Rada “se trata de un derecho de participación directa,
lo que significa que los ciudadanos tienen el recto a participar a bocajarro en los
asuntos públicos a través de esta corporación; y si la participación es directa,
entonces no puede caudal intermediación alguna por componente de otra empresa
del estado, no puede existir un intermediario entre la presidencia y la naturalidad”.

No hay que confundir los comicios con el plebiscito, este último viene a ser una
consulta sobre una opción política estratégico que no atañe la praxis común del
poder de una manera ya establecida, como por canon el plebiscito que se realizó en
Tacna y Arica sobre el pendón de cambio de soberanía, mientras que el sufragio es
una consulta sobre la aprobación de un ordenamiento.
2.3. La revocatoria de autoridades:

El código Político de 1993 establece en su Artículo 31° que todos los ciudadanos
tienen derecho a participar en los asuntos públicos mediante la revocación de
autoridades. Además, la Ley de los derechos y participación de control ciudadano,
autorizada por Ley N° 26300 (restituida en su derecho por Ley N° 27520), estipula
en el artículo 3° que un derecho de control autóctono es la “revocatoria de
autoridades”. Tenemos que definir que la revocatoria de autoridades no es un
derecho clave de natura política, ha sido únicamente una maniobra que hace
supuesto la práctica ostensible de un directo que sí es interesante como el directo a
la participación política.

Mitchell Valdiviezo, siguiendo la guía de participación ciudadana en el Perú, señala


que ´´La revocatoria es definida como: ´una manera de control y desarrollo cuando
las autoridades no respetan los acuerdos básicos delegados por el esfuerzo
popular; dejando de aparearse con el apoyo por distintos motivos que pueden ser un
achaque en la práctica de sus funciones hasta cuestionamientos de temperamento
ético. No pueden ser revocados el gobernante de la República ni los Congresistas
de la República´´

Para Francisco Miro Quesada, “la abrogación es una institución de la democracia


directa que permite al ciudadano tener la decisión para separar el gobierno a un
mando elegido antiguamente que concluya su fase de gobierno”.

De esta definición ofrecida por Francisco Miro Quesada, se deduce lo siguiente:

a. Es directa porque se ejerce sin intermediación de los otros poderes del existido.

b. Es optativo porque nace de una iniciativa global, en donde quienes plantean la


gloriosa iniciativa son libres o no de ejercerla. La ley reconoce el directo, pero no
obliga a ejercerlo. Es pues un directo cirujano.
c. Toda dirección elegida es potencialmente pasible de ser revocada. Son los
revocables. Por otra parte, los ciudadanos son revocantes.

d. La derogación se ejerce durante la vigencia en que la dirección está en el poder.

Francisco Miro Quesada entiende que hay dos variedades de rescisión:

a. Global, cuando todas las autoridades elegidas pueden ser revocadas; es la


eventualidad de los países de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Se puede suprimir al
presidente, al vicepresidente, a los diputados, así como todos los cargos de elección
global.

b. Restringida, que rige solo para algunas autoridades; es el evento de los países de
Perú, Colombia, Panamá, Argentina, México y Puerto Rico. En el Perú y Colombia
procede la derogación en la revocación en la instancia regional y municipal; por el
contrario, en Argentina y Costa Rica es solo departamental.

La derogación, precisa Miro Quesada, tiene un espacioso porcentaje de autorización


ciudadana y está sustentada en el comienzo de soberanía global; nace de una
iniciativa global, y puede ser convocado por el presidente de la República. Otro
alcance de este hábito democrático es que empodera al residente, porque es una
herramienta, no solo de participación, sino de gendarme global.

La abolición es más un acto político que procesal, a pesar de que en una


democracia se debe montar el poder autóctono con el poder de la jefatura elegida,
entonces se regula por ley, internamente del escenario del vivido de rectilíneo. La
abolición en el Perú se inicia con un proceso de cosecha de firmas, las cuales
deben ser debidamente comprobadas por el cuerpo doméstico de Elecciones. Para
que esta proceda, según establece la ley, se necesita el 25% o un helado de
400,000.00 firmas y, debe apoyarse, empero no probarse. Si la comisión nacional
de Elecciones comprueba que las firmas son válidas, convoca a la consulta común
de derogación, la cual todavía se denomina sufragio revocatorio. El referéndum
revocatorio se llevará a cabo a partir de los 90 días de haber sido hecha la
convocatoria. La autoridad será revocada si los votos en contra son la mitad más
uno de los electores que participan.
2.4 La rendición de cuentas:

La constitución política de 1993 establece, en su Artículo 31°, que todos los


ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos y demandar la
rendición de cuentas. Es al igual que, la rendición de cuentas es “el derecho a
interpelar a las autoridades respecto a la ejecución presupuestal y uso de recursos
propios. Procede frente a autoridades que pueden ser removidas o revocadas”.
encima, la reclamación de rendición de cuentas además se encuentra estipulada en
la Ley de los derechos de participación y control ciudadano, aprobada por Ley N°
26300 (restituida en su vigencia por Ley N° 27520).

El artículo 31° de la Ley N° 26300, igualmente señala que “Los fondos a que se
refiere el artículo 170 de la constitución están sujetos a rendición de cuentas”.

El artículo 34° de la Ley N° 26300, señala que “Para que se acredite la reclamación
de rendición de cuentas se requiere que la soliciten cuando ileso el diez por ciento
(10%) con un decisivo de veinticinco mil (25.000) firmas de la población electoral
conseguido aparecer en la respectiva jurisdicción municipal”:

2.5. El presupuesto participativo:

El desarrollo de presupuesto participativo se define como “un mecanismo de salario


equitativo, razonable, apto, eficaz y diáfano de los capitales públicos, que fortalece
las relaciones entre Estado y sociedad civil, a través de la participación de ésta en el
cambio de programación del presupuesto, el cual se desarrolla en armonía con los
PDC de los gobiernos descentralizados y la fiscalización de la administración”.

La Ley de Bases de la Descentralización, autorizado mediante Ley N° 27783,


establece que los gobiernos regionales y locales deben afiliar a los presupuestos
participativos como rudimentos de gestión pública.

Por su ingrediente, la Ley marco del Presupuesto Participativo, autorizado por Ley
N° 28056, y su reglamento, indican que “los gobiernos regionales y locales están
encargados de llamar a las organizaciones sociales a participar del presupuesto y
que ellos deben hilar las medidas para identificar y respaldar a los agentes
participantes. incluso, el MEF publica instructivos anuales que rigen el cambio de
presupuesto participativo. Por otro lado, se define que los CCR y CCL se deben
administrar de enhilar la programación del presupuesto participativo, con el apoyo
del equipo técnico conformado en el gobierno regional o local.

2.6. La consulta previa:

La implementación de la Ley de Derecho a la Consulta Previa a los Pueblos


Indígenas u Originarios, Ley N° 29785, reconocido en el pacto 169 de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), tiene por huella suscitar el contenido,
los conceptos y el procedimiento del Derecho a la consulta previa a los pueblos
indígenas u originarios respecto a las medidas legislativas o administrativas que les
afecten bruscamente.

La consulta completada a los pueblos indígenas u originarios, trata sobre sus tarifas
colectivas, su mercancía física, datos personales culturales, especie de empuje o
recurso. De esta manera, el septentrión de la consulta es llegar a un acuerdo o
recibimiento entre el Estado y los pueblos indígenas u originarios respecto a la
medida legislativa o administrativa que les afecten sin rodeos, a través de un diálogo
tipo intercultural que garantice su entrada en los procesos de toma de alternativa del
Estado y la acogida de medidas respetuosas de sus tributos colectivos.

Mitchell Valdiviezo enfatiza que un inicial destacado en esta óptica constituye la


desacierta repetición en el expediente N° 03343-2007-PA/TC, por la que se ordena
al Estado favorecer lo ambiental a lo económico. Al respecto señala la sentencia
que: “debe observarse el convenio N° 169 de la OIT, sobre los Pueblos Indígenas y
Tribales en países independientes, que reconoce el derecho a la consulta previa y a
participar en la lapidación y estimación de políticas que los afectan bruscamente”.

2.7. La democracia representativa:

El significado gentilicio de la “representación”, señala Sartori, “es la actuación en


nota de otro en refugio de sus intereses. Las dos características definitorias de este
concepto son, por partida, a) una sustitución en la que una persona habla y actúa en
nombre de otra; b) bajo la condición de hacerlo en interés del representado”.
La inducción de representación o personificación, afirma José Chirinos, “surge en el
periquete mismo de que alguno o algunos necesitan realizar o estar presentes y
ante la imposibilidad de hacerlo por sí mismos nombran a otro para que tomen
decisiones a consideración de ellos”. Para entender esta idea es instintivo
remontarnos a los griegos; “los ciudadanos de las polis griegas, redimieron en ley la
práctica de concentrarse a deliberar sobre los asuntos de ilusión auxilio o de las
ciudades. Las leyes se discutían y se votaban de acuerdo a lo que les convenía. El
pequeño número de habitantes permitía entonces el encontronazo directo de dichos
asuntos, no obstante, con el paso del tiempo y la transformación de la aldea, se
establecieron órganos deliberativos con una cifra determinada de personas elegidas
por sus provincias para estar presentes y así fue como nació la representación
popular.

En la edad media, la concepción de función política, como es ostensible, comenzó


como una entidad de los gobiernos monárquicos y aristocráticos. Inglaterra y Suecia
fueron escenarios de las primeras asambleas convocadas por los nobles para tratar
las más cruciales decisiones del Estado, tales como: la entrada de impuestos, las
guerras y aún, en casos críticos, las sucesiones en el trono, eran la materia de
llamamiento de los representantes. De esta forma, inicialmente, las Cortes, los
consejos Reales, los Estados Generales, resultaban ser órganos representativos
“orgánicos” en otras palabras, estamentales, reflejo de la sociedad feudal: una parte
representaba a la nobleza, a la iglesia, a los poseedores de suelo, y otra a los
artesanos y mercaderes. Era un tipo de función típicamente corporativa, y que
asumía en el fondo, que no todos los hombres eran iguales y que su travesaño
relativo en el órgano significativo tendría que ser categóricamente diferenciado,
dada su pertenencia a un tipo o estamento.

El cambio social y económico de las sociedades europeas cambió igualmente la


contemplación de la función, para acaecer una base más ancha. en otras palabras,
no únicamente se encontraban representados los intereses de los terratenientes, de
las clases mercantiles y profesionales del distrito, del limbo y de la estimación en
frecuente; sino que, además, el pueblo y las clases inferiores, al igual que las
colonias, exigían que sus intereses además pudieran residir representados.
De esta manera, el tránsito a esta nueva forma de función no se produce ni al
mismo plazo, ni por idénticas razones. Al mandato característico llegan los ingleses
de manera práctica y sin construcciones teóricas; mientras que los franceses lo
hacen por la vía revolucionaria de la teorización doctrinal de Emmanuel Joseph
Sieyes y sus seguidores.

La representación, aclara José Chirinos, “no se debe a un hatajo en fragmentario,


sino que se debe a la nación; para esta idea clásica, espléndida, la representación
emana de individuos ´libres e iguales´: en el desarrollo electoral, en el desarrollo de
elección del embajador, el vendedor es igual que el cenagal y el noble es igual al
pueblerino. Las elecciones son un aparato inseparable versus una sociedad
dividida, no refuerzan las divisiones, sino que las atenúan y las compensan”. Desde
esta vertiente, la representación política dejó de ser un mecanismo de emanación y
un vehículo para que la riqueza social exprese sus intereses y sus visiones
particulares. Ahora vemos que la función se convirtió asimismo en un aparato de
edificio de la ciudadanía política. Lo que quiere librar que el Estado se redime en un
instrumento conjunto versus una sociedad dividida, debido a que el Estado reconoce
únicamente a ciudadanos individuales, sin atención a su índole económica, étnico,
social o religiosa.

Las leyes electorales y los sistemas de función no se proponen demostrar en un


cuerpo deliberante, a la realidad social, reproduciendo su clasificación interna; por el
contrario, la representación política se propone negar esa segmentación, igualando
políticamente a los representados y a los representantes, y dando ánimo a algo
completamente nuevo: la representación política que emana de la ciudadanía. Esto
significa que el individuo y la nación se convierten en los valores fundamentales del
recurso: los representados ya no son los estamentos o las corporaciones, suerte
individuos, iguales entre sí, con intereses particulares, no obstante ligados todos por
una curiosidad compartida, el de la nación. Por ello, es forzoso admitir que la
representación política está asociada también al recurso del Estado-nación, pues, la
celebración de procesos electorales a escala nacional, de hecho, más allá de la
ciudad-Estado, han sido y vienen siendo una herramienta destacada de
normalización política.
Norberto Bobbio advierte que no es lo mismo “democracia representativa” y “estado
diputado”. Por un costado, la expresión “democracia representativa” significa, de
forma genérica, que las deliberaciones colectivas, o sea, las deliberaciones que
afectan a toda la comunidad, son tomadas no directamente por aquellos que forman
parte de la misma, sino por personas elegidas para tal propósito. De otro costado, el
“estado legislador” es un empecinamiento personal del principio de la función, o sea,
que se trata del Estado en el que es alegórico el órgano central, al que llegan las
instancias y del que parten las decisiones colectivas fundamentales, en otras
palabras, el constitucional. Sin embargo, no existe ningún estado característico en el
que el principio de la función se concentre nada más en el parlamento, en realidad,
dicha función se extiende igualmente, al gobernante de la República, los consejos
Regionales y los Gobiernos Locales.

Todavía, Bobbio observa que del mismo modo que no todo Estado significativo es
un estado senador, así además el Estado legislador puede perfectamente no ser
una democracia representativa. No todo Estado distintivo es democrático por el solo
hecho de ser emblemático. De ello se deriva que la objeción al vivido parlamentario
no implica la réplica a la democracia representativa, visto que, si correctamente es
determinado que toda democracia es representativa, es además alguno que no todo
Estado simbólico es por principio ni ha sido históricamente una democracia.

En una democracia representativa, las notas que caracterizan al representante, a


criterio de Bobbio, son las siguientes: “a) En cuanto goza de la confianza del cuerpo
electoral, una vez elegido ya no es responsable ante sus electores y en efecto no es
revocable; y b) No es responsable sin rodeos contra sus electores, respectivamente
porque él está llamado a tutelar los intereses generales de la sociedad civil y no los
intereses particulares de esta o aquella ocupación”.

Bobbio enfatiza que la democracia representativa y la democracia directa no son


dos sistemas alternativos, en el sentido de que allí donde existe uno no puede
radicar el otro; en realidad, son dos sistemas que pueden integrarse
recíprocamente. Hoy en día, las dos formas de democracia, consideradas en sí
mismas, no son suficientes. En el caso de la democracia directa, las instituciones
fundamentales son dos: la asamblea de los ciudadanos deliberantes y el
referéndum. Ningún sistema complejo, como el de un Estado moderno, puede
funcionar solamente con uno o con otro, ni siquiera con ambos al mismo tiempo.

La reunión de los ciudadanos, como existía en la Grecia de los siglos V y VI, solo
estaba conformada por unos cuantos miles de ciudadanos, sin embargo, hoy en día
las ciudades superan de lejos esa cifra; lo que ha hecho que la democracia sea
representativa y no directa. En cuanto al referéndum, que es la única corporación de
la democracia directa que se aplica concreta y positivamente en la mayor parte de
los Estados de democracia adelantada, es una carpeta sobresaliente para
circunstancias extraordinarias. Tenemos que ser conscientes que ningún Estado
puede dirigir constantemente al pueblo para que, mediante referéndum, apoye o no
las decisiones del gobierno.

Es instintivo especificar qué función y participación forman un concilio indisoluble en


el pecho de la democracia. los dos términos se interrelacionan. Tenemos que
admitir que la participación no existe de forma perfecta para todos los individuos y
para todos los casos posibles; la definitiva representación no puede habitar en la
democracia, sin el auxilio de la manera más primordial de la participación
ciudadana: los votos del pueblo. En efecto, como irremisiblemente refiere Mauricio
Merino, “ninguna representación democrática puede ceder sin la participación de los
electores, del mismo en que no existe forma alguna de participación colectiva que
no haya un cualquier criterio emblemático. En el linde democrático, ambas formas
se entrelazan de manera permanente, y, por otro lado, a través de los votos: la
forma más infeliz e insustituible, a la vez, de participar en la elección de los
representantes políticos”.

Ahorra, de acuerdo con Bobbio, los Estados están pasando, en términos políticos,
por un recurso de democratización expansiva, en el compungido que existe mayor
exigencia y praxis dinero de participación ciudadana, empero este ímpetu de poder
se mueve en dos direcciones: 1) en dirección ascendente, de abajo en hacia arriba,
cuando los ciudadanos ejercen poder en todos los niveles (local, regional, estatal),
se trata del poder político; 2) en dirección descendente, de arriba hacia abajo, se
trata del poder moroso.
por lo dicho antes, por un lado, como un punto de vista vivo, hoy se puede charlar
de un recurso de democratización, que consiste, no en el drama de la democracia
representativa a la democracia directa, como erróneamente se ha pensado, sino en
el paso de la democracia política en sentido estricto, a la democracia social, es
decir, en la extensión del poder ascendente. Para Bobbio, este fenómeno no debe
ser aprendido como el surgimiento de un nuevo tipo de democracia, sino como la
labor por integrante de formas de democracia, como la representativa, de nuevos
espacios, de espacios dominados hasta ahora por organizaciones de tipo jerárquico
o administrativo. Estamos asistiendo a un cambio en el desarrollo de las
instituciones democráticas que puede ser resumido en la siguiente fórmula: de la
democratización del Estado a la democratización de la sociedad.

Pero, también hoy en día la representación tiene aspectos negativos que deben ser
puntualizados. El primero, relacionado con la clase de la representación, cuanto
mayor es la cifra de personas que uno trata de comportarse en el recurso legislativo
y más numerosos son los asuntos en los que se ejerce tal representación, más
pierde este término su sentido con respecto a la voluntad de cada persona. Esta
investigación parte de la constatación de dos factores: por otro lado, las cifras
demográficas (entrada creciente) y, en segundo lugar, el impedimento de materias
(demasiados asuntos). Este último problema puede resolverse fácilmente, pues toda
sobrecarga se remedia descargando.

El segundo, relacionado con la cantidad de electores, el cual ha agrandado de


manera extraordinaria, con afinidad a tiempos antiguos; que mezclado a la etapa
que existe entre el representado y el emisario, se percibe como alejamiento,
impermeabilidad e indiferencia. Este desasosiego es aparente solucionarlo
diciéndoles a los políticos que han de “acercarse” a la gente.

El tercer problema, es el de la calaña de las personas dedicadas a la política. Burke


retrató con prestigio al mal jefe común, señalando lo sucesivo:

“Cuando los líderes optan por convertirse en postores de la subasta de la


popularidad, su agudeza no será de compostura para la construcción del Estado. Se
redimirán en aduladores, en lugar de legisladores; en instrumentos del pueblo, en
lugar de sus guías. Si alguno de ellos propusiera un régimen de emancipación
sensatamente constreñido y proporcionalmente menguado, se vería de inmediato
superado por sus competidores, que propondrían algo más maravillosamente
popular.”

Si bien estas líneas se escribieron en 1790, lo cierto es que dicha pieza gráfica no
difiere mucho de la que tiene hoy en día, lo que nos hace estudiar que la figura del
político se ha mantenido de manera equivalente. pero el populismo y la demagogia
no son inevitables, excederán con el desinterés y la relajación. Solo es posible
mantenerlos a raya combatiendo en manera decidida frente a ellos.

por último, como acertadamente refiere Sartori, hay que poner en testimonio un
hecho muy notable en democracia:

“cuando una persona sustituye a otra en esperanza de ésta, debe ser, irrefutable y
altruista. Dentro de este contexto, ni la función ni la democracia representativa en su
conjunto pueden proceder debidamente frente a una cultura que devalúa los valores
y que fomenta el anti-elitismo, es decir el rebajamiento de la élite´´.

Para Moscovici (1979), las representaciones se desarrollan por tres razones:

· Carente de información sobre un objeto de estudio.

· La necesidad de ubicarse en un enfoque sobre el estudio.

· La presión por la consecuencia de la interacción.

Capítulo 3

Las Perspectivas de la Representación

Sartori propone tres perspectivas de la representación como la jurídica, sociológica


y política.

3.1.Representación Jurídica:

La representación jurídica manifiesta que las acciones de los representantes son


aplicables a la sociedad basada en la jurisdicción efectiva de los mismos, es decir
que una sociedad o comunidad es representada lo que implica que debe obedecer
las normas emanadas por los representantes. De acuerdo a ello, la representación
puede llegar a interrumpirse cuando se desacata los mandatos emanados por la
autoridad, ya que para existir es necesario que se cumplan dichos mandatos. A
través de esta concepción se deduce que el poder no deja de ser, aun cuando está
presente la democracia, pese a que está detrás de la representación sociológica o
política.

Esta es considerada un hecho mediante los actos jurídicos, que manifiestan la


voluntad basada en el ordenamiento jurídico, la cual se relaciona con la sociología
esencialmente por estar presente en la sociedad en la toma de decisiones por parte
del representado y la sujeción del representante. Se considera que el mandato
imperativo a la aplicación en el ámbito político de la relación que existe entre el
abogado y el cliente. Por ello, la representación sociológica busca asegurar la
representación jurídica sometiendo a los representantes a mandatos, normas u
órdenes para lograr la voluntad de los representados.

3.2. Representación sociológica:

Esta representación hace mención sobre todo a la identidad, en donde el


representante es aquel en el cual se refleja el representado, defendiendo los
intereses del elector por formar parte de la sociedad y territorio. Frente a la
representación jurídica, en esta surge la idea del consentimiento.

Por ello, las representaciones sociales o sociológicas son las diversas entidades
simbólicas, los cuales actúan como condicionantes de la acción vinculadas también
con la ideología y nichos de poder. Los caracteres transversales de las
representaciones se relacionan con el discurso.

Banchs (2000) manifiesta que los elementos que caracterizan a las


representaciones sociales son:

· Atraviesan la interacción socio discursiva y todo lo referente a ello.

· Legalizan la verdad en un entorno determinado, permitiendo la


polarización entre los que defienden el poder y los que son objeto de
resistencia.
· Organizan las formas y límites de interacción entre el individuo o
grupos sociales y el representado.

· Comprendiendo temas relacionados con la concepción de la realidad


dentro de la sociedad.

· Impactan las actitudes de las personas dentro de la sociedad.

Es decir, uno de los rasgos que diferencian a la representación sociológica es la


semejanza, ídem sentire (que significa el mismo) que permite contrastar la
presencia de la opinión común o sentimiento compartido. El método que se utiliza
para designar un representante se basa en garantizar que la persona que
represente cumpla su rol con excelencia y que logre el bien común. Esta
representación se puede llevar a cabo por elección, rotación o sorteo.

3.3.La representación política:

Está relacionada con el control que tiene el representante demostrando su


responsabilidad con la población buscando el bienestar de la sociedad, el cual ha
llegado hasta ese cargo por elección de los representados. Es por esto, que el
elegido debe responsabilizarse de sus acciones de acuerdo a las exigencias de la
ciudadanía. En donde, a través de las elecciones se puede ver la confianza que
tiene en el representado y representante, por ejemplo, cuando los votantes ven que
este no cumple con lo mencionado en su propuestas o promesas electorales, tratan
de exigir el cumplimiento y si es que esto sigue así se toma la decisión de elegir a
otro candidato o partido político para que tome el cargo.

La representación política comparte algunas características con la sociológica y la


jurídica, sin embargo, presenta un punto clave que la diferencia de las demás, ya
que la relación entre representado y representante no tiene como fin tener una sola
voz; es decir un sentimiento compartido e idéntico, sino que en esta se requiere de
la elección. Entonces, no se trata de coincidir en opiniones sino asegurar la
participación de la sociedad en todas las decisiones que se van a tomar teniendo
como responsabilidad los representantes de rendir cuentas de sus acciones la cual
es una tarea más complicada que las anteriores representaciones, solo la elección
del pueblo puede garantizar la responsabilidad.
3.2. 1.. Representación Política Híbrida:

En el Perú existe una gran controversia sobre la forma de gobierno híbrido, entre
el presidencialismo y el parlamentarismo. En donde, la representación política
del Perú se encuentra relacionada con la función del Congreso de la República

En donde en el artículo 93° de la Constitución Política se menciona lo siguiente:

“Los congresistas representan a la Nación. No están sujetos a mandato


imperativo ni a interpelación…”.

Además, también se tiene en cuenta artículo 2° del Reglamento del Congreso


señala lo siguiente:

“Definición, funciones generales, estructura, composición y denominación


Artículo 2. El Congreso de la República es el órgano representativo de la Nación,
encargado de realizar las funciones legislativas, de control político y las demás
que establece la Constitución del Estado…”

En realidad, el Reglamento del Congreso de la República del Perú busca establecer


un conjunto de actividades realizadas por los representantes y que se vinculan al
ámbito de los derechos y deberes funcionales de los Congresistas. Algunas de ellas
son:

● · Conservar una comunicación constante con los ciudadanos y las


organizaciones sociales; procurando y conociendo las sociedades.
● · Estar atentos a las denuncias debidamente sustentadas y
documentadas de la población.
● · Exponer pedidos por escrito atendiendo las necesidades de los
pueblos que representan.
● . Atender el funcionamiento de las sedes descentralizadas del Congreso.
● · Realizar audiencias públicas.
● · Contribuye siendo el mediador entre los ciudadanos, sus
organizaciones y los entes del Poder Ejecutivo.

La participación política como forma de sentimiento constitucional


No puede existir democracia dentro de la sociedad si es que no es representativa y
si es que no se lleva a cabo la libre elección de los representantes o gobernantes
del país que van a ser elegidos por los representados, votantes o electores, ya que
sin ellos se consideraría vacía ya que tienen que ser capaces de expresar
demandas, reacciones o protestas formadas en la sociedad civil.

Carole Uhlaner se entiende que la participación política es un acto instrumental:

“que la participación es intencional y se desarrolla como instrumento para lograr


fines políticos. Entre los actos que quedarían contemplados dentro de esta
concepción se incluye: votar en las elecciones, donar dinero para partidos y
candidatos políticos, colaborar de distintas maneras en una campaña política,
contactar con funcionarios para expresarles una opinión o pedirles alguna
acción, tomar parte en actividades de alguna organización no partidaria que
estén dirigidas a cambiar alguna decisión pública (por ejemplo, que se reparen
las rutas locales, reclamos ligados al uso de la energía nuclear), manifestarse,
protestar, y persuadir a otros para hacer algunas de estas acciones; y excluye:
leer sobre política, pagar impuestos y el sentimiento de patriotismo”.

Capítulo 4

Modalidades de participación política

El repertorio de actividad política de los sujetos no se limita a actividades


convencionales, como acudir a mítines, convencer a otras personas para votar por
algún candidato y/o partido político determinado. Al observar el comportamiento
político de la población peruana es fácil verificar que el ciudadano recurre también a
otras estrategias para tratar de incidir en las decisiones del poder político: el ejemplo
más representativo, son las huelgas y manifestaciones las cuales hemos viste
mucho en estos últimos tiempos. Por ello, hablar de participación política en general
resulta poco preciso, pues el abanico de modalidades incluye manifestaciones
diferentes de este tipo de actividad.
La diferencia más usual, para instaurar los diferentes tipos de participación política,
suele establecerse entre participación política convencional y no convencional. La
mayoría de los ítems destinados a evaluar la participación política convencional
están referidos, al igual que ocurría en los primeros estudios sobre el tema, a
circunstancias relacionadas con el proceso electoral. En cuanto a la participación no
convencional se recogen actuaciones como las siguientes: hacer peticiones,
manifestaciones legales, daños a la propiedad o violencia personal.

En lo que respecta a la participación política no convencional, lo que más capta la


atención es la heterogeneidad de actividades que los autores encuadran bajo esa
noción. Por ejemplo, Müller, clasifica a varias conductas políticas no convencionales
–como boicots y manifestaciones– junto a las convencionales, dentro de la categoría
de participación democrática y legal; mientras que otras conductas también
consideradas no convencionales en la literatura –como las acciones de
desobediencia civil y violenta– son adscritas a la categoría de participación ilegal y
agresiva. Para Saucedo, un grupo de ellas se mueve dentro de la legalidad,
mientras que otras se enfrentan abiertamente a la misma. Si se vuelve a la lista de
acciones no convencionales estudiada por Barnes y Kaase (1979), se observa que
en ella están presentes tanto conductas legales como ilegales.

José Molina y Carmen Pérez, establecen cinco modos básicos de participación


política:

· Votar, alude al sufragio activo en distintos tipos de elecciones y consultas


populares.

· Campaña política, implica la postulación como candidato (sufragio


pasivo), ser miembro de un partido, asistencia a reuniones políticas, trabajo de
proselitismo por un candidato o partido, usar emblemas o insignias de campaña,
dar dinero para la campaña de un candidato o partido.

· Actividad comunitaria, implica el trabajo para solucionar algún problema


de la comunidad o nacional, firmar peticiones, organizar o formar parte de grupos
de trabajo o comités.
· Actividad particular, incluye los contactos particulares con funcionarios
públicos, ya sea en forma personal o por medio de cartas, peticiones
individuales, etc.

· Ejercicio de cargos públicos de dirección política, como parte de los


derechos humanos de participación reconocidos en los instrumentos
internacionales de derechos humanos.

Cabe mencionar que las actividades de participación política, en líneas generales,


son las ejercidas por la población con condición de ciudadanía, esto es, por los
individuos que tienen capacidad jurídica para ejercer los derechos políticos, incluye
aquellos ciudadanos que tienen sentencias condenatorias pero que aún no tienen la
calidad de firmes.

Recordemos que el artículo 33° de la Constitución política del Perú establece que, el
ejercicio de la ciudadanía se suspende en los siguientes casos:

a. Por resolución judicial de interdicción.

b. Por sentencia con pena privativa de la libertad.

c. Por sentencia con inhabilitación de los derechos políticos.

4.1. Clasificación de la participación política.

Se estable la siguiente clasificación de participación política según José Molina Y


Carmen Pérez

· Legalidad: La forma cómo se manifiestan las actividades de participación


política se encuentran estrechamente vinculadas al ordenamiento legal de cada
país. En líneas generales, el voto y las actividades de campaña, incluida la
propaganda, se encuentra considerada como actividades legales. En cambio, las
donaciones o el financiamiento de las campañas políticas pueden tener una
dimensión de legalidad o ilegalidad, dependiendo de cómo se encuentra
regulado.

· Legitimidad: La legitimidad de las actividades de participación tienen una


dimensión más amplia que el de la legalidad de las mismas y su aceptación
depende de la población como de la comunidad internacional. Así, las
actividades legítimas son aquellas que usualmente se aceptan como parte del
quehacer político democrático; son consideradas como actividades de
participación convencionales (proceso electoral). Por su parte, las actividades
ilegítimas tienden a estar al margen de lo aceptado y permitido como válido (vr.
gr. actos de desobediencia civil, violencia contra la propiedad y las personas,
terrorismo y todo aquel acto que perturbe el orden público).

· Institucionalidad: Este elemento implica que la participación política es


considerada como “institucional” cuando está integrada a los mecanismos
gubernamentales de toma de decisiones, tales como: i) elecciones, ii)
referendos, iii) comisiones consultivas, etc. En cambio, la participación política es
considerada como “no institucional” cuando abarca actividades que no forman
parte de los canales oficiales, pero que se vinculan a los requisitos mínimos para
la existencia de la democracia, como: 1) el trabajo de campaña, 2) la
participación a través de partidos políticos, 3) la expresión de demandas
individuales o colectivas; algunos consideran en este ámbito, las actividades con
carácter anti-sistema o violentas, las cuales a pesar de no ser aceptadas dentro
del funcionamiento normal del sistema político pueden tener efectos importantes
sobre el mismo.

· Consecuencias de la participación: Esta puede dividirse en decisiva o


consultiva. Será decisiva cuando las decisiones tomadas por los ciudadanos
deben ser respetadas y aplicadas por los gobernantes (elecciones y referendos);
mientras que en la participación de tipo consultiva sus resultados no son
vinculantes y en teoría la administración puede apartarse de ellos o modificarlos.
Sin embargo, en la práctica es muy difícil que el gobierno se aparte de la
voluntad popular expresada mediante una votación formal, aunque esta tenga en
teoría carácter consultivo.

· Forma de ejercicio: La participación política puede ser directa, cuando el


ciudadano ejecuta la acción participativa, o indirecta si la ejerce mediante
representantes, o agrupaciones (gremios, sindicatos, asociaciones, etc.).
· Obligatoriedad: Distingue entre la participación obligatoria (elecciones) y
facultativa (referendos), según el ordenamiento jurídico del país.

4.2. La participación política como derecho fundamental

El derecho a la participación política es definido como “la facultad que tienen las
personas de intervenir en la vida política de la nación, participar en la formación de
la voluntad estatal y en la dirección de la política gubernamental, así como integrar
los diversos organismos del Estado”.

José Thompson, señala que “existe una relación estrecha e indisoluble entre
vigencia de los derechos humanos, democracia sólida y una sana participación
política”.

Además, Enrique Bernales, citando a María Cuevas, “este derecho no se encuentra


limitado a lo que tradicionalmente se conoce como política -comprendida como
lucha por el poder-, sino que abarca las distintas formas de distribución de poder
que permiten incidir en la dirección de lo público en general”.

Y Para Molina y Pérez, la participación política es un fenómeno complejo y de


carácter pluridimensional, dado que puede tener diversas expresiones
caracterizadas por un grado de influencia, precisión en la información, amplitud del
resultado, grado de conflicto, nivel de iniciativa personal y grado de cooperación con
otros.

Esta pluralidad de dimensiones se concreta en variados modos de participación,


desde el tradicional derecho a votar, hasta la actividad particular que un ciudadano
puede tener con las autoridades. No obstante, esta pluralidad, en el Derecho
Internacional de los Derechos Humanos (en adelante, DIDH), el desarrollo
normativo y de las decisiones no representan con exactitud este carácter multimodal
del derecho. Si bien existen diversas maneras de participar en política, la tendencia
actual orienta hacia un complemento de las instituciones de la denominada
democracia representativa con aquellas que son propias de la democracia directa,
en tanto que “expresa no solamente un sistema de toma de decisiones, sino un
modelo de comportamiento social y político, fundamentado en los principios de
pluralismo, la tolerancia, la protección de los derechos y libertades así como en una
gran responsabilidad de los ciudadanos en la definición del destino colectivo”

La regulación del derecho a la participación política resulta evidente en el caso del


Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (en adelante, Pacto
Internacional) y en el de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (en
adelante, Convención Americana). En ambos casos se identifica importantes
semejanzas entre las dimensiones o expresiones protegidas y la participación
política. Ambos tratados reconocen:

· El derecho a participar en la dirección de los asuntos públicos,


directamente o por medio de representantes libremente elegidos.

· El derecho a votar (voto activo) y ser elegidos (voto pasivo) en elecciones


periódicas, auténticas, realizadas por sufragio universal e igual (voto universal) y
que el voto sea secreto, garantizando la libre expresión de la voluntad de los
electores.

· El derecho de acceso a las funciones públicas en condiciones generales


de igualdad

4.3. Condiciones para la vigencia efectiva de la participación política como un


derecho fundamental

4.3.1. Reconocimiento y garantía de derechos fundamentales conexos

Como apunta Enrique Bernales, en primer lugar, “para una efectiva participación
política se requiere, necesariamente, el respeto del conjunto de derechos humanos
pues ellos son indivisibles, en tanto que no existen categorías de derechos, e
interdependientes, pues la violación de un derecho genera, en mayor o menor
medida, la violación de otros derechos. Por tanto, no basta con que el Estado
garantice la participación política, sino que a la vez debe garantizar los demás
derechos para evitar que el derecho a la participación se vea vulnerado por vía
indirecta”.81 Esta necesaria conexión ha sido reconocida por los Estados en la
Declaración y Programa de Acción de Viena, donde se indica que:
“La democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos
humanos y de las libertades fundamentales son conceptos
interdependientes que se refuerzan mutuamente. La democracia
se basa en la voluntad del pueblo, libremente expresada, para
determinar su propio régimen político, económico, social y
cultural, y en su plena participación en todos los aspectos de la
vida. [...] La comunidad internacional debe apoyar el
fortalecimiento y la promoción de la democracia, el desarrollo y
el respeto de los derechos humanos y de las libertades
fundamentales en el mundo entero”.

De esta forma, entre los derechos que se mencionan para garantizar el derecho
fundamental a la participación política, tenemos, los siguientes:

a) Principio de no discriminación

Enrique Bernales precisa que “la participación política requiere del respeto al
principio de no discriminación, requisito importante para la realización de cualquier
proceso de participación política, a fin de evitar que determinados sectores de la
sociedad sean excluidos. Su marginación les impediría dar a conocer sus
problemas, plantear sus propuestas y manifestar su posición frente a cualquier
medida gubernamental”.83 La Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha
pronunciado respecto al principio de no discriminación y su relación con la
participación política, señalando que tal principio “(…) posee un carácter
fundamental para la salvaguardia de los derechos humanos tanto en el Derecho
Internacional como en el interno; se trata de un principio de derecho imperativo (…)”
-es decir, habría ingresado en el dominio del ius cogens-. Por consiguiente, agrega
la Corte: “(…) los Estados tienen la obligación de no introducir en su ordenamiento
jurídico regulaciones discriminatorias, eliminar las regulaciones de carácter
discriminatorio, combatir las prácticas de este carácter y establecer normas y otras
medidas que reconozcan y aseguren la efectiva igualdad ante la ley de todas las
personas”.

b) Libre comunicación e intercambio de información e ideas


Enrique Bernales, 85 señala que “para el ejercicio de la participación política
también resulta importante que exista una libre comunicación e intercambio de
información e ideas sobre política entre los ciudadanos, los candidatos y los
representantes elegidos. Desde esta perspectiva, las libertades de opinión y de
expresión son derechos cuyo respeto permite formarse un panorama sobre la
política gubernamental, respaldarla o criticarla, y plantear propuestas para mejorarla
o para cambiarla”.

c) Las libertades de reunión y asociación

Para el desarrollo de las actividades políticas, refiere Enrique Bernales, “también


son necesarias las libertades de reunión y asociación, pues se convierten en
derechos de especial relevancia para desarrollar la dimensión colectiva del derecho
a la participación política”. La importancia de estas libertades como parte del
derecho a la participación política, ha sido reconocida por el Comité de Derechos
Humanos, al considerar que la participación política “(…) se respalda garantizando
la libertad de expresión, reunión y asociación”.

Capítulo 5

PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL PERÚ

5.1. Definición de participación ciudadana

La participación ciudadana es definida como un conjunto de sistemas o


mecanismos por medio de los cuales los ciudadanos, es decir, la sociedad civil en
su conjunto, pueden tomar parte de las decisiones públicas, o incidir en las mismas,
buscando que dichas decisiones representen sus intereses, ya sea de ellos como
particulares o como un grupo social. La participación, por parte de la sociedad civil,
en los asuntos públicos de nuestro país es un derecho fundamental, reconocido por
los tratados y pactos internacionales suscritos por el Estado, los cuales establecen
que toda persona tiene derecho a participar en los asuntos públicos de su país. La
Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene
derecho a participar en el gobierno del país directamente o por medio de
representantes libremente elegidos. Es importante que el Estado, como actor y
principal gestor de las políticas públicas, no solo se dedique a dictar las normas
jurídicas adecuadas para proteger y, fundamentalmente, promover la participación
ciudadana de las personas en la toma de decisiones públicas, sino que también
debe promover e incentivar la partición ciudadana en la toma de decisiones, para
que luego dichas políticas sean la base de un desarrollo sostenible. Se debe tener
en cuenta además que con “la democracia se fortalece con los mecanismos de
participación ciudadana, porque permite la gestión compartida del desarrollo
sostenible y de la calidad de vida de la población. De esta manera, se propiciará el
incremento de los índices de desarrollo humano de los sectores más pobres del
país”. Es así que los mecanismos de participación ciudadana son parte importante
del proceso de descentralización del Estado peruano. Vemos que el gobierno ha ido
implementando, a lo largo de los años, instancias de participación tanto en el ámbito
local, provincial como regional. Sin embargo, algunos de los actuales mecanismos
de participación ciudadana en la toma de decisiones requieren un sistema de control
más concentrado, para no ser usados por personas que solamente buscan
beneficiarse con determinada figura jurídica y obtener intereses propios.

5.2. LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL PERÚ

La participación, por parte de la sociedad civil, en los asuntos públicos de nuestro


país es un derecho fundamental, reconocido por los tratados y pactos
internacionales suscritos por el Estado, los cuales establecen que toda persona
tiene derecho a participar en los asuntos públicos de su país, tal como lo habíamos
mencionado en la parte introductoria. Por su parte, la Constitución Política del Perú
de 1993 reconoce los derechos de los ciudadanos a participar en los asuntos
públicos del Estado. Es por ello que, a lo largo de los años, se han venido
instituyendo y regulando diversos mecanismos o instituciones para que las personas
puedan participar en la toma de decisiones del Estado. Tal como lo indica la doctrina
especializada: “La participación ciudadana en los asuntos públicos constituye un
derecho fundamental cuyo ejercicio ha ido afirmándose y extendiéndose a lo largo
de los años. Este proceso se expresa también en las múltiples formas en que la
legislación nacional reconoce, regula y garantiza la intervención ciudadana en cada
una de las fases de las políticas públicas” (3). Vimos que la participación ciudadana
es definida como un conjunto de sistemas o mecanismos por medio de los cuales
los ciudadanos, es decir, la sociedad civil en su conjunto, pueden tomar parte de las
decisiones públicas, o incidir en las mismas, buscando que dichas decisiones
representen sus intereses, ya sea de ellos como particulares o como un grupo
social. La Constitución Política del Perú no solo introduce el derecho a la
participación en los asuntos públicos de los ciudadanos, sino que menciona a su vez
una serie de mecanismos y/o formas por las cuales las personas pueden participar
en los asuntos públicos. En ese sentido, “la participación ciudadana incluye una
gama amplia de posibilidades para su ejercicio: desde la forma más elemental de
participación, que se produce a través del voto o ejercicio del sufragio (derecho a
elegir y a ser elegido) hasta el reconocimiento de que los ciudadanos y ciudadanas
tienen la capacidad de intervenir en el ejercicio y la dirección de los asuntos
públicos, tal como lo establecen tanto la Convención Interamericana de Derechos
Humanos como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones
Unidas” (4). La participación ciudadana en la toma de decisiones públicas es un
sistema importante para el desarrollo democrático del Estado. No obstante, en
nuestra sociedad es una dimensión relativamente nueva para el sistema político
peruano, la misma que también “es entendida como un proceso de concertación,
negociación y vigilancia entre la sociedad y las autoridades democráticamente
constituidas. Más allá de experiencias e iniciativas puntuales, la política peruana se
ha caracterizado por la exclusión de la población, por su nula transparencia y por
una relación clientelista con la sociedad” (5). En la práctica, si bien se han sentado
las bases para la participación ciudadana en la toma de decisiones estos
mecanismos no han sido muy utilizados, o en algunos casos, mal utilizados. Es
decir, algunos de los mecanismos de participación son usados en beneficios de
determinadas personas o grupos sociales para aprovecharse de la figura en busca
de sus propios intereses. Pero, se debe tener presente que “la participación y la
concertación han surgido como tendencias no sólo en nuestro país sino que forman
parte de una dinámica continental. Se han constituido en aspectos del debate sobre
los enfoques y las estrategias que se pueden llevar a la práctica para superar los
serios problemas de legitimidad que atraviesa la democracia en nuestros países. En
esa perspectiva, la propuesta participativa no es un enfoque contrapuesto a los
mecanismos de la democracia liberal. Por el contrario, puede ser, junto con otras
reformas necesarias, una ruta para responder a sus evidentes limitaciones mediante
su profundización; y no, como parecen creer algunos sectores conservadores,
recortando sus alcances y su contenido” (6). En ese sentido, los mecanismos de
participación ciudadana, pueden ser útiles para incluir a los ciudadanos en la toma
de decisiones públicas, para fiscalizar la actuación del gobierno y, entre otras cosas,
para superar serios problemas de legitimidad que atraviesa la democracia
participativa en nuestro país, sobre todo dado que en nuestro país existen pocos
partidos políticos organizados. Si bien en nuestra sociedad existen, en la actualidad,
varios partidos políticos, la mayoría de ellos

son forjados o existen en base a un líder o figura jurídica que una vez apartado del
partido hace que este desaparezca. Es importante promover la participación
ciudadana en la toma de decisiones de la esfera pública. Sobre todo, teniendo en
cuenta que la sociedad civil, en su conjunto o en forma particular, es la parte activa
e institucionalizada del Estado. Por tanto, es importante que los ciudadanos
mediante sus aportes y/o críticas ayuden a construir una base firme e importante en
la toma de decisiones públicas. Al respecto, se indica que “la gobernabilidad
democrática exige también, en el campo de los actores, una sociedad civil vigorosa.
Cuando se habla de esfera pública y de sociedad civil, se trata de analizar las
condiciones con las cuales los argumentos racionales y críticos de personas
privadas sobre los asuntos públicos pueden constituir una base firme y autorizada
de la acción colectiva y de la toma de decisiones políticas. La importancia de la
esfera pública (y de la sociedad civil como su parte activa e institucionalizada) radica
en su potencial como modo de integración social mediante el discurso público, que
constituye una forma posible de coordinación de la vida humana, de la misma
manera que el poder del estado y que la economía de mercado” (7). Finalmente, la
Carta Iberoamericana de Participación Ciudadana en la Gestión Pública, suscrita el
2009 señala como mecanismos participativos fundamentales aquellos que permiten
intervenir en las distintas fases de la formulación e implementación de las políticas
públicas (8), muchos de estos mecanismos participativos han sido implementados
en nuestro país.

5.3. MECANISMOS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL PERÚ

Los mecanismos de participación ciudadana en los asuntos públicos del Estado se


establecen en nuestra legislación a través de la Constitución de 1993 y a través de
la Ley de los Derechos de Participación y Control Ciudadano, Ley Nº 26300. Se
establece que los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos
mediante referéndum, iniciativa legislativa, remoción o revocación de autoridades y
demanda de rendición de cuentas. Asimismo, vemos que existen diversos
mecanismos de participación ciudadana en nuestro país, muchos de los cuales no
son muy usados, debido a la complejidad que conlleva realizarlos o ejecutarlos. No
obstante, la Constitución estipula que es nulo y punible todo acto que prohíba o
limite al ciudadano el ejercicio de sus derechos, por lo cual, no es posible limitar el
ejercicio de un ciudadano a estos mecanismos de participación ciudadana en la
toma de decisiones públicas. La participación ciudadana se puede dar a nivel
nacional, la cual “se da mediante la deliberación y decisión y mediante diversos
mecanismos de la democracia plebiscitaria: consultas, referéndum o plebiscitos. La
apelación a estos mecanismos se produce cuando se trata de discutir
procedimientos de alcance nacional y de otorgar bienes públicos que afectan a todo
el país. Para evitar que la participación afecte la gobernabilidad tiene que excluir la
lógica de la administración, cuyo funcionamiento eficaz se basa en la técnica y en el
conocimiento especializado” (9). La participación ciudadana también se puede dar a
nivel local o regional. Dado que es importante la participación ciudadana no solo en
la toma de decisiones de gobierno nacional existen también mecanismos que
prevén la participación ciudadana a nivel regional o local. Es así como “la Ley
Orgánica de Gobiernos Regionales reconoce entre los principios rectores de la
política y gestión regional i) la participación ciudadana y ii) la rendición de cuentas.
Por ello dispone que el gobierno regional se rige por el presupuesto participativo y
está obligado a realizar como mínimo dos audiencias públicas al año, una en la
capital del departamento y otra en una provincia. En cuanto a los gobiernos locales,
la Ley Orgánica de Municipalidades establece como principio de la planificación
municipal la participación ciudadana, la rendición de cuentas y la inclusión. Las
municipalidades se rigen por presupuestos participativos anuales y deben reconocer
como derechos de control vecinal a i) la revocatoria de autoridades municipales y ii)
la demanda de rendición de cuentas” (10). Entre los mecanismos de participación
ciudadana más conocidos, los cuales se encuentran establecidos en las diversas
normas del sistema jurídico nacional y que pueden ser ejercidos por cualquier
ciudadano, sin que se pueda limitar su derecho, siempre y cuando se cumplan los
requisitos para ello, podemos distinguir a los siguientes:
• Iniciativa de reforma constitucional;

• Iniciativa en la formación de las leyes;

• Referéndum;

• Iniciativa en la formación de dispositivos municipales y regionales;

• Consulta previa;

• Revocatoria de autoridades;

• Remoción de autoridades;

• Consejos de Coordinación Regional;

• Presupuestos participativos;

• Demanda de rendición de cuentas;

• Acceso a la información pública, entre otros.

5.4. ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES MECANISMOS


PARTICIPATIVOS EN LA ACTUALIDAD

5.4.1 Revocatoria de Autoridades. - La Constitución Política de 1993


establece, en su Artículo 31° que todos los ciudadanos tienen derecho
a participar en los asuntos públicos mediante la revocación de
autoridades. Adicionalmente, la Ley de los Derechos de Participación y
Control Ciudadano, estipula en su Artículo 3° (11) que un derecho de
control ciudadano es la revocatoria de autoridades.

La revocatoria es definida como: “una forma de control y cambio cuando


las autoridades no respetan los acuerdos básicos delegados por la
voluntad popular; dejando de contar con el apoyo por diferentes motivos
que pueden ser una deficiencia en el ejercicio de sus funciones hasta
cuestionamientos de carácter ético. No pueden ser revocados el
Presidente de la República ni los Congresistas de la República” (12). Con
el mecanismo de la revocatoria pueden ser revocados los alcaldes, los
regidores, así como las autoridades regionales que provengan de elección
popular. El mecanismo de revocatoria ha sido muy usado en nuestro país
sobre todo en distritos rurales. Sobre los procesos de revocatoria es
importante mencionar que “limitado a las autoridades municipales, en sus
inicios y ahora ampliado a los gobiernos regionales. El año 1997 se
llevaron a cabo 60 consultas populares de revocatoria en igual número de
municipios, aumentando los pedidos para tal fin entre ese año y el 2001
en 187. Los procesos de revocatoria se dieron, por lo general, en distritos
rurales de escasa población y con fuerte predominio de pobreza y
extrema pobreza. Algunos analistas interpretan este dato como expresión
del interés ciudadano por una participación efectiva” (13). El mecanismo
de la revocatoria es muy usado en los distritos de escasa población y con
predominio de pobreza. Sobre el particular es importante y coincidimos
con lo indicado por el profesor Martín Tanaka al indicar que: “Puede
observarse que el aumento de procesos de revocatoria ha coincidido con
el crecimiento del número de conflictos sociales entre las autoridades y la
población, de modo que facilitar la censura de las autoridades no asegura
la solución a los problemas de representación, y más bien, en algunos
casos, puede acentuar la lucha faccional, la debilidad de los actores
políticos y la inestabilidad de la institucionalidad política. En localidades
donde la competencia política por puestos de representación es muy
enconada, en donde encontramos una multiplicidad de actores políticos
con apoyos sociales muy volubles, los procesos de revocatoria son la
extensión de estas rivalidades. Dado que las autoridades se eligen con
porcentajes muy bajos de votación, y cuentan con escasa legitimidad
social entre la población, las acusaciones por corrupción o malversación
de fondos son muy corrientes. Así pues, los procesos de revocatoria
terminan siendo la exacerbación, antes que la solución, de problemas de
disputas facciosas y personales por el acceso a puestos de
representación que desbordan la competencia partidaria y no encuentran
otros mecanismos de expresión. Todo esto muestra claramente por qué
facilitar los procesos de revocatoria, por sí solo, agravaría, no solucionaría
los problemas de legitimidad política” (14). El hecho de que exista un
mecanismo que facilita la censura de las autoridades no asegura la
solución a los problemas de representación, sino que produce la debilidad
de las figuras políticas y la inestabilidad de la institucionalidad política, que
en nuestro país ya se encuentra muy debilitada, sobre todo por el hecho
que no existen muchos partidos políticos que tengan una línea política
bien definida y en los cuales participe activamente un gran número de
ciudadanos. Esto Adicionalmente, tal como lo indica el profesor Martín
Tanaka, en muchas municipalidades distritales las autoridades se eligen
con porcentajes muy bajos de votación, y cuentan con escasa legitimidad
social entre la población, las acusaciones por corrupción o malversación
de fondos son muy corrientes. Lo cual no hace más que mermar la figura
de la revocatoria, sobre todo en los casos en los cuales es llevada para
favorecer los intereses de algunas personas y no por el bien de la
población. Existe un problema adicional la revocar una autoridad debido
que “una vez revocada una autoridad indeseable, surge un tercer
problema: que nada asegura que el reemplazante del alcalde o presidente
regional o regidor o consejero tenga mayor legitimidad política que el
revocado. Dado el contexto de fragmentación y faccionalismo local, la
revocatoria puede terminar expresando no tanto el descontento de la
población, sino los conflictos internos dentro de los consejos regionales o
locales” (15). Es importante que la figura de la revocatoria sea modificada
para que sea usada de manera más eficiente y no para favorecer
intereses de un particular o de un grupo de ciudadanos que lo que les
importa es beneficiarse política o económicamente con dicho mecanismo.
Pero, se debe tener presente que la solución no es hacer que el
mecanismo de la revocatoria desaparezca, sino que se debe buscar
hacerlo más eficiente por el bien de la sociedad y del Estado.

5.4.2 Rendición de Cuentas. - La Constitución Política de 1993


establece, en su Artículo 31° que todos los ciudadanos tienen derecho
a participar en los asuntos públicos y demandar la rendición de
cuentas. Es así como, la rendición de cuentas es “el derecho a
interpelar a las autoridades respecto a la ejecución presupuestal y uso
de recursos propios. Procede contra autoridades que pueden ser
removidas o revocadas” (16). Adicionalmente, la demanda de
rendición de cuentas también se encuentra estipulada en la Ley de los
Derechos de Participación y Control Ciudadano.

5.4.3 Presupuestos Participativos. - “El proceso de Presupuesto


Participativo se define como un mecanismo de asignación equitativa,
racional, eficiente, eficaz y transparente de los recursos públicos, que
fortalece las relaciones entre Estado y sociedad civil, a través de la
participación de ésta en el proceso de programación del presupuesto,
el cual se desarrolla en armonía con los PDC de los gobiernos
descentralizados y la fiscalización de la gestión” (17). Por su parte, la
Ley de Bases de la Descentralización establece que los gobiernos
regionales y locales deben incorporar a los presupuestos participativos
como instrumentos de gestión pública. En ese sentido la Ley Marco del
Presupuesto Participativo, Ley N° 28056, y su reglamento indican que
“los gobiernos regionales y locales están encargados de convocar a
las organizaciones sociales a participar del presupuesto y que ellos
deben disponer las medidas para identificar y acreditar a los agentes
participantes. Además, el MEF pública instructivos anuales que rigen
el proceso de presupuesto participativo. Por otro lado, se define que
los CCR y CCL se deben encargar de coordinar la programación del
presupuesto participativo, con el apoyo del equipo técnico conformado
en el gobierno regional o local”

5.4.4 Consulta Previa. - La implementación de la Ley de Derecho a la


Consulta Previa a los Pueblos Indígenas u Originarios Ley N° 29785
demandará de la administración pública en conjunto, un nutrido, clave
e imprescindible grupo de actuaciones, muchas de las cuales
permanecerán en su fuero interno y otras (las que más importan)
requerirán de una interacción con los administrados, en el marco de
las normas ordinarias y generales que rigen los procedimientos
administrativos. Así un antecedente importante, que ya citaba los
efectos del Convenio (19) y que representa una evolución en temas
ambientales y económicos, es la sentencia recaída en el Expediente
N° 03343-2007-PA/TC, por la que se ordena al Estado priorizar lo
ambiental a lo económico. Al respecto señala la sentencia que: “debe
observarse el Convenio N° 169 de la OIT, sobre los Pueblos Indígenas
y Tribales en países independientes, que reconoce el derecho a la
consulta previa y a participar en la ejecución y evaluación de políticas
que los afectan directamente” (20). Si bien existen otras sentencias del
Tribunal Constitucional (N° 022-2009-PI/ TC, N° 024-2009-PI/TC);
ahora existe un marco normativo que implementar: (i) la Ley Nº 29785;
(ii) el Reglamento, Decreto Supremo N° 001-2012-MC; y (iii) el
Convenio 169 de la OIT Los elementos que conforman los supuestos
de este procedimiento público de consulta previa son los siguientes:

• Desde un punto de vista subjetivo la norma se refiere a dos sujetos o


participantes, por un lado: La entidad que identifica la potencial iniciativa
nociva y que lleva a cabo consulta, denominada entidad promotora; (ii) los
beneficiarios del derecho a ser consultados, que son los pueblos
indígenas u originarios. (iii) los inversionistas; (iv) otros intervinientes;

• Desde el punto de vista material, el objeto directo de la acción, sería el


proyecto de decisión del Estado, cuya característica obligatoria es que
representen una afectación directa a los derechos colectivos, la existencia
física, la identidad cultural y calidad de vida o desarrollo de los pueblos
originarios o indígenas. Es así como encontramos a: (i) las iniciativas
legislativas; (ii) las iniciativas administrativas; y (iii) los Planes, programas
y proyectos de desarrollo nacional o regional. A la fecha aún no se ha
llevado a cabo un proceso de consulta previa, sin embargo, la expectativa
es muy alta en todos los interesados y especialmente en los operadores
de la norma.

Podemos decir que los puntos clave de la participación ciudadana son:

La participación, por parte de la sociedad civil, en los asuntos públicos de nuestro


país es un derecho fundamental, reconocido por los tratados y pactos
internacionales suscritos por el Estado, los cuales establecen que toda persona
tiene derecho a participar en los asuntos públicos de su país.
• La Constitución Política del Perú de 1993 reconoce los derechos de los
ciudadanos a participar en los asuntos públicos del Estado. Es por ello que, a lo
largo de los años, se han venido instituyendo y regulando diversos mecanismos o
instituciones para que las personas puedan participar en la toma de decisiones del
Estado.

• Entre los mecanismos de participación ciudadana más conocidos, podemos


distinguir a los siguientes: (i) iniciativa de reforma constitucional; (ii) iniciativa en la
formación de las leyes; (iii) referéndum; (iv) iniciativa en la formación de dispositivos
municipales y regionales; (v) consulta previa; (vi) revocatoria de autoridades; (vii)
remoción de autoridades; (viii) Consejos de Coordinación Regional; (ix)
presupuestos participativos; (x) demanda de rendición de cuentas; (xi) acceso a la
información pública, entre otros.

• Tal como lo indica el profesor Martín Tanaka, en muchas municipalidades


distritales las autoridades se eligen con porcentajes muy bajos de votación, y
cuentan con escasa legitimidad social entre la población, las acusaciones por
corrupción o malversación de fondos son muy corrientes. Lo cual no hace más que
mermar la figura de la revocatoria, sobre todo en los casos en los cuales es llevada
para favorecer los intereses de algunas personas y no por el bien de la población.

• Es importante que la figura de la revocatoria sea modificada para que sea usada
de manera más eficiente y no para favorecer intereses de un particular o de un
grupo de ciudadanos que lo que les importa es beneficiarse política o
económicamente con dicho mecanismo. Pero, se debe tener presente que la
solución no es hacer que el mecanismo de la revocatoria desaparezca, sino que se
debe buscar hacerlo más eficiente por el bien de la sociedad y del Estado

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