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¿POR QUÉ PERMITE DIOS EL SUFRIMIENTO?

¿Por qué permite Dios las tragedias? En 1976 estábamos en Guatemala


cuando se produjo un terrible terremoto, y parecía que casi todo el país se
estaba hundiendo. El presidente me preguntó si quería aparecer en
televisión para explicar a la gente por qué Dios permitiría que una
tragedia tan grande ocurriera a su país.
El 21 de noviembre de 1980, cuando el MGM Grand Hotel de Las Vegas
se incendió, trajeron a los sobrevivientes al Centro de Convenciones,
donde se estaban realizando las reuniones de nuestras Cruzadas. En una
entrevista, el gobernador Robert List habló de los buenos tiempos en el
MGM solo 24 horas antes. “Y cuán rápidamente”, dijo, “la música se ha
detenido”.
Algún día, para todos ustedes, si no conocen a Dios, la música se
detendrá. Habrá terminado. La Biblia dice que “está establecido que los
seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio” (Hebreos
9:27).
La Biblia dice que Job perdió repentinamente toda su riqueza y sus hijos.
Él no sabía que se estaba desarrollando una poderosa lucha espiritual.
Satanás había acusado a Dios de hacer de Job su protegido y darle
posesiones terrenales. El diablo dijo a Dios: “Si le quitas todas esas
posesiones, te maldecirá y se alejará de ti”. Pero Dios contestó: “Puedes
hacerle lo que desees, excepto que no puedes matarlo, y luego veremos”
(ver Job 1:11-12).
Job no preguntó nunca por qué le estaban ocurriendo esas cosas. Lo más
cerca que llegó fue cuando dijo: “Dime qué es lo que tienes contra mí”
(Job 10:2). Job estaba compartiendo su agonía espiritual con el mismo
Dios a quien él no podía entender.
El sufrimiento transmite varios mensajes a todos nosotros. El sufrimiento
lleva un mensaje de misterio. La Biblia dice: “Grande es el misterio de
nuestra fe” (1 Timoteo 3:16). Cuando me pidieron que explicara la
tragedia del incendio en el MGM Grand Hotel, tuve que decir: “Hay un
misterio en esta clase de tragedias. No sabemos la respuesta”. Y tal vez
nunca la sepamos hasta que Dios nos explique todas las cosas.
Para los humanos, es un misterio por qué Dios creó la tierra. Es un
misterio por qué puso personas sobre esta tierra. Pero Dios ha revelado
respuestas a través de la Biblia y a través de la Persona de su Hijo,
Jesucristo. En la Biblia usted encontrará las respuestas a las preguntas y
los problemas de su vida.
Pero el hombre se rebeló contra Dios. El hombre dijo: “No te necesito,
Dios. Puedo construir mi mundo sin ti”. Dios dijo: “Si tomas esa posición,
sufrirás y morirás”. El hombre tomó esa posición, y comenzó a sufrir, y
ha estado muriendo desde entonces. La muerte física es solo la muerte del
cuerpo, pero el espíritu sigue viviendo. Si su espíritu está separado de
Dios por la eternidad, se perderá para siempre.
La Biblia enseña que Satanás es el autor del pecado. El pecado es la causa
de que tengamos sufrimiento, incluyendo la muerte. Todos nuestros
problemas y nuestro sufrimiento, incluyendo la muerte misma, son
producto de la rebelión del hombre contra Dios. Pero Dios ha provisto un
rescate en la Persona de su Hijo, Jesucristo. Por ese motivo murió Cristo
en la cruz. Por eso resucitó.
En el sufrimiento hay, también, un mensaje de compasión. Jesús dijo:
“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me
dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y
me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me
visitaron” (Mateo 25:35-36). Mientras el fuego avanzaba por el MGM
Grand Hotel, vi equipos de emergencia, militares, el Ejército de
Salvación, la Cruz Roja, médicos, enfermeras y personas que venían a
donar ropa y alimentos. Vi la compasión en acción.
En el sufrimiento hay un mensaje de unidad. Los hijos mellizos de Isaac,
Jacob y Esaú, habían estado discutiendo y peleando. Pero, cuando murió
Isaac, fueron a enterrarlo. Por la muerte de su padre, los dos hijos se
unieron.
Jesús oró, diciendo: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí,
y yo en ti” (Juan 17:21, RV60). Y así deberíamos ser como cristianos, uno
en Cristo. Si hemos nacido a la familia de Dios somos hijos de Dios. Somos
hermanos y hermanas.
El sufrimiento contiene un mensaje de consuelo. En 2 Corintios leemos:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de
misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas
nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los
que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que
nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4). Porque usted
haya sufrido una tragedia, tendrá un mayor sentido de identificación con
otras personas que sufren tragedias. Podrá comprenderlas en esa
situación de sufrimiento. Porque hemos sido consolados a través de la
Palabra de Dios, podemos a su vez consolar a otros.
¿Cuál debería ser nuestra actitud hacia el sufrimiento? Primero, debe ser
de adoración. Deberíamos decir: “Oh, Dios, creo que Tú eres el gran y
poderoso Dios. No entiendo todas las cosas que están ocurriendo en mi
vida, pero, oh Dios, confío en ti”.
Segundo, debemos pedir a Dios que nos enseñe todo lo que quiere que
aprendamos acerca de Él, acerca de nosotros, acerca de los demás y de
cómo podemos ministrar a los que sufren.
Tercero, nuestra actitud en el sufrimiento debe glorificar a Dios. Las
personas nos van a observar como cristianos. Preguntarán: “¿Cómo
puede ser que Cristo está tan en control de su vida que pudo ayudar a los
demás?”.
Jesús sufrió y murió por nosotros en la cruz, pero Dios lo levantó de los
muertos. Jesucristo está ahora sentado a la diestra de Dios el Padre, y Él
ve nuestro sufrimiento. Ve nuestra vida cada día y sabe exactamente
dónde estamos parados.
La Biblia enseña que debemos ser pacientes en el sufrimiento. Eso es lo
que más cuesta: ser pacientes, tener canciones en la noche. Las lágrimas
se convierten en telescopios hacia el cielo, acercando un poco la eternidad.
Creo que hay en el sufrimiento, también, un mensaje de advertencia. El
profeta Amós dijo: “¡Quedaron como tizones arrebatados del fuego! Con
todo, ustedes no se volvieron a mí”, afirma el Señor. “Por eso, Israel, voy
a actuar contra ti; […] ¡Prepárate, Israel, para encontrarte con tu Dios!”
(Amós 4:11-12). ¿Está usted preparado para encontrarse con Dios?
¿Qué tiene que hacer para estar listo? Dios tomó la iniciativa al entregar
a su Hijo, Jesucristo. Dios dice: “Yo te amo. Quiero perdonarte. Quiero
que vayas al cielo”. Pero usted debe responderle. ¿Cómo responder?
Usted debe responder haciendo tres cosas. Primero, arrepentirse de su
pecados. Diga: “Señor, soy un pecador. Quiero arrepentirme de mis
pecados”. Esto involucra un cambio en la forma de pensar y de vivir.
Jesús dijo: “A menos que se arrepientan, perecerán” (ver Lucas 13:3).
Segundo, usted debe recibir por fe a Jesucristo en su corazón. La fe
significa un compromiso total. Significa que tiene que llevar su mente y
sus emociones a Cristo por fe. Tiene que decir: “Señor, recibo a Jesucristo
en mi corazón”.
Tercero, debe estar dispuesto a seguirlo y servirlo como discípulo. Eso
significa leer la Biblia, orar y testificar. Eso significa amar: “De este modo
todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Juan
13:35). La característica de todo creyente es el amor. Dios nos da su amor,
un amor sobrenatural. Esa es la razón por la que los esposos pueden
amarse en una nueva dimensión cuando conocen a Cristo. Es la razón por
la que padres e hijos pueden amarse de una nueva forma cuando acuden
a Cristo.
Reciba a Jesucristo en su corazón como Señor, Maestro y Salvador.
Sígalo y sírvalo de ahora en más. Usted puede saber que está preparado
para encontrarse con Dios, no importa lo que traiga aparejado el futuro.

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