0% encontró este documento útil (0 votos)
443 vistas8 páginas

Lectura Reflexiva VI

Este documento presenta cinco lecturas reflexivas cortas. La primera lectura describe un malentendido que ocurre cuando una mujer cree que un hombre está tomando sus galletas, pero luego se da cuenta de que estaba equivocada. La segunda historia trata sobre un niño que deja una generosa propina. La tercera es una historia de amor entre un padre y su hija. La cuarta ofrece consejos para ser feliz. La quinta habla sobre cómo la vida devuelve lo que das.

Cargado por

makarena
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
443 vistas8 páginas

Lectura Reflexiva VI

Este documento presenta cinco lecturas reflexivas cortas. La primera lectura describe un malentendido que ocurre cuando una mujer cree que un hombre está tomando sus galletas, pero luego se da cuenta de que estaba equivocada. La segunda historia trata sobre un niño que deja una generosa propina. La tercera es una historia de amor entre un padre y su hija. La cuarta ofrece consejos para ser feliz. La quinta habla sobre cómo la vida devuelve lo que das.

Cargado por

makarena
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 1

Las cuatro cosas que nunca se recuperan


Una chica estaba esperando su vuelo en un gran aeropuerto. Como tenía mucho
tiempo decidió comprar un libro y un paquete de galletas, para descansar y leer en alguna
sala del inmenso lugar. Se acababa de sentar cuando también lo hizo un hombre, dejando
un asiento de por medio. Abrió una revista y empezó a leer; quedando entre ellos las
galletas.
Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una. Ella se sintió
indignada, pero no dijo nada; aunque pensó: "¡Qué descarado, que ganas me dan de darle
un golpe para que le escarmiente!". Pero la cosa no quedó ahí. Cada vez que ella tomaba
una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la iba indignando tanto que no
conseguía concentrarse ni reaccionar.
Cuando quedaba sólo una galleta, pensó: "¿qué hará ahora este cara dura?". Y
entonces el hombre, que pareció adivinarle el pensamiento, dividió la última galleta y dejó
una mitad para ella. ¡Ah, no!, aquello ya era demasiado y se puso a bufar de rabia; por lo
que cerró su libro, recogió sus cosas y salió disparada hacia el sector de embarque.
Una vez en el avión y más calmada, al mirar dentro de su bolso se quedó de piedra:
¡Allí estaba su paquete de galletas…intacto! ¡Qué vergüenza! Sólo entonces se dio cuenta
de su juicio injusto ante un comportamiento generoso. En efecto, el hombre había
compartido sus galletas sin sentirse indignado, ni nervioso o alterado, y ya no había
posibilidad de pedirle disculpas; pero sí de razonar:
¿Cuántas veces sacamos conclusiones apresuradas en nuestra vida, cuando
debiéramos observar mejor? ¿A cuántas personas encasillamos en estereotipos, sin darles
tiempo a explicar lo que quieren decir? ¿Cuántas oportunidades perdemos de quedar mejor?
En ese momento se le vino a la cabeza un consejo que le dio su ya fallecida abuela:
Recuerda siempre que existen cuatro cosas en la vida que
nunca se recuperan:
* una piedra, después de haberla lanzado;
* una palabra, después de decirla;
* una oportunidad, después de haberla perdido; y
* el tiempo, una vez que ha pasado.
COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 2
“Cincuenta centavos”
En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un
establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua frente a él.
"¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?" preguntó el niño.
"Cincuenta centavos", respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó
un número de monedas.
"¿Cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar. Algunas personas estaban
esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. "Treinta y cinco
centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. "Quiero el helado
solo", dijo el niño.
La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el
helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y
entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato
vacío, había los treinta y cinco centavos y... veinticinco más... su propina.

Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.


COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 3
Una bonita historia de amor
La historia cuenta que, hace mucho tiempo, un hombre regañó a su hija pequeña de 5
años por desperdiciar todo un rollo de papel de regalo para envolver una caja. La niña, a
pesar del regaño, dejó la caja envuelta bajo el árbol de Navidad y a la mañana siguiente,
cuando todos estaban abriendo los regalos, se la entregó a su padre diciéndole: "Esto es
para ti, papi".
Él, sintió vergüenza de la reacción del día anterior y emocionado, abrió el regalo.
Pero al ver que en el interior de la caja no había nada, le dijo en tono molesto a su hija:
"Señorita, cuando se hace un regalo siempre tiene que haber algo dentro". La pequeña,
medio llorando le dijo: "Pero papi, no está vacía, la llené de besos para ti".
El padre, conmovido, abrazó a su hija y le pidió perdón.
Con el tiempo, la niña creció y se fue a vivir muy lejos. Su padre, cada vez que la
extrañaba, metía su mano en la caja y sacaba un beso imaginario. Así se llenaba de todo el
amor que le regaló su hija.
COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 4
Consejos para ser feliz

El día más bello, hoy.


La cosa más fácil, equivocarse.
El obstáculo más grande, el miedo.
El mayor error, abandonarse.
La raíz de todos los males, el egoísmo.
La distracción más bella, el trabajo.
La peor derrota, el desaliento.
Los mejores maestros, los niños.
La primera necesidad, comunicarse.
La mayor felicidad, ser útil a los demás.
El misterio más grande, la muerte.
El peor defecto, el mal humor.
El ser más peligroso, el mentiroso.
El sentimiento más ruin, el rencor.
El regalo más bello, el perdón.
Lo más imprescindible, el hogar.
La ruta más rápida, el camino correcto.
La sensación más grata, la paz interior.
El arma más eficaz, la sonrisa.
El mejor remedio, el optimismo.
La mayor satisfacción, el deber cumplido.
Los seres más necesitados, los padres.
Lo más hermoso de todo, el amor.
COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 5
"EL ECO DE LA VIDA"
Un niño y su padre, estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cae, se
lastima y grita: -¡Ay! Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña:
- ¡Ay!
Con curiosidad el niño grita: - ¿Quién está ahí? Recibe una respuesta: - ¿Quién está
ahí? Enojado con la respuesta, el niño grita: - Cobarde. Y recibe de respuesta: - Cobarde.
El niño mira a su padre y le pregunta: - ¿Que sucede? El padre, sonríe y le dice: -
Hijo mío, presta atención. Y entonces el padre grita a la montaña: - Te admiro. Y la voz
responde: - Te admiro. De nuevo, el hombre grita: - Eres un campeón. Y la voz le responde:
- Eres un campeón.
El niño estaba asombrado, pero no entendía. Luego, el padre le explica: - La gente lo
llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida
es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más
amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres una
sonrisa en el alma, da una sonrisa al alma de los que conoces. Esta relación se aplica a
todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso exactamente aquello que tú le has
dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti. Alguien dijo: "Si no te gusta lo
que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando"
Y tú, ¿estás conforme con lo que recibes?...
COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 6
El portero del botiquín
No había en el pueblo peor oficio que el de portero del botiquín. Pero ¿qué otra cosa
podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía
ninguna otra actividad ni oficio.
Un día se hizo cargo del botiquín un joven con inquietudes, creativo y emprendedor.
El joven decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y después citó al personal para darle
nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la
puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que
entran día por día y anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo.- Me encantaría
satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no sé leer ni escribir. ¡Ah! ¡Cuánto lo siento!
Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida. No lo dejó
terminar. Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una
indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga
suerte. Y sin más, se dio vuelta y se fue.
El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría
llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer? Recordó que en el botiquín, cuando se
rompía una silla o se arruinaba una mesa, él, con un martillo y clavos lograba hacer un
arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta
conseguir un empleo. El problema es que sólo contaba con unos clavos oxidados y una
tenaza mellada. Usaría parte del dinero para comprar una caja de herramientas completa.
Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al
pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A
su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas.
De inmediato su vecino llamó a la puerta de su casa. -Vengo a preguntarle si no tiene
un martillo para prestarme. Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar...
como me quedé sin empleo.-Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.  Está
bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. Mire, yo
todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende? -No, yo lo necesito para trabajar y
además, la ferretería está a dos días de mula. Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le
pagaré los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin
trabajar. ¿Qué le parece? Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días, así que aceptó.

Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa. -Hola,
vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo? Sí- respondió.-Yo necesito unas
herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, más una pequeña
ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje.
El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un
destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. "
No dispongo de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente
podría necesitar que él viajara a traer herramientas. En el siguiente viaje arriesgó un poco
más del dinero trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría
ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron
evitarse el viaje.
COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que
necesitaban sus clientes. Alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas
semanas después, con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del
pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes
le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas
preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de
los martillos. Y luego, ¿por qué no? las tenazas, las pinzas y los cinceles. Y luego fueron
los clavos y los tornillos.
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se
transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. Un día
decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes
y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le
entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: -Es con gran orgullo y gratitud que le
pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la
nueva escuela. El honor sería para mí - dijo el hombre -. -Creo que nada me gustaría más
que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto. ¿Usted? - dijo el Alcalde,
que no alcanzaba a creerlo -¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni
escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer
y escribir? Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera
sabido leer y escribir... ¡sería portero del botiquín!

Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Las


adversidades encierran bendiciones. Las crisis están llenas de
oportunidades. Cambiar siempre será la opción más segura.
COLEGIO SAINT MARY JOSEPH

Mes de Septiembre
Lectura Reflexiva número 8
Los obstáculos en nuestro camino
Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. 
Entonces se escondió y miro para ver si alguien quitaba la tremenda roca. 
Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y
simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener
los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino. 
Entonces paso un campesino que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la
roca, el campesino puso su carga en el piso y trato de mover la roca a un lado del camino. 
Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, el
notó una cartera en el piso, justo donde había estado la roca.  La cartera contenía muchas
monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que
removiera la piedra del camino. 
El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.  Cada obstáculo presenta
una oportunidad para mejorar la condición humana.

También podría gustarte