Derecho de Familia: Régimen Matrimonial
Derecho de Familia: Régimen Matrimonial
Arica – Chile
DERECHO DE FAMILIA
Iván Barrientos Bordoli
2022
Estos apuntes de clases de la asignatura de Derecho Civil III fueron preparados siguiendo el orden
y contenidos del Programa de Asignatura elaborado por el Profesor don Gonzalo Figueroa Yánez, quien
detentara la calidad de profesor visitante y “Emérito” de la Escuela de Derecho de la Universidad de
Tarapacá, en las asignaturas de Derecho Civil I, II y III, durante los años 1998 a 2006.
Esta primera parte de los apuntes de clases del curso de Derecho Civil III (malla curricular antigua)
se ha denominado “Derecho de Familia” en la malla curricular 2018, y se ha dividido en tres unidades
pedagógicas, la primera, “El matrimonio, efectos personales”, la segunda, “De los regímenes patrimoniales
del matrimonio y de los bienes familiares”, y la tercera unidad, “La Filiación”.
En la elaboración de estos apuntes se utilizaron las clases expositivas del Profesor Figueroa
Yánez; la bibliografía básica recomendada por él, y la incorporada recientemente:
1.- Abeliuk Manasevich, Rene, La Filiación y sus efectos, Tomos I y II, Editorial Jurídica de Chile, Primera
Edición, Santiago de Chile, año 2000.
2.- Barrientos Grandon, Javier, “El Código de la Familia, Normativa y Jurisprudencia Sistematizada,
Concordada y Comentada de Derecho de Familia”, Editorial LagalPublishing, AbeledoPerrot,
Santiago de Chile, año 2009.
3.- Corral Talciani, Hernán, Bienes Familiares y Participación en los Gananciales, Editorial Jurídica de
Chile, Primera Edición, año 1996.
4.- Court Murasso, Eduardo, “Nueva Ley de Matrimonio Civil” Editorial Legis, Primera Edición,
Colombia, año 2004.
5.- Figueroa Yáñez, Gonzalo, Derecho Civil de la Persona, del Genoma al Nacimiento, Editorial Jurídica
de Chile, Primera Edición, Santiago de Chile, año 2001.
6.- Figueroa Yáñez, Gonzalo, Persona, Pareja y Familia, Editorial Jurídica de Chile, Primera Edición,
Santiago de Chile, año 1995.
7.- Frigerio Grez, Cesar, Regímenes Matrimoniales, Editorial Jurídica ConoSur, Primera Edición,
Santiago de Chile, año 1995.
8.- Fueyo Laneri, Fernando, Derecho Civil, Derecho de Familia, Volumen I, II y III, Santiago de Chile,
año 1959.
9.- Meza Barros, Ramón, Derecho de Familia, 2 Tomos, Manuales Nº 67 y 68, Editorial Jurídica de
Chile, Santiago de Chile, año 1989 y 1995.
10.- Ramos Pazos, Rene, Derecho de Familia, Tomos I y II, Editorial Jurídica de Chile, Tercera Edición,
Santiago de Chile, año 2000.
11.- Rodríguez Grez, Pablo, Regímenes Patrimoniales, Editorial Jurídica de Chile, Primera Edición,
Santiago de Chile, año 1996.
12.- Rossel Saavedra, Enrique, Manual de Derecho de Familia, Editorial Jurídica de Chile, Santiago de
Chile, año 1992.
13.- Somarriva Undurraga, Manuel, Derecho de Familia, Editorial Jurídica ConoSur, Santiago de Chile,
año 1990.
14.- Tomasello Hart, Leslie, El Régimen de Participación en los Gananciales, Editorial Jurídica ConoSur,
Santiago de Chile, año 1995.
Se hace presente que se han obviado, en muchos casos, las respectivas citas y notas
bibliográficas.
SEGUNDA UNIDAD
LOS REGIMENES PATRIMONIALES
DEL MATRIMONIO
Y DE LOS BIENES FAMILIARES
LOS REGIMENES PATRIMONIALES DEL MATRIMONIO
El Profesor don Rene Ramos Pazo define el régimen matrimonial como “…el estatuto jurídico que
regla las relaciones pecuniarias de los cónyuges entre sí y respecto de terceros”. Por su parte don Cesar
Frigerio Castaldi en su obra Regímenes Matrimoniales, al respecto señala: “Es un ordenamiento económico
del hogar en lo que se refiere a intereses pecuniarios que lo son del matrimonio y sirven para el matrimonio.
Hay otras relaciones patrimoniales que, si bien tienen como origen remoto el matrimonio, emanan
directamente de la paternidad o la filiación, tales como el usufructo legal en los bienes del hijo. Tampoco
se incluyen los derechos sucesorios ni provisionales de los cónyuges. La naturaleza del régimen
matrimonial responde más bien a una institución cuyo estatuto es formado en parte directamente por la
ley y en parte por la voluntad de los cónyuges”.
La sociedad conyugal es una sociedad de bienes que se forma entre los cónyuges por el hecho
de contraer matrimonio a falta de pacto en contrario. Definición que se desprende de los artículos 135º
inciso 1 del C.C. El artículo 135º inciso 1 del C.C., señala: “Por el hecho del matrimonio se contrae sociedad
de bienes entre los cónyuges...”. La sociedad conyugal comienza con el matrimonio, y cualquier
estipulación en contrario es nula (artículo 1.721º inciso final del C.C.). Esto, sin perjuicio, de que existe un
caso en que sociedad conyugal puede comenzar posteriormente. Ello ocurre con las personas que se han
casado en el extranjero, los que según el artículo 135º inciso 2 del C.C. se miran como separadas de
bienes, a menos que inscriban su matrimonio en el Registro de la Primera Sección de la Comuna de
Santiago, y pacten en ese acto sociedad conyugal.
La duración de la sociedad conyugal es determinada por la ley, pues comienza con el matrimonio
y termina sólo por las causales indicadas en el artículo 1.764º del C.C.
Por último, es del caso hacer presente que, de conformidad a las modificaciones introducidas por
Ley Nº 21.400 “QUE MODIFICA DIVERSOS CUERPOS LEGALES PARA REGULAR, EN IGUALDAD DE
CONDICIONES EL MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO”. D.O. 09-DIC-2021, se estableció que:
“Los esposos del mismo sexo podrán celebrar capitulaciones matrimoniales, pero en caso alguno podrán
pactar el régimen de sociedad conyugal”.
Están definidas en el artículo 1.715º del C.C. “Se conocen con el nombre de capitulaciones
matrimoniales las convenciones de carácter patrimonial que celebren los esposos antes de contraer
matrimonio o en el acto de su celebración”. Se trata de un pacto que se celebra entes o al momento del
matrimonio. Los pactos que celebren los cónyuges durante el matrimonio no son capitulaciones
matrimoniales1.
Es importante señalar que el código la define como “convenciones”. No dice que sean un contrato.
Y esto porque las capitulaciones matrimoniales no serán contrato si no crean derechos y obligaciones para
las partes. En consecuencia, las capitulaciones matrimoniales pueden ser un contrato si realmente crean
derechos y obligaciones para los esposos; no lo será en caso contrario. Si la capitulación establece el
régimen de separación de bienes no será contrato; en cambio sí se establece en la convención
(capitulación) que el esposo se obliga al pago de una pensión (cantidad de dinero), si será contrato.
Características:
1.- Son una convención, esto es, un acto jurídico bilateral.
2.- Obligan no sólo a los esposos, sino también a los terceros que contraten con ellos.
3.- Es un acto jurídico dependiente. Requiere que exista matrimonio.
4.- Son inmutables. Excepciones: el artículo 1.716º inciso final del C.C., dice: “Celebrado el matrimonio,
las capitulaciones no podrán alterarse, aun con el consentimiento de todas las personas que
intervinieron en ellas, sino en el caso establecido en el inciso 1 del artículo 1723”. Por su parte
el inciso 1 del artículo 1.723º del C.C. establece: “Durante el matrimonio los cónyuges mayores
1
Así el artículo 1.723º del C.C., dice: “Durante el matrimonio los cónyuges mayores de edad podrán substituir el régimen de sociedad de bienes por el de
participación en los gananciales o por el de separación total. También podrán substituir la separación total por el régimen de participación en los gananciales”.
de edad podrán substituir el régimen de sociedad de bienes por el de participación en los
gananciales o por el de separación total. También podrán substituir la separación total por el
régimen de participación en los gananciales”.
Solemnidades: Las capitulaciones matrimoniales son siempre solemnes, pero dichas solemnidades son
distintas, según que se convengan antes o durante la celebración del matrimonio.
1.- Solemnidades que se requieren antes del matrimonio: Las capitulaciones que se celebren antes del
matrimonio se otorgan por escritura pública que debe subinscribirse al margen de la inscripción del
matrimonio. La subinscripción debe hacerse al momento de celebrarse el matrimonio o, en todo caso,
dentro de los 30 días siguientes a dicha celebración.
Si no se procede a la subinscripción en la forma y tiempo debidos, las capitulaciones no tienen
valor, ni entre las partes ni respecto de terceros. El artículo 1.716º inciso 1 del C.C. al respecto dice: “Las
capitulaciones matrimoniales se otorgarán por escritura pública, y sólo valdrán entre las partes y respecto
de terceros desde el día de la celebración del matrimonio, y siempre que se subinscriban al margen de la
respectiva inscripción matrimonial al tiempo de efectuarse aquél o dentro de los treinta días siguientes.
Pero en los casos a que se refiere el inciso segundo del artículo anterior, bastará que ese pacto conste en
dicha inscripción. Sin este requisito no tendrá valor alguno”.
En el caso de que el matrimonio se haya celebrado en país extranjero el artículo 1.716º inciso 2
dispone: “Tratándose de matrimonios celebrados en país extranjero y que no se hallen inscritos en Chile,
será menester proceder previamente a su inscripción en el Registro de la Primera Sección de la comuna
de Santiago, para lo cual se exhibirá al oficial civil que corresponda el certificado de matrimonio
debidamente legalizado. En estos casos, el plazo a que se refiere el inciso anterior se contará desde la
fecha de la inscripción del matrimonio en Chile”.
2.- Solemnidades que se requieren durante la celebración del matrimonio: Primero que todo, debemos
señalar que sólo se puede pactar separación total de bienes o el régimen de participación en los
gananciales, ello de acuerdo a lo establecido en el inciso 2 del artículo 1.715º del C.C. que dice: “En las
capitulaciones matrimoniales que se celebren en el acto del matrimonio, sólo podrá pactarse separación
total de bienes o régimen de participación en los gananciales”. Segundo, basta con que la capitulación se
haga constar en la inscripción de matrimonio.
De esta forma el contenido de las capitulaciones matrimoniales celebradas antes del matrimonio
puede ser muy variado. No existe más limite que el establecido en el artículo 1.717º del C.C., que dice:
“Las capitulaciones matrimoniales no contendrán estipulaciones contrarias a las buenas costumbres ni a
las leyes. No serán, pues, en detrimento de los derechos y obligaciones que las leyes señalan a cada
cónyuge respecto del otro o de los descendientes comunes”. Así, por ejemplo, no se puede convenir que
la sociedad conyugal sea administrada por la mujer; que la mujer no podrá tener patrimonio reservado,
etc.
Estipulaciones prohibidas:
1.- Artículo 153º del C.C.: “La mujer no podrá renunciar en las capitulaciones matrimoniales la facultad
de pedir la separación de bienes a que le dan derecho las leyes”.
2.- Artículo 1.721º inciso final del C.C: “No se podrá pactar que la sociedad conyugal tenga principio
antes o después de contraerse el matrimonio; toda estipulación en contrario es nula”.
Momento en que las capitulaciones matrimoniales producen efecto: El Artículo 1.716º del C.C señala: “Las
capitulaciones matrimoniales se otorgarán por escritura pública, y sólo valdrán entre las partes y respecto
de terceros desde el día de la celebración del matrimonio, y siempre que se subinscriban al margen de la
respectiva inscripción matrimonial al tiempo de efectuarse aquél o dentro de los treinta días siguientes”.
En consecuencia, las capitulaciones empiezan a producir sus efectos desde el momento en que se celebra
el matrimonio, pero para que ello ocurra en necesario que se haga la subinscripción respectiva. Efectuada
la subinscripción las capitulaciones producen todos sus efectos. Sólo deja de producirlos cuando el
matrimonio no se celebra o cuando es declarado nulo, salvo el caso que el matrimonio sea putativo, caso
en el cual las capitulaciones valdrán.
Puntos no resueltos por la Ley: Si los cónyuges se casaron bajo el régimen de sociedad conyugal y
posteriormente, usando el artículo 1.723º, lo sustituyeron por el de separación de bienes, ¿podrían
nuevamente y en virtud del artículo 1.723º celebrar un nuevo pacto en que reemplazaran la separación de
bienes por participación en los gananciales? La respuesta es sí.
Para el estudio del haber de la sociedad conyugal es necesario, previamente distinguir entre haber
absoluto y haber relativo.
- Haber absoluto: Esta formado por todos aquellos bienes que ingresan a la sociedad conyugal en forma
definitiva, sin derecho a recompensa.
- Haber relativo: Esta formado por todos aquellos bienes que ingresan a la sociedad conyugal otorgando
al cónyuge aportante o adquirente un derecho de recompensa, que se hará valer al momento de la
liquidación de la sociedad conyugal.
Haber absoluto de la sociedad conyugal
Está integrado por los bienes que contemplan los artículos 1.725º Nº 1; 1.725º Nº 2; 1.725º Nº
5; 1.730º y 1.731º del C.C.
1.- Artículo 1.725º Nº 1 del C.C.: “El haber de la sociedad conyugal se compone: 1. De los salarios y
emolumentos de todo género de empleos y oficios, devengados durante el matrimonio”. Cualquier
remuneración que perciba uno de los cónyuges durante el matrimonio queda comprendida dentro de este
rubro, sin que tenga importancia la denominación que reciba: honorarios, gratificaciones, sueldos, salarios,
etc. Lo único importante es que se devenguen durante el matrimonio.
Para que el producto del trabajo ingrese al haber de la sociedad es necesario que dicho trabajo
se haya prestado durante la vigencia de la sociedad conyugal, aunque sea pagado después de la disolución
de la misma.
Por el contrario, si el trabajo se prestó antes del matrimonio y se paga durante su vigencia, este
dinero ingresará al haber relativo.
Se presentan algunas dificultades cuando se trata de servicios que se comienzan a prestar
solteros y se terminan cuando los cónyuges ya se encuentran casados. La doctrina ha solucionado el
problema distinguiendo si el trabajo es divisible o indivisible. Si es divisible, corresponderá a la sociedad
conyugal la parte del honorario devengado durante la vigencia de la sociedad conyugal, y al cónyuge
aquella otra parte devengada mientras permanecía soltero.
Si el trabajo es indivisible, por ejemplo, se encomienda a una persona la confección de una estatua,
en ese caso el honorario se entenderá devengado cuando la obra esté terminada, pasando a ser los
honorarios propios o sociales, según corresponda.
Otro asunto importante, relacionado con el artículo 1.725º Nº 1 del C.C., es el que se refiere a las
donaciones remuneratorias2. El artículo 1.433º del C.C., señala: “Se entenderán por donaciones
remuneratorias las que expresamente se hicieren en remuneración de servicios específicos, siempre que
éstos sean de los que suelen pagarse”. Por su parte el artículo 1.738º del C.C. señala el destino de estas
donaciones remuneratorias, al decir: “Las donaciones remuneratorias de bienes raíces hechas a uno de
los cónyuges o a ambos, por servicios que no daban acción contra la persona servida, no aumentan el
haber social; pero las que se hicieren por servicios que hubieran dado acción contra dicha persona,
aumentan el haber social, hasta concurrencia de lo que hubiera habido acción a pedir por ellos, y no más;
2
Para una mejor comprensión de las donaciones remuneratoria ver “Derecho Sucesorio”, Manuel Somarriva, paginas 549 y siguientes.
salvo que dichos servicios se hayan prestado antes de la sociedad, pues en tal caso no se adjudicarán a
la sociedad dichas donaciones en parte alguna.
Si la donación remuneratoria es de cosas muebles aumentará el haber de la sociedad, la que
deberá recompensa al cónyuge donatario si los servicios no daban acción contra la persona servida o si
los servicios se prestaron antes de la sociedad”.
De acuerdo a lo señalado en el artículo 1.738º del C.C. podemos distinguir las siguientes
situaciones:
1.- Donaciones remuneratorias inmuebles que otorgan acción: Tal donación ingresa al haber absoluto
de la sociedad conyugal.
2.- Donaciones remuneratorias inmuebles que no otorgan acción: Tal donación ingresa al haber
propio del cónyuge.
3.- Donaciones remuneratorias muebles que otorgan acción: Tal donación ingresa al haber absoluto
de la sociedad conyugal.
4.- Donaciones remuneratorias muebles que no otorgan acción: Tal donación ingresa al haber
relativo.
Destino de los dineros ganados en el juego: Estos dineros ingresan al haber absoluto de la sociedad
conyugal, sin importar si se trata de juegos de azar, de destreza física o intelectual.
Destino de los ingresos provenientes de la propiedad intelectual: Se discute si ingresan al haber absoluto
de la sociedad conyugal o al haber relativo del cónyuge. Don Arturo Alessandri afirma que se debe distinguir
entre “el derecho mismo del autor, inventor o fabricante, y las utilidades pecuniarias que provengan de su
explotación”. Las utilidades pecuniarias pertenecen a la sociedad, si se generan durante su vigencia. La
propiedad intelectual o industrial misma, esto es, el derecho de autor, inventor o fabricante pertenecen a
la sociedad si se constituyen durante la vigencia de la sociedad conyugal. Si se constituye antes del
matrimonio, es del cónyuge autor de la obra, invento, marca o modelo; pero como se trata de un derecho
mueble “aportado por él al matrimonio”, ingresa al haber relativo (artículo 1.725º Nº 4 del C.C.), quedando
obligada la sociedad a restituir su valor, según el que tenía al tiempo del matrimonio. La opinión contraria
la sustenta don Antonio Zuloaga Villalón3.
3
(ver Rene Ramos P , Derecho de Familia, Tomo I,. pp. 148 y siguientes)
2.- Artículo 1.725º Nº 2 del C.C.: “El haber de la sociedad conyugal se compone: 2. De todos los
frutos, réditos, pensiones, intereses y lucros de cualquiera naturaleza, que provengan, sea de los bienes
sociales, sea de los bienes propios de cada uno de los cónyuges, y que se devenguen durante el
matrimonio”. Si un inmueble social produce rentas, esas rentas ingresan al haber absoluto de la sociedad
conyugal. Lo mismo ocurre si el inmueble que produce las rentas es propio de uno de los cónyuges.
Aparentemente parece ser injusto que no se haga una distinción. La razón está dada por que los ingresos
producidos por bienes propios o sociales, están destinados a atender las necesidades de la familia.
Por otra parte, y de acuerdo al artículo 1.740º Nº 4 del C.C. “La sociedad es obligada al pago: 4.
De todas las cargas y reparaciones usufructuarias de los bienes sociales o de cada cónyuge”. Es decir, si
la sociedad paga las reparaciones de los bienes propios de cada cónyuge, es lógico que los ingresos de
ese bien vayan a la sociedad conyugal.
El artículo 1.725º Nº 2 habla de frutos sin hacer ninguna distinción. En consecuencia, ingresan al
haber absoluto de la sociedad conyugal tanto los frutos civiles como los naturales. Lo importante es que
los frutos se devenguen durante el matrimonio, o mejor dicho durante la vigencia de la sociedad conyugal.
De qué modo adquiere la sociedad conyugal los frutos: Hay que distinguir entre frutos producidos por los
bienes propios del cónyuge o por un bien social. Los frutos producidos por un bien social, la sociedad
conyugal lo adquiere por el modo de adquirir accesión (artículos 646º y 648º del C.C.). Por su parte el
fruto proveniente de un bien propio de uno de los cónyuges el modo de adquirir es la ley – artículo 1.725º
Nº 2 del C.C. – que otorga a la sociedad conyugal el dominio de los frutos de los bienes propios del
cónyuge.
3.- Artículo 1.725º Nº 5 del C.C.: “El haber de la sociedad conyugal se compone: 5. De todos los
bienes que cualquiera de los cónyuges adquiera durante el matrimonio a título oneroso”. Cualquier bien
que se adquiera durante la vigencia de la sociedad conyugal a título oneroso (compraventa, etcétera)
ingresa al haber absoluto de la sociedad conyugal. No tiene ninguna importancia que el bien se compre a
nombre del marido o de la mujer. Lo que importa es que el título traslaticio en cuya virtud se adquiere el
bien, se haya celebrado bajo la vigencia de la sociedad conyugal y, además, que el título traslaticio sea
oneroso.
Casos de los artículos 1.728º y 1.729º del C.C. Aplicación especial al principio sentado en el artículo 1.725º
Nº 5 del C.C., es decir, se alteran las reglas generales en los casos de los artículos señalados:
1. Artículo 1.728º del C.C.: “El terreno contiguo a una finca propia de uno de los cónyuges, y
adquirido por él durante el matrimonio a cualquier título que lo haga comunicable según el artículo
1725, se entenderá pertenecer a la sociedad; a menos que con él y la antigua finca se haya
formado una heredad o edificio de que el terreno últimamente adquirido no pueda desmembrarse
sin daño; pues entonces la sociedad y el dicho cónyuge serán condueños del todo, a prorrata de
los respectivos valores al tiempo de la incorporación”. La norma se refiere al cónyuge que,
teniendo una finca propia, adquiere (a título oneroso) durante la vigencia de la sociedad conyugal
un terreno contiguo a ella. Si el terreno contiguo y la finca conservan su individualidad, el nuevo
terreno será social, pero si se ha formado un solo todo, de manera que el nuevo terreno no pueda
desmembrase sin grave daño, se formará una comunidad entre el cónyuge y la sociedad en que
ambos serán codueños del todo a prorrata de los valores aportados al tiempo de la incorporación.
2. Artículo 1.729º del C.C.: “La propiedad de las cosas que uno de los cónyuges poseía con otras
personas proindiviso, y de que durante el matrimonio se hiciere dueño por cualquier título
oneroso, pertenecerá proindiviso a dicho cónyuge y a la sociedad, a prorrata del valor de la cuota
que pertenecía al primero, y de lo que haya costado la adquisición del resto”. Esta norma
contempla el caso de que un cónyuge tenga un bien propio proindiviso con otras personas y
durante la vigencia de la sociedad adquiera a título oneroso las cuotas de sus comuneros. Esta
cuota o cuotas, en vez de pasar a formar parte del haber absoluto, sigue la regla señalada en el
artículo, esto es, el bien entero pasa a ser una comunidad formada por la sociedad y el cónyuge,
a prorrata del valor de las cuotas.
4.- Artículo 1.730º del C.C.: “Las minas denunciadas por uno de los cónyuges o por ambos se
agregarán al haber social”. Norma concordante con lo establecido en el artículo 25º del Código de Minería,
que establece que los derechos adquiridos en virtud de un pedimento o de una manifestación minera por
las mujeres casadas en régimen de sociedad conyugal ingresarán al haber social, a menos que sea
aplicable el artículo 150º del C.C.
Por su parte don Enrique Rossel S., agrega: “que el denuncio de minas no es producto del azar,
sino de la actividad y del esfuerzo de los denunciantes; de ahí que ingrese al haber real como cualquier
otro fruto del trabajo”.
5.- Artículo 1.731º del C.C.: “La parte del tesoro, que según la ley pertenece al que lo encuentra, se
agregará al haber de la sociedad, la que deberá al cónyuge que lo encuentre la correspondiente
recompensa; y la parte del tesoro, que según la ley pertenece al dueño del terreno en que se encuentra,
se agregará al haber de la sociedad, la que deberá recompensa al cónyuge que fuere dueño del terreno”.
Ingresan al haber absoluto de la sociedad conyugal la parte del tesoro que corresponde al dueño del sitio
en que se encuentra, cuando el tesoro es hallado en un terreno social.
Haber relativo de la sociedad conyugal
Está formado por aquellos bienes que ingresan a la sociedad conyugal, pero que otorgan un
crédito o recompensa al cónyuge aportante o adquirente, que se hace efectivo a la disolución de la
sociedad.
1.- Artículo 1.725º Nº 3 del C.C.: “El haber de la sociedad conyugal se compone: 3. Del dinero que
cualquiera de los cónyuges aportare al matrimonio, o durante él adquiriere; obligándose la sociedad a
pagar la correspondiente recompensa”. Entran a formar parte del haber relativo los dineros que cualquiera
de los cónyuges aportare al matrimonio o que durante él adquiere, obligándose la sociedad al pago de la
correspondiente recompensa. La recompensa debe enterarse de manera que la suma pagada tenga, en lo
posible, el mismo valor adquisitivo. Si bien el artículo en comento no señala que para que los dineros
ingresen al haber relativo, tiene haber sido adquiridos a título gratuito, esto es así. Por cuanto si fuesen
adquiridos a título oneroso debieran ingresar al haber absoluto, ya sea porque corresponden al artículo
1.725º Nº 1 o al 1.725º Nº 2.
2.- Artículo 1.725º Nº 4 del C.C.: “El haber de la sociedad conyugal se compone: 4. De las cosas
fungibles y especies muebles que cualquiera de los cónyuges aportare al matrimonio, o durante él
adquiriere; quedando obligada la sociedad a pagar la correspondiente recompensa.
Pero podrán los cónyuges eximir de la comunión cualquiera parte de sus especies muebles,
designándolas en las capitulaciones matrimoniales”.
Respecto de los bienes muebles aportados, repetimos lo que dijimos recién respecto del dinero,
en el sentido que se entiende por bien aportado el que tenía el cónyuge al momento del matrimonio. En
cuanto a los bienes muebles adquiridos durante el matrimonio, el artículo 1725º Nº 4 del C.C no dice que
hayan tenido que ser adquiridos a título gratuito, Pero ello está establecido en el artículo 1.726º inciso 2
y en el artículo 1.732º inciso 2 del C.C. El artículo 1.726º inciso 2 dice: “Si el bien adquirido es mueble,
aumentará el haber de la sociedad, la que deberá al cónyuge o cónyuges adquirentes la correspondiente
recompensa”. Y el artículo 1.732º inciso 2 confirma la misma idea, al señalar: “Si las cosas donadas o
asignadas a cualquier otro título gratuito fueren muebles, se entenderán pertenecer a la sociedad, la que
deberá al cónyuge donatario o asignatario la correspondiente recompensa”.
Por otro lado, es importante señalar que el artículo 1.725º Nº 4 del C.C., habla de “especies
muebles” y no de “bienes muebles”. Si el artículo en comento hubiese hablado de bienes muebles
solamente estarían incluidos los bienes muebles corporales por naturaleza, excluyendo de esa forma a los
bien muebles incorporales.
Por último, el artículo 1.725º Nº 4 inciso 2, da la posibilidad a los cónyuges de eximir de la
comunidad cualquiera parte de las especies muebles, designándolas en las capitulaciones matrimoniales.
De esta forma si un cónyuge no quiere que un “auto” no ingrese al haber relativo de la sociedad conyugal,
puede excluirlo en las capitulaciones matrimoniales.
3.- Artículo 1.731º del C.C.: “La parte del tesoro, que según la ley pertenece al que lo encuentra, se
agregará al haber de la sociedad, la que deberá al cónyuge que lo encuentre la correspondiente
recompensa; y la parte del tesoro, que según la ley pertenece al dueño del terreno en que se encuentra,
se agregará al haber de la sociedad, la que deberá recompensa al cónyuge que fuere dueño del terreno”.
Para poder comprender las diferentes situaciones planteadas en este artículo, necesariamente hay que
relacionarlo con los artículos 625º y 626º del Código Civil.
El artículo 625º inciso 2 del C.C. dice: “Se llama tesoro la moneda o joyas, u otros efectos
preciosos, que elaborados por el hombre han estado largo tiempo sepultados o escondidos sin que haya
memoria ni indicio de su dueño”. Por su parte el artículo 626º del C.C., establece la forma como se reparte
el tesoro entre el descubridor y el dueño del terreno en que se encontraba oculto. Señala el artículo: “El
tesoro encontrado en terreno ajeno se dividirá por partes iguales entre el dueño del terreno y la persona
que haya hecho el descubrimiento.
Pero esta última no tendrá derecho a su porción, sino cuando el descubrimiento sea fortuito o
cuando se haya buscado el tesoro con permiso del dueño del terreno.
En los demás casos, o cuando sean una misma persona el dueño del terreno y el descubridor,
pertenecerá todo el tesoro al dueño del terreno”.
4.- Artículo 1.738º inciso 2 del C.C.: “Si la donación remuneratoria es de cosas muebles aumentará
el haber de la sociedad, la que deberá recompensa al cónyuge donatario si los servicios no daban acción
contra la persona servida o si los servicios se prestaron antes de la sociedad”. Ingresan también al haber
relativo de la sociedad conyugal la donación remuneratoria mueble que se hace a uno de los cónyuges,
cuando el servicio prestado no daba acción en contra de la persona servida.
5.- Artículo 1.735º primera parte del C.C.: “La especie adquirida durante la sociedad, no pertenece a
ella aunque se haya adquirido a título oneroso, cuando la causa o título de la adquisición ha precedido a
ella”. Por su parte el inciso final del mismo artículo establece: “Si los bienes a que se refieren los números
anteriores son muebles, entrarán al haber de la sociedad, la que deberá al cónyuge adquirente la
correspondiente recompensa”. En consecuencia, forma parte de haber relativo los bienes muebles
adquiridos por un cónyuge durante la vigencia de la sociedad conyugal, cuando la causa o título de la
adquisición ha precedido a ella.
Está formado por todos aquellos bienes que no entran al haber absoluto ni relativo de la sociedad.
El dominio de ellos pertenece al cónyuge que los adquirió en las condiciones que se señalaran.
Forman parte del patrimonio propio:
1.- Los inmuebles que un cónyuge tiene al momento del matrimonio: El Código Civil no señala en
forma expresa que los bienes raíces de que un cónyuge es dueño al momento de casarse permanezcan
en su haber propio.
Por otra parte, el artículo 1.736º del C.C. se pone en el caso de bienes raíces adquiridos durante
la vigencia de la sociedad conyugal y que no obstante no ingresan al activo social, sino al haber propio del
cónyuge. “La especie adquirida durante la sociedad, no pertenece a ella aunque se haya adquirido a título
oneroso, cuando la causa o título de la adquisición ha precedido a ella”. Es del caso señalar que para que
estos bienes incrementen el haber propio, tienen que ser inmuebles, pues en el caso de los muebles,
ingresan al haber relativo.
Casos consignados en el artículo 1.736º del C.C.:
1.1 Artículo 1.736º Nº 1 del C.C.: “No pertenecerán a la sociedad las especies que uno de los cónyuges
poseía a título de señor antes de ella, aunque la prescripción o transacción con que las haya hecho
verdaderamente suyas se complete o verifique durante ella”. Este numerando contempla dos situaciones
distintas.
a) La primera, que se produce cuando al momento del matrimonio uno de los cónyuges está
poseyendo un bien raíz, pero aún no ha transcurrido el plazo para ganarlo por prescripción,
lo que sólo ocurre durante la vigencia de la sociedad conyugal. Este bien es propio del
cónyuge, pues la causa o título de su adquisición ha precedido a la sociedad. Esto se debe a
que los efectos de la sentencia que declara la prescripción operan con efecto retroactivo.
b) La segunda, dice relación con la adquisición del bien raíz por transacción. La transacción, en
cuanto se limita a reconocer o declarar derechos preexistentes, no forma nuevo título. Por
ello si el cónyuge adquiere el bien raíz disputado en virtud de una transacción que se celebra
vigente la sociedad, ese bien no es social, sino propio del cónyuge, pues la transacción es en
ese caso un título declarativo.
1.2 Artículo 1.736 Nº 2 del C.C.: “Ni los bienes que se poseían antes de ella por un título vicioso,
pero cuyo vicio se ha purgado durante ella por la ratificación, o por otro remedio legal”. No pertenecen a
la sociedad conyugal, sino al cónyuge, los bienes raíces que se poseían antes de ella por un título vicioso,
pero cuyo vicio se ha purgado durante ella por la ratificación, o por otro remedio. Este numeral se refiere
al caso en que un cónyuge ha adquirido de soltero un bien raíz por un título vicioso, esto es, susceptible
de anularse. Si durante la sociedad conyugal se sanea el vicio, sea por ratificación o por extinguirse la
acción de nulidad por prescripción, este saneamiento opera retroactivamente a la fecha en que se había
adquirido el bien raíz por el cónyuge, por lo que resulta lógico que ingrese al haber propio y no al de la
sociedad4.
1.3 Artículo 1.736º Nº 3 del C.C.: “Ni los bienes que vuelven a uno de los cónyuges por la nulidad o
resolución de un contrato, o por haberse revocado una donación”. No pertenecen a la sociedad conyugal
los bienes que vuelven a uno de los cónyuges por la nulidad o resolución de un contrato, o por haberse
revocado una donación. Se trata de que un cónyuge soltero vendió un bien raíz. Posteriormente, cuando
ya estaba casado, la venta o el título traslaticio de que se trata, se anula o se resuelve, volviendo por
4
ver artículos 1.683º; 1.684º; 1.691º del C.C.
consiguiente el bien a su dominio en virtud del efecto propio de la nulidad o resolución. El bien no ingresa
a la sociedad. Cosa similar ocurre cuando un cónyuge había donado de soltero un bien raíz, y
posteriormente se revoca la donación. El bien vuelve al haber propio del donante.
1.4 Artículo 1.736º Nº 4 del C.C.: “Ni los bienes litigiosos y de que durante la sociedad ha adquirido
uno de los cónyuges la posesión pacífica”. No ingresan a la sociedad conyugal los bienes litigiosos y de
que durante la sociedad ha adquirido uno de los cónyuges la posesión pacífica. Se trata del caso en que
el cónyuge adquirió de soltero un bien inmueble. Posteriormente, y vigente la sociedad conyugal, es
demandado por un tercero que alega derechos sobre el bien. Dictada la sentencia que resuelve el conflicto
en favor del cónyuge, los efectos de la sentencia se retrotraen a la fecha de la adquisición, pues la nueva
sentencia no constituye un nuevo título, sino un simple título declarativo, según lo establecido en el artículo
703º inciso 5 del C.C., que dice: “Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman nuevo título
para legitimar la posesión”.
1.5 Artículo 1.736º Nº 5 del C.C.: “Tampoco pertenecerá a la sociedad el derecho de usufructo que
se consolida con la propiedad que pertenece al mismo cónyuge; los frutos solos pertenecerán a la
sociedad”. La situación es la siguiente: el cónyuge adquiere de soltero la nuda propiedad sobre un bien
raíz. Posteriormente, cuando ya esta casado, se consolida el dominio, por extinguirse el usufructo. El
problema se ha presentado con la voz “consolidación”. Para don Arturo Alessandri, se produce la situación
del numeral en comento, “sea que esta consolidación se produzca por la terminación natural del usufructo,
por muerte o renuncia del usufructuario, por el vencimiento del plazo o por el cumplimiento de la condición
señalada para su duración o por su adquisición a título gratuito u oneroso”. Y ello porque el numeral 5 no
hace ninguna distinción. Agrega el autor que si la consolidación se produce a título oneroso el cónyuge
deberá recompensa a la sociedad conyugal, por el gasto que esta ha incurrido (haber relativo).
En contrario opina don Gonzalo Barriga, quien sostiene que la consolidación a que hace referencia
el artículo se refiere exclusivamente a la que opera por extinción del plazo.
1.6 Artículo 1.736º Nº 6 del C.C.: “Lo que se paga a cualquiera de los cónyuges por capitales de
créditos constituidos antes del matrimonio, pertenecerá al cónyuge acreedor. Lo mismo se aplicará a los
intereses devengados por uno de los cónyuges antes del matrimonio y pagados después”. No pertenece
a la sociedad conyugal, sino al cónyuge acreedor lo que paga (tiene que tratarse de un inmueble) a
cualquiera de los cónyuges por capitales de créditos constituidos antes del matrimonio. Lo mismo se aplica
a los intereses devengados por uno de los cónyuges antes del matrimonio y pagado después.
1.7 Artículo 1.736º Nº 7 del C.C.: “También pertenecerán al cónyuge los bienes que adquiera durante
la sociedad en virtud de un acto o contrato cuya celebración se hubiere prometido con anterioridad a ella,
siempre que la promesa conste de un instrumento público, o de instrumento privado cuya fecha sea
oponible a terceros de acuerdo con el artículo 1703”.
2.- Inmueble adquirido a título gratuito por uno de los cónyuges durante la vigencia de la sociedad
conyugal: Los artículos 1.726º y 1.732º del C.C., disponen que las adquisiciones de los cónyuges hachas
a título gratuito durante el matrimonio incrementan su haber propio y no el de la sociedad conyugal. El
artículo 1.726º inciso 1 del C.C., dice: “Las adquisiciones de bienes raíces hechas por cualquiera de los
cónyuges a título de donación, herencia o legado, se agregarán a los bienes del cónyuge donatario,
heredero o legatario; y las adquisiciones de bienes raíces hechas por ambos cónyuges simultáneamente,
a cualquiera de estos títulos, no aumentarán el haber social, sino el de cada cónyuge”. Por su parte el
artículo 1.732º inciso 1 del C.C., reitera la misma regla, al señalar: “Los inmuebles donados o asignados a
cualquier otro título gratuito, se entenderán pertenecer exclusivamente al cónyuge donatario o asignatario;
y no se atenderá a si las donaciones u otros actos gratuitos a favor de un cónyuge, han sido hechos por
consideración al otro”.
3.- Bienes muebles que los cónyuges excluyen de la sociedad en las capitulaciones matrimoniales:
Así lo establece el artículo 1.725º Nº 4 inciso 2 del C.C., al señalar: “Pero podrán los cónyuges eximir de
la comunión cualquiera parte de sus especies muebles, designándolas en las capitulaciones
matrimoniales”.
4.- Aumentos que experimenten los bienes propios de los cónyuges: El artículo 1.727º Nº 3 del C.C.
señala: “No obstante lo dispuesto en el artículo 1725 no entrarán a componer el haber social: 3. Todos
los aumentos materiales que acrecen a cualquiera especie de uno de los cónyuges formando un mismo
cuerpo con ella, por aluvión, edificación, plantación o cualquiera otra causa”. Si no entran al haber social,
quiere decir que ingresan a formar parte del haber propio del cónyuge respectivo.
5.- Créditos o recompensas que los cónyuges adquieren contra la sociedad y que pueden hacer valer
al momento de su disolución: Al tratar el haber relativo hemos dicho, que ciertos bienes de los cónyuges
ingresan al haber social, pero generan un crédito o recompensa a favor del aportante o adquirente. Sin
perjuicio de ello es importante señalar es que las recompensan o créditos constituyen un bien que
permanece en el patrimonio personal de cada cónyuge mientras está vigente la sociedad conyugal. En
consecuencia, son un bien propio del cónyuge de que se trata.
6.- Inmuebles subrogados a un inmueble propio de uno de los cónyuges o a valores: El artículo 1.727º
del C.C., dice: “No obstante lo dispuesto en el artículo 1725 no entrarán a componer el haber social:
1. El inmueble que fuere debidamente subrogado a otro inmueble propio de alguno de los cónyuges;
2. Las cosas compradas con valores propios de uno de los cónyuges, destinados a ello en las
capitulaciones matrimoniales o en una donación por causa de matrimonio”. Finalmente quedan excluidos
de la sociedad y forman un haber propio los bienes que entran a substituir a otros bienes propios del
cónyuge en virtud del fenómeno de la subrogación.
LA SUBROGACION
Según el artículo 1.727º del C.C., si se adquiere un bien raíz a título oneroso durante la vigencia
de la sociedad conyugal, no entrará al haber de dicha sociedad si es debidamente subrogado a otro
inmueble propio de alguno de los cónyuges o si es comprado con valores propios de alguno de ellos,
destinados a este objeto en las capitulaciones matrimoniales o en una donación por causa de muerte.
La subrogación es un fenómeno que tiene por objeto conservar la integridad del patrimonio de
los cónyuges, pues si no existiera, los bines adquiridos con dineros propios de ellos serían sociales, en
virtud de lo dispuesto en el artículo 1.725º Nº 5 del C.C.
Don Enrique Rossel S. define la subrogación como “la substitución de un inmueble a otro inmueble
que pasa a ocupar la situación jurídica del anterior”.
Clases de subrogación:
1.- Subrogación de inmueble a inmueble: Consiste en cambiar un inmueble propio por otro que se
adquiere durante el matrimonio y que viene a ocupar el lugar del propio en el haber del cónyuge. Este
cambio puede ser por compra o por permuta.
A) Subrogación por permuta: El artículo 1.733º inciso 1 del C.C., dice: “Para que un inmueble se
entienda subrogado a otro inmueble de uno de los cónyuges, es necesario que el segundo se haya
permutado por el primero...”. Es necesario además, según el mismo artículo, que en la escritura de permuta
se exprese el ánimo de operar la subrogación. Sin perjuicio de los señalado, se requiere:
A.1 Que uno de los cónyuges sea dueño de un inmueble propio: La finalidad de la institución es que
el cónyuge dueño de un inmueble pasa a serlo del nuevo que reemplaza al anterior.
Esta institución opera respecto de cualquiera de los cónyuges, con la salvedad de que cuando es
un bien de la mujer el que se subroga, se requiere que la mujer preste su autorización.
A.2 Que vigente la sociedad conyugal, permute ese bien raíz por otro.
A.3 Que exista una cierta proporcionalidad en los valores de ambos bienes: Requisito establecido en
el artículo 1.733º inciso 6 del C.C. que dice: “Pero no se entenderá haber subrogación, cuando el
saldo en favor o en contra de la sociedad excediere a la mitad del precio de la finca que se recibe,
la cual pertenecerá entonces al haber social, quedando la sociedad obligada a recompensar al
cónyuge por el precio de la finca enajenada, o por los valores invertidos, y conservando éste el
derecho de llevar a efecto la subrogación, comprando otra finca”.
A.4 Que, si el bien raíz es de la mujer, ésta preste su autorización (artículo 1.733º inciso final).
B) Subrogación por compra: Se produce esta subrogación, cuando vendido un inmueble propio de
alguno de los cónyuges, se ha comprado con su precio un nuevo inmueble.
Para que el fenómeno se presente es necesario:
B.1 Que se venda un inmueble propio de alguno de los cónyuges.
B.2 Que con su precio se adquiera otro inmueble.
B.3 Que en la escrituras de venta y de compra se exprese el ánimo de subrogar.
B.4 Que haya un cierta proporcionalidad entre el precio del inmueble que se vende y el del inmueble
que se compra.
B.5 Que, si el bien que se subroga es de la mujer, ella preste su autorización.
2.- Subrogación de inmuebles a valores: Esta forma de subrogación está establecida en el artículo
1.727º Nº 2, que dice: “Las cosas compradas con valores propios de uno de los cónyuges, destinados a
ello en las capitulaciones matrimoniales o en una donación por causa de matrimonio”. Para que esta forma
de subrogación opere es necesario:
1.- Que se compre un inmueble con valores propios de uno de los cónyuges, destinado a ello en las
capitulaciones matrimoniales o en una donación por causa de matrimonio.
2.- Que se deje constancia en la escritura de compra que tal compra se hace con el dinero proveniente
de esos valores y se deje constancia también del ánimo de subrogar.
3.- Que exista una cierta proporcionalidad entre los valores y el inmueble que se adquiere.
4.- Que si la subrogación se hace en bienes de la mujer, ésta preste su autorización.
Pasivo de la sociedad conyugal
Hay que distinguir entre pasivo real y pasivo aparente. Una deuda integra el pasivo real de la
sociedad conyugal cuando ésta debe pagarla sin derecho a recompensa. Se trata, que esa deuda es social
tanto desde el punto de vista de la obligación a la deuda como desde el punto de vista de la contribución
a la deuda. Es decir, la sociedad paga y soporta el pago.
Por su parte, una deuda integra el pasivo aparente o relativo de la sociedad conyugal cuando
ésta debe pagarla, pero no soportarla, pues al pagar adquiere una recompensa en contra del cónyuge de
que se trate, que hará efectiva a la disolución de la sociedad conyugal. En este caso la deuda es social
desde el punto de vista de la obligación a la deuda, pues el tercero acreedor se dirigirá para cobrarla en
contra de los bienes sociales, pero esa deuda es personal del cónyuge desde el punto de vista de la
contribución a la deuda, pues en definitiva él va a soportar el pago.
En definitiva, la obligación a la deuda mira a las relaciones de un tercero con la sociedad, en
cambio, la contribución a la deuda dice relación con los cónyuges.
Pasivo Absoluto
El pasivo absoluto lo integran las deudas que son sociales tanto desde el punto de vista de la
obligación como de la contribución a la deuda. La sociedad conyugal está obligada a pagar y a soportar el
pago. No hay derecho de recompensa.
Integran el pasivo absoluto las siguientes deudas:
1.- Artículo 1.740º Nº 1 del C.C.: “De todas las pensiones e intereses que corran sea contra la
sociedad, sea contra cualquiera de los cónyuges y que se devenguen durante la sociedad”. Esta norma es
la contrapartida de la establecida en el artículo 1.725º Nº 2 del C.C. que establece que ingresan al haber
absoluto de la sociedad conyugal todos los frutos, réditos, pensiones, intereses y lucros de cualquier
naturaleza que provengan, sea de los bienes sociales, sea de los bienes propios de cada cónyuge. Lógico
es, en consecuencia, que las pensiones e intereses que corran contra la sociedad o contra cualquiera de
los cónyuges sean soportadas por la sociedad conyugal. Ejemplo: las rentas de arrendamiento que produce
un inmueble propio o social ingresan al activo absoluto. Recíprocamente, la renta de arrendamiento que
se tiene que pagar debe soportarla la sociedad conyugal.
2.- Artículo 1.740º Nº 2 del C.C.: “De las deudas y obligaciones contraídas durante el matrimonio por
el marido, o la mujer con autorización del marido, o de la justicia en subsidio, y que no fueren personales
de aquél o ésta...”. Este artículo establece varias situaciones, a saber:
a) Deudas contraídas por el marido: Es la situación normal, desde que el marido es administrador
de la sociedad conyugal.
b) Deudas contraídas por la mujer con autorización del marido: Situación que fuere modificada por
Ley Nº 18.802, pero que lamentablemente se mantuvo en el artículo 1.740º Nº 2 del C.C. (mandato).
c) Deudas contraídas por la mujer con autorización judicial: Esta situación debe relacionarse con el
artículo 138º inciso 2 del C.C., que dice: “Si el impedimento no fuere de larga o indefinida duración, la
mujer podrá actuar respecto de los bienes del marido, de los de la sociedad conyugal y de los suyos que
administre el marido, con autorización del juez, con conocimiento de causa, cuando de la demora se
siguiere perjuicio”. Se trata de casos en que al marido le afecta un impedimento que no fuere de larga
duración o indefinido. En estos casos la mujer obliga al marido en sus bienes y en los sociales, de la misma
forma que si el acto lo hubiese realizado el marido.
d) Deudas contraídas por la mujer con mandato general o especial del marido: Artículo 1.751º del
C.C.: “Toda deuda contraída por la mujer con mandato general o especial del marido, es, respecto de
terceros, deuda del marido y por consiguiente de la sociedad...”. Norma concordante con lo establecido
en el artículo 1.448º del C.C., que dice: “Lo que una persona ejecuta a nombre de otra, estando facultada
por ella o por la ley para representarla, produce respecto del representado iguales efectos que si hubiese
contratado él mismo”.
Si la mujer no actúa en representación de su marido, sino a nombre propio la deuda no integra el
pasivo absoluto de la sociedad conyugal. Dicha deuda, de acuerdo con el artículo 137º inciso 1 del C.C.,
sólo podrá hacer efectiva en el patrimonio reservado de la mujer o en los bienes que administre de acuerdo
al artículo 166º o 167º del Código Civil.
e) Deudas contraídas conjunta, solidaria o subsidiariamente por el marido y la mujer: Artículo 1.751º
inciso final, que dice: “Los contratos celebrados por el marido y la mujer de consuno o en que la mujer se
obligue solidaria o subsidiariamente con el marido, no valdrán contra los bienes propios de la mujer, salvo
en los casos y términos del sobredicho inciso 2., y sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso 1. del artículo
137”. Esto significa que deberán cobrarse a la sociedad conyugal, salvo cuando se probare que el contrato
cedió en utilidad personal de la mujer, como en el pago de deudas anteriores al matrimonio.
f) Deudas provenientes de compras al fiado, que haga la mujer de bienes muebles destinados al
consumo ordinario de la familia: Artículo 137º inciso 2 del C.C.: “Con todo, las compras que haga al fiado
de objetos muebles naturalmente destinados al consumo ordinario de la familia, obligan al marido en sus
bienes y en los de la sociedad conyugal; y obligan además los bienes propios de la mujer, hasta
concurrencia del beneficio particular que ella reportare del acto, comprendiendo en este beneficio el de la
familia común en la parte en que de derecho haya ella debido proveer a las necesidades de ésta”. Para
que estos bienes forman parte del pasivo absoluto se requiere: 1) comprar al fiado; 2) que se trate de
bienes mueble y; 3) que se trate de bienes destinados naturalmente al consumo ordinario de la familia.
3.- Pago de deudas generadas por contratos accesorios: Situación establecida en el artículo 1.740º
Nº 2 inciso 2 del C.C., que dice. “La sociedad, por consiguiente, es obligada, con la misma limitación, al
lasto de toda fianza, hipoteca o prenda constituida por el marido”. El artículo en comento plantea diversas
situaciones:
1.- Que el marido haya garantizado con prenda, hipoteca o fianza una obligación de la sociedad
conyugal. En este caso, la sociedad está obligada al pago de esta deuda, que también soporta la sociedad
conyugal.
2.- Que el marido garantice con prenda, fianza o hipoteca una obligación ajena. Al respecto es del
caso señalar que el marido para garantizar una deuda ajena requiere de la autorización de la mujer, y si
no la obtiene, sólo obliga sus bienes propios. En consecuencia, si la mujer da su autorización, el pago debe
soportarlo la sociedad conyugal, sin derecho de recompensa.
3.- Que el marido garantice con prenda, fianza o hipoteca una obligación personal de uno de los
cónyuges. En este caso la sociedad esta obligada al pago, pero con derecho de recompensa. Es decir, se
trata de una deuda que está en el pasivo relativo de la sociedad conyugal.
4.- Todas las cargas y reparaciones usufructuarias de los bienes sociales o de cada cónyuge: Artículo
1.740º Nº 4 del C.C. Esta norma debe relacionarse con los artículos 795º y 796º del C.C. El artículo 795º
dice: “Corresponden al usufructuario todas las expensas ordinarias de conservación y cultivo”. Por su parte
el artículo 796º inciso 1, señala: “Serán de cargo del usufructuario las pensiones, cánones y en general
las cargas periódicas con que de antemano haya sido gravada la cosa fructuaria y que durante el usufructo
se devenguen”. El inciso 2 del mismo artículo agrega: “Corresponde asimismo al usufructuario el pago de
los impuestos periódicos fiscales y municipales, que la graven durante el usufructo, en cualquier tiempo
que se haya establecido”.
Ejemplos: El pago de contribuciones de bienes raíces es una carga usufructuaria. Por tanto,
corresponde a la sociedad conyugal el pago, sea que corresponda al bien propio de un cónyuge, sea que
el bien sea social, sin derecho a recompensa.
5.- Gastos de mantenimiento de los cónyuges; de mantenimiento, educación y establecimiento de los
descendientes comunes; y de toda otra carga de familia: El Artículo 1.740º Nº 5 del C.C. establece las
siguientes situaciones:
a) Gastos de mantenimiento de los cónyuges: Si las remuneraciones que obtienen los cónyuges
ingresan al activo absoluto de la sociedad conyugal, resulta razonable que el mantenimiento de ellos sea
también de cargo de la sociedad conyugal.
b) Gastos de mantenimiento, educación y establecimiento de los descendientes comunes: Asta parte
del artículo debe ser concordado con el artículo 230º del C.C. que señala: “Los gastos de educación,
crianza y establecimiento de los hijos son de cargo de la sociedad conyugal, según las reglas que tratando
de ella se dirán”. Estos gastos comprenden: la alimentación, habitación, vestido, atención de salud, etc.
Son de cargo de la sociedad conyugal, puesto que, según el artículo 224º del C.C., toca de consuno a los
padres el cuidado personal de la crianza y educación de sus hijos. Respecto de los gastos de educación,
comprenden los que demanden la educación básica, media, profesional o universitaria.
El artículo 1.744º del C.C., distingue entre expensas ordinarias o extraordinarias de educación.
Los gastos ordinarios son de cargo de la sociedad conyugal, aunque el hijo tuviere bienes propios. Sólo
se sacaran bienes propios de hijo en caso necesario, o sea cuando los bienes sociales no fueren suficientes.
Los gastos extraordinarios de educación deben pagarse con los bienes propios de hijo, si los tuviere, y
sólo cuando le hubieren sido efectivamente útiles. En caso contrario son de cargo de la sociedad conyugal.
Según Alessandri son gastos ordinarios de educación “los que demande la educación normal y
corriente del hijo, atendida la posición social de los padres, como el pago de los colegios y de la
universidad... de los libros y uniformes que necesite, de los profesores que le den lecciones en su hogar”;
y como gastos extraordinarios “los que salgan de ese límite, como el envío a estudiar al extranjero”.
c) Gastos para atender otras cargas de familia: El Artículo 1.740º Nº 5 inciso 2 del C.C., dice: “se
miraran como cargas de familia los alimentos que uno de los cónyuges esté por ley obligado a dar a sus
descendientes o ascendientes, aunque no lo sean de ambos cónyuges; pero podrá el juez moderar este
gasto si le pareciere excesivo, imputando es exceso al haber del cónyuge”. Los alimentos legales que un
cónyuge debe pagar a los hijos de un matrimonio anterior, o a sus padres o a un hijo tenido fuera del
matrimonio son de cargo de la sociedad conyugal, sin derecho de recompensa, salvo que sean excesivos.
En este último caso, si los paga la sociedad conyugal, será con derecho a recompensa por el exceso.
6.- Pago que, en conformidad a las capitulaciones matrimoniales, debe hacerse a la mujer para que
pueda disponer a su arbitrio: El artículo 1.720º inciso 2º establece que en las capitulaciones matrimoniales
se podrá estipular que la mujer dispondrá libremente de una determinada suma de dinero, o de una
determinada pensión periódica. Estas sumas de dinero que se entregan a la mujer, de una vez o
periódicamente, serán de cargo de la sociedad, salvo que se haya establecido, en las mismas
capitulaciones, que sean de cargo del marido.
Está compuesto por aquellas deudas que la sociedad está obligada a pagar pero que le otorgan
un derecho de recompensa en contra del cónyuge respectivo. Es decir, lo integran aquellas deudas que la
sociedad paga pero que en definitiva no soporta. También podríamos señalar que se trata de deudas
sociales desde el punto de vista de la obligación a las deudas, pero personales desde el punto de vista de
la contribución a las deudas.
El artículo 1.740º Nº 3 del C.C. señala: “La sociedad es obligada al pago: 3. De las deudas
personales de cada uno de los cónyuges, quedando el deudor obligado a compensar a la sociedad lo que
ésta invierta en ello”.
LAS RECOMPENSAS
Don Enrique Rossel S., señala: “se conocen con el nombre de recompensas las indemnizaciones
pecuniarias a que los patrimonios del marido, de la mujer y de la sociedad conyugal están obligados entre
sí”. Por su parte don Manuel Somarriva U., las define como: “el conjunto de créditos o indemnizaciones en
dinero que se hacen valer al momento de liquidar la sociedad conyugal, a fin de que cada cónyuge
aproveche los aumentos y soporte en definitiva las cargas que legalmente le corresponden” o “son los
créditos que el marido, mujer y sociedad pueden reclamarse recíprocamente”.
En cuanto al objetivo de las recompensan don Enrique Rossel S, señala: “El objeto de las
recompensas es evitar el enriquecimiento de un patrimonio a expensas de otro; evitan también las
donaciones disimuladas que pudieren hacerse los cónyuges entre sí para perjudicar a terceros y,
finalmente, evitan los abusos del marido, que podría emplear los dineros de la mujer en su propio beneficio
y corrigen los excesos de una administración mal intencionada, ya que sabemos que sabemos que se le
debe recompensa a la sociedad por los perjuicios con dolo o culpa grave”.
Previo a entrar a las clases de recompensas es necesario hacer algunas precisiones con respecto
a ellas. Primero que todo debemos señalar que las recompensas no son de orden público y por tanto, los
cónyuges pueden renunciar a ellas.
Segundo, la renuncia puede hacerse en las capitulaciones matrimoniales o durante la vigencia de
la sociedad conyugal. Durante la vigencia de la sociedad conyugal sólo se puede renunciar en forma
determinada, no en términos generales, si así fuese importaría alterar el régimen matrimonial.
CLASES DE RECOMPENSAS
1.- Recompensa adeudada por uno de los cónyuges a la sociedad conyugal: Uno de los cónyuges
puede adeudar a la sociedad recompensas por diferentes motivos:
- Porque la sociedad pagó una deuda personal suya. Artículo 1.740º Nº 3 del C.C.: “La sociedad es
obligada al pago: 3. De las deudas personales de cada uno de los cónyuges, quedando el deudor obligado
a compensar a la sociedad lo que ésta invierta en ello”.
- Porque durante la sociedad adquirió un bien raíz subrogándolo a valores propios o a otro
inmueble propio, y el valor del bien adquirido es superior al que subrogo. Artículo 1.733º inciso 3 del C.C.:
“Si se subroga una finca a otra y el precio de venta de la antigua finca excediere al precio de compra de
la nueva, la sociedad deberá recompensa por este exceso al cónyuge subrogante; y si por el contrario el
precio de compra de la nueva finca excediere al precio de venta de la antigua, el cónyuge subrogante
deberá recompensa por este exceso a la sociedad”.
- Porque durante la sociedad se hicieron mejoras no usufructuarias en un bien propio, que aumentó
el valor de la cosa, como por ejemplo, en un sitio propio se construyó una casa. En este caso, el monto de
la recompensa está regulado por el artículo 1.746º del C.C., que dice: “Se le debe asimismo recompensa
por las expensas de toda clase que se hayan hecho en los bienes de cualquiera de los cónyuges, en cuanto
dichas expensas hayan aumentado el valor de los bienes, y en cuanto subsistiere este valor a la fecha de
la disolución de la sociedad; a menos que este aumento del valor exceda al de las expensas, pues en tal
caso se deberá sólo el importe de éstas”.
- Porque adquirió una herencia y la sociedad pagó las deudas hereditarias o testamentarias.
Artículo 1.745º inciso final del C.C., dispone: “El cónyuge que adquiere bienes a título de herencia debe
recompensa a la sociedad por todas las deudas y cargas hereditarias o testamentarias que él cubra, y por
todos los costos de la adquisición; salvo en cuanto pruebe haberlos cubierto con los mismos bienes
hereditarios o con lo suyo”.
- Porque hizo una erogación gratuita y cuantiosa a favor de un tercero que no sea descendiente
común. El Artículo 1.735º del C.C., señala: “El cónyuge que administre la sociedad podrá hacer donaciones
de bienes sociales si fueren de poca monta, atendidas las fuerzas del haber social”. Por su parte el artículo
1.742º del C.C., agrega: “El marido o la mujer deberá a la sociedad recompensa por el valor de toda
donación que hiciere de cualquiera parte del haber social; a menos que sea de poca monta, atendidas las
fuerzas del haber social, o que se haga para un objeto de eminente piedad o beneficencia, y sin causar un
grave menoscabo a dicho haber”. Finalmente el artículo 1.747º del C.C., establece: “En general, se debe
recompensa a la sociedad por toda erogación gratuita y cuantiosa a favor de un tercero que no sea
descendiente común”.
- Porque la sociedad pagó una multa o indemnización generada por un delito o cuasidelito suyo. El
artículo 1.748º del C.C., establece: “Cada cónyuge deberá asimismo recompensa a la sociedad por los
perjuicios que le hubiere causado con dolo o culpa grave, y por el pago que ella hiciere de las multas y
reparaciones pecuniarias a que fuere condenado por algún delito o cuasidelito”.
- Porque, con dolo o culpa grave, causó perjuicio a la sociedad. El artículo 1.748º del C.C.,
establece: “Cada cónyuge deberá asimismo recompensa a la sociedad por los perjuicios que le hubiere
causado con dolo o culpa grave, y por el pago que ella hiciere de las multas y reparaciones pecuniarias a
que fuere condenado por algún delito o cuasidelito”.
- Por los precios, saldos, costas judiciales y expensas de toda clase que se hicieren en la adquisición
o cobro de los bienes, derechos o créditos que pertenezcan al cónyuge. El artículo 1.745º inciso 1 del
C.C., señala: “En general, los precios, saldos, costas judiciales y expensas de toda clase que se hicieren
en la adquisición o cobro de los bienes, derechos o créditos que pertenezcan a cualquiera de los cónyuges,
se presumirán erogados por la sociedad, a menos de prueba contraria, y se le deberán abonar”.
- Porque disuelta la sociedad conyugal y antes de su liquidación, se adquirió un bien a título
oneroso, caso en que se adeuda recompensa a la sociedad conyugal por el precio de adquisición del bien,
a menos que se pruebe que fue adquirido con bienes propios o provenientes de la sola actividad personal.
El artículo 1.739º inciso final del C.C., establece: “Se presume que todo bien adquirido a título oneroso por
cualquiera de los cónyuges después de disuelta la sociedad conyugal y antes de su liquidación, se ha
adquirido con bienes sociales. El cónyuge deberá por consiguiente, recompensa a la sociedad, a menos
que pruebe haberlo adquirido con bienes propios o provenientes de su sola actividad personal”.
2.- Recompensas debidas por la sociedad conyugal al cónyuge: La sociedad conyugal puede adeudar
recompensas al cónyuge por diversas situaciones:
- Por las especies muebles o dineros que éste aportó a la sociedad o que durante ella adquirió a
título gratuito. Así lo establecen los numerales 3 y 4 del artículo 1.725º del C.C. En numeral tercero señala:
“El haber de la sociedad conyugal se compone: 3. Del dinero que cualquiera de los cónyuges aportare al
matrimonio, o durante él adquiriere; obligándose la sociedad a pagar la correspondiente recompensa”. El
numeral cuarto agrega: “El haber de la sociedad conyugal se compone: 4. De las cosas fungibles y especies
muebles que cualquiera de los cónyuges aportare al matrimonio, o durante él adquiriere; quedando
obligada la sociedad a pagar la correspondiente recompensa”.
- Porque durante la vigencia de la sociedad conyugal se enajenó un bien propio de uno de los
cónyuges, a menos que con esos dineros se haya adquirido otro bien que se subrogó al primero o se haya
pagado una deuda personal del cónyuge. Norma establecida en el artículo 1.741º del C.C.: “Vendida alguna
cosa del marido o de la mujer, la sociedad deberá recompensa por el precio al cónyuge vendedor, salvo
en cuanto dicho precio se haya invertido en la subrogación de que habla el artículo 1733, o en otro negocio
personal del cónyuge cuya era la cosa vendida; como en el pago de sus deudas personales, o en el
establecimiento de sus descendientes de un matrimonio anterior”.
- Porque durante la sociedad conyugal operó la subrogación de inmueble a inmueble o a valores,
y el bien adquirido era de menos valor que el bien subrogado. Artículo 1.733º incisos 3, 4 y 5 del C.C.: “Si
se subroga una finca a otra y el precio de venta de la antigua finca excediere al precio de compra de la
nueva, la sociedad deberá recompensa por este exceso al cónyuge subrogante; y si por el contrario el
precio de compra de la nueva finca excediere al precio de venta de la antigua, el cónyuge subrogante
deberá recompensa por este exceso a la sociedad.
Si permutándose dos fincas, se recibe un saldo en dinero, la sociedad deberá recompensa por
este saldo al cónyuge subrogante, y si por el contrario se pagare un saldo, la recompensa la deberá dicho
cónyuge a la sociedad.
La misma regla se aplicará al caso de subrogarse un inmueble a valores”.
3.- Recompensas debidas por los cónyuges entre sí: Un cónyuge debe recompensa a otro cónyuge
si se ha beneficiado indebidamente a su costa; o cuando con dolo o culpa le ha causado perjuicios.
Por ejemplo, cuando con bienes de un cónyuge se paga una deuda personal del otro; cuando con
bienes propios del cónyuge se hicieren reparaciones o mejoras en un bien del otro; cuando un cónyuge,
con dolo o culpa grave, causare daños a los bienes del otro, por ejemplo lo incendiare.
Prueba de la recompensa.
Se aplica en la especie la norma establecida en el inciso 1 del artículo 1.698º del C.C., que dice:
“Incumbe probar las obligaciones o su extinción al que alega aquéllas o ésta”. Es decir, el que alega una
recompensa deberá probar los hechos en que se funda. Para la prueba puede valerse de todos los medios
probatorios con excepción de la confesión, a así lo establece el artículo 1.739º inciso 2 del C.C., que dice:
“Ni la declaración de uno de los cónyuges que afirme ser suya o debérsele una cosa, ni la confesión del
otro, ni ambas juntas, se estimarán suficiente prueba, aunque se hagan bajo juramento”. Sin embargo, la
confesión produce una consecuencia, que indica el inciso 3 del artículo en comento, y que señala: “La
confesión, no obstante, se mirará como una donación revocable, que, confirmada por la muerte del
donante, se ejecutará en su parte de gananciales o en sus bienes propios, en lo que hubiere lugar”.
Pago de la recompensa.
El Artículo 1.734º del C.C. (modificado por Ley Nº 18.802), establece: “Todas las recompensas
se pagarán en dinero, de manera que la suma pagada tenga, en lo posible, el mismo valor adquisitivo que
la suma invertida al originarse la recompensa”.
La administración ordinaria de la sociedad conyugal, ya sea de los bienes sociales, como de los
bienes propios de la mujer, corresponde únicamente al marido. Así está establecido en el artículo 1.749º
inciso 1 del C.C., que señala: “El marido es jefe de la sociedad conyugal, y como tal administra los bienes
sociales y los de su mujer; sujeto, empero, a las obligaciones y limitaciones que por el presente Título se
le imponen y a las que haya contraído por las capitulaciones matrimoniales”. La misma idea se reitera en
el artículo 1.752º del C.C., que dice: “La mujer por sí sola no tiene derecho alguno sobre los bienes sociales
durante la sociedad, salvo en los casos del artículo 145”.; y en el artículo 1.754º inciso final del C.C., que
señala: “La mujer, por su parte, no podrá enajenar o gravar ni dar en arrendamiento o ceder la tenencia
de los bienes de su propiedad que administre el marido, sino en los casos de los artículos 138 y 138 bis”.
Sin perjuicio de que la Ley Nº 18.802 otorgó plena capacidad a la mujer casada en régimen de
sociedad conyugal, se mantuvo la administración de los bienes sociales y de los bienes propios de la mujer,
en el marido. Lo que en definitiva significo que poco o nada varió la situación de la mujer.
El artículo 1.749º del C.C. señala: “El marido es jefe de la sociedad conyugal, y como tal administra
los bienes sociales...”.
Limitaciones
Existen dos clases de limitaciones, las establecidas por los esposos en las capitulaciones
matrimoniales y las impuestas por la ley.
Limitaciones a la administración del marido impuestas en las capitulaciones matrimoniales: Caso en que
los cónyuges hacen uso del derecho que les confiere el inciso 2 del artículo 1.720º del C.C. que señala:
“También se podrá estipular que la mujer dispondrá libremente de una determinada suma de dinero, o de
una determinada pensión periódica, y este pacto surtirá los efectos que señala el artículo 167”. Este
acuerdo de los esposos no puede tener una amplitud tan grande que signifique por esta vía privar al marido
de la administración de los bienes sociales o propios de la mujer, si así ocurriese, tal pacto adolecería de
objeto ilícito atendido lo dispuesto en el artículo 1.717º del C.C., que dice: “Las capitulaciones
matrimoniales no contendrán estipulaciones contrarias a las buenas costumbres ni a las leyes. No serán,
pues, en detrimento de los derechos y obligaciones que las leyes señalan a cada cónyuge respecto del
otro o de los descendientes comunes”.
Limitaciones impuestas por la ley (Título XXII del Libro IV del C.C.): De acuerdo a lo establecido en el artículo
1.749º del C.C. (artículo modificado por Ley Nº 18.802), el marido necesita la autorización de la mujer para
realizar los siguientes actos:
1.- Para enajenar voluntariamente los bienes raíces sociales.
2.- Para gravar voluntariamente bienes raíces sociales.
3.- Para prometer gravar y enajenar los bienes sociales.
4.- Para enajenar o gravar voluntariamente o prometer enajenar o gravar los derechos
hereditarios que correspondan a la mujer.
5.- Para disponer por acto entre vivos a título gratuito de los bienes sociales.
6.- Para dar en arriendo o ceder la tenencia de los bienes raíces sociales por más de 5 años
si son urbanos o por más de 8 si son rústico.
7.- Para otorgar avales o constituirse en deudor solidario u otorgar cualquiera otra caución
respecto de obligaciones contraídas por terceros.
La autorización de la mujer debe cumplir con lo establecido en el artículo 1.749º inciso 7 del C.C.,
que señala: “La autorización de la mujer deberá ser específica y otorgada por escrito, o por escritura
pública si el acto exigiere esta solemnidad, o interviniendo expresa y directamente de cualquier modo en
el mismo. Podrá prestarse en todo caso por medio de mandato especial que conste por escrito o por
escritura pública según el caso”
Por su parte el inciso 8 del artículo 1.749º del C.C. agrega: “La autorización a que se refiere el
presente artículo podrá ser suplida por el juez, con conocimiento de causa y citación de la mujer, si ésta
la negare sin justo motivo. Podrá asimismo ser suplida por el juez en caso de algún impedimento de la
mujer, como el de menor edad, demencia, ausencia real o aparente u otro, y de la demora se siguiere
perjuicio. Pero no podrá suplirse dicha autorización si la mujer se opusiere a la donación de los bienes
sociales”
Por último, es del caso señalar que la autorización debe ser previa a la celebración del acto.
2.- La autorización es solemne: El artículo 1.749º inciso 7 del C.C., señala: “La autorización de la
mujer deberá ser específica y otorgada por escrito, o por escritura pública si el acto exigiere esta
solemnidad...”. Antes de la dictación de la Ley Nº 18.802 la solemnidad era siempre la escritura pública.
Hoy puede ser por escrito o por escritura pública, según sea el acto para el cual se va a dar la autorización.
Si se quiere constituir hipoteca sobre un bien raíz, se debe dar por escritura pública. Si se quiere celebrar
un contrato de promesa, bastará que sea por escrito.
3.- La autorización puede ser dada personalmente o por mandato: Se trata de un mandato especial
que conste por escrito o por escritura pública, según sea el caso.
Por otro lado, se entiende dada la autorización cuando la mujer interviene expresa y directamente
de cualquier modo en el mismo acto. Así lo establece el artículo 1.749º inciso 7 del C.C. De esta forma la
mujer puede comparecer como parte en el acto.
4.- La autorización de la mujer puede ser suplida por la justicia: El inciso final del artículo 1.749º del
C.C., establece: “La autorización a que se refiere el presente artículo podrá ser suplida por el juez, con
conocimiento de causa y citación de la mujer, si ésta la negare sin justo motivo. Podrá asimismo ser suplida
por el juez en caso de algún impedimento de la mujer, como el de menor edad, demencia, ausencia real o
aparente u otro, y de la demora se siguiere perjuicio. Pero no podrá suplirse dicha autorización si la mujer
se opusiere a la donación de los bienes sociales”.
Este artículo establece dos casos en que la autorización puede ser suplida por la justicia:
4.1. Caso de negativa de la mujer: El artículo al respecto señala: “La autorización a que se refiere el
presente artículo podrá ser suplida por el juez, con conocimiento de causa y citación de la mujer, si ésta
la negare sin justo motivo...”. Lo que la ley pretende en este caso es que la mujer no se oponga sin tener
razones valederas.
La autorización la debe dar el juez, cumpliendo dos requisitos:
a.- Con conocimiento de causa: El artículo 818º del Código de Procedimiento Civil establece: “Aunque los
tribunales hayan de proceder en algunos de estos actos con conocimiento de causa, no es necesario que
se les suministre este conocimiento con las solemnidades ordinarias de las pruebas judiciales.
Así, pueden acreditarse los hechos pertinentes por medio de informaciones sumarias.
Se entiende por información sumaria la prueba de cualquiera especie, rendida sin notificación ni
intervención de contradictor y sin previo señalamiento de término probatorio”.
b.- Con citación de la mujer: Esto significa que el marido debe presentar al tribunal una solicitud, pidiendo
la autorización judicial para realizar el acto de que se trata. Y señalado que la mujer se niega a dar dicha
autorización. Se pedirá que se otorgue la autorización “con citación de la mujer”, lo que quiere decir, que
no puede llevarse a efecto sino pasado tres días después de la notificación de la parte contraria. El tribunal
resuelve concediendo o no la autorización, según sea la prueba rendida.
4.2. Autorización judicial dada por impedimento de la mujer: El artículo 1.749 inciso final del C.C., señala:
“Podrá asimismo ser suplida por el juez en caso de algún impedimento de la mujer, como el de menor
edad, demencia, ausencia real o aparente u otro, y de la demora se siguiere perjuicio”. Se exige que de la
demora se siguiere perjuicio. En consecuencia, el marido debe probar el impedimento de la mujer y que la
demora le traerá perjuicio.
5.- La autorización debe ser previa: La autorización de la mujer debe ser anterior al acto que el
marido quiere celebrar o coetáneo o simultaneo con su celebración.
Sanción a la omisión de la autorización de la mujer: La sanción es la nulidad relativa, ello según lo establece
el artículo 1.757º del C.C., que dice: “Los actos ejecutados sin cumplir con los requisitos prescritos en los
artículos 1749, 1754 y 1755 adolecerán de nulidad relativa...”.
5
artículo 1.735º. El cónyuge que administre la sociedad podrá hacer donaciones de bienes sociales si fueren de poca monta, atendidas las fuerzas del haber
social.
Excepciones:
1.- Cuando la mujer no autoriza el contrato de arrendamiento o aquel en que se cede la tenencia de
un inmueble social, por más de 5 años si es urbano o por más de 8 años si es rural, la sanción
es la inoponibilidad de esos contratos, más allá de los plazos máximos señalados.
2.- Cuando el marido constituye cauciones para garantizar obligaciones de terceros. La sanción
consiste en que sólo obliga sus bienes propios. No se obligan los bienes sociales.
El artículo 1.749º del C.C., señala: “El marido es jefe de la sociedad conyugal, y como tal administra
los bienes sociales y los de su mujer...”. Por otra parte, el artículo 1.754º inciso final del C.C., agrega: “La
mujer, por su parte, no podrá enajenar o gravar ni dar en arrendamiento o ceder la tenencia de los bienes
de su propiedad que administre el marido, sino en los casos de los artículos 138 y 138 bis”. Estas dos
normas dejan en claro que la administración de los bienes propios de la mujer corresponde al marido.
¿Qué sanción tiene la mujer que contraviene lo dispuesto en el inciso final del artículo 1.754º del
C.C.?.
Para algunos autores, la sanción es la nulidad absoluta, ya que el inciso final del artículo 1.754º
del C.C., es una norma prohibitiva. Si la enajenación la hace la mujer a través de una compraventa, ésta es
nula en virtud de lo dispuesto en el artículo 1.810º del C.C, que dice: “Pueden venderse todas las cosas
corporales o incorporales, cuya enajenación no esté prohibida por ley” (Fernando Rozas Vial, Análisis de
la reforma que introdujo la Ley 18.802).
En el mismo sentido se pronuncia Hernán Troncoso Larronde, quien señala que en la especie no
es aplicable la sanción establecida en el artículo 1.757 del C.C. (nulidad relativa), pues no se han omitido
requisitos, sino que se ha vulnerado lo establecido en el artículo 1.754º del C.C.
Por su parte el profesor don Pablo Rodríguez G. señala que la sanción es la nulidad relativa, por
cuanto la norma del artículo 1.754º del C.C., no es prohibitiva, sino imperativa.
La profesora Claudia Schmidt Hott afirma que esta disposición es inconstitucional, por contravenir
la garantía de la igualdad ante la ley, garantizada por el artículo 19º Nº 2 de la Constitución Política de la
República, que prohíbe establecer diferencias arbitrarias. Además, agrega que la norma contraviene el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, artículo 3º, publicado en el Diario Oficial
del 27 de mayo de 1989; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 26º, publicado en
el Diario Oficial del 29 de abril de 1989; la Convención América sobre Derechos Humanos, denominada
Pacto de San José de Costa Rica, artículo 17º Nº 4, publicado en el Diario Oficial del 5 de enero de 1991;
y especialmente la Convención sobre eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer, artículo
15º Nº 2. (Nuevo régimen matrimonial. Ley 19.335, analizada y comentada, Edit. Conosur 1995, Págs. 20-
21).
Diferente opina don Pablo Rodríguez G., quien señala: “las limitaciones consagradas en la ley en
relación a los bienes propios de la mujer, si bien tienen carácter legal, han sido voluntariamente aceptadas
por la mujer al momento de contraer matrimonio y optar por el régimen de sociedad conyugal”. Por tanto,
no habría una supuesta inconstitucionalidad en inciso final del artículo 1.754º del C.C.
Por su parte don Rene Ramos P. manifiesta que: “Sin entrar al fondo del problema, nos parece,
en todo caso, necesario dejar constancia que no participamos del argumento de Pablo Rodríguez que por
el hecho de haber aceptado la mujer casarse en régimen de sociedad conyugal, desaparecería el supuesto
vicio de inconstitucionalidad. Aceptar esta razón es desconocer el carácter de orden público que tiene la
disposición de la Carta Fundamental”.
Fundamento de la administración del marido sobre los bienes propios de la mujer casada en sociedad
conyugal: La razón no es la incapacidad de la mujer, puesto que con la entrada en vigor de la Ley Nº
18.802, la mujer es plenamente capaz. El fundamento es que los frutos de los bienes propios de la mujer
ingresan al haber absoluto de la sociedad conyugal y por ello son administrados por el marido. A la
sociedad conyugal no le es indiferente el destino de los bienes propios de la mujer, por cuanto, su
enajenación, afecta directamente a la sociedad.
Facultades del marido en la administración de los bienes propios de la mujer: Las facultades que tiene el
marido son más limitadas que en la administración de los bienes sociales, pues esta administrado bien
ajenos.
Por su parte es del caso señalar, que en esta administración el marido responde hasta de culpa
leve. Si bien, el código nada señala al respecto, es aplicable en la especie los principios establecidos los
siguientes artículos: En el artículo 256º inciso 1 del C.C., que señala: “El padre o madre es responsable,
en la administración de los bienes del hijo, hasta de la culpa leve”; En el artículo 391º del C.C., que dice:
“El tutor o curador administra los bienes del pupilo y es obligado a la conservación de estos bienes y a su
reparación y cultivo. Su responsabilidad se extiende hasta la culpa leve inclusive”; En el artículo 1.299º del
C.C.: “El albacea es responsable hasta de la culpa leve en el desempeño de su cargo”, etcétera.
Además, la mujer podría obligar al marido a rendir cuanta de su administración. Si bien la ley nada
señala al respecto, parece razonable la exigencia, por cuanto es un principio general del derecho, que
quien administra bienes ajenos queda obligado a rendir cuanta.
Autorización supletoria de la justicia para el caso que el marido se oponga a la enajenación de un bien
propio de la mujer.
Esta situación está contemplada en el artículo 138 bis inciso 1 del C.C., (artículo agregado por
Ley Nº 19.335) que señala: “Si el marido se negare injustificadamente a ejecutar un acto o celebrar un
contrato respecto de un bien propio de la mujer, el juez, previa citación del marido, podrá autorizarla para
actuar por sí misma”.
Por su parte el inciso 2 de este artículo establece: “En tal caso, la mujer sólo obligará sus bienes
propios y los activos de sus patrimonios reservados o especiales de los artículos 150, 166 y 167, mas no
obligará al haber social ni a los bienes propios del marido, sino hasta la concurrencia del beneficio que la
sociedad o el marido hubieran reportado del acto”.
Actos de administración que el marido
ejecuta por sí solo
Al respecto es del caso señalar que el marido conserva las mismas facultades que le correspondían
de soltero, salvo el caso de los frutos de los bienes propios que ingresan al haber absoluto de la sociedad
y quedan sujetos a las limitaciones de administración que ya se han señalado.
¿Cuándo corresponde a la mujer la administración extraordinaria? Esto ocurre cuando ha sido designada
curadora de su marido, situación que puede darse en los siguientes casos:
1.- Demencia del marido: El artículo 462º Nº 1 del C.C. señala: “Se deferirá la curaduría del demente:
1. A su cónyuge no separado judicialmente, sin perjuicio de lo dispuesto en el Art. 503”. Por su parte el
artículo 463º del C.C., establece: “La mujer curadora de su marido demente, tendrá la administración de
la sociedad conyugal”. En el mismo sentido se pronuncia el artículo 1.758º del C.C, que dispone: “La mujer
que en el caso de interdicción del marido, o por larga ausencia de éste sin comunicación con su familia,
hubiere sido nombrada curadora del marido, o curadora de sus bienes, tendrá por el mismo hecho la
administración de la sociedad conyugal”.
2.- Sordomudez del marido: (artículo 470º, en relación con los artículos 462º Nº 1, 463º y 1.758 del
C.C.).
3.- Menor edad del marido.
4.- Ausencia del marido: (artículo 475º, en relación con el artículo 83º, 462 Nº 1, 463º y 1.758º del
C.C.).
Derecho de la mujer que no quiere asumir la administración extraordinaria: Si la mujer no desea o no puede
asumir la administración extraordinaria de la sociedad conyugal la ley la faculta para pedir la separación
judicial de bienes. Ello de acuerdo con lo establecido en el artículo 1.762º del C.C., que señala: “La mujer
que no quisiere tomar sobre sí la administración de la sociedad conyugal, ni someterse a la dirección de
un curador, podrá pedir la separación de bienes; y en tal caso se observarán las disposiciones del Título
VI, párrafo 3 del Libro I”.
Requisitos:
1.- Que la mujer sea mayor de edad. Si es menor de edad no tiene sentido pedir la separación de
bienes, por cuanto, por su menor edad necesitara de todas formas un curador.
2.- Que el marido sea mayor de edad. Si el marido es menor de edad, el artículo 139º del C.C.
establece que necesita de un curador para la administración de la sociedad conyugal.
Facultades con que se ejerce la administración extraordinaria de la sociedad conyugal: Las facultades de
administración dependen de si la administración la tiene un tercero o la tiene la mujer.
1.- Administración hecha por la mujer.
Cuando la administración la ejerce la mujer se aplican las normas contempladas en el Libro IV,
título XXII, párrafo 4to, artículos 1.759º, 1.760º y 1.761 del Código Civil. De acuerdo con estas normas es
necesario hacer la siguiente distinción: Administración de los bienes sociales y administración de los bienes
propios del marido.
A) Administración de los bienes sociales: El artículo 1.759º inciso 1 del C.C., establece: “La mujer
que tenga la administración de la sociedad, administrará con iguales facultades que el marido”.
Las limitaciones que tiene la mujer en esta administración son las siguientes:
1.- Para enajenar o gravar voluntariamente o prometer gravar o enajenar bienes raíces sociales,
requiere de autorización judicial con conocimiento de causa (artículo 1.759º inciso 2 del C.C.).
2.- Para disponer entre vivos a título gratuito de los bienes sociales requiere de autorización judicial,
dada con conocimiento de causa (artículo 1.759º inciso 3 del C.C.). La limitación se refiere a los bienes
sociales en general, por lo que quedan comprendidos tanto los bienes muebles como los inmuebles. No
se requiere autorización para hacer donaciones de poca monta, atendidas las fuerzas del haber social.
3.- Para constituirse en aval, codeudor solidario, fiadora u otorgar cualquier otra caución respecto
de terceros, requiere de autorización judicial con conocimiento de causa (artículo. 1.759º inciso 3 del C.C.).
4.- Para dar en arriendo o ceder la tenencia de bienes raíces sociales, por más de cinco u ocho años,
según se trate de predios urbanos o rústicos, respectivamente, la mujer requiere de autorización judicial,
con conocimiento de causa, previa información de utilidad (artículo 1.761º del C.C.).
En el evento de que la mujer realice alguno de los actos señalados en los números 1 y 2, sin la
autorización judicial la sanción es la nulidad relativa. En el caso del número 3, la sanción es que la mujer
sólo obliga sus bienes propios y los que administra en virtud del artículo 150º, 166º y 167º del C.C.
En el caso del número 4, la sanción es la inoponibilidad al marido o sus herederos más allá de los
plazos indicados.
Bienes que obliga la mujer administradora de la sociedad conyugal: El artículo 1.760º del C.C., señala:
“Todos los actos y contratos de la mujer administradora, que no le estuvieren vedados por el artículo
precedente, se mirarán como actos y contratos del marido, y obligarán en consecuencia a la sociedad y al
marido; salvo en cuanto apareciere o se probare que dichos actos y contratos se hicieron en negocio
personal de la mujer”.
B) Administración de los bienes propios del marido: La mujer administra los bienes propios del marido
conforme a las reglas de la curaduría, así está establecido en el artículo 1.759º inciso final del C.C. al
señalar: “En la administración de los bienes propios del marido, se aplicarán las normas de las curadurías”.
2.- Administración por un tercero.
Cuando la administración extraordinaria la ejerce un tercero, se trata de un curador que está
administrado bienes ajenos y por ello se ejerce conforme a las reglas de los tutores y curadores,
establecidas en el Libro I, título XXI, artículos 390º al 427º, y los artículos 487º al 490º del Código Civil.
Término de la administración extraordinaria: El artículo 1.763º del C.C. señala: “Cesando la causa de la
administración extraordinaria de que hablan los artículos precedentes, recobrará el marido sus facultades
administrativas, previo decreto judicial”.
1.- Muerte natural de uno de los cónyuges: Es la forma normal de disolver el matrimonio y, por vía
de consecuencia, la sociedad conyugal.
2.- Por decreto que conceda la posesión provisoria o definitiva de los bienes del cónyuge
desaparecido: Cuando una persona desaparece, sin que se tenga noticia de su paradero o de si vive o no,
se puede solicitar judicialmente la declaración de muerte presunta. Dentro de la muerte presunta podemos
distinguir tres etapas en relación con los bienes:
a) Etapa de simple desaparecimiento (5 años contados de la fecha de las últimas noticias o 6
meses en los casos de los números 6, 7 y 8 del artículo 81º del C.C.);
b) Etapa del decreto de posesión provisoria de los bienes del desaparecido; y
c) Etapa del decreto de posesión definitiva.
La sociedad conyugal se disuelve normalmente con el decreto que concede la posesión provisoria de
los bienes del desaparecido. Así lo establece el artículo 84º, primera parte, del C.C., que señala: “En virtud
del decreto de posesión provisoria, terminará la sociedad conyugal o el régimen de participación en los
gananciales, según cual hubiera habido con el desaparecido...”.
Hay casos en que excepcionalmente no se concede la posesión provisoria, sino directamente la
posesión definitiva. Esto ocurre en el caso del artículo 82º del C.C., que establece: “El juez concederá la
posesión definitiva, en lugar de la provisoria, si, cumplidos los dichos cinco años, se probare que han
transcurrido setenta desde el nacimiento del desaparecido. Podrá asimismo concederla, transcurridos que
sean diez años desde la fecha de las últimas noticias; cualquiera que fuese, a la expiración de dichos diez
años, la edad del desaparecido si viviese”. Lo mismo sucede en los casos de los números 7, 8 y 9 del
artículo 81º del C.C. que señalan: “7. Con todo, si después que una persona recibió una herida grave en
la guerra, o le sobrevino otro peligro semejante, no se ha sabido más de ella, y han transcurrido desde
entonces cinco años y practicándose la justificación y citaciones prevenidas en los números precedentes,
fijará el juez como día presuntivo de la muerte el de la acción de guerra o peligro, o, no siendo enteramente
determinado ese día, adoptará un término medio entre el principio y el fin de la época en que pudo ocurrir
el suceso, y concederá inmediatamente la posesión definitiva de los bienes del desaparecido.
8. Se reputará perdida toda nave o aeronave que no apareciere a los seis meses de la fecha de las últimas
noticias que de ella se tuvieron. Expirado este plazo, cualquiera que tenga interés en ello podrá provocar
la declaración de presunción de muerte de los que se encontraban en la nave o aeronave. El juez fijará el
día presuntivo de la muerte en conformidad al número que precede, y concederá inmediatamente la
posesión definitiva de los bienes de los desaparecidos.
Si se encontrare la nave o aeronave náufraga o perdida, o sus restos, se aplicarán las mismas
normas del inciso anterior siempre que no pudieren ubicarse los cuerpos de todos o algunos de sus
ocupantes, o identificarse los restos de los que fueren hallados.
Si durante la navegación o aeronavegación cayere al mar o a tierra un tripulante o viajero y
desapareciere sin encontrarse sus restos, el juez procederá en la forma señalada en los incisos anteriores;
pero deberá haber constancia en autos de que en el sumario instruido por las autoridades marítimas o
aéreas ha quedado fehacientemente demostrada la desaparición de esas personas y la imposibilidad de
que estén vivas.
En estos casos no regirán lo dispuesto en el número 2., ni el plazo establecido en el número 3.;
pero será de rigor oír a la Dirección General de la Armada o a la Dirección General de Aeronáutica, según
se trate de nave o de aeronave.
9. Después de un año de ocurrido un sismo o catástrofe que provoque o haya podido provocar la
muerte de numerosas personas en determinadas poblaciones o regiones, cualquiera que tenga interés en
ello podrá pedir la declaración de muerte presunta de los desaparecidos que habitaban en esas
poblaciones o regiones.
En este caso, la citación de los desaparecidos se hará mediante un aviso publicado por una vez
en el Diario Oficial correspondiente a los días primero o quince, o al día siguiente hábil, si no se ha publicado
en las fechas indicadas, y por dos veces en un diario de la comuna o de la capital de la provincia o de la
capital de la región, si en aquélla no lo hubiere, corriendo no menos de quince días entre estas dos
publicaciones. El juez podrá ordenar que por un mismo aviso se cite a dos o más desaparecidos.
El juez fijará, como día presuntivo de la muerte el del sismo, catástrofe o fenómeno natural y
concederá inmediatamente la posesión definitiva de los bienes de los desaparecidos, pero será de rigor
oír al Defensor de Ausentes”.
Si bien la sociedad conyugal se disuelve con el decreto que concede la posesión provisoria de los
bienes del desaparecido, la sociedad se reputa disuelta el día fijado por el juez como día presuntivo de la
muerte, es decir, el último día del primer bienio contado desde la fecha de las últimas noticias.
3.- Sentencia de separación judicial o de separación total de bienes: El numeral tercero del artículo
1.764º del C.C., establece dos situaciones, a saber:
A) La sentencia de separación judicial establecida en el artículo 32º, en relación con el 34º, ambos de la
nueva LMC que establece que, la sentencia de separación judicial produce sus efectos desde la fecha en
que queda ejecutoriada y que produce el efecto de terminar con la sociedad conyugal.
B) La sentencia de separación total de bienes: Causal contemplada en el artículo 1.764 Nº 3 del C.C., que
señala: “La sociedad conyugal se disuelve: 3. Por la sentencia de separación judicial o de separación total
de bienes: si la separación es parcial, continuará la sociedad sobre los bienes no comprendidos en ella”.
Por su parte el artículo 158º inciso 2 del C.C., establece: “Una vez decretada la separación, se procederá
a la división de los gananciales y al pago de recompensas o al cálculo del crédito de participación en los
gananciales, según cual fuere el régimen al que se pone término”.
Por último, el artículo 165º del C.C., establece que la separación de bienes es irrevocable, al
señalar: “Producida la separación de bienes, ésta es irrevocable y no podrá quedar sin efecto por acuerdo
de los cónyuges ni por resolución judicial”.
4.- Sentencia que declara la nulidad del matrimonio: El artículo 1.764º Nº 4 del C.C., establece: “La
sociedad conyugal se disuelve: 4. Por la declaración de nulidad del matrimonio”. Esta situación se produce
cuando el matrimonio que se anula es putativo. Si el matrimonio es simplemente nulo las partes vuelven a
su estado original, lo que en definitiva significa que no ha habido sociedad conyugal, y por tanto no puede
haber disolución.
5.- Pacto de participación en los gananciales: (causal introducida por Ley Nº 19.335) De acuerdo a
lo establecido en el artículo 1.792-1º inciso 2 del C.C. los cónyuges pueden, con sujeción a lo dispuesto
en el artículo 1.723º del C.C., sustituir el régimen de sociedad conyugal por el régimen de participación en
los gananciales.
6.- Pacto de separación total de bienes celebrado en conformidad al artículo 1.723º del C.C.: Causal
contemplada en el número 4 del artículo 1.764 del C.C.
El artículo 1.723º inciso 1 del C.C., señala: “Durante el matrimonio los cónyuges mayores de edad
podrán substituir el régimen de sociedad de bienes por el de participación en los gananciales o por el de
separación total”.
En consecuencia, en virtud del pacto establecido en el artículo 1.723º del Código Civil se puede:
a) Pasar de la sociedad conyugal a separación total de bienes.
b) Pasar de la sociedad conyugal a participación en los gananciales.
c) Pasar de separación de bienes a participación en los gananciales.
d) Pasar de participación en los gananciales a separación total de bienes.
El pacto del artículo 1.723º del C.C., sólo puede ser celebrado por los cónyuges mayores de edad. Sí
un cónyuge menor de edad lo acordare, la sanción sería la nulidad absoluta por objeto ilícito, pues se
habría celebrado un acto prohibido por la ley.
Características del pacto:
1.- El pacto es solemne: Las solemnidades del pacto son las siguientes:
a) Debe otorgase por escritura pública;
b) La escritura debe subinscribirse al margen de la respectiva inscripción matrimonial;
c) La subinscripción debe practicarse dentro del plazo de 30 días contados desde la fecha de la escritura.
2.- No puede perjudicar los derechos de terceros: El artículo 1.723º inciso 2, segunda parte, señala:
“El pacto que en ella conste no perjudicará, en caso alguno, los derechos válidamente adquiridos por
terceros respecto del marido o de la mujer...”. Los terceros a los cuales se refiere el artículo son los
acreedores del marido o de la mujer.
3.- El pacto es irrevocable: El artículo 1.723º inciso 2, parte final, del C.C., establece: “una vez
celebrado, no podrá dejarse sin efecto por el mutuo consentimiento de los cónyuges”.
4.- El pacto no es susceptible de condición, plazo o modo: Así lo establece el inciso final del artículo
1.723º del C.C., al señalar: “Los pactos a que se refieren este artículo y el inciso segundo del artículo
1715, no son susceptibles de condición, plazo o modo alguno”.
1.- Se crea entre los cónyuges o, en su caso, entre el cónyuge sobreviviente y los herederos del
fallecido, un estado de indivisión: Extinguida la sociedad se forma una comunidad entre los cónyuges o, si
la sociedad se ha disuelto por muerte de uno de ellos, entre el sobreviviente y los herederos del difunto.
Se trata de una comunidad a título universal, pues recae sobre un patrimonio.
Al momento de la disolución de la sociedad conyugal quedan fijados irrevocablemente el activo y
el pasivo social.
Por otra parte, el marido deja de ser el administrador de los bienes sociales y estos pasan a ser
administrados por los comuneros.
2.- La comunidad es administrada por todos los comuneros: Esto de acuerdo con lo establecido en
los artículos 2.305º y 2.081º del C.C. El artículo 2.305º del C.C., establece: “El derecho de cada uno de los
comuneros sobre la cosa común es el mismo que el de los socios en el haber social”. Por su parte el
artículo 2.081º del C.C., señala: “No habiéndose conferido la administración a uno o más de los socios, se
entenderá que cada uno de ellos ha recibido de los otros el poder de administrar con las facultades
expresadas en los artículos precedentes y sin perjuicio de las reglas que siguen:
1. Cualquier socio tendrá el derecho de oponerse a los actos administrativos de otro, mientras esté
pendiente su ejecución o no hayan producido efectos legales.
2. Cada socio podrá servirse para su uso personal de las cosas pertenecientes al haber social, con
tal que las emplee según su destino ordinario, y sin perjuicio de la sociedad y del justo uso de los otros.
3. Cada socio tendrá el derecho de obligar a los otros a que hagan con él las expensas necesarias
para la conservación de las cosas sociales.
4. Ninguno de los socios podrá hacer innovaciones en los inmuebles que dependan de la sociedad
sin el consentimiento de los otros”. De aquí el adagio tan conocido que el marido vive como dueño y
muere como socio.
3.- Fijación del activo y del pasivo de la sociedad conyugal: El activo queda integrado por todos los
bienes que eran sociales al momento de producirse la disolución. Los bienes que cada cónyuge adquiera
después, no integran la comunidad, sino que pertenecen al adquirente.
Si el bien es adquirido en el tiempo intermedio entre la disolución y la liquidación el bien se
presume (presunción simplemente legal) que fue adquirido con bienes sociales y, en consecuencia, el
cónyuge adquirente debería la correspondiente recompensa a la sociedad. Esta situación está contemplada
en el artículo 1.739º inciso 6 del C.C., que establece: “Se presume que todo bien adquirido a título oneroso
por cualquiera de los cónyuges después de disuelta la sociedad conyugal y antes de su liquidación, se ha
adquirido con bienes sociales. El cónyuge deberá por consiguiente, recompensa a la sociedad, a menos
que pruebe haberlo adquirido con bienes propios o provenientes de su sola actividad personal”.
En cuanto al pasivo, queda también fijado al momento de la disolución y lo integran las deudas
que a ase momento eran sociales y las que hubiere contraído la mujer en su patrimonio reservado (salvo
que renuncie a los gananciales). Las deudas que un cónyuge contraiga después son personales y sólo
podrán perseguirse en los derechos que le corresponden en los bienes comunes.
4.- Cesa el derecho de goce que tiene la sociedad sobre los bienes propios de cada cónyuge: Hemos
señalado anteriormente que vigente la sociedad conyugal, ingresan al haber absoluto los frutos de los
bienes propios de cada cónyuge Esto cambia a la disolución de la sociedad conyugal por cuanto, el artículo
1.772º inciso 1 del C.C., establece: “Los frutos pendientes al tiempo de la restitución, y todos los percibidos
desde la disolución de la sociedad, pertenecerán al dueño de las respectivas especies”. Esta norma dice
relación con los frutos naturales. Respecto de los frutos civiles debemos aplicar la norma del artículo 790º
del C.C., que dice: “Los frutos civiles pertenecen al usufructuario día por día”.
El profesor Manuel Somarriva U., señala que la liquidación de la sociedad “…es el conjunto de
operaciones que tienen por objeto establecer la existencia o no de gananciales, y en caso afirmativo
partirlos por mitades entre los cónyuges, reintegrar las recompensas que la sociedad adeude a los
cónyuges o que éstos adeuden a la sociedad; y reglamentar el pasivo de la sociedad conyugal”.
La liquidación de la sociedad conyugal comprende las siguientes operaciones: 1. Facción de inventario de
los bienes; 2. Tasación de los bienes; 3. Formación del acervo común o bruto, retiro de los bienes propios,
y pago de los precios, saldos y recompensas; 4. Partición de los gananciales; y 5. División del pasivo.
Tipos de inventarios.
El inventario puede ser simple o solemne. Es solemne aquel que se efectúa por funcionario
competente, previa resolución judicial, con las solemnidades previstas en la ley, así lo dice el artículo 858º
inciso 1 del Código de Procedimiento Civil, que señala: “Es inventario solemne el que se hace, previo
decreto judicial, por el funcionario competente y con los requisitos que en el artículo siguiente se expresan”.
El inventario que no reúna estos requisitos es simple.
Por su parte el artículo 859º del C.P.C. establece los requisitos del inventario solemne, señalando:
“El inventario solemne se extenderá con los requisitos que siguen:
1. Se hará ante un notario y dos testigos mayores de dieciocho años, que sepan leer y escribir y
sean conocidos del notario.
Con autorización del tribunal podrá hacer las veces de notario otro ministro de fe o un juez de
menor cuantía;
2. El notario o el funcionario que lo reemplace, si no conoce a la persona que hace la manifestación,
la cual deberá ser, siempre que esté presente, el tenedor de los bienes, se cerciorará ante todo de su
identidad y la hará constar en la diligencia;
3. Se expresará en letras el lugar, día, mes y año en que comienza y concluye cada parte del
inventario;
4. Antes de cerrado, el tenedor de los bienes o el que hace la manifestación de ellos, declarará bajo
juramento que no tiene otros que manifestar y que deban figurar en el inventario; y
5. Será firmado por dicho tenedor o manifestante, por los interesados que hayan asistido, por el
ministro de fe y por los testigos”.
El artículo 1.766º inciso 2 del C.C., establece: “Si entre los partícipes de los gananciales hubiere
menores, dementes u otras personas inhábiles para la administración de sus bienes, serán de necesidad
el inventario y tasación solemnes; y si se omitiere hacerlos, aquel a quien fuere imputable esta omisión,
responderá de los perjuicios; y se procederá lo más pronto posible a legalizar dicho inventario y tasación
en la forma debida”.
Sanción a la omisión de confección de inventario solemne cuando la ley lo requiere, y sólo se hace
inventario privado: La sanción está establecida en el artículo 1.766º inciso 2 del C.C., que dice: “...si se
omitiere hacerlos, aquel a quien fuere imputable esta omisión, responderá de los perjuicios; y se procederá
lo más pronto posible a legalizar dicho inventario y tasación en la forma debida”. Son responsables de
esta omisión todos los participes de los gananciales, salvo los incapaces.
Distracción u ocultación dolosa de un bien social: El artículo 1.768 del C.C., señala: “Aquel de los cónyuges
o sus herederos que dolosamente hubiere ocultado o distraído alguna cosa de la sociedad, perderá su
porción en la misma cosa y se verá obligado a restituirla doblada”.
Hay distracción cuando alguno de los cónyuges o de sus herederos sustrae un bien social para
apropiárselo o exclusivamente en perjuicio del otro, de sus herederos o de los acreedores sociales; y hay
ocultamiento cuando, con el mismo objeto, esconde o hace desaparecer un bien social o silencia o niega
su existencia, no obstante que la conoce o lo tiene en su poder (Alessandri, Tratado Practico de las
Capitulaciones Matrimoniales).
3.- Formación del acervo común o bruto; retiro de los bienes propios, y pago de los precios, saldos
y recompensas.
Primero que todo debemos forma un acervo común o bruto. Este acervo se forma acumulando
imaginariamente, (en valor) los siguientes bienes:
1.- Todos los bienes muebles o inmuebles que existan en poder de los cónyuges al momento de
disolverse la sociedad conyugal, sean propios, sociales o reservado. Estos bienes se acumulan
imaginariamente, porque se toman en consideración aun cuando con posterioridad a la disolución de la
sociedad conyugal hayan desaparecido o se hayan enajenado.
2.- Los frutos de los bienes señalados anteriormente y los frutos que parcialmente separados
administran y las cosas adquiridas con dichos frutos. (casos de los artículos 166º y 167º del C.C.)
3.- Todos los créditos que se adeuden a la sociedad y las recompensas que los cónyuges puedan
adeudarle o las indemnizaciones que procedan a su favor. Ello de acuerdo con lo establecido en el artículo
1.769 del C.C. que dice: “Se acumulará imaginariamente al haber social todo aquello de que los cónyuges
sean respectivamente deudores a la sociedad, por vía de recompensa o indemnización, según las reglas
arriba dadas”.
Una vez establecido en acervo común o bruto y afectos de establecer el acervo liquido partibles
es necesario deducir del acervo común los bienes propios de cada cónyuge, es decir, todas las especies y
cuerpos ciertos que le pertenezcan y los precios, saldos y recompensas que constituyan el resto de su
haber. Así lo establece el artículo 1.770º del C.C., al señalar: “Cada cónyuge, por sí o por sus herederos,
tendrá derecho a sacar de la masa las especies o cuerpos ciertos que le pertenezcan, y los precios, saldos
y recompensas que constituyan el resto de su haber.
La restitución de las especies o cuerpos ciertos deberá hacerse tan pronto como fuere posible
después de la terminación del inventario y avalúo; y el pago del resto del haber dentro de un año contado
desde dicha terminación. Podrá el juez, sin embargo, ampliar o restringir este plazo a petición de los
interesados, previo conocimiento de causa”.
Respecto de los retiros debemos distinguir entre el retiro de especies o cuerpos ciertos y el retiro
de los precios saldos y remuneraciones. Cada uno de estos retiros tienes algunas reglas que es necesario
señalar, y que son las siguientes:
1.- Reglas respecto del retiro de especies o cuerpos ciertos:
a) Cada cónyuge, o sus herederos, tienen derecho a sacar del acervo bruto sus bienes propios,
muebles o inmuebles, corporales o incorporales.
b) El retiro se efectúa a título de dueño.
c) Los bienes se restituyen en el estado en que se encuentran, aprovechando el cónyuge los
aumentos naturales que la cosa ha experimentado, y sufriendo sus deterioros, salvo que se
deban a dolo o culpa grave del otro cónyuge, en cuyo caso deberá éste resarcirlos (artículo
1.771º del C.C.).
d) Deben restituirse los bienes con sus frutos pendientes al tiempo de la restitución y los frutos
percibidos desde el momento de la disolución.
e) Los bienes propios de un cónyuge no se pueden adjudicar al otro cónyuge.
2.- Reglas respecto del retiro de los precios, saldos y recompensa:
a) Las hace el cónyuge en su calidad de acreedor de la sociedad conyugal.
b) Las hace efectivas, pagándose directamente con bienes sociales, respetando el siguiente
orden: dinero y bienes muebles y a falta de estos los inmuebles.
c) Sólo puede hacerla el cónyuge cuando se le adeuda un precio, saldo o recompensa
proveniente de la indivisión.
d) Los cónyuges hacen esas deducciones a título de acreedores-comuneros, no a título de
propietarios.
e) Estos pagos deben hacerse dentro del año siguiente a la terminación del inventario y avalúo
f) Respecto de estos retiros, la ley otorga a la mujer el beneficio de hacerlo primero, así lo
establece el artículo. 1.773º inciso 1 del C.C., que dice: “La mujer hará antes que el marido
las deducciones de que hablan los artículos precedentes; y las que consistan en dinero, sea
que pertenezcan a la mujer o al marido, se ejecutarán sobre el dinero y muebles de la
sociedad, y subsidiariamente sobre los inmuebles de la misma”. Si lo bienes sociales fueren
insuficientes, la mujer podrá hacer efectivo su crédito sobre los bienes propios del marido.
Liquidación de las recompensas que recíprocamente se adeuden sociedad y cónyuges: Puede darse el
caso que la sociedad adeude recompensas a alguno de los cónyuges o éstos a la sociedad. Por tanto es
necesario hacer la respectiva liquidación.
4.- Partición de los gananciales.
Una vez que se hacen al acervo bruto las acumulaciones y deducciones, lo que resta es el acervo
liquido partible o gananciales, que se deben dividir por mitades entre los cónyuges. Así lo establece el
artículo 1.774º del C.C., que dice: “Ejecutadas las antedichas deducciones, el residuo se dividirá por mitad
entre los dos cónyuges”.
Excepciones:
1.- Cuando hubiere ocultación o distracción dolosa de un bien de la sociedad, caso en que el cónyuge
o heredero responsable pierde su porción en la misma cosa y debe restituirla doblada.
2.- Cuando en las capitulaciones matrimoniales se hubiere convenido que los gananciales se reparten
en otra proporción.
3.- Cuando la mujer renuncio a los gananciales.
Obligación a las deudas: Frente a los terceros el marido es responsable de las deudas sociales. Como
administrador de la sociedad conyugal, él contrajo la deuda y el debe responder por la totalidad de la
obligación. Así lo establece el artículo 1.778º, primera parte, del C.C., al señalar: “El marido es responsable
del total de las deudas de la sociedad...”. Esta situación no cambia por la disolución de la sociedad, del tal
suerte que el tercero acreedor puede dirigirse por el total de la deuda sobre todo el patrimonio del marido.
La situación de la mujer es diferente, por cuanto, ella está obligada frente a terceros
exclusivamente hasta lo que recibió a título de gananciales. Así lo establece el artículo 1.777º inciso 1 del
C.C., al señalar: “La mujer no es responsable de las deudas de la sociedad, sino hasta concurrencia de su
mitad de gananciales”. De tal forma que demandada la mujer por una deuda social, puede oponer al
acreedor el beneficio de emolumento, y defenderse alegando que ella no responde de la deuda sino hasta
el monto de lo que recibió a título de gananciales.
Contribución a las deudas: El problema de la contribución a la deuda consiste en determinar en qué mediad
va a soportar cada cónyuge una deuda social. Al respecto el artículo 1.778º del C.C., señala: “El marido es
responsable del total de las deudas de la sociedad; salvo su acción contra la mujer para el reintegro de la
mitad de estas deudas, según el artículo precedente”. Este artículo establece que ambos cónyuges deben
soportar el pago de la deuda por mitades.
Hay tres casos en que los cónyuges no soportan el pago por partes iguales.
Excepciones:
1.- Beneficio de emolumento: El beneficio de emolumento es la facultad que tiene la mujer o sus
herederos para limitar su obligación y contribución a las deudas de la sociedad hasta concurrencia de su
mitad de gananciales (artículo 1.777º del C.C.).
Para que la mujer pueda hacer uso del beneficio sólo deberá probar el exceso que se le cobra de
acuerdo al inciso 2 del artículo 1.777º del C.C., esto es: “...sea por el inventario y tasación, sea por otros
documentos auténticos”.
El motivo para limitar la responsabilidad de la mujer está en que no ha sido ella quien ha
administrado la sociedad conyugal, sino su marido.
2.- Cónyuges pueden acordar una división de las deudas en una proporción diferente: Los cónyuges
pueden convenir que una deuda social la soporte uno de ellos en su integridad o en una proporción
diferente al cincuenta por ciento.
3.- Pago de una deuda personal: Cuando la sociedad paga una deuda personal de uno de los
cónyuges, tiene un derecho de recompensa en contra de ese cónyuge. Para que de esa forma soporte en
definitiva el pago total.
El artículo 1.719º inciso 1 del C.C., establece: “La mujer, no obstante la sociedad conyugal, podrá
renunciar su derecho a los gananciales que resulten de la administración del marido, con tal que haga esta
renuncia antes del matrimonio o después de la disolución de la sociedad”. Y el artículo 1.781º del C.C.,
agrega: “Disuelta la sociedad, la mujer mayor o sus herederos mayores tendrán la facultad de renunciar
los gananciales a que tuvieren derecho. No se permite esta renuncia a la mujer menor, ni a sus herederos
menores, sino con aprobación judicial”.
Esta renuncia es una facultad que la ley da a la mujer o sus herederos, que consiste en que
verificada la renuncia, la mujer no responde de las deudas sociales, las que sólo podrán ser exigidas en
su integridad al marido, sin derecho de reintegro.
La mujer puede renunciar los gananciales en dos momentos:
1.- En las capitulaciones matrimoniales celebradas antes del matrimonio (Artículos 1.719º y 1.721
inciso 1 del C.C.).
2.- Con posterioridad a la disolución de la sociedad conyugal: El artículo 1.781º del C.C., señala:
“Disuelta la sociedad, la mujer mayor o sus herederos mayores tendrán la facultad de renunciar los
gananciales a que tuvieren derecho. No se permite esta renuncia a la mujer menor, ni a sus herederos
menores, sino con aprobación judicial”.
La renuncia, en este caso, puede hacerse en cualquier momento, desde que se disuelve la
sociedad conyugal y hasta mientras no ingrese ningún bien social al patrimonio de la mujer. Así lo establece
el artículo 1.782º inciso 1 del C.C., al señalar: “Podrá la mujer renunciar mientras no haya entrado en su
poder ninguna parte del haber social a título de gananciales”. Si la mujer recibe bienes implica una
aceptación de los gananciales.
Forma de renunciar a los gananciales: La ley no ha establecido forma de renunciar a los gananciales. Por
tanto, la voluntad de la mujer se puede manifestar, como ocurre en la generalidad de los actos jurídicos,
de forma expresa o tácita. Será tácita cuando pueda desprenderse inequívocamente de hechos realizados
por la mujer. Ejemplo: Que la mujer, después de disuelta la sociedad, enajene un bien que era parte de su
patrimonio reservado, no obstante que con motivo de la disolución tal bien debe ingresar a la masa común.
Por ello, si lo enajena sola, con esa conducta está manifestando su voluntad de que el bien no entre a los
gananciales, lo que implica renunciarlos.
Cuando hay bienes raíces, lo corriente será que la mujer haga la renuncia en forma expresa, en
escritura pública.
Efectos de la renuncia a los gananciales: Cuando se renuncia a los gananciales antes del matrimonio, de
todas formas, va haber sociedad conyugal, ello de acuerdo a lo establecido en el artículo 1.719 inciso 1
del C.C., que señala: “La mujer, no obstante la sociedad conyugal, podrá renunciar su derecho a los
gananciales que resulten de la administración del marido, con tal que haga esta renuncia antes del
matrimonio o después de la disolución de la sociedad”. Y de todas maneras los frutos de los bienes propios
de la mujer ingresan a la sociedad conyugal, para soportarlas cargas de familia. En lo demás, los efectos
serán los normales de toda renuncia de gananciales y van a operar a la disolución de la sociedad.
Los efectos normales de la renuncia – hecha antes del matrimonio o después de su disolución –
son los siguientes:
1.- Los derechos de la sociedad y del marido se confunden aun respecto de los cónyuges, ello de
acuerdo a lo establecido en el artículo 1.783º del C.C., que dice: “Renunciando la mujer o sus herederos,
los derechos de la sociedad y del marido se confunden e identifican, aun respecto de ella”. De esta norma
derivan las siguientes consecuencias:
a) A la disolución todos los bienes pertenecen al marido, no hay comunidad que liquidar.
b) La mujer no tiene derecho alguno en el haber social.
c) La mujer no responde de las deudas sociales.
2.- Los bienes del patrimonio reservado de la mujer le pertenecen a ella exclusivamente, no ingresan
a los gananciales. El artículo 150º inciso 7 del C.C., señala: “Disuelta la sociedad conyugal, los bienes a
que este Artículo se refiere entrarán en la partición de los gananciales; a menos que la mujer o sus
herederos renunciaren a estos últimos, en cuyo caso el marido no responderá por las obligaciones
contraídas por la mujer en su administración separada”. Lo mismo ocurre con los frutos de los bienes que
administra separadamente la mujer de conformidad a los artículos 166º y 167º del C.C.
3.- La mujer conserva sus derechos y obligaciones a las recompensas e indemnizaciones. El artículo
1.784º del C.C., establece: “La mujer que renuncia conserva sus derechos y obligaciones a las
recompensas e indemnizaciones arriba expresadas”.
Son bienes reservados de la mujer lo que ella adquiere con su trabajo separado de su marido, lo
que adquiere con ellos y los frutos de unos y otros (artículo 150º del C.C.).
Características de los bienes reservados:
1.- Forman un patrimonio especial, con activo y pasivos propios.
2.- Constituyen un régimen especial de administrar un conjunto de bienes sociales. El hecho de que
los administre la mujer no les quita el carácter de sociales. Son sociales porque provienes del
trabajo de uno de los cónyuges (artículo 1.725º Nº 1 del C.C.: “El haber de la sociedad conyugal
se compone: 1. De los salarios y emolumentos de todo género de empleos y oficios, devengados
durante el matrimonio”.) Es más, son sociales, porque a la disolución de la sociedad conyugal
ingresan a la masa de gananciales, salvo que la mujer o sus herederos renuncien a ellos.
3.- Constituyen una protección que la ley otorga a la mujer que trabaja. Luego son privativos de la
mujer.
4.- Esta institución opera de pleno derecho por la sola circunstancia de que los cónyuges se casen
en régimen de sociedad conyugal y de que la mujer tenga un trabajo separado del marido.
5.- Es una institución de orden público. Por ello la regulación la hace la ley, sin que las partes puedan
modificarla. El artículo 150º del C.C. utiliza la expresión “no obstante cualquier estipulación en
contrario”. Es por ello, también, que la mujer no puede renunciar al patrimonio reservado en las
capitulaciones matrimoniales.
Requisitos de los bienes reservados: El artículo 150º inciso 2 del C.C., establece: “La mujer casada, que
desempeñe algún empleo o que ejerza una profesión, oficio o industria, separados de los de su marido,
se considerará separada de bienes respecto del ejercicio de ese empleo, oficio, profesión o industria y de
lo que en ellos obtenga, no obstante cualquiera estipulación en contrario...”.
De la norma antes señalada se desprende que los requisitos son los siguientes:
1.- Trabajo de la mujer: La única fuente de los bienes reservados es el trabajo de la mujer. Los bienes
que la mujer de adquiere por otra vía, como herencias, no ingresan a este patrimonio.
2.- Que el trabajo sea remunerado: El trabajo separado tiene que producir bienes, tiene que ser
remunerado. Las labores domésticas no generan bienes reservados.
3.- Que el trabajo se desarrolle durante la vigencia de la sociedad conyugal: Si la mujer trabaja soltera
y adquiere bienes, estos bienes no forma parte de sus bienes reservados.
Para determinar si un bien es reservado hay que estarse al momento en que se prestó el servicio.
Así la mujer de soltera realizó un trabajo, y se lo pagaron cuando estaba casada, ese pago no ingresa a
los bienes reservados. Y a la inversa, si de casada realizó un trabajo que le es pagado cuando la sociedad
ya está disuelta, tal bien es reservado.
4.- Trabajo separado de su marido: El profesor Alessandri señala: “hay trabajo separado de la mujer
y del marido siempre que no trabajen en colaboración, aunque reciban una remuneración común...”.
Agrega más adelante, “Para determinar si hay o no trabajo separado de la mujer, no se atiende a si los
cónyuges reciben una remuneración separada o única: la forma de la remuneración es indiferente; a si se
dedican al mismo o distinto género de actividades ni a si trabajan en el mismo negocio, industria u oficina
o en otro diverso, sino exclusivamente a si hay o no colaboración y ayuda directa, personal y privada entre
ellos. Si la mujer se limita a ayudar al marido en virtud del deber de asistencia que le impone el artículo
131º del C.C., prestándole cooperación en las labores agrícolas, industriales, comerciales o profesionales,
si, por ejemplo, atiende el negocio conjuntamente con el marido, le ayuda a contestar sus cartas, le
dactilografía sus escritos o trabaja en colaboración con su marido, como si ambos escriben una obra en
común, no cabe aplicar el artículo 150º: los bienes que adquiere quedarán sometidos a la administración
del marido, de acuerdo con el derecho común (artículo 1725º Nº 1, y 1749º del C.C.). Lo mismo sucederá
si es el marido quien coopera en idéntica forma a la industria, comercio o profesión de la mujer. Pero si la
mujer no es colaboradora del marido o viceversa, hay trabajo separado y bienes reservados...”.
Activo y pasivo de los bienes reservados: Los bienes reservados constituyen un patrimonio especial, por
lo que, como ocurre en todo patrimonio, hay un activo y un pasivo.
1.- Activo de los bienes reservados. Integran el activo los siguientes bienes:
1.1 Bienes provenientes del trabajo de la mujer. Es decir, todas las remuneraciones obtenidas por la
mujer en su trabajo separado ingresan a los bienes reservados. Quedan incluidos los sueldos,
honorarios, desahucios, indemnizaciones por accidentes del trabajo, pensiones de jubilación, las
utilidades que ella obtenga en la explotación de un negocio cualquiera.
1.2 Bienes que adquiera con el trabajo. Todo lo que la mujer adquiere con su trabajo pasa a formar
parte de su patrimonio reservado. Ejemplo: Si con su trabajo la mujer compra un departamento,
ese departamento es un bien reservado, aunque en la escritura no se haga la referencia que
contempla la parte final del inciso 4 del artículo 150º del C.C., que tiene una finalidad puramente
probatoria. (artículo 150º inciso 4 parte final del C.C.: “...se haya acreditado por la mujer, mediante
instrumentos públicos o privados, a los que se hará referencia en el instrumento que se otorgue
al efecto, que ejerce o ha ejercido un empleo, oficio, profesión o industria separados de los de su
marido”.)
1.3 Frutos del producto del trabajo o de los bienes adquiridos con ese producto. Los frutos que
obtenga la mujer de sus bienes reservados constituyen también un bien reservado.
2.- Pasivo de los bienes reservados. Hablar del pasivo de los bienes reservados es lo mismo que
decir qué deudas se pueden hacer efectivas en este patrimonio.
Durante la vigencia de la sociedad conyugal se pueden hacer efectivas las siguientes obligaciones:
2.1 Las provenientes de los actos o contratos celebrados por la mujer dentro de este patrimonio.
2.2 Las provenientes de actos o contratos celebrados por la mujer aunque actúe fuera de los bienes
reservados. (Reformado por Ley Nº 18.802).
2.3 Obligaciones provenientes de actos o contratos celebrados por la mujer respecto de un bien
propio, autorizada por la justicia por negativa del marido, ello de acuerdo a lo establecido en el
artículo 138º bis del C.C.
2.4 Obligaciones contraídas por el marido, cuando se pruebe que el contrato celebrado por él cedió
en utilidad de la mujer o de la familia común.
Administración de los bienes reservados: La administración de los bienes reservados la ejerce la mujer con
amplias facultades. La ley la considera para estos efectos como separada de bienes. Así lo establece el
artículo 150º inciso 2 del C.C., al señalar: “La mujer casada, que desempeñe algún empleo o que ejerza
una profesión, oficio o industria, separados de los de su marido, se considerará separada de bienes
respecto del ejercicio de ese empleo, oficio, profesión o industria y de lo que en ellos obtenga, no obstante
cualquiera estipulación en contrario; pero si fuere menor de dieciocho años, necesitará autorización
judicial, con conocimiento de causa, para gravar y enajenar los bienes raíces”.
Administración de los bienes reservados hecha por el marido: Hay casos en que la administración de los
bienes reservados la tiene el marido, y son los siguientes:
1.- La mujer puede conferir mandato a su marido para que administre. En este caso se siguen las
reglas del mandato. Así lo establece el artículo 162º del C.C., que dice: “Si la mujer separada de bienes
confiere al marido la administración de alguna parte de los suyos, será obligado el marido a la mujer como
simple mandatario”.
2.- En caso de incapacidad de la mujer por demencia o sordomudez, el marido puede ser designado
su curador y en ese carácter administra el patrimonio reservado de su mujer, sujetándose en todo a las
reglas de los curadores.
En el caos de menor de edad de la mujer el artículo 150º inciso 1 del C.C., señala: “La mujer
casada de cualquiera edad podrá dedicarse libremente al ejercicio de un empleo, oficio, profesión o
industria”.
Por último, en el caso de que la mujer fuere declarada en interdicción por disipación, el marido no
podrá ser su curador, de acuerdo a lo establecido en el artículo 450º inciso 1 del C.C., que dice: “Ningún
cónyuge podrá ser curador del otro declarado disipador”.
Presunción de derecho del inciso 4 del artículo 150º del Código Civil.
La ley ha considerado de la mayor importancia facilitar la prueba a los terceros, pues, en caso
contrario, ellos no contratarían con la mujer o exigirán la comparecencia del marido, con lo que
desnaturaliza la institución. Con esta finalidad se estableció en su favor una presunción de derecho, en el
inciso 4 del artículo 150º del C.C., que dice: “Los terceros que contraten con la mujer quedarán a cubierto
de toda reclamación que pudieren interponer ella o el marido, sus herederos o cesionarios, fundada en la
circunstancia de haber obrado la mujer fuera de los términos del presente artículo, siempre que, no
tratándose de bienes comprendidos en los artículos 1754 y 1755, se haya acreditado por la mujer,
mediante instrumentos públicos o privados, a los que se hará referencia en el instrumento que se otorgue
al efecto, que ejerce o ha ejercido un empleo, oficio, profesión o industria separados de los de su marido”.
Características de la presunción:
1.- Se trata de una presunción de derecho. Así lo establece la frase “...quedaran a cubierto de toda
reclamación...”. En consecuencia, la ley no admite que se pueda probar que la mujer no ejercía ni había
ejercido antes del contrato un empleo, oficio, profesión o industria separados de los de su marido.
2.- Es una presunción establecida a favor de los terceros. La mujer no se puede favorecer con la
presunción. Por tanto, si a ella interesa la prueba deberá acreditarlo recurriendo a todos los medios de
prueba establecidos en la ley.
3.- La presunción está destinada a probar la existencia del patrimonio reservado y que la mujer actuó
dentro de tal patrimonio. No sirve la presunción para probar que un determinado bien es reservado.
Requisitos para aplicar la presunción del inciso 4 del artículo 150º del C.C.: Para que opere la presunción
deben cumplirse los siguientes requisitos:
1.- Que el acto o contrato no se refiera a bienes propios de la mujer que el marido este o pueda estar
obligado a restituir en especie, o sea, que el bien no sea de los indicados en los artículos 1.754º
y 1.755º del C.C.
2.- Que la mujer acredite mediante instrumentos públicos o privados, que ejerce o ha ejercido un
empleo, oficio, profesión o industria separados de los de su marido. Lo que interesa es que los
instrumentos prueben por si solos el trabajo separado de la mujer. Por ejemplo, una patente
profesional, industrial o comercial; un contrato de trabajo; un decreto de nombramiento; etcétera.
Algunos autores exigen que sea más de un instrumento, por cuanto la norma habla en plural de
“instrumentos públicos o privados”. Ello sin perjuicio de que la mayoría estime que basta con un
documento que pueda probar el trabajo separado del marido.
3.- Que el contrato de que se trata conste por escrito. Así lo establece la ley al señalar: “...en el
instrumento que se otorgue al efecto...”.
4.- Que en el acto o contrato se haga referencia al instrumento público o privado que demuestre que
la mujer ejerce o ha ejercido un empleo, oficio, industria o profesión separados de los de su
marido.
2.- Prueba de que un determinado bien es parte del patrimonio reservado: Situación contemplada en
el inciso 3 del artículo 150º del C.C., que dice: “Incumbe a la mujer acreditar, tanto respecto del marido
como de terceros, el origen y dominio de los bienes adquiridos en conformidad a este artículo. Para este
efecto podrá servirse de todos los medios de prueba establecidos por la ley”.
Esta prueba puede interesar a la mujer, tanto respecto de terceros como de su marido. Respecto
del marido, por ejemplo, si la mujer renuncia a los gananciales y pretende quedarse con el bien. Y le
interesa probar, respecto de un tercero, el carácter de reservado de un determinado bien, cuando el
tercero pretende hacer efectivo en él una deuda social.
La mujer puede valerse de todos los medios de prueba, salvo la confesión, en virtud de lo
establecido en el inciso 2 del artículo 1.739º del C.C., que señala: “Ni la declaración de uno de los cónyuges
que afirme ser suya o debérsele una cosa, ni la confesión del otro, ni ambas juntas, se estimarán suficiente
prueba, aunque se hagan bajo juramento”.
Para determinar la suerte que siguen los bienes reservados a la disolución de la sociedad conyugal,
es necesario distinguir:
a) Si la mujer o sus herederos aceptaron los gananciales; o
b) Si la mujer o sus herederos renunciaron a los gananciales.
a) La mujer y sus herederos aceptan los gananciales: Es este caso los bienes reservados entran a
formar parte de dichos gananciales, y se repartirán de acuerdo con las reglas estudiadas en la liquidación
de la sociedad conyugal. Los terceros acreedores del marido o de la sociedad podrán hacer efectivos sus
créditos en esos bienes.
b) La mujer o sus herederos renuncian a los gananciales: En este caso se producen las siguientes
consecuencias:
1.- Los bienes reservados no entran a los gananciales. La mujer y sus herederos se hacen
definitivamente dueños de estos.
2.- El marido no responde por las obligaciones contraídas por la mujer en su administración separada.
EL REGIMEN DE SEPARACION DE BIENES
El artículo 152º del C.C. al respecto señala: “Separación de bienes es la que se efectúa sin
separación judicial, en virtud de decreto del tribunal competente, por disposición de la ley o por convención
de las partes”.
I.- Separación legal de bienes: Como ya hemos señalado esta puede ser total o parcial.
1.- Separación legal total: La ley contempla dos casos de separación legal total: a) Sentencia de
separación judicial de los cónyuges; y b) Cuando los cónyuges se casan en el extranjero.
a) Sentencia de separación judicial de los cónyuges: El artículo 1.764º Nº 3 del C.C., señala: “La
sociedad conyugal se disuelve: 3. Por la sentencia de separación judicial o de separación total de
bienes…”.
Es del caso señalar que en la especie no se disuelve el matrimonio; y la sentencia permite dar
fecha cierta al cese de la convivencia.
Por su parte el artículo 173º inciso 1 del C.C., señala: “Los cónyuges separados judicialmente
administran sus bienes con plena independencia uno del otro, en los términos del artículo 159”.
En este caso, aunque la ley no lo dice, resulta evidente que se aplican los artículos 161º, 162º y
163º del C.C., y esto significa lo siguiente:
1.- Que los acreedores de la mujer sólo podrán dirigirse sobre sus bienes, respondiendo el marido
únicamente en los siguientes casos:
a) Cuando se ha obligado como codeudor conjunto, solidario o subsidiario de la mujer.
b) Cuando las obligaciones de la mujer cedieron en beneficio exclusivo del marido o de la familia
común, en la parte en que de derecho él haya debido proveer a las necesidades de ésta.
2.- Que los acreedores del marido sólo podrán dirigirse sobre los bienes de éste y no sobre los bienes
de la mujer, salvo que exista una deuda conjunta, solidaria o subsidiaria o que haya beneficio exclusivo de
la mujer o de la familia común.
2.- Separación legal parcial: El Código Civil contempla dos casos de separación legal parcial: a) El del
artículo 150º del C.C., esto es, los bienes reservados de la mujer casada; y b) caso del artículo 166º del
C.C. En esta parte sólo estudiaremos en segundo caso por cuanto el primero fue visto con anterioridad.
El artículo 166º del C.C., dice: “Si a la mujer casada se hiciere una donación, o se dejare una
herencia o legado, con la condición precisa de que en las cosas donadas, heredadas o legadas no tenga
la administración el marido, y si dicha donación, herencia o legado fuere aceptado por la mujer, se
observarán las reglas siguientes:
1. Con respecto a las cosas donadas, heredadas o legadas, se aplicarán las disposiciones de los
artículos 159, 160, 161, 162 y 163, pero disuelta la sociedad conyugal las obligaciones contraídas por la
mujer en su administración separada podrán perseguirse sobre todos sus bienes.
2. Los acreedores del marido no tendrán acción sobre los bienes que la mujer administre en virtud
de este artículo, a menos que probaren que el contrato celebrado por él cedió en utilidad de la mujer o de
la familia común.
3. Pertenecerán a la mujer los frutos de las cosas que administra y todo lo que con ellos adquiera,
pero disuelta la sociedad conyugal se aplicarán a dichos frutos y adquisiciones las reglas del Art. 150”.
Este artículo dice relación con los bienes que adquiere la mujer por haber aceptado una donación, herencia
o legado bajo condición de que no los administre el marido. Respecto de estos bienes la mujer es
considerada separada de bienes.
Capacidad para demandar la separación judicial: El artículo 154º del C.C., establece: “Para que la mujer
menor pueda pedir separación de bienes, deberá ser autorizada por un curador especial”. Si la mujer es
mayor de edad demanda por si sola; si la mujer es menor de edad, requiere de un curador especial para
poder pedir la separación judicial de bienes.
6
La separación judicial de bienes es distinta a la separación judicial de los cónyuges.
Así lo establece el artículo 1.762º del C.C., que señala: “La mujer que no quisiere tomar sobre sí la
administración de la sociedad conyugal, ni someterse a la dirección de un curador, podrá pedir la
separación de bienes; y en tal caso se observarán las disposiciones del Título VI, párrafo 3 del Libro I”.
2.- Si el cónyuge obligado al pago de pensiones alimenticias al otro cónyuge o a los hijos comunes
hubiere sido apremiado por dos veces en la forma señalada en el artículo 19º del D.F.L. Nº 1 del
30/05/200, (que fija el texto refundido, coordinado y sistematizado del Código Civil; de la Ley Nº4.808,
sobre Registro Civil; de la Ley Nº17.344, que autoriza cambio de nombre y apellidos; de la Ley Nº16.618,
Ley de Menores; de la Ley Nº14.908, sobre abandono de familia y pago de pensiones alimenticias, y de la
Ley Nº16.271, de impuesto a las herencias, asignaciones y donaciones) se podrá solicitar la separación
judicial de bienes. Para que opere esta norma se deben cumplir con los siguientes requisitos:
a) Que un cónyuge hubiere sido condenado judicialmente a pagar una pensión alimenticia al otro
cónyuge o a los hijos comunes.
b) Que el cónyuge hubiere sido apremiado por dos veces, en la forma dispuesta en el artículo 14º
del D.F.L. Nº1. Este artículo señala: “Si decretados los alimentos por resolución que cause
ejecutoria en favor del cónyuge, de los padres, de los hijos o del adoptado, el alimentante no
hubiere cumplido su obligación en la forma pactada u ordenada o hubiere dejado de pagar una o
más de las pensiones decretadas, el tribunal que dictó resolución deberá, a petición de parte o
de oficio y sin necesidad de audiencia, imponer al deudor como medida de apremio, el arresto
nocturno entre las veintidós horas de cada día hasta las seis horas del día siguiente, hasta por
quince días. El juez podrá repetir esta medida hasta obtener el íntegro pago de la obligación.
Si el alimentante infringiere el arresto nocturno o persistiere en el incumplimiento de la obligación
alimenticia después de dos periodos de arresto nocturno, el juez podrá apremiarlo con arresto
hasta por quince días. En caso de que procedan nuevos apremios, podrá ampliar el arresto hasta
por 30 días.
Para los efectos de los incisos anteriores, el tribunal que dicte el apremio, si lo estima
estrictamente necesario, podrá facultar a la policía para allanar y descerrajar el domicilio del
demandado y ordenará que éste sea conducido directamente ante Gendarmería de Chile. La policía
deberá intimar previamente la actuación a los moradores, entregándoles una comunicación escrita
o fijándola en lugar visible del domicilio. Si el alimentante no es habido en el domicilio que consta
en el proceso, el juez ordenará a la fuerza pública investigar su paradero y adoptará todas las
medidas necesarias para hacer efectivo el apremio. En todo caso, la policía podrá arrestar al
demandado en cualquier lugar en que éste se encuentre.
En caso de que fuere necesario decretar dos o más apremios por la falta de pago de unas mismas
cuotas, las pensiones alimenticias atrasadas devengarán el interés corriente entre la fecha de
vencimiento de la respectiva cuota y la del pago efectivo.
En las situaciones contempladas en este artículo, el juez dictará también orden de arraigo en
contra del alimentante, la que permanecerá vigente hasta que se efectúe el pago de lo adeudado.
Para estos efectos, las órdenes de apremio y de arraigo expresarán el monto de la deuda, y podrá
recibir válidamente el pago la unidad policial que les dé cumplimiento, debiendo entregar
comprobante al deudor. Esta disposición se aplicará asimismo en el caso del arraigo a que se
refiere el artículo 10.
Si el alimentante justificare ante el tribunal que carece de los medios necesarios para el pago de
su obligación alimenticia, podrá suspenderse el apremio y el arraigo, y no tendrá aplicación lo
dispuesto en el inciso cuarto. Igual decisión podrá adoptar el tribunal, de oficio, a petición de parte
o de Gendarmería de Chile, en caso de enfermedad, invalidez, embarazo y puerperio que tengan
lugar entre las seis semanas antes del parto y doce semanas después de él, o de circunstancias
extraordinarias que impidieren el cumplimiento del apremio o lo transformaren en
extremadamente grave”.
3.- Insolvencia del marido, de acuerdo a los establecido en el artículo 155º inciso 1, primera parte,
del C.C., que dice: “El juez decretará la separación de bienes en el caso de insolvencia...”. La jurisprudencia
ha establecido que para decretar la separación de bienes no es necesario que la insolvencia del marido
haya sido decretada por sentencia judicial. Por otra parte, la jurisprudencia ha definido que la insolvencia
se produce cuando un individuo se halla incapacitado para pagar una deuda, o cesa en el pago de sus
obligaciones por comprometer su patrimonio más allá de sus posibilidades.
En relación a esta materia, algunos autores (Claro Solar, Barros Errázuriz) creen que la sola
circunstancia de que se declare la quiebra del marido, basta para obtener la separación judicial de bienes.
Opinión contraria se encuentra en la Memoria “Separación de bienes” del Sr. Del Rio Aldunate, Santiago,
quien afirma que la quiebra sólo es un antecedente valioso para la prueba de la insolvencia. Lo que la
mujer debe probar, en forma precisa, es que el pasivo del marido es superior a su activo.
4.- Mal estado de los negocios del marido por consecuencia de especulaciones aventuradas o de una
administración errónea o descuidada, o riesgo inminente de ello. Esto en virtud de lo establecido en el
artículo 155º inciso final del C.C., que dice: “Si los negocios del marido se hallan en mal estado, por
consecuencia de especulaciones aventuradas, o de una administración errónea o descuidada o hay riesgo
inminente de ello, podrá oponerse a la separación, prestando fianza o hipotecas que aseguren
suficientemente los intereses de la mujer”. Para demandar la separación de bienes en este caso no es
necesario que los negocios del marido se hallen en mal estado, basta con que exista riesgo inminente de
ello.
De acuerdo con este artículo el marido puede oponerse a la separación, prestando fianza o
hipotecas que aseguren suficientemente los intereses de la mujer.
Según lo establecido en el artículo 157º del C.C., la confesión del marido no hace prueba del mal
estado de los negocios.
5.- Administración fraudulenta del marido. El artículo 155º inciso 1, segunda parte, del C.C., dice: “El
juez decretará la separación de bienes en el caso de insolvencia o administración fraudulenta del marido”.
Para que opere la causal el marido debe administrar fraudulentamente sus bienes propios, los de
la sociedad conyugal o los de su mujer (Somarriva Undurraga, Claro Solar, Barros Errázuriz, Del Rio
Aldunate). La administración que el marido pueda hacer en bienes de terceros (de una sociedad), no
habilita para pedir la separación judicial de bienes.
Se entiende por administración fraudulenta aquella en que el marido deliberadamente ejecuta
actos ilícitos para perjudicar a su mujer y en que se disminuye el haber de ésta por culpa grave. Basta con
comprobar la existencia de un solo acto de esta especie para que se decrete por el juez la separación de
bienes.
6.- Incumplimiento culpable del marido de las obligaciones que le imponen los artículos 131º y 134º
del Código Civil, ello según lo establecido en el artículo 155º inciso 2, primera parte, del C.C., que dice:
“También la decretará si el marido, por su culpa, no cumple con las obligaciones que le imponen los
artículos 131 y 134...”.
7.- Si el marido incurre en alguna causal de separación judicial. Ello según lo establecido en el artículo
155º inciso 2 del C.C. que dice: “También la decretará si el marido, por su culpa, no cumple con las
obligaciones que le imponen los artículos 131 y 134, o incurre en alguna causal de separación judicial,
según los términos de la Ley de Matrimonio Civil”.
8.- Separación de hecho por un año o más. Esta causal fue incorporada por la Ley Nº 19.335, y se
contiene en el artículo 155º inciso 3, del C.C., que señala: “En caso de ausencia injustificada del marido
por más de un año, la mujer podrá pedir la separación de bienes. Lo mismo ocurrirá si, sin mediar ausencia,
existe separación de hecho de los cónyuges”.
Medidas precautorias en favor de la mujer.
El artículo 156º del C.C., establece: “Demandada la separación de bienes, podrá el juez a petición
de la mujer, tomar las providencias que estime conducentes a la seguridad de los intereses de ésta,
mientras dure el juicio.
En el caso del inciso 3. del Art. anterior, podrá el juez, en cualquier tiempo, a petición de la mujer,
procediendo con conocimiento de causa, tomar iguales providencias antes de que se demande la
separación de bienes, exigiendo caución de resultas a la mujer si lo estimare conveniente”.
Efectos de la separación judicial: Para que la sentencia afecte a terceros es necesario que se inscriba al
margen de la inscripción matrimonial.
Los efectos de la sentencia son los siguientes:
1.- Produce la disolución de la sociedad conyugal (artículo 1.764º Nº 3 y 158º del C.C.) o del régimen
de separación en los gananciales (artículo 1.792º-27 Nº 5 del C.C.).
2.- La mujer administra con las mismas facultades que la mujer divorciada perpetuamente.
3.- La mujer debe concurrir a proveer a las necesidades de la familia común en proporción a sus
facultades, haciendo la regulación el juez a falta de acuerdo.
4.- Los acreedores de la mujer sólo tiene acción sobre sus bienes, no sobre los del marido, salvo:
a) Que se hubiere obligado conjunta, solidaria o subsidiariamente con su mujer.
b) Que hubiere reportado él o la familia común beneficio del acto celebrado por la mujer.
5.- Si la mujer confiere poder al marido para administrar parte alguna de sus bienes, el marido será
obligado como simple mandatario.
6.- Si la mujer es incapaz, se le debe dar un curador para la administración de sus bienes, que no
puede ser el marido.
7.- Decretada la separación de bienes esta es irrevocable.
Separación de bienes convencional: La separación de bienes convencional puede ser acordada en tres
momentos:
1.- En las capitulaciones matrimoniales que se celebran antes del matrimonio, pudiendo ser en tal
caso total o parcial. El artículo 1.720º inciso 1 del C.C., señala: “En las capitulaciones matrimoniales se
podrá estipular la separación total o parcial de bienes. En el primer caso se seguirán las reglas dadas en
los artículos 158, inciso 2., 159, 160, 161, 162 y 163 de este Código; y en el segundo se estará a lo
dispuesto en el artículo 167”.
2.- En las capitulaciones matrimoniales celebradas en el acto del matrimonio, en que sólo se puede
establecer separación total de bienes. Al respecto el artículo 1.715º inciso 2 del C.C., señala: “En las
capitulaciones matrimoniales que se celebren en el acto del matrimonio, sólo podrá pactarse separación
total de bienes o régimen de participación en los gananciales”.
3.- Durante el matrimonio, los cónyuges mayores de edad, que se encontraren casados en régimen
de sociedad conyugal o de separación parcial de bienes, o en régimen de participación en los gananciales,
pueden convenir la separación total de bienes. Así lo establece el artículo 1.723º del C.C., que dice:
“Durante el matrimonio los cónyuges mayores de edad podrán substituir el régimen de sociedad de bienes
por el de participación en los gananciales o por el de separación total. También podrán substituir la
separación total por el régimen de participación en los gananciales”.
Con relación a la separación total de bienes convenida durante el matrimonio en necesario señalar
que el pacto es solemne y que la solemnidad es doble. En primer lugar, debe constar por escritura pública
y, segundo, dicha escritura debe subinscribirse al margen de la respectiva inscripción matrimonial. La
subinscripción debe hacerse dentro de los 30 días siguientes a la fecha de la escritura pública en que se
convenga la separación total de bienes.
La omisión de las solemnidades produce la nulidad absoluta del pacto, ello de acuerdo a lo
establecido en el artículo 1.723º inciso 2 del C.C., que señala: “El pacto que los cónyuges celebren en
conformidad a este artículo deberá otorgarse por escritura pública y no surtirá efectos entre las partes ni
respecto de terceros, sino desde que esa escritura se subinscriba al margen de la respectiva inscripción
matrimonial. Esta subinscripción sólo podrá practicarse dentro de los treinta días siguientes a la fecha de
la escritura. El pacto que en ella conste no perjudicará, en caso alguno, los derechos válidamente
adquiridos por terceros respecto del marido o de la mujer y, una vez celebrado, no podrá dejarse sin efecto
por el mutuo consentimiento de los cónyuges”.
Efectos de la separación convencional de bienes: Son los mismos efectos estudiados en la separación
judicial de bienes, salvo que en este caso, el marido puede ser designado curador de su mujer incapaz,
pues así lo establece el artículo 503º del C.C., que establece: “El marido y la mujer no podrán ser curadores
del otro cónyuge si están totalmente separados de bienes.
Con todo, esta inhabilidad no regirá en el caso del Art. 135, en el de separación convencional ni
en el evento de haber entre los cónyuges régimen de participación en los gananciales, en todos los cuales
podrá el juez, oyendo a los parientes, deferir la guarda al marido o a la mujer”.
Antes de la entrada en vigencia de la Ley Nº 19.335, en Chile sólo existían dos regímenes
matrimoniales: sociedad conyugal y separación de bienes. Esta ley incorporó una tercera posibilidad
denominada “régimen de participación en los gananciales”.
En general podemos señalar que el régimen de participación en los gananciales constituye una
fórmula ecléctica entre sociedad conyugal y el de separación de bienes, que concilia dos aspectos
fundamentales del matrimonio, la comunidad de intereses que implica la vida matrimonial con el respeto a
la personalidad individual de cada cónyuge.
La Ley Nº 19.335 optó por la variante crediticia, esto es, que tanto durante la vigencia como a la
expiración del régimen, los patrimonios de ambos cónyuges (o del cónyuge sobreviviente y los herederos
del difunto) permanezcan separados. Luego, a su extinción, no se genera un estado de comunidad, sino
sólo se otorga al cónyuge que obtuvo gananciales por menor valor, un crédito en contra del que obtuvo
más, con el objeto de que, a la postre, los dos logren la misma suma. Así lo establece el artículo 1.792º-
19 inciso 3 del C.C., que señala: “Si ambos cónyuges hubiesen obtenido gananciales, éstos se
compensarán hasta la concurrencia de los de menor valor y aquel que hubiere obtenido menores
gananciales tendrá derecho a que el otro le pague, a título de participación, la mitad del excedente”.
Características del sistema chileno:
1.- Es un régimen alternativo a los de sociedad conyugal y separación de bienes.
2.- Es convencional, pues requiere del acuerdo de voluntades de ambos cónyuges.
3.- Sigue la variante crediticia.
Problema: Si los cónyuges se casaron bajo el régimen de sociedad conyugal y posteriormente hicieron
separación de bienes ¿Podrán sustituir el régimen de separación de bienes por el de participación en los
gananciales? Al respecto se han planteado dos soluciones, a saber:
1.- Don Hernán Corral Talciani, en su obra: “Bienes Familiares y Participación en los Gananciales”,
señala que no es posible en virtud de lo establecido en el artículo 1.723º inciso 2 del C.C. que prescribe
que este pacto “no podrá dejarse sin efecto por el mutuo consentimiento de los cónyuges”. Corrobora esta
tesis el principio de inmutabilidad del régimen matrimonial consagrado en el artículo 1.716º inciso final del
C.C., que dice: “Celebrado el matrimonio, las capitulaciones no podrán alterarse, aun con el consentimiento
de todas las personas que intervinieron en ellas, sino en el caso establecido en el inciso 1. del artículo
1723”.
2.- Don Rene Ramos P., al respecto señala, que es posibles que aquellos cónyuges que se casaron
bajo en régimen de sociedad conyugal y que posteriormente los sustituyeron por el de separación de
bienes, pacten participación en los gananciales. Los fundamentos para ello son los siguientes:
a) La frase final del inciso 2 del artículo 1.723º del C.C.: “no podrá dejarse sin efecto por el mutuo
consentimiento de los cónyuges”, estaba con anterioridad a las modificaciones introducidas por
Ley Nº 19.335, significando con ello, que si los cónyuges habían sustituido la sociedad conyugal
por el régimen de separación de bienes, les estaba vedado volver al régimen de sociedad
conyugal.
b) El caso que nos ocupa es distinto: los cónyuges se casaron bajo el régimen de sociedad conyugal,
e hicieron uso del artículo 1.723º del C.C., y sustituyen ese régimen por el de separación de
bienes. Ahora desean pasar al régimen de participación a los gananciales.
c) No se trata en la especie de dejar si efecto el pacto anterior volviendo a la sociedad conyugal,
sino de celebrar un nuevo pacto en conformidad al artículo 1.723º del C.C. para reemplazar el
régimen de separación de bienes por el de participación en los gananciales. Y esta situación no
está prohibida por la ley.
d) La interpretación antes señalada tiene la ventaja de hacer accesible al nuevo régimen de
participación en los gananciales a los actuales matrimonios que hoy se encuentran casados bajo
el régimen de separación total de bienes como consecuencia de haber optado por él luego de
haberse casado en sociedad de bienes.
Cónyuges casados en el extranjero: Los cónyuges casados en el extranjero pueden optar al régimen de
participación en los gananciales al momento de inscribir su matrimonio en Chile. Así lo establece el artículo
135º inciso 2 del C.C., al señalar: “Los que se hayan casado en país extranjero se mirarán en Chile como
separados de bienes, a menos que inscriban su matrimonio en el Registro de la Primera Sección de la
Comuna de Santiago, y pacten en ese acto sociedad conyugal o régimen de participación en los
gananciales, dejándose constancia de ello en dicha inscripción”.
Funcionamiento del régimen de participación en los gananciales: El funcionamiento del sistema puede ser
estudiado en dos momentos: a) durante la vigencia del régimen; o b) a la extinción del régimen.
a) Funcionamiento durante la vigencia del régimen: Durante la vigencia del régimen, cada cónyuge
es dueño de sus bienes, que administra con libertad, sujeto, empero, a las siguientes limitaciones:
1.- El artículo 1.792º - 3 del C.C., establece: “Ninguno de los cónyuges podrá otorgar cauciones
personales a obligaciones de terceros sin el consentimiento del otro cónyuge. Dicha autorización se
sujetará a lo establecido en los artículos 42, inciso segundo, y 144, del Código Civil”.
2.- Si un bien es declarado “bien familiar”, el cónyuge propietario no podrá enajenarlos no gravarlo
voluntariamente ni prometer gravarlos o enajenarlo, sin la autorización del otro cónyuge, o del juez si aquél
la niega o se encuentra imposibilitado de darla. Si se incumple la limitación el acto adolecerá de nulidad
relativa.
b) Funcionamiento a la extinción del régimen: Para estudiar esta materia es necesario precisar los
siguientes conceptos.
1.- Gananciales: Según lo establecido en el artículo 1.792º - 6 del C.C., los gananciales son: “...la
diferencia de valor neto entre el patrimonio originario y el patrimonio final de cada cónyuge”. Para calcular
los gananciales es necesario realizar una operación contable que indique la diferencia entre el patrimonio
originario y el patrimonio final.
2.- Patrimonio originario: El artículo 1.792º - 6 inciso 2 del C.C., señala: “Se entiende por patrimonio
originario de cada cónyuge el existente al momento de optar por el régimen que establece este Título...”.
Se determina aplicando las reglas de los artículos 1.792º-7 y siguientes del C.C. Ello significa que se
procede del modo siguiente:
2.1 Se deducen del activo de los bienes que el cónyuge tiene al inicio del régimen, las obligaciones
de que sea deudor en esa misma fecha. El artículo 1.792º - 7 inciso 1 parte final, del C.C., al
respecto señala: “Si el valor de las obligaciones excede al valor de los bienes, el patrimonio
originario se estimará carente de valor”.
2.2 Se agregan al patrimonio originario las adquisiciones a título gratuito efectuadas durante la
vigencia del régimen, deducidas las cargas con que estuvieren gravadas.
2.3 Se agregan al patrimonio originario las adquisiciones a título oneroso hechas durante la vigencia
del régimen, si la causa o el título de la adquisición es anterior al inicio del régimen. Así lo establece
el artículo 1.792º - 8 del C.C., que dice: “Los bienes adquiridos durante la vigencia del régimen
de participación en los gananciales se agregarán al activo del patrimonio originario, aunque lo
hayan sido a título oneroso, cuando la causa o título de la adquisición sea anterior al inicio del
régimen de bienes.
Por consiguiente, y sin que la enumeración siguiente sea taxativa, se agregarán al activo
del patrimonio originario:
1) Los bienes que uno de los cónyuges poseía antes del régimen de bienes, aunque la
prescripción o transacción con que los haya hecho suyos haya operado o se haya convenido
durante la vigencia del régimen de bienes.
2) Los bienes que se poseían antes del régimen de bienes por un título vicioso, siempre que el
vicio se haya purgado durante la vigencia del régimen de bienes por la ratificación o por otro
medio legal.
3) Los bienes que vuelven a uno de los cónyuges por la nulidad o resolución de un contrato, o
por haberse revocado una donación.
4) Los bienes litigiosos, cuya posesión pacífica haya adquirido cualquiera de los cónyuges durante
la vigencia del régimen.
5) El derecho de usufructo que se haya consolidado con la nuda propiedad que pertenece al
mismo cónyuge.
6) Lo que se paga a cualquiera de los cónyuges por capitales de créditos constituidos antes de
la vigencia del régimen. Lo mismo se aplicará a los intereses devengados antes y pagados
después.
7) La proporción del precio pagado con anterioridad al inicio del régimen, por los bienes
adquiridos de resultas de contratos de promesa”.
No integran el patrimonio originario: Los frutos que provengan de los bienes originarios, las minas
denunciadas por uno de los cónyuges ni las donaciones remuneratorias por servicios que hubieren dado
acción contra la persona servida. Así lo establece el artículo 1.792º - 9 del C.C., al señalar: “Los frutos,
incluso los que provengan de bienes originarios, no se incorporarán al patrimonio originario. Tampoco las
minas denunciadas por uno de los cónyuges, ni las donaciones remuneratorias por servicios que hubieren
dado acción contra la persona servida”.
El artículo 1.792º-9 del C.C., señala que los frutos y minas denunciadas o donaciones
remuneratorias integran los gananciales, contribuyendo a aumentar el valor del crédito de participación a
favor del otro cónyuge. Esto es así, porque al no integrar el patrimonio originario, éste se ve disminuido,
por lo que la diferencias con el patrimonio final es más amplia, y los gananciales quedan determinados por
esta diferencia.
Adquisiciones hechas en común por ambos cónyuges: Situación reglamentada en el artículo 1.792º - 10
del C.C., que establece: “Los cónyuges son comuneros, según las reglas generales, de los bienes
adquiridos en conjunto, a título oneroso. Si la adquisición ha sido a título gratuito por ambos cónyuges, los
derechos se agregarán a los respectivos patrimonios originarios, en la proporción que establezca el título
respectivo, o en partes iguales, si el título nada dijere al respecto”.
Obligación de practicar inventario: El artículo 1.792º - 11 del C.C., señala: “Los cónyuges o esposos, al
momento de pactar este régimen, deberán efectuar un inventario simple de los bienes que componen el
patrimonio originario.
A falta de inventario, el patrimonio originario puede probarse mediante otros instrumentos, tales
como registros, facturas o títulos de crédito.
Con todo, serán admitidos otros medios de prueba si se demuestra que, atendidas las
circunstancias, el esposo o cónyuge no estuvo en situación de procurarse un instrumento”. De esta forma
se puede señalar que existen tres formas de probar. En primer lugar, el inventario; a falta de inventario,
se aceptan otros instrumentos; y finalmente, si se acredita que, atendidas las circunstancias, el esposo o
cónyuge no estuvo es situación se procurarse un instrumento, se admite que pueda probar por cualquier
otro medio, pues la ley no establece ninguna limitación al respecto.
Valorización del activo originario: Dentro de la valorización interesa destacar dos aspectos: a) forma en
como se valorizan los bienes; y b) quien practica la valorización. Al respecto el articulo 1.792º - 13 inciso
1 y 2 del C.C., señalan: “Los bienes que componen el activo originario se valoran según su estado al
momento de la entrada en vigencia del régimen de bienes o de su adquisición. Por consiguiente, su precio
al momento de incorporación al patrimonio originario será prudencialmente actualizado a la fecha de la
terminación del régimen.
La valoración podrá ser hecha por los cónyuges o por un tercero designado por ellos. En subsidio,
por el juez”.
3.- Patrimonio Final: De acuerdo al artículo 1.792º - 6 del C.C., se entiende por patrimonio final “...el
que exista al término de dicho régimen”. Para calcular el patrimonio final se deben practicar las siguientes
operaciones:
3.1 Deducir el valor total de los bienes de que el cónyuge sea dueño al momento de terminar el
régimen, el valor total de las obligaciones en esa misma fecha. Situación contemplada en el artículo
1.792º - 14 del C.C., que dice: “El patrimonio final resultará de deducir del valor total de los bienes
de que el cónyuge sea dueño al momento de terminar el régimen, el valor total de las obligaciones
que tenga en esa misma fecha”.
3.2 Según lo establecido en el artículo 1.792º - 15 del C.C., se deben agregar “...imaginariamente los
montos de las disminuciones de su activo que sean consecuencia de los siguientes actos,
ejecutados durante la vigencia del régimen de participación en los gananciales:
1) Donaciones irrevocables que no correspondan al cumplimiento proporcionado de deberes
morales o de usos sociales, en consideración a la persona del donatario.
2) Cualquier especie de actos fraudulentos o de dilapidación en perjuicio del otro cónyuge.
3) Pago de precios de rentas vitalicias u otros gastos que persigan asegurar una renta futura al
cónyuge que haya incurrido en ellos. Lo dispuesto en este número no regirá respecto de las rentas
vitalicias convenidas al amparo de lo establecido en el decreto ley No. 3.500, de 1980, salvo la
cotización adicional voluntaria en la cuenta de capitalización individual y los depósitos en cuentas
de ahorro voluntario, los que deberán agregarse imaginariamente conforme al inciso primero del
presente artículo.
Las agregaciones referidas serán efectuadas considerando el estado que tenían las
cosas al momento de su enajenación.
Lo dispuesto en este artículo no rige si el acto hubiese sido autorizado por el otro
cónyuge”.
Inventario valorado de los bienes que integran el patrimonio final: El artículo 1.792º - 16 del C.C., establece:
“Dentro de los tres meses siguientes al término del régimen de participación en los gananciales, cada
cónyuge estará obligado a proporcionar al otro un inventario valorado de los bienes y obligaciones que
comprenda su patrimonio final. El juez podrá ampliar este plazo por una sola vez y hasta por igual término.
El inventario simple, firmado por el cónyuge, hará prueba en favor del otro cónyuge para
determinar su patrimonio final. Con todo, éste podrá objetar el inventario, alegando que no es fidedigno.
En tal caso, podrá usar todos los medios de prueba para demostrar la composición o el valor efectivo del
patrimonio del otro cónyuge.
Cualquiera de los cónyuges podrá solicitar la facción de inventario en conformidad con las reglas
del Código de Procedimiento Civil y requerir las medidas precautorias que procedan”.
Avaluación del activo y pasivo del patrimonio final: El artículo 1.792º - 17 del C.C., establece: “Los bienes
que componen el activo final se valoran según su estado al momento de la terminación del régimen de
bienes.
Los bienes a que se refiere el artículo 1792-15 se apreciarán según el valor que hubieran tenido
al término del régimen de bienes.
La valoración de los bienes podrá ser hecha por los cónyuges o por un tercero designado por
ellos. En subsidio, por el juez.
Las reglas anteriores rigen también para la valoración del pasivo”.
Sanción al cónyuge que oculta o distrae bines o simula obligaciones: De acuerdo a los establecido en el
artículo 1.792º - 18 “Si alguno de los cónyuges, a fin de disminuir los gananciales, oculta o distrae bienes
o simula obligaciones, se sumará a su patrimonio final el doble del valor de aquéllos o de éstas”. Al
sumarse al patrimonio final el doble del valor de los bienes ocultados o distraídos o de las obligaciones
simuladas, este patrimonio final aumentará, y con ello los gananciales, lo que hará mayor el crédito de
participación a favor del otro cónyuge.
Situaciones que se siguen al existir diferencias entre el patrimonio originario y el patrimonio final: Para
determinar los gananciales se debe comparar el patrimonio original con el patrimonio final. De este cotejo,
pueden resultar distintas situaciones:
1.- Que el patrimonio final de un cónyuge fuere inferior al originario. En este caso se aplica la norma
del artículo 1.792º - 19 inciso 1 del C.C., que dice: “Si el patrimonio final de un cónyuge fuere inferior al
originario, sólo él soportará la pérdida”. La regla es justa, pues debe soportar las consecuencias de su
mala administración.
2.- Que sólo uno de los cónyuges haya obtenido gananciales. En este caso se aplica la norma del
artículo 1.792º - 19 inciso 2 del C.C., que dice: “Si sólo uno de los cónyuges ha obtenido gananciales, el
otro participará de la mitad de su valor”.
3.- Que ambos cónyuges hayan logrado gananciales. En este caso se aplica la norma del artículo
1.792º - 19 inciso 3 del C.C., que dice: “Si ambos cónyuges hubiesen obtenido gananciales, éstos se
compensarán hasta la concurrencia de los de menor valor y aquel que hubiere obtenido menores
gananciales tendrá derecho a que el otro le pague, a título de participación, la mitad del excedente”. Esta
compensación opera por el sólo ministerio de la ley.
El crédito de participación en los gananciales será sin perjuicio de otros créditos y obligaciones
entre los cónyuges. Así lo establece el inciso final del artículo 1.792º - 19 del C.C., que señala: “El crédito
de participación en los gananciales será sin perjuicio de otros créditos y obligaciones entre los cónyuges”.
Crédito de participación en los gananciales: El código no ha definido lo que se entiende por crédito de
participación en los gananciales. Para don Rene Ramos P. es “…el que la ley otorga al cónyuge que a la
expiración del régimen de participación en los gananciales a obtenido gananciales por monto inferior a los
del otro cónyuge, con el objeto de que este último le pague, en dinero efectivo, a título de participación, la
mitad de exceso”.
Prescripción de la acción para demandar el pago del crédito de participación y plazo de prescripción para
pedir la liquidación: El Código Civil no ha establecido norma alguna para la prescripción de la acción para
demandar el pago del crédito. Sin perjuicio de ello es posible aplicar en la especie los plazos de prescripción
ordinaria de los artículos 2.514º y 2.515 del Código Civil. En cuanto a la prescripción para pedir la
liquidación de los gananciales se aplica la norma del artículo 1.792º - 26 del C.C., que señala: “La acción
para pedir la liquidación de los gananciales se tramitará breve y sumariamente, prescribirá en el plazo de
cinco años contados desde la terminación del régimen y no se suspenderá entre los cónyuges. Con todo,
se suspenderá a favor de sus herederos menores”.
Bienes sobre los cuales debe hacerse efectivo el crédito: Si el cónyuge que está obligado no lo hace,
procederá el cumplimiento forzado. Y en este caso la ley establece un orden respecto de los bienes sobre
los cuales se hará efectivo el cobro. El artículo 1.792º - 24 inciso 1 del C.C., dice “El cónyuge acreedor
perseguirá el pago, primeramente, en el dinero del deudor; si éste fuere insuficiente, lo hará en los muebles
y, en subsidio, en los inmuebles”.
Si los bienes del cónyuge deudor fueren insuficientes para hacer efectivo el pago, se aplica lo
establecido en el artículo 1.792º - 24 inciso 2 del C.C., que dice: “A falta o insuficiencia de todos los bienes
señalados, podrá perseguir su crédito en los bienes donados entre vivos, sin su consentimiento, o
enajenados en fraude de sus derechos. Si persigue los bienes donados entre vivos, deberá proceder contra
los donatarios en un orden inverso al de las fechas de las donaciones, esto es, principiando por las más
recientes. Esta acción prescribirá en cuatro años contados desde la fecha del acto”.
El inciso 2 del artículo 1.792º - 24 otorga en este caso dos acciones al cónyuge perjudicado:
1.- Una acción de inoficiosa donación, que deberá dirigirse en contra de los donatarios en un orden
inverso al de sus fechas, esto es, principiando por las más recientes; y
2.- La acción pauliana, si la enajenación la efectuó el cónyuge deudor en fraude de los derechos del
cónyuge acreedor.
Extinción del régimen de participación en los gananciales: El artículo 1.792º - 27 del C.C., señala que, el
régimen de participación en los gananciales termina:
1) Por la muerte de uno de los cónyuges.
2) Por la presunción de muerte de uno de los cónyuges, según lo prevenido en el Título II, "Del
principio y fin de la existencia de las personas", del Libro Primero del Código Civil.
3) Por la declaración de nulidad del matrimonio o sentencia de divorcio.
4) Por la separación judicial de los cónyuges.
5) Por la sentencia que declare la separación de bienes.
6) Por el pacto de separación de bienes.
Esta disposición es similar al artículo 1.764º del C.C., que establece las causales de extinción de
la sociedad conyugal. Es necesario, sin embargo precisar lo siguiente:
1.- En el caso de la muerte presunta, la extinción se produce con el decreto de posesión provisoria.
Así lo establece el artículo 84º del C.C., que señala: “En virtud del decreto de posesión provisoria, terminará
la sociedad conyugal o el régimen de participación en los gananciales, según cual hubiera habido con el
desaparecido...”. (texto modificado por Ley Nº 19.335). Obviamente que en aquellos casos en que no haya
decreto de posesión provisoria, la extinción se producirá con el decreto de posesión definitiva.
2.- En el caso de nulidad de matrimonio, sólo operará la extinción del régimen cuando el matrimonio
sea putativo, pues si es simplemente nulo, no ha existido matrimonio y por lo mismo no se genero régimen
matrimonial alguno.
3.- En el caso de separación judicial, como el matrimonio se mantiene, lo que hace necesario la
existencia de un régimen matrimonial, debe entenderse que tal régimen será la separación de bienes.
LOS BIENES FAMILIARES
La institución de los bienes familiares fue introducida al Código Civil mediante la Ley Nº 19.335,
en cuya virtud agrego un párrafo, que paso a ser el párrafo 2do del Título VI del Libro I del Código Civil.
Don Rene Ramos P., señala que “…con la institución de los bienes familiares se persigue asegurar
a la familia un hogar físico estable donde sus integrantes puedan desarrollar la vida con normalidad, aun
después de disuelto el matrimonio”. El patrimonio familiar es una fuerte garantía para el cónyuge que tenga
el cuidado de los hijos, en caso de separación de hecho o de disolución del matrimonio, y para el cónyuge
sobreviviente en el caso de la muerte.
Por otro lado la institución de los bienes familiares evita que las disputas matrimoniales concluyan
con el desarraigo de la residencia habitual de la familia y es una garantía mínima de estabilidad patrimonial
para el cónyuge más débil.
Los bienes familiares están destinados a proteger la familia matrimonial, y ello es indiscutible si se considera
que, en primer lugar, los bienes familiares están tratados dentro de las “Obligaciones y derechos de los cónyuges”;
y segundo que todas las disposiciones hacen referencia a los “cónyuges”. En consecuencia, la declaración de bienes
familiares presupone la existencia del matrimonio. Si no hay matrimonio no puede haber bienes familiares y, por la
misma razón, disuelto el matrimonio no se podrá pedir que se declare un bien como familiar. Sin embargo, si vigente
el matrimonio se declaró un bien como familiar, el sólo hecho de que el matrimonio se extinga no produce la
desafectación de pleno derecho, sino que deberá solicitarse judicialmente. Así lo establece el artículo 145º inciso
final del C.C., que señala: “Igual regla se aplicará si el matrimonio se ha declarado nulo o ha terminado por muerte
de alguno de los cónyuges. En tales casos, el propietario del bien familiar o cualquiera de sus causahabientes deberá
formular al juez la petición correspondiente”.
Por último, es necesario señalar que nuestros tribunales han resuelto que por ser – los bienes
familiares – una institución destinada a la protección de la familia no procede declarar bien familiar la
vivienda en que sólo vive la cónyuge demandante, sin los hijos7.
7
Rev. Der. Y Jur., T. 95, sec.2ª, pág. 26.
la guarnecen, podrán ser declarados bienes familiares y se regirán por las normas de este párrafo,
cualquiera sea el régimen de bienes del matrimonio”.
Características de los bienes familiares.
1.- Constituyen normas de orden público: Si bien es cierto no existe norma alguna en el párrafo 2do,
Título VI, Libro I del Código Civil que de manera expresa diga que estas normas son de orden público, sin
embargo, ello se deduce fácilmente. Los fundamentos son los siguientes:
Los bienes familiares fueron incorporados en nuestra legislación con un claro propósito de
protección a la familia, objeto que sería imposible de alcanzar si los cónyuges pudieran tomar acuerdos
para modificar o derogar las normas que lo configuran.
El artículo 149º del C.C., señala: “Es nula cualquiera estipulación que contravenga las
disposiciones de este párrafo”. Si bien esta redacción no es la mejor, permite deducir que se trata de
disposiciones de orden público y su contravención se sanciona con la nulidad absoluta. De acuerdo a esta
norma no pueden los cónyuges celebrar ningún tipo de convenio que signifique una modificación o
derogación de las disposiciones relativas a los bienes familiares, pues ello está prohibido. Así de
conformidad al artículo 1.466 del C.C., tales convenciones adolecerían de objeto ilícito, y corresponde por
tanto aplicar la nulidad absoluta.
2.- Aseguran el cumplimiento de las cargas de familia: Los artículos 131º y 134º del Código Civil
establecen lo que normalmente se denomina cargas de familia. Por su parte el artículo 1.740º Nº 5 del
C.C., dice: “La sociedad es obligada al pago: 5. Del mantenimiento de los cónyuges; del mantenimiento,
educación y establecimiento de los descendientes comunes; y de toda otra carga de familia.
Se mirarán como carga de familia los alimentos que uno de los cónyuges esté por ley obligado a
dar a sus descendientes o ascendientes, aunque no lo sean de ambos cónyuges; pero podrá el juez
moderar este gasto si le pareciere excesivo, imputando el exceso al haber del cónyuge”.
De las normas anteriores se concluye que el mantenimiento de los cónyuges y descendientes
comunes constituye una carga de familia.
En consecuencia, se puede afirmar que los cónyuges tienen la obligación de proveer las
necesidades de la familia, lo que implica que pesa sobre la pareja el deber de mantener al marido o la
mujer y a los descendientes comunes. Entonces cabe preguntarse ¿cuál es el contenido del concepto
mantenimiento? Al respecto no existe duda que se mantiene a la familia cuando, entre otras cosas, se
satisface su necesidad de habitación.
3.- Tiene aplicación en todos los regímenes matrimoniales: El artículo 141º inciso 1 del C.C., señala:
“El inmueble de propiedad de cualquiera de los cónyuges que sirva de residencia principal de la familia, y
los muebles que la guarnecen, podrán ser declarados bienes familiares y se regirán por las normas de
este párrafo, cualquiera sea el régimen de bienes del matrimonio”.
Bienes que pueden ser declarados familiares
De acuerdo a lo dispuesto en los artículos 141º y 146º del C.C., la declaración de bien familiar
puede recaer únicamente sobre los siguientes bienes:
1.- El inmueble de propiedad de uno o de ambos cónyuges que sirve de residencia principal a la
familia: Ello de acuerdo a lo establecido en el artículo 141º del C.C., que dice: “El inmueble de propiedad
de cualquiera de los cónyuges que sirva de residencia principal de la familia...”. El inmueble puede ser
propio de un cónyuge, de ambos, social o reservado de la mujer. El artículo 141º del C.C., habla de “El
inmueble”, por tanto de bebe tratarse de un inmueble.
2.- Los bienes muebles que guarnecen el hogar: El artículo 141º del C.C., señala: “El inmueble de
propiedad de cualquiera de los cónyuges que sirva de residencia principal de la familia, y los muebles que
la guarnecen...”. En general la doctrina entiende que estos bienes son los señalados en el artículo 574º
del C.C., que forman el ajuar de una casa.
Don Hernán Corral T, al respecto señala: “…no obstante la pertinencia de la invocación del
artículo 574 del C.C., es bastante discutible, ya que se trata de una norma de carácter instrumental y no
de fondo... en la legislación extranjera existe también una cierta amplitud en el concepto de bienes muebles
del ajuar familiar, y la aplicación jurisprudencial y doctrinal tiende a ser extensiva, incluyéndose incluso los
vehículos que se encuentran al servicio de la familia”.
Gian Franco Rosso E. entiende que “…en definitiva los objetos comprendidos en el concepto de
muebles que guarnecen el hogar son aquellos que frecuentemente o en forma ordinaria encontramos en
un hogar chileno, en conformidad a la situación socioeconómica de la familia”, y agrega que “en este
sentido preferimos la expresión del artículo 1320 del Código Civil español, que habla de muebles de uso
ordinario de la familia. Pero es imposible establecer una lista completa de objetos que lo integran. Hay
muebles que pueden ser de uso frecuente sólo en un estado social y no en otro”8
3.- Los derechos o acciones que los cónyuges tengan en sociedades propietarias del inmueble que
sea residencia principal de la familia. Situación establecida en el artículo 146º inciso 1 del C.C., que dice:
“Lo previsto en este párrafo se aplica a los derechos o acciones que los cónyuges tengan en sociedades
propietarias de un inmueble que sea residencia principal de la familia”.
Requisitos:
3.1 Que la familia tenga su residencia principal en un inmueble o en parte de un inmueble que sea
propiedad de la sociedad.
8
Régimen jurídico de los bienes familiares, pág. 104, Metropolitana Ediciones, Santiago, 1998.
3.2 Que uno o ambos cónyuges tengan acciones o derechos es esa sociedad.
Forma de constituir un bien como familiar: En cuanto a la constitución de un bien en familiar es necesario
distinguir las siguientes situaciones:
1.- Constitución de bien familiar de un inmueble de propiedad de uno de los cónyuges: El artículo
141º inciso 2 del C.C., señala: “El juez citará a los interesados a la audiencia preparatoria. Si no se dedujese
oposición, el juez resolverá en la misma audiencia. En caso contrario, o si el juez considerase que faltan
antecedentes para resolver, citará a la audiencia de juicio”. Es del caso señalar, que la acción para
demandar la constitución de un bien familiar la tiene el cónyuge no propietario, exclusivamente.
Constitución provisoria: Si bien la declaración de bien familiar la hace la justicia, el artículo 141º inciso 3
del C.C., dispone: “Con todo, la sola presentación de la demanda transformará provisoriamente en familiar
el bien de que se trate. En su primera resolución el juez dispondrá que se anote al margen de la inscripción
respectiva la precedente circunstancia. El Conservador practicará la subinscripción con el solo mérito del
decreto que, de oficio, le notificará el tribunal”.
Basta con la sola presentación de la demanda al tribunal para que provisoriamente quede
transformado el bien en familiar. Al respecto el profesor Hernán Corral T. señala: “…el artículo 141 del
Código Civil dispone, para asombro de todos quienes tienen algún grado de conocimiento jurídico, que la
sola presentación de la demanda transformará provisoriamente en familiar es bien de que se trata. Esto,
lisa y llanamente, quiere decir que con sólo dejar una demanda en el mesón del tribunal, y sin que siquiera
se haya proveído o notificado al cónyuge propietario, los bienes pasan a la categoría de familiares y –
como resultado – cualquier enajenación, gravamen, hipoteca e incluso arrendamiento o simples préstamos
de uso (comodato), son anulables si no cuenta con el consentimiento también del cónyuge no propietario
demandante” (El Mercurio del día 1º de julio de 1995 “Bienes Familiares: desconcierto legal”).
Por su parte el profesor don Carlos Peña G., afirma que la interpretación anterior es equivocada,
si bien admite que el artículo 141º del C.C. no quedo redactado adecuadamente. Su postura es que la
inscripción en el Conservatorio tiene por objeto justamente hacer oponible al tercero la declaración de
familiar del bien, de tal suerte que mientras tal inscripción no se practique, el tercero no se puede ver
afectado
En consecuencia, hay que entender que el artículo 141º inciso 3 del C.C. ha querido decir es que
“…para que el bien sea familiar no es necesario esperar a que exista sentencia firme, teniendo
provisoriamente tal carácter respecto del cónyuge propietario, cuando se presenta la demanda al tribunal;
y respecto de terceros, desde que se practique la correspondiente subinscripción en el Registro
Conservatorio”. (Rene Ramos P. Derecho de Familia T. 2, Pág. 361).
2.- Constitución de bien familiar de los bienes muebles que guarnecen el hogar: La ley no se ha
puesto en el caso de que la declaración de familiar de un bien recaiga exclusivamente sobre los bienes
muebles que guarnecen el hogar. Parece razonable que tal declaración tendrá que hacerse de conformidad
al artículo 141º inciso 2 del C.C.
Atendida la naturaleza de los bienes muebles no procede hacer inscripción de ningún tipo.
Titular de la acción para demandar la constitución de un bien como familiar: La acción sólo compete al
cónyuge no propietario. Los hijos no son titulares de la acción. Así lo dispone el artículo 141º inciso final
del C.C., que señala: “El cónyuge que actuare fraudulentamente para obtener la declaración a que refiere
este artículo, deberá indemnizar los perjuicios causados, sin perjuicio de la sanción penal que pudiere
corresponder”. El artículo 142º inciso primero, primera parte del C.C., agrega: “No se podrán enajenar o
gravar voluntariamente, ni prometer gravar o enajenar, los bienes familiares, sino con la autorización del
cónyuge no propietario”.
3.- Constitución como bien familiar de las acciones o derechos del cónyuge en la sociedad propietaria
del bien raíz en que tiene la residencia principal la familia: El artículo 146º inciso 3 del C.C., señala: “La
afectación de derechos se hará por declaración de cualquiera de los cónyuges contenida en escritura
pública. En el caso de una sociedad de personas, deberá anotarse al margen de la inscripción social
respectiva, si la hubiere. Tratándose de sociedades anónimas, se inscribirá en el registro de accionistas”.
En este caso la declaración debe ser solemne.
Efectos de la declaración de bien familiar: La declaración de bien familiar limita la facultad de disposición
de su propietario, ya que no lo podrá enajenar o gravar ni prometer enajenar o gravar, ni ceder la tenencia,
sin la autorización de su cónyuge. Así lo establece el artículo 142º inciso 1 del C.C., que señala: “No se
podrán enajenar o gravar voluntariamente, ni prometer gravar o enajenar, los bienes familiares, sino con
la autorización del cónyuge no propietario. La misma limitación regirá para la celebración de contratos de
arrendamiento, comodato o cualesquiera otros que concedan derechos personales de uso o de goce sobre
algún bien familiar”. Igual cosa ocurre con la declaración de bien familiar de las acciones y derechos del
cónyuge en la sociedad propietaria del bien raíz en que tiene residencia principal la familia. Así esta
establecido en el artículo 146º inciso 2 del C.C., que dice: “Producida la afectación de derechos o acciones,
se requerirá asimismo la voluntad de ambos cónyuges para realizar cualquier acto como socio o accionista
de la sociedad respectiva, que tenga relación con el bien familiar”.
Otorga también, al cónyuge en cuyo favor se hace la declaración, un beneficio de excusión con el
objeto de que si es embargado por un tercero pueda exigir que antes de proceder en contra de bien
familiar se persiga el crédito en otros bienes del deudor. Es importante señalar que la declaración de bien
familiar de un bien no lo transforma en inembargable, por lo que no se causa perjuicio a terceros.
Forma como el cónyuge no propietario presta su autorización: El artículo 142º inciso 2 del C.C., señala:
“La autorización a que se refiere este artículo deberá ser específica y otorgada por escrito, o por escritura
pública si el acto exigiere esta solemnidad, o interviniendo expresa y directamente de cualquier modo en
el mismo. Podrá prestarse en todo caso por medio de mandato especial que conste por escrito o por
escritura pública según el caso”.
Autorización judicial subsidiaria: El artículo 144º del C.C., establece: “En los casos del artículo 142, la
voluntad del cónyuge no propietario de un bien familiar podrá ser suplida por el juez en caso de
imposibilidad o negativa que no se funde en el interés de la familia. El juez resolverá previa audiencia a la
que será citado el cónyuge, en caso de negativa de éste”.
Sanción para el caso de que se realicen estos actos sin la autorización del cónyuge no propietario: La
sanción es la nulidad relativa, correspondiendo la acción rescisoria al cónyuge no propietario.
Derechos de usufructo, uso o habitación constituidos judicialmente sobre un bien familiar: El artículo 147º
inciso 1 del C.C., establece: “Durante el matrimonio o después de la declaración de su nulidad, el juez
podrá constituir, prudencialmente, a favor del cónyuge no propietario, derechos de usufructo, uso o
habitación sobre los bienes familiares. En la constitución de esos derechos y en la fijación del plazo que
les pone término, el juez tomará especialmente en cuenta el interés de los hijos, cuando los haya, y las
fuerzas patrimoniales de los cónyuges. El tribunal podrá, en estos casos, fijar otras obligaciones o
modalidades si así pareciere equitativo”. En relación a la constitución de estos gravámenes, es importante
tener en cuenta los siguientes aspectos:
1.- Que el título de estos derechos reales lo constituye la resolución judicial. Así lo establece el
artículo 147º inciso 2 del C.C., que señala: “La declaración judicial a que se refiere el inciso anterior servirá
como título para todos los efectos legales”. La sentencia deberá inscribirse en el Registro de Hipotecas y
Gravámenes.
2.- Los gravámenes pueden constituirse después de declarada la nulidad del matrimonio, lo que tiene
mucha importancia, pues es justamente en tal situación cuando sobrevienen las disputas entre los ex
cónyuges.
3.- Que la sentencia judicial que constituya estos derechos debe determinar el plazo de término.
4.- Que la sentencia judicial puede establecer otras obligaciones y modalidades si así pereciere
equitativo. A modo de ejemplo, se puede establecer que el cónyuge beneficiario pague una renta al cónyuge
propietario o a sus herederos.
5.- Que estos gravámenes no podrán afectar los derechos de los acreedores que el cónyuge
propietario tenia a la fecha de su constitución.
Desafectación de un bien familiar: El artículo 145º del C.C., establece: “Los cónyuges, de común acuerdo,
podrán desafectar un bien familiar. Si la declaración se refiere a un inmueble, deberá constar en escritura
pública anotada al margen de la inscripción respectiva.
El cónyuge propietario podrá pedir al juez la desafectación de un bien familiar, fundado en que
no está actualmente destinado a los fines que indica el Art. 141, lo que deberá probar. En este caso, el
juez procederá en la forma establecida en el inciso segundo del Art. 141.
Igual regla se aplicará si el matrimonio se ha declarado nulo o ha terminado por muerte de alguno
de los cónyuges o por divorcio. En tales casos, el propietario del bien familiar o cualquiera de sus
causahabientes deberá formular al juez la petición correspondiente”. Este artículo establece tres formas
de desafectación:
1.- Por acuerdo de los cónyuges, caso en el que cuando se refiere a un inmueble debe constar por
escritura pública que debe anotarse al margen de la inscripción respectiva.
De la misma forma se desafectan las acciones y derechos en sociedades propietarias de inmuebles
donde tiene residencia principal la familia.
2.- Por resolución judicial, recaída en juicio seguido por el cónyuge propietario en contra del no
propietario, fundado en que el bien no está destinado a los fines que indica el artículo 141º del C.C., esto
es, que no sirve de residencia principal a la familia si se trata de un inmueble, o, tratándose de muebles,
que no guarnecen el hogar común. Esta petición se tramita en juicio sumario.
3.- Por resolución judicial cuando el matrimonio ha sido declarado nulo o ha terminado por la muerte
de alguno de los cónyuges o divorcio.
Además de los casos contemplados en el artículo 145º del C.C., se puede agregar la enajenación
voluntaria o forzada del bien familiar (venta en subasta pública decretada en juicio ejecutivo).









