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MUJERES CIGARRERAS E IDENTIDAD PIEDECUESTANA

Historia económica y social del tabaco, los cigarros y las cigarreras como Patrimonio Cultural Inmaterial del Municipio de Piedecuesta, Santander, Colombia

Por: Luís Rubén Pérez Pinzón

Municipio de Piedecuesta, Alcaldía de Piedecuesta Secretaría de Desarrollo Social, Dirección de Cultura Julio de 2011

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Mujeres Cigarreras e Identidad Piedecuestana

Luís Rubén Pérez Pinzón

“…Trabajar uno en tabaco no es ningún delito. Que le digan a uno: “chicotera”, ¡De malas!. Sí, porque uno lo que trabaja es para uno, no le van a dar a uno nada, ni uno les va a dar nada. Entonces por qué a uno le va a dar pena trabajar en el oficio que a uno le gusta. A mí me gustaba mucho el oficio de los tabacos…”.
(Nelly Carrillo Delgado. Cigarrera del barrio San Antonio, retirada en 1991)

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CONTENIDO Página INTRODUCCIÓN Los Parroquianos Los Indígenas Los Factores Los Tabacaleros Descripciones sobre la elaboración de los cigarros Orígenes de la ética empresarial de las cigarreras Los Industriales Representaciones literarias Las Cigarreras Identidad profesional Identidad patronal Identidad productiva Identidad prospectiva HISTORIAS DE VIDA de las mujeres cigarreras declarables Patrimonio Cultural Inmaterial del Municipio de Piedecuesta. Justa Gualdrón Mercedes Urrea Nelly Carrillo Margot Martínez Amanda Vargas Viuda de Carrillo Rocío Caballero Martha Santos Gloria Acevedo Martha Reyes Martha Yolanda Niño Carreño FUENTES HISTÓRICAS Citadas 6 8 16 20 33 41 48 55 71 80 82 88 91 99 119 119 121 123 125 127 130 131 132 134 136 157

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APENDICES Proceso de elaboración de los cigarros finos hechos a mano en Piedecuesta Tecnolecto de las mujeres cigarreras de Piedecuesta Divulgación de los cigarros premium de Piedecuesta por sus clientes extranjeros. Caso Cigarros Chicamocha Catación de los cigarros premium de Piedecuesta por sus clientes extranjeros. Caso Cigarros Chicamocha Mujeres cigarreras que por su fomento a la identidad económica, social y cultural merecen ser declaradas como Patrimonio Cultural Inmaterial de Piedecuesta Ubicación espacial de las cigarreras declarables Patrimonio Cultural Inmaterial de Piedecuesta Glosario del léxico [y tecnolecto] de las mujeres cigarreras de Piedecuesta 46 78 97 100

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ANEXO: PIRS DE LAS MUJERES CIGARRERAS DE PIEDECUESTA

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“Las mujeres [de Piedecuesta] calzan alpargata o zapato, y visten camisa prensada y adornada con farfalás, amplias enaguas de zaraza, un pañuelo abierto anudado por las dos puntas a la garganta y el resto flotante sobre la espalda o el lado izquierdo, y el cabello recogido en trenzas bajo un sombrero de paja cuyas dimensiones y figura varían según la coquetería de la portadora; son, por lo general, de aspecto gentil y despejado, blancas algunas y la mayor parte mestizas de indio y africano, grandes fumadoras desde la infancia, en lo que, si es posible, les ganan a los hombres, de genio independiente y alegre, y naturalmente filántropas como lo requiere el clima”. (Manuel ANCÍZAR, 1851. Peregrinación de Alpha)
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INTRODUCCIÓN “Mujeres cigarreras e identidad piedecuestana” surgió como una investigación etnohistórica concebida y promovida por la Secretaría de Desarrollo Social de Piedecuesta a través de su Dirección de Cultura con el propósito de cumplir una de las metas del Plan de Desarrollo Municipal “Piedecuesta Incluyente” del alcalde Dr. Jorge Navas Granados (2008 – 2011) al identificar, comprender y describir cuál ha sido el papel de las mujeres trabajadoras del tabaco y su caracterización como Patrimonio Cultural Inmaterial del Municipio de Piedecuesta Para cumplir con las expectativas de la Administración Municipal se partió de la premisa, según la cual, las mujeres cigarreras son una de las representaciones intangibles de las tradiciones culturales, sociales y económicas de Piedecuesta durante los últimos dos siglos de vida republicana como de liberación comercial y manufacturera del tabaco. Con lo cual, comprender las características de su oficio y el impacto sociocultural que ha tenido la tradición productiva de la artesanía denominada “chicote” en la vida del género femenino, como en las familias de los barrios populares de la ciudad que se articulan a dicha actividad, se constituye en uno de los alcances y resultados más importantes de este estudio concebido desde la etnohistoria de las tradiciones y prácticas socioculturales. Los resultados de la investigación que se presentan en siete partes o capítulos se asocian directamente vez con metas del sector cultural propuestas para el Municipio durante la administración del Dr. Jorge Navas como fueron: “Incrementar en un 5% las investigaciones sobre el patrimonio visual, arquitectónico, memoria escrita, memoria musical y ecológica”, así como – “declarar el 66% de las expresiones vivas que por su trascendencia histórica en el municipio requieren ser declaradas como patrimonio vivo”. Específicamente, “Declarar patrimonio vivo dos expresiones artísticas y/o culturales del Municipio”: La primera expresión propuesta para ello ha sido -la Semana Santa con sus procesiones, hermandades y rituales pascuales-, la segunda se demuestra y sugiere con esta investigación que sean los -cigarros de tabaco y las mujeres cigarreras”-. Para ello, se desarrolló un estudio etnohistórico acerca de la actividad social, cultural y productiva de la mujer cigarrera del municipio de Piedecuesta a partir de estudios históricos, análisis etnográficos y reconocimientos sociales a las trabajadoras del tabaco más reconocidas o influyentes. Estudio cuyos resultados tangibles son la presentación de un estudio histórico (capítulos uno a cinco) sobre la incidencia del tabaco en la trayectoria social, cultural y económica de los piedecuestanos, así como se realizó un trabajo de campo con el fin de delimitar un inventario cultural de las fábricas y fabriquines, especialmente de las mujeres cigarreras más representativas del Municipio. Mujeres cuyos testimonios permitieron componer un estudio etnográfico final (capítulo seis) mediante el cual se describió la situación del trabajo manual y artesanal de elaboración de cigarros de tabacos durante los últimos sesenta años, a la par de componerse las historias de vida (capítulo siete) de las diez mujeres cigarreras sugeridas por las empresarias y trabajadoras del tabaco como protagonistas de la industria cigarrera, símbolos emblemáticos del gremio y ciudadanas que por sus valores y virtudes bien merecen ser identificadas, reconocidas y declaradas como Patrimonio Cultural Inmaterial de Piedecuesta. Finalmente, expresamos nuestro agradecimiento al Asesor Municipal de Cultura Henry Obregozo como al maestro Mario Gamboa por el apoyo recibido.

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LOS PARROQUIANOS La historia de Piedecuesta es la historia del tabaco. Los orígenes de Piedecuesta como sitio urbanizado por feligreses de Girón (1763) y posteriormente como Viceparroquia (1772) adjunta a la parroquia de San Juan Bautista de Girón (1773) estuvieron directamente relacionados con el cultivo, secado, comercialización y manufactura artesanal del tabaco sembrado en sus vegas y valles como consecuencia de la gradual sustitución durante el siglo XVIII de la extracción de metales preciosos del río de Oro para dar paso a la crianza de animales de ceba, el cultivo y transformación de las cañas de azúcar en mieles, dulces (panela, azúcar) y aguardientes, así como la producción de las plantas que como el tabaco eran comercializadas monopólicamente por el Estado virreinal español a través de sus factorías reales. La necesidad de contar con un templo católico y un sacerdote permanente que garantizase la salud espiritual de los gironeses residenciados en Los Santos, el Pie de la Cuesta, el Hato – Limonal, Ruitoque y Palogordo al serles imposible llegar hasta la iglesia de Girón los días de fiesta y guarda en los que las quebradas y ríos crecían súbitamente, impedían el paso y arrastraban con las vidas de quienes se atrevían a cruzarlos, motivaron a las mujeres cabeza de familia y a los patriarcas de las familias residenciados en esos sitios a solicitar a su cura párroco, y consigo a las autoridades del cabildo municipal como al gobernador de Girón a autorizar la gestión y erección de una parroquia con su respectiva cabecera urbana, previa autorización del Arzobispado de Santafé, la Real Audiencia y el Virrey de la Nueva Granada como vicepatrono de la iglesia católica y el estado español. Culminado el proceso de fundación de la parroquia al ser constituida, reconocida y financiada por el virrey don Manuel Guirior por decreto real del 17 de Octubre de 1774, durante los siguientes días, meses y años los feligreses se enfrentaron entre sí sobre quién debía ser su primer párroco. Siendo dispuesto finalmente por el Estado virreinal el nombre y autoridad del presbítero Dr. Dn. Joseph Ignacio Zabala, nombrado para tal fin desde el 31 de octubre de 1774, quien solo llegó al sitio de fundación de la parroquia en donde se había empezado a levantar el poblado trazado alrededor del templo parroquial, la plaza y la cárcel municipal a finales de diciembre de 1775 con el fin de iniciar sus labores pastorales desde enero de 1776. Siendo la causa pretérita de división y disputas entre los feligreses, la presencia del cura párroco Zabala acrecentó las divisiones entre los parroquianos durante los siguientes años. Considerando problemas asociados con la falta de agua potable, el creciente número de hormigueros y el reparto desigual de los solares para la construcción de la casas de las familias principales en el marco de la plaza, el bando zabalista decidió trasladar y reconstruir la parroquia cuatro cuadras al norte del lugar donde se había enterrado la cruz original, así como se comprometieron por medio del acta de constitución parroquial del 26 de julio de 1776 a sostener la congrua del párroco, establecer cofradías parroquiales, reconocer un síndico mayordomo de los bienes parroquiales y pagar por los servicios rituales que les fuesen prestados. Los opositores a ese bando, en su mayoría patriarcas octogenarios de la familia Mantilla, contrarios a la decisión de sus hijos y sobrinos continuaron edificando el templo parroquial y sus viviendas en el trazado original. Esa división social entre los dos bandos de feligreses,

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y consigo, entre las dos parroquias fue dirimida finalmente al llegar hasta el Pie de la Cuesta el visitador y fiscal de la Real Audiencia Francisco Antonio Moreno y Escandón quien dispuso entre el 8 y el 11 julio de 1778 que se debía abandonar la nueva parroquia erigida, se debían congregar los feligreses en el trazado original, se advirtió con enviar a la cárcel a quienes se resistieran u opusieran, así como se amonestó al cura párroco a cumplir sus deberes en pro de la armonía y paz parroquial sin alentar la división entre los feligreses bajo su cuidado espiritual. Siendo aprobadas y reafirmadas esas disposiciones por el virrey Dn. Manuel Flórez La mayor preocupación del Fiscal como del Virrey era que por causa de esas disputas parroquiales se había descuidado la fuente de rentas más valiosa para el Gobierno provincial y virreinal como era el cultivo del afamado tabaco piedecuestano y su comercialización en la factoría real establecida en la ciudad de Girón a la par del proceso de fundación de la parroquia de San Francisco Javier desde 1772. Si los feligreses de Piedecuesta y Los Santos no vivían en armonía parroquial y policía municipal era imposible que cumplieran con las metas de cultivo y cosecha a la que se habían comprometido con el Factor provincial, las demás municipalidades pedirían la concesión de siembra y cosecha que se había otorgado única y monopólicamente a los tabacaleros de Girón y Zapatoca, o en el peor de los casos, se estimularían los cultivos clandestinos y el contrabando desde otras provincias que se había pretendido acabar. Así mismo el efecto en cadena por el desabastecimiento podía generar una crisis económica al no cumplirse con las metas comerciales y fiscales del Estado a través de la factoría, el trabajo de los arrieros y comerciantes del tabaco se paralizaría, así como se causaría el desabastecimiento de los estanquillos y tiendas de las provincias que dependían del aprovisionamiento gironés. De allí que al pedir el Fiscal Moreno al Virrey Manuel Flórez (11 de julio de 1778) un escarmiento ejemplar para el cura párroco y sus partidarios manifestase puntualmente: En vista de la veleidad e inconstancia de los vecinos, y de que teniendo influjo el Cura, sería aparente cualquier reconciliación; y que tal vez me vería en la sensible necesidad de escarmentar cualquiera contravención a la providencia que yo tomare: Tuve por acuerdo más prudente omitirla y reservarla a Vuestra Excelencia, dándole; cuenta de todo, como lo ejecuto en el Expediente Original por ser materia que pide pronta resolución, en que se versa la quietud, e interés público y el adelantamiento de una población que por todas circunstancias merece comentarse, pues se compone de bastantes vecinos, y muchos de éstos distinguidos, que pierden en inútiles disputas el tiempo y caudal, que convendrá con suma en el cultivo de sus posesiones y siembra de tabaco, y que con el rigor de la pena se reduzca a concordia1. Si bien en las conciliaciones municipales, las elecciones vecinales de párroco, las constituciones parroquiales y en los procesos judiciales (1774 a 1775) figuran los nombres de los vecinos principales, en su mayoría cultivadores o comerciantes de tabaco que estaban en disputa, es importante resaltar que tanto en el proceso de solicitud, erección como edificación de la parroquia (1772 a 1774) también fueron importantes las mujeres piedecuestanas que desde sus haciendas o casas urbanas estaban dedicadas al cultivo, cosecha o aliñado del tabaco. De allí que en los padrones de población sean reconocidos y

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señalados los nombres de viudas, solteras y madresolteras. Entre las ciento cincuenta y ocho familias registradas en los padrones de vecinos de Girón residentes en esa sitio y viceparroquia durante 1773 se encontraban las familias representadas por nombres de mujeres como fueron: a) Vecindario de blancos [del Valle de Piedecuesta y Río Frío del Oro]: 6. Doña Juana Teresa Mantilla y García, viuda, ocho hijos y seis esclavos; 19. Doña Rosa Becerra, viuda, cinco hijos, nueve esclavos y tres sobrinos; 22. Doña Margarita [Gutiérrez] Calderón, viuda, seis hijos y diecisiete esclavos; 29. Doña María Mantilla, viuda, dos hijos y cuatro esclavos; 32. Doña María Rey, viuda, cinco hijos, dos esclavos y un sirviente; 39. Doña Margarita Arenas y una hija b) Vecindario de la quebrada de Los Santos: [Ninguna] c) Vecindario [blanco] de Palogordo: 47. Doña Petronila Forero, viuda, doce hijos y tres esclavos; 53. Doña Eusebia Francisca Macías, su hija y dos esclavos d) Vecindario mestizo y pardo [de los tres sitios]: 77. - María Llanos, tres hijos, suegra y tres hermanos; 84. - María Arguello con una hija; 98. - María Arias y una hija; 101. - María Peñuela y su hijo; 129. - Salvación Gómez, su suegra y dos hijas; 131.- Rosa Ramírez y tres hijos; 132. - Manuela Hernández; 144. - Juana Acacio, su madre y cinco hermanos; 148. - Mariana Mantilla, viuda, con cuatro hijos; 151. - Juana Díaz con tres hijos La factoría de Girón era resultado del modelo fiscal de regulación y monopolio de la compra – venta de bienes de interés estatal ideado desde 1674 para Francia por el ministro Borbón Juan Bautista Colbert, al servicio de Luis XIV. Las factorías de tabaco del virreinato de la Nueva Granada fueron creadas un siglo de la innovación francesa al finalizar el gobierno virreinal de Pedro Messía de la Zerda (1760 – 1772), en cumplimiento de las disposiciones ministeriales peninsulares y con el fin de constituirse en el medio a través del cual el Estado borbón español podía monopolizar y garantizar de forma permanente una nueva renta fiscal a partir del control en el cultivo, cosecha, comercio y consumo del tabaco de cualquier calidad. Inicialmente fueron establecidas en Honda, Antioquia, Santa Marta, Cartagena y Panamá. Para el abastecimiento de las provincias de Santanfé y Tunja se dispuso una administración virreinal especial abastecida con los

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tabacos y polvos provenientes de la gobernación virreinal de San Juan de Girón, como de aquellos cosechados en la parroquia de Zapatoca, e incluso los oriundos de Vélez, a través de un experimento de tres años consistente en el arrendamiento de su administración a comerciantes privados. Los resultados de esa experiencia iniciada en 1771 permitieron comprobar que el monopolio y estanco de los tabacos de superior calidad, conocida excelencia y mejor precio eran altamente rentables para las arcas del Estado Borbón, razón por la cual la Real Orden expedida en el Pardo, a 23 de marzo de 1774, dispuso cesar el arriendo de la factoría a los particulares, dándose “principio a administrar dicha renta por cuenta de la Real Hacienda, bajo la reglas que se prescribieron, con el objeto de dar fomento a las siembras de tabaco auxiliando a los cosecheros que se ocupan en su cultivo, pagándoselo a dinero efectivo y reduciéndolo a una clase, con que se evitasen las altercaciones que ocasionaba la variedad en calidad y precios, de modo que reportasen utilidad de su trabajo”. Los reportes y efectos de esa crear esa institución fiscal fueron además la gradual independencia de las rentas reales por concepto de quinto y acuñado de los metales preciosos al lograrse la recaudación anual de más de cien mil pesos, con la posibilidad de continuar su incremento en los siguientes años al establecerse otras factorías, se reconocía “casi ninguno el perjuicio que se ocasiona y que sólo sufren los revendedores, reportando muchas ventajas los cosecheros dedicados a su cultivo, que aseguran su expendio a precios fijos y dinero efectivo”, aunque desde un primer momento se advertía que parte de las rentas obtenidas se consumían en pagar los guardas y administradores de esos resguardos. La concentración de los tabacos en estancos oficiales contribuía además a planificar las siembras y los volúmenes de bultos seleccionados para la exportación, se reprimía con la destrucción los sembrados no permitidos, e impedían que los extranjeros que compraban el tabaco en hoja sin aliño alguno lo revendieran en los puertos neogranadinos al doble del costo original al someterlo a los procesos de maduración y “curado” que no realizaban los neogranadinos al comercializarlo en rama. De allí que las factorías cumpliesen a su vez la condición de autoridades aduaneras, inspectores de caminos reales, justicias en contra de toda forma de contrabando o fraude, resguardos militares de la renta y administración de aguardientes y centros de acopio de las materias primas o los frutos nativos que fueron gradualmente estancados por el Estado virreinal como fueron la quina, tintes, sales, naipes, mieles fermentadas e incluso el rapé derivado del tabaco en descomposición. Las expectativas fisiocráticas proyectadas para la expansión del tabaco neogranadino estancado eran de tales proporciones que el Doctor Don Francisco Antonio Moreno y Escandón, en su condición de Fiscal de la Real Audiencia de la Nueva Granada, Juez Protector de Indios y “conservador de reales rentas”, había propuesto en su relación sobre el “Estado del Virreinato de Santafé…” la posibilidad de exportar el tabaco para el consumo directo o en cigarros manufacturados a través de las reales fábricas de España. Explícitamente planteaba en 1772 sobre la renta de tabaco: Y aunque con su abundancia pudiera temerse que se cogiese en mucha mayor cantidad de la que se consume, ocasionándose fraudes a la renta, no obstante para reparar este inconveniente me ha ocurrido algunas veces el pensamiento de que podrán comprarse por cuenta del Rey todos los tabacos que se labran, y después de proveídas suficientemente las administraciones, remitirse los sobrantes a España

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donde producirán conocida utilidad a S. M. porque según tengo entendido, los tabacos de la Isla de Cuba no son suficientes para el abasto de aquellos reinos, para el cual se ocurre a comprarlos a los extranjeros a quienes se privaría en todo, o en parte, de este ingreso, mayormente habiendo facilidad de conducir a poco costo los tabacos desde Girón a Mompós y de allí a Cartagena; lo que igualmente sucede para los sobrantes de lo que se cultiva en Ambalema, Chaguaní y orillas del Río de la Magdalena, de donde se provee la villa de Honda, y lugares comprendidos en el arriendo de esta Renta; pues aunque pudiera objetarse que con estos mismos tabacos deberían antes abastecerse las administraciones de Cartagena y Panamá; pero hallándose sus habitadores acostumbrados al uso del tabaco de Cuba, no es fácil, sin un conocido riesgo, variar aquel sistema, no obstante a que se ha estimado conveniente inducirlos al consumo del de este Reyno y aun para el efecto se ha concedido a D. Josef Visbal, que en algunos sitios de aquellas inmediaciones pueda indistintamente vender de uno y de otro; y que según los efectos de estas providencias podrá con acierto resolverse, si será útil la remesa de sobrantes a España, con que si no en dinero efectivo, a lo menos en efectivo tribute este virreynato algunas utilidades a beneficio de aquellos Reynos2. Si bien la renta y estanco de tabacos fueron gradualmente aceptados como una necesidad fiscal para pagar los gastos de funcionamiento gubernamental y otorgar auxilios provinciales para obras públicas por parte de los cultivadores y comerciantes condicionados a la misma, así mismo debió contenerse judicial, militar y pastoralmente a los comuneros insurrectos que una década después de establecidos pedían la derogación de los impuestos y las rentas estancadas asociadas con el tabaco (1781). De igual manera, los virreyes comprendieron y advirtieron a sus sucesores sobre las resistencias culturales de los provincianos a sólo consumir las variedades de tabacos tradicionalmente acostumbrados negándose a comprar y usar los tabacos provenientes de otras provincias. En el caso de los provincias y puertos caribes (Riohacha, Santa Marta, Cartagena y Panamá) la tradición siguió siendo consumir exclusivamente los tabacos y cigarros provenientes de Cuba, en las zonas mineras de Antioquia, Chocó y el Cauca los tabacos provenientes del valle del Cauca, en el valle interandino del Magdalena los tabacos oriundos de la provincia de Mariquita, así como las provincias de la cordillera andina habían sido tradicionalmente abastecidas con los tabacos provenientes de las cuencas de los ríos Lebrija y Sogamoso, específicamente las provincias de Girón y Socorro. Sin embargo, derivados manufacturados del cultivo y comercio estatal de tabacos en hoja como eran los cigarros, acordes con los tamaños y características de los fabricados en España y Cuba, se constituyeron en una alternativa recurrente para la penetración de los tabacos de la provincia de Girón en los mercados de otras provincias neogranadinas, como en los demás reinos (peninsulares y de ultramar) del imperio español. Un ejemplo de ello es narrado por José Joaquín García en sus “Crónicas de Bucaramanga” quien al describir las costumbres y ocupaciones de los pobladores de la provincia entre 1751 y 1775 expresó: Al fin del capítulo segundo citamos el nombre de don Manuel García Gómez, y ahora queremos consignar aquí un incidente curioso relativo a él. Este señor, que era natural de España, conservaba buenas relaciones con algunos

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personajes de alta posición en la Península, y una vez recibió carta de alguno de ellos, en la que le suplicaba encarecidamente que le solicitara mil cigarros de Girón, de la mejor calidad que pudieran hallarse, y le hacía mucho hincapié para que no se fijara en la cuantía del precio, pues que, como sabía, él era persona de gusto y hombre que tenía, de sobra, cómo satisfacer sus caprichos. Los puros de Girón gozaban de gran fama en el extranjero, y nada fue más fácil para el señor García que conseguir lo que su amigo le encargaba, con todas las condiciones exigidas. Empacó, pues, los cigarros convenientemente, y apenas hubo posibilidad, los dirigió a España, anunciando que su valor, a todo costo, ascendía a cien duros. Pasado algún tiempo, don Manuel hubo de recibir, con sorpresa, la misma encomienda, que le era devuelta, y con ella otra carta en que su amigo le decía, poco más o menos lo siguiente: "Te dije repetidas veces que deseaba fumar el mejor tabaco que pudiera cosecharse en Girón, y lo mejor beneficiado que fuera dable, por subido que se juzgara su precio. Cigarros que se compran a cien duros el mil tienen que ser cosa despreciable. No has llenado bien tu comisión, y por eso te devuelvo la encomienda sin abrirla. Si quieres desempeñar con fidelidad mi encargo, te quedaré agradecido y te cubriré puntualmente los gastos". Apercibido don Manuel de lo que había en el caso, tomó los mismos cigarros devueltos, les dio nuevo empaque, y en la primera oportunidad volvieron a España, con nueva cuenta por valor de mil duros. El ricachón español le contestó agradecido, y sin demora cubrió la cantidad, haciendo mil elogios de los sabrosos gironés que habían ido a aromatizar la sobremesa en las escogidas reuniones madrileñas. Por su parte, don Manuel se pagó de lo invertido y destinó el remanente para algunas obras de piedad3. A pesar de ser el tabaco la promesa económica que guiaba el desarrollo económico de la provincia de Girón desde 1774, Fray Mateo de Valencia, quien actuaba como cura párroco encargado de la Parroquia de Pie de Cuesta, expresaba en 1802 a la autoridades virreinales a través del Gobernador de Girón su posición sobre las reformas borbónicas en pro de una instrucción ilustrada y la reconcentración de las provincias en corregimientos, especialmente la reducción de la provincia de Girón al corregimiento de Pamplona. Sin dar importancia al tabaco que se cultivaba, cosechaba, curaba y comerciaba privilegiadamente en su parroquia por algunas familias y comerciantes contratadas por la Factoría Real, prefería centrar su noción de “progreso” en ilustrar a las gentes criollas y mestizas en artes útiles asociados con los algodones y cacaos producidos por la mayoría de la población, la superación de los vicios o adicciones heredados de los indígenas sin obligar a las familias a reducirse y congregarse en los poblados de las parroquias, así como en la civilización de los niños criollos por medio de escuelas de primeras letras para formar un “buen labrador”. El fraile capuchino explícitamente expresaba:

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Para hacerse felices a los pueblos necesitan de comercio, la situación actual lo impide, lo impracticable de los caminos, la falta de víveres, frutos y manufacturas. Para que una provincia sea rica necesita que se extraigan los frutos del propio país. Aquí no hay más frutos que extraer que son algodones y cacaos. El labrador los vende a ínfimo precio, porque recibe un año antes el precio de ellos, y si no cogió algodón o cacao al tiempo del pago son los afanes, y en lugar de hacerlos felices, a muchos los hace pobres y miserables. La gentes de estos países se hallan imposibilitados de vivir en los lugares por tener su comer en las casas de campo, en ellas tienen sus labores y ganados que es de lo que se mantienen. Si estas gentes se vienen a los lugares ¿con qué subsisten, qué comen, que visten?. En estos lugares parroquias no hay fábricas en que se empleen todas estas gentes, si viven en lugar, ¿en qué?. En embriagarse como lo hacen muchos de la ínfima plebe cuando vienen a cumplir con el precepto de la misa… No hay instrucción sin escuelas ni colegios… El cura los instruye el día de fiesta con su plática, y éste es un medio muy superficial para la instrucción, y muchos de ellos ni aun se pueden servir de este medio, por serles imposible asistir, pues hay muchos de ellos que viven [a] un día de camino, y para venir han de gastar tres días; el que vienen, el que se están, y el que se vuelven. Muchos no pueden venir por ser el tiempo de la siembra, por cuidar sus ganados no se entren en sus labranzas, por sus enfermedades, por no tener bestias en que venir, o no tener con qué mantenerse en el lugar. Para instruir a estas gentes se había de poner una escuela en cada lugar… Todo parecer fácil, pero se presentan un tropel de dificultades que so imposibles de vencer, con la pluma sobre el papel todo se vence, pero los que lo palpamos en la práctica vemos que no es tan fácil, y la mayor imposibilidad es la falta de patriotismo de estas gentes4.

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LOS INDÍGENAS Cultivar, cosechar, comerciar y manufacturar las hojas de tabaco había sido una práctica sociocultural propia de las comunidades nativas precolombinas desde antes de la llegada de los europeos al “Nuevo Mundo”. Sin embargo, al incrementarse el consumo adictivo de las hojas por los europeos, mestizos y esclavos, especialmente en los territorios malsanos para alejar los insectos, aliviar las heridas y aminorar las cargas y malestares del trabajo, entre otros usos, las autoridades españolas durante la transición del régimen austro-hasburgo al borbonico optaron por monopolizar desde inicios del siglo XVIII como rentas exclusivas del Estado el cultivo, comercio, traslado y consumo del tabaco en rama, hoja y en forma de cigarros que circulara en las provincias productoras del mismo como parte de las reformas borbonicas para el incremento de los ingresos del estado español y la exportación interprovincial e internacional de las materias primas que caracterizaban a cada jurisdicción municipal ante las demandas de esos bienes por parte de otras naciones e imperios europeos. De las sesenta y cuatro especies de tabaco reconocidas mundialmente, cincuenta y una son americanas (80%) (14 del norte-centro y 37 del centro - sur), siendo las más destacadas y mezcladas por los horticultores prehistóricos los grupos Nicotiana rustica (angosta, amarga y con alta nicotina), Nicotiana tabacum (ancha, suave y baja de nicotina, dividida en las variedades havanesis, brasilensis, virgínica y purpúrea,), Nicotiana petunoides y Nicotiana Polidiclia por su alto rendimiento floral y su fácil diseminación como solanáceas al: …crecer espontáneamente en terrenos perturbados - es decir en los bordes de senderos, huellas y caminos, en campos y especialmente en la tierra revuelta y enriquecida de los lugares de enterramiento. Dada esta última característica, es probable que el tabaco fuera relacionado con los antepasados, de quienes se sostiene en muchos pueblos en América del Sur y del Norte que son los causantes de que crezcan sobre sus tumbas como un regalo especial del mundo espiritual para sus descendientes. De esta manera, también el tabaco llegó a ser una planta sagrada, aunque la principal causa de la fenomenal difusión del tabaco a través de toda la América indígena fue seguramente su utilidad como medio para el éxtasis y los estados alterados de conciencia en los que esos especialistas que lo usaban se comunicaban con los ancestros y con el mundo de los espíritus en general5. Al ser la planta sagrada que crecía en terrenos sagrados y se constituía en el medio de purificación y relación de los rituales sagrados, fue usual para los europeos encontrar desde finales del siglo XV comunidades enteras dedicadas a cultivar y mezclar esas plantas en sus asentamientos religiosos y urbanos, así como fumar se constituía en el vínculo de amistad que estrechaba las relaciones entre los extranjeros y los nativos. Sin embargo, la ingestión del tabaco variaba a lo largo de las costas e islas americanas. La intoxicación con tabaco en Norteamérica se realizaba con la inhalación nasal del humo por medio de tubos (pipas), al soplar de forma ritual el humo sobre los asistentes a los rituales por medio de cañas alargadas ó como enemas rectales con ayuda de cañas (jeringas) en Centroamérica, como se puede constatar en petroglifos mayas y aztecas, así como desde

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las Antillas hasta el Brasil se acostumbraba la elaboración de cigarros para fumar con el fin de “aplacar el hambre y la sed y para las deliberaciones en concejos”, e incluso, era bebido el zumo fermentado o el cocimiento del tabaco entre las tribus del Amazonas y las Guayanas. En las costas del Caribe como el resto de Sudamérica también los conquistadores y misioneros identificaron el uso del soplado ritual, así como el lamer una jalea con sales hecha del tabaco (ambil o chimó), la inhalación de rapé de hojas pulverizadas y la masticación de las hojas del tabaco, al igual que las prácticas indígenas preservadas aún al mascar coca con cal obtenida de las conchas marinas pulverizadas. De igual manera, el tabaco era empleado como sustancia tópica y terapéutica para curar los dolores musculares y las enfermedades de la piel al soplar o escupir jugo de tabaco sobre las heridas, untar saliva mezclada con nicotina sobre las extremidades, restregar tabaco en polvo, hacer masajes con saliva mezclada con tabaco masticada, a través de abluciones con jugo, rapé o envoltorios de hojas, así como por medio de compresas. De todas esas prácticas, la que permitía una mayor autorregulación del consumo de tabaco y del grado de intoxicación al que se quería llegar eran los cigarros para masticar o fumar, a lo cual se sumaban otras prácticas complementarias como inhalar o mascar con el tabaco otras sustancias como la coca y el betel, consumir hongos alucinógenos, así como bebidas rituales como la chicha o el yagé. Con cigarros pequeños y en pocas cantidades el tabaco cumplía los efectos estimulantes, la inhibición del hambre y la sed, así como el uso analgésico para el cual lo consumían los indígenas. En dosis mayores, con cigarros hasta de un metro, alteraba el estado de conciencia y permitía a los caciques, shamanes y guerreros realizar los rituales sagrados mediante los cuales obtenían las visiones, hacían consultas a los espíritus, entraban en trance con los dioses o permitía la psicoterapia individual o colectiva al ser consumido en rituales y festines de purificación o celebración. Si bien el fumar cigarros o cigarrillos requería secar previamente las hojas de tabaco al sol o al viento para luego ser molido y finalmente enrollado por medio de envoltorios hechos en su mayoría con las hojas más bajas, gruesas, largas y resistentes de la planta, muchas comunidades indígenas sudamericanas ampliaron los efectos narcóticos de la picadura interna con yerbas y resinas como de la capa externa al elaborar manualmente sus cigarros con envueltos de hojas de palma, banano y maíz, e incluso, cortezas de árboles aromáticos. Así mismo ampliaron el efecto narcótico al comprobar las propiedades y usos de las hojas superiores como poseedoras de la mayor cantidad de nicotina. Las características de la inhalación como de los cigarros empleados han sido descritas de la siguiente manera: Los indígenas de América del Sur usualmente fuman con inhalaciones profundas o hiperventilación, pero raramente reteniendo una bocanada de humo en la boca antes de expelerla o inhalarla. La inhalación es descrita como absorbiendo el humo del cigarro hasta los pulmones con "profundas aspiraciones", "usando los pulmones como fuelles" Cigarros gigantes que miden casi un metro de largo y dos centímetros de ancho son fumados con hiperventilación por los Warao en el Orinoco y por varias otras sociedades tribales, tales como los indígenas del Vaupés. Este último cigarro, de acuerdo al naturalista A. R. Wallace, "tiene ocho o diez pulgadas de largo y una pulgada de diámetro, está hecho de tabaco molido y secado, y encerrado en un cilindro hecho de una hoja grande torcida como una

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espiral. Se coloca en un gran soporte bifurcado de dos pies de largo. Tiene un extremo inferior aguzado, de modo que cuando no está en uso puede ser clavado en el suelo6. Considerando las tradiciones tabacaleras del período colonial español y republicano se ha considerado que los indígenas guane y chitareros que habitaron el actual territorio de Piedecuesta fueron los primeros cultivadores y comerciantes del tabaco en rama, y por ende de la elaboración y consumo de cigarros envueltos y rellenos de tabaco. Sin embargo, el tabaco, al igual que la coca, era una planta cultivada, intercambiada y consumida por la mayoría de los indoamericanos para el consumo personal de carácter narcótico y estimulante durante sus trabajos como agricultores, cazadores, pescadores [cuyo producto dicen los guane-descendientes: “lo salamos y colgamos como las hojas del tabaco”], alfareros o tejedores como para el intercambio en pequeñas cantidades con fines rituales por los caciques, shamanes y jeques. Reafirmándose así la especialización productiva de textiles y objetos de uso cotidiano con algodón, fique y arcillas elaboradas. Los etnohistoriadores de los guane al indagar entre los cronistas de indias como entre los archivos sobre encomiendas de la provincia de Guane no reconocen el cultivo ni la tributación con volúmenes significativos de tabacos entre los pueblos de indios y resguardos de cada repartimiento a la llegada ni durante el primer siglo de dominio español. Primando así la extracción y pago de tributos con oro, maíz, algodón y mantas7. Sin embargo, en las crónicas y relaciones geográficas del siglo XVI se reconoce en los mercados (o días de feria interétnica), especialmente en el de Sorocotá [Puente Real – Moniquirá], los indios guane intercambiaban sus cargas de algodón, telas y tabacos con los muiscas a cambio de panes de sal y bultos de coca provenientes de Nemocón y Zipaquirá. Cuyos excedentes eran a su vez intercambiados con los yariguíes y chitareros en lugares fronterizos, equidistantes y de tránsito interétnico como era el valle del río de Oro. Sin embargo, la representación sobre los guane tabacaleros sigue siendo una constante en las provincias de Santander. Apelando al anacronismo simbólico, etnohistoriadores como Luis Duque Gómez expresan que los Guane “se vieron obligados a mercar el producto de esta provincia; tabaco, que se daba de muy buena calidad; aún hoy es en la región de Santander donde se encuentran las mejores tierras tabacaleras de Colombia, lo mismo que los cultivos más extendidos, que suministran la materia prima para los populares tabaquines [sic: “fabriquines”] de la zona del Socorro, al tiempo que abastecen las fábricas modernas de cigarrillos”8 A lo cual se agrega la sobrevaloración etnocéntrica, caracterizada por ejemplos como el de los empresarios y cultivadores guanentinos que establecieron en Bucaramanga la empresa de cigarros “El Guane de Oro Ltda.”, bajo la convicción que “fueron los indígenas Guanes quienes encontraron en el tabaco propiedades medicinales y espirituales desde épocas aborígenes donde eran los únicos dueños y señores de la tierra. El cigarro se elaboraba como actualmente y era privilegio de caciques y guías espirituales de su tribu. Con la llegada de los españoles fue llevada a Europa como regalo y símbolo de cortesía a los reyes”.

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LOS FACTORES Desde el arribo de Colón a las costas de las Antillas y Tierra Firme fue constante reconocer que hombres y mujeres mientras cargaban sus cosechas o trabajaban en sus cultivos acostumbraban llevar a través de los caminos un tizón en la mano con el fin de encender las hierbas y hojas aromáticas con las que preparaban los “sahumerios” que acostumbraban a inhalar a falta de otros estimulantes como la coca continental. Colón describió esas prácticas al expresar en su “Diario de navegación” (6 de noviembre de 1492) que los navegantes Rodrigo de Jerez y Luis de Torres al internarse hasta el río Cunao habían descubierto que: “Iban siempre los hombres con un tizón en las manos [cuaba] y ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son unas hierbas secas [cohiba] metidas en una cierta hoja seca también a manera de mosquete..., y encendido por una parte del por la otra chupan o sorben, y reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así dizque no sienten el cansancio. Estos mosquetes... llaman ellos tabacos”. Siendo ampliada la descripción sobre las características y usos de los “tabacos” con su forma semejante a los cuerpos de las cigarras (cigarros) al manifestar Fray Bartolomé de las Casas en su “Historia de las Indias” que desde tiempos inmemoriales los indios mayas y antillanos empleaban «ciertas hojas secas envueltas en otras hojas, también secas, parecidas a los petardos ... Se encienden por un extremo y se chupan por el otro ... para introducir en los pulmones ese humo con el que adormecen el cuerpo y así se embriagan». El hábito de fumar aprendido en las antillas por los expedicionarios españoles fue introducido y promovido en España por Rodrigo de Jerez al retornar con Colón. Por atreverse a cultivar y emplear entre los cristianos de su natal Ayamonte (Andalucia) ese hábito pagano y demoniaco asociado con el culto al fuego, la expulsión de humo por la boca, la inhalación de vapores, la dependencia al vicio de estar borracho, la pérdida de la cordura al intoxicarse el fumador, etc., fue enjuiciado y encarcelado por la Inquisición. Sin embargo, los marineros transatlánticos lo continuaron empleando para amenguar sus dolencias como para alejar a los insectos, así como al interior de España se fomentó su uso ornamental y botánico al ordenar Felipe II al cronista Hernández de Boncalo y al médico Francisco Fernández de Toledo traer desde América y sembrar en España semillas secas y retoñadas de Tabaco (1559), las cuales fueron trasplantadas y cultivadas en la región de Toledo conocida como los “Cigarrales” como una estrategia para alejar las crecientes plagas de cigarras que azotaban esa provincia, siendo a su vez consumido por los vecinos de esos sitios formando los cigarros acostumbrados por los nativos americanos. No obstante, las comunidades religiosas se constituyeron en las principales mediadoras del fomento y legitimización del consumo del tabaco al ser cultivado por las monjas y frailes con fines ornamentales, medicinales y terapéuticos siguiendo las crónicas y descripciones sobre sus usos y formas de consumo en el Muevo Mundo. Siendo promovido su uso principalmente entre las gentes pobres enfermas de bubas y demás enfermedades epidérmicas ocasionadas por los invertebrados propios de los ambientes malsanos al servir para calmar los dolores y ayudar a secar las heridas. El uso terapéutico del tabaco, y consigo su popularización en toda Europa como en sus colonias territoriales, alcanzó su cúspide al ser demandado por los súbditos de Francia e

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Inglaterra al difundirse que el embajador francés en Portugal Jean Nicot había logrado que la Reina Catalina de Médicis (1560) se recuperara de las fuertes jaquecas que sufría al hacerle aspirar por la nariz rapé de tabaco preparado para tal fin. Siendo reafirmadas las propiedades medicinales de la hoja amarga y la publicidad de la corte al nuevo medicamento botánico al lograr el mismo Nicot que un sirviente de la corte francesa aliviara sus dolencias ulcerosas. De allí que la proeza terapéutica de Nicot, y consigo la demanda de un nuevo producto exótico americano entre los mercados mundiales, alentara al botánico sueco Linneo a bautizar científicamente al tabaco en su obra “Species Plantorum” como la “Nicotiana”. De igual manera, la reina Isabel I de Inglaterra aprendió a fumar con pipa, alentó su consumó entre sus súbditos, promovió su expansión por las colonias asiáticas y fomentó la comercialización del tabaco siguiendo las costumbres de los nativos de las colonias norteamericanas, especialmente la bautizada en su honor por Sir Walter Raleigh como “Virginia” (1619), de la cual procedía la variedad de tabaco más famosa y consumida por todo su imperio. Con lo cual, la expansión y comercialización de la planta narcótica americana llegó a ser de tales proporciones que el mismo papa Gregorio XIII (1572 – 1585), aliviado de sus dolencias al usar terapéuticamente el tabaco, se constituyó en uno de los defensores y promotores del vicio condenado y perseguido un siglo antes por el tribunal del santo oficio español. Desde entonces, los europeos mediterráneos adoptaron los hábitos de los nativos mesoamericanos y antillanos al enrollar y envolver las mejores hojas de tabaco como cigarros para inhalar o exhalar el humo del tabaco con fines terapéuticos o vicios personales mientras que los europeos anglosajones lo aprendieron a usar por medio del tabaco picado o pulverizado acorde con las pipas de los nativos norteamericanos. Las gentes pobres también consumían tabaco aunque en la mayoría de los casos los elaboraban como cigarros rústicos, deformados y con materiales en mal estado obtenidos de tabacos de tercera como de los residuos de los cigarros de las gentes pudientes que eran arrojados al suelo o la basura, los cuales eran envueltos con cáscaras o cortezas de plantas o con fragmentos de las capas no consumidas, desusadas o despreciadas (hoy “chicotes”). En el caso de los mendigos de Sevilla, hacían envueltos con papeles viejos o envejecidos, especialmente de arroz, formando así rollos rellenos de las tripas y capas de tabaco no consumidas, dándose así origen al popular cigarrillo que desde 1825 empezó a ser envuelto en España en tiras de papel blanco. Ante la demanda de hojas y tripas de primera calidad por las demás naciones europeas, los gobernantes y súbditos españoles afrontaron la demanda terapéutica del tabaco en polvo como en hojas y cigarros por sus competidores mercantiles europeos al legitimar y legalizar el cultivo, cosecha, consumo y comercio del tabaco como producto de interés estatal y fuente de riqueza general. Para ello se fomentó y protegió su cultivo en las antillas y el caribe, así como centralizó y controló su cosecha y comercialización a través de las autoridades provinciales con el fin de ser estancado y exportado bajo custodia militar, al igual que los metales preciosos enviados a España. Con lo cual, al garantizarse la materia prima producida y enviada desde las colonias atlánticas por los españoles americanos, los españoles europeos se concentraron en su procesamiento industrial para abastecer el creciente mercado europeo. Para ello fueron fundadas las Reales Fábricas de Tabacos en los puertos de Sevilla (1620) y Cádiz con el fin de producir polvo terapéutico de tabaco (rapé)

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y finalmente cigarros finos acordes a las dimensiones y características demandadas por cada mercado nacional. Considerando los costos en materias primas y mano de obra, la calidad de los materiales al ser trasportados y las pérdidas por concepto de la piratería y los cambios ambientales oceánicos, la Corona optó por descentralizar la producción de los derivados elaborados con las hojas del tabaco al fundarse la Real Factoría de La Habana (1717) desde la cual se debía abastecer el mercado americano y el mercado de ultramar europeo. A la par del incremento en la demanda europea de variedades cultivadas como de derivados del tabaco, en las provincias españolas y americanas de igual manera se incrementó el número de cultivadores del tabaco como de comerciantes, y consigo de consumidores que demandaban el comercio minorista de la hoja y sus derivados, razón por la cual, en cada Reino y Virreinato fue necesario establecer y reglamentar el funcionamiento de las reales factorías de tabacos y productos estancados del estado español. Factorías provinciales que se dedicaron al control del cultivo, cosecha y comercio del tabaco en hoja y el polvo ó rapé consecuente con su secado y descomposición natural sin centrar su interés en la manufactura de cigarros como se llevaba a cabo en España y Cuba a través de procesos industriales especializados. De allí que hasta mediados del siglo XIX se preservaron las tradiciones indígenas sobre elaboración rústica o corriente de hacer cigarros, según las cuales, las mujeres eran las encargadas de enrollar y envolver artesanalmente los cigarros que deseaban consumir sus esposos, padres o ellas mismas. Siendo delegada a su vez la tarea ritual de prender los cigarros y darles varias chupadas con el fin de asegurar la combustión antes de ser entregados a sus consumidores finales, con lo cual se promovía y heredaba su vez el “vicio” de fumar y mascar tabaco entre las mujeres de todas las clases y condiciones sociales, aunque las de mayor distinción preferían optar por la costosa inhalación de rapé aromatizado cuyos precios sólo eran accesibles para los sectores privilegiados. En el caso de la Nueva Granada, una de las factorías más protegidas y vigiladas por el Estado virreinal durante el siglo XVIII y XIX era la establecida en la ciudad capital de la Provincia y Gobernación de San Juan de Girón al concentrarse allí la variedad de tabacos andinos provenientes de la vegas de Los Santos, los ríos Chicamocha-Umpalá-Manco, como de los sitios del Pie de la Cuesta, Palogordo y Chocoa en la cuenca del río Sogamoso. Siendo el volumen y la calidad de los tabacos producidos por la factoría de Girón tan sólo superados por la factoría de Ambalema en las fértiles y cálidas tierras interandinas a orillas del río Magdalena. De allí que al ser pacificada la parroquia por las autoridades virreinales, unificados los intereses socioculturales de los cultivadores de tabaco de Piedecuesta desde 1778, regularizada la producción y comercialización del tabaco estancado en Girón, e incluso, alterado el orden sociopolítico al ser seducidos los peninsulares por la prestancia, belleza, linaje y espíritu emprendedor de las piedecuestanas, optando algunos funcionarios españoles de la Factoría Real de tabacos de Girón por desacatar varias disposiciones legales, específicamente las que prohibían casarse los europeos con las criollas americanas o hacer traslado de las instituciones estatales, la producción de tabacos centralizada en Piedecuesta adoptó un nuevo rumbo. Ese fue el caso del Factor de Tabacos de Girón quien en 1786 decidió trasladar la factoría y estanco a la parroquia de Piedecuesta para estar más cerca de su esposa e hijos, sin estar

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fuera de la jurisdicción provincial de Girón ni incumplir con sus funciones legales. Argumentado la paz que se vivenciaba entre esa comunidad parroquial, el incremento en la producción y comercialización estancada del tabaco “gironés” a partir de los volúmenes sembrados y extraídos de Piedecuesta, la concentración de la mayor parte del tabaco producido en la Provincia en esa parroquia, aunado a las condiciones climáticas, la centralidad de su ubicación y el paso obligado por ella de los caminos reales a Santafé, Pamplona y el Magdalena, el factor Dn. José Antonio Portocarrero entre Agosto y Septiembre de 1786 solicitó e hizo efectivo el traslado de la factoría de la ciudad de Girón a la parroquia del Pie de la Cuesta, complaciendo y beneficiando así a los linajes piedecuestanos con los que se hallaba emparentado al casarse con una de sus parroquianas. La respuesta de los vecinos de Girón como los pamploneses de Bucaramanga no se hizo esperar ante la deslegitimización y deshonor jurisdiccional que se les hacía, asociado a los sobrecostos que representaba trasladarse los cosecheros de Bucaramanga hasta el Pie de la Cuesta en comparación al viaje hasta Girón. Para buscar una solución definitiva a ese abuso de poder a través de una instancia superior, el 27 de Septiembre de 1786 el procurador general de Girón Josef Antonio Calderón, en nombre de sí y del público de Girón y Bucaramanga, dio su poder especial al vecino de Cartagena Dn. Lorenzo Alonso Carrizosa o a cualquiera de los procuradores allí establecidos, para que ante el Arzobispo - Virrey Antonio Caballero y Góngora presentase: ... el agravio que se ha hecho a éstos comunes con haberles quitado la factoría de compras de tabaco en hoja que se erigió en esta ciudad y la han mudado a la parroquia del Pie de la Cuesta en que experimentan los cosecheros los mayores perjuicios por la mucha distancia en que hallan sus labores, y el mal despacho que se les da, entreteniéndolos muchos días para comprarles o pagarles las cargas que han llevado, pues como en un fuera de su centro cuando llegan a conseguir el pago ya han gastado en mantenerse allí lo que anhelaban para satisfacer sus acreencias...9 La mudanza hecha por Portocarrero no fue desautorizada por los virreyes sucesivos, debiendo conformarse los gironeses con la concentración y comercialización del tabaco y por consiguiente, de otros ramos estancados, así como los transportes en mula desde Piedecuesta. Siendo los factores sucesores Orbegozo, Paredes y Berenguer de igual opinión, intereses y deseo de mantener la factoría allí; incluso, en esa parroquia nacieron algunos de los descendientes de dichos factores, así como se dio origen a linajes emblemáticos como los de Don Victoriano Paredes, hijo del factor Pedro Paredes. No obstante, los gironeses continuaron con su inconformidad hasta la reconquista colonial por el ejército expedicionario y pacificador de Fernando VII, cuyos generales los beneficiaron con privilegios otorgados por su lealtad a la regencia, entre los cuales estaba su petición de retornar la factoría a la ciudad capital provincial en Septiembre 1816. Con el triunfo criollo en Boyacá, la factoría patriótica de Piedecuesta fue reestablecida por el ejército republicano y libertador siendo reducida la de Girón a una subfactoría dependiente de la piedecuestana. La presencia de la casa y plazuela de Factoría (hoy Colegio de la Presentación) en el barrio donde el bando zabalista había pretendido trasladar la parroquia contribuyó al aumento de la población fluctuante y residenciada en la parroquia, así como a una mayor concentración

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de oficios y funciones públicas y privadas en torno a ella, ganando por ello el reconocimiento de las autoridades reales y la gestión empresarial, política, social y urbanística de los parroquianos ante el gobierno central. Esa condición de prosperidad socio-económica y agro-productiva que vivían los piedecuestanos se materializó con la solicitud, compra y expedición del título y ascenso municipal de la parroquia como “Villa de San Carlos” por el gobierno real y virreinal español (16 agosto de 1810), así como con la condición de “Villa de Piedecuesta” por las leyes de reordenamiento político – administrativo del Estado republicano por los Generales – Presidente desde 1821. Los vecinos de la Parroquia de Pie de Cuesta, en el Corregimiento de Pamplona del Nuevo Reino de Granada, al solicitar al Rey Fernando Séptimo el 10 de marzo de 1810 su constitución como “república” con cabildo propio y “con absoluta independencia de la ciudad de San Juan de Girón a que está sujeta y con el goce de las preeminencias y privilegios correspondientes con arreglo a las leyes” demostraron ante el Virrey de Santa Fe con testigos y documentos, acorde con la Real Cédula, que: …el lugar de Pie de Cuesta tiene más de mil casas y la población pasará de tres mil vecinos: que la situación es la mejor de aquellos contornos y muy saludable. Que goza de abundantes y buenas aguas, de un aire puro, de cielo despejado, abundancia de víveres, de bosques inmediatos de donde se sacan las mejores maderas para fabricar casas a poco costo y cómodas; que en el distrito se cultivan con mucha utilidad algodón, cacao, añil, café, trigos, tabacos y quinas de cuyos ramos hacen el comercio exterior e interior; que su vecindario tiene muchas familias expresadas en una lista inserta en dichas diligencias, distinguidas por su nacimiento y conducta, y sujetos que los más son acomodados y algunos de riqueza considerable atendidas las circunstancias del país estando dedicados unos al comercio y otros a la agricultura; que hay más de ciento cincuenta vecinos aptos para desempeñar los empleos los empleos concejiles sin parentesco ni tachas legales y con las cualidades necesarias de probidad, virtud y demás que se exigen para tal confianza; …que el terreno donde está situada la factoría de tabacos de la provincia fue donado por los vecinos de dicho lugar, y que estos han contribuido con lo necesario para construir una cárcel a fin de custodiar con toda seguridad a los reos. El Gobierno republicano presidido por los Generales – Presidente S. Bolívar y F. Santander dispusieron por la Ley I del 29 de septiembre de 1821 que la renta de tabaco (en hojas, cigarros, polvos, rapé), las factorías y la exportación de tabaco para el extranjero debían preservar el estanco al que estaban sometidos por el Gobierno virreinal español, así como se autorizó la supresión o el establecimiento de otras factorías en los “parajes de donde puedan trasladarse fácilmente a los puertos de comercio para su extracción al extranjero en la forma prevenida”. Ejemplo de ello fue el decreto de 30 de julio de 1822 mediante la cual se estableció la factoría de tabacos de San Gil para el estanco de los tabacos cultivados y cosechados en San Gil, Barichara y Zapatoca, dependiente de la Administración principal del Socorro, y acorde a las prácticas sobre beneficio, recibo, paga y distribución del tabaco usuales en la factoría pamplonesa de Piedecuesta. Factoría reestablecida en 1847 (Decreto del 24 de

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junio) para administrar las siembras, cosechas y comercio contratado con la sociedad comercial “Grice y Compañía” (14 de diciembre de 1846), a la par del monopolio concedido en la factoría de Ambalema a la compañía de “Montoya – Sáenz” un año antes, bajo la inspección en sus siembras por funcionarios enviados desde la factoría de Girón. No obstante, derivados procesados del tabaco como el chimó y el mohó (Ley 28 de julio de 1824) empleados en los llanos orientales fueron excluidos de ese monopolio estatal tanto en su producción como en su comercialización. Para proteger las rentas nacionales estancadas en esa misma fecha se decretó que los tabacos importados de otros países debían pagar el 50% su precio de compra por derechos de importación. Siendo radicalizada tal decisión al decretarse el 7 de julio de 1823 que la “introducción de toda clase de tabacos extranjeros, ya sea en hoja, cigarros, polvos o rapé por los puertos de Colombia” (Venezuela, Nueva Granada, Panamá y Ecuador) quedaba plenamente prohibida. Siendo la renta o producto del tabaco de consumo interno y exportación una de las rentas fijas del Estado (Ley 26 septiembre de 1827) para el pago y sustento de los gastos públicos como para la buena administración interna de las rentas nacionales, requirió a su vez que los administradores departamentales de rentas, los factores de tabacos, los administradores de estanquillos y los comandantes de los resguardos militares encargados de proteger las rentas y factorías (Ley I del 3 de agosto de 1824) aumentaran las cosechas de tabaco y previnieran el contrabando aumentando el precio de las compras de tabaco por los factores a los cosecheros hasta en ocho reales (equivalentes a un peso de plata) por arroba en las provincias productoras. Así mismo, se dispuso disminuir el precio del tabaco vendido en las factorías de las provincias no productoras, los militares del resguardo de las factorías de tabaco estaban autorizados a “allanar las casas u hogares de un ciudadano a cualquiera hora del día, cuando tengan denuncio de que en ellos se ha ocultado algún contrabando de tabaco” fuese en hoja, cigarros o polvos (Decreto del 1 de mayo de 1826), así como se eximió a los cosecheros de tabaco matriculados ante las factorías y estancos del Estado del pago del impuesto colonial español denominado “alcabala” (10% del costo del precio del bien) al que estaban obligados los demás ciudadanos al realizar la compra-venta de cualquier bien mueble o inmueble (Circular del 12 de marzo de 1828). Con la secesión de la República de Colombia y la creación constitucional de la República de la Nueva Granada, la Convención del Estado neogranadino decretó la “continuación del estanco del tabaco” en toda la jurisdicción del nuevo Estado, siendo financiadas temporalmente las compras a los cosecheros con las rentas estatales por diezmos (Decreto del 31 de marzo de 1832). Dicho decreto fue reafirmado por la Ley del 4 de junio de 1833 mediante la cual el General - Presidente F. Santander y sus ministros promovieron ante el Congreso la supresión de los administradores y visitadores generales siendo dispuesto un ordenamiento del estanco estatal por medio de una Dirección General de tabacos, una Contaduría General de tabacos, Administradores principales (o nacionales), Almacenes de Deposito, Factorías (provinciales, conformadas por un factor, un interventor, un oficial de fiel de almacenes, un veedor, un sobrestante y un empacador conservador de cueros), Comisiones principales de plantaciones encargadas de autorizar y vigilar los volúmenes de tabaco contratados con los cosecheros registrados ante el Estado, estanqueros proveedores, estanquillos parroquiales de expendio y los resguardos militares (cabos y guardas (mayores y menores) de ronda) encargados de la seguridad y vigilancia de los tabacos vendidos en

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almoneda o remate público, así como el dinero almacenado en las cajas de las administraciones principales y las factorías fruto de las compras y ventas. Clasificadas las compras y ventas del tabaco en hoja adquirido por las factorías acode con su primera (hojas de mitad de mata y de color uniforme), segunda (hojas bajeras o cogoñeras, o las medianeras verdes) o tercera clase (hojas superiores o finales y los maltratados o descompuestos) debía ser empacado en bultos envueltos en cueros vacunos, lo cual aseguraba que sus precios oscilaran entre 3 reales por cada libra de primera a 1 peso por cada arroba de tercera calidad (Ley mayo 23 de 1834). Sin embargo, el tráfico de los cigarros hechos con las hojas de tabaco por los puentes y puertos nacional resultaban ya más costosos que el de las hojas y los polvos derivados del mismo, siendo el costo más elevado pagado por derechos de peaje para los cigarros el que se pagaba en el camino que iba de norte a sur en el istmo de Panamá al cobrarse 1 peso por cada arroba de cigarros mientras que sólo se dispuso el cobro de 0,4 pesos por cada arroba de tabaco en hoja para la exportación. Siendo el valor del pontazgo de los cigarros semejante al que se pagaba por el opio y el té importados de otros países y continentes. La Ley II del 9 de junio de 1835 decretó a su vez mayores medidas de control del tabaco en hoja y en polvo para la exportación al disponerse que en las factorías de las provincias de Pamplona (Piedecuesta, Girón, Cúcuta, etc.) y Mariquita (Ambalema) debían incrementarse las visitas a los cultivos para “evitar que se cultive o venda el tabaco de contrabando” incumpliendo con las áreas y volúmenes contratados con el Estado, se debía contar con un escribiente exclusivo para llevar el “libro de matriculas y de todo el demás negociado de siembras y plantaciones” a cargo de la factoría al ser suprimidas las comisiones de plantaciones (Decreto del 10 de junio de 1835), se dividieron las rondas en montadas y a pie, la atención de los factores a los cultivadores durante las cosechas debía garantizarse de 6 am. a 2 pm. y de 3 pm. a 5 pm., así como se expresó explícitamente después de un siglo de ser prácticas de conocimiento público quiénes se consideraban y debían ser perseguidos como “contrabandistas de tabaco”. Si bien el Decreto del 19 de marzo de 1834 había descrito las causas y penas para los funcionarios y cultivadores defraudadores o contrabandistas de la renta de tabacos en hojas o polvos, sólo en el artículo 17 de la Ley II de 1835 se manifestó de forma explicita el contrabando a través de los cigarros manufacturados al considerarse como defraudadores a: 1. Los que siembren tabaco sin la matricula que previenen las instrucciones del ramo; 2. Los que teniendo matricula sembraren mayor cantidad de matas de aquellas por que se han matriculado; 3. Los que estando matriculados no entreguen todo el producto de la cosecha en la respectiva factoría; 4. Los que compraren tabaco en otra parte que en los estanquillos del ramo; 5. Los que conduzcan tabaco de una parte a otra sin la correspondiente guía, que acredite que lo conducen por cuenta de la renta; 6. Los que conduzcan tabaco en cigarros, a menos que prueben que son para su uso, y que aparezca que los cigarros no pesan más de seis libras10.

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Las penas para los conductores o traficantes de tabaco en cigarros cuyo uso no era el consumo personal en volúmenes mayores a una cuarta parte de una arroba fue dispuesta en el artículo 24 al ser “castigados con una multa igual al triple del valor del tabaco; y si este valor principal, excediere de cincuenta pesos serán condenados a presidio urbano por uno a doce meses”, siendo graduada la pena “por el mayor valor del género en que se hace el fraude”, para lo cual se calculaba el valor del tabaco del fraude “por el precio a que el Gobierno lo vende en la provincia donde se aprehende el contrabando”. Contrarias a esas disposiciones y restricciones tradicionales, el fomento al tráfico y comercio de los cigarros de tabaco con otras provincias o para su exportación con otros países se delimitó por la Ley II del 7 de junio de 1837 mediante la cual se dispuso que:
Artículo 3º. Se permite la exportación de tabaco en cigarros en la cantidad que quiera hacerse, sujetándose los exportadores a las reglas que al efecto dictara el Poder Ejecutivo, con el fin de evitar los fraudes que puedan cometerse; en cuyos términos se reforma lo dispuesto en el número 6º. Del artículo 17 de la ley de 9 de junio de 1835, adicional a la orgánica de este ramo, y el artículo 24 de la misma, y se deroga el último inciso del artículo 10 de la ley de 4 de junio de 1833, que prohíbe se permita sacar el tabaco de los almacene sin hacer constar que se está ya en el caso de conducirlo fuera de la República. Parágrafo único. El Poder Ejecutivo podrá prorrogar hasta por seis meses los plazos de que habla el artículo 9º de la ley de 1 de junio de 1836 para el pago del valor del tabaco que se exporte en cigarros. Artículo 4º. El tabaco para la exportación podrá entregarse en cualesquiera oficinas de la renta, quedando vigente en lo demás el artículo 8º de la ley de 4 de junio de 1833.

La presión de los comerciantes y empresarios al pedir la libertad de comercio para el tabaco manufacturado en cigarros (puros o finos) de exportación se reafirmó por el gobierno del presidente José Ignacio Márquez al ampliarse las características de esa prerrogativa por el decreto del 11 de julio de 1837 mediante el cual se dispuso que:
Artículo 3º. Para que pueda hacerse la exportación del tabaco en cigarros se observarán las formalidades siguientes: luego que el individuo pretenda hacer la exportación haya rematado el tabaco que deba reducir a cigarros, y prestado la correspondiente fianza, conforme al artículo 11 de la ley de 4 de junio de 1833, podrá entregársele por el jefe de la oficina en la que se hubiere convenido a recibirlo, bajo la precisa obligación de presentar en la misma oficina los cigarros en un peso igual, o menor a lo más en dos libras en cada arroba, si el tabaco rematado lo fue en andullos o tangos, y en una libra si fuere en hojas del llamado de rollo o longaniza. Verificada esta operación se expedirá la correspondiente guía, en que se exprese el peso neto de los cigarros para que pueda verificarse la exportación, llenándose entonces las demás formalidades prevenidas en el citado artículo 11. Artículo 4º. Para el pago del tabaco que se exporte en cigarros, disfrutarán los compradores cuatro meses más sobre cada uno de los plazos que concede el artículo 9º de la ley de 1 de junio de 1836.

El efecto de la liberalización comercial del tabaco manufacturado en cigarros trajo como consecuencia adicional la compra del tabaco para la elaboración de los cigarros de exportación directamente ante las Juntas de Hacienda de la República (Ley I del 19 de abril

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de 1839) con la asistencia del Director General de la renta de hacerse en la capital de la República o ante el administrador del ramo o de los empleados de hacienda en cada provincia acorde a los plazos dispuestos para el pago de los remates (almoneda). Así mismo, el General – Presidente Pedro Alcántara Herrán mejoró el sistema colonial virreinal de resguardo de las principales factorías de Colombia (Ambalema y Piedecuesta) y los transportes (o conducciones) de tabaco por los caminos nacionales interprovinciales (Decreto del 20 de septiembre de 1847) al transformar la función de los cabos y guardas de ronda por la de un cuerpo formal de policía (Decreto del 25 de febrero de 1845) compuesto por inspectores (los cabos) y comisarios de 1º, 2º y 3º grado (los guardas montados y a pie) cuyas principales funciones públicas, sin hacer custodias o protecciones especiales a los cosecheros y traficantes particulares de tabacos, eran: cumplir las tareas de policía delegadas por los inspectores; custodiar los intereses y bienes públicos; perseguir y aprehender en flagrancia a los delincuentes; contrabandistas y defraudadores de las rentas públicas, incluidos los hijos, esclavos y familiares de los sospechosos o aprehendidos; decomisar los bienes e instrumentos de fraude; recorrer durante las rondas diurnas y nocturnas las plazas, calles, salidas públicas, caminos, campos y lugares despoblados de los poblados en donde se asentaban las factorías estatales. Así mismo, debían garantizar la seguridad, tranquilidad y policía urbana para los funcionarios, cosecheros, comerciantes y empresarios cigarreros al cumplir otras funciones judiciales como eran: Séptimo. Impedir y perseguir los robos, incendios, asesinatos, riñas y peleas, juegos prohibidos por las leyes, y no cediendo a las insinuaciones de los delincuentes, conducirlos ante el inmediato jefe de policía. Octavo. Circular con rapidez los datos y noticias que a este efecto se les comunique sobre algún delito que se haya cometido, señales de los delincuentes, de objetos perdidos, extraídos o robados, para facilitar el conocimiento de los delincuentes, y su aprehensión y el de sus efectos y recuperación. Noveno. Dar noticia a las respectivas autoridades de los vagos y ociosos que se reputen por tales en un distrito; y Décimo. Prestar mano fuerte a las autoridades, ejecutando y auxiliando la ejecución de las providencias y órdenes que se dicten en conformidad de las leyes y en ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de cumplir las órdenes que se les dieren por los empleados de la renta de tabacos de la factoría… Los efectos consecuentes a esa mejora en el servicio de seguridad y policía requeridos para el funcionamiento de las factorías, y consigo el incremento trimestral en el número de delincuentes e infractores, fue para el caso de la factoría y cantón de Piedecuesta el establecimiento de un circuito judicial independiente del existente en Girón - Bucaramanga (Decreto del 4 de junio de 1847) al incrementarse el número de delincuentes e infractores aprehendidos y encarcelados. A lo cual se aunó la contratación directa de empresarios extranjeros con el Estado para exportar desde los puertos nacionales los tabacos en hojas o tripas (hojas despedazadas para rellenar los cigarros) empacados y conducidos directamente por los guardas o policías de las factorías. La bonanza tabacalera que se vivía para entonces en el país al incrementarse la demanda

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interna y externa de las hojas secadas y tratadas como de los cigarros manufacturados en las factorías y los poblados circundantes conllevó incluso a que por primera vez en 1847 (Decreto de 24 de junio) el General – Presidente Tomás Cipriano de Mosquera acordara y aprobara una reglamentación específica para la producción de tabaco en forma de Cigarros regulada y controlada por los funcionarios de las factorías dedicadas a la cosecha y comercio de exportación para impedir fraudes a las rentas nacionales, instituyéndose así la producción manufacturera en serie de tabacos a través de una infraestructura propia de las fábricas antillanas y españolas de cigarros por medio de edificios cercanos o circundantes a las factorías hasta donde debían llegar los funcionarios nacionales a supervisar la producción de los cigarros acorde con los volúmenes destinados y aprobados para tal fin. A su vez, los inspectores de las factorías debían ser supervisados mensualmente por los Jefes Políticos del cantón donde se hallaban establecidas. Específicamente se decretó sobre la producción de cigarros:
CAPÍTULO II DEL TABACO QUE SE DESTINE PARA FABRICAR CIGARROS Artículo 6º. En el caso de que los contratistas quieran destinar tabaco a la fabricación de cigarros, bien sea en hojas [capas de envoltura], bien despedazado para tripa [“liga”/fortaleza del cigarro fino ó “picadura” del cigarro corriente], se les entregará el que declaren que necesitan para este objeto, tomándose nota del que así se les entregue. Artículo 7º. El tabaco que se entregue a los contratistas con el objeto indicado en el artículo anterior, sólo podrá elaborarse en cigarros bajo la inspección de la misma factoría, y a medida que se vaya convirtiendo en cigarros, será pesado por el contador almacenista, empacado y custodiado en los almacenes [de las factorías] hasta el momento en que se haya de conducirse para exportarlo. Al pesar los cigarros en la factoría, se abonará a los contratistas, para computar el peso del que recibieron, un 16 por 100 de merma, es decir que por cada cien libras de tabaco que recibieron en hojas o tripa, se les recibirán ochenta y cuatro libras en cigarros.

Los altos costos que causaban la creciente burocracia nacional para la vigilancia de las siembras, cultivos y cosechas, el funcionamiento de las factorías, la supervisión de las fábricas productoras de cigarros y la conducción de los tabacos en hojas o manufacturados por los cuerpos de guardas y policías hasta los puertos nacionales de exportación (Decreto del 13 de enero de 1848); la presión de los comerciantes y empresarios nacionales y extranjeros sobre el desestanco y el librecomercio del tabaco centrándose las rentas del Estado en los impuestos locales, pontazgos e impuestos de exportación para lo cual se requería una burocracia mínima; la llegada al Congreso de los representantes provinciales de los comerciantes y empresarios exportadores de tabacos con exigencias de reformas liberales a la economía nacional de exportación; aunado a la competencia con otras naciones americanas productoras y exportadoras de tabaco en hoja o cigarros en mayores volúmenes, con mayor calidad y por ende con menores costos de comercialización para los consumidores antillanos y europeos, entre otras razones político-económicas, motivaron finalmente al General – Presidente Tomás Cipriano Mosquera y a su secretario de hacienda José Eusebio Caro a expedir la Ley del 23 de mayo de 1848 mediante la cual se decretó que “desde el 1º. de enero de 1850 será libre en toda la República el cultivo y comercio del tabaco”, reduciéndose la inherencia del Estado en el cultivo, comercio y manufactura del tabaco sólo al cobro del derecho aduanero de exportación “a razón de cuarenta reales por

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cada quintal de tabaco que se exporte en rama, y de veinte reales por cada quintal de cigarros” (0,2 reales por libra). Siendo preservada hasta esa fecha los controles estatales a los sembradíos de cultivo, caneyes de secado, almacenes de empaque, comercio exclusivo en los edificios de las factorías y elaboración de cigarros en fábricas cercanas a las mismas. Sin embargo, el General – Presidente José Hilario López considerando las proyecciones económicas y laborales que podía generar la producción y exportación de tabaco en cigarros aprobó en compañía de su Secretario [o ministro] de Hacienda (el caudillo liberal radical Manuel Murillo) y el Secretario de Relaciones Exteriores, el empresario tabacalero de Piedecuesta Victoriano de D. Paredes, la Ley I del 12 de junio de 1849 mediante la cual se dispuso y decretó que desde el 1 de septiembre de 1850 “por el tabaco que se exporte en cigarros no se pagará derecho de exportación”, se dispuso categóricamente que “no pueden imponerse contribuciones municipales sobre el cultivo del tabaco”, se eliminó el incremento del 25% para el tabaco de consumo interno (Decreto del 23 de noviembre de 1849), así como se autorizó a los comerciantes y empresarios cigarreros a pujar y repujar en los remates de tabaco remanente en las factorías provinciales de Piedecuesta y Girón al cumplirse el plazo para la entrada en vigencia de la ley sobre libertad absoluta en la siembra, cosecha, comerció y manufacturera cigarrera del tabaco provincial. El papel del tabacalero y educador piedecuestano Victoriano Paredes en la eliminación del monopolio neoborbónico y neogranadino del tabaco en rama como en cigarros, resultado de sus indagaciones e investigaciones sobre la libertad comercial en Estados Unidos y Europa desde 1844 a 1846, es reiterado en sus “Memorias” de 1885 al expresar:
Poco después de haber llegado á esta capital supe que se me había nombrado para el Congreso en sustitución del Dr. Soto, y como yo venía entusiasmado con la idea de trabajar en favor de la libertad de la industria del tabaco, inmediatamente después de mi llegada escribí algunos artículos conducentes á aquel fin con el objeto de ir preparando la opinión en pro de él. En los años de 48 y 49, muchos de mis colegas me constituyeron como una especie de protagonista del desestanco, con lo cual me ví por demás estimulado á sacar avante aquel pensamiento á través de una formidable oposición. El General Mosquera que nunca careció de ciertos bellos rasgos de progreso presto su sanción al proyecto de ley que sobre el particular se le pasó, y el Dr. Eusebio Caro, Secretario de Hacienda por aquel tiempo, en vez de entregar el proyecto ya sancionado, al Presidente de la Cámara, me hizo llamar á la galería de dicha Cámara y me dijo: "El General Mosquera me ha ordenado poner en sus manos esta ley sobre libertad del tabaco, y sírvale á Ud. de gobierno que ella no lleva mí voto ni el de los demás Secretarios de Estado". Yo le respondí: pero Sr. Caro, observo en esto dos irregularidades, la primera que no dándole Ud. su voto venga firmada por Ud., y la segunda que Ud. me la entregue á mí en lugar de entregársela al Presidente de la Cámara. Y entonces él me replicó: "pronto sabrá Ud. la razón de estos procedimientos". Yo me dirigí con la ley al Presidente de la Cámara, que lo era el Dr. Ezequiel Rojas, y le referí lo que había pasado. Pocos meses después siendo el mismo Dr. Rojas Secretario de Hacienda y el Dr. Murillo de Relaciones Exteriores, ya en tiempo de la administración del General López, me encontraba en la Cámara de Representantes cuando se presentaron anunciando que el Gobierno se hallaba resuelto á pedir la derogatoria de la ley y el restablecimiento del estanco en virtud del desfalco que había en el Tesoro público, y de la exigüidad de las rentas para atender á los gastos mencionados. Casi fuera de juicio salté de mi asiento á la mitad de la Cámara y en medio de una breve y vehemente peroración se me zafaron las siguientes frases con que

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ella empezó: "¿Quiénes son los locos que vienen á estas horas á proponer el restablecimiento del ignominioso monopolio del tabaco! Acaso tuvimos poco que macanear la ley que lo abolió, ni nos falta poco que hacer para complementar la absoluta libertad de esa industria?". Este verbo macanear causó mucha hilaridad en la Cámara y no pocas censuras; censuras entre burlescas y benévolas con que me persiguen hasta ahora mis amigos, no sin confesar el buen efecto que alcanzó, pues hallándome en mi casa un poco rabioso ó despechado por lo que acababa de pasar, recibí una carta del Sr. General López en que me decía que me tranquilizara, que acababa de dar la orden á los Secretarios para que no volvieran a tocar la cuestión. Al día siguiente pasaba yo por el atrio de la Catedral cuando el Sr. General López que se hallaba allí con el Sr. Juan de Francisco Martín y otras varias personas, me llamó y me dijo: "habrá quedado Ud. muy satisfecho de la orden que he dado á los Secretarios para que no insistan en contrariar la abolición del monopolio del tabaco, sino antes bien en hacer algo por complementar la ley, dejando la industria enteramente libre, no obstante las buenas razones aducidas por Mosquera en uno de sus últimos mensajes sobre la conveniencia de sostener el estanco; pero estando Ud. designado para ocupar el puesto de Secretario de Hacienda, es menester que se vaya preparando para allanar las dificultades en que nos vamos á ver con la supresión de tan importante renta" — Estimo mucho Sr. General, le contesté, la distinción con que Ud. piensa honrarme; pero á mí me seria de todo punto imposible corresponder á su benevolencia por muchas poderosas razones que tengo y que no son del caso exponer aquí. Por tanto debe Ud. pensar en otra persona para el manejo de la Secretaría de Hacienda y por lo que respecta al desfalco que Ud. teme por la supresión del estanco, estimo que no debe tener el menor cuidado, pues, libre aquella industria, y teniendo como tiene, tanta aceptación nuestro tabaco en los mercados de Europa, bien pronto se exportará en grandes cantidades cuyos productos acrecerán con su retorno al país los derechos de aduana, amen de los ingresos que tendrá el Tesoro público con el aumento de riqueza que dicha industria ha de procurar al país.

Todas esa reformas de directo beneficio para la próspera Piedecuesta se consolidaron con la división de la Provincia en tres nuevas provincias (Santander, Pamplona y Soto) (Ley del 17 de abril de 1850), de las cuales la Provincia de Soto tendría como “su capital la villa de Piedecuesta, compuesta por los cantones de Girón, Piedecuesta y Bucaramanga”. Para lo cual, se consideró necesario alquilar, adecuar y emplear la casaquinta empleada hasta entonces como factoría de tabacos para que se constituyese en la casa de gobierno provincial, y posteriormente, en sede provisional del Colegio Provincial de Soto (antiguo Colegio de Floridablanca). Entre tanto, en Europa se inmortalizaba el nombre de la cigarrera más famosa de todos los tiempos: “Carmen”. Cigarrera gitana cuya leyenda popular fue masificada en toda Europa desde 1845 por Prosper Mérimée al escribir la novela “Carmen” siguiendo los relatos de la Condesa de Montijo sobre los hechos trágicos acontecidos en 1830 a la cigarrera sevillana Carmen de Triana. Trabajadora independiente quien siendo la amante y protegida de un oficial vasco de uno de los Regimientos de Caballería se enamora de un afamado picador, razón por la cual, el amante deshonrado decide asesinarla al terminar una corrida de toros a la que asistía la gitana con sus compañeras cigarreras, materializando su acción ante la Puerta del Príncipe de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Treinta años después Georges Bizet universalizó dicha leyenda con la ópera “Carmen”.

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LOS TABACALEROS Las reformas liberales promovidas por los representantes políticos de los gremios económicos de las provincias, especialmente los comerciantes y empresarios que reclamaban libertad de comercio con otras naciones y el desestanco de los monocultivos de mayor exportación, para el caso particular de los tabacos de la provincia de Soto, no sólo conllevó a que los gobiernos de los Generales – Presidentes Tomás Cipriano de Mosquera y José Hilario López a través de sus ministros liberales propiciaran la adecuación del país como una república política, social y económica semejante al modelo paradigmático de los Estados Unidos de América pues atrajo la concentración de los capitales privados y el interés de los inmigrantes europeos en el cultivo, cosecha y exportación del tabaco clasificado de acuerdo a su calidad ó manufacturado como cigarros, rapé, chimó o mohó. Todo ello demandó a su vez una mayor mano de obra de hombres cosecheros, mujeres clasificadoras o cigarreras, arrieros y guardas de las cargas hasta los puertos, y especialmente, crecientes y regulares inversiones en la construcción de caminos carreteables, puentes sólidos y finalmente, la construcción de vías férreas en la medida que se incrementaron las demandas exportadoras de tabacos, seguidas por las de sombreros, quinas y finalmente cafés. Ante la decadencia y crisis de las artesanías hechas en algodón, especialmente el batán, los lienzos y las ruanas consideradas telas crudas y baratas de la tierra como consecuencia de la demanda de los textiles importados de Europa al ser más finos, durables y económicos que los nacionales, la liberación del tabaco del monopolio centenario en que se había mantenido para asegurar las rentas estatales y provinciales se constituyó para los políticos liberales en la promesa a través de la cual los campesinos y artesanos en ruina aumentarían los medios de subsistencia al aumentarse la demanda de obra en todos los ramos en la medida que se incrementaran las exportaciones a Europa. Antes de la creación del Estado de Santander (13 de mayo de 1857), los representantes políticos de las provincias que conformaron esa jurisdicción ya coincidían en la necesidad de reformas liberales que abolieran con monopolios y prácticas colonialistas, entre las cuales se encontraba el fin del estanco oficial como del control oficial al consumo interno y las exportaciones de tabaco. En 1846, los librecambistas del tabaco como el representante de Vélez Juan N. Azuero incitaban a los gobiernos provinciales y nacionales a abolir ese monopolio al ser la alternativa más importante para asegurar el progreso de las provincias cultivadoras, transportadoras o comercializadoras del mismo, siendo sus efectos inmediatos la desaparición de los vagos, mendigos y los criminales menores al extinguirse toda forma de desempleo y pobreza general; y consigo, “La expansión espontánea abriría las fábricas, se emplearían nuevas tierras, se talarían los bosques y se construirían carreteras; con el fin del monopolio el desarrollo comenzaría en forma automática”. Sin monopolios ni censuras de ninguna clase y a partir de la riqueza obtenida con el comercio de tabaco, el partido liberal prometía a las gentes comunes de Santander la realización de la promesa socialista europea de repartir la riqueza entre pobres y ricos, así como cumplía la tarea de “sembrar ahora para cosechar más tarde” acorde con los postulados del caudillo liberal radical Manuel Murillo Toro, primer presidente de Santander. Con lo cual, antes que la educación para obtener grados y títulos en escuelas,

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colegios, seminarios o universidades debían primar y aprenderse los hábitos propios de los comerciantes del mundo como eran: “la comunicación entre los hombres, el contacto entre los pueblos, la industria y los viajes”. Demostración de esas expectativas fue el traslado de la capital de Santander de la agrícola y conservadora ciudad de Pamplona a la principal provincia exportadora y tabacalera del Estado, específicamente a la ciudad capital de Bucaramanga (1857), al tener una ubicación vial y geoestratégica más equidistante para las demás provincias, por ser uno de los bastiones político-económicos y socio-culturales de los comerciantes liberales radicales, y específicamente, porque para entonces era el núcleo de la producción y el comercio de los tabacos, sombreros, cacaos, cafés y pequeñas artesanías que a través de los puertos sobre el Magdalena y el Catatumbo eran exportados al Caribe, las Antillas, Estados Unidos y Europa. Constituyéndose así en capital política y económica del Estado hasta la reubicación de la capital política en El Socorro (1861 – 1886). Así mismo, al constituirse el tabaco en el producto nacional de exportación que sustituyó gradualmente las exportaciones tradicionales del costoso y riesgoso oro, envuelto en una crisis mundial de sobreoferta y bajos precios, motivó a varios empresarios a redirigir sus capitales acumulados como sus inversiones tradicionales de la industria del oro metálico a la del oro humeante en su afán de buscar nuevas posibilidades de crecimiento y rentabilidad económica. Los empresarios neogranadinos asociados a los europeos, especialmente los tabacaleros de Soto, confiando en la pericia de empresarios como Geo von Lengerke, a través de sus casas comerciales en Socorro, Bucaramanga y Cúcuta lograron exportar desde 1872 a 1876 al mercado tabacalero de Bremen por lo menos la tercera parte de los 18.080.902 kilos de tabaco en hoja de primera calidad que envueltos en los tradicionales bultos recubiertos en cueros fueron enviados preferencialmente a esa plaza11. Si bien los cultivadores y comerciantes de tabaco de Santander conocían las dinámicas del cultivo y el mercado provincial y nacional no estaban preparados para asumir la economía de exportación al ser un ámbito que por décadas habían administrado factores españoles y neogranadinos expertos en las transacciones externas. Así mismo, no contaban con las condiciones industriales, financieras, técnicas ni tecnológicas para competir y asegurar su dominio en los mercados internacionales al acrecentarse la demanda europea y por ende la bonanza neogranadina. Con la exportación experimental republicana a Inglaterra (1834), la fiebre exportadora de hojas de primera calidad curadas por las factorías (1840) a Alemania y la liberalización exportadora del tabaco (1850) se alcanzó la cuadruplicación de la siembra y comercialización del tabaco colombiano, la riqueza interna permitió a los trabajadores el consumo de las manufacturas nacionales, se propició el desarrollo y consolidación de los transportes a vapor por el río Magdalena hasta los puertos marítimos, así como contribuyó al crecimiento de la producción ganadera de carnes, cueros y bestias de carga para el empaque y transporte del tabaco hasta los puertos fluviales. No obstante, la inexperiencia productiva y la improvisación exportadora era tan preocupantes que el comerciante y diplomático británico Guillermo Wills, citado por David Church Johnson, consideraba ya en 1831 que los neogranadinos del Socorro y Girón por ser gente belicosa y afecta a los monopolios estatales no tenían experiencia comercial, eran ignorantes y pobres, y en el peor de los casos, sus monocultivos y artesanías eran poco rentables al ser la ganancia esperada previamente consumida en fletes y sobrecostos de

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transportes a falta de caminos fluviales, carreteros o férreos seguros, rápidos y apropiados para las exportaciones. A ello se sumaban las conclusiones de Johnson al manifestar que “la expansión del tabaco fracasó a causa de la baja calidad, de los altos costos del transporte, de la falta de concentración del capital y, lo que es más importante, de la naturaleza esencialmente democrática del cultivador santandereano”12. De allí que la decadencia y el abandono de la producción tabacalera piedecuestana con fines de exportación, como reflejo de la crisis nacional, fuese explicable por causas como: 1. El cíclico ambiente de preguerra, guerra y posguerra civil bipartidista que se vivía en las provincias productoras de Tabaco (1858 - 1859, 1861 - 1862, 1867 - 1868, 1876 1877, 1885 – 1886, 1899 - 1902), así como los cambios constitucionales y legislativos impuestos por el bando vencedor, todo lo cual consumía los capitales de financiación de los cultivos, acababa con la mano de obra al ser reclutada y sacrificada en los campos de batalla, conllevaba al descuido o los obstáculos para el uso de los caminos y vías de transporte por cada uno de los bandos, y por consiguiente, generaba la imposibilidad de cumplir con las demandas y pedidos nacionales e internacionales al paralizarse la cadena de producción. 2. Las técnicas obsoletas de cosecha y empaque de las materias primas comercializadas que al pretender aumentar el peso de las cargas y los ingresos del cosechero conllevaba a la desconfianza y desprecio en la calidad de las materias primas provenientes de Santander en Colombia como en el exterior. Al igual que las fibras de algodón y las cáscaras de quina que socorranos y gironeses empacaban con semillas y ramitas húmedas para aumentar su peso y volumen, los cultivadores de tabaco “curado” eran ignorantes en las técnicas básicas de siembra, cosecha y empaque para mercados externos. Un ejemplo de ello es el análisis hecho por Johnson a los esfuerzos de Victoriano Paredes, empresario y político piedecuestano vocero del gremio tabacalero, quien se propuso mejorar el cultivo de las variedades nativas y foráneas de tabacos empleando sus experiencias como cultivador parroquial, contador provincial y administrador general de esa renta. Siguiendo la “Instrucción para el cultivo y beneficio del tabaco semilla de Cuba y de Ambalema adoptada en cuanto ha sido posible a las prácticas y costumbres de los cosecheros de Girón, Palmira i Ambalema (Bogotá, octubre 18, 1838), Johnson expresó: En 1838 Victoriano de Diego Paredes, quien más tarde sería presidente del Estado de Santander, intentó promover en Girón y Ambalema la experimentación con esquejes cubanos y el análisis comparativo de las técnicas utilizadas en estas regiones con el fin de averiguar qué podría ser útil para mejorar la producción. El gobierno ordenó que se enviaran copias de este panfleto a todas las fábricas del monopolio; desafortunadamente, los conocimientos de Paredes sobre suelos se limitaban a la clasificación en húmedos y secos y fértiles o infértiles. Sus sugerencias para la plantación y recolección solamente confirmaron las prácticas corrientes y no contribuyeron a mejorar la calidad13.

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Siendo presidente del Estado Soberano de Santander, Paredes hizo nuevos esfuerzos por el fomento del mejoramiento técnico y tecnológico de la producción de tabacos al entregar a las gentes pobres tierras baldías para su cultivo, siendo modificada esa política al darse preferencia a cultivadores expertos en la siembra y cosecha de ese monocultivo. Personas capaces a quienes se les orientó en las innovaciones agrícolas a seguir para mejorar ese cultivo por medio de artículos agronómicos en la Gaceta de Santander (1868). Una estrategia de instrucción popular a través de los medios masivos de comunicación que desde la perspectiva de Johnson cumplía los siguientes fines: La publicación de artículos de carácter semi-técnico ayudaría a los agricultores a evitar los errores en los que se había incurrido recientemente en la industria del tabaco, cuya decadencia estaba directamente relacionada con la introducción de una nueva variedad de semillas. Con el propósito de satisfacer a los exportadores, los cosecheros plantaron semilla Palmira o San José de los Llanos, que producía una mata grande con muchas hojas que les ayudaba a sacar ganancias con el método de pago según el volumen; desafortunadamente, a pesar de la lozanía de las matas, las semillas de Palmira cultivadas en suelo santandereano producían el "peor tabaco de América". La información y la experimentación científica habrían evitado este problema que desacreditó el tabaco de Santander en los mercados europeos. Una reglamentación más estricta parecía ser la respuesta tanto en la agricultura como en el gobierno. No se podía confiar en que la gente siguiera la senda más prudente14. Las consecuencias de las equívocas técnicas productivas para cultivar más cantidades con menos calidad se evidenciaron al ser sustituida la demanda del tabaco colombiano por el dominicano después de tener precios superiores al 25% de diferencia. El tabaco de exportación enviado a Europa perdió los elogios del pasado siendo cuestionado y despreciado después de la depresión de 1858 al ser evidentes los cambios en las semillas de las variedades nativas, la falta de preparación y fertilización del suelo, las enfermedades foliares, la esterilidad de los suelos empleados por los pequeños cosecheros al poseer laderas arcillosas y no en las vegas fértiles de las haciendas empleadas para sembrar pastos o cañas, diferentes métodos de secado y curado al seguir cada cosechero sus técnicas individuales, y consigo, diferentes colores y sabores en los lotes enviados. Todo lo cual hacía inútil y poco viable el comercio en Europa de los tabacos considerados en Colombia como de primera a los bajos precios del tabaco ordinario (o de tercera). 3. Los problemas internos de competencia y desorganización entre productores y comerciantes. A falta de los inspectores oficiales de siembras, cosechas y manufactura del tabaco que habían garantizado la exportación de tabacos desde 1834 hacia los puertos anglosajones, acordes con las demandas del mercado europeo, al no existir regulaciones ni consensos sobre la calidad de las semillas, los procesos de cultivo, el tratamiento de las cosechas, el uso final del tabaco seleccionado, y especialmente, la calidad de los empaques para garantizar su transporte hasta los puertos de destino, las características, condiciones y demanda del afamado tabaco “gironés” fueron decayendo hasta ser finalmente sustituidas las actividades comerciales de los grandes empresarios tabacaleros por la extracción de

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quinas, la ampliación de los cultivos de cacaos en las cuencas hidrográficas más cálidas (Sogamoso, Lebrija, Zulia), la incursión en los sembradíos de cañas de azúcar y algodón para abastecer la demanda interna y externa a partir de la guerra civil estadounidense, y especialmente la masificación del cultivo del café cuyas exportaciones en la Provincia de Pamplona (Cúcuta, Pamplona, Bucaramanga) para 1808 eran superiores a las 5000 arrobas. 4. La conformación de monopolios comerciales privados que administraban y controlaban los precios de la producción de tabacos a través de sus haciendas. Los terratenientes al acaparar la producción demandada por el mercado arruinaron a los pequeños cultivadores que tradicionalmente habían contratado y vendido a las factorías sus cosechas, los condicionó a emigrar a otras provincias o asumir la condición subyugantes como aparceros o jornaleros, así como condicionaron la actividad de los comerciantes exportadores al mantener o incrementar constantemente sus precios internos de venta de las hojas de primera y segunda clase que sacaban al mercado nacional al cumplir con sus compromisos internacionales mientras en el exterior fluctuaban y decaían los precios de negociación y compra de los que dependían las ganancias y la recirculación de los capitales de los intermediarios y exportadores. Sumándose a esas pérdidas, los altos costos de transporte terrestre desde los lugares de empaque hasta los puertos de exportación, lo cual generaba sobrecostos para los comerciantes intermediarios o distribuidores, quienes al agregarlos a los precios finales de venta hacían inviable y poco rentable la compra y comercialización del tabaco santandereano. El gobierno estatal contribuyó a su vez a legitimar esos excesos y abusos al otorgar a los grandes terratenientes permisos de cultivos excesivos, incluso hasta de millón y medio de plantas, lo cual les permitía redistribuir a su libre criterio esas cotas de cultivo entre los pequeños cosecheros particulares asentados en tierras de ladera no aptas para el tabaco o entre los cosecheros que actuaban como jornaleros o aparceros en sus haciendas. Con lo cual, los cosecheros estaban condicionados a depender de sus favores, préstamos o tierras, y consigo, a venderles exclusivamente las cosechas a precios inferiores al mercado, a aceptar pagar un porcentaje sobre los precios finales de venta ó a retener arrobas específicas de tabaco por hectárea o porcentajes de la cosecha. La consecuencia de esas formas de explotación laboral, iguales o peores a las vividas durante el monopolio estatal español y republicano, se manifestaron en el cultivo de mayores cantidades de hojas por los cosecheros pobres sin cumplir con las calidades mínimas para ser exportables como eran ser finas, livianas y uniformes en su proceso de secado y curado. 5. La competencia de los empresarios y exportadores holandeses quienes desde sus colonias e islas en América y el sudeste de Asia (Java, Sumatra) inundaban el mercado europeo con hojas de tabacos de mejor calidad, conservación y propiedades fisicoquímicas a menores precios, aunado a los tabacos exportados por dominicanos y cubanos, así como la escasez de la tripa brasileña empleada para los puros europeos, que conllevaron a partir de 1870 a fluctuantes crisis en la bonanza de las exportaciones de las hojas de tabaco colombianas desde que se había liberado gradualmente el cultivo y comercio de esa renta fija del Estado colombiano en 1846. La situación de dependencia a la demanda de un solo mercado internacional desde 1853 era de tales proporciones que al colapsar el mercado

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alemán en 1878: “Bremen recibía el 89% de las exportaciones colombianas de tabaco, pero únicamente el 13,7% de las importaciones de tabaco en Bremen provenían de Colombia”15. A ello se sumaban prácticas equívocas de planificación de los cultivos y las épocas de siembra basadas en la masificación del cultivo por los agricultores al conocerse el incremento de los precios en Europa como efecto eclipsante de las anheladas “bonanzas”. Con lo cual, entre el tiempo de la demanda inicial del tabaco que había propiciado los precios altos de compra y el tiempo de la exportación del tabaco sembrado las bodegas alemanas habían acumulado tanto tabaco que al empezar a venderlo a los altos precios iniciales y ser inundado el mercado con el tabaco sembrado sin proyección alguna y a bajos precios por los comerciantes colombianos al no tener capital suficiente para retenerlo y acumularlo, era inevitable la quiebra de los comerciantes alemanes y la caída dramática de los precios de compra de los nuevos lotes cuyos efectos mediatos eran la ruina para los comerciantes colombianos, y consigo, la pérdida de todo interés en invertir o comprar las futuras cosechas. Constituyéndose así el tabaco en un producto despreciado y poco rentable en los años posteriores a las crisis exportadoras de 1857 – 1858 y 1878 – 1879. 6. Los importadores alemanes empleaban el tabaco en hoja que compraban para elaborar cigarros finos siempre y cuando tuviesen las características físico-químicas necesarias para su transformación en puros que imitaban las vitolas españolas de Cuba. Al respecto, Don Ramón Mercado, Cónsul de la República de los Estados Unidos de Colombia en Bremen, respondió al Secretario [federal] de Hacienda y Fomento (febrero de 1871) a sus preguntas sobre las “causas principales que, en concepto de las casas consignatarias de esta ciudad, han influido sobre el precio del tabaco colombiano” al expresar que la calidad del tabaco colombiano había decaído y era depreciado por el mercado alemán porque se había agotado la tierra de producción en Colombia al hacerse más de una cosecha anual, con lo cual, los tabacos carecían de “los jugos necesarios para nutrir esta planta, o bien porque no se cultiva con todo el cuidado necesario”. Por el contrario, el tabaco de Java exportado a Alemania se caracterizaba por una “hoja fina, delgada y de buen color, acanelado como obscuro, y por esto la aplican para capa de una gran parte de los cigarros finos, porque a más de tener buen sabor y olor, arde bien, produce la ceniza blanca y gusta a los consumidores, lo cual, unido a que por ser la hoja delgada se producen con una libra muchos cigarros, son causas que contribuyen a mejorar sus precios”16. A la calidad de la hoja se sumaba que los tabacultores europeos al hacer sus envíos desde las colonias y factorías tabacaleras asiáticas se preocupaban por escoger y empacar con mucha escrupulosidad las cargas, razón por lo cual eran muy confiables para los demás europeos porque “los compradores les basta ver la primera muestra al abrir un bulto, para tener seguridad de que todo es casi igual, lo que no sucede, en muchos casos, respecto del nuestro, el cual les sale muy mezclado”. Siendo agravada la situación de los tabacos colombianos cada vez que se sobreofertaba el tabaco de primera calidad del Brasil, lo cual conllevaba a que por sus bajos precios fuese empleado por los cigarreros europeos como tripa para los cigarros ordinarios, así como presionaban a que los demás tabacos americanos fuesen condicionados a bajar sus precios o ser vendidos como tripas enrolladas y envueltas por las afamadas y apetecidas “capas” asiáticas. En general, los tabacos colombianos después de cuarenta años de exportación ininterrumpida y en volúmenes quintuplicados no cumplían ya para 1871 con las

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expectativas y necesidades de los cigarreros alemanes porque, en palabras del mismo Cónsul R. Mercado: La mayor parte del tabaco colombiano es aplicado por los fabricantes alemanes para capa de cigarros, por lo cual exigen que su color sea igual acanelado obscuro, que sea fina y consistente la hoja, que arda bien produciendo buena ceniza, y que reúna en lo posible las apariencias del habano, porque los cigarros se venden generalmente como tales, y aún muchos llevan las marcas de las fábricas principales de Cuba. Puede decirse que a excepción de los cigarros muy finos que se fabrican con solo tabaco de La Habana, en todos los otros entran diferentes clases, para producir con esta mezcla el color, el olor y el sabor convenientes, en relación al precio. / Según la opinión de todos, aquí el tabaco de Ambalema, y en general el de Colombia, de buena calidad, bien escogido y empacado obtendría, si no los altos precios que en otras épocas, por lo menos unos que halagarían y dejarían satisfechos a los productores. Hoy han mejorado ya algo los precios por ser la calidad en este año mejor que la del anterior; y si las ventas no han sido tan considerables, depende esto de que la guerra y el invierno han interrumpido las comunicaciones... El consumo de tabaco en Alemania, lejos de haber disminuido, aumenta. Las fábricas de cigarros son numerosas, y la ciudad de Bremen es, en lo general, la plaza de depósito y expendio de este artículo. Casi sólo el de Java se lleva a Amsterdam y Rotterdam por ser una colonia holandesa y ofrecer el Gobierno de ese país una exención de derechos al tabaco que se introduzca en aquellos puertos en buques nacionales; mas el consumo de este tabaco es muy considerable en Alemania, y si no se introduce en mayor cantidad, sí en igual que el de Colombia...17 Si bien el tabaco santandereano se quintuplicó en su producción entre 1857 y 1879, los precios descendieron en un 30% a medida que decaían las exportaciones generales. Con lo cual, para producir cinco veces más se requerían cinco veces más trabajadores y capitales, quienes al ganar cinco veces menos fue incontenible el desinterés de los cosecheros en continuar cultivando tabaco optando por los cultivos de pancoger, así como la mano de obra fluctuante migró hacia las provincias prósperas del norte de Santander, incluidos los estando andinos venezolanos, en donde se vivía la prosperidad material que generaba la caficultura, la fiebre comercial y el desarrollo ferroviario. La tendencia era tan evidente que mientras las exportaciones de café pasaron de tener una participación del 9,8% (1.168.828 pesos en 1876) al 11% (1.504.074 pesos) en 1878, el tabaco pasó de tener una participación del 14,7% (2.129.945 pesos) en 1876 a sólo el 5% (564.074 pesos) en 1878. El retroceso y desinterés por cultivar los cientos de miles de cargas de tabaco que se había acostumbrado a producir y exportar los tabacultores de Soto y Guanentá después de la supresión legal del estanco en 1850 también se veía reflejados una década antes en las cifras de producción agrícola departamental [provincial] reportadas al Gobierno federal en 1870, las cuales sumaban un total de 472696 cargas, superando la producción de panela (38,35%), hortalizas (35,04), café (8,59%), trigo (5,79%) y azúcar 3,11%) a la producción de tabaco (2,72%), la cual superaba de forma incipiente a nacientes renglones productivos

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como el arroz (2,47%) y el algodón (1,49%), o exportaciones tradicionales como la quina (1,2%), el cacao (1,08) y el añil (0,11%). En cuanto Respecto a la producción de tabaco, de las 12897 cargas producidas en los ocho departamentos del Estado de Santander, el 57,37% se habían cosechado en el Departamento de Guanentá, 38,76% en Soto, 2,45% en Socorro y el 0,96% restante en el Departamento de Cúcuta. Evidenciándose a su vez la mayor concentración y especialización en la producción de panela en Guanentá, trigo en Pamplona, azúcar y panela en el Socorro, los tradicionales café y cacao en Cúcuta, mientras que Soto se orientó prioritariamente a producir hortalizas (70,32% de la producción estatal) y panela (12,73% de la producción estatal) 18. De tal modo, el interés por buscar soluciones de fondo para la crisis tabacalera fue mínimo o nulo por los empresarios exportadores y los gobernantes liberales que representaban esos gremios pues mientras al norte del Estado se redireccionaban todos los esfuerzos en función del paradigma cafetero promovido por los comerciantes y caficultores de Pamplona, Cúcuta y los estados andinos venezolanos, al sur del Estado los empresarios exportadores orientaron sus esfuerzos en el próspero, rentable y nada costoso negocio de extracción de cáscaras de los árboles de quina existentes en todos los montes y bosques de Santander al conocerse que los empresarios alemanes Lengerke y Lorent había confirmado la alta calidad y los exorbitantes precios pagados por la exótica y muy demandada variedad de chinchona santandereana (cuerea, lancifolia o punta de lanza) en los mercados europeos desde 1881. Llegándose incluso a una guerra de guerrillas entre los ejércitos de cada una de las casas comerciales extranjeras por monopolizar esa extracción en las tierras baldías. Desde tal perspectiva, al darse todo la importancia a “el tiempo de las quinas” seguida de la “fiebre del café”, el cultivo y la manufactura del tabaco en hoja santandereano desde 1880, especialmente los de Girón, Piedecuesta, San Gil y Capitanejo exportados a Europa, reasumieron la dinámica colonial española de abastecimiento interno en pocos volúmenes a las provincias nororientales y fronterizas hasta llegar a la capital del país. Los tabacos de Palmira exportados a Perú y Chile reconcentraron sus abastos al litoral pacífico, los tabacos de Ambalema enviados a las Antillas, los países caribes y los Estados Unidos reconcentraron su lugar en abastecer el sur de Colombia, los valles interandinos y los puertos caribeños, así como el tabaco del Carmen de Bolívar fue distribuido a la mayor parte del litoral caribe. Aunque el mercado interno fue abastecido especialmente por el tabaco cosechado en Palmira y Ambalema al no ser demandado ni consumido por el mercado externo, con lo cual, el mercado del tabaco gironés fue reducida a la demanda local y provincial tradicional. Siguiendo la recomendaciones de mejoramiento de la tabacultura de exportación por parte de líderes liberales como el Dr. Dn. Rafael Núñez, Cónsul General de la República en El Reino Unido (1872 – 1874), especialmente aquella en la que expresaba la necesidad de garantizar “4o. La exportación de cigarros, cigarrillos, picadura, etc., tratando de imitar los artículos, de estos géneros que aquí se consumen"19, y considerando el reestablecimiento de la calidad entre los cosecheros al no existir la presión de cosechar grandes cantidades para la exportación, aunado a la concentración de la economía estatal en la producción exportadora de café al norte de Santander, un sector de los empresarios tabacaleros, acorde con Mario Galán Gómez “perfeccionó la elaboración de cigarros y dio principio a la industria de cigarrillos”. Siendo ampliada esa idea por David Johnson al expresar que ese mismo sector puso “…a salvo parte de su capital con la fabricación de

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cigarrillos y rapé; este viraje no se debió a una intuición de tipo tecnológico o especulativo sino al hecho de que el suave tabaco santandereano era más apropiado para los cigarrillos, razón por la cual Santander tenía una participación tan baja en el mercado de exportación de cigarros”20. Los nacientes empresarios cigarreros se esforzaron a su vez por incursionar en el mercado adoptando las vitolas de las industrias españolas de cigarros, incluidas las cubanas, al incrementarse la demanda de fumadores habidos de las manufacturas de puros y cigarrillos acordes con las modas y tendencias seguidas en los bares y cafés de Europa y los Estados Unidos. Para lo cual, debieron reconcentrar la mano de obra de las cigarreras empleadas en el pasado, los instrumentos artesanales de producción y la tecnificación de las materias primas a través de edificios acondicionados como fábricas para el almacenamiento de tabacos refinados y la producción en línea de los cigarros bajo la supervisión de los administradores y propietarios de las fábricas como de las marcas comerciales que las identificaban en el mercado local, nacional e internacional. Para la elaboración de los cigarrillos artesanales se emplearon las máquinas estadounidenses patentadas desde 1860 mediante las cuales el tabaco rubio debidamente curado y aliñado se introducía dentro de una tira continua de papel que iba ingresando a un “tubo conformador” que daba al tabaco la forma de un cilindro regular, el cual era asegurado al ser engomada la tira de papel. Seguidamente una cuchilla giratoria de acción intermitente cortaba los cigarrillos, siendo posible producir diariamente de esa manera al menos cien cigarrillos antes de pasar al proceso manual o automatizado de empaque21. La fabricación industrial de cigarros acordes con los estándares de calidad internacional desarrollados por los españoles (europeos y antillanos) a través de sus fábricas reales de cigarros requirió entrenar a los hombres y mujeres en el proceso de enrollado, torcida, envoltura y acabado del cigarro, cuya técnica de elaboración a inicios del siglo XXI sigue siendo la misma que la adoptada a mediados del siglo XIX. Descripciones sobre la elaboración de los cigarros. Herederos de las tradiciones mercantiles europeas los empresarios cigarreros contaban con libros donde llevaban el sistema de cuentas de la producción realizada por los obreros, para lo cual registraban la vitola realizada, la cantidad de materia prima que se les entregaba y debían emplear para la elaboración, el número de cigarros producidos con ese material y para esa vitola, y en una última columna la ganancia pagada al obrero, “cuya ganancia es directamente proporcional a la tarea diaria”. Producir un cigarro fino para 1919 requería seguir un proceso industrial uniforme descrito de la siguiente manera por un “cronista” del naciente periódico regional “Vanguardia Liberal” al visitar la fábrica “La Hamburguesa” de Pedro Sepúlveda: Pasamos después al primer claustro del establecimiento donde están los depósitos de tabaco y las obreras que se ocupan en quitarle la vena [limbo o nervadura central] a la hoja, que va a transformarse luego en picadura. Allí funcionan dos magníficas máquinas picadoras marca Miller Dubrull, que desmenuzan cada una 400 libras diarias. En los claustros del segundo patrio trabajan unas 85 obreras. Hay alegría en los semblantes y se observa en todo el mejor orden. Las enrolladotas hacen el trabajo

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de pié, cada una frente a su máquina en mesas separadas. Las <<torcedoras>> o encargadas de poner la última envoltura del cigarro, trabajan sentadas alrededor de mesas especiales colocadas simétricamente. Otros empleados se encargan de tiquetear y de clasificar uno a uno los cigarros. Tiene la fábrica su departamento de carpintería exclusivamente para la fabricación de cajas para empaque. Todo aquí es absolutamente limpio y confortable22. Afán por la disciplina y la higiene reafirmado en la recién creada fábrica de cigarros “La Herradura” de José Antonio Escandón, caracterizada por sólo emplear materias primas y maquinarias colombianas para “probar que podemos independizarnos en mucho de los mercados extranjeros”, en donde otro cronista de Vanguardia Liberal observó en 1919 que: “Al atravesar el zaguán me detengo a leer una inscripción terminante: “Se prohíbe la entrada con niños”, y encuentro que, realmente, la invitación de Jesús, “Dejad a los niños que vengan a mí”, en este siglo está por completo reñida con la higiene de las fábricas”23. Evidenciándose así los relatos de las octogenarias cigarreras piedecuestanas quienes recordaban que su escuela de formación como torcedoras de tabacos finos, regulares u ordinarios había sido en las “faldas de sus mamás” o debajo de sus mesones de trabajo ayudando a espalar o haciendo perillas desde los ocho años. Siendo una constante también vivida por las actuales dueñas de fábricas y fabriquines como se puede reconocer en el capítulo final a través de las historias de vida de diez mujeres cigarreras representativas del patrimonio inmaterial del tabaco, los cigarros y las cigarreras de Piedecuesta. La importancia de formar desde muy niñas a las futuras rolleras, torcedoras, empacadoras, administradoras y propietarias de fabriquines o fábricas que engrosaban las siguientes generaciones de cigarreras fue analizada y explicada en 2009 desde la articulación del oficio mecánico – manual con la apropiación socio - lingüística de un tecnolecto acorde con las necesidades locales y gremiales de la producción cigarrera de la siguiente manera:
La población tabacalera de Piedecuesta se desenvuelve profesionalmente en los fabriquines y en las fábricas cuyo rango de edad oscila entre los 16 y 56 años. Siendo los de menor rango de edad los auxiliares de cada uno de los sitios de trabajo y los de mayor rango quienes desempeñan las grandes tareas. En el tecnolecto del tabaco de la comunidad estudiada, dos hechos marcan su diferencia dialectal con quienes no se dedican a este oficio: una tradición oral por medio de la cual se adquiere el tecnolecto en su complejidad, que es transmitido desde una temprana edad en la que los procesos de internalización de la lengua son críticos (queriendo con esto afianzar por lo menos la primera parte de ésta, que es la producción oral antes del conocimiento consciente de la gramática), por lo que no se presentan variaciones significativas (esto es de alguna manera comparable a la lengua materna) en los recursos lingüísticos de la comunidad tabacalera; otra, la tradición cultural que configura cada fabriquín o fábrica y determina la mayoría de relaciones sociales, de convivencia y pertenencia que en éstas se dan. Es pertinente ahora mostrar cómo se dan dichas relaciones en la parte interna de la estructura sociolingüística de cada ámbito estudiado. Por un lado, se da en la comunidad las relaciones fuertes, como las familiares y de los amigos, por otro lado, se dan las relaciones de conocidos (personas que llegan por algún contacto al lugar de trabajo). Este hecho condiciona sistemáticamente los tipos de relaciones que allí se configuran

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diariamente: la cercanía, la confianza, y de alguna forma el conocimiento de y con la otra persona, determina el trato, el lugar de trabajo y posiblemente la permanencia; se crea un espacio restringido y restrictivo de estos lugares que habitualmente están conformados por un núcleo familiar. Estas relaciones son más estrechas en los fabriquines ya que el sitio de trabajo es su misma casa, allí se encuentran primos, mamá e hijo etc. A este respecto cada ámbito tiene una organización específica: El fabriquín que está conformado principalmente por los torcedores que en su mayoría son mujeres y los rolleros comúnmente hombres, también cuenta con otros trabajadores de menor rango como son los cajeros y los emperilladores, estos dos oficios sólo se requieren en época de alta productividad por lo que no es común encontrar estos personajes en todos los fabriquines. La fábrica que está constituida jerárquicamente por un administrador, que dirige un grupo de empacadores que se subdividen de la siguiente manera, primero el cajero, luego el anillador, posteriormente el amarrador, el empacador corriente y finalmente el englasinador. Generalmente trabajan más hombres que mujeres. De esta misma forma, la pertenencia a este grupo humano incluye dentro de sus requerimientos el compartir ciertos conocimientos como el tecnolecto. Es así como los fabriquines y empacadores se configuran en comunidades lingüísticas, en tanto poseen una serie de conocimientos de la variedad de la lengua a la que están inscritos y que definen la comunidad misma y en comunidades de práctica, en tanto los participantes y miembros se reúnen en torno a un objetivo común. A medida que los conocimientos de estos oficios se afianzan, los trabajadores son cambiados de puesto hacia otro que genera mayor responsabilidad, procesos más cuidadosos, y en algunas ocasiones oficios que requieren de una mayor destreza. Así mismo, las relaciones inter-grupales se consolidan y la persona ajena a un lazo de consanguinidad entra a ser parte de la comunidad como si fuera miembro de la familia. En la fábrica estas relaciones no son tan constantes debido a que el personal varía de acuerdo a las necesidades de empaque, es decir que si necesita nuevo personal por un periodo corto se contrata y luego se prescinde de ellos. Lo que se rescata de los dos procesos es que todos ellos son desarrollados manualmente y sin ellos quizás no existiría la producción del tabaco en Colombia24.

La experiencia cigarrera de de la segunda mitad del siglo XX, centrada en la producción de cigarros ordinarios (“chicotes” o de tercera calidad”) y regulares (“corrientes anillados” o de segunda calidad) de los fabriquines (fábricas domésticas, microfamiliares e independientes de tabacos) fue descrita entre 1975 y 1995 a través de los siguientes pasos o etapas para la producción de cigarros: El proceso de elaboración de los tabacos es el siguiente: a. Espalar la capa y el capote, es decir, sacarle a cada hoja de tabaco, la vena más gruesa. b. Hacer el rollo; en una pequeña máquina manual de metal que lleva un pedazo de lona. c. Envolver el rollo en la capa; el terminado consiste en pegar con almidón por una de sus puntas el último pedazo de capa. d. A cada uno de los tabacos más finos, se le coloca anillo. Los tabacos en paquetes de 25, 50 o 100 unidades, sellados con la estampilla adquirida en la Renta Departamental25.

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Bajo la premisa que la elaboración de cigarros puros y corrientes ha sido en Colombia “una actividad muy tradicional en las zonas especializadas en la producción primaria de tabaco, principalmente en el Departamento de Santander en los Municipios de Girón y Piedecuesta”, los investigadores del Ministerio de Agricultura recrearon en 2005 el proceso manufacturero de los cigarros de la siguiente manera: La elaboración de los cigarros en forma manual sigue siendo importante, y en general, se lleva a cabo como se hacía a mediados del siglo pasado… La torcida del tabaco es un proceso muy particular, en primer lugar se seleccionan las hojas por calidad, tipo y tamaño, para preparar la tripa, la capa, y el capote. La tripa es lo más importante del cigarro, es el núcleo donde diferentes combinaciones de hojas de tabaco le dan a éste sus características de aroma, de sabor y calidad. “La capa es la hoja que está en contacto directo con la boca, por lo que su sabor acompaña toda la fumada” y el capote es la parte del cigarro que sujeta la tripa. Lo primero que se hace es ligar el tabaco, lo cual consiste en mezclar 2 ó 3 clases de tabaco, seco y ligero, que componen la tripa del tabaco, se combinan estos tipos de tabaco de manera que una mezcla de cada marca contenga unas características especiales y distintivas. La composición de las ligadas es uno de los secretos más bien guardados de las fábricas. El “torcedor” enrolla los tabacos, distribuyendo las hojas en las palmas de la mano y retorciéndolas, utilizando para ello, herramientas como la tabla de rollar (donde se enrolla el cigarro), una cuchilla con forma de media luna llamada chaveta (para cortar las hojas) y una guillotina (para cortar el largo del tabaco a la medida). Una vez se ha torcido la tripa, se recubre con el capote y se introduce en un molde para que el tabaco vaya adquiriendo forma. Dichos moldes se cierran y se colocan en una prensa, con el objeto de sujetar las hojas. Enseguida se coloca la capa, esta se recorta a la medida y por último, se le pone al cigarro una perilla (una prolongación de la capa que recubre la cabeza del cigarro), la cual se fija con goma. En Colombia se fabrican cigarros desde el siglo XIX, en la actualidad las empresas que procesan este producto se caracterizan por ser pequeñas y utilizar técnicas de producción “rudimentarias”. Su actividad se desarrolla casi en su totalidad en los departamentos de Santander, y Valle del Cauca. La comercialización de este producto es regional y localizada, se hace al detal y en el caso de las exportaciones, éstas son esporádicas e insignificantes Se calcula que la elaboración de un puro hecho a mano implica un proceso de más 222 etapas desde su siembra hasta el producto terminado antes de ser distribuido, el cual consume un tiempo no inferior a cuatro años, ya que pasa por procesos de selección, clasificación, empaque y añejamiento; a diferencia de los “chicotes” tradicionales, que tienen un proceso de fabricación con una duración de algo más de quince días. En todo este proceso se requiere de un gran número de mano de obra no calificada26.

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PROCESO DE ELABORACIÓN DE LOS CIGARROS FINOS HECHOS A MANO EN PIEDECUESTA

Fotogramas tomados de: CIGARROS CHICAMOCHA. Producción. [En línea]. Piedecuesta: Cigarros Chicamocha, 2009.

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A partir de su experiencia en la fábrica de cigarros Picasso, así como desde la construcción propuesta para un tecnolecto del tabaco entre los rolleros, las torcedoras las torcedoras y los empacadores de cigarros de las fábricas y fabriquines de Piedecuesta, la lingüísta Jesie Ruíz describió y caracterizó entre 2007 y 2009 el proceso de producción de los cigarros corrientes piedecuestanos diferenciando el fabriquín de elaboración de cigarros corrientes de la fábrica de empaque, a pesar de estar directamente corelacionados al trabajar los fabriquines sólo para las fábricas y al sólo poder las fábricas comercializar las “compras” hechas a los fabriquines. Desconociendo además los procesos paralelos de producción y empaque de los cigarros finos, tipo exportación, elaborados desde 1987 en Piedecuesta en fábricas de Cigarros como “Gamos”, a la cual visitó y fotografió la investigadora. En su descripción sobre los cigarros corrientes expresaba: En cuanto a la producción del tabaco en Piedecuesta Santander, hay dos ámbitos diferenciados en los que se siguen diferentes procedimientos. El fabriquín Es un lugar acondicionado para la elaboración artesanal del tabaco en el se encuentra un grupo de trabajadores llamados los artesanos del tabaco o fabriquines, nombre que utilizan los administradores de las fábricas para hablar de ellos, son en la misma ciudad el grupo de cigarrero y familiarmente también se les puede nombrar como los chicoteros pues ellos se encargan de elaborar el chicote que para este caso será el tabaco artesanal o corriente. Dentro de este gran grupo hay personas que son especialistas en un oficio, aunque conocen el procedimiento de todos son diestros más en uno que en otros. Aquí encontramos los rolleros, las torcedoras, los cajeros y los emperilladores. El rollero es la persona que hace el rollo, y para elaborarlo emplea la maquina rollera o mesón, como instrumento de trabajo y la picadura y capote como materia prima para elaborar el rollo. La picadura está constituida por los recortes, las venas o palillos y la broza, que son los sobrantes pues en la producción de tabaco nada se desperdicia. Para cumplir con la producción masiva del rollo, el rollero se ayuda con el cajero quien manipula el capote, lo espala con la ayuda de la puntilla y lo corta en el tamaño indicado para elaborar el rollo. Este rollo necesita para su elaboración un buen capote que es una hoja seca de baja calidad, una picadura que se elabora con el recorte de las perillas y la vena que queda de espalar. La torcedora, es por lo general, una mujer que se encarga de terminar todo el trabajo artesanal del tabaco y le da al producto la forma y belleza necesaria con sus valiosas manos, para que esté listo para la venta. Para torcer estas artesanas necesitan, en primer lugar acondicionar la capa para que pueda ser manipulada sin dificultad, para ello la humedecen con un rociador y luego de que ella adquiera la textura deseada, la empalman. Posteriormente la (d)espalan o (d)espalillan con la puntilla como hacen los rolleros y finalmente emperillan el tabaco, es decir que le hacen una perilla con los recortes para dejar listo el producto para el consumo. Por lo tanto, para elaborar este producto se necesitan varios instrumentos, la capa y el rollo por un lado y por otro lado el cortador o guillotina, la pacora, el aparato

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y la goma dentro de su gomera respectivamente, además del mesón para torcer y la silla o tabrete para proporcionar comodidad a las chicoteras o cigarreras. Una torcedora hace todas sus labores, empalma, corta, espala, tuerce, emperilla y amarra. Los emperilladores, son las auxiliares de las torcedoras y como su nombre lo indica se encargan de hacer las perillas de los tabacos hay que aclarar que estas perillas en este campo solo se le hacen al romo o reina. La fábrica Es el lugar donde llegan todos los tabacos que hacen los artesanos. Allí continúa el proceso y pasa al empaque del que se encargan los empacadores. Los empacadores al igual que los fabriquines desempeñan varias tareas y se especializan en una de ellas. Dentro de este grupo encontramos primero los cajeros que se encargan de cajear, aromar y prensar, los anilladores que se encargan de anillar, los amarradores que se encargan de amarrar y los empacadores de etiquetar, y envolver con manifol y los englasinadores también empacan pero con celofán o polipropileno. Los cajeros necesitan el aromar creado especialmente en la fábrica, necesita un compresor y el aroma, esencia o salsa, las tablas y la prensa. El cajero de la fabrica es el que hace los oficios varios de un empacador, aroma, cajea en las tablas, prensa y amarra. Luego de cumplir estas tareas el cajero le pasa las tablas al anillador. Los anilladores necesitan los anillos con la marca de la fabrica para anillar y el almidón de yuca, harina de trigo o bore para pegar, por otro lado, encontramos los amarradores especializados en amarrar los tabacos corrientes (entre los cuales se distinguen en primer lugar los chicotes, además los cigarros, los romos, las reinas, las calillas pequeña y las calillas grandes) en paquetes de cincuenta con cabuya, papel periódico en el caso de los tabacos de menor calidad y con cinta para el englasinado de los tabacos de mejor calidad. Finalmente, el proceso del empaque se divide en dos tipos, un empaque corriente que los hacen los empacadores con papel manifol y almidón de yuca y, otro que hacen los englasinadores con papel celofán o papel polipropileno, para terminar de enchuspar lo pegan con la plancha o con un bombillo terminando todo el trabajo pegando la etiqueta o tiquete que identifica a cada fábrica y así queda listo el paquete ya para la venta. Hay que resaltar que estos dos tipos de empaque están relacionados con la calidad del chicote. El empaque corriente se elabora con los de menor calidad y el englasinado se hace con aquellos que tienen mayor calidad o son más “finos”. El léxico presentado aquí forman parte del tecnolecto del tabaco en el perímetro urbano de Piedecuesta Santander, los significados de estas palabras los encontrarán debidamente explicados en el glosario del trabajo27. Sin embargo, una de las descripciones históricas más autorizadas sobre cómo se elaboran los cigarros tradicionales de Piedecuesta ha sido realizada por Martha Yolanda Niño Carreño, honorable concejal municipal, líder y representante del gremio de los cigarreros, al ser descendiente de una familia de abuelos tabacaleros y padres cigarreros nacida en 1964, así como por ser microempresaria en la producción y comercialización de cigarros

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corrientes. En 2011 expresar:

resumió sus conocimientos como “torcedora” experimentada al

Yo hice tabaco. Al tabaco se corta la capita, se coge el rollo. Bueno primero se hace un proceso de una picadura que es lo que va por dentro de un cigarrillo, que es lo que va por dentro del tabaco, con una hojita se pone en una máquina y se le echa lo que le digo la picadura y se baja la maquina y queda hecho un rollito, como un rollo de pan digámoslo así. Eso lo hace el rollero, luego la torcedora hace el proceso de picar la capa, coge el rollito y lo enrolla y lo baja. Luego le hace la perilla depende del tabaco que haga porque hay perilla, panetela, romo, romo fino que se hace con hoja al revés, que la hoja es bien lisita sin venas. Luego ese tabaco pasa a colocársele la marca. La marca se hace a través de un papelito como un anillito, como la forma de un anillito, así se manda hacer la papelería con la marca de la empresa y se le coloca el anillito al tabaco. Cuando el tabaco esté anillado se reparte en cajas por cincuenta que se meten a una prensa. Se prensa el tabaco y queda marcadito y cuadradito cada tabaco. Después de que se prensa entonces se coge el paquete de cinco en cinco tabacos y se hacen los veinticinco. Esos veinticinco con un pedacito de papel periódico se cogen y se envuelven. Ya después de estar allá, después de envuelto en el papel periódico, ya el paquete de los veinticinco usted coge un papel celofán, algunas empresas lo hacen con papel bond, pero la mayoría utilizan el papel celofán blanco, y ese paquete de veinticinco se pone dentro del papel celofán. Se le coloca un sello más grande que se hace en papel redondito, triangular o como sea la marca la empresa y envuelve. Luego se le quita el periódico y se pega con gomita, y ese paquete sale a exportar. Hay otra clase de producción y exportación de tabaco que es el que hace fábricas de cigarros como la de doña Justa Gualdrón [Gigarros Gamos dese 1974, produce la marca “Brevas” desde 1987] que es ya fino, que se empaca en cajas de madera de cedro o en cajas de cartón tipo exportación. El tabaco fino de Piedecuesta se hace en varios estilos, hay varias vitolas. La vitola tipo brevas es el fortín de exportación de doña Justa, así como el fortín de la “Chicamocha” [Cigarros Chicamocha de Leonidas Castro desde 2001] es el cubano. Aquí cada fábrica tiene su fortín28. Orígenes de la ética empresarial de las cigarreras. Un factor a favor de los empresarios cigarreros era la libertad, responsabilidad y autonomía laboral que caracterizaba a las mujeres santandereanas, especialmente las piedecuestanas, al incursionar desde décadas previas en actividades artesanales que fomentaban su emprendimiento productivo y su independencia de género como mujeres solteras, madres-solteras o madres cabeza de familia como eran la elaboración de artesanías hechas de hilos de algodón, especialmente los lienzos de batán y mantas de vestir, la elaboración y comercialización local de artesanías hechas de paja como los sombreros de “jipijapa”, y finalmente, las artesanías hechas con las hojas de tabaco como eran los cigarros para el consumo nacional o la exportación, que al igual que los hilos y las pajas también se diferenciaban en cuanto a su calidad en primera, segunda y tercera clase. La disciplina y responsabilidad de las artesanas de los sombreros de la provincia de Soto (Bucaramanga, Girón y Piedecuesta) que eran demandados para las plantaciones esclavistas

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algodoneras del sur de los Estados Unidos, las plantaciones azucareras antillanas y los tabacultores neogranadinos fue descrita por el corógrafo Manuel Ancízar (1851) al hacer la siguiente descripción sobre la actividad propia de las manufacturas hechas por esas mujeres: La tejedora permanece toda la semana en su casa, ora sentada en la sala barrida y pulcra, sobre una esterilla momposina, sobre la cual está una taza de agua para remojar la paja mientras confecciona la copa del futuro sombrero, ora invisible terminándolo a puerta cerrada, pero anunciando su afán y su esperanza con alegres cantares interrumpidos y variados cada rato, como quien tiene la atención puesta en otra cosa. Llega el sábado: el sombrero se ha terminado en mitad de la noche anterior a la luz de un candil; la joven tejedora peina desde temprano su cabellera de ébano, dividiéndola en dos trenzas magníficas que deja caer a la espalda; ciñese a la breve cintura las enaguas profusas de muselina o zaraza fina, no tan largas que al andar no descubran el arqueado piececito metido al descuido en una alpargata blanca y diminuta; cúbrele el firme busto una camisa de tela blanca, entre opaca y transparente, ribeteada con flores y calados, obra de sus incansables dedos, y puesto al desgaire un pañolón bien matizado, sale despejada y risueña, ladeando en la cabeza el sombrero que para sí ha tejido poco a poco los domingos con todo el primor de su arte, teniendo escogida de antemano la brillante cinta que lo adorna, y se encamina para la plaza en busca de los compradores de sombreros, quienes la esperan sentados con aparente indiferencia en la esquina de la tienda, y junto al taburete la rolliza mochila de reales, elocuente aunque mudo reclamo. El sábado es día de pocas ventas porque las tejedoras van, más bien que a negociar, a explorar el campo del mercado calcular la extensión de la demanda y contraminar la confabulación de los mercaderes para no pasar de cierto precio mínimo. La tejedora no se deja engañar por la indiferencia postiza de sus contrarios: sabe que ellos deben completar con urgencia las partidas de sombreros exigidas por los comerciantes de Cúcuta y opone los incalculables ardides mujeriles al cómico estoicismo de los mochileros. Estos, que de cierta hora en adelante comienzan a sobresaltarse, llaman, se sonríen, dicen cariños, y cuando llega el domingo acaban por sucumbir, olvidando sus pactos de oferta y tomando cuantos sombreros alcanzan, antes que sus rivales se los lleven. Triunfantes las hijas de Eva, como lo usan y acostumbran en materias que les interesan, vuelven a sus casas con los manojos de nacuma para la tarea siguiente, arman sus corrillos alegres, pasean un poco y al empezar la noche empiezan también el sombrero de la otra semana, sin perjuicio de... pero respetemos los asuntos de aquellos ingenuos corazones. Sin el amor, sin el aura divina de los íntimos afectos, ¿qué sería la vida?29. Las tejedoras piedecuestanas de sombreros elaboraban cuatro variedades o calidades para la exportación y el consumo nacional como eran los de: jipijapa, caña, ramo y cuba. Lo cual les permitía asegurarse para sí mismas condiciones dignas e independientes de bienestar como solteras al llegar a obtener algunas de esas mujeres una renta anual de 200 pesos,

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“suficientes para cubrir los gastos de existencia, y algunos de placer y regalo, en un país en que la manutención abundante no cuesta más de 92 pesos al año”. Materializándose la prosperidad obtenida por las sombrereras, como por las tejedoras de alpargatas, mantas, lienzos y ruanas de algodón, en “el esmero en el vestir de telas finas, y cierta dignidad en el porte y modales, sugerida por el sentimiento de la independencia y el laudable orgullo del propio mérito, modesto, inofensivo y callado, no ese orgullo petulante de las mediocridades vanidosas que se agitan, y se pregonan, y oprimen a los demás con su enfadoso individualismo”30. Siendo reafirmado ese espíritu de emprendimiento y prosperidad de las mujeres de mediados del siglo XIX a través de las recreaciones hechas por Eugenio Díaz Castro (1804 – 1865) sobre las aliñadoras de tabaco en Ambalema durante 1856. A través de la novela “Manuela”, el publicista liberal concibe la vida de “María Manuela Valdivia”, una campesina trapichera de la parroquia cundinamarquesa de La Mesa quien al negarse a seguir los caprichos de los hacendados y gamonales que tradicionalmente habían tenido el poder de “decidir de los precios de las cosechas, de la suerte y del honor de las estancieras y de las sentencias de los jueces”31, había decidido huir a la villa tabacalera de Ambalema. Al llegar a las orillas del río Magdalena se encontró que las mujeres solteras residentes allí vestían “enaguas de crespón blanco con fondo del mismo color, camisa bordada de seda negra, y un pañuelo de punto sobre los hombros. Sus dedos, garganta y orejas brillaban con los adornos de oro lino, y aun su cabeza, porque las peinetas estaban chapeadas del mismo metal. Tenía zapatos enchancletados, pero no tenía medias, y en la mano cargaba un rico pañuelo de batista”. Y a pesar de ser sólo peonas o trabajadoras tabacaleras “algunas se cruzaban fumando tabaco y caminando con cierto aire de liviandad y descoco, únicamente tolerable en los puertos y en los lugares demasiado calientes, pero que en otras partes no tiene disculpa” al ser un privilegio andino sólo de las mujeres privilegiadas. A pesar del clima calido y la amenaza de sufrir enfermedades mortales, la mayoría de esas mujeres, como era el caso de Matea manifestaban estar “muy amañada, porque gano todos los días mi peso en el trabajo de los aliños del tabaco, como a mi gusto, me baño dos veces al día, a las nueve y a la oración; bailo todos los domingos y una que otra vez en medio de la semana. No dependo de nadie, porque para eso tengo plata; conmigo no se mete la justicia, y teniendo gratos a los empleados de la casa, no hay quien oprima mi voluntad ni quién me haga sufrir”. Con lo cual se libraban del hambre, la pobreza y los maltratos que en las haciendas andinas tenían que padecer ante “la zurriaga de los amos, y de los capitanes, y de los mayordomos, y ganando un triste real”. Al igual que las sombrereras, las tabacaleras compraban legal o ilegalmente el tabaco a los cosecheros evadiendo los controles de los guardas y las romanas de treinta libras. Al ser llevada Manuela por Matea al caney de la Compañía de aliños, pudo comprobar además que: …en donde alisaban tabaco en un corredor solado con neme ciento cincuenta mujeres; pesaban y enmanojaban ciento veinticinco, apartaban clases enlistonaban y levantaban prensas más de doscientos hombres. Manuela se quedó asombrada de la actividad de la gente, en especial de las mujeres, que movían las manos con la ligereza con que las tominejas mueven las alas, y que dejaban el puesto con repugnancia cuando era la hora, por tal de ganar seis u ocho pesos en la semana, sin que las arredrase ni el hambre ni la sed, ni el calor, ni la fatiga. ¡Honor al

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fundador de la primera casa de aliños (don Francisco Montoya), quien con sus cálculos comerciales, sus recompensas al trabajo y su espíritu de orden mantuvo en el interior de la república un plantel de especulaciones para los ricos y los pobres...!”. [Siendo complementado ese lugar por el edificio de la factoría española que servía de oficina de aliño; aunque desde el corredor se percibía] “…el olor pestilente de las garras podridas de los cueros y del neme con que se zuaquean las petacas de cuero. En todas partes orden y actividad, y peones esforzados y diestros en sus maniobras”32. El tabaco se constituía en el producto que liberaba laboral y socialmente a las mujeres del yugo patriarcal, así como era el símbolo de las conductas liberales y emancipatorias de muchas de ellas al comprar, fumar o mascar tabaco al igual que los hombres, después de haber sido en su infancia quienes enrollaban y preparaban sobre sus rodillas los cigarros para sus padres o en sus adultez y viudez quienes torcían y daban combustión a los cigarros que preparaban para sus maridos, acorde con las costumbres heredadas de indios y mestizos. Con lo cual, las provincias reconocidas como las mayores productoras de tabaco de exportación eran a su vez donde se consumían los mayores volúmenes de cigarros manufacturados por parte de las mujeres. Evidencias de ello son las descripciones de Ancízar (1851) sobre las mujeres de Piedecuesta, tanto las comunes como las principales, de quienes expresaba a su paso por la capital de Soto: Las mujeres calzan alpargata o zapato, y visten camisa prensada y adornada con farfalás, amplias enaguas de zaraza, un pañuelo abierto anudado por las dos puntas a la garganta y el resto flotante sobre la espalda o el lado izquierdo, y el cabello recogido en trenzas bajo un sombrero de paja cuyas dimensiones y figura varían según la coquetería de la portadora; son, por lo general, de aspecto gentil y despejado, blancas algunas y la mayor parte mestizas de indio y africano, grandes fumadoras desde la infancia, en lo que, si es posible, les ganan a los hombres, de genio independiente y alegre, y naturalmente filántropas como lo requiere el clima. Los domingos, día de mercado, sacan a lucir lo mejor parado de sus galas, anunciando su marcha desde lejos con el crujir del alzuidón que suelen prodigar en las ropas; venden el sombrero de nacuma o palma, tejido despaciosamente en la semana, y con el producto de esta industria, que en el cantón alcanza nada menos que a 13.000 pesos anuales, hacen sus compras, y después de haberse mostrado en público entablan, al caer de la tarde, franca tertulia sentadas junto a la puerta y del lado de la calle. … ¡Notables contrastes! El pueblo llano de Piedecuesta es músico y poeta; y el pueblo encumbrado, antiguamente llamado clase alta, no es poeta ni músico; entre el pueblo llano hay tertulias y serenatas; entre las familias de rumbo, que por fortuna son pocas, faltan lo uno y lo otro con tal exceso, que viven aisladas, reducidas a fumar solas sus tabacos y entregadas a tristes rivalidades que les imposibilitan cualquier diversión, pues al punto que alguna se proyecta, comienzan a averiguar si se han convidado señoras de primera o de segunda, clasificándose así ellas mismas, como si fueran andullos de tabaco, y resultando a la postre que no pueden reunirse, o apenas se juntan por rareza en número suficiente para formar

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un baile vacío y glacial. ¡Miserias humanas, en que la vanidad se hace pagar con usura en aburrimiento y horas desabridas los mentidos triunfos que aconseja! Multitud de jóvenes amables y agraciadas que animarían un sarao, pasan los ratos de solaz guardadas en sus casas, o si salen van sin acompañantes cual si formaran una tribu enemiga de la tribu de varones33. El tradicional consumo de grandes cigarros por parte de las mujeres neogranadinas siguiendo las modas europeas y estadounidenses, fue cuestionado y rechazado un cuarto de siglo después por los pedagogos liberales, moralistas, progresistas e instruccionistas en su afán por cambiar y civilizar las costumbres de las santandereanas y los santandereanos. En el periódico científico oficial de la Sociedad Didáctica de Santander, pedagogos y normalistas guiados por el alemán Alberto Blume expresaron a los demás maestros del Estado las acciones que se deben seguir para cambiar las costumbres indecentes por parte de las mujeres, entre las cuales se encontraba el consumo femenino de tabaco en lugares públicos. De forma anónima, ESV manifestó en el número 16 (enero 05 de 1876) de “El Pestalozziano” su rechazo a la existencia de las mujeres fumadoras a través del siguiente artículo: EL TABACO He aquí un elemento presentado por la moda a la colectividad humana como indispensable a la existencia social. Pero esto no es extraño: todas las sociedades tienen sus extravagancias (y esto no es de ahora), que más o menos estrambóticas, santificadas por la ley de las costumbres, han barahustado las reglas más triviales e indispensables a la conservación del organismo. El pueblo inglés es uno de los más raros en sus extravagancias que, hijas del spleen o del té, han hecho raya en los anales de su vida propia, como en tiempos abolengos lo fueron las vivezas de tío conejo con tío tigre. Pero como no es mi ánimo viajar a Inglaterra en estos momentos, ni mucho menos llevar de compañero al lector en ese dilatado viaje, atendido a que tendría que andar un año a caza del fletamento de una mula, quedémonos en Colombia y hablemos de el tabaco. Para el agricultor es un ramo de industria, que aunque merece un esmero particular en su cultivo, porque ya la pinta, la miel, el gusano y el modo de ponerlo en pila forman mil contrariedades que tienen en continua preocupación los cálculos del propietario, si la primer cogida es buena y la soca da dos cosechas regulares, queda alguna utilidad después de tanto quebradero de cabeza. Para el comerciante es un ramo de especulación, porque calculando que en Bremen se cotiza a 36 grots, por ejemplo, y que hay muy pocos zurrones en existencia, con la romana de pita atrás y raya ancha, le paga a $ 12 quintal y he ahí una utilidad tan precisa como lo es verídico el axioma de Newton de que a+b=a-b. Para los tintoreros es también un ramo de negocio: compran el de tercera, el piulado y el veranero a precios infinitamente bajos para dar tinte a sus telas, engañando al más o menos vivo que penetra en lo firme de la pinta que colora.

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Para el hombre es un elemento de distracción, porque muy bien lo ha dicho un coplero : El tabaco es un consuelo Para el que triste suspira, Porque como el humo al Cielo Volar los suspiros mira. Pero lo que es de propiedad del hombre no debe en modo alguno abrogárselo la mujer, y sobre todo si no ha llegado a la maternidad, ni ha salvado las barreras de la juventud. Causa lástima en nuestro país ver algunas de nuestras señoritas concurrir a visita con su enorme cigarro, que casi parece estar en lucha abierta con la mandíbula inferior; y sobre todo causa mayor lástima ver la ostentación con que hacen alarde nuestras smicking young ladies de aquel hábito en mala hora contraído. La mujer, por la delicadeza de su organización y lo fino de sus sentimientos, debe pagar tributo a distracciones más honorables. La música, el canto, la pintura, el baile, el baño, el recreo &, serian acaso agentes más convenientes a distraerlas del trabajo cotidiano o de los pesares (más o menos supuestos, más o menos reales) que combatieran su alma de paloma. A las mujeres no les gusta que los hombres tomemos brandy, ni que para neutralizar nuestras penas escogitemos placeres que rayen en vulgares, y en esto no les falta razón. Si, pues, ellas quieren la perfección del hombre, porque ya como padre, hermano, amante, esposo o amigo tienen un punto de afinidad y de intereses mutuos en la elaboración de nuestra dicha, que la mujer calcule lo agradable que es para el hombre sentir de cerca el aliento de una boca saturada por los miasmas de ese ámbar y de la nicotina y caerá en cuenta de que no son exageradas y sí filantrópicas estas cortas y respetuosísimas memorias. Socorro, noviembre 14 de 1875. E. S. V. Prácticas femeninas reafirmadas por García (1895) al rememorar como parte de las costumbres que caracterizaron la provincia entre 1840 y 1850 el consumo de cigarros de tabaco como parte de los hábitos domésticos y los rituales sociales al expresar que para entonces “por la noche solían hacerse visitas de confianza, siendo en ellas indispensable el tabaco rodillero, destinado a aromatizar la animada conversación, hasta que sonaba el toque de queda, hora en la cual todos se retiraban a sus casas”. Siendo institucionalizadas esas reuniones sociales mediadas por el consumo de los cigarros elaborados con las hojas de mejor calidad aportadas por las familias cosecheras y los comerciantes exportadores con la creación de clubes sociales en Bucaramanga, centro agroexportador y capital financiera de los tabacos de la provincia de Soto, como fueron el establecimiento “El Tívoli” adecuado y abierto al público masculino en la calle del comercio por el exportador alemán de tabacos y sombreros Geo von Lengerke en donde los asistentes, además de fumar los cigarros hechos con los tabacos curados por el empresario y beber los tragos importados exclusivamente por el mismo, podían divertirse en el salón público con “dos juegos de

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bolo, sala de billar, cantina, jardines y un patio con dos trapecios”. A ello se sumaron otros centros de reunión para la selecta, distinguida y discriminante clase social conformada por los comerciantes y empresarios quienes se reunían a fumar y “estrechar las relaciones sociales y ventilar los intereses comerciales y literarios del Departamento”, además de contar con mesas de juego para loterías y billares. El primero de esos centros fue el Liceo de Soto (1872), sustituido por el Club de Soto (1873) y reorganizado después de la guerra civil como el Club del Comercio (1877). Los campesinos, artesanos y comerciantes de poco prestigio o fama se congregaron en el “Liceo de Artesanos” creado por el Doctor Agustín Linares (1874 – 1876), a la par de darse origen a sociedades de artesanos como la beligerante y proteccionista “culebra pico de oro”, mientras que los alemanes optaron por congregarse y reunirse con sus socios santandereanos de forma libre y segura en el Consulado Alemán que solicitaron abrir y sostener a partir de 1872, siendo finalmente atacados y picados por los miembros de la peligrosa “culebra” entre el 7 y 9 de septiembre de 1879.
EXPOSICIÓN INDUSTRIAL 1918

EXPOSICIÓN INDUSTRIAL 2008

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LOS INDUSTRIALES Las crisis exportadoras de mediados del siglo XIX, especialmente la de 1857 – 1858, aunado a la creciente demanda de tabaco en rama por todos los sectores sociales, hicieron del tabaco procesado y manufacturado como cigarros una alternativa económica tan importante para los tabacaleros y comerciantes de tabaco de Soto como lo era para los Mariquita en el Estado del Tolima, que su nombre y fortaleza como gremio fue inscrito como parte de las placas de agradecimiento que se pegaron a las paredes de los templos parroquiales dando gracias a los santos patronos locales como a los curas párrocos que habían promovido su actividad productiva y el progreso de cada ciudad. En el caso de Bucaramanga, en una piedra tallada García había leído al pie del altar mayor: “Los cigarreros en obsequio al doctor F. Romero. 1871”, como parte de los homenajes hechos por la ciudad al cura emprendedor que había promovido la construcción de un nuevo templo parroquial contando para ello con los aportes económicos y los auxilios en materiales de construcción de los tabacaleros, específicamente del enladrillado del templo donado por los “señores Francisco Ordóñez Rodríguez y Geo von Lengerke, y en parte a una suscripción levantada y recogida por los mismos”. Sin embargo, la elaboración de cigarros era una actividad productiva y económica de poco reconocimiento social, educativo y comercial por lo cual permaneció oculta a los ojos de las demás personas. Siendo la capital del Estado de Santander de 1857 a 1861, del Departamento (provincial) de Soto y del Departamento de Santander a partir de 1886, y a pesar de haberse establecido en ella las principales fábricas de cigarros, el nombre y la actividad comercial de las mismas eran invisibles para la mayoría de los vecinos de Bucaramanga. Siendo reafirmada esa condición en los censos de población que desde 1870 registraban no sólo la edad y estado civil de los habitantes pues también se informaba sobre la ocupación y procedencia de los habitantes del Estado como de la República. El censo de 1870 reconocía como estado social de los santandereanos a los: infantes sin oficio, empleados, militares, ministros del culto, religiosos, institutores, propietarios, capitalistas, agricultores, ganaderos, mineros, pescadores, comerciantes, marineros, arrieros, artistas, administradores domésticos, legistas, médicos, ingenieros, literatos, estudiantes, sirvientes, vagos, reos rematados, ancianos sin oficio, fabricantes y artesanos, entre los cuales se infiere que estarían agregados los cigarreros y cigarreras, en el caso particular de Piedecuesta entre sus 223 artesanos y las 316 artesanas. Siendo reafirmada y usada esa misma clasificación en los censos de 1896 (1754 artesanos y 182 artesanas piedecuestas), 1912, 1918 (644 artesanos y 294 artesanas piedecuestas), y 1938. Incluso en las crónicas históricas sobre los oficios y profesiones más importantes de la capital de Santander durante los siglos XIX y XX de historistas como Roberto Harker sólo se reconoce la importancia social y la incidencia económica de los alcaldes, literatos, religiosos, médicos y farmacéuticos, peluqueros, sastres, cocineros y meseros, carpinteros, mecánicos, ganaderos, militares, choferes, educadores, abogados y personajes típicos34. De igual modo, la formación de artesanos trabajadores en la elaboración técnica y con fines de exportación de los cigarros de tabaco no era considerada de relevancia social ni económica para las autoridades educativas pues al establecerse en 1888 la Escuela de Artes y Oficios se consideró imperativa la formación artesanal de “ciudadanos modestos y

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laboriosos” con una formación teórico – mecánica en herrería, carpintería, talabartería, zapatería, tipografía y sastrería además del plan de estudios básico (lectura, escritura, aritmética, gramática, religión, dibujo, geografía, física, ortografía, gimnasia y geometría), desconociéndose o minimizándose así la importancia de educar y tecnificar a los hijos de los cigarreros y cigarreras que deseaban continuar y ser titulados como “Maestros” en el oficio artesanal de sus padres así fuese menospreciado, maloliente, mezquino y malpagado al no ser considerada una actividad industrial o productiva por los demás sectores sociales. J. García reconocía que: “la industria de sus habitantes produce sombreros, jabón velas, alpargatas, chocolate, cerveza, panela, lazos, cuerdas de acero, ladrillo, teja, cigarros, cigarrillos y una multitud de riquísimos dulces. / El comercio, las artes y la agricultura constituyen las principales ocupaciones de los moradores, y los que no se hallan entregados a uno de esos ramos, desempeñan, por lo general, algún cargo público”35. Sin embargo, al enumerar el número de fábricas de cigarros, a partir de los avisos públicos y comerciales visibles en la calles de la ciudad como de los registros oficiales con los que contaban funcionarios municipales, la cantidad de cigarrerías y cigarros era nula o desconocida. García señalaba al respecto que: “se encuentran en la localidad ciento dos talleres de artes distintas, a saber: veintidós carpinterías, ocho herrerías, cuatro hojalaterías, trece zapaterías, doce guarnicionerías, veintidós sastrerías, cuatro platerías, dos oficinas de dibujo, una fotografías, ocho peluquerías, cuatro imprentas y dos sombrererías de diferentes clases…, y diez y seis fábricas de otros artículos”. A lo cual se sumaban 291 tiendas (53 de mercancías, 188 de licores y granos, y el resto locales desocupados), 33 almacenes, 9 boticas [farmacias o droguerías] y dos librerías. Los primeros artesanos de Soto dedicados a la herrería, hojalatería, zapateros, músicos, sastres, carpinteros, e incluso sangradores, provenían de Venezuela o habían sido formados en la fronteriza San José de Cúcuta con los emigrantes europeos y norteamericanos que se habían residenciado en ella. De igual manera, a fines de 1869 llegaron a la capital departamental los franceses José Delfino y José Lambolé, el primero fundó una fabrica de cerveza artesanal con su propia tienda de expendio, la cual fue continuada por su familia dos décadas más, y el segundo hizo lo mismo al producir confites aprovechando la abundancia provincia de mieles y azucares después de la guerra civil norteamericana. La lucha gubernamental contra la producción y expendio artesanal de chicha y guarapo, contribuyó a que el negocio de las cervezas fuese ampliado a través de la cervecería de Jonesa y Jeremías Otalora (1878) en Bucaramanga, así como la cervecería “La Violeta” de Juan José Valderrama en Málaga (1895), continuada por sus hijas (1935) y conservada por otros empresarios (1975, 1986) hasta el siglo XXI, constituyéndose en la última y más antigua cervecería artesanal colombiana. La transformación de la cerveza de un producto artesanal a un producto industrial se inició al establecerse en 1882 la Compañía cervecera de los experimentados cerveceros Restrepo & Villa, oriundos de Antioquia, primero en Floridablanca y luego en Bucaramanga (Cervecería Santander). A esos esfuerzos de industrialización de un producto artesanal contribuyeron finalmente los hermanos alemanes Leo y Emile Kopp, siendo el segundo el fundador de la “cervecería alemana Kopp y cía.” en El Socorro (1890), la cual continuó a cargo de la “Cervecería La Fenicia” así como su maestro cervecero, el alemán Rudolf Kohn, funda en Bogotá la “Cervecería Germania” (1903) para competir con la creciente y monopólica “Cervecería Bavaria” (Bavaria Kopp´s Deutsche Brauerei) (1889) establecida

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por Leo Kopp en Bogotá (1991). Sin embargo, se considera que fue el inmigrante danés Christian Peter Clausen con la creación (1887) y puesta en funcionamiento (1889) de la “Cervecería La Esperanza” en Floridablanca quien introdujo y dio inicio a la industria cervecera colombiana fabricando con estrictos procesos industriales y de calidad las marcas “Sol y Clausen Pilsen”. La producción fue trasladada medio siglo después a Bucaramanga, la empresa abastecedora cambió su razón social a “Cervecería Clausen Ltda.”, así como la Cervecería Bavaria pretendió apropiarse del mercado cervecero bumangués al construir su propia infraestructura de producción y embase entre 1940 y 1948. Además de los Clausen en Santander, empresarios bumangueses como David y Ernesto Puyana a la cabeza de un grupo de inversionistas incursionaron en el mercado cervecero nacional desde Bogotá al fundar la Cervecería Andina (25 de septiembre de 1945), consolidándose en el mercado cundiboyacense y constituyéndose en la segunda fábrica más grande del país. Finalmente, Bavaria se apropió en 1958 de la fábrica, marca y mercado cervecero que poseía Clausen en Santander, cerró la cervecería (1964) y continuó produciendo sus marcas a través de la Cervecería de Bucaramanga. Así mismo, en 1975 Bavaria se apropió de la parte de la cervecería Andina que correspondía a David Puyana después de apropiarse gradualmente de las acciones de los demás socios, especialmente las de Ernesto Puyana, aprovechando las disputas internas entres los empresarios santanderanos. Una dinámica semejante se vivió entre los productores de cigarros de tabaco de la provincia de Soto al competir desde finales del siglo XIX los productores tradicionales con sus rústicos procesos artesanales contra los empresarios que incursionaron en el negocio inyectando más capitales para traer materias primas de mejor calidad oriundas de otras regiones y países fronterizos, así como condicionaron a sus trabajadores a adquirir y poner en práctica las técnicas y tecnologías para la manufactura, curado y empaque de los tabacos acorde con los estándares internacionales para la exportación de cigarros con la calidad de los españoles y antillanos, especialmente los cubanos. Así, mientras los cigarreros tradicionales continuaron produciendo artesanalmente cigarros “criollos” para el consumo local, provincial o interprovincial con hojas de segunda y tercera calidad rellenas de picaduras fabricadas con los rezagos de los tabacos no consumidos por el mercado industrial, los cigarreros de las grandes fábricas y capitales centraron su interés en la producción de cigarrillos acorde con los estándares internacionales, así como en la exportación de cigarros finos con hojas de tabacos curadas, vitolas muy elaboradas, empaques de gran estética y fortalezas compuestas por tripas de los mejores tabacos regionales, nacionales e internacionales. Siendo aquellos que trabajaron como administradores o cigarreras para esas grandes fábricas quienes se encargarían de propiciar el renacimiento de los cigarros extrafinos en el último cuarto del siglo XX después de la decadencia y cierre sufrido por la mayoría de esas fábricas a mediados del siglo XX con la expansión de la industria cigarrera liderada por la Compañía Nacional de Tabacos, las limitaciones en competitividad y tributación para poder competir con las exportaciones cigarreras antillanas en los mercados internacionales, así como la ampliación de las políticas de seguridad social y laboral para los trabajadores. El caso más representativo de esa dinámica fue la incursión en el mercado cigarrero provincial de los hermanos David y Gabriel Puyana entre 1910 y 1915 con la fabricación de puros, tipo habano, cuya marca “Puyana” fue reconocida nacional e internacionalmente

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constituyéndose en insignia de la producción de cigarros y puros de Santander, especialmente desde 1988 al obtener el “Trofeo Iberoamericano a la mejor imagen de marca” en España. Al ser liquidados los negocios asociados con el nombre comercial de David Puyana, la fábrica de cigarros Puyana fue adquirida en 1978 por el cigarrero propietario de la fábrica Noel de Piedecuesta, Don José del Carmen Correa Garza, quien trasladó la ubicación de la fábrica de Bucaramanga, continuó la producción de la marca Puyana en sus fábricas de Piedecuesta y Girón, siendo sus sucesores continuadores de esa tradición productiva tanto de los cigarros corrientes para consumo nacional como de los puros extrafinos con calidad, diseño y empaque de exportación a partir de 1995. Los puros continuaron siendo producido con los mismos cuidados y técnicas adoptados por los creadores de la marca como eran emplear capas suaves debidamente aliñadas y curadas provenientes del mercado regional, nacional o internacional, los cigarros terminados eran madurados durante tres años en una habitación con control de temperatura y humedad, así como para conservar sus propiedades eran empacados en cajas de maderas resistentes y aromáticas como el cedro antes de ser exportados. Otro ejemplo de esas dinámicas empresariales fue el establecimiento y consolidación de la fábrica de cigarros “Villamizar Hermanos”, creada en 1902 y considerada la más importante de Santander durante el primer cuarto del siglo XX, cuyo prestigio y producción fue de tan grandes volúmenes que llegó a contar con 700 obreros, siendo finalmente liquidada y vendida tanto su vitola original como su afamada marca “Montecristo” en 1930 a la sociedad cubana “Menéndez, García y Cía.”, propietarios de la prestigiosa marca “H. Upmann“, quienes iniciaron la producción de esa vitola y marca como el cigarro más popular y barato de Cuba a partir de 1935. Hasta 1927, Villamizar hermanos producían anualmente 1,653.000 cigarros “extrafinos” (Premium o de primera) de los 2034 producidos en Santander (81,3%), 21,884.000 cigarros “finos” de los 69,563.000 producidos en Santander (31.4%) y 65,699.000 cigarrillos de los 97,940.000 cigarrillos producidos en Santander (67%). De los cigarros extrafinos más comercializados se encontraban los “High life” (18 pesos la gruesa) y los “Monte Christo” (9 pesos la gruesa), a los cuales seguían cigarros finos como los “presidenciales” (80 pesos el millar), “0091” (60 pesos el millar), “flor” (19 pesos el millar) y “Reinos finos” (19 pesos el millar), así como los cigarrillos “Poker” (6,50 pesos el millar). De tal manera, Villamizar hermanos dejaba a las 57 fábricas restantes de Santander, cada una no menor a 50 obreros, la producción del 18,7% de los cigarros extrafinos y el 68,6% de los cigarros finos, mientras que esas mismas fábricas competían entre sí por elaborar los 107,312.000 de cigarros regulares (o de segunda), así como compraban o competían con las fábricas menores, con no menos de 10 obreros, por la producción de los 48,004.000 cigarros ordinarios (o de tercera) comercializados36. Para abastecer de materias primas a esa naciente industria, a la par del desarrollo de la industria cafetera, los inmigrantes extranjeros desarrollaron una idea de negocios viable y rentable en la importación y comercialización de hojas, tripas, papel, prensas y demás insumos requeridos por la industria cigarrera regional. Ese fue el caso del inmigrante italiano Leonardo Fossi quien en 1904 publicó en el periódico “La Defensa” el siguiente aviso al público bumangués a nombre de su casa comercial:

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SILVA Y FOSSI. Venden la casa del altillo situada en la plazuela de Belén [hoy Parque Santander]. Una descerezadora D’Costa Gómez en perfecto buen estado. Manteca americana fresca en latas de a 10 libras. Papel blanco para hacer cigarrillos, clase superior. Picadura de hebra preparada para fumar en pipas y para hacer cigarros finos. Tiquetes para cigarros grandes, medios cosecheros y recortados. Cigarrillos “Legitimidad” y los acreditados “18” de la [fábrica] Zuliana. Molduras para darle forma perfecta y elegante a las tripas para cigarros finos. Dos máquinas picadoras de hebra para cigarros caporales y una máquina picadora para cigarros corrientes. Compra permanentemente café y moneda 0,83537. El desarrollo y consolidación de esos establecimientos industriales y comerciales, así como la expansión e importancia de la industria manufacturera de tabacos ante el resto de las fuentes de riqueza y desarrollo económico del país, fue resultado de las políticas nacionales y regionales de fomento fiscal de la producción de cigarros. Especialmente por los efectos de la Ley VIII de 1909, expedida durante el gobierno del General-Presidente santandereano Ramón González Valencia, mediante la cual los gravámenes del tabaco pasaron del productor al consumidor del mismo, la renta del tabaco se cedió a los Departamentos (Ley X de 1909) y se exigió a las autoridades fiscales no gravar de forma alguna al cultivo ni “estorbar en forma alguna el desarrollo de la industria”. No obstante, bajo la dirección de Mario Galán Gómez y la asesoría de Juan de Dios Arias, los empresarios e intelectuales liberales más importantes del Departamento a través del tomo (VIII) de la Geografía Económica de Colombia dedicada a “Santander” expresaron en 1947 que si bien la economía generada por los cigarros era muy importante para las rentas departamentales no había tenido la importancia y dedicación suficiente a lo largo del siglo XX. Explícitamente M. Galán manifestaba en 1947 que Santander: …con el Tolima creó la industria de cigarros que ha perfeccionado incesantemente hasta lograr productos de reconocida fama. Aquí se inició la industria nacional de cigarrillos y si no fuera por la calidad de la hoja santandereana tampoco habría alcanzado esta industria el desarrollo que tiene y la significación económica que hoy alega con orgullo. Infortunadamente, por la evolución de la industria y la torpe política fiscal que pesa sobre ella, nuevos problemas se han creado, que amenazan de muerte su desarrollo y determinan una situación de ruina para cultivadores y fabricantes en pequeño. Santander ha dado ya el grito de alerta sobre las consecuencias que aquella política fiscal pueda traer para la economía tabacalera; ha llevado el problema varias veces al congreso, pero siempre se ha tropezado con la incomprensión, y sólo el día en que la competencia extranjera, favorecida por un tratado de comercio inconsulto, desaloje de los mercados los productos de la industria nacional, se convencerán los departamentos de lo equivocada de su política impositiva y verán entonces también la ruina de la renta38. La variedad de tabaco santandereano conocida como “García”, después de ser mezclada con el apoyo de la Compañía Colombina de Tabaco en la “Granja Tabacalera de Piedecuesta” con variedades de países competidores como eran las de Sumatra para hacerla

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más fina y suave o las de Cuba para obtener mayor número y tamaño de hojas, se había constituido en la fuente del 60% del tabaco cosechado en el país. Renovándose ese proceso de mejora a inicios del siglo XXI al importarse técnicos y tecnologías cubanas para mejorar la variedad provincial agotada, improductiva y alterada genéticamente por las malas prácticas agronómicas de los cosecheros. De dicho tabaco se abastecía la mediana (cigarros) y gran (cigarrillos) industria del tabaco manufacturado y transformado que se distribuía al mercado nacional e internacional, especialmente las hojas, broza y tripas cosechadas en la Provincia de Soto. Sin embargo, cultivar el tabaco continuaba siendo una actividad económica ruinosa e improductiva para el pequeño cosechero o el gran aparcero al depender de los préstamos de las compañías comerciales como del arriendo de la tierra de los terratenientes, con lo cual, la continuidad de la tabacultura sólo se explicaba “porque el vicio de sembrar tabaco es tan persistente como el de fumarlo”39. A lo anterior se aunaba una contradicción productiva consecuente con la inexistencia de planes de siembra, regulaciones comerciales y tarifas mínimas de compra-ventas entre los miembros del gremio al sembrar y cosechar el 70% de los tabacultores provinciales las variedades de tabaco –rubio de las clases “Virginia y Burley”- demandadas por la industria de cigarrillos, aunque sólo existía mercado para el 30% del mismo. Lo cual representaba que los precios de compra de tabaco para cigarrillos siempre estuviese a la baja por causa de la sobreoferta, la forma de pago era condicionada e impuesta por el comprador a su libre arbitrio, se alteraban las pesas y romanas, e incluso, se jugaba con la confianza productiva del cosechero al elevar de forma exorbitante los precios de compra en la carga de tabaco para cigarrillos en las semanas previas a la siembra de tabaco, propiciando al llegar el tiempo de cosecha una caída dramática en los precios al inundarse el mercado con las cargas retenidas o las transportadas por los cosecheros. El tabaco –negro de las clases “García” y “Estufado”- para cigarros regulares y ordinarios (corrientes o criollos), por el contrario, al ser más escaso siempre tendía a la escasez, a la especulación en los precios y al pago directo en dinero exigido a contraentrega por los cosecheros o los intermediarios vendedores40. Ello se podía comprobar al analizarse las cifras aportadas por la publicación de la Contraloría mediante las cuales se informaba que de los 2,308.444 kilos de tabaco cosechados en Santander, 35% se había empleado para producir cigarros, el 9% para cigarrillos y el 56% restante era tabaco en rama salido de Santander para la industria cigarrera y de cigarrillos de otros departamentos. Tabaco que debía competir con los bajos precios de los producidos en Valle, Tolima y Bolívar (tabaco negro de la clase “Cubita”), así como la penetración de tabacos importados por los cigarreros de las Antillas y los Estados Unidos. A esa desvalorización y poco uso del tabaco en rama producido en Santander como materia prima fundamental para la producción de cigarros y cigarrillos se agregó durante la segunda mitad del siglo XX el hecho que los insumos y las materias primas complementarias de la producción (papel, pegantes, aromatizantes, saborizantes, filtros, cintillas, empaques, iluminación, etc.) eran más costosas en la elaboración de un cigarro que el tabaco mismo. En 1938, de los 4,805.040 kilos comercializados, 31,5% había sido empleado para elaborar cigarros, el 8% para cigarrillos y el 60% porcentaje restante al no ser comprado ni consumido en Santander debió ser exportado a otras regiones. Finalmente, en 1945 de los 6,614.039 kilos cosechados, el 31,6% se empleó para hacer cigarros, 7,6% para cigarros, y

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el 61% fue desechado para ser consumido artesanal o industrialmente en el mismo Departamento. Demostrándose además, que mientras la producción de cigarros se había triplicado (2.6 veces) entre 1930 y 1945, y la de cigarrillos sólo se había duplicado (2.4 veces), la de tabaco en rama no consumido ni procesado en el Departamento se había triplicado (3.1 veces), siendo acorde con la triplicación en la producción de tabaco. Al compararse la producción de cigarros y cigarrillos elaborados, exportados y consumidos para los demás mercados del país las cifras oficiales estimaban que la elaboración de cigarrillos se había triplicado al pasar de 607035 kilos procesados en 1930 a 1,874.758 kilos en 1945, mientras que la producción de cigarrillos sólo se había duplicado. Tales cifras demostraban además un constante crecimiento en el número de personas, fabriquines y fábricas dedicados a la producción de cigarros. Acorde con el Censo Industrial y las indagaciones del equipo de campo contratado por Galán Gómez, en Santander existían hasta 1945 un total de 3 fábricas de cigarrillos y 133 “establecimientos productores de cigarros” a través de procesos manuales y artesanales. Las fábricas de cigarrillos y picadura para pipa producían solo 716.701 pesos de los 4,341.141 pesos que reportó en 1945 la industria del tabaco de Santander, con lo cual, los cigarros aportaba el 83,5% de los ingresos industriales de ese ramo. Los mayores ingresos los obtenía la industria de los combustibles (petróleo) con 11,171.144 pesos, seguida por la de los alimentos con 7,338.235 pesos41. Entre la gran industria de cigarrillos y la mediana industria de cigarros se contaban en total 110 empleados y 3075 obreros, ocupando los empleados el tercer lugar entre la población laboral departamental con esas características (9,6%), después de los empleados de las industrias de combustibles (47,5%) y artes gráficas (17,2%); así como los obreros y obreras cigarreras eran la primera población con esas características en el departamento (34,8), seguidos por los obreros de la industria de los alimentos (15,4%). Así mismo, se contabilizaron por lo menos 1500 personas dedicadas a elaborar cigarros de tercera clase (“chicotes) en El Socorro, Zapatoca, Piedecuesta, Málaga y Bucaramanga, quienes no se podían considerar empleados ni obreros al no tener una relación contractual legal y regular con sus patronos. Dichas personas estaban adscritas laboralmente a los 483 fabriquines que producían el 100% de cigarros corrientes, los cuales eran comercializados tradicionalmente para el consumo local, departamental o regional entre las gentes comunes aunque algunos de esos fabriquines elaboraban vitolas de segunda clase, quedando a las grandes y renombradas fábricas de cigarros la elaboración de la totalidad de los cigarros de primera (puros finos y extrafinos) y la mayoría de los de segunda (anillados). Sin embargo, con las políticas fiscales diferenciales para el tabaco en rama o en cigarros para cada Departamento la cosecha y manufactura de la hoja “parda y aromática tan valiosa como su tamaño” que había liderado Santander perdió su creciente desarrollo y estímulo financiero viéndose ello reflejado en la reducción de los fabriquines hasta en una cuarta parte hacia 1931, siendo tan alarmante la situación que ante la Asamblea Departamental el Gobernador de turno expuso que “el hambre acosa a gentes que saben trabajar y que antes veíamos producir con afán de colmena el grueso de la exportación de cigarros”. Valga señalar que el desempleó y la pobreza que vivían los cigarreros santandereanos si bien no los llevaba a tener que comerse su producción a falta de ingresos demostraba que su situación era menos trágica que la de los trabajadores y propietarios al sur de los Estados

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Unidos, quienes durante los años de entreguerras encontraron en el campo la única fuente palitatia del hambre al comer literalmente el tabaco que podían comprar enlatado. Erskine Caldwell en su novela “El camino del tabaco” de 1932 denunciaba: [El capitán John] dijo que no valía la pena de seguir arando y por eso ya no tenemos más tabaco ni comida. Ada dice que tiene que tener un poco de tabaco de vez en cuando porque le parece que le aplaca el hambre, y así es. Cada vez que vendo una carga de leña me compro una docena de tarros de tabaco aunque no me quede dinero para comprar harina y carne, porque el tabaco es algo que todo hombre debe tener. Cuando siento un dolor fuerte de vientre, puedo tomar un poco de tabaco y ya no siento más hambre en todo el día. El tabaco es una gran cosa para poder vivir42. La crisis de los cigarreros santandereanos también afectó a las grandes empresas productoras de cigarros al debilitar su incursión en otros mercados y por ende reducir su fortaleza financiera, lo cual fue aprovechado por las grandes industrias de cigarrillos, picaduras de pipas y cigarros Premium de exportación para apropiarse de las infraestructuras, maquinarias y mano de obra. El caso más sonado que desencadenó un efecto de crisis y desarticulación de la industria cigarrera santandereana fue la compra con fines monopólicos y oligopólicos de la Compañía “Villamizar Hermanos” por los industriales antioqueños de la “Compañía Colombiana de Tabacos” quienes habían incursionado como cigarreros en el mercado bumangués desde antes de 1929, razón por la cual conocían las fortalezas y oportunidades de negocio regional y nacional de los cigarros bumangueses. A ello se sumó la venta de su marca insignia a los industriales cigarreros cubanos, con lo cual, la compañía fue desvertebrada en sus componentes estructurales después de tres décadas. El dominio, posicionamiento y expansión de la industria cigarrera antioqueña un lustro después demostraba a los santandereanos más regionalistas y proteccionistas “la lucha inclemente y despiadada entre la pequeña y la grande industria”, cuyos efectos eran la desaparición de la mediana industria de cigarros finos y el crecimiento de los fabriquines [o pequeñas industrias: mayores o iguales a cinco personas] de tabacos corrientes, de baja calidad y costos que empezaron a competir con la creciente y expansiva industria de cigarrillos entre las gentes y mercados populares provinciales. Un fenómeno de poco interés para los analistas económicos y los funcionarios públicos caracterizado porque: “el poder exclusivista y absorbente de la compañía, poder fatalmente inherente a toda organización capitalista, ha traído como funesta consecuencia la paralización y hasta la quiebra de muchas fábricas de cigarros y cigarrillos que hoy no pueden competir”43. Entre las grandes empresas cigarreras de tabacos finos, tipo habanos, se exaltaban hasta mediados del siglo XX, para el caso de Bucaramanga, las cigarrerías de David Puyana Hermanos (Marca “Puyana”), Villamizar Hermanos (“Montecristo”), Valenzuela & Cía., etc. A las cuales se sumaban los apellidos de familias prestantes (García Cadena, Serrano, Gavassa, Uscátegui,) o cigarreros reconocidos como Francisco García, José Antonio Escandón (“La Herradura”), Ramón Vergel, Sinforoso Cardoso, Pedro Sepúlveda (“La Hamburguesa”), Víctor Martínez Villalba y [Luis] Emilio Garnica (Cigarros “Buen Tono”). Éste último se inmortalizó así mismo como empresario cigarrero al mandar que su

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tumba en el cementerio universal (o laico) fuese un monumento a la vitola de cigarro fino que había estado asociado a su nombre y actividad comercial. Así mismo, algunos cigarreros lograron controlar toda la cadena de producción que requerían al ser cultivadores, cosecheros, cigarreros y comercializadores de los tabacos como fue el caso de los Alarcón con sus sembrados en “El Diamante”, los Villamizar Hermanos en las “vegas del Río de Oro” y los Puyana en la hacienda “Cañaverales. También fueron creadas fábricas de cigarros por los inmigrantes como “La Vienesa” del descendiente alemán Alfonso Schneider, la “fàbrica de cigarros y cigarrillos Foch” del libanés Pablo Chalela Saab y “La Violeta” de los hermanos Gregorio y Benjamín Johnston. A las cuales se sumaban en el Directorio Comercial de Bucaramanga las fábricas de otros inmigrantes como Vicente Hasbon, Alfredo Canawati y Chalela hermanos. Para el caso de Piedecuesta las fábricas más importantes y reconocidas como industrias cigarreras hasta mediados del siglo XX eran: “Las Fábricas Unidas”, establecida por Esteban González R, Agustín Ríos, Tomás Serrano y Alcibíades Barajas desde 1880. Ocupaban un promedio de 150 obreros encargados de elaborar un millón de cigarros mensuales, y como lo indica su nombre hacía parte de un cartel de fábricas cigarreras de Piedecuesta y Bucaramanga conformado por las fábricas creadas por cada uno de sus socios; “La Imperial”, creada por Isaías y Felipe Barco en 1902. Se caracterizó por importar picaduras de La Habana y elaborar vitolas cubanas, siendo premiada con la “Medalla de Oro y Diploma de Honor” en la Exposición Industrial de Santander en 1907. “La Antioqueña”, establecida por Humberto Gómez Arenas y José Miranda en la década de 1930 a 1940. Ocupaban a 200 trabajadores y producían cien mil cigarros diarios. Con la liquidación de la fábrica de Villamizar Hermanos se constituyó en la fábrica cigarrera más importante y reconocida de Santander; “La Cucuteña”, fundada después de la Guerra de los Mil Días por Agustín Ríos como símbolo de la separación de Santander en dos departamentos (1910), siendo traspasado a su vez a Urbano Rey Arenas44. Acorde con las construcciones monumentales en las que acostumbraba vivir su propietario y a diferencia de las demás fábricas adecuadas en las casonas coloniales y republicanas, fue la primera fábrica para la cual se diseñó y construyó un edificio con características y dimensiones industriales, la cual fue empleada posteriormente como fábrica industrial de Plásticos (Rambal), Supermercado (FONCEP) y recientemente una iglesia adventista. El monumental edificio aún se conserva ubicado en la calle 6 con carrera 6 esquina. “La Marina“, creada por el comerciante de tabaco en rama Marcos Carreño quien empezó a fabricar cigarrillos con una máquina manual y posteriormente incursionó en la producción de cigarros con el apoyo administrativo de Agustín Carreño, su hermano. Fue la última de las grandes fábricas de cigarros finos y regulares que existió en Piedecuesta como parte de la edad dorada en la producción de cigarros que caracterizó la primera mitad del siglo XX. Fue liquidada y desapareció con la muerte de su último propietario, don Antonio Plata, siendo trasladada a Girón.

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De forma regular la producción de cigarros finos o puros de primera y segunda calidad en Piedecuesta estuvo reducida a un poco número de fábricas con un número menor a doscientos empleados y obreros cada una mientras que el número de tabacos de tercera calidad se caracterizó por un creciente número de fabriquines que se constituyeron en la principal alternativa laboral para la población nativa como para los desplazados por el conflicto bipartidista de los municipios y provincias cercanos para obtener su sustento. En 1933, por ejemplo, la población rural piedecuestana concentraba sus esfuerzos en la extracción de leche en las altiplanicies y la fabricación de panela en los abundantes valles por medio de “cincuenta trapiches movidos por la fuerza hidráulica y ocho por fuerza animal, con una producción semanal de cien cargas los primeros y cuarenta en los últimos”, a lo cual se sumaba en Guatiguará “un ingenio para la fabricación de azúcar”, razón por la cual se le adjudicaron durante las fiestas y ferias provinciales títulos como “capital lechera y panelera” de Soto. La mayor parte de la población urbana por su parte centraba su actividad económica en función de los cigarros a través de las “cinco grandes fábricas y más de ciento cincuenta fabriquines o pequeñas fábricas” en las cuales se producían “por término medio mensual 46.000 cigarros de primera clase, 978.000 de segunda, y de tercera 3.700.000 con un peso de 21.000 kilos”45. La importancia laboral y económica que tenía para entonces la producción de tabaco en cigarros, sin tenerse en cuenta la del tabaco en ramo no reportado por los historistas, era de tales proporciones que si se considera que cada fábrica de “puros” daba trabajo por lo menos a cincuenta familias de cinco miembros en promedio y que cada fabriquín de “chicotes” empleaba por lo menos a cinco familias, de forma moderada se podría calcular que esas mil familias (5000 hab.) representaban el 30% de toda la población del Municipio conformada por 17600 hab., y por lo menos el 70% de la población urbana municipal compuesto por el 40% de toda la población municipal. De igual manera se pueden corroborar las tendencias productivas inversamente proporcionales que han caracterizado la producción cigarrera al ser tradicionalmente menor la cantidad de tabacos de primera y segunda calidad mientras es mayor la cantidad de tabacos de tercera y menor calidad, que para el caso de 1933 se identificaba por una proporción de 80 tabacos de tercera por cada tabaco de primera y 4 tabacos de tercera por cada tabaco de segunda. De igual manera era visible la diferenciación geográfico – económica de la producción en los diferentes barrios de la cabecera municipal, al oriente las casaquintas de las familias principales y los barrios obreros de sus jornaleros; al norte las familias tejedoras de fique por medio de fábricas de costales y lazos como la prestación de servicios alrededor del hospital, monasterio y colegios; al occidente las gentes comunes dedicadas al comercio de abastos alrededor de la casa de mercado y al comercio de ganados, el sacrificio de reses, el procesamiento de vísceras y el secado de cueros alrededor del matadero; y al sur, las dedicadas al comercio de panelas y tabacos como a la elaboración de cigarros. Con la decadencia y desuso industrial del fique, los barrios tejedores del norte se constituyeron durante el último cuarto del siglo XX en los centros manufactureros de tabacos, tanto puros en hoyo chiquito como chicotes en San Rafael y Villanueva, siendo esa tendencia revalidada en la distribución espacial de las mujeres cigarreras seleccionadas para la composición de los siguientes capítulos. Una copla de mediados del siglo XX resumía esa diferenciación, reconocida un siglo antes por el corógrafo M. Ancízar, al expresar:

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En hoyo grande el tabaco, en hoyo chiquito el fique, y como son vecinos, mejor que tengan tabiques46. A pesar de las crecientes cifras de expansión y desarrollo de las manufacturas tabacaleras hasta 1939, especialmente con la constitución de nuevas fábricas o la inyección de capitales por empresarios y financistas externos al ramo o de otra regiones y países, la producción de cigarros finos estaba condenada a decaer al ser improductivos e irrecuperables a corto plazo los capitales invertidos mientras que la de la de los cigarros corrientes o de tercera clase continuó impidiendo el mejoramiento de las condiciones materiales de vida de los cigarreros al no ser posible obtener riquezas ni acumular capitales a través de su producción barata, sin valor agregado ni expansión de mercados. Los industriales productores de cigarros finos debían enfrentarse a políticas fiscales contrarias a todo estímulo empresarial como eran la reducción en 50% a la tarifa aduanera que debían pagar los cigarros extranjeros, especialmente los estadounidenses elaborados con las materias primas cosechadas y subsidiadas por los gobiernos (estatales y federal) estadounidenses, al pasar de 10 pesos el kilo empacado o maquilado a sólo 5%, a lo cual se sumó la prohibición de gravarse con impuestos de consumo al interior del país mientras que las autoridades fiscales territoriales imponían gravámenes a productores y consumidores nacionales que empezaron en 0,20 pesos el kilo hasta sobrepasar los pesos completos seguir aumentando esos tributos, y los agregados a los mismos. Así, el mercado nacional fue de forma creciente saturado de puros importados de mayor tamaño, calidad en los materiales y estética en la presentación y empaque a precios semejantes o menores a los nacionales. A los cigarreros piedecuestanos no quedó otra opción que expandirse a mercados internacionales cercanos promoviendo el contrabando y la evasión de impuestos aduaneros, compitiendo en el mercado local y nacional con cigarros de precios más bajos y por ende de menor peso, curado y calidad a la ofrecida tradicionalmente por cada fábrica cigarrera a través de sus afamadas marcas, sin importar la quiebra y el desprestigio de todo el sector, y finalmente, reorientaron su producción y comercio industrial hacia los cigarros corrientes haciendo “compras” a las mujeres y fabriquines que los hacían fuera de las fábricas, alcanzando así su punto de equilibrio. La inconformidad social de los cigarreros y el desencanto de los dueños de las fábricas de tabacos se materializó en Bucaramanga con una populosa manifestación del gremio tabacalero en contra de las políticas fiscales del Gobierno central. El movimiento social antitributario del 7 de mayo de 1939, si bien se llevó a cabo en varias ciudades de Santander, tuvo su mayor concentración en Bucaramanga en donde se llegó a “reunir 50.000 personas en el Parque Centenario y oradores de talla nacional se hicieron presente para llevar la palabra en defensa del gremio, entre ellos, dos piedecuestanos, Arturo Regueros Peralta y Carlos Vicente Rey, el político, que con elocuentes palabras entusiasmaron ardorosamente a la multitud desde los balcones del antiguo colegio El Pilar, aportando sus ideas en ayuda de los productores del tabaco”47. Una manifestación de iguales proporciones fue realizada los líderes y empresarios cigarreros piedecuestanos el 14 de febrero de 1996 al manifestarse por las calles de Piedecuesta, declararse en paro

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general, y finalmente, al concentrarse en la tarima principal protestando contra el impuesto al consumo de cigarros manufacturados al ser considerados un producto industrial semejante a los cigarrillos. La necesidad de competir las fábricas nacionales de puros por el dominio y apropiación de los mercados departamentales con variedad de vitolas, el control en la calidad de las materias primas usadas en cada cigarro fino, la competencia desleal en las condiciones de venta y precios ofrecidas a los compradores mayoristas, e incluso, el prestigio y desprestigio promovido entre marcas y fábrica, si bien fueron el resultado de las alzas y las variaciones tributarias desde 1909 hasta 1945, aún hoy, en pleno 2011, siguen siendo estrategias comerciales reconocidas y empleadas entre la decena de empresas productoras de cigarros puros o extrafinos de Piedecuesta que compiten por preservar o dominar los mercados regionales mientras que siguen siendo constreñidos por los altos gravámenes fiscales territoriales o aduaneros y las políticas sanitarias en contra del consumo de toda forma de tabaco al ser causante directo de cáncer entre sus consumidores activos y pasivos. Las dinámicas de expansión y dominios de mercados departamentales e internacionales por los fabricantes de puros ya había sido descritas y proyectadas extensamente por M. Galán Gómez en 1948 al expresar en su geografía económica sobre Santander: La industria de cigarros también ha sido fuertemente acosada por la política impositiva de los departamentos. Como bien es sabido, el fabricante en la elaboración de sus productos debe atender a los tipos preferidos por el consumidor. En materia de cigarros tales tipos son las vitolas, de formas distintas y precios diferentes, según las costumbres y usos de cada región. Estos últimos dan lugar a una gran variedad de vitolas en el mercado nacional. De modo que el fabricante de cigarros debe tener en cuenta esta diversidad de formas que limita extraordinariamente los consumos de cada una, ya que la vitola solicitada en ciertas regiones carece de mercado en otras y lo precario de su conservación hace imposible la búsqueda de nuevos mercados, en caso de superproducción. Como dato ilustrativo baste recordar que, por lo que hace a los cigarros de centavo, existen más de diez vitolas o formas distintas. Pues bien: sobre estos tipos o vitolas se hace en cada Departamento la respectiva imposición, tomando como base, en varios casos, el kilo de producto dado al consumo y en otros la unidad. El fabricante debe, pues, tener en cuenta, el impuesto que soporta cada clase en el Departamento de consumo, para acondicionar a aquél el peso de la unidad, a fin de que pueda resistir -mejor el gravamen respectivo. Este problema de acondicionar el peso de la clase a las distintas tarifas impositivas es extraordinariamente embarazoso para el fabricante, por la diversidad de gravámenes en cada clase, en los distintos departamentos. Así, por ejemplo, la tercera clase soporta tarifas departamentales que van desde treinta centavos el kilo hasta tres pesos; y por lo que hace a la segunda clase de cigarros, las tarifas presentan también la misma diversidad. El sólo hecho de esta diversidad de tarifas, aún en el caso de que fueran estables, es ya un serio problema para el fabricante por la razón de que tiene que acondicionar el peso de la unidad a esa diversidad de imposiciones. ¿Qué trastornos no le traerá, pues, el cambio frecuente de tales tarifas y el alza inmotivada de las mismas?

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Veamos algunas de las repercusiones que acarrea para el fabricante el alza constante del impuesto. Es claro que todo aumento de éste obliga al expendedor a subir el precio del artículo con la consiguiente disminución en el consumo y, por lo tanto, en las ventas del fabricante. Y como es natural que el expendedor no se resigne a vender menos, apela a los artículos sucedáneos y solicita del fabricante una vitola similar, de menos peso y costo que le permita sostener los precios anteriores en el mercado al detal. En este caso, si el fabricante no quiere perder el mercado de la región afectada por el impuesto, tiene que idear una nueva forma, de peso más reducido que responda a las exigencias de un menor costo. Cuando conserva existencias de la vieja vitola desalojada por el impuesto, en la mayoría de los casos las pierde y el tipo nuevo que se ve obligado a producir para conservar el mercado, le acarrea, desde luego, los gastos de adquisición de moldes y el entrenamiento de personal. De modo que la frecuente y caprichosa alza del impuesto ocasiona al fabricante la pérdida de existencias, con pesos y formas acondicionados a las antiguas tarifas y lo obliga a idear nuevos tipos y calidades—siempre reduciendo el peso del artículo—que estén en armonía con las situaciones creadas por el cambio en el impuesto, todo ello con recargo de gastos, tanto de elaboración como de propaganda. En otros casos, el excesivo aumento del gravamen imposibilita esta defensa y entonces, el consumo de la vitola afectada se pierde muchas veces, viéndose el expendedor obligado a suprimir los pedidos de esa forma, con la consiguiente pérdida del mercado para el fabricante. Esta continua zozobra de pérdida de mercados y de existencias ya elaboradas, de cambios constantes en los tipos o formas, de inseguridad en la demanda de los mismos, de recargo en los gastos por los factores enunciados, son las consecuencias principales que sufre el fabricante por el alza constante e inmoderada de los gravámenes. Consecuencias desastrosas para el desarrollo de la industria cigarrera, que lleva al desmejoramiento de las calidades más económicas para el consumidor e impide la standarización de la industria48. Así, los diversos y crecientes gravámenes fiscales nacionales y departamentales a los cigarros de cualquier calidad, los cambios en las características de las vitolas acorde con la demanda departamental o nacional, la competencia desleal en calidad, pesos y precios de los cigarros, entre otros factores, conllevaron a la decadencia y desinterés de los grandes fabricantes de puros y cigarros de segunda. Siendo asestados los golpes definitivos para la quiebra y desaparición de los grandes cigarreros, acorde con las cigarreras que trabajaron para esas fábricas, por causa de dos factores específicos: la violencia bipartidista que se desencadenó a partir de 1948 propiciando la persecución, desplazamiento o intolerancia entre patronos y obreros cigarreros de diferentes bandos, y especialmente, por la puesta en ejecución e imposición del régimen de seguridad social (salud, pensión, accidentes de trabajo) a partir de lo dispuesto en la Ley 90 de 1946, siendo obligados todos los patronos a asegurar a sus empleados y obreros haciendo los pagos y contribuciones respectivas, con lo cual, la mayoría de las fábricas cigarreras fueron liquidadas al no ser rentable para los propietarios trabajar a riesgo, perdida y deuda con el fin de garantizar los puestos laborales

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de sus trabajadores. Aquellas que no cerraron después de 1948, a pesar de resistir los embates fiscales y legales, finalmente no cedieron a las pretensiones colectivistas de los trabajadores que organizados en sindicatos pretendían en la década de los años setenta mayores reivindicaciones laborales y la participación directa en la toma de las decisiones de esas empresas privadas incitados por los “exitosos” modelos comunistas de producción. Valga destacar que para 1945 varias fábricas de Piedecuesta contaban y tenían reconocidos sus sindicatos obreros industriales ante la “Inspección Seccional de Trabajo”. La industria “pequeña”, artesanal o “casera” de cigarros corrientes si bien no aventuraba grandes capitales para obtener ganancias mínimas de subsistencia, se caracterizaba ya en 1947 por la dependencia económica a los grandes comerciantes y fabricantes dueños de las materias primas, las adversas condiciones ambientales para el trabajo y la inexistencia de políticas de seguridad social o laboral para cigarreros y cigarreras al actuar como jornaleros urbanos- sin relaciones contractuales con los propietarios de las fábricas. Un panorama de trabajo informal y subcontratado que en 2011 sigue siendo identificable entre los fabriquines de los barrios más populares de Piedecuesta. Las continuidades y resistencias al cambio entre los fabriquines de mediados del siglo XX y los del siglo XXI ya eran descritas escuetamente por M. Galán Gómez en 1948 al expresar: Trabajan en condiciones económicas muy limitadas; venden el artículo principalmente a las fábricas, y a intermediarios o exportadores; el standard de vida es muy estrecho y casi siempre de miseria. Algunos transforman unas cuantas cargas de tabaco en rama, en la semana; otros una porción menor y muchos no pasan de una o dos arrobas semanales. En ocasiones la materia prima la suministran las fábricas o los exportadores y en muy contados casos las obreras compran por su cuenta la materia prima que van a elaborar. Las condiciones higiénicas del fabriquín son muy malas y deplorables: piezas estrechas y mal ventiladas, corredores destartalados o el simple tugurio sirven de campo para instalar el fabriquín del cigarrero en pequeño. En muchos casos, como se ha expresado anteriormente, predomina el trabajo a domicilio, en otros, el de tarea o destajo y en muy pocos el dueño del fabriquín tiene a su cargo trabajadores a jornal. Cuando esto sucede el jornal se paga por millar de unidades elaboradas según la clase, alcanzando la "rollera" a ganar hasta $ 0.60 y la "retorcedora" hasta $ 1.70, la misma cantidad. La producción anual de estos pequeños fabriquines se puede calcular en 230 millones de unidades entre cigarros de tercera y segunda clase. Es decir, que la industria casera de cigarros produce un 47% de los cigarros que se elaboran en el Departamento. Antiguamente este tipo de empresa era muy numeroso en Santander, pero a medida que la política impositiva de los departamentos ha ido gravando los consumos en forma desorbitada, la pequeña industria casera ha sufrido el impacto de dicha política fiscal que tiende cada día a hacer desaparecer este tipo de industria49. Sumados los cigarros corrientes de la tercera clase o calidad (“chicotes”) con sus pesos, materiales, empaques y vitolas, la población de Piedecuesta compuesta por 20000

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habitantes producía anualmente un total de 80 millones de unidades aproximadamente (1945). No obstante, esa riqueza no beneficiaba a toda la población pues los menos favorecidos resultaban ser las espaladoras, rolleras, torcedoras y empacadoras que elaboraban los cigarros de forma domiciliaria, oculta e incluso clandestina. Siendo reafirmada esa contradicción en otro informe de la Contraloría de 1944 en el cual se describía la plena carencia de seguridad laboral para las trabajadoras independientes del cigarro corriente al expresar que existía en Bucaramanga como en Piedecuesta: … un crecido aunque desconocido número de pequeños talleres que por la irrisión de sus salarios, la pobreza extrema y abandono de sus dotaciones y hasta por la oculta ubicación de sus domicilios… se catalogan, no sin razón, como industrias clandestinas, la grande industria clandestina del tabaco. El empresario de este género específico de trabajo a domicilio, del cual derivan la subsistencia diaria centenares de familias pobres… paga jornales hasta de $0,18 y obliga a sus operarios al servicio continuo, sin discriminación de horario ni estipulación de bonificaciones por servicios complementarios. Rolleras y tocerdoras perciben menos de un 2% de utilidad por elaborar un artículo cuyo valor comercial satisface las exigencias de una gigantesca cadena de intermediarios y traficantes locales, hasta llegar a las grandes empresas quienes finalmente venden el artículo a los consumidores50. En 1993, tres años antes de la crisis laboral municipal propiciada por el cierre simbólico de las fábricas y fabriquines en protesta contra por el impuesto al tabaco aprobado por el Gobierno Nacional, la situación económica y de bienestar social del gremio cigarrero continuaba siendo muy semejante a la descrita medio siglo antes. Los artesanos de cigarros ordinarios o corrientes expresaban puntualmente su situación a través de los siguientes datos: Existen aproximadamente 400 fábricas, las cuales producen anualmente 20,000.000 de tabacos. Esta industria da empleo a unas tres mil personas aproximadamente. El precio promedio de los materiales utilizados en la elaboración de tabaco es: Arroba de capa $16.000 [pesos], arroba de capote $9.000, arroba de picadura $3000. El precio de los tabacos elaborados depende de la clase y en promedio es: panetela, el millar $4.000; romo, el millar $5000. Los impuestos cada vez en aumento perjudican notoriamente al pequeño fabriquín y por lo tanto desestimulan esta industria. Los obreros desempeñan su oficio según la especialidad y el salario está de acuerdo con la habilidad personal para desempeñarse, ya que el porcentaje se tiene en cuenta. El problema que tienen las personas que se dedican a esta actividad es la falta de instalaciones higiénicas, trayendo como consecuencias enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio. … Los obreros ganan porcentaje generalmente así: Rollero $400 [pesos] el millar, Espalador $300 la arroba, Torcedora $1000 el millar51.

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La permanente queja de los fabricantes de cigarros finos (puros) como de los dueños de los fabriquines de cigarros corrientes (chicotes) por el creciente número y monto de los impuestos al ser considerado un cigarrillo industrial y no una artesanía hecha manualmente con hojas de tabaco, especialmente porque del 100% de un cigarro el 37% correspondía a impuestos y otro 17% el margen de ganancia para el distribuidor o comercializador, aunado a las crecientes restricciones y prohibiciones sanitarias a su consumo y comercio público, fue explicado en 2005 por los investigadores del Banco de la República de la siguiente manera: La cadena de tabaco representa una importante fuente generadora de rentas, tanto para la Nación, como para los departamentos, a través de una serie de impuestos que gravan la producción y el consumo. De acuerdo con lo anterior, la serie comienza con el 1.5% de retención en la fuente, sobre el tabaco en rama que vende el agricultor, 2% pagado por los agricultores del valor del tabaco en rama vendido, como cuota parafiscal; 55% de impuesto al consumo de cigarrillos del precio de venta en puerta de fábrica al detallista; 10% de impuesto sobre los cigarrillos para apoyo del deporte en los departamentos; 16% de IVA con destino al fisco nacional; 20% de arancel para los productos importados con destino al fisco nacional, sobre el precio CIF para los cigarros y cigarrillos, 15%, para el tabaco en rama desvenado y 10%, para el tabaco sin desvenar. … Si bien el tabaco es fuente de empleo e ingresos para un buen sector de la población, no se puede desconocer que el problema social que deriva su consumo, es de graves consecuencias, debido a que el producto es altamente perjudicial para la salud, por los problemas pulmonares y cardiovasculares, dos de las patologías más importantes que provoca la adicción al tabaco. Entre los efectos más nocivos que el tabaco produce en la salud de los fumadores se encuentra el enfisema o tumefacción pulmonar que se gesta a largo plazo en los fumadores habituales y que es considerado como el responsable del 80 por ciento de las muertes por cáncer de pulmón52. La relación entre capitales locales acumulados de bonanzas pretéritas, exportación de cigarros finos, selección de las mejores mujeres cigarreras, compra y clasificación de los tabacos santandereanos para elaborar los cigarros piedecuestanos de exportación y “persecución” fiscal como sanitaria por parte de las instituciones estatales, entre otros factores que caracterizaban la pequeña industria cigarrera de Piedecuesta fueron resumidos por el periodista y literato piedecuestano Vicente Arenas Mantilla al retratar en 1960, con sus recuerdos de 1915, la vida y obra del empresario cigarrero Agustín Ríos, propietario de la fábrica “La Cucuteña” y copropietario de las “Fábricas Unidas” al expresar: Fabricando el mismo los primeros cigarros que bajo su afamada marca viajaron hacia los más apartados rincones colombianos, dando fama y adquiriendo prestigio día a día, fue adelantando lentamente en conocimientos de elaboración, lo que le facilitó en breve dar a su industria una amplia organización, que poco a poco le

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franqueó las puertas del más completo éxito, rodeándolo por consiguiente de un ventajoso y envidiable bienestar económico. Inquieto y madrugador, le miramos muchas veces ir y venir en torno de aquel enjambre de atractivas y diligentes obreras que él formó a su antojo, con perseverancia y labor, remunerando ampliamente la tarea, que era abundante y prodigiosa, por la muy simple razón de que el tabaco que Agustín empleaba para la elaboración de sus diferentes clases de cigarros, provenía de los mejores cultivos santandereanos, y era seleccionado cuidadosamente por verdaderos expertos en el arte, como lo fueron los Peñuela, los Zafra y los Calderón. Fue la buena calidad de los .tabacos de "La Cucuteña", los que despachados en enormes pedidos por todo el occidente colombiano, conquistaron esa enorme fama de que hoy disfruta la industria tabacalera, tan perseguida por todos los gobiernos, con todo y ser, si no la única, una de las más poderosas riquezas de estos encantados valles53.

Representaciones literarias, imaginarios colectivos y experiencias vitales. A la par de las luchas de los políticos, los fabricantes de las cigarreras y los trabajadores cigarreros en contra de los impuestos, aranceles y restricciones fiscales contra los cigarros y cigarrillos artesanales de Santander, el papel productivo de las mujeres cigarreras en la economía regional, aunado a la redefinición del simbolismo ideológico y cultural de su vida productiva como artesanas, obreras y “proletarias” por parte de los movimientos políticos de tendencia socialista u obrera fue recreado a mediados del siglo XX por los principales literatos de Santander. En plena crisis cigarrera y tabacalera, el afamado poeta bumangués Aurelio Martínez Mutis (1884 – 1954) dedicó en 1991 una de sus obras a recrear el folclore y las costumbres de los santandereanos al titularla “Romancero del Tabaco”, reafirmando así el esfuerzo de literatos como Enrique Otero D’Costa o Juan de Dios Arias por reafirmar la identidad santandereana desde la exaltación de las costumbres, trabajos y hábitos productivos. Martínez Mutis exaltño en su obra las diferentes etapas de siembra, cultivo, cosecha, secado producción de picaduras y manufactura del tabaco, dedicando a ésta última versos justificantes del nombre del objeto artesanal más preciado al manifestar: Cigarra, es canto litúrgico que empieza con el morado día de Carnestolendas. Memento, homo. Cigarro es también una canción que no sé cómo ni cuándo nace, brilla y desparece en el límite lejano54. Preocupación por explicar los orígenes americanos del cultivo y la inhalación del humo de las hojas secas de tabaco enrolladas con formas de cigarras al expresar: Sonríe, en su austera tribuna,

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el consistorio singular. Pronto va a darse la sentencia. Pero alguien falta por hablar. El ancho estadio se oscurece. Hay cantos, olor de mujer y olor de montaña. Parece que está empezando a atardecer. Y entre anillos de humo, teñidode achiote, brea y bermellón, un indio joven, parecido al gran cacique de Chanchón, con su haz de flechas de macana y otro haz de plumas de paujil en la cimera soberana, dice su arenga varonil: Soy el Tabaco. Fui en la Antilla pequeña, símbolo maduro que anunciaba la maravilla de la América del futuro. Para mis hojas no hubo valla; y hoy de la esfera alrededor como el de una inmensa batalla está el humo fascinador. Sé toda lengua y toda lira; música fácil e inspirada, suspiro con el que suspira y bailo con la carcajada. Visité las chozas sombrías, las mediaguas del arrabal; me vio Conde en las Tullerías, Velásquez en el Escorial. Mi planta es indiana princesa, pero sugiere a quien la ve una pagoda japonesa verde y vibrante como el té. Héroes, artistas, inventores han menester para triunfar mis impulsos animadores. Soy numen y amigo sin par; y con sus hojas de campanas enfiladas bajo el azul, mis lindas plantas son hermanas de San Vicente de Paúl. El cigarro es el diamantino

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símil del hombre y su destino: se enciende en la llama bermeja, arde, da el humo que semeja el sueño que no se realiza; se consume enseguida, y deja su vestidura de ceniza. Se miran entonces los sabios en actitud de complacencia; y, luminosa, de sus labios brota la unánime sentencia. al que es del Trópico fecundo riqueza, ornato y esplendor y con su ser abarca el mundo porque es el gran consolador, le dan la cúspide suprema en la república floral, y le ciñen, con la diadema, la roja clámide imperial55. Siendo reafirmada la importancia del tabaco para la cultura hispanoamericana al recrear las reuniones de fumadores entre Simón Bolívar con sus contertulios de Bucaramanga durante su estadía en la villa republicana por un período de setenta días en 1828. Al rememorar las prácticas decimonónicas de enrollado y torcido de los cigarros en las piernas de los fumadores a la par de discutirse los asuntos de Estado, el poeta afirmaba: Pasó el mazo de tabaco de Girón, de silla en silla, para torcer en la pierna cada quién, a su medida... Y la china mandadera les fue pasando en seguida el braserillo de plata con brasas de la cocina. —Ah! qué bien huele el tabaco! —Y qué fragancia exquisita la de las hojas maduras con alta sabiduría. No fuma el Libertador, mas las azules espiras se asemejan a sus sueños de geométricas teorías, y le recuerdan la carga de Boyacá, en cuya lidia surgió la Nueva Granada,

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que con su tierra nativa restaurada en Carabobo, oy como el humo declina y se va desvaneciendo en fúnebres agonías. —Qué nuevas trae el correo? —La Convención anarquiza las conciencias, y la patria va paso a paso a la ruina56. Finalmente, el autor centra su atención en el papel de las cigarreras del siglo XX al recrear con el poema “Seguidillas del humo” la atracción romántica que generaban esas mujeres liberadas e independientes, así como sus mágicos secretos y talentos para hacer los cigarros finos y extrafinos más importantes del país. Preocupado por enaltecer la figura de la mujer cigarrera en nombre del amor Aurelio Martínez Mutis resaltaba: Tres docenas de amores tuvo Consuelo. Juan se casa con ella rendido y ciego: declara el novio que es justamente el cabo lo más sabroso. El "prestar la candela" no es buena lógica; quienes la necesiten váyanse a Europa: por toneladas allá sin dar fiadores se la regalan... Que no vuelve a casarse dice Rosario, porque ella es ya tan solo "papel quemado"; ¡vayan ustedes a fiarse de las viudas y sus papeles! Un dolor, cigarrera, me está matando: que el cigarro que fumo se está acabando. Para otro día te invito a que fumemos en compañía. No permitas colillas y menos colas cuando salgan los puros de las vitolas; pues se irá el charro y a tí te queda el fuego y a él el cigarro... Frágil copo el cigarro pronto se vuelve porque la vida es humo que se disuelve. Todo va al viento, todo... menos tus gracias y mi tormento. En corridas de toros como en las fábricas

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hay capas y capotes y hay hembras majas. Pero se advierte que allá sacan las tripas y aquí las meten57. El poeta, cronista y periodista piedecuestano Vicente Arenas Mantilla amplió esas descripciones sobre el ser y el hacer de las mujeres cigarreras, especialmente su espíritu franco, independiente y sociable, al publicar en 1960 el “Romance de las Cigarreras” en el cual exalta a la última generación de mujeres especialistas residentes en el barrio obrero de la Cabecera del Llano (hoy San Rafael, Hoyo Chiquito, Villanueva) quienes desde niñas y hasta su muerte por enfermedades respiratorias o nutricionales enrollaban, torcían y empacaban cigarros finos en las últimas fábricas de cigarros de Piedecuesta en San Antonio y Hoyo Grande, previo reconocimiento y diferenciación con las “chicoteras” en la crónica de igual nombre, una vez más cuestiona las presiones y persecuciones estatales contra los cigarreros, así como revelaba detalles de las variedades de vitolas que para entonces se producían. Sobre esas “abejas” de la pequeña industria cigarrera piedecuestana, especialmente las obreras de “La Antioqueña”, expresaba el poeta en su romance: ROMANCE DE LAS CIGARRERAS Es lunes por la mañana; a paso largo y seguido, con garbosos movimientos cuatro pies a un mismo ritmo de marcha, van adelante por otros cuatro seguidos, calzando blanca alpargata atada con galón fino. Son preciosas cigarreras de mi Piedecuesta antiguo que van de "La Sucursal" todos los días con cariño, hacia la fábrica grande armadas de su cuchillo, su cajita de almidón y de la mano su niño. La una es Julia la pecosa, la otra es Fabiola Patino, la de verde es Rosa Vargas, Zoila Ruiz, la de amarillo; y las cuatro de adelante, de andar tan airoso y fino, son Luz y Amparo Monsalve, y Beatriz y Leonor Pinto.

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Cuando pasan por la plaza, el viento alegre y ladino que en torbellinos avanza, azota su cuerpo tímido, y hace tremolar los pliegues de encaje de su corpiño. Su falda de oían brillante ellas oprimen con tino, pues temen que las levante el viento en su torbellino. —Adiós lindas, grita un chato. —Me llevan? . . . dice Gabino. —Claro que sí. . ., pero luego, responde la de amarillo: porque si nos demoramos, el patrón que es condenillo, nos espunta en la tarea y adiós el pan del domingo. Las Vargas hacían pepitos, elegantes, las Urquijo, regalías hacían las Torres, y viuditas las Murillo. Amarraban las Mendoza, y empacaban los Chorizos, los más viejos cigarreros de mi Piedecuesta antiguo. Un tal Luis, las vigilaba, y era rollera la Suca; picaba Juan el tabaco y recogía la basura; y charlaba como un loro la tal Candelaria Cuca. Enjambre de obreras lánguidas, de la industria de mi tierra; abejas que en su labor salud y hermosura entierran, clavadas sobre el mesón donde la muerte les llega, cuando les falla el pulmón o la anemia las entrega.

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Cigarreras laboriosas, cuan grandiosa es la obra vuestra, en pro de una rica industria que no escucha vuestras quejas; que sabe de tus angustias pero que no las remedia, porque hay corazones duros y almas que son como piedras. Obreritas de mi villa, unas blancas y otras negras; casadas, solteras, viudas, espigadas y pequeñas, parlanchínas, cantadoras, ojiazules y hasta tuertas... Yo ví un día rodar tu llanto, tu llanto amargo y sincero; y supe de tu quebranto, cuando entre flores y cantos, llevaste hasta el camposanto a Margarita Forero58. A fin con la reivindicación folclórica y las crónicas simbólicas sobre Piedecuesta por parte de Vicente Arenas Mantilla, en la segunda mitad del siglo XX el reconocimiento de las cigarreras como artesanas y trabajadoras populares fue exaltado por el poeta, novelista e historista Germán Valenzuela, conocido al igual que su periódico como “Picapica”, al rememorar el devenir de su barrio natal La Feria (o “La Pesa”) con los siguientes versos: Era el barrio un paisaje macondiano, donde el “diestro” se hacía en las calles, El oficio aristocrático de las mujeres: combar tabacos, los hombres ser rolleros y los chicos descalzos y en el suelo despallibar la hoja. ¡Qué vida! ¡Qué destino! los envolvía la congoja59. El simbolismo social, cultural y económico que representaba la manufactura de cigarros llegó a ser de tales proporciones que las familias de las cigarreras más devotas aseguraban haber sido testigos de la revelación de la virgen Maria en hojas de tabaco, transformando las casas de sus humildes fabriquines en lugares de peregrinación y culto colectivo de los creyentes y feligreses católicos de los barrios más populares. En el caso de Piedecuesta, al decaído culto de la virgen de Monguí se sumó durante la segunda mitad del siglo XX la

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divulgación de varias de esas revelaciones. Siendo una de las más divulgadas la aparición y culto a la Virgen de "Las Angustias" en el barrio Hoyo Grande. De acuerdo a la crónica relatada por Luis Enrique Figueroa, “Juan de la Fuente” divulgó en su obra sobre el folclor santandereano esa naciente advocación de Santa María virgen como patrona de los cigarreros piedecuestanos en la década de los años sesenta de la siguiente manera: … la Virgen de "Las Angustias", que dizque se "reveló" en una tabla de esas en que hacen los tabacos las cigarreras y la cual es objeto do veneración en una casita que existe en la loma de "Alto Viento", sector de "Hoyo Grande" (naturalmente en ese sector que es el de los fabriquines de tabaco), de propiedad del nonagenario don Lorenzo Gutiérrez, quien me refirió que cuando su esposa María de la Cruz Cancino había muerto, la imagen de esa Virgencita ya se había "revelado", de ello hace ya quince años. La verdad es que se trata de un óleo antiguo realizado sobre una tabla. Y bueno. Allí van las gentes piadosas a venerar y a rezarle a la imagen que es patrono de las cigarreras, quienes la visitan invariablemente los lunes y martes de coda semana60.

TECNOLECTO DE LAS MUJERES CIGARRERAS DE PIEDECUESTA

Tomado de: RUÍZ BERNAL, Jesie Lorena. Estudio del campo léxico del tabaco en Piedecuesta
(Santander). Trabajo de Grado, Lingüista. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 2009. P. 43. Disponible en: http://www.humanas.unal.edu.co/linguistica/index.php/download_file/view/133/120/.

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Organización laboral de las cigarreras en las grandes fábricas de cigarros durante la primera mitad del siglo XX. Imagen del “Buen Tono” 79

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LAS CIGARRERAS1 A las limitaciones fiscales, comerciales y laborales para la producción de cigarros de primera calidad en Piedecuesta se aunó desde mediados del siglo XX el desestímulo al consumo interno propiciado por los altos precios de venta a cambio de baja calidad en los materiales y pocas dimensiones en su longitud, volumen y peso. Con lo cual, resultaba más rentable para los sectores populares el consumo de cigarrillos comunes o de los abundantes y comunes tabacos hechos con materiales y técnicas de manufactura de tercera calidad (“chicotes”) a través de vitolas conocidas popularmente como romo (más largo, voluminosos y pesado), reina (romos cortos), panetela (cigarro intermedio entre el romo y la calilla), calillón (calilla largo y gruesa) y calilla (cigarro de tabaco con la longitud, volumen y peso de un cigarrillo). Desde entonces, la demanda y consumo de cigarros de primera calidad (puros tipo “Premium” de alta calidad) producidos en Colombia fue mínima o nula al dominar ese costoso y exclusivo mercado las cigarrerías de Cuba, Centroamérica y algunos países de África y Asia. Con lo cual, la participación de las cigarrerías tradicionales santandereanas más afamadas debieron reducir su producción al segundo segmento de calidad de los puros denominada “Mass Market” con marcas tradicionales que a bajos precios imitan en materiales, empaques y vitolas los habanos. Siendo sus principales consumidores las altas clases sociales de las regiones industriales fronterizas, y en el caso de Colombia, la región cafetera del viejo Caldas. Las demás fábricas cigarreras que incursionaron en el mercado de puros, especialmente aquellos administradores y cigarreras que habían trabajado para las grandes fábricas de la primera mitad del siglo XX, se centraron en la producción del tercer segmento de los puros denominados “Little Cigars” o puros pequeños, que hasta la fecha son producidos para el consumo local, como regalos y “souvenirs” llevados desde Piedecuesta a los fumadores y coleccionistas de otras regiones del país, o como producto artesanal comprado por nacionales y extranjeros al valorar la estética de los empaques, la refinación de las capas y el curado aromatizado de las picaduras. Mientras que las fábricas cigarreras de “chicotes” pasaron de medio centenar a un millar de “fabriquines”, muchas de ellas con sus propias marcas para el comercio de sus tabacos
Para corroborar las continuidades, rupturas y fluctuaciones de la producción de cigarros en Piedecuesta hasta mediados del siglo XX, así como las condiciones de vida de las mujeres cigarreras y la identidad socioeconómica y político-cultural que tienen esas trabajadoras para con el Municipio fueron visitadas y entrevistadas en profundidad las diez cigarreras más destacadas y representativas del gremio cigarrero a partir de las recomendaciones de los empresarios y empresarias más importantes del sector tabacalero. Para ello se consideraron además factores explícitos de identidad y reconocimiento colectivo como fueron: la procedencia familiar o social como cigarreras, los años de dedicación al oficio artesanal, el emprendimiento laboral o empresarial alcanzado, los reconocimientos públicos por su labor, y el liderazgo en campañas de defensa, bienestar o mejoramiento de las condiciones de vida de las cigarreras piedecuestanas. Las características de esas mujeres como muestra representativa y simbólica del Patrimonio Cultural Intangible de la producción artesanal de tabacos en la municipalidad son resumidas en el siguiente capítulo por medio de las Historias de Vida narradas desde su perspectiva como cigarreras y empresarias de los cigarros (corrientes y puros) elaborados en Piedecuesta.
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tradicionales y rústicos en los mercados provinciales y departamentales más cercanos, las fábricas tradicionales de “puros” conservaron sus procesos técnicos de maduración y producción de los tabacos no menores a tres años, expandieron sus mercados a los centros urbanos más grandes del país, así como a los países andinos fronterizos. Siendo reconocidas por el Ministerio de Agricultura hasta 2005 como las empresas y marcas más tradicionales de cigarros finos y corrientes de Santander a: Cigarros Puyana (Bucaramanga y Piedecuesta), Cigarros Duque E.U (Bucaramanga), Compañía Cigarrera Monseñor Ltda. (San Gil), Cigarros Santa Lucía (Piedecuesta) Fábrica de Cigarros La Universal (Piedecuesta), Cigarros Gamos (Piedecuesta), Cigarros Comandantes (Piedecuesta) y Cigarros Centauro (Piedecuesta). Con lo cual, las fábricas de Tabaco más importantes de puros no sólo estaban en Piedecuesta pues el 68% de la producción de todo los cigarros de Santander se concentraban allí mismo, seguida por Bucaramanga (20%) y Girón (10%). Dejándose así Piedecuesta de ser la capital de la panela y la leche para constituirse plenamente en el principal centro manufacturero de cigarros de todo el nororiente colombiano. A los nombres de las fabricas y marcas cigarreras expuestas se suman otros como Cigarros Roa, Cigarros la Península, Cigarros el Vigilante, Cigarros Miranda, Cigarros La Vallenata, Cigarros Legítimos, Cigarros 3 Coronas” (1956-1980), Cigarros Humo Seda, Cigarros Picasso y Cigarros Gamos. Si bien durante la década de los noventa el contrabando, el incremento de los aranceles para la importación de tabacos para cigarros finos hasta en 15%, la reevaluación del peso y la pretensión del Gobierno nacional en imponer nuevos gravámenes tributarios al tabaco (1996, 2000), etc., influyeron negativamente en la recesión y la falta de inversión en el sector cigarrero, en Piedecuesta, por el contrario se redinamizó la producción de puros piedecuestanos con la creación de nuevas empresas cigarreras lideradas por los dueños de fabriquines de cigarros corrientes (“chicotes”) acorde con su interés de mejorar la producción y calidad de los productos tabacaleros para expandirse a mercados más rentables. Ejemplo de esos procesos de emprendimiento el establecimiento y consolidación de nuevas fabricas de puros reconocidas comercialmente e impulsadas territorialmente como microempresas por entidades como la Cámara de Comercio de Bucaramanga a través de proyectos como el denominado "Desarrollo de una estrategia de comercialización para las microempresas productoras de puros del Área Metropolitana de Bucaramanga" (2008). Las fábricas beneficiadas por esos procesos de mejoramiento y competitividad exportadora fueron marcas tradicionales y reconocidas como Cigarros Santa Lucía, Cigarros Roa y Cigarros Puyana, así como marcas y fábricas emergentes como Cigarros Corona Real, Cigarros Guane de Oro, Cigarros Chicamocha y Cigarros Caney. Si bien la pionera y reconocida fábrica Cigarros Gamos se mantuvo al margen de ese proceso al ser explícitos los intereses particulares de cada uno de los participantes, los propietarios, representantes, empleados y operarios que participaron del proceso además de aprender a producir, contratar y negociar en el mercado internacional también recibieron capacitación para su desarrollo en competencias gerenciales, productivas, de asistencia técnica, logística y capacitación a los miembros de sus organizaciones empresariales. Incluso esas siete fábricas se agremiaron como productores de cigarros finos y extrafinos a través de la sociedad de acciones simplificadas denominada “Casatabaco Grupo empresarial Tabacalero S.A.S”, representada por Gabriel Pico Gutiérrez, ubicada en la fábrica de cigarros Chicamocha de Leonidas Castro en Piedecuesta (Cra. 7 5-49), registrada

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ante la Cámara de Comercio de Bucaramanga el 16 de febrero de 2010, y cuyo fin es la producción de productos derivados del tabaco, especialmente puros con fines de exportación a Estados Unidos y Europa. Desde el año 2000, los empresarios y trabajadores de los fabriquines de cigarros corrientes, conocidos tradicional y despectivamente como “chicoteros”, se habían organizado, asociado y gestionado ante las autoridades municipales procesos de capacitación como torcedores y empresarios de cigarros puros apelando a sus conocimientos y habilidades en la elaboración de los cigarros corrientes (“chicotes”). Para ello contaron con instructores del SENA escogidos entre los cigarreros retirados de las empresas tradicionales más afamadas, especialmente de cigarros Puyana y cigarros Gamos, como fue el caso de Luis Aurelio Vega, aunado a las capacitaciones realizadas por expertos traídos directamente desde Cuba y República Dominicana como fue el caso de Arsenio Ramos. Ese proceso fue a su vez materializado y simbolizado con la creación y establecimiento del “Centro de Capacitación y Desarrollo Empresarial Tabacalero”, a cargo de la Asociación de trabajadores artesanales de cigarros de Piedecuesta (Asotracig), para lo cual fue construido y entregado en comodato un espacioso edificio de grandes salones sobre las ruinas del antiguo coliseo de ferias y matadero municipal en el Barrio La Feria (o la “Pesa”). Así mismo se procuró el mejoramiento en la calidad de la materias primas empleadas para la producción de cigarros al llevarse a cabo programas de capacitación y proyectos de innovación agroindustrial como fue el caso del proyecto “Desarrollo tecnológico de la Cadena Productiva del Tabaco para la fabricación de puros”, promovido por Corpoica, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Fedetabaco, la Corporación Colombia Internacional, el Sena, COLCIENCIAS y los industriales piedecuestanos al fomentarse la tecnología productiva cubana denominada “tapado”, consistente en cultivar el tabaco “premium” a la sombra, con la ayuda de sombríos hechos con tela de poliéster y con el fin de alcanzar un desarrollo foliar mayor. Las vivencias y el protagonismo de las mujeres cigarreras durante ese medio siglo de cambios e innovaciones permiten reconocer las dinámicas y los aportes de muchas de ellas a la construcción de la y a la reafirmación de la piedecuestaneidad. Identidad profesional. Las cigarreras de Piedecuesta con mayor número de años y experticia han optado por dejar de trabajar aunque la mayoría no cuentan con una renta ni reconocimiento pensionario, otras se han constituido en empresarias con sus propios fabriquines o fabricas de tabacos, y muy pocas han asumido el rol de maestras artesanas al interior de la decena de fábricas cigarreras preservadas o establecidas en Piedecuesta hasta mediados del 2011 con fines de exportación. Sin embargo, la mayoría de ellas reconocen que su escuela de formación fueron las fábricas cigarreras más importantes de mediados del siglo XX como eran la Cucuteña, la Antioqueña y las Fábricas Unidas. Así mismo coinciden en que las últimas grandes fábricas y escuelas para el aprendizaje y el trabajo industrial de los tradicionales cigarros finos que caracterizaron a Piedecuesta fueron las creadas y preservadas por Antonio Leal y Marcos Carreño (La Marina). Una de esas mujeres anónimas para la mayoría de piedecuestanos pero reconocida a nivel nacional al ser divulgada una crónica periodística sobre su vida en el diario capitalino “El Espectador” (Octubre 5 de 2008), tanto en sus soportes en papel como digital, es Nelly Carrillo Delgado. Siendo presentada como una experta y dedicada cigarrera residente en el

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barrio San Antonio, para lo cual fue sugerido su nombre y persona por parte de Antonio Delgado Gómez, su sobrino y copropietario de la fábrica de cigarros “Comandante”, los medios de comunicación nacionales realzaron su condición como mujer representativa de las cigarreras piedecuestanas quienes después de 75 años de vida podían continuar realizando con destreza y abundancia la labor aprendida desde niñas. Al relatar su proceso de formación y dedicación como cigarrera resumió la vida típica de las cigarreras piedecuestanas de mediados del siglo XX quienes como jóvenes, mujeres, esposas, madres y ancianas no dejaron un solo día de sus vidas laborales en desempeñarse en el oficio aprendido y ejercido por décadas. A través de su relato se rememora el proceso de aprendizaje, contratación, independencia y retiro de cada una de las cigarreras de las fábricas de tabacos finos (primera clase) que al aumentar sus años y disminuir sus capacidades optaban por trabajar para las fábricas de tabacos regulares (segunda), y finalmente, se independizaban al crear sus propios fabriquines para la elaboración de tabacos ordinarios o corrientes (tercera). Desde la comodidad de su hogar recordaba: Yo aprendí el oficio de los tabacos en la Cucuteña. En ese entonces era por la sexta acá al frente [de la casa de menores] eso ya acabaron y lo volvieron fue local. Yo empecé de cajera, a espalar capote, a alargar rollos. Yo aprendí a hacer rollos… Yo aprendí a torcer ahí en la Cucuteña. Ahí duré siempre tiempito trabajando, torciendo tabaco. Yo hacía hasta mil. Después me retiré, ya no me acuerdo por qué fue. La cosa fue que de ahí salí a la fábrica Noel que era de don José Correa a torcer calilla, pero ya entonces exigían tarea. Tenía que hacer 1400 diarios, pero eran los 1400, y yo pues solo alcance a hacer diarios 1300 un día, otro 1400, y eso… aunque ese trabajo le rinde a uno, pero no sé, no fui capaz, no tuve sino un mes. Después trabajé donde José Rey, allá pues también duré, después me vine pa’ donde don Marcos Carreño. Ahí no exigían tarea a día sino la que uno hiciera. Ahí ya trabajé y me casé con mi esposo. Yo de ahí salí, yo trabajaba en la casa hasta inclusive trabajé y tuve obreras. Pero resulta que las personas piensan que porque uno ha trabajado ya y porque uno los busca pa’ que trabajen, entonces se la quieren velar a uno porque uno ha sido obrera, porque uno exige que el trabajo quede bien entonces o porque no les gusta así. Entonces ese es el problema de la gente, y dicen, esa vieja no fue chicotera. Pues sí: uno fue chicotera también y uno elaboraba pero a uno le exigían la elaboración del tabaco que quedara bien hecho, que no quedara con rotos, que no quedara volando, que bueno, eso siempre tiene su exigencia. Y pues, desde entonces yo dije: ¡no yo no tengo porque que la gente me la velen a mí, porque yo les decía que no los quería que les quedaran volados, que no quedaran rotos!. Resulta entonces que quede yo sola, trabajé unos días sola, pero entonces yo sola tampoco hacía nada. Entonces yo acabé todo y vendí la máquina de hacer rollos. Acabé con todo y me puse a torcer por fuera pero tampoco me amañé mucho por que daban las libras de capa bien pesadas. Llevaba libra y media para torcer un mil de tabacos que era grueso y por más que yo picaba finito y por más que yo

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después lo escogiera, y todo, yo dije: ¡no, no hago sino chinos!. Me cansé entonces y no volví a trabajar [desde 1991]61. El relato de Nelly Carrillo permite reconocer a su vez dos conductas laborales que aún persisten en la elaboración de cigarros en Piedecuesta: la disciplina de las fábricas de cigarros finos o regulares con fines industriales y las relaciones sociales de confianza y amistad al interior de los fabriquines de cigarros ordinarios o corrientes. Respecto a la disciplina de las grandes y afamadas fábricas, Nelly Carrillo rememoraba a su vez cómo eran las condiciones laborales de una de las últimas fábricas de cigarros de tabaco fino de Piedecuesta, heredera de las tradiciones de la edad de oro de los cigarros santandereanos de la primera mitad del siglo XX al expresar: Cuando trabajé en la Cucuteña allá había mucha disciplina. Uno tenía que sentarse bien, don Agustín [Ríos] era un señor muy fregado, tenía uno que sentarse así bien sentado, bien acomodado, no podía sentarse uno de medio lado, era bien sentado, que la capa estuviese bien arreglada, que aquí los rollos, que el cortador, que cada uno limpie, no botar recorte al suelo, y si lo botaba cuando me paraba recogerlo y echarlo al cajón. Entonces todas esas cositas así eran muy exigentes. Pero habían obreras que no cogían nada reparaban encima y con el mismo recorte limpiaban: muy desordenadas, y por una pagábamos todas. Nos llamaba la atención a todas, no decía fulana, no, era para todas. Entonces yo siempre me acostumbré al trabajo legal, cumplí con el oficio, aseada, no hacía el reguero, limpiaba el mesón que los tabacos no fueran con picaduras, ponerlos en el aparato de una vez para amarrarlos, porque se amarraban de a 50. Entonces yo ponía el aparato ahí, y limpiaba, a lo que amarraba limpiaba, y limpiaba pa’ cuando llegará el patrón a revisar que estuviera el puesto limpio. Usted sabe que pasa como en la cocina: está uno limpie y limpie y no se ve. No bregaba por desordenada, eso si yo era ordenada pa’ mi trabajo, me preocupaba mucho por ser ordenada y por hacerlo bien. El patrón a veces llegaba y se sentaba y le decía a uno coja la capa así, y le decía esto se quita así y con cuidado le quitaba la vena, le quitaba la capa, cogía un rollo lo torcía mire así es que se hace… nos enseñaba, era una persona fregada pero él nos enseñaba a la gente a que fuera ordenada y a que el oficio quedara bien hecho. …En ese entonces se hacía tabaco fino y siempre buscaban las personas que lo hicieran más bonito, no había mucha gente porque exigían que el tabaco fuera bien hechicito62. Justa Gualdrón de Carreño, cofundadora y propietaria de la fábrica de cigarros “Gamos” hizo su escuela de formación como cigarrera en otra de las grandes fábricas de cigarros finos que se establecieron en la primera mitad del siglo XX en Piedecuesta, particularmente en la Fábrica “La Antioqueña”, ubicada en la esquina suroccidental del parque principal, continuando su labor en las “Fábricas Unidas” que si bien habían nacido en Piedecuesta fueron trasladadas a Bucaramanga a mediados de siglo como consecuencia de la violencia bipartidista. Entre sus recuerdos sobre los primeros años de aprendizaje al lado de su madre (Rosalbina Pimiento Sánchez) y su hermana en la Antioqueña y luego como obrera experta

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de las Fábricas Unidas también al lado de su hermana y de su madre, Justa Gualdrón rememoraba que: Una hermana mía hacia un tabaco que se llamaba “Bucarica” con capa cubana de excelente calidad. Solo cuatro de las cien operarias que tenia esa empresa lo elaboraban cuando había el pedido. Una de esas cuatro era una hermana mía: ¡imagínese!. Yo contaba con ocho años, me iba y le decía que me dejara la tercera ronda: hacerle la perillita. Yo soñaba, a mí me gustaba, yo jugaba en la casa de niña con hoja de higuerilla a hacer cigarros. Las soasaba y me ponía hacer paqueticos no por lo que uno ve sino porque me gustaba. A mí me gustaba eso y jugaba con todo esas cosas del tabaco. … Del año 48 para acá, tenía que hacer uno una escuela: espalar una hoja y ordenarla bien desde los ocho años. Eran empresas grandes las que había en Piedecuesta, yo creo unas treinta. Había que hacer la escuela: aprender a espalar, había que ayudar a una señora que se llamaba doña Rubiela que tenía un grupo de cuatro operarias. Ella tenía que hacerles rollos para que ellas los elaboraran, pero había que prensarlos y cajearlos. Eso era lleve cajas, recoja cajas para que cada torcedora prense. Uno de niño tenía que ayudar pues mi mamá era cabeza de familia, entonces teníamos que ayudarle a trabajar y ya con eso pues tenía para ayudarnos a la escuela, nos compraba los libros y todas esas cosas. Hacia los 11 años seguía uno mirando como hacían los cigarros y entonces ya uno salía a torcedora. Ya sabía lo que hacía la torcedora, uno se animaba y aprendía a elaborar un trabajo corriente, sabía cómo se mojaba una hoja de tabaco, qué era picadura, qué era capote, cuáles eran las calidades, los colores y todo lo demás …A la edad de nueve años me fui para Bucaramanga porque se fue mi mamá… y a la edad de 19-20 años volví a Piedecuesta [1959]. Entonces ya había otro cambio: habían más fabriquines. Las fabricas que uno conoció que eran fabriquines ahora eran tres o cuatro empresas que le daban a usted tabacos para hacer en la casa. La única empresa grande que figuraba era la de Marcos Carreño. Él tenía y mantenía unas cincuenta sesenta operarias para hacer un tabaco corriente, tipo romo y tipo panetela, tenía empaque y tenía mucha gente trabajando. Desde entonces se fue transformando todo en fabriquines y fabriquines. Quien sería mi esposo era el administrador de esa fábrica de Marcos Carreño, se llamaba La Marina, y ahí nos conocimos con él. … Cuando yo empecé a trabajar en fábricas en Bucaramanga, en las Unidas que se la habían llevado para Bucaramanga, yo llegué como ayudante de mi mamá. Ahí ya me decía el dueño: ¡venga, venga que usted ya sabe!. Eso parecía una escuela [de niños aprendices] esa fábrica porque entonces no había manera de estudiar y los papás no se afanaban como ahora. Antes era “trabajar, trabajar y trabajar”63. Al igual que el régimen laboral aprendido por Nelly Carrillo en La Cucuteña al adoptarlo a su fabriquín de cigarros corrientes, la disciplina aprendida por Justa Gualdrón en las fábricas de cigarros de mediados del siglo XX se ha constituido en el modelo de conducta a seguir en su propia fábrica hasta inicios del siglo XXI. Prácticas de orden, respeto, pulcritud y responsabilidad productiva caracterizadas por:

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Yo empecé de niña, con una primaria escasa y hacía tabaquitos. Yo empecé en fábricas con orden, con horario, había disciplina. Inclusive no dejaban entran menores de edad, no los dejaban entrar, pero yo me volaba. Entraba con ese deseo de ayudarle a mi mamá y como los directores me veían que era juiciosita, ahí empecé, y desde entonces fue para adelante, a trabajar. Hoy aquí en fábricas “Gamos” la disciplina es más o menos que las operarias hagan su tarea. Que no fumen. También nos tocó limitarles los celulares porque hablaban mucho. La disciplina es porque tenemos gente correcta. Inclusive ha venido gente de Bucaramanga a trabajar acá. Es un corre - corre pero se amañan y trabajamos. Los hombres son correctos en el empaque porque trabajan a tarea, y el que trabaja a tarea sabe que tiene que rendir. Yo estoy contenta con el aseo, que tengamos esto limpio. Tantas cosas que quisiera que la empresa tuviera demás… Doy muchas gracias a Dios. …Por las capas tan costosas, en Cuba, por ejemplo, una obrera no puede llevar anillos, perfumes, porque cada hoja se le dan contada y allá tienen que pagarlas… Eso es disciplina. Aquí no, se perdió y tal…. Por la disciplina, no soy tan bien vista porque dicen que ¡si molesta!. …Yo siento que he querido enseñar a muchas mujeres. Por ejemplo, cómo se hace un tabaco, cómo se hace una perilla, empezando cómo se moja la hoja, cómo se debe sentar, cómo deben manejarse. Todas esas cositas. Y recuerdo que todos los fines de año, cuando salen a sus vacaciones, se hace una fiesta grande... Y a todas las quiero64. Nelly Carrillo con su fabriquín de “chicotes” en San Antonio y Justa Gualdrón con su fábrica de “puros” en hoyo chiquito coinciden a su vez con Mercedes Urrea, propietaria de la fábrica Noel y productora de la afamada marca “Puyana” en “Hoyo Grande”, en la necesidad de asegurar el éxito de la producción por medio de una cigarrera experta en la elaboración de cigarros y experimentada en la administración de personal y el entrenamiento de los operarios acorde con las prácticas que acostumbraban las fábricas de la primera mitad del siglo XX. De allí que las tres insistan en que sólo a través de la disciplina impartida en cada una de sus empresas fue como lograron capacitar y asegurar el reconocimiento y la demanda comercial de sus productos y marcas. Mercedes Urrea, es una piedecuestana quien conoció en El Socorro al empresario zapatoca Don José del Carmen Correa Garza, quien ya trabajaba en la producción y comercialización de cigarros. Fruto de esa relación laboral se constituyó una familia de hecho de la cual nacieron doce hijos, José Correa se separó de su primera familia y sentó sus raíces en Piedecuesta desde 1952 al establecer e iniciar la producción de cigarros finos y corrientes con la fábrica Noel. El éxito comercial y la expansión regional de su negocio, al punto de comprar la legendaria fábrica de cigarros “Puyana”, se basó en la división de roles al dedicarse José Correa a la comercialización directa de los cigarros en otros departamentos y países mientras Mercedes Urrea se encargaba de la compra de materias primas, la supervisión en la elaboración de los cigarros, el control de calidad de las vitolas y empaques, así como el embalaje y los envío contra reloj que debía hacer a su esposo, en la medida que hacía las solicitudes de producto a través del teléfono o vía telegrama.

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Con la muerte de José Correa en 1995, esa división de roles y funciones productivas fue continuada en la fábrica de Piedecuesta por su hijo Elías Correa al encargarse de la distribución y comercialización mientras Mercedes Urrea aún continúa de forma incansable, cada día laboral, supervisando y orientando cada etapa de la producción al interior de la fábrica, así como evaluando los cigarros traídos desde diferentes fabriquines del área metropolitana al considerarlo una terapia ocupacional necesaria para sentirse útil para garantizar la continuidad de la empresa y el nombre de marca que ayudó a posicionar. Esa incansable experiencia como cigarrera que se ha constituido en maestra artesana y supervisora productiva de una de las fábricas y marcas más emblemáticas de Piedecuesta es rememorada de la siguiente manera: Él salía a viajar. Eso si duraba quince días viajando, y allá me ponía telegramas, porque cuando eso eran telegramas. “Alísteme tantas cajas pa’ fulano y mándelos pa’ tal parte”. Y corra y empaque, corra pa’ allá y corra pa’ acá y, supervise la elaboración. A quien se veía desocupado le decía “vaya haga tal cosa”. Así ha sido mi meta desde que yo empecé el trabajo y dio rendimiento, rendíamos mucho. Cuando compramos la fábrica a los Puyana, José se fue para allá [Bucaramanga] y yo me quede acá [Piedecuesta]. No descuidábamos el trabajo, supervisando que esté bien tal cosa, que este bien tal otra, que estén bien los tabacos, que no vayan a tener rotos el tabaco, que no vaya estar mal… y de todas maneras ese es el control que yo tengo. A mí me dio muy duro la muerte de él porque salía a vender. Yo después de que él murió no trabajé. Digamos que yo despaché tres meses y eso me tomaban el pelo pa’ mandarme la plata, entonces eso ya no funcionaba así, sobre todo se necesitaba salir a viajar, a visitar los clientes. Preguntarles: “¿usted que necesita?. Yo podía hacerlo pero entonces ¿quién me atendía la fábrica?. Yo seguí atendiendo la fábrica en la carrera 6 entre octava y novena [actual centro comercial La Molienda – Coomultrasan], ahí se nos quemó todo pero volvimos y nos levantamos aquí en la carrera sexta entre doce y trece. Como yo era la que atendía la fábrica entonces autorizaba a que a las señoras de los fabriquines que hacían nuestras vitolas se les diera fiados los materiales y los pagaran cuando traían los tabacos. Entonces figúrese usted, yo tenía 40 fabriquines en ese momento. A mí me tocaba “compras”, llegaba una señora con un cajón y tenía que vigilar que no me lo fuera a poner allá al pie de los otros que habían sobrado de la semana anterior, y todo ese control. Mire, yo era pilas, porque me la hicieron una vez me acomodaron un cajón y lo apegaron a la tarea que iban a entregar como cajones de ellas. Al recibir los tabacos yo estoy mirando eso de quién es, quién está echando, porque cada una tiene que tener su nombre en el paquete que manda. Además de que estén bien hechos, también les reviso que las tres partes del tabaco ardan bien, porque son tres: la picadura, el capote y la capa. También la supervisión del tabaco necesita que esté al tanto de los obreros porque hay unos que trabajan y hay otros que no.

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Para que los tabacos queden bien hechos las señoras que lo desean deben venir y aprender acá en la fábrica. Las que dicen que ya saben hacer finos y pide que le hagamos “compras” viene a la fábrica y yo la pongo a torcer. Le digo: “hágame una muestrica aquí, hágame un cincuenta, ¿cómo los hace?”. Y si veo que no sabe, le digo para evitar enemigos: “No pues por lo pronto yo la llamo”, porque este oficio necesita experiencia. Si uno no tiene experiencia está perdido, porque decirles: “esto no me sirve, esto está tan malo, esto no se qué”, nunca se les va a decir. Prefiero decirles: “yo la llamo, deme su teléfono”65. Identidad patronal. En los relatos obtenidos de las cigarreras del pasado como en las observaciones y entrevistas realizadas a las cigarreras propietarias, expertas u obreras de las principales fábricas y fabriquines de Piedecuesta también ha sido posible reconocer estrechos vínculos de relaciones entre los patronos y administradores con sus trabajadores. En el caso de las fábricas de cigarros finos, recuerda Nelly Carrillo que sus mejores años como cigarrera los pasó en la fábrica “La Marina“ de Marcos Carreño, administrada por su hermano Agustín Carreño. Allí conoció a su esposo, hicieron compadrazgo con los patronos, e incluso, estuvieron atentos al devenir de la fábrica al cambiar de propietario. En su relato Nelly Carrillo expresaba: Mi marido trabajaba en esa empresa, el hermano de él [Agustín Carreño] era don Marcos Carreño que era el dueño de la fábrica… Yo llegué a trabajar ahí, nos conocimos y ahí fue cuando nos casamos. Ellos fueron a la media fiesta que hicimos, ahí que era a la vuelta por la once, y luego tuvimos los chinos y todo eso y no sé nos dio por buscarlo a él de padrino y pues él no dijo que no. A mi esposo lo querían tanto porque él era el que colaboraba con ellos, era la mano derecha del patrón. Donde fuera el patrón lo llevaba a él porque sabían que él lo cuidaba, que él lo llevaba, que él lo traía mejor dicho todo. Entonces no había ningún problema de las cosas porque ellos le tenían mucha confianza a él. Y pues el compadre a mí también me tenía confianza porque en ese entonces yo como trabajaba ahí en la fábrica, y él era una buena persona. Ahora es que está enfermito. No sé que sería para él ponerse así malo porque uno no piensa que una persona buena trabajadora como ellos irse a poner así tan enfermo, que él no sabe nada, no más ver y que le larguen su comidita. Menos mal que la mujer se le metió por el medio, lo atendió esa es la solución del compadre, que tal que él hubiera conseguido otra mujer, que mejor dicho. Lo hubiera dejado por ahí a mitad del camino66. A la par de la enfermedad y muerte de los patronos de las fábricas de cigarros de Piedecuesta también se vivió la decadencia de la producción de tabacos de primera y segunda calidad porque, acorde con Nelly Carrillo “… decían que los tabacos tenían que acabarse porque los tabacos no se qué, porque aquí en Piedecuesta era una cosa o la otra, que un fabriquín, que las fábricas las acabaron por el problema que el tabaco tenía que acabarse porque era malo para la salud, porque el tabaco no se qué…”.

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Sin embargo, los trabajadores y cigarreras de antaño seguían trabajando fielmente para sus patronos hasta que, acorde con Nelly Carrillo “…poco a poco fueron acabando [las fábricas] hasta que la última fábrica que quedó fue la de don Marcos Carreño. Después de él morirse le quedó a don Antonio Plata, y después, como don Antonio Plata se puso mal al final se desapareció y no se supo del patrón. Cuando mi esposo supo del patrón era que ya lo tenían en Bucaramanga en la clínica estaba enfermo y ya ellos se habían ido para Girón. Y en Girón eso quedó paralizado porque las compras se acabaron, mejor dicho eso quedo en nada”. Esa nostalgia por los patronos de antaño, por la Piedecuesta en la que las gentes pobres y comunes podían obtener siempre trabajo como “chicoteros”, por las cigarreras que eran obreras solteras e independientes que con sus salarios ayudaban de forma suficiente a sus familias, así como el anhelo por ese espíritu de ganancias compartidas tanto para los propietarios, quienes invertían sus capitales, esfuerzos y tiempo para obtener rentas que hiciesen viables sus empresas de cigarros, como para los trabajadores al ganar de acuerdo a la calidad y cantidad diaria de tabacos producía, son rememorados por Nelly Carrillo al comparar las condiciones de vida de las cigarreras de su generación con la actual situación del gremio cigarrero al manifestar: Hoy en día es muy rara la persona que diga: ¡Yo voy a poner un fabriquín para darle trabajo a fulano! porque el material hoy en día es muy caro: las capas a cien, los capotes a sesenta mil o picaduras a sesenta o setenta, ¡hoy en día si pa’ que den trabajo, poco!. La que tiene su trabajo trabaja porque está acostumbrada a tener su trabajito, a tener su centavo, poco o mucho tiene pa’ coger sus centavos el día sábado. Pero pa’ que hoy en día una persona busque gente pa’ trabajar: ¡no!, porque dicen que el material mucho caro y que no les queda mucho. Aunque los que tiene muchachas en fabriquín les pagan más o menos. …A una señora amiga mía que trabajó toda la vida, que trabajó conmigo en la fábrica, le dije: “- ¿Usted trabaja? - ¡Si, yo trabajo! - ¿En compras suyas? - ¡No yo ahorita no tengo “compras”2 estoy trabajando por fuera! - ¿Y qué hace? -¡Calilla! - ¿Y a cómo la pagan? - ¡A diez mil pesos! -¡Ah, entonces está bien pago, porque calilla a diez mil es bien pago, porque en ese entonces era a quinientos pesos!”.
Por “compras” se entiende la adquisición de tabacos de segunda o tercera calidad de las torcedoras o de los fabriquines independientes por las grandes fábricas empacadoras como maquilas para sus marcas previo cumplimiento de requisitos acordados en cuanto a calidad, materiales, forma y acabados de los cigarros a comprar. Hasta hace dos décadas la mayoría de los dueños de las fábricas entregaban a las cigarreras o a las dueñas de los fabriquines los materiales para elaborar sus cigarros, siendo descontados los costos de los mismos al ser entregadas las tareas compradas. En la actualidad, los materiales se entregan previa compra o dejando fianza del pago (al fiado), por lo general, por un contrato verbal de mutua confianza.
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Yo me acuerdo que me tocaba ganar cuarenta pa’ poder pagar arriendo, pa’ mi mamá, pa’ hacer mercado y bueno a uno le alcanzaba la plata porque todo era barato. Hoy en día uno coge cien mil y no le alcanza antes le hace falta. Tiene que michicatear pa’ todo, pa’ poder tener los tres golpes del día, así sea aguapanela y pan, porque no alcanza67. Acorde con esas preocupaciones de Nelly Carrillo en cuanto a la necesidad de preservar las técnicas y tradiciones cigarreras que se habían desarrollado en Piedecuesta sin sacrificar la calidad de los tabacos y las vitolas piedecuestanas, y consigo, garantizando más y mejores fuentes de trabajo para los artesanos especializados en cigarros, la experimentada cigarrera Justa Gualdrón con su esposo Agustín Carreño, el reconocido administrador de la fábrica de cigarros de Marcos Carreño, decidieron en 1973 crear la fábrica de cigarros finos y extrafinos “Gamos”, con la cual se rescató a su vez el espíritu de los afamados cigarros de las fábricas La Antioqueña, Fábricas Unidas y la Cucuteña que habían dado lustre y fama a los cigarros piedecuestanos. Cinco años después el empresario cigarrero de Piedecuesta José Correa incursionó en el mismo mercado al comprar los derechos comerciales, tanto en marcas como en vitolas, de los afamados cigarros “Puyana” de Bucaramanga. El origen de los cigarros “Gamos” como la primera y más antigua de las fábricas de puros finos y extrafinos existente actualmente en Piedecuesta al incursionar en ese mercado desde 1987 con sus “Brevas” es rememorado por Justa Gualdrón de la siguiente manera: Yo le decía a mi esposo: ¡Ola, hagamos un tabaco que nosotros sepamos hacer!. Empezamos con el tabaco que dice “brevas extras”, un tabaco muy bien elaborado, lleva mucho pero no se gana tanto. Es como una pasión, como querer uno su trabajo. Muchos han intentado acá hacerlo pero pues vuelven al corriente porque les toca que gastar y eso es un reto. Es una satisfacción hacer puros y que le digan a uno: ¡están muy buenos, están excelentes!. Nos llegan correos electrónicos gratificantes. Por ejemplo un tipo que se fue para Francia contaba que con “brevas” había organizado un grupo musical fumándose unas “brevas”. Todas esas cositas son muy agradables. De aquí llevan regalos, les llevan a los ministros. En Piedecuesta, modestia aparte, nosotros somos los primeros en elaborar puros. Y ello se debe a la experiencia en La Antioqueña. La idea de hacer los puros surge porque venía un compadre que iba a Venezuela y le decía a mi esposo: ¡Venga compa’, allá en Venezuela hacen un tabaco bueno, inclusive hay gente que se fue de Piedecuesta a las grandes fábricas de allá a hacer tabaco, incluso algunas marcas que él las trajo. Nosotros no teníamos moldes y él traía moldes, o sea las cajas donde se ponen los rollos a eso se le dice moldes, en Cuba le dicen Mazos, pero aquí no tenían las medidas adecuadas. Entonces, Agustín [Carreño], mi esposo, como era tan curioso, pues él las sacaba y las pulía. Empezamos con cinco moldecitos de “Brevas extras” y ahí empezamos. Con los puros ya llevamos más de quince años, inclusive están hechos con capas ecuatorianas importadas en dólares porque ya en Colombia, en Santander no hay ese proceso de curado para que dé el olor, para que de la finura. Solo hay tabaco para todo el cigarro corriente68.

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Identidad Productiva. La elaboración de cigarros de tabaco en cualquiera de sus tres calidades se ha constituido desde finales del siglo XIX en la alternativa laboral de la mayoría de la población, a inicios del siglo XX de por lo menos el 90% de la población urbana y a inicios del siglo XXI por lo menos del 30% de la población de los barrios más populares y céntricos de la ciudad, cuyo número aproximado de beneficiados directos del comercio, procesamiento y exportación de los cigarros es de 30.000 hab. Los cigarros han permitido subsistir a las familias más humildes e incluso transformar las expectativas productivas y laborales de sus hijos, quienes después de cursar carreras o estudios en educación superior, optan por continuar con el pleno desempeño de sus profesiones, o en el mejor de los casos, se hacen cargo de las empresas de sus padres, incorporando a las mismas sus conocimientos y habilidades con el propósito de asegurar su continuidad como de ampliar los mercados y volúmenes productivos. Siendo los casos más representativos de esa dinámica de continuidad generacional entre los miembros de las familias propietarias el nombre fábricas de cigarros finos como Puyana (familia Correa), Gamos (familia Carreño) y Picasso (familia Roa). La elaboración de cigarros finos en empresas familiares propias se ha constituido a su vez en el paso obligado para las nuevas generaciones de empresarios al ser herederos de una generación de cultivadores de tabaco (los bisabuelos), de pequeños productores de tabacos corrientes (abuelos) como de trabajadores de las grandes fábricas (padres y tíos). Uno de esos casos es el Yesid Vega quien al postularse en 2007 a la cuarta convocatoria de estímulos del Fondo Emprender con el plan de negocios para el proyecto empresarial “Cigarros Vegas” hizo el siguiente recuento sobre la tradición heredada y el deseo familiar por dar continuidad a la producción de cigarros de su familia en Piedecuesta: Mi nombre es Yesid Eduardo Vega, en la actualidad tengo 30 años, y trabajo con el tabaco desde los 10 años. Desde que tengo uso de razón toda la actividad familiar ha girado en torno al tabaco. Mi bisabuelo fue cultivador de tabaco, al igual mi abuelo Luís Felipe Vega, quien en el año de 1956 creó la empresa “Cigarros 3 Coronas” que se liquido en el año de 1980 a raíz de la crisis del sector. Mi padre y mis tíos han trabajado toda la vida en el sector fabricando cigarros y puros. Mi padre (padrastro) Leonardo Camacho, trabaja como independiente maquilando puros (2400 unidades mensuales) las cuales vende a un valor de $3.000 unidad. Mi tío Luís Aurelio Vega lleva 14 años elaborando puros en la empresa “Cigarros Gamo” y es reconocido como uno de los mejores artesanos de la región en la fabricación de puros, la empresa “Cigarros Gamo” vende aproximadamente 10.000 cigarros puros mensuales a un valor promedio de $8.000 unidad, también se venden aproximadamente 400.000 cigarros mensuales entre fino y corrientes, aun valor promedio de $200. Mi tía Marina Sánchez y mi tío Jesús Vega trabajan en la empresa “Cigarros Picasso” como administradora y artesano respectivamente, la empresa en la actualidad vende en promedio 1.600.000 unidades de cigarros mensuales a un valor promedio de $8069. A pesar de esos ejemplos de superación personal a partir de un trabajo menospreciado por siglos, la mayoría de los jóvenes y adultos jóvenes de Piedecuesta a inicios del siglo XXI no conciben su futuro como continuadores de las tradiciones empresariales de sus abuelos y

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padres ni tampoco como obreros asalariados o trabajadores contratados por “tareas” en ninguno de los oficios asociados al cultivo (cosechero, comerciante), manufactura (desvenador, rollero, torcedor), empaque (cajero, anillador, envolvedor, glacinador) o comercialización (secretario, administrador, gerente, agente viajero) del tabaco. Mujeres cigarreras octogenarias como Nelly Carrillo conciben que el futuro de la producción artesanal de cigarros estará caracterizada por una mano de obra escasa, desvalorada y sin autoestima cultural de continuarse las prácticas de desprestigio, vergüenza y ocultamiento social de los hombres y mujeres que desde su infancia crecen con la convicción que el trabajo de las cigarreras como el de los rolleros y empacadores es la peor y más vil de las ocupaciones productivas de los piedecuestanos al ser una opción laboral asociada sólo con las gentes más comunes, pobres, sucias y analfabetas de los barrios populares. La experiencia de más de medio siglo de trabajo en cigarros, el desencanto con las cigarreras que enseñó y contrató para elaborar “tabacos” en su fabriquín, aunado a sus propias vivencias con hijas y nietas que se han negado a trabajar en el oficio que realizaba con su esposo, le dan la autoridad suficiente para enjuiciar a la actual generación de adolescentes piedecuestanos al expresar: La juventud de hoy en día no le gusta eso, no le gusta el tabaco porque dice que eso pa’ qué, que eso huele a feo, que eso les emborracha. Yo no sé, yo trabajé en tabacos y yo nunca me emborraché con el tabaco ni nada, yo no, y aquí tuvimos el trabajo y yo nunca me puse mala por el olor del tabaco que porque era fuerte, yo no, pero hay gente que sí. La juventud de hoy en día dice: ¡Ay no, eso untarme de chicote no!. Prefieren otras cosas. Como digo yo: eso trabajar uno en tabaco no es ningún delito, que le digan a uno chicotera: ¡de malas!; si, porque uno lo que trabaja es para uno, no le van a dar a uno nada, ni uno les va a dar nada. Entonces por qué uno le va a dar pena trabajar en el oficio que a uno le guste. A mí me gustaba mucho el oficio de los tabacos, estaba en la casa no tenía [que irme] así tuviera como estuviera. …Este oficio de las cigarreras yo sí que lo veo cada vez más difícil. Por lo menos aquí mis hijas, esta china que estaba ahí ahorita, ella nunca aprendió a hacer tabacos porque la otra hija tampoco. La única que aprendió es la otra la que tiene la papelería. Tengo una nieta tampoco, hizo un curso de enfermería y trabaja por allá de enfermera. Cada uno coge pa’ su lado entonces hay que respetarles lo que escojan70. Para Justa Gualdrón, copropietaria de Fábrica “Gamos”, el devenir de las cigarreras de Piedecuesta estará condicionado por factores como son la independencia, la experticia y la identidad de las trabajadoras con su oficio como una labor profesional antes que para la supervivencia económica semanal porque: El trabajo del tabaco es muy bonito porque hay mucha libertad. Si por ejemplo alguien quiere trabajar, por ejemplo en la empresa -por decir- “Gamos”, viene una señora y se le dá su trabajo. Elaboró sus diez o veinte mil, los que ella esté capacitada, se le pagó, se amañó, y si no: se puede ir a trabaja a otra fábrica. Y como esa señora no va hacer los veinte o treinta mil que se compromete, ella ocupa

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a otras señoras que los pueden hacer en raticos en la casa. Ella se encarga de los veinte y treinta mil, se encarga del fabriquín grande y representa a la fábrica que la contrata. En la fabrica “Gamos” tenemos de planta diez operarias, quienes están contratadas con toda la ley social, primas y vacaciones. …No es fácil la mano de obra. Las que hacen puros son contadas, las que hacen un tabaco corriente en un mes aprende. Para un tabaco de estos extrafinos de la fábrica tiene que hacerse una escuela que se gasta dos o tres años en calidad. Por cantidad una obrera de corriente hace mil quinientos al día mientras de los puros sólo se hace un cien de tabacos. … Yo creo que, sin equivocarme, la vocación de las cigarreras depende hoy del costo de vida y pues como esto es un oficio para ayudar a la casa sirve para la supervivencia. Es de supervivencia y que logremos todavía a estas alturas vincularlas es un logro. Pero ya la identidad de la obrera de sobresalir desaparece y los hijos de esas señoras no quieren que los hijos continúen… No hay identidad, falta ese sentido de pertenencia. Por ejemplo, yo les hice ver eso a mis hijos, a tener ese sentido por que eso vale, esas son sus raíces y uno no puede quitárselo71. Visión de transformación del oficio a partir del mejoramiento y la cualificación profesional de la mujer cigarrera que bien se puede ejemplificar en la experiencia vital de la Honorable Concejal de Piedecuesta Martha Yolanda Niño quien siendo cigarrera por tradición familiar y elección laboral logró llegar a ser una microempresaria cigarrera, así como alcanzar por elección popular un cargo de representación y dignidad municipal. Su permanente cualificación y mejoramiento ha sido narrado de la siguiente manera: Mi relación con los cigarreros nace porque en mi casa se tenían grandes fábricas de tabaco, exportaban tabaco. Mi madre y mi abuela vendían y le compraba a la gente del campo el tabaco en hoja. Las hojitas se amarraban en bultos y esos bultos se iban a vender a una bodega: La bodega tabacalera. Cuando yo era una bebé la bodega existía dentro de la plaza de mercado de Piedecuesta [hoy pabellón de pescados], luego ya al pasar el tiempo tuvieron que sacarla de ahí y la mandaron para Girón pero el gremio empezó a pedir que aquí debía tenerse la propia bodega tabacalera. Por eso es que hoy existe la bodega tabacalera en la plaza de mercado campesina, donde los jueves, los sábados y los domingos la gente del campo llega con sus maticas y las vende. Se las venden a un grupo de amigos, esos amigos se las venden a los pequeños y a los grandes comerciantes de tabaco. Ese es uno de los procesos, el sembrado se hace prácticamente aquí en la Mesa de los Santos. La verdad yo aprendí a hacer el fino fue desde niña porque allá le enseñaban a uno y uno aprendía y así estudiaba y trabajaba y salí adelante gloria a Dios siempre amando a mi rey a mi señor. Desde muy niña, y luego con el tiempo cuando me casé, también me casé con un tabacalero. Él se hacía sesenta mil rollos semanales entonces madrugábamos desde las dos de la mañana. Yo tenía que salir a la Alcaldía de Bucaramanga a trabajar pero me levantaba a las dos a ayudarle a mi esposo a hacer los rollos, a dejar hechos los alimentos y a irme a trabajar. Tuvimos obreras también, más de treinta obreras, y empezamos a hacer tabaco en cantidad. Luego ya con el tiempo pues fueron pasando, fuimos estudiando, preparándonos, y

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poco a poco uno fue aislándose un poquito pero no de corazón porque uno no se debe avergonzar de su trabajo y además ese era el trabajo tradicional del municipio de Piedecuesta. Hoy hay un porcentaje del 25% al 30% de la población de Piedecuesta que trabaja haciendo tabaco dentro de sus casas, por ser un trabajo casero, porque permite que las mujeres trabajen en su casa, cuiden de sus hijos y no dejen de cocinarles. Viven de eso. Pero si se compara las condiciones de vida de las obreras de las fábricas con las que trabajan en sus casas la diferencia es muchísima. La que va la fábrica tiene un mejor salario porque se especializó en hacer un mejor tabaco y no es por la cantidad sino por la calidad. A ellas ya les pagan por calidad así no hagan un montón diario, mientras en el fabriquín casero, haciendo tabaco corriente, todo depende de la cantidad de tabaco que se haga semanalmente. Hay diferencia en el salario, hay diferencia en que si preparan mejor las cigarreras como las torcedoras para hacer tabaco fino, tipo exportación, mejoraría económicamente la situación de ellas, lo que pasa es que a veces la cultura de nuestras mujeres y de nuestro pueblo hace que aún se siga conservando ese tabaco ordinario tradicional72. Así, una de las contrariedades más vivenciadas y expresadas por las mujeres cigarreras indagadas, como por las hijas de las mismas que estudian y realizan actividades diferentes a trabajar con tabacos, tiene que ver con su pérdida de independencia y autonomía al transformarse en las obreras de las fábricas o en las empleadas de cualquier otra empresa u oficio al deber usar uniformes, cumplir horarios, aceptar el descuento de las horas no laboradas y tener que cumplir reglamentos o aceptar sanciones por su vocabulario o conducta. Cosa que no sucede al interior de la mayoría de los fabriquines en donde las cigarreras se visten con ropa casera, por lo general deportiva y cómoda, inician y terminan a las horas que desean, saben que su paga es proporcional al número de cigarros que elabore y no a las horas o tareas cumplidas, así como al interior del fabriquín pueden emplear el lenguaje popular y relacionarse con los demás acordes con las prácticas de insultos, maltratos y ofensas acostumbradas al no existir un administrador encargado de regular y disciplinar las relaciones sociales y los hábitos higiénicos entre los trabajadores. La defensa de esa autonomía productiva es reconocida por líderes de las cigarreras y los cigarreros como Martha Cecilia Santos quien decidió ser cigarrera por iniciativa propia y posteriormente al casarse a los 17 años se constituyó en copropietaria de un fabriquín obtenido con la ayuda de su suegro Eduardo Gamboa, propietario de la fábrica de cigarros Gamboa. Al comparar la vida laboral de las cigarreras de las fábricas con las de los fabriquines ha expresado: …Antiguamente a uno nunca le decían: ¡mija, mire estudie, mire prepárese, vaya haga cursos, interésese en otras cosas!. No, a uno lo primero que los papas le infundían era aprenda espalar mijita, aprenda emperillar y mire a ver que hace con eso y para que aprenda y con eso se levante. Pero uno mismo hoy día se encarga de que los hijos no se metan en eso, es que inclusive en la mayoría de fábricas antiguamente todos los hijos desde el más pequeño hasta el último todos se untaban en el tabaco. El papá se moría, la mamá o cualquiera faltaba y ellos

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seguían en la cuestión porque sabían el trabajo, sabían todo. Hoy en día los papás los mandan a prepararse a la universidad y ya el olor del tabaco les fastidia. …Antiguamente a las cigarreras nos daba pena decir: yo hago, yo vendo tabacos. Pero nosotros cambiamos toda esa mentalidad con la Asociación porque nosotros les decíamos: ¡qué cosa más hermosa que usted está trabajando en su casa, que está cuidando a sus hijos, que está cuidando su hogar, entonces usted no tiene por qué avergonzarse de eso, ni porque nos vean la manita así manchada porque ya eso es un deshonor!. Para mí no. Nosotros tenemos un frabriquincito todavía y es una fuente de vida porque nosotros de ahí dependemos, pagamos arriendo y de ahí vivimos. Entonces por qué nos vamos a menospreciar. Yo noté eso inclusive cuando llegaban a veces a entrevistar a las muchachas, a las obreras. Yo les decía: ¿por qué les da pena?. ¡Que las vean trabajando porque es un arte muy hermoso, esto es un oficio que no lo sabe cualquiera. Es una manualidad que usted en su casa se defiende!. ¡Qué cosa más linda!. Inclusive mi hija, ella misma dice: ¿yo no sé por qué no quise aprender?. Porque ella no quiso aprender, porque yo la obligaba que aprendiera pero no, ella no. Ahorita ella misma dice: ¡si yo hubiera aprendido estaría yo trabajando en eso poco o mucho me defendería, estaría trabajando tranquila, a la sombra y sin tanto problema!. En cambio ahorita tiene que depender de un jefe, tienen que depender del tiempo, tiene que depender de todo…llueva ó truene... lo que sea tienen que depender de alguien. No quiso aprender y entonces ahorita ella ya envidia el trabajo de uno porque esta uno en la casa, está pendiente del hogar y está pendiente de todo y no deja de obtener las cositas que necesita73. Sin embargo, el mejor ejemplo sobre el uso independiente del tiempo por parte de las cigarreras hasta nuestros días es la distribución de la jornada laboral durante la semana. La compra de los materiales para trabajar se hace los días jueves, domingo ó lunes en la bodega de Piedecuesta dependiendo de la calidad y cantidad que traen hasta allí los cosecheros o los comerciantes intermediarios de materiales, ó en el mejor de los casos viajan los miércoles hasta Girón para aprovisionarse de las capas y capotes que se cosechan en sus afamadas vegas, la entrega de cigarros torcidos se hace el día sábado con lo cual sólo se trabaja hasta el mediodía, se cumple con los días de pleno descanso los días domingos y fiestas de guardar, algunas se toman el día lunes para realizar actividades personales o familiares, o en su defecto el martes cuando el lunes es festivo, así como cada una empieza a trabajar o dejar de hacerlo en cualquier momento de los siguientes días en jornadas que van tradicionalmente de las siete de la mañana hasta el mediodía y de la una de la tarde hasta las siete de la noche. Con lo cual estando la cigarrera en su casa tiene: “la ventaja de trabajar en la casa y si necesita salir hoy en la tarde entonces decide que más bien madruga. Entonces si vengo temprano me empeño. Esa es la ventaja de uno estar en la casa que uno puede madrugar o también trabajar hasta tarde, aunque muchas viejitas no se cuidan la vista y trabajan a veces hasta las ocho o nueve de la noche. Yo si me cuido mucho y más de la vista es una cosa muy sagrada”74. Desde la perspectiva de Mercedes Urrea, en su fábrica se les enseña a todas las mujeres que quieren aprender a hacer cigarros finos. Sin embargo, a diferencia de otras fábricas de Piedecuesta hay un gran número de mujeres menores de edad escogidas o recomendadas

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entre las familias que han trabajado con la fábrica y que son de la confianza de la octogenaria administradora. Jovencitas que se consideran aptas para colaborar a la fábrica cuando hay gran demanda y pedidos, para lo cual: “toca capacitarlas, enseñarles, porque hay mucha muchacha que no está interesada, están a la deriva porque no tienen nada que hacer”. Sin embargo, esa dinámica de futuras cigarreras expertas en su oficio, contratables con todas las condiciones de ley en fábricas de puros como la de Justa Gualdrón (Gamos), Edmundo Acevedo (Humos seda) o Leonidas Castro Sánchez (Chicamocha), con la creciente presión sanitaria y el incremento de los impuestos a la industria del tabaco limita la posibilidad de continuar con el número de empleados de planta existentes, así como dar la oportunidad laboral a las nuevas generaciones de espaladoras, rolleras, torcedoras y empacadoras que desean ingresar al gremio cigarrero desde muy tierna edad, al igual que la experiencia de vida de las cigarreras más exitosas y reconocidas de Piedecuesta. En palabras de Mercedes Urrea, los principales problemas que requieren atención por los Gobiernos municipal, departamental y nacional deben ser: Aumentar mercados internacionales para los cigarros finos con tratados comerciales que eliminen impuestos y aranceles para las artesanías hechas de tabaco: “Eso si debe ponerle cuidado el gobierno, que hablara el gobierno para que haya mercados: para el Canadá hay mercados, pero entonces no da, no es muy rentable hacer todo ese esfuerzo. Hace cuatro meses fue mi hijo a buscar a un cliente a Lima pero el impuesto vale casi igual al tabaco que llevaba. En Guayaquil también estuvo mirando a ver cómo nosotros abrimos ese mercado. Desde 1955 nosotros ya mandábamos, pero entonces el impuesto lo iban poniendo, lo iban incrementado, hasta que sólo se pudo mandar como contrabando”75. Redimensionar los cigarros de tabaco como artesanías extrafinas de exportación que no son perjudiciales para la salud: “A pesar de que los alcaldes y gobernadores promovieron detener el cobro de impuestos para los tabacos, en este momento la situación vuelve a ser la misma, nos siguen considerando productores industriales. Dicen que es nocivo para la salud pero el tabaco no es cigarrillo: Mi mamá lo mascaba, mi tío lo mascaba, una señora que lo mascaba y duró cien años y nunca tuvo cáncer, nunca, y mi tío tampoco. Por eso es que yo solamente digo que los Gobiernos se pongan de acuerdo a no cobrarnos tanto impuesto porque los cigarreros exportadores no resisten más. Si no nos cobran se van abrir más mercados porque va haber más producción, uno puede ocupar más gente, podríamos ayudar a más gente, a sostenerla al menos, convirtiéndose el trabajo en tabacos finos en una alternativa de vida”76.

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DIVULGACIÓN DE LOS CIGARROS PREMIUM DE PIEDECUESTA POR SUS CLIENTES EXTRANJEROS. CASO CIGARROS CHICAMOCHA

Fotogramas tomados de: FOROSPUROS.COM. Acabo de recibir los Chicamocha. [foro]. 2011. Disponible en: http://www.foropuros.com/Tema-Acabo-de-recibir-los-Chicamocha

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Manifestando igual rechazo por los impuestos, Gloria Acevedo en nombre de los cigarreros y los dueños de los fabriquines de tabacos corrientes, expresaba su oposición a los tributos fiscales de la Nación contra la industria tabacalera y sus nefastas consecuencias socioeconómicas para los piedecuestanos al manifestar: Haciendo tabacos corrientes hay muchísima gente de por medio que con lo que se ganan ahora no les alcanza para comer, pagar arriendo, vestir a sus hijos y darles educación. Hay mucha gente que no puede pagar su salud porque no le alcanza a quedar los sesenta y nueve mil que vale la mensualidad de una EPS. Y también a nosotros los que les damos trabajo con los fabriquines también nos afecta totalmente ese IVA [Impuesto de valor agregado a los bienes de consumo masivo], ese impuesto que dijo el Presidente [Juan Manuel Santos] que iban a ponerle nuevamente a los tabacos. Ese IVA afecta a todas las personas que trabajamos con tabacos porque, supongamos que usted es el dueño de fabriquín, usted tiene plata y una posición pero si el negocio ya no es rentable entonces decide que no quiere trabajar más y no trabaja. Eso no lo pueden hacer los rolleros y las torcedoras que viven de este oficio. Lo único que yo digo es que se debe quitar el impuesto al tabaco para que pueda trabajar toda la gente que dependemos de hacer tabacos, porque en el tabaco trabajamos y hemos trabajado desde niños, las personas que les gusta y su familia completa. Esos impuestos, toda esa cosa que pone el gobierno, a nosotros nos afecta. Qué vamos a hacer los que no sabemos hacer nada más que tabacos. Esto es un trabajo artesanal, todo se hace a mano desde los rollos. Nosotros necesitamos patrones que puedan salir adelante y nos ayuden a sacarnos más adelante porque sólo ellos nos pueden dar y asegurar el trabajo a nosotros. Como yo hago: le vendo a varios señores el tabaco que hacemos, pero si ellos no pueden trabajar, ni nada, así nos quieran ayudar ya no pueden con todos esos impuestos persiguiéndolos a ellos, y sin ellos ¿quién nos ayuda a nosotros?77. Afín con la causa de capacitar a las cigarreras para hacerlas más productivas a la par de gestionar mejoras tributarias para los cigarreros, la honorable concejal Martha Yolanda Niño expresaba: Las mujeres cigarreras que no están dispuestas a aprender y trabajar en otros artes y oficios a pesar de la crisis tabacalera con los cambios en las relaciones económicas impuestas con Venezuela por Hugo Chávez, después de que la mayoría del tabaco y los cigarros se mandaban para Venezuela, lo primero que tendrían que hacer es capacitarse con el SENA. Tendría que el Municipio como hace diez años entrar a pedir la capacitación, enviarnos los docentes. Que ellas se capaciten y a través de las grandes fábricas de Piedecuesta que ellas realicen la práctica. Es así como yo pienso que se puede llegar a que esas mujeres que realizan un trabajo en tabaco, que yo llamo mediocre, a formarse como buenas empleadas de grandes fábricas de tabaco. Pero las grandes fábricas también hay que motivarlas a través de la Nación, a través del Departamento, porque es que los impuestos absorben demasiado. Entonces toca mirar cómo llevarles un proyecto, una ley a los

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congresistas para que ellos a su vez disminuyan en parte esos impuestos. No solo Piedecuesta hace tabaco fino, Socorro, San Gil también Girón, Florida, Bucaramanga. Se buscaría que ellas a través del SENA hicieran la práctica en fábricas pudientes, que las miraran y empezaran a darles cabida. Por ejemplo, Cigarros Chicamocha, es una de las fábricas de las últimamente creadas en Piedecuesta y donde el dueño [Leonidas Castro] realmente empezó de abajo, fue surgiendo y surgiendo, y hoy por hoy es una de las grandes marcas ya también en el sector colombiano. A través de la Cámara de Comercio se han dictado capacitaciones. A través de la Cámara de Comercio se ha buscado orientación para que los tabacaleros y la gentes del campo empiecen a sembrar de otra manera, como con cultivos hidropónico, para que el tabaco se cuide y salgan buenas ramas que ardan, porque lo que buscan los fumadores de tabacos finos es que la hoja prenda, arda y de una buena ceniza78. Identidad Prospectiva. El reto de reposicionar a Piedecuesta como una de las mayores plazas nacionales e internacionales en la producción de puros finos y extrafinos alcanzada hasta mediados del siglo XX ha implicado la renovación técnica, tecnológica e ideológica de los empresarios y las familias que durante más de medio siglo se habían dedicado a elaborar por cantidades y sin pretensiones de calidad millones de “chicotes” para el mercado de cigarros ordinarios. Y si bien, cigarreras expertas como Justa Gualdrón o Mercedes Urrea han logrado con la ayuda de sus hijos y trabajadores de confianza establecer sus fábricas de cigarros extrafinos y posicionar sus marcas en el mercado nacional e internacional, han sido realmente algunos adultos jóvenes quien han hecho visible la posibilidad de pasar los piedecuestanos de ser productores de hojas comunes de tabacos y cigarros baratos a empresarios de tabacos curados técnicamente tratados, así como artesanos manufactureros con productos y empaques de altísima calidad. Ese deseo por constituirse en empresarios cigarreros con marcas y productos innovadores ha tenido su mejor ejemplo en la fábrica de cigarros “Chicamocha”, creada en 2001 por Leonidas Castro Sánchez, siendo respaldado después de diez años de gestiones, capacitaciones y penetraciones graduales en los mercados sudamericanos por un crecido número de mujeres jóvenes que han aprendido sus conocimientos en elaboración de puros, siendo supervisadas a su vez por su joven esposa y cuya meta inmediata es obtener la Certificación de Calidad ISO 9001 que respalde la producción del cigarro con estándares internacionales aunado a una mejor prestación del servicio a los clientes nacionales e internacionales. Siendo los mismos clientes los principales difusores y promotores del producto, la presentación y las especificaciones técnicas de los cigarros Premium. De allí que al presentarse la empresa, las vitolas y la calidad de la producción al mundo a través de su página web en internet no sea modesto el expresar el reconocimiento internacional de sus esfuerzos al expresar que: “Los productos de Cigarros Chicamocha se destacan, sobre todo, por su elegancia y su arte de manufactura, resultado directo del estilo de su creador, Leonidas Castro, un fabricante especialista e investigador en genética del tabaco que además de una exitosa empresa de elaboración crea su propio cultivo de tabaco en las profundas y fértiles vegas del Cañón del Chicamocha donde encuentra inmejorables condiciones”79.

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CATACIÓN DE LOS CIGARROS PREMIUM DE PIEDECUESTA POR SUS CLIENTES EXTRANJEROS. CASO CIGARROS CHICAMOCHA

Fotogramas tomados de: FOROSPUROS.COM. Acabo de http://www.foropuros.com/Tema-Acabo-de-recibir-los-Chicamocha

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Y aunque existen fábricas y empresarios cigarreros con una mayor tradición y volumen de producción, la visión productiva y el pleno control de la cadena de producción y comercialización por parte “Cigarros Chicamocha” les ha permitido alcanzar metas y presentarse públicamente como: “el mayor exportador colombiano de tabaco Premium hechos a mano, es reconocido a nivel nacional e internacional, además de sus productos de excelente calidad por la especial atención que presta a las normas técnicas y fitosanitarias exigidas por el mercado excediendo para sus clientes las expectativas de los mismos”80. Incluso, Leonidas Castro se ha constituido en uno de los representantes más reconocidos y visibles del grupo empresarial de fabricantes de cigarros finos denominado “Casatabaco Grupo empresarial Tabacalero S.A.S”, como parte de los proyectos de capacitación productiva y gerencial impulsados por la Cámara de Comercio de Bucaramanga, con el apoyo del Sena, Proexport, Fedetabaco, Colciencias y la Gobernación de Santander. Las metas de ese grupo empresarial cigarrero son incursionar en el mercado estadounidense (0,80 -1,20 dólares) y europeo (0,80-2,50 euros) con alta calidad y bajos precios por cada cigarro Premium considerando la calidad de los materiales, la combinación de ligas (tripas o fortaleza) con hojas nativas e importadas, y especialmente, la superioridad en la confección o hechura de las vitolas más finas y demandadas en el mercado internacional. Con lo cual el trabajo de las cigarreras piedecuestanas ha permitido expresar a “los entendidos y respetando la tradición tabacalera de los centroamericanos, [que la confección] está por encima de la de ellos. Es decir, son de mejor hechura”. Con lo cual, Leonidas Castro auguraba en octubre de 2010 que: “Estamos a muy poco de ser los mejores"81. La creación de Cigarros Chicamocha en 2001 fue a su vez reflejo de la coyuntura de transición y cambio productivo asumido por los cigarreros y las cigarreras de Piedecuesta que se abrieron paso al siglo XXI ante los retos asumidos con el paro de todo el gremio en 1996 al rechazar la imposición de más impuestos y regulaciones al tabaco. Los fabricantes de puros optaron por viajar a Cuba y otros países de Centroamérica con el fin de perfeccionar las técnicas de producción de las materias primas, así como la elaboración y comercialización de los cigarros, así como los dueños de los fabriquines, animados por el espíritu de la internacionalización de la producción de los cigarros plantearon la necesidad de ser capacitados en la producción de puros para obtener las ganancias y el reconocimiento social que durante más de medio siglo no habían podido obtener con sus “chicotes” como cigarros ordinarios, criollos o corrientes. Una década antes de la agremiación de los fabricantes de puros en “Casatabaco”, los empresarios y trabajadores de los fabriquines concibieron la necesidad de crear la Asociación de Trabajadores del Cigarro (Asotracig) cuya misión, en palabras de su actual representante Henry Lozano Barajas, ha sido: 1. “El mejoramiento en la calidad del tabaco que redunde en el mejoramiento de la calidad de vida de las torcedoras y la gente base, que hagamos un comercio, -estilo paisa-, sin envidias ni egoísmo pero mejoramiento en la calidad” y 2. “Conquistar el mercado internacional”82. La calidad de vida de las torcedoras tradicionales de los fabriquines de Piedecuesta ha estado asociada desde la segunda mitad del siglo XX en hacer grandes volúmenes de cigarros ordinarios para ganar unos montos mínimos de dinero, sin tener derecho a la seguridad social. Cosa contraria a las cigarreras expertas de las fábricas de puros que

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haciendo una tarea mínima de puros diarios tienen un sueldo mínimo, bonificaciones por producir más de la tarea acordada o por trabajar horas extras, así como todos los reconocimientos de ley en cuanto a salud, pensión, riesgos profesionales, primas, prestaciones, etc. De allí que con la creación de Asotracig se pretenda mejorar la condición de vida de las “chicoteras” de los fabriquines partiendo de análisis diagnósticos como el realizado por el presidente de esa Asociación al manifestar: Si yo califico el tabaco de uno a diez: ¡póngale un siete!. No es tan lucrativo pero tampoco tan degenerativo. Si de pronto hay que mejorar la mano de obra de la mujer, pagarle mejor que vamos apuntándole a eso. Que una mujer gane 600.000 pesos al mes o 500.000, estando en su casa, viendo a sus niños, esa es la ventaja del tabaco a comparación de otro arte. La señora puede estar en su casa y cocina y hace tabaquitos, que si hay que pagar un poco y más apuntar de pronto a ganar más o que ahí le gane más. Yo creo que el tabaco nos da la pauta para mejorar, si no le apuntamos a eso…, por eso queremos jugar la calidad. Quedías el alcalde me ayudó a vender una caja de nuestros cigarros finos. Una señora que me haga 100 de estos se gana 40 mil pesos diarios, en cambio, para el otro tabaco toca hacer mil. No se diferencia en cuanto al movimiento a la rapidez, este requiere más de calidad que de cantidad ese es el mejoramiento que queremos darle el impacto. ¿Pero ustedes se demoraron mucho? no es que demore mucho es que esto es un proceso y las cosas hay que hacerlas bien hechas para llega… pero ya tenemos la autoridad moral para decirle ya tenemos el tabaco a donde vamos a exportarlo83. De tal manera, el mejoramiento económico está condicionado a la capacitación técnica y al mejoramiento de las competencias de las cigarreras acostumbradas a elaborar cigarros corrientes al tener que empezar a producir en adelante cigarros finos. Así mismo, ha sido necesario que los cultivadores del tabaco mejoren las variedades producidas, así como cada fabriquín o fábrica que pretende producir puros debe mejorar la calidad de las picaduras, y especialmente, el proceso de elaboración de los cigarros empleando rolleras y torcedoras capacitadas, con salarios fijos y preocupadas en la calidad de la producción diaria más no en la cantidad acostumbrada para ganar el sustento personal. Procesos de cultivo y producción autonómica que se reafirmaron con la liquidación de la Cooperativa Agroindustrial Tabacalera de Santander (Cooptabalera) con sede en Piedecuesta cuyas actividades financieras cesaron ante la Supersolidaria el 1 de octubre de 2000, siendo reportada en 2003 con capital superior a los doce millones, excedentes negativos superiores a los treinta millones de pesos, cero en activos y pasivos, y únicamente 10 socios. Dicha cooperativa había sido creada en los años sesenta para suplir el vacío dejado por la Cooperativa Tabacalera de Santander que había servido a los cigarreros desde su fundación en 1943 por 53 socios cigarreros de Bucaramanga con un capital de 120.000 pesos. La liquidación de la cooperativa en 2000 ha sido explicada por Martha Santos como expresidenta de la Asociación de Trabajadores Cigarreros (Asotracig) de la siguiente manera:

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Esa cooperativa se liquidó porque llegaron muchos vividores a administrarla…. Esa cooperativa cuando yo tenía como unos 15 añitos ya existía. En ese tiempo, no me acuerdo bien quienes eran los directivos… ellos no se metieron en la Asociación de nosotros porque la visión de ellos era alta. Ellos comercializaban con la Colombiana, con Coltabaco, con Cotracolta, algo así no me acuerdo bien, bueno y comercializaban con parte de gente de Cali, de muchas partes. Ya ellos sabían a cómo era la producción por allá y ya podían ellos pedir en cantidad, traían cartón, traían papel, mejor dicho todo lo que necesitaba una fabrica o un fabriquín ellos todo lo tenían ahí para vender: goma, almidón, molían. También ahí mismo producían picadura para venderle a todos los cigarreros de Piedecuesta que compraran porque cuando eso casi nadie tenia máquinas. Entonces ellos eran los únicos que la tenían y la hacían y la vendían. En ese tiempo ellos empezaron a ver que tenían conexiones que no era más sino llamar a tal empresa y ellos le traían todo el recorte, toda la vena o traían cantidades de hoja. Y entonces ellos ya arreglaban esto para la empresa y otro poco para las fábricas de ellos, para las casas de ellos. Y empezó a salir así. Y entonces empezó fue a pasarle la cuestión a ellos ya los otros se si se dieron cuenta de cómo era la cuestión y eso más o menos yo creo que más o menos unos seis, siete años se acabo totalmente84. Desde la experiencia y perspectiva de otra cigarrera como es Gloria Acevedo, socia que fue de esa cooperativa, las razones de su liquidación estaban relacionadas con: Yo era socia en esa cooperativa pero nunca iba a la cooperativa, y la gente que elegían para administrarla no la manejaba bien. Para mi tengo que las gentes que no manejan bien las cosas hacen una mala administración. Esther Tarazona trató de sacar un poco la cooperativa adelante, otros dicen que es cierto otros que no. Yo no sé mucho de eso pero mientras ella estuvo se vio que logró sacarla adelante. Lo que pasó es que la misma gente que éramos socios en vez de ayudar a sacar la cooperativa teníamos deudas allá, y lo otro es que no ayudábamos a la cooperativa a comprar la materia prima que ella misma vendía sino que la compraríamos a quienes la compraban al por mayor porque eran más grandes para poder comprar o se iban a comprarla a otros lados. Las deudas que no se pagaban y la compra de materiales en otros lugares dejaron caer la cooperativa hasta que la cerraron y liquidaron. La señora Esther fue la última gerente de la cooperativa85. Para emprender las mejoras anheladas y acordadas por los asociados a Asotracig se requería además posicionar y generar la demanda de los puros piedecuestanos en el mercado internacional, razón por la cual uno de los productos y resultados materiales de la Asociación fue la creación de su propia marca de cigarros finos (“Puro Santandereano”). Los fabriquines de Piedecuesta tradicionalmente habían producido y comercializado las vitolas criollas denominadas romo, reina, panetela y calilla pero al contar con la formación especializada del SENA durante cinco años de estudio, orientados por cigarreros formados y experimentados en las principales fábricas de cigarros extrafinos de Piedecuesta (Gamos) y Bucaramanga (Puyana), se hizo necesario, en palabras de Henry Lozano, adoptar una marca propia de puros “para vender más que marca vender región porque queremos

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vender la región. Podemos llegar al exterior al estilo de café de Colombia. Desde entonces tenemos diversos moldes o lo que se llama vitolas”86. La marca “Puros Santandereanos” producida por los miembros de Asotracig demostraba a su vez que después de cinco años de capacitación y de prácticas era necesario empezar a elaborar y comercializar los tipos de puros que se habían aprendido a torcer y empacar, a la par de realizar proyectos paralelos de divulgación cultural y formación social como el establecer un punto de información y comercialización en el Parque Nacional Chicamocha (Panachi), así como la adecuación en el centro ce capacitación cigarrera de un museo regional etnográfico del tabaco, los cigarros y las cigarreras desde el período prehispánico hasta el presente. Siendo los resultados de esas experiencias empresariales lo que justificaría continuar las capacitaciones en el centro de los artesanos del tabaco en el antiguo matadero del barrio La Feria (La Pesa). Los orígenes, actividades y expectativas del proceso de formación de los cigarreros de tabacos corrientes (populares, criollos u ordinarios) como cigarreros capaces de elaborar puros han sido descritos por Martha Santos como primera presidenta de Asotracig al expresar: La idea de hacer puros empezó con don Luis Aurelio Vega Cristancho. Él estuvo capacitándose y trabajó en muchas fabricas donde se hacia el tabaco puro y todo eso. Entonces ahí empezó la amistad con nosotros entonces. Él nos dijo que sabía todo eso, nosotros formamos un proyecto y lo pasamos al SENA. Pero como el SENA no sabía nada de eso, nosotros le montamos el instructor para que no les quedara tan caro, por ejemplo al traerlo de otros países. Y como alguien del pueblo ya estaba y sabía hacer las cosas, lo montamos. Entonces ahí fue donde metimos a Aurelio como parte del proyecto ante el SENA y el SENA no lo dio como profesor. Desde ahí salió la cuestión, él sabía mucho, él trabajo como quince años en Cigarros Gamos, inclusive él fue uno de los que también nos dijo de que miramos para eso lados, que empezaramos a hacer puros. …El proyecto de capacitación en cigarros puros que hicimos en la Asociación tuvo el apoyo del ICP - Ecopetrol y otras empresas que nos estuvieron ayudando. Pero entonces en la Junta había mucha desorganización, ya empezaba a verse “cositas”, ya había quien empezaba a fastidiar… …La gestión de un profesor directamente de acá de Piedecuesta se hizo durante tres años. En el último año cuando la capacitación se le entregó SENA, la condición fue que teníamos que dejar formada una microempresa para poder tener un profesor. Ellos nos dijeron que papeles debíamos hacer, todo, inclusive los papeles de cómo tenía que quedar constituida, todo muy bien organizado. Duramos dos años con el instructor del SENA. Muchos dueños de fabriquines se beneficiaron con esas capacitaciones. Por ejemplo está Gabriel Pico, estaba el mismo profesor Aurelio y creo que hay como dos señoras más. Ah así, estaba Mercedes, personas de la fábrica de cigarros Noel que hacían los Puyanas, otro señor de la carrera trece. Los Ordúz debido a la capacitación que nosotros hicimos, fueron recogiendo y contratando a todos los cigarreros que nosotros capacitamos, los tienen trabajando y ellos le están produciendo, y le están trabajando.

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Si usted va donde Gabriel Pico puede ver que también está trabajando y haciendo puros, el trabajó como uno de nuestros profesores piedecuestanos con el SENA al lograr meterse allá. Él fue el primero de los profesores cigarreros de Piedecuesta que nosotros metimos al SENA, ya el segundo fue Aurelio quien siguió trabajando como capacitador para otros lados y descubriendo mercados por otros lados. También nos colaboró Heliodoro. Aurelio fue profesor de nosotros en esos dos o tres años que lo tuvimos, pero entonces, ahí empieza la cosa, porque él trajo a su familia y ellos si sabían por donde iba la cuestión. Y esa era la idea de que alguien surja y salga de esto, no solo nosotros, no podíamos estar toda la vida estancados. Hacer puros también fue una idea promovida por Nelson Chaparro, el propietario de la Fabrica “El Centauro” de San Rafael, miembro de una familia de cigarreros con sus propias fábricas y marcas registradas. Él viajaba para todas partes, fue con los cigarreros de puros a Cuba, todo eso lo conoció, y fue quien que empezó con la idea de pasar de los chicotes a los puros piedecuestanos para mejorar la calidad del tabaco y las condiciones de los trabajadores del tabaco. Después de las capacitaciones del SENA empezamos a trabajar con puros pero yo les decía a los socios de Asotracig: “tenemos que pegarnos a alguien que venda y alguien que nos permita aprender y hacer”. Por eso hice el curso de Churchill, del Cubano, hice como tres cursos más. Los aproveché todos al máximo porque desde la Alcaldía nos lo traían. Inclusive uno de esos cursos lo hicieron en la fábrica de Nelson Chaparro y doña Amanda Vargas. Yo estuve allá haciendo esas capacitaciones, aprendí debido a eso, y pensé que lo podíamos seguir haciendo y fuimos montando nosotros mismos la empresa, una microempresa que teníamos pensada nosotros ya armar, que es la que hoy elabora los “puros santandereanos” a nombre de Asotracig. Hacer tabaco especial le permite ganar a uno más y no se friega tanto. Pero no es tan fácil. Por ejemplo, no hay en Piedecuesta material abundante y de buena calidad. Por eso empezamos fue por el campo, tocaba empezar por la raíz, ya el cuidado, ya el tabaco lo tenían que forrar, los caneyes los tenían que forrar para el control de la humedad, todo eso se hizo. Inclusive Nelson, como él tenía fincas lo hizo, inclusive saco también cosecha. Él sembró dominicano, sacó varias variedades de tabaco. Lo que pasó fue que en la parte donde él tenía la finca la tierra no era muy apta, y lo otro, fue que también donde medio se pudo dar no lo cuidaron como tenía que hacerse. Eso fue87. Los efectos y alcances de las capacitaciones de los cigarreros en puros gestionadas e impartidas por Nelson Carrillo en el año 2000 y por Asotracig en 2010 han sido reconocidas incluso por las maestras artesanas de fábricas expertas en cigarros finos como es el caso de “Gamos” de Justa Gualdrón de Carreño. Con la dedicación de Luis Aurelio Vega como capacitador en cigarros finos del SENA desde el año 2001, y posteriormente al entrar al mercado con su propia fábrica, fue necesario para la familia Carreño Gualdrón incorporar a la producción de sus cigarros finos y extrafinos a una persona experimentada, siendo elegida para ello Margot Martínez de Fuentes. Cigarrera quien a los catorce años había hecho escuela en un fabriquín del barrio Campo Hermoso de Bucaramanga seleccionando capas y haciendo “tabaco basto”, para luego aprender y dedicarse desde los

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diez ocho años a la elaboración de puros en las principales fabricas de Bucaramanga como las “Unidas” y posteriormente “Puyana” hasta su liquidación y adquisición por la “Noel” de José Correa. Después de cuarenta años de trabajar en el mismo oficio es la única de tres hermanas que sigue “enamorada del arte” de los puros, y a pesar de estar pensionada encuentra en el trabajo como cigarrera una terapia física y ocupacional que le permite mantenerse enérgica, distraerse y obtener un dinero extra al seguir siendo la más capacitada y diestra para hacer de forma manual los doscientos rollos diarios que tuerce como cigarros extrafinos. Valga resaltar que la producción media de los artesanos cigarreros cubanos y dominicanos es de 120 cigarros diarios. Sin embargo, con sus años de experiencia y los conocimientos adquiridos en las principales fábricas cigarreras de la región no le impiden reconocer que gracias a la gestión de los cigarreros de Piedecuesta pudo incorporar innovaciones técnicas y tecnológicas de origen cubano a su actividad laboral al manifestar: Nosotras tuvimos [en 2008 y 2010] una capacitación con el SENA en Asotracig para la elaboración del tabaco puro fino y nos ha servido mucho porque yo no trabajaba con estos implementos3. Parecía que como que era imposible que yo pudiera trabajar con esto entonces allí nos enseñaron a manejar la tijera, trabajar con el vidrio. Aunque en lo que más nos insistieron es que todo el proceso depende del material. Claro, si una persona trabaja con material bueno da rendimiento, da buena producción a la empresa88. El papel protagónico y el liderazgo de Nelson Chaparro en la formación de cigarreros capaces de producir mejores tabacos curados y cigarros finos con vitolas cubanas, tipo exportación, es reafirmado por Amanda Vargas, su esposa, al rememorar que: Mi esposo estuvo muy preocupado por sacar adelante el gremio. Hizo muchos viajes a Cuba, hizo viajes a Centroamérica donde se elabora el cigarro tipo habano. Él quería, él tenía en mente el proyecto de fundar empresas que mejoraran la calidad de vida primero de la gente y también la calidad del producto que nosotros elaboramos acá en Piedecuesta. Pero realmente eso se ha quedado ahí estancado. Él hizo un esfuerzo por traer a Piedecuesta asesores extranjeros quienes estuvieron dictando cursos, inclusive aquí en la Fábrica se dictó un curso con un dominicano que vino e hizo una capacitación de tabaco fino. Varias personas realmente aprendieron, inclusive yo estuve en el curso y aprendí. Pero resulta que a eso nunca se le dio importancia, mi esposo se cansó de luchar por eso, inclusive puso su propia fábrica de tabacos finos. Él no quería un tabaco fino, él quería sacar un tabaco tipo exportación, un tabaco que no fuese igual al de Cuba porque si acá se produce tabaco, ¿por qué no sacar un tabaco que se pueda vender en dólares?. Eso para él era una maravilla para el
Entre esos instrumentos se encuentran: tabla de rolar que antes era de madera y ahora es en fibra de vidrio, una cuchilla llamada chaveta que antes era una media luna y ahora es una rueda cortante, una guillotina (para cortar el largo del cigarro a medida), un pote de goma vegetal con la que se pega la perilla acorde con cada vitola), una prensa y los moldes para prensar los rollos de los puros.
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bienestar del gremio. Con esos tabacos y cigarros piedecuestanos se levantaría la industria totalmente y seria reconocida a nivel mundial. Pero nunca se logró porque la gente de Piedecuesta, como él decía, está acostumbrada a lo mismo, no se dejan enseñar porque ya llevan muchos años haciendo “chicotes”. Se cansó de luchar y dijo: ¡No, yo ya realmente no le veo solución!. Inclusive, él les trajo cultivadores de tabaco de Cuba, estuvo cultivando, sacó un proyecto donde sacó tabaco, trajo semillas cubanas, sembró con todas las especificaciones, trajo al técnico cubano Arsenio Ramos quien ahora es uno de los mejores técnicos que tiene Nicaragua y asesor de los tabacaleros de Estados Unidos y Europa. Mi esposo fue un líder bastante reconocido y bastante querido por el gremio, muchísimo. Inclusive tenemos que decir que ahora no nos cobran el impuesto al tabaco, que es un impuesto altísimo, por la lucha que ellos llevaron en una ocasión y no dejaron imponer el impuesto de tabaco acá en Piedecuesta [Decreto 650 de 1996]. Ellos lucharon y lograron muchísimo, incluida una ley que la tengo yo aquí guardada todavía, en la que se dice que los chicotes están exentos de pagar impuesto porque es un oficio artesanal [Ley 488 de 1998]. Eso se logró con esa resistencia que ellos hicieron en esa ocasión, fue dura pero lo lograron. Y de ahí para acá sinceramente no recuerdo que haya habido realmente una acción popular para luchar por sus derechos como trabajadores cigarreros. Siempre estuvieron ahí al lado de la gente convocando y apoyando y siempre como buscando el beneficio, el bienestar del gremio, hasta que después de eso no ha habido algo así, claro está que yo tengo que reconocerlo tampoco lo hice, se dispersó todo, cada cual trabaja por su lado, cada cual se sostiene como mejor puede cada uno y ya pare de contar. No ha sido posible que el gremio tenga un liderazgo desde que estuvo al frente mi esposo89. De tal modo, con la capacitación del gremio y la transferencia técnica y tecnológica de las grandes y tradicionales fábricas de cigarros finos, así mismo se promovió el redimensionamiento del papel del cigarrero en la economía y la sociedad piedecuestana para lo cual se organizó el día del tabacalero como fiesta popular que engalanaba cada conmemoración de la fundación de Piedecuesta, siendo la abanderada de esas celebraciones la empresaria cigarrera y concejal municipal Martha Yolanda Niño. Siendo exaltadas las capacidades laborales de los cigarreros al realizarse competencias para proclamar y premiar a quién más rápido tuerce, al quién le rinde más haciendo cigarros, al rollero más rápido, el tabaco más fino, el espalador más capaz y todo aquellas actividades de destreza asociadas con la producción de cigarros populares. Sin embargo, su gestión como Concejal en función del mejoramiento de las condiciones de vida de las cigarreras y demás miembros del gremio tabacalero de Piedecuesta iban mucho más allá al considerarse una de las gestoras de la capacitación de los cigarreros tradicionales en la producción de cigarros finos, así como al propiciar programas de bienestar para las mujeres trabajadoras del Municipio. Al respecto expresaba: En la época del alcalde Raúl Cardozo (2004 – 2007) presenté un Proyecto de Acuerdo con el cual quise motivar al cigarrero a tratar de llegar a vender un tabaco especial, a que no solo se haga un tabaco ordinario. Aquí hay fábricas

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donde sus obreras van con su bolso y bien elegantes como cualquier funcionaria a trabajar, igual que una funcionaria de la Alcaldía. Así quisiéramos ver a todas aquellas obreras que de pronto están con sus pantuflas y su pantaloneta en su casa torciendo tabacos corrientes. Esa es la visión a donde queremos llegar y por ello apoyamos la Asociación de cigarreros que queda en el barrio la Feria [Asotracig], que se reúne, que administra un restaurante escolar tabacalero. A esa gente se le preparó con el SENA, nosotros capacitamos a los docentes y ellos les expusieron cómo era la forma para que a través del SENA se empezaran a dar certificados a muchos cigarreros y cigarreras de nuestro municipio como personas capacitadas en hacer puros finos y de exportación. Fue un proceso que se hizo en la anterior administración y la verdad en este periodo si ha estado un poco quieto, nos faltó de pronto más motivación a favor de un trabajo familiar donde los niños son los que espalen el capote, donde los niños son los que ayudan a poner el capote al rollero, donde el papá hace los rollos, donde la mamá es la que tuerce el tabaco y es en el núcleo familiar donde se forma ese pequeño fabriquín, ese pequeño trabajador. …De igual forma, a través de la oficina de Desarrollo Social en el anterior cuatrienio se trabajó con psicólogas, con personal profesional para que a las cigarreras se les diera implementos de trabajo. E empezando por enseñarles que debían tener uniforme, un delantal y una careta para cuidarse su salud. En los municipios los recursos presupuestales son escasos, a veces se nos cierran las puertas a nosotros como lideres cuando uno tiene proyectos muy buenos para las comunidades. De pronto en ese rubro no hay plata y no hay plata y yo no tengo lapicero para mandar. Durante esta administración [Jorge Navas, 2008 – 2011] tengo conocimiento que se dictaron unas charlas para el personal tabacalero, para las cigarreras, eso es lo único que en esta administración se ha venido haciendo. …Hace días que tengo ahí el proyecto para ver si hacemos la motivación del “día del tabacalero” el mismo día de cumpleaños de Piedecuesta pero lamentablemente es el 26 de julio y ese día ya estamos en ley de garantías. No podremos hacerlo, pero lo voy a dejar para el día 14 o 15 de noviembre. Entonces en esa fecha de noviembre vamos a trabajar para presentarle a muchos habitantes foráneos que se han venido a vivir en nuestra tierra que nosotros los acogemos como piedecuestanos, y especialmente para que conozcan a través de los cigarreros las cigarreras una de las labores piedecuestanas que mueven una parte de la economía de nuestro municipio90. Así, a la par del mejoramiento de las condiciones laborales y de sustento de las cigarreras paralelamente las líderes sociales, políticas y empresariales de ese gremio han buscado mejorar las condiciones de vida física del gremio al solicitar un espacio de reunión y encuentro de los artesanos tabacaleros. Para ello contaron específicamente con la entrega en comodato del lote donde había funcionado el matadero municipal durante la administración municipal de Fernando Moreno, siendo iniciado el diseño y construcción de un edificio con las características propias de un “Centro de Capacitación y Desarrollo Empresarial Tabacalero” desde el año 2000. Centro que fue concluido e inaugurado durante la

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administración municipal de Raúl Cardozo y la administración departamental de Hugo Eliodoro Aguilar Naranjo el 8 de junio de 2007. La presidenta de esa Asociación y representante del Centro de Capacitación para entonces era Martha Cecilia Santos Cote, quien recuerda cómo se organizaron los cigarreros y la nombraron como la primera representante de todos los cigarreros de Piedecuesta sin importar su condición de mujer. Al respecto expresaba: El centro de capacitación en el antiguo matadero se empezó adecuar cuando Fernando Moreno era alcalde pues nosotros era mucho molestar allá, cansones. Ya teníamos la asociación, inclusive nosotros la montamos con quienes dieron la idea y todo eso como eran Nelson Chaparro, Juan de Jesús Bueno Chucho Cartagena, entre otros. Habían varios representantes buenos en ese tiempo, quienes tenían más o menos poder pero a mí me fue quien nombraron Presidenta de los tabacaleros en una reunión queque hicieron en un Colegio. Se invitaron a todos los tabacaleros, yo fui esa tarde de lunes. Ahí fue donde se formó la asociación, y todo eso, pero ya ellos la traían constituida también, todo arreglado, todo mejor dicho. Ahí fue cuando empezamos a empaparnos, a mí me gustaba mucho todo lo de tabaco y yo estaba metida en todo esas cosas y conocía a mucha gente pues, imagínese desde los 17 años yo había tenido fabriquín, así como lo veían a uno ya en la bodega, ya en el consejo, ya en Girón trayendo material y pues todo el mundo lo conocía a uno. Debido a eso ellos prefirieron que ojalá fuera una mujer, que entrara y que hablara, y que bueno que la conocieran y la llamaran cuando venían proyectos o cualquier cosa para los tabacaleros. Sin embargo, había mucho apoyo para los empresarios y poco para los fabriquines. Nosotros le pedimos a la Cámara de Comercio colaborarnos también e hicimos cursos de formación en cuestiones de microempresa y capacitaciones para los empresarios. Entonces ellos nos avisaban, nosotros mandábamos a avisar a todos los de la fábrica, ellos se reunían bueno, y todo eso. Ellos también se capacitaron mucho e hicieron muchas cosas. Inclusive de ahí fue donde nació la fábrica de cigarros Chicamocha. Ahí fue cuando empezamos con Fernando Moreno a pedirle un espacio y nos dio el terreno que era para un parque, e incluso, nos ayudó a crear y dar inicio al Restaurante Escolar para todos los niños de los barrios cercanos con el apoyo del ICBF y Comfenalco91. Si bien los principales lideres y gestores cigarreros han promovido el cambio técnico y tecnológico hacia la producción de cigarros finos como la opción inmediata, viable y más segura para garantizar el mejoramiento socioeconómico de las mujeres cigarreras durante el siglo XXI, los representantes de las fábricas más prestantes y tradicionales en la fabricación de cigarros corrientes (criollos u ordinarios) consideran que en ese camino no están dadas todas las condiciones ni será rentable para todos al no crecer la demanda, el mercado ni la producción de materias primas de calidad superior y suficiente calidad. Es el caso de María Rocío Caballero Calderón, copropietaria de la fábrica de tabacos “Cigarros Comandantes Puro”, quien con su esposo, madre y siete hermanas comparten la responsabilidad de dar continuidad a la fábrica creada y posicionada por su padre cuarenta y ocho años antes después de morir en 2004. En lo concerniente a los procesos de capacitación y la

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transferencia de conocimientos, técnicas y tecnologías de los cigarreros cubanos traídos a Piedecuesta ha manifestado: Desde la edad de los diez años he estado elaborando tabacos. Empezamos haciendo primero el empaque porque mi papá manejaba el empaque. De ahí empezamos con la obra de mano, con la elaboración de los tabacos. La única recompensa que recibíamos por nuestro trabajo era la alimentación, y eso como ayuda, razón por la cual no trabajé en ninguna otra fábrica, solamente aquí en la fábrica de la familia. Ahora que soy la administradora de la fábrica nuestra preocupación es el mejoramiento, cada día mejorar más en la calidad de los romos corrientes que compramos y procesamos para la comercialización. Para mejorar la calidad de ese romo con el que se identifica el nombre de la fábrica y la marca fuimos a capacitarnos con el SENA, con los cubanos, y hemos estado en varias partes practicando. O sea, hemos ido a diferentes partes a mirar cómo es la elaboración, cómo puede uno mejorar en el trabajo de uno. Y la verdad es que me parece que es igual elaborar tanto el fino como el corriente. Hace un año recibimos la última capacitación con el propósito de mejorar la calidad en la elaboración de los cigarros como en su empaque y presentación. Esas capacitaciones nos sirven entonces para adquirir más experiencia y conocimiento para la fábrica, y claro, para nosotros mismos sacar adelante la fábrica. Sin embargo, ser una mujer empresaria me parece difícil porque hay cosas que uno no tiene capacidades para desenvolverse. Sobre todo porque toda la vida con mis hermanas, toda la familia se dedicó a trabajar en la fabrica en lo concerniente al empaque y no manejabamos otros asuntos como los materiales o la calidad de los rollos y las vitolas torcidas. Nosotros queremos que la fábrica nos siga asegurando el bienestar que tenemos, que podamos salir más adelante. Pero eso no se logra sino mejoramos la calidad de los cigarros corrientes que sabemos hacer para poder mantenernos en el mercado y no dejarnos sacar por la competencia. Por eso pienso que no hay mucha diferencia entre las fábricas y los fabriquines, aunque si se nota que varias fábricas que hacen “compras” a los fabriquienes no pagan lo que debe ganar cada torcedora, no les pagan lo que es, no se le reconoce el precio que le han de pagar a la persona. Por eso es que quienes trabajamos con tabacos corrientes pensamos que se necesita más apoyo para las empresas que hemos hecho y seguiremos haciendo tabacos corrientes, nosotras también necesitamos ser capacitadas en lo que hacemos. Acá en Piedecuesta en los últimos diez años sólo se hacen capacitaciones para que hagamos o se mejore el tabaco fino pero acá no todos lo elaboran porque el tabaco fino poco tiene salida acá. En Piedecuesta todo más lo que se da es el corriente, por eso se necesita capacitar a los rolleros y torcedoras que toda la vida han hecho el mismo tabaco a mejorar lo que hacen y no a cambiarles las hojas, los tabacos y perillas imitando las grandes fábricas. Quienes hacemos el tabaco corriente también necesitamos capacitaciones para que las empresas mejoren su calidad, para enseñar a la gente a hacer un buen tabaco corriente con el que la gente gane más y tenga un buen precio la obra de

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mano. Sólo así, con más y mejores fabriquines que necesiten poca inversión y mucho trabajo también se le da oportunidad a otras gentes para que salgan adelante y puedan montar su propia empresa, cosa que no va a pasar si solo algunos saben y pueden hacer los tabacos finos92. Ser un empresario cigarrero exitoso y reconocido resulta ser una tarea muy difícil que requiere grandes aventuras financieras, iniciativas en el mejoramiento de las materias primas como en los productos elaborados buscando mercados internacionales, y especialmente, motivación a los demás empresarios, cigarreros y trabajadores del tabaco para buscar alternativas que contribuyan a mejorar los productos elaborados, y consigo, los ingresos y las condiciones de vida de todos. Ese fue el caso del legendario Nelson “El loco” Chaparro quien con su liderazgo entre el gremio propició el cambio en la imagen que los cigarreros tenían de sí mismos (de trabajadores parias a artesanos industriales) como en sus capacidades para producir mejores productos (de “chicotes” o tabacos corrientes y ordinarios a “puros” finos, tipo habanos) y fuentes de ingreso. Su viuda, Amanda Vargas Herrera rememoraba la memoria de ese líder de las causas e innovaciones para los cigarreros piedecuestanos, después de diez años de muerto, al expresar: Cuando mi esposo fundó la fábrica implicaba mucha sagacidad en el negocio. Hay gente acá en Piedecuesta que lleva toda la vida haciendo rollos y se quedan haciendo rollos. Bueno por muchos motivos pienso yo: lo uno porque como que las personas no tienen esa aspiración de ser, si como la conformidad, nosotros hacemos rollos y seguimos haciendo rollos toda la vida. El papá de mi marido tenía fábrica de tabacos, entonces él aprendió ese oficio por el negocio del papá. Cuando eso el negocio del tabaco daba rentabilidad. Él empezó comprando materiales, comprando todo lo que se utiliza acá para el trabajo del tabaco como el polipropileno, los pegantes, y un poco de cosas más. Entonces él se fue más allá, inclusive él empezó a comprar y vender materiales y todo lo que se utiliza para la industria. Pero realmente, él en un momento determinado se dio cuenta que era rentable montar una fábrica y empezamos así. Nosotros empezamos comprando material en un lado y en otro, haciendo lo que son las picaduras para venderle a la gente. Él tuvo la visión de que poca gente tenía acá máquina para hacer picadura, entonces hizo el esfuerzo de comprar las máquinas y montar todo lo que es la maquinaria para elaborar la picadura y venderle a las personas que hacen tabacos. Nos enrolamos en ese trabajo, continuamos con eso, y llegó el momento en que dijo: ¡Quiero sacar al mercado una marca para vender tabacos!. Fue entonces que montó “El Centauro”, la primera marca que sacó. Luego compró otra marca aquí a otro comerciante de tabaco. Y hasta ahora ha mantenido la fábrica con muchos tropiezos y muchísimas dificultades. Hubo un momento donde una subida en la producción y tuvimos hasta unos 35 o 40 fabriquines de tabacos, aquí los llamamos “compras”, a los cuales uno les entrega los materiales y ellos van, elaboran sus cigarros y vuelven a traer los cigarros, yo les descuento lo que le entregamos de material, picadura y ellos se llevan lo de su trabajo, su pago, más una pequeña utilidad que a veces les queda por el manejo de

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eso. Pero ahora si ya definitivamente estamos cada día con más dificultades. Lo primero porque cuando mi esposo saco la marca y montamos la fábrica eran pocas las fábricas en Piedecuesta, ahora hay mucha gente, inclusive de la que nos trabajaba en “compras” que “abrieron los ojos” y dijeron: “Nosotros vamos a sacar una marquita para también llevarla y venderlas a otros lados pues si yo la elaboró y empaco como ponerle mi marca voy, la vendo y hago más”. Ahora la competencia es muchísima y yo creo que aquí en Piedecuesta están empacando por ahí unas doscientas a trescientas marcas no registradas. Nosotros tenemos que inscribirnos en la Superintendencia de Industria y Comercio, en la Cámara de Comercio, en Fedetabaco, una serie de entidades que hay que manejan este acá del gremio del tabaco, y nos ha tocado inclusive pagar industria y comercio a nivel municipal, pagamos Sayco y Acinpro… un pocotón de cosas, que el derecho de no sé que… Bueno eso son una cantidad de impuestos que nos toca pagar a nosotros por tener la marca registrada, además de responderle a los empleados con los salarios y la seguridad social cumpliendo con todas las normas legales que hay para poder funcionar. Mientras tanto, las personas independientes que están sacando sus marquitas y haciendo su esfuerzo con sus fabriquines están haciendo todo lo contrario. Al producir con precios más baratos, sin pagar impuestos ni salarios de ley, sus cargas ya no nos permiten competir en el mercado de Barranquilla o Montería porque ellos si pueden vender el tabaco muchísimo más económico. A raíz de eso quienes tenemos empresa hace muchos años, legalmente constituidas, estamos ya en vía de decadencia. Por ejemplo de cuarenta compras que teníamos hoy no tengo sino unas quince o doce tal vez. Son poquitas y la producción es exactamente igual. Si una vez hicimos seiscientos mil tabacos semanales ahora estamos haciendo ciento cincuenta mil tabacos semanales. Es por ellos, que mientras la producción a nivel del gremio de cigarros corrientes no ha bajado, por el contrario sigo subiendo, para los empresarios formales y legales cada vez baja más93. Entre los dueños de fabriquines que decidieron reafirmar su independencia, libertad y autonomía de las grandes fábricas de cigarros al crear su propia marca y ofrecer su producto en el mercado local como nacional uno de los ejemplos más dicientes es el caso de Gloria Acevedo, popularmente conocida como “Gloria Macabaeo”, quien es reconocida como una propietaria de fabriquín de cigarros corrientes del barrio Villanueva que desde los diecisiete años ha trabajado y se ha hecho a un nombre entre el gremio de los cigarreros al defender posturas como las siguientes: Con Doña Genoveva Serrano a mi me gustó el oficio y aprendí en tres días. Uno miraba como lo hacía el otro, todo depende del interés que tenga uno, si uno quiere salir adelante se pone la meta: ¡Si, voy a hacer esto y se hace!. Mi hermana fue la que empezó primero a hacer tabacos porque el resto de la familia trabajaba con un telar de fique. Tejían sacos e hilaban bien su telar, pero yo nunca aprendí eso porque a mí no me fascinaba, a mí me gustaban mucho los tabacos y me gustó haber aprendido, haber luchado por ese oficio.

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Trabajé una semana con doña Justa Gualdrón y luego varios años con Rodrigo Rosas, quien ya murió. Hace como cuatro años saqué mi propia marca y a uno le va mejor, porque ya uno sin patrón gana más sin tener que llevarlos como “compras” a las fábricas. Yo hago tabacos acá y los vendo acá, no mando tabacos para ninguna parte, empaco poquito y vendo por cincuenta la “panetela”. Yo hago y vendo poquito tabaco. Si lo vende uno mismo pues gana más. Sin embargo, cuando uno trabaja con un patrón no tiene tantos problemas porque uno hace la tarea, entrega a la tabacalera y le pagan por lo que hizo. Con una marca propia uno espera que si ya en el mañana pega igual a las de otras personas o fábricas que van en lo alto, pues una puede llegar a ser igual, a ganar lo mismo, así no se compare. Toda la materia prima anterior era mucho mejor, se vendía mejor, no había tanta competencia como ahora que cualquiera hace, va y vende así no tenga marca. Va y vende como quiere y le hace mala competencia al que si paga todos los impuestos, le hace un daño sin querer. Otra diferencia son las capacidades de las torcedoras que trabajan en fábrica y las de fabriquín. La obrera de fabriquín no es igual a ser una obrera de una empresa, quien todos sus vínculos de base, les pagan liquidación, cesantías, salud, incapacidades, y todos los reglamentos de ley. Pero eso no es en todas las empresas. La obrera de fabriquín sólo gana por cada mil que hace los dieciocho mil o veinte mil pesos con lo que asegura el bienestar diario o semanal para su familia pero sin derecho a pensión, salud, ni a nada. Sin embargo, las empresa no les da trabajo como lo hace uno que llegan, piden el trabajo, si yo puedo les enseño a trabajar, y si ya saben les doy trabajo y me dan la dirección de su casa y yo les mando el trabajo. A diferencia de las fábricas que en todo llevan las cuentas, yo les tengo una confianza absoluta, porque uno aquí se les da el material y si quieren volver traen el material ya torcido. Se pierde o se gana pero toca ser así. Ahora, muchos fabriquines y torcedoras de corriente han decidido hacer tabaco fino, pues bueno, eso lo hace el que quiere para salir más adelante, para surgir más con otras capacidades y ventas. Pero yo no creo que todo el mundo haga fino, no creo que todos hagan acá en Piedecuesta, porque todos no lo hacen, no lo hacemos. Yo soy una que no hago fino, yo hago es corriente de pronto porque se cuál es la capacidad de cada cual. Trabajar con tabaco corriente es rentable. Uno tiene ganancias y tiene perdidas, toca es saberlo llevar. Si uno no sabe, le va bien. Yo por ejemplo no sé hacer nada más que trabajar en tabacos. Yo sé que no voy a entrar en una empresa porque no soy estudiada entonces no aspiro a eso porque yo no tengo estudios, él que tiene estudios si puede aspirar a eso. A pesar que hay gente que le gusta desvalorizar el trabajo de los tabacos, se olvidan que el gremio del tabaco corriente mueve mucho la economía de Piedecuesta. Los negocios se mueven por el tabaco, sino hubieran tabacaleras no habrían tiendas por qué quién iría a consumir. Acá la mayoría es gente de estratos bajos y todos de alguna manera se benefician del gremio del tabaco. Incluso muchos políticos dicen en campaña ser cigarreros pero muchos no saben cómo se tuerce un tabaco. Aquí en Piedecuesta el gremio del tabaco es muchísimo, todo el mundo trabaja en eso. Usted puede bajar a cualquier barrio y no hay barrio donde

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no hagan tabaco, puede ser que no tenga su propio de fabriquín pero si le trabajan a un fabriquín. Digamos que trabajan acá en Villanueva pero llevan para la Cantera porque viven allá, otros para Hoyo Grande, otros a Miradores de la Cantera. Hay mucha gente independiente que incluso en sus apartamentos hace tabacos con toda la comodidad aunque los sacan demasiado envueltos para evitar “el qué dirán” de las otras personas que viven ahí. En pleno 2011, el gremio cigarrero de Piedecuesta está afrontado gradualmente una nueva crisis cigarrera como la acontecida después de 1939 al ser cerradas y liquidadas las fábricas de cigarros formales que existían al ser inviables para sus propietarios al ser mayores los cobros tributarios y el pago de la seguridad social para los trabajadores que las ganancias obtenidas mientras que los empresarios independientes, capacitados en la producción de cigarros de diferentes calidades, inundan los mercados con sus cigarros baratos, burdos, evasores y de baja calidad apelando a una competencia desleal rechazada por los fabricantes industriales y justificada por los dueños de los fabriquines artesanales como alternativa para asegurar su bienestar físico semanal y poder mejorar económica, social y culturalmente los miembros de sus familias. La situación vivida por las grandes fábricas que dan trabajo y hacen las “compras” de los “chicotes” (tabacos bastos, corrientes, criollos o populares) que elaboran los fabriquines y las mujeres independientes que saben hacer cigarros bien puede ser resumida por Martha Reyes Quijano, popularmente conocida como “Martha Caritas”, una de las cigarreras más reconocidas y populares de Piedecuesta. Una líder natural que ha encabezado las principales huelgas del gremio tabacalero en defensa del cigarro torcido como una artesanía que no requiere IVA (1996, 1998), así como por el mejoramiento y control de las tarifas a los servicios públicos. Después de cuarenta y dos años de estar dedicada a empacar y luego a elaborar en fábricas y fabriquines el popular “chicote”, o cigarro corriente de los piedecuestanos, Martha Reyes es una mujer reconocida que en el 2011 intenta por segunda vez llegar al Concejo Municipal como una digna y fiel representante del gremio cigarrero y tabacalero. Cargo de elección popular para el cual cuenta con una visión amplía e integral de la producción cigarrera y la crisis por la que pasan empresarios y cigarreros en el último año al expresar: Desafortunadamente aquí la clase tabacalera es la más pobre, siempre nos han llevado por debajeados. Si usted en un día no trabaja y dejarse de ganarse 18 mil pesitos por cada mil de corriente que haga entonces causa una calamidad doméstica porque no pudo trabajar y pues no ganó. Entonces no tiene usted de dónde prenderse, llueva o truene le toca a usted sentarse a torcer para ganar. Por eso en que hoy en Piedecuesta cada cual trabaja independiente. Somos póngale un promedio de 7500 fabriquines. Las ganancias del tabaco se quedan prácticamente es con el mayorista. Nosotros los minoristas ganamos poco, pero tampoco hay que hablar mal del trabajo en tabaco porque de todas maneras yo he criado a mis hijas a tranca y a mochas, mal comidas, pero he pagado el arriendito. Pongámosle además una mudita de ropa pa’ los diciembres que es lo tradicional de nosotras: para las tabacaleras la navidad es para poder comprar la ropa del resto del año. Para las tabacaleras, y para todo el

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mundo, la navidad es comercio y no deja uno de estrenar su ropita, pero que yo al final del año tenga que una casa o un carro no, para nada, nosotros los minoristas apuradito tenemos una “zorra” para cargar y empujar los chicotes. En estos momentos, ahoritica, estamos los tabacaleros en la situación más crítica que he visto en mis 49 años. Este año estamos llevando del bulto los tabacaleros, bueno desde el año pasado, pero este año especialmente por la invernada que hubo se nos vino todo encima porque llegamos a tener que gastar los ahorritos en capas de hasta 270 [mil pesos] la arroba, con capotes de 100, 160 y 170 y nos pagaban el millar a 90. Y nosotros tenemos que sacar de ahí lo de la materia prima y la mano de obra de las obreras: ¡nos colgamos!. Yo creo que todos los tabacaleros, hablo por todos, porque todos son mi gente, estuvimos colgados porque ya bajaron los materiales. Ahora ya hay capas, pero sólo capas de 80, 100, y 120 [mil pesos], capotes de 60, 70 y 80, y lo peor, entonces los tabacos de 90 se bajaron a 50 y 60 los están pagando los mayoristas: ¡seguimos en las mismas!. Ahoritica uno trabaja ya es por mera necesidad. En el caso mío yo no puedo llegar y decirle a mis hijas: ¡voy a parar! porque ahí sí que aguanto hambre y aguantan hambre mis viejitas. Tampoco puedo decirles: ¡esperen porque esto se acabó!. Uno no es bolita de billar que cada vez que “está bueno” los patronos abren “compras” y cada vez que se “pone malo” “cerramos”. No, no se puede que lo cojan a uno como bolita de billar. La situación está tan critica que don Edmundo Acevedo Rueda, el dueño de cigarros Humo Seda, un señor muy conocido aquí en Piedecuesta por su bondad, por su manera de tratar la gente, porque para él los cigarreros somos como sus hijos, a quien considero como mi papá, cuando él por equis motivo le toca parar las “compras” a los fabriquines entonces yo tengo que comprar por aparte picadurita, fiar el material y hacer por aparte los tabaquitos, él después pasa preguntando si tengo tabaquito y aunque yo veo que estoy perdiendo a veces al vendérselo a sus precios de compra, le toca darlo a uno así por necesidad, para el arriendo, para los servicios, le toca a uno soltarlo a 70 [mil pesos] el millar. Esa situación estamos viviendo en esos momentos. Si don Edmundo le toca parar por equis motivo, porque él nunca para, entonces todos los fabriquines de él quedamos a la deriva. Lo mismo está pasando con las demás grandes fábricas de corriente. Entonces ya no paga el mil igual, pongamos que la capa esta a 80 y se necesitan 2 libras y pesa de capa, se invierte 4 libras de capote, 8 kilos de picadura, la torcida a 18000 ó 18500 y los rollos a 8000, sume usted vendiendo los tabacos a 60 ¿qué le puede quedar? En el gremio tabacalero de minoristas, estoy hablando de los minoristas de la vida cotidiana, lo única riqueza son chinos y perros94. Una de las propuestas de campaña de Martha Reyes, reafirmada por cigarreras experimentadas como Margot Martínez, ha estado centrada en el mejoramiento de las condiciones de vida material de las cigarreras después de una década de capacitaciones y proyectos empresariales para mejorar sus técnicas de trabajo. Al preocuparse específicamente de la vivienda ha planteado a los demás miembros del gremio:

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Entre las siete mil o siete mil quinientas tabacaleras de Piedecuesta, cada una con cinco o seis hijos y familiares por responder, es muy raro la que tiene casa propia. No se nos ha dado esa oportunidad de un proyecto que nos permita construir en un lote unas 60 casas para el gremio tabacalero. Que nos las den con una cuota inicial o sino pongamos con un arriendo fijo o cuota fija de 400 o 500 [mil pesos] al mes. Han salido planes de casas baratas y de interés social pero de dónde vamos a sacar las tabacaleras para pagar la cuota inicial, y luego quedar pagando tanto, y mientras no las entregan pague que pague arriendo. Eso no se puede. Además de eso ninguna tenemos seguro de salud, pensión ni riesgos, todo toca es con el sisben. Mi primera expectativa si llego al concejo es tramitar todo un plan de vivienda donde no se nos pida cuota inicial: Un proyecto de acuerdo en plan de vivienda sólo para los tabacaleros y las tabacaleras siempre y cuando se compruebe que son trabajadores minoristas, no para que se beneficien lo mayoristas. Necesitamos tenemos un buen vivir como mujer cigarrera, que nos valoricen95.

Mural de la Administración Municipal de Piedecuesta sobre la Autopista a Bucaramanga

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MUJERES CIGARRERAS QUE POR SU FOMENTO A LA IDENTIDAD ECONÓMICA, SOCIAL Y CULTURAL MERECEN SER DECLARADAS COMO

PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE PIEDECUESTA

1. JUSTA GUALDRÓN
Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros finos “Gamos”, Barrio Hoyo Chiquito

2. MERCEDES URREA
Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros finos “Noel”, Barrio Hoyo Grande

3. NELLY CARRILLO
Cigarrera trabajadora de fábrica y fabriquín retirada, Barrio San Antonio

4. MARGOT MARTÍNEZ DE FUENTES
Cigarrera trabajadora de la fábrica “Gamos”, Barrio Hoyo Chiquito

5. AMANDA VARGAS HERRERA VIUDA DE CARRILLO
Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros corrientes “Centauro”, Barrio San Rafael

6. MARÍA ROCÍO CABALLERO GUALDRÓN
Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros corrientes “Comandantes”, Barrio El Centro

7. MARTHA CECILIA SANTOS COTE
Cigarrera propietaria de fabriquín, Expresidenta de Asotracig, Barrio Hoyo Chiquito

8. GLORIA ACEVEDO
Cigarrera propietaria de fabriquín, Barrio Villanueva

9. MARTHA REYES QUIJANO
Cigarrera propietaria de fabriquín, Barrio La Cantera

10. MARTHA YOLANDA NIÑO CARREÑO
Honorable Concejal de Piedecuesta, Ex cigarrera - propietaria de fabriquín

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UBICACIÓN ESPACIAL DE LAS CIGARRERAS DECLARABLES PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE PIEDECUESTA

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HISTORIAS DE VIDA DE LAS MUJERES CIGARRERAS DECLARABLES PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DEL MUNICIPIO DE PIEDECUESTA.4

1. JUSTA GUALDRÓN DE CARREÑO Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros finos “Gamos” Barrio Hoyo Chiquito Mi aprendizaje con el tabaco empezó en el año de 1948. Tenía que hacer uno una escuela en las empresas grandes que había en Piedecuesta, creo que como unas treinta. Había que hacer la escuela en donde se aprendía a espalar, había que ayudar a una señora que tenía un grupo de cuatro operarias. Ella tenía que hacerles rollos para que ellas los elaboraran pero había que prensarlos y cajearlos. Uno empezaba llevando cajas para que cada torcedora prensará. Desde niña tuve que ayudar a mi mamá quien era cabeza de familia. Teníamos que ayudarle a trabajar y esa ayuda era para comprar los libros de la escuela. Esa primera etapa de mi vida como cajera uno la hacía por ahí hasta los 11 años. Uno miraba desde niña cómo se hacían los cigarros y después ya uno salía a torcedora. Así uno se animaba y salía a elaborar un tabaco corriente, tenía que saber uno cómo se mojaba una hoja de tabaco, qué era la picadura, qué era el capote, saber las calidades y los colores. Antes del año 48 en Piedecuesta se vivía de la producción tabacalera, panelera y lechera. Entonces vino la ley que había que apoyar las empresas y se empezó a exigir que cada trabajadora tuviera lo mínimo como eran sus prestaciones. Se empezaron a formar muchas personas líderes, porque era un tiempo en el que estaba la efervescencia por la muere de Jorge Eliecer Gaitán. Como Piedecuesta era liberal, por la presión del pueblo entonces se cerraron las empresas, los dueños se fueron y decayó la cuestión tabacalera. Fue así como a la edad de nueve años me fui para Bucaramanga con mi mamá y regresé a Piedecuesta cuando ya tenía 20 años. Entonces ya había otro cambio, ya habían mas fabriquines. Las fábricas que uno conoció que eran fabriquines eran ahora tres o cuatro empresas que le daban a usted trabajo para la casa. La única empresa grande que figuraba era la de Marcos Carreño, en donde tenían unas cincuenta a sesenta operarias para hacer un tabaco corriente, tipo romo, tipo anetela y así se fueron transformando los fabriquines. En esa época mi esposo era el administrador de esa fábrica llamada “La Marina” y ahí fue donde nos conocimos. Para ese entonces existían las empresas Noel, la Campana, la Siberia la Antioqueña que eran las más famosas. Donde trabaja mi mamá era la Cucuteña y las Unidas. Cuando empecé a trabajar fue en las Fábricas Unidas en Bucaramanga, llegué como ayudante de mi mamá. Eso parecía una escuela porque entonces no había manera de estudiar y fue allí donde iniciamos. Luego, poco a poco, me fui preparando en el SENA, hice cursos para manejar una microempresa que en 1974 creamos con mi esposo.
Los textos de este capítulo fueron realizados con la colaboración de la Historiadora UIS Sandra Rodríguez a partir de las entrevistas realizadas a cada una de las mujeres cigarreras elegidas como ejemplos representativos del Patrimonio vivo Inmaterial de Piedecuesta.
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Ese cambio de pasar de trabajar un tabaco corriente al fino, tipo exportación, surgió en 1987 cuando empezamos con un tabaco extra, las brevas extras. Un tabaco muy bien elaborado, con el que no se ganaba pero que lo hacíamos porque era una pasión, querer uno su trabajo. Muchos han intentado hacerlo pero pues vuelven al corriente porque les toca que gastar. Por eso hacer puros es más que todo un reto y a la vez una satisfacción. La idea de iniciar a trabajar con tabaco tipo exportación, dejando las formas tradiciones de comercializar el tabaco, surgió por el conocimiento que teníamos y por el reto que se tenía porque no es fácil. La mano de obra que hace puros es contada. Las que hacen tabaco corriente aprenden en un mes mientras un tabaco fino la fábrica tiene que hacerle a la trabajadora la “escuela” y uno se gasta entre dos y tres años en enseñarlas. Mientras por cantidad una obrera hace mil quinientos al día de cigarros ordinario, por calidad sólo se hace un cien de tabacos fino. Aquí en la empresa “Gamos” cuando hablamos de variedades se habla de vitolas y no de “tabacos”. Los “Gamitos” son por ejemplo las calillitas, los “Gamos” son un tabaco romo corriente que va anilladito, también se puede hacer sin anillo. También tenemos la línea de brevas que es un tabaco fino y moldeado que se ve muy bonito cuando ya se guarda en las cajas de cedro. Para hacer un puro tipo exportación se necesita mucha mano de obra pero hoy en día hay poca vocación e interés por el trabajo por parte de las jóvenes. Son muy pocas las mujeres que se quieren dedicar a este oficio por la situación gremio, por el costo de vida y porque este es un “oficio para ayudar para la casa”, de supervivencia. Por eso el que logremos todavía a estas alturas vincularlas como empleadas es difícil porque desde la misma identidad de la obrera ya los hijos de esas señoras no quieren que ellas continúen con este oficio. Lastimosamente se está perdiendo la identidad, falta ese sentido de pertenencia. Con el oficio de hacer cigarros se pasa por muchas situaciones en este momento, cada año. La subida del tabaco es muy costosa, demasiado costosa. Nosotros por ejemplo, para vender a Medellín tenemos que pagar IVA y hay que pagar el impuesto al consumo donde vendemos. Eso encarece el producto además que es un reto porque estamos compitiendo con colegas para quienes hacer puros es muy fácil porque se volvieron comerciantes, ellos mismos van y distribuyen por cantidades. Con la ayuda del SENA se han hecho grandes cosas. Hace tres años dieron unos cursos para lo de la elaboración de puros y han tratado de organizar el gremio pero no sé qué es lo que ha hecho falta, que se tomen buenas medidas sobre el gremio no sé, pero si se han hecho muchas capacitaciones. Recuerdo que en el año 2000 vinieron inclusive agrónomos e hicimos los cursos con unos cubanos y ellos hicieron muchos ensayos en San Gil y en todas estas tierras acá de Guane pero cuando ya era el proceso de arreglarlo el tabaco se dañaba, se mohoseaba como la humedad. Es que no tenemos, como si lo hay en Cuba, un buen clima, por eso no puede uno avanzar en este puro por la cuestión de las capas porque todo lo de adentro, todo lo que lleva un puro se espera que sea tabaco santandereano aunque también lleva tabaco un poquito de Bolívar. Nos falta la finura de la capa. El trabajo con el tabaco sobre todo del cigarro fino es y ha sido una lucha sobre todo un reto basado en una disciplina, por eso es que nos caracterizamos aquí en cigarros Gamos. De alguna u otra manera yo siento que he querido enseñar a muchas mujeres el oficio de cómo se hace un tabaco, cómo se hace una perilla, cómo se moja la hoja, cómo se debe sentar, cómo se manejan todas esas cositas. Esa ha sido mi lucha, día a día.

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2. MERCEDES URREA Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros finos “Noel” Barrio Hoyo Grande Yo creo que soy la de más tradición dentro del gremio del tabaco aquí en Piedecuesta. Empecé a trabajar el tabaco en 1952 con José Correa Garza quien tenía fábrica en el Socorro. Nos conocimos y me fui a trabajar con él, a aprender del negocio. Ibamos a Girón, a Bucaramanga, a traer el tabaco. Él salía a viajar y duraba quince días viajando. Desde allá me ponía telegramas diciendo: “alísteme tantas cajas para fulano y mándelos para tal parte”, y yo corra, empaque y supervise la elaboración. Ninguno de mis familiares se dedicó al trabajo de tabaco. Cuando nosotros iniciamos en el mercado prácticamente estábamos solos. No había otras fábricas. Como a los cinco años compramos la fábrica a los Puyana. Fue entonces cuando José se fue para allá y yo me quedé acá porque él no descuidaba el trabajo, supervisando que estuviera bien tal cosa, que estuviera bien tal otra, que estuvieran bien los tabacos, que no fuera a tener rotos el tabaco, que no fuera a estar mal y de todas maneras ese es el control que yo he seguido teniendo hoy en día aquí en la fábrica de cigarros. Después de que él murió no trabajé. Duré trabajando durante tres meses pero me tomaban el pelo para mandarme la plata, entonces eso así ya no funcionaba. Sin embargo, sólo habían pasado ocho y yo ya estaba atendiendo la fábrica que teníamos en la carrera 6. Se nos quemó pero volvimos y nos levantamos. Aquí en la fábrica siempre nos hemos caracterizado por la disciplina. De alguna u otra manera eso es lo que hace que la marca y el nombre de los “Puyana” o cualquiera otra de nuestras marcas sean reconocidas porque siempre hemos estado supervisando la elaboración del cigarro, las características de la picadura y el tabaco, que arda bien la picadura, el capote como la capa. Se necesita la supervisión del tabaco porque hay unos que trabajan y hay otros que no, aunque esa forma de trabajar ha ido cambiado. Por decir, si comparamos la situación de la mujer cigarrera tradicional con las de hoy en día hemos visto a lo largo de los años que aquí y fuera de la fábrica ha ido cambiado mucho. Por ejemplo don Edmundo Acevedo puso fábrica y les mejoró las condiciones salariales y laborales a las empleadas. Las cigarreras son mujeres que le pueden colaborar mejor a las fábricas solamente hay que capacitarlas en la producción del cigarro. Nosotros siempre hemos estamos dispuestos a que la que quiera venir aprender venga y aprenda a hacer corrientes o finos. La idea de vender tabaco fino tipo exportación nació porque con el tabaco criollo hay que pasar muchos tabacos para poder ganar más. En cambio con los puros como son capas importadas, por ejemplo República Dominicana y de Cuba, así como de Cuba también vino una torcedora a enseñarnos, su exportación los hace más rentables porque no se exige cantidad sino calidad.

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Elaborar cigarros finos hoy día se ha convertido en una alternativa económica para muchos cigarreros de Piedecuesta, sobretodo porque existe un mercado aún por trabajar. Por ejemplo con Lima. Sin embargo el gobierno nacional debe tener más cuidado con los impuestos porque así como hay mercados como el Canadá y para otros lugares para los cigarreros no es muy rentable exportar, hacer todo ese esfuerzo, si no se logran bajar los impuestos. En Lima, el impuesto vale casi igual al tabaco que se llevaba. Nosotros hace mucho tiempo abrimos el mercado de Guayaquil, entre 1955 y en 1960 mandábamos ya nuestros productos pero los impuestos aduaneros fueron subiendo cada vez más y más con lo cual la comercialización se ha hecho algo difícil. Entre el año 2000 y 2002 hubo todo un movimiento, toda una organización de los cigarreros para pedirle al gobierno nacional que no se considerara el cigarro torcido como un cigarrillo sino como una artesanía: eso es así. En este momento la situación vuelve a ser la misma nos siguen considerando productores industriales y nos dicen que el tabaco también es nocivo para la salud pero el tabaco no es un cigarrillo. Yo solamente digo que los Gobiernos de Colombia y los de otros países deben ponerse de acuerdo y aprobar no cobrarnos tantos impuestos porque no resiste. Todo lo que cobran allá puede servir para abrir más mercados, aumentar la producción, y así puede uno ocupar más gente, puede ayudar a más gente a ganar su sustento porque trabajar con el tabaco es una alternativa de vida.

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3. NELLY CARRILLO Cigarrera trabajadora de fábrica y fabriquín retirada Barrio San Antonio Van a ser ya veinte años que yo no he vuelto a hacer tabacos, ahora sólo me dedico al hogar porque uno se cansa de trabajar. Yo aprendí el oficio de los tabacos en la Cucuteña. En ese entonces empecé como cajera, aprendí a espalar capote, a largar rollos, a hacer rollos, a torcer, me hacía hasta mil. Después me retiré, salí a trabajar a la fábrica Noel de don José Correa. Allí me dedique a torcer calilla, pero ya en ese entonces exigían tarea, tenía que hacer 1400 diarios y yo solo alcazaba a hacer en un día 1300, otro 1400, y aunque en ese trabajo le rinde a uno, no sé, no fui capaz, no estuve sino un mes. Después trabajé donde José Rey y allá duré más. De ahí pasé para donde don Marcos Carreño ahí no nos exigían tarea a día sino la que uno hiciera. Estando ahí me casé, luego salí y trabajé independiente en la casa, inclusive tuve obreras, pero resulta que las personas se la quieren velar a uno porque se les exige que el trabajo quede bien así como a uno le exigían la elaboración del tabaco: que quedará bien hecho, que no quedará con rotos, que no quedará volando, porque eso siempre tiene su exigencia. Resulta entonces que quedé yo sola, trabajé unos días sola, luego vendí la máquina de hacer rollos y acabé con todo y me puse a torcer por fuera pero tampoco me amañé mucho. Me daban dos libras bien pesadas y me gastaba libra y media para torcer un mil de tabacos, entonces me cansé y no volví a trabajar. En la Cucuteña había mucha disciplina: uno tenía que sentarse bien. Don Agustín ríos era un señor muy fregado, tenía uno que sentarse bien sentado, bien acomodado, que la capa estuviera bien arreglada, que aquí los rollos, que el cortador, no se podía botar recorte al suelo y si lo botaba cuando me paraba tenía que recogerlo y echarlo al cajón. Eran todas esas cositas así muy exigentes. En ese entonces, hace ya tiempos, se hacia un tabaco así pequeño que llamaban “medallita”, otro tabaco así de grande que era “popular”, un tabaco calilla que era gruesa eso era el “carillón” y la “calilla” común que era más finita. En ese entonces se hacía tabaco fino pero no con tabaco transportado de otros lados como ahora. Hoy en día es muy rara la persona que diga voy a poner un fabriquín para darle trabajo a fulana, porque el material es muy caro. Hoy en día para que le den trabajo a uno para la casa: poco. La que tiene su trabajo trabaja porque está acostumbrada a tener su trabajito a tener su centavo poco o mucho pero tiene que coger uno sus centavos el día sábado. Las grandes fábricas de Piedecuesta las fueron acabando porque decían que los tabacos tenían que acabarse, que eran perjudiciales para la salud. Por eso es que parte del problema de ahora es haberse acabado las grandes fábricas y haberse pasado la gente a trabajar en fabriquín.

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También tuvo que ver mucho que al interior de la fábrica empezaron a formarse sindicatos y a protestar y a pedir mejores condiciones. Pedían que le pagaran prestaciones porque en ese entonces no existían la pensión ni la salud. Fue así como empezaron los trabajadores a pedir eso. El trabajador comenzó a revolucionarse pues el trabajo era más o menos pago en lo que era su trabajo, pedían que pagaran las horas extras, y eso así. Sin embargo a los que les trabajamos en ese tiempo nunca he escuchado que digan que les pagaron porque trabajo tanto tiempo o que los patronos dijeran: “Si se retira entonces le vamos a pagar tanto”. En ese entonces no existían esos derechos. La juventud de hoy en día no le gusta el oficio del tabaco. No le gusta el tabaco porque dice que eso para qué, que eso huele a feo, que eso les emborracha. Prefieren otras cosas. Pero como digo yo: trabajar uno en tabaco no es ningún delito entonces porque a uno le va a dar pena trabajar en el oficio que a uno le guste, a mí me gustaba mucho el oficio de los tabacos, estaba en mi casa así estuviera como estuviera.

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4. MARGOT MARTÍNEZ DE FUENTES Cigarrera trabajadora de la fábrica “Gamos” Barrio Hoyo Chiquito Soy la cigarrera con más experiencia y tradición en la fábrica de Cigarros Gamos desde hace 10 años. De niña lo primero que aprendí en Bucaramanga fue a arreglar material. Cuando tenía 14 años inicie en la elaboración del tabaco, eso hace ya más de 40 años. Anteriormente se hacia el tabaco en las casas, en donde la dueña de casa tenía su fabriquín, allí uno iba, miraba y si a uno le gustaba pues aprendía. Una cigarrera fue la que me enseñó este arte en el barrio Campo Hermoso de Bucaramanga. Tengo dos hermanas que también aprendieron de la misma manera yendo a las casas donde eran los fabriquines, pero ellas se dedicaron a la confección y dejaron este arte y la única que quedó enamorada fui yo. Cuando empecé a trabajar más que todo el romo, le daban a uno en ese tiempo 70 u 80 pesos por la semana, sin importar cuantas unidades producía que eran por ahí 700 u 800 no alcanzaba a hacer el millar del tabaco corriente o tabaco basto que llaman. En Bucaramanga estuve trabajando en Cigarros Unidas desde los 18 años, por muchos años estuve trabajando allí, fue la primera fábrica que experimenté. Después decidí conocer otras partes entonces, estuve en Cigarros Puyana también en Bucaramanga y de ahí los patrones se cansaron y vendieron la empresa. Esa misma fábrica llegó a manos de otra persona don José Correa un señor de aquí de Piedecuesta que ya tenía fábrica. Ahora me encuentro trabajando con doña Justa Gualdrón desde hace 10 años. Es así me he desempeñado en la elaboración del tabaco fino aquí en la fábrica de Cigarros Gamos, me especializo en la breva aromatizada, tarea que realizo con 250 a 300 unidades diarias porque mi especialización es hacer la torcida y los rollos que en un cigarro es lo que requiere más elaboración. Mi T jornada laboral empieza a las 7 de la mañana, termina faltando un cuarto para las doce, con un descanso a las nueve y retomo a la una para ya a las cinco y cuarto estar terminando, dejo arreglado el puesto, y por ahí a las 5 y media salgo. Trabajo todos los días de lunes a viernes y el sábado hasta el medio día. Afortunadamente hemos tenido capacitaciones con el SENA y con Asotracig para la elaboración del tabaco puro fino y nos ha servido mucho porque yo no trabajaba con los nuevos implementos. Parecía que como que era imposible que yo pudiera trabajar con esto, entonces allí nos enseñaron a manejar la tijera y a trabajar sobre el vidrio. Como torcedora de fino considero que hoy en día uno de los grandes problemas es que los materiales están saliendo muy flojos. Para que la persona rinda necesita material bueno, y si da rendimiento se da buena producción a la empresa. Todo depende entonces de quién lo cultiva y lo selecciona porque eso va de parte y parte, de parte de los cultivadores ayudar para poderle echar un buen químico que no dañe

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el material, pero también depende del gobierno porque falta más incentivos a la exportación del tabaco fino y así nos beneficiaríamos tanto las de afuera como las de adentro porque en Piedecuesta en cada cuadra si dos tienen fabriquín es poquito. A doña Justa le trabajan muchas obreras externas pero ellas no tienen garantías de nada como nosotras. Las trabajadoras de la fábrica tenemos todas las garantías. Tenemos seguro y subsidio a pesar de que soy pensionada del mismo oficio y estuvo cotizando toda mi vida. Mis expectativas como la de muchas otras cigarreras es tener una vivienda propia. Yo quiero tener casa propia pero para uno no hay tantas posibilidades. Me gustaría que el gobierno diera más oportunidades con cuotas pequeñas porque si uno gana para pagar casa con qué come, más que todo que den posibilidades a los pobres de tener su vivienda. Yo tampoco tengo pero yo ya logré una pensión, con eso y con lo que me gano aquí sobrevivo muy bien Las ganancias que me ha dejado trabajar con el tabaco siempre han sido una ayuda, un aliciente para el hogar, para los gastos de la casa, beneficios que me permiten colaborarles a mis hijas siempre que están en malas condiciones, se ve la plata pero no se ahorra. En lo personal para mí este trabajo ha sido una terapia: me siento más saludable más enérgica.

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5. AMANDA VARGAS HERRERA VIUDA DE CARRILLO Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros corrientes “El Centauro” Barrio San Rafael
Vengo trabajando en este arte, en este oficio de ser cigarrera desde el momento en que creamos la fábrica. Mi esposo Nelson Chaparro la fundó hace veinticinco años y desde hace diez años cuando murió yo quedé a cargo de la fábrica. Desde muy niña he vivido acá en Piedecuesta y toda mi vida he visto la elaboración de tabacos. De niña aprendí a espalar capote, a hacer lo que son las perillas de los tabacos, muchas cosas del oficio porque toda la vida viví acá y éste ha sido el oficio estrella de toda la vida desde que yo me conozco. Mis abuelas y todos han conocido el trabajo del tabaco acá en Piedecuesta y todavía lo sigue realizando. Recuerdo que en mi juventud las muchachas estudiaban y hacían tabacos porque era un oficio que servía para ayudarse uno mismo. Así ha sido toda la vida. Yo por ejemplo aprendí ayudándoles a mis amigas que desde niñas eran cigarreras. Consolidarse en una empresa como fábrica El Centauro ha requerido mucha sagacidad en el negocio. Hay gente en Piedecuesta que lleva toda la vida haciendo rollos y se quedan haciendo rollos. Por el contrario, mi marido tuvo esa visión desde su casa, el papá tenía una fábrica de tabacos cuando el negocio del tabaco daba rentabilidad, así que él empezó comprando materiales todo lo que es para la industria y todo lo que se utiliza. Pero en un momento determinado se dio cuenta que era rentable montar una fábrica y así empezamos nosotros comprando material en un lado y en otro, haciendo lo que son las picaduras para venderle a la gente. Él tuvo esa visión porque poca gente de acá tenía máquina para hacer picadura, entonces se hizo el esfuerzo de comprar las máquinas y montar todo lo que es la maquinaria para elaborar la picadura y venderle a las personas que hacen tabaco. Así, nos enrolamos en este trabajo y siempre hemos continuado. Luego se vio la oportunidad de sacar al mercado una marca propia para ya vender tabacos, fue entonces así que se crea “El Centauro”, la primera marca. Luego se compró otra marca a otro comerciante de tabaco y hasta ahora la fábrica se ha mantenido, algunas veces con muchos tropiezos y muchísimas dificultades. Ahora, desafortunadamente estamos otra vez en decadencia porque hubo un momento donde hubo una subida en los pedidos y tuvimos hasta unos 35 o 40 fabriquines de tabacos a los que les hacíamos las “compras”. Definitivamente cada día hay más dificultades, lo primero porque cuando mi esposo sacó la marca y montamos la fábrica eran pocas las fábricas en Piedecuesta, hoy hay mucha gente, inclusive de la que nos trabajaba en “compras”, que han empezado a sacar una marquita para comercializarla, pues si yo la empaco le pongo mi marca, la vendo y hago más. Entonces hoy por hoy la competencia es muchísima aquí en Piedecuesta. Considero que se deben estar empacando unas doscientas a trescientas marcas. Son muchas, pero muchas las marcas que están en el mercado hoy. Los problemas afectan al gremio tabacalero, especialmente a la mujer tabacalera, siguen siendo los mismos y siempre continuaran, ni se agravan ni se solucionan. Lo que yo veo es a la misma torcedora, que sigue haciendo sus mismos tabacos, ganándose el mismo salario de acuerdo a lo que ella haga en su casa diaria o semanalmente por sus propios medios, usando las mismas herramientas de trabajo, así todos todos los años se ajuste el precio de la

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elaboración de un mil de tabacos o un mil de rollos. Y aunque muchas veces se ajusta muy bien para las cigarreras de fábricas todo depende de su propio rendimiento, de la necesidad que haya. Si hay escases de tabaco o escases de torcedoras entonces aprovechan ellas para demandar un poco de mejor sueldo por su trabajo, pero como otras veces, como está pasando ahora, cuando no hay trabajo les toca someterse a como les paguen. Inclusive hay veces que se les baja el precio y eso no les sirve ya. Eso generalmente está pasando por las fábricas que no están legalmente constituidas. Se ha intentado a través de muchas acciones el mejoramiento en las condiciones de vida de los cigarreros y cigarreras. En ese sentido desde la fábrica mi esposo gestionó proyectos para que acá se fundaran empresas que mejoraran la calidad de vida: primero de la gente y luego la calidad del producto que nosotros elaboramos acá en Piedecuesta. Aunque se hayan quedado ahí se hizo el esfuerzo, se alcanzó a traer a Piedecuesta asesores extranjeros que estuvieron dictando cursos. Inclusive aquí en la Fábrica se dictó un curso con un maestro-cigarrero dominicano que vino e hizo una capacitación de tabaco fino donde varias personas estuvimos y aprendimos. Se quería sacar un tabaco tipo exportación porque si acá producimos tabaco por qué no podemos sacar un tabaco que se pueda vender en dólares. Eso era una maravilla para el gremio tabacalero, eso levantaría la industria totalmente y tendría reconocimiento hasta nivel mundial. Pero nunca se logró porque la gente de acá piensa que porque lleva ya muchos años en el oficio no tiene nada que aprender ni tampoco dejarse enseñar de nadie. Mi esposo fue un líder bastante reconocido y bastante querido por el gremio, inclusive hay que decir que hoy en día no nos cobran el impuesto al tabaco que es un impuesto altísimo por la lucha que ellos llevaron en una ocasión en la que no dejaron imponer el impuesto de tabaco acá en Piedecuesta. Se lucho desde 1996 y se logró muchísimo para que el tabaco estuviera exento de pagar ese impuesto porque este es un oficio artesanal. Eso se logró gracias a la resistencia que ellos hicieron en esa ocasión. Fue dura pero lo lograron. Después de eso no ha habido algo así, no hemos hecho nada por defender nuestros derechos. Se disperso todo. Cada cual trabaja por su lado, cada cual se sostiene como mejor pueda. En ese entonces a mi esposo lo acompañaron en su resistencia Juan de Jesús Prada y Jesús Pardo. Ellos los tres fueron los líderes, siempre estuvieron ahí al lado de la gente convocando y apoyando, siempre buscando el beneficio y bienestar del gremio. Aunque en el barrio La Feria está el centro de capacitación y Asotracig, en este momento en Piedecuesta no existe una asociación que sea líder, convoque y una a todo el gremio. Eso es sumamente difícil como en todo. Hoy entre el mismo gremio no se da la lucha porque no se mantiene el liderazgo. Un liderazgo como el que tuvo mi esposo no lo ha habido después de su muerte.

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6. MARÍA ROCÍO CABALLERO GUALDRÓN Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros corrientes “Comandantes” Barrio El Centro El trabajo con tabacos lo aprendí con mi papá Ricardo Caballero. Como mi papá tenía fábrica aprendí de todo desde los diez años aunque empezamos primero por el empaque y después empezamos con la elaboración. Como era un trabajo familiar mi papá no nos pagaba, sólo nos daba la alimentación como ayuda. Desde entonces no he trabajado en ninguna otra fábrica, solamente me dedicado a la fábrica familiar cigarros Comandantes. Reconozco que he atendido más al trabajo que el hogar, que he pasado más tiempo en el trabajo, porque se necesita ir al campo a comprar las cosechas, ir a las bodegas a hacer compras, y porque prácticamente soy la administradora desde que murió mi papá. Desde hace dos años dejé de elaborar tabacos pero cuando los hacía me dedicaba desde la elaboración hasta el empaque, manejando siempre la variedad del romo corriente. Hace unos años estuve capacitándome con el SENA, con los cubanos, y hemos estado en varias partes practicando. Hemos ido a diferentes partes a mirar como es la elaboración del tabaco fino para aprender a mejorar el trabajo de uno, y me parece que es igual hacer tanto el fino como el corriente. La capacitación me ha servido además para mejorar la calidad del tabaco y a nivel personal vamos y adquirimos más experiencia y conocimiento para la fabrica. Nosotros mismos aprendemos a sacar adelante la fábrica para mejorar las condiciones de la calidad pero no siempre para mejorar el pago y las ganancias. Cuando estuve dedicada a la elaboración del tabaco producía al día un mil, quinientos u ochocientos cigarros y a la vez iba haciendo todos los oficios del hogar. Me pagaban entre 12000 y 8000 pesos por cada mil, cuando eso era barato. Ahorita ya ha mejorado el precio de la mano de obra porque a medida que uno se va capacitando, va saliendo y va mirando entonces es que va uno recapacitando que el trabajo de las cigarreras hay que valorarlo. Ahora que ejerzo un oficio más administrativo, mi papel y responsabilidades como mujer de la casa son más difíciles de hacer porque no puedo estar a cargo. Si bien el trabajar con el tabaco es un oficio que con mi esposo hacemos por igual, ser mujer empresaria me parece un papel difícil en este sector por las capacidades que hay que tener para desenvolverse. Sin embargo, nuestra empresa se caracteriza por estar conformada en su mayoría por más mujeres, especialmente mis seis hermanas dedicadas en la fábrica a las actividades relacionadas con el empaque. Considero que la situación actual de las trabajadoras del tabaco, especialmente las cigarreras, es causada por el sector económico local porque varias fábricas no pagan lo que realmente deben ganar las torcedoras, no les pagan lo que vale su trabajo, no se le reconoce el precio de su esfuerzo diario. Por ello es que una necesidad sentida de las mujeres cigarreras es también recibir apoyo para capacitarse en tabaco corriente porque acá en los últimos años nos han dado muchas capacitaciones en trabajo fino pero no para el tabaco corriente. Acá todo más se hace es el corriente y nosotros en la empresa no capacitamos. Las mujeres cigarreras necesitan mejorar la calidad de su producto, aprender a hacer un buen tabaco para ganar más y obtener un mejor precio por su mano de obra. Como mujer cigarrera he procurado salir adelante y he dado la oportunidad a otras para que puedan salir adelante y monten su propia empresa porque aquí solo se vive del tabaco: ¡No hay más!.

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7. MARTHA CECILIA SANTOS COTE Cigarrera propietaria de fabriquín Primera presidenta de Asotracig Barrio Hoyo Chiquito Vengo dedicándome a este oficio de trabajar con el cigarro en Piedecuesta desde que tenía nueve añitos. Aprendí desde pequeñita prácticamente con las amigas de la cuadra y jugando con maticas de higuerilla. Uno veía que los familiares trabajaban en eso, claro está que en la casa ninguno trabajo en eso. Simplemente como éramos muy compincheras con las amigas, íbamos donde las vecinas que trabajaban, y de ver todo eso jugábamos a hacer tabacos, inclusive armábamos el puestito. Ya después mirando fue como empezamos porque el que quiere aprender de verdad mira y aprende. Así lo aprendimos nosotras. Cuando ya me fui a vivir con mi esposo formamos una microempresa. Él no sabía nada del tabaco pero yo sí aunque el papá de él tenía la fábrica de Cigarros Gamboa, don Eduardo Gamboa. El fue quien nos prestó todos los utensilios, me explicó cuánto se gastaba para un millar de rollos, cuánto capote, cuánta picadura y a cómo se podía pagar. Yo lo asumí sola a los 17 años y empezamos el fabriquín con cuatro obreras y un rollero. Existe una diferencia entre trabajar en fabriquín y fábrica. Primero que todo por el dinero. En el caso de la fábrica se elabora, da trabajo y puede comprar toda la materia prima a mejor precio porque puede amontonar, puede darla para que los demás la trabajen. Antiguamente así se utilizaba, ellos daban todas las cosas para que uno trabajara, le daban a uno la picadura, la capa y el capote. Entonces ellos le ponían un precio menor a la picadura, un precio al capote y un precio a la capa y debido a eso uno les iba trabajando. La mayoría de fábricas hoy en día están trabajando es tabaco fino y las “compras” a los los fabriquines solo es de corriente, o el popular. Debido a eso las obreras de las fábricas trabajan mejor, y también la que trabaja ahí gana mejor porque no les pagan por millar sino el pago mensual. Les dan el mínimo, no interesa la cantidad sino la calidad. Una necesidad sentida del gremio es que como muchas mujeres que se dedican al oficio del tabaco son madres solteras, madres cabeza de hogar sobre todo, ellas necesitan mucha más capacitación. Las que trabajan de sueldito en las fábricas les va mejor, pero a las independientes de los fabriquines no les va bien porque hay mucha gente que se aprovecha de su condición y necesidad. Yo estuve trabajando un tiempo en una fábrica donde a una obrera no le pagaban más de 18 mil pesos el millar mientras todo el mundo lo estaba pagando a veinte mil, e inclusive a 22 mil, entonces ya se evidencia una diferencia.

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Hace años se hicieron algunos intentos por mejorar el trabajo del tabaco y a su vez capacitar a la gente en tabaco fino. Fue en la administración de Fernando Moreno cuando se empezó a montar la Asociación de Trabajadores del Cigarro (Asotracig). Quienes nos dieron la idea fueron dueños de fábricas como Nelson Chaparro, Juan y Jesús Cartagena. Se tuvieron varios buenos representantes del gremio en ese tiempo. Ellos tenían más o menos poder. Fue entonces cuando me nombraron presidenta de asociación de tabacaleros, se formó la asociación y muchas empresas como la Cámara de Comercio empezaron a colaborar, a querer formar cuestiones de microempresa o capacitaciones para los empresarios. Ellos nos decían cuando se hacían las reuniones y nosotros le mandábamos a avisar a todos los de las fábricas. Se capacitaron muchas personas, inclusive de ese proceso fue donde nació la fábrica de cigarros “Chicamocha”. También nos ayudaron Ecopetrol, Fedetabaco y don Heliodoro. Finalmente tuvimos capacitaciones con un instructor que nos dio el SENA durante dos o tres años. Nos propusimos formar a los cigarreros que tradicionalmente elaboraban el cigarro criollo o corriente de Piedecuesta para que pasaran a elaborar tabaco fino. Fue un poco difícil, aunque la idea siempre fue de de Nelson Chaparro. Él viajaba para todas partes y él todo eso lo conocía. Fue él quien empezó con mejorar la calidad del tabaco y las condiciones de los que trabajan con el tabaco principalmente al hacer tabaco especial con el que ganara uno más y no se fregara tanto. Pero eso ha sido difícil. El problema empezaba por el campo, tocaba empezar por la raíz, porque los caneyes los tenían que forrar para el control de la humedad. Todo se hizo en capacitaciones, inclusive Nelson lo hizo en sus fincas donde sembró dominicano y saco varias variedades de tabaco. Lo que paso fue que la parte donde él tenía la finca y todo eso la tierra no era muy apta, y lo otro, fue que también donde medio se pudo dar no lo cuidaron como tenía que ser. Han sido muchos años de trabajo duro para cambiar las condiciones de vida de las cigarreras, empezando porque antiguamente nos daba pena decir “yo hago, yo vendo tabacos”. Nosotros fuimos cambiando toda esa mentalidad, les decíamos: “que cosa más hermosa que usted está trabajando en su casa, que está cuidando a sus hijos, que está cuidando su hogar, entonces usted no tiene por qué avergonzarse de eso”. Que nos da pena porque nos ven la manita así manchada: No, eso es un honor y pues para mí que tengo un frabriquincito todavía debe serlo más porque torcer tabacos es una fuente de vida. De ahí dependemos, pagamos arriendo y de ahí vivimos. Entonces por qué nos vamos a menospreciar nosotras mismas si es un arte muy hermoso, es una cosa que no lo sabe hacer cualquiera. Es una cosa manualita con la que usted desde su casa se defiende. ¡Que cosa más linda!.

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8. GLORIA ACEVEDO Cigarrera propietaria de fabriquín Barrio Villanueva

Inicié como obrera porque he sido ante todo una obrera. Esa primera etapa de mi vida como trabajadora de tabaco la inicié a los once años en el fabriquín de doña Genoveva Serrano. Aprendí en tres días porque me gustaba, fui mirando a uno y mirando a otro, y sobre todo, por la intención que tenía, por el interés de querer salir adelante. Mi meta era: “lo voy a hacer y se hace”. Con la elaboración del tabaco empezó primero mi hermana, en el resto de mi familia casi ninguno sabía de tabacos. Por un seudónimo que usaba un hermano se me conoce desde entonces como “Gloria Macabeo”. Mi familia tejía sacos, hilaban en su telar, pero yo nunca aprendí porque a mí no me fascinaba. Me gustaban mucho los tabacos y me han gustado. Así he aprendido y he luchado. Como he sido poco pegada a todos los gremios tabacaleros, he sido más bien una persona independiente, mi labor empezó con Rodrigo Rosas, él ya murió. Después cuando fui patrona de mi propio fabriquín mantuve mi independencia, y después de 17 años decidí dar el tránsito de pasar de fabriquín para “compras” a manejar mi propia marca. No he tenido ninguna dificultad, por el contrario, nos va mejor porque siendo patrón uno gana más sin tener que llevarlos a la fábrica. Uno aspira a que su marca en el mañana pegue igual a las marcas de otras personas que están en lo alto, sobre todo porque antes la materia prima era mucho mejor, se vendía mejor, no había tanta competencia como ahora que cualquiera hace va y vende así no tenga marca va y vende. Le hace competencia desleal al que si paga todos los impuestos, le hace un daño sin querer. Ese cambio que ha tenido la producción de cigarros de Piedecuesta al ir cambiando las variedades del cigarro corriente por las vitolas del fino depende del que quiera salir más adelante, surgir más, mejorar sus capacidades. Sin embargo, No creo que todo el mundo nos dediquemos al fino, no lo creo, porque todos no lo hacemos. Yo por ejemplo soy una torcedora y dueña de fabriquín que no hago tabaco fino, hago sólo corriente. Todo depende de la capacidad que cada cual tenga. En este gremio como en muchos otros, las cigarreras no dejamos de tener necesidades. Como obreras nos empeñamos en hacer la tarea porque es difícil conseguir el trabajo con una empresa, porque la empresa no nos va a dar ese trabajo con sólo llegar y pedirlo, porque tienen primero que hacer pruebas para ver si se sabe o no sabe hacer su oficio. Es por eso que cualquier obrera como las que yo tengo no pueden irse para una fabrica. El gremio del tabaco mueve mucho la economía de toda Piedecuesta. Los negocios se mueven por el tabaco porque sino hubieran tabacaleras no habrían tiendas porque ¿quién iría a consumir?. Todos se benefician del gremio del tabaco. Una cigarrera

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no come ni se viste sino tiene plata, no podría comprar ni hacer mercado. Hay barrios de Piedecuesta donde trabaja toda la familia, desde el más pequeño hasta el viejito. Aquí yo hago tabaco y el marido mío trabaja también es en eso. Si uno no sabe hacer nada más entonces uno qué más hace. Cada quien debe buscarse la manera de trabajar. Aquí en Piedecuesta casi todo el mundo dice ser cigarrero, sin embargo, hay muchos políticos y funcionarios que no saben cómo se tuerce un tabaco. Aquí en Piedecuesta el gremio del tabaco es muchísimo, todo el mundo trabaja en cada barrio porque no hay barrio en donde no se haga tabaco, que no tenga su estilo de fabriquín o que le trabajen a un fabriquín. A pesar de que es una forma de trabajo como cualquier sigue siendo desvalorizado como si el tabaco fuera algo muy bajo, como si fuera un oficio de gente baja, de gente del común. Desearíamos como mujeres cigarreras que hubiera una organización, alguien que se preocupara por el gremio tabacalero porque hay muchísima gente que con lo que se ganan no les alcanzan para comer, para pagar arriendo, para vestir a sus hijos y darles educación. Es necesario que alguien de los cigarreros entre al Gobierno y gestione algún convenio. Que cada cigarrero o cigarrera pueda participar en los programas oficiales porque hay mucha gente que no puede pagar su salud porque no le alcanza a quedar los sesenta y nueve mil que vale la mensualidad de una EPS. El gobierno debería quitar el impuesto al tabaco para que toda la gente que dependemos de ese trabajo podemos seguir elaborándolos. Esos impuestos y todas las prohibiciones que impone el gobierno nos afecta. ¿Qué vamos a hacer los que no sabemos hacer nada más que tabacos?. Este es un oficio artesanal, todo se hace a mano desde los rollos. Nosotros necesitamos personas que puedan ayudarnos a salir adelante, que nos den más trabajo a nosotros. Yo lo hago hoy vendiéndoles el tabaco que hacen mis obreras a varios señores pero si ellos no pueden comercializarlos, ni nada, así lo quieran ayudar a uno no pueden porque tienen todos esos impuestos y prohibiciones persiguiéndolos. La mayoría de las piedecuestanas somos tabacaleras pero ser obreras de una fábrica es una cosa y otra muy distinta ser torcedora y tener una empresita pequeña. Ser obrera de fabriquín tampoco es igual a ser una obrera de una fábrica en donde se constituye un contrato de trabajo con todos los derechos y obligaciones legales. En un fabriquín si usted trabajó un mil se gana los dieciocho mil pesos o veinte mil que se pagan, los cuales pasan a ser parte de su bienestar y el de su familia. Pero si usted no trabajó, no ganó.

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9. MARTHA REYES QUIJANO Cigarrera propietaria de fabriquín Barrio La Cantera A la edad de 7 años empecé anillando y trabajando en el empaque del tabaco. Mi mamá era hilandera de fique y mi papá era tabacalero, él fue quien me enseñó. Mi patrono en ese entonces era mi papa, a él le daban el empaque y el necesitaba buscar anilladores por eso empecé anillando. Mi papá era el que cobraba y nos daba para los dulces. Después fui creciendo y cuando ya tuve mi uso de razón la plata la trabajaba ya era yo. Me pagaban a 600 o 550 pesos. Se me conoce popularmente como “Caritas” tal vez por mis gestos cuando habló de forma franca y directa como la mayoría de los piedecuestanos. Cuando tenía 15 años de edad empecé a trabajar con don Alfredo Silva como obrera y pues esa semana me salió la capa muy fea y no me rindió, entonces me retiré. Tiempo después volví y empecé entre a trabajar desde los 18 años y salí como a los 24 años de donde don Alfredo. En esos años a nosotras las obreras nos dejaban tener ahí al lado a los hijos por eso mi hija mayor le dice todavía “tío” a don Alfredo. Tiempo después estuve trabajando donde Don Hernando Aguilar, quien ya se retiró del tabaco. Luego de ahí pasamos donde don José Correa, Urtiano Roa, llegué a trabajar en cigarros Picasso. En ese entonces era el dueño Manuel Roa, ya fallecido. Otros de mis patrones como torcedora fueron Pedro Galindo y Ubaldo Gamboa. He sido muy pegajosa con mis patrones y por eso duraba. Cuando decidí poner el fabriquín por mi propia cuenta, un señor me regaló dos mesoncitos y dos cortadores. Me dijo: ¡arranque!, eso fue hace 14 años. Inicié haciendo el tabaco que llaman reinita para llevar para San Antonio del Táchira pero no me gustó por la viajadera, y lo otro era que llegábamos con hambre y cansados del viaje y nos decía que plata no había. Tocaba fiado. Entonces así no daba porque estaba empezando y no podía estar fiando. Fue entonces cuando Rafael Largo me contactó con el señor Edmundo Acevedo Rueda, el dueño de cigarros Humos Seda. Un patrón para quienes nosotros somos como sus hijos. Lo conocí, y de ahí para acá he trabajado con él. Él es como mi papá, como el papá de muchas cigarreras. En la actualidad tengo 49 años y todavía sigo dedicada a esta labor. Sigo torciendo tabacos, poseo un pequeño fabriquín en donde trabajan conmigo cuatro señoras y un rollerito. Aunque hizo dos cursos y me gradué haciendo cigarros finos, en la actualidad sigo haciendo “chicotes”, los cigarros corrientes de combate, por los que siempre se ha caracterizado Piedecuesta al estar hechos de hojas corrientes que se cosechan en Palogordo y Chocoita porque para hacer tabaco fino se necesita tener mucha plata porque el material importarlos y es muy costoso. Del corriente hay torcedoras que no hacen un mil en dos días, no les rinde, Yo hago quinientos diarios. Ahora como estoy en campaña para el Concejo, y como mi campaña es puerta a

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puerta porque no tengo recursos para más publicidad, no me dedico a torcer sino a entregar material a mis obreras. Son mis dos hijas las que están torciendo, una hace 1000 y la otra 1500. En barrios populares de tabacaleros como La Feria o La Cantera se hacen visibles todas las necesidades. Es muy rara la torcedora que tiene casa propia. No se nos ha dado esa oportunidad de construir unas 60 casas para el gremio tabacalero, que nos las den sin una cuota inicial, con un arriendo fijo o una cuota fija de 400 o 500 mil pesos al mes. Han salido casas de interés social pero de dónde va a sacar una tabacalera para la cuota inicial y mientras se la entregan le toque seguir pagando arriendo. Eso no se puede, además no tenemos un seguro médico. Las expectativas que les dejo a mis electores del gremio de los tabacaleros es proponer un plan de vivienda donde no se nos pida cuota inicial, un proyecto o un plan de vivienda sólo para los tabacaleros de comprobarse que son minoristas, y sobre todo un buen vivir al logar que las mujeres cigarreras nos valoricen. Desafortunadamente, la clase tabacalera es y ha sido la más pobre, siempre nos han “pordebajeado”. Si tenemos para darle la primaria a los hijos no tenemos para darle el bachillerato. He sido y me siento una mujer luchadora. Siempre he sido líder de revoluciones, me ha gustado ser revolucionaria, he peleado por cosas que lastiman a mi gente. En el mandato de Miguel Ángel Santos hice varias revueltas porque siempre querían apretarnos a los tabacaleros, en el Mandato de Ludwing Valero también hice una trifulca por los servicios públicos. En el mandato de Fernando Moreno, en ese entonces el Presidente era Andrés Pastrana, se les ocurrió colocarle el 16% al tabaco cosa que a nosotros nos mataba. Yo me revolqué y hubo mucha gente tabacalera que me apoyó, entonces llegamos a un acuerdo que tocaba viajar a Bogotá y sino viajábamos nos tomábamos la vía nacional en el sitio del ICP. Llegué a la Cámara de Representantes, estuve con el Ministro de Trabajo Angelino Garzón y en la DIAN hablé con Guillermo Fino. Días después el señor Fino llegó al palacio de la alcaldía y pidió que una comisión de cigarreros estuviera ahí para reconocer nuestro triunfo: haber logrado quitar el 16% del IVA al cigarro torcido a mano.

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10. MARTHA YOLANDA NIÑO CARREÑO Honorable Concejal de Piedecuesta Ex cigarrera - propietaria de fabriquín Soy una mujer netamente Piedecuestana. Provengo de una familia tabacalera: mis ancestros, todos mis ancestros, por generación tuvieron marcas de cigarros, fueron grandes empresarios y productores de tabaco en rama. Mi experiencia y defensa de los tabacaleros nace porque en mi casa se tenían grandes fábricas de tabaco, exportaban tabaco. Mi madre y mi abuela vendían y le compraban a la gente del campo el tabaco en hoja, se hacían bultos, y esos bultos se iban a vender a la bodega tabacalera, que en ese entonces existía dentro de la plaza de mercado en Piedecuesta. Cuando yo estaba pequeña existía la fábrica de don Antonio Leal y la fábrica de don Marcos Carreño. Eran las dos grandes fábricas que congregaban a las cigarreras más capacitadas. Recuerdo que mi mamita hacia tabaco fino en un salón como de medio parque de grande y eran muchas mujeres. Los rolleros estaban a un lado y las mujeres al otro, así como los hijos de las obreras estábamos ahí al lado de ellas. A ellas las recibían así. Fue por eso que yo aprendí a hacer el fino desde muy niña porque allá le enseñaban. Uno aprendía, estudiaba y al mismo tiempo trabajaba. Con el tiempo me casé con un tabacalero. Madrugábamos desde las dos de la mañana a trabajar, me levantaba a ayudarle hacer rollos, a dejar hechos los alimentos y a irme a trabajar a la Alcaldía de Bucaramanga. Tuvimos fabriquín con más de treinta obreras y empezamos a hacer tabaco en cantidad. Luego ya con el tiempo fuimos estudiando, preparándonos y poco a poco nos fuimos aislando del oficio manual más no de la identidad de corazón por el trabajo porque en Piedecuesta casi un 30% de la población aun vive y subsiste económicamente con lo que gana con ese trabajo. Como Concejal municipal desde hace una década me he preocupado por capacitar en calidad y presentación el tabaco que se elabora en Piedecuesta, mejorar la producción, pasar de un tabaco ordinario criollo a un tabaco más elaborado, fino, tipo exportación. Para que las actuales mujeres cigarreras mejoren su situación económica y social necesitan capacitarse con el SENA. El Municipio tendría que volver a pedir otra capacitación para los cigarreros, enviarnos los docentes, que ellas se capaciten, y finalmente, a través de las grandes fábricas de Piedecuesta que realicen sus prácticas. Es así como yo pienso que se puede llegar a que las mujeres cigarreras con más dificultades puedan dejar de hacer el tabaco que yo llamo “mediocre” y pasen a ser artesanas capacitadas capaces de ser contratadas como buenas empleadas por las grandes fábricas de tabaco. Pero a las grandes fábricas también hay que motivarlas a través de la Nación y a través del Departamento porque los impuestos los absorben demasiado. Se debe buscar cómo llevar un proyecto de ley a los Congresistas para que ellos a su vez discutan y aprueben la disminución en parte esos impuestos porque no solo Piedecuesta hace tabaco fino y corriente. También están siendo los tabacaleros de Socorro, San Gil, Girón, Floridablanca, Bucaramanga. También se requiere que la Cámara de Comercio dicte más capacitaciones para que los tabacaleros y la gentes del campo empiecen a sembrar cultivos de tabaco con mejores cuidarlos y asegurarse en obtener buenas ramas y hojas para elaborar los puros piedecuestanos.

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En la época de Raúl Cardozo presenté un proyecto con el que quise motivar al cigarrero a vender un tabaco especial que beneficiara a todos porque aquí hay fábricas donde sus obreras van a trabajar con su bolso y bien elegantes como cualquier empleada o funcionaria de la alcaldía. Así quisiéramos ver a todas aquellas obreras que aún siguen vestidas con sus pantuflas, su pantaloneta y en su casa torciendo tabacos corrientes. Esa es la visión a donde queremos llegar, hace años estuvimos a través de la asociación de cigarreros (Asotracig) que queda en el barrio la Feria preparando preparo a la gente con la ayuda del SENA; exponiéndoles cómo es la forma para que a través de esa entidad se les empezara a dar certificados de aptitud ocupacional a muchos cigarreros y cigarreras de nuestro municipio. Fue un proceso que se hizo en la anterior administración y la verdad en este periodo ha estado un poco quieto, nos faltó de pronto más motivación. De igual modo promoví realizar el día del tabacalero el mismo día de la Piedecuestaneidad o cumpleaños de Piedecuesta (26 de julio) porque el tabaco es uno de los principales patrimonios de las gentes populares que hemos nacido y nos hemos criado en Piedecuesta. El tabaco y el trabajar con tabaco es patrimonio porque muchos de los que fuimos tabacaleros hoy somos profesionales y somos grandes líderes porque hemos venido de ese gremio, subsistimos gracias a ese trabajo. Incluso, concejales y alcaldes de Piedecuesta que han pasado a la historia fueron rolleros, entonces yo pienso que los tabacaleros no deben avergonzarse de lo que fueron, de lo que son y de lo que pueden ser. Parte de mi gestión como una persona que conocí y vengo del mundo del tabaco también ha sido mejorar las condiciones vida de las mujeres cigarreras. Por eso a través de la Secretaría de Desarrollo Social en el anterior cuatrienio se trabajó con psicólogas, con personal profesional, para que a ellas se le diera, se les enseñaran la importancia de tener uniforme, de usar un delantal y una careta para cuidarse su salud. Eso es lo queremos primero. Lamentablemente en los municipios los recursos presupuestales son muy escasos y se puede hacer más así los lideres tengamos hayamos tenido proyectos muy buenos para las comunidades. Sin embargo tengo conocimiento que durante esta administración se dictaron unas charlas para el personal tabacalero; eso es lo único que en esta administración se ha venido haciendo. Sin embargo cuando uno ha vivido la experiencia de ser mujer cigarrera trata de sacar a muchas personas de allá. En este momento hemos capacitado a través de la fundación FUNDECOL, Fundación para el desarrollo Colombiano, a mujeres cigarreras que desean aprender otros oficios como el de la belleza para que puedan montar su propio negocio. No queremos acabar el tabaco, se necesita que el tabaco sea producido para garantizar una mejor calidad al ser tipo exportación. Queremos llegar a las personas que por su cultura y su educación no quieren continuar trabajando en esas condiciones. Necesitamos agremiarlas en otros artes u oficios, y con el tiempo allá donde queda la sede de la asociación se monte un albergue para aquellos ancianos y ancianas cigarreras que por años han dedicado su vida a la elaboración del tabaco y no tuvieron derecho a una pensión. El sector del tabaco es bueno si lo capitalizamos como un producto tipo exportación. Sería muy bueno como se hacía antes que las señoras pudieran llevar nuevamente sus hijitos al sitio de trabajo para cuidarlos, para enseñarles el oficio, como cuando mi mamá trabajaba en esa gran fábrica de don Antonio Leal y lo sentaba a uno ahí al lado. Uno se sentaba quieto ahí a jugar con el recorte y ahí era donde uno iba aprendiendo. Yo realmente aprendí a hacer tabaco fino tipo exportación fue allá: a los pies de mi madre.

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Margot Martínez de Fuentes. Maestra – cigarrera de finos de Cigarros “Gamos”

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ANEXO PROCESO DE IDENTIFICACIÓN Y RECOMENDACIONES DE SALVAGUARDIA (PIRS) DE LA S MUJERES CIGARRERAS DE PIEDECUESTA COMO PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL FICHA DE REGISTRO PARA MANIFESTACIONES DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL 1. IDENTIFICACIÓN DE LA MANIFESTACIÓN 1.1 CÓDIGO DE PIRS (lo genera el sistema sinic) 1.2 CLASIFICACIÓN 1.2.1 Grupo patrimonial: (lo genera el sistema sinic) 1.2.2 Tipo de manifestación: Las técnicas de elaboración de instrumentos 1.2.3 Observaciones a la clasificación: Elaboración de objetos de consumo popular 1.3 DENOMINACIÓN 1.3.1 Nombre con el que se conoce la manifestación: Mujeres Cigarreras de cigarros finos (puros) y corrientes (chicotes) de de Piedecuesta (Santander, Colombia). 1.3.2 Nombre con el que la comunidad portadora conoce la manifestación: Los miembros de la comunidad de Piedecuesta tradicionalmente reconocen a las mujeres cigarreras como “obreras” a quienes trabajan en fábricas elaborando cigarros finos (urps) y como “chicoteras” a las trabajadoras independientes y/o domésticas que elaboran cigarros corrientes (chicotes). 1.3.3 Resumen de la manifestación: Las mujeres cigarreras son trabajadoras asalariadas o independientes que hace doscientos cincuenta años elaboraban los cigarros para uso doméstico o local, siendo transformada su actividad en una actividad de exportación desde hace ciento cincuenta años al decaer y quebrar la exportación de solo el tabaco en rama, siendo desde entonces diferenciada social, económica y culturalmente su actividad entre las cigarreras especialistas en hacer puros y las cigarreras artesanas en hacer cigarros corrientes (populares, criollos, ordinarios ó “chicotes”). Coordinación general: Secretaría de Desarrollo Social de la Alcaldía Municipal de Piedecuesta Asociaciones cooperantes: Asociación de trabajadores artesanales de cigarros de Piedecuesta (Asotracig) Instituciones participantes: Fábricas y fabriquines de cigarros del Municipio de Piedecuesta 1.4 LOCALIZACIÓN 1.4.1 La manifestación se expresa en: el área de expresión transnacional ya que los cigarros finos son exportados y consumidos en toda América y gran parte de Europa, así como los cigarros corrientes son comercializados en los países andinos 1.4.2 Alcance: Por ser una expresión transnacional los cigarros finos elaborados en Piedecuesta son conocidos, divulgados, consumidos y comercializados como una artesanía

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de alto valor y precio internacional como se puede reconocer en sitios virtuales como http://www.foropuros.com/Tema-Acabo-de-recibir-los-Chicamocha 1.4.3 La comunidad concibe el área de influencia de la manifestación como: - Área local: asociada con los barrios en dónde se producen los cigarros finos y corrientes por parte de las fábricas de pequeños industriales como por los fabriquines artesanales. - Área Municipal: asociada con el nombre de las fábricas y marcas comerciales que dan empleo a las mujeres cigarreras de Piedecuesta y el área metropolitana de Bucaramanga - Área Nacional: asociada con los departamentos y ciudades que demandan y consumen los cigarros de segunda y tercera calidad, especialmente la costa norte y el antiguo Caldas - Áreas Transnacionales: asociada con las ciudades y países de América y Europa que demandan y compran vía comercio-electrónico los cigarros extrafinos elaborados por las mujeres cigarreras de Piedecuesta 1.5 PERIODICIDAD 1.5.1 ¿Cada cuánto se expresa la manifestación?: Cada día laboral de la semana: Lunes a sábado. 1.5.2 ¿Existen fechas calendario en las que la manifestación se expresa?: No. 1.5.3 ¿Cuáles?: No 1.5.4 ¿La manifestación está asociada a una temporalidad particular?. Los cigarros se elaboran en las fábricas de puros en jornadas laborales convencionales de 7 a 5 pm, mientras que en los fabriquines artesanales las mujeres cigarreras son libres e independientes de producir al depender sus ingresos de la cantidad de cigarros que elabroen semanalmente. 1.5.5 ¿A cuál?: Jornada laboral semanal 1.5.6 ¿La comunidad asocia la manifestación con una temporalidad particular?: No 1.5.7 ¿Con cuál?: Ninguna 2. CARACTERÍSTICAS DE LA MANIFESTACIÓN 2.1 PERMANENCIAS Y TRANSFORMACIONES 2.1.1 ¿De dónde surge?: La elaboración manual de cigarros finos o corrientes es un oficio artesanal aprendido en las fábricas y fabriquines de Piedecuesta 2.1.2 La comunidad traza el principio de la manifestación en… Las grandes fábricas de cigarros que existieron en Piedecuesta hasta mediados del siglo XX 2.1.2 ¿Qué transformaciones ha tenido?: Los cigarros fin con vitolas españolas o cubanas (habanos) decayeron en la segunda mitad del siglo XX para dar paso a cigarros de segunda (romos y reinas anillados) y tercera calidad (panetelas, calillón y calillas). Sin embargo, desde 1987 fábricas de cigarros piedecuestanas como “Gamos” reestablecieron la producción de cigarros finos y extrafinos, siendo masificada esa alternativa de producción desde el año 2000 con el apoyo del SENA y la Cámara de Comercio de Bucaramanga, siendo “Cigarros Chicamocha” la fábrica y marca representativa de esa transformación de los cigarreros tradicionales en cigarreros productores de puros tipo exportación

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2.2 DESCRIPCIÓN 2.2.1 ¿Cuáles son sus principales características?: Las mujeres cigarreras son trabajadoras asalaridadas o independientes que por más de cien años han producido cigarros finos y corrientes, heredándose de madres a hijas ó de maestras–artesanas a obreras los conocimientos en la producción de cigarros corrientes y finos. 2.3 TRANSMISIÓN 2.3.1 ¿Cómo se transmite?: La transmisión, divulgación, preservación y proyección del oficio de las cigarreras de Piedecuesta se da por medio de procesos de enseñanza y control de calidad de madres a hijas ó de maestras–artesanas a obreras. 2.4 CONTEXTO ¿Cómo se relaciona la manifestación con la comunidad, el medio y otras manifestaciones? 2.4.1 La comunidad: Se considera que por lo menos el 25% de la población urbana de Piedecuesta son mujeres cigarreras cabeza de cuyo trabajo depende sus familias. 2.4.2 El medio: Los cigarros puros se elaboran en fábricas de renombre y reconocimiento público, por ejemplo “Gamos”, “Puyana”, “Picasso”, “Chicamocha”, entre otras; los cigarros corrientes son elaborados en los fabriquines existentes al interior de las casas domésticas de los barrios más populares de la ciudad de Piedecueta, siendo comprada la mayor parte de su producción por las fábricas empacadoras de cigarros corrientes como “Comandante”, “Humos Seda”, “El Centauro”, etc., así como otros optan por comercializar sus “chicotes” con sus propias marcas. 2.4.3 Otras manifestaciones: A la par de la conmemoración institucional del “Día de Piedecuesta y la Piedecuestaneidad” (26 de julio) algunos empresarios y concejales municipales han celebrado el “día del tabacalero” por medio de competencias entre los rolleros y las cigarreras al realizar en el menor tiempo y con la mejor calidad sus artesanías a base de tabaco negro. 3. COMUNIDAD PORTADORA 3.1 DESCRIPCIÓN GENERAL: 3.1.1 Se llama a sí misma La comunidad portadora y conservadora de la manifestación son las “obreras” y “chicoteras” que trabajan en las fábricas de cigarros finos y los fabriquines de cigarros corrientes de Piedecuesta 3.1.2 Se siente parte de: un orden económico y social de los barrios más populares de la ciudad de Piedecuesta, e incluso de veredas semiurbanas como por ejemplo Pajonal – Monteredondo, cuyas mujeres cigarreras campesinas son contratadas y capacitadas por Asotracig. 3.1.3 Puede catalogarse étnicamente como: una manifestación propia de ciudadanos “libres y de todos los colores” al no ser manifiesta la existencia o participación principal ni directa de las minorías étnicas reconocidas por la Constitución Política de 1991. 3.1.4 Puede catalogarse por su pertenencia a un lugar como: urbana

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3.2 DESCRIPCIÓN PORTADORES DE LA TRADICIÓN 3.2.1 ¿Quiénes tienen los conocimientos sobre la manifestación?: Las propietarias y administradoras de las fábricas y fabriquines quienes actúan como contratantes o maestrosartesanas de las mujeres cigarreras que desean aprender, así como las aprendices enseñan a sus hijas o subempleadas al interior de sus casas 3.2.2 ¿Quiénes la practican?: En las fábricas todos los trabajadores de la cadena de producción. En los fabriquines las mujeres propietarias y trabajadoras de los mismos. 3.2.3 ¿Entre quiénes se transmite? La transmisión se hace entre mujeres cigarreras expertas a mujeres cigarreras aprendices que encuentran en hacer cigarros una alternativa doméstica, artesanal y permanente de ingresos laborales. 4. SALVAGUARDIA 4.1 Estado de la manifestación: Si bien las mujeres cigarreras se dividen en dos grupos socioeconómicos y culturales: las obreras de cigarros finos en las fábricas y las trabajadoras independientes (chicoteras) en los fabriquines, desde el año 2000 las instituciones municipales han gestionado con los líderes y las asociaciones de cigarreros varios procesos de capacitación en seguridad industrial y producción de cigarros finos para masificar su producción en el Municipio, y consigo mejorar las condiciones de vida de las cigarreras independientes. 4.2 Recomendaciones 4.2.1 Ámbito de Identificación: Promoverse anualmente el reconocimiento y la declaratoria pública como Patrimonio – vivo- Cultural Inmaterial de las mujeres cigarreras más destacadas o de mayor tiempo y dedicación 4.2.2 Ámbito de documentación y registro: Divulgar entre las fábricas, fabriquines, instituciones públicas, establecimientos educativos, etc., la investigación titulada: “Mujeres Cigarreras e identidad piedecuestana: Historia económica y social del tabaco, los cigarros y las cigarreras como Patrimonio Cultural Inmaterial del Municipio de Piedecuesta, Santander, Colombia” como resultado público del proceso PIRS adelantado por la Alcaldía de Piedecuesta. 4.2.3 Ámbito de fortalecimiento institucional: Fomentarse programas de vivienda subsidiad y seguridad social para las mujeres cigarreras e independientes. 4.2.4 Ámbito de fortalecimiento a la transmisión de la tradición Documentarse anualmente por medio de historias de vida, la vida y obra de las mujeres cigarreras declaradas como Patrimonio –vivo- Cultural Inmaterial de Piedecuesta.

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4.2.5. Ámbito de sensibilización y capacitación Dar continuidad las instituciones públicas a los procesos de capacitación en la elaboración y mejoramiento de la producción de cigarros finos y cigarros corrientes 4.2.6 Ámbito de difusión Dar continuidad al día del tabacalero como espacio de encuentro, reconocimiento y exaltación pública de las mujeres cigarreras

5. ASPECTOS METODOLÓGICOS 5.1 Obtuvo la información por medio de una persona o un grupo de personas de la comunidad: Se seleccionó con ayuda de los propietarios, propietarias y trabajadores de fábricas y fabriquines de cigarros una muestra de diez mujeres caracterizadas por ser cigarreras propietarias, trabajadoras o retiradas del oficio manufacturero local. 5.1.1 SI RESPONDIÓ UNA PERSONA DE LA COMUNIDAD 5.1.1.1 Nombres completos: Fueran entrevistadas por medio de un cuestionario estructurado en los lineamientos e informaciones requeridos en la ficha de registro las mujeres cigarreras: 1. JUSTA GUALDRÓN Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros finos “Gamos”, Barrio Hoyo Chiquito

2. MERCEDES URREA Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros finos “Noel”, Barrio Hoyo Grande

3. NELLY CARRILLO Cigarrera trabajadora de fábrica y fabriquín retirada, Barrio San Antonio

4. MARGOT MARTÍNEZ DE FUENTES Cigarrera trabajadora de la fábrica “Gamos”, Barrio Hoyo Chiquito

5. AMANDA VARGAS HERRERA VIUDA DE CARRILLO Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros corrientes “Centauro”, Barrio San Rafael

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6. MARÍA ROCÍO CABALLERO GUALDRÓN Cigarrera propietaria de la fábrica de cigarros corrientes “Comandantes”, Barrio El Centro

7. MARTHA CECILIA SANTOS COTE Cigarrera propietaria de fabriquín, Expresidenta de Asotracig, Barrio Hoyo Chiquito

8. GLORIA ACEVEDO Cigarrera propietaria de fabriquín, Barrio Villanueva

9. MARTHA REYES QUIJANO Cigarrera propietaria de fabriquín, Barrio La Cantera

10. MARTHA YOLANDA NIÑO CARREÑO Honorable Concejal de Piedecuesta, Ex cigarrera - propietaria de fabriquín 5.1.1.2 ¿Cuál es su relación con la manifestación?. Todos los entrevistados contribuyeron a reproducir, expresar, conocer y transmitir la manifestación al haber estado o estar directamente relacionados con la misma como mujeres cigarreras propietarias o trabajadoras de fábricas y fabriquines de cigarros en Piedecuesta 5.2NOTAS /OBSERVACIONES: Las entrevistas realizadas fueron audiograbadas dando los entrevistados su consentimiento. 6. REGISTROS DOCUMENTALES ASOCIADOS 6.1 Bibliografía:
ANCÍZAR, Manuel. Peregrinación de Alpha por las Provincias del Norte de la Nueva Granada en 1850 y 51. Bogotá: Librería de Echeverría Hermanos, 1853. Cap. 31, p. 398 – 399. ARS. Ed. 1933-1934: Album de la República de Colombia. Bogotá: Tipografía Velásquez, 1934. CALDWELL, Erskine. El camino del tabaco. Bogotá: Oveja Negra, 1985. P. 23 COLMENARES, Germán. Comp. Relaciones e informes de los Gobernantes de la Nueva Granada. Bogotá: Banco Popular, 1989. T. 2 COLOMBIA. Codificación Nacional: 1819 – 1851. Bogotá: Imprenta Nacional, 1924 – 1929. 14 tomos. CRONISTA. Una visita a la fábrica de cigarros “La Hamburguesa”. En: La Vanguardia Liberal. Bucaramanga. 22, dic, 1919. P. 62 D’ANTORMARSE. Desarrollo industrial de Santander: En la fábrica de Cigarros La Herradura. En: Ibíd. P. 65 DÍAZ DE ALMEIDA, Carmen Cecilia. Piedecuesta: Mi patria chica. Piedecuesta: Formas Gráficas, 1995. P. 22 - 23 DÍAZ, Eugenio. Manuela. Cali: Carvajal, 1967. Cap. XX: Ambalema.

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DUQUE GÓMEZ, Luis. Prehistoria: Los Guanes. En: Historia Extensa de Colombia. Bogotá: Academia Colombia de Historia – Lerner, 1965. Vol. I, T. 2, P. 594 ESPINAL, Carlos y MARTÍNEZ, Héctor. La agroindustria de tabaco en Colombia: El negocio de los cigarrillos y los cigarros. Bogotá: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural- Observatorio Agrocadenas Colombia, 2005. P. 9 - 11 ESPINAL, Carlos y MARTÍNEZ, Héctor. Observatorio Agrocadenas Anuario 2005: Agroindustria y competitividad. Estructura y dinámica en Colombia. Bogotá: Ministerio de Agricultura, 2005. P. 227 FUENTE, Juan d e la. Acuarelas folclóricas de Santander: Piedecuesta. Bucaramanga: Imprenta del Departamento, 1963. P. 134 GALÁN GÓMEZ, Mario. Geografía Económica de Colombia. Tomo VIII: Santander. Bucaramanga: Imprenta Departamental de Santander, 1947. P. 510 GARCÍA, José Joaquín. Crónicas de Bucaramanga. Bucaramanga: Imprenta del Departamento, 1944. Cap. III, p. 16 - 17 GUERRERO, Amado y GUTIÉRREZ, Jairo. Comp. Gobierno y administración colonial siglo XVIII: fuentes para la historia de Santander. Bucaramanga: UIS, 1996 HARKER VALDIVIESO, Roberto. Bucaramanga Los inmigrantes y el progreso 1492 – 1992. Bucaramanga: Roberto Harper, 1992. P. 112 JOHNSON, David. Santander Siglo XIX – Cambios Socioeconómicos. Bogotá: Carlos Valencia, 1984. P. 139 MARTÍNEZ MUTIS, Aurelio. Romancero del Tabaco. Bucaramanga: Alcaldía de Bucaramanga – SIC, 2000. P. 62. (Apologo de la fábrica) MOJICA, amilcar y PAREDES, Joaquín. Ensayos sobre economía regional: Características del cultivo del tabaco en Santander. Bucaramanga: Banco de la República – Centro Regional de Estudios Económicos, diciembre 2005. P. 12, 29 MORALES GÓMEZ, Jorge. Etnohistoria guane: Territorio e identidad étnica. Bogotá: Canal Ramírez – Antares, 1984. P. 51 MORENO Y ESCANDON, Fernando. Indios y mestizos de la Nueva Granada. Bogotá: Banco Popular, 1989. NIETO ARTETA, Luis E. Economía y cultura en la historia de Colombia. Bogotá: El Ancora Editores, 1983. P. 200 - 201 PRADA GARCIA, Alfonso. Piedecuesta, Pasado y presente. Bucaramanga: Imprenta de Santander, 1997. P. 48 VALDIVIESO CANAL, Susana. Bucaramanga Historia de setenta y cinco años. Bucaramanga. Cámara de Comercio de Bucaramanga, 1992. P. 18 WILBERT, Johannes. El significado cultural del uso de tabaco en Sudamérica. Disponible en: http://aquiahora.blog.com.es/2009/12/18/el-significado-cultural-del-uso-de-tabaco-en-sudamerica-7602161/

7. DATOS DE REGISTRO 7.1 INFORMACION DEL PROYECTO 7.1.1 ¿Quién solicita la elaboración del PIRS? (Proponente): Secretaría de Desarrollo Municipal de Piedecuesta, Coordinación de Cultura y Deportes 7.1.2 Entidad responsable (Ejecutor): Asociación Banda de Músicos de Piedecuesta a través del grupo de investigación conformado por Luís Rubén Pérez (Director) y Sandra Rodríguez (Investigadora) 7.1.3 Título del proyecto: Mujeres cigarreras e Identidad Piedecuestana 7.2 DATOS DE REGISTRO 7.2.1 Quién actualizó: Luis Rubén Pérez Pinzón, Mario Gamboa, Henry Obregozo 7.2.2 Quién registró: Luis Rubén Pérez Pinzón 7.2.3 Fecha de registro: Julio 20 de 2011 7.2.3 Fecha de actualización: Julio 20 de de 2011

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Martha Reyes Quijano– Cigarrera propietaria de fabriquín de cigarros corrientes

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GLOSARIO DEL LEXICO DE LAS MUJERES CIGARRERAS DE PIEDECUESTA96.

“Este glosario ha sido elaborado en honor a cada una de las personas que ayudaron en la investigación, como resultado de la interacción con la comunidad tabacalera de Piedecuesta Santander. Y es el compendio de significados que presenta el tecnolecto del tabaco que es un fenómeno lingüístico viviente. En la mayoría de los casos el primer significado fue dado por la comunidad y este se encuentra en los anexos generales y del segundo en adelante se encuentra en el Diccionario de la Real Academia Española. Almidón de yuca. Pegante hecho a base de yuca que se utiliza para pegar superficies, como papel, plástico etc. En la comunidad también se emplea almidón de harina de trigo y de bore. 2. (Del art. ár. al- y el

gr. ἄμυλον, lat. amy̆lum, b. lat. amidum). m. Hidrato de carbono que

constituye la principal reserva energética de casi todos los vegetales. Tiene usos alimenticios e industriales. Anillado, da. 1. (Del part. de anillar). m. Acción y efecto de anillar. Anillador. Persona que se encarga de poner los anillos al tabaco. Este proceso es parte del empaque en la fábrica de tabaco. 2. Operarios que anillan los cigarros (Montes, 1980) Anillo: 1. Marca en forma alargada que lleva el nombre de la fábrica y sirve para anillar. 2. (Del lat. anĕllus) m. Aro pequeño.3. m. Aro de metal u otra materia,

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liso o con labores, y con perlas o piedras preciosas o sin ellas, que se lleva, principalmente por adorno, en los dedos de la mano. 4. m. Arq. Moldura que rodea por su sección recta un cuerpo cilíndrico, especialmente en los fustes de las columnas. Anillar: 1. hacer anillos alrededor del tabaco (anexos pág 142). 2. tr. Dar forma de anillo. 3. tr. Sujetar con anillos 4. tr. Marcar con anillas, especialmente a las aves. Amarrador. Operario que ata los cigarros en paquetes de cincuenta. (Montes, 1980) Amarrar. Hacer amarres. 2. (Del fr. amarrer, y este del neerl. anmarren, atar). tr. Atar y asegurar por medio de cuerdas, maromas, cadenas, etc. Amarre se coge el tabaco que viene en paquetes de 50 y se amarra con el periódico y se pega con el almidón, (790) 2. m. Acción y efecto de amarrar o amarrarse. Aparato. Instrumento que sirve para organizar y empacar los tabacos en paquetes de cincuenta. (Comunidad de Piedecuesta) 2. (Del lat. apparātus). m. Conjunto organizado de piezas que cumple una función determinada. Aroma. 1. Esencia elaborada en las fábricas para darle una identidad al tabaco. (en la elaboración del tabaco también es llamada esencia o salsa, Agustin Gualdrón 2008) 3. (Del lat. arōma, y este del gr. ἄρωμα). 2. m. Perfume, olor muy agradable. Aromar. 2. Poner esencias a los tabacos, esto se hace con un compresor. aroma. 2. (De aroma). tr. aromatizar. aromatizar. (Del lat. aromatizāre, y este del gr. ἀρωματίζειν).tr. Dar o comunicar aroma a algo. Artesano, na. Operario del fabriquín que se encarga de enrollar y torcer a mano el tabaco. 2. (Del it. artigiano) adj. Perteneciente o relativo a la artesanía. 3. m. y f. Persona que ejercita un arte u oficio meramente mecánico. U. modernamente para referirse a quien hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril.

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Artesanal: 1. Tabacos hechos a mano. 2. adj. artesano ( perteneciente a la artesanía).

Bombillo. 1. Instrumento empleado para pegar el celofán o el propileno. (Del dim. de bombo). 4. m. Am. Cen., Ant., Col. y Ven. bombilla (‖ eléctrica). f. Globo de cristal en el que se ha hecho el vacío y dentro del cual va colocado un hilo de platino, carbón, tungsteno, etc., que al paso de una corriente eléctrica se pone incandescente y sirve para alumbrar. Bulto. 1. (Del lat. vultus, rostro). m. Volumen o tamaño de cualquier cosa. 2. m. Fardo, caja, baúl, maleta, etc., usados en transportes o viajes Broza. 1. Conjunto de hojas pequeñas con las que se hace la picadura. (ver anexos pág 95) Broza: primera hoja que produce el tabaco. (Montes, 1980)2. (Del prov. brossa, y este del gót. *brukja).f. Conjunto de hojas, ramas, cortezas y otros despojos de las plantas. 3. f. Desecho o desperdicio de algo.

Cajero. 1. Operario de la fabrica que hace los oficios varios de un empacador, aroma, cajea en las tablas, prensa y amarra. 2. Operario encargado de espalar y cortar el capote, en el fabriquín este es el auxiliar del rollero. 3. (Del lat. capsarĭus). m. y f. Persona que fabrica cajas. Cajear. 1. Organizar los tabacos en las tablas, es poner primero el cigarro en las tablas, va a la prensa, primero se aroma, se cajea y luego se prensa 2. tr. Carp. Hacer una caja o hueco en una pieza para ensamblarla con otra.

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Capa. 1. Hoja seleccionada de hoja de tabaco con alto tipo de nicotina que utilizan las torcedoras para envolver el rollo. Su textura conserva una alta humedad, permitiendo la fácil manipulación. 2. f, Hoja de tabaco que por su tersura y sanidad, se destina a envolver el rollo formado por la tripa y el palillo, terminando el torcido del cigarro puro (José Pérez Vidal, 1959). 3. (Del lat. cappa, especie de tocado de cabeza) f. Hoja tersa de tabaco que es envoltura superior del cigarro puro. Capote. 1. Hoja de tabaco que envuelve la picadura, esta se emplea para hacer los rollos se caracteriza por ser áspera y de baja calidad. 2. (Del fr.

capot). m. Cuba. capillo ( hoja de tabaco que envuelve la tripa).

Calilla: 1. Tipo de tabaco corriente pequeño y delgado que no tiene perilla, la materia prima que se emplea para su elaboración es de mejor calidad que el romo. 2. f. Col. Cigarro puro largo y delgado. Celofán. 1. Papel transparente empleado para englasinar. 2. (Del fr. Cellophane, marca reg.) m. Película transparente y flexible, que se obtiene por regeneración de la celulosa contenida en las soluciones de viscosa y se utiliza principalmente como envase o envoltura. Cigarrero, ra. 1. m. y f. Persona que hace o vende cigarros. Cigarro. 1.m. tabaco fino. 2. (Del maya siyar). Rollo de hojas de tabaco, que se enciende por un extremo y se chupa o fuma por el opuesto. 3. m. cigarrillo. 4. ~ puro. m. puro (cigarro liado sin papel).

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Cortador. 1. m. Instrumento que sirve para cortar el rollo y darle la medida al tabaco. (ver anexo pág 89). Cada cortador tiene la medida especial para el tabaco romo. 2. adj. Que corta. Cortar. 1. Dar forma de tabaco al rollo. 2. (Del lat. curtāre). tr. Dividir algo o separar sus partes con algún instrumento cortante. Corriente: 1. Nombre dado al tabaco hecho con picadura y capas nacionales 2. adj. Que está en uso en el momento presente o lo estaba en el momento de que se habla. Chicote. 1. M. Nombre dado al tabaco artesanal en general (ver anexo pág 95). 2.(Del fr. chicot).m. Cabo o punta de un cigarro puro ya fumado. 3. m. coloq. puro (‖ cigarro liado sin papel). Chicotero (a) 1. Persona encargada de hacer chicotes. (ver anexo pág, 127). Persona que fuma tabaco o puro cubano. Despalillar. 1. Quitar el palillo o vena a la paca o al capote. 2. tr. Quitar los palillos o venas gruesas de la hoja del tabaco antes de torcerlo o picarlo. Desvenar. 1. Sacar la vena o espalar. 2. tr. Quitar las fibras a las hojas de las plantas, como se hace con la del tabaco antes de labrarla. Empacador, ra. 1. Persona que empaca los tabacos en la fábrica. 2. adj. Que empaca. Empacar. 1. Colocar en una envoltura los tabacos. 2. (De en- y paca, fardo). tr. Empaquetar, encajonar.

Empaque. 1.

Envoltura corriente elaborada con papel manitol y

envoltura englasinada elaborada con papel celofán o polipropileno. 2. m. Conjunto de materiales que forman la envoltura y armazón de los paquetes, como papeles, telas, cuerdas, cintas, etc.

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Englasinador. 1. Empacador que se encarga de envolver cada grupo de tabaco en papel celofán y les pone el tiquete. Englasinar. 1. Dar forma de empaque con papel celofán o polipropileno. Emperillador. 1. m y f, Operario que elabora perillas en el fabriquín. Emperillar. 1. Hacer la perilla a los tabacos romos Empalmar. 1. Alisar las capas Enchuspar. 1. Sinónimo de empacar empleado en el ámbito laboral de empaque del tabaco. 2. chuspa. (Del quechua chchuspa).m f. Am. Mer. Bolsa, morral. 3. f. Arg. Bolsa pequeña en la que se lleva el tabaco o lo necesario para coquear. Enrollar. 1. Hacer el rollo que es el relleno del tabaco, este se hace con el capote y la picadura. 2. tr. Dar a algo forma de rollo. (D)espalador. 1. Persona que espala (D) espalar. 1. Quitar la vena o palo de la capa o el capote. 2. tr. Apartar con la pala la nieve que cubre el suelo. U. t. c. intr. Fábrica: 1. Lugar donde por lo general se empacan todos los tabacos elaborados por los artesanos. Se hacen unas pocas tareas de la materia como control de calidad y fermentación. 2. (Del lat. fabrĭca). f. Establecimiento dotado de la maquinaria, herramienta e instalaciones necesarias para la fabricación de ciertos objetos, obtención de determinados productos o transformación industrial de una fuente de energía. Fábrica de automóviles, de harinas, de electricidad. Fabricar. 1. Elaborar tabacos. 2. (Del lat. fabricāre). generalmente por medios mecánicos Fabriquín. 1. Lugar donde se hace el tabaco artesanal. (Ver A. línea 180) Fabriquines. 1. Personas dedicadas a la elaboración del tabaco artesanal. tr. Producir objetos en serie,

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Guillotina. 1. Sinónimo de cortador en el campo del tabaco en Piedecuesta. 2. (Del fr. guillotine) f. Máquina de cortar papel, con una cuchilla vertical, guiada entre un bastidor de hierro. Goma. (Del lat. vulg. gŭmma, este del lat. gummi o cummi, y este del gr. κό μμι). 1. f. Sustancia viscosa e incristalizable que naturalmente, o mediante incisiones, fluye de diversos vegetales y después de seca es soluble en agua e insoluble en el alcohol y el éter. Disuelta en agua, sirve para pegar o adherir cosas. Gomero, ra. 1. Gomera recipiente especial para conservar la goma, este elemento lo emplean las toderdoras para pegar las capas y emperillar. 2. adj. Perteneciente o relativo a la goma. 3. adj. Natural de La Gomera. U. t. c. s. 3. adj. Perteneciente o relativo a esta isla del archipiélago canario, en España. Manifol. 1. Papel que emplean los empacadores para envolver el tabaco de menor calidad este también se emplea en modistería para hacer moldes. Máquina rollera. 1. Máquina en la que se elaboran los rollos, esta consta de un cajón en el que se guarda la picadura y de un mecanismo que hace los rollos Mesón. (Del lat. mansĭo, -ōnis, con infl. del fr. maison). 2. m. Establecimiento típico, donde se sirven comidas y bebidas. Mesón para torcer. 1. Mesa empleada para torcer las capas. Mesón par empacar. 1. Mesa grande empleada para empacar. Pacora. 1. Cuchillo corto empleado para cortar la capa 2. f. Col. Cuchillo ancho y corto usado para descamar y sajar los peces. Paquete. 1. (Del fr. paquet). . m. Conjunto de cartas o papeles que forman mazo, o contenidos en un mismo sobre o cubierta.

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Picadura. 1. Relleno de los tabacos corrientes, este se elabora con la broza, las venas y los recortes. 2. f. Tabaco picado para fumar. Plancha. 1. Instrumento que tiene un conector eléctrico para calentar, su función es la de sellar los dobleces que se hacen con el papel celofán en el momento del empaque. Plancha eléctrica, pega por proceso de calentamiento, ya que se calientan las resistencias 2. (Del fr. planche). f. Lámina o pedazo de metal llano y delgado respecto de su tamaño. Polipropileno. 1. Papel derivado del petróleo que se emplea para englasinar.

Prensa. 1. Máquina empleada para prensar los tabacos y darles la forma final. 2. (Del cat. premsa).f. Máquina que sirve para comprimir, cuya forma varía según los usos a que se aplica.

Periódico, ca. 1. Papel empleado para amarrar los tabacos corrientes. 2. (Del lat. periodĭcus, y este del gr. περιοδικό ς). 2. adj. Dicho de un impreso: Que se publica con determinados intervalos de tiempo. U. m. c. s. m. Puntilla. 1. f. Instrumento de metal que se emplea para espalar las capas y los capotes. 2. (De punta). f. Instrumento, a manera de cuchillo, sin mango, con punta redonda para trazar, en lugar de lápiz. Rapé. 1. Residuo que queda de la manipulación de las hojas de tabaco, de los cortes, de la picadura, de los rollos. Recorte. 1. Sobrante que queda de cortar el rollo. Los sobrantes que quedan al elaborar el tabaco se les dice “recortes” que luego llevan a la fábrica y los convierten en picaduras, este se utiliza para emperillar.

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Reina. 1. Tipo de tabaco corriente. 2. (Del lat. regīna).f. Esposa del rey. Rociador. 1. Recipiente que elaboran los fabriquines para rociar las capas. 2. m. Brocha o escobón para rociar la ropa. Rociar. 1. (Del lat. vulg. *roscidāre, der. del lat. roscĭdus, lleno de rocío, húmedo, y este de ros, roris, rocío). tr. Esparcir en menudas gotas el agua u otro líquido. 2. tr. Arrojar algunas cosas de modo que caigan diseminadas. Rollero, ra. 1. Persona que hace rollos con la picadura y el capote. Rollo. 1. Parte interna del tabaco formado por la picadura y el capote. (Del lat. rotŭlus, cilindro). 2. m. Materia que toma forma cilíndrica por rodar o dar vueltas. Romo, ma. 1. Tabaco corriente que tiene la perilla en forma de punta roma. 2. (Del m. or. que el port. rombo). adj. Obtuso y sin punta. Sello. 1. (Del lat. sigillum). m. Trozo pequeño de papel, con timbre oficial de figuras o signos grabados, que se pega a ciertos documentos para darles valor y eficacia. Tabaco. 1 m. Cigarro puro. 2. (Del ár. clás. ṭub[b]āq) m. Planta de la familia de las
Solanáceas, originaria de América, de raíz fibrosa, tallo de cinco a doce decímetros de altura, velloso y con médula blanca, hojas alternas, grandes, lanceoladas y glutinosas, flores en racimo, con el cáliz tubular y la corola de color rojo purpúreo o amarillo pálido, y fruto en cápsula cónica con muchas semillas menudas. Toda la planta tiene olor fuerte y es narcótica.

Tabla. 1. Pieza de madera que esta dividia por ranuras o vitolas en las que se prensa el tabaco. 2. (Del lat. tabŭla). f. Pieza de madera plana, de poco grueso y cuyas dos caras son paralelas entre sí.
Tabrete. Taburete 1. f silla que las torcedoras emplean para sentarse a hacer su oficio. 2. (Del fr. tabouret). . m. Cuba. Silla rústica de cuatro patas grandes y fuertes y con asiento y respaldo generalmente de piel de chivo sin curtir.

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Tiquete. 1. m Marca que se le coloca al tabaco, esta trae el logo de la fábrica. Proviene de etiqueta. 2. m. Am. Cen. y Col. tique. (Del fr. étiquette). 3. f. Marca, señal o marbete que se coloca en un objeto o en una mercancía, para identificación, valoración, clasificación, etc. Torcedor, ra. 1. Persona encargada de darle forma al tabaco torciendo la capa La torcedora primero corta el rollo en el cortador, luego tuerce la capa y para terminar emperilla el tabaco. 2. adj. Que tuerce. U. t. c. s. Torcer. 1. (Del lat. torquēre). tr. Dar vueltas a algo sobre sí mismo, de modo que tome forma helicoidal. U. t. c. prnl. Vena. 1. f parte central de la hoja de tabaco. 2. (Del lat. vena). . f. Cada uno de los hacecillos de fibras que sobresalen en el envés de las hojas de las plantas.

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FUENTES HISTÓRICAS CITADAS La imagen de la portada corresponde a la Sra. Rosalbina Pimiento Sánchez, madre de doña Justa Gualdrón de Carreño, propietaria de Fábrica “Gamos”. Obra de Jaime Morales. Las imágenes sobre la producción de tabaco en Mariquita y Cauca, así como sobre las gentes de Soto y Santander de la Comisión Corográfica fueron tomadas y editadas de:
COLOMBIA, MINISTERIO DE CULTURA, BIBLIOTECA NACIONAL DE COLOMBIA. Laminas de la Comisión Corográfica (1850 – 1859). [En línea]. Bogotá: Biblioteca Nacional de Colombia, 2009. Disponible en: http://www.bibliotecanacional.gov.co/recursos_user/exposicionesvirtuales/comision_corografica/exhibicion-laminas-primera-parte.html

MORENO Y ESCANDON, Fernando. Indios y mestizos de la Nueva Granada. Bogotá: Banco Popular, 1989. 2 COLMENARES, Germán. Comp. Relaciones e informes de los Gobernantes de la Nueva Granada. Bogotá: Banco Popular, 1989. T. 2 3 GARCÍA, José Joaquín. Crónicas de Bucaramanga. Bucaramanga: Imprenta del Departamento, 1944. Cap. III, p. 16 - 17 4 GUERRERO, Amado y GUTIÉRREZ, Jairo. Comp. Gobierno y administración colonial siglo XVIII: fuentes para la historia de Santander. Bucaramanga: UIS, 1996 5 WILBERT, Johannes. El significado cultural del uso de tabaco en Sudamérica. Disponible en: http://aquiahora.blog.com.es/2009/12/18/el-significado-cultural-del-uso-de-tabaco-en-sudamerica-7602161/ 6 Ibíd. 7 MORALES GÓMEZ, Jorge. Etnohistoria guane: Territorio e identidad étnica. Bogotá: Canal Ramírez – Antares, 1984. P. 51 8 DUQUE GÓMEZ, Luis. Prehistoria: Los Guanes. En: Historia Extensa de Colombia. Bogotá: Academia Colombia de Historia – Lerner, 1965. Vol. I, T. 2, P. 594 9 UIS ARCHIVO HISTORICO REGIONAL. Archivo Notarial de Girón: Escrituras, 1786. 10 Las citas enunciada a continuación fueron tomadas de: COLOMBIA. Codificación Nacional: 1819 – 1851. Bogotá: Imprenta Nacional, 1924 – 1929. 14 tomos. 11 NIETO ARTETA, Luis E. Economía y cultura en la historia de Colombia. Bogotá: El Ancora Editores, 1983. P. 200 - 201 12 JOHNSON, David. Santander Siglo XIX – Cambios Socioeconómicos. Bogotá: Carlos Valencia, 1984. P. 139 13 Ibíd. P. 132 14 Ibíd. P. 185 15 Ibíd. P. 129 16 NIETO ARTETA, Luis E. Op. cit. P. 202 17 Ibíd. P. 203 18 COLOMBIA. Diario Oficial. Bogotá. Oct, 7, 1870. No. 2052. 19 NIETO ARTETA, Luis E. Op. cit. 203 20 JOHNSON, David. Op. cit. P. 264 21 ESPINAL, Carlos y MARTÍNEZ, Héctor. Observatorio Agrocadenas Anuario 2005: Agroindustria y competitividad. Estructura y dinámica en Colombia. Bogotá: Ministerio de Agricultura, 2005. P. 227 22 CRONISTA. Una visita a la fábrica de cigarros “La Hamburguesa”. En: La Vanguardia Liberal. Bucaramanga. 22, dic, 1919. P. 62 23 D’ANTORMARSE. Desarrollo industrial de Santander: En la fábrica de Cigarros La Herradura. En: Ibíd. P. 65 24 RUÍZ BERNAL, Jesie Lorena. Estudio del campo léxico del tabaco en Piedecuesta (Santander). Trabajo de Grado como Lingüista. Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas. Bogotá. 2009. P. 8- 11. Disponible en: http://www.humanas.unal.edu.co/linguistica/index.php/download_file/view/133/120/.

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DÍAZ DE ALMEIDA, Carmen Cecilia. Piedecuesta: Mi patria chica. Piedecuesta: Formas Gráficas, 1995. P. 22 - 23 26 ESPINAL, Carlos y MARTÍNEZ, Héctor. La agroindustria de tabaco en Colombia: El negocio de los cigarrillos y los cigarros. Bogotá: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural- Observatorio Agrocadenas Colombia, 2005. P. 9 - 11 27 RUÍZ BERNAL, Jesie Lorena. Op. cit. P. 37 - 41. 28 NIÑO, Martha Yolanda. Honorable Concejal Municipal de Piedecuesta.Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 24 de junio de 2011. 29 ANCÍZAR, Manuel. Peregrinación de Alpha por las Provincias del Norte de la Nueva Granada en 1850 y 51. Bogotá: Librería de Echeverría Hermanos, 1853. Cap. 31, p. 398 – 399. 30 Ibíd. 31 DÍAZ, Eugenio. Manuela. Cali: Carvajal, 1967. Cap. XX: Ambalema. 32 Ibíd. 33 ANCÍZAR, M. Op. cit. Cap. XXX 34 HARKER VALDIVIESO, Roberto. Y sucedió en Bucaramanga. Bucaramanga: Academia de Historia de Santander, 1977 35 GALÁN GÓMEZ, Mario. Geografía Económica de Colombia. Tomo VIII: Santander. Bucaramanga: Imprenta Departamental de Santander, 1947. P. 510 36 DANE. Censo 1923 – 1929. Bogotá: DANE, 1929. P. 151. 37 HARKER VALDIVIESO, Roberto. Bucaramanga Los inmigrantes y el progreso 1492 – 1992. Bucaramanga: Roberto Harper, 1992. P. 112 38 GALÁN, Mario. Op. cit. P. 305 39 Ibíd. P. 319 40 Ibíd. P. 325 41 Ibíd. P. 497 42 CALDWELL, Erskine. El camino del tabaco. Bogotá: Oveja Negra, 1985. P. 23 43 VALDIVIESO CANAL, Susana. Bucaramanga Historia de setenta y cinco años. Bucaramanga. Cámara de Comercio de Bucaramanga, 1992. P. 18 44 PRADA GARCIA, Alfonso. Piedecuesta, Pasado y presente. Bucaramanga: Imprenta de Santander, 1997. P. 48 45 ARS. Ed. 1933-1934: Album de la República de Colombia. Bogotá: Tipografía Velásquez, 1934. 46 FUENTE, Juan d e la. Acuarelas folclóricas de Santander: Piedecuesta. Bucaramanga: Imprenta del Departamento, 1963. P. 134 47 PRADA GARCIA, Alfonso. P. 48 48 GALÁN, Mario. Op. cit. P. 332- 333 49 Ibíd. P. 329 - 330 50 VALDIVIESO CANAL, Susana. Op. cit. P. 47 51 DÍAZ DE ALMEIDA, Carmen Cecilia. Op. cit. P. 22 - 23 52 MOJICA, amilcar y PAREDES, Joaquín. Ensayos sobre economía regional: Características del cultivo del tabaco en Santander. Bucaramanga: Banco de la República, diciembre 2005. P. 12, 29 53 ARENAS MANTILLA, Vicente. Estampas de mi tierra. Bucaramanga: Imp. Departamental, 1941. P. 49 54 MARTÍNEZ MUTIS, Aurelio. Romancero del Tabaco. Bucaramanga: Alcaldía de Bucaramanga – SIC, 2000. P. 62. (Apologo de la fábrica) 55 Ibíd. P. 116-118 (Disputa de la Botánica, II) 56 Ibíd. P. 123 – 124 (El braserillo de plata) 57 Ibíd. P. 147 – 148 (Seguidillas del humo) 58 ARENAS MANTILLA, Vicente. Crónicas y romances. Bucaramanga: Imp. Departamental, 1941. P. 442 59 PILARICA, Plinio [Seudónimo de Germán Valenzuela]. En la feria, nació Piedecuesta. En: Vanguardia Liberal: Dominical. Bucaramanga. 29, sep, 1991. P. 3 60 FUENTE, Juan d e la. Op. cit. P. 146. 61 CARRILLO DELGADO, Nelly. Cigarrera retirada del barrio San Antonio. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 24 de junio de 2011.

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Ibíd. GUALDRÓN DE CARREÑO, Justa. Cigarrera propietaria de fábrica de cigarros finos del barrio Hoyo Chiquito. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 23 de junio de 2011. 64 Ibíd. 65 URREA DE CORREA, Mercedes. Cigarrera propietaria de fábrica de cigarros finos del barrio Hoyo Grande. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 30 de junio de 2011. 66 CARRILLO DELGADO, Nelly. Op. cit. 67 Ibíd. 68 GUALDRÓN DE CARREÑO, Justa. Op. cit. 69 FONDO EMPRENDER. Cuarta Convocatoria. [Hoja de cálculo]. Colombia: Fondo Emprender, 2007. Disponible en: www.fondoemprender.com/.../respuestaaobservacionescuartaconvocatoria111.xls 70 CARRILLO DELGADO, Nelly. Op. cit. 71 GUALDRÓN DE CARREÑO, Justa. Op. cit. 72 NIÑO, Martha Yolanda. Op. cit. 73 SANTOS COTE, Martha. Expresidenta de Asotracig; Cigarrera propietaria de fabriquín de cigarros corrientes del barrio Hoyo Chiquito. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 25 de junio de 2011. 74 Ibíd. 75 URREA DE CORREA, Mercedes. Op. cit. 76 Ibíd. 77 ACEVEDO, Gloria. Cigarrera propietaria de fabriquín de cigarros corrientes del barrio Villanueva. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 26 de junio de 2011. 78 NIÑO, Martha Yolanda. Op. cit. 79 CIGARROS CHICAMOCHA. Producción. [En línea]. Piedecuesta: Cigarros Chicamocha, 2009. Disponible en: http://www.cigarroschicamocha.com/produccion.html 80 Ibíd. Historia 81 FOROSPUROS.COM. Un puro colombiano, el producto tabacalero para UE. 2010. Disponible en Internet vía: http://www.foropuros.com/printthread.php?tid=2952 82 LOZANO, Henry. Presidente de Asotracig; Cigarrero propietaria de fabriquín de cigarros corrientes del barrio La Feria. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 21 de junio de 2011. 83 Ibíd. 84 SANTOS COTE, Martha. Op. cit. 85 ACEVEDO, Gloria. Op. Cit. 86 LOZANO, Henry. Op. cit. 87 SANTOS COTE, Martha. Op. cit. 88 MARTÍNEZ, Margot. Maestra cigarrera y principal obrera de la fábrica de cigarros Gamos del barrio Hoyo Chiquito. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 22 de junio de 2011. 89 VÁRGAS, Amanda. Cigarrera propietaria de fábrica de cigarros corrientes del barrio San Rafael. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 24 de junio de 2011. 90 NIÑO, Martha Yolanda. Op. cit. 91 Ibíd. 92 CABALLERO, María Rocío. Cigarrera propietaria de fábrica de cigarros corrientes del barrio La Feria. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 24 de junio de 2011. 93 VÁRGAS, Amanda. Op. cit. 94 REYES, Martha. Cigarrera propietaria de fabriquín de cigarros corrientes del barrio La Cantera. Piedecuesta: (Entrevista en audiograbación), 22 de junio de 2011. 95 Ibíd. 96 Glosario tomado del trabajo de grado de: RUÍZ BERNAL, Jesie Lorena. Op. cit. P. 72 -82. Dedicatoria: A la Escuela María Auxiliadora, después de 30 años de ingresado, A la Escuela Normal Nacional, después de 20 años de egresado.

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