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Perversión Según Freud

La perversión según Freud no se determina por la elección de objeto, sino por la posición que ocupa el objeto en el fantasma del sujeto. La perversión, al igual que la neurosis, surge de la desmentida del sujeto ante la castración materna. Mientras que en la neurosis esta desmentida genera una pregunta inconsciente que se expresa a través del síntoma, en la perversión se establece una condición de satisfacción que evita cualquier pregunta sobre la castración u otras carencias. Esto deja al perverso vulnerable ante cualquier amen
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Perversión Según Freud

La perversión según Freud no se determina por la elección de objeto, sino por la posición que ocupa el objeto en el fantasma del sujeto. La perversión, al igual que la neurosis, surge de la desmentida del sujeto ante la castración materna. Mientras que en la neurosis esta desmentida genera una pregunta inconsciente que se expresa a través del síntoma, en la perversión se establece una condición de satisfacción que evita cualquier pregunta sobre la castración u otras carencias. Esto deja al perverso vulnerable ante cualquier amen
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LA PERVERSIÓN SEGÚN FREUD

A diferencia del conocimiento popular o del saber psiquiátrico de la época, para Freud la elección
de objeto no es lo que determina la perversión. Es decir que hay incontables elecciones de
objeto que tienen rasgos de perversión, e incluso podría afirmarse que toda elección de objeto
está signada por la perversión porque el objeto siempre será parcial y alejado de la
complementariedad entre el sujeto y su partenaire.

Desde Tres ensayos la unidad de la pulsión está cuestionada; siempre se tratará de un objeto
perverso polimorfo en la satisfacción de la pulsión. Es el lugar que ocupa ese objeto para el
sujeto el que permitirá distinguir las estructuras clínicas. “El fantasma -tal como es desarrollado
por Freud en su escrito Pegan a un niño- es transestructural, y será “la posición que ocupa el
sujeto y cómo se inscribe el objeto en el fantasma” (Castanet, 2014, p. 66) lo que permite
distinguir a la perversión.

Para comprender la mirada freudiana de la perversión es necesario tener en cuenta que “la
perversión sólo puede ser relacionada con la lógica edípica” (Castanet, La perversión, 51) y que,
dentro de ésta, la noción de primado del falo es esencial para dar su estructura. La denegación
es inseparable de lo que ocurre en la etapa del primado fálico en ambos sexos, según lo entiende
Freud en su escrito La organización genital infantil: “El carácter principal de esta organización
genital infantil es, al mismo tiempo, su diferencia respecto de la organización genital definitiva
del adulto. Reside en que, para ambos sexos, sólo desempeña un papel un genital, el masculino.
Por lo tanto, no hay primado genital, sino un primado del falo” (Freud, La organización genital
infantil, p 146)

Tiene que entenderse que el falo no es el pene sino el símbolo de la ausencia en la madre. Ante
la visión de la castración femenina, la primera respuesta del niño es desmentir la percepción,
asegurándose así que no hay ningún goce más allá del falo, que todo goce será fálico. Los
estudios freudianos tanto de este momento de encuentro con -y denegación de- la castración
femenina, no son llevados adelante con perversos sino con neuróticos en general, pero arrojan
luz sobre la estructura de la perversión y el mecanismo de desmentida operante en ella. Y
muestran que el sujeto que queda tomado por esa respuesta que es la desmentida de la
castración, podrá ser, a posteriori, un sujeto perverso. Luego, en su texto Fetichismo dará
importancia mayúscula a este mecanismo, diciendo que los fetichistas (lo mismo podría decirse
del perverso en general, como se ve en el ejemplo del caso Las banderas del Kamisake) “las más
de las veces están muy contentos con él [el fetiche] y hasta alaban las facilidades que les brinda
en su vida amorosa” (Freud, Fetichismo, p 147).

Como el fetiche o la condición de satisfacción para el perverso no le genera mayores problemas


siempre que no choque con la estructura social, el perverso en general no consulta al analista,
de allí la escasez de casuística de esta estructura, y el uso de Freud de la neurosis para
comprender los mecanismos en juego en aquélla.

Ligando fetichismo y organización genital infantil, Freud dirá que el fetiche es un sustituto del
falo materno “hará coexistencia de esa creencia (en la mujer fálica) y de su abandono (…) Es este
compromiso inconsciente lo que explica la aparición del fetiche. El fetiche inscribe el
mantenimiento y el abandono de la creencia de que la mujer tiene el falo.” (Castanet, La
perversión, p 73)

Por lo tanto, vemos que hay desmentida tanto en la perversión como en la neurosis (en el
encuentro del niño con la castración materna reconstruida por Freud en los análisis de sus
pacientes obsesivos e histéricos). Sin embargo, se diferenciarán ambas por las consecuencias de
esta desmentida: en la neurosis aparecerá en relación a la metáfora, el síntoma, las formaciones
del inconsciente, las preguntas que implican al sujeto y que apuntarán a una verdad más allá del
sujeto y trabajada por las vías del registro simbólico; en la perversión se establecerá la condición
de goce como una respuesta antes que una pregunta. Esa condición de satisfacción que se erige
donde estaría la falta obtura cualquier pregunta sobre la castración del otro, cualquier pregunta
sobre la sexualidad y la muerte, poniendo delante de aquélla la respuesta que es el fetiche -sea
o no éste un objeto concreto-.

En Pegan a un niño, de 1919, Freud recorre las escenas fantasmáticas infantiles de pacientes
neuróticos, ubicando un momento en el que el sujeto es sólo un punto de mirada ante el golpe
de su padre a otro niño. Éste será un desarrollo que Lacan tomará y profundizará es su
formulación de la perversión, entendiendo que en ese punto se hace existir aquel goce que el
sujeto “ve” que no existe al encontrarse con la castración materna. Allí donde el sujeto debería
ver una ausencia, pone un modo de goce o satisfacción, ahorrándose así toda angustia, incluso
la angustia señal, que en Inhibición, síntoma y angustia Freud ubica como lo que moviliza al
deseo del sujeto.

Si bien podría pensarse que esta respuesta deja en una posición ventajosa en cuanto a la
satisfacción al sujeto perverso frente al neurótico, dado que tiene un camino claro hacia la
satisfacción de la pulsión, el perverso está siempre vulnerable a cualquier acontecimiento
azaroso o contingente que se interponga entre él y su condición de satisfacción y, frente a esto,
su pánico es absoluto (Castanet, 78), a diferencia del neurótico que puede intentar elaborar la
presentificación de la castración del Otro y de la ausencia de satisfacción desde distintos
caminos, uno de ellos siendo el síntoma.

En síntesis, el recorrido freudiano desde Tres ensayos sobre teoría sexual de 1905 y su
concepción de la sexualidad perverso polimorfa del niño, hasta El fetichismo en 1925, pasando
por su escrito sobre el fantasma: Pegan a un niño, de 1919 y aquel en que termina de dar cuenta
de la estructura edípica: La organización genital infantil en 1923 (año en el que Freud deja de
agregar contenidos y correcciones a las nuevas ediciones de Tres ensayos), permite entender la
estructura perversa como respondiendo a los mismos imposibles que la estructura neurótica.
Hay un encuentro con la castración materna ante el que el sujeto que aún no se define como
neurótico o psicótico reniega de la visión de la falta de falo en la madre. A partir de este
encuentro y de la posición que el sujeto toma, si el sujeto sostiene una pregunta inconsciente
alrededor de esta falta, se estructurará una neurosis: “El síntoma es una pregunta dirigida al
Otro, una palabra cuyo mensaje está codificado. Es lo que muestra el análisis del caso Dora: esta
joven formula una pregunta a la feminidad -¿Qué es una mujer?- dirigiéndose a la Sra. K. La Sra.
K es la pregunta de Dora, el lugar de su pregunta, allá donde ella supone un saber particular.
Esta pregunta se la presenta como una metáfora –hay sustitución de un significante a otro-.”
(Castanet, 2014, p 63-64), no siendo así en el caso de la perversión, donde no hay pregunta sino
respuesta: “La perversión, en sus rituales y pasajes al acto, es una respuesta que no pregunta
nada a nadie. La perversión, por un proceso de desubjetivación (ya mostrado a propósito del
fantasma “pegan a un niño”) de lo más elemental, no se inscribe en una pregunta para reintegrar
la ley de intercambios simbólicos. Se reduce a una respuesta, emblematizada y, en la soledad
del sujeto, cifrando una satisfacción no cercenada.” (Castanet, 2014, p 65)

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