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Restauración Borbónica en España

La Restauración en España (1874-1902) fue un periodo de estabilidad política gracias al establecimiento de una monarquía parlamentaria y la alternancia pacífica en el poder de los partidos dinásticos conservador y liberal, liderados respectivamente por Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta. Cánovas dotó a la monarquía restaurada de un sistema que permitía esta alternancia a través de prácticas fraudulentas como el pucherazo y el caciquismo. Los partidos antidinásticos como los republicanos, carlist

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Restauración Borbónica en España

La Restauración en España (1874-1902) fue un periodo de estabilidad política gracias al establecimiento de una monarquía parlamentaria y la alternancia pacífica en el poder de los partidos dinásticos conservador y liberal, liderados respectivamente por Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta. Cánovas dotó a la monarquía restaurada de un sistema que permitía esta alternancia a través de prácticas fraudulentas como el pucherazo y el caciquismo. Los partidos antidinásticos como los republicanos, carlist

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Inmaculada Palos Hidalgo

LA RESTAURACIÓN
La Restauración es la etapa más estable que tuvo España en el siglo XIX gracias a la
monarquía parlamentaria y la alternancia de partidos.
El pronunciamiento militar ejecutado por Martínez Campos en Sagunto el 29 de
diciembre de 1874 inició la Restauración de la monarquía borbónica anticipada en el
“manifiesto de Sandhurst” firmado por Alfonso XII incentivado por Cánovas del
Castillo, el verdadero artífice de este sistema político.
Aunque la monarquía perduró hasta 1931, la Restauración se da por finalizada con la
mayoría de edad de Alfonso XIII (1902).
El principal mérito de Cánovas (unionista y líder de los Alfonsinos) fue dotar a la
monarquía restaurada de un sistema liberal y autoritario que permitía la alternancia
pacífica en el Gobierno de dos fuerzas políticas que no recurrían a la insurrección
popular ni al Ejército para desalojarse del poder (los partidos dinásticos, conservador y
liberal, fueron aquellos que aceptaron el sistema de la Restauración sin ninguna
restricción ni limitación).
El sistema canovista se consiguió gracias a la manipulación y el fraude, mediante el
pucherazo (prácticas fraudulentas en las elecciones) y el caciquismo (el cacique,
mediante acuerdos con los ciudadanos, conseguía votos).
La pacificación del país, el diseño de una nueva Constitución, la creación de partidos
que se adaptaron al juego político y una tupida red de relaciones que permitió el control
del territorio (caciquismo) permitió este sistema político.
Aunque el nuevo régimen se apoyó en el Ejército para acceder al poder, los militares
quedaron excluidos de la actividad política y el Ejército, relegado a sus funciones
propias como el final de la III Guerra Carlista en 1876 (se suprimieron los fueros e
instituciones vascas lo que alimentó el posterior nacionalismo) y de la Guerra de Cuba
(finalizó en 1878 con la Paz de El Zanjón, pero el conflicto rebotó en 1895 y desembocó
en la independencia de la isla y en la guerra contra EEUU).
Se promulgó la Constitución de 1876 inspirada en la moderada de 1845. Permaneció
en vigor hasta 1931, aunque fue suspendida y vulnerada en varias ocasiones.
En la Restauración se configuraron dos fuerzas políticas (partidos dinásticos):
 El partido conservador (derecha moderada): liderado primero por Cánovas y
después por Silvela. Aglutinó a liberales moderados, unionistas, progresistas y católicos
tradicionalistas.
 El partido liberal (izquierda liberal): fundado en 1880 como Partido Fusionista,
encabezado por Sagasta (antiguo progresista, líder del Partido Constitucionalista durante
la monarquía de Amadeo I, no colaboró con la I República y jefe de Gobierno cuando se
dio el pronunciamiento militar de Sagunto). Aceptó la Constitución de 1876. El partido
estaba formado por conservadores (como Martínez Campos), antiguos demócratas y
progresistas del Sexenio Democrático y republicanos históricos (como Castelar).
La tarea gubernamental se centró en: introducir en la Constitución de 1876 todos los
derechos individuales de la Constitución de 1869; aprobar la libertad de imprenta,
prensa y de asociación, permitiendo la aparición de sindicatos como la UGT; se
aprobaron: la Ley del Jurado en 1888 que permitió a la sociedad participar en la
administración de la justicia, el Código Civil de 1889 y la legislación de 1890 que
implantaba el sufragio general masculino; mediante la Comisión de Reformas Sociales,
estudiaron las cuestiones relativas al bienestar de los trabajadores; se adoptaron medidas
proteccionistas como el Arancel de 1891.
Ninguno de los dos partidos eran partidos de masas, diseñados para ganar votos y
elecciones. Presentaban mínimas diferencias ideológicas entre sí; su composición social
e intereses eran casi idénticos.
Su cohesión dependía de la influencia y relaciones del líder principal que, en
ocasiones, se veía amenazado por un político que aspiraba a disputar a los líderes
históricos la jefatura del Gobierno o del propio partido.
El turnismo era arbitrado por el monarca: el candidato a presidente de Gobierno era
designado por el rey y tenía que contar con una mayoría sólida en las Cortes para
gobernar. En caso contrario, obtenía del monarca el decreto de disolución de las Cortes,
promovía la convocatoria de elecciones y lograba una mayoría que le permitiera seguir
gobernando.
La alternancia en el poder se inició en 1881, cuando el rey llamó a gobernar a
Sagasta. Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, su esposa, Mª Cristina de Habsburgo,
embarazada del futuro Alfonso XIII, asumió la regencia (1885-1902). Cánovas, jefe del
Gobierno cuando falleció el rey, acordó con Sagasta cederle el poder durante los
primeros años de la regencia (Pacto de El Pardo: acuerdo entre Cánovas y Sagasta para
continuar con el sistema de la Restauración durante la Regencia de Mª Cristina). La
muerte de Cánovas y Sagasta no afectó al funcionamiento del sistema.
En contraste, los partidos antidinásticos quedaron excluidos y fuera del sistema.
Además, se opusieron a éste (republicanos, carlistas, socialistas y nacionalistas).
Los republicanos tenían gran influencia entre las clases medias y los trabajadores
urbanos. A pesar de que estaban muy divididos, cuando se unían lograban mayorías
electorales como sucedió en Madrid. Destacaban: Castelar, Zorrilla, Salmerón y Pi i
Margall.
Los carlistas se dividieron en: los que rechazaban el régimen y los que creyeron
conveniente formar un partido político y luchar dentro de la legalidad.
Los socialistas eran las masas populares. Se dividían en dos grandes tendencias: el
anarquismo y el socialismo. Los anarquistas se oponían a la participación política y se
dividieron en: los catalanes, los andaluces, los partidarios de sindicatos legales y los que
practicaban el terrorismo individual. Ejemplos de ello son: la represión en Andalucía a
raíz de los atentados de la Mano Negra o la explosión de una bomba en el Teatro del
Liceo. El otro sector, el PSOE, era un partido sin apenas incidencia electoral.
El regionalismo alcanzó su auge a principios del siglo XX. Aspiraba al autogobierno
respetando la soberanía de España. Al traspasar este límite, apareció el nacionalismo
que lleva, aunque no necesariamente, al independentismo. Hacia 1914, los nacionalistas
adquirieron importancia política. Los nacionalismos de Cataluña y el País Vasco fueron
los más relevantes.
Los factores que hicieron posible del catalanismo son: movimientos culturales que
reivindican el pasado idealizado y el uso de lenguas marginadas por el castellano; la
crítica al centralismo que había suprimido la realidad histórica y plural de España; la
burguesía defendió el proteccionismo, el desarrollo económico de Cataluña era superior
al del resto del país.
El catalanismo nace en el Sexenio Democrático, busca que Cataluña sea un estado de
una España federal. El promotor de esta idea fue Almirall que fundó el partido ‘Centre
Catalá’ que aglutinaba a todos los catalanistas.
En 1891, surge la Unión Catalanista, partido que intentaba unificar todas las
tendencias catalanistas e independentistas y promovió el documento “Bases de
Manresa” en el que se recogía el primer programa explícito de catalanismo e incluía un
proyecto de estatuto de autonomía.
En 1901, se formó el primer gran partido catalanista, ‘Lliga Regionalista’, en el que
destacan: Prat de la Riba y Francesc Cambó. Deseaban la autonomía mediante la
negociación con el gobierno de Madrid.
El nacionalismo vasco se apoyaba en su aislamiento étnico y lingüístico y en sus
peculiaridades jurídico-históricas. Defendía los fueros perdidos y rechazaba la
industrialización porque alteraba la sociedad tradicional vasca. Identificó el capitalismo
y el centralismo con lo español y señaló a los inmigrantes o maquetos como los
culpables de la degeneración de la raza vasca a causa del mestizaje.
Estas ideas se identificaban con un pensamiento católico y antiliberal. El ideólogo
del nacionalismo vasco fue Sabina Arana, fundador del Bizkai Buru Batzar, origen del
Partido Nacionalista Vasco (PNV).
A partir de 1898, osciló entre el independentismo radical y la integración del País
Vasco en España como entidad autónoma.
Sabino Arana exigía la existencia de un estado independiente (Euskadi). Cuando éste
murió en 1903, el movimiento nacionalista vasco parecía mermado y con escasa
representación.
A lo largo del siglo XX, las pretensiones de autonomía crecieron en el País Vasco, se
fue consolidando como proyecto nacionalista que integraba amplios sectores de la
población.
Los regionalismo gallego surgió como reacción contra el atraso y la marginación de
su región, éste y el regionalismo valenciano fueron tardíos.

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