Iurisprudentia, fas, Iustitia y aequitas
En su sentido objetivo, Celso, un jurista romano de la época del emperador Adriano, definió al
Derecho como “el arte de lo bueno y equitativo” (ius est ars boni et aequi) (Digesto 1.1.1.). Al
analizar esta definición, algunos autores han concluido que el jurisconsulto confundió el
derecho con la moral, sobre todo cuando indica que el derecho es arte, pero para otros, se
refiere a la actividad de los técnicos como elaboración de los expertos en justicia.
Por tanto, en el lenguaje jurídico romano, el término iustuvo diversos significados a lo largo de
su historia:
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Los romanos también utilizaron la palabra ius para referirse a distintos campos del derecho (ius
privatum, ius publicum, ius civile, ius honorarium) o más restringido (ius singulare).
DEFINICION ENTRE DERECHO (IUS), RELIGION (FAS) Y MORAL (BONI MORES)
En los orígenes de Roma, el derecho guardaba vínculos estrechos con la religión y la moral; sin embargo,
los romanos supieron separar los preceptos religiosos y morales de las normas jurídicas, de ahí que
tuvieran expresiones propias para designar y comprender unas y otras. Así, la palabra ius se refería a
normas jurídicas, fas era considerado como lo que está conforme a la voluntad de los dioses y los boni
mores, en cambio, se entendieron como las normas de carácter moral.
Los preacepta Iuris y su influencia en el Derecho mexicano
Según Ulpiano (Inst. 1.1.3), los tres famosos preceptos que sintetizan los fines del derecho
objetivo y logran la convivencia social dentro de ciertas reglas son los siguientes:
a. Honeste vivere (Vivir honestamente)
b. Alterum non ladere (No dañar al otro)
c. Suum cuique tribuere (Dar a cada uno lo suyo)
Estos tres principios de orden moral se afirman más de lo que corresponde estrictamente a la
esfera del derecho. Lo anterior denota que en tiempos de Ulpiano (s. II d.C.) no existió una
verdadera separación entre el derecho y la moral social. No obstante, es patente la
preocupación por encontrar el contenido de la justicia y esto se logra en buena medida en el
tercero de los preceptos que estima la necesidad de atribuir a cada quien lo suyo, es decir, lo
que le corresponde; aludiendo, por lo tanto, a la noción de justicia como algo consustancial
dentro del orden jurídico.