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Torrecerredo 75

Este documento proporciona una breve historia de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo. Comienza describiendo la actividad alpinística en Europa a principios del siglo XX y los primeros grupos de montañismo en Asturias, incluido el grupo Estrella Blanca fundado en 1924. Luego detalla la evolución de Estrella Blanca a la Sociedad Española de Alpinismo Estrella Blanca en 1932 y su actividad, incluidas varias excursiones a los Picos de Europa ese año. Finalmente, señala que Torrecerredo

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Torrecerredo 75

Este documento proporciona una breve historia de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo. Comienza describiendo la actividad alpinística en Europa a principios del siglo XX y los primeros grupos de montañismo en Asturias, incluido el grupo Estrella Blanca fundado en 1924. Luego detalla la evolución de Estrella Blanca a la Sociedad Española de Alpinismo Estrella Blanca en 1932 y su actividad, incluidas varias excursiones a los Picos de Europa ese año. Finalmente, señala que Torrecerredo

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Edita: A. M. A.

Torrecerredo
Diseño: Manuel Fernández
Fotografías: Archivo Torrecerredo
Impresión: Gráficas Eujoa
Dep. Legal: As-6795-07
Índice

pág.

5 Torrecerredo, la historia de un club José Luis Aller


Historia de la Agrupación
Montañera Astur Torrecerredo

85 Escritos

87 Pintura y dibujo en la revista Ángel Antonio Rodríguez


Torrecerredo

94 A José Ramón Lueje Julio Gavito Arroyo

97 Breve semblanza de un montañero José Mario Argüelles Sáez


ilustre: José Ramón Lueje

106 Carta a José Luis Rubiera García Claudio Sánchez Albornoz

109 75 años del club en imágenes


Torrecerredo,
la historia de un club
Historia de la
Agrupación Montañera
Astur Torrecerredo

José Luis Aller


En el año 2007 se han cumplido setenta y cinco
años de vida de Torrecerredo, una historia que
comenzó oficialmente cuando la Estrella Blanca pasó
a ser la Sociedad Española de Alpinismo Estrella
Blanca. Tres cuartos de siglo de actividad en la
montaña han permitido que muchas personas hayan
podido acceder a las cumbres y disfrutar de la región
privilegiada en la que tenemos la suerte de vivir.

Torrecerredo quiere hoy recordar su historia y los


hechos que alrededor de ella han ido configurando
un club moderno, una labor realizada que ha
merecido en los últimos tiempos numerosos
reconocimientos.

Queremos que las páginas que siguen sirvan de


homenaje a todas las personas que han sido o son
protagonistas, para las que la montaña forma una
parte importante de sus vidas, y de modo especial a
los once cerredos que perdieron su vida
desarrollando esta actividad.

7
Antecedentes El montañismo de principios de siglo.
Los primeros grupos, la Estrella Blanca
y Peña Castil

A principios del siglo XX la actividad alpinística en Europa tenía ya una his-


toria destacada, cumbres como el Mont Blanc o el Cervino habían sido con-
quistadas y esta actividad iba teniendo un auge cada vez mayor. En Asturias
había terminado el siglo XIX con incursiones importantes en los Picos de
Europa, y cumbres como Torrecerredo y Peña Santa de Castilla habían sido
escaladas. En 1904 Pedro Pidal y Gregorio Pérez, el Cainejo realizan la pri-
mera escalada del Naranjo de Bulnes.
No hay muchas noticias sobre la práctica del montañismo en Gijón durante
los primeros años del siglo, pero las pocas que hay parecen limitar la visita
a cumbres importantes como pueden ser las de los Picos de Europa a perso-
nas con una posición social acomodada, son los casos de Felipe Menéndez
o Pedro Pidal. También Rosario Acuña hizo una visita al macizo oriental
ascendiendo al pico Evangelista.
Tenemos constancia por medio de Victoriano Sierra de que en 1923 un
grupo de gijoneses tenían una cierta organización formando un pequeño
grupo al que llamaron Peña Santa. Cuenta Victoriano: «Íbamos al gimnasio
del Sporting, todos practicábamos entonces el excursionismo, la natación y
el ciclismo, para después dedicarnos también al esquí y al alpinismo. Cada
domingo salíamos a recorrer playas y montañas de la región...»

Esquí en Pajares (1924)

8
También hay constancia de un grupo en El Natahoyo que en 1925 realizó
una ascensión colectiva a la Torre de Enol.
A partir de 1924 empezó a organizarse una asociación montañera que
agrupaba a una gran parte de los aficionados que iban surgiendo en Gijón,
se le puso el nombre de Estrella Blanca y a ella se unieron entre otros los
miembros del citado grupo Peña Santa. Según cuenta Emilio Martínez, el
Boti “fueron sus artífices el Guiri, Lio, Tulfi, Juanada, Montequín, Sierra,
Molina, etc. Pocos años más tarde lo reforzamos el Noi y yo y, algo más tarde,
Marino, Juanín y Medina”.
Este grupo Estrella Blanca puede considerarse como la verdadera semilla
de lo que años más tarde sería Torrecerredo, su evolución puede seguirse per- Anagrama del grupo de
fectamente en los libros de actas hasta el comienzo de la guerra civil y la montaña Estrella Blanca
aparición de Torrecerredo puede considerarse como el reagrupamiento de lo
que había quedado tras la contienda.
Merece la pena detenerse en estos años anteriores a 1936: el 22 de junio
de 1932 la veterana Estrella Blanca se transforma en la Sociedad Española
de Alpinismo Estrella Blanca, filial de la S. E. A. Peñalara que se creó en
Madrid en 1913. La idea era crear una verdadera entidad nacional que agru-
para a todas las sociedades montañistas españolas. La Estrella Blanca no era
la única en Asturias perteneciente a la S. E. A., ya que también los oveten-
ses de Peñaubiña eran miembros de este grupo.
La directiva de la S. E. A. Estrella Blanca queda formada como sigue:

Presidente: Aniceto Heredia


Vicepresidente: Julián Ayuso
Secretario: Emilio Ribera
Tesorero: Eloy Berthon

Victoriano Sierra con un grupo


en la cumbre del Pienzu
(1928)

9
Socios fundadores: Aniceto Heredia, Ataúlfo Costales,
Vicente Pérez, Avelino Fernández, Luis Iniesta, Aurelio
Medina, Cristino Mori, Leonardo García, Erick
Holzbecker, Santiago Reoyo, Emilio Martínez, Lorenzo
Méndez, Eloy Berthon, Julián Ayuso, José María
Gironella, Emilio Ribera y Ramiro Fernández.
El 2 de julio hay algunos cambios en la directiva, en la
que sigue como presidente A. Heredia. Emilio Martínez
es vicepresidente, Emilio Ribera continúa de secretario,
Aniceto Heredia Julián Ayuso pasa a tesorero y E. Berthon a contador.

10
La primera excursión colectiva se realiza al pico Fario y Peña Careses. Lo
normal en esta época era ir conociendo primero las montañas más próximas
a Gijón y después otras cada vez más lejanas.
En 1933, el 29 de marzo es elegido presidente Julio Gavito. Durante este
año se realiza una gran actividad montañera tanto en el ámbito de excursio-
nes a montañas cercanas como en alta montaña. El 9 de septiembre se orga-
niza una excursión al Monsacro en la que se quería congregar a todos los
montañeros asturianos, pero la coincidencia con la romería del Naranco (que
se había suspendido el domingo anterior por la lluvia) hizo que no fuera tan
numerosa la concurrencia; de todos modos se reunieron unos cien montañeros

gijoneses y del grupo Pico Polio de Mieres. A finales de mes, en el regreso


de una excursión al macizo occidental de los Picos, se coincide con el últi-
mo viaje del tranvía de vapor que hacía el trayecto Covadonga-Arriondas y
que dejó de funcionar desde esas fechas.
Una colectiva que se realizó en agosto de este año 1933 por veinte mon-
tañeros de la Estrella Blanca fue la visita a Caín con el siguiente itinerario:
viaje en autocar hasta Poncebos, subida a Bulnes, donde se duerme en casa
de la “tía Jerónima”. Al día siguiente subida a Amuesa, siguiendo por el
collado de Cerredo, descenso por la canal de Piedrabellida para volver a tre-
par al monte Cuedri; el último descenso se realizó por la canal de Trescámara
para llegar a Caín. El regreso por el desfiladero, Trea, Culiembro y Los
Collados hasta llegar a Poncebos. Como vemos, una visita a Caín más com-
plicada de lo que resulta hoy día.
El mismo año Emilio Ribera, el Noi, asciende en agosto al pico de los
Cabrones por la cara sur y encuentra las tarjetas de los peñalaros Miguel
López y José González, que habían ascendido por la parte norte.

11
Cristino Mori, Aniceto Heredia
y Ataúlfo Costales en la
horcada de Santa María
(1924)

Durante la semana que pasó en los Picos hizo además las siguientes
ascensiones: Peña Castil, Morra del Carnizoso, Torre de Cerredo, Torre de la
Párdida, Neverón de Urriello, Peña Santa de Castilla, el Torco, la Torre de
Santa María de Enol y Cotalba.
También en agosto, otro directivo de la Estrella Blanca, Emilio Martínez,
el Boti, realizó una gran actividad ascendiendo a la Torre de Santa María de
Enol por las Rubias y bajando por Cemba Vieya. Sobre este descenso comenta:
«el nevero me resulta muy dificultoso debido a la gran inclinación; además
calzo abarcas y no traigo piolet. (Con lo temprano de la mañana estaba la
nieve completamente helada.)».
No fue el Boti el primero en tener dificultades en este nevero; unos cuan-
tos años antes D. Pedro Pidal, después de haber perseguido a unos rebecos,

12
Victoriano Sierra y
Carlos Mier Campillo
en la base de
Torrecerredo (1933)

desciende de la cumbre por el corredor que hoy lleva su nombre. Al llegar al


nevero equipado solamente con su fusil, resbala y se precipita a gran veloci-
dad. Algunas de sus impresiones durante la caída las leemos en sus escritos:
«[...] cada golpe era más fuerte que el anterior; cada sacudida más brusca;
el máuser se me rompió en dos pedazos... Yo lo quise –pensé– me estoy des-
peñando... Me di por muerto. Veía de un momento a otro el choque fatal,
terrible, que me desvencijara por completo, que rompiese mis huesos y aven-
tara mis sesos, si es que me quedaba alguno por haberme metido en trance
semejante...».
Al final consigue detenerse, y Gustavo Schulz, que formaba parte de la
expedición, va al nevero y recupera los trozos de rifle, el sombrero y el reloj
que D. Pedro había perdido y le comenta: «Rodar usted doscientos cincuenta

13
metros, usted querer matarse». Las dificultades de el Boti no llegaron a tanto
y consiguió bajar sin caer. Después se dirige a la fuente de las Balas y ascien-
de a Peña Santa de Castilla; en el descenso tiene de nuevo dificultades, ya
que pierde la vía de subida y, según sus palabras, tiene que arriesgarse por
un canalón muy vertical. Cuando llega a Vegarredonda se encuentra con la
desagradable sorpresa de que le han “limpiado”. El último día asciende al
Cotalba.
También el presidente del club, Julio Gavito, acompañado de los socios
E. Leal y F. Díaz, tiene una notable actividad en los Picos: durante el mes de
septiembre hacen varios recorridos ascendiendo al pico del Albo, Torre de
Cerredo, Torre Bermeja, Torre de Coello, Tiro del Oso, Neverón de Urriello
(ascensión por la cara occidental y descenso por la cresta sur), Torre de la
Párdida y Peña Santa de Castilla.
Victoriano Sierra realiza la ascensión a Torrecerredo acompañado por
Carlos Mier Campillo, de Bulnes, el 13 de septiembre.
El 15 de octubre de este año 1933 de gran actividad montañera, tiene
lugar en Poo de Cabrales la inauguración del mirador del pozo de la Oración,
construido por iniciativa de Peñalara según proyecto de D. Julián Delgado
Úbeda y en honor de D. Pedro Pidal; asisten numerosas autoridades, y entre
ellas el alcalde de Gijón D. Gil Fernández Barcia y el teniente de alcalde
D. Félix Guisasola, que años más tarde sería el primer presidente de
Torrecerredo. Entre las sociedades acuden autocares de Peñaubiña de
Oviedo, Estrella Blanca de Gijón, Picu Polio de Mieres, Pico Tresmares de
Reinosa. D. Pedro Pidal pronuncia un breve discurso y en su modestia recha-
za el homenaje y lo atribuye, en primer lugar, al Autor de la belleza natural
que nos rodea; después al hombre noble y oscuro que ayudó en la empresa:
Gregorio Pérez, el Cainejo, cuyo nombre solicita sea grabado en el monumen-
to; dedica un recuerdo al guía Víctor Martínez, ya desaparecido, y a su hijo
Alfonso y termina con unas sentidas palabras sobre las emociones de los que
subieron o intentaron subir al Naranjo.

Colectiva de Peña
Castil en
Panderruedas
(1934)

14
La celebración termina con un baile corricorri y un banquete en la Fonda
de Los Picos de Europa con los correspondientes brindis, palabras y lectura
de adhesiones.
En junta celebrada el 7 de noviembre de 1933 se acuerda cambiar el
nombre de Estrella Blanca por el más montañero de Sociedad Española de
Alpinismo Peña Castil; según palabras que se ponen en boca de Gavito “el
nombre de Estrella Blanca olía a cerveza”, recordemos que la cerveza que se

15
elaboraba en nuestra ciudad era La Estrella
de Gijón. El domicilio social queda fijado
en Gijón, calle del Marqués de San
Esteban, n.º 11, 3.º E. En esta misma
junta quedan nombrados socios honorarios
los antiguos fundadores del grupo la
Estrella Blanca: Aniceto Heredia, Ataúlfo
Costales, Leonardo García y Cristino Mori.
Durante los últimos años la afición al
esquí entre los gijoneses fue en aumento y
así durante la temporada invernal se reali-
Anagrama del grupo de zaban excursiones a San Isidro o Pajares.
montaña Peña Castil
El 26 de noviembre se realizó la primera
expedición de la temporada para esquiar
en el puerto de San Isidro, el autocar tuvo que quedarse en la central eléc-
trica y los esquiadores subieron caminando hacia el alto de la Raya. El 3 de
diciembre se realiza un “gran entrenamiento” en el puerto de Pajares bajan-
do después en esquís desde el alto de Valgrande al pueblo de Pajares. El 11
de febrero de 1934 se celebra en Pajares el I Campeonato de Asturias de
esquí, participan 17 corredores de los que se retiraron tres, la prueba fue en
la especialidad de fondo con un recorrido de 13 Kilómetros y el vencedor fue
Jesús Valgrande seguido de su hermano Ricardo, ambos del Club Peña
Ubiña. El quinto fue Bernardino Suárez, de Peña Castil, y el octavo Emilio
Ribera, el Noi, también de Peña Castil, hubo otros dos clasificados del club
gijonés.
Al año siguiente se celebra el II Campeonato de Asturias ocupando los dos
primeros puestos Jesús y Ricardo Suárez como el año anterior. Los peñacas-
tiles se clasifican como sigue: 3.º Bernardino Suárez, 4.º Antonio Matilla, 5.º
Aurelio Medina, 8.º Federico Suárez, 9.º Manuel Lobo, 10.º Alfredo Rubiera,
11.º Guillermo de la Viña, 14.º Manuel Díaz Fonseca y 15.º Sabino Noriega.
El Noi actuó como cronometrador.
Al año siguiente 1934 la actividad montañera sigue ganando adep-
tos y las ascensiones en los Picos durante los meses de verano se hacen fre-
cuentes, así Emilio Ribera (el Noi) asciende en agosto a las siguientes cum-
bres: Torre del Medio, Llambrión, Torre de Casiano del Prado, Torre de las
Minas de Carbón, Tiro Tirso, Torres de Peñalara y Hoyo Grande, Torre
Bermeja, Coello y Tiro del Oso y Cuetos del Albo. Aurelio Medina asciende a
la Torre de Santa María de Enol, Torre del Medio, Torre de la Palanca y de D.
Pedro Pidal y al subir a la Torre de Cerredo observa que no ha habido excur-
siones ese año. Estas muestras de actividad nos hacen ver cómo los Picos
son cada vez más conocidos, y los peñacastiles, lo mismo que otros, han ido
conociéndolos a fondo y ascendiendo sus cumbres.
Con el comienzo de la guerra civil en julio de 1936 las actividades mon-
tañeras se vieron truncadas y los montañeros se vieron implicados en el con-
flicto en uno u otro bando. Bajo el punto de vista montañero puede ser

16
significativo el que un buen número de montañeros de los que formaban la Campeonato de fondo en
Pajares
S. E. A. Peñacastil fueron incorporados al batallón alpino perteneciente al
ejército de la República, que permaneció durante la guerra en el puerto de
San Isidro; de esta forma y aunque con unas circunstancias muy distintas
estos gijoneses siguieron desarrollando la actividad en la montaña en unas
condiciones que sobre todo en invierno resultaban especialmente duras; se
recuerdan casos de tener que profundizar en la nieve para buscar en las tie-
rras de labor alguna patata que hubiera quedado sin recoger. La dirección
técnica de este grupo estaba a cargo de Emilio Ribera y el mando lo tenía
Sixto Barros. Algunos de los componentes eran Pío Canga, Fernando
Rodríguez Panchano, Daniel Hevia, Horacio Rodríguez, Avelino Rodríguez,
Cristino Mori y Aniceto Heredia.

17
1940 > 1959 La fundación de Torrecerredo,
las décadas de los cuarenta
y cincuenta

Durante los años de la posguerra la


situación iba normalizándose lentamen-
te y la actividad en la montaña se rea-
nuda a pesar de las dificultades, los
antiguos directivos de Peña Castil
siguieron ahora haciendo actividad y
comunicando su afición a los gijoneses
de tal forma que en 1946 tenían un
buen número de seguidores. En una
excursión en la que el número de asis-
tentes era numeroso se decide trabajar
para la formación de una sociedad de
Félix Guisasola, primer montaña. El 27 de noviembre de 1946
presidente de
sale en un diario la reseña de la citada
Torrecerredo
excursión y aparece el nombre de Peña
Montañera Gijonesa, nombre que se da provisionalmente a este grupo; el pre-
sidente es Emilio Ribera, el Noi, secretario José Mario Argüelles y tesorero
Pablo González Prado.

Reverso de una tarjeta de


cumbres de la Peña
Montañera Gijonesa

18
Reproducción del acta de
fundación de la Agupación
Montañera Astur
Torrecerredo

En este punto nada mejor que reproducir


un documento de la época, un artículo
de José Mario Argüelles publicado en el boletín
n.º 8 de diciembre de 1948 en el que se
narran estos acontecimientos:

19
20
21
22
23
Hotel Valgrande en el puerto
de Pajares

En la cumbre del Tixu


(Peña Mayor) el 4 de
abril de 1948

La primera excursión colectiva a la nieve se realiza en tren en enero de


1948. Entre los promotores del esquí están Triviño, Melchor y Nico Ochoa.
Durante estos primeros años el local social estaba situado en la calle
Santa Lucia 6, 4.º. Durante el verano del 48 se desarrolla una buena labor
con colectivas a numerosas cumbres, la primera de ellas se realiza en tren a
Peña Mayor, entrando por Nava y saliendo por Laviana; ya nos podemos supo-
ner las dificultades de estas colectivas en las que para empezar había que
llevar un permiso oficial que acreditara a los montañeros como tales ante un
posible control de la guardia civil que vigilaba las distintas zonas, después lo
apretado de los horarios, sobre todo de vuelta, donde había que tener cuida-
do de no perder el último tren que regresaba a Gijón.

24
El 6 de mayo se realiza la primera excursión colectiva en autocar, un
Hispano-Suiza de dos pisos de Autos Sama; la ascensión es a la cumbre del
Monsacro. Desde luego los autocares tampoco eran una maravilla, eso, unido
al estado de las carreteras, hacía que la aventura montañera comenzara nada
más salir de casa. Todavía recuerdan algunos cómo al pasar un paso a nivel con
el autocar, el bache produjo la caída de alguna de las tablas del suelo y que-
daron con los pies en el aire viendo cómo la carretera pasaba rápidamente
debajo de ellos. Otros aspectos tenían sin embargo alicientes que hoy no hay:
era una sensación especial el viajar en los asientos que algunos autocares lle-
vaban sobre el techo y recorrer así rutas como el desfiladero de los Beyos.
El 18 de septiembre de 1949 tiene lugar un emotivo acto en el que se
cumple la última voluntad de D. Pedro Pidal: ser enterrado en el mirador de
Ordiales; en este maravilloso lugar del Cornión se pueden leer esculpidas en
Autocar utilizado por
piedra sus palabras: «Nosotros, enamorados del Parque Nacional de la Torrecerredo en su excursión
Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente; al Monsacro

25
Los cerredos José Ramón
Lueje y Daniel Hevia
colaboran en el transporte de
los restos de Pedro Pidal a
Ordiales

pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las


águilas...» D. Pedro, después de pasar la guerra escondido en Madrid en un
aislamiento tan solo interrumpido por las visitas de D. Julián Delgado Úbeda
durante las que recibía un aliento de aire puro al recordar tantos lugares de
sus amados Picos, regresa a Gijón, donde permanece enfermo y achacoso
hasta su fallecimiento el 21 de noviembre de 1941. Ocho años más tarde los
montañeros de las tres sociedades asturianas presididos por el presidente de
la Federación Española de Montañismo D. Julián Delgado Úbeda asisten a
una misa en la vega de Enol, ante un arca de roble que contiene los restos
del marqués; después los montañeros se turnan en el traslado hasta deposi-
tarlos en Ordiales, donde reposan.
Los días 17 y 18 de julio de 1949 se realiza la primera excursión colec-
tiva de la nueva sociedad a su cumbre titular Torrecerredo y forman parte de
ella Pablo González, Julián Capella, Fernando Rodríguez (Panchano),
Faustino Sánchez, Luis Betegón, Eloy Calvo, Ramón Bachmaier, Carlos
Laurín, Severino Canal, Horacio Rodríguez y José Mario Argüelles, acompa-
ñados por Arturo Mier Campillo y Alfonso Martínez.

En el pozo de la Oración y en
la cumbre de Torrecerredo,
dos momentos de la primera
excursión a nuestra cumbre
titular (1949)

26
27
Nicanor Piñole en plena
actividad

Don Nicanor Piñole con los


miembros de una colectiva
en las proximidades de
puerto Ventana

Durante estos años Torrecerredo cuenta entre los asistentes a las colecti-
vas con un gijonés de excepción, Nicanor Piñole. D. Nicanor, que había plas-
mado en sus lienzos tantas escenas asturianas, no podía ser ajeno al mundo
de la montaña, de las majadas, los bosques y los pueblos, y por mediación
de Eduardo Vigil y José Ramón Lueje tomó contacto con los montañeros que
con otros objetivos distintos a los suyos salían hacia la montaña. No en pocas
ocasiones los compañeros de excursión le ayudaron a transportar su equipo
de pintura hasta el lugar que el elegía, después él se quedaba solo, a su aire,
trasladando como el sabía hacer la magia de la montaña hasta el lienzo. Los
montañeros subían a las cumbres y al bajar D. Nicanor daba las últimas pin-
celadas; un veterano me cuenta con emoción cómo en una ocasión los mon-
tañeros iban llegando y en silencio y a una prudente distancia se iban que-
dando contemplando la obra. Parecía como si un hechizo les envolviera a
todos, hasta que al final D. Nicanor, rodeado de sus silenciosos admiradores,
guardó los pinceles y en ese momento todos regresaron a la realidad, el

28
hechizo se rompió y la excursión continuó hasta el autocar que les esperaba
en el pueblo.
Nicanor Piñole fue nombrado socio de honor de Torrecerredo en la junta
general de socios celebrada el 18 de enero de 1949. El 28 de marzo de
1949 se nombra presidente de honor de Torrecerredo a Alejandro Pidal
Guilhou y se hace constar la satisfacción por haber sido concedida la meda-
lla de plata del Mérito montañero a José Ramón Lueje. Durante este año los
cerredos Ceferino Mateo y Ángel Cifuentes participan en un campamento del
Frente de Juventudes en el Pirineo central y allí hacen numerosas ascensio-
nes, entre ellas a los picos Aneto, Corona, Enmedio, Gours Blancs, Baquo,
Posets y Perdiguero.
El interés por todas las actividades deportivas que se realizan en la natura-
leza hace que el 20 de agosto de 1950 se organice entre la Federación
Asturiana de Natación y Torrecerredo la primera travesía al lago Enol; asisten
tres autocares de Gijón, uno de Oviedo y otro de Noreña, a parte de otros
vehículos de diversos lugares de Asturias. Participaron trece nadadores sien-
do los primeros puestos: 1.º Artemio Rodríguez de C. N. Cantábrico, 2.º Luis
Rubiera de S. N. Cimadevilla y 3.º Ramón Ortea de S. N. del Real Club Astur
de Regatas. Con esta travesía se instituyó durante varios años el Trofeo Pedro
Pidal, padre de Alejandro Pidal, presidente de honor de Torrecerredo.
Este mismo año Torrecerredo en su fiesta social decide homenajear a los
pastores de Covadonga una vez al año, homenaje que ha dado lugar a la
actual fiesta del Pastor que se continúa celebrando en la vega de Enol todos
los días 25 de julio.
Durante estos años varios cerredos formaron un grupo folclórico que contri-
buyó con su actividad a dar colorido y alegría a numerosos acontecimientos.

Miembros del grupo folclórico


de Torrecerredo

29
En 1950 y a consecuencia de divergencias surgidas en el seno de
Torrecerredo, varios socios promueven la creación del Club Alpino, que ha de
tener un gran protagonismo en la actividad montañera durante cuarenta años
ya que en 1990 se integra de nuevo en Torrecerredo.
En marzo de 1950 es elegido presidente de la A. M. A. Torrecerredo
Víctor Felgueroso León, y en la Semana Santa de este mismo año, Ceferino
Mateo, Pedro Martí y Ángel Cifuentes tratan de escalar la Torre de Enol, lo
intentan por Cemba Vieya, pero al llegar a la parte de roca se hunde la nieve
que tapaba la rimaya y cae a ella el que iba en cabeza; el rescate fue labo-
rioso y deciden regresar al refugio de Vegarredonda, al día siguiente atravie-
san en esquís el macizo de las Peñas Santas, salen a las 6 de la mañana de
Vegarredonda y siguen por Cebolleda, jou Luengu, jou de Pozas, Vega Huerta,
Anagrama del Club Alpino
canal de Capozo hasta Posada de Valdeón, a donde llegan a las 3 de la tarde.
Después continúan hasta Espinama y llegan a Áliva a las 10,30 de la noche.
Al día siguiente suben a Peña Vieja por la Canalona y bajan a Arenas de
Cabrales. Se trata de una incursión seria en los Picos de Europa en condicio-
nes invernales. La idea de estos montañeros era romper el mito de la extre-
mada peligrosidad que se atribuía a estas montañas en invierno. Según cuen-
ta el propio Ceferino eran frecuentes frases como “desde luego en invierno
no hay nada que hacer en los Picos” o comentarios sobre la gran cantidad de
hielo, nieve, aludes, etc., que harían la expedición peligrosísima. Esta trave-
sía fue el inicio de empresas más ambiciosas que se realizaron pocos años
después por algunos de estos montañeros y con la idea de que fueran los
asturianos los primeros en alcanzar nuestras cumbres más significativas en
época invernal. La preparación técnica se toma muy en serio y este mismo
año Ceferino Mateo participa en el Campamento Nacional de Alta Montaña
del Frente de Juventudes en Gredos; en él se hacen escaladas como los
Hermanitos y Torreón de los Galayos y obtiene el primer premio del Curso
Nacional de Escalada. Como dato que nos da idea de la economía de la
época diremos que en estas fechas se eleva la cuota social de la A. M. A.
Torrecerredo de dos a tres pesetas.
Un grupo de montañeros de Torrecerredo que también practican el esquí,
incluye entre las actividades de la temporada 1950-51 una travesía en
esquís; es la primera que se organiza y va a ser la semilla de una práctica
deportiva que se ha desarrollado notablemente hasta nuestros días. La sali-
da se realiza en Casomera el 31 de diciembre de 1950 y con una gran can-
tidad de nieve se asciende hasta el puerto de Piedrafita para bajar a pernoc-
tar al pueblo leonés del mismo nombre. Al día siguiente los excursionistas
ascienden hacia el Brañacaballo, pero desisten de llegar a la cumbre a causa
del mal tiempo, por ello bordean por zonas algo más bajas hasta dar vista al
valle del Bernesga, descendiendo después hacia Busdongo.
No faltan las actividades de promoción del montañismo, así el 6 de abril
de 1951 Torrecerredo organiza en el Cine Avenida una jornada de cine dedi-
cada a la montaña. La entrada cuesta 3 Ptas. También al finalizar este año
se comienza la organización de una exposición de fotografía patrocinada por

30
el Ayuntamiento que culmina con la celebración al año siguiente del I Salón Primera travesía en
esquís entre Casomera y
de Navidad de Fotografía. Este salón se celebra ininterrumpidamente desde Busdongo
aquellas fechas, pasando primero a ser nacional y después internacional.
Desde hace unos años está organizado por Caja Asturias.
Durante el verano de 1951 la cordada formada por los gijoneses Ceferino
Mateo, Pedro Martí y Ángel Cifuentes escala el Naranjo de Bulnes. Es la pri-
mera ascensión sin guía al Picu por parte de montañeros asturianos.
Entre el 18 y el 27 de julio de 1952 se realiza una salida colectiva al valle
de Ordesa, se trata de la primera salida colectiva de Torrecerredo a montañas
de fuera de nuestra región.
El esquí va tomando importancia en Gijón y en la región, de modo que se
impone una mejora de la casi nula infraestructura existente; así en 1953 se
puede contar ya con el primer telesquí, el de La Cerra, situado al lado del
parador de turismo del puerto de Pajares, que también se inauguró por esas
fechas. Este arrastre, a pesar de su escasa longitud y de las colas que
muchas veces había que sufrir, supuso un gran avance para mejorar el nivel
de esquí. Es interesante observar que en toda esta primera época los aficio-
nados a la montaña en su mayor parte practicaban tanto el montañismo como
el esquí y sobre todo este último con más entusiasmo que medios.

31
En este año de 1953 la A. M. A. Torrece-
rredo cambia su local social a la calle
Covadonga 38, se trata de un local
amplio y céntrico situado en el segundo
piso encima del Café Dindurra, que per-
Lugar donde se ubicará el
mitirá la realización de más actividades
local social del grupo sociales. En el mes de julio Torrecerredo
Torrecerredo a partir de 1953
coloca una placa en la Torre de Salinas
conmemorando el centenario de la primera ascensión por Casiano del Prado.
En el ámbito montañero, 1954 es un año importante y esto por varios
motivos. Durante el mes de marzo montañeros de Torrecerredo, alguno de los
cuales ya habían atravesado en esquís el macizo occidental, hacen una nueva
incursión en esta parte de los Picos, utilizan esquís para subir hacia los lagos
y Vegarredonda, donde hacen base y desde el refugio ascienden hacia la hor-
cada de Santa María con la intención de alcanzar la cumbre de la Torre de Enol.
Las dificultades propias de la gran cantidad de nieve acumulada y del hielo,
Excursión a Pirineos
(1952)

32
Equipo de esquí de
Torrecerredo en los
Campeonatos de la Federación
Norte (1952)

hacen que la escalada sea lenta, y lo avanzado de la hora les obliga a dar la
vuelta sin alcanzar la cima. Unos días después, en el mes de abril, repiten la
expedición y en esta ocasión consiguen alcanzar la cumbre que había que-
dado tan cerca la vez anterior. Los componentes eran Javier y Pablo González
Prado, José Mario Argüelles, Ceferino Mateo, Pedro Lueje y Ángel Cifuentes.
Durante el verano se cumplen cincuenta años de la primera ascensión al
Naranjo de Bulnes y con este motivo se celebra en la vega de Urriello el cam-
pamento internacional de montaña, en el que participan numerosos monta-
ñeros gijoneses. Los actos comienzan el 31 de julio con una concentración
de montañeros en Cangas de Onís, dirigiéndose después a Covadonga y a los

33
lagos, desde aquí se realiza una excursión hasta el mirador de Ordiales,
donde se depositan unas flores en la tumba de Pedro Pidal. Algunos de los
asistentes pernoctan en Vegarredonda y realizan al día siguiente la travesía
hasta Poncebos descendiendo al Cares por la canal de Trea. El 3 de agosto
se asciende a la vega de Urriello por Bulnes y Camburero y al día siguiente
se inaugura el nuevo refugio construido al pie del Naranjo y que lleva el nom-
bre del presidente de la F. E. M. Julián Delgado Úbeda, que también asiste
al acto y recibe en él la medalla de oro del Club Alpino Francés.

Miembros de la expedición a
la Torre de Enol en
Vegarredonda

Inauguración del refugio


de la vega de Urriellu

34
César Guisasola en la
prueba de eslalon gigante
en la que quedó
subcampeón de España

En la tarde de ese mismo día se realizan ascensiones al picu y al día siguiente


se celebra una misa en la cumbre. Durante los días 4 y 5 son muchas las cor-
dadas que alcanzan la cumbre del Naranjo de Bulnes y entre ellos está un nieto
de D. Pedro Pidal. También las mujeres están presentes en estas ascensiones
con cuatro escaladoras, dos españolas y dos extranjeras. Como dato curioso
está el de las escaladas sin cuerda ni otra ayuda artificial de tres pastores, uno
de los cuales realiza la subida al Picu en quince minutos.
En 1956 el joven esquiador de Torrecerredo César Guisasola deja el pabe-
llón asturiano muy alto al quedar subcampeón de España de eslalom gigan-
te en los campeonatos nacionales que se celebraron en Candanchú.
El escritor Luciano Castañón es un asistente habitual a las excursiones de
Torrecerredo de estos años; durante ellas, además de practicar el montañis-
mo, aprovecha para recoger de pastores y lugareños todo tipo de refranes y
tradiciones.
En 1957 es elegido presidente de Torrecerredo Casimiro González Velasco
y ese mismo año la Federación Española de Montañismo hace entrega de una
placa conmemorativa de los veinticinco años de la fundación de la Estrella
Blanca, semilla de la actual agrupación.
Al acto asisten el alcalde de Gijón Sr. García Bernardo, el presidente de la
Federación Española de Montañismo Julián Delgado Úbeda y Nicanor Piñole.

35
Acto conmemorativo del 25
aniversario celebrado en el
local social. De Izquierda a
derecha: Julián Delgado
Úbeda, José García Bernardo,
Nicanor Piñole, Emilio Ribera
y el padre Antonio Montero.

En 1958 se publica la última revista Torrecerredo de esta época; en ella,


José Ramón Lueje, que durante todos estos años ha sido el promotor de esta
importante publicación, realiza un amplio trabajo sobre el macizo de Ubiña.
También en este año Torrecerredo publica un programa de travesías colecti-
vas de esquí que quiere que sirvan de motivación para que una actividad que
hasta entonces había sido minoritaria pasara a ser practicada por mayor
número de personas. Entre las travesías figuraban: ascensión al Cellón desde
el puerto de Pajares y bajada a la estación de Pajares, travesía alto de
Pajares-Tuiza, travesía Casomera-Piedrafita-Busdongo y travesía del Fario.
Los principales promotores de esta idea son José Mario Argüelles y Pablo
González Prado.

Portada del programa


de travesías en esquí
(1958)

36
En el mes de junio de este año Torrecerredo organiza el primer curso de
escalada en roca que se conoce en nuestra ciudad. Se realiza en las proximi-
dades del desfiladero de Peñas Juntas y para impartirlo viene el profesor san-
tanderino Rodolfo G. Amorrortu.
Como segunda parte del curso, a las pocas fechas, y ya sin el profesor cán-
tabro, se realizan otras prácticas en la zona de Morcín. Al año siguiente,
1959, se programan varias actividades que tratan de difundir lo aprendido
en el curso entre los asistentes a las colectivas; una de ellas es una ascen-
sión colectiva a La Mesa por distintas vías. El 14 de junio una cordada sur-
gida de entre los asistentes a estas actividades y formada por Manuel García
Valdés, Pablo González Prado y José Luis Aller, aprovechando una colectiva
del club al macizo de Ubiña, decide escalar el Tercer Castillín. La escalada
comienza entre una densa niebla y cuando Manuel iba de primero sufre una
caída que le hace volar unos diez metros; como consecuencia de ello tiene
una fractura de fémur. Pablo baja a pedir ayuda y José Luis se queda con el
herido; varias horas de espera entre niebla, tormenta y granizo. El grupo de
rescate formado por personas de Tuiza y de la colectiva comienza el descen-
so, que fue laborioso. Dada la falta de medios y lo avanzado de la hora tuvo
que pernoctarse en las proximidades de la horcada del Siete. Se trata del pri-
mer accidente serio en la historia de Torrecerredo, que por suerte no tuvo
consecuencias irreparables.
En febrero de 1959 se celebran en el valle de Arán los primeros campeo-
natos nacionales juveniles de esquí. Las pruebas se corren en las pistas de
Baqueira, que en esta época estaban prácticamente vírgenes. De los seis
miembros del equipo de Esquí Alpino de la Federación Norte, cuatro eran los
esquiadores de Torrecerredo Emilio García, Monchu Veiga, Diego Posada y
José Luis Aller. Los otros eran Alfredo González de Maraña y José Gutiérrez

Portadas de la
revista Torrecerredo
(años 1949
y 1958)

37
Participantes en el
primer curso de escalada

de Busdongo; la actuación más destacada fue en la prueba de eslalon en la


que José y Alfredo consiguieron el primer y tercer puesto, respectivamente,
y los gijoneses entre el 18 y el 21 de 53 clasificados.
El 11 de agosto de 1959 es un día trágico para el montañismo gijonés;
tres montañeros de la sección de montaña del Centro Asturiano de La
Habana, ascienden hacía La Mostayal y cuando llegan a la cumbre advierten
que una tormenta que se había ido formando empieza a descargar sobre
ellos; deciden descender rápidamente, pero a pocos metros de la cima un
rayo les alcanza causando la muerte a José Manuel Valdés de la Vega y dejan-
do inconscientes a Fermín Braña y a Fernando Díaz. Torrecerredo, lo mismo
que el resto de los clubes asturianos, se conmocionan ante este primer acci-
dente mortal en la historia del montañismo de nuestra ciudad. Días más
tarde montañeros de toda la región se reúnen en el mismo lugar para recor-
dar a José Manuel y colocar una placa.
Durante los tres últimos años de esta década de los cincuenta,
Torrecerredo establece el I Trofeo Cordillera Cantábrica; se trata de un con-
curso de montaña que, por las condiciones que se ponen en sus bases,
fomenta el que se visiten zonas diversas de la Cordillera, incluyendo ascen-
siones invernales; el número de metros a subir es de 40.000.

38
Participación en la creación de la Los años 60
Escuela de Alta Montaña Asturiana,
desarrollo de la escalada.
Se construye el refugio del puerto
de San Isidro.

En 1961 se cumplen ciento cincuenta años de la muerte de Gaspar Melchor


de Jovellanos en Puerto de Vega; con este motivo Torrecerredo organiza los
días 24 y 25 de junio una travesía por los puertos de Ventana y de La Mesa.
Se trata de recordar los viajes de Jovellanos por estos altos pasos de la
Cordillera en junio de 1792. Entre los actos conmemorativos está la coloca-
ción de una placa de bronce sobre las calizas del Peñón de Ventana en el alto
de este puerto y la edición de una publicación con el título A Jovellanos,
homenaje de la A. M. A. Torrecerredo. En ella se recuerdan, entre otras cosas,
las rutas recorridas por Jovellanos por los concejos de Quirós y Teverga.
A pesar de que la Federación Española de Montañismo se creó al finali-
zar la guerra civil, no existía en Asturias al terminar la década de los años 50
una federación provincial. Varios montañeros asturianos con inquietud y
entre ellos varios cerredos, hacen las gestiones necesarias para que a finales
de 1962 exista la Federación Asturiana de Montañismo, cuyo primer presi-
dente es el ovetense Luis Estrada.
Además de la actividad montañera normal en colectivas y en cumbres sin
dificultades especiales, grupos más minoritarios realizan ascensiones cada
vez más difíciles; los conocimientos técnicos para estas actividades exigen
que se realicen cursos sobre las distintas técnicas. En 1962, varios monta-
ñeros asturianos y entre ellos los cerredos Juan Delgado y Juan Torío se
ponen en contacto con la sección cantábrica de la Escuela Nacional de Alta

Portada de la publicación
A Jovellanos

39
Juan Delgado, Juan Torío,
el Boti y Emilio Pérez con
les Monjines al fondo

Montaña con sede en Santander, de la que dependía Asturias, para organizar


el I Curso Oficial de Escalada para la Región Asturiana. El director técnico
del curso es el escalador cántabro Rodolfo G. Amorrortu, y el secretario y
encargado de transportes, Juan Delgado. El curso se desarrolla en el macizo
de Ubiña entre los días 29 de junio y 1 de julio con la asistencia de 17 par-
ticipantes. La solvencia de los montañeros asturianos permite que en enero
de 1963 se disponga en Asturias de una Escuela Nacional de Alta Montaña
(ENAM). Juan Delgado es el primer director. Entre los días 16 y 19 de marzo
de 1963 se organiza el I Curso Oficial de Escalada en Hielo para la Región

40
Asturiana; este curso tiene su base en la Casa de Mieres y se realiza funda-
mentalmente en Peña Ubiña Pequeña, Peña Ubiña Grande y zonas próximas.
A él asisten 19 alumnos y como en el anterior de escalada en roca varios ins-
tructores cántabros y el presidente de la Federación Española de Montañismo
Félix Méndez, que quiere con su presencia animar a los responsables astu-
rianos. Durante estos primeros años de funcionamiento de la ENAM el lugar
de prácticas próximo a Gijón está en Veriña, en terrenos que hoy día están
ocupados por la central térmica de Aboño.
Escaladores de Torrecerredo participan en la apertura de nuevas vías de
escalada no solamente en Picos de Europa y Ubiña, sino en otros riscos y
agujas de nuestra región; como muestra está la escalada de Les cuatro
Monjines en el desfiladero de los Beyos, la primera el 18 de julio de 1962
por Juan Delgado, el Boti y Juan Torío; la segunda el 2 de julio de 1963 por
J. Delgado y J. Torío; la tercera en julio del 63 por el Boti y José L.
Fernández, y la cuarta en junio del 62 por J. Delgado, J. Torío y Emilio Pérez.
La enumeración de toda la actividad de los escaladores de Torrecerredo de
esta época se saldría de las pretensiones de esta historia, pero sí pueden ser-
vir de ejemplo algunas vías abiertas en Picos de Europa como pueden ser la
cara sur de la tercera Torre de Cebolleda abierta en junio del 66 por Juan
Torío, Juan Delgado y el avilesino Lorda o la primera invernal a la Torre de
Santa María de Enol en febrero de 1964 por Juan Delgado, Juan Torío y José
Luis Fernández.
En diciembre de 1964 se hace una propuesta a la F. E M. para la crea-
ción de la sección asturiana del Grupo de Alta Montaña Español (GAME); los
montañeros que aspiren a ser miembros tienen que tener un historial que
demuestre su categoría. En los primeros momentos se incorporan a este
grupo los cerredos Juan Delgado,
José Luis Fernández en
Juan Torío y José Luis Fernández; la cumbre del Cervino
además se cuenta ya con José (1967)

Ramón Lueje, que es miembro de


honor del GAME en categoría nacio-
nal. En mayo de 1965 la F. E. M.
designa a José Ramón Lueje como
presidente de la sección asturiana
del GAME. Con el fin de actualizar y
ampliar conocimientos, J. Delgado,
J. Torío y J. L. Fernández asisten
durante el verano del 65 a un curso
de la UNCM (Centro de Formación de
la Escuela Francesa de Montaña) en
la zona de Chamonix,;durante él se
hacen numerosas prácticas y se
ascienden cumbres como el Mont
Blanc, Mont Blanc de Tacul, Aiguille
du Belvedere y Pouce de la Gliere.

41
En el verano de 1967 José Luis Fernández, de Torrecerredo, y Lorda, de
Avilés, escalan el Cervino desde Zermatt; es la primera ascensión sin guía a
esta cumbre por parte de montañeros asturianos.
La dificultad para los rescates en alta montaña y más aún en invierno se
había puesto de manifiesto ese mismo año cuando en febrero dos escalado-
res vascos, Francisco Berrio y Ramón Ortiz, intentaban la primera invernal de
la cara oeste del Naranjo; ya en la última parte de la ascensión el despren-
dimiento de un taco de madera donde estaban asegurados hizo que se pre-
cipitaran al vacío, quedando suspendidos al engancharse la cuerda que los
unía en un saliente de roca. Al rescate acuden en primer lugar montañeros
asturianos entre los que están los cerredos J. Delgado, J. Torío y José Luis
Fernández. Lo complejo de la situación hace que acudan también numero-
sos escaladores de diversas partes de España, entre ellos César Pérez de
Tudela. Por fin se desciende hasta el lugar donde están los cadáveres y ante
la imposibilidad de subirlos se corta la cuerda para que cayeran hasta la base
de la pared. Un año después, en febrero del 70, una nueva cordada formada
por Gervasio Lastra y José Luis Arrabal, de Peñalara, inicia la escalada de la
cara oeste; enseguida el tiempo empeora y a los tres días quedan atrapados
por el temporal en una repisa de la parte final de la pared. Después de varias
vicisitudes se organiza el rescate como la vez anterior con la participación de
grupos de socorro de Asturia (en estos participan los mismos cerredos que en
el rescate anterior), País Vasco, Santander y Madrid. Por fin, después de
Artículo del diario Voluntad
donde se dan detalles del
proyecto del refugio de
Torrecerredo realizado por el
arquitecto Pedro Cabello

42
ascender por la cara sur, Arrabal es
izado por un helicóptero, y Lastra,
demostrando una gran resistencia
después de doce días en la pared,
asciende a la cumbre y rapela con el
grupo de rescate por la pared sur.
Arrabal moriría pocos días después en
el Hospital General de Asturias.
Las deficiencias observadas en los
rescates anteriores intentan corregir-
se por parte de los gijoneses con la
asistencia a un curso sobre salvamen-
to en el Duranguesado y organizado Ceremonia de colocación
de la primera piedra del
por las ENAM de Asturias y Vizcaya. refugio (1963)
El curso se realiza en noviembre de
1970 y en él se pueden realizar numerosas prácticas de rescate, actividad
en la que los montañeros vascos tienen una gran preparación.
En febrero del 60 es elegido presidente de Torrecerredo Horacio Rodríguez
Medina, persona entusiasta que vive el club día a día y que hace lo posible
por promocionar a todos los niveles tanto la montaña como el esquí. Viendo
que el puerto de San Isidro era una zona de gran actividad en el que los
cerredos practicaban el esquí hasta muy avanzada la primavera y aunque la

Refugio de San Isidro en


obras (1965)

43
Inauguración del refugio
de San Isidro
(1966)

infraestructura de arrastres está en esta época en el puerto de Pajares, tuvo


la visión de optar por San Isidro y promover la construcción allí de un refu-
gio. La junta directiva presidida por Horacio comienza las gestiones y el 18
de enero de 1962 sale un artículo en el diario Voluntad, en el que se entre-
vista al secretario Manuel Castillo y en el que se dan datos concretos sobre
el proyecto. Se dispone de un primer proyecto del arquitecto Pedro Cabello
Maíz con un presupuesto de 315.021,84 pesetas. Posteriormente se
encargó otro proyecto al arquitecto Mariano Marín, que fue el que se llevó
a cabo.
También cuenta Torrecerredo con una parcela de 800 metros cuadrados
adquirida al Ayuntamiento de Aller y cuya escritura se firmó el 12 de enero
de 1962. Para financiar gastos se abre una suscripción de bonos entre los
socios, disponiéndose de dos tipos: familiar por importe de mil pesetas e
individual de quinientas. Al poco tiempo se dispone ya de una cantidad que
supera el 50 % del importe. Se buscan subvenciones y fundamentalmente
con la ayuda de la Diputación Provincial se consigue que el 13 de octubre
de 1963 se coloque la primera piedra, que había sido traída de la cumbre de
Torrecerredo. Al acto asistieron el presidente de la Diputación, corporación
del Ayuntamiento de Aller, presidente de la Federación Norte de Esquí, repre-
sentantes de la Federación de Montaña y numerosos socios, parte de los cua-
les habían montado un campamento de 11 tiendas el día anterior. Antes de
la colocación de la primera piedra, el padre Ortega, rector del Colegio del
Corazón de María, celebró una misa ayudado por el párroco de Felechosa.
Durante el verano de 1965 se dio un impulso grande a las obras, de modo
que el 13 de octubre estaba ya cubierto; la inauguración oficial tuvo lugar
en 1966.

44
(Izda.) Telesquí portátil de la
Sociedad Casino de León.

(Dcha.) Telesquí de
Torrecerredo

En 1960 se celebró un Campamento Nacional de Montaña en la Vega de


Enol al que asistieron numerosos representantes de Torrecerredo; en esas
fechas tiene lugar la inauguración del refugio en la vega de Ario.
En los primeros años sesenta no existía en San Isidro ninguna infraestruc-
tura, no había carretera al Circo de Cebolledo y el llegar allí para esquiar
suponía ya una excursión; solamente los leoneses de la Sociedad Casino de
León disponían de un telesquí portátil de dos plazas y poca longitud que
montaban en algunas ocasiones.
En el año 63 algunos socios de Torrecerredo construyen aprovechando el
motor de una moto otro telesquí portátil que funcionó algunas temporadas.
La carretera en San Isidro, lo mismo que ocurría en otros puertos de la red

Limpiando de nieve la
carretera

45
secundaria, no se limpiaba con la celeridad requerida para poder tener la
seguridad de llegar al alto. A veces no se llegaba a un puerto por pequeñas
manchas de nieve que quedaban, por ello era frecuente llevar algunas palas
en el autocar y los mismos esquiadores se encargaban de quitar la nieve.
En Pajares se contaba con el telesquí de la Cerra inaugurado en 1953.
Diez años más tarde, en 1963, se inaugura el telesquí de la Picarota, se trata
de un arrastre de 515 metros de longitud que salva un desnivel de 193 y
que supuso un salto importante en la longitud esquiable y en la dificultad de
las pistas. Dos años después se inauguran los telesquíes de Abedules y de
Dulce la Dueña, el primero con 743 metros y desnivel de 234 y el segundo
con 673 metros de longitud y 174 de desnivel. Con esta infraestructura se
notó enseguida la mejoría en el nivel de esquí.
En esta época los esquiadores de Torrecerredo participaron en numerosas
competiciones de carácter regional y nacional.
En marzo de 1962 José María Valle Castro y José Luis Aller participan en
Andorra en los Campeonatos de España de Esquí Alpino formando parte del
equipo de la Federación Norte.
Durante 1961, 62 y 63 varios cerredos universitarios forman parte del
equipo de los Grupos Universitarios de Montaña de Gijón y participan en
Navacerrada en los Torneos Universitarios Nacionales de Esquí obteniendo
una destacada actuación. La más sobresaliente fue el año 1962; en ella José
Luis Aller se clasificó tercero en la prueba de eslalon detrás de Jerónimo
Páez, de Granada, y Alfonso de Borbón, de Madrid; también obtuvo el cuar-
to puesto en eslalon gigante y el séptimo en descenso.
Desde el año 64 y hasta el principio de los setenta desarrolló su actividad
un grupo scout dirigido por Alfonso Suárez Vilela, se hicieron excursiones,
campamentos y otras actividades características de este movimiento. Algunos
de los miembros eran Carlos Gancedo, Alfredo Pico, Pedro Goñi, Juan Carlos
García, Alfonso Suárez, Agustín Noval, Benito y Miguel Rionda.

Equipo de Torrecerredo
(1962).
De izquierda a derecha:
Carlos Ventosa, José Luis
Aller, Monchu Pardo y José
María Valle

46
En los veranos de los años 66 y 67 varios miembros de Torrecerredo lle- Participación en los Juegos
van a la práctica una idea que hacía tiempo que tenían en la cabeza: esquiar del Cantábrico en la pista
de la Picarota en Pajares
en verano en los Picos de Europa. (1961)
Para ello montan un campamento en el jou Santu y, aprovechando la nieve
del nevero de la Forcadona, practican el esquí durante una semana a princi-
pios de agosto. El material se subía en su mayor parte por medio de caballe-
rías hasta la boca del jou Santu. La estancia en este privilegiado lugar per-
mitió también a los componentes
Esquí de verano en el
realizar algunas ascensiones, entre nevero de la Forcadona
ellas Peña Santa de Castilla. (1966)

La infraestructura de arrastres en
la estación invernal de Valgrande-
Pajares sufre un impulso muy
importante al habilitar la zona del
Cueto Negro para la práctica habi-
tual del esquí. En 1969 se constru-
ye el primer telesilla de la estación
desde el Brañillín hasta la cumbre
del Cueto Negro; son 355 metros de
desnivel y 1557 de longitud. El
mismo año se construye el telesquí
del valle del Sol.

47
Todas estas nuevas facilidades hacen
que el número de personas que prac-
tican el esquí vaya aumentando con-
siderablemente; el esquí exige ahora
menos sacrificios que antaño.
A medida que pasan los años la
diferencia que prácticamente no
existía al principio entre montañe-
ros y esquiadores, va en aumento. A
mediados de los sesenta el esquia-
Roberto Lechosa recibiendo dor Roberto Lechosa representa a
un trofeo
Torrecerredo en numerosas compe-
ticiones obteniendo excelentes resultados que perpetúan el prestigio del
equipo del club.
Una muestra puede verse en 1964 en los Juegos del Cantábrico, donde
obtiene un cuarto puesto en una prueba en la que quedó primero el olímpi-
co Manolo Morán y segundo y tercero dos corredores de Pajares; José Luis
Aller quedó quinto. En 1967 Roberto gana el eslalon de los campeonatos
regionales adelantándose en esta ocasión a Manolo Morán y a Fernando
Menéndez, de Pajares.
Durante un buen número de años y ya en primavera, la sección de esquí
organiza una gincana humorística que se corre por parejas y con disfraces,
Participantes en la gincana
humorística

48
es una ocasión de divertirse esquiando, muy diferente del rigor de las com- Esquiadores de Torrecerredo
peticiones oficiales. en el circo del Mampodre
(1962)
Otras actividades sociales relacionadas con la nieve eran el Baile de
Bienvenida a la Nieve con la elección de Miss Nieve y Míster Yeti.
También a lo largo de muchos años fue habitual la salida colectiva a Lario
y Mampodre en Semana Santa; en ella un autocar de esquiadores de
Torrecerredo llegaba al pueblo leonés para pasas estas fiestas. Todas las
mañanas, con las viandas prepa-
Primer refugio del jou de
radas en la fonda de Lupercio, los Cabrones
un nutrido grupo se trasladaba
hasta Maraña para subir des-
pués, esquís al hombro, hasta el
circo del Mampodre, donde se
practicaba el esquí.
El 1 de enero de 1968 los
gijoneses se levantan con la tris-
te noticia de la muerte de
Panchano, nadador y montañero,
entrenador del Club Cimadevilla
y socio fundador de Torrecerredo,
después de haber dedicado su

49
José Ramón Lueje
(primero por la izquierda)
durante la inauguración
del refugio del jou de los
Cabrones (1968)

vida al deporte. En 1968 José Ramón Lueje publica el libro Picos de Cornión,
un estudio muy completo sobre esta parte de los Picos de Europa que inclu-
ye además un mapa a escala 1:25000 con abundante toponimia.
El 12 de octubre de 1968 tiene lugar la inauguración del refugio del jou
de los Cabrones, al que se da el nombre de José Ramón Lueje. Este primer
refugio fue destruido (se supone que por un alud) y posteriormente se cons-
truyó el actual, más robusto y en un emplazamiento distinto.

50
Termina el acondicionamiento del refugio de San Isidro. Los años 70
Nuevo local social en la calle Cabrales.
Desarrollo del esquí de travesía y escalada
de vías de alta dificultad.
Una nueva época de la revista Torrecerredo

En enero del 71 es elegido presidente de Torrecerredo José Luis Aller


Manrique. Uno de los proyectos que se ponen en marcha con la nueva direc-
tiva es iniciar una segunda época de la revista Torrecerredo; se cuenta para
ello con los conocimientos de Juan Delgado y con el apoyo y experiencia de
José Ramón Lueje. Esta publicación se reparte entre los socios y también
tiene suscriptores en numerosos lugares de España. En cuanto al contenido
se pretende abarcar no solamente aspectos puramente montañeros, también
se incluyen otros culturales o científicos relacionados con la montaña.
En estos años se termina el acondicionamiento del refugio del puerto de
San Isidro y se cambia el local social al número 48 de la calle Cabrales, esto
último en diciembre del 74.
En 1971 se publica el libro Ubiña, Alta Montaña, escrito por Juan Delgado
García. Es un estudio exhaustivo y riguroso de todo lo referente a la alta mon-
taña del macizo de Ubiña, en él se incluyen multitud de fotografías y croquis
Portadas de dos revistas de
que van a permitir fomentar la práctica del montañismo en todas sus facetas
Torrecerredo de la nueva
en esta importante zona de la Cordillera Cantábrica. época

51
Nota del diario Voluntad sobre
la inauguración del nuevo
local social en la calle
Cabrales. En la fotografía, el
padre Niño durante la
bendición

El 15 de agosto de1972 y cuando se disponía a salir para San Isidro


muere repentinamente el directivo de Torrecerredo y del Grupo Covadonga
Victoriano Sánchez Lorenzo. En su memoria, estos dos clubes en los que
había colaborado intensamente organizan la travesía a nado del lago Ausente,
prueba que se realiza durante varios años, pasando posteriormente un año
más al lago Enol. Las dificultades de todo tipo para nadar en estas zonas hizo
que dejara de celebrarse, manteniéndose el trofeo de montaña que lleva su
nombre.
Dos montañeros de Torrecerredo, José María Gutiérrez y Mateo Calderón,
realizan numerosas escaladas durante los años 70, entre ellas están: el espo-
lón de los Franceses en Peña Vieja (son los primeros gijoneses que lo esca-
lan), la canal del Pájaro Negro, diedro de Peñalba, cara sur de Horcados
Rojos y Tozal del Mallo en Ordesa. También realizan varios intentos en la cara
oeste del Naranjo.

52
En julio de 1974 Gonzalo Suárez Pomeda junto con Julio Bousoño, Bus,
abren una nueva vía a nuestra cumbre titular; se trata del espolón oeste, una
ascensión de unos 800 metros de recorrido y dificultad V. Al año siguiente
en diciembre también Gonzalo, esta vez acompañado por Pedro G. Toraño y
Eduardo Barroso, realiza la primera ascensión y también primera invernal a
Torrecerredo por la canal oeste.
El esquí de travesía registra también en estos años una notable actividad,
se realizan numerosas travesías y ascensiones en esquís, la Cordillera
Cantábrica es recorrida en prácticamente todos sus tramos y los Picos de
Europa reciben frecuentes visitas de los montañeros gijoneses; Juan Delgado,
José María Gutiérrez, Ramón Juidia, Mateo Calderón, Miguel Paterson,
Ignacio Orviz y José Luis Aller son algunos de ellos. En estos años y en
memoria del experto montañero y esquiador vasco Andrés Régil, fallecido en
accidente de esquí se establece el trofeo de esquí de travesía que lleva su
nombre; Juan Delgado y José Luis Aller participan en el primero de estos tro-
feos que se celebró en la zona de Peña Vieja. En otras ediciones de estos
años setenta participaron obteniendo puestos destacados José María
Gutiérrez, Miguel Paterson y Ramón Juidia.
Durante esta década de los 70 se realizan las primeras salidas colectivas
a montañas de otros países, así en agosto del 72 Torrecerredo y el Club
Alpino organizan una excursión a Chamonix con la idea de hacer algunos
recorridos por la zona. Asegurado y Pintado, dos montañeros ovetenses de la
ENAM que se suman a la expedición y que van con la intención de realizar
algunas ascensiones de mayor dificultad, perecen al intentar la ascensión a
la aguja de Bionnassay.
Posteriormente se preparan varias expediciones importantes, la primera
es la denominada Expedición Asturiana Andes-73; en ella participan ocho

Nueva vía
a Torecerredo

53
montañeros de diferentes sociedades asturianas: G. M. Torreblanca, G. M.
San Claudio, Club OJE de Asturias, G. M. Vetusta y A. M. A. Torrecerredo. El
objetivo es la ascensión al Nevado Salcantay de 6300 metros; este coloso de
los Andes está situado en la zona de Cuzco en la Cordillera Vilcabamba.
En 1974 José Benito Buylla, que había sido directivo años atrás, publica
el libro Alta Soledad, una recopilación de poesías inspiradas en sus paseos
por la montaña. Majadas, cumbres, jous y collados son base para una obra
que es un ejemplo de sensibilidad. A continuación podemos disfrutar de dos
ejemplos:

Poesía a Torrecerredo Cantar del Cares

Yo he alcanzado tu cumbre Sólo luces y viento


Campanario de Asturias Murmullo y niebla
En tu palo mayor Verde batir del agua
Bendije al albatros; Sobre la piedra
Y allí solté a volar Y a la vera del agua
La paloma del alma La senda
Mensaje sin respuesta Sólo el cantar del aire
en busca de mí mismo Gozo y
Quieta flecha en el aire Verde batir de espuma
Eternamente anclada En el hondo río
A tu roquedo Y a la vera del agua
Torrecerredo. El camino
Soledad sola,
Caliza y cielo
Verde sonar del agua
Sobre el pedrero
Y asomado a su cauce
el sendero.
¡Verde batir del Cares,
lírico pleno!
Y en lo alto,
Peña Santa y Torrecerredo.

En 1975 se celebran elecciones y en ellas resulta elegido presidente


Carlos Bourgón, cuyo mandato dura hasta 1979, en el que es reemplazado
por José Luis Rubiera. En esta época y concretamente el 20 de marzo de
1976 un nuevo accidente siega la vida de los jóvenes escaladores de
Torrecerredo Juan Luis García Solís y Rubén Franco que después de escalar
el espolón de los Franceses en Peña Vieja son alcanzados por un alud cuan-
do descendían hacia la canal del Vidrio.

54
Hasta el año 72 no había ninguna instalación de telesquíes en el puerto
de San Isidro, siendo las instalaciones de Pajares que ya conocemos las úni-
cas de la región. En este año se instala el telesquí de Salencias y al año
siguiente, en el 73, se inaugura el telesilla de Cebolledo; se abría así una
zona de grandes posibilidades. En el año 76 se pone en marcha el telesquí
de Requejines. Toda esta nueva infraestructura, a la que se suma en el año
75 el nuevo telesquí de Fuente la Reina en Valgrande-Pajares, hace que los
esquiadores dispongan ya de buenos medios para la práctica del esquí. La
afición a este deporte sigue aumentando y Torrecerredo cuenta en estos años
con corredores que representan a nuestro club con muy buenos resultados,
se trata entre otros de Francisco Bercial, J. Palacios, Pelayo, Carlos
Argüelles, Leopoldo y Leocadio Blanco, Ignacio Tamargo, Eduardo López
Dóriga, Juan Luis Martínez, Néstor Martínez, Plácido Llaneza, Javier y Juan
Álvarez Oria, Laura, Lidia y Manuel José Castillo Veiga, José Luis y Rogelio
Cuesta Fernández y Arturo Betegón Biempica. Algunos resultados de estos
años son los siguientes: en 1975 Lidia es tercera en los Campeonatos
Regionales, en 1976 también Laura y Lidia ocupan primeros puestos en
diversos campeonatos como el Trofeo Ciudad de León, Trofeo Cuitu Negro,
Premio Federación y otros. En los Campeonatos sociales de Torrecerredo ven-
cen Carlos Argüelles y Lidia Castillo. En 1977 Lidia gana en San Isidro el
Trofeo Requejines.
Durante los 70 José Ramón Lueje promueve junto con un grupo de ami-
gos la formación del Grupo de Veteranos de la Montaña de Asturias. Entre sus
actividades está la construcción del mirador del Naranjo en Camarmeña y la
publicación de varios libros, entre ellos, El Monumento de Camarmeña
(1977), El Naranjo de Bulnes y el Cainejo (1979) y Cumbres de Reconquista
(1980). En 1981 fallece en Somió José Ramón Lueje y en 1982 se inaugu-
ra un monumento en su honor en el collado de les Veleres, un emplazamien-
to privilegiado sobre el Cornión en cuyos picos y majadas había pasado tan-
tas horas de su vida.
Inauguración del monumento
de Camarmeña (1977)

55
Entre los días 15 y 18 de julio de 1977 Torrecerredo organiza el campa-
mento regional de montaña en Murias Longas; con este motivo se reeditó un
trabajo monográfico de José Ramón Lueje sobre el puerto de Somiedo.
En 1979 José Luis Moreno Piñera publica el libro El Nevado del Acay, que
es una interesante narración de las actividades de la expedición realizada a
esta cumbre argentina de 6130 metros en compañía de su hermano Ricardo.
En los años siguientes viaja varias veces hasta Nepal, donde pasa largas tem-
poradas conviviendo con los sherpas y conociendo sus costumbres y sus mon-
tañas. Por estas fechas José Luis, que ya ha demostrado en sus viajes el inte-
rés por la arqueología y por el estudio de todo lo relacionado con la cultura y
la historia de los pueblos, comienza la formación de la que es hoy posible-
mente la biblioteca más importante de España sobre alpinismo. Su sensibi-
lidad hacia la montaña le ha llevado a estudiar su historia y esto en las fuen-
tes más auténticas de los escritos de los pioneros de este deporte; un gran
número de publicaciones de valor incalculable se juntan en una colección
ante la que uno se siente emocionado. Manuscritos de Whimper, grabados de
Coleman, fotografías de Sella o escritos de Saussure son algunas de las joyas
que podemos encontrar.
Campamento de Murias
Llongas (1977)

56
Salidas colectivas al extranjero. Desde los años
Ascensiones en las cordilleras más importantes del planeta... 80 hasta
Gran desarrollo de todas las actividades. nuestros días

Campamento en Ubiña
y cartel anunciador

Torrecerredo tiene como presidente desde 1988 a


Amador Fernández Carnero y durante estos años
ha seguido con su línea de actividad en todos los
aspectos del montañismo y esquí, las colectivas
se realizan prácticamente todos los domingos del
año y algunas a cumbres de cierta dificultad como
pueden ser las ascensiones a Peña Santa de
Castilla o pico de los Cabrones. En 1989 organi-
za el 48 Campamento Nacional de Montaña en la
vega de Río Tuerto en el macizo de Ubiña, con
una participación de 800 montañeros de 100
sociedades de toda España.
Durante una semana se realizaron actividades en esta importante zona
montañera de la Cordillera. Con esta ocasión Torrecerredo reeditó el trabajo
de José Ramón Lueje sobre el maci- Tarjeta postal con el
zo de Ubiña que ya había sido matasellos especial del
campamento
publicado en la revista Torrecerredo;
también se puso en circulación un
sobre con matasello especial.
Entre los días 18 y 26 de marzo
de 1989 se realiza una salida colec-
tiva a la cordillera del Atlas.

57
En el verano de 1991 se organiza una colectiva
para hacer la travesía de la Cordillera Cantábrica,
un total de 40 socios y simpatizantes que hicieron
el recorrido entre el Alto Campoo (Cantabria) y el
puerto de Valdeprado en Degaña. Catorce años
más tarde, en 2005, se vuelve a repetir en colec-
tiva la travesía de la Cordillera Cantábrica, esta
vez en sentido contrario a la anterior y con mayor
recorrido, ya que se partió de Balouta en los
Ancares y se terminó en el Alto Campoo; partici-
paron 26 socios que en trece días de actividad y
empleando ciento veinticinco horas ascendieron
un total de 20.516 metros.
Fín de la segunda Durante varios años de la década de los ochenta se hicieron actividades
travesía en el Alto
Campoo de espeleología, llegándose a hacer en el año 88 colectivas combinadas con
montaña. Guillermo Herrero y Mario Larrea fueron algunos de los miembros
de este grupo, estando a cargo del primero la vocalía de esta sección.
En 1996 tiene lugar con carácter colectivo la primera travesía integral de
los Picos de Europa, una actividad de gran dureza que ha ido tomando adep-
tos incluso entre montañeros de otras regiones.
En 2006 se realiza esta travesía, en nueve días de actividad se suben
10.709 metros de desnivel y se bajan 11.711; se ascienden en colectiva,
entre otras, cumbres como Peña Santa de Castilla, Llambrión, Torrecerredo y
Morra de Lechugales. Entre los días 14 y 22 de julio de 2007 se hace la X
Travesía de los Tres Macizos, empezando esta vez por los lagos de Covadonga.
Incluimos a continuación el calendario de las actividades realizadas, figurando
entre paréntesis cumbre ascendidas solamente por parte de los participantes:

Participantes en la
primera travesía de la
Cordillera Cantábrica

58
X SEMANA DE LOS TRES MACIZOS (PICOS DE EUROPA) 2007
(Del 14 al 22 de julio)

Sábado > Salida a las 4 h de la tarde de la plaza del Instituto hacia los lagos de
Covadonga, para pernoctar en el refugio de Vegarredonda.

Domingo > Desde Vegarredonda, por Fuente Prieta y la horcada de Santa María ascender
a la Torre de Santa María de Enol, la Torre del Medio y la Torre de la Horcada, y bajar a
vivaquear a la cueva del collado La Fragua.

Lunes > Desde el collado La Fragua subir por las Barrastrosas hacia el jou de los
Asturianos y el jou Santu, pasar por la Forcadona, y descender por Carombo a Vegabaño.
• Peña Santa de Castilla*.

Martes > Desde Vegabaño por el Frade, la canal del Perro y el collado del Burro ascender
a Torre Bermeja, continuar a las Torres Pardas y descender por la horcada de
Pambuches al refugio de los Llanos de Valdeón.
• Los Moledizos, Pardo Pescuezo, Torres de Arestas*.

Miércoles > Desde los Llanos, por los altos de Valdeón y la canal de Pedabejo subir a la
Torre de Salinas, continuar por la vega de Liordes y las Colladinas hasta collado Jermoso.
• Torre del Llambrión*.

Jueves > Desde collado.Jermoso ascender a la Palanca y por el jou Grande pasar al jou
Cerredo por la collada entre los picos Torre del Oso y la Torre de Coello para ascender la
Torre de Cerredo y bajar a pernoctar al refugio del jou de los Cabrones.
• Torre del Oso, Torre Coello*.
NOTAS:

Viernes > Desde Cabrones ascender al pico de Los Cabrones y pasar por la horcada
(*) En cursiva, otras cumbres
Arenera y la Brecha de los Cazadores para pernoctar en la vega de Urriello. ascendidas fuera de programa
• Torre de la Párdida, Neverón de Urriello*.
Nº de Participantes: 20

Sábado > Desde Urriello por la horcada Lebaniega ascender a las Morras y descender por Días de actividad real: 8

la canal de la Canalona y la Vueltona al Hotel Refugio de Áliva. Total de horas empleadas:


69,45
• Peña Vieja*.
Cumbres ascendidas:
24
Domingo > Desde Áliva por la canal del Jierro subir la Tabla de Lechugales y por el refu-
gio de Ándara bajar a Sotres. Merienda cena en Casa Francisco, Poncebos. Desniveles ascendidos:
13.881 m
• Silla del Caballo, picos del Jierro*.
Desniveles descendidos:
13.642 m

59
Homenajeados en la cena El refugio de San Isidro, que sufrió en los años 90 una notable remodela-
del 50 aniversario
ción, permite la celebración de campamentos juveniles e infantiles en vera-
no, con lo que esto supone de promoción para las futuras generaciones.
Salidas a los Alpes y a otras montañas españolas completan una actividad
que continúa. En 1997 se celebra el cincuenta aniversario de nuestro club
con el nombre de Torrecerredo. Con este motivo tienen lugar numerosos
actos, entre los que destacan dos exposiciones, una en el Antiguo Instituto
que hace una recapitulación de la historia de la agrupación y otra en el
museo Evaristo Valle sobre la montaña en la pintura asturiana, compuesta
por 30 obras de otros tantos afamados pintores entre los que se encuentran
Nicanor Piñole y Evaristo Valle. Otro acto importante de la celebración fue la
cena de hermandad, en la que se entregó una medalla conmemorativa dise-
ñada por Rubio Camín a todos los expresidentes y socios fundadores.
Estos cincuenta años de vida del club, continuación de los que ya antes
se habían iniciado con la Estrella Blanca y Peña Castil, han sido posibles gra-
cias a la labor de muchas personas que han entregado una parte importante
de sus vidas a la promoción del montañismo; después de estos cincuenta
años seguían colaborando con la junta directiva veteranos como Pablo
González Prado y José Mario Argüelles, que ya fueron artífices de la reorga-
nización de los montañeros gijoneses que después de la guerra formaron
Torrecerredo. No ha habido directiva que no haya contado directa o indirec-
tamente con Mario. Su labor callada ha sido fundamental. Nos ha comunica-
do su experiencia, ha escrito innumerables artículos y dibujado multitud de

60
mapas y croquis. Tanto la federación, con la entrega de su medalla al Mérito
montañero, como el club, con la imposición de la insignia de oro y el nom-
bramiento de presidente de honor, han querido reconocer esta labor.
En 1998 se cumplen cien años desde que el conde de Saint Saud y sus
compañeros hicieron la primera ascensión a nuestra cumbre titular; con este
motivo se organiza un campamento en el jou de los Cabrones y desde él se
realizaron ascensiones a todas las cumbres de los alrededores; las más nume-
rosas fueron a la Torre de Cerredo. Durante estos días los asistentes conta-
ron con la ayuda de compañeros del club que estuvieron a su disposición
para servirles de guías en las ascensiones. Con motivo de esta efeméride
Torrecerredo obsequió a las personas interesadas con una serigrafía realiza-
da por Pelayo Ortega.

Cartel realizado por Pelayo


Ortega con motivo del 50
aniversario de Club
Torrecerredo

61
El esquí de travesía

En 1980 el equipo formado por Ramón Juidia y José María Gutiérrez obtiene
el primer puesto en la Copa Andrés de Régil, lo que supuso el recibir dicha
copa, que solamente se da al primer clasificado y por una sola vez.
Posteriormente José María con Miguel Paterson obtuvieron cuatro medallas
de oro y varias de plata
Miguel Paterson, José María Gutiérrez y Ramón Juidia realizan varias tra-
vesías en Europa: Chamonix-Zermatt, Otzal (Austria) y Silvreta (Austria).
Estos mismos montañeros también participan en los años 90, 91 y 92 en el
Campeonato de España de Esquí de Travesía, que consta de varias pruebas

Escalada del Risco de Saint


Saud durante el campamento
en el jou de los Cabrones
(1998)

62
José María Gutiérrez
durante una travesía en el
macizo central

cada año celebradas en distintas zonas españolas; en esta competición que-


daron terceros un año y quintos otro.
En 1991 el Grupo Ensidesa organiza en el macizo de Ándara y con base
en Sotres una prueba puntuable para el Campeonato de España; en ella hubo
una gran participación de las diversas regiones españolas y el vencedor fue
el equipo formado por Miguel Paterson y José María Gutiérrez.
En 1982 Nacho Orviz y otros compañeros realizan durante varios días la
travesía de la Cordillera Cantábrica. En Mayo de 1991 Jesús Cubillas realiza
la travesía en esquís entre Chamonix y Zermatt.

63
Publicaciones

Las dos épocas de la revista Torrecerredo y las publicaciones de José Ramón


Lueje y Juan Delgado son hasta el comienzo de los años ochenta, trabajos
apreciados en el montañismo nacional. A partir de estas fechas varios gijo-
neses publican sus trabajos sobre temas de montaña que van a contribuir al
mejor conocimiento de nuestra región.
En 1981 se edita el libro Naturaleza y Vida en los Picos de Europa; en él
participan José Mario Argüelles, Juan Delgado y Guillermo Mañana por una
parte y por otra Manuel Laínz S. J., Alfredo Noval y Efrén García. el Padre
Laínz, doctor honoris causa por la Universidad de Oviedo y de prestigio inter-
nacional en el mundo de la botánica, ha enriquecido en numerosas ocasio-
nes nuestras publicaciones con artículos sobre flores de nuestras montañas.
Su labor investigadora sobre estos temas no cesa y sus estudios y su comple-
to herbolario son referencias que no puede olvidar quien quiera conocer algo
de la rica flora de montaña de nuestra región.
En 1987 José Luis Fernández edita el libro Montañas de Asturias; es fun-
damentalmente una colección de fotografías donde el autor recoge con gran

Portadas de la revistas
editadas por el Club
Torrecerredo en distintas
épocas

64
sensibilidad distintas escenas de la montaña y de la naturaleza asturiana. Participantes en el homenaje
a Rafa en el que la federación
Este montañero y fotógrafo nos ha obsequiado también repetidas veces con
le otorgó la medalla de Mejor
exposiciones de fotografías de la naturaleza asturiana donde ha sabido cap- Montañero del Año (1984)
tar todos los matices que intervienen en ella.
Juan Delgado publica en 1988 el libro El Cordal de Ponga y en 1996
Peña Santa, los Nombres y los Hombres de la Peña; ambos son trabajos muy
completos fruto de mucho tiempo de estudio e investigación sobre distintos
aspectos relacionados con estas zonas. También sale en 1989 la segunda
edición de Ubiña, Alta Montaña, que se completa con nuevos planos y foto-
grafías y con las últimas actividades realizadas.
Bernardo Canga, que tiene amplia experiencia en la organización de
excursiones colectivas, primero en el Calul del que fue promotor y después
con otras entidades, realiza varias publicaciones que invitan al conocimien-
to de distintas zonas de la montaña asturiana, entre ellas están: 100 Rutas
por la Naturaleza Asturiana, Guía de Desfiladeros y Foces, Guía de la
Montaña Asturiana y Guía de los Lagos Asturianos.
En 1992 se publica la Enciclopedia de la Naturaleza Asturiana, en la que
participan numerosos autores especialistas en geología, biología, etc. En esta
obra hay una parte dedicada a la montaña y al montañismo que está a cargo
de los cerredos Juan Delgado, José Luis Aller y Rafael Suárez (Rafa), este
ultimo, premio de la Federación de Montaña y ya fallecido, nos ha dejado uno
de los archivos más completos sobre nuestras montañas.

65
Actividad de alta montaña en España y en las cordilleras
más importantes de la Tierra

A medida que se incrementa el número de personas que practica un depor-


te, es normal que surjan de entre ellas figuras capaces de metas más altas;
este fenómeno se ha venido observando a lo largo de la historia del monta-
ñismo en Torrecerredo y ha permitido en este final de siglo la realización de
ascensiones y travesías no solamente en nuestra región y en España, sino
también en cordilleras de Europa, Asia, África y América. A continuación se
relacionan cronológicamente algunas de las actividades más sobresalientes:
En octubre de 1983 José María Gutiérrez, que ya había realizado varios
intentos a la cara oeste del Naranjo, consigue la ascensión en compañía de
Miguel Paterson, utilizando el equipo imprescindible para un día; el tiempo
que emplean es de nueve horas.
Durante los meses de agosto y septiembre de 1984, el montañero de
Torrecerredo Ignacio Orviz Menéndez se traslada a Yosemite en California,
donde es el segundo en el mundo en escalar la Triple Directa al Capitán,
ascensión que realiza en veinticuatro horas.
En marzo de 1987 Jesús Cubillas García, de Torrecerredo, asciende al
Aconcagua (6959 m) por la ruta de los Polacos. En julio de 1988 este
mismo montañero se traslada de nuevo a América del Sur y asciende las
cumbres peruanas Alpamayo (5947 m), Quitarraju (6040 m) y Huascarán
(6768 m); después en Argentina hace un intento a la cumbre del Fitz-Roy
(3405 m).
También este año los cerredos Ángel Blanco, Amador Fernández Carnero y
José Luis Fernández Cobiella realizan en los Alpes los ascensos del Eiger
(3970 m) por la arista Mittellegui, el Mont Blanc (4807 m), Pelvoux (3946 m)
y Barre des Ecrins (4103 m).

Expedición al llimani en los


Andes bolivianos

66
En diciembre de 1989 y enero de 1990 Jesús Cubillas hace escaladas en Ascendiendo al Mont Blanc
(1988)
Hoggar y en la Zona del Elefante (Argelia), y en Kaga Tondo (Mali). En el vera-
no del 90 Tito Claudio, Jesús Cubillas y Jaime Ramón Guerrero hacen la vía
Cassin en la cima oeste de Lavaredo en las Dolomitas.
En septiembre de 1990 Inmaculada Ardines Cuesta y José Antonio Moral
Fontecha, de Torrecerredo, ascienden las siguientes cumbres en la Cordillera
Real (Andes de Bolivia): Alpamayo Chico (5330 m), Ilusioncita (5150 m) y
Huayna Potosí (6094 m).
En 1991 se realizaron las siguientes actividades: en abril y mayo, Andrés
Ruiz Gutiérrez, de Torrecerredo, es el primer asturiano que asciende un ocho-
mil, el Cho-Oyu (8201m) en el Himalaya.
En julio, Ángel Blanco, Amador Fernández y José Luis Fernández Cobiella
hacen la travesía Aiguille de Midi-Aiguille de Plan y ascienden al Monte Rosa
(4634 m).
En agosto Jesús Cubillas se desplaza a Kuen Lun (China), donde ascien-
de al Muztagh Ata (7546 m) subiendo en esquís hasta los 7300 metros. En
diciembre de nuevo Jesús Cubillas con compañeros de Torrecerredo, María
Carmen García y Luis Antonio Ruiz, ascienden el Cotopaxi (5.897 m) y el
Chimborazo (6287 m) en los Andes ecuatorianos.
En 1992 hay también una intensa actividad; en febrero Eloy Barrio y
Jesús Cubillas realizan escaladas en hielo en Ben Nevis (Escocia). En mayo
Jaime Ramón Guerrero y Jesús Cubillas ascienden al Monte Rosa en los
Alpes, y Amador Fernández y Alberto Fernández Castaños ascienden también
en los Alpes las cumbres Breithorn (4165 m), Castor (4226 m), Pirámide

67
Expedición al McKinley
(1994)

Vincent (4215 m), Mönch (4099 m) y Jungfrau (4158 m). En julio-agosto


Ignacio Orviz participa en una expedición al Broad Peak (8047 m) en el
macizo del Karakorum. Hicieron cumbre dos componentes.
La actividad en 1993 fue la siguiente: en enero Jesús Cubillas escala en
Kenia y Tanganica realizando la ascensión por el couloir Ice Window en
Monte Kenia (5199 m) y el espolón Barrfu en el Kilimanjaro (5895 m). En
febrero Jesús Cubillas, Luis Antonio Ruiz, Eloy Barrio y María del Carmen
García realizan escaladas en hielo en las Montañas Rocosas.
En mayo Amador Fernández y Alberto Fernández ascienden en la Cordillera Real
de los Andes bolivianos a las cumbres siguientes: Nevado Mururata (5864 m),
Huayna Potosí (6094 m), Nevado Illimani (6439 m) y Alpamayo Chico (5330 m).
En mayo Eloy García y Jesús Cubillas realizan el descenso en esquís del Mont
Blanc, y en agosto José Antonio Moral
Alberto y Amador
en la cumbre del Pico Fontecha,Ignacio Orviz y Andrés Ruiz par-
Comunismo ticipan en una expedición al Everest por la
arista norte y no llegan a hacer cumbre.
En 1994 Antonio Ruiz, Jesús Cubillas
y José Manuel González ascienden al
McKinley en Alaska. En 1995 Jesús
Cubillas asciende al Elbrus (5642 m)
en el Cáucaso y Alberto Fernández
Castaños y Amador Fernández Carnero
realizan la ascensión al Khan Tengri
(7010 m) en la Cordillera del Tien Shan
en Asia Central.
En 1997 Eloy Coto, Jesús Cubillas y
José Manuel González participan en
una expedición al Cho-Oyu (8201 m),

68
y Alberto Fernández y Amador Fernández consiguen alcanzar la cima del Pico
Comunismo (7495 m) en la cordillera del Pamir. Durante la expedición se
ascendieron como aclimatación otras cumbres de cinco y seis mil metros.
También en 1997 Ignacio Orviz asciende en Karakorum al Pico Golom y
al Gasherbrum II (8035 m); esta última es la primera ascensión asturiana en
estilo alpino, con cuatro días de ascenso y uno de descenso, sin porteadores
de altura, cuerdas fijas o campos establecidos. Esta ascensión la realizó en
compañía de la escaladora francesa Chantal Maudit. En un intento posterior
al Gasherbrum I tuvieron que abandonar debido al mal tiempo.
Posteriormente realiza en la Patagonia la escalada del Cerro Torre por la
vía Maestri en dieciocho horas.

Campamento durante la
expedición de Nacho Orviz al
Gasherbrum II

69
Una colectiva al Aconcagua, el techo de América

Las excursiones colectivas siempre han sido la principal actividad de


Torrecerredo. A lo largo de estos setenta y cinco años se han ido poniendo
metas cada vez más ambiciosas, desde aquellas primeras salidas de los años
treinta se ha ascendido en colectiva a cientos de cumbres cada vez más difí-
ciles, los Cabrones o Peña Santa de Castilla pueden ser algunos ejemplos, se
han hecho colectivas en otras cordilleras más alejadas y la última a la cum-
bre del Aconcagua que con sus 6962 metros es la cumbre más alta del con-
tinente americano. Honorio Castaño, miembro de la expedición, nos cuenta
cómo se desarrolló esta colectiva en 2006:

El nombre del Aconcagua surge por el mes de mayo del 2005, coinci-
diendo con el regreso de la A. M. A. Torrecerredo de un viaje por la
Cordillera del Atlas, en Marruecos, que ha dejado una sensación muy
buena y ánimo para emprender empresas de mayor calibre. Es pues, por
esas mismas fechas, que se inician los preparativos que a partir del 25
de diciembre del 2005 llevarán a la asociación a Argentina. Finalmente,
entre socios y no socios, la expedición al Aconcagua acaba contando con
diecisiete participantes: Jaime Alonso Prieto, Raúl Barbón Fernández,
Honorio Castaño García, Enrique Díez Alonso, Antonio Fierro, Sonia
García González, Isabel Gómez Menéndez, Alejandro Guerrero Martín,
Fernando Izquierdo García, Margarita de las Heras, Enrique Loredo
Fernández, Cristian Meana García, Carlos Paniagua, Antonio del Peño
Llorente, Luis Ángel San Juan Rodríguez, Diego Sevillano Minas y Andrés
Torres Vega. Además, aunque solo durante unos días, cuentan con la
compañía de Victoria Arias, que los acompaña hasta Plaza de Mulas.
Celebrada la Navidad, cada uno en su respectivos domicilios, el grupo se
reúne en el Aeropuerto de Asturias para, vía Madrid y Santiago de Chile,
volar hasta la ciudad de Mendoza, único lugar donde es posible tramitar los
permisos de ingreso en el Parque Nacional del Aconcagua. No será hasta el
29 de diciembre que se llegue a Horcones, punto desde el que finalmente
se accede al Parque. Ese día la colectiva del Torrecerredo llega, ahora ya a
pie, hasta Confluencia (3300 m) y pese a que la altura aún es modesta ya
se hace notar, generando malestar en varios miembros del grupo.
Como parte del plan de aclimatación, el día 30 la colectiva se despla-
za a Plaza de Francia, en la cara sur del Cerro Aconcagua, para después
regresar al campamento de Confluencia, donde pasa una segunda noche.
Por primera vez se han rebasado los cuatro mil metros de altura.
En el último día del año la expedición llega a Plaza de Mulas (4300 m),
campo base del Aconcagua, para lo cual han de recorrer un trayecto de
28 kilómetros que transita a través de Playa Ancha y Playa Chica y supe-
rar un desnivel de 1000 metros que se concentra en su totalidad en el
último tramo, conocido, no sin razón, como Cuesta Brava.

70
Excursión al Anconcagua
en 2006

Tras tres días de actividad, que van pasando factura, el uno de enero el
grupo descansa y el día dos, no todos pero sí la mayoría, hacen cumbre en
el Cerro Bonete (5040 m) como parte del programa de aclimatación.
El ataque al Cerro Aconcagua se inicia a partir del día 3 de enero con
el montaje de un primer campamento de altura en Plaza Canadá. No obs-
tante, ese día, con el campamento ya montado, aún se desciende a per-
noctar en Plaza de Mulas y al día siguiente se vuelve a descansar en el
campo base.
Es el cinco de enero momento en que, ya con carácter definitivo, dejan
atrás Plaza de Mulas. Dedican el día a portear parte del material hasta Nido
de Cóndores a 5380 m (segundo campamento de altura), si bien la noche
de Reyes la pasan en Plaza Canadá, casi cuatrocientos metros más abajo.
Durante los próximos cuatro días el Torrecerredo va a estar atascado
en Nido de Cóndores. Lo que se había previsto serían dos noches se
duplica a causa del fortísimo viento que arrasa tiendas en las laderas del
Cerro. El tiempo, sin embargo, no es del todo perdido y durante estos
días hasta en dos ocasiones varios miembros del grupo logran alcanzar
Berlín, último campamento de altura desde el que se prevé atacar la
cima, porteando material que habrá de ser usado en días posteriores.
Finalmente, el 10 de enero, doce de los diecisiete integrantes, aun-
que el viento no ha cesado totalmente, parten para Berlín para pasar la
última noche antes de intentar la cumbre que los llevó al otro lado del
océano. Durante los días 11 y 12 hasta diez miembros de la A. M. A.
Torrecerredo alcanzan el techo americano, a 6962 metros. Raúl, Cristian,
Loredo, Kike, Diego, Del Peño y Honorio lo hacen el día 11. Veinticuatro
horas después Toño Fierro, Isabel y Sonia siguen sus pasos. Con esto el
objetivo tanto tiempo ansiado y durante tantos días perseguido se había
alcanzado, ya solo quedaba celebrarlo y para ello aún disponían de varios
días de estancia en Mendoza, ciudad de buen vino y buen comer.

71
El club juvenil Peña Castil y los campamentos juveniles
en el refugio de San Isidro

Además de las actividades habituales, Torrecerredo ha incrementado su labor


con otras nuevas; una de ellas es la creación del Grupo Juvenil Peña Castil
que realiza una labor especial con los más jóvenes. Se concreta así de modo
definitivo la inquietud por la formación de las nuevas generaciones, inquietud
que ya había tenido su manifestación en diversas colaboraciones con colegios.
El Grupo Juvenil Peña Castil aparece en 1997 a iniciativa de varios socios
dirigidos por Juan Simón Blanco y desarrolla actividades de montaña en las
que participan niños desde los cinco o seis años acompañados de sus padres,
disfrutando de la montaña en un ambiente familiar y agradable. En el grupo
se ha formado de una manera informal una verdadera escuela deportiva en
la que todos los participantes aprenden valores de convivencia, esfuerzo y
ayuda mutua al mismo tiempo que conocen nuestras montañas y desarrollan
la afición a todas las inmensas posibilidades que nos brinda la naturaleza.
Se han hecho ascensiones, travesías y campamentos, se han visitado museos
y participado en actividades de la federación y en estos diez años de vida han
participado más de cinco mil personas.
Esta oferta formativa para los más pequeños se completa además con la
realización de los campamentos infantiles y juveniles que se celebran anual-
mente en el puerto de San Isidro. En el año 2007 se celebró la XVIII edición,
concurriendo niños de 8 a 14 años. Con dicha edición el número de partici-
pantes en la historia del campamento supera los dos mil jóvenes. Durante la
estancia en San Isidro los niños realizan ascensiones, travesías de dificultad
moderada y pequeñas prácticas de escalada.

Sección de esquí

A lo largo de la historia de Torrecerredo hemos visto que la sección de esquí ha


tenido una importancia y significación grandes tanto en el número de esquia-
dores como en la participación en distintos campeonatos a nivel regional o
nacional. Desde el comienzo hasta los años setenta los esquiadores se despla-
zaban a nuestras estaciones de Pajares y San Isidro en varios autocares cada
domingo. Más adelante los desplazamientos comenzaron a hacerse fundamen-
talmente en coches particulares, lo que supuso una desvinculación del club,
que vió cómo la sección de esquí languidecía y prácticamente quedó inactiva.
Fue en el invierno de 1999 cuando Armando Valdés y Felipe Martínez,
ambos entrenadores nacionales y profesores diplomados por la Escuela Española
de Esquí comenzaron los pasos para la recuperación de la sección de esquí.
La idea fue comenzar con los más jóvenes inculcándoles la pasión por
el deporte blanco, enseñándoles valores como el respeto a los demás y al

72
medio ambiente y a practicar el esquí o el snowboard de una forma segura y
eficaz. Los participantes aprenden la técnica adecuada para desenvolverse
en cualquier clase de pistas, llegando en un momento dado a la competición
o a la formación como técnico deportivo en deportes de invierno.
En la temporada 1999-2000 comenzaron 15 chicos, este número se
dobló en la temporada siguiente y en la 2002-03 el grupo ya superaba el
centenar. En la temporada 2006-07 se contó con 370 niños y niñas que
entrenaron con nuestro club. El equipo técnico que los atiende está formado
por 37 profesores y entrenadores.
Como complemento de la actividad invernal nuestro equipo se concen-
tra en verano diez días en el glaciar de la estación francesa de Les Deux
Alpes, donde realizan programas de tecnificación con sus corredores infan-
tiles y alevines.
El esfuerzo de todas las personas implicadas ha permitido que nuestro club
de esquí sea el más importante de todas
las estaciones del Cantábrico y uno de
los cinco primeros a nivel nacional.
La colaboración de los padres y de
varias empresas ha permitido el equipa-
miento necesario: trajes completos,
herramientas, material para pistas, etc.
La reciente apertura de la estación de
Fuentes de Invierno, próxima a nues-
tro refugio de San Isidro, abre nuevas
perspectivas para el mejoramiento
técnico de los componentes de nues-
tra sección de esquí.
Niños de Torrecerredo
en clase de esquí
Actividades de los veteranos

A lo largo de los años de actividad de Torrecerredo han sido muchas las per-
sonas que han participado en sus actividades, se han hecho buenas amis-
tades y se han vivido muy buenos momentos. Con el paso del tiempo se ha
ido perdiendo el contacto y en muchos casos se ha dejado de frecuentar la
montaña.
A principios de 2006 un grupo de estos veteranos se propuso recuperar
el ambiente que se había vivido muchos años atrás. Después de varias reu-
niones en el club se materializó la primera salida en autocar al puerto de San
Isidro con una excursión al lago Ausente y posterior comida en el refugio.
Desde entonces se han hecho excursiones al río del Infierno y a los alrede-
dores del puerto de San Lorenzo a las que ha asistido una media de 50 per-
sonas en cada una. Los contactos entre veteranos siguen aumentando consi-
guiéndose así que estas actividades vayan a más.

73
La página web de Torrecerredo

En la actualidad, Torrecerredo, aprovechando las nuevas tecnologías informá-


ticas, ha elaborado una página web que sirve de vehículo de conexión con
todos los aficionados. En ella se puede obtener una amplia información del
club, la historia, secciones, revista, etc., y también las noticias de interés
como las próximas excursiones, charlas y actividades en general.

La página es: www.torrecerredo.com

E-mail: info@torrecerredo.com

74
El nuevo local social

El 6 de octubre de 2000 tiene lugar con gran solemnidad la inauguración del


nuevo local social situado en el número 4 de la calle Joaquín Fernández
Acebal. Al acto asisten el presidente del Principado Vicente Álvarez Areces,
la alcaldesa de Gijón María Paz Fernández Felgueroso y el director general de
Deportes Daniel Gutiérrez Granda.
También están presentes el arquitecto, José Quidiello, responsable del
proyecto y los artistas Rubio Camín, Pelayo Ortega y José Arias, que contri-
buyeron con sus obras a que el local tenga una espléndida ambientación.
Las amplias instalaciones con biblio-
teca, gimnasio, bar y salón de actos
Brindis durante la
es una base excelente para todo tipo inauguración del nuevo local
de actividades. Prueba de ello son las
más de sesenta charlas que se han
dado desde entonces y que han esta-
do a cargo de prestigiosos conferen-
ciantes que han tratado una amplia
variedad de temas relacionados con
la montaña y su mundo; es esta una
Entrada a la sede social del
actividad cultural que continúa lle- Grupo Torrecerredo, obra de
nando nuestro salón de actos. Joaquín Rubio Camín

La Semana Internacional de Montaña de Gijón

En el año 2006 se celebró la XXX Semana Internacional Logotipo de la Semana


Internacional de Montaña
de Montaña de Gijón, una edición más de esta semana de Gijón
que comenzó a principio de los años setenta organizada
por el Club Alpino y Torrecerredo y que hoy es el certa-
men decano de los que se celebran en España.
Comenzó celebrándose en el salón de actos del Colegio
del Corazón de María, pasando después a otros locales
como el Instituto Fernández Vallín y la Cátedra
Jovellanos, siendo el Teatro Jovellanos la sede habitual
desde hace varios años. La asistencia masiva de monta-
ñeros, que llenan por completo el teatro, es una mues-
tra de la gran aceptación de esta actividad, que ha traído a Gijón durante
estos años a una gran parte de los alpinistas más famosos del mundo.
Podemos citar algunos de ellos: Kurt Diemberger, Catherine Destivell, Cesare
Maestri, Chantal Maudit, Carlos Carsolio, Tomaz Humar, Juanito Oiarzabal,
Juanjo Sansebastián, Marco Prezelj, Stephen Venables, Oscar Cadiach,
Francois Damilano, Doug Scott, Louis Audoubert, César Pérez de Tudela...

75
Se ha querido también ir acom-
pañando las efemérides que han
tenido lugar en el mundo de la
montaña. Se han seguido los dis-
tintos aniversarios que se han
celebrado de las ascensiones al
Mont Blanc, al Everest, al K2, al
Naranjo de Bulnes… Se ha ren-
dido sentido homenaje a nues-
tros clásicos Pedro Pidal y José
Ramón Lueje y se ha presentado
el alpinismo de vanguardia que
tiene lugar en las cordilleras más
altas y remotas del mundo –el
Himalaya, el Karakorum, los
Andes–, viajando a las regiones
polares y estado en lugares que
Cartel de la 30 Semana nos resultan más familiares
Internacional de Montaña como los Pirineos o nuestros
de Gijón
Picos de Europa.
A partir del año 2002 la Semana Internacional de Montaña de Gijón pasó
a denominarse Memorial Julio Bousoño, Bus, fallecido en julio de 2002, y
que ha sido el iniciador y alma de la organización de esta Semana
Internacional.
El 11 de noviembre de 2002, primer día de la XXVI Semana, comenzó
con un homenaje a Bus en el que intervinieron la alcaldesa de Gijón, el direc-
tor regional de Deportes del Principado de Asturias y el presidente de la
Federación Española de Montaña.
Puede decirse para orgullo de Gijón que es posiblemente el aconteci-
miento de este tipo más importante de los que se celebran en España.
Para la organización de la Semana de Montaña se ha contado con la cola-
boración de diversas instituciones regionales y locales, empresas y clubes de
montaña de Gijón.

Torrecerredo en los grupos de rescate

El número cada vez mayor de personas que practican el montañismo y los


riesgos que esto conlleva ha supuesto que las autoridades establezcan unos
servicios de ayuda y rescate que solucionen en lo posible los problemas que
surjan. Se cuenta en la actualidad con un Grupo de Rescate e Intervención en
Montaña (GREIM) de la Guardia Civil y con el grupo de rescate del CEISPA,
dependiente del Principado de Asturias. En este último se han integrado un
buen número de miembros de la Escuela de Alta Montaña, que se encargaban

76
de los rescates hasta la creación de este servicio a finales de la década de
los ochenta. Cuenta con un helicóptero totalmente preparado para asistencia
médica y está compuesto por 16 personas: dos pilotos, un mecánico, cinco
médicos y ocho socorristas, entre ellos están los cerredos Juan Figaredo
(médico), Alfredo Suárez, Jesús Cubillas, Jaime Ramón Guerrero, Luis Antonio
Ruiz, Ignacio David Fernández y José Luis Torres como socorristas.

Accidentes

Con tristeza hemos de recordar a amigos del club que nos dejaron prematu-
ramente. Durante estos años la fatalidad ha estremecido a la familia monta-
ñera, y la montaña nos ha presentado su cara más amarga.
Así, al comienzo de los ochenta en el macizo de Ubiña se produjeron una
serie de infortunios fatales: el 10 de enero de 1982 la joven Lorena Viña pier-
de la vida al descender de Peña Ubiña prácticamente en el mismo sitio donde
habían perecido años atrás los jóvenes Mariano, Miguel y Luis. El 12 de febre-
ro de 1984 el cerredo residente en Mieres Abilio Valdivieso Prada muere junto
con su compañero de cordada Roberto Fernández González cuando escalaban
el cueto Las Cabras. El 30 de junio de 1985 el apreciado pediatra Pedro
Víctor Álvarez muere al precipitarse por un nevero en el Canalón del Buey
cuando bajaba de la cumbre del Fontán en compañía de otros montañeros de
Torrecerredo. El 15 de agosto de 1992 Tere Carrascosa pierde la vida al ser
arrastrada por unas piedras cuando ascendía a la cumbre de Siegalavá.
También hubo accidentes mortales en otras montañas. En el verano de
1990 Rufino Corbato muere al caerle unas piedras cuando escalaba en el

Asistentes al acto
la Rondiella

77
Pico Valverde en el puerto de San Isidro. Francisco Javier Díaz Badallo falle-
ce en el Mont Blanc de Tacul en agosto de 1992. El 17 de julio de 1996 el
montañero Manuel Álvarez Díaz muere en el Himalaya cuando descendía de
la cumbre del Hidden Peak, de 8068 metros. El 12 de febrero de 2000
Manuel Rafael Sánchez sufre un accidente mortal cuando ascendía hacia el
Pico Evangelista en el macizo oriental de Picos de Europa. Por último el 14
de julio de 2002 Julio Bousoño Pañeda, Bus, pierde la vida en la Morra de
Lechugales durante la VI travesía colectiva a los tres macizos de Picos de
Europa, una actividad de la que él había sido alma y promotor, una muerte
que deja al montañismo asturiano sin uno de sus colaboradores mas cualifi-
cados y activos. La muerte de Bus quedó especialmente grabada en los com-
pañeros de excursión que en un día espléndido de sol y camaradería veían
cómo esta persona, que desde la tarde anterior compartía con ellos una
nueva edición de la travesía de los Picos, perecía en las proximidades de la
cumbre cuando se disponía a ayudar a otros a
Julio Bousoño Pañeda,
Bus
subir. Bus quedó para siempre en sus amados
Picos, sus cenizas fueron esparcidas en la
Rondiella, cerca de la cabaña en la que había
pasado bellos momentos de su vida. Bus
siempre fue para todos un amigo servicial y
amable; la admiración y cariño de todos los
que le conocieron se demostró en su funeral y
en el emotivo acto de la Rondiella.
El 13 de octubre de 2002 se colocó un
buzón en su recuerdo en la Morra de
Lechugales.

Reconocimientos de la labor de Torrecerredo

La labor de Torrecerredo en la promoción de los deportes de montaña a lo largo


de tantos años ha sido reconocida por instituciones muy diversas; a continua-
ción se presenta una relación de estos reconocimientos y galardones.
En 1989 la FEMPA concede a Torrecerredo la distinción al mejor club del
año. El 12 de agosto de 1999 el Centro Asturiano de Madrid le otorga la dis-
tinción Pico Urriello a la mejor organización deportiva por su dedicación al
fomento y promoción de los deportes de montaña. A petición de Torrecerredo,
el Ilustrísimo Ayuntamiento de Gijón decidió otorgar el nombre de dos par-
ques de nueva creación en la zona de Viesques a don José Ramón Lueje y
don Pedro Pidal.
No puede terminar mejor el siglo: el 18 de agosto de 1999 el Consejo de
Gobierno del Principado de Asturias acuerda por unanimidad conceder la
medalla de plata de Asturias a la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo.
El diploma que se entrega es lo suficientemente expresivo:

78
«Teniendo en cuenta su dilatada trayectoria en uno de los deportes más vin-
culados a la historia y orografía asturiana, por su destacado esfuerzo en la
promoción del montañismo y esquí, por su extraordinaria labor en pro de la
práctica del deporte popular en Asturias».
Un reconocimiento que el presidente del club, Amador Fernández Carnero,
hace extensivo a todos los que en Asturias trabajan por la promoción y
desarrollo de este deporte.
En 2001 la Asociación de Amigos del Deporte distingue a Torrecerredo
con el Premio Delfos como mejor entidad deportiva «por haber promovido,
propiciado y estimulado los valores humanos en el desarrollo de las prácticas
deportivas a lo largo de su trayectoria».
El 21 de noviembre de 2006 el Ayuntamiento de Aller concede el
Gochín de oro en las jornadas gastronómicas de la matanza en el alto Aller,

Entrega de la medalla de plata


de Asturias a Torrecerredo
(1999)

Cerredos en el Teatro
Campoamor el día en el que
se recibió la medalla de plata
de Asturias

79
Amador Fernández recoge
la medalla de plata de
Gijón

Felechosa. Por su contribución a la difusión deportiva y turística del Alto


Aller y del puerto de San Isidro.
El 12 de abril de 2007 el Patronato Deportivo Municipal de Gijón conce-
de una distinción a las mejores trayectorias de clubes gijoneses de los últi-
mos veinticinco años: Grupo Covadonga, Santa Olaya, Arenal Club de Fútbol,
Club Balonmano Gijón y A. M. A. Torrecerredo.
El 29 de junio de 2007 se entrega a Torrecerredo la medalla de plata de
Gijón. Esta distinción fue aprobada en pleno del Ayuntamiento de Gijón en
diciembre de 2006, por asentimiento de los tres grupos políticos, PSOE, IU-
Bloque por Asturias y PP. En
Entrega de premios
del diario El Comercio dicho pleno se acuerda la con-
2007 cesión de la medalla de plata
de la ciudad de Gijón a la
Agrupación Montañera Astur
Torrecerredo por su brillante y
ejemplar trayectoria deportiva,
así como por su enorme presti-
gio y arraigo local.
Cuando se acerca el final de
2007 y a punto de entrar en
Acto de entrega del imprenta esta publicación,
diploma a la mejor actividad Torrecerredo recibe dos nue-
juvenil a Peña Castil
vos galardones: el premio del
diario El Comercio al deporte,
y el diploma a la mejor activi-
dad juvenil concedido por la
Federación de Montaña del
Principado de Asturias a nues-
tra sección Peña Castil..

80
INDICE
A H N
Alberto Fernández Castaños, 67 Honorio Castaño, 70 Nacho Orviz. Véase Ignacio Orviz
Alfredo Noval, 64 Horacio Rodríguez, 17, 26, 43, 82 Nicanor Piñole, 28, 29, 35, 36, 60,
Alfredo Rubiera, 16 821, 89, 92
Amador Fernández, 53, 66, 67, 68, I Nico Ochoa, 24, 93
69, 79, 80, 83, 93. Ignacio Orviz, 53, 66, 68, 69 Noi. Véase Emilio Ribera
Andrés Ruiz Gutiérrez, 67 Inmaculada Ardines Cuesta, 67
Aniceto Heredia, 9, 10, 12, 16, 17, 82 P
Armando Valdés, 72 J Pablo González Prado, 18, 33, 36,
Ataulfo Costales, 10, 12, 16 Jesús Cubillas, 63, 66, 68, 69 37, 60
Aurelio Medina, 10, 16 Jesús Valgrande, 16 Panchano, 17, 26, 49
Avelino Fernández, 10 José Antonio Moral Fontecha, 67, 68 Pedro G. Toraño, 53
Avelino Rodríguez, 17 José Arias, 75, 86 Pedro Pidal, 8, 12, 14, 16, 25, 26,
José Benito Buylla, 54, 83 29, 34, 35, 76, 78, 82, 117
B José Luis Aller, 3, 5, 37, 46, 48, 51, Pelayo Ortega, 61, 75, 87, 90, 93, 95
Bernardino Suárez, 16 53, 65, 83 Pío Canga, 17, 101, 103
Bernardo Canga, 65 José Luis Fernández, 41, 42, 64,
Boti. Véase Emilio Martinez 66, 67, 83 R
Bus. Véase Julio Bousoño José Luis Fernández Cobiella, 66, 67 Rafael Suárez (Rafa), 65
José Luis Moreno Piñera, 56 Ramiro Fernández, 10
C José Luis Rubiera, 3, 54, 82, 105 Ramón Juidia, 53, 62
Carlos Bourgón, 54, 83, 89 José María Gironella, 10 Roberto Lechosa, 48
Casimiro González Velasco, 35, 82 José María Gutiérrez, 52, 53, 62, 63, 66 Rodolfo G. Amorrortu, 37, 40
Cesar Guisasola, 35, 82 José Quidiello, 75 Rosario Acuña, 8
César Pérez de Tudela, 42, 76 José Ramón Lueje, 26, 28, 29, 36, 41, Rubén Franco, 54
Cristino Mori, 10, 12, 16, 17 50, 51, 55, 56, 57, 64, 76, 78, 87, Rubio Camín, 60, 75, 90, 92, 93
89, 94, 97, 102, 104, 106, 153.
D Juan Delgado, 40, 41, 51, 53, 64, 65, 83 S
Daniel Hevia, 17, 26 Juan Luis García Solís, 54 Sabino Noriega, 16
Diego Posada, 37 Juan Torío, 39, 40, 41 Santiago Reoyo, 10
Julián Ayuso, 9, 10 Simón Blanco, 72
E Julián Delgado Ubeda, 14, 26, 34, 35, Sixto Barros, 17
Eduardo Barroso, 53 36, 125
Efrén García, 64, 93 Julio Bousoño, 53, 76, 78 V
Eloy Barrio, 67, 68 Julio Gavito, 3, 11, 14, 82, 85, 89, Vicente Pérez, 10
Eloy Berthón, 9, 10 94, 100, 101, 115, 153 Víctor Martínez, 14
Emilio Martínez, 9, 10, 12, 111 Victoriano Sánchez Lorenzo, 52
Emilio Ribera, 9, 10, 11, 16, 17, L Victoriano Sierra, 8, 9, 13, 14
18, 36, 112 Leonardo García, 10, 16
Erick Holzbecker, 10 Lorenzo Méndez, 10
Evaristo Valle, 60, 87 Luciano Castañón, 35
Luis Iniesta, 10
F
Federico Suárez, 16 M
Felipe Martínez, 72 Mª Paz Fernández Felgueroso, 75
Felipe Menéndez, 8 Manuel Castillo, 44
Félix Guisasola, 14, 18, 82, 101, 114 Manuel Díaz Fonseca, 16
Francisco Bercial, 55 Manuel Lainz S. J., 64
García Bernardo, 35, 36 Manuel Lobo, 16
Gil Fernández Barcia, 14 Mariano Marín, 44
Gonzalo Suárez Pomeda, 53 Mario Argüelles, 3, 8, 19, 33, 36, 60,
Gregorio Pérez el Cainejo, 8, 14 64, 85, 97
Guillermo de la Viña, 16 Mateo Calderón, 52, 53
Guillermo Mañana, 64 Miguel Paterson, 53, 62, 63, 66
Gustavo Schulz, 13 Monchu Veiga, 37

81
Breve historia del Club Torrecerredo

1924 Comienza la Estrella Blanca

1932 Transformación en Sociedad Española de Alpinismo la Estrella Blanca.


Presidente: Aniceto Heredia.

1933 Presidente: Julio Gavito. Inauguración del pozo de la Oración.


Se cambia el nombre al de Peña Castil.

1936-39 Guerra civil.

1940-47 Salidas a la montaña en pequeños grupos. Nombre provisional Peña Montañera Gijonesa.

1947 Se funda la A. M. A. Torrecerredo. Presidente: Félix Guisasola. Nicanor Piñole


participa estos años en las colectivas.

1949 Traslado de los restos de Pedro Pidal a Ordiales. Primera excursión colectiva a
Torrecerredo. Se nombra socio de honor a Alejandro Pidal.

1950 Excisión de algunos socios, se forma el Club Alpino. Presidente: Víctor Felgueroso
León. Primera travesía colectiva en esquís.

1951 Primera escalada sin guía al Naranjo por parte de montañeros asturianos, los
cerredos Ceferino Mateos, Pedro Martí y Ángel Cifuentes.

1952 Primera salida colectiva fuera de nuesta región a Ordesa.

1953 Primer telesquí de nuestra región en La Cerra (Pajares). Cambio de nuestro local
social desde la calle Santa Lucía a la calle Covadonga n.º 38.

1954 50 aniversario de la primera escalada al Naranjo. Inauguración del refugio de Urriello.

1956 César Guisasola subcampeón de España de eslalom gigante.

1957 Presidente: Casimiro González Velasco. XXV Aniversario de la fundación de la S. E. A.


Estrella Blanca.

1958 Se publica la última revista Torrecerredo de esta época. Primer curso de escalada.
Se establece el Trofeo Cordillera Cantábrica.

1960 Presidente: Horacio Rodríguez Medina.

1961 Celebración en el puerto Ventana del 150 aniversario de la muerte de Jovellanos.

1962 Se colabora en la creación de la Federación Asturiana de Montañismo.

1963 Se coloca la primera piedra del refugio de San Isidro. Se colabora en la creación de
la ENAM de Asturias.

1964 Se colabora en la creación del GAME de Asturias.

1967 José Luis Fernández participa en la primera cordada asturiana que escala el
Cervino sin guía.

82
1966 Se inaugura el refugio de San Isidro. Primer campamento de esquí de verano en el jou Santu.

1968 José R. Lueje publica el libro Picos del Cornión Se inaugura el refugio J. R. Lueje en
el jou de los Cabrones.

1971 Presidente: José Luis Aller Manrique. Comienza la segunda época de la revista
Torrecerredo. Juan Delgado publica el libro Ubiña Alta Montaña.

1974 José Benito Buylla publica el libro Alta Soledad. Se cambia el local social a
Cabrales 48.

1975 Presidente: Carlos Bourgón.

1977 Torrecerredo organiza el campamento regional de montaña en Murias Llongas.

1979 Presidente: José Luis Rubiera.

1980 Se publica la última revista Torrecerredo de la segunda época.

1988 Presidente: Amador Fernández Carnero.

1989 Torrecerredo organiza el campamento nacional de montaña en Ubiña. Salida


colectiva a la cordillera del Atlas. Premio de la federación al mejor club del año.

1990 El Club alpino se integra en Torrecerredo. Comienzan los campamentos infantiles en


San Isidro.

1991 Primera travesía colectiva de la Cordillera Cantábrica. Andrés Ruiz asciende al Cho-
Oyu (primer ochomil de un asturiano).

1994 Rehabilitación del refugio en el puerto de San Isidro.

1996 1ª Travesía integral de los Picos de Europa en colectiva.

1997 Comienza su actividad el grupo juvenil con el nombre de Peña Castil.

1998 Centenario de la primera ascensión a Torrecerredo.

1999 Comienza la reactivación de la sección y equipo de esquí. Distinción Pico Urriello


del Centro Asturiano de Madrid. Medalla de plata de Asturias.

2000 Se inaugura el nuevo local social en la calle Joaquín Fernández Acebal.

2001 Premio Delfos a la mejor entidad deportiva.

2005 Ascensión colectiva al Aconcagua.

2006 Premio Gochín de Oro del Ayuntamiento de Aller.

2007 Distinción del Patronato Deportivo Municipal junto a otros clubes a la mejor
trayectoria deportiva de los últimos veinticinco años.
Medalla de plata de Gijón. Premio El Comercio al deporte.

83
Escritos

Ángel Antonio Rodríguez


Julio Gavito Arroyo
José Mario Argüelles Sáez
Carta de Claudio Sánchez Albornoz
Öleo / lienzo de Ramón Prendes
en el local del club
Pintura y dibujo en la revista Torrecerredo Ángel Antonio Rodríguez

La relación de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo con el arte ha sido


especialmente intensa desde sus inicios. El club es, actualmente, la socie-
dad montañera más antigua de la región y una de las más veteranas de
España. Durante la trayectoria de la agrupación, sus responsables han trata-
do constantemente de fundir deporte y cultura, tomando el pulso a la socie-
dad asturiana a través de sus socios.
Esa magia cotidiana entre montaña y cultura se ha traducido especialmen-
te al apartado pictórico. No en vano, el gran enamorado de la montaña astu-
riana, José Ramón Lueje, socio fundador de la A. M. A. Torrecerredo, fue un
coleccionista de arte importante, caracterizado por la limpieza de carácter
que suele dominar a todos los amantes de la naturaleza y por ese ansia de
conocer, contemplar y gozar las cosas puras. Esa manera de entender la vida
de Lueje ha sido heredada por otros montañeros. Su memoria está presente
en los numerosos proyectos de la agrupación y, entre otras, en la iniciativa
que en 1997 trató de reivindicar la exposición La montaña en la pintura astu-
riana (Museo Evaristo Valle de Gijón y Museo Antón de Candás, 1997), con
treinta importantes artistas asturianos del siglo XX que homenajean la mon-
taña. La tesis de aquella muestra partía del hecho de que la pintura guarda
sus enseñanzas más ricas, precisamente, en aquellas firmas que sacan jugo
Mosaico mural en el local
social de Torrecerredo,
obra de Pelayo Ortega

87
Portada de revista
realizada por Piñole
(1953)

a determinados asuntos estéticos desde infinitas perspectivas, agotando


todas las posibilidades expresivas que encierra cada una de ellas y extrayen-
do las conclusiones oportunas, ya sean formales, conceptuales, matéricas o
meramente técnicas.
En función de esas premisas, hoy queremos repasar en estas páginas otra
singularidad de las actividades de la A. M. A. Torrecerredo. Se trata de las
ilustraciones de los números publicados entre 1948 y 1993, que atesoran un
importante fondo de dibujos y pintura que merece la pena analizar. Las publi-
caciones ocupan dos épocas que vivieron una intensidad editorial en
Torrecerredo. La primera ocupa diez años, de 1948 a 1958, y la segunda
nueve, de 1971 a 1980. En 1993 se edita una revista especial, en formato
libro, con intenciones renovadoras.

88
La montaña piñolesca

En diciembre de 1948, en la página 33 de la revista Torrecerredo, Eduardo


Vigil relata la relación de Nicanor Piñole con la montaña asturiana en un
entrañable reportaje. Aquel número es el primero que incorpora imágenes
pictóricas para ilustrar sus páginas y, aunque no incluye obras del maestro
gijonés, apunta las maneras que acompañaron a las sucesivas publicaciones
de la revista, que se prolongan hasta nuestros días. Vigil, como José Ramón
Lueje, a quien Piñole conoció en 1941, realizaron numerosas excursiones
colectivas con él y otros amigos, como Julio Gavito, José María Medina,
Carlos Bourgón o Adolfo de la Vega, por Ponga, Cabrales, Amieva, Sajambre,
Caso, Aller, Lena, Teverga, Somiedo y otros muchos parajes. Allí Piñole pin-
taba directamente, o aprovechaba los momentos de descanso para tomar
apuntes y bocetos. Tenía algunas bases de trabajo que le sugirieron mayor
número de piezas, como el collado de Les Bedules, en los límites de Peloño,
el puerto de Panderruedas, los pueblos de Poncebos y Camarmeña, la vega
de Enol, las estribaciones de Ubiña, los numerosos pasos rodados de la cor-
dillera o, en sus últimos años de montañismo, la amplia majada de
Vegabaño. No obstante, Piñole llegó a acercarse a todas las alturas y desde
su genuina mirada, libre de ideas prefabricadas, creó su propia escuela en la
pintura de montaña: la pintura de la luz astur. De él bebieron y continúan
bebiendo gran parte de los pintores asturianos de la segunda mitad del siglo XX.
Durante veinte años en contacto directo y después desde el recuerdo,
Piñole supo captar como nadie la niebla, las grietas, el viento y el aroma de
los pastos y los montes astures. Así lo demuestran sus numerosas aportacio-
nes a la revista Torrecerredo. La primera, en enero de 1951 (lámina I), es cier-
tamente sorprendente, porque incluye también un interesante texto sobre la
luz. La imagen reproducía la obra titulada Caleao y sintetizaba esos intereses
del pintor, desde la sutilidad y el intimismo. En aquel número se incluían tam-
bién Pasión del Sueve (lámina VI), Río Sol (lámina IX), Portilla de la Reina
(lámina XIV), Llanaves (lámina XV) y Peña Ubiña (lámina XX). En ellas se
patenta toda la magia de un creador que no rechazaba el gesto, ni la mancha
precisa ni la veladura, y era, ante todo, un apasionado del matiz cromático y
la materia que pintaba por puro placer. Fue un observador fiel a todas las
sugerencias ambientales, por eso sus montañas son tan asturianas.
Desde entonces, las colaboraciones de Piñole con la revista son constan-
tes, con algunas imágenes hermosas. Encontramos otras piezas suyas en dis-
tintos números de la revista. En febrero de 1952 los apuntes titulados Tuiza
(lámina I), Torrebarrio (lámina II), Niebla. Vega de Enol (lámina III), Enol
(lámina IV), Mampodre y Riosol (lámina VII). Se diría que Piñole forjó su
mayor libertad pictórica, su obra más audaz y menos académica, de la mano
de Torrecerredo, acuciado por sus ganas de pintar y su desinteresada gene-
rosidad con la revista, que se nutría de todas estas obras.
En marzo de 1953 aparece su primera portada, ese majestuoso Pastor de
trazos acuosos y perspectivas profundas que años después emplearía como

89
Torre de Cerredo,
óleo de Rubio Camín

motivo Pelayo Ortega para ilustrar la portada del libro revista Torrecerredo
editado en 1993. Y es también en aquel simbólico número del 53 donde se
incluye, por primera vez, una obra de otro ilustre socio pintor, Joaquín Rubio
Camín, que aportó una feliz ilustración para el artículo “Cantar del pastor del
valle” de José García Nieto. Aquella revista es, sin duda, una de las mejores
de toda la historia pictórica de Torrecerredo, con nuevas obras de Piñole que
ilustran el artículo “Del puerto de Ventana al de Somiedo” que escribió Lueje
y que acompañan siete nuevas piezas de Piñole. Se trata de los dibujos
Bueyes y carros (página 18), Pastores de Quirós (lámina VI), La capital de
Teverga es San Martín (página 23), El hombre de los puertos (página 31),
San Emiliano, la pulcra villa (página 38), La yegua (página 39) y la enigmá-
tica obra titulada Son todos simples pastores (página 43), donde emerge la
vena más tierna y reflexiva de un Piñole que, de vez en cuando, sentía nece-
sidad de expresar algo más que un bello cúmulo de esencialidades plásticas.
Piñole continuó cediendo sus trabajos para enriquecer los artículos de la
revista, cuyos contenidos documentales y literarios se perpetúan de la mano
de la pintura. Suyas son también varias ilustraciones del número de julio de
1954. Una hermosa Bienvenida con paisaje de fondo que saluda al lector en
la página 2, la acuarela Valdeón (Picos de Europa) (página 10, lámina I) que
ilustra un emblemático artículo del historiador Claudio Sánchez Albornoz
titulado “Mi primera jornada en los Picos de Europa”. Y de nuevo Lueje, en

90
su artículo “Del puerto de Somiedo al de Leitariegos”, tiene la suerte de con-
tar con varias imágenes de Piñole que, a buen seguro, le acompañó en aque-
llas andanzas por el occidente asturiano. Suyas son las láminas Pueblo y
belleza (página 13), La emigración de los somedanos del Pigüeña (página
15), Villar de Vildas (Somiedo) (página 18, lámina IV), Tal parecían las viu-
das del lugar (página 21), El oso del Monte las Sendas (página 22). Campo
de los centenarios, una cuanta gente… (página 23), Nos tocó ver el juego de
bolos (página 25), Las verdes brañas de Veigas (página 26) y Una brañera de
Lin de La Pena (página 28). Se trata, siempre, de una obra metódica pero
muy libre, que guarda los registros piñolescos más puros y que actúa gestual-
mente, tomando la retina como objetivo de una invisible y juguetona cáma-
ra, refugio para la soledad y los instantes bellos. Se remata la aportación de
Piñole a este número con un Pastor llevando una cabra en la página 42, en
el artículo “La Vega y las Torres de Ario” que firma “Vízcares”.
Quizás por su propia pasión montañera, o porque pocos años atrás había
fallecido su madre, Piñole intensifica sus salidas a la montaña en estos años
y, por tanto, la revista se enriquece notablemente. Así, en el número de abril
de 1956 aparecen otros trabajos suyos, que se abren con una nueva bienve-
nida en la página 2 y continúan en las páginas 7, 10 y 11 con tres ilustra-
ciones ya publicadas y en la página 46 con un hermoso Paisaje. En este
número se publica también una sencilla pero interesante reseña de homena-
je al pintor, en la página 49.
El número de diciembre de 1958 cierra la citada primera época (1948-
1958) de la revista de Torrecerredo con un nuevo despliegue de escenas pin-
tadas por el maestro gijonés. De hecho, se abre con una sugestiva portada,
continúa con un impactante fondo de Piñole sobre poema de José Benito Álva-
rez Buylla y se remata con una larga lista de ilustraciones, algunas repetidas
de números anteriores (páginas 8, 15, 59, 60 y 61) que eran aprovechadas Acrílico / tabla de José Arias

91
por los editores y otras nuevas que, en sí mismas, constituyen casi una mono-
grafía del pintor y desvelan algunas claves de su momento creativo, ya en
plena madurez. Son la titulada Pueblo (página 7) y las láminas Yeguada en
El Meicín (lámina III), Pastoreo en Riotuerto (lámina IV), Puertos de Agüeria (lámi-
na V), Vaquero de Cheturbio (lámina VI), Trashumantes en Socellares (lámina VIII),
Alto de Ventana (lámina IX) y Torrebarrio (lámina X).
A partir de aquí, en la denominada segunda época (1971-1980), la revis-
ta Torrecerredo trata de hacerse semestralmente. Continúa incluyendo repro-
ducciones de viejas y nuevas obras de Nicanor Piñole, pero el viejo maestro,
ya casi centenario, apenas pinta y, evidentemente, no pisa la montaña astu-
riana. No obstante, desde aquellos días con Lueje y sus colegas, cuando
había contactado directamente con nuestras cumbres, Piñole retuvo en su
memoria cada escenario y los siguió pintando esporádicamente. Aparecen,
pues, algunos óleos de la última etapa de Piñole en las páginas de la revis-
ta. Concretamente, en 1971, la portada Poo de Cabrales es un óleo del pin-
tor. Encontraremos también otra pieza suya en el número de diciembre de
1972, la titulada Pambuches”, en la página 105. Un nuevo homenaje en
vida del pintor se sucede en el número de diciembre de 1973, en la página
256, donde se recuerda aquella emblemática portada piñolesca del año 53.
El número de junio de 1978 supone un homenaje póstumo a Piñole, con la
portada Torrebarrio, cabecera de Ubiña. El maestro habiá fallecido en enero,
doce días después de haber cumplido cien años y haberlo celebrado con
todos los honores, rodeado de amigos y admiradores, en un homenaje cuya
repercusión consiguió que el rey Juan Carlos le concediese la gran cruz de
Alfonso X El Sabio.

Abriendo vías

Hemos visto que Nicanor Piñole fue, sin duda, el gran protagonista pictórico
de la revista Torrecerredo durante sus dos épocas, con una larga lista de cola-
boraciones. Pero otros artistas jóvenes o veteranos, aficionados o profesiona-
les, aportaron también su obra a las páginas de esta publicación excepcional.
Entre las grandes firmas que ilustraron la revista ya hemos citado a un
joven Rubio Camín que, en el número de marzo de 1953, publicó su prime-
ra ilustración en Torrecerredo. Por aquel entonces, este excepcional artista
gijonés ya vivía en Madrid, donde residió durante veinticinco largos años y
recibió premios nacionales de pintura, escultura y fotografía. Pero sus cone-
xiones con Gijón eran constantes y, a través de Eduardo Vigil y otros colegas,
seguía de cerca las actividades del club, con el que salió más de una vez a
la montaña en los últimos cincuenta años. De Camín son también otras ilus-
traciones de aquel número, como las tituladas Pico Vízcares (página 61), Tres
árboles (página 64) y Montañeros (página 64). Las tres sirvieron para ilustrar
el artículo “El pico Les Vízcares” (firmado por “Vízcares”) y algunas se apro-
vechan en otros números. Así, en el de julio de 1954 para ilustrar el artícu-
lo “La becerrera de San Pedro”, firmado por “un veterano”; y en abril de

92
1956 y diciembre de 1958 para los cuadernillos titulados Agrupación. Ya en
la segunda época de la revista vuelven a aprovecharse las citadas ilustracio-
nes de Rubio Camín, en el número de junio 1971.
Pero no se queda ahí la excepcional colección de ilustraciones de la revis-
ta Torrecerredo. Durante su primera época, los números cuentan con obras
de autores anónimos o de ilustradores menos conocidos en el circuito artís-
tico. Son ejemplos, en algunos casos, imitativos y descriptivos, pero en oca-
siones alcanzan interesantes grados de rigor compositivo, siempre tras esa
mirada a la montaña que ha caracterizado estos sesenta años de historia del
club. Así, en uno de los primeros números (julio de 1949) abunda la firma
pictórica de Nico Ochoa, con dibujos sencillos e irónicos. O de Ramón García
Olay (febrero de 1952, página 20) con imágenes muy descriptivas de el
Mampodre. Otros dibujantes fueron Andrés Espinosa o Elías Díaz, que apor-
taron piezas al famoso número de marzo de 1953 y colaboraron en algunas
ediciones posteriores. A partir de abril de 1956 aparecen también composi-
ciones de Nicieza. Desde 1971, en la segunda época de Torrecerredo, apa- Obra gráfica original de
Pelayo Ortega
recen esporádicas imágenes de Manés F. Moliner, Ángel Tresaco, Efrén
(1992)
García y otros anónimos.
Es el número especial publicado en
1993, coordinado por Amador Fernández
y antecedente de este nuevo volumen
que ahora presentamos, el que atesora
otras ilustraciones nuevas de Rubio
Camín y de otros artistas profesionales,
hijos de otras generaciones y de gran pro-
yección nacional, que han colaborado
con distintas iniciativas de la agrupa-
ción. El número se abre con el citado
homenaje de Pelayo Ortega a la emble-
mática portada piñolesca del 53 y alber-
ga otros apuntes, dibujos y acuarelas
ciertamente hermosos. La mayoría reali-
zados expresamente para la ocasión, for-
man hoy parte de los excepcionales fon-
dos artísticos del club. En ese libro
Torrecerredo hay 10 ilustraciones de
Rubio Camín (páginas 13, 22, 73, 86,
87, 88 y 89), 16 de Pelayo Ortega (pági-
nas 34, 50, 59, 68, 78, 84, 85, 90, 91,
93, 95, 99, 100, 101 y 103) y una serie
de escudos de las distintas agrupaciones
montañeras realizados por José Arias.
Son, sin duda, excepcionales ejemplos
artísticos y muy definitorios de cada uno
de los firmantes. En fin, un lujo.

93
Julio Gavito Arroyo A José Ramón Lueje

Así como los vegetales experimentan el fenómeno del ahilamiento al nacer en


sitios sombríos, lo que les hace estirarse hacia arriba en busca de la luz. José
Ramón, que tuvo su cuna en el sombrío fondo de Piloña, en la tenebrosa sima
de su capital, Infiesto, sufrió, por imperativo biológico, el ansia ascensional por
aquellas paredes de ensueño siempre verdes y risueñas, que contorneaban su
dormitorio habitual. Iba, como sus amigos adolescentes, escopeta en ristre, a
practicar la caza. Pero pronto comprendió que por encima de los puestos que
le asignaba la cinegética, había otros gigantescos relieves más atractivos, más
soleados, más dominantes, que le cautivaban. Por ello siguió ascendiendo, pero
cambiando en seguida la escopeta por el zurrón, por las vecinas cimeras de
Cayón, Incós, Pandoles, Grandasllanas, Friera y Niañu y, aún muy mozo alcan-
za la cima de Vízcares -1419 metros de altitud-, el techo de su Piloña original.
Decía, frecuentemente, con sano orgullo que desde su tierra de Piloña se divi-
saban tierras de tres provincias a pesar de no limitar con ninguna de ellas; eran
estas las de Santander, Palencia y León, que asomaban sus erectas testudes
de Peña Prieta, Curavacas y Mampodre sobre nuestra Cordillera Cantábrica.
Todo esto estimuló su amor a la montaña y le empujó a trasponer la
Cordillera, a visitar los Picos de Europa que le atraían con embrujo al con-
templar su insistente presencia al fondo, en la lejanía, de cualquier paisaje
astur. La montaña fué siempre testigo de los momentos culminantes de su
vida porque en ella experimentó las emociones más gratas de su existencia y
llegó a hacerle considerar, como verbos sinóminos, culminar y vivir.
Su amor a la montaña no fue solamente poético y contemplativo, poseía
un sentido de orientación extraordinario y una retentiva del terreno que pisa-
ba de tal calibre que no se le borraba jamás la imagen topográfica de lo que
hallaba a su paso. Aprovechó estas facultades en beneficio de los demás, su
constante propósito, dibujando itinerarios y más tarde planos y mapas oro-
gráficos llenos de nombres y detalles naturales para que, los menos dotados
que íbamos con él o detrás de él pudiéramos recorrer fácilmente, sin extra-
víos, lo que, sin su compañía, pudiera ser una peligrosa aventura.
No era montañero que gustase encordarse por notoriedad en busca de una
arriscada victoria; solo alguna vez se ató por ganar alguna cumbre dominan-
te que mereciese la pena alcanzar. Es más, hacía con cierta frecuencia corre-
rías por Cordillera y Picos para conocer más terreno, evitando las cumbres,
que le consumían más tiempo del que podía disponer.
Necesitaba entrevistar a los pastores –sus mejores amigos–, ya que eran la
gala de nuestra montaña y de ellos obtenía copiosa información toponímica a

94
la vez que escuchaba sus consejas y relatos y oía con atención sus sabias
advertencias. De ellos escuchó por primera vez topónimos tan descriptivos
como Jultayu (junto al tajo), Naranco, de íntima relación hidráulica, jou
Santu y Peña Santa, que rezan hacia Covadonga y, entre otros más eufóni-
cos, los que tienen el prefijo bus, como Busumerón, Bustantigu, Busdongo,
Busfríu, etc., que dominan la mayor parte de Asturias y pequeñas zonas de
Santander y León, y que rememoran ancestrales centros de ganadería autóc-
tona, de aquella esbelta figura de vaca casina, siempre a la intemperie, que
prefería ganar, como una cucaña, los altos pastos de la cumbre al cómodo
regalo del establo.
Hoy también se acabaron, como José Ramón se acabó, el pastoreo y sus
ganados, ya no balan las dulces ovejas ni las intrépidas cabras que interrumpí-
an el silencio y la soledad de las majadas con el sonriente goteo de sus esqui-
las y que, después de degustar la sal y pagar espléndidamente su consumición

Retrato de Lueje,
obra de Pelayo Ortega

95
con el blanco néctar de sus ubres, iban a pernoctar a la cuerria en lecho pro-
pio de su propia lana. Todo se fué de aquellos idílicos parajes al alcanzar la
ancianidad sus heroicos moradores, ya que la juventud no los quiere relevar,
inconsciente, porque le atrae más el bullicio ensordecedor de la urbe que el
albo contenido de la ubre, y prefiere acogerse al paro antes de desempeñar
el sufrido y bucólico quehacer de sus antecesores.
Solo queda en la peña, como gala sin par, el gracioso trote del escultural
corzo y los ingrávidos saltos y vertiginoso galopar de los rebecos, que solo se
paran a pastar en las excelsas camperas cumbreñas que mantienen jugoso
su verdor con el sudor estival de los neveros.
Nada nos queda por decir de las actividades de José Ramón por su monta-
ña, porque estas líneas van dirigidas a montañeros que conocen su afanosa
actividad y, sobre todo, su ingente labor de montañero y publicista que alcanzó
las más valiosas condecoraciones del montañismo local, provincial y nacional.
Hace muchos años ya que José Ramón, como dijimos anteriormente, avi-
zoró, sorprendido, las tierras de tres provincias desde su Vízcares y, hoy, son
esas tres provincias con las cuarenta y siete restantes, Espana entera, la que,
envuelta en nieblas, divisa Piloña, su último pedestal en esta tierra, musi-
tando, reverente, una oración.
Fue siempre un destacado maestro en lo que G. Amezúa llamaba el depor-
te del amor a la montaña; en él llegó a ser una gloria nacional; pero había
otro amor, que más que deporte es virtud, que le iluminó desde las tinieblas
de su cuna y le acompañará a cimas más altas y luminosas que las que cono-
ce la orografía: el amor al prójimo.
Sobre esto no solo no dejó nada escrito, sino que sus actos en esta nueva
faceta de su extraordinaria e inquieta personalidad, procuró siempre ocultar-
los o disimularlos. Fue pródigo, desprendido y generoso hasta la saciedad, y
cuando los problemas ajenos que le encomendaban no tenían solución mone-
taria, les dedicaba el tiempo y el espacio que fuese preciso, hurtándolo a sus
quehaceres personales o profesionales.
Nos atrevemos a decir que su mayúscula vocación montañera, su elevado
amor a la montaña, estuvo siempre subordinado al amor preferente de su
existencia a servir a los demás.
Su actividad montañera era obligada para evadirse de la urbe que le mal-
trataba y le acuciaba con sus problemas y encomiendas. Jamás fué a la mon-
taña a triunfar o a conquistar laureles; iba hacia ella atraído por su belleza y,
simple y llanamente, a descansar de la afanosa vida que su cordialidad le
hacía llevar y que le consumía.
Para los que vivimos siempre en su entorno y cambiamos impresiones
sobre lo que hizo, lo que dijo y lo que sospechamos que quiso callar, el dolor
que nos produce su añoranza, al escudriñar su obra, va trocándose en devo-
ción hacia su persona.
Siempre nos estaba diciendo, en momentos de euforia: “La montaña em-
belleció mi vida”. Ahora llegó el momento de contestarle: “Y tu vida bella, sí,
pero también abnegada y ejemplar, te santificará. Amén.”

96
Breve semblanza de un montañero ilustre: José Mario Argüelles Sáez
José Ramón Lueje Presidente honorario de la
A. M. A. Torrecerredo

“Pero las montañas no son solo naturaleza


o una forma de belleza superior o
ámbitos de vivencias, sino también
escenarios de grandeza que actúan como
fuentes de cultura...”

“Hay que transmitir necesariamente


conocimientos y sentimientos.”
E. Martínez de Pisón y S. Álvaro*

Las citadas conclusiones de Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro


podrían, desde hace ahora setenta años, configurar la divisa de nuestro admi-
rado amigo José Ramón Lueje Sánchez.
Muchos llegan a entender la cultura que radica en la montaña, pero otra
cosa es poner en juego sus facultades y su empeño para transmitirla. Como
observó un destacado periodista afincado en Gijón, “vivió y gozó la montaña
José Ramón Lueje, y aplicó su capacidad de trabajo y su inteligencia a ensal-
zarla y darla a conocer”.
Su nombre resalta entre los estudiosos de estas montañas, que él recorrió
incansablemente desde la adolescencia. Describió muchos sectores de la
Cordillera Cantábrica y Picos de Europa, de los grandes cordales asturianos y
de las sierras interiores de Asturias y León, y con ello abrió rutas cimeras y
aportó datos para el trabajo de ulteriores divulgadores. Y todo esto con una
visión eminentemente poética del mundo de las cumbres, en un lenguaje afor-
tunado, peculiar y acertado, en un castellano transparente, porque Lueje, a
pesar de su inquebrantable asturianía, no padeció la tentación de los bables.

(*) El sentimiento de la
Peña Santa. ¡Bien privilegiada resulta la tierra astur por poseer tal mon- montaña, 2002, pags. 364 y
taña ¡Y bien venturosos los que puedan aprender las sendas de su 366. Eduardo Martínez de
Pisón (catedrático y
cimera! Porque el poder llegar hasta su cúspide, el poder lograr el pre-
explorador, protagonista de la
mio de alzarse en su Torre, es como obtener la más beneficiada de las cultura de montaña en
victorias. Su ascensión y su meta es como ganar el tránsito hacia otra España) y Sebastián Álvaro
(director del programa Al filo
más refulgente luz.” (Picos de Cornión, 1968, pág, 11.) de lo imposible)

97
Una nota característica de la labor investigadora y literaria de Lueje viene
de su autenticidad de origen, fruto de su caminar hacia las alturas, de su
convivencia con los moradores de la braña –por cuya hospitalidad e hidalguía
reiteradamente expresa su reconocimiento– de las anotaciones obtenidas allí
mismo. Quizás por ello de sus descripciones emanan, con un fondo de implí-
cita poesía y siempre en términos de objetiva calificación, su convencida y
profunda admiración por lo cimero y su amplia visión del afán montañero.
Sus descripciones y la información puntual de la orografía las percibimos en
medio de un canto implícito, con una poesía que nace en las profundidades del alma.
Personalidad tan identificada con las montañas sugiere una iniciación temprana y
feliz, lo que parece confirmar los recuerdos que con frecuencia afloran en sus relatos:

“Hace ya años que subí por todas esas cimeras y recorrí sus quebradas;
allí me llevó muchos días, en sus monterías siempre fructíferas, D. José
de Argüelles y Argüelles (+), del Orrín de Infiesto, cazador de rebecos
como no hubo nunca otro mejor, y también de osos; pero yo no sentía la
cinegética y al lado de aquel Señor, gran amigo y mejor maestro, no supe
ser cazador, mas aquellas correrías por los altos montes de Caso y Ponga
prendieron en mí el amor a la montaña y la montaña embelleció mi vida.”
(T-20, 1949, pag. 43: “El Coto Nacional de Reres o Brañagallones...”)

“Y en esas entrañables montañas de verdecidas faldas que rematan


albas cresterías, entre las que se meció nuestra cuna y que también
asistieron vigilantes a nuestra infancia y mocedad, fue donde se gestó
el montañismo de uno. Fue de las que bien tempranamente, como pre-
mio excelso, recibimos su mensaje de convocatoria hacia las glorias de
sus cielos. De aquellas cimeras, primeras amigas del alma, por las que,
con muy cortos años, comenzamos ya las venturosas ascensiones.”
(T-1980: “La llamada de la montaña”)

“Subí al pico Vízcares sobre 1922, desde Miera, donde pasábamos


unos días de verano varios amigos de Infiesto... Tengo el recuerdo de
este macizo cuando en febrero de 1922 lo atravesé casi por su cima,
cazando con Antonio Ruisanta y los monteros... Sobre estos lugares y
montes del recorrido de esta excursión, se deslizaron muchos días feli-
ces de mi vida, y en todos ellos tengo vivo y presente al incomparable
compañero y fiel amigo Fernando Argüelles (q.e.p.d.).”
(Nota en el parte de excursión de 13/14 de junio de 1941)

“Desde Remelende hay línea de cumbre hasta caer a la majada de Vega


Pociellu de nuestras antiguas cacerías.”
(Nota en el parte de excursión de 5 de septiembre de 1942).

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En todo caso, parece cierto que sus primeros contactos con la montaña ya
los tuvo, como actividad escolar, a los 11 años de edad.
Desde el año 1934, los Lueje fijan su residencia veraniega en el tranqui-
lo y acogedor lugar de Lario, en Valdeburón. Este alto enclave, protegido por
los gigantes divisorios y arrullado por las frescas aguas de un río Esla recién
nacido, es de los más hermosos valles cabeceros de la Cordillera:

“Deslumbra al viajero la perspectiva de Valdeburón, el valle más deli-


cadamente hermoso de toda la montaña leonesa.”
(T-23, 1951, pág. 33, ”Desde el puerto de Arcenorio al de Riofrío”)

Este cambio estacional de domicilio ponía fin a la inicial etapa durante la


cual la villa asturiana de Infiesto fue en exclusiva el punto de partida para
las memorables andaduras por los montes de Piloña, Caso y Ponga -cacerías
primero, excursiones en época juvenil después- que hicieron brotar en él y
madurar el más profundo amor a las cumbres.
La ubicación de Lario, en el eje de un imponente arco orográfico que llega,
por la Cordillera, desde el complejo de Brañagallones hasta el del Alto
Carrión, y hasta los picoeuropeanos macizos de Cornión y de los Urrieles,
abarcando también el cercano y erguido núcleo de Mampodre, facilitó el pase
a lo que podríamos llamar una segunda etapa, de más ambiciosa conquista
y mayor conocimiento de la montaña:

El valle (de Valdeburón) es una antesala estratégica de la Cordillera


Cantábrica; de allí nosotros emprendimos las mejores marchas hacia la
montaña, esas excursiones que son fiestas, y partiendo de Lario, que
es el más hermoso y el más acogedor de sus pueblos.”
(T-23, 1951, pág. 34, “Desde el puerto de Arcenorio al de Riofrío”)

Lueje, al regreso de cada marcha, se cuida de anotar los datos de la sin-


gladura, que volcará en un parte de excursión. Muchas veces incorpora un
desplegable con el gráfico de tiempos y altitudes, y, con menor frecuencia,
un plano para situar los topónimos, algunos de los cuales, por desuso, esta-
ban a punto de sumirse en el olvido.
Todos estos registros, junto con una elevada cantidad de fotografías, los
custodia su familia, a la que tenemos que agradecer las facilidades otorgadas,
en especial para consultar los partes de excursiones, que en número de 367
hemos podido ver. Actualmente, este material está depositado en los archivos
del Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias, donde puede ser consultado.
Durante el período 1934-1940, con excepción de los años 37 y 38 por
razones obvias, desempeña Lario el papel de preferido como base o punto de
partida, ya que de un conjunto de 26 marchas en total, 16 de ellas vivieron
allí él momento gozoso de emprender la caminata.
Era el verano de 1934 cuando anotó las dos primeras salidas desde Lario.
Era comprensible la urgencia que sentía por dominar los dos pilares que

99
sostienen las cabeceras del valle: la peña de Ten y los picos de Mampodre.
Le acompañó David Rodríguez.
Dice en Mampodre: “Hicimos el presente recorrido en absoluta ignorancia del
terreno. Al bajar del Convento para atravesar a la collada nos vimos comprometidos.”
Y, en cuanto a “nuestra augusta peña de Ten :“Don Pepito Argüelles me
habló de Ten, y de él aprendí aquello de”: “Ten y Pileñes, buen par de peñes.
Ten para cabres y Pileñes para oveyes”. Y en nuestras cacerías por Caso, en
Brañagallones la vista de Ten me atraía, su excursión me ilusionaba. Y hoy
dominé Ten.”
Desde los años 1942 (con una) y 1943 ya se registran algunas excursio-
nes con salida de Gijón.
Espigando en los sucesivos partes, observamos cómo la montaña le iba
desvelando las claves de un mundo de bellezas inagotables. Nos lo confirma
el ambicioso planteamiento de programas e itinerarios.

Extractamos a continuación los datos de algunas salidas de las más significativas.

19 a 21 de julio de 1935. Empezó en Covadonga y fue su primer contacto


con los Picos de Europa. Dos pernoctas en Vegarredonda, subida por Fuente
Prieta a la horcada de Santa María y bajada por el jou Santu. Visita a
Ordiales. “Ha sido mi primera llegada a Picos; la impresión de jou Santu,
aplastante; fracasé en la escalada a Peña Santa de Enol”. Le acompañaban
Fernando Argüelles, Martín Bea y Adolfo Vega.

17 y 18 de agosto de 1935. Desde Lario a Pontón y Panderruedas y a Posada


de Valdeón. A Caín y puente Trea, y regreso por Posada, Pontón, Torteros y
Lario (a pie). Por mal tiempo dieron la vuelta, siendo el proyecto primitivo el
ir a Covadonga por jou Santu. Con David Rodríguez.

10 de julio de 1936. El parte correspondiente a esta jornada intuye el dra-


matismo de unos días aciagos: “En este día empezamos a bajar del Muenigu,
y en el camino vimos subir a aquellos grandes amigos, con quienes dimos la
vuelta y allí pernoctamos. Eran ellos don José de Argüelles, Juan José
Ruidíaz, el notario Montes, el capitán Loma y Gabriel Andrade. Ellos y Martín
pocos días después me dejaban solo: cayeron mártires de Dios y de España.
¡Presentes siempre, y que desde el cielo recen por nosotros, pecadores!”.

28-30 de junio de 1940. Desde Poncebos al refugio de Camburero y hasta


el jou Sin Tierri. “Me enfrenté, por vez primera, con el Picu; inaccesible me
pareció y atemorizador: solamente su vista sobrecoge y perturba.” Con Luis
Felgueroso, Bernardo Ramón y Julio Gavito.

3 a 5 de agosto de 1940. Alcanzó Peña Santa de Enol: “Culminó la Peña,


en solitario, J. R. L. a las 10.25 horas del día 4 de agosto, haciendo la subida
en botas de clavos”. Compañeros de excursión: Jacinto Blanco y Adolfo Vega.

100
24-25 de agosto de 1940. Primer intento a Peña Santa. “Pero allí, cuando
faltan escasos metros para la cumbre, no se puede pasar adelante por estar
cortada con precipicio infranqueable la arista de la cumbre... ya no disponí-
amos de tiempo para rectificar la ruta...” Con Julio Gavito y Pío Canga.

28 a 31 de agosto de 1941. Torre de Cerredo (pernoctando dos días en


Bulnes, por Amuesa. Y con sucesiva travesía, pasando por el pico Gildar,
hasta Lario. “La escalada a Torre de Cerredo se hizo con el guía Alfonso
Martínez, de Camarmeña. En el buzón de Cerredo se recogió la tarjeta del
alemán Albrecht Bottler, quien había culminado la Torre el día 18 de agosto
de 1940.” Con Pío Canga.

27 a 29 de junio de 1942. Peña Ubiña, con aproximación desde


Campomanes y travesía hasta Pajares y Puente los Fierros. “Hermosísima
excursión de grato recuerdo. En Cuitu Nigru nos esperaban Félix Guisasola e
hijo, del Grupo de Covadonga, y Roa, de León. Buen descanso confortable,
en el Hotel Valgrande. El día 29, misa en la colegiata de Arbas, con mucho
sabor. Luego un paseo con el maestro don Celso Gómez a la Candanosa, boni-
to mirador de todo el Circo de Valgrande.” Con Julio Gavito y Pío Canga.

24 a 27 de julio de 1942. Naranjo de Bulnes. Desde Arenas de Cabrales, con


regreso al mismo. “En el Naranjo recogimos la tarjeta de Gerhard Lepiorz,
apartado núm. 298, Gijón. Véase dibujo: Vía del Paso Horizontal, normal
cara sur.” Con Pío Canga. “La escalada al Naranjo fue con el guía Alfonso
Martínez y su hermano Miguel Martínez.”

15 a 18 de agosto de 1942. Peña Santa de Caín. Desde Covadonga con per-


nocta en La Rondiella. Y sucesiva travesía, por la Forcadona, a Posada de
Valdeón, Áliva, Tielve, Arenas de Cabrales, Puertas, Rales y Posada de
Llanes. Detalla la vía de escalada a Peña Santa.
“Última escalada en 1939...” Con Julio Gavito Arroyo, y, hasta la fuente de
las Balas, los acompaña Pío Canga.

28 a 30 de agosto de 1942. Torre del Llambrión. Desde Arenas de Cabrales,


por vega Urriello y Horcados Rojos, con bajada por collado Jermoso a
Cordiñanes y Posada de Valdeón, Pontón, Retuerto, valle Mirma y Lario. El
día 29, acompañado por Alfonso y Miguel Martínez; los demás días, en soli-
tario. “En su cumbre solo un segundo pudimos permanecer; el viento era
terrible y el frío espantoso; arrimados a una peña, firmamos en el álbum que
trajo y llevó Miguel. Hice todo el recorrido en botas de clavos. Desde Posada
a la bifurcación de Retuerto me acompañó ayudándome en la carga,
Bonifacio Sadia, de Caín (iba para Riaño).”

31 de octubre de 1943. El Cabezo Lloroso. Copiamos estos párrafos del


escrito publicado en el Torrecerredo n.º 24, febrero de 1952, págs. 36 y s.,

101
relato inspirado y primoroso, como todos los suyos, un modelo de precisión:
“Comienza a declinar la tarde y hay que cortar la parada y seguir la trave-
sía; nos despedimos de los Martínez, que regresan para su casa de
Camarmeña, y Pío y yo continuamos nuestra marcha hacia Covadonga.
Se atraviesa por entre los intrincados canchales de la Jistra y los Jondones,
hasta salir al collado Verancielles, en el que ya se coge por afelpada campe-
ra, por los ubérrimos puertos de Onís, hoy desiertos y silenciosos. La monta-
ña está muda, y en la escala de los silencios, este es el más solemne de todos.
El cielo que estaba cargado de nubes pardas comienza ahora a ennegre-
cerse amenazadoramente; también de las honduras del Casaño está subien-
do, a grandes bocanadas, la niebla como un denso aliento que lanzara el valle
a inundar al monte, y a nosotros.
Avanzando por aquel buen terreno se alcanza la majada de Camplengo el
Viejo y el Friero Espinas, y detenidos en aquella fuente llegó a envolvernos la
niebla, una niebla terriblemente cerrada que al instante nos dejaba perdidos;
y cuando, con el andar a ciegas y en la querencia del bajar, tomábamos hacia
la vaguada contraria y peligrosa del hoyo de la Madre, súbitamente surgieron
ante nosotros dos hombres, dos pastores, como allí puestos de propósito, que
llegaron a pararnos y nos volvieron al buen camino.
Y nos unimos y seguimos a nuestros providenciales guías, que también
casualmente resultaron llamarse Pío y Ramón; eran taciturnos, callados y
apenas contestaban a nuestra conversación y caminaban con prisa, a todo el
andar, y sin un titubeo en la niebla. Así atravesamos por la majada Espinas,
por la de Brañarredonda, la vega la Huelga y la de las Mantegas, subimos al
collado del Cantón de Texéu y nos arrimamos contra Soñín; desde allí uno de
los pastores descendió un trecho por la ladera y por entre un claro de la nie-
bla que se rasgaba por abajo, nos apuntó a Comeya, luego el pastor subió a
unirse a su compañero y juntos desaparecían otra vez en la niebla.
Nosotros, ya bien orientados, continuamos bajando...”

José Ramón Lueje Sánchez

Nació en Infiesto el 30 de junio de 1903 y falleció en Gijón el 23 de agosto


de 1981. Estudió el bachillerato y, en la Universidad de Oviedo, la carrera de
derecho, obteniendo brillantes calificaciones.
En su mocedad fue jugador en el equipo de fútbol de la Deportiva Piloñesa
y, más tarde, presidente honorario de este club. Ya en Gijón era acérrimo par-
tidario del Sporting y asiduo del estadio del Molinón hasta que, en cierta oca-
sión, disgustado por sus propias reacciones en la grada, y con su honorable
sentido de lo justo, tomó la resolución de no volver al fútbol.
En la guerra civil fue movilizado y ejerció como teniente provisional de
Estado Mayor en la 821 División. Terminada aquella, se reincorporó a su
puesto en la Hacienda Pública, en la que llegó a alcanzar la categoría de

102
decano del Cuerpo de Inspectores Técnicos Fiscales del Estado, jubilándose
en junio de 1973 después de casi medio siglo de trabajo para la
Administración, y siendo distinguido por sus méritos con las encomiendas de
las órdenes del Mérito Civil y de Isabel la Católica.
Su incansable actividad montañera, salvo raras escapadas a Peñalara,
Gredos, Moncayo y Urbión, siempre se desarrolló en los montes cantábricos.
Su alto amor a la montaña lo era en proporción a sus facultades físicas:
Con un paso ligero que no le impedía disfrutar del entorno, ensartaba largos
recorridos, como el de los días 28 al 31 de agosto de 1941 (Poncebos-
Bulnes-Amuesa-Torre de Cerredo-Bulnes-Pandébano-Vegas de Sotres-
Espinama-Collado de Valdeón-Posada de Valdeón-Panderruedas-Pontón-
Vegacerneja y Lario). Iba en compañía de su gran amigo Pío Canga, también
con un característico andar ligero e incansable: eran locomotoras humanas.
En las marchas de grupo, a Lueje le gustaba ir delante, el primero, como
señalando la ruta y e imponiendo a todos un fuerte tren, a pesar de que su
mochila se distinguía precisamente por su excesivo peso.
En la montaña usó muy poco la tienda; solía pernoctar en las cabañas,
especialmente en los Picos de Europa, aunque tuviese que dormir sobre unas
tablas cortadas a azuela. En aquellos estrechos aposentos disfrutaba conver-
sando con los pastores, cuya naturalidad y sencillez le cautivaban. Y estos se
admiraban, a veces, de aquel montañero que los trataba como amigos.

-”Hay que saber sellar amistades con los pastores, viviendo la vida de la
Peña, por las majadas de...” Picos de Cornión.

Distinciones Concedidas:

– Encomienda de la orden del Mérito Civil


– Encomienda de la orden de Isabel la Católica
– Miembro de honor y medalla de oro del Grupo de Alta Montaña Español
– Medallas de plata y oro del Mérito deportivo, de la Delegación Nacional
de Deportes
– Medalla de oro de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara
– Presidente honorario de la A. M. A. Torrecerredo
– Presidente honorario del Grupo de Montaña Vízcares
– Presidente honorario de la Federación Asturiana de Montañismo
– Medalla de plata de la Federación Española de Montañismo
– El Instituto de Estudios Asturianos acordó designarlo miembro de
número en mayo de 1956.
– A título póstumo se dio el nombre de Torre Lueje a una de las cumbres
de Los Argaos (cota 2105 metros) en el Parque Nacional de los Picos de Europa.
– También en honor de Lueje se erigió el airoso monolito que se asoma al
lago Enol y contempla los macizos de Cornión y los Urrieles, en el collado
Les Veleres, a 1076 metros de altitud.
– Lleva el nombre de Refugio Lueje el que ha sido construido por la

103
Federación Asturiana en el jou del Agua, en el macizo de los Urrieles,
Picos de Europa.
– Y, a petición de Torrecerredo, el Ayuntamiento de Gijón, en noviembre
de 2002, acordó dar el nombre de José Ramón Lueje a los jardines sitos
en zona de reciente urbanización, en Viesques, entre el parque fluvial del
Piles y la avenida de la Cordillera Cantábrica.
La solicitud de Torrecerredo había sido acogida con especial interés y
cariño por la alcaldesa de Gijón Paz Fernández Felgueroso.

Bibliografía y artículos publicados

– EL MACIZO DE UBIÑA (monografía). Gijón,1958


– LA VEGA Y LAS TORRES DE ARIO. Gijón,1959
– A JOVELLANOS MONTAÑERO (HOMENAJE). Gijón, 1961
– PICOS DE CORNIÓN (monografía). Gijón, 1968. Por esta obra fue
seleccionado como finalista para el Premio Nacional de Literatura.
– PICO URRIELLO O NARANJO DE BULNES. Gijón, 1972
– LOS PICOS DE EUROPA (monografía). León, 1973
– GUÍA DE LA MONTAÑA ASTURIANA (monografía). Gijón, 1977
– EL MONUMENTO DE CAMARMEÑA. Gijón, 1977
– EL NARANJO DE PIDAL Y EL CAINEJO. Gijón, 1979
– CUMBRES DE RECONQUISTA. Gijón, 1980
– LA CORDILLERA CANTÁBRICA (recopilación, a título póstumo).
2 vols. Oviedo, 1984

Artículos en la revista de Torrecerredo

– LA PEÑA DE TEN / T.8 págs. 31s. dic. 1948


– LA ALMAGRERA / T.15 págs. 87s. jul. 1949
– LOS PICOS DE CORNIÓN / T.20 págs. 28s. dic. 1949
– EL COTO NACIONAL DE RERES O BRAÑAGALLONES / T.20 págs. 43s. dic. 1949
– EL CANTO CABRONERO / T.20 págs. 55s. dic. 1949
– PEÑA MAYOR / T.21 págs. 141s. jun. 1950
– LA LLAMBRIA / T.23 págs. 61s. enero 1951
– LOS BEYOS DE PONGA / T.24 págs. 26s. Febrero 1952
– EL CABEZO LLOROSO / T.24 págs. 36s. Febrero 1952
– LA CABRA BLANCA, EL DIENTE Y LA GARITA CIMERA /
T.25 págs. 48s marzo 1953
– EL CORDAL DE COLLAO ZORRO / T.25 págs. 52s, marzo 1953
– EL PICO LES VÍZCARES / T.25 págs. 61s. Marzo 1953
– LA VEGA Y LAS TORRES DE ARIO / T.26 págs. 39s. Julio 1954
– LA BECERRERA SAN PEDRO / T.26págs.43s. Julio 1954
– EL SECTOR DE LA BERMEJA / T.27 págs. 7s. abril 1956
– LOS PUERTOS DE CONTORGÁN Y EL DESFILADERO DE LOS ARRUDOS /
T.27 págs. 28s. Abril 1956

104
– LA PEÑA DE LA SOBIA / T.27 págs. 31s. Abril 1956
– FIESTAS MAYORES / T.27 págs. 35s. Abril 1956
– NUESTROS PUEBLOS DE MONTAÑA / T.28 págs. 5s. dic. 1958
– EL PICU LA COLLA CUCHU / T.28 págs. 59s, dic.1958
– SOBRE EL PARQUE NACIONAL DE LA MONTAÑA DE COVADONGA /
T.1 (2ª época) págs. 3s. 1971
– EL PAISAJE ES DE TODOS / T.2 (2ª época) 62s. jun. 1972
– PICU PIERZU / T.4 (2ª época) 180s. Jun. 1973
– DEL MONUMENTO AL NARANJO / T.7 (2ª época) 350s. dic. 1974
– LA PEÑA LOS TORNOS / T.7 (2ª época) 354s. dic. 1974
– SOBRE LUIS MARTÍNEZ, EL CUCO / T.8 (2ª época) 2s. jun. 1975
– LA ALTA PILOÑA / T. 9 (2ª época) 67s, dic. 1975
– DON CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ / T,11-12 (2ª época) 229s. dic. 1977
– PIÑOLE, MONTAÑERO Y “CERREDO” INOLVIDABLE / T.14 (2ª época)
2s. jun. 1978
– EL PICO VALDEPíN / T.29 (2ª época) jul. 1966

Otros

– LA LLAMADA DE LA MONTAÑA / T. (Bol. informativo) 1980


– DE LEITARIEGOS A CAMPOMANES / Rev. Vetusta. Oviedo, 1948
– LOS PUERTOS DE LA DIVISORIA ASTUR-LEONESA / Rev. El Argayu.
Mieres, 1956
– LAS MONTAÑAS PONGUETAS / Rev. El Argayu. Mieres, 1962

A partir del año 1948 se publicó el Boletín Torrecerredo, del que Lueje era
fundador, director y valedor, y que mereció general aprecio por su depurado
contenido y, sobre todo, por incluir los trabajos descriptivo literarios del pro-
pio Lueje, contribuyendo con ello a crear escuela y a consolidar los niveles
de la afición regional.
Se ha insistido mucho, y con total razón, sobre la altura moral de nuestro
amigo Lueje. Ya que solventes juicios externos tocaron el asunto con unani-
midad, solicito la venia del lector y, sobre todo la comprensión, una vez más,
del buen amigo, para no herir sus sentimientos de natural modestia, aunque
yo tuviera en el recuerdo ocasiones mil de llegar a idéntica conclusión favo-
rable, por casos contemplados personalmente por mí que me demostraron su
personalidad desbordante de cordialidad, de afecto, de nobleza, de inteligen-
cia, de sencillez y, sobre todo, de bondad y generosidad.
Finalmente, como remate y confirmación del espíritu amistoso y apertu-
rista de Lueje, bueno será recordar su pública opinión:

“La belleza natural es creación del Sumo Hacedor, y no para uso y dis-
frute privativo de unos privilegiados, sino para el pueblo entero. Siendo
esta la única y justa doctrina cristiana y humana a admitirse...”
(EL PAISAJE ES DE TODOS). Torrecerredo, junio de 1972

105
Carta de Claudio Sánchez Albornoz
remitida al presidente de Torrecerredo
Sr. D. José Luis Rubiera García en 1982.

Sr. D. José Luis Rubiera García

Distinguido amigo:
He admirado y querido mucho a José Ramón
Lueje y he cruzado en tiempos juveniles los
Picos de Europa. Adoro las bellísimas montañas
de Asturias y me he deleitado siempre ora con-
templándolas de viso ora en las fotografías que
Lueje y Uds. me han enviado. Ténganme por
adherido al homenaje. Y procuraré complacerles
enviando una colaboración.
No olviden empero que avanzo hacia los 90 años
y que he estado y estoy enfermo.
¿Hasta cuándo me dan Uds. plazo?

Un cordial apretón de manos.

Claudio Sánchez Albornoz

28 agosto 1982

106
Álbum fotográfico
75 años del club en
imágenes
En una excursión a Peña Mea, 1932
... -1950

110
Esquí en Pajares, 1932

De izda. a dcha: Emilio Ribera, Pedro Villa y Emilio Martínez, el Boti

111
El Noi y el Boti con los hermanos Martinez y otros guías de Picos, 1945
... -1950

112
Guías de Picos en Caín, 1945

113
Félix Guisasola y su hijo César
... -1950

114
J. R. Lueje y Julio Gavito en Pandetrave, 1946

115
Llegando a San Isidro, 1949
... -1950

Refugio de El Fito, 1949

116
Llevando los restos de Pedro Pidal a Ordiales, 1949

117
Alicia M. Campillo, primera mujer que subió al Torrecerredo, 8/8/1950
1950 > 1959

118
Llegando al puerto de Pajares, 1950

119
En el Vízcares, 1951
1950 > 1959

120
Campamentos sociales, 1952

121
En Cabronero, 1957
1950 > 1959

Descargando esquís San Isidro,1958

122
Celebración del veinticinco aniversario

En la cumbre de Peña Crespa, 1958

123
Entrega de premios, campeonatos sociales
1950 > 1959

124
Con Julián Delgado Úbeda

125
Entrega de premios, 1958
1950 > 1959

126
Firmas durante la celebración del 25 aniversario

127
En la Mazada, 1959
1950 > 1959

128
Regreso de la Santina

Misa en la Torre de Enol

En la Rondiella

129
En Áliva, 1960
1960 > 1969

Cumbre del Pienzu, 1960

130
Fiesta social en la sala Acapulco, 1961

131
Campamento en el puerto de San Isidro, 1962
1960 > 1969

Colocación de la primera piedra del refugio de San Isidro, 1963

132
Refugio de San Isidro en construcción, 1965

133
1960 > 1969

Utilización del refugio de San Isidro en construcción, 1966

134
Pico Colines, 1967

135
1960 > 1969

Esquí de verano en el nevero de la Forcadona, 1967

136
Refugio del jou de los Cabrónes, 1968

137
Pico Huevo de Faro, 1968
1960 > 1969

Esquí de primavera en San Isidro

138
Excursión de Torrecerredo en Amuesa para colocar la imagen
de la Santina en nuestra cumbre titular.

En Bulnes, 1968

139
1960 > 1969

Esquí de primavera en San Isidro

140
Misa en la cumbre de Torrecerredo, 1968

141
1970 > 1979

Misa en el refugio de collao Jermoso, 1973

142
Llegando a la Torre de la Palanca, 1973

143
1970 > 1979

Regreso de collao Jermoso, 1973

144
Grupo scout de Torrecerredo

Grupo Scout en el Huerto del Diablo

145
1970 > 1979

Hacia Cueto Tejao, 1975

Macizo central, 1975

146
Pico del Lago

147
1970 > 1979

Gincana humorística en San Isidro

Gincana humorística en San Isidro

148
Rincón del refugio de San Isidro en los años 70

Hacia Brañacaballo

149
1970 > 1979

Almagrera, 1974

150
Zona de Peña Vieja, 1974

151
1970 > 1979

Cerredos en San Isidro

Travesía del Lago Ausente “Memorial Victoriano Sánchez”

152
Amador Ovejero, José Ramón Lueje, Julio Gavito, el Boti y Carlos Bourgón

153
1980 > 1989

Cornión, 1980

154
Senda del Arcediano, junio de 1980

Morra de Lechugales, septiembre de 1980

155
1980 > 1989

Rafa y Tino en la canal de los Grajos, enero de 1982

156
En la canal Parda, septiembre de 1982

157
1980 > 1989

12 Semana de Montaña.
De izquierda a derecha: Emilio Martínez El Boti,
Emilio Ribera El Noi, Carantoña y Amador Fernández

158
En el cueto la Genciana, junio de 1984

En Pedroveya, junio de 1985

159
1990 > 1999

Refugio Torrecerredo tras la remodelación

Estampa invernal del refugio

160
En la collada Bonita

161
1990 > 1999

P. Rumania, enero de 1990

Montihuero, septiembre de 1994

162
Peña los Tornos o Peña Crespa, octubre de 1996

Peña la Siella, febrero de 1997

163
1990 > 1999

En Redimuña, agosto de 1997

164
Alto de Terreros, agosto de 1998

165
1990 > 1999

En Peña Castil, julio de 1998

Excursión en el cincuneta aniversario de la primera excursión, Monsacro, 1998

166
Zona de Peñamayor, 1999

167
+ 2000...

Primera colectiva a la canal del Agua

f
En Peña Maín, Febrero de 2000

168
En el pueblo de Páramo, abril de 2000

Campamento juvenil en el refugio de San Isidro, julio de 2002

169
+ 2000...

Pico Cotalba, 2002

170
Buzón dedicado a Bus en La Morra de Lechugales, octubre de 2002

171
+ 2000...

En Torrecerredo, 2002

Equipo de esquí de Torre en los Alpes, 2002

172
Equipo juvenil de esquí, 2003

173
+ 2000...

En Peña Corada, Abril de 2004

174
En Arcenorio, septiembre de 2004

175
+ 2000...

Cesare Maestri y Alberto durante la 26 Semana de Montaña

176
Expedición al Aconcagua, 2005

Expedición al Aconcagua, 2005

177
+ 2000...

En el Atlas, abril de 2005

Jultayu, julio de 2005

178
Homenaje a Simón y María, alrededores de Gijón, 2005

Excursión de veteranos de Torre, junio de 2006

179

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