Eje Temático 5 - Avanzado
Eje Temático 5 - Avanzado
Lectura:
La pañoleta
Había una vez, hace mucho tiempo, en un lugar lejano, una familia muy especial que vivía en el
campo. La casa era muy grande y tenía muchas habitaciones. Esto que voy a relatar sucedió cuando
ya algunos de sus integrantes habían muerto. Me lo contó Mildred y le creo, porque le pasó a ella.
En esa familia, los hombres trabajaban el campo. Se sembraban algunos cereales que después
vendían en el molino cercano. También tenían un par de vacas, ovejas y aves de corral: pavos, patos
y gallinas. Desde luego, en la casa había una huerta y tenían árboles frutales de distintos tipos. Se
cosechaba lo suficiente como para alimentar la familia y también para vender en el mercado del
pueblo, donde los hombres llevaban sus productos una vez por semana.
Las mujeres se encargaban de las tareas de la casa: limpiar, cocinar y, además, coser y tejer las
prendas para la familia. También atendían la huerta y las aves de corral. Amasaban el pan y
envasaban las mermeladas hechas con las frutas de los árboles del fondo del fondo de la propiedad.
Mildred tenía dos hermanos y dos hermanas. Ella se había casado con un muchacho del pueblo y
tenía dos hijitas pequeñas, una de cinco años y la otra, de tres.
Uno en especial los intrigaba y despertaba la curiosidad de la audiencia infantil. Parece ser que la
bisabuela Clementina, recién casada había tejido una pañoleta a la que le habían atribuido en la
familia ciertos poderes, decían: “Quien la usara siempre tendría buena suerte y la miseria jamás la
tocaría”. En su inocencia, los niños aceptaban sin chistar los atributos del tejido y ansiaban poder
usarlo algún día. ¿Quién sería la heredera? Seguramente, alguna de las tres nenas, porque “los
varones no usan pañoletas”. No obstante, si daba tanta suerte… estaban dispuestos a ponérsela,
aunque fuera a escondidas.
Sin embargo, todo no era tan sencillo pues había ciertas condiciones: la primera era que la persona
que la heredara no la podía regalar y ni siquiera, prestar a otra. La segunda indicaba que la posesión
era, pues, intransferible, no negociable, vitalicia y personal, al igual que su uso. Y la última alegaba
que quien la tuviera debía dedicarse siempre con responsabilidad a sus tareas, cualesquiera estas
fueran, en la casa o fuera de ella. Así, cuando murió doña Clementina, la codiciada prenda pasó a la
abuela Teresa y, cuando ella murió, la heredó su hija Maricarmen.
Pero entonces, se presentó un problema grande: la herencia se cumpliría… ¡si es que aparecía la
pañoleta! ¿Cómo dicen? ¿Que la pañoleta se perdió? Veamos qué había ocurrido. Dicen las malas
lenguas que habían contado la historia a quien quisiera escuchar que, un buen día muchos años
atrás, la abuela Teresa feliz poseedora de la pañoleta, a regañadientes hubo violado una de las
condiciones. Una prima suya, curiosa por saber si la tal pañoleta realmente tenía esos poderes, le
había rogado tantas veces con insistencia que se la prestara por un mes que, finalmente, Teresa
accedió. Cuando la prima, desengañada se la devolvió (desde luego sin haber recibido fortuna
alguna), su verdadera dueña la usó un par de veces… y se le hizo noche; literalmente, desapareció.
Revolvieron durante días toda la casa… ¡y nada! ¡Bien cara había pagado su imprudencia!
Pasó el tiempo y se olvidaron de la pañoleta. Solo se la mencionaba como una leyenda en ocasión de
las noches invernales, las noches de los cuentos, las historias y las anécdotas de la familia.
Un atardecer de verano, Mildred se recostó en el patio de la casa sobre un colchón de hierba fresca.
Descansaba de las tareas del día mientras esperaba a su esposo, que pronto regresaría del trabajo
en el campo. Sus dos nenas jugaban cerca, entretenidas con los bichitos de luz.
Por alguna extraña razón, recordó la vieja historia. ¿Qué habría sido de la pañoleta? De hecho, ella
nunca la había visto ya que no había nacido cuando ocurrió el desgraciado incidente de la pérdida.
Lo que sabía era que estaba tejida con una lana muy suave y lucía exquisitos dibujos. ¿Tendría en
verdad las ansiadas virtudes? No entendía si el tejido que poseía tales poderes había existido, o si
habría sido una historia inventada por la abuela Teresa para entretenerlos, al lado del fuego, en
aquellas largas noches frías.
De pronto, la conocida y amada voz de su bisabuela la sobresaltó; no sabía si había soñado o todo
era producto de su imaginación. Nuevamente, su hijita de tres años, parada a su lado, repetía con
insistencia: “¡Hola, mi querida Mildred! ¿Por qué no sacan la pañoleta del altillo? Yo misma, tu
bisabuela Clementina, la escondí detrás de la tercera viga del techo cuando tu abuela Teresa se la
prestó a la prima. ¡Es hora de rescatarla!”
Mildred se levantó como en un sueño y, a los tropezones, fue al altillo. Temblando, hurgó detrás de
la tercera viga y su mano tocó un envoltorio que retiró casi sin respirar. Varios pliegos de papel,
ahora con tierra y telarañas, protegían cuidadosamente, junto con hojas de laurel como antipolillas,
un tejido de lana muy suave con dibujos exquisitos. ¡La pañoleta estaba intacta!
(Marta Bina Estrada, fragmento adaptado del cuento “La pañoleta” pendiente de publicación)
Las narraciones forman parte de un género textual que permite contar acciones y eventos tanto
pasados, como presentes o futuros. Las acciones de una narración se organizan de manera tal que se
puede seguir un hilo conductor, muchas veces cronológico. La sucesión de eventos o acciones da
lugar a las secuencias narrativas.
Ahora bien, ¿cómo se compone una secuencia narrativa? Por lo general las narraciones se
estructuran de la siguiente manera: Situación inicial, Conflicto, Desarrollo y Desenlace.
A su vez, las acciones que componen las secuencias narrativas pueden ser de dos tipos: principales o
núcleos narrativos y secundarias.
Los núcleos narrativos son las acciones que permiten el avance de la historia y de cuya presencia
depende la coherencia del relato. Es decir, son acciones que no se pueden quitar sin que pierda
sentido la narración y generalmente son realizadas por los personajes principales.
Las acciones secundarias, por otra parte, no son esenciales a la estructura y coherencia narrativas,
pero sí tienen su valor. Pueden aportar información sobre los personajes, descripción de los
ambientes y del contexto, conectar las acciones principales y ser indicadores de lo que habrá de
suceder luego en el relato, entre otras funciones.
Actividades:
En unidades anteriores hemos trabajado con distintos tiempos verbales del modo indicativo, entre
ellos dos maneras de expresar acciones en pasado: el pretérito perfecto simple y el pretérito
imperfecto. En esta unidad veremos otros pretéritos de indicativo, lo que nos permitirá una más
amplia gama de posibilidades para las acciones pasadas. En esta lección nos abocaremos al pretérito
pluscuamperfecto. Es posible que ya lo conozcas e incluso que lo uses regularmente, aunque su
denominación suene complicada. Analicemos de dónde proviene este vocablo, pluscuamperfecto es
la conjunción de tres palabras del latín:
De esta manera podemos concluir que este tiempo verbal es un pretérito más que perfecto. Te
compartimos un dato de color sobre la palabra: solía usarse “pluscuamperfecto” como adjetivo y de
manera irónica para describir a alguien o a algo de quien se quería decir que era exageradamente
perfecto.
1. Indicar que una acción pasada es anterior a otra acción también pasada.
Ejemplos: Rocío había buscado por todas partes hasta que encontró el anillo dentro de un
florero.
María Amparo entró al cine sola porque se había cansado de esperar a los demás.
2. Indicar una acción pasada anterior a un hecho o comentario actual. Este uso no es tan
extendido como el anterior, pero es igual de válido.
Ejemplo: Teresa no le había dicho a su esposo que hoy tienen reunión con los maestros de su
hijo menor.
Para verlo mejor, usamos esta línea temporal con los ejemplos:
Este es uno de los tiempos compuestos del español, es decir que tiene un verbo auxiliar conjugado
seguido del participio de la acción indicada. En español el verbo auxiliar es haber. Dijimos en otras
oportunidades que haber solamente se conjuga en tercera persona del singular en todos los
tiempos, pero eso no aplica cuando funciona como verbo auxiliar. En este caso se conjuga en todas
las personas gramaticales y en todos los tiempos.
Pronombre de
sujeto
yo
auxiliar haber
tú/vos conjugado en participios
pretérito
él/ella/usted
imperfecto
nosotros/nosotras
vosotros/vosotras
ellos/ellas/ustedes
Actividad:
Repasemos
En esta lección tuvimos la oportunidad de leer un cuento de la Dra. Marta Bina Estrada, una autora
local de la comunidad de Libertador San Martín (donde se ubica la Universidad Adventista del Plata).
También pudimos identificar acciones en pretérito pluscuamperfecto y diferenciar el uso de este
tiempo verbal, en conjunción con los pretérito perfecto simple e imperfecto estudiados en lecciones
anteriores. También pudimos revisar las secuencias narrativas y la estructura de los relatos desde las
acciones que los componen. Asimismo, pudimos trabajar en la expansión de nuestro vocabulario en
español y en mejorar nuestra comprensión lectora en esta lengua.
Escucha con atención la lectura del siguiente cuento de una escritora local, María Elena Pastorini:
Guion para audio/video de la lectura de un cuento: deberíamos poner un ícono para identificar
audio/video
Situación 1
Narrador:
Leyendas entrerrianas
En el principio de Todo (ignoro de qué principio o de qué todo hablamos) el Todopoderoso Creador
de lo que existe y, por ende, de este planeta azul (es decir la Tierra) había separado las aguas dando
origen a vastos continentes y más vastos océanos. Cuando hubo terminado, sobre aquellos
continentes los animales terrestres de toda especie comenzaron a acomodarse, unos acá en los
montes, otros allá en los llanos.
En una de las etapas de este colosal proceso el Todopoderoso Creador de todo lo que existe notó la
existencia de una nutrida bandada de aves que no encontraban espacio donde asentar sus pies. Por
ello y dado a su proclividad a la misericordia el Todopoderoso Creador de todo lo que existe había
convocado a los genios de dos caudalosos ríos (los que serían conocidos más tarde como el Uruguay
y el Paraná) para que entre ambos acumularan una buena cantidad de limo, uno a su margen
derecha y el otro a su margen izquierda.
También recurrió al genio del sol para que con su poderoso calor asolara el yermo y, cuando este
hubo terminado su misión, fue el turno del genio del viento quien finalizó la tarea conformando un
espacio de llanura sedimentaria originada por la erosión, surcada de múltiples arroyos y levemente
ondulada en forma de lomadas y cuchillas. Este espacio fue provisto de montes de espinillo, chañar,
tala y otras especies. En este proverbial territorio (conocido luego como Provincia de Entre Ríos) las
aves comenzaron a ubicarse en su hábitat y quien más quien menos encontró su cobijo.
Dada que esta tarea se volvió trabajosa y muchas de las aves se sentían desorientadas el gran genio
protector de la flora y la fauna silvestre solicitó la ayuda de una comisión de expertos para que
instruyeran a todas las aves en la construcción de nidos, orientándolos en el uso de materiales
diversos y adecuados para el reciclaje, como hojas secas, ramas, hilos, pelos, barro, piedras y
muchos más. Para esto convocaron a todas las aves a una convención ad hoc.
Simultáneamente, Doña Vizcacha, personaje que por su astucia había logrado una gran influencia en
toda la región, organizó una fiesta a la que invitó a todas las especies de aves, mamíferos, insectos y
a todo bicho farandulero que se le cruzó por el camino.
Todas las aves encontraron alguna excusa para no asistir a la fiesta, dada la urgencia y prioridad del
tema a considerar en la reunión que había convocado el genio protector de la flora y la fauna
silvestre. Pero no así el señor tordo y su señora torda quienes, proclives al divertimento, decidieron
asistir pensando que ya verían cómo construir su nido. Y es así que pasaron todo ese día y su noche a
puro canto, baile, comida y bebida, al son del canto de ranas y grillos.
Al otro día el señor tordo y la señora torda, medio soñolientos y cansados por el trajín nocturno,
observaron que todos sus congéneres y cada uno a su modo —la paloma con ramitas en las
horquetas de los árboles, el picaflor colgando su cestito tejido en las enredaderas, el hornero sobre
troncos con su casita de barro, y así todos los demás— estaban cómodos e instalados en sus
respectivos nidos.
—Ah, no sé —contestó con desenfado ella—, pero lo que sí sé es que ya estoy por aovar.
Es así que ambos decidieron parasitar el nido de otra ave y viendo a una pareja de tacuaritas
distraídas ¡zas! la señora torda depositó sus huevos en aquel nido. Pasaron los días, la mamá
tacuarita empolló los huevos y luego alimentó a los intrusos. Cuando hubieron pasado todavía más
días mamá torda y papá tordo vinieron a buscar a sus hijitos, que contentos abandonaron el nido
ajeno y se fugaron con la bandada de tordos.
Desde entonces los tordos colocan sus huevos en nidos de muchas otras especies y continúan con
esta práctica abusiva hasta el día de hoy.
(María Elena Pastorini, adaptado del cuento “Los avatares del tordo” pendiente de publicación)
Actividades:
Seguramente prestaste atención y en algunos momentos del relato habrás notado que se usa una
forma del verbo haber diferente de las que vimos hasta ahora. Por ejemplo, “Cuando hubieron
pasado todavía más días mamá torda y papá tordo vinieron a buscar a sus hijitos…”.
En ese ejemplo encontramos dos verbos conjugados hubieron pasado y vinieron. Es sencillo
identificar el segundo porque expresa una acción totalmente acabada en el pasado y porque el
pretérito perfecto simple es casi con certeza el primer tiempo pasado que aprendiste al empezar a
estudiar español. Ahora bien, ¿qué sucede con el otro? Notamos que es un tiempo compuesto y que
es diferente del pluscuamperfecto que ya conocemos, aunque parece funcionar de manera similar.
El tiempo verbal que nos ocupa en esta lección se llama pretérito anterior y, como su nombre lo
indica, expresa una acción en el pasado anterior a otra acción en el pasado. ¿En qué se diferencia del
pretérito pluscuamperfecto? La diferencia es notoria: este pretérito se utiliza para indicar una acción
totalmente terminada en el pasado e inmediatamente anterior a otra acción también terminada en
el pasado. Es decir, solamente puede usarse en relación con el pretérito perfecto simple, en tanto
que el pretérito pluscuamperfecto funciona tanto con pretérito imperfecto como con pretérito
perfecto simple.
Conjugación:
Pronombre de
sujeto
yo
auxiliar haber
tú/vos conjugado en participios
pretérito
él/ella/usted
perfecto
nosotros/nosotras simple
vosotros/vosotras
ellos/ellas/ustedes
Persona gramatical Verbo auxiliar Verbo principal
yo hube
tú/vos hubiste cantado
él/ella/usted hubo entendido
nosotros/nosotras hubimos escrito
vosotros/vosotras hubisteis
ellos/ellas/ustedes hubieron
Algo importante a tener en cuenta en relación con el uso de este tiempo verbal es que
prácticamente ha caído en desuso con el correr del tiempo y los hablantes del español prefieren usar
el pretérito perfecto simple para acciones terminadas y el pluscuamperfecto para dar idea de acción
anterior a otra. Sin embargo, vamos a encontrarlo tanto en textos literarios como en textos
académicos.
Pretérito Pretérito
Presente
anterior perfecto simple
Cuando hubieron pasado todavía más días mamá torda y papá tordo vinieron a buscar a sus hijitos
Si consideramos el uso del pretérito anterior, entendemos por qué suele ir acompañado por
expresiones que indican inmediatez, tales como: apenas…, enseguida que…, tan pronto como… y no
bien…, entre otras.
Ejemplos: No bien hubo terminado el nido, vinieron los tordos a dejar sus huevos.
Apenas hubo terminado el nido, vinieron los tordos a dejar sus huevos.
Enseguida que hubo terminado el nido, vinieron los tordos a dejar sus huevos.
Actividad:
Repasemos
En esta lección revisamos los usos del pretérito anterior de modo indicativo y vimos su relación con
el pretérito perfecto simple. Asimismo, pudimos trabajar sobre el grado de comprensión lectora
requerido para entender un texto medianamente extenso, al tiempo que revisamos los
conocimientos adquiridos en la lección anterior sobre secuencias narrativas y la estructura de un
relato.
Lectura:
Esperanzas estivales
Los gritos de Adela se oían por toda la casa. Era casi la hora de la comida y la niña no aparecía. Adela
y los demás sabían cuánto molestaba al patrón cuando se sentaba a la mesa y toda la familia no
estaba pronta para empezar a comer. La señora siempre de buena manera intentaba cubrir a los
más jóvenes, pero era más fácil atrapar el viento que calmar a don Braulio.
—Pues intenta con más ganas, criatura, que no estamos para otro almuerzo de reproches. —Y
agregó como para sí—: Si alguien me hubiera dicho que tener que cuidar de la casa, un marido y
cuatro hijos era tan cansador, me lo habría pensado mejor…
Adela prefirió no comentar que era mucho más fácil cuando una tenía cocinera, niñeras, jardinero y
mucamas, pero ¿qué sabía ella de manejar una casa elegante? Su único ejemplo era el de su madre
que en su pequeña chacra había criado siete hijos y que siempre andaba con un pequeño en brazos
y otro colgado de sus ropas mientras lavaba, cocinaba, cuidaba la huerta o daba de comer a las
gallinas. Adela, si pudiera elegir, preferiría ser fina y elegante como la señora Marcela. Podía
imaginarse en la cabecera de la mesa y hablando con su esposo de negocios y de salidas al club
social… ¡Ah! Cómo disfrutaría y nunca estaría enojada o triste y…
—¡Adela!
—El señor Braulio está por llegar y los niños no están listos para sentarse a la mesa, ¿quieres perder
el trabajo?
—Recuerda que, si hubieras estado atenta a todos los niños y no soñando con los ojos abiertos, no
habrías perdido a uno cada día de esta semana.
Refunfuñando la jovencita salió a la galería que daba al patio y el calor del mediodía de estío la
golpeó cuando dejó la frescura de la casona; pronto vio una cinta celeste que, delatora, colgaba de la
higuera. Se acercó y allí estaba Marianela, sentada cómodamente en la horqueta del árbol con un
libro abierto en sus manos.
—Pero… Adela… Solo déjame un ratito más, hasta terminar este capítulo.
—No, señorita. Te bajas ya mismito que seguramente habrá llegado tu padre y no quieres que hoy te
toque el reclamo.
—Ya me bajo —contestó la niña mientras dejaba su cómoda posición en la cuna natural de la
higuera y agregó con cierto retintín—: ¿sabes que decir “ya mismito” no es propio de gente
educada, cierto?
—¿Y es educado dejar a media casa llamarte a gritos por mucho rato?
La niña acomodando el vestido de pálido celeste que llevaba, entregó el libro a Adela, quien volvía a
atar la cinta que intentaba sin mucho éxito mantener peinados los cabellos infantiles.
—Me hubiera gustado ser modista como la hija de la señora Márquez, la que cose los vestidos de las
señoras del club social.
Mientras caminaban hacia la casa, Marianela tomó la mano de la joven niñera y con gesto decidido
prometió:
—Si lo logras, de aquí a algunos años yo ya habré terminado la escuela y seguramente seré doctora
en medicina. Entonces te contrataré y coserás todos mis vestidos, Adelita.
—Y yo te diré: “Adelante, doctora Marita, ¿para qué ocasión quiere este nuevo vestido?”
—No, Adela, me dirás: “Adelante, doctora Marianela” porque es más serio. Luego me mostrarás
telas de mil colores y sedas muy finas y yo elegiré los modelos más bonitos para salir a pasear y para
tomar el té con mamita. Te diré que quiero ese vestido nuevo para ir al teatro o al cine.
Entre risas, ambas entraron a la casa donde se escuchaban los pasos apresurados de toda la familia
rumbo al comedor diario. Adela no sabía si lograría estudiar mientras trabajaba para ayudar a su
madre y hermanos pequeños, pero la certeza de la pequeña Marita, le daba esperanzas.
Actividades:
Hemos visto en anteriores unidades que hay varias maneras de expresar acciones futuras en
español. Ya nos ocupamos de revisar el futuro perifrástico y el futuro simple e incluso al trabajar con
el presente de indicativo dijimos que posibilita hablar de acciones que están en el futuro con los
correspondientes marcadores temporales.
Probablemente notaste al leer “Esperanzas estivales” un par de tiempos verbales que no hemos
estudiado hasta ahora. Por ejemplo, “¿Dónde se habrá metido esta nena?”. Este tiempo verbal es el
futuro compuesto de indicativo.
El futuro compuesto se forma con el verbo auxiliar haber conjugado en todas las personas
gramaticales en futuro simple + el participio de la acción que se quiere expresar:
yo -é
tú/vos -ás
él/ella/usted -á
nosotros/nosotras habr- -emos participio
vosotros/vosotras -éis
ellos/ellas/ustedes -án
1. Se usa para hablar de una acción futura anterior a otra acción que también es futura.
Ejemplo: Ellos habrán comprado la casa antes de que nosotros terminemos la carrera.
Futuro perifrástico
Presente Futuro compuesto
Futuro simple
Acción futura
anterior a otra Acción futura
acción futura
Ejemplo en el futuro: El profesor estima que el viernes para esta hora los alumnos ya habrán
entregado la tarea.
En este ejemplo se entiende que el plan aún no se realiza porque aparece un marcador
temporal. Es decir, el futuro se indica con adverbios y marcadores temporales de futuro.
3. Ahora bien, hay casos en los que el verbo de entendimiento se reemplaza por expresiones
de duda como tal vez, posiblemente, quizás y probablemente, entre otras. Veamos cómo
quedan las oraciones de ejemplo que vimos en los puntos anteriores:
Ejemplo en el pasado: Quizás los alumnos ya habrán entregado la tarea.
Ejemplo en el futuro: Probablemente el viernes para esta hora los alumnos ya habrán
entregado la tarea.
4. Se usa para hacer preguntas retóricas, es decir, aquellas que no esperan una respuesta.
Ejemplo: Así como viene el mundo, ¿adónde habremos ido a parar en unos años más?
5. Se usa en expresiones que indican fastidio, molestia o indignación de parte del emisor.
Ejemplo: ¡Se habrá vista tamaña maldad! Mira que romper los juegos infantiles de la plaza…
6. Se usa en oraciones con un solo verbo en las que un adverbio de tiempo u otro marcador
temporal expresa idea de futuro.
Ejemplo: En 2025 ya habremos terminado de construir nuestra casa.
Hablemos de oraciones condicionales en el pasado
En la tercera unidad revisamos los usos del condicional simple de indicativo para hablar de
posibilidades en el futuro. En esta lección aprenderemos la manera de expresar posibilidades y
deseos en el pasado.
Como vimos anteriormente las oraciones condicionales en futuro se construyen con tiempos
verbales simples: condicional + [si/que] + pretérito imperfecto de subjuntivo
condicional + infinitivo
Ahora bien, las oraciones condicionales con sentido de pasado se construyen con tiempos
compuestos, es decir que tienen el verbo haber como auxiliar.
yo -ía
tú/vos -ías
él/ella/usted -ía
nosotros/nosotras habr- -íamos participio
vosotros/vosotras -íais
ellos/ellas/ustedes -ían
2. Oraciones que tienen el condicional compuesto como verbo principal y como verbo
secundario el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (este tiempo verbal, se estudia más
adelante en profundidad) precedido del nexo si.
Ejemplos: Habrías llegado para el inicio de la función si hubieras salido a tiempo de casa.
Habríamos disfrutado mucho más de esas vacaciones si no hubiese venido con
nosotros Esteban.
(Como puedes observar el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo tiene dos formas: una
terminada en –iera y la otra terminada en –iese).
3. Oraciones que empiezan con el conector discursivo a no ser por o a no ser porque.
Ejemplos: A no ser por estar enfrascada en la lectura, Marita habría respondido a Adela.
A no ser porque leía concentradamente, Marita habría respondido a Adela.
5. Oraciones en las que una condición pasada influye en otra presente o futura.
Ejemplo: Me habría gustado que traigas los libros para Norma.
Actividades:
1. Lee nuevamente el cuento “Esperanzas estivales” y marca los verbos conjugados en los dos
tiempos estudiados en esta lección.
2. Indica la función que cumplen los verbos que señalaste en el ejercicio anterior:
Luego de ver los usos del futuro compuesto y del condicional compuesto de indicativo, podemos
comprobar que ambos tiempos permiten la formulación de hipótesis y la expresión de estimaciones.
Es bueno recordar que no son los únicos tiempos verbales que admiten este uso
Hipótesis
Ejemplo: Y yo te diré: “Adelante, doctora Marita, ¿para qué ocasión quiere este nuevo vestido?”
Y yo te diré: Adelante, doctora Marita, ¿para qué ocasión quiere este nuevo vestido?
El estilo indirecto es cuando repetimos la idea del discurso ajeno o incluso del propio, pero no
necesariamente de manera textual. En este caso se usa el conector discursivo que y se adecúan los
verbos y pronombres para evitar la pérdida de coherencia discursiva.
Tanto en un estilo como en el otro, se usan los verbos declarativos también conocidos como verbos
del decir o verbos dicendi (por ejemplo: aclarar, añadir, destacar, enfatizar y opinar entre otros). En
el caso del discurso referido, funcionan como verbos de la acción principal y la acción secundaria
puede expresarse en modo indicativo o en modo subjuntivo.
A continuación, revisaremos algunas reglas de funcionamiento del estilo directo y del estilo
indirecto. Es necesario para una comunicación efectiva que comprendamos cómo el funcionan los
tiempos verbales, los marcadores temporales y espaciales aprendidos oportunamente y los cambios
pronominales y verbales que pueden darse en el pasaje de un estilo al otro.
Pretérito perfecto simple Verbo del decir en pretérito perfecto simple + que + pretérito
pluscuamperfecto.
Pretérito imperfecto Verbo del decir en pretérito perfecto simple + que + pretérito
imperfecto.
Pretérito pluscuamperfecto Verbo del decir en pretérito perfecto simple + que + pretérito
pluscuamperfecto.
2. Cuando la oración en estilo directo indica una acción pasada, al pasar al estilo indirecto
también debe conservarse el uso del pasado.
Ejemplo: El lunes Romina dijo: quiero que me entreguen las tareas.
Romina dijo el lunes que quería que le entregasen las tareas.
3. Si la oración en estilo directo está en modo imperativo, entonces corresponde que la oración
en estilo indirecto se conjugue en modo subjuntivo
Ejemplos: Romina dijo: Entréguenme las tareas.
Romina dijo que le entreguen las tareas.
Romina dijo que le entregaran las tareas.
4. Algunas veces es necesario agregar el conector si en el estilo indirecto cuando se hace una
pregunta en el estilo directo y la respuesta puede ser afirmativa o negativa.
Ejemplo: Romina les pregunto: “¿Me entregan las tareas?”
Romina les preguntó si le entregaban las tareas.
5. En el caso de oraciones negativas si los verbos principal y secundario refieren a una acción
en pasado, al pasar al estilo indirecto es necesario conjugar el verbo secundario en pretérito
pluscuamperfecto de indicativo.
Ejemplo: Martín aseguró: “no escuché ningún ruido esa noche”.
Martín aseguró que no había escuchado ningún ruido aquella noche.
Actividad de escritura: Para dar cierre a estas cinco unidades de aprendizaje, ahora debes escribir un
cuento realista o un cuento tradicional de una extensión que no supere las 700 palabras. Recuerda
utilizar todos los recursos que hemos aprendido hasta aquí, tanto gramaticales como discursivos y
de estilo.
Repasemos
En esta unidad aprendimos acerca de los usos del pretérito imperfecto y del pretérito
pluscuamperfecto y del pretérito anterior de modo indicativo; también estudiamos otras formas que
5 Futuro
se usan para indicar acciones futuras y acciones condicionales en el pasado. Asimismo, revisamos
10 Pretérito perifrástico
características propias del2 discurso
Pretéritodirecto y del discurso indirecto. 7De
Futuro
igual manera, pudimos
anterior perfecto simple
trabajar con el concepto de secuencia narrativa y1las acciones quecompuesto
Presente la componen. Finalmente, para
facilitar el repaso de los tiempos verbales y sus funciones, a continuación, tienes una línea temporal
con los que hemos aprendido y repasado hasta aquí del modo indicativo:
6 Futuro simple
3 Pretérito
4 Pretérito imperfecto
pluscuamperfecto
9 Condicional 8 Condicional
compuesto simple
Resumamos:
Presente: acciones habituales, verdades generales, con sentido de futuro
(acompañado de marcadores temporales).
Pretérito perfecto simple: acciones iniciadas y terminadas completamente en el
pasado, puede tener marcadores temporales específicos.
Pretérito imperfecto: acciones que iniciaron y continuaron en el pasado,
marcadores temporales imprecisos.
Pretérito pluscuamperfecto: acciones pasadas anteriores a otras acciones en
pasado.
Futuro perifrástico: verbo ir conjugado + a + infinitivo, acciones posibles en el
futuro.
Futuro simple: acciones de cumplimiento seguro en el futuro o posibilidades en el
presente.
Futuro compuesto: acciones futuras anteriores a otras acciones en el futuro,
hipótesis o posibilidades.
Condicional simple: acciones cuyo cumplimiento depende de una condición
determinada.
Condicional compuesto: acciones cuyo cumplimiento dependía en el pasado de
una condición, pero que ya no son posibles.
Pretérito anterior: acciones pasadas completamente terminadas e
inmediatamente anteriores a otras acciones terminadas en el pasado.
Evaluación
Esta evaluación va a ser un tanto diferente de las anteriores porque es una integración de los
saberes adquiridos en las cinco unidades del curso. Vas a encontrar ejercicios para reforzar el
conocimiento de todos los temas trabajados hasta este momento.
5. Completa los espacios con verbos en el tiempo y persona gramatical adecuados e indica si la
oración tiene sentido de condición, de deseo o de posibilidad:
La madrugada neblinosa se había colado en el boliche de José. El cuarteto hacía sonar una
milonga que bailaban tres parejas. Justo estaba sentado en un rincón, sobre una silla
desvencijada, se limpiaba las uñas con la sevillana. Estaba aburrido, pero también algo
achispado por la caña que había tomado. Los ojos vidriosos y la sonrisa sobradora eran una
muestra de ello.
Desde lejos se divisaba la bailanta por la luz de los faroles y el polvo denso que se veía flotar
en el aire. En los zanjones de alrededor cantaban ranas y sapos. Era sábado y este ya estaba
terminando. Tendrían que esperar toda la semana para volver a milonguear.
Justo y Alejo esperaban. Cada uno en su rincón. Por momentos miraban la tela de arpillera
que cubría la entrada para que no fisgonearan los curiosos. Otras veces miraban el reloj de
cadena o la cantidad de bebida que quedaba en el vaso, pero nunca se cruzaban las miradas.
La pasión los dominaba. El amor por una mujer los separaba.
Todos los sábados había sido igual. Uno que espiaba al otro, este que vigilaba al primero.
Las madrugadas los encontraban en el puerto, cargando bolsas. Ignorándose mutuamente.
La bruma intensa no permitía verse los rasgos, pero ellos se reconocían… y se evitaban.
Cierta noche, apenas hubo llegado la madrugada en el boliche de José se alborotaron los
concurrentes. Se descorrió la arpillera y entró una mujer hermosa que por su forma de mirar
abierta y desvergonzada se adivinaba que era de vida licenciosa. Ella moviendo
provocativamente las caderas se acercó a Justo y colocó sus manos sobre las de él que,
sudorosas, esperaban con ansias ese contacto.
Justo desvió la mirada hacia Alejo y le sonrió altanero. Luego puso toda su atención en la
mujer.
Alejo se levantó de la silla y en un segundo desapareció del lugar, llevándose vaso y todo,
dejando la impresión de no haber estado nunca allí.
Muy de madrugada, entre la niebla, una figura de aspecto casi fantasmal se alejaba del
Riachuelo. Iba envuelto en un sobretodo de color incierto y su cabeza, agobiada, se inclinaba
sobre su pecho.
En el puerto, Justo, intentaba adivinar donde estaba su hermano.
No sabía que esa madrugada, oculta por una densa niebla, ella miraba la nada con ojos
llenos de espanto, mientras las puntas de un pañuelo rojo, apretado fuertemente a su
cuello, tiritaban con la brisa.
(Sylvia Spinola, fragmento adaptado y pendiente de publicación)