100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas62 páginas

Aker - Lena Relish

Cargado por

Brenda Cáceres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas62 páginas

Aker - Lena Relish

Cargado por

Brenda Cáceres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

AKER

LENA RELISH

© Relish, Lena [Primera edición: Febrero de 2021]


ISBN

Impreso por Amazon.

Todos los derechos reservados

Para todos aquellos que adoran las historias de y en especial ese amor
irracional…
Índice:

Capítulo 1: 9
Capítulo 2: 26
Capítulo 3: 44

Capítulo 4: 59
Capítulo 5: 75
Capítulo 6: 81

Capítulo 7: 105
Capítulo 8: 119

Capítulo 9: 132

Capítulo 10: 151



AKER:
Aker era el hermano menor del jefe del cuartel y pasaba sus días convencido
de que, aún no estando de acuerdo con la forma de actuar de Lucke, no había
nada que él pudiera hacer para cambiarlo.
Carol era una chica cabezota y enérgica dispuesta a salvar su propia vida en
una circunstancia imposible que la llevará a entrenar junto a vampiros.
¿Cambiará de opinión Aker al cruzarse con los ojos verdes de Carol en su
camino?
¿Podrá confiar Carol en ese vampiro de penetrante mirada que parece tan
diferente al resto?
Una historia de amor imposible…
Un negocio peligroso y nuevo….
Una única posibilidad de vivir…
Capítulo 1
Aker

La lluvia caía con fuerza en el exterior cuando me desperté aquel uno de


noviembre en el cuartel provisional que mi superior había montado en la
montaña para su cometido. Me desperecé sin prisa comprobando por la ventana
rectangular de la puerta de la habitación que muchos soldados ya estaban
desplegados, eso no podía significar otra cosa distinta a que las elegidas estaban
llegando.
Luke era el vampiro de más rango en nuestro cuartel y, además, mi hermano
mayor; No nos llevábamos mal pero manteníamos las distancias por diferencias
a la hora de ver las cuestiones principales de la vida: Las elegidas, mujeres con
cierto gen que las predisponía para ser vampiras, siempre habían hecho su
transformación en centros adaptados para ello; Todo calma, buenos tratos y
mucha amabilidad.
¿Por qué al llegar él al mando entonces decidió que ellas también tenían que
mostrar su valía?
En un primer momento, no me pareció descabellado pero no me podía
imaginar lo que tenía en mente; El día que llegué al cuartel que había diseñado
para el cambio de las elegidas supe que eso no podía salir bien y tenía más de un
motivo para pensarlo.
Salí del cuarto sin tener que asegurarme de llevar el traje color militar y
camiseta negra reglamentaria; No iba a obedecer las órdenes de Luke porque no
me hacía falta hacerlo: Yo era un reputado guerrero con más valía posiblemente
que él, de hecho había quien murmuraba que los diez segundos por los que él
había nacido antes eran una desgracia para el clan.
Paseé tranquilamente por uno de los laterales oyendo el ir y venir de soldados
hasta que llegué al exterior. El agua seguía cayendo a mares cuando pude
vislumbrar las luces de los camiones verdes y grandes que traían “la carga”.
—¿Qué observas? —La voz de mi madre a mi espalda me sobresaltó más de
lo que pudiera haberlo hecho cualquier otra cosa—. ¿Te parece mal? —preguntó
elevando una ceja en dirección a los camiones.
—Yo no opino. —respondí escuetamente.
Podía llegar a comprender que era difícil explicarle a una elegida que sólo se
podía perpetuar la existencia de la raza vampírica trayendo hijos al mundo con
ellas, pero eso no significaba que pudiéramos secuestrarlas y traerlas a un centro
cerrado como si fueran ganado; Estaba, además, plenamente convencido de que
eso solo conseguiría hacerlo todo mucho más difícil.
—Quizá deberías. —espetó antes de perderse entre la gente.
Abrieron la parte de atrás de los vehículos y salieron chicas vestidas también
de uniforme aunque eran color gris. Todas iban con la cabeza baja desfilando en
fila india y no tuvieron ningún problema en pararse cuando así se lo indicó el
vampiro que iba al mando de cada uno de los grupos.
—Bienvenidas. —Lucke se encontraba en el centro de los soldados
repentinamente y miraba a las mujeres como si fueran oro líquido—. Tenéis la
gran suerte de pertenecer al reducido grupo de mujeres que tienen el gen que
hará posible una transformación exitosa y con ello la descendencia deseada en
un futuro. Puesto que aquí no vamos a obligar a nadie a casarse ni nada por el
estilo, sino que os damos la oportunidad de uniros a nosotros como una
comunidad vampírica estable, os vamos a pedir exactamente lo mismo que
nosotros ofrecemos: Compromiso, dedicación y ganas. —Su discurso ridículo
parecía haber finalizado.
Noté cómo mi mandíbula se tensaba involuntariamente ante tanta estupidez
cuando los soldados vitorearon las palabras de mi hermano.
Todo estaba organizado y fueron asignando a las mujeres, unas más
desconcertadas que otras, en los distintos cuartos con una litera en el interior. Al
parecer todas contaban con un pack de bienvenida con uniforme militar para
cuando ya estuviesen transformadas, pijamas y utensilios de aseo. A simple vista
podía parecer que no estaban siendo tan desagradables pero lo que no podían
prever era el daño que les esperaba: La transformación era muy dura, lo
habíamos visto en millones de ocasiones; Por alguna razón que no llegaba a
comprender, Lucke quería que demostraran ser más fuertes que la
transformación sin ayuda.
Iban llamando a las chicas a intervalos; Los cinco guerreros más leales iban a
morder personalmente a cada una de ellas para asegurarse de que ninguna
quedaba suelta. Yo, quizá si hubiese sido más listo, hubiera estado entre esos
guerreros hinca dientes pero no era lo que deseaba.
Salí al exterior de nuevo aspirando la fragancia de la tierra húmeda y oyendo
el incesante goteo de la lluvia. No rechazaba la violencia en un buen combate,
pero el sufrimiento porque sí no era mi fuerte.
Sólo llevaba una hora merodeando por el exterior cuando oí los primeros
desgarradores gritos de alguna chica que se retorcía de dolor; Debía estar
notando los primeros síntomas: Sentir cómo se iba su vida, el frío y dejar de oír
el latido del corazón sólo eran pequeñas dosis.
Muchos de los soldados salieron de repente y se montaron en los camiones
que habían traído a las chicas.
—¿Dónde vais? —cuestioné deteniendo a un soldado raso sin preocuparme
de mostrarle más respeto. Yo no sabía quién era él pero él sí debía saber quién
era yo.
—Dormiremos en el campamento del pie de la montaña, Lucke asegura que
no es necesario que estemos presentes aquí. Sólo se quedará la gente de más
confianza. —aseguró tartamudeando ante el escrutinio de mi mirada.
Claro, mejor que la mayoría de los soldados no vieran lo que iban a sufrir
esas chicas innecesariamente. Lucke podía ser muchas cosas pero entre la larga
lista de adjetivos malos no incluía la de tonto: No haría nada que pudiera causar
una revuelta dentro del clan.
Iba a volver dentro cuando oí hojarasca rompiéndose ante algo que se
deslizaba sobre ella. Me giré para encontrarme con una de las escenas más
perturbadoras que había visto en mi vida: Una chica se ocultaba arrastrándose
por el bosque a una velocidad vertiginosa.
Fui hasta allí de un rápido paso y me puse frente a ella. Se quedó paralizada
en el momento exacto en el visualizó mis botas y elevó su rostro en mi dirección
mostrándome los ojos más verdes que hubiera visto alguna vez.
Olí su sangre que debía salir desde algún corte en su piel y se metió por mis
fosas nasales un perfume parecido al melocotón.
—Tú vas vestido diferente. —murmuró sin moverse del suelo—. Ayúdame.
—añadió.
Sus ojos estaban abiertos como platos y su súplica cayó en mí como un jarro
de agua fría.
—No vas a conseguir salir de aquí sin que te muerdan. —contesté intentando
desviar la mirada.
—¿Por qué? —preguntó tan enfadada que me pregunté si no se daba cuenta
de su situación.
—Porque estás rodeada de vampiros que tienen mejor olfato que tú y… —
Dejé de hablar ante el aspaviento de su mano.
—No preguntaba eso. —aseguró entonces sentándose en la hojarasca—. ¿Por
qué hacéis esto? ¿Las elegidas? No es que no pueda comprender que existís, os
hemos visto en el otro cuartel. No me niego a acabar siendo como vosotros
aunque tenga que morir. ¿Por qué entonces no me cuadra todo ese discurso de
ser una comunidad? Tenía amigas ahí dentro que se encontraban perfectamente
y tras ser mordidas están retorciéndose en el suelo. —Su contundencia me
sorprendió.
—Eso no es cosa mía. —contesté sin saber bien qué decir.
—Supongo que da igual la raza, siempre habrá gente que mire para otro lado
aunque pueda cambiar las cosas. —contestó cruzándose de brazos.
—¿Qué te hace pensar que puedo cambiar las cosas? —cuestioné confuso.
—Todos los que no son nadie han salido en esos camiones, soy mujer y
elegida, pero eso no me hace idiota. —respondió respirando fuertemente.
—¡Aker! —Luke llegó hasta nosotros de dos agigantados pasos—. ¿Por qué
esta chica no está transformada? ¿Qué intentas? —preguntó entre voces.
—Yo me estaba intentando escapar. —respondió la inconsciente chica de ojos
verdes y pelo castaño con mechones dorados—. Él iba a devolverme dentro. —
añadió.
¿Por qué estaba mintiendo? Entrecerré los ojos intentando leer qué pensaba
sin poder comunicarme con ella pero el chasquido de parte de mi hermano no era
buena señal.
—Estupendo entonces, buen hermano. —afirmó mirándome como quien le da
galletas al perro—. Vamos Carol, la transformación te espera. —añadió mirando
a la joven.
Le vi cogerla con fuerza del brazo y llevarla hacia dentro mientras yo me
preguntaba una y otra vez qué acababa de pasar.


Mirar al techo de mi habitación siempre había sido suficiente ejercicio para
dormirme cuando pasaba el día haciendo deporte o alimentándome, pero aquella
madrugada todo estaba siendo diferente.
Sabía lo que había pasado en cuanto había caído la noche, las chicas habían
empezado a gritar que sentían que la muerte las acechaba; El frío era
insoportable a esas temperaturas y con la transformación en marcha. Los
vampiros teníamos un sistema de regulación y con sólo pensarlo nuestros
cuerpos eran capaces de arder, por eso debían conseguir una completa
transformación.
Me levanté al escuchar unos murmullos en el pasillo y me quedé de piedra al
comprobar que Lucke estaba junto a Conan, uno de sus mejores amigos, sacando
lo que parecían cadáveres tapados de algunas de las celdas.
Un nombre me vino entonces a la mente: Carol.
Esperé con impaciencia, cosa inhabitual en mí, a que apagaran de nuevo las
luces y salí al pasillo convencido de que aunque me viesen nadie podía
imaginarse que iba a comprobar el estado de una de esas chicas.
Me guié, negando con la cabeza por mis propios pensamientos, siguiendo el
olor dulzón a melocotón que aún era capaz de reproducir en mis fosas nasales
hasta llegar a la celda 113. Comprobé que las puertas de seguridad sólo podían
ser abiertos por el panel digital que había en la pared y pensé en darme la vuelta,
pero luego reconsideré que no había ningún motivo legítimo para que me
hubiese quitado mi hermano el acceso. Dejé mi huella caer en el sensor con
cierta reticencia pero la luz roja se volvió verde concediéndome permiso.
Entré encontrándome de primeras el cadáver de una chica pelirroja de aspecto
blanquecino a mis pies.
—Sí, ya podéis llevaros otro cadáver. ¡Animales! —El grito fue
inconfundible para mí y supe al cien por cien que había dado con la celda
correcta.
—Soy yo. —susurré.
Mi explicación había sonado tan absurda que cuando levantó el rostro para
mirarme con sus ojos verdes llenos de acusación sentí que tenía más frío incluso
que el día de mi transformación.
—¿Y tú quién eres? —preguntó con una risa histérica—. Te recuerdo
perfectamente de ahí fuera justo antes de que me mordieran, pero no entiendo
qué quieres decir con ese soy yo o qué haces aquí. —Su fuerza en la voz era una
buena señal.
—Sólo quería ver si estabas viva. —dije observando cómo se doblaba contra
la esquina de la habitación para abrazarse las piernas.
—Por poco tiempo. —contestó tiritando.
Mi mente debía de estar atrofiada porque fui hasta la cama vacía y me tumbé
mirando hacia el techo de la litera.
—Si vienes no te congelarás. —afirmé sintiendo como voluntariamente subía
la temperatura de mi cuerpo.
—No pienso hacerte ningún favor sexual por no morir congelada. —espetó
furiosa de nuevo.
¿Nunca podía estar calmada? ¿Ni al borde de la muerte?
—No necesito aprovecharme de nadie para mantener sexo si es eso lo que te
preocupa. —confirmé enfadado con la insinuación.
¿Quería morir entre dolor y frío? Si la respuesta era negativa debía dejar de
irritarme porque empezaba a plantearme qué diantres estaba haciendo.
Se levantó arrastrando la fina manta que se había llevado de la cama y se
tumbó liándose en ella para no tocar mi cuerpo. Me miró en cuanto se dio cuenta
de que yo irradiaba calor y se fue acurrucando más junto a mí hasta que sus
mejillas empezaron a tomar color de nuevo.
Un chillido contra mi hombro me indicó que seguía en el proceso de
endurecer sus extremidades.
—¿Cuánto dura la transformación? —preguntó suspirando caliente contra mi
cuello.
—Esta noche es la peor, después el frío disminuirá… Lo que no sé es la clase
de entrenamiento que haréis. —contesté rodeando su cintura con mi brazo.
Aquella posición era tan íntima que nada tenía sentido pero me sentía bien e
incluso se me pasó por la cabeza dormir allí.
—¿Qué pasa si te pillan aquí? Dudo que haya un vampiro en cada habitación
haciendo lo mismo. —Su pregunta volvió a indicarme de nuevo que ella no era
como las demás.
—No me pillarán porque me iré antes de que salga el alba. —afirmé en un
susurro.
—Entonces dormiré hasta ese momento. —respondió de vuelta sin
agresividad alguna en la voz.
No tardó ni un minuto en quedarse dormida contra mi cuerpo al que, por
alguna razón, le parecía realmente atractiva la idea de quedarse en aquella
habitación que era mucho más incómoda que la mía.
—Aguanta Carol… —susurré cuando llegó el alba.
Salí cuando estuve seguro de que nadie me veía y me fijé, al cerrar con mi
huella, en como los ojos de Carol acababan de abrirse para mirarme con una
especie de súplica en ellos de nuevo.
Capítulo 2
Carol

Unos golpes agudos en lo que parecía, sin verlo, un triángulo de metal me


sobresaltaron cuando yo aún me encontraba confusa acurrucada en la cama sin
comprender cómo había acabado el vampiro llamado Aker en mi cama evitando
que muriese congelada.
Me incorporé de un salto y me pegué a la puerta que inmediatamente se abrió
provocando un sonido chirriante. Di un paso al frente para encontrarme
observando al resto de chicas que salían de sus “habitaciones”, ciertamente
éramos un número considerablemente menor al que había llegado la noche
anterior.
Lucke, ese hombre sin latido, de afilados colmillos y el pelo con un corte
militar que dejaba claro que era un guerrero nato, se puso frente a nosotras
evaluando la situación.
—Veo que había entre las chicas cierto potencial: No sintáis pena por las que
se han ido porque no habrían sobrevivido a la vida que les esperaba. —aseguró
con voz fuerte.
Mis ojos volaron hasta Aker que se encontraba en una esquina mirando todo
como si nada de lo que sucedía allí dentro tuviera que ver con él. Lo busqué con
la mirada sin saber exactamente lo que le estaba pidiendo, pero si no me estaba
esquivando a propósito no entendía cómo era que nuestras miradas no se habían
cruzado aún pese a mi insistencia.
Un compañero del líder con aspecto rudo y una gran cicatriz imposible de no
mirar cubriendo su rostro se puso entonces al frente para seguir el discurso.
—Haremos un entrenamiento exactamente de sesenta días; Este tiempo
debería ser más que suficiente para que adquiráis todo vuestro potencial. Os
ayudaremos a conseguir destreza en el cuerpo a cuerpo, supervivencia,
alimentación y mejora de los sentidos. —explicó con una sonrisa en el rostro—.
Mi nombre es Jack y seré vuestro comandante. —añadió con voz autoritaria.
Yo no era capaz de controlar mi mente, estaba segura de que todo lo que
acababa de decir sonaba demasiado bien para ser verdad si teníamos en cuenta
que habían dejado morir quizá a unas cincuenta chicas la noche anterior.
—Siempre hemos pensado que todas las que tenían el gen eran merecedoras
de estar con nosotros, pero nos hemos dado cuenta de que estábamos cometiendo
un error: ¿Por qué si no aceptamos a un débil entre nosotros lo haríamos con
vosotras? Siempre os hemos llamado “Las elegidas” pero ésta vez será una
realidad, elegiremos a las que de verdad lo merezcan. —concluyó Lucke.
No entendía cómo podían tener tan poco corazón pero lo que sí comprendía a
la perfección, y esperaba que el resto de chicas también, era que si no pasábamos
sus estúpidas pruebas estábamos tan muertas como nuestras compañeras.
Conté de un vistazo rápido que contaba con diecinueve compañeras y mi
mirada nerviosa intentó contar cuántos vampiros había en aquella habitación;
Eran cinco sin contar a Aker. Como si éste último fuese capaz de leerme la
mente negó lentamente con la cabeza cuando nuestras miradas por fin se
cruzaron.
—De acuerdo, vamos allá: ¡Nos cambiamos y nos vemos todos en el exterior
en cinco minutos! Poneros el uniforme que se os dio ayer. —Jack ordenaba sin
mirarnos siquiera pero, aunque quizá me lo imaginaba, no me daba la impresión
de que disfrutara de lo que estaba haciendo. ¿Sonrió entonces en su discurso por
Lucke?
Corrí de vuelta a mi cuarto a por el neceser y me cambié todo lo rápido que
pude para poder buscar a alguien como yo entre las chicas, alguna debía tener en
su rostro tanta energía como yo.
—¿Cómo te llamas? —pregunté a una chica más alta que yo de piel morena y
pelo negro oscuro. Recogía enérgicamente las prendas que se había quitado.
—¿Aquí dentro importará esa mierda? —cuestionó rabiosa.
—Supongo que no. —contesté con una sonrisa que la desconcertó—. Mi
nombre es Carol. —dije tendiendo mi mano para que la estrechase.
—Me llamo Johanna. —respondió con una escueta muesca de felicidad.
Sabía que así sería más fácil pasar todo aquello, estar solo era ser débil.
El exterior estaba cubierto de nieve, con razón había hecho tanto frío hasta
que llegó Aker. Me di cuenta en ese preciso momento de que todas las que se
encontraban allí, menos yo, habían conseguido pasar la noche más dura sin
ninguna ayuda: Eran fuertes.
Analicé la estampa que pusieron frente a nosotras. Había unas cuerdas
imitando un ring, pesas, barras colocadas de manera extravagante, ruedas de
vehículos.
—Entrenaréis con todas vuestras fuerzas, no quiero ver a nadie haciendo el
vago porque eso repercutirá en vuestra estancia. Si lo dais todo, os daremos todo.
Si queréis rendiros en una prueba o algo por el estilo esto menguará vuestro
alimento, higiene y otras comodidades. —Conan, ese hombre rubio y pálido que
siempre seguía a Lucke de cerca era tan cínico como el líder porque observé
cómo nos miraba asombrado con lo que estaba pasando.
Empecé a pasar todo lo rápido que pude las ruedas distribuidas por el circuito
pero no por ello dejé que mi mente dejase de trabajar: Había algo en todo
aquello que se me escapaba e intenté recordar a la perfección mi primer contacto
con los vampiros.
Tres hombres llegaron a mi casa y me sentaron de manera obligada en el
sofá, me contaron lo que eran con mi consecuente reacción de incredulidad. Al
cabo de muchas horas no tuve más remedio que aceptar esa parte imposible
ante la evidencia y entonces llegó el jarro de agua fría sobre que yo era una
elegida. Renegué de lo que decían y les acusé de ser unos mentirosos pero
sabían decirme exactamente dónde tenía la “mancha de nacimiento” que
siempre había creído única y su forma. Al parecer, eso junto con otros pequeños
detalles como la fragancia cuando rastreaba les llevaba hasta nosotras.
No me dieron más opción que acompañarles pero, en realidad, no me
importó: Yo siempre había estado sola en el mundo desde que me había quedado
huérfana y no me resultaba del todo desagradable el hecho de formar parte de
una comunidad y acabar encontrando allí a mi media naranja aunque no creía
mucho en esas cosas.
El primer cuartel al que llegamos fue una especie de fiesta y reunión; Había
muchísimas chicas y más o menos todas estaban asimilando la información pero
en la mayoría de casos con buena disposición. Nos hablaron de la aceptación de
lo que éramos, la importancia que teníamos en la perpetuación de la existencia
de la raza vampírica y cómo nos acabaríamos transformando para poder ser
compatibles con los guerreros.
Todos habían sido muy amables con nosotras hasta ese momento, todo acabó
en el preciso momento en el que Luke apareció en el cuartel. Nos dejaron solas
durante un rato y después empezaron los uniformes, las órdenes y el traslado de
las primeras cincuenta entre las que nos encontrábamos.
Seguí esforzándome con las flexiones y los abdominales agradeciéndome a
mí misma no haber sido una vaga nunca. Por el rabillo del ojo vi a Aker entrar
en el cuartel y levanté la mano instintivamente para llamar al comandante.
—Necesito ir al baño. —dije todo lo seria que pude—. Me estoy esforzando y
quiero seguir haciéndolo. —recalqué mintiendo descaradamente.
—Está bien, no tardes o iré yo mismo a buscarte. —aseguró concediéndome
el permiso que necesitaba.
Johanna no debía ser ninguna tonta porque me echó una mirada interrogativa
antes de seguir con su ejercicio de mover las ruedas de un lado para otro.
Corrí en cuanto estuve segura de que nadie me veía hasta tocar la espalda de
Aker que parecía haberme detectado ya que se había quedado quieto. Se giró
lentamente dejándome apreciar sus ojos azul claro tan profundos que tuve que
contener el aliento.
—Aker. —dije muy cerca de él.
—¿Estás loca? —preguntó dándose cuenta de que pensaba hablar con él.
—Sólo quiero preguntarte una cosa. —respondí rápida volviendo a mirar a
nuestro alrededor—. Por favor. —añadí con carácter urgente.
—Venga, suéltalo. —contestó acariciándose con dos dedos el puente de la
nariz.
Quizá le costaba más de lo que había pensado ir en contra de lo que hacía su
hermano.
—¿Qué quiere hacer Lucke con nosotras después de la transformación? —
pregunté sin dar más rodeos.
—¿Qué? —interrogó.
Yo misma oí pasos dentro del cuartel y me entró prisa por volver al
entrenamiento, no tenía ninguna intención de morir en ese asqueroso lugar.
—Piénsalo. —respondí antes de girarme para irme.
—Espera. —Aker me sujetó del brazo sin ninguna fuerza buscando una
respuesta con su mirada.
—Me consta que cuando llegamos al anterior cuartel más de una chica sintió
un flechazo por uno de los vuestros. No han sido traídas aquí. ¿Si la prisa es
perpetuar la raza, es decir, tener hijos… No habría sido lógico empezar por las
que ya podrían haber encontrado a su “media naranja”? —solté mi discurso sin
más antes de zafarme de su agarre.
Salí corriendo de nuevo al exterior sintiendo mi sangre bombear a mil por
hora debido a la adrenalina del momento. Sabía, por la reacción de su rostro, que
había conseguido sembrar la misma duda razonable que yo tenía en él. Era todo
una farsa y no nos querían exactamente para lo que nos estaban haciendo ver.
¿Por qué sino habían mandado a todos los soldados fuera? ¿Por qué no teníamos
contacto con nadie que no fuera entre nosotras?
—Carol, has vuelto. —susurró Johanna como si por un momento se hubiera
planteado la posibilidad de que hubiera muerto por el camino.
—Estoy aquí. —aseguré consciente de que los vampiros nos oían y forzando
una sonrisa.
Di todo lo mejor de mí convencida de que ahora estaba más cerca de saber lo
que nos esperaba hasta que dieron por finalizado el entrenamiento.
Nos mandaron a las duchas y yo esperé a que todas se hubieran metido en las
suyas para ocupar la de Johanna.
—¿Qué haces? —susurró con los ojos muy abiertos.
—¿Qué se supone que van a hacer con nosotras después del entrenamiento de
sesenta días? —cuestioné rápidamente.
—Dijeron que formaríamos parte de la comunidad. —contestó encogiéndose
de hombros.
—Se supone que nos van a hacer fuertes… ¿Crees que es posible que
huyamos de aquí? —interrogué intentando buscar nuevas visiones.
—Lo dudo, pero nada es imposible. —Su respuesta me confirmó que, si esto
no era lo que nos estaban vendiendo, no era de las que se iba a quedar quieta.
El comedor donde nos pensaban dar la comida era enorme, sin duda hecho
para que estuvieran más de trescientos guerreros allí reunidos. Todas nos
sentamos en una mesa larga como nos habían indicado y a tan sólo unos metros
de nosotras había una mesa donde disfrutaban de una mejor comida Lucke,
Conan y Jack. Los dos restantes, Phillip y Tom, hermanos gemelos eran los que
nos vigilaban y nos ponían los alimentos en ese momento.
En una mesa, separado, se sentó en aquel instante Aker con un libro en la
mano. Me pregunté qué estaría leyendo mientras mis ojos, guiados por mi
incauta mente, se detenían a admirar su marcada mandíbula así de perfil.
—El vaso que tenéis a vuestra derecha es sangre. Como no estáis preparadas
para cazar se os proporciona. Al principio notaréis un sabor muy fuerte y es
posible que os desagrade, con el tiempo será el mayor placer que tengáis en la
vida. —La explicación de Phillip no me causó especial gracia.
Bebí de las primeras dispuesta a que se me viera con una disposición
ejemplar. Mientras el líquido aún caliente bajaba espeso por mi garganta noté
algo como si fuese una certeza inevitable. Me giré para comprobarlo y
efectivamente los ojos de Aker estaban clavados en mi persona.
Por una milésima de segundo sólo era capaz de comprobar cómo subía y
bajaba su pecho en una reacción a lo que yo estaba haciendo.
—¿De qué es la sangre? —preguntó Johanna haciendo que me girase de
golpe.
—De vampiro, es menos agresivo que la humana. —respondió Tom
encogiéndose de hombros como si no tuviese importancia.
—Bien. —respondió ella escuetamente bebiéndosela de un trago.
Volví a echar un vistazo por la mesa encontrando que había muchos vasos
medio llenos y yo sólo buscaba los totalmente vacío: Solo concebía que alguien
se lo hubiera tomado entero si tenía un objetivo fijo, bien el de sobrevivir bien el
de escapar…
Una pelirroja cruzó una mirada conmigo como si también estuviera buscando
lo mismo y me dedicó una sonrisa de un segundo. Recordaba haber oído a Jack
llamarla en el entrenamiento, su nombre era Marie.
Todas estábamos sumisamente tranquilas hasta el punto en el que Lucke
concedió a los guerreros sentarse a comer, de todas formas ellos sabían
perfectamente que estábamos suficiente cerca como para que no pudiéramos
intentar nada estúpido; Quizá no conocían suficiente mi nivel de inconsciencia.
—No nos oyen. —aseguró Johanna sentada frente a mí—. Están demasiado
concentrados en su conversación. —añadió mirando la mesa de vampiros.
—Él no. —dijo Marie con un ligero movimiento hacia Aker.
Aker no tardó ni una milésima de segundo en levantarse para irse y me
pregunté por qué no quería oír lo que iba a decirles a esas chicas. Pasó tras dejar
la bandeja en un carrito cerca de nosotras y no dudé en estirarme un poco hacia
atrás para tocar su mano con la mía disimuladamente. Sus ojos cayeron sobre los
míos abriéndose por la sorpresa y echó una mirada rápida atrás para comprobar
que nadie me había visto. Negó con la cabeza y salió a paso rápido de allí.
—¿Quién es? —preguntó Johanna que sí había percibido el movimiento.
—Nadie. —contesté reconociendo que, en realidad, no sabía nada de él.
¿Por qué había sentido la necesidad de tocar a Aker cuando había pasado por
mi lado? ¿Por qué se me hacía inevitable pensar que él no era como los demás?
¡Si lo fuera se llevaría de maravilla con su hermano! Eso, por otra parte, no
significaba que fuera a ayudarme.
Mi cabeza daba vueltas aún pensando en ello cuando nos mandaron a
descansar a la habitación. Por lo visto iba a bajar la temperatura y los dolores
iban a volver aunque fueran con menor intensidad. Podía aguantarlo, sabía que
podía.
Nos volvieron a agrupar de dos en dos para reducir las habitaciones habitadas
y, como si hubiese caído la decisión del mismísimo cielo, me tocó con Johanna.
—¿Cómo se llama? —preguntó cuando estuvimos solas.
—¿Quién? —cuestioné mientras preparaba la cama.
—El vampiro por el que nos van a matar cuando nos traicione en el
maravilloso plan que hagamos. —respondió helándome la sangre.
—Aker. —dije sintiendo un gran peso repentino sobre los hombros.
Capítulo 3
Aker

Podía notar aún en mi mano el roce de Carol cuando había pasado por su
lado; ¿Se había vuelto loca? ¿Y si alguien la hubiera visto?
Subí por una escalera de pared lateral hasta la azotea y me senté en la cornisa
para observar mejor el entrenamiento de las elegidas. Jack había escogido la
tarde para dedicarla con ellas a la agudeza de los sentidos; Como parte de la
transformación debían estar notando cambios, progresivamente, en su manera de
percibir todo lo que tenían a su alrededor.
¿Y si tenía razón Carol en su suposición? ¿Y si las preparaban para algo más?
Vi a mi hermano Lucke pasar acompañado de Conan, su perrito faldero, y
decidí bajarme de un salto hasta ellos. Luke me miró intentando comprender qué
quería ya que normalmente yo me mantenía al margen de cualquier cosa que él
hiciera con sus esbirros.
—Lucke. —Me costaba hablar con él pero, por alguna razón que no deseaba
pararme a analizar, necesitaba hacerlo—. He pensado que podría encargarme de
alguna tarea relacionada con las elegidas. —añadí intentando parecer indiferente.
—Pues… —Se rascó la nuca dudando y le hizo un gesto a Conan para que
nos dejase a solas—. No te había comentado lo del entrenamiento y eso porque
estaba seguro de que no estarías de acuerdo, tú que siempre tienes esa cara de
juzgarlo todo. —Puse una media sonrisa porque entendía perfectamente que le
escamase mi actitud—. Pero sí, eres un guerrero con experiencia y debo decir
que tu espíritu tranquilo puede ser la clave para que algunas elegidas, sobre todo
aquellas que siguen nerviosas, entren en razón y comprendan que si siguen el
proceso tal y como está diseñado, todo será mucho más fácil; ¿Qué puede tener
de malo querer que sean vampiras completas, autosuficientes y perfectas
compañeras? —Su pregunta podía sonar angelical pero lo cierto era que yo me
sentía capaz de percibir en los ojos de mi hermano un plan oculto detrás de todo
lo que había dicho.
—¿Y qué crees que puedo hacer para ayudar? —cuestioné seguro de que la
expresión de mi rostro seguía pétrea.
Por suerte para mí había aprendido a lo largo de los años y las guerras a saber
jugar faroles junto con otras técnicas que, sin duda, me ayudarían a que mi
hermano no sospechase de mí que por otra parte no estaba seguro de lo que
quería conseguir con todo aquello.
—Quiero que seas tú quien las prepare cuerpo a cuerpo. —sentenció tras
meditarlo.
—Creía que de eso se estaba encargando Jack. —respondí algo sorprendido.
Así es, parcialmente. —explicó sereno—. Y seguirá encargándose del
entrenamiento físico en sí, pero puesto que estás dispuesto a ayudar considero
que serás menos agresivo en el cuerpo a cuerpo; Quizá incluso más instructivo.
—reafirmó.
No era del todo descabellado lo que decía ya que cuando los vampiros
jóvenes llegaban a la madurez de ser entrenados para la guerra yo solía ser uno
de los instructores pero debía reconocer que me sorprendía el hecho de que
Lucke me confiara una tarea tan importante.
—Está bien, pásame el horario cuando lo decidas junto a las pautas y así se
hará. —contesté dando por finalizada la conversación.
Lucke yo éramos mellizos, por lo tanto teníamos la misma edad, miles de
batallas compartidas y un sentido de la intuición muy aguda. Estaba convencido
de que, con un solo paso en falso, tendría suficientes dudas sobre mí como para
enfrentarme e incluso intentar deshacerse de mí; Otra cosa sería que lo
consiguiera…
Le vi irse y recuperar su paso junto a Conan, quien le esperaba pacientemente
como un perro que espera a su amo; Una devoción desmesurada según mi
opinión.
Fue en ese instante que percibí un sonido de motor que despertó mis sentidos
y mi estado de alarma; ¿Habrían vuelto los soldados que había mandado Lucke
al pie de la montaña? Lo dudaba si tenía en cuenta el estado actual de las
elegidas y su escasa preparación.
¿Quién podía ser entonces?
Decidí ir aparentemente tranquilo pero con paso apretado hasta la parte lateral
del cuartel para volver a encaramarme en el tejado. Desde allí pude vislumbrar
que un camión de color negro y los cristales tintados había llegado hasta la valla
de entrada.
Mi hermano Lucke lucía, al menos desde mi perspectiva, un aspecto relajado
por lo que deduje que fuese quien fuese había sido invitado. Esperé hasta que un
hombre, con aspecto humano vestido con gabardina negra y una camisa elegante
blanca, bajó del coche para darle un efusivo abrazo a Lucke.
Mi hermano era, así como yo mismo, un guerrero; No dábamos abrazos ni
mostrábamos los sentimientos… ¿A qué se debía entonces aquel gesto? Me bajé
consciente de que, desde allí, no iba a alcanzar a oír lo que hablasen mientras
que mi mente gritaba por alguna estúpida razón que esa visita debía estar
relacionada con las elegidas.
—Hijo. —Mi madre me alcanzó conforme me dirigía a meterme donde no me
llamaban—. Me sorprende que hayas accedido a ayudar a tu hermano en todo
esto. —añadió entrecerrando los ojos—. Sobre todo porque soy tu madre y te
conozco. —reafirmó.
—Quizá he decidido aprovechar el momento para estrechar lazos con mi
hermano. —ironicé yo sin querer dar ninguna explicación.
—Ten cuidado Aker; Os parí a ambos y sé cómo sois en el fondo de vuestro
corazón. —aseguró como si fuese alguna clase de amenaza.
—En ocasiones te pones demasiado mística, madre. —respondí seguro de que
tenía que irme al primer entrenamiento como instructor en unas horas.
—Puede que de edad seáis iguales, puede que mil batallas estén en la espalda
de cada uno de vosotros; Pero el buen corazón que tú tienes puede llegar a ser tu
perdición si no estáis en el mismo bando. —sentenció antes de dejarme solo.


Las elegidas me miraron de arriba a abajo cuando crucé el umbral del
gimnasio interior del cuartel donde las habían hecho ir tras la siesta.
Me encontraba algo inquieto pese a que mi estado natural era el de
tranquilidad ya que había considerado desde siempre que el saber esperar el
momento adecuado era la clave para una buena batalla; Quizá en esa ocasión lo
que cambiaba y hacía que mirase constantemente si mi hermano o alguno de los
otros guerreros observaba mis movimientos era que no todo estaba bajo mi
control; Carol era una incógnita en los pasos que decidía dar.
Había tenido algo de tiempo en mi habitación para reconsiderar la idiotez de
meterme en algo que, de ninguna forma, iba conmigo; ¿Por qué entonces me
encontraba allí, en mitad del austero ring, comenzando la primera lección sobre
el entrenamiento cuerpo a cuerpo?
—Bienvenidas a esta primera clase de entrenamiento cuerpo a cuerpo. —Mi
propia voz me sonaba extraña diciendo esas palabras; ¿Para qué iban a querer de
todas formas ellas saber luchar si nunca lo harían?—. El objetivo de las
próximas lecciones es claro y único: Saber pegar y no morir en el intento. —
añadí.
Los ojos de Carol permanecían clavados sobre mí como dos puñales de
esmeralda verde, no podía imaginarme lo que estaría pasando por su ágil mente
cuando yo no estaba en posición de explicarle que, si hacía aquello, era en parte
para despejar la duda que ella había puesto sobre mí. Johanna, otra de las chicas
me observaba con creciente curiosidad y me pregunté hasta qué punto su
relación con Carol era de confidencialidad.
Hice la demostración en el aire de un agarre sencillo para inmovilizar y dejar
caer al suelo antes de proponer que fueran subiendo una a una al ring. Formaron
una cola y, para mi sorpresa, Carol decidió ponerse la última.
Todas y cada una de ellas fueron cayendo sobre el suelo del ring con
suavidad; Era cierto que estaban más fuertes de lo que nunca lo habían estado en
su forma humana pero les quedaba mucho que trabajar. Deduje que Marie, una
chica pelirroja que había apretado con todas sus fuerzas, era otra a la que no le
cuadraba todo aquello; Al parecer, mi hermano no había contemplado la
posibilidad de que ellas pensasen por sí mismas.
—Me toca. —dijo Johanna subiendo al ring.
—Así es. —contesté tranquilo.
Su fuerza me sorprendió y sus ganas de hacerme saber que era digna
contrincante también. Aún así conseguí inmovilizarla en un movimiento más.
Nuestros cuerpos estaban muy cerca y me quedé inmóvil al comprobar que
palpaba mi mano con la suya para dejar caer algo en el interior de ella. Terminé
de tumbarla en el suelo y me guardé con disimulo el papel que con tanto
esfuerzo había conseguido darme; ¿Qué contendría aquella misteriosa nota?
Carol subió entonces con una media sonrisa en el rostro mientras yo
intentaba comprender por qué sus ojos verdes como el amazonas me ponían en
jaque en cualquier situación.
Golpeé con suavidad su torso hasta dejar la mano derecha sobre su abdomen
y la sujeté con la otra mano de la espalda para hacerla caer.
—Ese hombre que vino en la camioneta, estuvo mirándonos lo que nos
pareció una eternidad. —susurró tan cerca de mí que pude aspirar su exquisita
fragancia de melocotón—. Dijo que volvería mañana con lo acordado. —añadió
antes de que la ayudase a levantarse.
—No quiero saber cómo has descubierto eso, pero no hagas nada más.
Déjamelo a mí. —aseguré rápido entre susurros ante su visible inconsciencia.
Observé a mi alrededor comprobando que nadie había sido partícipe de
nuestras palabras. Asentí levemente con la cabeza dando por finalizada la
primera ronda del ejercicio.
Aquello no iba a ser nada fácil, estar tan cerca de Carol, por alguna estúpida
razón que no me iba a poner a averiguar, nublaba mi sentido del deber y del
peligro.
Puse por parejas a las chicas para que practicasen el movimiento bajo mi
supervisión cuando Lucke entró con una ancha sonrisa en el rostro.
—Sabía que no me equivocaba al elegirte para esto. —comentó dándome una
palmadita en el hombro.
—Serán fuertes. —contesté con la simple idea de no quedarme callado.
—¿Sabes? Estaba convencido de que no estarías de acuerdo con esta nueva
manera de llevar el proceso de las elegidas, pero que lo estés es realmente genial
así podremos ir haciendo las siguientes tandas de chicas con el mismo orden. —
explicó con el rostro lleno de satisfacción.
¿Siguientes tandas de chicas? ¿Más elegidas? La duda lo nubló todo para mí
mientras que sólo era capaz de poner mi mente a trabajar buscando una
explicación; No me quedaba más remedio que hacer caso a la información que
Carol me había dado: Tenía que escuchar esa conversación entre Lucke y el
hombre de la camioneta al día siguiente.

Llegué a mi habitación y dejé caer toda la ropa al suelo dispuesto a darme una
ducha. Sentí el agua caliente sobre mi piel cayendo a chorros hasta que, desde
allí vislumbre un papel que había caído del bolsillo de mi pantalón al quitármelo.
Recordé que Johanna me lo había dado en el entrenamiento y me picó la
curiosidad. Corté el agua y me envolví en una toalla enrollándola en la cintura
para poder agacharme a alcanzarlo.
Lo abrí para encontrarme una letra rápida y difícil de leer; Estaba seguro de
que mi hermano no les había dado material de escritura así que supuse que no
había podido conseguir mejores utensilios o retener el que cogiese más tiempo.
Ella confía en ti.
Aquellas tres palabras podían ser escuetas pero estaban cargadas con una
acusación que hizo que mi corazón se sintiese pesado de pronto. ¿No estaba, de
alguna forma, dándole una esperanza a Carol sobre su situación sin saber
realmente si podía hacer algo por ella?
Capítulo 4
Aker

Me desperté con el cuerpo sudoroso empapando mi camiseta gris; Al parecer


algo en la noche había impedido que controlase mi temperatura corporal de la
manera a la que estaba acostumbrado.
Recordé la nota que había leído una cien veces antes de ir a dormir y que aún
intentaba comprender; Estaba claro que de alguna forma Carol y yo estábamos
intercambiando perspectivas sobre la situación y puede que también sin
pretenderlo me hubiera metido en el follón de averiguar qué era lo que se
encontraba detrás de todo ese rollo de las elegidas entrenando y pasando por el
proceso de transformación de la manera inusual escogida por Luce; Pero todo
eso me seguía pareciendo banal para el carácter que se escondía bajo la letra de
aquella nota.
Johanna parecía tener claro que Carol confiaba en mí pero el tono de reproche
era como si ella se atreviese a decirme descaradamente que ella no.
Me vestí utilizando el uniforme militar obligatorio para soldados que nunca
usaba y me preparé para enfrentarme a cualquier imprevisto que pudiese haber.
¿Era yo mismo consciente de que si me pillaban haciendo cualquier cosa
contraria a las decisiones del líder del clan, Lucke, tendría que luchar a muerte
con la gente de mi horda por propia supervivencia?
Me deshice de los pensamientos negativos que rondaban por mi cabeza antes
de salir de la habitación y me incorporé junto a Tom, quien pasando por ahí para
dirigirse al exterior, me miró como si fuese un milagro que yo hiciese una ronda.
—¿Vienes fuera? Las chicas van a practicar alimentación y caza junto a mi
hermano. —dijo con cierta emoción en los ojos.
Tom y Phillips eran gemelos además de unos guerreros encomiables; La
personalidad de ambos era la de ser pacientes y dedicados pero Tom tenía una
jovialidad de la que Phillips carecía. Quizá por esa diferencia precisamente Tom
era, junto a Jack, uno de los pocos vampiros con los que solía hablar en los
largos días dentro del cuartel o en las guerras.
Había habido un tiempo, hacía ya muchos años en lo que todo había sido
diferente, incluso mi relación con los miembros de la horda. Mi padre ocupó el
puesto de líder durante tantos años, ventaja de ser prácticamente inmortal, que
la gente se olvidó de cómo era la forma antigua de elegir el cabecilla de un clan
de vampiros: Votación popular.
Todos los integrantes de aquel entonces estuvieron de acuerdo cuando el gran
líder sugirió que podía ser beneficioso para la comunidad que su hijo le
sucediera porque podía formarlo para ello, nadie podía prever que tardaría tan
poco en morir tras firmarlo y que dejaría en el cargo a Lucke de esa forma;
Siendo un vampiro joven, con demasiadas ansias de mando y venganza.

Observé el ejercicio que Phillips les estaba mandando hacer a las elegidas
mientras mi cabeza trabajaba en un plan; Al cabo de unos minutos comprobé, tal
y como necesitaba, que las hacía correr tras la presa a una distancia considerable
incluso llegándolas a perder de vista.
—Parece que están en buena forma. —comenté en alto intentando sonar
despreocupado.
Sí, hay chicas muy fuertes entre ellas. —dijo con más intensidad de lo que
esperaba.
—Vigilad a las que estén en plena carrera. —ordenó Phillips en nuestra
dirección centrado en explicar cómo se sabía cuándo una presa iba a huir y
cuándo no.
—Claro. —contesté esperando el turno de Johanna pese a la insistente mirada
de Carol.
Aquella orden, aparentemente normal de Phillips, me dio una pista sobre el
dichoso proceso: Mi hermano le había confiado más información que a mí y se
creía importante porque, de no ser así, no se habría atrevido a hablarme de esa
manera cuando yo era capaz de destrozarlo con una mano atada a la espalda.

Cuando Johanna salió disparada tras la presa manipulé al pequeño animal con
ruidos bajos para que viniera hacia mí hasta que la susodicha tropezó con mi
mirada.
—Escucha porque no hay tiempo. —dije mientras sujetaba al animal para que
pudiera llevárselo de vuelta—. Necesito que vayas a por una presa hasta el árbol
ese oscuro cerca de la valla de entrada cuando oigas llegar una furgoneta. —
expliqué esperando que la chica, de tan fuerte carácter, quisiera ayudarme.
—¿Por qué no Carol? —cuestionó aún asfixiada por la carrera.
—Porque los vampiros que os entrenan no son idiotas y si siempre hace lo
sospechoso la misma no habrá ninguna oportunidad de saber qué está pasando.
—afirmé soltando al bicho de caza en sus manos.
No me dio ninguna respuesta pero asintió rápido antes de irse. No me
quedaba otra opción, a mí que me gustaba hacer las misiones en solitario, que
confiar en que estuviese atenta.
Casi había pasado una hora y aún no había habido ninguna señal que indicase
que iba a llegar ese hombre con lo supuestamente acordado; Si aparecía cuando
las chicas ya estuvieran dentro no tendría ninguna coartada para estar tan cerca
del lugar de la conversación si me interceptaban.
Por suerte para mí, como si el cielo contestase a mis plegarias, oí un vehículo
acercarse e inmediatamente después a mi hermano ir al trote hasta la valla. Miré
con intensidad a Johanna que esperaba su turno y tal como le había indicado que
hiciera salió corriendo hasta cerca del lugar contemplado.
—Voy yo. —aseguré ante Tom como si estuviese desinteresado en la función.
—Vale. —contestó de manera natural ya que no tenía ningún motivo para
desconfiar de mí en algo tan banal.
Anduve rápido hasta la chica que ya había cazado a la presa y me agazapé a
su lado intentando concentrar mis sentidos en oír la conversación que
comenzaba.
—¿Serás capaz de oír desde aquí? —cuestionó Johanna con cierta cara de
póker calculando la distancia.
—Sí, y cuando termines tu transformación y tu entrenamiento tú también
empezarás a poder. —respondí haciéndole un gesto llevándome un dedo a los
labios para que permaneciese callada.

—¿Está todo? —preguntó Lucke al hombre con aspecto elegante, con
gabardina y sombrero, que le entregaba un maletín.
—Hasta el último euro. Recuerda que es la chica del pelo naranja, la de pecas.
—contestó algo nervioso.
—Sí, Brent, Marie será de tu propiedad cuando termine su entrenamiento; Ya
queda menos. —afirmó Lucke.

—¿Qué pasa? Tienes mala cara. —interrogó Johanna cortando mi
concentración.
—Nada bueno. —aseguré bajito levantándola para dirigirnos de nuevo al
círculo de formación sobre alimentación.
¿Sería suya? ¿Ese hombre había comprado a una elegida? Sabía que no podía
ir hasta mi hermano para cogerle de la camiseta y exigirle una explicación sobre
aquella barbaridad que estaba llevando a cabo, pero la furia crecía en mi interior
sin poder evitarlo.
—¿Te quedas vigilando sólo un momento? —preguntó Tom sonriente.
—Claro. —dije no queriendo llamar la atención ni que se notase el mar de
emociones que bullían en mi interior.

Carol buscaba mi mirada y yo la evitaba con la clara intención de que nadie
pudiera darse cuenta de que nosotros teníamos alguna clase de contacto, sin
embargo, tras cruzar unas palabras con Johanna, la incertidumbre se posó en el
rostro de Carol haciendo que mi pecho se hinchase.
¿Qué iba a decirle?
—Hermano. —Lucke colocó su mano derecha en mi hombro y me sobresalté
antes de girarme hacia él.
¿Me habría visto agazapado escuchando? Estaba a un noventa por ciento
seguro de que no porque además Lucke no era de los que se andaban con rodeos,
le gustaba la pelea y más si pensaba que era por una causa justa.
—Dime. —No le miré a los ojos al contestar fingiendo estar concentrado en
seguir el entrenamiento de las elegidas.
—Me alegra ver que te estás involucrando con todo esto, podemos llegar a
formar un buen equipo. —aseguró dándome otra palmadita en la espalda antes
de irse junto a Conan que llegaba para entregarle un paquete.
¿Qué llevaría dentro? Mi mente llegó enseguida a una conclusión que no
tenía por qué ser certera pero resonaba con fuerza en mi cabeza: Aquel
envoltorio de color marrón era el pago por otra de las chicas, otra elegida
vendida.
Phillips pitó el final del entrenamiento y las mandó a las habitaciones para
que se aseasen antes de ir a comer. Carol anduvo hasta mí e incluso me rozó el
brazo por detrás pero negué con la cabeza y aceleré el paso; No era el momento
tanto por si nos veía alguien como porque no tenía ni idea de qué iba a decirle.
¿Por qué vender a las elegidas? ¿Qué sentido tenía? Nunca había prestado
atención a los temas amorosos y demás dentro de la comunidad por la sencilla
razón de que yo era solitario por naturaleza y combatiente por necesidad, pero en
aquel momento me arrepentí de no haber hecho algo más de caso para
comprender cómo era que iban a obligar a esas chicas a ser propiedad de
alguien.
Pensé en buscarlo en alguna de las bibliotecas de la comunidad pero iba a ser
demasiado complicado ponerse a buscar y leer toda la información sin ningún
tipo de filtro así que tuve que resignarme y dirigirme a la única fuente fiable que
tenía a mano: Mi madre.

—Hijo. —Minerva, mi madre, me habló sin necesidad de mirarme para
comprobar que era yo—. ¿Qué necesitas? Porque si no necesitas algo no
entiendo qué haces buscándome. —El reproche no pasó desapercibido para mí
pero lo dejé pasar por alto.
—Sé que no suelo venir mucho a entablar conversación contigo pero me
gustaría que nos ahorrásemos toda la parafernalia banal para pasar directamente
a hacerte unas preguntas que es para lo que vengo buscándote. —Ir directamente
al grano iba a ser lo mejor porque sospechaba que las elegidas se estaban
vendiendo día a día.
—¿Y qué es esa información tan importante? ¿Tiene algo que ver con tu
repentina decisión de seguir a tu hermano en sus locuras? —cuestionó
levantando la vista del libro que se encontraba leyendo para regalarme una
mirada cargada de acusación.
—Puede ser. Mamá, ¿las elegidas siempre han sido buscadas y obligadas de
alguna forma a participar en nuestra comunidad? —pregunté buscando una
cómoda que había en un rincón para sentarme.
—¿Ahora te interesa el mundo del romance de la comunidad? Creía que eras
un guerrero solitario, aprovechando las guerras entre vampiros y renegados para
descargar tu ira interior… —dijo una vez más reprochando mi actitud.
Yo sabía que mi madre hacía tiempo que creía que debía estar alejándome de
la guerra para acercarme al amor.
—Ya he dicho que nos podíamos saltar la parte preliminar de la conversación,
madre, tengo algo de prisa. —contesté suspirando algo frustrado con la
situación.
—Bueno, pues te lo explico brevemente porque aunque sea una mujer
inmortal tengo muchas cosas mejores que hacer que hablar de cosas que en
realidad ni te interesan y que yo pasé hace tanto tiempo: Los vampiros siempre
son machos, hasta ahí lo sabes. Las elegidas van naciendo aleatoriamente y las
podemos reconocer, como también sabes, por una marca imperceptible que
llevan. Llegados a este punto puedo decirte que lo que viene a continuación ha
sido tema de controversia durante siglos; No tenemos más remedio, mejor dicho
no tienen los altos mandos más remedio que buscar a esas elegidas en el
mundillo humano y explicarles que son especiales además de fundamentales
para la supervivencia de la raza. —dijo dando por finalizada su parte de la
charla.
—¿Lo aceptan, van a los sitios preparados para ello para la transformación y
ya se distribuyen por la comunidad? Eso es lo que yo sé, pero me falta la otra
parte madre; Esa a la que nunca he dado importancia y se me va a hacer de
noche sin que me la cuentes. —aseguré convencido de que estaba aprovechando
que yo necesitaba la información para tenerme allí charlando más tiempo del
necesario.
—Nadie puede obligar a las chicas, ni marcadas ni ya transformadas, a hacer
nada que no quieran. Son protegidas dentro de la comunidad y permanecen
haciendo vida normal hasta que encuentran a su alma gemela; Es un sentimiento
irracional y espontáneo. —afirmó entrecerrando los ojos en mi dirección.
—¿Sabes lo que está haciendo tu hijo con esas chicas? —pregunté sin
andarme con rodeos.
—Me consta sus nuevos métodos, pero no irán bien. —respondió—. ¿Y por
qué tanta pregunta? ¿Piensas hacer algo? —interrogó de nuevo al ataque.
Para ser una mujer con siglos de vida estaba algo cansina con los reproches.
—Te recuerdo que tú pariste a mi hermano antes que a mí; Papá murió antes
de tiempo y no tuvo etapas suficientes para formarlo; Aún así es el líder… ¿Qué
quieres que haga yo? ¿Por qué, simplemente, no puedo preguntar para nada? —
cuestioné intentando disimular mi interés.
—¿Sabes? Lucke no es tan malo, pero ha sufrido mucho y el mando le viene
grande. —dijo a modo de confesión—. Sólo lo digo para que, llegado el
momento, lo tengas en cuenta. —añadió.
Capítulo 5

Carol

Los días de entrenamiento se notaban sobre cada una de nosotras tanto en el
aspecto físico como en el emocional, éramos más fuertes pero también teníamos
a nuestra espalda más desgaste.
—¿Has hablado con Aker? —preguntó Johanna en un susurro mientras
escogía uno de los botes de cristal con contenido líquido para intentar adivinar
de qué se trataba.
—No. —contesté escuetamente sin querer pararme a hablar.
Habían pasado tres días desde que Aker le hubiera pedido a Johanna, tal y
como ella me había contado con detalle al llegar a la habitación, que se acercase
a la valla para que él pudiera escuchar lo que ese hombre vestido de gabardina
había hablado con el líder del clan.
¿Cómo iba a saber yo que no me lo pensaba contar el idiota de Aker?
Intentaba aprovechar al máximo cualquier lección de los vampiros, en esa
ocasión me encontraba de lleno averiguando como saber lo que podía tomar y lo
que no sin ser envenenada.
—Pues tienes que saber qué hablaron. —insistió Johanna ferozmente pese a
hablar bajito.
—Tú encárgate de tu parte. —corregí señalando a Marie que se sentaba al
otro lado del jardín exterior.
—No es tan sencillo. —aseguró negando con la cabeza.
Había observado a Marie, esa chica de rasgos irlandeses, y estaba cien por
cien segura de que no iba a ser de las que se quedase a mirar cómo nos
organizaban la vida sin hacer nada. No podía decir con exactitud en qué lo había
notado, pero quizá tenía algo que ver en la rabia que desprendía en cualquier
ejercicio o en la manera en la que observaba todo a su alrededor con ojos ávidos
y despiertos. Quería que se uniese a nosotras en el plan que acabásemos por
formar.
Esperé a que nos mandasen a las habitaciones de vuelta y me aseguré de
poner la cara pegada a la escotilla de la puerta para asegurarme de que no pasaba
Aker por allí sin verlo. Cuando por fin pasó golpeé el cristal con fuerza hasta que
desvió la mirada hacia mí para después acercarse y hacer un gesto hacia atrás
que no entendí.
¿Por qué se iba? ¿No pensaba hablar conmigo?
—Es un idiota, como todos los guerreros de por aquí. —afirmó Johanna sin
moverse de la cama.
—No soy un idiota. —replicó Aker saliendo del conducto de la ventilación de
una manera pasmosamente fácil.
—¿No podías abrir la puerta sin más? —cuestioné aún recuperándome del
susto.
Le vi ubicarse en una esquina donde, desde fuera, era imposible que alguien
le viera.
—¿Qué quieres? —preguntó tocándose de manera inquieta el puente de la
nariz.
—¿Crees que esa es una pregunta razonable? Llevo días esperando a que
aparezcas. —ataqué furiosa con su actitud.
—No sabía que tenías el poder de invocarme. —respondió bajito a modo de
amenaza.
—¿Y bien? ¿Vamos a hablar de qué era “lo acordado” de ese hombre que
vino o vamos a seguir peleándonos? —Me sentía irritada hasta el punto de
querer pegarle un puñetazo en la cara.
—Os entrenan para cuando seáis vampiras completas, llegados a ese punto en
una situación normal pasaríais a una de las comunidades de vampiros hasta que
encontraseis a vuestra pareja ideal, pero Lucke está vendiéndoos para después.
—explicó dejándome sin aliento.
—¡No somos mercancía! —grité.
—Si gritas serás otra cosa porque las rebeldes no tienen hueco en su plan. —
respondió algo enfadado comprobando que nadie se había acercado a la
habitación.
—¿Y a quién se supone que nos venden? ¿Y qué tenemos que hacer? —
cuestioné indignada.
—Vampiros ricos, normalmente con años de existencia, cansados de no
encontrar a su media mitad que quieren una compañera que además no sea
simplemente una inmortal sino que tenga ciertas cualidades. Lo de qué tenéis
que hacer imagino que erróneamente piensan que acabaréis formando una
familia incluso con amor. —contestó reflexionando en alto más que otra cosa.
—¿Y qué piensas hacer? —pregunté nerviosa.
—Nada, no piensa hacer nada. —contestó Johanna haciendo que ambos la
mirásemos—. A este chico le damos pena, quizá no es lo que él haría, pero no va
a hacer nada en contra de Lucke; Parece que olvidas que además del líder es su
hermano. —añadió.
—¿Tú no tienes filtro? —preguntó Aker mirándola.
—No lo necesito, si voy a pasar la eternidad unida a un idiota con dinero lo
menos que puedo hacer es desahogarme y no hacerme esperanzas falsas sobre
salir de aquí. —contestó levantándose.
—Si no quisiera ayudar no hubiera averiguado nada al respecto. —dijo él
indignado.
—Si quisieras ayudar de verdad no habrías tardado tanto tiempo en venir. —
acusó ella.
—Tengo que irme. —afirmó Aker volviendo a subir al conducto de
ventilación.
—Aker. —Le llamé cogiéndole del brazo—. Quiero hablar contigo. —susurré
—. A solas. —añadí.
—Estate atenta al conducto de ventilación. —murmuró cerca de mí antes de
irse.

Mi cabeza iba sola constantemente hacia el conducto esperando que, en
cualquier momento, apareciese Aker para volver a hablar. Johanna había salido
en busca de Marie para intentar convencerla de ser un trío unido llegado el
momento.
Un ruido metálico llegó hasta mis oídos sorprendiéndome haciendo que me
levantase; En un primer momento creí que se trataba de un sonido exterior
puesto que no vi que se quitase la rejilla pero fijándome más de cerca vislumbré
un papelito atascado.
Me subí a la litera para adquirir la nota y la abrí con cierta expresión de
sorpresa.
“Esta noche iré a buscarte para tener esa conversación”
Desde luego no parecía muy hábil en el noble arte de la palabra, pero al
menos tendría la oportunidad de verle cara a cara y saber por fin si iba a
ayudarme en el plan que estaba formando en mi cabeza.
Si no había calculado mal, quedaban cincuenta días para terminar el
entrenamiento y después cada una tendría que irse con el hombre que la hubiera
comprado; ¿Qué pasaría con las que nadie hubiese elegido para ese entonces?
Bueno, daba lo mismo porque para ese preciso instante estaríamos iniciando un
viaje suficiente lejos como para que no nos encontrasen.

Las horas esperando se hicieron interminables, casi más que cuando me
encontraba esperándole la última vez y me había lanzado esa maldita nota.
Por lo menos Johanna había caído rendida en la cama y no estaba
preguntándome constantemente qué esperaba y cómo era que no me daba cuenta
de que Aker era tan vampiro como los demás; ¿Por qué entonces a mí me había
parecido diferente desde el primer momento?
Unas manos aparecieron, tras quitar la rejilla, colgando. Me quedé
observando, si pensaba que sin verle la cara iba a darle mis manos estaba loco;
Asomó su rostro exasperado e hizo gestos para que fuese hasta allí antes de que
mi compañera de habitación se levantase.
—Vamos Carol, es para hoy. —exclamó Aker bajito.
—Ya voy. —contesté enfurruñada.
Me acerqué sin saber bien qué pretendía y alcé las manos en su dirección.
Pegó un tirón de mí con una fuerza sorprendente para hacerme entrar en el
conducto de ventilación haciendo que nuestros cuerpos quedasen muy pegados.
—Dime. —dijo sentándose entre los metales.
—¿Vamos a hablar aquí? —pregunté irritada.
—¿Y dónde quieres que hablemos? ¿Quizá desea ir a un restaurante la
señorita? —cuestionó burlándose de mí.
—Pues si tu hermano no fuese un animal sin escrúpulos por lo que yo sé
estaríamos pasando por esto sin penurias para acabar en una comunidad donde
podría ir a un restaurante para tener una conversación como tú dices. —repliqué
entrecerrando los ojos.
—¿Ves? Puedes hablar aquí perfectamente. —respondió.
—¿Desde dónde coges el conducto? —cuestioné pensando en nuevas vías
para mi plan.
—¿Importa? —interrogó tocándose el cuello—. En mi habitación. —añadió
exasperado.
—Pues vamos ahí a hablar. —sugerí cansada de estar encogida.
—¿A mi habitación? —Mi opinión parecía haberle escandalizado—.
Sígueme. —añadió con voz grave.
Llegamos a un punto del conducto en el que se detuvo para sacar una rejilla y
desaparecer de un salto hacia abajo. Esperé un rato a que volviese con la
incertidumbre en el cuerpo.
—¿Quieres bajar antes de que venga alguien? —cuestionó con voz cansada.
Me asomé viendo como esperaba con los brazos levantados a que saltase
hacia él.
¡Como dejase que me cayese lo mataba!
Sus manos agarraron mi cintura y nuestros ojos quedaron a la misma altura.
La profundidad de sus pupilas parecía esconder una existencia larga y algo
tormentosa.
—¿Qué escuchaste de ese hombre además de que vamos a ser vendidas como
mulas? —cuestioné intentando iniciar la conversación.
—Nada más. —aseguró paseándose por la habitación evitando el contacto
visual.
Su cuarto era muy distinto al de las elegidas; Cama de matrimonio, buenas
sábanas, una puerta que deducía que daba a un baño privado.
—¿Tiene razón Johanna? ¿No harás nada por ayudarnos? —interrogué
sintiendo el corazón en un puño.
—¿Qué se supone que puedo hacer yo? —cuestionó sentándose en el borde
de la gran cama.
—Tú no eres como los demás vampiros que hay aquí. —murmuré como si
fuese una necesidad para mí que fuese cierto.
—No estoy de acuerdo con lo que está haciendo Lucke, pero es mi hermano.
Sé que tienes un plan, lo veo en tus ojos Carol… Ya estoy faltando al deber de
proteger el clan y a las decisiones de su líder. —Se pasó las manos por el pelo
sedoso.
—¿Y por qué no me delatas? —cuestioné sintiendo calor en las mejillas.
—¿Y por qué mentiste cuando ni siquiera nos conocíamos diciendo que iba a
llevarte dentro cuando no era lo que estaba haciendo? —contraatacó.
—Vi algo diferente en ti. —confesé tan bajito que no estaba segura de que me
hubiese oído.
Fui hasta él inconscientemente y puse mis manos sobre sus hombros. Aker
elevó el rostro hasta mirarme tras sus pupilas azules que me hacían sentir
idiotamente seguramente allí.
Deslizó sus dedos por mi cadera para acercarme aún más. Olí su fragancia
masculina con una mezcla de jabón limpio y menta fresca.
Me acercó lo suficiente como para que nuestras narices se tocasen. Su boca se
posó en la mía inundando mi cuerpo con una sensación de calor irremediable.
Acaricié el perfil de su mandíbula cuadrada deteniéndome en el lugar donde su
pulso palpitaba.
—Carol… No quiero que confíes en mí… —susurró junto a mis labios—.
Soy casi un animal y respondo ante mis instintos más primarios por incorrectos
que sean, eso no significa que vaya a hacer lo que sea que esperas de mí. —
añadió en una clase de advertencia.
—Correré ese riesgo. —aseguré lanzándome hacia él.
Mi corazón aleteaba incesantemente ante el compás de mi cuerpo cayendo
sobre el colchón para quedar debajo del cuerpo fibroso de Aker. Notaba cada una
de sus extremidades sobre mí y le toqué para comprobar de alguna forma que era
real. Palpé sus abdominales levantándole la camiseta de algodón hasta hacer que
se la quitase tirándola a algún lugar de la habitación mientras él recorría la línea
de mi cadera con sus dedos.
Besé su cuello y, por un momento de confusión quise morderle. Salivé
sintiendo la necesidad correr por mi garganta e incluso quise probar la sangre de
Aker.
—Carol, es normal lo que estás sintiendo, es parte de la transformación
querer beber sangre. —dijo parando para mirarme directamente a los ojos.
—Pero no me había pasado hasta este momento. —aseguré entre asustada y
desesperada por probarle.
—Deberías volver a tu habitación. —comentó separándose del todo
poniéndose de pie.
—¿Por qué? —interrogué jadeando por mi nueva necesidad desconocida de
morderle.
—Porque esto es un error, y sea lo que sea que tengas en mente no saldrá
bien; Lucke es muy inteligente y yo…No pinto nada en esta historia. —aseguró
poniéndose la camiseta.
La furia estaba en mi interior en aquel momento, me incorporé suspirando y
me recoloqué la ropa.
—¡Abre la puerta! —ordené.
—Tienes que salir por el conducto de ventilación. —contestó.
Quitó la rejilla y me hizo un gesto para auparme hasta el metal deslizante.
—No necesito que me acompañes. —escupí enfadada.
—Carol no te vayas así. —exclamó.
No quería escucharle, necesitaba alejarme de Aker para pensar; Si él no iba a
ayudarme solo tenía una razón más para querer salir de allí lo antes posible.
Capítulo 6
Aker

La conversación con Carol no había salido precisamente según lo planeado.


Ella esperaba de mí algo que yo no podía darle; ¿No era capaz de entender que
me encontraba contra la espada y la pared?
Por supuesto que no estaba de acuerdo en absoluto con que las vendiesen y,
tras hacer las averiguaciones pertinentes, ni siquiera pensaba que pudiese salir
bien; Pero eso no significaba que pudiera salir de mi cuarto y echar a bajo el
mandato de mi hermano.
Sabía que Carol no me estaba pidiendo exactamente eso pero lo que no
parecía comprender era que si las ayudaba, vendrían más elegidas en la misma
situación injusta y no había nada desde mi posición que yo pudiera hacer.
Me tumbé en la cama mirando al techo mientras intentaba olvidar la
sensación de mi cuerpo al entrar en contacto con el de Carol la noche anterior; Si
bien el instinto natural de morder que ella había sentido era normal por el poco
control que podía ejercer todavía sobre él, no era del todo normal que yo sintiese
la misma necesidad. Había oído a lo largo de los años que entre parejas era algo
usual pero yo jamás, quitando mi madurez de vampiro y la transformación, había
sentido esa necesidad.
Unos golpes en mi puerta me sobresaltaron y salté de la cama convencido de
que podía volver a ser esa inconsciente de Carol, pero me encontré de frente con
Jack que me andaba buscando.
—Jack… —murmuré sorprendido—. ¿Te puedo ayudar en algo? —pregunté
terminando de coger mis cosas para dirigirme al entrenamiento.
—Tu hermano te está buscando. —contestó muy serio.
No me dio buena espina su comportamiento pero aún así decidí seguirlo con
mi mejor disposición, no me interesaba levantar ninguna clase de sospecha.
Seguí a Jack a paso lento por el pasillo lateral del cuartel que llevaba hasta el
despacho de mi hermano donde yo había estado en tan pocas ocasiones; Era allí
mismo donde suponía que planeaba todos sus asuntos turbios.
¿Qué probabilidad había de que hubiera descubierto algo respecto a Carol?
Mi cabeza daba vueltas mientras mi rostro seguía pétreo para asegurarme de que
no era yo mismo el que me delataba; La parte más inteligente decía que si
hubiera sospechado algo ya estaría atado de pies y manos por alguno de sus
esbirros para asegurarse de que no hacía nada.
—Hermano, pasa… —Lucke estaba serio y pensativo.
Aquella combinación hizo que un escalofrío bajo pasara por mi espalda
mientras me encargaba de mirar las opciones de mi alrededor.
—¿Hay algún problema? —cuestioné controlando mi propia inquietud.
—Pues resulta que sí. —contestó haciendo que todos saliesen para dejarnos a
solas.
Mejor, un cuerpo a cuerpo era factible.
—¿Y? —pregunté sentándome frente a él.
—Tenemos a los renegados preparando un ataque. —explicó quitándome sin
saberlo un gran peso de encima—. Resulta que los demás clanes quieren que
desviemos gente para atender ese asunto. —añadió con cara de fastidio.
A veces podía ver a través de sus gestos al niño que había sido y que había
jugado conmigo bajo el cariño de nuestros padres.
—Vaya… —murmuré aparentando mi comprensión.
—No es un buen momento para perder gente del cuartel. —aseguró más para
él mismo que para mí—. Puedo enviar a soldados del pie de la montaña pero sin
un cabecilla será tan útil como tirar piedras. Me daría igual por otra parte si las
demás hordas no fuesen a sentirse molestas con mi poca colaboración; ¿No se
dan cuenta de que yo ya estoy haciendo algo sublime por nuestra comunidad? —
exclamó enfadado.
—¿No lo entienden? —pregunté entonces aprovechando la brecha del enfado
para intentar averiguar algo que ni siquiera había contemplado.
¿Cómo se sentiría el resto de la comunidad, lejos del propio clan, sobre lo que
Lucke estaba haciendo? Había quien debía saberlo y estar de acuerdo porque esa
gente era la que pagaba para obtener una al finalizar el entrenamiento, pero me
despertó la curiosidad de saber qué postura había en general o si poca gente era
conocedora de lo que estaba pasando.
—¿Ves? ¡Tú mismo entiendes que es una necesidad! Y tú siempre has sido el
ético de las dos: Tener una compañera que pueda protegerse sola es necesario
para no poner la vida de los vampiros en riesgo. —dijo volviéndose a sentar.
Aquella frase removió algo dentro de mí porque me hizo descubrir el origen
de su locura.
—Lucke. —Iba a decirle que se estaba equivocando pero vi sus ojos llenos de
rabia y dolor confirmando que no estaba en posición de entender nada.
—Escucha, Aker, tienes que ser tú. —afirmó de repente.
—¿Yo? —interrogué sin comprender a qué se refería.
—Estás de acuerdo con esto y eres mi hermano. Da igual si en el pasado
hemos estado en desacuerdo o no; Además eres un excelente guerrero. —Asintió
como si se convenciese de lo que estaba diciendo—. Tú irás de cabecilla con
algunos soldados de la montaña al consejo de clanes y de ahí a la erradicación de
los renegados. Nadia dudará de que he dado lo mejor de aquí si vas tú que
cuentas como veinte vampiros rasos. —confirmó con una sonrisa de oreja a
oreja.
—Está bien. Mañana por la mañana saldré hacia allí. —dije ganándome una
palmada en el hombro.
Salir de aquella sala, pese a que estaba seguro de que no corría peligro,
significó quedarme con algo clavado en el pecho: Nunca me había parado a
pensar en por qué lo estaba haciendo y si lo había hecho no descubrí lo que
existía detrás; No era más que el deseo de un niño.
Mi padre había muerto protegiendo a mi madre en un ataque de renegados
siendo nosotros todavía inexpertos en el arte de la lucha; ¿Quería decir eso en la
cabeza de Lucke que la culpa de la muerte de mi padre era de mi madre por no
haber estado preparada para luchar?
Fui directo a mi habitación cruzándome con Carol que volvió su rostro en
dirección contraria para no obtener contacto visual; Mejor así.
Me deshice de la ropa que llevaba y me vestí como instructor para la
siguiente clase de las elegidas, como no me habían dicho nada quería aprovechar
la última lección para mandar un mensaje. Escribí en un minúsculo papel lo que
quería y me lo guardé en el bolsillo decidido a dárselo a la persona correcta.
Al salir Jack volvía a estar en mi maldita puerta e hizo un gesto con la cabeza
para que entrase en mi habitación.
—¿Pasa algo? —cuestioné entrecerrando los ojos.
—Soy perro viejo, lo sabes. —afirmó asegurándose de que nadie nos oía.
—Suéltalo Jack. —dije apretando los puños.
Él lo sabía, sabía que yo estaba planeando algo.
—Me da igual lo que estés haciendo, pero asegúrate que en tu cabeza está
también la orden de terminarlo antes del día del fin del entrenamiento. —
murmuró con los ojos muy abiertos.
Oía su respiración agitada y su mirada estaba algo turbia.
—Marie. —contesté entendiendo que Jack no quería que Marie saliese de
aquí con un vampiro rico por sus propios intereses.
—Me da exactamente igual cómo lo hagas y no me meteré en tus decisiones
siempre que sea así. —aseguró antes de girarse para irse.
No pude parar de pensar en lo que acaba de ocurrir por un buen rato; ¿Qué
sentiría yo de saber que habían comprado a Carol? Una furia desconocida se
instaló en mi pecho sólo de pensarlo haciéndome entenderlo: No dejaría que se
la llevasen rodasen las cabezas que tuvieran que rodar, incluyendo la de mi
hermano.
Caminé hacia las chicas haciendo que se colocasen en un círculo sobre la
tierra del exterior. Jack y Tom supervisaban la actividad mientras que mi mente
trabajaba en cómo dar la nota sin ser visto, al menos por Tom.
Estaba ya sumergido en enseñar la técnica de agarrar para tirar al suelo
cuando me percaté de que cuando cogí a una de las chicas Tom dejó de respirar;
Así que había habido suerte para mí y más de uno de los vampiros de mi clan
había sido hipnotizado con la daga del amor.
—Ahora me van a ayudar un instante mis compañeros; Jack con Marie y Tom
con Lenna. —aseguré sorprendiendo a ambos—. Johanna, tú irás conmigo en
esta ronda. —añadí.
Tumbé ágilmente a Johanna sobre la tierra y dejé caer en su mano la nota que
había escrito en mi cuarto. La miré significativamente y me levanté.
Finalizamos la actividad y todas accedieron a ir al comedor; Ya se notaba el
tiempo de entrenamiento tanto en el apetito como en la fuerza que tenían.
—Carol. —Sujeté su brazo a la altura del codo cuando estuve seguro de que
nadie estaba pendiente y la deslicé hacia el interior del pasillo—. Volveré. —
aseguré en un susurro antes de darle un beso profundo y pasional en los labios.
Sus ojos se turbaron confundidos y comprendí por qué no había nada que
Lucke pudiera hacer para que su plan funcionase: Cuando un vampiro
encontraba a su compañera no había barrera posible entre ellos.
—Aker… —murmuró intentando sujetarme.
Negué con la cabeza y volví a perderme entre la gente desapareciendo de su
vista.
Me quedaban veinticinco días exactos para conseguir romper todo el plan de
Lucke a base de buscar aliados en contra de su absurdo plan sin dar con ninguna
pieza involucrada en el sistema. No podía fallar, y no porque significase mi
muerte sino porque significaría que Carol iba a parar a la casa de alguien que la
hubiera comprado por el mero hecho de tener a alguien que considerase digna.
Metí ropa en la bolsa de color verde militar y respiré hondo justo en el
momento en el que percibí que mi madre estaba entrando a mi cuarto.
—Madre… —murmuré sorprendido.
Minerva no se caracterizaba por relacionarse mucho con la gente del cuartel,
ni siquiera con Lucke y conmigo. Parecía no estar de acuerdo con nada jamás.
—¿Recuerdas lo que te dije? —cuestionó poniendo a trabajar mi memoria.
—Sí. —contesté escuetamente recordando el discurso sobre que Lucke no era
tan malo.
—Entiendo tu decisión y es la que deberías haber tomado hace mucho tiempo
pero ten en cuenta que quizá tú tampoco hubieras estado preparado en aquel
momento. —anunció como si viera más allá de lo que yo mismo sabía.
—No sé qué quieres decir. —dije resoplando.
—Pues piénsalo. —contestó antes de abrazarme.
No era que no entendiese que se refería a que no le hiciese daño a mi
hermano, pero no sabía qué quería decir que yo no hubiera estado preparado
tampoco. A mí que fuese el líder me daba exactamente igual, sólo quería
conseguir que se olvidase de su estúpida idea sobre vender elegidas y se centrase
en mantener la paz tanto con otros clanes como en alejar a los renegados de
nuestras comunidades.
Capítulo 7
Johanna

Me dediqué a comer junto a las chicas sin poder olvidarme de la nota que
llevaba en el bolsillo cuyo emisor había sido Aker. Crucé miradas con Carol
esperando que me dijese, siempre tan expresiva, que ella también tenía una pero
no fue así. Sabía que debía leerla cuanto antes pero no veía la oportunidad así
que comí todo lo calmada que pude haciendo hincapié en mirar también a Marie
que pese a ser evidente que no estaba de acuerdo con el sistema y que algo no le
cuadraba no daba su brazo a torcer para hablar con nosotras sobre ello.
Comprobé que entre el resto de chicas había algunas que parecían incluso
contentas de su situación; ¿Podían de verdad no darse cuenta de que existía algo
turbio detrás de todo aquello?
—A las habitaciones. —ordenó Tom.
Terminé mi vaso de sangre hasta la última gota notando como cada vez más
era una necesidad para mí beber ese líquido color escarlata que ellos conseguían
para nosotros.
—Lenna, deberías terminarte eso. —dije mirando el contenido de sangre casi
lleno de una de mis compañeras con la mirada cabizbaja.
—Deberías hacerle caso. —contestó Tom saliendo inesperadamente a nuestra
espalda.
Ella apuró el vaso y con cara de asco salió junto a mí hacia el pasillo; Estaba
claro que a algunas nos costaba menos que a otras aceptar lo que éramos.
—¿Vas a dormir? —cuestionó Carol sorprendida cuando me vio meterme en
la cama. Asentí sin dar más explicaciones intentando que entendiese que no era
momento de molestarme, pero ella parecía perdida en sus propias
preocupaciones—. ¿Has visto a Aker después del entrenamiento? —cuestionó
haciendo que me girase para mirarla.
—No; ¿Por qué? —interrogué esperando que sacase una nota de su dichoso
bolsillo.
Nada…Él… Ha actuado raro conmigo. —dijo algo decepcionada.
¿Qué se le pasaría por la cabeza a Aker? No confiaba en él porque no lo hacía
en nadie que estuviese allí; Me daba igual si no era el cabecilla de la orden o si
no quería poner su maldito culo en riesgo: Mirar para otro lado también era ser
cómplice de aquella maldad sin necesidad.
Noté hundirse la cama de arriba, que era la que había elegido ocupar Carol
desde que nos juntaros posiblemente para estar más cerca de la rejilla, y me
dispuse a leer el contenido de la nota. Me sorprendí de ver todo lo que había
escrito en una nota tan pequeña.
“Conozco a mi hermano, Johanna; Nunca haría algo como esto sin quedarse
una prueba de su grandioso plan así que me veo en la necesidad de darte esta
carta.
Lucke es suficiente vanidoso como para escoger a la que considere mejor y
eso, objetivamente viendo los entrenamientos, significa elegiros a Carol o a ti.
Es por eso que necesito que seas la única opción para él haciendo lo que sea
necesario para ello.
¿Crees que es por celos? Déjame contarte una cosa: El olfato de un vampiro
es sobrehumano y no puedo garantizar que si se acerca a Carol no perciba el
rastro de mi olor. Además podemos sumar el carácter de Carol a las cosas que
podrían no salir bien.
No le digas nada a ella.
Me dijiste una vez que ella confiaba en mí; Hazlo ahora tú en mí.
Volveré a tiempo.
A.”
Releí el contenido de la carta varias veces hasta que la arrugué para meterla
debajo de mi almohada al notar que Carol se movía ahí arriba.
¿Cómo iba yo a confiar en Aker si nunca había confiado en nadie? ¿Qué otras
opciones tenía? Mi plan era hacerme suficiente fuerte como para montar un
revuelo junto a otras y escapar, pero no había ninguna garantía de que pudiese
salir bien… ¿Qué perdía por intentar lo que él me decía?
—Johanna. —Carol me sobresaltó mientras pensaba y di un salto para salir de
la cama—. ¿Qué te pasa? Han llamado para ir fuera. —anunció con la ceja
levantada.
—Me he quedado pensando en las musarañas. —afirmé saliendo detrás de
ella.
—¿Ves a Aker? —preguntó Carol en el exterior girando la cabeza de un lado
para otro.
—Deja de buscar con esa intensidad o se darán cuenta, ya vendrá. —aseguré
sintiéndome mal por no decirle que en tenía una carta donde ponía “Volveré”
porque tener que volver implicaba necesariamente que se había ido.
—Sí, tienes razón. —murmuró colocándose en fila como todas.
—Bien, esta tarde vamos a practicar de nuevo el cuerpo a cuerpo porque
estáis en un estado avanzado del proceso y no necesitáis tanto tiempo de
descanso y recuperación. Por parejas. —ordenó Jack.
Me coloqué frente a Carol escogiéndola como pareja aunque siempre
intentábamos no ir juntas en esa clase de actividad; Si íbamos por separado
ambas podíamos destacar por encima del resto. Marie también lo hacía en el otro
extremo y pareció mirarnos interrogativamente.
—¿Qué haces? —interrogó Carol.
No contesté y me dediqué a mirar al frente como si escuchase las
explicaciones de Jack. Un cuerpo a cuerpo podía ser decisivo para que Lucke
escogiese y eso pensaba hacer.
Nuestros cuerpos se movían al compás de una canción invisible en la que
recibir y esquivar era la única regla. El sudor se instaló en mi espalda de una
manera fría recordándome que debía ganar.
—Ahí está Aker. —murmuré engañándola.
Su despiste fue suficiente para propinarle una patada y tumbarla poniéndole
mi bota en su nuez.
Hubo aplausos mientras ella, desde el suelo, me lanzaba una mirada cargada
de desconcierto y odio a partes iguales.
—Johanna. —Lucke me llamó directamente instalándose en mí la sorpresa de
lo fácil que había sido—. Ven a verme aquí fuera después de la cena. —dijo a
modo de orden tras lo que yo asentí.

El agua corría por mi piel en la ducha quitándome cualquier rastro de tierra
que hubiera quedado tras el entrenamiento cuando un golpe en la puerta de la
ducha me sobresaltó. Carol entró señalándose la cara.
—¿Me ves cara de idiota? ¿A qué diantres ha venido eso? —cuestionó
enfadada.
—Baja la voz. —ordené intentando mantener la serenidad.
—¿Qué baje la voz? Me has traicionado ahí fuera. —afirmó cruzándose de
brazos.
—He hecho lo que tenía que hacer, Carol; No puedes pensar mal de mí a estar
alturas por la primera cosa que pase. —aseguré dolida.
—Pues explícamelo. —dijo sin bajar la guardia.
—Tú confías en un vampiro que no conoces pero no en tu supuesta aliada…
Carol…Necesito ser mejor que tú y no puedo explicarte por qué…Déjate. —
Dejé salir el aire de mis pulmones a la espera de su respuesta.
—Está bien, pero espero que sirva para algo. —contestó confusa antes de irse.
Aquel “Está bien” significó mucho para mí porque, de alguna forma, había
aceptado que nosotras éramos amigas y eso implicaba confiar hasta en lo que no
se comprendiera.

El último trago de sangre me supo amargo debido a los nervios instalados en
mi estómago. Vi por el rabillo del ojo a Lucke levantarse y caminar hacia el
exterior del cuartel así que me dispuse a seguirle. Pensé por un instante que
alguien me detendría o me preguntaría a dónde iba, pero él debía de haber dado
las indicaciones pertinentes.
—Hola. —murmuré de manera tímida al llegar a la espalda de Lucke.
—Hola. —contestó mirándome solo un instante antes de devolver su vista
hacia la luna llena que iluminaba todo.
¿Qué había esperado de esa conversación y por qué me encontraba tan
nerviosa? Me fijé en silencio en el rostro de Lucke y pude descubrir que no era
tan distinto de Aker en los rasgos perfilados aunque sus ojos eran verdes y su
pelo negro afilando sus facciones. Parecía pensativo y solo apoyé mi espalda en
un árbol cuestionándome qué estaba haciendo.
—Si quieres que vuelva dentro… —sugerí ante el paso de los minutos.
—No. —contestó con urgencia—. ¿Qué tal van los entrenamientos? —
cuestionó como si no supiera bien qué decir.
¿Cómo podía parecer tan perdido alguien que dirigía una operación a gran
escala de entrenamiento y venta de elegidas?
—Bien, estoy notando muchos cambios físicamente hablando. —contesté sin
ninguna clase connotación.
Se giró de pronto para repasarme de arriba a abajo con sus ojos haciendo que,
sin pretenderlo, mis mejillas se vieran sonrosadas.
—¿De dónde vienes? —cuestionó dejándome aturdida.
Él parecía tan normal…Si al dar órdenes era lo contrario en aquel momento
incluso resultaba conmovedor que aquello pareciese una cita corriente.
—Soy de un pueblo cerca del desierto del Sáhara, mi familia tenía un
comercio viajero; Según las temporadas íbamos de un lado para otro. —contesté
encogiéndome de hombros.
—¿Y dónde estabas cuando te encontraron? —preguntó clavando sus ojos en
mí.
—En Estambul, cerrando un acuerdo de venta de telas. —dije sabiendo que
era cierto y no tenía nada que esconder.
—¿Te gusta ser una elegida? Quiero decir… ¿Entiendes que tenéis que
formar parte de la comunidad para preservar la raza? —cuestionó sin dejar de
analizar mi comportamiento.
—Sí. —murmuré.
No pudo notar nada en mí distinto a lo que había contestado porque
ciertamente lo entendía, pero no podía comprender la necesidad de entrenarnos y
vendernos; De hecho, no veía mal que nos quisiesen dar medios para ser útiles
pero no con aquellos fines.
—¿Te gusto? —interrogó de pronto haciendo que mi respiración dejase de
existir.
—Eres…Atractivo. —afirmé sintiendo que aquella situación me superaba.
—Supongo que sí… —murmuró desviando su mirada—. Vuelve adentro
Johanna, ya hablamos otro día. —afirmó pensando en a saber qué.
Una rabia desconocida hasta el momento se instaló en mí; ¿De qué iba todo
eso? Entendía que se quedase con la que considerase su mejor opción porque
solo pensaba en su estúpido ego de líder que emprende un negocio con las
elegidas, pero no venía a nada ponerme contra la espada y la pared porque…
¡Mierda! Había contestado que me parecía atractivo y era cierto… ¿Qué cojones
pasaba por mi cabeza? ¿Y por qué me había sentado tan mal que me mandase de
nuevo adentro?
—¿Y tú? —interrogué sin poder callarme aunque era lo que debía hacer.
—¿Y yo qué? —replicó sorprendido.
—¿Me ves atractiva o sólo soy la que mejor pelea? —desafié aunque dejaba
ver en cierta manera mis cartas.
Aker me iba a matar, no era capaz de cerrar el pico; Lo mismo que le había
dado miedo de Carol era lo que iba a hacer que todo se fuera al traste: Mi
maldito genio era mi perdición.
—¿Qué te hace pensar que eres la que mejor pelea? —Se acercó a mí con sus
ojos verdes brillantes por alguna clase de emoción.
—Lo soy. —afirmé sin dejar de mantener su mirada.
—Lo eres… —confirmó riéndose aunque nunca antes le había visto hacerlo
—. Ve a tu cuarto, tengo cosas que hacer. —dijo de pronto como si algo
cambiase en su cabeza. Me di la vuelta dispuesta a hacer lo que me decía—.
Johanna. —Su llamada repentina hizo que me parase pero ni siquiera me diese la
vuelta para enfrentarle, no podía—. Sí, me resultas muy atractiva. —dijo en un
susurro antes de desaparecer.
Capítulo 8
Aker

La comunidad estaba exactamente como la recordaba, llena de lugares y


gente que hacía sus vidas más allá de si éramos vampiros o no. No se dedicaban
a la guerra con los renegados y aunque si era algo grave daban apoyo sólo los
que seguían en el tema batalla eran los que se preocupaban del toque de ayuda.
Mi madre pensaba que tanto mi hermano como yo ya habíamos dedicado
demasiado tiempo de nuestras vidas a la guerra y a los cuarteles en detrimento de
pasar a la comunidad como sujetos de bien para buscar a nuestra media naranja;
Quizá tenía razón…
Llegué al consejo de coalición para la lucha contra los renegados, aquellos
vampiros que seguían queriendo una raza superior a la humana a la luz para la
esclavitud de los humanos y la mejor vida de los no mortales, deteniéndome a
observar a quién había mandado cada clan para la misión. Desde luego
resultábamos ser un grupo aterrador si juntábamos nuestras experiencias.
Conocía a todos y cada uno de ellos, pero no podía jugármela desde un
principio para saber quiénes estaban al corriente de los planes de Lucke.
—Aker… —Hermes me saludó con afecto seguramente recordando aquella
última batalla en la que le había salvado la vida—. Siempre es un placer saber
que contamos con alguien como tú en las primeras líneas. —afirmó a modo de
halago.
Hermes era el hermano pequeño de Jeremías, líder de un clan más al norte.
Podía llegar a ser un buen aliado y me debía la vida de más de un familiar de su
clan.
Estudié a los presentes dándome cuenta de una gran verdad; Todos ellos eran
aliados de nuestro clan desde la época de nuestro padre y casi todos habían
expresado su apoyo a mí en algún momento… ¿Estarían dispuestos a meterse en
un derrocamiento?
No sin más. Yo tampoco lo haría si fuera ellos así que… Necesitaba un plan
mejor.
Iba a ir al pie de la montaña a visitar a nuestros soldados y en especial a
nuestra comunidad; Sabía que en la antigüedad al líder lo elegía la elección
popular y eso mismo pensaba instaurar, más allá de si el elegido era de fuera de
mi familia.
Si conseguía que todo el mundo quisiera una votación no podía emprender
una represalia común porque si se le ocurría hacer tal cosa….El consejo de
coalición tendría un motivo para intervenir.
Oí la reunión sobre los renegados de fondo mientras intentaba tomar una
decisión crucial dentro de mi plan que no hacía más que enredarse una y otra vez
en mi mente: Si no decía nada sobre el plan actual de mi hermano corría el
peligro de que un porcentaje no quisiera cambiar de líder aunque sabía que
existía un descontento con la impetuosidad de mi hermano, pero si cantaba sobre
la venta de las elegidas más de uno querría tomarse la justicia por su propia
mano poniendo en peligro la existencia de Lucke…
¿Estaba yo dispuesto a darle la oportunidad de cambiar? ¿Estaba convencido
de que la gente no deseaba que fuese su líder al margen de la barbaridad de las
elegidas?
Recordé las palabras de mi madre que resonaban con fuerza en mi cabeza
aunque no conseguía descifrarlas.
“Puede que de edad seáis iguales, puede que mil batallas estén en la espalda
de cada uno de vosotros; Pero el buen corazón que tú tienes puede llegar a ser
tu perdición si no estáis en el mismo bando.”
¿Significaba eso que debía ir con todo aun siendo mi hermano y no dejar que
el propio rechazo del pueblo como líder fuese su baño de humildad?
Escribí una carta con todo el detalle que pude sobre la soberanía de aquellos
que componían un cuartel y su derecho a decidir libremente quién les dirigía.
Incluí el hecho de que la inmadurez de Lucke al tomar el mando posiblemente le
había condenado a no poder ser un buen líder aún teniendo actitud para ello, y
propuse una fecha para la intervención del cuartel en activo: El día calculado
como final en el proyecto de los renegados.
Las envié a cada cabeza de familia de mi comunidad y sentí que algo pesaba
dentro de mí: Alguien leal a Lucke se lo diría antes del día indicado; Sólo él
podía saber cómo iba a reacciona aunque no supiera quién había propuesto al
idea porque la carta no llevaba remitente.
Mi pulso se desbocó por un instante al recordar a Carol y tuve que decirme
mil veces a mí mismo que Lucke no era conocedor en absoluto de lo que yo
sentía por ella; No podía usarla en mi contra. Además… ¿Por qué iba a pensar en
mí cuando yo me encontraba en plena lucha con los renegados?
Puede que alguien pensase que no era la mejor estrategia del mundo, y quizá
tenía razón, pero había una verdad en todo aquello: Era fácil silenciar al
mensajero, pero no tanto a un pueblo entero conocedor del mensaje.
Me aseguré de no dejar rastro al enviar las cartas y también me acordé de
enviarme una a mí mismo para no levantar sospechas antes de tiempo para
después sumergirme de lleno en la tarea de organizar una batalla con renegados
en la que quedasen los menos de los nuestros perdidos posible.
Lo que siempre teníamos a favor de nuestras intervenciones era la poca
organización que caracterizaba a los renegados, vampiros poco dispuesto a
aceptar que debíamos permanecer ocultos pese a ser superiores como raza.
En vez de ir a por ellos dejaríamos que fuesen ellos los que llegasen hasta
nosotros porque eso nos facilitaba tener el terreno deseado y estudiado para tener
una perfecta emboscada.
—Es un plan perfecto. —dijo Hermes mirándome cuando terminé de contar
cuál sería mi método perfecto para ganar.
—Aker. —Un soldado raso interrumpió nuestra planificación dejándonos por
un instante sorprendidos—. Tu… Tu hermano está aquí. —anunció
tartamudeando.
¿Qué? ¿Qué diantres hacía Lucke ahí abajo? ¿Había dejado solas a las
elegidas?
—Un momento. —murmuré antes de salir.
Tenía el pulso a mil por hora cuando salí por el pasillo en busca de mi
hermano al que enseguida vi venir hacia mí como un loco; ¿Qué hacía? ¿Le
atacaba?
—Hermano. —Su tono no pareció de ataque y tuve que pararme en seco para
dejarle venir hasta mí—. ¿Te ha llegado una maldita carta? —cuestionó agitando
un trozo de papel—. Alguien está intentando deshacerse de mí y es suficiente
cobarde como para esconderse. —gritó al borde de la ira.
—Lo he leído. —contesté improvisando porque ni en mil vidas había pensado
que él iba a recurrir a mí.
—Necesito tu ayuda, que vuelvas al cuartel hoy mismo. Ya he traído conmigo
a Phillip, él ocupará tu lugar aquí. —aseguró empezando a andar hacia fuera.
Le seguí calculando qué probabilidad había de que supiera la verdad y fuera
un truco; Ninguna, Lucke era demasiado impetuoso para andarse con rodeos si
pensaba en venganza.
—¿Qué harás al respecto? —interrogué sintiéndome algo mezquino por saber
que era yo mismo quien estaba detrás de su malestar.
—Necesito convencer a todo el mundo antes de ese maldito día de que soy el
mejor líder que podrían tener, porque lo soy. —afirmó totalmente convencido.
—¿Y qué hay de las chicas? —interrogué preocupado.
—Vamos a seguir con ellas como hasta ahora, por eso necesito que tú estés
ahí conmigo. Te vas a encargar personalmente de que terminen todo lo que
necesiten saber; Tienes de tiempo límite hasta el día antes de la maldita reunión
popular. —explicó montándose él primero en el coche militar.
—Pero eso reduce lo que queda de entrenamiento de a cinco días Lucke, no
estarán del todo preparadas. —aseguré sin querer delatar que sabía la parte de la
venta.
—Mira, Aker, sé que probablemente no termines de entender lo que voy a
decirte pero esas chicas tienen ya alguien esperándolas cuando termine el
entrenamiento. He avisado de que irán con cierta carencia y aún así quieren
continuar el proceso. —comentó nervioso.
—¿Alguien? ¿Se han enamorado como por arte de magia? —Mi pregunta
debió sonar demasiado mordaz porque detuvo el vehículo para mirarme
fijamente.
—Te aseguro que es posible. —afirmó dejándome extrañado—. Pero es algo
más complejo que eso. Tienes que ayudarme Aker, eres la única persona a la que
le confiaría esta tarea. —expresó volviendo a arrancar.
Miré a la nada por la ventanilla sopesando mis opciones; Me acababa de dar
un golpe directo al pecho porque Lucke jamás había confiado en mí y ahora que
lo hacía yo estaba detrás de la caída de su poder.
—¿Por qué ahora me ves como tu aliado? Nunca lo has hecho. —confesé aún
a riesgo de descubrir mi extraño sentimiento.
—Veo que ha pasado suficiente tiempo para eliminar las diferencias entre
ambos; Quizá ahora más que nunca considero que hemos crecido y estamos en el
mismo punto. Hora de sentar la cabeza, de pasar a segundo plano en las batallas.
—murmuró pensativo.
¿Qué acaba de decir? Miré a mi hermano casi como si no le reconociera;
¿Qué había podido pasar en veinticuatro horas desde que me había ido para que
lo viese tan cambiado?
—Es posible que tengas razón… —contesté dejando las palabras en el aire—.
¿Piensas que se adaptarán a sus nuevos hogares? —interrogué de nuevo a la
carga sin poderme quitar el peso que se me había instalado en el pecho.
—No lo sé, pero éstas al menos tendrán que hacerlo… —Su respuesta no era
para nada la que había esperado.
—Ya estamos aquí, vamos a hablar con ellas directamente. —ordenó
volviendo a mostrarse pétreo.
Anduve cabizbajo hasta el centro del patio exterior y como si fuese inevitable
para mí lo primero que vi fue los ojos verdes de Carol sorprendida de
encontrarme allí de nuevo. Justo después me fije en el rostro descompuesto de
Johanna; ¿No estaba feliz de verme? ¿Habría conseguido hacer lo que le había
pedido?
—Lucke. —Jack saludó con un movimiento de cabeza leve a mi hermano
pero sus pupilas recaían sobre mí—. No veo factible terminar el entrenamiento
de todas ellas en tan poco tiempo. —murmuró seguro de lo que decía.
—De todas no, pero sí de todas aquellas que tienen que irse antes de que
vengan los putos votantes de nuestro clan. —contestó Lucke furioso.
—Vale, dame esa lista. —Jack parecía más que preocupado por escuchar el
nombre de Lenna en esa lista.
—Marie, Victoria, Misha, Clara, Elena, Penélope y Carol. Las demás tienen
que salir de aquí hoy mismo. Excepto Johanna, ella también se queda aunque no
esté terminada su transacción. —aseguró Lucke.
Me quedé totalmente helado, Carol estaba entre las que habían sido
compradas y si no hacía nada pronto se la iban a llevar tan lejos bajo el custodio
de alguien tan poderoso como para pagar semejante cantidad donde ya no podría
volver a encontrarla.
Tenía cinco días para arriesgar sin opción a perder; Si fallaba, lo perdía
absolutamente todo.
Capítulo 9
Carol

Ver a Aker cuando estaba seguro de que se había ido sin decirme
absolutamente nada me dejó totalmente fuera de juego pero más lo hizo que
llegase hablando con su hermano de manera tan confidencial.
Mi corazón dio un vuelco deseando poder cogerle y preguntarle qué
significaba todo el misterio que le envolvía incluyendo el beso. Además, tenía
que comentarle el pequeño detalle sobre que la inconsciente de Johanna se había
bajado del barco de nuestro plan por un motivo que no conseguía comprender.
Había entrado ayer por la noche en nuestra habitación y cuando intenté hablar
sobre el plan supuesto de fuga su respuesta me dejó helada, “No me hagas
partícipe de nada más, suficiente hago callándome lo de Aker; No tengo
intención de jugársela a Lucke sin intentar conocerlo”. Evidentemente no
comprendí nada y aproveché el momento para cuestionar qué era “Lo de Aker”
para descubrir que mi querido vampiro diferente se había ido y además se
encargó de dejar la orden a Johanna de que me tumbase en las pruebas; Pero me
faltaba información sobre por qué si Johanna había estado dispuesta desde el
principio a ayudar tenía repentinamente esa actitud.
—Bien. —Jack fue el primero que se dirigió directamente a nosotras después
de hablar con los hermanos—. Vamos a tener que dividir el grupo a uno más
reducido por cuestiones logísticas así que se quedan aquí las que nombre y el
resto siguen a Tom hasta el camión; Marie, Victoria, Misha, Clara, Elena,
Penélope, Carol y Johanna.

Miré a mis compañeras, aquellas que nos quedábamos, para ver si alguna
entendía a qué se debía esa separación mientras mi mente sin hacer mucho
esfuerzo tenía una explicación; Éramos las vendidas.
Nos pusieron por parejas para practicar un cuerpo a cuerpo en el que nos iban
a exigir el máximo de los esfuerzos ya que, al parecer, debíamos tener la
preparación mayor posible en el menos tiempo del previsto; ¿Por qué? ¿Qué
había pasado para que Lucke, el vampiro pétreo, tuviera que cambiar sus planes?
Nos mandaron a las duchas y yo me encargué de parecer muy cansada para
que nadie sospechase sobre que me quedase rezagada en el cuarto cuando llegó
la hora de que nos dejasen salir a tomar el aire sin necesidad de entrenar.
—¿No vienes? —cuestionó repetidamente Johanna con una ceja levantada.
—Ahora voy, parece que me cuesta hasta atarme de nuevo las botas. —dije
sonando lo más despreocupada que pude.
Era algo curioso como una actitud, mirada o incluso un gesto en situaciones
como aquella te hacía desconfiar de incluso aquellas que habías querido
considerar amigas.
La vi salir y esperé todo lo que pude hasta que Aker pasó por delante de mí en
una conversación que parecía acalorada con Jack. Tosí a conciencia y ambos me
miraron; Lo que no había esperado era que Jack diese por finalizada la charla
con un golpecito en el hombro de Aker y desapareciendo mientras negaba con la
cabeza.
—Harás que nos pillen… —susurró acercándose a mí en dos zancadas.
—Yo también me alegro de verte. —murmuré sintiendo que era una gran
verdad que había salido sola de mí.
—Carol… —dijo subiendo la intensidad y el calor entre nosotros—. Estate
pendiente del conducto de ventilación esta noche. —añadió para después
carraspear e irse.
Sabía que si lo decía era que pensaba hacerlo y, precisamente por eso, mi piel
cosquilleaba a cada instante por los nervios; Mi subconsciente gritaba una y otra
vez que no era buena idea que mi corazón estuviese tan entusiasmado solo por la
idea de volverlo a tocar pero quién podía controlar esa emoción era otra
cuestión.
Paseé por el jardín junto a las demás y medio atendí a la explicación sobre
actitudes en la comunidad vampírica que eran aceptadas entre la multitud; Pero
eso no significaba que no percibiera el nerviosismo inusual de las que
quedábamos haciendo un gran hincapié en Johanna que parecía casi tan ida
como yo.
—Mi postre de la cena por tus pensamientos. —sugerí convencida de que no
me diría la verdad.
—¿Crees que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, Carol? —cuestionó
clavando sus profundos ojos enmarcados en mí.
—Pues… Imagino que sí. —contesté ante su pregunta espontánea.
—Es curioso, sabía que dirías eso. —afirmó con una media sonrisa antes de
levantarse de mi lado como si huyese de mí.
Me incorporé del asiento de la cena y la agarré del brazo haciendo que se
girase un instante para despejar mis propias dudas crecientes.
—¿Qué quieres decir? —interrogué molesta sin saber bien por qué.
—Quiero decir que estás tan convencida de tus opiniones que si algo te
parece correcto lo pones en “Blanco” y el contrario es “Negro”; La gente que no
ve la escala de grises en medio suele cometer injusticias. —dijo provocando mi
absoluto desconcierto—. Déjalo, creo que estoy cansada. —añadió.
Debía estarlo porque cayó rendida en su cama; ¿Por qué entonces sus
palabras me habían resultado bien meditadas? ¿A qué se refería?
El sonido metálico de la rejilla desprendiéndose llevó inevitablemente la
respuesta en mi rostro de una sonrisa y, en aquella ocasión, estuve dispuesta a
dejar que me elevase hasta el conducto de ventilación sin esperar a que me
enseñase su rostro.
—¿Y si no hubiera sido yo? —interrogó Aker tras sus preciosas pupilas
azules.
—Reconozco tus manos. —contesté encogiéndome de hombros—. Y tu olor;
De hecho creo que soy capaz de empezar a sentir tu presencia. —añadí pegando
mi cuerpo al suyo de manera casi involuntaria.
—No podemos hablar aquí. —susurró intensamente tras carraspear.
—Estabas muy convencido la última vez de que sí era posible. —afirmé
risueña sintiendo la tensión sexual que crecía entre nosotros.
—He cambiado de opinión… —aseguró sonriendo.
Su cuarto estaba exactamente igual que la noche anterior en la que habíamos
hablado allí, pero había una diferencia crucial: Nuestros cuerpos ya se conocían
de alguna forma y gritaban desesperados por el contacto.
—Pensé que no volverías… —murmuré colocando mi mano derecha en su
pecho.
—No te habría dejado aquí por nada del mundo. —contestó cogiéndome de la
cintura para acercarme aún más a él—. No volver a besarte habría sido peor que
mil años de soledad. —añadió consiguiendo que cortase mi respiración.
—En eso creo que tienes razón. —afirmé dándome cuenta de que para mí eso
era una realidad.
Extendí mis brazos alrededor de su cuello para rodearle y poder sentir más
cerca de mí su fragancia envolvente. Su nariz rozó mi cuello cuando me abrazó
con más fuerza, como si él necesitase también esa cercanía. Su cuello quedó
cerca de mi boca que se abría sin cesar movida por un jadeo de necesidad que
gritaba desde lo más profundo de mi ser que debía morderle.
—Hazlo. —concedió bajito sin separarse.
—No lo haré si tú no lo haces. —aseguré aunque podía notar cómo iban
creciendo de mí los incisivos que no había visto aún ninguna vez.
Su boca arañó con suavidad mi piel mientras yo intentaba hacer lo mismo; Si
alguna vez había podido pensar que el actor de morder o beber sangre no podía
reportar nada bueno, aquella sensación llena y placentera corriendo por mi
garganta para llenarme de vitalidad y satisfacción decía lo contrario.
Me centré en desatar mi pasión más primaria dejando a un lado los rasgos
vampíricos que podían caracterizarle o los de elegida que iban cambiando dentro
de mí para centrarme en el deseo que sentía que ardía sobre mi piel. Acaricié su
torso por encima de la ropa hasta que decidí que era el momento de deshacerme
de su camiseta para dejarme ver sus marcados abdominales y brazos
musculados. Paseé mis dedos trémulos por su piel hasta mirarle completamente
perdida; Aker cogió el mando como si siempre hubiese esperado aquel momento
y me di cuenta en ese preciso momento de que era un vampiro hecho para el
placer: Sabía tocar mi cuerpo como si de un arpa se tratase y con cada cuerda
activase una tecla de desenfreno dentro de mí. Estaba preparada para sentirlo tan
cerca como pudiese y así dejé que pasase; Sus manos por todo mi cuerpo, su
lengua en cada centímetro de mi piel, mis manos sobre las sábanas del colchón
hundiendo las uñas en cada embestida delicada y precisa que me hacían gritar…
Una única manera de callar mis gemidos, besos solapados entre palabras bonitas
que hacían que me sintiese única… Una única cosa importante: Dejarse llevar
hasta el último estallido de placer profundo que nos hiciese rendirnos sobre el
colchón.

Sus dedos paseaban por mi espalda delicadamente mientras yo permanecía
boca abajo sobre la cama intentando recuperar el aliento de lo que acababa de
pasar entre nosotros. Me sentía plena y feliz, como si nunca antes, por muy
placentero que hubiera sido, hubiese existido algo tan completo: Aker había
susurrado en algún momento que la conexión era única entre un vampiro y su
elegida.
—¿Por qué se han ido las otras chicas? ¿Qué van a hacer con nosotras, las
que estamos vendidas? —interrogué aunque muy dentro de mí no tenía ningunas
ganas de romper el momento.
—Va a haber una concentración de los cabezas de familia de nuestro clan para
hablar sobre el liderazgo de mi hermano y, posiblemente, votar a un líder nuevo.
—contestó rascándose el puente de la nariz.
Aquella conversación parecía no resultarle fácil a Aker y, aunque entendía
que se trataba de su hermano, creía que él tenía claro que lo que tramaba Lucke
no era bueno.
—Es perfecto; ¿A quién se le ha ocurrido semejante maravilla? ¿Va a pagar
por todo lo que ha hecho? —cuestioné entusiasmada buscando lentamente mi
ropa interior y colocándomela.
—Se me ha ocurrido a mí; Lo que ha hecho Lucke no está bien, pero no creo
que lo haya realizado con una mala intención. —soltó sin más levantándose de la
cama.
—¿Qué? Eso es absurdo. —afirmé enfadada mientras le contemplaba vestirse
—. Aker mírame. —ordené molesta aunque lo hizo—. ¿Me estás diciendo que
no va a pagar por habernos hecho pasar por eso? Hay chicas que han muerto. —
exclamé histérica.
—Tú no lo entiendes. —aseguró enfadado cuadrando su mandíbula.
—¿Qué tengo que entender? —pregunté irritada.
Aker era mucho más de lo que yo siempre había necesitado para mí pero sus
palabras me resultaban duras como puñales; Yo creía en la justicia, esa que
llevaba a alguien malo a pagar por lo que había hecho.
—Él no sabe, en realidad nadie sabe, que yo he convocado esa reunión.
Lucke lo pasará suficiente mal perdiendo el poder, te lo aseguro; Creo que es
suficiente castigo. Tampoco sabría decirte que hubiera hecho yo si me hubiesen
dejado al mando sin ninguna directriz tras el asesinato de mi padre. —afirmó
negando con la cabeza.
—Si por lo que fuese te hubieras comportado igual que él, querría que
pagases tanto como lo quiero ahora para Lucke. —volví a la carga
incesantemente.
Estaba fuera de mí. Terminé de ponerme la ropa todo lo rápido que pude y
señalé el conducto de la ventilación para que me alzase hasta allí: No quería
estar con él, no entendía como podía tener esa idea aunque fuese su hermano.
Me aupó y solo me soltó cuando estuvo seguro de que me había agarrado lo
suficiente; No pasó desapercibido para mi piel que acarició mi cadera más
tiempo del necesario.
—Carol. —Mi nombre en sus labios hizo que me girase para que le mirara—.
Te quiero. —dijo de pronto dejándome sin nada que poder decir—. Pero quiero
que pienses una cosa… Si todos hubiéramos pensado así te recuerdo que yo
estaba en el otro lado y tú intentaste escapar… Tomé la decisión de perdonarte la
vida cuando no debía y tú ahora harás lo mismo. —aseguró.
Fue a darse la vuelta cuando volví a asomarme para intentar alcanzarle. Me
volvió a clavar sus ojos azules con incertidumbre.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué decido yo? —interrogué sintiendo el pulso
desbocado.
—Yo no puedo controlar lo que tú haces… En unos días llegarán todos aquí y
harán su votación. Está claro que Lucke perderá el poder y nadie lo juzgará
porque no va desvelarse lo que estaba pasando aunque quede desmantelado. Pero
si eres incapaz de perdonar y vas a por él en algún momento…No tendré más
remedio que defenderte aún acabando con la vida de mi propio hermano. —
confesó.
Esas palabras fueron tan fuertes que, si pensé por un instante que no lo decía
de verdad, la duda se borró de la nada.
—Pero… —tartamudeé sin saber bien qué iba a responder.
—No es cuestión de que tú pidas mi ayuda, es que cuando encuentras a tu
elegida está por encima de cualquier cosa; Incluso si pienso que tus decisiones
no son correctas te protegeré con mi vida, pero piénsalo. —añadió.
Esa vez sí que no tuve ocasión de replicarle porque se fue de su habitación
convencido de que yo me iría por el conducto y así lo hice.
Avancé metro a metro arrastrándome por los paneles de ventilación hasta
llegar a la rejilla de mi cuarto donde me quedé petrificada al comprobar que
Johanna no se encontraba sola. Lucke estaba allí con ella.
—Creo que…Sabes que siento lo mismo pero eso no hará que me olvide de la
noche a la mañana de cómo te portaste con nosotras. —dijo Johanna.
No sabía bien de qué hablaban pero parecía una escena íntima que nadie
debía interrumpir; ¿Cuándo había pasado aquello?
—Cuando encuentras a tu elegida es algo irracional… Yo no pensaba que
existieras… —aseguró Lucke—. Pero tengo toda la eternidad para compensarte.
—añadió agarrándole las manos a mi amiga.
—Deja que el resto se vaya. —suplicó ella.
—No puedo hacer nada por las que ya han sido vendidas, pero si te sirve de
consuelo estoy seguro de que, la misma persona que esté detrás de lo de la
votación se encargará de eso. —afirmó Lucke poniendo los dedos sobre su
puente de la nariz.
Ese gesto se pareció tanto al que hacía Aker que me pregunté si además de
hermanos por fuera se parecerían algo por dentro.
—Creía que estabas furioso con lo de la votación. —murmuró Johanna
dejándose abrazar.
—Me he dado cuenta de que nada me importa más que haberte encontrado.
—confesó Lucke—. Y ahora me voy a ir para que tu amiga pueda bajar del
conducto de ventilación. —añadió haciendo que mi corazón diese un vuelco.
Lucke cerró la puerta al salir y yo quité la rendija aún algo asustada.
—Estabas ahí… —dijo mirándome con cierta cara de culpable—. Se ve que
en este mundillo una no elige de quién se enamora. —Johanna se encogió de
hombros para reafirmar sus palabras.
—Supongo que tienes razón… —aseguré llevándome la mano al pecho.
Mi mente era todavía un ovillo de lana revuelto de dudas sobre los días
venideros, pero mi corazón sabía con certeza que Aker era mi única media
mitad.
Capítulo 10
Aker

Había llegado el día, uno que me alegraba y me aterraba por partes iguales.
Las cosas habían estado en un parón extraño desde el día en el que había
desatado mi pasión junto a Carol; Todos los que estábamos en el cuartel todavía
parecíamos estar esperando a que sucediera algo, y ese algo era que llegase el
día de la votación.
Aquella mañana me vestí con mi ropa normal, muy alejada del uniforme
militar y salí para tocar la habitación de Carol que ya no tenía ninguna clase de
clave de acceso; No quería preguntar dónde estaba Johanna porque podía
rastrear el olor de mi hermano cada vez que me la cruzaba.
—Buenos días. —dije saludándola por primera vez en varios días.
—Aker. —contestó lanzándose hacia mí para abrazarme y besarme.
Había decido darle tiempo para que pensase lo que iba a hacer sin tener que
estar escuchándome porque sabía a ciencia cierta que aquellos ojos verdes que
me habían cautivado desde el primer día sólo podían esconder bondad.
—La gente está llegando. —anuncié instándola a decidirse.
—Lo sé. Quiero verlo. —dijo sonriendo dándome la mano.
Contemplé a todos los cabeza de familia llegando algo inseguros y recordé
mis años de niño, hacía ya tanto tiempo atrás, en los que los vampiros adultos
llegaban hasta mi padre con sonrisas en el rostro y abrazos para dar.
—Yo también lo veo. —confesó mi hermano poniéndose junto a mí.
Carol y él cruzaron una significativa mirada de desacuerdo para después
saludarse con un gesto afirmativo de cabeza. Johanna se colocó junto a Lucke
entrelazando los dedos de su mano y yo sonreí; Las circunstancias de la vida
podían cambiarnos para mal pero también podían revertir, por lo visto,
situaciones que se habían dado por perdidas.
Localicé a mi madre a unos metros de nosotros con una media sonrisa en el
rostro y me pregunté que podía estar pasando por su cabeza. Negué con la
cabeza lentamente para hacerle saber, mediante esa conexión falta de palabras
que solo existe entre madre e hijo, que no iba a tirar a su hijo mayor a los leones;
Al menos yo no iba a hacerlo, Carol era otra historia…

—Comunidad de vampiros de mi cuartel. —comenzó Lucke con voz
poderosa—. Os he reunido aquí por un motivo y es el que yo mismo escribí en
esa carta. —afirmó dejándome boquiabierto. Su mano se posó en mi espalda y
supe que él sabía que había sido yo y aún así fue capaz de verlo, quizá el amor
creaba ese efecto en nosotros. Respondí con el mismo gesto sabiendo que
marcábamos un antes y un después en nuestra relación fraternal que ya no estaría
marcada por la distancia—. Quiero dejar el liderazgo a alguien que sepa llevarlo
y que, además, considero que debéis elegir vosotros como antes se había hecho;
Pero no quiero perder la ocasión de explicar el motivo que me ha llevado a ser
quizá un líder más cercano… —Sus palabras calaban en mí una a una como si
no pudiese creerme que por fin fuese a abrir su corazón un poquito—. Cuando
mi padre murió, todos sabéis que lo hizo a manos de un renegado…Pero no
todos sois conocedores de que yo estaba presente junto a mi madre; Ellos, como
padres y en su amor incalculable decidieron salvarme a mí… Y mi padre, con la
bondad que lo caracterizaba, decidió morir en el lugar de mi madre. Este hecho
se clavó en mí como una espada profunda que, todavía hoy en día, no he
conseguido sacar. —carraspeó un poco antes de proseguir—. Creí que todo aquel
que formase parte de mi cuartel y mi comunidad debía ser fuerte para que no
volviese a tener que elegir nadie nunca; Una comunidad donde todo el mundo
pudiese defenderse solo…Me excedí en la dureza más de lo que algunos
imagináis… —dijo haciendo una referencia escondida a las elegidas y mirando a
Carol directamente—. Pero asumo mis errores dispuesto a claudicar dándole la
bienvenida al nuevo líder y jurándole mi fidelidad. Pido disculpas y espero que
la eternidad de la que disponemos sea suficiente para volver a formar algo que
teníamos: Una gran familia que se hablaba más allá de las órdenes y las batallas;
Un círculo forjado desde el corazón. —concluyó girándose hacia mí.
—Lucke… —murmuré sin saber bien qué decir ante esa pesada carga que
había llevado en solitario en su conciencia.
—Creo que hiciste lo correcto, Aker… —aseguró—. Tú siempre lo haces y,
por eso, pese a nuestras diferencias, siempre dejé que te quedarás. Te necesitaba
y te necesito, el cuartel también lo hace. —añadió.
Cada uno de los cabeza de familia fue elevando su brazo para señalarme a mí
en un inmenso círculo. Querían que yo fuese su líder y mi corazón se hinchó en
respuesta convencido tantos años como había estado de que nadie se fijaba en
mí.
—Hazlo. —susurró Carol en mi oído—. Sé quien ellos necesitan que seas. —
confirmó.
—Yo solo quiero ser lo que tú necesites que sea. —aseguré sin importarme
que nadie nos mirase centrado en sus ojos verdes.
—El amor cambia a las personas. —afirmó haciendo un pequeño gesto hacia
Lucke y Johanna que se iban caminando juntos—. Tú tienes suficiente amor para
cambiarnos a todos. —añadió señalando a todos los presentes.
La besé como lo que ella era, la elegida para mí más allá de las
circunstancias, el bien o el mal; Única e irrepetible hecha para mí como vampiro.
Oí vítores con mi nombre en un lejano eco y comprendí que mi aceptación
marcaba una era: Seguiría buscando a las elegidas por el mundo pero con el
único propósito de que alcanzasen la felicidad encontrando al vampiro que era
exclusiva e irremediablemente para ellas.




SEGUNDA NOVELA SAGA “VAMPIROS Y
ELEGIDAS”
TREY

Trey es un vampiro guardián de la ciudad encargado de identificar a las


elegidas para su posterior inclusión en la comunidad.
Kelly es una chica corriente que no es capaz de entender quiénes son esos
hombres de aspecto vikingo que han entrado en su piso compartido para llevarse
a su compañera y está dispuesta a presentar pelea.
¿Qué decidirá Trey cuando se dé cuenta de que Kelly es su elegida al verla en
su camino?
¿Qué hará Kelly ante la actitud de ese loco que se la quiere llevar con él a la
fuerza?

FIN

También podría gustarte