La “Colonia Pastoril Aborigen de Cushamen”, algunos retazos de su historia
Débora Finkelstein
Abstract.
La Comunidad indígena de Cushamen puede ser considerada en la actualidad como uno
de los últimos “reductos” preminentemente indígenas localizados en la provincia del
Chubut. Su historia es útil para ser considerada como “testigo” de lo que ocurrió con los
grupos indígenas que lograron sobrevivir a la llamada “Conquista del desierto” y fueron
“reducidos” en “reservaciones” conocidas, en general, con el nombre de “Colonias
pastoriles-agrícolas”.
Me interesa en este breve trabajo plantear tres cuestiones:
- La primera tiene que ver con las características que asumió la adjudicación de tierras a
grupos indígenas sobre fines del siglo XIX y principios del siguiente.
- La segunda tiene que ver con la genealogía del grupo que se radicó en la zona de
Cushamen.
- La tercera pretende mostrar cómo se dio el proceso de poblamiento de la Colonia
Cushamen y aportar algunos elementos que permiten reconstruir algunos aspectos de la
historia de esta comunidad indígena centrando la atención, fundamentalmente, en las
primeras décadas del siglo XX.
Ubicación de la Colonia Pastorial Aborigen de Cusahmen. Características generales.
La Colonia Pastoril Cushamen abarca una superficie de 125.000 hectáreas, con un
trazado original de 200 lotes de 625 hectáreas cada uno. Lindan con la Colonia
establecimientos ganaderos latifundistas (cuya extensión supera las 200.000 hectáreas) y
algunos más pequeños que rondan entre las 5.000 y 20.000 hectáreas por lo que, vista
desde un mapa, se la ve como un enclave de minifundios rodeados por grandes unidades
económicas ganaderas: los campos de la Compañía de Tierras del Sud Argentina,
conocida en la zona como “Compañía” y hacia el Sudeste por algunas parcelas de
menor tamaño.
El centro de servicios más cercano es la localidad de El Maitén que dista 100
kilómetros. Hacia el Norte se encuentra a 30 kilómetros del límite con la provincia de
Río Negro formando parte de la llamada “Línea Sur”. Esta zona, que se extiende a lo
largo del paralelo de 42 grados adentrándose hacia el interior de las mesetas rionegrinas
y chubutenses, se caracteriza por la presencia de numerosos grupos humanos asentados
en pequeñas comunidades que se nuclean generalmente alrededor de centros de
servicios o pueblos, como por ejemplo Ñorquinco.
Con el paso del tiempo estos centros administrativos de la Línea Sur se están
desintegrando, fundamentalmente por la venta o transferencia de los habitantes de
pequeñas parcelas de tierras a otros propietarios que las concentran dando lugar a la
aparición de nuevas y mayores unidades económicas, dedicadas a la cría de ganado
El presente trabajo es una síntesis del artículo: “La Colonia Pastoril Aborigen de Cushamen y la “reubicación” de
indígenas con posterioridad a la llamada “Conquista del desierto”, actualmente en prensa en: Finkelstein, Débora;
Novella, María Marta (ed.): "La ocupación del espacio en el noroeste de Chubut", Editorial Universitaria de la
Patagonia.
ovino. Se suma a esto, el levantamiento del ramal ferroviario que unía las localidades de
Esquel (Chubut) con Ingeniero Jacobacci (Río Negro) y la pavimentación de la ruta 258
que une las localidades de Bariloche con El Bolsón y Esquel, haciendo que los
transportes de carga que antes debían transitar la ruta 40 lo hagan en la actualidad por la
mencionada previamente.
Por el Este, la Colonia limita con el Río Chico y El Mirador, que podría considerarse
como una franja transicional entre ella y la zona de Gastre, no constituyendo más que un
límite geográfico, ya que las unidades económicas minifundistas ubicadas en esa zona
se relacionan con la Colonia o presentan particularidades semejantes en cuanto a su
estructuración.
La Colonia cuenta con una población conformada en su mayoría por descendientes de
aborígenes, tiene un centro administrativo y de servicios nucleado en un pequeño
poblado de 100 hectáreas conocido como “Cushamen Centro”. Administrativamente
“Cushamen Centro” incluye a los distintos parajes (Fitamiche, Blancurá, Ranquil Huao,
Costa de Río Chico, Fofo Cahuel, Vuelta del Río, La Anónima, Costa de Ñorquinco o
Ñorquinco Sur, Colonia Cushamen) que dividen a la Colonia en sectores con
características distintivas y complementarias a la vez.
Sus unidades económicas son, en general, de 625 hectáreas (un lote, como se lo conoce
en el lugar). Constituyen una excepción aquellos grupos familiares que cuentan con más
de unoi. La actividad principal y casi exclusiva que se lleva adelante en los distintos
parajes es la crianza de animales, especialmente ovinos y caprinos.
Los problemas que se deben enfrentar en la producción familiar tienen que ver con la
degradación del recurso suelo; la desertificación (generalmente ocasionada por la
sobrecarga de animales); el escaso desarrollo tecnológico; la inadecuada infraestructura
productiva (como carencia de alambrados, que casi no existen en la Colonia, e
instalaciones complementarias) y un sistema de comercialización deficitario en el que
prima la intermediación.
“La Conquista del Desierto” y el rol de los indígenas sobrevivientes.
El hito que marcó el inicio de la llamada “Conquista del Desierto” en 1879, implicó
también la apertura de un proceso que culminaría, en los cinco siguientes años, con la
destrucción absoluta de los grupos indígenas que otrora habitaran Pampa y Patagonia
bajo la organización de grandes jefaturas.
Este corte abrupto al interior de las estructuras sociales indígenas implicó la muerte de
la mayoría de sus componentes y, en el caso de aquellos que lograron sobrevivir, la
iniciación de una etapa de negociación con los “nuevos dueños del poder” en busca de
un lugar para vivir.
Esta búsqueda implicó, para los primeros habitantes de lo que actualmente es la Colonia
Cushamen, una época de peregrinación y de establecimiento de frágiles pactos con
distintos miembros del Estado Nacional, que se disolvían o recuperaban según la
coyuntura histórica que les tocara vivir.
Una vez finalizada la “Campaña del Desierto” el Estado nacional inició el proceso de
exploración y reconocimiento de los territorios recientemente incorporados con el
objeto de evaluar sus posibilidades económico-productivas, definir sus límites
fronterizos, expandir las ideas “nacionalistas” por medio de la educación y la
evangelización de quienes poblaran estos territorios, reconociéndolos a través de la
aplicación de aparatos estadísticos que permitían recabar información vinculada a todos
los planos de la vida social y económica y a partir de ella, sistematizar algunos
discursos y matrices de pensamiento que dieron forma a la imagen de sociedad y de
nación que se pretendía construir.
Esta necesidad estatal de reconocer los territorios incorporados hizo que requirieran de
buenos conocedores del terreno o “baquianos” y este rol fue asumido, en líneas
generales, por algunos caciques aliados al gobierno y sus tribu algunos de los cuales
colaboraron con el gobierno durante el desarrollo de la “Conquista del desierto”,
brindando información fundamental referida a rutas y estrategias que utilizaban los
indígenas en caso de ataques.
En compensación por estos “servicios” los representantes del Estado establecían
vínculos de tipo clientelar con estas agrupaciones a partir del establecimiento de una
amplia red de obligaciones y de “favores” mutuos que, en muchos casos, implicaron la
posibilidad de acceder al usufructo de tierras en forma de “Colonias Pastoriles
Indígenas”. Es por ello que el Cacique Miguel Ñancuche Nahuelquir, representante de
la agrupación que se radica en Cushamen, y se analiza a modo de ejemplo en este
trabajo, pudo solicitar que se le otorguen tierras a fines del siglo XIX. Contaba con
interlocutores válidos con los que había colaborado -como Clemente Onelli, Roca o
Moreno- ganándose, a partir de su incorporación a las tropas del ejército, un lugar de
confianza y una posibilidad concreta de negociación.
Así explicaba su rol Don Martiniano Nahuelquir (1992): “... Porque mi abueloii estuvo
con el general Roca ¿vio? [...] anduvo de baquiano para el Sur, que se yo... capitán de
los baquianos era el tío Ñancuche con mi papá. Anduvo con el general Roca, con los
ejércitos que llevaba Roca, así se entregaban toda esa paisanada, tehuelchada de toda
esa parte del Sur. Por causa de tío Ñancuche ya no hubo más matanzas, ¡porque iban
matándolos!, todos éstos se salvaron porque se entregaron.”
Por su parte así relataba los mismos sucesos Sabino Nahuelquir (1982): “La colonia se
formó en 1903 o 1902, el gobierno cedió cincuenta leguas de campo, vinieron del
Norte, corridos por la expedición, a los pobres paisanos les cortaban la cabeza...
Miguel Ñancuche anduvo de baquiano en el ejército y por eso le dieron las tierras.”
Cuando Sabino dice “...Miguel Ñancuche [Nahuelquir] anduvo de baquiano en el
ejército y por eso le dieron las tierras”, esta expresando lo que implicó, en términos de
negociación, la participación del cacique como nexo durante las últimas etapas de la
Conquista. Ni él, ni el resto de los informantes critican a Ñancuche por su rol de
baquiano y amigo de Roca, Onelli, Moreno. Por el contrario, el hecho de ser “baquiano”
les permitió a los Nahuelquir sobrevivir a la “Conquista del Desierto”. Su vínculo
amistoso con Roca, Onelli o el Perito Moreno era (y es) considerado una alianza, como
tantas otras establecidas con distintos grupos étnicos o con representantes de distintos
sectores de la sociedad.
Al interior de la Colonia la figura del cacique Miguel Ñancuche Nahuelquir fue
utilizada por el grupo aborigen de Cushamen como elemento de representación
colectiva. Este personaje se convirtió en el único interlocutor válido (hasta el momento
de su muerte, en 1922) para efectuar acciones que involucraran a toda la comunidad.
Las relaciones de parentesco con el cacique -reales o adoptadas estratégicamente-
permitieron la incorporación de todas las individualidades que lo acompañaron, casi
siempre vinculadas por lazos familiares con la familia Nahuelquiriii. Estas mismas
relaciones fraternales posibilitaron al grupo establecer vínculos inter-individuales y
construir redes de solidaridad, comunicación e imaginario que, al cohesionarlo, le
permitió presentarse ante otros como un homogéneo social. Al interior del grupo no
sólo el parentesco sino también un sistema de reciprocidad y redistribución de bienes o
servicios y una religiosidad particular, funcionaban como mecanismos aglutinantes.
Genealogía de “Los Nahuelquir”
Tanto la información recogida a partir de testimonios como la proveniente de fuentes
documentales hacen referencia a la zona de Neuquén, Junín de los Andes más
específicamente, como sitio de residencia original del grupo que posteriormente se
radicó en Cushamen. Esta zona fue el ámbito natural de vida de un grupo indígena
diferenciado: el de los llamados “manzaneros” y diversos elementos dan cuenta de la
estrecha relación que unía a los miembros del grupo Nahuelquir con la estructura de
poder que se había organizado en la zona cordillerana, ubicada del río Agrio al Sur, bajo
la influencia del cacique Saihueque.
La vinculación de los Nahuelquir con Saihueque es una de las primeras referencias de
identidad que reconoce la comunidad de Cushamen, aunque en la actualidad se ha
desdibujado notoriamente debido a la preminencia discursiva que vincula al grupo con
la cultura mapuche o araucana. El hecho de que la identificación del grupo con la etnia
mapuche sea más común, permite pensar que existe, a principios del siglo XX, por parte
de quienes tienen la capacidad de “narrar” y escribir -en su mayoría funcionarios
estatales- una mirada homogeneizadora sobre los grupos indígenas, caratulándolos con
el genérico de “mapuches” si están al Norte del río Chubut y “tehuelches” si se ubican
al Sur de este río.
Por parte de los mismos indígenas, se pone en evidencia tempranamente una conciencia
de pertenencia étnica contradictoria que se debate entre el “ser mapuche”, “ser
manzanero” o “ser tehuelche” si esta adscripción es requerida por sujetos ajenos a su
mundo. Si la misma surgiera de parte de otros indígenas, los linajes, las territorialidades
y las denominaciones estructuradas a partir de vocablos indígenas serían, seguramente,
los referentes, pero de ellos no ha quedado registro escrito y es una ardua tarea la de su
reconstrucción.
No obstante esto, es apropiado pensar que los primeros habitantes de la colonia
Cushamen se vinculan con lo que podríamos definir como “identidad manzanera”
puesto que existen suficientes datos que dan cuenta de la estrecha relación que los unía
con el cacique Saihueque mostrándolos como permanentes colaboradores del mismo
durante el siglo XIX.
La situación de colaboración estrecha con Sayhueque nos habla de este cacique como
representante de una vasta red clientelar, pero no pone de manifiesto que existieran
elementos culturalesiv que se identifiquen como propios de ese grupo. Por el contrario,
sus miembros se reconocen como portadores de identidades múltiples que se pueden
considerar a partir del establecimiento de relaciones diversas. Esta situación lleva a
pensar que la identificación con el grupo “manzanero” como “grupo étnico” es
discutible, puesto que confluyen en él individuos cuya identidad se vincula más con
etnicidades previas; la adopción de la identidad “manzanera” tiene un corte más político
y coyuntural que socio-cultural.
Esta es la razón por la que considero que es más apropiado hablar del grupo manzanero
como un “bloque de poder” cohesionado bajo la figura carismática de Saihueque y por
ello, al momento de la entrega de este cacique frente a las tropas del ejército, son pocos
los elementos de identidad que persisten asociados a una suerte de “identidad
manzanera”. Es esto un elemento central a tener en cuenta para explicar las razones de
su pronta desintegración y el hecho de no ser un “rótulo” que haya persistido en las
narraciones de identidad de los indígenas sobrevivientes a la llamada “conquista del
desierto”, e incluso que no aparezca como un lugar de referencia importante en las
narraciones que desde “sí” elaboran los individuos que actualmente se identifican como
“descendientes” de los grupos humanos que hasta el siglo XIX controlaron los
territorios del Sur.
Otro elemento a tener en cuenta tiene que ver con el contexto histórico en el que este
grupo asume cierto protagonismo. Es un momento en el que la identidad de los
indígenas se encuentra absolutamente mediatizada por otras narraciones provenientes de
la esfera nacional/estatal y por la adopción de nuevas estructuras de poder al interior de
los grupos aborígenes. Al respecto, considero relevante la necesidad de los indígenas de
justificar, frente al Estado, su vinculación con la nación argentina y su intencionalidad
de “civilizarse”. Ambos argumentos colaboraron para que se alentara un abandono
progresivo de ciertas pautas culturales distintivas de sus grupos de referencia anteriores
y la adopción de narraciones que se entendían como mecanismos de integración
progresiva al “mundo civilizado”.
No obstante la dificultad de documentar fehacientemente la vinculación del los
Nahuelquir con el grupo “manzanero” tanto los datos de registros escritos y orales como
así también el análisis de genealogías y linajes me permiten ratificar esta asociación y a
ellos me referiré a continuación.
En primer lugar y a raíz de una disidencia profunda con planteos de otros autores v que
han tomado en consideración a este grupo humano, me interesa dejar claro que el
cacique Miguel Ñancuche Nahuelquir nada tiene que ver con el cacique Juan
Ñancucheo y, para justificar este posicionamiento, hay dos elementos que considero
relevantes a tener en cuenta. Uno tiene que ver con la valiosa información que brindan
los repositorios locales de información que, en el caso de Patagonia, aportan datos que
no se deberían soslayar en cualquier investigación regional y otro, vinculado al análisis
etimológico de los nombres indígenas, fundamental para poder relacionarlos con sus
linajes -que constituyen una referencia central para cualquier análisis socio-cultural de
estos grupos-.
Para el caso de los Nahuelquir, su nombre debe leerse como: Nahuel-Kirke.
KIRKE significa matuastovi. Se podría afirmar que los Nahuelquir pertenecen al linaje
de los Matuastos. Ñancucheo, por su parte, debe leerse Ñancu-Cheuque según
Casamiquelavii, puesto que la terminación “che” no es utilizada en nombres (aunque la
simplificación de estos es común entre los indígenas y generalmente lo usan de manera
completa sólo en los parlamentos). CHEUQUE se podría traducir como “avestruz” o
“flamenco”, y sí podría formar parte de un linaje. Se trata entonces de dos linajes
diferenciados, el de los matuastos: KIRKE, y el de los avestruces o flamencos:
i
Deberá tenerse en cuenta que en adelante, un lote equivaldrá a 625 hectáreas.
ii
Miguel Ñancuche Nahuelquir.
iii
Al respecto dice Faron: “El fundador del patrilinaje dominante que recibió las tierras para "su gente" da nombre a
la agrupación” (Saugy, 1982).
iv
Entendiendo a la cultura como el conjunto de creaciones materiales y espirituales de un grupo humano que se
trasladan y reelaboran permanentemente, para adaptarse a realidades y contextos diferentes.
v
Hux, Meinrado y Del Río, Walter.
vi
Los nombres araucanos siempre tienen un significado. Pero este significado no sólo se refiere a la palabra aislada
sino que, para que sea araucano, debe ser un nombre compuesto como por ejemplo Calfucura /KallfüKura/ (Piedra
Azul), en que se distingue un claro linaje, para el caso “Cura”.
vii
Entrevista personal, año 1996.
CHEUQUE.
En segundo lugar los documentos existentes en el Juzgado de paz local, aportan
datos precisos en lo que se refiere a relaciones de parentesco; los más adecuados son las
primeras actas de casamiento, que dan cuenta de legalizaciones masivas efectuadas por
el Registro Civil cuando éste recién se instala en la zona. Estas legalizaciones me
permitieron identificar claramente a los padres y abuelos de Miguel Ñancuche
Nahuelquir, siendo:
Padres: Fernando Nahuelquir (nacido en 1812) y Filomena Rayhuanque (nacida
en 1817).
Abuelos: LLancaquir Nahuelquir (o LLanka Kirke/ Llancaquir/ Llancaquirque/ o
Yanka Kirkeviii) y Uneray por la línea paterna y por línea materna: Raymil y Coñuecar.
No se precisa en este caso el año de nacimiento aunque sí el sitio: zona de Junín de los
Andes, corroborando la información vertida por diversos informantes con respecto al
sitio de procedencia del grupo.
El poblamiento de la Colonia.
Como vimos precedentemente, el área neuquina fue el sitio de procedencia “original”
del grupo que luego se radicó en Cushamen y el Cacique Miguel Ñancuche Nahuelquir
se manifestó como el responsable directo de la fundación de la Colonia. El mismo tuvo
participación en distintos momentos históricos, tanto en la resistencia indígena a la
llamada “Conquista del desierto”, como en el establecimiento de un sistema inestable de
alianzasix y, hacia el final del avance de Roca sobre la Patagonia, en una actitud
colaboracionista con el ejército o con las comisiones de límites, según lo relatan los
informantes o se infiere de algunos comentarios aislados de viajeros como Onelli
(1977).
Con la documentación existente se puede comprobar que el grupo “Nahuelquir”, o el
linaje de los Kirke, se encontraba en el año 1879 en la zona sur del actual Neuquén
junto a otros miembros de la tribu de Saihueque.
Raone (1978) menciona que en dicho sitio y época “... estaban Juan Ñancucheo,
Tocoman, Chacayal, Molfinqueupu, Quinchahuala, Nahuelpan, Cayupán,
Ñancupichún, Inacayal, Llancaquirque, Curruhuinca, Paillalef, Ancatruz, Tregüento,
Canguirica, Gervasio, Antenor, Coillá, Nahuelquir, Royoanqué y Manquiel (el hijo de
Reumaylaf). Estos son los setenta caciques que durante cuatro años han de figurar en
las crónicas militares. Algunos como enemigos, otros como amigos o "auxiliares" según
fuera su cooperación con el ejército, y otros serán sometidos o rendidos” x.
Al momento de iniciarse el avance hacia ese territorio de las tropas del ejército
argentino, la tribu buscó como sitio de residencia la zona de Villarica, donde hacia 1881
los ubica Pascual Coña (Mösbach, 1936). Florentino Nahuelquir (1992) corrobora esto
cuando decía: “... Mi Tío venía de Junín de Los Andes... ahí vivían ellos antiguamente,
porque papá nacieron allí: Junín de los Andes... ahí tenían su toldería; ¡porque vivían
todos en toldos en aquella época!... y entonces, cuando vino la expedición... cuando
empezaron a correr a todos ellos se fueron para el lado de Chile...”.
Con posterioridad al período de dispersión que implicó luego la “entrega” ante las
viii
Como vemos todas las acepciones vinculan al abuelo del cacique con el linaje de los KIRKE que analizara
precedentemente.
ix
Para comprender con más profundidad el concepto ver el trabajo de Arturo Leiva (1984).
x
El subrayado es mío.
tropas del ejército, estos grupos indígenas fueron “reducidos” en Chichinal -junto al
resto de la tribu del cacique Saihueque- en lo que por la época se conocía como
“reformatorio”. La permanencia del grupo en esta zona es corroborada por las partidas
de nacimiento. En ellas se ve que los nacimientos ocurridos entre fines de la llamada
“Conquista del Desierto” y 1888-1890, se vinculan con Río Negro, donde el grupo se
encontraba confinado.
Luego, Comallo, en Río Negro, fue el lugar en que se radicaron hasta que les fueron
adjudicadas las tierras en la Colonia Cushamen. Este sitio es referenciado por el Padre
Milanesio ” (Canavese, 1928), por testimonios como el de Martiniano Nahuelquir que,
en 1992, decía: “... bueno dice que vivían acá, esta parte de Comallo no se cual es la
parte, Comallo... ahí tenía radicación el viejo, el padre de... y él en Comallo (Río
Negro) [...] así sabía contarle a la mamá y yo sabía estar escuchando viste?...” y por
documentos como las partidas de nacimiento del registro civil de la comunidad, que
mencionan lugares de nacimiento de miembros de un grupo familiar dando cuenta de
este peregrinaje. Por tomar un ejemplo, entre muchos otros que se podrían analizar,
consideraré el matrimonio Nahuelquir-Calfueque, quienes declaran (en el año 1902)
tener seis hijos nacidos en los sitios que se consignan en el gráfico que se incluye a
continuación:
Nombre Edad Lugar de Fecha
(1902) nacimiento
Margarita 22 años San Martín 1880
(Neuquén)
Dominga 14 años Rocas del 1888
Río Negro
Miguel 12 años Cumallo 1890
del Río
Negro
Esperanza 6 años Cumallo 1896
del Río
Negro
Julia 4 años Cumallo 1898
del Río
Negro
Petrona 2 años Cushamen 1900
Analizado desde el punto de vista geográfico el recorrido hasta ahora descripto,
podemos ver que la trayectoria seguida es razonable puesto que, si se sigue el curso de
los ríos y cañadones (por donde normalmente se trasladaban los grupos indígenas) desde
la zona de Mamuil Malal o paso Tromen, se abre una gran avenida hacia el Sur junto a
los ríos, Malleo, Aluminé y Collón Curá hasta llegar a la desembocadura del Limay.
Una vez cruzado, este río se conecta directamente con el arroyo Comallo, siguiendo su
curso hasta el valle de Comallo ubicado entre el Cerro Negro y el Quila Mahuida, medio
que reúne las condiciones fitogeográficas características de los sitios de residencia de
los grupos indígenas: un espacio reparado donde asentarse con regularidad y una zona
de meseta cercana donde cazar.
Así lo explica Martiniano (1992) “... Entonces, pidieron acá, el lugar de acá, porque
ellos del lugar donde estaban asentados como le digo en Comallo, dicen que venían acá
a chulenguiar, a cazar avestruces, había mucho!, muchos bichos silvestres. [...] cuando
ya les dijeron que tenían que... que iban a venir a mensurar esta tierra, estas 50 leguas
acá en Cushamen, entonces se aposentaron acá, vinieron acá, directamente a vivir
acá... vinieron de acá de Comallo. De Chile vinieron, se aposentaron en Comallo y
cuando les dieron el derecho acá, se vinieron a aposentar acá, así dice que fue mi
papá”.
Por otra parte, analizando el censo nacional de 1895, documento que se convierte en una
referencia casi obligada para hablar del poblamiento territorial de fines del siglo pasado,
vemos que no se encuentra población estable en el área de Cushamen para esta fecha.
Los datos refieren a quienes trabajaban en la Compañía de Tierras o formaban parte de
grupos indígenas ubicados hacia el interior de la meseta (en el área cercana a Gan Gan y
Gastre actuales). Recién podemos decir que existe un asentamiento estable desde el
momento en que se presentan las diligencias de mensura de la Colonia; la misma
comenzó el 27 de diciembre de 1899 y fue aprobada el 14 de febrero de 1902xi.
Procediendo de acuerdo con la autorización correspondiente, el agrimensor operante dio
posesión de 52 lotes a distintas personas, de las que sólo 24 figuraban en la nómina
entregada junto al contrato de mensura. Esta lista que fue confeccionada por el
Gobierno Nacional, se encuentra adjunta al decreto por el cual se autoriza la mensura de
la Colonia. Las personas consignadas en dicha lista son: Rafael, Miguel Ñancuche,
Fernando, Fidel, Antonio, Aurelio, Agustín y Juan Nahuelquir, Emilio Nahuelmilla,
Francisco Quintrellán, Clemente y Emilio Leinlal; Clodomiro y Antonio Nahuel,
Mariano Colimil, Ignacio Calfupan, Miguel LLancaqueo, Paulino Lilipan, Pedro Necul,
Albarino Cayu, Rufino Paz, José Calfupan, Santiago Aculihueque (o Aculsihueque), y
Bartolomé Colimil. Figuraban también en la lista Nicolás Raihuanque, José
Huenchueque, que no se presentaron para que el agrimensor les diera posesión de las
tierras. Las otras 28 manifestaron su voluntad de acogerse a los beneficios de la ley de
octubre de 1884.
Tanto la operación de mensura en sí misma como la entrega de los lotes según las actas
de posesión respectivas fueron aprobadas por Decreto Nacional del 16 de febrero de
1902xii. Esta fecha puede considerarse como la que legitima, desde el Estado, el derecho
a ocupar la tierra. Pero el análisis de la nómina de pobladores con la que el agrimensor
fue a la zona da cuenta de una ocupación previa si se la controla con otras fuentes.
Paralelamente a la entrega de tierras se empezó a perfilar una situación que hasta los
mismos representantes del Estado pusieron en evidencia. La misma refiere a la
inadecuada delimitación de los lotes, ya que algunos son "solamente de veranada
porque cargan mucha nieve en invierno" (IAC,1905) o se caracterizan por ser: "altos,
secos y con poca agua", (IAC,1905) sin posibilidades para realizar pasturas, ni siquiera
en la zona aledaña a los ríos, como el valle del Río Chico que, según el inspector es
"angosto, arenoso y sin pasto, no sirve para el pastoreo y aunque tal vez, con pequeños
canales pueda ser posible la agricultura, al iniciarse el deshielo se inunda todos los
años" (IAC,1905).
xi
Expediente de Mensura. Duplicado Nro. 309. I.A.C. Chubut
xii
Formalmente, ocuparon sus respectivos lotes los miembros del grupo liderado por Miguel
Ñancuche Nahuelquir. No ocurrió lo mismo con los concesionarios que recibieron parte de ellos
en pago por servicios prestados al ejército, por ejemplo. El criterio que se consideró con
posterioridad, fue el de otorgar la tierra a descendientes de indígenas (generalmente
emparentados con los primeros pobladores a través de vínculos familiares directos o adoptados
estratégicamente) por lo que caducaron muchas de las primeras asignaciones.
Frente a esta situación los inspectores sugieren algunas alternativas expresándolo de la
siguiente manera: "... Además que la limitada superficie de los lotes de esta Colonia,
constituye un obstáculo para el progreso numérico al menos de la ganadería, se han
trazado muchos lotes que, por comprender serranías más o menos elevadas o en otros
casos superficies áridas, faltos de aguadas, resultan prácticamente inaprovechables por
pobladores que debieran explotarlos aisladamente. Muchos lotes comprenden campos
que se denominan veranadas, es decir que las haciendas sólo pueden permanecer en
ellos durante el verano a condición de que en sus proximidades existan aguadas. Como
considerase que ya no es posible modificar el trazado de los lotes dándoles mayor
extensión, se aconseja en otro lugar de este informe que los lotes que constituyan
campos de verano y que se les indica en grupos separados, sean mantenidos libres de
adjudicación, destinados para 'pastos comunes', es decir constituirían lugares donde
todos los pobladores tendrían por igual derecho llevar hasta ellos parte o toda la
hacienda en el verano con lo que se conseguiría no solamente un alivio para los lotes
de aquellos, sino también asegurar la conservación de los pastos para el invierno, lo
cual redundaría en un beneficio general" (IAC,1919).
No obstante estas consideraciones, la adjudicación no respetó la sugerencia de los
conocedores del terreno que proponía "tener pastos comunes..." y se siguió el criterio de
otorgar un lote de 625 hectáreas por ocupante. Formalmente, distintas personas han
ocupado las tierras que oportunamente les asignaron, pero han mantenido algunos
espacios de uso común, sin que el Estado los haya previsto.
Con el paso del tiempo, el avance del alambre (construido por nuevos sujetos instalados
en la Colonia) y la situación de degradación paulatina de los suelos, ha determinado que
cada productor se circunscriba a su espacio, en detrimento de la utilización conjunta de
los sitios de veranada/invernada. Esto colabora con la ruptura paulatina de lazos de
solidaridad interna y con la reducción cada vez más acentuada de los espacios
productivos.
Por otra parte, en la mayoría de los casos, la ocupación de los lotes, no respetó el
trazado original favoreciendo que, actualmente, y aún a pesar de la existencia de
instrumentos legales que posibilitarían el otorgamiento de títulos de propiedad sobre la
tierra, resulte difícil determinar cuáles son los límites territoriales formales de cada lote.
Consideraciones finales:
Clarificar los mecanismos utilizados por una agrupación indígena para sobrevivir luego
del impacto que implicó el avance estatal sobre ella, permite no sólo describir un
proceso sino también comprender las distintas estrategias que adoptaron estas
sociedades enfrentadas con el objeto de lograr sus objetivos concretos, de expansión
territorial y puesta en uso de nuevas tierras, en el caso de la sociedad “blanca” y de
sobrevivir manteniendo ciertos elementos de cohesión e identidad propios, en el caso de
la sociedad indígena. Para esta última la tierra, la identidad y las maneras de interactuar
con otros han sido preocupaciones relevantes.
Para los habitantes de Cushamen la ubicación en “Colonia” no sólo implicó la
imposición de un nuevo sentido del espacio -funcional a los intereses de la sociedad
global- y la reorganización de los procesos productivos ahora circunscriptos al ámbito
del “lote” y lo privado; sino también la desarticulación de los “manzaneros” tanto en lo
referido a la ocupación de un territorio como en lo vinculado a sus formas organizativas
y la construcción de nuevas identidades y posicionamientos estratégicos, negociando lo
que fue necesario, según el proyecto en juego o la ocasión histórica. Fueron “aliados”,
“baquianos”, “católicos”, “amigos”... de representantes del gobierno y de las misiones
salesianas con el objeto de garantizarse un lugar en el mundo.
En la actualidad los habitantes de Cushamen siguen “peliando” por su espacio, por su
identidad y por preservar su cultura. Espero que el recorrido de este artículo sea un
pequeño aporte para la construcción de “retazos” de historia de un lugar muy cercano a
mis afectos y, en ese sentido, espero colaborar con la ilusión de Don Florentino
Nahuelquir cuando me decía: “Los jóvenes tienen que saber quienes somos para
discutirle a los gringos de quien es esta tierra. ¡Tienen que estar orgullosos del Tío xiii!.
Ese sí que supo como se hacían las cosas. Supo estar orgulloso de lo que nosotros
somos”.
Bibliografía:
Canavese, B. Datos biográficos y excursiones apostólicas del Rdo. D. Domingo
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Se refiere al cacique Miguel Ñancuche Nahuelquir.
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