UNIVERSIDAD BETHESDA
CARRERA: PSICOLOGÍA.
ESTUDIANTE: NICOL PÁRRAGA GUZMÁN.
MATERIA: DESARROLLO PSICOLOGICO III
DOCENTE: ARACELY SHIRLEY DAVALOS PALACIOS.
ACOMPAÑAR EN EL DUELO
De la ausencia de significado al significado de la ausencia
La muerte es algo que nos iguala a todos los seres humanos. Nos iguala en todos los
momentos y en todos los estamentos, seas rico o pobre, alto o bajo.
Uno de los objetivos de este libro es aprender a identificar las reacciones,
sensaciones y etapas por las cuales tengo que pasar ante la pérdida de un ser querido:
negación, ira, culpa, tristeza, aceptación. Entender la muerte como parte de un proceso.
Cultura, muerte y otras civilizaciones
La muerte siempre ha sido una preocupación para la humanidad. Es al mismo tiempo
arte y cultura, ritos funerarios y diversas formas de despedida encaminadas a llevar al
individuo a su último viaje. Las formas de enterramiento o cremación han tenido
siempre preocupado al ser humano.
Ya en épocas prehistóricas, los antiguos neandertales maquilla- ban a sus difuntos
pintándoles los ojos antes de la cremación. Su intención no era otra que la de agudizarle
la vista al muerto para que caminara mejor por la oscuridad del más allá.
Lo común a todos los tiempos es que, por mucho que se espere, la muerte es siempre
una sorpresa, por lo que en todas las épocas y culturas se han desarrollado tipos de
actuación social frente a esta eventualidad. El conjunto de actuaciones que una
comunidad manifiesta como muestra y símbolo de dolor son los denominado ritos
funerarios y el duelo.
Todos estos ritos o actuaciones son difíciles de interpretar y suelen responder tanto a
determinadas creencias como a la necesidad vital de manifestar el afecto y el amor que
se tiene por la muerte de un ser querido. Por lo tanto, las interpretaciones desarrolladas
sobre manifestaciones de duelo de otras culturas o civilizaciones no deben hacerse a la
ligera.
La muerte en las civilizaciones clásicas.
Para los egipcios la muerte significaba la separación de los
elementos, por ello la finalidad de la momificación era la
EGIPTO conservación del cuerpo (o det) en el que se creía que, aún
después de la muerte, continuaba viviendo la entidad
espiritual (el ka). Su idea se basaba en que si se lograba
volver a reunir esas dos partes se podía disfrutar de la vida
en el otro mundo.
Si algo destacaba en esta civilización por encima de todas las
tradiciones es la técnica del embalsamamiento, que nació en
el antiguo Egipto.
Aún hoy sorprende el buen estado de conservación que
presentan las momias, algunas halladas hace poco tiempo,
como la de Tutankamón.
De entre todos los ritos funerarios de la antigua Grecia
destaca el rito del Caronte.
Este ritual funerario comenzaba por poner dentro de la boca
del difunto un óbolo una especie de moneda de poco valor
GRECIA gracias al cual se podía pagar el pasaje al barquero Caronte,
cuyo objetivo era ayudar al alma humana tras la muer- te
para penetrar en el Hades y atravesar los ríos infernales en
la barca.
El ritual funerario se iniciaba de una bonita manera: a través
de un beso.
El objetivo era recoger el último suspiro del difunto,
después, se le cerraban los ojos y entonces se le llamaba por
su nombre en voz alta. Después se le arreglaba y se le
exponía en el atrio de su casa.
Durante la exposición del cadáver se encendían lámparas a
ROMA su alrededor y se colocaban coronas de flores. Tras ello,
comenzaba el entierro con la formación del cortejo fúnebre,
que para el caso de las familias ilustres se hacía de día
mientras que si se trataba de niños o personas pobres se
hacía de noche y muy poco tiempo después de su muerte.
DIFERENTES FORMAS DE DESPEDIDA
Existen distintas maneras de despedir al cadáver en función de las creencias religiosas, el
clima, la geografía y el rango social. El enterramiento se asocia al culto de los antepasados y a
las creencias en la otra vida. La cremación, sobre todo antiguamente, se asociaba a la intención
de liberar el espíritu del muerto. La exposición al aire libre es común en las regiones árticas y
entre los parsis (seguidores de una antigua religión persa, el zoroastrismo), donde también
tiene un significado religioso. Prácticas menos comunes son arrojar el cadáver al agua
después de un traslado en barco y el canibalismo.
LA MUERTE EN LAS RELIGIONES
Funeral católico
La fe católica cree que la muerte es el reencuentro con Dios o con el infierno. Según la
valoración de tu comportamiento en vida irás a un sitio u a otro.
También se cree que algún día llegará el juicio final, momento en que Cristo retornará y los
muertos resucitarán. § Preparación del cuerpo El cuerpo se embalsama para que no comience
su descomposición durante los ritos, facilitando de esta manera su despedida. Se acostumbra
vestir al fallecido con su mejor ropa y algo de maquillaje, colocándole entre las manos un
rosario.
El ataúd muestra en la tapa superior interna un crucifijo. La Iglesia católica da a elegir entre
incineración o entierro.
Velatorio El cuerpo ya preparado y colocado en el ataúd es llevado a la iglesia, velatorio
municipal, salón de la casa fúnebre o casa de la familia del fallecido para realizar la vigilia o
velorio. Consiste en velar el cuerpo del recién fallecido y acompañar a la familia doliente. Esta
ceremonia puede durar de uno a siete días según la voluntad de la familia.
Funeral judío
La muerte para el pueblo judío es considerada como un proceso natural. Forma parte del plan
divino dado que considera que sus muertos serán resucitados y los que hicieron el bien serán
recompensados en la nueva vida. § Permitido y no permitido – El judaísmo permite a las
personas quebrar cualquier mandamiento divino si de eso depende el salvar una vida humana
con excepción de los mandamientos contra el homicidio, la idolatría, el adulterio y el incesto. –
Cuando la muerte es inminente y el paciente está sufriendo, la ley judía permite dejar de
prolongarle la vida de manera artificial.
– La eutanasia está prohibida.
– El trasplante de órganos está prohibido si la donación procede de una persona fallecida, por
lo que entra en juego el dilema sobre cuándo tiene lugar la muerte.
– La autopsia no está contemplada dentro de las leyes judías a menos que la ley del país así lo
requiera, y deberá ser mínima- mente intrusiva.
– Los judíos siempre son enterrados bajo tierra, no cremados. § La preparación del cuerpo –
Apenas muere una persona judía se le deben cerrar los ojos mientras su cuerpo se cubre y se
pone en el suelo rodeado de velas encendidas.
Los tres períodos de duelo judío
1. Periodo de Shiva
El día del entierro es contado como primer día de Shiva, periodo que se alargará
durante siete días. La familia doliente se queda en casa durante este tiempo y es la
comunidad judía la que visita a la familia para brindar su apoyo y consuelo. Solo podrá
salir de casa el sábado (Shabbat) para ir a la sinagoga. El ambiente del hogar debe ser
de sumo respeto. Los visitantes no deben esperar ser atendidos como visitas. Por el
contrario, deberán entrar en silencio y podrán llevar comida o frutas para la familia
doliente. Las conversaciones versarán sobre el fallecido. Durante el Shiva se dejará
encendida una vela por un periodo de siete días.
2. Periodo de Shloshim
Este es el periodo de treinta días (Shloshim significa “treinta”en hebreo), cuando la
familia del fallecido se reincorpora a sus trabajos, escuela, etc. Durante este periodo
no se escucha música. Tampoco está bien visto cortarse el pelo, afeitarse, maquillarse
o llevar a cabo algún tipo de celebración.
3. Periodo de Avelut
Este es el periodo observado por los hijos del fallecido, y dura doce meses contados
desde el día del entierro. Las fiestas, conciertos, teatros, etc. deben ser evitados.
Todos los dolientes prenden velas en honor al fallecido, las cuales permanecen
encendidas por 24 horas.
Funeral musulmán
Para la religión islámica, la muerte es el comienzo de un nuevo mundo. Todas las criaturas
vivas tendrán que morir en el lugar y momento que Dios, “Alá”, lo decida. La muerte es un
evento natural mientras que la presente vida es una preparación para la verdadera existencia
que espera cuando llegue la muerte. En el islamismo se prefiere recibir la muerte en compañía
de familiares, no de extraños. La familia del que va a morir lo ayudará a elevar sus
pensamientos hacia Alá y pedirá por el perdón de sus pecados.
El islamismo proclama que llegará el día en que el mundo será destruido, cuando Alá levantará
a los muertos para ser juzgados. Ese día será el inicio de una vida eterna donde se premiarán
las buenas acciones como también se castigarán los malos actos.
Preparativos del funeral islámico Cuando se confirma la muerte se cierran los ojos al fallecido.
Luego se procede a bañar el cuerpo. Este importante ritual del baño lo llevan a cabo miembros
de la familia del mismo sexo del fallecido y debe ser realizado dentro de las primeras horas del
fallecimiento. En caso de que el cuerpo esté en malas condiciones debido a una muerte
violenta, se podrá llamar a una casa fúnebre para que componga el cuerpo de la mejor manera
posible para el ritual del baño. Después del baño se envuelve el cuerpo en una simple tela
limpia sin adornos llamada Kafan. Por lo general esta tela es de algodón y de color blanco. Solo
los considerados “héroes” pueden ser enterrados con la ropa con la que murieron. Una vez
que el cuerpo está envuelto apropiadamente, los familiares y amigos pueden dar sus
condolencias a la familia doliente. El siguiente ritual islámico es el de la oración. El cuerpo es
trans- portado a un lugar al aire libre donde se harán las respectivas oraciones. Esta ceremonia
está dirigida por un imán. Luego se procederá con el entierro. Tradicionalmente, el entierro se
hace sin ataúd, pero en algunos países no musulmanes esta práctica está prohibida, por lo que
los creyentes del islam tienen que usarlo para enterrar a sus muertos. Al lugar del entierro solo
podrán asistir los hombres. El fallecido es llevado al cementerio para el respectivo entierro
llamado Aldafin.
Muchos musulmanes prefieren enterrar a sus muertos en el lugar donde murieron y en un
cementerio musulmán.
El proceso de luto islámico
En el islamismo está prohibido realizar actos de lamento excesivos por lo que no está bien
visto que los dolientes griten, giman y lloren de manera exagerada. Un musulmán que ha
perdido a un ser querido se adentrará en el Hidaad, que consiste en un periodo de luto de tres
días inmediatamente después de la muerte de un fami- liar, incluyendo en él los días que esté
realizando los preparativos de la ceremonia funeraria. Durante estos tres días no se impone a
la familia ningún color determinado de ropa, pero está estrictamente prohibido utilizar
vestimenta ostentosa y joyas. En el caso de tratarse de la muerte del esposo se establece un
periodo más amplio llamado Iddah que consiste en cuatro meses y diez días de duelo en los
que la mujer doliente podrá llorar y expresar sus emociones, aunque sin cometer
exageraciones, ya que se cree que podría afectar a la paz del difunto. Durante este periodo, las
mujeres musulmanas tendrán prohibido casarse, mudarse hacia otra vivienda y usar joyas,
mientras que la ropa debe ser modesta y no demasiado decorativa. Este periodo no solo busca
evitar que la mujer sea difamada, sino que también desea determinar si la viuda está
embarazada o no de su difunto marido ya que estos cuatro meses y diez días representarían
aproximadamente la mitad de la duración de un embarazo normal. Sin embargo, los hombres
no deberán seguir estas estrictas normas. En el caso de la muerte de la esposa, el hombre
musulmán solo deberá cumplir un luto de tres días sin tener ningún tipo de restricción
respecto a la posibilidad de realizar una nueva ceremonia matrimonial.
¿Qué es el duelo?
La palabra duelo proviene del latín dolus, «dolor», y es la respuesta a una pérdida o
separación. Se trata de una respuesta normal y natural.
Lo que no sería natural es la ausencia de respuesta. Es algo personal y único, cada persona lo
experimenta a su modo y manera. Sin embargo, produce reacciones generales y comunes en
prácticamente todos los seres humanos. Por duelo se entiende la sensación de pérdida sin
posibilidad de recuperación, fallecimientos, pérdida de la salud, pérdida de trabajo.
Por lo tanto, las emociones y sentimientos que se producen como consecuencia de la pérdida
de un ser querido son muy similares a las emociones y sentimientos que se pueden tener, por
ejemplo, ante la pérdida como consecuencia de un divorcio o ante la pérdida de una relación
laboral.
El duelo es una experiencia global, que afecta a la persona en seis ámbitos: psicológico,
emotivo, mental, social, físico y espiritual.
Es un proceso durante el cual se atraviesan diferentes etapas, un trabajo que debe realizar el
doliente. El duelo, elaborado de manera natural, necesita siempre de ayudas externas
(sociales, personales, profesionales) para ser soportado. El duelo es, asimismo, una experiencia
contradictoria, porque supone al doliente una posibilidad de maduración, de aprendizaje de
cara al futuro y, al mismo tiempo, también puede suponer un enorme riesgo:
• Posibilidad de aprendizaje.
Esta posibilidad lleva consigo que se pueda llegar a ser una persona diferente, habiendo
madurado con la pérdida. Consigue, de manera consciente o inconsciente, deshacer los lazos
que le unían al ser querido, adaptarse a la pérdida y volver a vivir de manera sana en un
mundo en el que ese ser querido nunca más estará. De esta manera se aprende a convivir con
los recuerdos y se fortalecen los aspectos psicológicos y personales.
• Posibilidad de riesgo.
Sucedería al ser incapaz de salir del duelo, al hacer un duelo incompleto o al elaborarlo mal, no
llegando nunca a superar la pérdida, lo que, consiguientemente, requerirá de tratamiento
psicológico al cabo del tiempo.
Situaciones por las que se puede sufrir un proceso de duelo
Las pérdidas, sean del tipo que sean, siempre van a llevar la carga de la superación del duelo,
en mayor o menor intensidad y con mayor o menor posibilidad de recuperación y de
sustitución. Pero la única posibilidad de superar el duelo es pasando por él, transitándolo.
La muerte de un ser querido es una pérdida de mayor rango que cualquier otra y se diferencia
de las demás por dos características:
1. La intensidad de los sentimientos
2. La irreversibilidad y lo definitivo de la muerte
TIPOS DE PERDIDAS
1. Pérdidas por fallecimiento.
La pérdida de un ser querido es la principal causa de estrés en todo el mundo. El tipo de falle-
cimiento, la manera en la que se ha actuado con el fallecido antes de morir, los asuntos
pendientes, el parentesco determinarán la respuesta que el doliente tendrá ante este tipo de
pérdida.
2. Pérdidas sentimentales.
Dentro de esta categoría se pueden incluir los siguientes subtipos:
— Amorosas: las pérdidas por divorcios, separaciones, noviazgos, etc., pueden llegar a causar
graves estragos en las vidas de las personas, afectando fuertemente a los valores, creencias,
autoestima, rendimiento laboral y sensación de vacío.
— Relaciones familiares: la pérdida de relación entre hermanos, como sucede con bastante
frecuencia durante las enfermedades crónicas como el Alzheimer. Estos asuntos generan
sentimientos de duelo similares a los descritos anteriormente.
— Amistades: del mismo modo, la pérdida o deterioro de las relaciones con amigos y
conocidos supone en el doliente, sensaciones propias de duelo como desconfianza,
frustración, soledad, etc.
3. Pérdidas materiales.
Dentro de las pérdidas materiales podrían englobarse los despidos, cambios de trabajo,
cambio de ciudad de residencia, negocios fracasados.
las destrucciones materiales pueden llegar a generar unas sensaciones de pérdidas y, por lo
tanto, pasar por el ciclo del duelo: sueños rotos, futuro incierto, búsqueda de culpables…
Reacciones todas ellas normales dentro del proceso de duelo.
4. Pérdidas vitales.
Serían aquellas pérdidas fruto del paso de la vida que inevitablemente cierran una etapa vital.
La menopausia en las mujeres supone el fin de un ciclo y trae consigo un proceso de duelo,
de pérdida; del mismo modo, las crisis vitales aparecidas como consecuencia de la jubilación o
de las prejubilaciones, el síndrome del nido vacío en las amas de casa cuando ya no tienen
hijos a los que cuidar, etc., suponen un reajuste en la vida social, familiar y laboral de las
personas en esta situación: el inicio de un ciclo de duelo.
PROCESO DE DUELO: DURACIÓN Y FASES
Los ciclos de duelo se desarrollan como consecuencia del estado de pensamiento, sentimiento
y actividad que se produce ante la pérdida, se necesita un tiempo y un proceso para volver al
equilibrio normal, que es lo que constituye el proceso de duelo. Por lo tanto, marcan sus fases.
Para la mayoría de autores habría cuatro fases secuenciales comunes a la práctica totalidad de
las teorías.
1. Experimentar pena y dolor. La pérdida del ser querido provoca pena y dolor; se tienen que
sentir en el interior de uno mismo estos sentimientos para ir aceptando poco a poco el convivir
con la ausencia del que no está.
2. Sentir miedo, ira, culpabilidad y resentimiento. El ser humano tiene que buscar culpables a
su situación, enfadarse, sobre todo cuando es consciente de lo que se ha perdido.
3. Experimentar apatía, tristeza y desinterés. Sucede que al ser consciente de la pérdida y
comenzar a aceptarla plenamente, uno se deprime y experimenta la apatía, tristeza y soledad.
4. Reaparición de la esperanza y reconducción de la vida. La esperanza aparece cuando se es
capaz de reinsertarse poco a poco en la sociedad y recobrar la capacidad de amar.
¿Cuándo finaliza el duelo?
Termina cuando las tareas del proceso han sido finalizadas. Por lo tanto, no hay una respuesta
concreta, aunque dos años es el periodo más aceptado. El hablar de la persona desaparecida
sin dolor es un indicador de que el duelo ha terminado. Hay personas que nunca completan el
duelo, reapareciendo la pena de vez en cuando.
Características del duelo
A través de las diversas investigaciones relacionadas con el proceso de duelo se han
encontrado una serie de características comunes en la mayoría de los casos:
• Expresiones de tristeza profunda e ira.
• Negación de no poder recuperar lo perdido.
• Interrupción de las actividades habituales, las necesidades y la rutina.
• Necesidad de resituar o ubicar la propia vida.
Asimismo, en los casos de pérdidas de personas cercanas se cumple una característica
adicional que consiste en la necesidad de establecer una nueva relación interna con la persona
fallecida.
Síntomas principales
Durante los procesos de duelo se pueden encontrar una serie de síntomas comunes que
pueden clasificarse en las siguientes tipologías:
– Manifestaciones psicológicas y emocionales:
• Pérdida de ilusión.
• Sensación de extrañeza y confusión.
• Sentimiento de culpa y autorreproche por la continuidad y momentos de alegría a
pesar de la pérdida.
• Ansiedad.
• Irritabilidad.
• Sentimientos profundos de tristeza.
• Emoción de ira y rabia hacia figuras que considera culpables de la pérdida (médicos,
Dios…).
• Inapetencia y abandono del cuidado personal.
• Aislamiento y sentimiento de soledad en fechas señaladas.
-Síntomas físicos:
• Sensación de falta de energía.
• Problemas de sueño.
• Pérdida o ganancia de peso.
• Descenso de la apetencia sexual.
• Opresión en el pecho.
• Llanto prolongado.
• Mayor riesgo de enfermar y fallecer.
-Síntomas sociales:
• Aislamiento y sentimiento de no pertenecer a la comunidad.
• Resentimiento hacia la sociedad porque todo continúa a pesar de la pérdida personal.
• Elaboración de una nueva identidad y desempeño de nuevos roles y tareas.
¿CÓMO MANEJAR LA PÉRDIDA?
Existen grandes diferencias en la forma en la que las personas viven su experiencia de duelo.
No obstante, se han descrito una serie de recomendaciones que facilitarán un mejor manejo
de este proceso:
• Hablar de cómo nos sentimos con las personas de confianza.
• Mantener las actividades y rutinas del día a día.
• Dedicar tiempo al sueño y el descanso.
• Mantener una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico regularmente.
• Evitar el consumo de bebidas alcohólicas.
• Permitirse los momentos de llanto y tristeza.
• Realizar actividades en compañía de otras personas.
• No tomar decisiones importantes de forma rápida.
• Pedir ayuda siempre que sea necesaria.
TIPOS DE DUELO
Duelo anticipado
El duelo anticipado es el duelo que ocurre antes de producirse la pérdida. Este tipo de duelo se
da cuando la muerte del ser querido no se produce de manera inesperada o violenta.
Es habitual tener pensamientos relacionados con detalles del entierro o empezar a analizar
qué pasará después de la inminente pérdida. Este tipo de pensamientos nos pueden despertar
sentimientos de culpa. La culpa es una de las emociones más habituales durante el proceso de
duelo y puede llegar a manifestarse de diversas formas. Si este es tu caso, te recomendamos
visualizar el video de la psicóloga Lara Botella: Pasos para sanar la culpa en el duelo.
Debemos saber que este tipo de duelo anticipado es normal y nos ayuda a tomar consciencia
sobre la proximidad de la pérdida.
Duelo retrasado
Al contrario de lo que ocurre en el duelo anticipado, el duelo retrasado es aquel en el que la
respuesta tarda en aparecer. En este tipo de duelo, las personas no reaccionan de manera
inmediata al dolor.
Las personas que suelen tener este tipo de duelo son aquellas que se encargan de todos los
detalles del funeral, como el aviso a los familiares, todos los detalles y aspectos relacionados
con el entierro. Por ello atraviesan por una especie de letargo que les anestesia el dolor, hasta
que la actividad cesa.
Cuando la persona toma conciencia del vacío y la soledad que le produce la pérdida del ser
querido es cuando las emociones retardadas cobran protagonismo, llegando a ser muy
intensas, sintiéndose con mucho dolor y llanto. A la persona que experimenta este duelo
retrasado le pueden llegar a resultar extraños los sentimientos que ha empezado a sentir y
suele preguntarse por qué no los ha sentido hasta ese momento.
Duelo crónico
El duelo crónico es el duelo que se da cuando el doliente siente como si la pérdida se hubiese
producido hace poco, a pesar del paso del tiempo.
Las personas que experimentan este tipo de duelo, invierten todas sus energías en rememorar
el pasado, olvidándose de invertir ningún esfuerzo en el momento presente. Tanto si
experimentas este tipo de duelo crónico, como si quieres poder ayudar a alguien que está en
este proceso, debes tener en cuenta que es necesario poner la vista en nuevos proyectos
como parte fundamental en el proceso de elaboración del duelo.
Duelo patológico o duelo complicado
El duelo patológico es aquel en el que el doliente se ha detenido en alguna de las fases en la
elaboración de la pérdida.
Existen ciertos problemas psicológicos asociados al duelo complicado como es la ansiedad, la
depresión o las somatizaciones que pueden interferir gravemente en la buena calidad de vida
de la persona que lo padece. Es por ello que en estas circunstancias es imperativo buscar la
ayuda de un psicólogo especializado en duelo para poder seguir avanzando y desbloquear la
situación.
Duelo desautorizado o duelo ambiguo
El duelo desautorizado se produce cuando la persona que experimenta el duelo siente que no
presenta los derechos socialmente aceptados para estar en duelo.
El duelo ambiguo puede darse en casos como pérdidas no resueltas relacionadas con personas
desaparecidas o personas que han perdido sus facultades mentales a causa de enfermedades
neurodegenerativas como el Alzheimer. También es habitual en duelos que socialmente no
están bien vistos, como es en el caso de la pérdida de un amante.
CAPITULO II
TRABAJANDO EN EL DUELO
Ayudar a otros a superar el duelo A. Pangrazzi establece un pequeño decálogo para personas
que quieran ayudar en el tránsito del proceso de duelo a otros seres queridos, consejos
derivados de la relación de ayuda:
1. Familiarizarse con el proceso de duelo. Es importante tener una noción del duelo, de su
sintomatología, ritmos y fases para poder ayudar a desmitificar y aclarar los posibles
sentimientos no comprendidos por parte del doliente.
2. Evitar las frases hechas. «Sé cómo te sientes», «podía haber sido peor». Conviene no hacer
uso de este tipo de frases ya que son muy dañinas para los procesos de duelo e impiden ganar-
se la confianza de la persona a la que se pretende ayudar.
3. Acoger y provocar los desahogos. Es beneficioso facilitar la ventilación de emociones,
recordar siempre que la expresión de sentimientos nunca debe ser cortada bajo ningún
concepto. Por lo tanto, se deben acoger los sentimientos y ser capaz al mismo tiempo de
facilitar el desahogo.
4. Revalorizar los signos de presencia y cercanía. Es importan- te que la persona en duelo
sienta la presencia física y psicológica de la persona que quiere ayudarle en el duelo.
5. Mantener los contactos. Mantener vivo el contacto es también de gran importancia. La
persona en duelo va a pasar por una serie de estados emocionales muy complejos. Puede que
alguna vez, cuando se le quiera ayudar, nos aparte de su lado de manera despectiva. Hay que
tener en cuenta que es una reacción normal dentro del proceso en el que se encuentra. Una
llamada telefónica, una visita, etc., será una gran inyección de gasolina para el doliente.
6. Cultivar los recuerdos. A la hora de facilitar la ventilación de emociones, es importante
comenzar a cultivar los recuerdos. Por ejemplo, se pueden utilizar fotos donde aparezca el
difunto. De esta manera se conseguirá comenzar la cadena de recuerdos que dé lugar a la
expresión emocional necesaria para el desahogo y la verbalización de sentimientos.
7. Ayudar a elegir y tomar decisiones. Nunca se puede decidir por el doliente, aunque a veces
la solución pueda parecer cla- ra. En la relación de ayuda se puede facilitar el camino, ser una
luz en la oscuridad, pero siempre tiene que ser el familiar quien sea capaz de tomar sus propias
decisiones durante el ciclo del proceso de duelo.
8. Enseñarles la esperanza. Ser capaz de aprender de la muer- te, de sacar conclusiones. Es
importante hacerles ver que ya han pasado por una de las peores circunstancias por las que
puede pasar un ser humano, la pérdida de un ser querido, y a partir de este momento, y
después de haber caminado por el duro sendero que supone el duelo, queda la esperanza de
poder seguir hacia delante, con la propia vida, siendo capaz de retomar otra vez objetivos
pendientes.
9. Movilizar los recursos comunitarios. Es importante en la relación de ayuda conocer el
ambiente en el que se desenvuelve el doliente. Conseguir que asista a grupos de ayuda en
duelo, que llame a viejas amistades, que comience a salir será muy beneficioso y un gran logro
para la persona.
10. Ayudarle a descubrir nuevos motivos para vivir. Ha desaparecido uno de los motivos que
se tenían para vivir y se siente un vacío muy grande, pero por otro lado todavía queda mucho
por lo que luchar, cosas a las que una persona se puede seguir aferrando y por las que merece
la pena continuar con la vida. Ayudar a que el doliente sea capaz de percibir esos motivos para
volver a vivir será uno de los objetivos más importantes que se puedan plantear como
terapeutas o voluntarios en relación de ayuda.
Como ayudar a superar el duelo en el interior de uno mismo
• Reconocer la pérdida dejando sentir el dolor en el interior de uno mismo. La persona en
duelo tiene que sentir el desgarro del dolor en su interior. De nada sirve evitar la aparición de
los síntomas, pues tarde o temprano aparecen. Compartir el dolor suele venir muy bien
porque supone el apoyo necesario para la superación del mismo. Pero hay que recordar
siempre que cada persona se enfrenta a un duelo único, intransferible y personal, y como tal
tiene que sentirlo.
• Ofrecer al doliente un espacio para la expresión de emociones y del dolor de una manera
íntima y personal. Cuando se quiera ayudar a una persona en duelo, el lugar elegido debe ser
cuidadosamente seleccionado. Hay que tener en cuen- ta que va a necesitar explayar sus
sentimientos, ventilar sus emociones. El lugar debe reunir las condiciones de intimidad
necesarias para permitir el flujo de información.
Se debe elegir un lugar en el que no haya distracciones que interrumpan la comunicación (por
ejemplo, que no suene el teléfono, evitar un sitio público donde uno de los dos pueda ser
reconocido, etc.).
• Ayudar a identificar los sentimientos. Una persona en duelo puede llegar a tener la sensación
de que quizá se esté volviendo loca, que la situación le desborda y todo se le hace cuesta
arriba. Es una situación novedosa para ella, por lo tanto, es muy importante que aprenda a
identificar sus sentimientos y sus miedos, que aprenda a percibir la nueva realidad como un
aspecto más de su vida al que debe habituarse y tener la información necesaria para hacer
frente al duelo.
• Respetar el ritmo de cada persona. El duelo es un camino de lágrimas que cada persona
tiene que atravesar para seguir viviendo. Este camino es único y cada persona lleva su ritmo al
andarlo. Actualmente se vive en una sociedad con prisas para todo, incluso para el duelo.
Lo importante en el duelo es avanzar y, aunque sea lentamente, el avance debe producirse y
percibirse.
• No automedicarse. En España existe una gran tendencia a la automedicación. Si fuese
necesario consumir fármacos para controlar el estado de ánimo, tendrá que ser siempre bajo
supervisión médica.
• No tomar decisiones muy importantes durante el periodo de duelo. A la hora de tomar
decisiones el corazón es mal consejero. Cuando una persona se encuentra en duelo, la parte
racional de la toma de decisiones está prácticamente inutilizada.
• Dejarse apoyar por las demás personas. Hay que dar una oportunidad a los seres queridos
para que puedan apoyarnos durante el duelo. Hay que decirles qué es lo que necesitamos,
explicarles cómo pueden ayudar porque lo más seguro es que tengan buena voluntad, pero no
sepan cómo hacerlo.
Tiempo para poder estar a solas. El ser humano puede huir de todo aquello que le persigue
menos de una cosa: de sí mismo. Del mismo modo que es fundamental saber recibir ayuda y
no encerrarse en los propios sentimientos durante el periodo de duelo, resulta también crucial
poder tener tiempo para reflexionar, ver fotos o recuerdos, reorganizar la vida y resolver
asuntos pendientes. Y esto solo se realiza en soledad.
Aceptarse a uno mismo, planificar la vida. Después de los asuntos pendientes llega el turno de
rehacer la vida, de volver a retomar aquellas actividades que, como consecuencia del cuidado
de la persona enferma, se dejaron de realizar. Volver a disfrutar sin culpa será un buen
objetivo para salir del duelo. Solucionar simbólicamente la despedida con la persona difunta.
OBJETIVOS DE LA INTERVENCIÓN
El objetivo fundamental de toda intervención en duelo es acompañar y recorrer de una
manera activa el proceso de aceptación ante la pérdida de un ser querido, favoreciendo la
autoayuda.
• Prevención del duelo patológico a través de una actuación sobre los síntomas normales de
un proceso de duelo. Al trabajar de forma prematura estamos dirigiendo a la persona hacia la
resolución más adecuada de la pérdida.
• Ayudar a la persona doliente a completar cualquier cuestión no resuelta con el fallecido, a
aprender y crecer como ser humano, a ser capaz de decir adiós a su ser querido y a prevenir
procesos patológicos, optimizando así su capacidad futura de afrontamiento de situaciones
vitales estresantes.
Existen objetivos específicos que se corresponden con las cuatro tareas de Worden, que es el
modelo de trabajo en el que se basa la intervención. Son:
• Aumentar la realidad de la pérdida.
• Facilitar a las personas asesoradas el tratar tanto las emociones expresadas como las latentes
y compartirlas con el grupo.
• Fomentar sus propios recursos para, desde ellos, avanzar y crecer. De esta forma lograrán
superar los diferentes obstáculos para reajustarse después de la pérdida.
• Animar a decir un adiós apropiado y a sentirse cómodos volviendo otra vez a la vida. El
objetivo de todo programa es acompañar a la persona doliente en el proceso de muerte,
planteando las diferentes fases como tareas a realizar, pero permitiéndole que sea él quien
decida sus tiempos, normalizando las reacciones al duelo y dotándolas de significado.
MOTIVOS DEL FRACASO EN EL PROCESO DE DUELO
El trabajo en duelo requiere una perspectiva cualitativamente distinta por parte del
profesional que realiza la intervención. Frente al carácter directivo y el rol de experto que
resultan útiles en otras ocasiones, el psicólogo debe realizar un acompañamiento del doliente,
respetando los tiempos y velocidades del mismo y ofreciéndole una serie de herramientas que
pueda utilizar para realizar las tareas de duelo. Las intervenciones realizadas que no tienen en
cuenta la idiosincrasia del proceso de duelo ni las diferencias individuales tienen una alta
probabilidad de fracasar.
Acompañar en duelo significa estar sin presionar; si no sabemos qué decir es mejor estar
callado; ofrecer un hombro por si quiere llorar e incluso poder llorar con él si nuestro cuerpo
así lo siente.
Nunca se debe aconsejar, intuir o afirmar cuando existan dudas sobre ello y evitar decir frases
como las expuestas anteriormente. El contacto físico tiene mucho poder porque gracias a él
somos capaces de comunicar sin hablar. Un abrazo sincero en medio del duelo implica
reciprocidad y permite romper el frío distanciamiento. Hay que tener en cuenta que solamente
el 20% de la comunicación es verbal.