JW Broadcasting- Septiembre de 2021
¡Bienvenidos a la edición de este mes de JW Broadcasting®! Estas son algunas
de las cosas que veremos. La vida de Bill era la música. Aun así, él sentía que
algo le hacía falta. Veremos qué le dio verdadero sentido a su vida. Tener buenos
amigos es toda una bendición, en especial cuando pasamos por momentos
difíciles. Hoy veremos cómo forjar amistades buenas y duraderas. Y la canción de
este mes nos recordará las razones que tenemos para sentirnos felices. Seguro
que nos hará sonreír. Esto es JW Broadcasting. Es un hecho que todos nosotros,
en algún momento de nuestras vidas, nos hemos enfrentado a alguna situación
que nos ha desanimado. Y es que no hay persona que sea inmune al desánimo.
A veces nos podemos sentir así un par de días. Pero, en otras ocasiones, este
sentimiento dura más. ¿Qué cosas pueden hacer que nos sintamos desanimados?
En el Índice de las publicaciones Watch Tower aparece una lista de más de 20
factores que pueden contribuir al desánimo. Algunos son: la conducta de los
demás —es decir, lo que alguien haya hecho o dejado de hacer que nos lastimó
—, las faltas que hayamos cometido, el hecho de que ya no podamos servir como
anciano o siervo ministerial, los problemas en la congregación, los problemas de
salud y los sentimientos de inutilidad. ¡Hay infinidad de razones por las que alguna
vez nos podemos sentir desanimados! Incluso el hecho de sentirnos desanimados
puede desanimarnos. Hay quien se siente culpable porque está desanimado. ¿Es
ese su caso? ¡Pues bienvenido al club! En la propia Biblia, podemos encontrar
ejemplos de hombres y mujeres fieles a Jehová que se sintieron desanimados.
A Moisés le decepcionaron tanto las constantes quejas de los israelitas que le dijo
a Jehová: “Por favor, mátame de inmediato”. A Rebeca, la esposa de Isaac, le
afectó tanto que su hijo Esaú se casara con mujeres paganas que en una ocasión
llegó a decir que odiaba la vida, la detestaba. ¿Se ha llegado usted a sentir así
alguna vez debido a algún problema en la familia? David se sentía muy culpable
por sus pecados. En el Salmo 51:3 escribió: “Porque conozco muy bien mis
ofensas y mi pecado está siempre delante de mí”. ¿Siente que sus errores lo
aplastan? Jeremías se sintió tan desanimado por la oposición, las burlas y la
apatía de la gente que se prometió a sí mismo que no volvería a hablar más de
Jehová ni volvería a hablar más en su nombre. ¿Se ha llegado a sentir así cuando
no le va bien en la predicación? El apóstol Pablo admitió con franqueza en
Romanos 7:24, 25 que tenía una lucha contra su tendencia al pecado. A veces
aquella lucha lo hacía sentir como una basura. Él llegó a decir: “¡Qué desdichado
soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está sufriendo esta muerte?”. Como vemos,
hubo hombres y mujeres fieles que se sintieron desanimados. Y a nosotros nos
puede pasar lo mismo. Sentirse desanimado es parte de la vida en este mundo; lo
gobierna el Diablo. Ahora bien, es importante que meditemos en cómo
reaccionamos ante el desánimo. ¿Nos ponemos en el papel de víctimas de la
situación y nos sumimos en la desesperanza porque no dejamos de
compadecernos de nosotros mismos? ¿O, más bien, vemos al desánimo como un
enemigo contra el que hay que luchar con todo? Todos sabemos que sentimientos
como el orgullo, el egoísmo y la envidia, entre otros, son como enemigos.
Y luchamos contra estos sentimientos porque no queremos que destruyan nuestra
fe ni que se arraiguen en nuestra personalidad. Sin embargo, puede que a veces
no luchemos con la misma fuerza contra el desánimo. ¿Por qué es esto un
peligro? Por favor, lean junto conmigo Proverbios 24:10. Dice así: ¿Se dieron
cuenta de por qué debemos luchar contra el desánimo? Según estas palabras que
acabamos de leer, ¿qué peligro corremos si nos desanimamos al enfrentarnos a
momentos difíciles? Nos faltarán las fuerzas. Así es, el desánimo puede agotarnos
en sentido físico, emocional, mental y espiritual. ¿Y qué pudiera sucedernos si nos
faltaran las fuerzas? Podríamos dejar de servir a Jehová con ilusión. Podríamos
perder las ganas de orarle o de estudiar la Biblia. Podríamos empezar a faltar a
algunas reuniones. Quizás empecemos a alejarnos de los hermanos. Podría irse
apagando nuestro deseo de predicar. Y podríamos llegar a darnos por vencidos.
Y no queremos que ninguna de esas cosas nos suceda, ¿verdad, hermanos?
Entonces, ¿cómo podemos combatir el desánimo y vencerlo? Pues bien, el
desánimo es un sentimiento, una emoción. ¿Y qué da origen a los sentimientos, o
emociones? Veamos lo que se explicó en el artículo “¿Puede usted superar las
emociones negativas?”, publicado en el número del 8 de octubre de 1992 de
¡Despertad! Dicho artículo no se refería a quienes sufren depresión debido a
enfermedades como el trastorno bipolar, deficiencias nutricionales, reacciones a
sustancias tóxicas o medicamentos, problemas hormonales, alergias o a alguna
otra complicación que requiera atención médica. El propósito de este artículo era
ayudarnos a sobrellevar el desánimo que sentimos cuando pasamos por
“momentos difíciles”, como decía Proverbios 24:10. Bajo el subtítulo “Podemos
controlar nuestros pensamientos”, decía lo siguiente: Se ha dicho que no puede
tenerse un sentimiento sin antes haber experimentado un pensamiento. Entonces,
el desánimo no siempre es el resultado de las situaciones que enfrentamos, sino
de los pensamientos que tenemos sobre esas situaciones. Así que el primer paso
en la lucha contra el desánimo es identificar los pensamientos negativos. A veces
lo que sucede en nuestra mente es que una idea nos lleva a otra. El problema con
eso es el siguiente: esa serie de pensamientos nos puede llevar a una conclusión
equivocada. Para ilustrarlo, imagínense que para llegar a algún destino necesitan
tomar un tren. Pero ya estando arriba, se dan cuenta de que se equivocaron de
tren. Resulta que están yendo en la dirección contraria. ¿Qué se hace en un caso
así? ¿Se queda uno en el tren equivocado hasta la última parada? ¡Claro que no!
En cuanto uno llega a la siguiente parada, se baja de ese tren. Y... ¿qué hay que
hacer después? Subirse al tren correcto. Con nuestra mente pudiera suceder algo
parecido. Una serie de pensamientos negativos pudiera estar llevándonos en la
dirección equivocada: hacia el desánimo. ¿Qué podemos hacer? Cambiar de tren,
por así decirlo, y reemplazar esos pensamientos negativos por pensamientos
positivos que nos den paz mental. Esa es la clave: tenemos que esforzarnos por
sacar de la mente las ideas negativas y fijarla en lo que Jehová nos enseña. Pero
esa lucha por pensar de forma positiva es algo continuo. Y es de esa lucha de la
que el apóstol Pablo habló en Efesios 4:23. Noten cómo dice: Estas palabras nos
muestran que nosotros podemos controlar lo que pensamos; podemos renovar
nuestros pensamientos. Pero, como somos imperfectos, debemos seguir
esforzándonos por hacerlo. Y no es una batalla perdida. Jehová nos ha dado todo
lo que necesitamos para que nuestra mente vaya en la dirección correcta: el poder
de su Palabra inspirada, el poder de su espíritu santo, la oración y el nutritivo
alimento espiritual que recibimos mediante su organización. Hablemos a
continuación de algunos pensamientos negativos que pudieran desanimarnos, y
luego mencionaremos algunos pensamientos positivos que nos ayudarán a
combatir el desánimo. Hoy no fue su mejor día. Dijo o hizo algo malo y está
arrepentido. Ha sido uno de esos “momentos difíciles”. Usted empieza a pensar:
“No sirvo para nada”. Se subió a un tren con dirección al desánimo. ¿Decidirá
no bajarse de ese tren aunque su destino final sea el desánimo? Recuerde: la
decisión es suya. ¡Puede bajarse del tren! En vez de dejarnos llevar por ese
pensamiento negativo, podemos decirnos: “Un momento. Detente. Eso no es
cierto. El hecho de que me haya equivocado no quiere decir que no valgo nada
para Jehová. La Biblia dice que Jehová comprende que somos polvo y que es muy
misericordioso. Jesús mismo dijo una vez que ni un solo gorrión cae a tierra sin
que Jehová lo sepa. ¿Y no es cierto que nosotros valemos más que muchos
gorriones? Sí, para Jehová, yo sí valgo. Le pediré ayuda a Jehová. Estoy seguro
de que con su apoyo no volveré a cometer este error. Sin duda, mañana será un
día mejor. ¡Qué bueno que tengo a Jehová!”. Veamos un segundo caso. Imagine
que un hermano le dijo algo muy desconsiderado. Ahora se enfrenta a otro de
esos “momentos difíciles”. Puede que piense: “¿Cómo es posible que un hermano
que se comporta así tenga tanta responsabilidad en la congregación? No es una
persona ejemplar. ¿Por qué no hacen nada los ancianos?”. Ese es el desánimo
llamándonos y diciendo: “¡Ya es hora de abordar!”. Pero, si nos subimos a ese
tren, terminarán faltándonos las fuerzas. Una vez más, la decisión es nuestra.
Podemos reemplazar los pensamientos negativos con pensamientos positivos.
Para hacer que nuestra mente viaje en otra dirección, podemos decirnos algo
como lo siguiente: “Bueno, es cierto que el hermano me dijo algo desconsiderado.
Pero él no suele ser así. Es muy probable que estuviera teniendo un mal día.
Como yo, él también es imperfecto. Yo también he dicho algo fuera de lugar más
de una vez, y me he sentido muy mal. Quizás él se sienta igual. Recuerdo que
Colosenses 3:13 dice que debemos seguir soportándonos unos a otros y que
debemos seguir perdonándonos con generosidad, incluso si alguna vez tenemos
una razón válida para quejarnos de alguien. Bueno, el hermano me dio una razón
válida para quejarme de él. Pero el texto también dice que Jehová nos perdona
con generosidad. A mí Jehová me ha perdonado una infinidad de veces. No,
no voy a permitir que esta situación arruine mi amistad con el hermano. ¿Qué
puedo hacer yo por él? Voy a orar por él. Y también voy a orar por mí, para que
Jehová me ayude a no guardar ningún tipo de resentimiento en mi corazón”.
Pensemos en una tercera situación. Después de haberle dedicado años de
esfuerzo a su trabajo, lo despiden de su empleo. Ahora no sabe qué hacer. ¡Qué
momento tan difícil! Lo invaden la ansiedad y los pensamientos negativos y se
pregunta: “¿Y ahora qué va a pasar? ¿Cómo voy a mantener a mi familia? Jehová,
¿por qué permitiste que me pasara algo tan terrible?”. Si usted sigue dándoles
vueltas a este tipo de ideas, ¿adónde irá a parar? Sí, el destino final será el
desánimo, y eso lo dejará débil, agotado en sentido espiritual. Pero tiene otra
opción. En vez de pasársela pensando en eso, pudiera razonar así: “Bueno, aún
no encuentro trabajo. ¿Pero qué debería hacer? ¿Aflojar el paso en mi servicio a
Jehová? ¡Claro que no! Jesús dijo que no deberíamos angustiarnos por las cosas
que necesitamos porque Jehová nos ha prometido que nos las dará si seguimos
buscando primero el Reino en nuestras vidas. También nos dijo que lleváramos
una vida sencilla... La verdad es que hay cosas que realmente no necesitamos.
Eso es lo que voy a hacer: me voy a deshacer de algunas cosas, y así tendré más
tiempo para servir a Jehová. Él me prometió que nunca me va a abandonar, así
que voy a arrojar mi carga sobre él. Estoy seguro de que me ayudará a tomar la
mejor decisión”. Hermanos, como sabemos, vivimos en los últimos días de este
mundo, así que pasaremos por momentos difíciles. A veces, será debido a
nuestras propias imperfecciones y, a veces, será debido a las de los demás.
Y también debemos recordar que el Diablo está empeñado en desanimarnos.
Apocalipsis 12:17 dice que Satanás está enfurecido y guerrea contra “los que
obedecen los mandamientos de Dios y tienen la misión de dar testimonio acerca
de Jesús”. El Diablo se va a aprovechar de los problemas y las situaciones difíciles
que tengamos para tratar de llenar nuestra mente de pensamientos negativos y
robarnos las fuerzas. Por eso, nunca olviden que estamos a la entrada del nuevo
mundo. Hay que luchar contra el desánimo con todas las armas que Jehová nos
ha dado. No dejen de estudiar la Palabra de Dios; conviértanlo en parte de su vida
diaria. Órenle constantemente a Jehová y pídanle la ayuda de su espíritu santo, y
permanezcan cerca de su organización. Jehová nos prometió que nos dará la
victoria. Con valor, hacemos eco de las palabras del apóstol Pablo que
encontramos en Filipenses 4:13: En el primer video de hoy, veremos la historia de
Aino Ehtmaa. Sin duda, ella soportó muchos momentos difíciles con tal de ser leal
a Jehová. Noten lo que hizo para mantenerse fiel y no perder la alegría. Recuerdo
que una vez mi padre me escribió este versículo de la Biblia: “Tu palabra es una
lámpara para mi pie y una luz para mi camino”. Y me dijo: “Nunca te olvides de
eso. Ten siempre presente la Palabra de Dios y permite que dirija tu vida”. Nací
en 1929 en Võru, una ciudad de Estonia. Mis padres creían mucho en Dios y eran
muy cariñosos. Y siempre se preocuparon de que no me faltara nada. Cuando mi
padre aprendió la verdad, nos dio a cada uno una Biblia, y comenzamos a
estudiarla juntos. Lo arrestaron en el verano de 1948. En ese tiempo, Estonia
estaba bajo el control del régimen soviético, pero él todavía seguía trabajando
como profesor en una escuela. Un día le dijeron que se presentara en el
Departamento de Educación. Él fue vestido con ropa de verano y sandalias.
Nunca regresó. Un día, a medianoche, oímos que golpeaban muy fuerte la puerta.
Cuando abrimos, entraron unos soldados y nos ordenaron que les diéramos
nuestros pasaportes. Los pusimos sobre la mesa y, sin ninguna explicación, nos
dijeron: “Están arrestados”. Todo el mundo le tenía miedo a la prisión de Pagari,
en Tallin, y yo también. Recuerdo que me hicieron bajar al sótano por las
escaleras y llegué a un pasillo muy largo. Lo único que había en la celda era un
banco. Cerraron de un golpe la puerta, y fue entonces cuando sentí un poco de
miedo. Pero le pedí a Jehová que me ayudara, e inmediatamente sentí que me
llenaba de paz. Me acosté en el banco y me quedé dormida. Me declararon
enemiga del Estado y me condenaron a 10 años de prisión. Un año después de
ese juicio, nos mandaron a Rusia, a campos de prisioneros. Era muy difícil
conseguir el alimento espiritual. No podíamos recibirlo por correo. Pero los
ángeles siempre encontraban la manera de hacernos llegar algo. Una idea bíblica
o un simple versículo puede ayudarte mucho cuando estás en prisión. De todas
maneras, la Palabra de Dios debería estar en nuestro corazón. Nunca debemos
olvidarla, aunque solo podamos recordar un versículo. Después de un tiempo, me
permitieron vivir fuera del campo de prisioneros. Una familia de Testigos nos
acogió a dos hermanas y a mí en su casa. Vivir fuera del campo significaba que
no había un guardia vigilándonos todo el tiempo. Así que podíamos pasar tiempo
juntos y podíamos salir a predicar un poco, incluso a veces, de casa en casa.
Tiempo después, me mudé a otro lugar porque en la casa de los hermanos
no había mucho espacio. Eso nos permitió esconder las publicaciones en el lugar
donde yo vivía, y así, si arrestaban a alguien, me arrestaban a mí y no al hermano,
lo que hubiera sido mucho peor. Una noche, entraron a registrar el lugar donde
estaba viviendo. Pusieron todas las publicaciones en la mesa y me preguntaron de
dónde las había sacado. Yo les dije: “Los ángeles las trajeron. Ellos siempre nos
están alimentando”. Así que, como resultado, me impusieron una nueva condena:
dos años más por posesión de publicaciones. Entonces, por primera vez, oí que
los testigos de Jehová estaban prohibidos oficialmente. ¡Qué emoción sentí al
saber que me reconocían como testigo de Jehová! ¡Fue una gran alegría para mí!
Sabía que Jehová me estaba ayudando porque las cosas nunca fueron tan
difíciles como para que no pudiera aguantarlas. Si la situación era demasiado para
mí, siempre ocurría algo que me permitía seguir aguantando. En todo momento
tenía la sensación de que alguien me estaba cuidando. Nunca me sentí sola ni
abandonada. Si pudiéramos ser fieles siempre, nos sentiríamos felices siempre.
Pero a veces nos equivocamos y nos ponemos un poco tristes. Ser fiel te hace
feliz. Aunque estés en prisión, puedes seguir siendo fiel si no dejas a Jehová, si
no dejas de orar y si nunca olvidas la razón por la que estás ahí. Estás ahí porque
sirves a Jehová. Yo no era una ladrona ni era una asesina; yo era testigo de
Jehová, y estar en la cárcel por eso es un orgullo. Si usted se está enfrentando a
persecución, o a cualquier otra prueba, tenga siempre presente lo que le ayudó a
la hermana Ehtmaa. Ella se esforzó por alimentarse en sentido espiritual, aun
cuando casi no había publicaciones. Tenía en su corazón la Palabra de Dios.
Se valió de la oración para combatir el desánimo y las preocupaciones. Y pasó
tiempo con sus hermanos espirituales; y esto es algo que todos debemos hacer.
Fortalecer la amistad que tenemos con nuestros hermanos es especialmente
importante ahora que nos encontramos tan cerca del fin. En el siguiente segmento
de la serie “Lecciones de La Atalaya”, veremos qué debemos hacer para tener
amistades fuertes. Mis amigos me ayudan cuando más lo necesito. Me hacen reír,
y también cuando me hace falta algo puedo contar con ellos. Y, bueno, mis
amigos me alegran la vida. Ver que mis amigos pasan por momentos difíciles y
que aun así siguen sirviendo a Jehová me ayuda a aguantar cuando soy yo la que
paso por alguna prueba. Los amigos mejoran y enriquecen nuestra vida
muchísimo. La verdad es que para mí no es tan fácil hacer amigos. Soy bastante
tímido, a veces un poco inseguro, y me siento inferior a los demás. Siempre pensé
que Baruc era simplemente el secretario de Jeremías. No había pensado que
como pasaron tanto tiempo juntos seguramente llegaron a ser muy buenos
amigos. Cuando estudié el artículo sobre Jeremías y Baruc, me puse a pensar en
mis amigos. Cuando haces cosas por Jehová junto a tus amigos, eso lleva la
amistad a otro nivel. Las amistades que tenemos las personas que servimos a
Jehová son más fuertes y profundas que las que tienen las personas que no le
sirven. Me gustó mucho la parte del artículo que hablaba sobre la comunicación.
Si te abres con los demás, ellos también se abrirán contigo. Eso hace que la
amistad se haga más fuerte. A veces me veo a mí misma de forma muy negativa.
Me gustó que La Atalaya nos recordara que es normal ver los defectos de
nuestros amigos, porque todos tenemos defectos. Pero los amigos de verdad
están ahí para ayudarnos a ver nuestras cosas buenas. Cuando hacen eso
conmigo es como si Jehová me estuviera diciendo lo mucho que me quiere.
Me enteré de que Keith, un hermano mayor muy querido y respetado, tenía que
volver aquí, a Gran Bretaña, para recibir tratamiento médico. Intenté ponerme en
su lugar. Seguro que estaba nervioso y asustado. Aunque primero pensé: “¿Quién
soy yo para animar a Keith?”, después me di cuenta de que acercarme a él y
hablarle sería una muestra de amor. Así que pasamos tiempos juntos,
conversamos... El simple hecho de hacer una oración con él ya me parecía un
honor. Me emocionó muchísimo ver lo agradecido que se sentía por la ayuda que
yo le estaba dando. Y me puse muy contento de saber que lo poquito que hice por
él lo había animado mucho. Me tocó pasar tiempo con una hermana con la que
no tenía muchas cosas en común. Charlotte y yo somos polos opuestos, pero
enseguida me di cuenta de que es muy buena escuchando a los demás. Charlotte
ya no es solo una amiga... ahora es familia. Amo muchísimo a mi familia. Aunque
ninguno de mis familiares es testigo de Jehová, la verdad es que nunca me he
sentido solo. Jehová siempre se ha encargado de que tenga hermanos, hermanas,
padres, madres, tíos, tías... Él siempre ha puesto en mi camino a las personas que
necesitaba. Lo que viví con Keith me ha enseñado que tener amigos verdaderos te
trae muchas bendiciones. Cuando nos esforzamos por hacer algo que agrada a
Jehová, aunque sea algo pequeño, él nos bendice. He aprendido que, muchas
veces, terminas haciéndote muy amigo de la persona que menos esperabas.
Cuando sirves a Jehová con diferentes hermanos y hermanas, te das cuenta de
que cada uno es un regalo de Jehová. “Y él los entregará a todos ustedes en
nuestras manos”. Si trabajas duro para Jehová y eres tú mismo, otros hermanos
querrán ser tus amigos. Nunca vamos a olvidar las amistades que hagamos ahora.
Jehová usará a esos amigos para ayudarnos durante la gran tribulación. Estos
excelentes consejos aparecieron en el número de noviembre de 2019 de la revista
La Atalaya. Este artículo enfatizó lo importante que es que fortalezcamos nuestras
amistades con los hermanos antes de que llegue el fin. Puede que durante la gran
tribulación nuestros enemigos intenten causar divisiones entre nosotros, pero
estamos seguros de que nada ni nadie podrá romper nuestros lazos de amistad.
Nuestras amistades durarán no solo hasta el final de este sistema, sino por toda la
eternidad. En nuestras revistas se han publicado por muchos años historias de
testigos de Jehová. ¿Se ha preguntado alguna vez qué ha sido de algún hermano
o hermana desde que se publicó su historia? ¿Cómo les irá? En ese caso, nos
alegra presentarles una nueva serie titulada: “¿Qué ha sido de ellos?”. En el
primer episodio, nos pondremos al día con Bill Mullane. Su historia apareció en la
revista ¡Despertad! hace unos 35 años. En ese entonces, Bill tomó una importante
decisión que cambió por completo su vida. ¿Cómo le ha ido? Veámoslo.
La música te permite expresar cosas que no puedes expresar de ninguna otra
manera. Es tan poderosa. Es un regalo maravilloso. Antes de conocer la verdad, la
música era mi vida. Durante muchos años toqué rock duro y heavy metal en bares
y locales de la ciudad de Nueva York. El ambiente de esos lugares me parecía
muy deprimente. Pero después me enamoré de la música clásica. Practicaba seis
horas al día. Me aceptaron en la prestigiosa escuela de música Juilliard, pero al
final decidí no ir. Sentía que me faltaba algo. Mi vida cambió para siempre el 16 de
febrero de 1973, porque ese día, en un taxi, conocí la verdad. Llegué a Betel el 16
de febrero del año 1979. Al principio tuve que dejar un poco de lado la música.
Empecé trabajando en la imprenta y, bueno, era algo completamente nuevo para
mí. También trabajé en jardinería, en la construcción en Wallkill y en ingeniería y
diseño de planos. Aunque no era muy bueno en esas cosas, me di cuenta de que
Jehová estaba usando esos trabajos para ayudarme a desarrollar cualidades
importantes. Y creo que cuando Jehová me miraba decía: “Hay que seguir
ayudándote a mejorar”. Igual que afinas un instrumento para que suene bien,
Jehová también te afina. Él nos enseña a darle a cada cosa la importancia debida
y a ponerlo a él en primer lugar porque es lo que se merece. Cuando puse a
Jehová en primer lugar, todo lo demás encajó donde debía ir. Un día, en 1981,
mientras tocaba en una boda, conocí a una hermana. Nos enamoramos y nos
casamos. Si nuestro amor por Jehová crece con los años, el amor que le tenemos
a nuestra pareja también crece. Nunca dejé la música del todo porque aún me
apasionaba. Seguí practicando todo lo que me permitían el horario de Betel y mis
actividades espirituales. No me importa que la música ya no sea lo principal en mi
vida. Soy más feliz porque está en su debido lugar. En 1995, cuando llegué a
Patterson, empecé a trabajar en Servicios de Audio y Video. Desde el año 2016 la
música es parte de mi trabajo, porque ahora soy editor y compositor musical.
Trabajar con hermanos en la creación de una pieza musical es un privilegio y una
verdadera bendición. Es maravilloso que Jehová nos permita utilizar la música,
que nos gusta tanto, para alabarlo. La organización no hace música para ganar
dinero. El objetivo que tenemos es darle gloria a nuestro querido Padre, Jehová.
Y usamos música de todas las culturas. Eso nos une como hermanos. La música
es muy poderosa y ayuda a tocar el corazón. A veces nos juntamos algunos
hermanos y nos ponemos a tocar, a improvisar, y es como si estuviéramos
hablando a través de la música. Es algo único. Saber que he llevado una vida
limpia a los ojos de Jehová me hace muy feliz. Y no me arrepiento de las
decisiones que tomé cuando tenía 22 años. Todo lo contrario, fue lo mejor que
pude hacer porque gracias a eso llegué a ser amigo de Jehová y encontré el
equilibrio en mi vida. La felicidad no depende del trabajo que tenemos. Depende
de nuestra espiritualidad y de nuestra amistad con Jehová. Eso es lo que le da
sentido a la vida. No hay nada mejor que servir a Jehová. Como hemos visto, Bill
no se arrepiente de la decisión que tomó. Él sacrificó su carrera musical por su
amor a Jehová, y Jehová lo bendijo con una vida plena y feliz en su servicio a él.
El apóstol Pablo les escribió a los corintios que Jehová “ama al que da con
alegría”. Escuchemos cómo el hermano Anthony Morris, del Cuerpo Gobernante,
desarrolló ese tema en una adoración matutina reciente. Hoy hablaremos de
dinero. Bueno, la verdad es que nosotros nunca pedimos dinero. Pero eso
no significa que en la parte terrestre de la organización de Jehová no podamos
hablar de dinero. Y hemos mantenido esa visión equilibrada por mucho tiempo.
Ya hace más de 100 años, la revista Watch Tower dijo lo siguiente: “Jamás nos ha
parecido propio pedir dinero para la causa del Señor como las demás iglesias”,
refiriéndose a la cristiandad. “Opinamos que el dinero obtenido mendigando con
tretas en el nombre del Señor es ofensivo e inaceptable para él, y no consigue Su
bendición ni para los que lo dan ni para la obra que con él se realice”. Así que
no necesitamos que se nos obligue a dar. Nos sentimos muy felices de apoyar el
Reino con nuestro dinero. Lo que dijo la revista sigue siendo cierto hoy. Pero,
claro, con esto no queremos decir que esté mal hablar de dinero. A veces hay que
hablar de dinero en estos últimos días del sistema. La Biblia dice que el dinero
cubre las necesidades. Así que pensé en que analizáramos algunas ideas del libro
Reino de Dios. Veremos tres razones muy bonitas por las que nos gusta tanto dar.
La primera razón es que queremos hacer lo que a nuestro Padre, Jehová, le
agrada. Y el texto que vamos a leer ahora en Segunda a los Corintios es muy útil
para explicar por qué nosotros no pedimos dinero. Aunque, como decíamos, hay
que hablar de dinero de vez en cuando. Y, aquí, en el capítulo 9, Pablo está
hablando de las donaciones. Entonces, dice algo muy profundo por inspiración
que muestra lo que piensa Jehová. Está en el versículo 7. 2 Corintios 9:7: “Que
cada uno haga lo que ha decidido en su corazón, y no de mala gana ni a la fuerza,
porque Dios ama al que da con alegría”. Y ese es el punto: nos sentimos felices de
darle a Jehová. Cuando surge una necesidad, la organización nos lo comunica.
Por ejemplo, en la reunión anual vimos un informe sobre el aumento en la cantidad
de desastres que están ocurriendo. Y la organización de Jehová gastó millones de
dólares para ayudar a nuestros hermanos. Pero sabemos que dar es una
responsabilidad personal. Como vimos, cada uno debe hacer “lo que ha decidido
en su corazón, y no de mala gana”. Y, claro, nunca querríamos hacer sentir mal a
alguien. Y nunca le diríamos a nadie algo como: “Oye, tú tienes mucho dinero,
¿por qué no das más?”. No nos corresponde preguntar eso, no es nuestro
problema. Es una decisión que cada uno debe tomar. Así que, aunque hablamos
de dinero, nunca queremos que nadie se sienta presionado. Y jamás querríamos
que las personas nos dieran dinero obligadas o de mala gana. Nuestra
organización no es así. Sin embargo, la cristiandad es experta en pedirle dinero a
las personas. Como nosotros amamos a Jehová, queremos ser la clase de
persona a la que él ama. Y miren qué bonita esta expresión: “Dios ama al que da
con alegría”. O como dice otra traducción: “Dios ama a las personas a las que les
gusta dar”. Y así es. Queremos que Jehová nos ame. Así que, sin importar cuánto
dinero tengamos, eso depende de nuestras circunstancias, nos sentimos felices
de contribuir para el Reino. Esa es la primera razón por la que hacemos
donaciones, por nuestro amor a Jehová. La segunda razón se encuentra en la Ley
de Moisés. Se basa en un principio que nos permite ver lo que hay en nuestro
corazón. Es muy interesante. Vamos a Deuteronomio 16... Deuteronomio 16.
Y veremos la relación entre lo que se les pedía a los judíos y lo que nosotros
debemos hacer hoy día. Vamos a leer los versículos 16 y 17 del capítulo 16: “Tres
veces al año, todos tus varones deben presentarse delante de Jehová tu Dios en
el lugar que él escoja: durante la Fiesta de los Panes Sin Levadura, la Fiesta de
las Semanas y la Fiesta de las Cabañas, [ahora fíjense] y ninguno debe
presentarse delante de Jehová con las manos vacías. El regalo que lleve cada uno
debe ser en proporción a la bendición que Jehová tu Dios te haya dado”. Así que,
si pensamos en estas palabras, vemos que Jehová les dejó claro a los israelitas
que ninguno debía presentarse en estas fiestas sin llevarle un regalo. Ninguno.
No dijo: “Tienes que dar solo si eres rico o si has tenido un buen año”, como si los
pobres no tuvieran que dar, porque en ese tiempo, aunque eran el pueblo de
Jehová, también había pobres. Aun así, Jehová dijo: “Ninguno debe presentarse
con las manos vacías”. Y eso nos incluye a todos nosotros sean cuales sean
nuestras circunstancias, tanto si somos betelitas como si no. Así que Jehová
no quiere que nos presentemos con las manos vacías. ¿Y qué motivaría a un
siervo de Dios a no presentarse con las manos vacías, fuera en el pasado, en el
tiempo de Israel, o en nuestros días? Leamos lo que dice el versículo 17, es muy
interesante: “El regalo que lleve cada uno debe ser en proporción a la bendición
que Jehová tu Dios te haya dado”. Ese es el punto. Ellos tenían que pensar en las
bendiciones que habían recibido, y eso es algo que nosotros deberíamos hacer
siempre. Pensemos en lo que Jehová nos da, en cómo nos ha bendecido.
Y debemos dedicar tiempo a hacer esto, hay que esforzarse. “El regalo que lleve
cada uno debe ser en proporción a la bendición”. Así que hay que reflexionar.
Pensar en nuestras bendiciones nos motivará a contribuir con alegría. Esta es una
idea importante y algo en lo que deberíamos reflexionar, porque queremos
asegurarnos de dar contribuciones de forma regular, y así nunca presentarnos con
las manos vacías. No pensemos: “Yo ya hago mucho por Jehová”. Sí, pero se
necesita dinero para muchas cosas. Y eso es algo que todos debemos recordar,
incluso si no tenemos mucho dinero. Bueno, la tercera razón para contribuir tiene
que ver con nuestro amor por Jesús. Vayamos, por favor, a Juan, capítulo 14.
Evangelio de Juan 14:23. Hacemos donaciones voluntarias porque amamos al
Señor Jesús. Y vamos a leer lo que él dijo aquí. Juan 14:23. Dice: “Jesús le
contestó: ‘Si alguien me ama, obedecerá mis palabras. Y mi Padre lo amará, y
nosotros dos vendremos a él y viviremos con él’ ”. Fíjense... Dijo: “Si alguien me
ama”. Así que cada uno de nosotros tiene esa responsabilidad. Nosotros
no somos como la cristiandad. Ellos proclaman su amor por Jesús, aseguran que
sienten mucho amor por él. Pero la verdad es que ellos no saben cómo es Jesús
en realidad. Nosotros sí que conocemos a Jesús. Si estamos en la verdad y nos
hemos dedicado y bautizado, si realmente lo amamos, obedeceremos sus
palabras. Y eso no solo significa dedicar tiempo y energías a la predicación, sino
también hacer donaciones. Por eso nos sentimos felices de apoyar la obra del
Reino con nuestro dinero. No nos da vergüenza reconocer que para las labores
que realizamos hace falta dinero. Por ejemplo, construir y mantener las
sucursales, apoyar la predicación y otros proyectos. Se necesita dinero.
No podemos ir a comprar los productos que necesitamos y decirle al vendedor:
“Mira, somos una organización sin fines de lucro. ¿Nos lo das gratis?”. No,
no hacemos eso. Es lógico que estas personas esperen recibir dinero por los
productos que nos proporcionan. Así que recordemos los tres puntos que
analizamos: amamos a Jehová y por eso queremos hacer lo que a él le gusta.
También debemos reflexionar en lo que nos da. Y, por último, el amor a Cristo nos
impulsa a dar. Y queremos hacer todo lo que podamos. Así que, ¿cuánto dinero
debemos dar y con cuánta frecuencia? Eso es una decisión personal, y Jehová
nos dignifica dándonos esa libertad. Nunca querríamos hacer sentir mal a alguien
presionándolo a dar o diciéndole que debe dar esto o aquello. Eso es algo
personal. Y, si somos pobres, recordemos el excelente ejemplo de la viuda. Ella
era muy pobre. Pero, aun así, cuando fue al templo, no se presentó con las manos
vacías. No tenía mucho, pero Jehová y Jesús la amaron por dar lo que tenía. Así
que se espera que todos hagamos donaciones, incluso si somos pobres. Y lo
hacemos porque amamos a nuestro Dios, Jehová, amamos a Jesús y también
porque nos sentimos agradecidos por todas las bendiciones que Jehová nos da.
Como ya vimos, una forma de luchar contra el desánimo es cambiar los
pensamientos negativos por pensamientos positivos. ¿Qué les parece si hacemos
eso? El video musical para este mes, titulado “Siempre feliz”, nos llenará la mente
de pensamientos positivos. Mira hacia el mar y el cielo azul. Siente el sol en tu
piel. Hay tanto que vivir y disfrutar gracias a Dios. ¡Qué maravilla es poder percibir
su inmenso amor! Sirve a Jehová con el corazón. ¡No te arrepentirás! Canta y
sonríe con ilusión. Prueba y así serás ¡siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz!
¡Siempre feliz! Qué emoción es disfrutar tanto amor y unidad. Nos quitarán tal vez
la libertad, pero jamás nadie nos robará la felicidad de nuestro Dios. Sirve a
Jehová con el corazón. ¡No te arrepentirás! Canta y sonríe con ilusión. Prueba y
así serás ¡siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! Gracias a
Jehová y Jesús, podremos disfrutar verdadera libertad por la eternidad. Sirve a
Jehová con el corazón. ¡No te arrepentirás! Canta y sonríe con ilusión. Prueba y
así serás ¡siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre
feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz!
¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! ¡Siempre feliz! Seguro que este video les dibujó una
sonrisa en el rostro. En este programa, hemos visto que sí podemos vencer al
desánimo y seguir siendo felices. A pesar de las dificultades, la hermana Ehtmaa
siguió sirviéndole a Jehová con alegría porque buscó el apoyo de los hermanos y
no dejó de alimentarse espiritualmente. También vimos cómo hacer amistades
fuertes, que son tan necesarias cuando pasamos por momentos difíciles.
La historia de Bill nos enseñó que poner siempre en primer lugar a Jehová puede
darle verdadero sentido a nuestra vida. Y la canción del programa de este mes
llenará nuestros corazones de alegría cada vez que la cantemos. Ahora los invito
a visitar a nuestros hermanos de Quebec, en Canadá. Quebec es la provincia con
mayor extensión territorial en todo Canadá. Allí hay más de 24.000 de nuestros
hermanos y hermanas. Esta región es muy conocida por su belleza. Ahí
encontramos el río San Lorenzo, miles de lagos, cascadas, bosques y montañas
nevadas ideales para esquiar. También encontramos muchos animales, como el
alce, el caribú, el castor, el lobo y el búho nival. Nuestros hermanos comenzaron a
predicar en esta región en la década de 1920. Claro, la Iglesia influyó enseguida
en el Gobierno para que los persiguiera. En 1946, los Testigos organizaron una
campaña de 16 días para denunciar al Gobierno por no respetar la libertad
religiosa. Lamentablemente, cientos de hermanos y hermanas fueron arrestados.
Los primeros en ir a juicio fueron el hermano Aimé Boucher y sus dos hijas, y eso
que la menor solo tenía 11 años de edad. Pero en 1950, el Tribunal Supremo de
Canadá falló en su favor y respaldó el derecho legal que tienen los testigos de
Jehová de predicar en el área de Quebec. Hoy nuestros hermanos aprovechan al
máximo esta libertad. Montreal es la ciudad más grande de la provincia de
Quebec. A los publicadores de Montreal les encanta predicar en las zonas
turísticas, en las estaciones del metro y en los puertos, donde trabajan personas
de muchos países. También se esfuerzan por predicarles a la gran cantidad de
jóvenes que van a estudiar a Montreal. En la ciudad de Quebec, los hermanos
predican hasta enfrente del edificio donde alguna vez se escribieron leyes para
prohibir la predicación. El hermano Boucher era de la pequeña ciudad de Lac-
Etchemin. Actualmente, hay allí una congregación de 71 publicadores. Gran parte
del amplio territorio asignado a esta congregación es rural, pero los hermanos se
han esforzado por llegar a todos y hoy dirigen varios cursos bíblicos. En pleno
invierno, la temperatura promedio de este lugar es de -12 ºC, o 10 ºF, pero es
normal que llegue a hacer mucho más frío. A pesar de ese frío tan intenso, los
hermanos disfrutan de una cálida amistad. El 70 % de la producción mundial de
jarabe de arce proviene de Quebec. A mucha gente de Quebec le gusta hervir la
savia del arce, derramarla sobre la nieve, dejar que se endurezca, enrollarla en un
palito y, entonces, disfrutarla como si fuera un caramelo. Nuestros hermanos y
hermanas de la congregación de Lac-Etchemin nos mandan un saludo lleno de
entusiasmo. Muchas gracias por acompañarnos en una edición más de JW
Broadcasting.