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120 MARTÍ I EN LOS ESTADOS UNIDOS

cipe el misterioso príncipe del drllDla, con su claridad pálida de luna,


y su dolor nocturno, y la ira santa de la soledad irrevocable en una
tierra que, por estar preñada de elementos ruines, parece, mientras más
rebosante, Imás ' vacfa!
Y ahora, ¿qué viene? ¿A qué contar que un misero estudiante chino.
prendado de una veleidosa criatura, se ha arrebatado, la que ya esti­
m;ma, por incapaz de goces, inútil vida? ¿A qué repetir COD los pe­
riódicos americanos, cómo en contienda electoral, murieron en formal
batalla, a manos de hombres armados, de color, cuatro hombres blancos?
lA qué decir, si no ha de'poder ser dicho sin dolor, que en el dfa mismo
en que se escriben estas lineas, tres hombres han perecido ahorcados por 10
crímenes distintos en comarcas diversas de esta tierra; y por la mu­
chedumbre enfurecida ha sido un hombre de color, culpable de grave CONEY ISLAND'I'
delito, despedazado a la vista de los oficiales de justicia? Ya se acerca,
tras adecuada preparación de los nobles defensores, el proceso del mí­
sero malhechor que, por ruin motivo de provecho propio, privó a los ~~ .uW<'\.:: ~ Cb~Q\~0Gj
Estados Unidos de un ilustre jefe: ya se acerca el dia de huelga y reo
cogimiento público, el día de gracias al Hacedor magnánÍmo por loa
~ ~ : ed;.~oJ.. k c..~...., s.,~ ¡I''1t,
beneficios que en el año dispenSa a este pueblo infatigable y laborioso.
Es dia de banquetes familiares, y juntas de corporaCiones y grandes plá­
ticas en los templos, y narraciones en los diarios, de los orígenes de está
piadosa costumbre añeja. Nos sentaremos en el Día de Gracias a la
mesa de pobres yde ricos, y oiremos los himnos de los templos, y' pe­
a
diremos al buen Dios que libre de inútil muerte la desamparada cria­
tura que,como insecto humano vive entre los recios muros' ?e la cáreel.,
de Washington. Si por justicia se le mata, de. la más grande de las
muertes está muerto. ¡Abrídle las puertas .de la cárcel, y se refugiará
espantado y trémulo en su jaula de piedra! Si. por venganza ha de ma­
társele, ¿cómo se ha de ofrecer en holocausto a tan gran muerto tan
ruin vivo?
M. DE Z.

lA O~lI NGCiolllÚ. Caracas, 26 de noviembre de 1881

'1' F..ete trabajo neva la aiJuiell1e nota de Adriano Páez: .


"En. el número 64 de lA' Plumtl han podido ver nue.tn. lectoreI un udcaIo
mendamOl ,que se _&re
en que el célebre 88!lritor italiano De Amicia d8ICribe • PIItÚ IÜ lIOt'Iae. Jteao.
eH pintura _
ls1mul en Nueva York. Ambla son admirables.
la SUe baee el seIIor Mart( de CMtf1.
.
En los lastos ~hunulnos, nada iguala a la prosperidad maravillosa de

los Estados Unidos del Norte. Si hay o no en ellos falta de ralees pro­

lundas; si. son más duraderos en los. pueblos los lazos que ata el sa­

crificio y el dolor común que los que ata el común blterés; si esa nación

colosal, nova o no en sus entrañas elementos feroces y tremendos; si


la ausencia del espíritu femenil, origen del sentido artístico y comple­
mento del ser nacional, endurece y corrompe el corazón de ese pueblo
pasmoso, eso lo dirán los tiempos.
Hoy por hoy,' es lo cierto que nunca muchedumbre más feliz, más
jocunda, más bien equipada, más compacta, más jovial y frenética ha
, vivido en tan útil labor en puoblo alguno de la' tierra, ni ha originado
y gozado más fortuna, ni ha cubierto los rlos y los mares de mayor
número de empavesados y alegres vapores, ni se ha extendido con más
::'uUiéioso orden e ingenua alegría por blandas costas, gigañtescos muelles
y paseos brillantes y fantásticos.
Los periódicos norteamericanos vienen llenos de descripciones hi­
perbólicas de las bellezas originales y singulares atractivos de uno de
esos lugares de verano, rebosante de gente, sembrado de suntuosos ho­
teles, ~ado de un ferrocarril aéreo, matizado de jardines, de kioscos,
de pequeños teatros, de cervecerías, de circos, de tiendas de campaña,
de masas de carruajes, de asambleas pintorescas, de casiDas ambulantes,
de vendutas, de fuentes.
Los periódicos franceses se hacen eco de esta fama.
De los lugares más lejanos de la Unión Americana van legiones de
intrépidas damas y de galantes campesinos a admirar los paisajes es·
pléndidos, la impar riqueza, la variedad cegadora, el empuje hercúleo,
el aspecto sorprendente de Coney Island, esa isla ya famosa. montón de·
tierra abandonado hace cuatro año~. y hoy lugar amplio de reposo, de
amparo y de recreo para un centenar de miles de neoyorquinos que
acuden a las dichosas playas diariamente.
. Son cuatro pueblecitos· unidos por vías de carruajes, tranvías y fe­

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caben holgadamente a un mismo tiempo 4,000 personas. se llama Mq,n. vienen vapores; pitan, humean, salen y entran trenes;, vacían sobre Ja
MItmJ BeacA (Playa de Manhattan); otro, que ha surgido. como Minerv.. p1aya su seno de serpiente, henchido de familias; alquilan las mujeres
de casco y lanza, armado de vaporea, p1azaa, muelles y orqueataa mur­ 8WI trajes de franela azul, y SUB sombreros de paja burda que se ataD
murantea, y hoteles' que ya no pueblos parecen, sino naciones, se 1Iams bajo la harba; los hombres en traje mucho más sencillo. llevándolas de
Roclcawar; otro, el menos importante, que toma su nombre de un hotel la mano, entran al mar; los niños, en tanto con 108 pies descalzos, ea­
de capacidad extraordinaria' y construcción pesada, se llama Brighlo71' peran en la mlP'gen a que la ola mugiente se los moje, y escapan cuando
perQ el atractivo de la.:isJa no es RockGwar lejano, ni Brighlo71 mon6­ llega, disimulando con carcajadas su terror. y vuelven en bandadae,
tono. ni ManhautJ1l BetJCÁ aristocrático y grave: es Cab~' el riente Cable, como para desafiar mejor al enemigo, a un juego de que los inoeentel,
con 8U elevador más alto que la torre de la Trinidad de Nueva York postrados una hora antes por el recio calor, no se fatigan jamás; o salen
-d08 veces más alto que 'la torre de nuestra Catedral-a cuya cima suben y entran, como mariposas marinas, en la fresca rompiente, y como cada
los viajeroasUBpendidos en· una diminuta y frágil jaula, a una altura uno va provisto de un cubito y una pala, se entretienen en llenarse mu­
que da vértigos; es Cable, con sUs dos muelles de hierro. que avanzan tuamente SUB cubitos con la arena quemante de la playa; o luego que
80bre pilares elegantes un espacio de tres cuadras 80bre el mar, con su se han bañado,-imitando en esto la conducta de mas graves personae
l)alacio iIe Sea. Bea.ch., que no es más que un hotel ahora, y que Jue en de ambos sexos, que se cuidan poco de las censuras y los asombros de
la Exposición de Filadelfia el afamado edificio de Agricultura. "Agricul­ los que. piensan como por esta.!! tierraS pensamos,-i5C echan en la arena,
tural Building". transportado a Nueva York y reelevado en su primera _ y se dejan cubrir, y golpear, y amasar. y envolver con la arena en.,.­
,fo~a. sin que le falte una tablilla, en la COIta de' Coney lsland, como' dida, porque esto es tenido por ejercicio saludable y porque ofrece ÁD­
por arte de encantamiento; es Cable, con SUB museos de a 50 céntimos" guIares facilidades para esa intimidad superficial,' vulgar y vocinglera
en que se exhiben monstruos humanos, peces extravagantes,· mujeres bar-, a que parecen' aquellas prósperas gentes tan aficionadas.
budas, enanos melancólicoa, y elefantes raquíticos, de los que dice pom­ Pero lo que asombra' allí no es este modo de bañaise, Di los rostrol
poaamente el anuncio que son los elefantes más grandes de la tierra; es cadavéricos de las eriaturitas. ni los tocados capricl¡osos y vestidos in­
Cable, con SUB cien orquestas, con SUB risueños bailes, con SUB batallones comprensibles de aquellas damiselas, notadas por su prodigalidad, IU
de c:arruajes de niños, su vaca gigantesca que ordeñada perpetuam~te extravagancia, y 8U exagerada disposición a 'la alegria; Di los coloquios
produce siempre leche, su sidra. fresca a 25 céntimos el vaso, SUB in­ de enamorados, ni las casillas de baños, Di las óperas cantadas BOble
contables parejas de peregrinos amadores que hacen brotar a los !Mios mesas de café, vestidos de Edgardo y de Romeo, y de Lucía y de Ju­
aquellos tiernos versos de García Gutiérrez: lieta; Di las muecas y gritos de los ilegrOII minslrels, que no debeD lIeJ.'
Aparejadas ¡ ay! como los minstreú. de Escocia; ni la playa majestuosa, ni el 1101
, V(lB por ÚI8 1011UJ8 blando y sereno; lo que asombra allí es, el tamaño, la cantidad, el re­
1m cogujadu aultado súbito de la actividad humana, esa inmensa válvula de placer
y ÚI8 pal.o11UJ8; abierta a un pueblo inmenso, esos comedores que, jVÍ8tos de lejos, pa­
recen ejércitos 'en alto, eaoa caminos que a dos nüIlaa de distancia no
es Cable, donde las familias acuden a buscar, en vez del áÍre mefítico IOn caminos, sino largas aHombras de c~ezas~, e8 vertimiento diario
y nauseabundo de Nueva York:, el aire sano y vigorizador de la orilla de un pueblo portentoso en una playa portentosa; .movilidad, ese don
del mar, donde las madres pobres,-a la par que abren, sobre una de las de avance, ese acometimiento, ese cambio de fo ~ febril rivalidad
JJle88.B que en salones espaciosísimos hallan gratis, la caja descomunal de la riqueza, ese monumental .aspecto del conj I o que baeeu dipo
en que vienen las'provisiones familiares para el lun.ch-aprietan contra de competir aquel pueblo de baños con la majestad' de la. tierra que lo
su seno a !lus desventurados pequeñuelos, que parecen como devorados, soporta, del mar que lo ac8rlcia y del cielo que 1.Q corona, esa :marea
como chupados, como roídos, por esa terrible enfermedad de verano que creciente, esa expanaividad anonadora e ÍDCOntrutable, firme y freilé­
siega niños como la hoz siega la mies,-eI Molera inla.nlllm.~Van y tica, y esa naturalidad en lo maravilloso; eso es lo .que asombra .ni.

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126 MAIl.Tf / EN LOS ElTADO. UNIDOS


ESCENAS NORTEAMERICANAS 12í
Otros puebloa-y nosotros entre elloa-vivimos deyorados por un
mada playa; un grupo admira absorto a un artista que recorta en papel
sublime demonio interior, que nos empuja a la persecución infatigable
negro que estampa luego en cartulina blanca, la silueta del que quiere
de un ideal de amor o gloria; y cuando asimos, con el placer con que
retratarse de .ésta mahera singular; otro grupo celebra la habilidad de
se ase un águila, el grado del ideal que perseguíamos, nuevo afán nos
una dama que en un tenduchín que no medirá más. de tres cuartos de
inquieta, nueva ambición nos espolea, nueva aspiración nos lanza a
vara, elabora curiosas· flores con pieles de pescado; con grandes risas
nuevo vehemente anhélo, y sale del águila presa una rebelde mariposa
aplauden otros la habilidad del que ha conseguido dar un pelotazo en
libre, como desafiándonos a seguirla y encadenándonos a su revuelto
la nariz a un desventurado hombre de color que, a cambi9 de un jornal
vuelo.
miserable, se está día y noche con la cabeza asomada por ~ agujero
No así aquellos espíritus tranquilos. turbados sólo por el ansia de
hecho en un lienzo esquivando con movimientos ridículos y extravagantes
la posesión de una fortuna. Se tienden los ojos por aquellas playas re­
muecas los golpes . de los tiradores; otros barbudos y venerandos, se
verberantes; se entra y sale por aquellos corredores, vastos cOmo
sientan gravemente en un tigre de madera, en un hipogrifo, enuna esfir;tge,
pampas; se asciende a los picos de aquellas colosales casas, altos como
en el lomo de un constrictor, colocados en círculos, a guisa de caballos,
montes; sentados en silla cómoda,· al borde de la· mar, llenan los pa­
que giran unos cuantos minutos alrededor de un mástil central, en CUJO
seantes sus pulmones de aquel aire potente y benigno; mas es fama
tomo tocan descompuestas .80natas unos cuantos sedicientes músicos.
que una melancólica tristeza se apodera de los hombres de nuestros
pueblos hispanoamericanos que allá viven, que se buscan en vano y. no
Los menos ricos, comen cangrejos y ostras sobre la playa, o pasteles y
carnes en aquellas mesas gratis que ofrecen ciertos grandes hoteles para
se hallan ; que por mucho que las primeras impr~iones hayan halagado
estas comidas; los adinerados dilapidan sumas cuantiosas en infusiones·
sus sentidos, enamorado sus ojos, deslumbrado y ofuscado su razón, la
de fucsina, que les dan por vino; y en macizos y extraños manjares
angustia de la soledad les posee al fin, la nostalgia de un. mundo espi­
que rechazaría sin duda nuestro paladar pagado de lo artístico y
ritual superior los invade y aflige; se sienten como corderoS "in madre
y sin pastor, extraviados de su manada; y, salgan o no aJos ojos, rompe ligero.
el espíritu espantado en raudal amarguisimo de lágrimas, porque aquella Aquellas gentes comen cantidad; nosotros clase.
gran tierra está vacia de espÚ'itu. y este dispendio, este bullicio, esta muchedumbre, este hormiguero
Pero i qué ir y venir! i qué correr. del dinero! ¡ qué facilidades asombroso, djlran desde Junio a Octubre, desde la mañana hasta la aha
para todo gocel ¡qué absoluta ausenciá de toda tristeza o pobreza vi­ noche, sin intervalo, sin interrupción, sin cambio alguno.
sibles! Todo está· al aire libre: los grupos bulliciQBOs i los vastos come­ . De noche, i cuánta hermosura! Es verdad que a un pensador asombra
dores; ese original amor de los norteamericanos, en que no entra casi tanta mujer casada sin marido; tanta madre que con el pequeñuelo al
ninguno de los elementos que constituyen el pudoroso, tierno y elevado hombro pasea a la margen húmeda de~ mar, cuidadosa de su placer, y
amor de nuestras tierras; el teatro, la fotografia, la casilla de baños; no de que aquel aire demasiado penetránte ha de herir la flaca natu­
todo está al aire libre. Unos se pesan, porque para los norteamericanos raleza de la criatura; tanta dama que deja Il-bandonado en los hoteles a
es materia de gozo positivo, o de dolor real, pesar libra más o ilbra su chicuelo, en brazos de una áspera irlandesa, y al volver de su largo
menos; otros, a cambio de 50 céntimos,reciben de manos de una paseo, ni coge en brazos, ni besa en los labios, ni satisface el hambre a
alemana fornida un sobre en que está escrita su buena fortuna; otros, su lloroso niiio.
con incomprensible deleite, beben sendos vasos largóS"Yestrechos como Mas no hay en ciudad alguna panorama más espléndido que el de
obuses, de desagradables aguas minerales. aquella playa de GaJ,le, en las horas de noche. ¿Veíanse cabezas de
Montan éstos en amplios carruajes que los llevan a la suave hora del día? Pues más luces lit. ven en la noche. Vistas a alguna distancia desde
crepúsculo, de Manhattan a Brighton; atraca aquél su bote, donde an­ el mar, ~05 cuatro poblaciones, destacándose radiosas en la sQmbra, se­
duvo remando en compañía de la risueña amiga que, apoyándose con. .. mejaD_ como si en cuatro colosales gz;up,os. ~·,hubiet~ reu,ni~, .l,II··es­

ademán resuelto sobre sú hombro, salta, feliz como una nilia, a ·la ani- . l'I:ellú qO~puebláriierclelo y cllfdo de'lú!iitó"eiílós"l1lal'dk'."'<·, .. .

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ji
Las luces eléctricas que inundtm de una claridad acariciadora y ,.­ ¡;;¡j
gica las plazueIas de los hoteles, los jardines ingleses, los lugares de con­
ciertos, la playa misma en que' pudieran contarse a aquella luz vivísima
los granos de arena parecen desde lejos como' espíritus superiores in­
~j
,,
quietos, COmO' espíritus risueños y diabólicos que traveseasen por entre
las enfermizas luces de gas, los hilos de faroles rojos, el globo ('.bino, ,
;
'
la lámpara veneciana. Como en día pleno. se leen por todas partes pe­ ~j
"
riódicos, programas, anuncios, cartas. Es un pueblo de astros; y así las ,,
orquestas, los bailes, el' :vocerío, el ruido de olas, el ruido de hombree.
el coro de risas, los halagos del aire, los altos pregones, los trenes ve­
loces, los carruajes ligeros, hasta que negadas ya las horas de la vuelta, 11 ,1,
como monstruo que vaciase ,toda su entraña en las fauces hambrientaa
de otro monstruo, aquella muchedumbre colosal, estrujada y compacta CARTA DE NUEVA YORK,
'se agolpa a las 'entradas de los trenes que repletos de ella, gimen, como ¡,
t il
cansados de su peso, en su carrera por la soledad que van salvando, y
ceden luego su revuelta carga a los vapores gigantescos, animados por Proce,o de Cuitetm.-Ylirio, ,ueuo,.-ÁnimodtJ .,cena:' tingular dTd11UJ.·
,arpas y violines que nevan a los muelles y riegan a los cansados pa· La ,urbtl: ltJ ,ala. ltJ #,ión: ltJ ,aUda. - El luu,wre.";- ¡,ceMl de ..
seantes. en aquellos mil carros y mil vias que atraviesan. como venll$ Irtl/uagan.cia e irr!Werencia "¡,mtJDO' tlJuera./". - Dilcu:ilo de CuiteaU.­
de hierro. la dormida Nueva Yorlc. Elección de lo, jurtJtlo" proce,wn curwm
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JosÉ )Inri

lA Pllmut. BOgotá, Colombia, :1 de diciembre de 1881

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