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El género: lo masculino y lo femenino, la mujer y el hombre.

Tradicionalmente, ambos
sexos han sido diferenciados y se ha considerado que tienen diferentes características y
roles. La mujer pasiva, obediente y cariñosa que cría y cuida a los niños y su hogar. El
hombre duro, dominante y agresivo, cuyo cometido es trabajar y proveer a la familia de
sustento.

Estos roles han sido a lo largo de la historia tenidos por ciertos y naturales, y han supuesto
la crítica y repulsión hacia aquellas personas que se desviaban de ello. Incluso hoy en día
no es infrecuente oír como crítica que alguien es poco masculino/femenina. Pero los roles
de género no son algo natural sino una construcción social, que en diferentes culturas
pueden no ser compartida. Al conocimiento de este hecho, que ha permitido con el tiempo
la igualdad de género, ha contribuido en gran medida la teoría del género de Margaret
Mead.

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¿Quién fue Margaret Mead?


Nacida en 1901, en un momento de la historia en que se consideraba que las diferencias
entre hombres y mujeres eran debidas a sus diferencias biológicas innatas siendo el
hombre productivo y la mujer expresiva, Margaret Mead fue una psicóloga y antropóloga
estadounidense cuyo campo de interés se centró en la investigación de la cultura y las
maneras de criar a los infantes en distintas culturas, y cómo estas tienen un efecto en el
desarrollo del ser humano.

Mead realizó numerosos viajes a lo largo de su vida analizando distintas culturas y las


diferencias que presentaban entre ellas y con respecto a la cultura occidental, observando
entre otros aspectos que la consideración del papel de cada sexo podía variar enormemente
según las creencias de la población. 

En este contexto, sería una de las pioneras en describir el concepto de género,


desligando los roles de género del sexo biológico.

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Análisis de grupos culturales en Nueva Guinea


Uno de los trabajos más emblemáticos de Mead con respecto al género aparece en el
libro Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas, basado en su análisis de
diferentes grupos étnicos de Nueva Guinea en los que los roles atribuidos a ambos sexos
diferían en gran medida de los roles tradicionales considerados por el mundo occidental.

Concretamente, Margaret Mead analizó a las tribus arapesh, tchambuli y mundugumor.


En la sociedad arapesh observó que independientemente del sexo biológico, todos los
individuos eran criados de manera que asumieran una conducta tranquila, pacífica y afable
cercana a lo que en occidente se consideraría femenina.

Sus observaciones sobre los tchambuli reflejarían que en esa sociedad la mujer se dedica a
la búsqueda del sustento en actividades como la pesca y dirige la comunidad, mientras
que el varón realiza las tareas del hogar, asumiendo conductas atribuidas al otro género en
otras sociedades y mostrando ellos mayor sensibilidad en aspectos como el arte y la
búsqueda de la belleza. Dicho de otro modo, los roles de género de esa sociedad podrían
haberse considerado el reverso de los occidentales.

Por último, el comportamiento de los mundugumor resulta prácticamente inverso al de los


arapesh, siendo ambos sexos educados de manera que resultan agresivos, violentos y
competitivos de un modo semejante al que se consideraría típicamente masculina en
aquella época.

La teoría del género de Margaret Mead


Las observaciones en estas y otras sociedades reflejaron que en diferentes culturas los roles
atribuidos a hombres y mujeres eran diferentes. A partir de ello se deduce que, al contrario
de lo que se pensaba en la época, las diferencias biológicas existentes entre ambos sexos
no determinan el funcionamiento social que deben tener hombres y mujeres sino que es
la crianza y la transmisión cultural la que incita a la existencia de la mayor parte de
diferencias sociales.

De este modo, el comportamiento, los roles y los rasgos atribuidos a cada sexo no se
encuentran vinculados al sexo en sí. El motivo de que en algunos lugares el rol sea uno u
otro puede encontrarse en que cada cultura, en sus inicios, establece un carácter o patrón de
actuación deseable para sus componentes. Un patrón que termina por ser interiorizado y
replicado a través de las generaciones.

En base a ella, la autora consideraba que había que disminuir la rigidez de los roles de
género y las diferencias que estos comportan, de manera que ambos sexos pudieran
desarrollarse plenamente.

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Consecuencias de la teoría de Mead

La teoría del género de Mead, que refleja a este como una construcción social, ha tenido
repercusiones en diversos sentidos. La búsqueda de la igualdad de sexos y la progresiva
difuminación de los roles y estereotipos de género han sido facilitados por estas
investigaciones.

Asimismo, si bien la autora no hizo gran hincapié en ello en sus investigaciones, también
ha contribuido e impulsado que otros investigadores contribuyeran a derribar mitos y
creencias respecto a la orientación y la identidad sexual.
Referencias bibliográficas:

 Mead, M. (1973). Sexo y temperamento en las sociedades primitivas. Barcelona:


Laia.

 Molina, Y. (2010). Teoría de Género. Contribuciones a las Ciencias Sociales.


Universidad de Málaga.

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