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ESQUEMA DE ADORACION ROSARIO MUNDIAL

MATER FATIMA PARA EL MUNDO

I.INTRODUCCION

Celebramos hoy el aniversario 104 de la aparición de la Santísima Virgen


María en Fátima, Portugal.

Hoy hemos dicho Sí a María y aceptado sus manifestaciones de amor y sus


mensajes a los tres pastorcitos, Jacinta, Lucia y Francisco.

Hoy revive en nuestros corazones el llamado que Ella hace a la humanidad


urgiendo la conversión de las almas, la consagración a su Inmaculado
Corazón y al de su amado Hijo, la reparación por nuestros pecados y ofensas
y la oración constante a través del Santo Rosario.

Hoy, 13 de mayo, nos entregamos por entero a Ella y, una vez más,
honramos, bendecimos y vivimos con todo el corazón sus mensajes y
enseñanzas y las del Ángel de la Paz, nutridos por el Evangelio.

Hoy queremos hacer sonreír a la Virgen.

II.EXPOSICIÓN AL SANTISIMO

III.CREDO

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra,


de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único
de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de
Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros,
los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu
Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa




fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y
resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado
a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y
muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador
de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe
una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la
Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo
Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los
muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

IV.ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la


perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos
suplicantes. Y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el
divino poder, a satanás y a los otros espíritus malignos, que andan dispersos
por el mundo para la perdición de las almas.

Glorioso Arcángel, defiende a (país)______ y a su Iglesia, protege al Papa,


para que podamos ver pronto el glorioso triunfo del Inmaculado Corazón
de María. Amén.

V.ORACIONES DEL ANGEL DE LA PAZ

“Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que
no creen, no adoran, no esperan, no os aman.”

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente


y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro
Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación
de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y
por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón de Jesús y del Corazón
Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores”

VI.SANTO ROSARIO MISTERIOS LUMINOSOS

PRIMER MISTERIO: EL BAUTISMO DE JESÚS

En el primer misterio de luz contemplamos a Jesús que recibe el Bautismo


de Juan el Bautista en el río Jordán.

Nos narra san Marcos en su Evangelio (1, 9-11):

Y sucedió por aquellos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea,


y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que
los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él
como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo
amado, en ti me complazco». Enseguida el Espíritu lo llevó al
desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por satanás.
Vivía entre los animales del campo, y los ángeles le servían.

Cristo es la Luz del mundo. Su Presencia disipa las tinieblas que agobian a
la humanidad que peregrina entre luces y sombras, pero con la esperanza
fundada en el amor infinito del Padre que sale al encuentro de los hombres
y mujeres de todos los tiempos y nos invita a entrar en su Reino por medio
del Bautismo. Entre los diversos nombres que ha recibido este Sacramento
figura el de “Iluminación”: el bautizado es hijo de la Luz, se transforma en
luz, como Cristo mismo. Él mismo lo dijo en el Sermón de la montaña:
“Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra”. El creyente testimonia
la misericordia de Dios con sus acciones luminosas: viviendo según el
evangelio, practicando la justicia y amando al prójimo.

En la Renovación del lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá


resplandeció el rostro de María y de su Hijo. También los pastorcitos de
Fátima se vieron rodeados de una luz que ascendía al cielo, y Lucía
describió ese mismo brillo que se expandía sobre toda la tierra.




Como intención de este Misterio, pidamos por las víctimas de la Covid-19
que aflige al mundo: por los tres millones de fallecidos, por los enfermos y
sus familias. Por el personal médico y por todos los que luchan por superar
esta calamidad.

SEGUNDO MISTERIO: EL MILAGRO DE LAS BODAS DE CANÁ

En el segundo Misterio contemplamos a Jesús, que, a solicitud de su


Madre, ayuda a unos jóvenes esposos en su fiesta de bodas convirtiendo
el agua en vino.

Nos cuenta san Juan en su Evangelio (2, 1-11):

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y


la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus
discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No
tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver
nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los
sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de


purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.
Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las
llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al
encargado del banquete». Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba


su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el
agua, llamó al esposo y les dijo: «Siempre se sirve primero el buen
vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad.
Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».
Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de
Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es el enviado del Padre a rescatar la


oveja perdida, como el Buen Pastor y a restaurar la dignidad de la creación




y con ella a la humanidad glorificada junto al Señor Resucitado. El Apóstol
San Juan que dio testimonio de Jesús en su Evangelio, lo contempla en la
visión final del Apocalipsis como el Cordero que celebra sus Bodas con la
Iglesia, que es la humanidad redimida. ¡Felices los invitados a la mesa el
Señor! Repetimos en cada Eucaristía, antes de recibir la Sagrada
Comunión.

Toda la vida terrena de Cristo es una existencia eucarística, e incluso la


gloria que posee como Resucitado a la diestra del Padre es la plenitud de
una vida de amor transformador, la que ya el Antiguo Testamento celebra
en el libro del Cantar de los Cantares y la existencia misma de los santos
es siempre una vida de comunión plena, como lo fue en primer lugar María,
la Madre de Dios.

El Señor quiso mostrarnos esto en la vida de los tres pastorcitos dándoles


el alimento y la bebida celestial por mediación del ángel, y particularmente
Francisco, el contemplativo, gustaba de quedarse en presencia de Jesús
escondido, deseando y preparando el encuentro definitivo del cielo.

Como intención de este Misterio, pidamos por intercesión de San José,


en los 150 años de su proclamación como protector de la Iglesia universal,
que custodie y proteja al pueblo cristiano, inspire a los sacerdotes, vele por
las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal y a todos nos sirva de modelo
de Santidad en el día a día.

TERCER MISTERIO: LA PREDICACIÓN DE JESÚS SOBRE EL REINO DE


DIOS Y LA CONVERSIÓN

En el tercer misterio contemplamos a Jesús en su Ministerio Público de


predicación, y de curación de los enfermos del alma y del cuerpo,
testimoniando así la misericordia del Padre.

San Mateo nos narra el inicio de la predicación de nuestro Señor de


esta manera (4, 12-17):




Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se
retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a
orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se
cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

"¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la


Transjordania, Galilea de las naciones!

El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los
que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una
luz."

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar:


«Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».

En el comienzo de su vida pública, Jesús presenta su programa en la


sinagoga de Cafarnaúm, confirmando las palabras de Isaías: “Él ha venido
a sanar los corazones afligidos, a devolver la vista a los ciegos, a levantar
a los caídos, a anunciar un tiempo de gracia y de liberación”. Esa misma
fue la misión de María y de los apóstoles a partir de Pentecostés y es la
razón de ser de la Iglesia: proclamar la buena nueva a todos los pueblos
de la tierra hasta el fin del mundo.

Los Santuarios Marianos, como este de Chiquinquirá en Colombia y el de


Fátima en Portugal, son lugares privilegiados de acogida y de
reconciliación, de anuncio gozoso del evangelio y espacios abiertos al
encuentro y al compartir solidario con los pobres.

Como intención de este misterio, encomendemos a la protección de la


celestial Señora a todas las familias del mundo, no solo aquellas bendecidas
por el vínculo sacramental, sino también a las que no encuentran el camino
de la fe, a las que sufren carencias materiales, a las que han perdido la
ilusión del amor primero. En fin, oremos por las familias incompletas, por
los huérfanos y las viudas, para que encuentren en Dios el motivo para
seguir esperando y en nosotros la cercanía amorosa y solícita.




CUARTO MISTERIO: LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS

En el cuarto misterio contemplamos a Jesús que manifiesta su Gloria a tres


de sus Apóstoles transfigurándose en la cima del monte, con la presencia
de Moisés y del profeta Elías.

San Marcos nos narra la Transfiguración de Jesús de esta manera


(9, 2-8):

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó
a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia
de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas
como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron
Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos


tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Pedro
no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una
nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es
mi Hijo muy querido, escúchenlo». De pronto miraron a su
alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.

El Papa san Juan Pablo II, que nos dejó como herencia espiritual los
Misterios de Luz, nos dice que la Transfiguración de Jesús es el misterio de
luz por excelencia: el Rostro de Cristo refleja la Gloria del Padre, el Antiguo
Testamento patente en Moisés que representa la ley, y Elías el ministerio
de los profetas, y la voz de Dios que nos invita a escuchar a su Hijo amado.

Jesús quiere anticipar por un instante la gloria que recuperará en su


resurrección y que había escondido al hacerse humano en el vientre
virginal de María. De esta manera no solo los prepara para el escándalo de
su dolorosa pasión y de su espantosa muerte en la cruz, sino que les da
una prenda de lo que la iglesia poseerá plenamente cuando el universo
entero sea por fin liberado de toda corrupción y sea entregado limpio y
perfecto por manos del Hijo al Padre, para que él sea todo en todos.

La Madre de Jesús que, libre del pecado original se convirtió en la única


criatura redimida en virtud de su misión en la obra redentora, muestra en




cada aparición la radiante belleza que nos espera a los discípulos de su
hijo y mientras tanto nos invita a orar con insistencia y a no ofender a Dios
con nuestras infidelidades.

Como intención de este Misterio, pidamos a Dios por la intercesión de su


Madre santísima, la conversión de los pecadores, de aquellos que obran
inequidad, atropellan al prójimo y destruyen el medio ambiente, así como
por las personas e instituciones que, en vez de trabajar por el bien común,
desprecian la vida, fomentan la violencia y alimentan estilos de vida que
ofenden a Dios y atentan contra la dignidad humana.

QUINTO MISTERIO: LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

En el quinto misterio contemplamos a Jesús que, en la Última Cena al


instituir la Eucaristía, funda el ministerio sacerdotal y nos deja el
mandamiento del amor fraterno.

En la primera carta a los cristianos de Corinto, el Apóstol san Pablo nos


narra la Institución de la Eucaristía así (11, 23-26):

Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo


siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el
pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se
entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». De la misma
manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es
la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la
beban, háganlo en memoria mía». Y así, siempre que coman este
pan y beban esta copa, anunciarán la muerte del Señor hasta que
él vuelva.

En su carta sobre el Rosario, el Papa san Juan Pablo II subraya que la


presencia de Nuestra Señora en la vida pública de Jesús fue siempre
discreta y silenciosa. En efecto nunca sustituye a su Hijo, ni busca
protagonismo, pero dispone siempre los corazones a su encuentro. Por
eso, en la Salve la saludamos diciendo que Ella es “Vida, Dulzura y




Esperanza nuestra”, porque está llena de la Vida de su Hijo, porque nos
enseña a saborear la dicha de poseerlo y a aguardar confiados su victoria.

María no aparece en la cena de despedida, pero gracias a Ella Dios toma


forma humana en su corazón por la Fe y en su vientre por la acción del
Espíritu Santo. Ese cuerpo entregado como pan de vida para la salvación
del mundo. El mismo cuerpo glorificado que habiendo ascendido a lo más
alto del cielo lleva consigo a una multitud incontable, la Iglesia triunfante
que nos anima y acompaña a los que todavía caminamos en este valle de
lágrimas.

Como intención de este Misterio, elevamos al cielo nuestra súplica


confiada por la paz y el perdón entre los hombres y entre los pueblos y nos
unimos al clamor del Santo Padre en favor de la solución pronta de los
conflictos bélicos, de la superación de toda discriminación a causa de la
raza, de la condición económica o de la religión. Por la libertad religiosa y
la solidaridad entre las naciones.

Tres Ave María en honra de la Santísima Virgen María y por el Santo


Padre para alcanzar la indulgencia plenaria

VII. CONSAGRACION AL SAGRADO CORAZON DE JESUS Y AL


INMACULADO CORAZON DE MARIA Y SAN JOSE

PETICIÓN DE INTERCESIÓN A SAN JOSÉ PARA MI CONSAGRACIÓN

Oh, San José, tú que fuiste quien más cercano vivió a María y Jesús, y que
tu protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de
Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos de consagrarme a Jesús por
medio de María.

Ayúdame, San José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las


bendiciones espirituales de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, y de
tu esposa la Santísima Virgen María, a quienes protegiste, alimentaste,
cuidaste y acompañaste mientras viviste con Ellos, de modo que, al
confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, te tribute yo mi
agradecimiento y homenaje.

Oh, San José, nunca me cansaré de contemplarte con el Divino Niño Jesús
durmiendo en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa
junto a tu corazón. Así que abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado
rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último
suspiro.

¡San José, ruega por mi! y que esta Consagración que hago a Jesús por
medio de María se imprima en mi corazón transformándolo; protégeme con
perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo tuyo y sostenido(a) por tu auxilio,
pueda santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar la eterna
bienaventuranza en el cielo. Amén.

CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO POR MARÍA SANTÍSIMA


Y SAN JOSÉ (SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT)

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, Sabiduría eterna y encarnada!, verdadero


Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre
Virgen! Te adoro en la gloria del Padre, durante la eternidad y en el seno
virginal de María, tu Madre, en el tiempo de tu Encarnación.

Te doy gracias porque, anonadándote, has venido al mundo, hombre entre


los hombres y servidor del Padre, para librarme de la esclavitud del pecado.

Te alabo y glorifico Señor, porque has vivido en obediencia amorosa a


María, para hacerme fiel discípulo suyo. Desgraciadamente, no he guardado
los votos y promesas de mi bautismo y no soy digno de llamarme hijo de
Dios. Por ello, acudo a la misericordiosa intercesión de tu Madre, esperando
obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión
contigo, Oh Sabiduría Encarnada.

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Te saludo pues, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha
puesto su morada la Sabiduría Eterna para recibir la adoración de los
ángeles y de los hombres. Te saludo, oh Reina del cielo y de la tierra: a ti
están sometidas todas las criaturas. Te saludo, refugio seguro de los
pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos
que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.

Yo, ________________ consciente de mi vocación cristiana, renuevo hoy


en tus manos mis compromisos bautismales. Renuncio a satanás, a sus
seducciones, a sus pompas y a sus obras, me consagro y consagro a Rusia
y al mundo entero al Sagrado Corazón de Jesús para llevar mi cruz detrás
de Él, en la fidelidad de cada día a la voluntad del Padre. En presencia de
toda la corte celestial, te elijo en este día por mi Madre y Maestra. Me
entrego y consagro a ti Inmaculado Corazón de María, como tu esclavo, mi
cuerpo y mi alma, mis posesiones tanto internas como externas, incluso el
valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando
en ti, entero y completo derecho de disponer de mí, y todo lo que me
pertenece, sin excepción, de acuerdo a tu voluntad, para mayor gloria de
Dios en el tiempo y en la eternidad.

Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala al


Sagrado Corazón de tu Hijo; si Él me redimió con tu colaboración, debe
también ahora recibir de tu mano, el don total de mí mismo. En adelante,
deseo honrarte y obedecerte en todo como verdadero esclavo tuyo.

¡Oh Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta


consagración para prolongar en mí la amorosa obediencia de tu Hijo y dar
respuesta a la misión trascendental que Dios te ha confiado en la historia
de la salvación. ¡Madre de misericordia!, alcánzame la verdadera Sabiduría
de Dios, y hazme plenamente disponible a tu acción maternal. Colócame
así, entre los que tú amas, enseñas, guías, alimentas y proteges como hijos
tuyos. ¡Oh Virgen fiel!, haz de mí un auténtico discípulo e imitador de tu Hijo,
la Sabiduría Encarnada. Contigo, Madre y modelo de mi vida, llegaré a la
perfecta madurez de Jesucristo en la tierra y a la gloria del cielo, Amén

¡Totus Tuus!

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VIII.BENDICION CON EL SANTISIMO SACRAMENTO

IX.RESERVA DEL SANTISIMO

X.AGRADECIMIENTOS

XI.AVE MARIA DE FÁTIMA

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