HORA SANTA VOCACIONAL
LVII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Canto Eucarístico, Exposición del Santísimo y estaciones.
MINISTRO: Las palabras de la vocación: dolor, gratitud, ánimo y alabanza nos llevan a
encontrarnos con Jesús el Buen Pastor en este sacramento del altar, es Dios que siempre
confía en la persona y amándonos nos da una misión. Padre Nuestro, Ave María, Gloria.
Canto
MINISTRO: Hemos sido elegidos por Dios para subir a la barca y emprender con Él una
aventura que no es pacifica: llega la noche, sopla el viento contrario, la barca es sacudida por
las olas, y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con
hundirnos. Pero el evangelio nos dice que en la aventura de este viaje difícil, no estamos
solos. El Señor, casi anticipando la aurora en medio de la noche, camino sobre las aguas
agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo
salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento. Padre
Nuestro, Ave María, Gloria. Canto
MINISTRO: En la presencia de Jesús Sacramentado contemplamos a María quien abrazó
con valentía el llamado de Dios, se presentó la duda, pero asistida por el Espíritu Santo la
supera y se transforma en la mujer más valiosa de la historia de la humanidad quien nos
ofrece en Belén al Dios encarnado, respondiendo al llamado de Dios con generosidad y
alegría. Padre Nuestro, Ave María, Gloria. Canto.
PRIMERA PARTE: GRATITUD
“Verdaderamente eres el Hijo de Dios” (Mt 14, 33)
GUÍA 1: En todo momento agradecemos tu presencia y tu compañía, ¿Cómo agradecer todo
lo que haces por nosotros Señor Jesús? Siempre que reconocemos tu divinidad nos
empeñamos por corresponder a tu infinito amor y agradecerte con nuestra mejor ofrenda,
pues aunque lo que te podemos ofrecer lo hemos recibido de ti, buscamos darte lo mejor de
nuestras vidas respondiendo con gratitud al llamado que nos haces.
Lector 1.-
- Porque a través del amor de nuestros padres nos diste la vida.
R. Verdaderamente eres el Hijo de Dios
- Porque cada día hacer salir el sol y nos das cuanto necesitamos para vivir.
- Porque a cada uno de nosotros nos has dotado de habilidades que nos capacitan para
servir a nuestros hermanos.
- Porque llamas a los esposos a formar Iglesias domesticas para hacer presente tu amor en
cada una de las familias.
- Porque encontramos en nuestros abuelos y personas mayores una fe profunda que nos
lleva a reconocer tu grandeza Señor Jesús.
- Porque nos das hermanos con quien compartir la vida y aprender a formar una auténtica
comunidad para crecer en edad, sabiduría y gracia.
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- Porque a través de nuestros padres nos instruyes y acompañas en nuestro crecimiento.
- Porque garantizas tu presencia amorosa cuando alguno de nuestros padres no cumple con
su misión y suscitas en alguien el interés por hacer esas veces.
- Porque de entre nuestras familias llamas a las personas a consagrarse a ti en la vida
religiosa activa y contemplativa.
- Porque hay hombres y mujeres consagrados que orando se convierten en los cimientos de
la obra de Dios.
- Porque los huérfanos, los ancianos, los enfermos, los migrantes y los más necesitados
encuentran ayuda en los religiosos y religiosas elegidos por Ti.
- Porque los religiosos y las religiosas incansablemente anuncian la buena noticia de
salvación.
- Porque has inspirado a través de la historia hombres y mujeres que entreguen su vida por
la educación y formación de cristianos.
- Porque de entre nosotros llamas a los varones, que tú quieres que te sirvan en el ministerio
sacerdotal.
- Porque por el ministerio sacerdotal perdonas nuestros pecados.
- Porque por el sacramento de la Eucaristía te haces presente para alimentarnos con el Pan
vivo bajado del cielo.
- Porque sigues sanando y curando nuestras heridas.
- Porque en ti encontramos la fuerza para responder con alegría al llamado personal que nos
haces.
GUÍA 1: La primera palabra de la vocación es gratitud. Navegar en la dirección correcta no
es una tarea confiada sólo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas
que nosotros escojamos. Nuestra realización personal y nuestros proyectos de vida no son el
resultado matemático de lo que decidimos dentro de un “yo” aislado; al contrario, son ante
todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto.
Es Él quien, cuando nos llama, se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos,
mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados en los escollos de la indecisión
y hacernos capaces de caminar incluso sobre las aguas agitadas.
Toda vocación nace de la mirada amorosa con la que el Señor vino a nuestro encuentro.
“La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor>”
(Carta a los sacerdotes, 4 de agosto 2019); por eso, llegaremos a descubrirla y abrazarla
cuando nuestro corazón se abra a la gratitud y sepa acoger el paso de Dios en nuestra vida.
Oración personal
Canto: Que detalle Señor has tenido conmigo u otro.
SEGUNDA PARTE: ÁNIMO
“Ánimo, que soy yo, no temas” (Mt 14, 27)
GUÍA 2: De cuántas cosas nos asustamos, nos desanimamos, no entendemos y todo eso
nos debilita en nuestro caminar. Seños Jesús, en todo momento necesitamos de tu
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compañía que no de aliento y seguridad, que nos ayude a superar los sustos, los desánimos,
las incertidumbres de la vida. Queremos sentir tu presencia y escuchar tu voz que nos
impulse en todo momento de nuestra vida.
Lector 2: Señor Jesús, hay tantas sombras que nos confunden en nuestro caminar y
tenemos miedos.
R. Ánimo, soy yo, no tengas miedo
- Buen amigo, hay tantos problemas en mi familia que me aturden y me entristecen.
- Mis amigos me han dejado solo en los momentos más difíciles.
- Ya no quiero seguir con la misión que me has confiado, porque cada vez es más
complicado.
- Yo no puedo hacer lo que me pide mi familia.
- No entiendo a mis maestros y ya no me gusta la escuela.
- Estoy cansado de que siempre me digan que me equivoco.
- Ya no puedo más con mis compañeros de trabajo
- Mi enfermedad me está acabando y no tengo quien me ayude.
- No puedo dejar este vicio que me está destruyendo.
- Estoy derrotado, lo he intentado una y otra vez.
- No puedo dejar a mis padres y a mis amigos para hacer lo que me piden.
- No sería capaz de vivir sin estar navegado en las redes durante tanto tiempo.
- Estoy triste, desilusionado y me siento solo.
- Pero por qué tengo que ser yo el que tiene que ayudar, por qué no se lo piden a otro.
- Siempre me equivoco y no me salen las cosas como se debe.
- Una y otra vez me veo sólo en la misión que me han confiado, siempre me dejan solo con
todo.
- Pero a donde quiera que voy llevo mi celular o mi tableta, no puedo asistir a esa experiencia
que platican si no me dejan usarlos.
- Yo no creo en esas cosas que pasan, que dicen que Dios les habla.
- Siempre que me piden un servicio me da miedo que no lo pueda realizar como se debe.
- Cuando ya estoy dispuesto a cambiar algo sale mal y por eso sigo igual.
- Quiero hacer lo que tú me pides Señor Jesús.
GUÍA 2: Lo que con frecuencia nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor
nos señala son los fantasmas que se agitan en nuestro corazón. Cuando estamos llamados a
dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida –como el matrimonio, el orden
sacerdotal, la vida consagrada-, la primera reacción la representa frecuentemente el
“fantasma de la incredulidad”: No es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente
el camino acertado? ¿El Señor me pide esto justo a mí?
Y, poco a poco, crecen en nosotros todos esos argumentos, justificaciones y cálculos que
nos hacen perder el impulso, nos confunden y nos dejan paralizados en el punto de partida:
creemos que no equivocamos, que no estamos a la altura, que simplemente vimos un
fantasma que tenemos que ahuyentar.
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El Señor sabe que una opción fundamental de vida requiere valentía. Él conoce las
preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, por eso nos
asegura: “¡No tengas miedo, yo estoy contigo!”. La fe en su presencia, que nos viene al
encuentro y nos acompaña, aun cuando el mar está agitado, nos libera del desaliento interior
que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación.
Oración personal
Canto: Andando de tu mano que fácil es la vida u otro.
TERCERA PARTE: DOLOR
“SEÑOR, SÁLVAME” (Mt 14,30)
GUÍA 3: Señor Jesús; Pedro se emocionó cuando te vio con esa seguridad caminar sobre las
aguas, se llenó de confianza, valentía y no pensó en otra cosa sino en hacer lo mismo, la
adrenalina lo invadió y te hizo esa solicitud que se quedó grabada para siempre: “Señor, si
eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua. Jesús le dijo: ven”.
Pedro bajo de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero el
viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y empezó a hundirse. Entonces gritó: Señor, sálvame.
Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: hombre de poca fe, ¿por qué has
dudado? Subieron a la barca y cesó el viento.” (Mt. 14, 28-32)
Lector 3: - Cuantas veces emocionado emprendo proyectos y ante las dificultades me hundo
por la falta de fe.
R. “Señor, sálvame.”
- Me siento inteligente y el mejor para dirigir un grupo y ante las adversidades, me cansó y
me desespero.
- Quiero hacer las cosas como yo pienso y me aventuro creyendo que puedo solo y cuando
menos espero no siento apoyo y experimento el miedo y la soledad.
- Domino las redes sociales y quiero evangelizar aprovechándolas, pero de un de repente me
entretengo en cosas que nada que ver con tu Palabra Señor y hasta llego a ofenderte.
- En la familia quiero cumplir mi misión y me pongo como ejemplo, pero me doy cuenta que
me invade la soberbia.
- Cuando me pongo de acuerdo para el trabajo con facilidad busco hacer lo más fácil.
- En el momento de compartir experiencias termino presumiendo y hasta echando mentiras
para apantallar a los demás.
- Se me hace fácil hacer planes y a la hora de realizarlos me doy cuenta que son
inalcanzables y tengo miedo continuar.
- Me doy cuenta de lo que me pides Señor y reconozco lo exigente que es seguirte porque
me pides que me entregue y eso me asusta.
- Estoy cansado de hacer las cosas como tú quieres Señor, porque nadie me agradece y
menos reconocen el valor de mis fatigas.
- Me gusta servir y cuando me piden algo lo hago con gusto y muchas veces espero
recompensa.
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- En el apostolado que realizo hay fatiga, muchas veces cansancio y llega la tentación de
renunciar.
- En la vida familiar hay diferencia por nuestra forma de ser y llega la tentación de no
comprender a los demás.
- La rutina me cansa, me enfada, me desespera y está terminando con el gusto de seguir el
llamado de Dios.
GUÍA 3: En la llamada específica que estamos llamados a vivir, estos vientos pueden
agotarnos. Pienso en los que asumen tareas importantes en la sociedad civil, en los esposos
que – no sin razón- me gusta llamar “los valientes”, y especialmente en quienes abrazan la
vida consagrada y el sacerdocio. Conozco vuestras fatigas, las soledades que a veces
abruman vuestro corazón, el riesgo de la rutina que poco a poco apaga el fuego ardiente de
la llamada, el peso de la incertidumbre y de la precariedad de nuestro tiempo, el miedo al
futuro. Ánimo, ¡No tengáis miedo! Jesús está a nuestro lado y, si lo reconocemos como el
único Señor de nuestra vida, Él nos tiende la mano y nos sujeta para salvarnos.
Oración personal
Canto: Alma misionera u otro
CUARTA PARTE: ALABANZA
“HÁGASE EN MÍ, SEGÚN TU PALABRA” (Lc 1,38)
GUÍA 4: Cuando hablamos de vocación, es necesario hablar de María, la Madre de Dios,
modelo de respuesta al llamado de Dios. Quien convierte su vida en una alabanza a Dios,
porque atiende a su llamado con alegría, entrega total, docilidad sorprendente
correspondiendo al amor incondicional que Dios nos ofrece.
María es para nosotros nuestra madre, porque Dios así ha querido y conviene que nosotros
queramos imitarla para parecernos a ella y ser capaces de que nuestra vida se convierta
también en alabanza a Dios.
Lector 4: - María nos sorprende tu respuesta al llamado de Dios y ha quedado escrita y
queremos repetirla nosotros para responder al llamado de Dios.
R. “Hágase en mí, según tu palabra.”
- María admiramos tu fortaleza en el momento de la decisión.
- María te vemos renunciar a tus proyectos personales y entregarte al plan divino.
- Porque fuiste la mujer valiente que en el momento de la prueba y ante toda circunstancia
mantuviste un “sí” que se convirtió en la mejor alabanza a Dios.
- María, Dios te dijo: “Quiero que seas la Madre de mi Hijo.”
- María, Dios te dijo: “Quiero que cuides a mi hijo porque lo quieren matar.”
- María, Dios te dijo: Junto con José practiquen la ley de Dios y cúmplanla en todo momento.
- María, en todo momento de la misión de tu Hijo, estuviste atenta y pendiente porque tú le
dijiste a Dios:
- Joven de Nazaret, que elegida por Dios respondiste a su llamado con total generosidad.
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- Quiero imitar a María y hacer eco de su respuesta generosa.
- Quiero alabar a Dios con mi vida como lo hizo María.
- Quiero alabar a Dios con mi obediencia.
- Quiero alabar a Dios con mi pobreza.
- Quiero alabar a Dios con mi castidad.
- Quiero alabar a Dios con mi juventud.
- Quiero alabar a Dios con mi creatividad y con todas mis fuerzas.
- Quiero alabar a Dios junto con mi familia.
- Quiero alabar a Dios trabajando en mi apostolado parroquial.
- Quiero alabar a Dios con mi trabajo de cada día.
- Porque Dios sigue mostrando su amor incondicional y yo deseo corresponder a ese amor.
- Necesitamos hombres y mujeres que alaben a Dios con su vida y sean dóciles a su
llamado.
GUÍA 4: Aun en medio del oleaje, nuestra vida se abre a la alabanza y quiere ser también
una invitación a cultivar la actitud interior de la Bienaventurada Virgen María. Ella agradecida
por la mirada que Dios le dirigió, abandonó con fe sus miedos y su turbación, abrazó con
valentía la llamada e hizo de su vida un eterno canto de alabanza al Señor.
Oración personal
Canto: Niña que nació o algún otro
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
¡Oh Jesús, Pastor eterno de las almas!
Dígnate mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad, danos vocaciones, danos sacerdotes,
religiosos y almas consagradas santos.
Te lo pedimos por la inmaculada Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y santa madre.
¡Oh Jesús danos sacerdotes, religiosos y almas consagradas según tu corazón!
Amén.
Nos arrodillamos y algún canto Eucarístico
Oración y Bendición.