Definición y Ramas de la Filosofía
Definición y Ramas de la Filosofía
1. ¿QUÉ ES FILOSOFÍA?
2. LA EXPERIENCIA FILOSÓFICA
6. OBJETIVOS DE LA FILOSOFÍA
7. CONCLUSIÓN
APÉNDICES
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
El objetivo del pequeño libro que el lector tiene en sus manos es, fundamentalmente, dar una
respuesta a la pregunta "¿Qué es la filosofía?" de la forma más clara pero a la vez más amplia
posible, examinando la cuestión en sus diversas facetas (qué caracteriza a la filosofía, cómo, si es
que es posible, podríamos definirla, cuáles son las ramas de la filosofía, etc.). Haremos especial
hincapié, conforme al título del tema que estamos tratando, en la "experiencia filosófica" y sus
distintas formas.
Tratar de explicar qué es la filosofía es una tarea amplia y compleja. Amplia porque responderla
supone tener que repasar la historia de la filosofía en busca de las distintas respuestas que se han
ido dando a lo largo del tiempo. Compleja porque la pregunta es filosófica en sí misma y cada una
de esas respuestas que nos hace ver el repaso histórico está escrita desde una perspectiva
determinada.
No hay respuestas sencillas ni definiciones precisas de lo que sea la filosofía. Es más, en filosofía
las definiciones inmutables o la pretensión de una objetividad absoluta son las primeras cosas de
las que hay que sospechar. Debido a la multitud de puntos de vista desde los que se ha
considerado la filosofía, debido a que la pregunta por la naturaleza de la filosofía ha sido
respondida de formas muy diversas a lo largo de los distintos períodos históricos (siendo algunas
de esas respuestas incompatibles entre sí), quien ya está familiarizado con la filosofía al leer una
definición de lo que sea la filosofía sin duda es fácil que su primera reacción sea la de preguntar
"¿y eso quién lo dice?" (desde qué perspectiva, en qué contexto, etc.). Es por ello que uno de los
capítulos más amplios de este tema es el dedicado a las "concepciones de la filosofía" (capítulo nº.
4), donde se lleva a cabo ese repaso histórico que mencionábamos, extrayendo de él un cierto
número de textos en los que la filosofía del momento reflexiona sobre sí misma. Consideramos que
este capítulo es el más indicado para mostrar el grado de diversidad y, por ello mismo, de riqueza,
con el que los filósofos han valorado su propia actividad.
Hechas estas aclaraciones previas, veamos cómo se distribuye el contenido del tema en los
diversos capítulos:
El segundo capítulo examina qué sea la "experiencia filosófica". Para ello señala en un primer
apartado los rasgos generales de dicha experiencia y posteriormente muestra la relación que
mantiene con los problemas filosóficos. Asimismo se señalan, de entre todos estos problemas,
algunos de los más importantes y representativos,
El quinto capítulo aglutina diversos aspectos sobre la filosofía que complementan cuanto se lleva
dicho. Así, se muestra la distinción entre filosofía analítica y sintética, se examinan las diversas
tradiciones filosóficas y se analizan las distintas ramas en que la filosofía se divide. Finalmente se
comenta brevemente un fenómeno reciente en el mundo de la filosofía, el "asesoramiento
filosófico".
En el sexto capítulo, a partir de una consideración sobre los objetivos de la filosofía (o más
concretamente, de los filósofos) se examinan las repercusiones éticas que pueden tener las
distintas concepciones filosóficas. Los comentarios de éste capítulo, en contraste con los
anteriores, no pretenden hacer una exposición "neutral", sino que están conscientemente
expuestos desde una perspectiva propia más marcada (sujeta, naturalmente, a la crítica).
En la conclusión se resumen brevemente los principales puntos mencionados a lo largo del tema y
se hacen una serie de anotaciones sobre la importancia y la utilidad de la filosofía, lo que, en cierta
medida, es un anticipo de las cuestiones tratadas en el tema nº 2, con el que pretende enlazarse.
Tras la bibliografía este libro contiene dos apéndices, dedicado el primero a la cuestión en torno al
sentido de la vida, así como las concepciones pesimistas y optimistas de la misma, y a las grandes
obras de la filosofía el segundo.
Confiamos en que este viaje por la filosofía le resulte provechoso al lector, tanto si se aproxima a
ella desde una perspectiva académica, con vistas a un examen, como si es la simple curiosidad la
que le conduce, en cualquier caso sean estas páginas una invitación a la filosofía, una invitación a
un viaje en el que el lector deberá recorrer su propio camino, pues, según la famosa frase de Kant,
"No se aprende filosofía, sólo se aprende a filosofar".
1. ¿QUÉ ES FILOSOFÍA?
La filosofía es uno de los diversos intentos del ser humano de comprender tanto la realidad que le
rodea como a sí mismo. También la ciencia o la religión pretenden dar una respuesta a las
preguntas que nos planteamos acerca de la vida, la muerte, el mundo, el ser humano, el bien y el
mal y cuestiones similares que nos afectan muy profundamente. Ahora bien, existen diferencias
notables que hacen de la filosofía un empeño peculiar en esa búsqueda por comprender.
En primer lugar, y en contraposición a la religión, la filosofía es, o pretende ser, una indagación
racional de la realidad y del mundo. En la filosofía no hay lugar para dogmas o revelaciones
divinas y tampoco juega ningún papel la autoridad a la hora de dilucidar cuál pueda ser la verdad
sobre una cuestión. Asimismo, los mitos, las tradiciones o el sentido común acrítico, son
igualmente descartados en la medida en que no examinan en profundidad, y por medio de la razón,
las ideas que sostienen. No obstante, esto no quiere decir que la filosofía no analice o que ignore
por completo los presupuestos o afirmaciones de la religión o de la tradición. Estas son también
objeto de estudio de la filosofía, así como de la antropología, psicología, etc. en su afán por
conocer mejor al ser humano. La filosofía, por otra parte, en muchas ocasiones pretende responder
a las mismas cuestiones, como cuál sea el lugar del ser humano en el mundo, o el sentido de la
vida, pero lo importante, repetimos, es la manera en que aborda los problemas, y esta es de una
forma crítica , examinando cada afirmación sin dar ninguna por supuesta o comprobada
previamente (y en caso de que no se haya podido examinar una afirmación, por la complejidad del
tema o por otras circunstancias, no por ello se acepta como dogma de fe, sino que sigue siendo
considerada susceptible de un examen crítico).
Esta concepción de la filosofía como un tipo de saber es resumida claramente por el filósofo inglés
Bertrand Russell (1872-1970):
"La filosofía es la tierra de nadie que se encuentra entre la teología y la ciencia y que
está expuesta a ataques de ambas partes. Como la teología, consiste en especulaciones
sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia,
apela más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de
revelación."
Historia de la filosofía occidental , Bertrand Russell
Existe, no obstante, otra concepción de la filosofía, la filosofía como actitud, que nos remite a los
orígenes de la filosofía en la antigua Grecia, en el siglo V a. C. Según esta concepción lo
verdaderamente significativo del filósofo es su capacidad de asombro ante el mundo unida a la
curiosidad por conocer cuanto le rodea. El filósofo, en este sentido, no es un sabio, que ya conoce
todas las respuestas, ni un ignorante, que las desconoce y ni siquiera tiene interés en conocerlas,
sino, tal y como nos dice el sentido etimológico del término "filósofo" (filo-sophos), un amigo o
amante de la sabiduría, aquel que aspira al saber, que es consciente de su propia ignorancia y que
no se conforma con aceptar sin poner en cuestión las afirmaciones que le brinda el sentido común
o las demás personas.
Esta actitud está perfectamente ejemplificada por el filósofo Sócrates (470-399 a. C.), famoso por
su sentencia "Sólo se que no se nada" y su modo de vida, en constante indagación, inspirada en el
lema del oráculo de Delfos "Conócete a ti mismo". La figura de Sócrates, para el cual "una vida sin
examen no merece la pena ser vivida” ha llegado a representar a la propia filosofía en el imaginario
colectivo.
Estas dos formas de entender la filosofía, la filosofía como saber y la filosofía como actitud son tan
sólo dos maneras de comprender y practicar la filosofía; sin embargo, a lo largo del tema veremos
nuevos enfoques y concepciones de la filosofía
Cuanto hemos dicho hasta ahora es una explicación y aclaración del tipo de indagación que
comúnmente denominamos filosófica y de la forma en la que pretende conocer al ser humano y a
la realidad. Pero hasta ahora no hemos ofrecido una definición en sentido estricto. Encontrar una
definición que fuese interesante y significativa, esto es, que no fuese algo excesivamente general y
vago, probablemente excluiría algunas o muchas de las corrientes filosóficas que se han dado,
puesto que lo que históricamente ha sido considerado filosofía ha ido cambiando de tal forma a lo
largo del tiempo que resulta muy difícil encontrar puntos en común a todas las tendencias.
A pesar de todo, una de las definiciones que se han formulado es la que afirma que la filosofía es
pensar sobre el pensar, definición que tiene la virtud de mostrar el carácter de "pensamiento de
segundo grado" propio de la filosofía; es decir, si la ciencia y la política, por poner dos ejemplos,
son dos modos de pensar la realidad, la filosofía constituye un pensar sobre ese pensar. Algunos
autores consideran que el auténtico pensamiento de primer grado es el sentido común, mientras
que la ciencia y la filosofía supondrían reflexiones de segundo y tercer grado respectivamente. Lo
importante, por el momento, no es definir el número de grados o categorías en las que podemos
clasificar la reflexión, sino darse cuenta de la existencia de esos niveles, cada uno de los cuales
constituye una profundización con respecto al anterior.
Este planteamiento puede muy fácilmente conducirnos a la pregunta: "¿qué sucede cuando
reflexionamos sobre la filosofía? ¿se trata acaso de un nuevo nivel de profundización más allá de
la filosofía?". La respuesta a esta pregunta es negativa. La meta-filosofía, o la reflexión sobre la
filosofía, es a su vez una cuestión filosófica. De hecho la filosofía es la única disciplina que se
estudia a sí misma. El motivo por el que esto es así se verá más claro al examinar los rasgos de la
reflexión filosófica
1.3. Filosofía: nombre y concepto
Ya hemos comentado que la filosofía, en su sentido etimológico quiere decir "amor a la sabiduría".
La atribución a Pitágoras de ser el primero en autonombrarse "filósofo" figura en las Tusculanas de
Cicerón, quien, a su vez, tomó este dato de un escrito de Heráclides Póntico. En esta primera
aparición del término "filósofo" se destaca el aspecto contemplativo de la acción de filosofar. Burnet
resume de esta manera la concepción pitagórica:
"En esta vida hay tres clases de hombres, lo mismo que hay tres clases de personas
que van a los juegos olímpicos. La más baja es la que va a comprar y vender, la
segunda a tomar parte en las competiciones. Pero los mejores son los que solamente
van a contemplar el espectáculo. La más grande purificación es, por lo tanto, la ciencia
desinteresada, y el hombre que se dedica a ella, el verdadero filósofo, se libra más
eficazmente de la rueda del nacimiento."
La aurora del pensamiento griego , Burnet
Otro significado originario del término "filosofía" es el de indagación. Ahora bien, si tomamos tal
indagación en el sentido más general, el filósofo es también el sabio, el sofista (nombre que
recibieron, por ejemplo, los siete sabios de Grecia y que no tenía en un principio el matiz
despectivo que hoy se le atribuye), o incluso el mago o el sacerdote. Todos ellos llevan a cabo
algún tipo de indagación o investigación (y de esa forma incluso Tucídides hace decir a Pericles de
sí mismo y de los atenienses: "Nosotros amamos lo bello con sencillez y filosofamos sin timidez").
Todas las ciencias caerían en este concepto de filosofía, si bien no conviene olvidar que en la
antigua Grecia, a la que ahora nos estamos refiriendo al buscar el origen del término, la distinción
que hoy marcamos entre lo científico y lo filosófico es prácticamente inexistente.
Un sentido más restringido de tal investigación, más próximo a lo que comúnmente entendemos
hoy por filosofía, hace alusión a una investigación peculiar que se caracteriza por ser fundamental
para las demás, pues no es sino la investigación que es consciente de sí misma, que opera en un
nivel más profundo y que constituye la base para las demás. Esta doble significación que
encontramos en el origen del término "filosofía" puede verse claramente en Platón y Aristóteles, y
continuará después de éste en los filósofos del período helenístico.
Antes de tratar en profundidad los principales puntos del tema, conviene señalar varias cuestiones
que, aunque muestren lo complejo que resulta el problema de dilucidar la naturaleza de la filosofía,
no pueden ser dejadas de lado.
Un aspecto importante es el hecho de que no hay una única "Filosofía", como el nombre nos podría
hacer creer, sino que es más correcto hablar de filosofías, de diferentes modos de ver el mundo y
de entenderlo. Por lo tanto no hay un marco común general al que todos los filósofos se remitan
cuando afirman que hacen filosofía. Ahora bien, sería incorrecto pensar que cada una de estas
filosofías es producto exclusivo de la originalidad de su creador y que, por lo tanto, cada filosofía es
un mundo aislado sin conexión con las demás. Por el contrario, la filosofía de cada autor está en
relación no sólo con las filosofías previas, frente a las cuales reacciona (bien para criticarlas, bien
para complementarlas), sino también en relación con un momento histórico determinado, con sus
peculiares características, necesidades y problemas. Así pues, tanto a nivel histórico como a nivel
teórico, toda filosofía es una filosofía situada. Veamos con más detalle qué quiere decir esta
expresión:
A) Decimos que una filosofía está situada históricamente porque se encuentra inmersa en el
devenir de los acontecimientos históricos como un momento más. Ninguna filosofía puede salirse
de la historia y juzgar a los demás "desde el exterior". Su situación en un momento concreto de esa
misma historia conlleva necesariamente un determinado punto de vista que no ha sido libremente
elegido.
B) A nivel teórico toda filosofía está situada en el sentido de que incorpora una serie de prejuicios
que condicionan su modo de pensar y que impiden, de esta forma, una supuesta "neutralidad y
objetividad". El filósofo H. G. Gadamer, en su obra Verdad y método , hace hincapié sobre la
presencia del prejuicio en toda filosofía, y la imposibilidad de su eliminación, cuestionando también
la presunta ventaja de la eliminación del prejuicio:
Si antes comentábamos que las preguntas filosóficas no son neutrales, sino que distintas
preguntas, aparentemente similares, pueden encauzarnos hacia un determinado tipo de respuesta
de forma inadvertida, conviene señalar también que, ante una misma pregunta caben distintos
enfoques a la hora de dar una respuesta. Tales enfoques pueden determinar qué aspectos son
relevantes o qué datos hay que tener en cuenta a la hora de responder a la pregunta que se ha
planteado.
La pregunta "¿Qué es filosofía?" puede responderse desde diversos puntos de vista. Así,
encontramos lo que podríamos denominar la perspectiva histórica. Desde esta perspectiva, si
queremos saber qué sea la filosofía debemos fijarnos en su historia, especialmente en sus
orígenes, debemos fijarnos en la evolución de los distintos sistemas, las corrientes históricas,
aquellos temas que se repiten una y otra vez a lo largo del tiempo, las influencias e interconexiones
entre los distintos puntos de vista, etc. Por otro lado, lo que podríamos denominar como la
perspectiva de la actividad, fija su atención en el tipo de acción que se desarrolla. La pregunta
fundamental es, en este caso, ¿Qué es lo que hacen los filósofos cuando están "trabajando"?.
Ahora bien, en la medida en que la filosofía es una actividad consciente, tiene un fin, por lo tanto,
desde lo que denominaríamos la perspectiva pragmática, podemos preguntarnos "¿cuál es el fin
de la filosofía? ¿En qué medida se consigue o se aproxima a él?" En función de lo que
respondamos podemos plantearnos "¿es útil? ¿qué sentido tiene?".
Queda patente de esta forma que la reconstrucción de la historia de la filosofía que elaboremos
puede ser muy distinta si elegimos unilateralmente uno de estos planteamientos.
NOTAS
(1) La hermenéutica es una corriente filosófica que surge a mediados del siglo XX. Afirma que lo
que denominamos verdad no es sino el resultado de una determinada interpretación. La verdad
tiene siempre, por lo tanto, un carácter relativo, parcial y transitorio, pero nunca objetivo y
sistemático.
2. LA EXPERIENCIA FILOSÓFICA
Qué se entiende por "experiencia" es algo que no está claramente delimitado y que tiene diversos
significados en función de la corriente filosófica de la que partamos. Aquí tan sólo pretendemos
distinguir algunos modos de entender la experiencia para mostrar la ambigüedad y apertura del
término y tener esto presente cuando hagamos alusión a la forma específica de experiencia
denominada "experiencia filosófica".
• La aprehensión inmediata por parte de un sujeto de una realidad, sea del tipo que sea (un
dolor, alegría, etc.). Se trataría de un cierto modo de conocer previo a toda reflexión sobre aquello
que se conoce.
• La aprehensión inmediata por medio de los sentidos . En esta ocasión la experiencia, siendo
también individual e inmediata como en el caso anterior, se limita a lo ofrecido por los sentidos.
• Aprendizaje , experiencia entendida como enseñanza adquirida con la práctica. Aquí tienen
cabida la experiencia de un oficio, o la experiencia de la vida
• Confirmación empírica de los juicios sobre el mundo por medio de la verificación a través de los
sentidos. Este tipo de experiencia es tomada como modelo en la investigación científica.
• Vivencia interna , experiencia que, de forma similar a la aprehensión inmediata, tiene lugar para
un sujeto individual, si bien, al no ceñirse a la inmediatez de forma estricta, alberga un mayor
número de experiencias (por ejemplo, la experiencia de la fe, o las vivencias místicas)
Por otra parte no conviene olvidar que, además de poseer múltiples significados, el término
experiencia ha ido evolucionando con el tiempo. Autores como William James o John Dewey han
situado el concepto de experiencia en el centro de su filosofía y, conscientemente, han propuesto
un nuevo modelo más amplio y complejo, que diese cabida al mayor número de acepciones como
las propuestas anteriormente.
Un ejemplo que muestra hasta qué punto es problemático el concepto de experiencia lo podemos
ver en el siguiente problema, que, aunque es ya clásico, ha sido recientemente popularizado por
medio de la película Matrix, en base a la cual se ha creado en la dirección de internet
[Link] (1) un programa-simulación que introduce al
lector en el dilema siguiente (expresado ahora tal y como se expone en la película)
"¿Alguna vez has tenido un sueño que pareciese muy real? ¿Qué ocurriría si no pudieras despertar
de ese sueño?, ¿cómo distinguirías el mundo de los sueños de la realidad?"
Un experimento mental como éste (cuya consideración ¿produce a su vez una experiencia
filosófica en el lector?) suele provocar ciertos ajustes en nuestra idea habitual de experiencia y
mostrar aspectos que habían pasado desapercibidos hasta entonces, como por ejemplo la relación
entre la experiencia y la realidad y los medios para relacionar una y otra, así como cuestiones
sobre la o las personas que tienen una experiencia y aquello que experimentan ¿qué relaciones se
establecen entre unas y otra? ¿Cuáles de las cinco formas de entender la experiencia del apartado
anterior son aplicables en esta ocasión?
"Entramos solos en el mundo con los ojos del ánimo cerrados, y cuando los abrimos al
conocimiento ya la costumbre de ver las cosas, por maravillosas que sean, no deja lugar
a la admiración. Por eso los varones sabios se valieron siempre de la reflexión,
imaginándose llegar de nuevo al mundo, reparando en sus prodigios, que cada cosa lo
es, admirando sus perfecciones y filosofando artificiosamente.
El Criticón , Baltasar Gracián
"Que no se trata (la filosofía) de una ciencia productiva es evidente ya por los primeros
que filosofaron. Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos
por la admiración; al principio admirados ante los fenómenos sorprendentes más
comunes; luego avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como los
cambios de la luna y los relativos al sol y a las estrellas, y la generación del universo.
Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. (Por eso
también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de
elementos maravillosos). De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro
que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad. Y así lo
atestigua lo ocurrido, pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían casi
todas las cosas necesarias y las relativas al descanso y al ornato de la vida. Es, pues,
evidente que no la buscamos por ninguna otra utilidad, sino que, así como llamamos
hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a ésta como la
única ciencia libre, pues ésta sola es para sí misma. Así, pues, todas las ciencias son
más necesarias que ésta; pero mejor, ninguna."
Metafísica , Aristóteles
El que filosofa, por lo tanto, siente admiración por cuanto le rodea. Pero la admiración por sí sola
no basta. Es necesaria la extrañeza, la duda, la incertidumbre, la sospecha, la constatación de
que esa realidad que nos llama tanto la atención, no se explica por sí misma. No en vano el filósofo
es alguien capaz de ver problemas donde muchos otros lo ven todo claro, demasiado claro, en
ocasiones. La filosofía no es un salir de dudas, sino al contrario, un entrar en ellas, en palabras de
Fernando Savater, quien critica una concepción muy extendida de la filosofía según la cual su
función debería ser indicar con claridad lo que debe hacerse o no, o despejar los problemas, si es
que no es capaz de solucionarlos. A continuación, y dejando que el lector juzgue por sí mismo,
figuran ambas posturas. En primer lugar leamos a Savater, quien afirma:
"Todavía hay quien, de vez en cuando, expresa su añoranza por una filosofía "útil para
la vida"; esta postura me parece que encierra un malentendido: la sabiduría en lo que
tiene de lucidez y crítica va siempre contra la vida; vivimos a pesar de lo que sabemos,
no gracias a ello. No concibo que el pensamiento facilite la vida; la arriesga, la
compromete, la zapa en la mayoría de los casos; quizás por eso sea la forma más alta
de la vida humana que conocemos, porque es la más antivital, la que nos pone al borde
de perderlo todo sin ofrecer nada a cambio, salvo horror, soledad o locura."
Apología del sofista , Fernando Savater
Quien busca seguridades en la filosofía probablemente se sentirá decepcionado ante este hecho.
Sin embargo la fertilidad y el valor de la filosofía es un resultado, esta vez en palabras de Kart
Popper, "de la capacidad de ver nuevos problemas allí donde nadie los había visto antes y de
encontrar nuevos modos de resolverlos". Curiosamente, en palabras de Bochenski, es éste mirar
con mayor profundidad lo que facilita, aunque no sea de un modo inmediato, un modo de vida más
humano:
"Nada es más desatinado que negar el valor de la filosofía para la vida. Cierto que el
filósofo no siempre importa mucho para la realidad cotidiana. Su destino, por lo general,
ha consistido en no ser comprendido sino después de su muerte... El filósofo no cuenta
para las exigencias de la hora y las necesidades del día. Pero ¿será esto un defecto?
¿Es que el hombre, cuando es realmente hombre, no perfora la pura existencia
momentánea? En la medida en que convertimos la actividad del momento en objeto del
saber ¿no corremos el peligro de rebajar al hombre al nivel del animal? Quien vive la
vida del espíritu, cualesquiera que sean sus convicciones filosóficas, sabe que las cosas
son de otro modo: la filosofía, por lo mismo que no se refiere al aquí y al ahora del
momento, ni alberga ninguna intención de inmediata utilidad para la vida, representa una
de las potencias espirituales mayores que nos preservan de sumirnos en la barbarie y
nos ayudan a seguir siendo hombres y a serlo cada vez en mayor grado... Por
insignificante que parezca, la filosofía constituye, sin embargo, una poderosa fuerza
histórica."
La filosofía actual, Bochenski
En cualquiera de los casos seguimos contando con la admiración y la extrañeza, que implica duda
e incertidumbre (una incertidumbre que no tiene por qué ser negativa mientras no convirtamos la
certeza absoluta en nuestro objetivo fundamental). Ahora bien, ¿todo lo que nos rodea nos
produce, o produce en el filósofo, esas sensaciones? Sin duda no es así, y para explicar el por qué
deberemos distinguir entre la "experiencia filosófica" y el "problema filosófico".
Tal y como hemos hablado de la experiencia filosófica es claro que se trata de una vivencia
personal, subjetiva y que puede variar en función del sujeto que la experimente. Los problemas
filosóficos, por el contrario, podrían ser calificados de "objetivos", en el sentido de que son
"independientes" de cada uno de los filósofos particulares (la cuestión de la objetividad o
independencia de dichos problemas es una cuestión filosófica en la que no vamos a entrar en este
momento). De esta forma, los problemas filosóficos sobreviven a lo largo del tiempo y algunos de
ellos perviven desde el comienzo de la filosofía.
Toda experiencia filosófica, como, por ejemplo, la angustia ante la muerte, supone un problema
filosófico; sin embargo, no todo problema filosófico conlleva una experiencia filosófica en quien lo
escucha, lo lee o incluso en quien intenta resolverlo. Si un árbol produce algún sonido cuando cae
en medio de un bosque aunque nadie lo esté viendo, o si la mesa sigue existiendo cuando uno sale
de la habitación, por no hablar de la cuestión de si existen juicios sintéticos a priori o si el número
de verdades de razón es mayor que el de verdades de hecho (todos ellos problemas filosóficos
técnicos en los que no es necesario entrar en este momento), son problemas que no suscitarán la
más mínima experiencia filosófica en muchas personas.
La experiencia filosófica, por lo tanto, consiste en problemas filosóficos que hemos interiorizado,
que hemos hecho nuestros y ante los cuales debemos dar una respuesta. Las experiencias
filosóficas suelen darse en lo que se ha denominado, en palabras de Kart Jaspers, "situaciones
límite", incógnitas cuya solución exacta está más allá de nuestro alcance, pero frente a las cuales
debemos responder de una manera u otra. Anteriormente mencionamos lo bello y lo bueno como
ejemplos de objetos de admiración, como situaciones límite ante las que nos planteamos ¿cuál es
su naturaleza? ¿qué debo hacer ante ellas? Es el caso asimismo de la muerte, el dolor, la culpa, la
necesidad y el anhelo de comunicación. La pregunta por la naturaleza de la filosofía es igualmente
una pregunta que nos sitúa en el límite de nuestro conocimiento. Es por ello que dicha pregunta es
filosófica a su vez.
A pesar de la subjetividad de la experiencia, sin embargo, hay un rasgo común en las experiencias
filosóficas que parece darnos la clave para distinguirlas, y un término griego, aletheia , expresa
adecuadamente esa característica común. Aletheia significa "verdad", ahora bien, esa verdad no se
entiende como una correspondencia entre nuestras teorías y la realidad, sino como un
"desvelamiento", y es aquí donde está la clave. El desvelamiento supone un darse cuenta de un
aspecto de la realidad que es fundamental o más básico que el que hasta el momento habíamos
considerado, supone, en definitiva, constatar que las cosas no son como habíamos pensado (bien
porque por medio de la experiencia filosófica hemos descubierto un orden subyacente del que no
éramos conscientes o bien, por el contrario, porque hemos constatado la falsedad del orden que
hasta el momento creíamos ver en la realidad).
"Preguntar "¿Qué pretende usted en filosofía?" y responder "Enseñar al ratón al salir del
laberinto" es. Bueno, honor a quien lo merece, me callo lo que iba a decir. Excepto quizá
esto: hay algo profundamente emocionante en filosofía, un hecho que no se entiende
con una explicación negativa. No se trata de "clarificar los pensamientos", del "uso
correcto del lenguaje" ni cualquier otra condenada cosa por el estilo. ¿Qué es? La
filosofía es muchas cosas y no hay fórmula que las abarque todas. Pero si tuviera que
decir con una sola palabra cuál es el aspecto más esencial, diría sin ninguna duda:
visión. En el corazón de cualquier filosofía digna de ese nombre se encuentra una visión
a partir de la cual surge y toma forma. Cuando digo "visión" quiero decir eso
precisamente, no hago literatura. Lo característico de la filosofía es horadar esa costra
muerta de tradición y convención, romper esos grilletes que nos encadenan a los
prejuicios heredados, así como acceder a un modo de ver las cosas nuevo y más
amplio. Siempre se ha tenido la sensación de que la filosofía debería descubrirnos lo
oculto. (No soy insensible a los peligros de tal opinión.) Sin embargo, de Platón a Moore
y Wittgenstein, todo gran filósofo se ha orientado por el sentido de la visión. Sin él nadie
habría impreso una nueva dirección al pensamiento humano o abierto ventanas sobre lo
aún-no-visto. Aunque pudiese haber sido un buen técnico, no habría dejado huella en la
historia de las ideas. Lo decisivo es un nuevo modo de ver, y su secuela, el deseo de
transformar totalmente el escenario intelectual. Esto es lo esencial, y todo lo demás es
subsidiario.
Al argumentar a favor de su punto de vista, el filósofo tendrá que socavar, casi contra su
voluntad, las categorías y clichés mentales ordinarios, exponiendo las falacias que
subyacen a los puntos de vista ya establecidos que están atacando. Y no sólo esto, tiene
que ir tan lejos como sea necesario para poner en tela de juicio incluso cánones de lo
que es satisfactorio. En este sentido la filosofía es volver a poner a prueba las normas.
En cada filósofo hay algo de reformador. Por esta razón, cualquier avance científico que
afecta a las normas se considera con significado filosófico, desde Galileo o Einstein o
Heisenberg"
La concepción de la filosofía , Freidrich Waismann
Por último, para ejemplificar más claramente si cabe la diferencia entre experiencia filosófica y
problema filosófico (aunque no olvidemos que no hay experiencia sin problema) compárense los
libros "101 experiencias filosóficas de la vida cotidiana", de Roger-Pol Droit, y "101 problemas de
filosofía", de Martin Cohen.
En el primero de ellos lo que se propone son ejercicios que el lector puede realizar para que le
lleven a un estado mental determinado en cada caso en el que la realidad deja de ser lo que era
hasta el momento para descubrir nuevos aspectos insospechados. Su autor nos propone, por
ejemplo, repetir una palabra muchísimas veces hasta hacer que pierda su significado o rezar las
páginas de un listín telefónico, experiencias con el sentido, con el propio cuerpo o con las propias
emociones.
El segundo de los libros presenta una serie de problemas, tanto clásicos como recientes,
agrupados en categorías: problemas lógicos, dilemas morales, imágenes paradójicas, etc. (incluido
un capítulo titulado "Doce problemas filosóficos que no le importan a nadie", en el que figura, por
ejemplo, el problemas planteado por la afirmación "el actual rey de Francia es calvo"). Este libro, a
diferencia del primero, nos ofrece enigmas tales como las paradojas de Zenón, la compatibilidad
entre la bondad de Dios y el mal en el mundo o la posibilidad de distinguir o no entre el sueño y la
vigilia.
Dependerá de las inquietudes de cada uno y de las circunstancias en las que se encuentre el que
estos problemas den pie a la experiencia filosófica. No todo problema filosófico da lugar a una
experiencia filosófica, al igual que no siempre que dormimos, soñamos, pero sin lo primero es
imposible lo segundo. Siguiendo con la metáfora del sueño, podríamos decir de la filosofía algo
parecido. No siempre filosofamos en todo momento, pero al igual que soñamos cuando estamos
profundamente dormidos, quizá filosofamos cuando estamos profundamente despiertos.
A lo largo de la historia algunos filósofos han considerado que ciertos problemas filosóficos eran en
algún sentido o en otro fundamentales, y que a partir de ellos se derivaban los demás. Sirva como
ejemplo de esto Kant, quien afirma:
"El campo de la filosofía puede reducirse a las siguientes preguntas: 1) ¿Qué puedo
saber? 2) ¿Qué debo hacer? 3) ¿Qué me está permitido esperar? 4) ¿Qué es el
hombre? A la primera pregunta responde la Metafísica; a la segunda, la Moral; a la
tercera, la Religión, y a la cuarta, la Antropología. Pero, en el fondo, se podría considerar
todo ello como perteneciente a la Antropología, pues las tres primeras preguntas se
refieren a la última."
Crítica de la Razón Pura , Inmanuel Kant
Este texto muestra la estrecha relación entre los problemas fundamentales y las distintas ramas de
la filosofía así como la interrelación de los problemas entre sí. Otros autores elaboran distintas
listas de problemas, y, en ocasiones, como hace Kant, remiten todos ellos a un único problema
fundamental.
La serie de problemas filosóficos que presentamos aquí pretende ser sólo una muestra de las
cuestiones que han sido tratadas por la filosofía a lo largo de los siglos. Se trata de problemas
"clásicos" frente a los cuales ya los griegos dieron sus propias respuestas (El orden de
presentación, es conveniente aclarar, no responde a un orden de importancia lógica o de ningún
tipo).
¿Qué queremos decir cuando decimos que sabemos algo? ¿Hay distintos tipos de conocimiento?
¿Cuáles son, si existen, las fuentes del conocimiento? ¿Qué es la verdad? (y, en oposición, ¿qué
es la falsedad?) ¿Existe un método determinado que nos permita conocer? ¿Qué relación guardan
nuestras teorías con la realidad?
¿Qué se entiende por "persona"? ¿Existe una "naturaleza humana"? ¿En qué medida somos fruto
de la educación y de factores externos a nosotros? ¿Qué se entiende por "dignidad humana"?
¿Somos libres para actuar o estamos determinados de alguna forma? ¿Es compatible el
determinismo con la libertad? ¿Hay distintos tipos de libertad? Si es así, ¿cuáles son? En caso de
no ser libres ¿somos responsables de nuestros actos?
¿En qué consiste aquello que llamamos "real"? ¿Cuál es su origen? ¿Qué es lo que conocemos de
la realidad? ¿Cómo nos relacionamos con la realidad?
¿Qué es el bien o el mal? ¿Qué es la justicia y lo justo? ¿A qué debe aspirar el ser humano? ¿Por
qué? ¿Existe un fundamento de la acción moral? Si es así ¿cuál pudiera ser? ¿Cuál es el origen de
la conciencia moral? ¿Cómo se relaciona la moral con otras leyes? ¿Qué papel tienen o deberían
tener a la hora de juzgar una acción factores como las emociones, los motivos, los fines, las
intenciones, las consecuencias o las circunstancias?
NOTAS
(1) Recomendamos encarecidamente que se visite esta página para hacerse una mejor idea del
tipo de experimento mental al que nos referimos. Asimismo, en la página
[Link]
A partir de los distintos problemas filosóficos, como hemos dicho, se han generado distintos tipos
de experiencia filosófica. La siguiente ordenación sigue un orden cronológico, pues pretende
mostrar, por un lado, que las sucesivas experiencias filosóficas ante el mundo constituyen una
progresiva profundización en el conocimiento de la realidad y, por otro lado, que existe una relación
entre unas y otras que no conviene olvidar.
Al referirnos en esta ocasión a las experiencias filosóficas que se han dado a lo largo de la historia
abandonaremos el enfoque individual del anterior apartado para pasar a hablar de los intereses y
problemas, las incógnitas y las preocupaciones de épocas o pueblos enteros (si bien es cierto que
los textos de los que nos valemos para ejemplificar cada experiencia, son, naturalmente, fruto de
un solo autor, no por ello dejan de ser representativos de la manera de experimentar o de ver el
mundo de un grupo social en un momento dado). Hablar de la experiencias "colectivas" presenta
sin duda más problemas de análisis, pero es indudable que tales distinciones por épocas (filosofía
griega o filosofía romana, por ejemplo) o incluso por países (filosofía inglesa y filosofía alemana)
suponen una inestimable ayuda a la hora de aglutinar y agrupar las diversas formas de entender el
mundo y la propia filosofía (más adelante examinaremos esta cuestión con cierto detenimiento).
"Hay que reconocer que la vida humana es frágil, que dura poco y que constantemente
se ve sacudida por los golpes y las dificultades del destino; por lo tanto, no debe
preocuparse uno por poseer, más que moderadamente, y medir la miserias según lo que
es necesario."
Demócrito de Abdera
El siguiente ejemplo muestra las reflexiones de Platón con motivo de su experiencia política. Si
bien su experiencia es individual y exclusivamente suya, representa, como ya hemos dicho, un
modo de sentir que sin duda compartirán muchas otras personas, no solamente en su tiempo, sino
en otras épocas y lugares:
"Al ver esto y al ver a los hombres que llevaban la política, cuanto más consideraba yo
las leyes y las costumbres, y más iba avanzando en edad, tanto más difícil me fue
pareciendo administrar bien los asuntos del Estado. La legislación y la moralidad
estaban corrompidas hasta tal punto que yo, lleno de ardor al principio para trabajar por
el bien público, considerando esta situación y de qué manera iba todo a la deriva, acabé
por quedar aturdido. Finalmente, llegué a comprender que todos los Estados actuales
están mal gobernados, pues su legislación es prácticamente incurable sin unir unos
preparativos enérgicos a unas circunstancias felices. Entonces me sentí irresistiblemente
movido a alabar la verdadera filosofía, y a proclamar que sólo con su luz se puede
reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada. Así pues, no
acabarán los males para el hombre hasta que llegue la raza de los puros y auténticos
filósofos al poder, o hasta que los jefes de las ciudades, por una especial gracia de la
divinidad, no se pongan verdaderamente a filosofar"
Carta VII, Platón
Con la filosofía helenística, que responde directamente a una época de inestabilidad e inseguridad
política, la filosofía se convierte en una útil herramienta para alcanzar la felicidad. La reflexión, y la
actitud que debe derivar de ella, tienen una finalidad práctica y una importancia fundamental, hasta
el punto de convertirse en un "modo de vida". Las especulaciones abstractas, especialmente en la
etapa final del período helenístico, son olvidadas o rechazadas en la medida en que no
proporcionan un modelo de conducta satisfactorio. El estado de ánimo del sabio, según esta forma
de entender la filosofía, se caracteriza por ser independiente, justo y ecuánime. Es un modelo que
ha calado en el imaginario colectivo hasta el punto de conformar la figura del sabio por excelencia.
La experiencia religiosa no es, estrictamente hablando, una experiencia filosófica (aunque puede
tener elementos metafísicos). Sin embargo, no por ello es ignorada por los filósofos, para los
cuales las cuestiones relativas a la fe o a la relación entre ciencia y religión han ocupado un lugar
central, especialmente en la época medieval a partir de la difusión e implantación del cristianismo
en occidente. San Agustín o Santo Tomás son ejemplos de este modo de experimentar la filosofía.
Ahora bien, dado que la experiencia religiosa está íntimamente vinculada a otras experiencias que
sí pueden considerarse genuinamente filosóficas, como la experiencia de la mortalidad, de la finitud
del ser humano o del sentido de la vida, abundan a lo largo de la historia de la filosofía ejemplos de
este modo de vivir y sentir:
"El hombre no es más que una caña, la más debil de la naturaleza; pero es una caña
pensante. No es necesario que todo el universo se arme para destrozarlo: un vapor, una
gota de agua es suficiente para matarlo. Pero aunque el universo lo destrozase, el
hombre sería aún más noble que el que lo mata, porque sabe que muere y sabe la
superioridad del universo sobre él; en cambio, el universo no sabe nada de ello. Toda
nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento. Es con éste como debemos
ennoblecernos, y no con el espacio y el tiempo que podamos ocupar"
El curso posterior de la historia de la filosofía profundizará en estas experiencias, las vivirá de otra
manera, pero no llegarán a crearse formas completamente nuevas. Lo que si sufrirá un gran
desarrollo será la reflexión filosófica con respecto a otras áreas del conocimiento. De esta forma
harán su aparición, por poner algunos ejemplos, la filosofía de la acción, filosofía de la historia,
filosofía de la matemática, filosofía de la ciencia, filosofía de la historia, etc.
Como hemos podido comprobar, lo que llamamos experiencia filosófica es una síntesis de factores
personales tales como el carácter individual y la historia personal y de factores sociales. Adolfo
Sánchez Vázquez lo plantea de la siguiente forma:
"¿Podría afirmarse como afirman Nietzsche y Wittgenstein que toda filosofía es una
autobiografía, como decía mi maestro Gaos, "confesión personal"? No; la obra es
irreductible a la existencia individual de su creador, incluso en la poesía lírica, pues la
subjetividad no es absoluta. Menos reductible aún es la filosofía, ya que en ella se hacen
presentes la sociedad, la época, la clase, la tradición, elementos todos que trascienden
al individuo, aunque el filósofo se nutra de todos ellos."
Filosofía y circunstancias , Adolfo Sánchez Vázquez
Para distinguir en qué medida la experiencia filosófica de un autor concreto está influida por su
carácter o por el momento histórico en el que se encuentra resulta muy práctico e ilustrativo
compararlo con otro autor que haya abordado el mismo problema. Por ejemplo, parece claro que
las diferencias en el modo de experimentar las paradojas lógicas por parte de Wittgenstein, para
quien suponían un verdadero tormento y fuente de angustia, con la manera como las vivía Lewis
Carroll, para el cual eran fuente de diversión y entretenimiento, se debe fundamentalmente a la
diferencia de caracteres de uno y otro. Por el contrario, en el modo de aproximarse a las
cuestiones religiosas de los filósofos medievales, pongamos por caso, y de Kierkegaard, no se
puede olvidar el momento histórico de cada uno y la tradición de pensamiento con la que cada uno
cuenta.
Esta exposición de modos de ver la filosofía no se ajusta a un orden cronológico estricto, aunque
este tampoco debe ser pasado por alto en la medida en que algunas concepciones filosóficas han
surgido como respuesta a otras ya existentes, bien para complementarlas o bien para
derrumbarlas. Comenzaremos examinando con más detalle los dos modos de ver la filosofía
presentados en la introducción, filosofía como un tipo de saber y filosofía como actitud:
La filosofía como un tipo de saber , como un tipo de conocimiento especial, es una de las
concepciones clásicas de la filosofía, así como una de las más antiguas. Este modo de entender la
filosofía, que vemos ejemplificado en Platón y Aristóteles no excluye el aspecto práctico del
pensamiento, antes al contrario, la filosofía es condición previa para el progreso y la mejora tanto
del individuo como de la ciudad. Pero si esto es así es debido a que se trata de un tipo de
conocimiento más verdadero o más profundo que los demás. En el siguiente texto de Aristóteles
podemos apreciar esa jerarquía de conocimientos y la constatación de la necesidad de dedicarse
al conocimiento superior.
"Partiendo del supuesto de que el saber es una de las cosas más valiosas y dignas de
estima y que ciertos saberes son superiores a otros bien por su rigor bien por ocuparse
de objetos mejores y más admirables, por uno y otro motivo deberíamos con justicia
colocar entre las primeras las investigaciones en torno al alma. Más aún, parece que el
conocimiento de ésta contribuye notablemente al conjunto del saber y muy
especialmente al que se refiere a la Naturaleza."
De anima , Aristóteles
La filosofía como actitud supone una visión mucho más amplia y por ello difusa de lo que pueda
ser filosofía. Esta es vista como un querer ir más allá del conocimiento del momento, un continuo
preguntarse en un intento de superar los límites presentes. Ante esta concepción de la filosofía
cualquier conocimiento, objeto, acción o actitud puede ser objeto de la reflexión filosófica, que se
caracterizaría precisamente por su flexibilidad y su apertura a todo lo ya conocido con vistas a
superarlo (o a fundamentarlo con mayor profundidad, si cabe). La concepción de la filosofía propia
del período helenístico (que comienza en el año 323 a. C., fecha de la muerte de Aristóteles y que
llega hasta el siglo II d. C., y en el que se incluyen filósofos como Epicuro o corrientes como el
estoicismo y el escepticismo) podriá ser considerada un ejemplo de este punto de vista en la
medida en que la filosofía es un modo de vida y como tal, impregna cada aspecto de la existencia
Tan antigua como las dos posturas anteriores es la consideración de la filosofía como una
actividad inútil e incluso perniciosa, válida en todo caso como una distracción infantil o mero
pasatiempo, pero en ningún caso como algo productivo o de valor, o que reporte algún beneficio
para la sociedad. Platón, por medio del personaje de Calicles, reproduce este modo de pensar:
Muy pronto en la historia del pensamiento occidental, pero especialmente en el periodo medieval,
se considera la filosofía en relación con la fe, bien como un sustitutivo de ésta, o bien como un
complemento de la misma, o en ocasiones se la considera incluso como algo negativo, al menos
eso es fácilmente deducible de la famosa expresión "Credo quia absurdum" (creo porque es
absurdo), que en el siglo II d. C. recoge el pensamiento de Tertuliano. Esto último, no obstante, no
será muy frecuente. A menudo encontramos que la filosofía y la razón juegan un papel, si bien
inferior, en su relación con la fe. Se considera que la razón no es capaz de alcanzar la verdad por
sí misma. Esta visión de la filosofía es recogida por Santo Tomás, entre otros.
"Aunque la citada verdad de la fe cristiana exceda la capacidad de la razón humana, no
por eso las verdades racionales son contrarias a las verdades de la fe. Lo naturalmente
innato en la razón es tan verdadero, que no hay posibilidad de pensar en su falsedad. Y
menos aún es lícito creer falso lo que poseemos por la fe, ya que ha sido confirmado tan
evidentemente por Dios."
Suma contra los gentiles , Santo Tomás de Aquino
A partir de la modernidad va cobrando fuerza una nueva forma de entender la filosofía que hace
hincapié en el análisis de los límites y posibilidades del entendimiento humano .
Desde diferentes perspectivas, el empirismo inglés de filósofos como Hume, Locke o Berkeley, o el
racionalismo propio de Descartes, la razón hace examen de sí misma como condición previa de
todo conocer. Esta concepción de la filosofía alcanza su cumbre en la obra de Kant. El siguiente
texto pertenece a dicho autor, y aunque excede en longitud a los fragmentos que hasta ahora han
servido de ilustración, consideramos que merece la pena incluirlo pues nos muestra la situación en
la que se encontraba la filosofía de su tiempo y cómo la crítica de la razón, el análisis de los límites
del entendimiento, pretende dar respuesta a los problemas con los que la filosofía se había estado
enfrentando.
"La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de
hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma
naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas
sus facultades.
La perplejidad en la que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comienza con
principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez,
suficientemente justificado por esta misma experiencia. Con tales principios la razón se
eleva cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones
progresivamente más remotas. Pero advirtiendo que de esta forma su tarea ha de
quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a
principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen, no obstante, tan
libres de sospecha, que la misma razón ordinaria se halla de acuerdo con ellos. Es así
como incurre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que éstas se
deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya
que los principios que utiliza no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar
los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se
llama metafísica.
Hubo un tiempo en que la metafísica recibía el nombre de reina de todas las ciencias y,
si se toma el deseo por la realidad, bien merecía ese honroso título, dada la importancia
prioritaria de su objeto. La moda actual, por el contrario, consiste en manifestar ante ella
todo su desprecio. La matrona, rechazada y abandonada, se lamenta como Hécuba:
modo maxima rerum, tot generis natisque potents -nunc trahor exul, inops-. (1)
Como clara reacción a esta última postura surge la filosofía entendida esencialmente como un
saber transformador , conforme con la famosa expresión de Marx "Los filósofos se han limitado a
interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo", tal y como figura
en sus Tesis sobre Feuerbach. Esta concepción, efectivamente, encuentra en Marx su máxima
expresión. Por supuesto, y como ya se ha comentado, la influencia de la reflexión filosófica sobre la
vida y el ámbito práctico quedó constatada ya en la antigua Grecia; nos referimos ahora a un modo
de entender la filosofía que considera intrínseca a la misma la labor transformadora de la sociedad.
Directamente ligada a esta concepción encontramos también la consideración de la filosofía como
reflejo de la lucha política en el plano de la teoría.
Fruto de los acontecimientos históricos, así como de la evolución de la ciencia o de otros campos
tales como el artístico, y debido también a los cambios internos en el propio desarrollo de la
filosofía, el siglo XX conocerá una diversificación asombrosa de las distintas formas de entender la
filosofía.
La experiencia del fracaso por parte de la filosofía para transformar la realidad lleva a la Escuela de
Frankurt, por ejemplo, a considerar que la única labor legítima de la filosofía es la crítica. Filosofía
como crítica de la cultura , debiendo permanecer alejada de la construcción de sistemas
omniabarcantes al estilo hegeliano puesto que terminan por ser totalitarios en la imposición de su
punto de vista, al cual todo debe reducirse.
"Si la filosofía es necesaria todavía, lo es entonces más que nunca como crítica, como
resistencia contra la heteronomía que se extiende, como si fuese impotente intento del
pensamiento permanecer dueño de sí mismo y convencer de error a la trama
mitológica... Propio de ella sería, mientras no se la declare prohibida como en la Atenas
cristianizadaa de la antgüedad tardía, crear asilo para la libertad."
Filosofía y superstición , Theodor Adorno
La filosofía de Nietzsche, por otro lado, en la medida en que gran parte de ella está dedicada a la
crítica de la cultura de occidente, cuya crisis contribuye a acelerar, también podría incluirse en esta
categoría; especialmente por su crítica de la moral o de la metafísica tradicional. Ya en Nietzsche,
por lo tanto ya en el siglo XIX, aparece también una crítica del lenguaje con lo que enlazamos la
siguiente concepción de la filosofía, que merece un punto propio.
La filosofía como análisis del lenguaje . Hasta el siglo XX, salvo en contadas ocasiones, la
reflexión filosófica no se ha ocupado en profundidad del medio por el cual lleva a cabo su tarea: el
lenguaje. Autores como Wittgenstein pasarán a considerar que los enigmas filosóficos no son sino
enredos lingüístico, y que la única labor legítima de la filosofía es mostrar cómo se han producido
tales enredos, aunque ello suponga su propia eliminación (en el sentido de que, una vez aclarados
todos los malentendidos, la filosofía desaparecería). Esta manera de ver la filosofía afirma que los
denominados generalmente "problemas filosóficos" son pseudoproblemas, callejones sin salida a
los que lleva la falta de rigor de los que es necesario salir.
"El objeto de la filosofía es la aclaración lógica de pensamiento. Filosofía no es una teoría,
sino una actividad. Una obra filosófica consiste esencialmente en elucidaciones. El resultado
de la filosofía no son "proposiciones filosóficas", sino el esclarecerse de las proposiciones. La
filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión los pensamientos que de otro modo serían,
por así decirlo, opacos o confusos".
"El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que
se puede decir: es decir, las proposiciones de la ciencia natural -algo, pues, que no tiene
nada que ver con la filosofía-; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter
metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos de sus proposiciones"
Tractatus Logico-philosophicus , Ludwig Wittgenstein
Henri Bergson, por su parte, entiende la filosofía como actividad intuitiva de la vida interior , que
es un tipo de realidad a la que el método científico no tiene acceso. Esta realidad se presenta
fundamentalmente como duración. En esta concepción de la filosofía no puede haber mayor
separación con respecto al objeto y al método científico. Su crítica del materialismo se
acompañaba de una crítica premonitoria de la mecanización del espíritu que acompañaría, según
afirmaba, al progreso tecnológico, lo cual dificultaría, en último término, el desarrollo de los seres
humanos como seres [Link] perspectiva distinta es aquella que define la filosofía en
relación con la ciencia . Aquí encontramos muchas valoraciones distintas, de las cuales sólo
podemos esbozar algunas de ellas (en cualquiera de ellas lo determinante será cómo es entendida
y valorada la ciencia):
· En primer lugar podemos considerar el punto de vista que, observando el gran desarrollo de las
ciencias particulares, afirma que éstas deben sustituir a la filosofía, convertida hoy en un mero jugo
de palabras inútil. La filosofía, siguiendo esta línea, cumplió su labor en el pasado y, como madre
de las ramas del saber que hoy se han convertido en disciplinas científicas, debe ser valorada y
apreciada, pero en ningún caso debe pretender continuar sus pretensiones de conocer la realidad,
puesto que sólo la ciencia está capacitada para ello.
· El filósofo Ayer, por su parte, también considera que la filosofía no es una ciencia, argumentando
que lo que caracteriza a una ciencia es la capacidad de predecir y la conexión con la experiencia,
rasgos que no siempre se han encontrado en la filosofía. Sin embargo, no por ello la filosofía se
convierte en una labor inútil.
Husserl, sin embargo, aunque afirma explícitamente que pretende construir una filosofía como
ciencia estricta (por lo que podríamos situarlo en el punto anterior), merece una mención
independiente pues él será el introductor del método fenomenológico, de amplia repercusión en la
filosofía.
"Esta filosofía fenomenológica sería, no una ciencia de hechos, sino una "ciencia de
esencias" (como una ciencia eidética); como una ciencica que quiere exclusivamente
fijar "conocimiento de esencias", y no en absoluto hechos ".
Ideas para una fenomenología pura, Edmund Husserl
"Dostoievsky escribe: "Si Dios no existiera, todo estaría permitido". Este es el punto de
partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en
consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí
una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia
precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana
dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es
libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u
órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de
nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos
solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser
libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado,
libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace (...)
El existencialista no cree en el poder de la pasión. No pensará nunca que una bella
pasión es un torrente devastador que conduce fatalmente al hombre a ciertos actos y
que por consecuencia es una excusa; piensa que el hombre es responsable de su
pasión. El existencialista tampoco pensará que el hombre puede encontrar socorro en un
signo dado sobre la tierra que lo oriente; porque piensa que el hombre descifra por sí
mismo el signo como prefiere. Piensa, pues, que el hombre, sin ningún apoyo ni socorro,
está condenado a cada instante a inventar al hombre. Ponge ha dicho, en un artículo
muy hermoso: "el hombre es el porvenir del hombre". Es perfectamente exacto. Sólo que
si se entiende por esto que ese porvenir está inscrito en el cielo, que Dios lo ve,
entonces es falso, pues ya no sería ni siquiera un porvenir. Si se entiende que, sea cual
fuere el hombre que aparece, hay un porvenir por hacer, un porvenir virgen que lo
espera, entonces es exacto".
El existencialismo es un humanismo , Jean Paul Sartre
Una última perspectiva es la que considera a la filosofía como una actividad cercana al arte o a
la poesía , cuya misión sería la de representar o legitimar simbólicamente las creencias de una
sociedad determinada en un momento dado. Se trata de una postura que hace muy problemática la
cuestión de la verdad o el conocimiento, pues la filosofía, desde este punto de vista, no sería sino
el producto de factores externos a ella y a los cuales pone voz.
Todas estas formas de entender la filosofía que hemos mencionado son sólo una muestra de las
más significativas, pero existen muchas otras posibilidades: para Marcuse la filosofía es la cabeza
en la lucha por la emancipación humana, el filósofo M. H. Fisch hace hincapié en la filosofía
entendida como crítica de las instituciones, mientras que A. Watts considera que la filosofía debe ir
en la dirección de un misticismo contemplativo.
La filosofía sintética, o especulativa, pretende responder a las grandes preguntas por medio de la
construcción de complejos y vastos sistemas omniabarcantes mientras que la filosofía analítica o
crítica pone en cuestión o examina las categorías y conceptos con los que reflexionamos o de los
que se valen las distintas disciplinas, desde la científica hasta la ética o religiosa.
Esta división de la filosofía en sintética y analítica guarda cierto paralelo con los dogmáticos y los
escépticos que Kant mencionaba en el Prólogo a la Crítica de la Razón Pura.
El representante por excelencia del primer tipo de filosofía es Hegel, mientras que en la filosofía
analítica encontramos diversas corrientes que podrían servir de modelo, tales como el empirismo
lógico, la filosofía del lenguaje cotidiano, la filosofía de Wittgenstein o la de Strawson.
Característico de estas últimas es su clara tendencia antimetafísica y la importancia que conceden
al lenguaje. Ambas tendencias, no obstante, pueden incluso situarse geográficamente, pues lo que
hemos denominado filosofía sintética ha predominado en la Europa continental, teniendo su foco
en Alemania, mientras que la filosofía analítica se ha desarrollado particularmente en Inglaterra.
Este hecho nos lleva a plantearnos el análisis de ciertas tradiciones filosóficas que se
corresponden con determinados países.
Teniendo la filosofía pretensión de universalidad, tal y como hemos señalado, ¿qué sentido puede
tener hablar de "filosofía inglesa" o "filosofía española"? ¿Hasta qué punto es esto posible? Si esto
es así se debe sin duda al hecho de que la filosofía no es una actividad que se realice al margen
de la vida cultural, política, económica, científica y social del lugar en el que surge. Muy al
contrario, se encuentra en estrecha relación de interdependencia con tales factores. La explicación
del carácter de una filosofía nacional, como el de una música nacional, por mencionar otro ejemplo,
se encuentran más allá de la filosofía, o de la música, en cada caso.
Asimismo también están más allá de la filosofía los motivos por los cuales ésta florece en unas
regiones más que en otras, o, tratándose del mismo lugar, en unos momentos históricos en mayor
medida que en otros. Esto se debe a que existen una serie de condiciones socio-económicas que
favorecen el surgimiento de la actividad y creatividad intelectual, Veamos, para comprenderlo
mejor, el caso de la antigua Grecia, modelo insuperable de florecimiento cultural en todos sus
aspectos, artístico, político, filosófico, etc.
En la antigua Grecia se dan una serie de circunstancias muy peculiares que, en conjunto, explican
el por qué de la explosión cultural cuya influencia dura hasta nuestros días (es más, no se trata de
una "influencia" entre otras, sino que constituye una de las bases sobre la que hemos construido
nuestra civilización). Estas circunstancias son la influencia de la ciencia egipcia y babilónica, el
papel de la religión en el mundo griego y las condiciones socioeconómicas del momento. Con
respecto a la primera cabe decir que supuso una base para el posterior desarrollo de las
matemáticas y la astronomía griega. Acerca de la religión cabe decir algo más; la ausencia de una
casta sacerdotal oficial así como de textos revelados facilitó la instalación de excesivos dogmas
irracionales que hubiesen podido frenar la libre discusión. Finalmente, las condiciones
socioeconómicas resultan determinantes para entender el mundo griego en todo su esplendor. En
éste último apartado debemos señalar la ciudad como lugar de encuentro y cohesión de la
comunidad; la existencia de esclavos que permitían a los hombres libres desentenderse de las
tareas manuales (que estaban mal vistas) y dedicarse a especular, dialogar, etc. y, especialmente,
el comercio y el intercambio con otros pueblos y zonas, puesto que, por un lado la prosperidad
económica propicia el desarrollo de la sociedad en todos los sentidos y, por otra parte, el contacto
con pueblos y culturas distintas fomenta el espíritu crítico y la supresión de dogmas y prejuicios. No
en vano, muchos de los primeros filósofos fueron, por gusto o por necesidad, viajeros.
Como vemos, una tradición filosófica (la griega, en este caso) es resultado de un conjunto más
amplio de elementos. A la hora de explicar una filosofía "nacional", deberemos atender a la
idiosincrasia de la nación en cuestión (factores como la distribución del poder, las clases sociales,
los conflictos políticos o religiosos, etc). La Holanda del siglo XVII, por poner otro ejemplo
(podríamos mencionar también la Italia del Renacimiento), dio cobijo al racionalismo y a la
tolerancia religiosa y se convirtió en un modelo de libertad, pues, como la antigua Grecia, mantenía
un intenso comercio y contacto con otras tierra, otras ideas y, en definitiva, otras formas de
entender el mundo y la vida. Así queda plasmado en El Quijote, por ejemplo, en boca del personaje
Ricote: "Pasé a Italia y llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad,
porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas; cada uno vive como quiere, porque en la
mayor parte della se vive con libertad de conciencia." (1)
5.3. Ramas de la filosofía
"Toda la filosofía es como un árbol, cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física,
y las ramas que salen de este tronco son todas las demás ciencias, las cuales se
pueden reducir a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral quiero decir la más
elevada y perfecta moral, que, al presuponer un completo conocimiento de las otras
ciencias, es el último grado de sabiduría
Los principios de la filosofía, Rene Descartes
La división en ramas de la filosofía ha sido un proceso gradual que ha tenido lugar a lo largo de la
historia de ésta, como ejemplifica el texto de Descartes (proceso que sigue en curso). Tal
parcelación del saber filosófico resulte tal vez algo contradictorio tratándose de la disciplina que
busca la universalidad y unidad del conocimiento. La necesidad o conveniencia de dicha
parcelación ha sido objeto de debate, afirmando unos que constituía la muerte del carácter genuino
de la filosofía mientras que otros la han aceptado, bien con resignación o de forma entusiasta,
como un modo de análisis de la propia filosofía sobre sí misma.
En estas líneas nos limitaremos a ofrecer una clasificación de las diversas áreas de la filosofía en
función de distintos criterios. En primer lugar incluimos un "mapa" de la filosofía que agrupa a las
distintas disciplinas atendiendo a un orden lógico. (2)
En el interior del diagrama se sitúan las ramas fundamentales de la filosofía de las cuales
dependen las restantes (por ello son también las que han recibido más atención a lo largo de la
historia, siendo el diagrama, en cierta medida, una clasificación de las ramas de la filosofía en
función de su popularidad). Conforme nos alejamos del núcleo central cada una de las disciplinas
es más concreta y abarca un área más claramente delimitado. No obstante, no hay que olvidar que
las relaciones entre las diversas áreas no son tan definidas y que en la realidad muchas de ellas se
superponen entre sí (y en algunos casos encontramos casos de regiones difíciles de encajar en el
esquema general, como puede ser la filosofía de la acción o las teorías en torno a la relación
mente-cuerpo).
MAPA DE LA FILOSOFÍA
En segundo lugar podríamos agrupar cada una de las ramas de la filosofía en función de las
relaciones entre las mismas, obteniendo así cinco grupos o subconjuntos:
1. Epistemología y filosofía de la ciencia, que estudian los modos y maneras de conocer las cosas.
2. Metafísica, filosofía de la mente y filosofía de la religión, que se ocupa, de manera muy general,
de lo que hay.
3. Estética, filosofía moral y filosofía política, que giran en torno a cuestiones sobre el valor.
4. Lógica, filosofía del lenguaje y filosofía de la matemática, que analiza estructuras lingüísticas y
abstractas, examinando su uso, su función y práctica o su coherencia interna.
5. Filosofía de la educación, filosofía de la historia, filosofía del derecho y filosofía social, que
examinan diversas facetas de la vida humana en la medida en que es vida social y común. Sus
normas, desarrollo, estructuras, etc.
Finalmente, a riesgo de ser repetitivo, ofrecemos otra lista de las distintas áreas de la filosofía. En
esta ocasión se trata de aquellas ramas que los planes de estudios permiten desarrollar como
especialidades:
- Antropología
- Estética
- Ética y Sociología
- Gnoseología y Lenguaje
- Historia de la Filosofía
- Lógica y Epistemología
- Metafísica
- Ontología y Gnoseología
Si nos valiésemos de uno de los filósofos clásicos para definir la concepción de la filosofía del
asesoramiento filosófico éstas serian las de Epicuro: "Vana es la palabra del filósofo que no cura".
En España la popularidad de este movimiento ha venido de la mano de Lou Marinoff y su obra
"Más Platón y menos Prozac". Esta libro, subtitulado "Filosofía para la vida cotidiana", parece
haberse convertido en el primero que ha conseguido divulgar la idea del asesoramiento filosófico a
gran escala. Su autor es uno de los primeros en llevar a la práctica esta manera de entender la
filosofía en Estados Unidos.
El asesoramiento filosófico surge como respuesta a los problemas cotidianos de las personas en
las peculiares circunstancias en las que se desarrolla la vida de cada uno y se presenta, como ya
indica el título, como una alternativa a otro tipo de tratamientos psicológicos, en base a que
muchas personas "lo que necesitan es un diálogo, no un diagnóstico".
(1) MIGUEL DE CERVANTES, Don Quijote de la mancha , Segunda parte, capítulo 54.
(2) Para la elaboración de este apartado nos hemos servido de los Apéndices de la Enciclopedia
Oxford de Filosofía, especialmente a partir de la página 1555 en adelante (ver bibliografía).
6. OBJETIVOS DE LA FILOSOFÍA
A la hora de examinar la situación del ser humano en el mundo para entender así sus acciones,
debemos partir de un hecho incuestionable. El mundo no se explica por sí mismo ni está hecho a
nuestro gusto. En ocasiones puede incluso sernos hostil o, al menos, indiferente a nuestros
deseos. Por otro lado no somos omnipotentes; somos conscientes de que tenemos límites (aunque
quizá no sepamos muy bien dónde están) y lo que es más importante todavía, somos conscientes
de nuestra mortalidad. Cada ser humano es arrojado al mundo y, al contrario de lo que sucede con
los animales, no está exclusivamente regido por unos instintos que le digan lo que tiene que hacer
en cada momento, que le marquen una pauta de acción fija. Por el contrario el ser humano debe
elegir, debe ir construyendo su mundo y tomar decisiones en función de lo que considere valioso o
digno de ser buscado.
Ortega y Gasset expresa la situación vital del ser humano, entre la fatalidad y la libertad, con el
siguiente ejemplo:
"No nos hemos dado a nosotros la vida, sino que nos la encontramos justamente al
encontrarnos con nosotros. Un símil esclarecedor fuera el de alguien que, dormido, es
llevado a los bastidores de un teatro y allí, de un empujón que le despierta, es lanzado a
las baterías, delante del público. Al hallarse allí, ¿qué es lo que halla ese personaje?
Pues se halla sumido en un situación difícil sin saber cómo ni por qué, en una peripecia:
la situación difícil consiste en resolver de algún modo decoroso aquella exposición ante
el público, que él no ha buscado ni preparado ni previsto. En sus líneas radicales, la vida
es siempre imprevista. No nos ha anunciado antes de entrar en ella -en su escenario,
que es siempre uno concreto y determinado-; no nos han preparado. "
¿Qué es filosofía? José Ortega y Gasset
Estas elecciones que se ve obligado a realizar, esta capacidad de decidir, que constituye su
privilegio, constituyen también una carga, pues toda elección conlleva responsabilidad. Por último,
hay que señalar que esta situación de desamparo debe afrontarla cada ser humano por sí mismo.
Juntos hemos construido ciudades, sociedades y naciones, pero en la esencia de lo que somos
cada uno nos reconocemos solos y aislados. Esta conciencia de la soledad en la que nos
encontramos produce generalmente angustia, y ante ella el ser humano ha buscado diversas
soluciones para superarla o para ignorarla. Así, la búsqueda de poder, la religión, las drogas, el
ascetismo, la contemplación de la belleza, la participación en actos colectivos donde el individuo se
funde con la masa, etc. son todos ejemplos de esas alternativas. La filosofía y las actividades
intelectuales en general no lo son menos. En la búsqueda de la verdad también ha pretendido el
ser humano encontrar una salida, si bien la virtud que pueda tener la filosofía sea que no pretende
superar la situación humana ni ignorarla, sino aprender a vivir con ella.
Hasta el momento, y en líneas generales, así hemos tratado a la filosofía, como una búsqueda de
la verdad, o una búsqueda del conocimiento. Incluso en aquellas filosofías que concluyen que la
tarea del filósofo es inútil, o bien que los conceptos tales como verdad o falsedad no son sino
construcciones sociales de las que debemos desembarazarnos, incluso en las filosofías más
"destructivas" hay un interés por aproximarse a la realidad de una forma más auténtica. La filosofía
puede ser un viaje que no nos aporta muchos más conocimientos de los que teníamos al iniciarlo.
Todavía más, es posible que, por medio de la filosofía, hayamos destruido parte del conocimiento
que hasta ahora habíamos adquirido al mostrar su falta de fundamentos o los prejuicios en los que
se basaba, por lo que puede que terminemos el viaje sabiendo menos de lo que sabíamos al
iniciarlo. Sin embargo, en cualquier caso, en todo viaje filosófico se termina por saber algunas
cosas nuevas que antes no se sabían.
Este aprender cosas nuevas responde al anhelo de comprender algo mejor la realidad con el que
caracterizábamos la filosofía. Ahora bien, la filosofía, o mejor dicho, los filósofos, no siempre han
buscado la verdad, o no exclusivamente, sino que también han buscado la certeza, un
conocimiento del que no se pudiese dudar, una seguridad absoluta que pusiese fin a la
incertidumbre y a la duda.
La certeza absoluta está fuera del alcance de los seres humanos. El espíritu crítico, otro de los
rasgos característicos de la filosofía, ha ido desmontando con el paso del tiempo todos aquellos
sistemas filosóficos que han pretendido ser inmutables e imperecederos. Pero la búsqueda de la
certeza, que en muchas ocasiones no responde a la curiosidad sino a la búsqueda de la seguridad,
ha seguido siendo un impulso hacia la reflexión y ha llevado a menudo a la renuncia del espíritu
crítico y al dogmatismo, con lo que la filosofía, o los filósofos, que son quienes desean, anhelas y
quieren, se ha traicionado a sí mismos.
"La metafísica -afirma en tono de humor F.H. Bradley- es la búsqueda de falsas explicaciones para
lo que creemos por instinto". Este comentario, que no por estar escrito en tono de humor deja de
señalar un punto importante, nos lleva a la cuestión de la creación de las ideas filosóficas. En un
primer momento, cuando leemos los textos originales, podríamos pensar que los filósofos llevan a
cabo una serie de razonamientos lógicos o de distinto tipo, que finalmente desembocan en tal o
cual conclusión (que no habían concebido de antemano). Esta imagen, en gran medida, es falsa,
pues en muchas ocasiones los argumentos filosóficos son los modos que tenemos de defender las
ideas o sentimientos que ya teníamos previamente. Tales ideas pueden estar tan profundamente
arraigadas por la educación recibida en la infancia o por el peso de la tradición, que no sólo puede
favorecer una visión del mundo explícita, sino también muchas otras consideraciones, juicios de
valor y afirmaciones implícitas que en ocasiones es difícil desenmascarar. Cuando el objetivo del
filósofo es justificar sus más íntimas convicciones guiado por la necesidad de seguridad, que,
considera, obtendrá con tal justificación, en ese momento es probable que el espíritu crítico quede
a un lado.
Dos ejemplos de este proceso pueden ilustrar la cuestión. El primero de ellos no es estrictamente
filosófico, pero es adecuado para lo que queremos mostrar. Contamos además con los testimonios
de pensadores como Sigmund Freud, Karl Popper y Bertrand Russell sobre el mismo y nos
remonta a la Primera Guerra Mundial. Veamos concretamente los comentarios de Popper al
respecto:
"Antes de la guerra, muchos miembros de nuestro círculo habían discutido sobre teorías
políticas que eran decididamente pacifistas y, por lo menos, críticas en sumo grado del
orden existente; y habían desaprobado la alianza entre Austria y Alemania y la política
expansionista de Austria en los Balcanes, especialmente en Serbia. Quedé asombrado
por el hecho de que pudieran convertirse de repente en partidarios de esa misma
política.
Hoy entiendo un poco esas cosas. No sólo era la presión de la opinión política; era el
problema de división de lealtades. Y estaba también el miedo -el miedo a las violentas
medidas que han de tener en guerra las autoridades contra los disidentes, pues
entonces no es posible trazar una línea neta entre disentimiento y traición-. Pero en
aquel tiempo yo me sentía verdaderamente perplejo."
Búsqueda sin término , Karl R. Popper
Hasta este momento, todo iba bien. Pero desde ese instante su obra pierde toda su
perspicacia crítica, y acepta un sinfín de máximas escolásticas a favor de las cuales no
se puede alegar más que la tradición de las escuelas. Cree que existe, dice, porque eso
lo ve muy clara y muy distintamente; saca en conclusión, pues, "que puedo tomar por
regla general que las cosas que concebimos con suma claridad y muy distintamente son
todas ciertas". Comienza entonces a concebir toda clase de cosas "con suma claridad y
muy distintamente", tales como que un efecto no puede tener mayor perfección que su
causa. Puesto que puede formarse una idea de Dios (es decir, de un ser más perfecto
que él), esta idea debe de haber tenido otra causa más perfecta que él, causa que sólo
puede ser Dios; por lo tanto, Dios existe. Puesto que Dios es bueno, Él no engañaría
perpetuamente a Descartes; entonces, los objetos que Descartes ve cuando está
despierto deben de existir realmente. Y así sucesivamente. Toda la cautela intelectual es
arrojada por los aires (.).
En un hombre cuyos poderes de razonamiento son buenos, los argumentos falaces son
prueba de inclinación tendenciosa. Cuando Descartes se encuentra escéptico, todo lo
que dice es agudo y convincente, y hasta su primer paso constructivo, la prueba de su
propia existencia, tiene mucho en su favor. Pero todo lo que sigue es flojo, descuidado y
apresurado, revelando de este modo la deformante influencia del deseo."
Ensayos impopulares , Bertrand Russell
Con estos dos ejemplos queremos llamar la atención sobre la tendencia, que en mayor o menor
medida se dará en todas las personas, a olvidarse de ciertas virtudes intelectuales de la mayor
importancia, la de la imparcialidad, en la medida en que esto sea posible, y la de la honestidad
intelectual. El afán por lograr la certeza puede llevar en ocasiones a caer en falacias, a no ser
riguroso, o a revestir el pensamiento con unos términos tan complicados que su sólo manejo
requiere ya de una formación especializada aun cuando no es necesario tal disfraz.
Es posible que la alusión al pensamiento de los salvajes pueda parecer exagerada, pero no lo
considero así. Cuando buscamos una teoría que explique el mundo esperamos encontrar en ella la
anhelada seguridad (pues recordemos que el punto de partida es que este mundo no se explica
"por sí mismo", siendo además indiferente a nuestros deseos, un mundo al que cada uno ha sido
arrojado y en el que cada uno, en un nivel profundo, es consciente de que se encuentra solo).
Buscamos en las teorías, en la filosofía, en la religión o en la adhesión dogmática a una causa, un
sentido, algo fijo e inmutable que sirva como apoyo sólido e indestructible. Pero tal búsqueda de la
certeza no sólo es inútil sino absurda e innecesaria (al menos por lo que a la seguridad se refiere,
en otros sentido puede ser muy fructífera). Es inútil porque, como hemos dicho, la certeza está
fuera de nuestro alcance. Es absurda porque es un error pensar que nuestra seguridad o la
estabilidad del mundo depende de nuestras teorías. A este respecto me permito introducir una
anécdota personal que considero muy apropiada: En cierta ocasión, durante una discusión en torno
a las teorías de Newton y Einstein, exclamé "¡La teoría de la gravedad es errónea!", ante lo cual mi
interlocutor exclamó todavía más sorprendido, "¡¡Eso es imposible!! ¿Cómo es que entonces los
objetos, las mesas y las sillas, no salen flotando?". Mi interlocutor, como cualquiera de nosotros en
muchas ocasiones, estaba confundiendo la teoría con la realidad. Aunque la teoría de la gravedad
sea errónea los objetos seguirán cayendo hacia el suelo sin verse afectados en lo más mínimo. De
hecho, aunque nunca se hubiese formulado la teoría de la gravedad, o aunque Newton no hubiese
existido, los objetos habrían continuado atrayéndose unos a otros. El orden del mundo no existe
gracias a nuestras teorías, sino que éstas son reflexiones elaboradas una vez que ese orden existe
y que pretenden dar cuenta de él. Al igual que sucede con la gravedad y la caída de los cuerpos,
sucede con muchas otras cosas. Quien considera, por ejemplo, como consecuencia de diversas
reflexiones, que la gente es buena por naturaleza, puede sentirse decepcionada y apesadumbrada
si encuentra un argumento contrario más convincente. Pero tal sentimiento es absurdo, porque la
gente seguirá comportándose tan bien o tan mal como lo ha hecho hasta el momento.
Es nuestra aceptación de una teoría lo que nos proporciona seguridad, no la realidad, que sigue su
curso independientemente de lo que pensemos los humanos de ella. Cuanto más dogmáticamente
se acepta una teoría, tanta más seguridad cree tener quien se aferra a ella. Pero pensar que se
está en lo cierto no es garantía para estarlo.
Todas estas observaciones son importantes porque la aceptación de un punto de vista u otro tiene
repercusiones éticas, como veremos en el siguiente punto, repercusiones especialmente nefastas
en el caso de que el punto de vista propio sea aceptado y defendido dogmáticamente.
2. No creas que merece la pena ocultar la prueba, pues ésta es seguro que saldrá a la
luz.
4. Cuando encuentres oposición, aun cuando sea de tu esposa o de tus hijos, esfuérzate
por vencerla con argumentos y no por la autoridad, pues la victoria basada en la
autoridad es ficticia e ilusoria.
6. No utilices el poder para reprimir opiniones que creas perniciosas, pues si lo haces,
las opiniones te reprimirán a ti.
7. No temas parecer excéntrico al opinar, pues todas las opiniones ahora admitidas
fueron antes excéntricas.
8. Mira con más agrado la discrepancia inteligente que el asentimiento pasivo, pues si
valoras como es debido la inteligencia, lo primero supone un asentimiento más profundo
que lo segundo.
9. Sé escrupulosamente veraz, aun cuando la verdad sea inconveniente, pues será aún
más inconveniente si tratas de ocultarla.
10. No sientas envidia por la felicidad de otros que viven en un paraíso de necios, pues
sólo un necio puede creer que eso es la felicidad."
Bertrand Russell
Una forma más sencilla incluso de tener en mente la actitud crítica bien podrían ser las siguientes
palabras:
Las reflexiones del anterior apartado no han tratado de quitar importancia a los resultados de la
reflexión y del debate, no se ha pretendido introducir la idea de que no importa lo que sea dicho,
creído o aceptado, sino que se ha buscado poner de manifiesto que lo verdaderamente valioso y
digno de respeto son las personas con las que debatimos, y posteriormente, las ideas. Por lo
demás no concibo límites para el diálogo. Sentado esto, hay un aspecto de las reflexiones
filosóficas que sí es importante.
Como última observación de este apartado quisiera mostrar que existe una relación entre la
constatación de nuestra imperfección a la hora de conocer el mundo y la realidad, y cierta actitud
ética para con los demás y para con nosotros mismos, la de la tolerancia. En palabras de Voltaire:
"Tolerancia es la consecuencia necesaria de la comprensión de que somos personas falibles:
equivocarse es humano, y todos nosotros cometemos continuos errores. Por tanto, dejémonos
perdonar unos a otros nuestras necedades".
De nuevo es posible que esta alusión a la tolerancia mutua pueda parecer fuera de lugar en un
texto que simplemente trata de explicar qué sea la filosofía, pero debemos tener en cuenta varios
factores: por una parte, que el intento de comprender la realidad y a nosotros mismos, como
afirmábamos al comenzar este apartado, no es un intento individual sino colectivo, en el que el
papel de la crítica, la contrastación de ideas y el continuo examen y valoración de las distintas
propuestas no puede ser pasado por alto, y en el momento en que otro u otros seres humanos
distintos a mi hacen su aparición, lo hace también la ética, la reflexión sobre el modo en que voy a
tratar a esa persona. Por otra parte ya mencionamos que el anhelo de seguridad ha llevado en
ocasiones al dogmatismo. Las propuestas filosóficas, como hemos comentado, no son neutrales, y
el peligro de que los intereses subyacentes determinen nuestras indagaciones está siempre
presente. La labor del intelectual a lo largo de la historia, desgraciadamente, ha sido en muchas
ocasiones la de estar al servicio del poder y legitimarlo a cualquier precio. Las ideas de "ortodoxia",
por no decir la de "herejía", han llevado a justificar la persecución, la crueldad y el terror, y los
intelectuales han jugado su parte en ello. A lo largo de la historia, igualmente, la educación ha sido
concebida para perpetuar el sistema de valores existente. Todo ello está fuertemente inspirado por
el miedo, que tiene puestas sus miras en el pasado y su conservación antes que en el mundo que
es posible crear. La responsabilidad del filósofo, así como la del intelectual y el educador en
general, es enorme, y su tarea consiste, de una manera muy general, en abrir nuevas puertas,
nuevas posibilidades para que el ser humano explote la diversidad y variedad en la que radica uno
de sus más valiosos tesoros, así como mostrar y denunciar los límites que nos hemos puesto a
nosotros mismos o que aceptamos injustificadamente.
Stuart Mill -afirma Isaiah Berlin- critica a los "progresistas" que pretenden modificar la opinión social
para hacerla más favorable a este o a aquel plan de reforma, en lugar de atacar el principio según
el cual la opinión social debería ser ley para los individuos. En un mundo en el que existen fuerzas
inmensas que pretenden por medios diversos, a menudo no explícitos, moldear a la población por
un mismo patrón de tal forma que la individualidad y el criterio personal queden suprimidos, la
simple diferencia, la resistencia y mucho más la protesta, constituyen un valor tanto más necesario
cuanto mayores son los poderes que pretenden hacerlas desaparecer. Mill lo expresa de forma
más sencilla, pero no por ello menos significativa: "La humanidad gana más consintiendo a cada
cual vivir a su manera que obligándole a vivir a la manera de los demás."
7. CONCLUSIÓN
La filosofía ha consistido a lo largo de su historia en una reflexión del ser humano en torno a la
realidad y a sí mismo. Una reflexión que se pretendía crítica y totalizadora y cuya fuente de vida
han sido las experiencias filosóficas de cada uno de los pensadores, entendiendo estas
experiencias como la íntima necesidad de dar respuesta a un problema situado en el límite de los
conocimientos o de las experiencias conocidas hasta el momento.
La filosofía puede entenderse de muy diversas maneras, siendo algunas de ellas incompatibles
entre sí. No obstante, en cualquier caso se pretende profundizar en la realidad y alcanzar un
conocimiento antes ignorado (aunque eso suponga eliminar cualquiero otro conocimiento).
La cuestión de la utilidad de la filosofía ha sido planteada desde sus mismos comienzos. Hasta el
momento tan sólo hemos mencionado su capacidad para enseñarnos a vivir con nuestras dudas,
no ignorándolas ni pretendiendo hallar respuestas para todas, sino proporcionando un equilibrio
entre ambas, conscientes de los peligros de cada uno de los extremos.
"Desde que el hombre ha sido capaz de la especulación libre, sus actos -en muchos
aspectos importantes- dependen de sus teorías respecto al mundo y a la vida humana,
al bien y al mal (...). Para comprender una época o una nación, debemos comprender su
filosofía (...). Hay una conexión casual recíproca. Las circunstancias de las vidas
humanas influyen mucho en su filosofía y, viceversa, la filosofía determina las
circunstancias.
Sin embargo, hay una respuesta más personal. La ciencia nos refiere lo que podemos
saber, mas lo que podemos saber es poco, y si olvidamos cuánto nos es imposible
saber, nos hacemos insensibles a muchas cosas de la mayor importancia. La teología,
por su parte, aporta una fe dogmática, según la cual poseemos conocimientos en los
que, en realidad, somos ignorantes, y con ello crea una especie de atrevida insolencia
respecto al universo. La incertidumbre, frente a las vehementes esperanzas y temores,
es dolorosa, pero hay que soportarla si deseamos vivir sin tener que apoyarnos en
consoladores cuentos de hadas. Tampoco conviene olvidar las cuestiones que plantea la
filosofía, ni persuadirnos de que hemos encontrado respuestas definitivas a ellas.
Enseñar a vivir sin esta seguridad y, con todo, no sentirse paralizado por la duda, tal vez
sea el mayor beneficio que la filosofía puede aún proporcionar en nuestra época al que
la estudia."
Bertrand Russell
El debate en torno a la utilidad de la filosofía, sin embargo, ha recibido mucha más atención de la
que aquí hemos sugerido. Incluso dentro de la propia filosofía se ha abierto una polémica sobre la
utilidad de la misma tanto en el plano teórico como en el plano social, político, etc. Para desarrollar
estos aspectos resulta fundamental conocer los restantes conocimientos con los cuales la filosofía
se compara y frente a los cuales puede ser tachada de útil o inútil. Remitimos, pues, al lector, al
siguiente número de los Cuadernos de filosofía , que tratará el tema "La función de la filosofia en el
conjunto de la cultura. La relación entre el saber filosófico y el saber científico y otros saberes".
APÉNDICES
A) EL SENTIDO DE LA VIDA. PESIMISMO Y OPTIMISMO FILOSÓFICO
"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la
vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de
la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o
doce categorías vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que
responder. Y si es cierto, como quiere Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable,
debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esta respuesta, puesto que
va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón,
pero que deben profundizarse a fin de hacerlas claras para el espíritu.
Si me pregunto para qué voy a juzgar si tal pregunta es más apremiante que tal otra,
respondo que pone en juego los actos. Nunca vi a nadie morir por el argumento
ontológico. Galileo, quien defendía una verdad científica importante, abjuró con la mayor
facilidad del mundo, cuando puso su vida en peligro. En cierto sentido, hizo bien. Aquella
verdad no valía la hoguera. Es profundamente indiferente quién gira alrededor del otro,
si la tierra o el sol. Para decirlo todo, es una cuestión baladí. En cambio, veo que
muchas personas mueren porque estiman que la vida no vale la pena de que se la viva.
Veo a otras que, paradójicamente, se hacen matar por las ideas o las ilusiones que les
dan una razón para vivir (lo que se llama una razón para vivir es, al mismo tiempo, una
excelente razón para morir). Opino, en consecuencia, que el sentido de la vida es la
pregunta más apremiante. ¿Cómo contestarla? Con respecto a todos los problemas
esenciales, y considero como tales a los que ponen en peligro la vida o los que
decuplican el ansia de vivir, no hay probablemente sino dos métodos de pensamiento: el
de Perogrullo y el de Don Quijote. El equilibrio de evidencia y lirismo es lo único que
puede permitirnos asentir al mismo tiempo a la emoción y a la claridad. Se concibe que
en un tema a la vez tan humilde y tan cargado de patetismo, la dialéctica sabia y clásica
deba ceder el lugar, por lo tanto, a una actitud espiritual más modesta que procede a la
vez del buen sentido y de la simpatía. "
El mito de Sísifo, Camus
De todas las cuestiones que trata la filosofía pocas son tan significativas para el ser humano como
la cuestión del "sentido de la vida", y en función de ella, de la actitud vital que tomamos ante lo que
nos rodea. Hemos traído a un apéndice esta cuestión porque, sin pertenecer propiamente al tema,
tampoco encontraba un lugar adecuado en los restantes temas, más especializados. No obstante,
quizá debido al marcado carácter filosófico de la pregunta sobre el significado de la existencia, no
nos resulte inútil del todo para entender mejor la filosofía y, al igual que aprendemos qué es un
filósofo o qué es una obra filosófica atendiendo a los antiguos filósofos o a las obras consagradas
(en lugar de limitarnos a una definición "oficial" de filósofo extraída de un diccionario), de la misma
manera, el sentido de la vida bien podría convertirse en paradigma de la cuestión filosófica.
Las respuestas a la pregunta sobre el sentido de la vida, en el sentido al que se refiere Camus,
esto es, qué es lo que hace que la vida sea valiosa, suelen ser, o bien la negativa, o bien la
afirmativa, o, aunque esto es menos frecuente, la afirmación de que la propia pregunta carece de
sentido y es absurdo buscar una respuesta. En el caso de las dos primeras alternativas, de las que
nos vamos a ocupara aquí, se deducen el pesimismo y el optimismo filosófico. En esta cuestión
más que en ninguna otra, ante la peculiar disposición del filósofo (o no filósofo) a decantarse por
una u otra alternativa, en función de su carácter y predisposición y no de sus argumentos, nos lleva
por nuestra parte a limitarnos a exponer a un representante de cada concepción de la vida con la
esperanza de que el lector pueda identificarse con una u otra, o con ninguna, pero enriqueciéndose
en cualquier caso con el testimonios de los filósofos. Representante del pesimismo será
Schopenhauer, mientras que la visión optimista corre de la mano de Bertrand Russell.
"Al alcanzar los ochenta años es razonable suponer que la mayor parte de la obra de
cada uno está realizada y que lo que queda por hacer será de menor importancia. La
parte más importante de mi vida ha estado consagrada constantemente, desde la
adolescencia, a dos objetivos diferentes (...) Por un lado, quería poner en claro si es
posible algún conocimiento; por otro, quería hacer todo lo que fuera posible para la
creación de un mundo más feliz (...) Me parece que ni la miseria ni la locura forman parte
de la inevitable miseria del hombre. Estoy convencido de que la inteligencia, la paciencia
y la persuasión podrán liberar, más pronto o más tarde, a la especie humana de las
torturas que a sí misma se ha impuesto, con tal que antes no se extermine a sí misma.
Bajo el fardo de mis fracasos, soy consciente todavía de algo que considero una victoria.
Es posible que haya concebido incorrectamente la verdad teórica; pero no estaba
equivocado al pensar que existe tal cosa y que merece que seamos fieles a ella. Puedo
haber creído que el camino hacia un mundo de seres humanos libres y felices era más
corto de lo que realmente es; pero no estaba equivocado al pensar que es posible ese
mundo y que merece la pena vivir con la idea de acercarnos a sus límites. He vivido
persiguiendo una visión personal y una visión social. La personal: amar lo que es noble,
lo que es bello, lo que es benévolo, permitir los arrebatos de intelección que ofrezcan
sabiduría a tiempos más mundanos. Social: ver con la imaginación la sociedad que debe
ser creada, donde los individuos se desarrollen libremente y donde el odio, la codicia y la
envidia se extingan porque no exista nada que pueda alimentarlos. Creo en estas cosas,
y el mundo, con todos sus horrores, no ha podido conmover estas creencias."
Retratos de Memoria , Bertrand Russell
Por un lado, es frecuente vincular el pesimismo y el sufrimiento con una mayor profundidad,
mientras que el gozo, el entusiasmo y la alegría de vivir suelen ser tachados como superficiales.
Augusto Monterroso se refiere al mismo fenómeno de la siguiente manera
"... la literatura está más hecha de lo negativo y de lo adverso y, sobre todo, de lo triste.
El bienestar, y específicamente la alegría, carecen de prestigio literario, como si el
regocijo y los momentos de felicidad fueran espacios vacíos, vacíos y por lo tanto
intransferibles, de los que el verso y la prosa serían malos portadores. Parecería que
sólo los bobos están contentos y que hay que evitar a toda costa mostrarse tonto; el
genio, en cambio, se presenta siempre como profundamente preocupado, cuando no
sumido en el dolor y la incomprensión. Si declaro que me encuentro bien y feliz, a nadie
le importa; aparte de que la declaración misma de felicidad tiene algo de insultante; debo
decir que estoy mal, o triste, para que mi posible lector tenga a quien compadecer y se
alegre y acaso hasta me perdone que sea yo el que escribe y él el que lee. Los
románticos salvaron a Cervantes del olvido cuando descubrieron que su libro era un libro
triste. "
Tríptico , Augusto Monterroso
[Link]
Tal punto de vista al que se refiere Monterrosso no puede ser aceptado sin un análisis más
detallado, aunque eso nos llevaría a entrar en cuestiones psicológicas, más que filosóficas. No
obstante algunos filósofos han apuntado certeramente algunos de los factores decisivos. Así,
leemos en la Ética como amor propio , de Fernado Savater:
"Quizá fue Rousseau quien indicó mejor la raíz del interdicto contra el placer a causa de
la pérdida de sociabilidad. En su Emilio señala Rousseau que lo antisocial del placer es
que contraría el amor propio de quien lo contempla como espectador, bien sea porque
produce envidia o bien porque hace ostensible que el gozador no nos necesita, lo que
provoca en el azorado contemplador una sensación molesta de inexistencia o de "estar
de sobra". Como de hecho mi amor propio se alimenta por la dependencia del otro
respecto a mi buena y supuestamente "desinteresada" voluntad, verle gozando, es decir,
ver que no me necesita (aunque sea por el momento) y que no puedo hacer nada por él,
hiere narcisísticamente mi ego(centrismo). (...) En cambio, el dolor nos vincula
medularmente al prójimo, porque le pone literalmente en nuestras manos . "Es en las
penas de los otros donde mejor vemos la identidad de nuestra naturaleza" ( Emilio ).
Nuestra piedad, que secuestra al prójimo y por ello nos lo adhiere, queda cortocircuitada
por el espectáculo de un placer que nos obligaría a una vinculación más generosa, más
genuinamente desprendida ."
Ética como amor propio , Fernando Savater
"Los hombres desgraciados, como los que duermen mal, se muestran siempre
orgullosos de ello... Están orgullosos de su desgracia, que atribuyen a la naturaleza del
universo y consideran que su actitud es la única para un hombre culto... No cabe duda
de que existe una ligera compensación en el sentimiento de superioridad y penetración
de estos sufridores, pero no es suficiente para compensar la pérdida de placeres más
sencillos. Yo, por mi parte, no creo que exista superioridad mental ninguna en el hecho
de ser desgraciado. El hombre prudente será tan feliz como las circunstancias lo
permitan y si encuentra en cierto modo desagradable la contemplación del mundo, se
dedicará a contemplar otras cosas... Por muchos razonamientos que se aduzcan, la
razón no se opone a la felicidad."
La conquista de la felicidad , Bertrand Russell
Por otro lado, podría parecer en un primer momento que tanto el pesimismo como el optimismo
cometen el error de fijar su atención en un aspecto de la realidad e ignorando el contrario; sin
embargo, tal error es más propio, me atrevo a afirmar, del pesimismo que del optimismo. El
optimista no ignora cuanto de malo y horrible hay en la vida (el propio Bertrand Russell afirmó " El
mundo es horrible, horrible, horrible, tienes que sentirlo profundamente y no echarlo a un lado...
tienes que sentirlo... y entonces puedes comenzar a ser feliz de nuevo ."), sino que mantiene su
actitud a pesar de ello (por lo tanto, teniéndolo en cuenta). Finalmente, no conviene pasar por alto
que el pesimismo, como práctica cotidiana, tiende más fácilmente a auto-justificarse, a generar la
situación que confirma su juicio previo. Así lo plasma Noam Chomsky, al referirse a la situación
internacional, sobre la cual se ha convertido en uno de sus mayores críticos:
Como el lector podrá apreciar, quien esto escribe es optimista ("Qué voy a hacerle, soy feliz", reza
un verso de Neruda), así pues, termino este apartado con dos citas más, la primera de ellas de
Primo Levi, a quien nadie puede reprocharle no haber conocido el dolor y el sufrimiento, pensada
para quien se ve oprimido por las circunstancias y un mundo hostil.
"Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero
pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la
infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno y otro estado
límite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana, que es
enemiga de cualquier infinitud. Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente
conocimiento del futuro; y ello se llama, en un caso, esperanza, y en el otro,
incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone límite a
cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Se oponen a ello las inevitables
preocupaciones materiales que, así como emponzoñan cualquier felicidad duradera, de
la misma manera apartan nuestra atención continuamente de la desgracia que nos
oprime y convierten en fragmentaria, y por lo mismo soportable, su conciencia"
Si esto es un hombre , Primo Levi
La segunda cita pertenece a Virginia Woolf, y aunque está escrita pensando en la emancipación de
la mujer, es válida para todo aquel cuyas cadenas residen en su mente, por carecer de
autoconfianza o por falta de voluntad.
"Para la emancipación de una mujer no hay nada mejor que liberarse de los placeres del
masoquismo, y comenzar a luchar."
Virginia Woolf
Apéndice final de la obra La filosofía desde el punto de vista de la existencia , escrita por Karl
Jaspers en 1949 (Traducción de José Gaos)
"Unas pocas obras filosóficas son por el sentido del pensamiento que encierran tan infinitas como
las grandes obras de arte. En ellas está pensado más de lo que sabía el propio autor . Sin duda
que en todo pensamiento profundo hay un depósito de consecuencias que no abarca en seguida
con su mirada el pensador. Pero en las grandes filosofías es la totalidad misma la que alberga en
sí lo infinito. Es lo que hay de asombrosamente concordante en medio de todo lo contradictorio, de
tal suerte que las mismas contradicciones resultan expresión de la verdad. Es un entretejimiento de
ideas que en la claridad de los primeros términos dejan trasparentar un abismo sin fondo. Son
maravillas lo que se ve cuanto más pacientemente se interpreta. Así son, por ejemplo, las obras de
Platón, las obras de Kant, la Fenomenología del espíritu , de Hegel -pero con diferencias. En
Platón , con la más clara conciencia la forma bien ponderada, la perfección, el más claro saber del
método, el empleo del arte para comunicar la verdad filosófica sin pérdida del rigor ni plenitud del
pensamiento. En Kant , la máxima honradez, lo digno de confianza en cada frase, la más bella
claridad. En Hegel lo indigno de confianza en el permitirse pasar de largo, pero en cambio la
riqueza de los contenidos, la fuerza creadora que muestra la profundidad en los contenidos sin
realizarla en el propio filosofar. Éste se halla más bien transido de violencia y falacia, tiene la
tendencia a la escolástica de los esquemas dogmáticos y a la contemplación estética.
Los filósofos son de índole y rango extraordinariamente distintos. Es un destino de la vida filosófica
el que en la juventud me entregue al estudio de uno de los grandes filósofos y a cuál .
Puede decirse que en cualquiera de las grandes obras está todo. En cualquiera de los grandes se
entra uno por el reino entero de la filosofía. Penetrando a fondo en la alta obra de una vida,
conquisto el centro desde el cual se ilumina y en el cual se refleja todo los demás. En relación con
él se adquiere una orientación sobre la historia entera de la filosofía, se aprende en ella siquiera lo
indispensable, surgen impresiones de las citas de los textos originales, se presiente lo demás que
hay ahí. A consecuencia de la ilimitada profundidad de un pasaje se practica la autocrítica sobre la
medida del saber que sólo gradualmente se va adquiriendo de las otras creaciones filosóficas.
Al joven le resultaría bien venido un consejo acerca de qué filósofo elegir. Pero esta elección tiene
que hacerla cada uno por sí mismo. Sólo cabe hacer indicaciones y llamar la atención. La elección
es una decisión esencial. Tiene lugar quizá después de variados intentos y tanteos. Puede
experimentar su ampliación en el curso de los años. A pesar de todo hay consejos que dar. Uno
viejo consejo es el de estudiar a Platón y a Kant, con lo cual se habrá alcanzado todo lo esencial.
Estoy de acuerdo con este consejo.
No es ninguna elección dejarse arrebatar por lecturas de las que encadenan, como por ejemplo las
de Schopenhauer o Nietzsche. Elección significa un estudio hecho con todos los medios
disponibles. Por tanto significa un ahondar en la historia entera de la filosofía partiendo de una de
sus grandes contribuciones. Una obra que no lleva por este camino es una elección desventajosa,
bien que al fin y al cabo toda obra filosófica tiene que resultar fecunda de algún modo si se la
estudia de veras.
La elección de algún gran filósofo para estudiar sus obras no significa, pues, limitarse a él. Al
contrario, al estudiar un grande hay que fijar la vista a la vez y lo más pronto posible en lo opuesto
a él. La prevención es la consecuencia de limitarse a un filósofo, aunque sea el más libre de
prevenciones. No sólo no tiene en el filosofar cabida ninguna divinización de un hombre, ningún
hacer de uno el único, ningún maestro exclusivo. Antes bien, el sentido del filosofar está en abrirse
a la verdad en su totalidad, no como nivelada y abstracta verdad en general, sino como la
multiplicidad de la verdad en sus altas realizaciones."