EL LAICO DOMINICO
Buenas tardes queridos hermanos de la fraternidad beata Juana de Aza, les envío
un afectuoso saludo en Dios todopoderoso, la Virgen Santísima y nuestro padre
Domingo. En esta oportunidad quiero dirigir unas palabras para buscar despertar
en ustedes una mayor inquietud para no solo comprender, sino abrazar desde el
alma, el carisma dominicano.
No puedo hacer de esto un simple ejercicio académico de presentación de un tema
de estudio, aunque por supuesto forma parte del temario de nuestro manual de
formación por etapas, sino hablar desde mi propia experiencia, de mi testimonio
como dominico seglar de profesión perpetua y servidor de la Orden y de la Iglesia.
En este sentido debemos en primer lugar enfatizar varios puntos a fin de aclarar
cualquier inquietud o duda acerca del papel de las fraternidades laicales dentro de
la Orden. Y es necesario tener claro de dónde venimos, qué somos y hacia dónde
vamos.
¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL LAICADO DOMINICANO?
Para saber de dónde venimos es necesario acudir a las raíces históricas que nos
refieren que los laicos de la Orden de predicadores nacen de los movimientos de
penitentes en la edad media, específicamente en el siglo XIII, bajo el amparo de la
Orden Franciscana.
Pero es importante aclarar que nuestro padre Domingo no fundó como tal una
orden de penitencia, porque esta ya existía de hecho y él se hizo acompañar de
laicos que deseaban seguir sus pasos, pero desde su condición de seglares. Hubo
también otros movimientos o asociaciones laicales conocidas como cofradías o
milicias. Existe una muy antigua, la Militia Christi, fundada en Florencia en 1221
como una orden de caballería para la defensa de la fe y de la Iglesia.
Ahora bien, nos preguntamos ¿quiénes eran los penitentes?
Para explicar con más detalle este punto, me permito citar algunos párrafos de un
trabajo de investigación titulado: “La primera Regla de la Orden Seglar, la regla
de Munio de Zamora 1285”, elaborado por nuestros hermanos dominicos de la
provincia de Hispania, a continuación:
A diferencia de los pecadores reconciliados públicamente, estos laicos escogían libre y
voluntariamente una vida de penitencia, de retiro, de ascesis, renunciando a los honores, a
los oficios relativos al comercio y las finanzas, al uso de armas, a los espectáculos… Estos
sacrificios no quedaban sin compensación, pues los penitentes reconocidos escapaban a
las prohibiciones de la autoridad eclesiástica.
Los penitentes (hombres y mujeres) se multiplicaron, se asociaron y, lógicamente,
buscaron dotarse de un estatuto jurídico. En 1221, en la Romaña (Italia centro), apareció el
texto fundador “Memoriale propositi Fratrum et Sororum”, de origen sobre todo franciscano
aunque experimenta influencia dominicana a partir de 1228. Este texto de inspiración muy
secular es adoptado por todos los penitentes de Italia en 1228. Confiere a los laicos la
autoridad en el movimiento: incluso el visitador, que tiene un papel de delegado de la
Iglesia diocesana, puede ser laico. El Memoriale llama a una conversión radical para toda
la vida y enrola a los laicos en la oración pública y litúrgica de la Iglesia. Los penitentes se
distribuyeron entonces en penitentes grises, de obediencia más bien franciscana, y
penitentes negros, más bien dominicos.
Hacia el año 1239 ya éstos habían tomado cuerpo.
En 1284, el hermano Caro, franciscano, visitador de los penitentes de Florencia, quiso
imponer el hábito gris a todos los penitentes, y modificar, en un sentido más monástico, el
Memoriale. El descontento de los penitentes negros provocó una reacción dominicana. Así,
en el Capítulo de Bolonia de 1285, donde Munio de Zamora, es elegido como Maestro de
la Orden de Predicadores, motivado por la situación de enfrentamientos en Italia, redactan
una nueva regla para los penitentes que desean mantener los lazos con los Predicadores,
y que se llamarán hermanos y hermanas de la Orden de la Penitencia de Santo Domingo.
La nueva regla, firmada por el Maestro de la Orden, fr. Munio de Zamora, es aprobada por
Honorio IV con la Bula (45) del 28 de enero de 1286. Por ella, incorporó los laicos que la
siguieran a la jurisdicción de la Orden, dotándoles de exención de entredicho. Este es el
primer documento conocido en el que aparece la expresión: Orden de la Penitencia de
Santo Domingo. En estos hechos se puede ver el nacimiento oficial del laicado dominicano.
La Orden de Predicadores fue fundada para la misión apostólica, por ende
los laicos constituimos un papel preponderante para poder llevar a cabo
dicha misión, como refería fray Edward Schillebeck, somos la armadura
seglar de la Orden, estamos en el mundo y constituimos la primera línea de
acción en nuestros propios campos de vida cotidiana: en la familia, el
trabajo, en la universidad, etc.
Sin embargo, es muy importante aclarar que si bien las fraternidades laicales
pueden hacer vida comunitaria en una parroquia dominica o diocesana
colaborando asimismo con algún apostolado: catequesis, canto, preparación
de la liturgia, no puede confundirse su razón de ser con este tipo de
servicios.
Las fraternidades son parte de la Orden de Predicadores y no dependen ni
necesitan de una parroquia para existir. No son tampoco una asociación tipo
club de fieles católicos ni una cofradía o grupo para actividades pietistas.
Las fraternidades laicales dominicanas dependen del Maestro de la Orden y
tienen una misión importante de llegar a los espacios donde no llegan los
hermanos religiosos, y para tal motivo, siguiendo el carisma dominicano,
fundamentan sus bases, al igual que los frailes y las monjas, en el estudio, la
oración, la vida comunitaria y la predicación.
¿QUÉ ES SER LAICO DOMINICO?
Ser laico dominico, en mi experiencia, es haber recibido un privilegio
inmerecido, un llamado que toca tu corazón a una misión que va de la mano
con los más profundos deseos del alma, de común unión con el ardiente
corazón de Jesús, por intercesión de María y por medio del santo rosario.
En este punto quiero hacer un paréntesis para enfatizar que dentro de la
Iglesia hay dos armas, si podemos llamarlas así, en el buen sentido de la
palabra, que son la eucaristía y el santo rosario. El primero de ellos no
necesita mayor explicación, todos sabemos que es el centro de nuestra fe y
que constituye la verdadera vida el poder comer y beber el cuerpo y la sangre
de nuestro Señor. Pero en cuanto al segundo, al santo rosario, debemos darle
una importancia mayúscula, por encima de cualquier otra devoción, ya que
no solo es el principal instrumento de conversión, de transformación, de
consuelo y liberación, sino también de intercesión. Yo mismo doy fe de ello
porque fue gracias al rosario que volví a la Iglesia y conocí a la Orden. El
rosario me sostiene, y en estos momentos donde muchos parecen perder la
fe y la esperanza, es el rosario lo que nos consuela y proporciona esa brisa
fresca, la paz y el sosiego necesarios para sobrellevar las tribulaciones.
¿HACIA DÓNDE VAMOS?
Los laicos dominicos no nos quedamos de brazos cruzados en lo que
concierne a nuestro papel y misión dentro de la Orden de Predicadores, la
Iglesia y por ende la sociedad venezolana tan golpeada actualmente por el
mal y el pecado estructural. En tiempos de nuestro padre santo Domingo no
existían los medios de los que contamos hoy día para poder cumplir con la
misión apostólica y sin embargo se hizo muchísimo más en llevar la Buena
Noticia a todas partes del mundo.
Los laicos dominicos, por tanto, miembros de hecho y de derecho de la
Orden de Predicadores partiendo desde nuestros propios espacios de vida y
acción, debemos procurar tener una formación humana sólida, abriendo
nuestro intelecto al conocimiento de la ciencia teológica que nos permita dar
razón de nuestra esperanza en el mundo secularizado y azotado por las
ideologías totalitarias de hoy.
Son muchos los desafíos en el campo moral y de defensa de los derechos
humanos que debemos enfrentar, y ello no es posible en un laicado sin
estudios ni preparación.
En palabras de fray Vivian Boland, O.P. socio del Maestro de la Orden para
el estudio y la formación: “El estudio se establece como una misión de la
Orden. Es importante que nuestra formación esté alineada con las
preocupaciones apostólicas de la Orden de Predicadores hoy y la primera
fuerza de la misión es la fraternidad”.
“La formación de los laicos debe ser integral, holística. Debe emprenderse en
comunidad. Para la misión apostólica de la Orden, para proclamar la
palabra. Los laicos estamos formados para la vida en familia, en la Iglesia y
en el mundo. Por ende, la familia dominicana es un lugar muy importante
para iluminar a los demás”.
Hoy se nos presentan desafíos mayúsculos ante interrogantes que es
necesario resolver: ¿Cómo las familias pueden ser portadoras de la gracia del
Señor y testigos en el mundo de esa gracia? ¿Cómo podemos contribuir a la
Orden y a la Iglesia? ¿Cómo ser predicadores de la gracia no solo en la
palabra sino en la práctica? ¿Cómo acompañar a los divorciados y vueltos a
casar? ¿Cómo promover la participación de los jóvenes, a tratar de que
exista un compromiso para integrarse de por vida a la Orden? ¿Cómo
dialogar con las otras religiones? ¿Cómo dar razón de nuestra esperanza
ante el agnosticismo y el ateísmo militante?
Solo a través de una formación permanente podremos enfrentar todos estos
retos. Debemos prepararnos, establecer modos de respuesta en estas
situaciones.
En este sentido la formación del laico dominico, en atención a las actas del
Congreso Internacional de Fraternidades Laicales Dominicanas, celebrado
en Fátima en 2018, establece suficientemente cuadro dimensiones a saber:
A) FORMACIÓN HUMANA
Cada fraternidad es una pequeña comunidad de fe donde tiene lugar la
formación humana que se manifiesta a través de:
El crecimiento en el autoconocimiento, descubriendo los talentos y
limitaciones, aprendiendo a dialogar escuchando y respondiendo a los
demás. Trabajando juntos respetando la diversidad, ejercitando la
compasión evangélica, y experimentando y contagiando la alegría cristiana.
B) FORMACIÓN ESPIRITUAL
Consiste en cuidar la oración personal y comunitaria de la Palabra de Dios
que nos interpela a estudiarla, contemplarla y predicarla (Cf. Regla N° 10.)
C) FORMACIÓN TEOLÓGICA
Para dar razón de su esperanza en cuanto cristianos, los laicos dominicos
deben tener básicamente:
Sólida formación teológica, conocimiento de las ciencias humanas,
documentos de la Iglesia, y de la tradición dominicana. Se
recomienda el estudio de un curso de teología fundamental o
espiritual.
D) FORMACIÓN PARA LA VIDA APOSTÓLICA
La predicación se ejercita en el encuentro cotidiano con la persona, dentro
de la fraternidad y en los campos de vida y acción, escuchando,
compartiendo, y practicando la compasión y la misericordia. Principalmente
promoviendo la Justicia y la Paz y el cuidado de la Creación y “la unidad de
los cristianos y el diálogo con los no creyentes”. (Regla Nro. 12)
Finalmente, ¿Cómo podemos hacer esto?
Como les referí anteriormente el rosario posee infinitas gracias que surgen
de la meditación atenta de sus misterios. El rosario es la contemplación de
toda la vida de Jesús a través de los ojos de la Santísima Virgen María. Hoy
sábado, día de la Virgen, en medio de esta celebración de la advocación de
nuestra Señora del socorro, corresponde la meditación de los misterios
gozosos, ¿y qué nos dicen estos misterios? ¿En qué se relacionan éstos con
nuestra misión como laicos dominicos?
En primer lugar, atendiendo al primer misterio, la anunciación, asumamos
la actitud de nuestra Madre, dejémonos sorprender por Dios, pero sobre
todo siempre digamos Sí al Señor, desde un corazón bien dispuesto a servirle
y cumplir su voluntad.
En el segundo misterio, la visitación, María se pone en camino a una zona
montañosa, aun en su estado de gravidez para ir a cuidar a su prima.
Imitemos entonces a nuestra madre, pongámonos en camino sin importar
los obstáculos para poder servir a los demás.
En el tercer misterio, la natividad, el ángel se les aparece a los pastores y les
da la Buena Noticia y estos confían y acuden a adorar al Señor. Imitemos a
esos pastores y acudamos con frecuencia a adorar al Señor, a hacerle
compañía, y en estos tiempos de pandemia incluso lo podemos hacer de
forma espiritual.
El cuarto misterio, la presentación, nos presenta la obediencia como punto
focal del mensaje, Jesús es presentado para cumplir con la Ley del Señor.
Seamos pues obedientes a la Iglesia.
El quinto misterio, Jesús perdido y hallado en el templo, nos muestra a
Jesús hallado a los tres días en medio de los doctores, oyéndoles y
preguntándoles. Seamos como esos doctores, que se asombraban de la
inteligencia de Jesús y le hacían muchas preguntas. No tengamos vergüenza
de solicitarle a Él que nos ilumine cuando se nos presenten dudas acerca de
nuestra fe.
Les envío un abrazo fraterno y mi humilde oración diaria por todos ustedes.
¡Que Dios les bendiga!