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Reflexiones sobre Jeremías 9: Llorar y Engañar

Este documento resume el capítulo 9 de Jeremías. Jeremías se lamenta por la falta de fidelidad de su pueblo y los engaños entre ellos. Advierte del juicio inminente sobre Jerusalén y Judá. El profeta usa el término "engaño" para mostrar cómo el pueblo volvió a ser como Jacob, el mentiroso, en lugar de mantener su identidad como Israel. Jeremías invita al pueblo a no perder su identidad y alejarse de las prácticas de quienes no conocen a Dios.

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Reflexiones sobre Jeremías 9: Llorar y Engañar

Este documento resume el capítulo 9 de Jeremías. Jeremías se lamenta por la falta de fidelidad de su pueblo y los engaños entre ellos. Advierte del juicio inminente sobre Jerusalén y Judá. El profeta usa el término "engaño" para mostrar cómo el pueblo volvió a ser como Jacob, el mentiroso, en lugar de mantener su identidad como Israel. Jeremías invita al pueblo a no perder su identidad y alejarse de las prácticas de quienes no conocen a Dios.

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Jeremías capítulo 9.

Comentario y reflexiones por PB. Lino Beltrán Castillo. (El Pas Lino)

A esta hora, y en medio del reflexivo silencio que nos ha acompañado durante esta época de
aislamiento social, me acompaña mi vieja Biblia Devocional de Estudio versión RV. 1960.
Justamente, en algunos de los análisis que esta hace acerca del libro de Jeremías, en la sección
que compete al capítulo 9 presenta un resumen que más que especial yo lo llamaría poético,
en el que describe de forma maravillosa la situación por la que el profeta está pasando y con
el cuál deseo dar apertura a este aparte de nuestro estudio. El mencionado discurso cita lo
siguiente:

“Jeremías nunca se apartó de su gente, tomando el papel de severo moralizador


y disfrutando lo sufrimientos bien merecidos que le tocaban a los demás. El
sentía la amargura del juicio que anunciaba. Al final, Jeremías gustó de la
amarga copa del exilio junto con todos los demás. Jeremías nos hace acordar
de otro Varón de dolores. Como Jesús, Jeremías lloró sobre Jerusalén. Como
Jesús, fue rechazado en su ciudad natal.”1
La experiencia de Jeremías puede observarse desde una doble posición:

1. Conoce del juicio que viene contra el pueblo y advierte las razones por las cuáles se
presenta dicha condena.
2. Aún sin ser culpable de las acusaciones dadas su gente, él se queda con ellos y sufre
también el rigor de la imposición imperial, pero peor aún, sufre el rigor del rechazo
de sus hermanos.
Ante tales perspectivas, no es difícil entender el porqué de las lágrimas de Jeremías y del
llamado al llanto colectivo en este capítulo. No solo es el dolor de la destrucción, sino el del
desprecio lo que hace que Jeremías se derrumbe ante la realidad que le correspondió vivir.
En este capítulo 9, Jeremías hará énfasis en un pecado puntual (la mentira) y en una acción
concreta (el llanto).

Estructura y comentarios generales.


9, 1-2
Esta primera parte de este capítulo es la continuación del lamento que Jeremías viene
realizando desde la parte final en el capítulo 8. Esta introducción al capítulo es la muestra del
dolor que Jeremías ahora nos va a narrar como el resultado de no haber hallado fidelidad en

1
Biblia Devocional de Estudio Versión Reina Valera 1960, 656.
el pueblo; las lágrimas del profeta tienen un origen claro: “porque todos son adúlteros,
congregación de prevaricadores”.

9, 3-16.
En este aparte, Jeremías centra su atención en un elemento que sobresale entre todos los ya
antes mencionados hasta aquí y que tiene mucho que ver con el desagrado del Señor hacia su
pueblo, este recurso pecaminoso que se ha vuelto común entre el pueblo de Dios y que se ha
propagado de una forma tan natural entre ellos es “el engaño”. Varios versículos son
dedicados a mencionar como entre el mismo pueblo se engañan unos a otros y mienten de
forma descarada. Lo que le espera a Jerusalén y a Judá no es algo esperanzador, la sentencia
está dada: “Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas, morada de chacales; y convertiré
las ciudades de Judá en desolación en que no quede morador”.

9, 17-26
El profeta hace una comparación entre las naciones que no conocen a Dios con el pueblo del
Señor; señala como no hay distinción entre unos y otros, el pueblo del Señor actúa como las
demás naciones de la tierra siendo más semejantes a estas que al Señor que los sacó un día
de Egipto. La circuncisión ya no es un ritual diferencial, pues circuncidados o no, los hombres
y mujeres se han sumergido en sus propias vanidades y la terquedad de su corazón los ha
llevado a deleitarse en el engaño hacia los demás, pero lo más terrible es el engaño a ellos
mismos, por tal razón, el juicio es colectivo y se extiende a las otras naciones de la tierra,
tristemente, ya no hay diferencia entre el pueblo escogido y los demás.

Al ver la inminente reacción de Dios y la falta de arrepentimiento de sus paisanos, Jeremías


se lamenta e invita al pueblo a lamentarse juntamente con él; Jeremías sabe que no llorará
solo, que el pueblo se sumergirá en un dolor sin precedentes y que el llanto será su compañía
de día y de noche. Sin embargo, en medio de este trágico cuadro, una luz de esperanza es
levantada y propuesta por el mismo Señor, la invitación es a conocerle y a entenderle desde
una triple dimensión: misericordia, juicio y justicia.

La estrategia literaria del engaño como recurso para mostrar al pueblo que había vuelto
atrás.
Los aspectos generales de este capítulo parecen repetirse una y otra vez con todo lo que
hemos estudiado hasta aquí; idolatría, vanidad, adulterio, falsedad, etc., han sido los recursos
que han generado la ira de Dios sobre los suyos. Pero en este capítulo en particular, se puede
percibir como Jeremías usa un juego de palabras para describir la condición del pueblo.

En el versículo 4 se menciona como entre hermanos o prójimos se mantiene como constate


el engaño; en toras palabras, el pueblo de Dios era un lugar en el que no se podía confiar en
alguien. Tal parece, que cada uno buscaba su propio beneficio sin importar lo que ocurriera
con el otro, algo así como cuando se dice que “el fin justifica los medios”, de tal forma que
no me importa si tengo que mentir a los demás, lo importante es que a mí todo me salga bien.
Para hablar de engaño en este versículo, Jeremías usa el término ‫ = ַקְקֹ֔קב‬yacob que se
puede traducir como (mentir, estafar, calcañar, a seguir en el talón), esta terminología
recuerda de inmediato a ese personaje de quien se desprende el nombre de Israel, es decir a
Jacob. Jacob fue un suplantador desde antes de nacer, pues quiso usurpar la primogenitura
de su hermano Esaú desde el vientre, desde allí se aferró al calcañar (talón) de su hermano
para poder quitarle su lugar. Jacob engañó a su hermano, a su padre, a su suegro, pero aun
así, el Señor lo llamó para generar a partir de él a esas familias (12 tribus) que conformarían
lo que luego sería la nación de Israel (Gn 35,10).

El término ‫ = ַקְקֹ֔קב‬yacob es el mismo que se usa para el nombre de Jacob, lo que jeremías
muestra es que Israel retrocedió a lo que era antes. Jacob antes de ser Israel era mentiroso y
engañador, la razón, no había tenido el encuentro personal y transformador con Dios;
Jeremías muestra con este juego de palabras que el Israel de ahora volvió a ser el Jacob de
antes, están y caminan como si nunca hubiesen conocido a Dios, en otras palabras, han
perdido su identidad.

Reflexiones generales.
La constante hasta este punto ha sido la de un profeta sumergido en una realidad social y
espiritual bastante perturbada por el pecado. Estamos ante el llamado desesperado de un
hombre que ve como su pueblo va hacia la destrucción y no quiere entender que la única
salida es el arrepentimiento. Cuando Jeremías recuerda a Jacob bajo la figura de “engaño”,
está indicando una condición ajena a la presencia del Señor, esa condición en la que el ser
humano solo busca saciarse a sí mismo sin importar el daño que pueda causar a otros. Ese
era Jacob antes de ser llamado por el Señor, y esta era la condición del pueblo en tiempos de
Jeremías.

Es de suma importancia que hoy hagamos una profunda reflexión de nuestra condición
espiritual, podemos creer que estamos viviendo de forma adecuada delante del Señor pero si
nuestras acciones hacia los demás son de engaño o mentiras hemos perdido nuestra identidad.
La invitación es a ser como Israel y no como Jacob. Israel es la nueva identidad, la que surge
a partir del encuentro con el Señor, Jacob es la vieja identidad, esa que se centraba más en el
ego que en la obediencia.

El que engaña se parece más a las gentes que no conocen ni temen a Dios, de ahí que el
profeta exprese que no hay diferencias entre unos y otros; el juicio de Dios viene por igual a
las naciones y a su pueblo, la razón es muy sencilla, no hay diferencia alguna entre unos y
otros. Israel dejó de ser Israel por seguir las prácticas de los demás.

¿Habremos perdido nuestra identidad por andar en pos de lo que quienes no conocen a Dios
nos ofrecen a diario? La respuesta hoy en día puede ser un “tal vez”. Tal vez haya sido tan
sutil la manera en que la cultura y la sociedad nos ha influenciado, que quizás hemos
cambiado la Ley de Dios por conceptos humanos que nada tienen que ver con él, lo más
peligroso puede ser que estemos tan convencidos de estar haciendo lo correcto, que no
podamos darnos cuenta de la distancia que hemos tomado entre la verdad y la mentira,
caminando cada día como hijos de Dios pero negándolo a él con nuestras acciones.

Finalmente, lo que Jeremías nos enseña en este capítulo es a no volver atrás, a guardar nuestra
identidad sobre todas las cosas y no vivir la apariencia de quienes no conocen a Dios, sino
aquella que es inmutable y eterna, la del Dios que nos cambió el nombre y nos sacó del
engaño a la libertad.

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