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El alfarero y el barro, 18:1–23

Este capítulo de Jeremías contiene diversos segmentos como se ha visto en los capítulos
anteriores, combinando la visita al alfarero, palabras de juicio contra el pueblo y otro lamento
del profeta.
(1) El simbolismo del alfarero y el barro, 18:1–12. Este capítulo empieza con un
mandato del Señor al profeta de bajar a la casa del alfarero para recibir allá un mensaje: oír
mis palabras. Seguramente este taller estaba en las laderas de la ciudad, cerca al valle de
Ben-hinom, donde estaba la “Puerta de los tiestos” (alfarero). El alfarero estaba trabajando
sobre la rueda y el profeta observó cómo el alfarero controlaba el barro, y pudo rehacer el
vaso dañado hasta producir el vaso deseado según le pareció mejor.
El alfarero
18:2

La cerámica tuvo un gran uso en la vida diaria de los habitantes del mundo antiguo; y aún se
usa en muchos lugares del mundo moderno. Cuando la arcilla es calentada a temperatura apropiada
sus componentes químicos cambian y la nueva sustancia tiene diferentes propiedades físicas, toma
la consistencia de la piedra.
La figura del alfarero:

1) Es una figura que tiene un fuerte arraigo en la tradición bíblica (Gén. 2:7, 8; Job 33:6; Isa.
29:11; 2 Cor. 4:7).

2) Al mismo tiempo se trata de una imagen usada en otros países.

3) Se trata de una figura que parte de lo diario a lo trascendente, del alfarero al hacedor-
moldeador (Isa. 27:11). La diferencia que marca el texto bíblico entre el barro y el ser
humano es que este se resiste al cambio, es decir que es responsable.

En el v. 5 viene la palabra del Señor, en la cual Dios afirma que él como un alfarero puede
moldear a su pueblo en un proceso de corrección, hasta producir lo que ha querido para ellos.
El pueblo no es autónomo, sino está en la mano del Señor (v. 6). Siguiendo las acciones
rápidas del alfarero de deshacer y rehacer, Dios dice que en un instante él puede hacer y
deshacer a su pueblo para formar el pueblo deseado. Desde luego Dios, como el alfarero,
tiene que trabajar con el barro o la nación que tiene.
En los vv. 7–12 Jehovah explica el significado de la parábola y las acciones simbólicas
descritas anteriormente. Dios es soberano no solamente de Israel sino de todas las naciones.
Usando las palabras con las cuales ha llamado a Jeremías (comp. 1:10), dice que puede
arrancar, desmenuzar y arruinar a cualquier pueblo, pero si deja su maldad, puede desistir
del castigo. En otros momentos, puede edificar y … plantar (comp. 1:10), pero si este pueblo
peca haciendo lo malo ante los ojos del Señor, entonces puede desistir del bien que les había
prometido. Se ve claramente la analogía con las acciones del alfarero, de tener algo en mente
para un pueblo, pero al trabajar con él puede tener que cambiar el plan. Como el alfarero es
“soberano” sobre el barro, Dios es soberano sobre los pueblos. Él les puede ir formando y
cambiando según su visión para ellos. A veces habrá que deshacer lo que ha hecho y empezar
de nuevo. Depende de la visión que tiene para ellos y la disponibilidad de ser cambiado.
(Aquí la analogía de la sustancia del barro en manos del alfarero y la nación en manos de
Dios y el producto final de cada uno pierde algo de su paralelismo).
Semillero homilético

El pecado y sus consecuencias


18:13–17

Introducción: En los capítulos precedentes el profeta venía presentando la tendencia del ser humano
a no arrepentirse y no reconocer su pecado.
I. El impacto del pecado.
1. Es algo horrible. En sí mismo el pecado es algo feo, horrible.
2. Es abandono de su bienhechor. Cuando el hombre peca se aparta del que puede bendecirlo.
3. Es olvido de sus experiencias anteriores.
II. El castigo del pecado.
1. Desolación (shammah8047)
2. Objeto de burla (sheruqah8292)
3. Asombro (shemem8074)
III. Las consecuencias del pecado.
1. Trae consecuencias sobre la tierra (viento del oriente = viento de destrucción).
2. Trae consecuencias en su relación con Dios (les daré la espalda).
3. Trae consecuencias sobre su situación (desastre). El término se refiere a un tiempo de
destrucción, calamidad o desastre.
Conclusión: El ser humano puede tratar de no escuchar las amonestaciones o advertencias sobre
las consecuencias de su pecado; pero no puede escapar a las consecuencias mismas.

En los vv. 11 y 12 se manda al profeta que entregue un duro mensaje del Señor al pueblo
de Judá: Dios está planeando una calamidad contra ellos por su infidelidad. Pero esto no es
todo, otra vez les invita a cambiar de sus maldades, de “volver” (arrepentirse), y de cambiar
su conducta. Si ellos cambien sus acciones, Dios puede cambiar su plan de castigarles. La
respuesta del pueblo es negativa: Es inútil. Aunque estas palabras podrían significar un
desafío, también pueden significar su resignación, que ya es tarde porque han andado tanto
tiempo en lo que quisieran hacer, siguiendo la porfía de su malvado corazón, que ya no hay
esperanza. Han controlado su propia vida por tanto tiempo que no pueden cambiar para seguir
a Jehovah. Es demasiado tarde.

(2) La conducta pecaminosa del pueblo, 18:13–17. Dios acusa al pueblo de haber
cometido algo terrible. Se han olvidado de él y han ofrecido incienso a los ídolos que no son
nada, son vanidad. En lugar de ser como la joven esposa (v. 13) que tendría devoción y lealtad
a su marido, le han abandonado a él. Tanto como la nieve perpetua en las montañas más altas
del Líbano no seguirá siendo nieve si deja su lugar, igualmente Israel no seguirá siendo Israel
si deja su relación con el Señor. Sin embargo, esta es precisamente la realidad de sus hechos.
Han dejado los senderos antiguos, los caminos de Jehovah, para andar por caminos extraños
y desconocidos, evidencia de su apostasía y la falta de alguien para dirigir sus pasos. Esto da
otra imagen de la apostasía del pueblo, estando perdido, extraviado, caminando por senderos
desconocidos, sin tener al guía experimentado para dirigir sus pasos. Como resultado el
pueblo ha perdido su identidad, la tierra está en desolación, y ellos son el objeto de la burla
de todo el mundo. Nadie puede creer que el pueblo podría equivocarse tan horriblemente. ¡El
pueblo que tenía “todo” ya tiene “nada”!
Tres líderes religiosos se oponen a Jeremías
18:18
La proclamación de un mensaje tan duro debía despertar oposición. Lo notable es que fueron
aquellos que debían ser testigos de la verdad los que en nombre de la misma se opusieron a
Jeremías.
1) El sacerdote creía que podía manejar la instrucción.
2) El sabio se creía poseedor del consejo.
3) El profeta creía ser dueño de la palabra.
Como podemos ver, el liderazgo, dado por Dios para guía del pueblo, se había convertido en
instrumento de abandono del mismo.

Dios termina dando una palabra de juicio. Como el viento que viene del desierto, caluroso
y lleno de arena esparciendo todo, así Dios va a esparcirles delante del enemigo. Tantísimas
veces les ha invitado a seguirle, ahora les dará la espalda, no su rostro. Será demasiado tarde.
(3) Un complot contra Jeremías, 18:18–23. En 18:12 el pueblo había hablado de la
determinación de seguir los planes, las imaginacionesque habían hecho, y ahora en el v. 18
hablan de un plan contra la vida y el ministerio de Jeremías. No parece algo del momento,
sino un plan serio para silenciar a la voz de Dios y de su profeta. Probablemente no era
solamente el pueblo sino los líderes del pueblo que estaban en su contra porque todos veían
a Jeremías y sus palabras como una amenaza para su futuro. Habría que terminar con sus
actividades. Deciden que la mejor forma sería de herirle con la lengua. Aunque esto puede
significar calumniarle, más probablemente era acusarle ante la corte (comp. cap. 26), de ser
traidor del pueblo por sus mensajes del castigo que venía y su consejo de no resistir a los
babilonios porque ellos eran el instrumento que Dios iba a usar para castigarles. Otro de los
sus planes era de no hacerle caso. En esta forma, quedaría marginado, si no silenciado.
Noten que ellos implican que tienen suficiente “religión”: porque la instrucción no
faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta (v. 18). Estos tres grupos
representaban la autoridad del pueblo, la instrucción, el consejo y la palabra de Dios. No
hacían falta otras voces que dan estos mensajes pesimistas, que no dejan “en paz” a sus
oyentes. Todos ven a Jeremías y sus palabras como una amenaza para su futuro.
Jeremías responde con otro de los lamentos encontrados en esta sección, y aquí empieza
llevando su queja al Señor, pidiendo a Dios que le escuche a él y a los que han hecho este
complot contra su vida. Se ve claramente la intensidad del aislamiento de Jeremías. El profeta
siente que quieren terminar con su vida. Han cavado una fosa, un hoyo, para que se caiga y
muera. En forma atrevida hace recordar al Señor que él mismo le había puesto para interceder
por ellos para que no viniera la ira del Señor contra ellos. Y él lo ha hecho. ¿Es así como
deben responder?
La petición de Jeremías continúa con una intensidad que puede sorprender al lector, pero
Jeremías está cansado, preocupado por el pecado del pueblo, y siente que ha sido atacado
injustamente. Ha obedecido al Señor y como resultado ha sido aislado del pueblo, incluyendo
a su familia y personas de su pueblo, y ahora los mismos líderes buscan su vida. Por tanto,
como resultado de todo lo que han hecho contra él, pide los más graves y horribles hechos
de destrucción en las familias de sus atacantes. Sigue una lista de calamidades de muerte y
de destrucción para cada miembro de sus familias con una palabra de confianza en Dios que
“conoce” todo (v. 23), y en quien el profeta espera el castigo de estas personas que han
procurado tomar su vida. Jeremías pide que Dios les castigue con su ira, y no les perdone con
su misericordia.
La cuarta confesión de Jeremías
18:18–23

Este es el cuarto texto de lo que han sido llamadas “confesiones”. En esta confesión el profeta
ve con claridad que corre peligro de vida (han cavado fosa para mi vida). Cuando el pueblo de
Dios cumple su función profética (anunciar claramente su Palabra) el enemigo va a tratar de hacerlo
callar. Infundir temor es una de sus armas preferidas. Es necesario que como su pueblo seamos
firmes frente a las amenazas siendo testigos eficaces de su mensaje para la humanidad.

Este capítulo ha terminado en un lamento en forma de una oración imprecatoria,


maldiciendo a sus enemigos. Por supuesto no es la forma en que el Señor Jesucristo ha
enseñado a sus seguidores a tratar a sus enemigos. Sin embargo, era una de las formas de
expresar el lamento que se encuentra el AT. Lo más importante es que es una oración hecha
al Señor, y la queja queda en sus manos. Jeremías no toma estas acciones en sus propias
manos. Se describe en forma intensa su dolor y su lamento. Ha sido herido en lo más profundo
de su ser. Entonces, ¿a quién mejor que Jehovah su Señor para expresar su dolor?

10. La vasija quebrada, 19:1–20:6


El profeta continúa con el uso de metáforas con la introducción de la vasija que es
quebrada por el profeta. Tal como la vasija que ha sido quebrada, también Jerusalén va a ser
destruida. En el capítulo previo, cuando el alfarero trabajaba con el barro fresco, podría ir
cambiándolo, ahora es demasiado tarde. El simbolismo atrae la atención al mensaje, y la
acción la enfatiza. El profeta va a dramatizar un oráculo del Señor contra Jerusalén y Judá.
Los ancianos y el mensaje de Dios
19:1

Dios pide al profeta que busque específicamente a los ancianos del pueblo y ancianos de los
sacerdotes. Dado que el pueblo no tenía una buena opinión de Jeremías, este busca testigos con
autoridad. Los ancianos del pueblo desde los orígenes de la nación fueron reconocidos por su
autoridad (ver Núm 11:16; Jos. 7:6; 1 Rey. 8:1). En momentos de crisis los ancianos de los
sacerdotes ocuparon un lugar importante (2 Rey. 19:2). En este caso servirían de testigos y
receptores de las palabras o mensaje pronunciado (19:3, 10, 11a).
En los pueblos antiguos los ancianos ocupaban un lugar de liderazgo, por su experiencia (Job
12:12) eran quienes velaban por las tradiciones y el orden dentro de la sociedad (Deut. 19:12).
Fueron los ancianos los que juzgaron a Jesús (Mat. 16:21; 26:59).
Hoy como en aquellos días (de Jeremías) Dios necesita interlocutores, hombres y mujeres que
tengan la capacidad de comprender y recibir la Palabra de Dios, y que al mismo tiempo tengan
autoridad frente al pueblo de Dios para poder transmitirla con claridad.

(1) Jehovah habla a los ancianos del pueblo, 19:1–13. Nuevamente el Señor manda al
profeta que entregue un mensaje por medio de sus acciones. Tiene que ir de nuevo a la casa
del alfarero, esta vez para comprar una vasija. Debe pedir que le acompañen algunos de los
ancianos del pueblo y de los sacerdotes, esto es, los líderes civiles y religiosos. Luego deben
salir al valle de Ben-hinom y allá darles el mensaje del Señor. Puesto que lleva consigo a los
líderes del pueblo, su mensaje cobra más legitimidad. Dios no está dando su mensaje en
secreto, o a unas cuantas personas de la comunidad. Aquí tiene algunos de los líderes
reconocidos.
En el v. 3 la palabra se dirige a todo el pueblo, los reyes y los habitantes de la ciudad. Se
enfatiza que la palabra viene del Señor, repitiendo su nombre tres veces, y entonces da el
preaviso de la calamidad que vendrá sobre el pueblo. Va a ser tan severo que todos los que
lo escuchan van a quedarse atónitos, algo como tener un retiño constante en sus oídos.
Empezando con la palabra porque los vv. 4 y 5 dan las razones por este castigo tan fuerte.
Sigue una lista de los pecados graves que ha cometido el pueblo, encabezada con el abandono
de Jehovah. Este es el pecado principal, porque los demás pecados vienen como consecuencia
de este abandono del Dios verdadero. Aquí en este valle han levantado altares a Baal, y han
quemado incienso a los dioses ajenos, desconocidos anteriormente por el pueblo. La
apostasía del pueblo es flagrante.
Han tomado la sangre de inocentes, o sea han oprimido en formas crueles e inhumanas a
los pobres. Además han seguido las prácticas de los seguidores de Baal para ofrecer en
holocausto a sus propios hijos, cosa totalmente opuesta a la enseñanza del Señor. Había
mucho sincretismo religioso en aquellos tiempos, y tal vez hubo quienes seguían esta práctica
tan horrible pensando que podrían agradar a Baal y a Jehovah a la vez. Dios dice tres cosas
muy importantes en cuanto a estas prácticas: cosa que no les mande, ni hablé [de ello], ni me
vino a la mente. El concepto de la toma de la vida de los inocentes en holocausto al Señor es
totalmente rechazado por él. Él ha dado la vida, y quiere que las personas le sigan en
obediencia y en amor, no en formas tan paganas y crueles.

Semillero homilético

Algo se ha quebrado y no se puede restaurar


19:1–13

Introducción: En el capítulo anterior el profeta había usado la figura del alfarero, en este capítulo
siguiendo la misma línea usa la figura de la vasija, es decir el producto final del alfarero.
I. La presentación de la vasija, 19:1–9.
1. Una vasija “comprada”.
2. Una vasija que recuerda el pecado del pueblo (vv. 3–5).
(1) Abandonaron a Dios.
(2) Sacrificaron a los ídolos.
(3) Derramaron sangre inocente; realizaron injusticias.
3. Una vasija que presenta el castigo de Dios.
(1) Pagarán con sus vidas (matanza).
(2) Pagarán con su derrota, decepción (haré pedazo los planes—DHH).
(3) Pagarían con la burla y asombro ante la catástrofe.
II. La quiebra de la vasija, 19:10, 11.
1. La quiebra de la vasija representaba la catástrofe del pueblo de Dios.
2. La quiebra es realizada ante sus ojos, es decir de manera pública, como públicamente
habían pecado, y en ese mismo lugar.
3. La quiebra representaba que ya no había regreso a la situación anterior (no se puede volver
a restaurar).
III. El mensaje de la vasija, 19:12, 13.
1. Enfatiza la paternidad del castigo (así haré).
2. Enfatiza la intencionalidad.
3. Enfatiza la violencia del castigo
4. Enfatiza el alcance del castigo. Tanto el pueblo como los líderes (todas las casas).
5. Enfatiza las implicaciones del castigo (serán inmundas).

Por tanto, viene el castigo tan grande sobre este pueblo tan pecador. Hasta el nombre del
valle va a ser cambiado a valle de la Matanza. La gente va a caer frente a las espadas y no
habrá sepultura para los cadáveres, sino serán comidos por las aves y las bestias. La ciudad
va a ser totalmente destruida y un objeto de burla. Peor aún, en el asedio de la ciudad no
habrá comida y la gente va a practicar el canibalismo.
Sin duda, este mensaje del Señor es presentado en forma impactante y contiene hipérbole,
pero Jeremías tenía que hacerles ver el desastre pendiente. Se sabe que esta profecía fue
cumplida y la destrucción vino a Jerusalén. El pueblo pagó en carne propia por su apostasía
en los dos ataques a la ciudad hechos por los babilonios en 597 y más tarde en 587 a. de J.C.
cuando por fin destruyeron la ciudad, incluyendo el templo, y llevaron al cautiverio lo mejor
de la ciudad.
Tófet

La palabra Tófet aparece cinco veces en estos versículos (vv. 6, 11, 12, 13, 14; también en Jer.
7:31, 32 [ver nota]). El término hebreo tofet8612 probablemente es una combinación de las
consonantes del término arameo tefat (horno, lugar de fuego) más las vocales de la palabra
boshet1322 (vergüenza).

Consonantes Vocales Resultado Significado


tefat (horno) Boshet (vergüenza) tofet Horno
vergonzoso

El uso mismo del término tiene una implicación negativa. Se trataba de un lugar en el que se
quemaban cosas (lugar de fuego, horno) pero que causaba vergüenza pensar en él.

Después de este escenario tan pavoroso, el v. 10 viene casi como un choque, o más bien
como un alivio. Dios manda a Jeremías que rompa la vasija frente de los líderes que le
acompañaron. El mensaje con esta acción es tal como la vasija quedó en pedazos, así la
ciudad y el pueblo van a ser quebrantados, sin la posibilidad de restauración.
Tófet era un pueblo que había sido sitio de culto a los ídolos y había sido profanado por
Josías en su campaña contra la idolatría en el país (comp. 2 Rey. 23:10). Allí iban a ser
sepultados los muertos de la destrucción de Jerusalén, en tierra profana. Pero no habrá otro
lugar donde sepultar a sus muertos. Toda la ciudad quedará profanada como Tófet, desde el
palacio hasta la casa más humilde, porque habían construido altares en las azoteas donde
quemaron incienso a los astros, al sol, la luna y otros dioses. Los oyentes de este mensaje tan
solemne y aterrador sabrían que si la ciudad era impura, entonces era inhabitable para Dios,
su fundador. Sin su presencia, el Dador de vida, ¡la ciudad quedaría muerta!